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MOTIVACIÓN E INMOTIVACIÓN DE LAS PALABRAS

Yaneida Franco

UNEFM

En las lenguas (y en específico el español), las palabras tienen motivación e inmotivación. Se habla de motivación cuando la palabra o signo lingüístico es representada con algo que corresponde a su realidad. Un ejemplo de ello son las onomatopeyas. En ellas, la relación es muy evidente. Así comprendemos por qué se dice que el gato ronronea, el pollo pía, o el lobo aúlla. Los signos ronronear, piar, y aullar están motivados por los sonidos que emiten esos animales.

Se habla de inmotivación cuando los elementos o segmentos que forman las palabras carecen de una relación, y porque no podemos demostrar con razón lógica, por ejemplo, que “psique” signifique “alma”, es decir, hay arbitrariedad en el signo (Saussure, 1970) y, en consecuencia, son inmotivados. En las palabras derivadas se podría hablar de motivación, pero de otro tipo. Es decir, una motivación producida por las posibilidades de combinación de elementos de la lengua o motivación secundaria, en términos de Saussure, y no por la realidad a la que hacen referencia los signos. De allí que en “psicología” signifique “estudio del alma”, porque en griego “psique” significa “alma” y “logos” estudio o tratado. Asimismo, oligarquía “gobierno de unos pocos” que proviene del griego “oligos” poco, y arje “gobierno”; democracia “gobierno del pueblo, del griego “demos” pueblo y “kratos” autoridad.

Los hablantes algunas veces tratando de buscar esa motivación, a través de interpretaciones etimológicas que no corresponden al verdadero origen de los términos. Este fenómeno, llamado etimología popular, es una muestra de la actitud de los hablantes en busca de una motivación en las palabras. Ello ha llevado a crear palabras como “vagamundo” porque para el hablante común no tiene componentes suficientemente claros. También ha creado lavamanil , proveniente de aguamanil “palangana para lavarse las manos, del latín “aqua” y “manus” mano. Considera el hablante que “lava” tiene una

motivación más real con el objeto designado, es decir, palangana para lavarse las manos. Otro ejemplo claro de esta situación es la expresión “estábanos” por “estábamos” en la que el hablante relaciona o motiva desde la perspectiva de que “nos” significa nosotros en la conjugación de los verbos y por tal motivo debería ser “nos” en lugar de “mos” que corresponde a la norma de la conjugación verbal de la primera persona del plural.

Como se ve, en el estudio de la derivación hay que tener cuidado para no creer que en todas las palabras hay esa motivación que los hablantes comunes aplican en la alusión sígnica de las palabras. Hay que tener presente que aun cuando las palabras a simple vista comienzan y terminan con segmentos o partículas de la lengua, muchas veces no corresponden a su verdadera etimología. Se debe diferenciar lo que pertenece a la verdadera etimología de lo que pertenezca a la etimología popular.

Un ejemplo que ilustra lo anterior, es pensar que la palabra “estudiante” significa “que estudia antes”, cuando en verdad la terminación “ante” pertenece a la construcción del participio activo del verbo estudiar, y que, al igual que en otros verbos, como caminar (camin-ante), participar (particip-ante), dibujar (dibuj-ante). Otro ejemplo de lo anterior es la palabra “alumno”.

Tarea:

Quisiera que aplicaran analogía con lo tratado aquí y, piensen si en la palabra alumno hay motivación o inmotivación para afirmar que significaría “sin luz” entendiendo luz como conocimiento. Traten de asociar con ”alumbrar”. Razonen su respuesta