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APORTES DEL PROGRAMA PROBOSQUES PARA EL DESARROLLO

FORESTAL COMUNITARIO, CULTIVO DE CAMU CAMU Y MANEJO DE


AGUAJE

1. Manejo forestal de bosques primarios con acceso al mercado con productos de


mayor valor agregado

Para cualquier manejador de bosques en el Perú, y muy en especial para las


comunidades indígenas, el manejo forestal no se limita a la elaboración de un plan
de manejo, como muchas veces se ha enfatizado, incluso en la legislación forestal,
dando a entender que el plan de manejo por sí solo ya conduce al manejo forestal.
De allí el gran empeño que se ha puesto en la elaboración de planes de manejo. Los
planes de manejo son solamente herramientas de gestión para un aprovechamiento
ordenado del bosque; pero si el plan no considera la articulación al mercado, el
manejador del bosque no podrá asegurar la viabilidad económica de su
emprendimiento. Se debe comprender que, en última instancia, el manejo forestal es
una actividad económica, por lo que se debe tratar de maximizar, racionalmente, los
beneficios. Para ello, la articulación de los planes de manejo al mercado es de la
más alta importancia, y mejor aún si es con productos de mayor valor agregado, ya
que el mayor valor, y los mayores márgenes de beneficio, se logra en las fases de
industrialización y comercialización.

La mayoría de las comunidades indígenas no manejan habitualmente sus bosques.


Se articulan al mercado vendiendo sus árboles en pie, en el mismo bosque, a
habilitadores que pagan precios irrisorios, pero no alcanzan ningún nivel de
transformación. Sus beneficios son insignificantes. En el 80% de los casos no
elaboran planes de manejo, por tanto la producción de maderas es ilegal.

Las comunidades carecen de capacidades para elaborar planes de de manejo o para


financiarlos. Se debe crear un nuevo sistema, permanente, de asistencia técnica,
administrativa, contable y empresarial a las comunidades.

Las comunidades no son sujetos de crédito, sus tierras no pueden, ni deben, ser
hipotecadas, ni embargadas. Para el sistema financiero, las CCII no existen, a pesar

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de poseer 13.2 millones de tierras con bosques. Se debe diseñar un sistema de
crédito nuevo, no comercial, posiblemente subsidiado, diferente al sistema
financiero formal, debido a la escasa rentabilidad inicial de sus actividades. Cuando
alcancen niveles competitivos de productividad podrán insertarse en el sistema
financiero regular.

Se debe estudiar la posibilidad de considerar al bosque, a las maderas, no a las


tierras, como garantía de créditos. Debido a las limitaciones culturales y
consuetudinarias, se debe considerar la necesidad de contratación por las
comunidades de servicios privados de extracción y transformación, para aumentar la
eficiencia productiva y lograr niveles competitivos.

Se debe considerar la conveniencia de contar con un servicio de transformación y


comercialización de maderas comunales en cada región, para garantizar el máximo
beneficio a las comunidades, accediendo a la certificación y a los mercados abiertos
por los TLC.

Se debe buscar mecanismos de retribución por servicios ambientales, como


deforestación evitada, para incentivar la conservación de sus bosques. Se debe
pensar en la necesidad de asignar recursos financieros propios al desarrollo de las
CCII, como fondo de desarrollo comunitario, destinando un cierto porcentaje de los
recursos del canon a los combustibles fósiles. Se debe exonerar a las CCII del pago
de derechos de aprovechamiento forestal en los bosques de su territorio.

Se deben reducir los requisitos, a dos o tres, para la aprobación de planes de manejo
forestal por la autoridad competente. Se debe involucrar a los municipios distritales
en las tareas de supervisión y control de las actividades forestales de las CCII. Se
debe establecer, en cada región, una dependencia especializada en manejo forestal
comunitario y que no sean tratadas con las mismas normas que se aplican a las
concesiones forestales.

2. Manejo de bosques secundarios.

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Algunas comunidades, en especial aquéllas con territorios pequeños, ya no tienen
mucho bosque primario, estando la mayor parte de su territorio convertido en
bosque secundario; sin embargo, todas las comunidades poseen bosques secundarios
en diferente grado de uso, edad y composición.

En el proyecto hemos comprobado que estos bosques secundarios, sobre todo los
ubicados en restingas medias y altas, tienen un altísimo potencial para la producción
de bolaina blanca, (por ser intolerante a inundaciones prolongadas) mediante el
manejo de la regeneración natural.

En estas sucesiones ocurre abundante regeneración natural, hasta un millón de


plantas por hectárea, que constituye un recurso invalorable susceptible de manejo
con simples raleos para lograr una densidad deseada, acorde a los requerimientos de
la producción. Esta tecnología de los raleos es sumamente sencilla y barata, muy
apropiada para su implementación por las comunidades, constituyendo una
tecnología mas accesible que la reforestación vía vivero y plantación. El proyecto
está validando esta tecnología con unas 10 comunidades, con resultados altamente
promisorios. En la cuenca del Rio Pisqui, la Comunidad de Vencedor ya aplica esta
clase de planes de manejo y aprovecha sus bolainales antiguos, generándose
ingresos seguros que está cambiando sus condiciones de vida.

La bolaina así manejada en sucesiones secundarias, forma bosques casi puros,


puede ser cosechada a partir de los 5 años, exige menos capital y equipos para su
aprovechamiento, y tiene un mercado emergente: la demanda es mayor que la
oferta, y todo hace suponer que en la próxima década será la especie forestal más
importante de estas regiones.

El manejo de la bolaina con esta tecnología, es ideal para las CCII, por su sencillez,
rapidez, y economía, a parte de sus otras ventajas, como por ejemplo, reducir la
presión extractiva sobre los bosques primarios, y no requerir grandes inversiones en
caminos o máquinas pesadas.

Esta tecnología de manejo de bosques secundarios puede extenderse, en principio, a


todo tipo de bosques secundarios, con bolaina, o con otras especies de rápido

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crecimiento, que deben identificarse y validarse en cada caso, en un programa de
investigación-acción.

La propuesta sería, en base a las experiencias del proyecto, implementar un


programa amazónico de manejo comunal de bosques secundarios, aunque también
puede ser aplicado por comunidades no indígenas, dotándole de recursos y
capacidades. La regeneración natural de bolaina se ralea en los primeros meses de
su establecimiento, y debe ser mantenida sin malezas durante el primer año, después
del cual puede alcanzar una altura de 10 metros y formar un dosel de copas cerrado
que ya no permite el desarrollo de la vegetación invasora.

Se calcula que un bosque así manejado puede producir unos 100 m3 de madera o
200 m3 a los 10 años, según el sitio.

El negocio no es vender madera en trozas, sino transformada en tablillas para


construcción, pero existen otros mercados que se están desarrollando, como el
mercado de las parihuelas para frutas y hortalizas de exportación, molduras,
tableros enlistonados, etc.

3. Fortalecimiento de las capacidades de las comunidades y de sus organizaciones

Para reducir la discrecionalidad de las autoridades comunales que venden


inconsultamente las maderas de las comunidades, y que muchas veces configuran
delitos de corrupción y abuso de autoridad, el proyecto ha diseñado un novedoso
mecanismo de CONTROL SOCIAL, es decir, que sean las mismas comunidades, y
sus organizaciones, quienes se conviertan en guardianes de sus bosques. A este
mecanismo se le ha denominado VEEDURÍA FORESTAL COMUNITARIA
(VFC), el cual, por un lado, trata de llenar el espacio de apoyo dejado por el
Estado, y, por otro lado, fortalecer las capacidades de las propias comunidades y de
sus organizaciones, para asistir a las CCII en sus transacciones con los
empresarios privados, para que estos negocios sean más transparentes, justos y
equitativos. La VFC se convierte así en un mecanismo que privilegia la ética en el
desempeño de las funciones de las autoridades comunales, para que éstas no sigan
utilizando sus cargos en beneficio personal, sin que sean cuestionadas por las
comunidades y por sus organizaciones.

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La VFC en un primer momento resuelve conflictos al interior de las CCII,
utilizando sus propios mecanismos consuetudinarios. Sin embargo, cuando se trata
de delitos o infracciones, con participación de terceros, su papel se limita a
informar a las autoridades competentes.

Siendo un mecanismo propio de las CCII, y de sus organizaciones, pertenece a


ellas, y debe funcionar independiente del Estado, pero promovido por éste, para
dotarle de capacidades logísticas, personales y financieras, como una inversión
básica que afianzará el manejo forestal y el desarrollo comunal. Por tanto, para que
funcione indefinidamente, requiere que el Estado le asigne un presupuesto
autónomo, es decir que no termine manipulando la voluntad de las CCII, por interés
político partidario del momento.

En el ámbito de las organizaciones comunales, como las Federaciones por Cuencas,


y las Organizaciones Regionales, se requiere que estas incorporen en sus planes de
acción el componente de manejo forestal comunitario. Se reconoce que las
organizaciones comunales poseen una enorme fortaleza en la defensa de sus tierras,
pero no tienen ninguna propuesta ni política de manejo de sus bosques, tampoco
intervienen cuando ocurren actos indebidos o negociados en las comunidades,
porque no poseen capacidades para ello, no están preparados para estas tareas, ni
poseen recursos, entre otros.

Se propone entonces apoyar la implementación de la VEEDURÍA FORESTAL


COMUNITARIA, como un mecanismo de control social y de fortalecimiento de sus
propias capacidades de supervisión y control comunal, que apunta por un lado al
control de la tala ilegal en las comunidades, y al fomento del manejo de sus bosques
bajo criterios de sostenibilidad social.

Un elemento adicional, en este sentido es la constitución del Cuerpo de


GUARDABOSQUES COMUNALES. El Proyecto está implementando de modo
piloto, este sistema de vigilancia a nivel de cada comunidad, con el fin de
mantenerse permanentemente informada de lo que ocurre en los bosques
comunales, y también como una forma de organizar la participación de los mismos

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comuneros, en el conocimiento de sus bosques, y su protección contra todo tipo de
amenazas.

Para que los GUARDABOSQUES puedan ejercer su autoridad, deben ser


reconocidos por el Estado, y establecerse los canales de acción conjunta con las
Autoridades Forestales. La legislación forestal nacional reconoce la figura de los
Custodios Forestales, pero el nombre internacional es de GUARDABOSQUES, y
hasta la fecha no se conoce la existencia de ningún custodio forestal en el país.
Como todas las demás actividades, los guardabosques, al igual que los guarda
parques de las áreas naturales protegidas, requieren ser dotados de un presupuesto
para su equipamiento y funcionamiento.

4. Capitalización comunal por manejo de cultivos permanentes

Las comunidades indígenas no tienen una cultura agrícola muy arraigada, y menos
si se trata de cultivos intensivos. El Proyecto considera que se puede contribuir a
formar capital en las CCII a través del establecimiento de cultivos permanentes,
extensivos, dependiendo del tipo de suelos que puedan tener. En el caso del
proyecto, se ha elegido el camu camu por su adaptación a los ecosistemas
inundables y su mercado emergente. Pero existen muchas otras especies adaptadas a
estos ecosistemas, que perfectamente podrían promocionarse como estrategia de
capitalización comunal, como el cacao, el cocotero, la piasava, el marfil vegetal, el
huito, etc.. Igual se pueden diseñar sistemas productivos para tierras no inundables,
por ejemplo, con el METOHUAYO, especie de gran potencial oleaginoso, para
suelos ácidos.

La propuesta apuntaría a contar con un sistema de asistencia técnica, crediticia y


comercial, para que estas CCII puedan establecer y manejar estos cultivos, ya que
por sí solos no lo pueden hacer. Hay que tener en cuenta que toda propuesta debe
ser previamente consultada con cada comunidad, para evitar malos entendidos. Hay
que tener también en cuenta los aspectos limitantes a la producción comunal, la falta
de experiencia, y la gran desconfianza existente hacia proyectos nuevos, por la larga
historia de abusos de patrones y colonos. En materia de cultivos permanentes se
debe privilegiar especies de la diversidad biológica amazónica.

5. Manejo de cochas

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Para las CCII, especialmente en la Amazonia baja (Loreto y Ucayali) los lagos
constituyen las fuentes más importantes de proteínas de origen animal provenientes
de la pesca artesanal. En cada comunidad existe al menos un lago. En estos lagos, a
las comunidades solo se les permite la pesca artesanal, con fines de subsistencia, y
a los pescadores externos no indígenas, el PRODUCE les permite la pesca
comercial. El resultado es que todos los lagos están depredados, y los indígenas han
perdido su más importante fuente de alimentos proteicos.

Significa por una parte un problema legal, que excluye a las comunidades de la
opción de realizar pesca comercial. Otro aspecto relacionado es que los lagos, aun
estando en territorios comunales, no constituyen patrimonio comunal, aun cuando
estas quieran aplicar planes de manejo. Todo esto significa un caso concreto de
exclusión social que agrava las condiciones de vida al interior de las CCII.

El reto es entonces, resolver primero estas inequidades legales, consultando con las
CCII y luego establecer mecanismos de asistencia y asesoría técnica, legal y
administrativa, para que las comunidades manejen sus lagos, no solo para
subsistencia sino también para fines comerciales, y hacer de ellos fuentes
significativas de ingreso, capitalizando la gran demanda presente y futura de
productos hidro biológicos, entre ellos el paiche, pez emblemático de la Amazonía
que aún conserva poblaciones pequeñas en muchos lagos de las CCII. La propuesta
puede verse como un programa regional de manejo comunal de lagos, con su
respectivo presupuesto, lo cual ayudaría también a mejorar el abastecimiento de
pescado a los mercados regionales. El proyecto está trabajando a escala piloto con
tres comunidades en manejo de cochas.

6. Conocimientos tradicionales

Las CCII son poseedoras de una gran riqueza de conocimientos que abarcan
campos principalmente de la fitomedicina, la ecología de flora y fauna, la
alimentación, la industria, entre otros. El proyecto ha iniciado la identificación,
caracterización y protección de algunos de estos conocimientos. La protección de
realiza mediante la inscripción de los mismos en los registros de INDECOPI, en
base a la Ley sobre la materia que fomenta el reconocimiento de los derechos de

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las CCI sobre sus conocimientos. Éste es un proceso muy administrativo que
termina con el otorgamiento de un certificado a la comunidad respectiva.

Sin embargo, si bien el registro busca proteger la propiedad intelectual de las CCII,
los beneficios de estos registros no son tangibles ni se perciben de inmediato,
quedando en las comunidades un sinsabor de trámite burocrático solamente.

El reto mayor es el de convertir estos conocimientos en riqueza y de utilizarlos para


generar desarrollo socio económico al interior de las CCII. Para ello se requiere no
solo registrar estos conocimientos, sino estudiar su potencial comercial, pasando por
el necesario desarrollo tecnológico, a cargo de los especialistas en cada caso.

La propuesta sería crear un programa de rescate y valoración de los conocimientos


ancestrales, con un componente de investigación y desarrollo tecnológico primero y
otro componente de manejo de recursos, producción y comercialización.

7. Investigación y promoción desarrollada sobre camu-camu con participación de


comunidades nativas

Desde hace varias décadas, el IIAP inició trabajos de investigación y promoción


sobre camu-camu en comunidades nativas en Loreto y Ucayali. A partir del año
1997, el IIAP profundizó su trabajo de promoción del cultivo brindando asistencia
técnica sobre estrategias y tecnologías para plantaciones. Así mismo, también
participó activamente en el establecimiento y mantenimiento de plantaciones en
áreas inundables. Se establecieron plantaciones de camu-camu en comunidades
Quichwa, en el río Napo, Kukamiria en el río Marañon, Shipibo-Conibo en el río
Ucayali (zona del lago Imiria-Pucallpa), y Bora y Huitoto en el río Ucayali. Parte de
estas plantaciones tienen a la fecha 10 años y constituyen una fuente de ingreso
importante para las comunidades. Por ejemplo en la Comunidad Cocama-Cocamilla
de Vista Alegre (río Huallaga) cuenta con 4 ha en producción y 67 ha en
establecimiento.

Además del mejoramiento agronómico y domesticación del camu camu, también se


abordaron temas relacionados a formas ancestrales de uso del camu-camu, impacto
social y económico del extractivismo, y estrategias y métodos en la adopción del
camu-camu. Estas investigaciones se desarrollaron en las cuencas del río Napo,
Tigre, Marañon, Putumayo y Alto Ucayali.

7. Manejo sostenible de aguajales.

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El IIAP viene trabajado desde hace varios años en proyecto de conservación y
cosecha sostenible del aguaje con varias comunidades Shipibo en Ucayali, y
Kukamiria en Loreto. Existen experiencias sostenibles para que el aguaje continúe
siendo una actividad económica para las comunidades nativas, y a la vez fortalecer
alianzas con comunidades como principales aliados para la conservación de los
“aguajales”, habitats sumamente frágiles y de gran importancia ecológica. También
se realizaron mediciones de la capacidad de secuestro de carbono que tienen los
aguajales en la expectativa de diseñar proyectos de pago por servicios ambientales
en beneficio de las comunidades nativas que manejen los aguajales.