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Breves Cartas de Amor, de un varón a otro / Luis Chwesiuk

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- Ediciones Digitales del Sur -

Breves Cartas de Amor, de un varón a otro / Luis Chwesiuk

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Cartas de Amor, de un varón a otro / Luis Chwesiuk 3 Queda hecho el depósito

Queda hecho el depósito que previene la Ley 11723 © 2009, CAdeI / Cooperativa Argentina de Imprenteros Buenos Aires - Impreso en la Argentina

Se autoriza la duplicación y distribución de este libro siempre que no se altere el contenido de su texto, se mencione expresamente el nombre del autor y su contenido no se use con fines lucrativos

Diseño de tapa: Eduardo Migueletes Fotografía de tapa:

Acrílico de la serie Signos (2004), de Luis Chwesiuk

Puede contactarse con el autor escribiéndole a:

nodocero@hotmail.com

O puede ver el resto de su obra en:

www.putotexto.blogspot.com

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Breves Cartas de Amor, de un varón a otro / Luis Chwesiuk

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“Todas las cartas de amor son ridículas… No serían cartas de amor si no lo fuesen… Pero en definitiva, solo las personas que no han escrito cartas de amor, son las que son ridículas.”

( F er na n do P esso a i )

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INDICE

00 Prólogo

01 Quiso Dios que Dios recuerde

02 Aprendan y digan que lo amo

03 Yo canto a lo que amamos

04 No pasa el viento sin que algo tuyo me diga

05 Vayamos poco a poco

06 Escucha mi confesión

07 Eres leve como un resto de nube

08 Vino anudado a la vida

09 Mi fracción de vida

10 Se dice que…

11 Has de saber lo que el universo sabe

12 Juega si te has aburrido

13 ¡Obedece!

14 Entre lo breve y lo eterno

15 Como a cualquier enamorado

16 En todo, tu todo…

17 Cuéntale a mis ojos

18 ¡Deliras! Evidentemente deliras …

19 Bien lo mereces

20 Debo reiniciar la vida

21 Crear en ti, la necesidad de mí

22 Con tu permiso o sin el

23 Dame el don del olvido

24 Este saber no lo quiero

25 Te he cosido a mi carne

26 Se nos cayó el cuerpo

27 Nuestro rumbo peregrino

28 Te busco, y no sabes que te busco

29 Solo tengo por ofrecerte

30 Un sueño cierto y errado

Breve Reseña Biográfica del autor

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PROLOGO

Querido Luis:

Mil gracias por enviarme tus Breves cartas… Vengo de ellas, y no logro encontrar una frase para destinarles, digo una frase que fuese como un manto real y a su vez manto de linyera, una frase vestida de realeza vitalicia, pero mendiga y provisoria a la vez. Por cierto que el primer gesto, al acabar tu libro, ha sido colocarlo entre los que voy a releer, porque tus Breves cartas me sedujeron tanto que siento, simultáneamente, deseos de conocer su por qué, el cómo, o de qué manera. Pero esa, es tarea de futuras cartas y confidencias. Por otra parte, la seducción se despliega en diversas gamas: la carta número 12, o la 28 por ejemplo, son sinónimos de la seducción del misterio musical del lenguaje, o mejor, la fiebre de una magia hipnótica que me obligó a leerlas en vos viva. Nos son las únicas dotadas de este poder, pero si las más extremas ante mi sentidos. Esta mención te hará sonreír acaso. ¿Cómo puede ser que te hable de seducción y magias externas, frente a situaciones tan complejas? Justamente porque son terribles, y porque el lenguaje se les resiste y las traiciona, e incluso las anula, por eso, precisamente, me impresiona doblemente tu libro. En el, cada verso y cada palabra han sido padecidos hasta su máxima expresión, y con toda la carga de sus sentidos plurales, estas cartas son un espacio de encuentro. Por eso, imagino, invocas la dura poesía con términos depurados y trágicos como si estuvieras ante la muerte; y por eso imagino, ser poeta es, entre otras cosas, poseer esta virtud o condena, de poder adueñarte de la máxima paradoja. Paradoja que consistiría en que solo el más solitario, puede crear un lugar en dónde otros solitarios se encuentren y reconozcan. Para mí, tus poemas siempre fueron lugar de encuentro, pero nunca lo fueron más que ahora, gracias a tus Breves cartas de amor. Incluso llegué a preguntarme cómo es que puedes mantener tanta estructura perfecta y acabada, si detrás, y a tan pocos pasos, acecha el ángel de lo absoluto, apuesto al de los límites y fronteras inmanentes. No sé, por cierto, responder, pero celebro poder preguntármelo. Tampoco puedo ni quiero reducir tus Cartas, a definiciones de carácter técnico-literario (mis alumnos se encargarán de ello), ya que me resultan demasiado íntimas y viscerales. Una de ellas, la número 16, es quizás la más terrible o intimidante, ya que alude al doble, o a la sombra, o al espejo, o al quién soy, que aparece transfigurado con enorme valentía y hermosura. Después de semejante descenso al infernal encuentro con “lo otro” sin conocer “lo propio”, aun la enfermedad resulta algo facilísimo de enfrentar (y ambos sabemos a que me refiero…). Y no continúo, porque debo hablar menos, y releerte más. Agria y abismal es la poesía de tus Breves cartas, pero mucho más duro es el oficio de serviles, y dejarme ronronear por sus misterios. Gracias nuevamente. Desde mi lugar en Tel Aviv, recibe mi gran admiración y abrazo. Juan David Bajarlía.

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uno

uno
uno
uno

Oración bendicional para el rito de Unión de Vidas, de Tomás y Mariano. Fiat volúntas tua…

Quiso Dios que dios recuerde, que de la mitad de su alma somos nido. Quiso Dios que dios recuerde, que de su aliento somos frágil relicario. Quiso Dios que dios recuerde, que su corazón cave en el nuestro. Quiso Dios que dios recuerde, que en Él no hay contradicción ni arrepentimiento.

Quiso Dios hacerte presente en mi camino, como amigable sombra en el desierto. Quiso Dios dejarme dormido, para que en sueños te presentes antes de que llegues. Quiso Dios suspender tu nombre sobre mis labios, y devolverme la vos y el grito. Quiso Dios que bese tus manos, y encuentre en ellas refugio gratuito.

Quiere Dios darme un cuerpo que recuerde, y no se ate a las palabras. Quiere Dios enseñarme un lenguaje, superior a las distancias. Quiere Dios destronar mis temores, para en lo cotidiano encontrarte. Quiere Dios que la vida a la vida siga, tras el pulso de tu cuerpo.

Quiso Dios que en Dios te ame, como a mi compañero. Quiere Dios que en Dios me ames, como al tuyo. Quiso Dios que en Dios te enseñe, a pronunciar mi nombre. Quiere Dios que en Dios quieras, enseñarme el tuyo.

Quiso Dios que en Dios recibas, el abrigo de mis besos. Quiere Dios que en Dios quieras, arroparme en los tuyos. Quiso Dios que en el sueño de Dios para mi vida, te encuentre. Quiere Dios que en el sueño de Dios para tu vida, me encuentres.

Quiso Dios que así, aquí y ahora: quiera Dios quedar en lo que más quiere…

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dos

Oración bendicional para el rito de Unión de Vidas, de Jonás y Abel.

Aprendan y digan que lo amo:

porque me ofreció su mano al caminar por la senda estrecha. Aprendan y digan que lo amo:

porque me compartió las espinas y la fuente savia de su vida. Pero también digan que ni de la senda ni sus espinas, dependió lo aprendido. Ni lo uno ni lo otro profundizaron ni ungieron mis heridas… Ni en lo uno ni en lo otro, perdí el don de invocar mis fortalezas.

Aprendan y digan que lo amo:

porque a su lado espanté muertes, con armas de vida. Aprendan y digan que lo amo:

porque junto a él sentí el pavor de la ausencia, que la utilidad y sus hechizos me robarían. Aprendan y digan que lo amo:

porque cuando el agua moría de sed en mí, él me llevó a buscar aun más adentro, hasta reencontrar el pozo del que regreso.

Aprendan y digan que lo amo por amarme a pesar de mí elemental oscuridad, y porque su luz no despreció la precaria fragilidad que en mí había. Aprendan y digan que lo amo:

porque su amor es simple como un grano de poesía revelada. Aprendan y digan que lo amo:

porque su amor nada apetece, y por amor a mí… de mi solo quiere que lo quiera entre ingenuos desbordes de caricias.

¡Aprendan! ¡Digan que lo amo! Y porque tanto lo quiero, así, aquí y ahora les pido:

refrenden que lo amo inútilmente… dentro o fuera de la vida.

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tres

Mi tierno Daniel:

Yo canto a lo que ambos amamos.

Al espíritu, a la carne, a la sangre, a la vida, al dolor y al mañana.

Yo le canto a las nupcias del agua y al sudor del séptimo día.

Y a la cascada de rocío entre tus labios y los míos.

También le canto al lecho suave de trigo, en el que descansas mientras yo le canto.

Y al perfume secreto y eterno, que va de la tierra a tu intimidad, y de ella a mis manos.

Canto al deseo súbito,

y a la humildad de las hojas que reciben la danza prisionera de tus pies descalzos.

Canto al calor de la carne, y a la diáfana libertad de tus ojos vueltos sobre los míos. Quisiera cantar por siempre, y al cantar decir cosas simples, bien simples… Cantar un canto débil y mudable, con sabor a frutas de la vida e inocencias sorpresivas.

Deja que cante y que mi canto llegue hasta el vino y no abarque su pena.

Deja que cante, que lo único que tengo mío es el canto, y eso que a uno y otro nos anima. Permíteme cantar a las caricias sobre tu pecho descubierto,

y al color de tu pelo, y a tu boca fresca.

Permíteme cantar mi amor… Cantar desde tus latidos, como si fueran uno con el mío.

Permite así, aquí y ahora:

cantar el canto de los despiertos y fecundarte entre sonrisas, mientras mis lágrimas ruedan sobre el vientre del alba.

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cuatro

Mi tierno amigo…

No pasa el viento sin que algo de ti me diga, y si así no lo hiciera, de su brisa renegaría. Tan amable es lo que rumorea, que solo sosiego trae al susurrar tu nombre sobre mis oídos.

No pasa la lluvia sin que algo de tu sudor me preste, y si así no lo hiciera, para qué otra cosa serviría. Es que, tan dulce es el sabor que ella me acerca, que hasta de su incomodidad me olvido cuando a tu recuerdo me lleva.

No pasa el sol sin que en tus ojos la vida se refleje, y si así no lo hiciera, qué otra cosa iluminaría

su atrevida impertinencia. Es tan luminoso el faro que en ellos encuentro, que hasta la bruma y el

cruel arrecife, se hicieron cercos de hierba nueva para este nuevo sendero.

No pasa la noche sin que algo de tu piel me deje, y si así no lo hiciera, qué sentido tendría su inútil ceguera. Es tan suave la naturaleza de lo acariciado al acariciarte, que de los otros sentidos prescindiría solo para entre mis brazos retenerte.

Mi tierno amigo: disculpa si otra cosa no siento más que el deseo de quererte.

Disculpa si te hago refugio de mis miedos, y a ser mi fortaleza te obligo.

Perdóname si te hago leño, para esta hoguera y sus misterios.

Relévame de tener que rogarte, mi tierno amigo… que así, aquí y ahora me indultes del castigo de no poder tenerte.

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cinco

Pablo:

Vayamos paso a paso. Que por donde venimos y andamos, aun queda abrigo por encontrar. Vayamos poco a poco. Que entre oasis y desierto, hay poca distancia y muchas diferencias. Mí querido Pablo: recuerda que quien aprendió a decir “deseo”… aprendió un mundo, pero quien aun balbucea podría demolerlos todos.

Cuando te veo venir, veo al deseo brincar. Lo veo saltar de tu corazón a mis entrañas. Lo veo desordenar tus cabellos, y exigir a mis torpes manos devolverles el orden perdido. Lo percibo alimentando la lámpara serena que te ilumina. Lo huelo entre las sábanas que embanderan los muros de nuestro pequeño reino…

Veo al deseo brincar. Lo veo saltar de tus labios a los míos. Siento sus guiños sobre el vino. Lo descubro danzando entre sed y consuelo. ¡Todo esto se revela… cuando te veo!

Estemos atentos, mi codicioso Pablo: porque nuestro pequeño reino desordenado, no es más que la borrosa silueta de quien somos. Y aunque el deseo salte de la mueca a la sonrisa, hemos de aprender a defenderlo de aquello que de nosotros aun no entendemos.

Se que el límite de este nuevo umbral te enoja. Se que prefieres aves destinadas a la cima, y sueños en los que la luz no entre ni se apague. Pero estemos atentos, ya que sin un más allá para este intento de amor, este amor solo quedará en el gesto. Y aquello que nació para brincar y ser compartido, no encontrará dónde reposar y mudará en desalientos.

Querido Pablo, descansa… Reposa para que así, aquí y ahora. el deseo no se astille… por excesos o balbuceos.

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seis

Mi tierno Tobías… Escucha mi confesión, si es que vale la pena confesar algo que aun sirva.

Confieso mi culpa: me olvidé de combatir… Creí tenerte pero no supe quererte… Me acostumbré a poseerte y olvidé que tu vida no me pertenecía.

¿Dónde iré sin tener lo que tenía? ¿Qué será de mí, sin tu ser hilando el mío? No quise caricias mientras las había. No quise tus besos mientras me besaban. No miré en tus ojos, porque de seguro ellos me miraban…

Pero hoy, que por no merecerte te perdí. Las caricias que me faltan me dejan desguarnecido. Los besos que ya no encuentro, se llevaron el agua… y de sed en sed me pierdo. Y al quedarme sin tu mirada, la niebla reemplaza a la vida… y debo darla por vivida.

Se que nada merezco más que esta herida mortal y abierta, que por abandonarte, hacia cualquier limosna corre y nada encuentra.

Mi tierno Tobías: escucha mi confesión, y si puedes, dame tu perdón. No te pido que vuelvas, no soportaría tanta vergüenza. Pero si un último deseo me consintieras, te pido que me absuelvas de la vida…

Déjame por fin: así, aquí y ahora… esperar de ti, ese último consuelo.

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siete

Mi dulce Valentín

Eres leve como un resto de nube,

o como un minuto de gracia concedido por la aurora.

Eres algo de baile o lino inesperado. Eres preciso como parpados cerrados, y exacto cabes entre mis brazos sinceros.

Eres suave como pétalo de flor silvestre, que deja que mis labios corran sobre su mansa pelusa. Eres casi imperceptible y con aroma propio. Eres la lenta rotación de mis anhelos.

Si

recorro tu talle con mis besos, te duermes entre gramillas.

Si

te acaricio a contrapelo, te erizas y vuelves a mi vida

Eres todas las sonrisas y travesuras. Tienes la justa temperatura de todas mis bebidas.

Eres el enredo de todos mis hilos,

y la efímera armonía de mi inaudible canto.

Eres el perfume aun no creado,

y la lenta combustión de la miel o el llanto.

Eres muro y puerta, brisa y desierto… Eres los ojos de la tierra enmudecida… Eres el que rescata del fondo de si mismo su mejor regalo:

este pulcro consuelo de engaños…

Eres Valentín, él que así, aquí y ahora…

se deja macerar entre las complicidades de mis besos.

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ocho

Querido Hernán:

Cuando la noche a tus noches, nadie traía; ni el día a tus días, nada ofrecía. De mí aceptaste caricias transparentes e indulgentes dunas robadas al mar. De mis manos tomaste panes de luna, y de mis labios vinos anudados al nudo de la vida. De mi corazón recibiste el pulso líquido, cuando nadie su palpitar te ofrecía.

Nada te reclamo. Te di lo que tenía, no lo que sobraba. Y todo te lo di porque lo merecías. Pero al despedirte, dejaste caer entre los poros de mi piel, un cielo de dudas sin vientre.

Cómo es que si hasta ayer era un seguro rincón para el fuego, hoy soy un bolsón de cenizas. Cómo es que nuestra cálida senda sin fieras; se convirtió en voraz jauría de sueños desvelados.

Qué hice mal para que este monte de brea, caiga sobre el pecho de mis días. Dime: por qué ya no te alcanza lo que te alcanzaba… Qué te hice para que sofoques la antorcha, que nuestro umbral protegía… Dime: por qué desprecias de mi pobreza, si hasta ayer te enriquecía…

Ya no se qué hacer ni ofrecer, todo lo que en mí había sobre el prado de tu vientre fue ofrendado. No se que hacer ni ofrecer, pues solo panes de luna tengo, y un humilde ovillo de caricias que te amarre a la vida…

Mí amado Hernán, antes de partir, deja que por última vez:

así, aquí y ahora… te ofrezca vinos anudados al olvido.

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nueve

Mi cálido Emilio:

Hemos iniciado una tarea que solo nosotros podemos completar.

La

hemos asumido libremente, porque ni de papeles ni contratos se trata.

Si

no que expresa un encuentro entre almas incompletas,

que admiradas o agradecidas se dejan sostener por lo que las afianza.

Qué nada nos importe si el corazón huye o retorna.

Qué poco nos importe el minuto perdido o recuperado.

Y aunque de tanto en tanto, suframos un instante por lo que nos falta.

Qué nada nos importe lo nimio e imperceptible, si del todo, el todo hemos encontrado.

Acércate Emilio, déjate envolver por mis brazos. Permite que me deslice sobre ti, y embriague mi pecho con tu aliento. Deja que ame en tus tiernos ojos, la mirada gratuita que nos da sentido

Déjate quemar por esta eternidad frágil,

y en tanto ardemos desnudos, desafiemos la agonía.

Permite que te bese entero y cauterice tus heridas de niño olvidado…

Nada temamos Emilio, pues el infinito nada puede, contra los que todo lo tienen. Sintamos piedad por ese destino, del que nos hemos burlado. Juntos hemos iniciado esta tarea, y es nuestro derecho completarla.

Deja que, una vez más: así, aquí y ahora:

te preste mi fracción de vida.

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diez

Mi

dulce Alejandro. No los escuches…

Se

dice que quise apartar de ti, el fardo de la carne que te anima…

O que no tuve piedad por tu destino… que era morir en el mío.

Se dice que cuando mis labios rozaron los tuyos, hice de tu vida un lugar para el olvido.

Y que saqué poesía e hilos de gracia, de la jaula de sueños que te expropié

Se dicen tantas cosas.

Pero solo nosotros sabemos cual de ellas es cierta.

También se dice que, vine de lejos para esconderme en tu vida.

O que cuando en mis brazos te perdías, crecían silencios y cerrojos de piedra.

Se dice que entre lo tuyo y lo mío, reptaban siluetas muertas.

Y que cuando nuestro mirar se encontraba, no sabíamos a quien encontraríamos.

Alejandro: déjalos repartir inventos… Déjalos que conspiren entre gestos clandestinos. Deja que les duela comprobar, que entre lo tuyo y lo mío hemos escondido el sol que les pertenecía.

Déjalos hablar… Déjalos creer que su pequeña versión humana, aun conserva algo de vida. Déjalos sin saber, cuanto de lo nuestro es verdad o mentira…

Mi buen Alejandro, deja que una vez más:

así, aquí y ahora… mis besos te oculten de la jauría.

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once

Pablo:

Algo sabe la memoria, que siempre es sufrimiento. Algo sabe la noche, que siempre es noche inquieta. Algo sabe la luz, que todo ilumina y nada muestra.

Algo sabe el mar, que todo lo baña y nada limpia. Algo sabe la tierra, que todo lo llena y muy poco sostiene. Algo sabe el universo, que tú desconoces:

que eres mi amor en el amor de cada fracción de tierra, gota de mar, o hilo de luz en la memoriosa noche del sufrimiento.

Que eres ante lo diverso amor abierto, y ante el silencio amor herido. Que eres tras el muro de los muros, mi amor en el amor de un mundo jadeante, que al rotar serpentino va en búsqueda de aquello que lo anima y sostiene…

Bien lo sabe la plegaria, cuyo poder me fue arrebatado. Bien lo sabe la ruina, que siempre recuerda lo ido. Bien lo sabe esta sangre, que todo colma y enferma.

Bien lo sabe la piel, que en ti todo lo cubre y nada esconde. Bien lo sabe la mirada, que en todo indaga y poco descubre. Bien sabe el universo, lo que ahora tú también sabes:

que eres mi amor en el amor de cada tierna mirada, en los siglos que me arropas, o en el hilo de sangre que devuelve el poder a mi plegaria…

Pablo, permite que por primera vez: así, aquí y ahora… tu corazón sepa lo que el universo sabe

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doce

¡Juega Nicolás! Juega si te has aburrido… Juega si quieres…

Juega a que te alejas de mí, que yo jugaré a dejar de amarte aunque ese juego me deje eternamente perdido. Juega si quieres… Juega que yo jugaré a borrar tus gestos de los míos,

y

al negar mi aliento al tuyo sobre nuestra verdad caerá el vacío…

o

surgirá desesperada, la fe de los desesperados.

Juega si lo deseas… Juega que yo jugaré a fugarme de las batallas y mundos compartidos

y

dejaré que las moscas devoren el resto,

o

la piedad se apiade del terror, de este novedoso terror consentido.

Juega a que vuelves a mí lado, que yo jugaré a que te recibo aunque ese juego me deje eternamente ignorado. Juega si lo necesitas… Juega que yo jugaré a crear pan de compasión, con las migas de tu rastro desordenado. Y haré de lo perdido, señales que te guíen hasta este puerto reencontrado.

Juega cuanto puedas…

Juega que yo jugaré a fecundar el pantano entre tus juegos macerado,

y expulsaré sus criaturas de carne enloquecida,

mientras impido que el gallo increado llegue a su tercer canto.

Mi dulce Nicolás. Juega si quieres, pero deja que así, aquí y ahora:

este sea mi último intento

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trece

Mi amado Verdugo. ¡Obedece!

Obedece, pues en nombre de los condenados, volvería atrás hasta la tierra perdida.

Es que después de tu partida, en la noche hay lamento de sol que se ha quedado sin cielo.

Y en mí, hace plegaría de lecho abierto y sin cuerpo extendido…

En nombre de los condenados, me dejaría abrazar y ahogar entre las heridas que te hice.

Si con ello bastara para que esta última madrugada se poblara de tu voz,

y de lo que en ella arde y ciega.

En nombre de los condenados, volvería a condenarme por encontrarte.

Y a gritos te pediría que me absuelvas de perdón,

pues solo como condenado merezco tu amor…

A tu lado, solo soy un viejo muelle cuyo único recuerdo es el del agua que había.

A tu lado, solo soy madera fermentada,

que inmóvil espera la dentellada final del parásito que la consume.

Por todo esto, te pido la bendición de tu condena. ¡Apiádate y reprende! Habla, grita, golpea, reprocha, por favor te lo pido…

¡Condena mi desnudez ofensiva! ¡Condena la torpe obviedad de mis deseos! ¡Concédeme beber por ultima vez, el letal rocío que anida sobre la brizna de tu vientre! ¡Condena y concédeme la piedad de tu caricia! Concédeme cargar con tu última mirada… Condéname y borra mi nombre de tus labios, para que libres de mí, puedan ofrecerme un último beso.

Mi

tierno Verdugo. ¡Obedece! ¡Ama, Odia, Crece!

Y

deja que así, aquí y ahora:

se ejecute tan piadosa sentencia…

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catorce

Mi buen José.

Siempre será así… En un rincón lo breve y en el otro lo eterno, y tironeado entre ambos… el encuentro. Solo nos resta saber desde qué rincón nos dejamos seducir,

si desde el infinito… o desde lo precario.

Yo lo averigüé. Pagué caro mi aprendizaje. ¡Me dejé cautivar por lo transitorio!

Me dejé ordenar, según las leyes de tus dulces ojos sin estigmas de pasado. Me dejé apresar, por tu infantil sonrisa abierta al gozo. Me dejé paralizar, entre tus gestos suspendidos e inocentes. Me dejé encantar, por las oscilantes gotas de pelo húmedo sobre tus hombros. Me dejé retener, entre tus manos repletas de polen de luz. Me dejé diluir, sobre tu vientre leal al sol y a mis labios.

Si un hombre se define por sus opciones, entonces… soy fácil de definir…

Elegí dejarte hacer… Dejé que me ordenaras, apresaras, paralizaras, encantaras, retuvieras, cautivaras y sedujeras.

Preferí lo frágil a lo sólido… Preferí lo breve a lo eterno…

Te

preferí a ti… y al elegirte elegí todo aquello de lo cual podré irme, por ser breve y precario.

Mi

dulce José: deja que te ame en lo frágil, fugaz y efímero…

Deja que así, aquí y ahora:

tus besos paguen mi pasaje a lo fundamental… o a lo eterno.

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quince

Mi buen amigo:

Un día me dieron ganas de soñar, como a cualquier enamorado. Pero cerré los ojos y me dormí. Ya no recuerdo muy bien, pero creo que aparte de ello, también viví…

Quise soñar que mis dudas se resolvían con un poco de buena fe.

O que mi ceguera se diluía con un poco de esperanza.

Quise soñar que mi amor era más oportuno que la compasión.

O que mis caricias marcaban fértiles surcos sobre tu corazón.

Quise soñar pero solo hizo vida.

Y luego… yuyos que ocultaron el camino…

Un día me dieron ganas de soñar, pero cerré los ojos y solo quedé dormido…

A parte de eso, fui medio grito perdido entre vacíos.

Un cuarto de campana de semen o salmos.

Y alguna que otra fracción de cosas que ya no recuerdo…

Sí… en esta carta te doy a conocer mis sueños, y al hacerlo me despojo de ellos.

Y si tienes la cruel necesidad de destilarlos e interpretarme,

recuerda que a tu lado, solo logré quedarme dormido…

Mi buen amigo.

Así, aquí y ahora te pido:

cuando durmiendo me encuentres… por favor, guarda silencio y vete… sin hacer ruido.

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dieciséis

Silvio. Silvio el mío:

Yo siento que en esta tarde me estás viendo. Siento que oculto detrás de su extrañó sosiego, me estás observando. Siento tu mirada en el mirar de los que me miran.

Me anticipo, y siento que tu aroma llega entre los pliegues y brisas de la noche. También siento tu presencia, en la germinación imprecisa de las primeras estrellas. Tu tarde, tu luz, tu aroma, tu presencia. Todas ellas, diversas maneras de tejes redes que me unan al tiempo… o me rescaten de el.

¿De qué otra manera saber si es de tarde, o noche? Si no fuera porque de tarde me miras.

Y de noche te haces presente.

¿De qué otra manera saber si soy, o fui?

Si no fuera porque cuando soy, la brisa te trae sobre mi piel.

Y cuando fui, su roce la atraviesa.

¿De qué otra manera saber si vengo, o voy?

Si no fuera porque cuando tu red me detiene: vengo.

Y cuando tu red me despide: voy.

Tu tarde, tu luz, tu aroma, tu presencia. ¡En todo, tu todo! En nada… mi nada.

Silvio. Mi Silvio… No dejes de tejer tus redes. Rescátame del tiempo y del tiempo que pasa también… Así, aquí y ahora, por pavor te pido:

permite que mi nada en tu todo se vierta… y encuentre su sentido.

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diecisiete

Mi amado presentido:

Cuéntale a mis ojos, lo que mis ojos ven. Revélale a mis oídos, lo que ellos escuchan. Dile a mis manos, lo que ellas rozan. Háblale a mi pecho, sobre lo que en su interior arde. Relátale a mi llanto, sobre lo que en el duele. Explícale a mi dolor, lo que le oprime. Delata mis penas. Denuncia su causa. Devuélvele la salud a mi alma.

Acaríciame, y tan de cerca hazlo, que pueda sentir la brisa de tus manos al acercarse, aun antes de tocarme… Háblame, y tan de cerca hazlo, que pueda sentir tu aliento antes que la palabra llegue a mis oídos… Abrázame, y tan de cerca hazlo, que pueda sentir lo que te abrasa, antes que tus brazos me abrasen…

Déjame sentir tu presencia en la brisa del aliento en que llegas, y que entre lágrimas consuela. Pero además, déjame saber: ¿cómo es qué llegas hasta mí, antes de llegar? ¿Cómo es qué te mueves por igual, entre levedades de brisa y regazos sin tiranía?

Déjame comprobar si eres ángel. Déjame saber si eres espíritu… Y si lo eres, déjame saber también, qué separa a los hombres de los seres de tu especie… Dime si vives como un ausente, y si es así:

¿cuál es el estorbo que separa presentes de ausentes?

Dime así, en forma sencilla, aquí y ahora:

¿Qué debo hacer para diluir tan sutil distancia?

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dieciocho

Juan, mi torpe amigo:

¡Deliras! ¡Evidentemente deliras! ¿Qué intentas encontrar ahora, si la forma quedó desvanecida entre tus gestos? ¿Qué pretendes encontrar entre tanta carne de fauno crucificado? Pisaste su flauta de lirios. Evaporaste su perfume. Diste vida a un espectro…

Deliras mi amigo, sin duda deliras.

Y durante tus desvaríos de evocación perdida, bajó el rocío y se nos fugó un nuevo día,

sin que te dieras cuenta… porque solo deliras.

De qué te servirán ahora, mis besos azul incienso. De qué te servirá ahora la pureza reclamada,

si en todo encontrarás nuevas torturas y mayores caprichos.

Eres rico en matices e intensos aromas abiertos.

Eres hoja peregrina que de tarde en tarde cae sobre mis llamas. Eres el sonido perdido y su punzante recuerdo. Eres la memoria de mis lágrimas. Eres temblor de viento sobre tantos anhelos,

y una mirada abandonada sobre el espesor de mis secretos.

Todo esto eres mi tierno amigo. Todo esto eres, y sin embargo deliras…

Pero cuanto más deliras, tanto más te amo, arrullo y percibo. Y tanto más amor encuentro entre tus labios y los míos… A lo mejor, quizás, tal vez: porque yo también desvarío… ¡Evidentemente deliro! Sin dudas deliro, cuando prefiero tu color al de la cordura. O cuando dejo caer mis manos sobre las espinas de tu eco confundido, sabiendo que no seré herido. Deliro cuando te elijo lágrima de mis lágrimas. O cuando te abro mis secretos y torpes anhelos.

¡Deliremos mi amigo! ¡Deliremos con obviedad y sin vergüenza! Renunciemos a la certeza, y sus trampas de mármol cincelado. Mi amable locura: seamos una vez más, el ardiente reflejo de nuestra mejor transparencia. Hallemos por esta vez, el mejor camino hacia nuestra misteriosa noche desposeída… Dirijamos mi dulce amigo, así, aquí y ahora:

una primera mirada sobre la inevitable mudanza, de nuestro río.

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25

diecinueve

Mi

pequeño Ezequiel:

Te

has hinchado de presunción, y bien lo mereces.

Parece que dijeras: ¡mira cuanto estoy creciendo!

Has importunado a la brisa, y bien lo mereces. Parece que dijeras: ¡mira cuanto poder tienen mis gemidos!

Has enervado a la mañana, y bien lo mereces. Parece que dijeras: ¡mira cuanto rocío sobre mi vientre!

Has avergonzado a la muerte, y bien lo mereces. Parece que dijeras: ¡mira con cuanto deseo me sujeta la vida!

Has humillado a los hombres, y bien lo mereces. Parece que dijeras: ¡miren cuanto polen para tan pequeñas mentes!

Mi tierno amante, disfrútalo todo si quieres, que bien lo mereces.

Pero no olvides que, aquello que hoy sobre la vida vuelcas, ayer ella te lo dio primero. Y mañana… bueno, mañana lo aprenderás…

Ven a mi lado, mi tierno niño. Ven y descansa de tanta tarea. Disfruta si quieres de esta nube pasajera, pero no la retengas. Cédele el paso; “que la vida es vida, porque pasa y termina”.

Así, aquí y ahora tiéndete a mi lado y reposa:

que la noche muere, y nuevos días vendrán a inventarte nuevos juegos.

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26

veinte

Mí amado Manuel:

Cómo decir que sin ti, en mí todo es mío, y por ello todo tristeza.

Nunca más la extensión de la noche se ajustará a la extensión de nuestras caricias.

Y sin nosotros, su oscuridad se replegará sobre si misma, y breve o efímera morirá…

Si al menos pudiéramos encontrarnos a charlar, sobre un pasado que no hayamos compartido. Si al menos pudiéramos revivir el silencio abierto, que nos hilvanó a la vida.

Me preguntas por qué pasó lo que pasó,

y la respuesta se ausenta de mis labios.

Yo no se porque pasan estas cosas. Pero acaso, alguna vez hemos sabido, por qué pasa lo que pasa…

Hace tanta tristeza entre mis días… que hasta estas letras vuelven a su tinta

y se resisten a dejarse reconocer encendidas.

Te dejo partir Manuel… “Ya que enfermar es ser a medias, y sin ti, enfermo quedo”.

Amanece…

Debo iniciar el día, y con el, tal vez… así, aquí y ahora… reiniciar la vida.

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27

veintiuno

Mi tierno Pablo:

Llegué a pensar que solo a mí me pasaba. Me refiero a esto de ir caminando a ciegas, y por donde se pueda. Haciendo de los rastros de tu aroma, el único camino.

Quizás porque un camino que no hay… a nadie extravía.

O

porque cuando no hay hacia dónde dirigirse,

ni

meta por alcanzar o conquistar, todo se vuelve camino…

O

porque para el que ama, la voluntad de amar, es él único atajo conocido

Sin embargo, no siempre lo he vivido así. He aprendido, mi dulce amigo. ¡Juro que he aprendido!

Es que también llegué a pensar,

que podía conformarte a mi necesidad.

Y crear en ti, la necesidad de mí,

como tú me la has creado de ti.

Todo esto experimenté hasta descubrir, que para darte el amor que me diste, debía crearte en mí, libre y entero; como en ti, libre y leal me has creado.

Todo esto he aprendido, y por favor te pido, no me permitas olvidarlo.

Ni permitas que enturbie tu amor, al tratar de poseerte…

Permíteme Pablo, que así, aquí y ahora:

libre de lo mío te conserve en mí, como libre de lo tuyo me conservas en ti.

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28

veintidós

Querido Santiago.

Con tu permiso o sin el. A mi manera, te estoy amando. He poblado con mi aceptación tu silencio. He poblado el hueco de mis abrazos, con fantasmas perfectos. He poblado mi corazón, con tu voz sin memoria; para con tu permiso o sin el, día a día recrearte.

Te amo. He gastado el alma,

y hoy solo queda un sin fin de carne infecundable.

Se que te estoy pidiendo lo que no puedes dar. ¡Se que solo puedes dar lo que no te pido! Quisiera certezas pero no las encuentro,

y tu lado solo hace confusión en vísperas de traición.

Quisiera un guiño jadeante, que de sentido a esta hoguera que nos viene floreciendo. Quisiera un rastro de piel,

o un camino de migas palpitantes en los que dormirme lentamente.

Quisiera aunque más no sea, velados restos de un éxtasis consumido;

o un aullido que me devuelva la textura del letargo.

Santiago mi cruel amigo: Te he dado todo lo que querías… Hoy quiero un poco de lo que te he dado…

Y si no quieres o puedes darlo, por favor te lo pido:

así, aquí y ahora, con tu permiso o sin el…

deja que te quiera a mi manera.

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veintitrés

Querido Tadeo:

Te recordaré y sufriré en cada generación.

Te amaré de nacimiento en nacimiento…

y

de corrupción en corrupción, entre rastros de vida te hallaré entero.

Y

tu nombre, el pronunciado y pronunciable,

será una vez más, mi escudo ante la cuerda, el azote y la desolación.

Ahora que estoy cayendo; me descubro viviendo de la muerte y muriendo de lo mío.

Al

amanecer me pregunto si hoy será la matanza final.

Al

atardecer me respondo que… ese día será mañana.

Y

entre auroras y ocasos, esta caprichosa vida,

que se hace halagos que no quiero ceder

y caricias que no quiero olvidar ni me dejan partir…

Se que estoy muriendo. Se que no tengo excusarás.

Perdóname por no habértelo dicho… Pretendí que fueras la última sirga que me sujete a la orilla. Quien me ayude a respirar sin pensar en el veneno. Quien me preste su olor a hierba nueva,

y a fuerza de abrazos se deje convertir en mi cencerro.

Siento piedad por la necesidad que siento.

Es que necesito tantas cosas, y tantas cosas no hay,

que muriendo de vida, me sorprendo muriendo a la vida y viviendo de lo ido. Déjame partir mi tierno Tadeo. Déjame ir te lo pido. En nombre de la ternura oculta que me ofrecías al alba, déjame partir. En nombre del nocturno anhelo inútil de que fueras todo mío, déjame partir. En nombre de la traición, a la que esta próxima ausencia me obliga, libérame te lo pido.

Mi dulce Tadeo, así, aquí y ahora:

agradecido te pido… el don del olvido.

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veinticuatro

Mi buen Andrés:

Ambos sabemos, que en cuestiones de amor, todo comienzo es involuntario. Lo hemos comprobado. Así nos sucedió…

y

así nos dejamos murmurar entre lo sucedido.

Y

si en aquella oportunidad no opusimos resistencia,

por qué hacerlo ahora que el trigo se presta a ser segado.

¿Qué de este misterio rasgado tras las caricias, tanto te ha espantado? ¿Cuál es el enigma que nuestra piel rescató del olvido? Qué haremos ahora que la tierra reclama su cuota de agua,

y no hay cántaro que hasta ella la lleve

No lo hagas Andrés. No te alejes. Porque lejanía es amor mal definido,

y mortal vértigo entre lo lleno y el vacío.

Toca con tus dedos de infante precario, el muro del que me haces reo. Tócalo y devuélvele la vida a este suelo ritual, sobre el que me quieres abandonar dormido…

No lo hagas Andrés. No me dejes a la intemperie ni entre zozobras me humilles. Porque ni de una u otra manera, sobrar será otra manera de estar; si no, el sereno olvido de vivir. Dejemos entre paréntesis lo sucedido. Dejémonos dormir,

y soñar que al despertar todo esto solo un sueño habrá sido.

Durmamos y soñemos, porque así, aquí y ahora:

soñar es no saber… y el saber no quiero.

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veinticinco

Querido Javier:

Te he cosido a mi carne,

y ahora en ella duermen todas las criaturas del mundo. Hasta encontré un cirio crepitando en mi pecho, por haberte cosido a mi carne.

Te amo y me has hecho lago durmiente

entre cerros de coordenadas imprecisas.

Te amo y me has hecho cuerpo de forma inexistente,

o rastros de ausencia transfigurada.

Te he cosido a mi carne,

y ahora muero de tu última sombra…

entre sangres de fervor desierto.

Te

amo, y me has entregado al horror de la noche oscura.

Te

amo, y me has denunciado ante los ángeles custodios

del éxtasis abandonado. Me has robado mi razón de amor, por haberte cosido a mi carne.

Mi amado Javier.

Por amor te hilvané a mi carne, y ahora, ni a ti ni a mi carne encuentro en la piel que nos encuentra…

Pero a pesar de todo y con ternura te pido:

déjate sobre mi carne, para que así, aquí y ahora recuerde cuanto me has herido.

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32

veintiséis

Mi buen René:

Por no ver ni oír, se nos cayó el cuerpo. Por no saborear ni entregar, se nos jadeó el aliento. Por no retener ni ceder, se nos apeó el abrazo. Por no decir ni callar, se nos licuó el habla.

Por no desear ni rechazar, se nos tapió la mirada. Por ser y estar a medias, merecimos preguntas y respuestas a medias. Por no enfrentar nada, nada hemos amado más que nuestro propio reflejo; ese que ahora tampoco refleja nada.

Y ya que esta ausencia de reflejos no nos cuestiona. ¿Para qué continuar puliendo espejos? Mi dulce René. De improviso se nos hizo tarde. Se nos cayó el cuerpo, caeremos con el, y no podremos elegir dónde. No habrá pausa ni signos que nos rescate de la caída… Ya no queda nada por corregir. Es tiempo de aprender…

Por esto te pido, que así, aquí y ahora:

impidamos que el cuerpo muera sin entregar su mensaje…

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33

veintisiete

Mateo, mi evasivo amigo:

Aunque manifiestes tu amor, desde una multitud de voces y símbolos errantes,

yo “te amo con amor caminante, y camino en todos tus instantes”.

Deja que derrame sobre tus manos secretos inmortales. Deja que en mi afán te acaricie, y en mi anhelo te encuentre. Dame la mano y te encontrarás, después de todo, qué soy yo, si no tu mismo, en versión de ahogo y sufrimiento.

Dame la mano y juntos recordemos que, ¡Sí! y ¡Yo!, no son lo mismo. Dame la mano y como criatura bendecida, te harás compasivo con la escoria. Dame la mano y reposa sin tinieblas, allí donde descansan las criaturas del mundo. Deja de venir desde lejos, y ahora que mueren las últimas sombras, acércate confiado.

Escucha como se agitan las alas invisibles de mis besos sobre tus mejillas. Mira los amagues de este corazón, aprende de su infantil oración secreta, e ilusiones sin tedio. Bebe del reclamo de sus desiertos,

y descansa sobre este cuerpo macerado entre vidas.

Dame la mano y nada respondamos a la desesperación. Dame la mano más allá de mi mismo. Quédate en mis labios, cerca del corazón y lejos de todo. Quédate en mis brazos, y duerme en lo recóndito del rezo. Quédate y trae luz hasta el seno trágico de este abismo.

Mi dulce Mateo. Así, aquí y ahora sostén mi mano,

y juntos caminemos nuestro rumbo peregrino.

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veintiocho

Ariel:

Te busco, y no sabes que te busco. Te acaricio, y tu piel nada sabe ni registra. Te miro, y a mis ojos no te muestras. Vas conmigo, y no te sabes a mi lado. Vas en mí… por cruel conveniencia.

Estoy en medio tuyo, como haciéndole señas a quien muere. Tú estás en mí, como antigua demencia. Pero sin mí en ti, ni tú en mí… qué nos queda más que un cascabel de nieblas descompuesto.

¿Cual es el peaje a pagar, para ir de mi gozo al tuyo? ¿Cual el paso a cruzar, para ir de un monte a otro? ¿Cuál la bebida que reposa en ambas vasijas? Te pido disculpas por tanta queja, es que dejé que el amor perdiera su memoria amorosa.

Te pido disculpas por pretender que me hables, cuando en ti ya nada ni nadie se expresa.

El lenguaje me traiciona…

pero, quién sabe si existe un lenguaje para este final. Tal vez mi lengua quedó empantanada en un laberinto de sospechas,

y

amordazada por silencios irremediables.

O

quizás este último lenguaje,

demande la muerte definitiva de todos los lenguajes… Ariel, mi buen amigo… Antes que la lengua muera, permíteme ahogar tu nombre,

y así, aquí y ahora, levantar murallas en torno a tu silencio.

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veintinueve

Mi codicioso Simón.

Solo tengo por ofrecerte,

mi corazón en descampado, y un temblor imperceptible.

También podría ofrecerte un instante sobre otro instante,

y cien diversos susurros de agua.

Pero algo me dice que nada de esto te satisface…

Eres hambre, y te hincas en el revés de mis ojos como depredador nocturno. Eres sed que se clava como haz de luz encendido, sobre el foso de lo que tuve… y ya no tengo. Sin embargo, entre el hambre y la sed que eres, llevas un anhelo velado.

Un deseo que no siempre estuvo silenciado,

o se calló minutos después de haber sido saciado.

Una voracidad furtiva e imprecisa, y sin la cual nada de lo mío alcanza.

Porque esa avidez bien de dentro,

es la que nos hermanó… y todo lo nuestro hizo fraterno.

Pero, haz extraviado la espera,

y con ella se nos perdió el hambre y la sed de toda sed de hambre… Déjame partir imperceptible,

y volver a mi corazón en descampado.

Permíteme abrevar en mis susurros de agua,

y descubrirme bebido de instante en instante.

Mi amigo olvidadizo.

Deja que así, aquí y ahora me retire:

y no te obligue a recordar el hambre… que prefieres olvidar.

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treinta

Miguel… mi dulce Miguel:

Tengo al tener esta vida, que es por ti querida:

un

sueño cierto y uno errado

Mi

sueño es cierto, porque tus besos lo confirman…

Pero algo tienen de errado, cuando puedo soñarlo, pero no puedo verlo también en tus ojos reflejado.

Sin embargo, como quiera que fuese, tú estás todo presente en lo cierto y en lo errado. Y eso, solo eso me basta… Me basta por que he vivido siempre engañado, temiendo no encontrar en tu mirada el registro de la mía.

Pero hoy que se, que tu mirada ve mas allá de lo aparente; me basta con saber que lo que tus ojos no reflejan,

es aquello de lo mío que el engaño refuerza.

Me basta con saber,

que las hebras de tu vientre me esperan para crisparse iluminadas. Me basta con saber, que mi pecho se ensancha antes que tu piel respire. Poco me basta para sentirte tierra inocente,

de raíces en sangre e intrigas de perfume traicionero.

Poco me basta para saber que mi sueño es cierto. Y eso me basta. Así como me basta saber, que aunque nunca seas mi patria… tampoco de ti seré exiliado.

Querido Miguel: no cubras tu desnudez, déjate desnudo hasta que vuelva a saciar la sed de mis caricias en tu íntimo aliento. Déjate tendido así, aquí y ahora, para que al mirarte pueda soñar la vida.

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Breve reseña biográfica del autor

Luis Chwesiuk, nació en Buenos Aires a fines de 1963. Realizó estudios regulares de Filosofía y Teología. Fue ordenado sacerdote, pero se dedicó a ello por muy poco tiempo. En la actualidad ejerce la actividad docente, entre otras de orden social.

Tras una breve experiencia teatral, se decide por la escritura de guiones de video con fines educativos, para

el Departamento de Comunicaciones del I. S. E. dE. T.

En el territorio de la plástica fue discípulo de Pérez Céliz y Claudia Aranovich. En el de las letras, joven amigo de Roberto Juarroz (+1995). Y en sus visitas a Glew, “voraz consumidor de las esotéricas confidencias” amasadas entre Olga Orozco (+1999) y Valerio Peluffo. También supo Intercambiar asidua correspondencia con Néstor Perlongher, y Don Hermes Villordo. Aprendió del poeta Juan Filloy, el arte de los encuadernadores manuales, el paciente diseño artesanal de su propia producción, y una tangible vocación por preferir el protagonismo de su producción, al de su propia persona.

De vida silente y solitaria, no supo estrechar vínculos con poetas de su generación, dándole a su obra un estilo original y de personalísima identidad estética, que deja trascender intimidad, sapiencia y exquisitez. A su manera, escogió mantenerse alejado del indudable sistema de humillaciones que supone la industria editorial. Voluntariamente eludió o evitó mediante una conducta sinuosa, la entrada o la participación dentro del circuito del campo intelectual y de sus reglas internas.

En 1984 inicia su actividad literaria fundando el Grupo Salmuera, taller de literatura y plástica para jóvenes de la Cava de Fiorito (Zona Sur del Gran Buenos Aires). Este fue el lúdico inicio de su compromiso de militancia, junto a pacientes crónicos en situación de exclusión social, ejercido hasta el presente.

En 1992, realiza la primer muestra individual de sus pinturas, en la Casa de La Cultura de Adrogué.

Y en 1994 auto edita: “Zona Franca”. El primero de entre una larga lista de textos éditos o inéditos. Sus

libros auto editados, desde ese instante al presente, suelen asomar y disiparse haciendo al juego de presencias y ausencias propia de su naturaleza. Su modo de publicar se limita a ediciones de autor de 200 ejemplares, de confección manual numerada y entregados por él mismo a sus destinatarios; un trabajo a la vez artesanal y de ofrenda amical. Aun editado, si sus escritos son publicados no son expuestos a la venta, o suelen asoman en las mesas de ofertas y rezagos. Ya que a su propio decir: solo confía en la “distribución azarosa y reservada que depende de los amistosos estantes de libros usados”.

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Otro de sus recursos consiste en “liberar sus libros”, abandonándolos intencionalmente en espacios públicos,

al estilo de los cultores de la “Book Crossing”.

A instancias y petición de Valerio Peluffo y Juan Filloy, decidió participar solo de concursos internacionales de

poesía, recibiendo las siguientes distinciones:

- Concurso Internacional de Poesía / Sociedad Estanislao Leczinski La Jaula de agua (1er Premio Autor Latinoamericano) Varsovia / 2000

- Concurso Internacional de Poesía / Fundación Pier Paolo Pasolini Sonetos Clandestinos (1era Mención del Jurado) Bolonia / 2005

- Convocatoria Internacional Fundación Calouste Gulberkyan

Filtraciones Neutras (Faja de Honor al Autor Extranjero) Lisboa / 2007

- Concurso Internacional de Poesía / Sociedad Cultural José Enrique Rodó Leve y Terminal (2do Premio) Montevideo / 2009

Andrés Canelas - Editor -

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Referencias bibliográficas

i FERNANDO PESSOA. Poesías de Álvaro de Campos / N*25: Todas las cartas de amor son ridículas

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