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ESTANISLAO ZULETA

ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS

LA TIERRA EN COLOMBIA

6

CUADERNOS

LA

OVEJA

NEGRA

LA

EN COLOMBIA

ESTANISLAO ZULETA

ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS

LA TIERRA EN COLOMBIA

EDITORIAL

LA

OVEJA

NEGRA

Primera edición: jimio de 1973.

Editorial La Oveja Negra Ltda.

Corrección: Walter Correa Cadavid.

Impreso y hecho en Colombia. Printed and made in Colombia.

CONTENIDO:

PROLOGO

 

7

Estanislao Zuleta

 

PROCESO EVOLUTIVO DE LA PROPIEDAD

9

I.

Encomienda, mita y resguardo

16

II.

Siglo XIX

;

30

ANUC

EL CAFE Y EL MOVIMIENTO CAMPESINO

 

I.

Importancia de la

agricultura ca­

fetera

45

II.

La propiedad de la tierra

 

47

III.

Evolución del tamaño de las fincas

51

IV

Monopolización

de

la

producción

y concentración de los

56

V

Sobre el

arrendamiento

 

63

VI.

Papel del imperialismo yanqui en

el mercado

cafetero

 

66

VII.

La

política

cafetera

de

la

gran

burguesía

71

VIII.

Antecedentes del movimiento cam­

pesino

en las zonas

cafeteras

 

80

IX.

Perspectivas del nuevo ascenso del movimiento campesino

X. Consideraciones sobre el movi­ miento campesino en la zona ca­ fetera

ANUC

CONSIDERACIONES SOBRE LA LUCHA EN EL CAMPO COLOMBIANO

I.

Raíces históricas

de

la

lucha del

campesinado

 

*

II.

Algunas anotaciones sobre la lu­ cha de clases en el campo

III.

Consideraciones políticas sobre la

cuestión

agraria

. IV

Perspectivas del movimiento cam­ pesino colombiano

PROLOGO CUADERNO N- 6

En

el

artículo

de

Estanislao

Zuleta

se

hace

un

buen

recuento

del

desarrollo

de

las

formas

de

te­

nencia de la tierra en Colombia desde la época la colonia.

de

En los otros dos artículos se analiza el movimien­ to campesino actual y el contexto socioeconómico en el cual se desarrolla. Ya era tiempo de que las discusiones sobre la tierra en Colombia dejaran de apoyarse exclusivamente en textos clásicos marxistas para tratar de descubrir contradicciones entre “la burguesía” y “los latifundistaso para detectar “re­ siduos feudalesen el campo, que de hecho cumplen funciones que deben ser definidas independiente­ mente del nombre que se le dé al conjunto. Más importante que fabricar nombres es analizar, mos­ trar relaciones, ver qué papel cumplen las diferentes capas campesinas y sacar conclusiones. Hacer lo con­ trario sería colocar la carreta delante del caballo.

7

I"'

PROCESO EVOLUTIVO DE LA PROPIEDAD

El problema de tierras se remonta hasta el perío­ do inmediato posterior a la Conquista cuando se planteó la cuestión del trato que iba a dársele a los indios; cuestión en la que se definía en última ins­ tancia el régimen agrario del futuro. Si se llegaba a un sistema de esclavitud total y generalizado que ponía en peligro de destrucción la mano de obra au­ tóctona, se crearía una forma de explotación de tipo de las plantaciones tropicales para exportación a la metrópoli, si por el contrario se introducían normas para proteger la mano de obra indígena de civiliza­ ciones agrarias y explotarla en forma de servidum­ bre, se produciría una civilización de altiplanos, de­ dicada en buena parte ál autoabastecimiento con una organización económica de tipo feudal. En realidad ambas cosas ocurrieron, pero la segunda forma pre­ dominó ^casi desde el principio y en ella se planteó rápidamente el problema de garantizar la explota­ ción de los predios concedidos por la corona y de adjudicar a la población indígena algunas tierras vi­ tales para su supervivencia. La cuestión de tierras queda definida desde entonces como el intento de impedir que la propiedad se oponga al trabajo, y de hacer que la clase campesina tenga acceso a la tierra. A través de las diferentes instituciones y mo­ dalidades históricas de cada época se ha tratado de resolver la contradicción entre la posibilidad de acaparar la tierra por parte de propietarios que no la trabajan y la necesidad de ella por parte de los cultivadores. La dificultad ha estado sieínpre en el extraordinario poder económico y político de los te­ rratenientes. Durante la Colonia lograron evadir en lo fundamental el cumplimiento de las disposiciones

11

de la Corona que condicionaban la propiedad al uso de las tierras.

detalle el proceso institucional de

la conquista y la colonia en lo que se refiere a la tenencia de la tierra. Una vez que los conquistado- res se establecieron en el, suelo americano y los di­

ferentes grupos indígenas fueron forzados a admitir las instituciones del conquistador. Las normas que rigieron la tenencia de la tierra fueron:

a)Las capitulaciones y

1591, época en la cual la Corona

mercedes o sea el período

Veamos más en

entre 1492 y

Española no podía financiar económicamente las expediciones de conquista y firmaba contra­ tos con los conquistadores para que las llevaran a cabo y otorgaba en cambio derechos y bene­ ficios en las tierras conquistadas. Estos bene­ ficios consistían en un número de aldeas, tie­ rras y vasallos con jurisdicción civil y criminal en el área respectiva y la facultad para recau­ dar impuestos en su favor. Los beneficios que otorgában las capitulaciones constituían propie­ dad que podía heredarse y venderse. Asimismo fijaban la parte de riqueza que correspondía al monarca.

Las capitulaciones otorgaron al beneficiario la tie­ rra y el indio sin precisar los límites, y el conquis­ tador podía *repartir tierras entre sus hijos y los cbmpañeros de expedición. Pero hay que advertir que exigían de los beneficiarios ocupación efectiva de la tierra y residencia en ella. La primera capi­ tulación la firmó Colón en abril de 1492 y recibió mercedes en tierra, el título de Virrey y Goberna­ dor con derechos a la décima parte de todo lo que obtuvieran deduciendo el costo.

Mendoza

Pérez

anota

al

respecto:

“Las

ca­

pitulaciones

que

se

tomaban

con

los

descubridores

contenían la cláusula de dominio sobre las estancias,

pueblos o herederos que hicieren u obtuvieran”

Las cédulas de mercedes en tierras se clasificaron

en ordinarias para los que pensaran establecerse en América y eran de carácter perpetuo o de por vida

O

y

las

extraodinarias

se

otorgaban

a

un

personaje

importante

por servicios prestados

por

él

o

sus

an­

tepasados.

 

Tanto en las capitulaciones como en las cédulas

no se daban alinderamientos precisos y solamente hacia 1525 se comenzó a precisar este concepto. La

Ley

cita al respecto.

“Porque nuestros vasallos se alienten al descubri­ miento y población de las Indias, y puedan vivir con la comodidad y conveniencia, que deseamos: es nuestra voluntad que se puedan repartir y repartan

casas, solares, tierras y cavallerías (sic) y peonías

a todos los que fueren a poblar tierras nuevas en

los pueblos y lugares, que por el Gobernador de la nueva población le fueren señalados, haciendo distinción entre escuderos y peones, y los que fue­

ren de menos grado y merecimiento, y los aumenten

y mejoren, atenta la calidad de sus servicios, para

que cuiden de la labranza y crianza; y habiendo he­ cho en ellas su morada y labor, y residido en aque­ llos pueblos cuatro años les concedemos facultad, para que de allí en adelante los puedan vender, y hacer de ellos a su voluntad libremente, como cosa suya propia; y asimismo conforme su calidad, el Gobernador, o quien tuviere nuestra facultad, les encomiende los indios en el repartimiento que hicie­

re, para que gocen de sus aprovechamientos y de­ moras en conformidad de las tasas, y de lo que está ordenado. Y porque podía •suceder, que al repartir

1? del

Libro

IV,

Título

XII

ya

es más explí­

1

Diego Mendoza Pérez. Ensayo sobre la Evolución de la Propiedad en Colombia.

las tierras hubiere duda en las medidas declaramos, que una peonía en un solar de cincuenta pies de

de

labor de trigo o cebada, diez de maíz, dos huebras de tierras para huertas y ocho para otros árboles de fecadal, tierra de pasto para diez puercas de vientre, veinte vacas, cinco yeguas, cien ovejas y

veinte cabras, una cavallería (sic) es un solar de

y de todo

lo demás como cinco peonías que serán quinientas fanegas de labor para pan de trigo o cebada, cin­ cuenta de maíz, diez, huebras de tierra para huertas, cuarenta para plantas de otros árboles de fecadal, tierra de pastos para cincuenta puercas de vientre, cien vacas, veinte yeguas, quinientas ovejas y cien cabras, y ordenamos que se haga el repartimiento de forma que todos participen de lo bueno y media­ no, y de lo que fuere tal, en la parte que a cada uno se le debiere señalar”

Este período de capitulaciones y mercedes réales se caracteriza por una vaguedad tanto en la exten­ sión de la tierra adjudicada como en la precisión de sus límites aunque explícitamente se exigía que el agraciado con la merced debía ocupar efectivamente la tierra y residir -en ella.

b) 1591 - 1680. Este segundo período se inicia con la cédula firmada en el Pardo en noviembre de 1591, se reconoce la ocupación de hecho de las mejores tierras y se admite que el ocupante ad­ quiera su título de •propiedad mediante el pago de una suma a la Corona. Se autorizó la venta de tierra a bajo precio, por parte del Estado, con la finalidad de recavar fondos y atraer nue­ vos colonos a las tierras sin ocupar. Asimismo se autorizó otorgar tierras a los indios en forma de resguardos.

cien pies de ancho y doscientos de largo;

ancho y ciento en largo,

cien

fanegas

de

tierra

Ya

en

este

período

aparece

muy

claro

que

la propiedad

de

la

tierra

podía

adquirirse

por

merced

real

como

una

recompensa

a

servicios

prestados, o por el pago de una suma pequeña por las tierras ocupadas sin justos títulos, o bien por compra al Estado de una porción de tierra a bajo precio.

Asimismo en este período se' otorgó tierras a las municipalidades ya sea para agricultura y ganadería como para los servicios más im­ portantes, tales como mercado, matadero y cam­ pos de deporte, etc. Estas fueron las tierras eji- dales.

c) 1680- 1754. Comprende este período el Código de Indias y la prescripción de tierras. Según es­ tas disposiciones, se trató de enmendar la ex­ tensión concedida 'en las capitulaciones. Se re­ conoció la posesión de todo título legítimo, la

posibilidad

tensión que no tuviera título legal, y también se autorizó rematar las tierras que no hubieran si­ do poseídas por diez años y que no tuvieran tí­ tulo de propiedad.

En este período se reconoce la ocupación de hecho y se legaliza su ocupación mediante el pago de composición de acuerdo con la cédula

de composición o pago de toda ex­

expedida

zación tuvieron acceso a las tierras de realengo las personas pudientes en detrimento de los co­

en'el

año

de

1631.

Con

esta

legali­

lonos que

no contaban más que con su fuerza

de trabajo.

d) 1754- 1821. Este período ée caracteriza por la Cédula de San Lorenzo que sentó las normas para la revisión de títulos, confirmaciones, ren­ ta, composición y exceso de ocupación de tie- ras sin título alguno. También en este período fue importante la Cédula de San Lorenzo Ilde­ fonso por medio de la cual la Corona dispuso que no se inquietara a los poseedores de tie­ rras con títulos de venta, composición, ocupa­ ción; también se prohibía obligar a vender o

arrendar contra la voluntad del poseedor. Se ordenó adjudicar tierras baldías a quienes den­ tro de un término las demostraran, sembraran, o cultivaran con siembras o pastos pudiendo adjudicarles una extensión no mayor a las po­ sibilidades de explotación del adjudicatario. Asi­ mismo dispuso que los linderos sean fijos y durables para que nunca se muden.

ENCOMIENDA, MITA Y RESGUARDO

Todo el período colonial no es comprensible sino se tiene en cuenta la encomienda, la mita y el res­ guardo como instituciones que formaron la base pa­ ra el desarrollo de la producción agropecuaria. Se debe recordar que todo pueblo conquistador está de­ terminado por las exigencias que impone su propia estructura, así las sociedades industriales o en pro­ ceso de industrialización colonizan con el fin de extraer materias primas baratas para sus industrias, de abrir mercados a su producción y emplear el ex­

arroja

en sus comienzos; por el contrario en una sociedad feudal son otras sus exigencias, España, estancada en esta etapa quizo perpetuarla por medio de la con­ quista, reclamó toda la cantidad de metales precio­ sos que se pudo extraer ya sea por la exacción del oro acumulado en obras de arte, ya extrayéndolo por medio de la minería; también reclamó tierras y siervos para mantener una nobleza arruinada.

cedente “de mano de obra que el capitalismo

La Corona Española

a través

del Siglo XVI

res­

petó

el

derecho

de

los

aborígenes,

pero

debido

al

hecho de que

la conquista fue

una

empresa

priva­

da

y no estatal,

se vio forzada

a

permitir

en

una

forma indirecta la

explotación

del

indio.

De

acuer­

do

con

el

derecho

español

y

las

bulas

papales

la

tierra de América pertenecía a la Corona y esta co­

menzó a otorgar tierras a los conquistadores sin discriminación de jerarquías; cualquier peninsular

que

ción de tierras en las cercanías de las fundaciones, ciudades o villas, cuya extensión al común de los conquistadores fue de dos, tres y cuatro cavallerías (medida dé extensión de aproximadamente 423 hec­ táreas) , adjudicaciones que en primera instancia las conferían los mismos conquistadores al fundar las ciudades o^ las villas en las capitulaciones que acompañaban el ritual de la fundación. Al lado de estas pequeñas fincas se ubicaban las otorgadas di­ rectamente por la Corona a un personaje importan­ te como un favor a merced en reconocimiento de importantes servicios.

venía

de

América

podía

aspirar

la

adjudica­

Desde

aquella

época

existieron

aledaños

el

lati­

fundio, la mediana propiedad y el minifundio como

soporte de la soicedad colonial.

Estas formas de adquirir la posesión de las tie­ rras no tenían incentivo económico alguno para los conquistadores sino en base de la explotación de la fuerza de trabajo del indio para hacer producir la tierra recibida. Así una vez que pasó la primera eta­ pa de conquista caracterizada por la guerra de ra­ piña y la fiebre por encontrar El dorado; a raíz de una serie interminable de desengaños, el impulso que los llevaba a recorrer audazmente las tierras di­ seminadas perdió mucho de su fuerza y se fueron convenciendo de que solo la posesión de las tierras y el trabajo del indio podía ser un premio seguro para sus esfuerzos. Tanto la Corona cómo el con­ quistador tendían hacia el asentamiento y al darse cuenta del mito de El dorado desplazaron sus ilusio­ nes hacia la minería y la explotación de la tierra.

Con la estabilidad de estos asentamientos comien­

za la época colonial

el acontecimiento histórico adopta un nuevo ritmo, mucho más lento, casi rutinario. La desaforada ca­ rrera de la conquista, en la cual todos se guiabán

con su nuevo estilo de vida y

ppr la consigna implícita de "llegar primero”, había dado paso a la necesidad de explotar las tierras con­ quistadas. Entonces la propiedad territorial comen­ zó a ser apreciada y fue utilizada por la Corona co­ mo un medio de poder, ya que podía regalarla a sus súbditos a cambio dé servicios. Pero la adjudica­ ción de la tierra como propiedad privada conlleva el secreto de crear la posibilidad de explotar al in­ dio como siervo ya que sin éste la tierra no pro­ duce. Las diferencias que se presentan en su pro­ piedad no son más que las diferentes maneras de aprovechar el trabajo de sus pobladores o de justifi­ car la explotación de éstos.

Tanto

los primeros

conquistadores

como

los

que

vinieron

después

adquirieron

preeminencia

ante

los

indios

guardo, hacienda, fama y poder político se concen­ traron en las manos del español que actuó como cla-

s&\dominante y exigió del indio servicios y presta­ ciones. De esta manera la tierra del gran terratenien­

que

produjera riqueza necesitó la fuerza de trabajo del

indio ya que el español de acuerdo con los valores

de una sociedad feudal decadente miraba el trabajo como una actividad no propia de su clase. De esta necesidad surge la encomienda como institución que

a la Corona pero

que el conquistador recauda en su propio beneficio por voluntad real, trascendiendo casi siempre la nor­ ma jurídica y reclamando servicios personales de los indios encomendados.

principio

no fue más que: 4<el derecho concedido por merced

real, a los beneficiarios de Indias, para recibir y co­

ya

sea

del

repartimento,

encomienda

y

res­

te

como

la

de

los

otros

conquistadores

para

exige del indio pagar un tributo

Por

este motivo

la

encomienda que

en

brar

para sí los tributos

de- los indios

que se

enco­

mendaban por

su vida

y

la

de

sus

herederos,

con

cargo de cuidar del bien

ritual y temporal

de los

indios

en

y" de habitar

y defender

lo espi­

pro­

las

vincias donde fueran encomendados (2) según la definición de Solórsano Pereira en su Política In­ diana, fue de hecho una servidumbre. Esta merced ser convirtió de hecho en un usufructo, en una ex­ plotación de la mano de obra indígena para realizar los trabajos qué le asignara el encomendero.

Además se debe recordar que el otorgamiento de encomiendas se hizo para reconocer un servicio, co­ mo pago a una actividad, como una regulación de la explotación indígena por parte de la neoaristocra- cia americana. El encomendero no protege al indio contra nadie, sino que lo toma bajo su tutela para incorporarlo a ün régimen social, cuyas pautas cul­ turales desconoce y lo obliga a aceptar lá religión cristiana, en la que va implícita la asimilación del indio a un nuevo sistema de valores. De aquí que la encomienda fue la institución que dotó al conquis­ tador de un poder coactivo para percibir tributos en dinero, en especies o en trabajo; le entregó los me­ dios para delinear la nueva organización social en la que él es el amo y el indio el siervo. De esta ma­ nera, la encomienda es la piedra de toque para ex­ plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to­ dos los derechos y el indio carece de derechos y es­ tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua prestación de servicios y permitió que la en­ comienda fuera una servidumbre y en muchos ca­ sos una esclavitud.

anota

Hernández Rodríguez sobre la encomienda: “fue una institución social y económica característi­ ca de la organización colonial de la América Hispa­

na consistente en un grupo de indígenas, por lo ge­ neral un clan o una tribu, que era obligado, como

Lo

anterior

está

de

acuerdo

con

lo

que

2

Milcíades

Pág,

142.

Chaves.

Estudio

Socioeconómico

de

Nariño.

grupo, primero, y más tarde per cápita, a pagar tem­ poralmente a un español meritorio un tributo como cesión de la carga fiscal debida al rey y con obliga­ ción para el beneficiario dé ocuparse de la catequi- zación y adoctrinamiento de los indios. La encomien­ da consistía esencialmente en una cesión de tribu­ tos pero no implicaba adjudicación de tierras. Esta fue al jnenos la norma general. En la Nueva Grana­ da, no obstante, se conocen casos en que el título de la encomienda se alegaba con éxito en pleitos para probar derechos sobre la tierra” (3).

Pero si ya la encomienda entregó maniatados pa­ ra la explotación a los indios, la mita fue un po­ co más allá, esta institución permitió al español re­ clamar del indio un trabajo obligatorio pagándole un jornal fijado por autoridad competente. Así el español pudo trasladar de un lugar a otro, de un? actividad a otra, de un clima a otro diferente, a un indio, a centenares de ellos o tribus enteras para ex­ plotar una mina, para la agricultura de una planta­ ción, para utilizarlos en la construcción de una obra pública. La mita fue desvastadora hasta el punto que se hubo de fijar un porcentaje de los grupos, clanes o tribus con el fin ae no despoblar regiones.

También la Corona instituyó el Resguardo Indíge­ na como cesión de un globo de tierra a un grupo de indios. La tierra dedicada a resguardo perteneció a la comunidad, fue inalienable y tuvo su administra­ ción y gobierno propio. Allí al Cabildo Indígena fue la máxima autoridad y distribuyó la tierra de acuer­ do a las necesidades de cada familia indígena.

Los Resguardos:

“son terrenos que obtuvieron du­

rante la colonia los indios por donación, repartimien­

to, composición o compra. Su característica esencial

3

Guillermo

Colonia y a la República. Bogotá Universidad Nacional

Hernández

Rodríguez.

De

los Chibchas

a

la

1949. pp. 719-180.

era la propiedad colectiva sobre las tierras, cuyo de­ recho ejercía todo el común de los indios. La venta aún con el consentimiento de todo el común se pro­ hibió ya en el Siglo XVII. En tierras de resguardo tenía el indio la parcela donde trabajaba para su manutención. Sobre ella tenía derecho de usufructo, pero ño de propiedad” (4).

En la colonia tuvo gran importancia para la acti­ vidad agropecuaria el Repartimiento de Indios que consistía en la cesión de cierto número al servicio del conquistador. Este repartimiento lo hacían por lo general los mismos conquistadores para recom­ pensar servicios y proezas de sus soldados. Sin em­ bargo: “El repartimiento de indígenas entregados en encomienda a un determinado español seguía los li­ ncamientos de la organización gentilicia; se repar­ tía, por ejemplo, en grupos claniles ó de apellidos”, como lo afirma Hernández Rodríguez en su obra ci­ tada. Encomienda, repartimiento, mita o resguardo obe­ decieron el afán y deseo de la Corona por el asenta­ miento de las poblaciones y en especial de los con­ quistadores. Estas instituciones cumplieron con la función de aprovisionar al latifundista de mano de obra sin mayor costo. Así nace el latifundio en Colombia, en su primera etapa por una merced real y más tarde se extiende a costa de las tierras del indio, bien sea de encomien­ da, bien sea del resguardo.

Dada la estructura de la sociedad española, los dominios americanos significaron para ella una serie de barreras al desarrollo capitalista. No sobrevino la revolución que en otras partes eliminó las formas feudales de la sociedad. Por el contrario, el feuda­ lismo amenazado y en descomposición, encontró en América la posibilidad de cobrar nuevas fuerzas.

4

Juan Fride.

El 4ndio en Lucha por la Tierra.

Pág.

10.

Los inmigrantes españoles procedían en gran par­

te de la nobleza venida a menos y de los antiguos

terratenientes empobrecidos que procuraban restau­ rar en las nuevas tierras el dominio español y la autonomía que habían tenido antes en la Península. Ni el tipo predominante de explotación minera ni la forma característica del poblamiento por medio de

encomiendas podía abrir un mercado importante pa­ ra la industria española. El primero porque consti­ tuía una típica explotación esclavista y una extrac­ ción directa de la riqueza sin intercambios; la se­ gunda porque configura una economía localista que producía casi la totalidad de los bienes de consumo

y solo necesitaba importar algunos artículos suntua­

rios, armas, etc. Mientras los países desarrollados se aseguraban, ante todo, un mercado y una amplia ex­ plotación de materias primas en sus colonias, Espa­ ña, por esta época, exportaba materias primas e im­ portaba mercancías de otras naciones europeas. Es­ tas condiciones produjeron en la sociedad española el fenómeno del arribismo generalizado y dirigido hacia la clase señorial. La rebatiña de títulos y fa­ vores de la Corona que se trasladó a América era lo contrario del arribismo burgués que existía en otros

pueblos de Europa, mientras que este exigía como cualidades, el trabajo, el ahorro, la avaricia, la in­ ventiva y la audacia: el arribismo señorial exigía por

el contrario, la lealtad, el honor, el orgullo, las ha­ zañas militares y todas las excelencias improductivas

y parasitarias que consagró la escala de valores de la

sociedad feudal. Mientras los unos necesitaban pa­ ra acceder al campo de sus posibilidades (la bur­ guesía) , realizar actos, introducir descubrimientos y

transformaciones; los otros solo debían producir gas­ tos, manifestar por suS conductas, a veces heroicas, la magnificencia de su estirpe y de su sangre. Mien­ tras el advenimiento de los primeros suponía lá crea­ ción de un nuevo mundo, el de los segundos impli­ caba la perpetuación de un orden moribundo.

Las pretensiones de los primeros encomenderos a una completa autonomía en sus dominios señoriales contradecían la autoridad y los intereses de la Co­ rona que naturalmente aspiraba a controlar estre­ chamente la explotación de sus nuevos dominios. Surgió así el conflicto que iba a servir de cuadro histórico a la primera época de la colonia española.

La rebelión de los encomenderos es la respuesta a las Nuevas Leyes por medio de las cuales, la Co­ rona, después de haber alimentado las esperanzas feudales en sus capitulaciones con el fin de acelerar el proceso de la conquista, intentaba ahora limitar a los señores demasiado poderosos que había creado con su política anterior. Esta rebelión se manifestó en las formas más diversas: resistencia pasiva, polé­ mica religiosa, levantamiento armado. Allí donde no se sentían lo suficientemente fuertes para desconocer abiertamente la autoridad real apelaron a la prime­ ra forma. “Se obedece pero no se cumple”, fue en­ tonces y seguiría siendo en adelante la consigna de los gamonales que quieren aprovechar las ventajas de un poder central evitando las limitaciones que es­ ta dependencia implica. Algunos escritores han pen­ sado que en esta frase se refleja una característica temperamental del pueblo colombiano; tal vez por el contrario, lo que expresa claramente es la contra­ dicción interna de la situación seijiifeudal, económi­ camente y militarmente, insuficiente para la autono­ mía que aspira, y sin embargo, a no ver limitados sus privilegios por el poder central en que necesita apoyarse.

La forma principal

como la Corona intentó

limi­

tar el poder de los encomenderos fue la protección de los indígenas, ya que sobre ellos se ejercía direc­ tamente la dominación señorial. Es evidente que los

intereses de cada encomendero, tomando individual­ mente, consistían en una explotación al máximo de la mano de obra nativa, contradecían a largo plazo los intereses generales de la colonización española,

en tanto que amenazaban destruir la población abo­ rigen, que era la base fundamental de esta coloniza­ ción. Los ingleses podían exterminar y desalojar a las-poblaciones indígenas, porque su colonia (al me­ nos en el norte) se extendía a base de inmigrantes que trabajaban directamente la tierra y la artesanía. Por lo tanto debía imponerse una política de protec­ ción de los indios, por medio de la cual la Corona afirmaba su autoridad en contra de las pretensiones de los españoles.

Ambas posiciones intentaban justificarse ideológi­ camente apelando a diversos aspectos de una misma tradición de pensamiento católico. Así surgió la po­ lémica religiosa que quebrantó la unidad ideológica de España del Siglo XVI. Mientras el erudito Gines de Sepúlveda predicaba la guerra “justa” y hacía lo posible para dar una buena conciencia religiosa a la conducta de los encomenderos, el padre de Las Casas encabezaba un movimientó en defensa de los indios, cuyo contenido histórico se expresa en la consigna:

“que termine la conquista y comience la evañgeliza- ción”. Esta última posición, que en apariencia situaba las exigencias morales por encima de toda otra Con­ sideración (“todos los pueblos del mundo son .hom­ bres”) no perjudicaba en realidad, los intereses eco­ nómicos de la Corona, ya que aparecía en ella, igual­ mente, la propuesta de importar negros del Africa en calidad de esclavos para continuar la explotación mi­ nera.

En la Colonia además el régimen de impuestos fue exclusivamente para arbitrio fiscal, gravó prin­ cipalmente el trabajo y el comercio y en menor esca­ la el capital. La agricultura y la minería llevaron la peor parte, por ser las actividades económicas que practicaban los nativos y los colonos quienes debían pagar los diezmos, los quintos reales, las medias ana­ tas, los censos, los espolios y subsidios eclesiásticos. La aleábala y el papel sellado hacían difícil el co­ mercio exterior, y el cambio interior se veía frenado

por una

el almojarifazgo, los derechos

de visita y de avería.

Todo este sistema se construyó sencillamente por­ que a España no le interesaba el desarrollo agrope­ cuario, ni mucho menos el fabril, porque creía que solo la extracción de metales y el suministro de cier­ tas materias primas a la destartalada economía pe­ ninsular lograba la. vigorización de la metrópoli. Así

la política fiscal que gravó al comercio y al consu­

mo desarrolló una tendencia hacia una economía lo­ calista, que fue la característica de toda la edad me­ dia.

Se realiza un cambio en la política paternalista de España en el Siglo XVIII con los territorios de ul­ tramar. Hasta ese momento la Corona siempre estu­ vo de parte del indio y en contra del deseo de explo­ tación del encomendero. Se trataba ante todo de pro­ mover el ascenso de la economía privada liberándola de las trabas que, destinadas en parte a proteger la mano de obra indígena, limitaban la expansión eco­ nómica de la aristocracia criolla. En este sentido tu­ vieron especial importancia las medidas destinadas

serie de prohibiciones

y obstaculizado

por

de tonelada, de faro,

a iniciar la descomposición de los resguardos. Se

comienza a formar así una masa de campesinos des­ poseídos lo que constituía la premisa necesaria pa­ ra la incorporación del indio al trabajo asalariado. “Este despojo dice Liévano se ejecutó por el pro­ cedimiento de trasladar los indios de dos o tres res­ guardos al recinto de uno solo, generalmente distan­ te de los centros poblados y cuyas tierras eran de menor calidad y carecían de atractivos para su in­ mediato remate”. (Semana, página 135). De esta manera los indígenas que hasta entonces solo esta­ ban obligados a trabajar en las minas y haciendas en las proporciones que fijaba la mita y el concier­ to agrario, es decir, en el cuarto o quinto de la po­ blación de cada resguardo, se vieron lanzados a un

mercado de fuerza de trabajo al que había escapado gran parte de la población aborigen.

Al mismo tiempo se iniciaba el proceso de comer­ cialización de la tierra por el remate de los resguar­ dos que quedaban libres y de las tierras realengas. Con esta medida se provocaba una concentración de la tierra de tipo latifundista a cuyos beneficios te­ nían acceso nuevos sectores de la población enrique­ cidos en el comercio y los negocios. Moreno y Es- candón, Antonio Mon y Velarde y Andrés Berdugo y Oquendo fueron ejecutores de esta política que ha­ cía parte de una amplia operación de la Corona des­ tinada a remplazar el control económico directo de las colonias por sistemas de explotación privada so­ bre los cuales se pudiera aplicar en seguida un fuerte régimen de exacción fiscal. Los resultados sociales y económicos de esta política no se hicieron esperar; por una parte se agudizaba así el conflicto que opo­ nía los trabajadores del Nuevo Mundo a la aristo­ cracia criolla, ya que esta aprovechaba para su enri­ quecimiento la decadencia del proteccionismo pater­ nalista de España. Por otra parte se abandonaba igual­ mente la contradicción de intereses entre los podero­ sos del Nuevo Mundo y la Corona, ya que esta trata­ ba de extraer la parte sustancial de sus nuevas y cre­ cientes ganancias por medio de un reajuste en el siste­ ma de impuestos.

Esta nueva situación de las relaciones de clase condiciona y sirve dé base a los acontecimientos po- lticos que ocurrieron en América durante la segun­ da mitad del Siglo XVIII. En primer lugar la Coro­ na deja de aparecer como intermediario entre los aborígenes y los señores terratenientes y empieza a aparecer cada vez más como explotadora común de todas las clases sociales del Nuevo Mundo. Con ello se abre la posibilidad de una alianza nacional con­ tra España y la aristocracia comienza a ver el cre­ ciente descontento de las masas trabajadoras como un elemento que podrá utilizar en la lucha contra el

yugo colonial. Se trata ahora de saber hasta qué punto será posible impedir que este fermento revo­ lucionario rebase los límites que le quiere imponer la clase dominante y extienda la lucha contra los ex­ plotadores de todos hasta convertirla en una lucha contra todos los explotadores. Cuando el combate contra un enemigo común unifica a dos o más cla­ ses por encima de sus propias contradicciones ocurre siempre que los sectores que detentan los privilegios económicos consideran con recelo a sus aliados, po­ pulares en cuyo impulso no pueden dejar de apoyar sus propias y limitadas reivindicaciones. En la aris­ tocracia criolla de fines del Siglo XVIII, esta con­ tradicción era tanto más honda cuanto menos opor­ tunidades había de que el descontento de las masas aborígenes se limitara a las autoridades españolas y a su política fiscal.

Existía también un sector intermedio, compuesto por artesanos, comerciantes y pequeños propietarios, para los cuales el viraje económico en la política es­ pañola, no solamente no significaba una liberación de las trabas coloniales que se oponían a su desa­ rrollo, sino que representaba un aumento de las ba­ rreras que limitaban hasta entonces su expansión económica. Las reivindicaciones propias de este sec­ tor de la población americana iban, por lo tanto, mucho más allá de una simple lucha por relevar en lo político a la burocracia española y limitar o des­ truir en lo económico el régimen fiscal. Las necesi­ dades objetivas de su desarrollo económico compro­ metían de hecho toda la estructura del sistema colo­ nial; y, aunque no tuvieran una conciencia ciará y explícita de esta situación, eran mucho más radica­ les en su crítica y en su acción que la aristocracia terrateniente cuyos miembros se veían contenidos en la tarea revolucionaria por el temor de poner en pe­ ligro sus propios privilegios.

Esta nueva política de España permitió la unifi­ cación de actitudes tanto del pueblo como de los te­

rratenientes y comerciantes y aprovecharon la crisis política de 1808 en la metrópoli para levantarse y

solicitar la independencia. Así al finalizar el Siglo

XVIII y comenzar el XIX, las fuerzas productivas

en la Nueva Granada han adquirido un mayor gra­ do de desarrollo. Los comerciantes y ganaderos crio­ llos insisten cada vez más con vehemencia, en la

abolición definitiva de las trabas feudales a la eco­

nomía que la Corona quiere mantener en sus colo­

nias de ultramar. Antonio Nariño, en representación de los comerciantes santafereños, emprende una vio­ lenta crítica a la economía colonial que Nieto Arteta sintetiza así:

“Las consideraciones de don Antonio Nariñó en

torno al monopolio del tabaco hacen por prime­

ra vez en la historia de la cultura nacional una

crítica histórica del feudalismo colonial. Esa crítica

es la más objetiva definición de los albores del Si­ glo XIX, de lo que podría llamarse, la comprensión histórica de nuestra economía nacional. El precursor considera a la economía de la Colonia y muy atina­ damente, “como una sucesión progresiva de joma­ das históricas, de las cuales las anteriores producen a las actuales, y estas a aquellas a las posteriores”. Tal como lo anota Nieto Arteta en su Economía y Cultura en la Historia de Colombia.

El conflicto de la metrópoli repercutió en las Co­

lonias, encuadrándose en .tres corrientes bien delimi­ tadas: la primera estaba representada por la burocra­ cia española, que sostenía el principio en virtud del

cual las colonias debían seguir la suerte que corrie­

ra la metrópoli y debían acatar sin reticencia la di­ nastía que triunfara allende el mar. Su objetivo era

defender los privilegios burocráticos de que gozaba. La segunda estaba formada por el estamento criollo latifundista, que defendía los derechos de Fernando

VII y se oponía al reconocimiento de otra dinastía,

mostrándose partidaria de la independencia en ca­

so de que Fernando no recuperara el trono. Con

ello, defendían los privilegios de que venían go­ zando y al mismo tiempo aspiraban a detentar el poder y a afianzar la supremacía que desde mu­ cho tiempo atrás venían ambicionando. La terce­ ra estaba formada por los comerciantes criollos, por los artesanos y la masa popular, que abiertamente luchaban por una independencia total que asegurara el amplio comercio con Inglaterra, que cambiara la política impositiva colonial y que quebrara la estruc­ tura económica y social, para que abriera cauces a una economía comercializada y manufacturera.

El movimiento independista dirigido por los crio­

llos ofreció cada pueblo, obtuvo

poli y se erigieron

vez más

derechos

y beneficios

al

su respaldo, triunfó sobre la metró­

las

repúblicas

independientes.

De todo lo anterior se puede afirmar:

1)

En

el primer

período

de

la

Conquista

en

vir­

tud de las Capitulaciones solo hubo una conce­ sión de tierras a los descubridores, y señorío sobre lo descubierto, sin que hubiera límite al­ guno en relación con la extensión territorial. No hubo instrucciones «obre las formas de cultivo o ganadería.

2)

Posteriormente

hubo

instrucciones

en

cuanto

a

los

solares

o

fundación

de

poblaciones

para

que no se otorgaran extensiones mayores a las posibilidades, de cada quien.

3)

Se

procuró

por

medio

de

las

encomiendas

el

arraigo de los indios, por la necesidad

de cul­

tivo

para

el

sustento

de

los

pobladores,

tribu­

tos

al

Rey y a los encomenderos, etc. pero

no

hay

un

cuerpo

organizado

de

normas

para

el

fomento agrícola o ganadero. 4) De hecho no hubo límite alguno en relación con las extensiones apropiables, normas que impidieran el acaparamiento de tierras. La in­ determinación por las defectuosas alinderacio-

nes dio margen para el ensanche de los térmi­ nos de cada propiedad, y el comienzo de liti­ gios entre los propios descubridores, entre los encomenderos, entre los españoles con los indí­ genas, con perjuicio de éstos y en fin desde en­ tonces vienen los litigios por concepto de ex­ tensiones territoriales, apoderamiento de tierras de resguardos y la imprecisión sobre la verda­ dera extensión que corresponde a cada uno.

5) No hubo una verdadera política agraria en el sentido de atender al hombre, pues las normas sobre protección de indígenas si bien unas ve­ ces se dictaron con sentido pietista, y otras con la finalidad de mantener trabajadores al servi­ cio de los españoles, muchas veces, la mayoría no fueron cumplidas.

En resumen: el origen de la propiedad territorial en Colombia emana del derecho de los Reyes Espa­ ñoles sobre estas tierras, justificado por las bulas papales y por el derecho de conquista, que justifi­

cable o no,

dad sobre la tierra.

de él se deriva el derecho

de la propie­

SIGLO XIX

La Colonia había conformado unas fuerzas socia­ les con específicos intereses económicos, una socie­ dad que a grandes rasgos puede describirse de la si­ guiente manera: los peninsulares que vinieron a de­ sempeñar cargos burocráticos con mucho orgullo per­ sonal y un poco de desdén por los criollos, hijos de españoles que habían decidido hacer fortuna en es­ ta tierra y no regresar a España. Peninsulares y crio­ llos forman la clase dirigente. Más abajo se extien­ de una amplia capa de mestizos y blancos .venidos a menos ejecutando toda clases de actividades y de

empleos, mercaderes, sastres, talabarteros, escultores, barberos y medianos propietarios, etc. formaban una capa intermedia entre la aristocracia y el pueblo. Abajo como sostén de la pirámide social los indios

y los negros con sus papeles de siervos y esclavos.

En el campo esta sociedad la sintetizaba con gran nitidez la encomienda, como aspecto feudal de la economía colonial y el resguardo indígena con su pro­ ducción de autoabastecimiento, imprimiendo a su al­

rededor una mentalidad localista y un espíritu al­ deano, característica de todo este período.

Por consiguiente afianzada la independencia en la nueva sociedad y el nuevo gobierno, se alcanzaba a distinguir la corriente y el propósito de los comer­ ciantes y los artesanos quienes, a pesar de haberse formado en la lenta y parsimoniosa sociedad colo­ nial, presionaban para que la guerra de liberación significara la terminación de todas las trabas colo­ niales al desarrollo de la economía, solicitaba un rompimiento brusco con las instituciones de anteño,

y una exigencia más explícita por vías francas para

la creación de riqueza. Más, la contrapartida a es­ tos intereses la encarnaban los descendientes de la nobleza española, los hijos de los encomenderos, los herederos de los esclavistas negreros y las comunida­ des religiosas, estos tenían otra imagen de lo que debía significar el triunfo de la emancipación, para ellos la independencia debía constituir apenas una sucesión con el fin de que el poder político alcan­ zado ratificara todos sus privilegios anteriores y aún los acreciera. El nuevo gobierno por lo tanto no debía cambiar sustancialmente nada de lo que ya existía. De esta manera en el comienzo de la nue­ va república se configuran estas dos fuerzas que ca­ racterizarán la lucha por el poder a través de todo el Siglo XIX. Por debajo de estos dos intereses la masa irredenta de indios y negros, sin mucha con­ ciencia de sus propios intereses.

La fuerza retardataria era más fuerte en las pri­ meras tres décadas del nuevo gobierno, los intentos

por cambiar la fisonomía colonial fueron esporádi­ cos y aunque sus abanderados expusieron brillante­ mente sus tesis, la fuerza contraria se impuso y la agricultura, el comercio y la incipiente industria no pudieron liberarse de las pesadas cargas impositivas que venjan desde la colonia. La defensa de los pri­ vilegios heredados mantuvo la esclavitud, la servi­ dumbre del indio y el gran latifundio; consagrando al período 1820-1850 como una prolongación de la etapa colonial.

Claramente lo decía la Constitución de 1821 en su Artículo 188: “Se declaran en su fuerza y vigor las leyes que hasta aquí han regido en todas las ma­ terias y puntos que directa o indirectamente no se opongán a esta Constitución ni a los decretos y le­

yes que expidiere el Congreso”. En 1825 se aclara­ ba que las pragmáticas, cédulas, órdenes, decretos y ordenanzas emanadas de la Corona antes de 1808 tendrían plena vigenciafsi no se oponían a la Consti­

tución y a las Leyes. Solo en da la legislación española.

Castillo y Rada expresa el sentir de la corriente progresista. Como Ministro de Hacienda en 1826, sostiene enfáticamente la tesis de que el país de­ be mejorar su agricultura para que sirva de base al desarrollo de la industria y el comercio: “Si pros­ pera y florece la cultura de nuestras extensas y fera­ ces tierras, florecen y prosperan las artes y el co­ mercio; y si prosperan estas tres fuentes de la ri­ queza nacional, abundarán indefinidamente los re­ cursos que necesitamos para satisfacer los gastos ne­ cesarios del Estado” (5). Este progresista Ministro de Hacienda propugna el desarrollo agrícola e in­ dustrial liberando al país de toda traba colonial y denuncia el escollo que constituye el latifundio de

1887 se declaró aboli­

5

Luis Eduardo

Historia de Colombia. Bogotá. Librería Siglo XX.

pág. 69.

Nieto Arteta.

Economía y Cultura en la

1942

<

bienes de manos muertas para el acceso al desarro­ llo económico. "La amortización eclesiástica es el tercer obstáculo perjudicial a la agricultura. Entien­ do por bienes amortizados los raíces que son fondos de conventos, monasterios, capellanías, cofradías, obras pías, memorias de misas, aniversarios, etc., los cuales, prohibidos de enajenarse, están fuera del co­ mercio. Esta clase de bienes no concurre con lo de­ más y de aquí resulta que las tierras suben de pre­ cio como todas las cosas que se demandan cuando no hay concurrencia. De modo que si se agrega el alto precio de las tierras a los dos gravámenes an­ teriores, se reconoce claramente que los ciudadanos deben retraerse de este género de industria con amen­ gua del cultivo y de la riqueza pública. Con estas consideraciones concurre otra que es bien obvia y manifiesta a todos. Los bienes amortizados se ven totalmente abandonados. Los colonos o arrendadores los manejan como ajenos; solo procuran sacar de ellos la renta que deben pagar, y lo muy preciso para su subsistencia, y nunca hacen las anticipacio­ nes y mejoras que duplicarían su valor y aumenta­ rían considerablemente sus productos. Aún las mis­ mas comunidades, capellanes, etc. cuando los admi­ nistran por sí, no mirándolos con la afición de un propietario en cuyo beneficio ceden las mejoras, ni pudiendo. disponer de ellos, se consideran como me­ ros usufructuarios, procuren el provecho posible y tampoco hacen anticipaciones y mejoras, con perjui­ cio de la producción y de la riqueza pública” (e). Asimismo defiende la bondad de los impuestos di­ rectos y reclama la elaboración de buenos catastros.

La corriente que defendía el statu quo fue mucho más poderosa y se impuso; la economía colonial, las actitudes feudales, el esclavismo como negocio y el apego al pasado fueron claras realidades que tipifica­ ron el período 1820-1850. Tres fuerzas sociales coa­

6

NIETO ARTETA. Op. cit. p. 73.

ligadas hicieron que el cambio prometido y espe­ rado no se cumpliera. Los grandes terratenientes y los militares defendieron sus privilegios que here­ daron de su§; mayores junto con los valores sociales que conformaban su conducta. Este grupo que go­ bernó al país hasta la mitad del siglo pasado fue retratado magistralmente por José María Samper:

“De qué fuerzas parciales se componía aquella ma­ sa que hemos llamado el elemento peninsular o tradicionalista? Componíase, en primer lugar, de to­ dos los hombres que patriotas o godos, debían su posición a las instituciones y tradiciones del régi­ men colonial, políticamente vencido, mas no sustan­ cialmente desarraigado; y en segundo, de aquellos, que elevados por la revolución a cierta importancia militar, habían llegado a tal grado de ensimisma­ miento de clase que, apoyándose en el fuero y en el prestigio de la fuerza, sentíanse con ánimo para aspirar a sustituirse, en la República, a los que habían ejercido el poder en la Colonia.

“Así el elemento tradicionista se compuso: de aquellos que, jactándose de ser nobles, a lo menos hidalgos titulados (ya que no de carácter) no podían tolerar la idea de la igualdad con la canalla, como llamaban al pueblo, ni conformarse con unas insti­ tuciones radicalmente distintas de las tradicionales; de los propietarios de esclavos; de los hombres acau­ dalados que, acostumbrados al antiguo régimen de impuestos, no consentían en que se implantara otro, fundado en la justicia, que les gravara con algunas contribuciones para el sostenimiento del gobierno que había de darles seguridad y garantías; de la gran masa del clero, de los curiales y de los profe­ sores titulados, favorecidos por las manos muertas, la unión de la Iglesia y el Estado, la intolerancia religiosa, los privilegios profesionales y los embro­ llos de la legislación española. Y de todos equellos que habituados al predominio ejercido al favor de una rigurosa centralización, no consentían en que se

dividiera

sociedad

neogranadina”

En este grupo con clara conciencia de sus inte­ reses se daban las manos los unos a los otros, inte­ ligentes y sutiles sabían esgrimir el esguince cuan­ do la otra fuerza tenía oportunidad de concretarlos,

y permitían que ella se expresara un poco tímida­

mente pero supieron mantener en sus manos las pa­ lancas claves del poder para no ceder a las preten­ siones de aquellos. Así permitieron que Castillo y Ra­ da expresara sus tesis pero que no se tradujeran en actos; que José Ignacio de Márquez como Ministro

de Hacienda denunciara la permanencia del período colonial en 1831. “El primero, continúa, es el ha­ llarse muchos terrenos afectos a capellanías, cofra­ días, obras pías, aniversarios, memorias de misas,

etc., o formando los fondos de los conventos, mo­ nasterios y otras corporaciones civiles y eclesiásti­ cas. Esta clase de amortización es perjudicialísima

a la agricultura. Un beneficiado no trata sino de

sacar todo el lucro posible mientras posee el be­ neficio, no es de su interés mejorar el terreno, sino disfrutar de la renta con el menor gasto posible

Un campo que corresponde a una corporación, y que no puede enajenarse, siempre estará mal culti­ vado, porque el arrendatario, limitándose a sacar toda la utilidad posible en el tiempo de su arren­

damiento, ni hace mejoras útiles, ni emprende aque­ llas obras que necesitan gastos y tiempo y no mira

el terreno con el cuidado de. un propietario, para el

cual acrece o decrece su valor. Si la distribución de las tierras es favorable a la agricultura, el estar es­ tancadas en manos muertas, es esencialmente perju­ Ya que se han dado disposiciones saluda­

bles para destruir los mayorazgos debe disponerse que se enajenen precisamente todos los bienes raíces

la

administración

grupos

que

pública

entre

la

los

diver­

sos

y

apartados

formaban

(7).

7 NIETO ARTETA. Op.^ Cit. Pág. 82.

amortizados que pertenezcan a conventos, monaste­ rios, capellanías, cofradías, obras pías, memorias de misas, casas de misericordia y colegios, o a las ciu­ dades y villas, de manera que no haya uno solo que no vuelva al comercio de .los hombres de que se ha sacado injustamente y contra lo que exige el inte­ rés social, prohibiendo que estas comunidades o cor­ poraciones puedan adquirirlos nuevamente por nin­ gún título” (8), Pero no actuaba como gobernante en esa línea y cedió a las presiones del grupo que lo mantenía en el poder. Por esto los primeros trein­ ta años de gobierno independiente fueron una conti­ nuación de la sociedad colonial que no vio recortado sus privilegios ni amenazados sus intereses.

Este período es visto por todos los estudiosos co­ mo un período de estancamiento con fuertes trabas coloniales. Luis Ospina Vásquez dice: “El tono ge­ neral del período (1830-1845) es de conservatis- mo marcado. La reforma fiscal que había sufrido una regresión tan notable en los últimos años del período anterior, se llevó muy cautelosamente en éste. No se pudo proceder/contra el estanco del ta­ baco y el diezmo que (con las alcabalas) constituían el medio principal del colonialismo que aún subsistía en la organización fiscal”. (9).

Ya hacia 1842 con Mariano Ospina, como Mi­ nistro del Interior, reconoce que el solo proteccio­ nismo no desarrolla la industria y vuelve los ojos

a la agricultura y a la minería como fuente de rique­ za. En 1832 por orden de la ley se ordena repartir

los resguardos entre los indígenas con la prohibi­ ción de vender la tierra por un lapso de tiempo, esta medida abrió la puerta para el acceso del latifundio

a la tierra de resguardo. La medida era tan lesiva

8 Nieto Arteta. Op. C it

Pág.

90.

9 Luis Ospina Vásquez.

Industria

Editorial Santa Fe.

1955.

y Protección

Bogotá.

para

ron y el gobierno hubo de suspender su ejecución.

Se debe anotar que en la década del 40 comienza la colonización antioqueña hacia el Quindío; en Cundinamarca ocupa las tierras de vertiente hacia el río Magdalena y el grupo santandereano se ex­ pande en dirección al mismo río. Este proceso co­ lonizador avanzaba con un poco de agricultura y algo de ganadería, el comercio se tornó más activo y la inversión de los dineros que dejaba la minería más fructíferos.

La segunda mitad del Siglo XIX está caracteriza­ da por una serie de vaivenes frente a la propiedad territorial. La corriente de los manufactureros, co­ merciantes y medianos propietarios una vez en el poder por la Ley 21 de 1851 ordenaron e hicieron cumplir la plena libertad de los esclavos suscitando la airada protesta de todos los negreros que esgrir mían el argumento del atraso en la economía. Tam­ bién esta misma fuerza había logrado que la Ley 3 de Junio de 1848 diera a cada comarca la facultad, “para arreglar todo lo relativo a resguardos indíge­ nas, así para su medida y repartimiento como para su adjudicación y enajenación,,; la Ley 22 de Ju­ nio de 1850 la aclaró, sentando que las cámaras provinciales podían levantar la prohibición de ena­ jenación inmediata que habían impuesto las leyes anteriores a los indígenas que recibían tierras en ple­ na propiedad, como consecuencia de la partición y adjudicación de los resguardos. Las cámaras se apre­ suraron a usar de esa facultad y activaron la liqui­ dación, no sin atropellos y arbitrariedades. El efec­ to natural fue el pronto paso de las tierras repartidas de manos de los indígenas a las de hacendados y capitalistas blancos o asimilados a tales. Ocurrió un fenómeno de proletariz^ción en el sector rural, en escala antes no vista erí el país. Los nuevos proleta­ rios dieron brazos baratos a los cultivadores de ta­ baco y a los hacendados del interior: nacía, puede

los

intereses

de

los

indios

que

la

impugna­

decirse, la

da”.

(10)

“plantación”, y se reforzaba la

“hacien­

También las medidas económicas de este gobier­ no repercutieron en la ampliación del cultivo del ta­ baco al suprimir el monopolio del mismo. “La liber­ tad del cultivo (del tabaco) dio lugar a un auge ex­ traordinario de la producción, sobre todo en la re­ gión de Ambalema, y un poco en la región del Car­ men de Bolívar, de Palmira; no cubrían sino unos cuantos miles de hectáreas en conjunto (n ). La presión sobre el latifundio de los altiplanos del piso térmico frío no continuó porque se abrie­ ron las tierras templadas de vertiente a una amplia colonización donde se podía obtener productos alta­ mente comercializados que daban buenas ganancias como el café y la quina y apenas, se abrían las nue­ vas tierras se ocupaban con ganadería. Este movi­ miento colonizador fue reforzado mediante medidas legales tales como la Ley 61 de 1874 que declaró en forma inequívoca la adjudicación de los baldíos a las personas que los cultivaran. La fuerza coloniza­ dora incorporó a la economía nuevas tierras con nuevos cultivos y una ganadería de consideración (en Antioquia en 1870 se calculaban 360.000 cabe­ zas de ganado) (12), pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente.

En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con­ dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la extinción de los resguardos con el fin de obtener una mano de

10 OspinaVásquez, Luis. Op. Cit. Pág. 196.

11 Ospina Vásquez,

Luis. Op. Cit. Pág. 242.

12 OspinaVásquez, Luis. Op. Cit. Pág. 242.

obra abundante y barata en el mercado del traba­ jo y que al romper la economía de autoabastecimien- to se ampliaría la demanda de bienes de consumo, objetivos estos que contradecían los intereses de los esclavistas y las comunidades religiosas. El gobierno de la década del 50 estaba consciente de que uno de los gravámenes más onerosos y más embrollados para la propiedad territorial era el censo, carga pa­ trimonial que gravitaba sobre las propiedades como derecho real que una persona o institución disfruta­ ba. El censo repartía el producto de la tierra entre censatarios y censualistas. Este gravamen fue aboli­ do.

La libertad de los esclavos venía discutiéndose desde el período de la independencia, ya el Congre­ so de Cúcuta al comenzar la década del veinte de­ cretó la libertad de los vientres y prohibió la impor­ tación y exportación de esclavos pero en 1843 los esclavistas expidieron una ley que castigaba fuerte­ mente a los que incitaban a la fuga de algún escla­ vo; este forcejeo se rompió en 1851 cuando se de­ claró definitivamente la libertad de los esclavos y entraron libremente a competir en el mercado del trabajo.

El movimiento de la segunda mitad del Siglo XIX deseaba acabar con el resguardo indígena ya que desde la colonia significó la unión del trabajo agrí­ cola con la posesión forzosa de la tierra y por lo mismo el indio del resguardo se encontró atado al resguardo como institución limitante en costumbres

y comportamiento; el resguardo constituía una ba­

rrera que impedía penetrar el aire fresco de alguna renovación. El indio adscrito a la pequeña parcela con una economía cerrada no le permitió entrar a competir en el mercado del trabajo y restringió su capacidad de consumo marginándolo de la corriente histórica que llevaba el país. La legislación frente

al resguardo fue inconexa y zigzagueante, en 1820

se ordenó devolver a los indios las tierras del res­

guardo, en 1832 se prohibió la venta de tierra de los mismos por 10 años, en 1843 se prorrogó esta

medida por 25 años y en

biernos provinciales "arreglar la medida, reparti­ miento, adjudicación y libre enajenación de los res­

guardos indígenas, pudiendo en consecuencia autori­ zar a éstos para disponer de sus propiedades del mismo modo y por los propios títulos que los de­ más granadinos”. De esta manera se sentaron las bases para la extinción de los resguardos que solo subsistieron en las provincias donde su permanen­ cia fue defendida por los latifundistas. Las conse­ cuencias de esta medida fueron expuestas por Ca- macho Roldán. "Autorizados para enajenar sus Res­ guardos en 1858, inmediatamente los vendieron a vil precio a los gamonales de sus pueblos, los in­ dígenas se convitrieron en peones de jornal, con un

salario de cinco a diez centavos por día, escasearon

y encarecieron los víveres, las tierras de labor fue­

ron convertidas en dehesas de ganado, y los restos de la raza poseedora siglos atrás de estas regiones se dispersaron en busca de mejor salario a las „tie­

rras calientes en donde tampoco ha mejorado su tris­

te condición. Al menos, sin embargo, ha contribuido

a la fundación de esas haciendas notables que pue­

den observarse en todo el descenso de la cordillera hacia el sur y hacia el suroeste, hasta Ambalema ” Esta mano de obra fue utilizada eiTla producción de tabaco y en la colonización de nuevas áreas. Las medidas económicas de los años cincuenta se caracterizaron por la decisión de destruir las direc­ trices de la economía colonial, realizar una revolu­ ción social y asomarse a las puertas de una revo­ lución política. La abolición del monopolio del ta­ baco, de los diezmos, la reducción de los censos, la libertad de los esclavos y la parcelación de los res­ guardos fueron armas que utilizaron contra el lati­ fundio, pero esta batalla solo enfocó el latifundio confesional con la abolición de la propiedad de bie­ nes de manos muertas, quedando intacto el latifun­

1850 se autorizó a los go­

dio laico que en muchas regiones quedó más fuerte ya que amplió sus propiedades con las tierras de la Iglesia. Por esto al finalizar el Siglo XIX encontra­ mos en el campo la gran propiedad deficientemente explotada ocupando las mejores tierras con ganade­ ría extensiva, la mediana propiedad con agricultura y ganadería comercializadas y el minifundio heren­ cia de la división del resguardo y de propiedades subdivididas por derecho sucesoral. Hacia los finales de la Centuria del XIX ya se alcanzaba a notar la presencia de la pequeña y me­ diana propiedad. Tal como lo anota Hirschman “La entrada de una clase media agrícola a los inters­ ticios de un sistema feudal bipolar sentó las bases para una eventual subdivisión de muchas de las tie­ rras altas de Colombia en el Oriente (Santander y Boyacá) y al suroccidente (Nariño) en pequeñas propiedades (33) . Además la presión que debió ejercerse sobre el la­ tifundio del altiplano se volvió sobre la colonización de las templadas tierras de vertiente donde se opu­ so menos resistencia por los poseedores de títulos y a las tierras cálidas. De esta manera se conformó así una clase campesina y proletaria de medianas fincas cuya producción se orientó especialmente a la comer­ cialización en el café, el tabaco y el algodón. De esta manera al comenzar la presente centuriá los problemas de la tierra van perfilándose hacia la denuncia de una estructura de tenencia defectuosa en la cual se advierte la concentración de la propie­ dad territorial en pocas manos, de un lado, y la pre­ sencia de una gran masa campesina que carece de ella o la posee en cantidad insuficiente, jornaleros agrícolas y minifundistas, por otro. Los conflictos por la posesión de la tierra van a ocupar lugar des­ tacado en el proceso histórico del presente siglo.

13

Hirschman Albert O. Journeys Toward Progress. New York, A. Twenty Century Fund Study, 1963. P. 98.

EL CAFE Y EL MOVIMIENTO CAMPESINO

Documento

publicado

por

la

Asocia­

ción Nacional de Usuarios Campesinos

43

1.

IMPORTANCIA DE LA AGRICULTURA CAFETERA

A. En nuestro país la agricultura ocupa un área

de junos tres millones de hectáreas, frente a la ga­

nadería que ocupa unos treinta millones. El café

tiene gran peso dentro de la agricultura. Hay más de 300.000 fincas cafeteras que ocupan un área bruta de cuatro millones de has., los cafetales pro­ piamente dichos abarcan un millón de has. siendo pues el cultivo más extendido en el país y es típico de las vertientes de nuestras cordilleras.

Las zonas cafeteras dan asiento a una densa po­ blación. Sabido es que en la región andina se con­ centra la mayor parte de la población colombiana y del campesinado en particular. Ségún el Informe del

XXVII Congreso Nacional de Cafeteros del año

1967, las familias propietarias de fincas cafete­ ras constituían una población de cerca de tres millo­ nes, más un millón de trabajadores accidentales o cosecheros (“El Tiempo” 16 de abril de 1967, p. 11). Es el renglón agrícola que absorbe un mayor volumen de fuerza de trabajo, no pudiéndose meca­ nizar sino una mínima parte de las labores, su pro­ ceso de producción (desyerbas, deschuponadas, pía­ teos, recolección, secada, etc.) exige además del tra­ bajo familiar (en las fincas pequeñas y medianas)

todo un ejército de jornaleros.

B. Aunque el café no representa sino alrededor de

una décima parte del Producto Nacional Bruto, tiene una importancia dentro del funcionamiento de

45

nuestra economía mayor que la de los renglones mecanizados (caña de azúcar, arroz, algodón, etc.). Producido especialmente para el mercado mundial, hizo posible con las divisas que ha generado, que un sector de la burguesía comercial iniciara el pro­ ceso de industrialización tendiente a sustituir la im­ portación de bienes de consumo. La maquinaria y la materia prima de origen industrial que importa nuestra burguesía se obtienen a cambio de la expor­ tación de productos fundamentalmente agrícolas, el café constituye el 90% de éstas y más del 60% del total de exportaciones.

Cuando se registra una baja en el precio del gra­ no en el mercado mundial aunque sea muy leve, sus efectos se hacen sentir en el conjunto de la estruc­ tura económica: disminuye la cantidad de dólares disponibles para la industria, sube el precio del dó­ lar, se reduce la capacidad importadora, se afecta el crecimiento industrial (si no ha habido previa acu­ mulación de divisas, cosa difícil en los últimos años), etc. El café se comporta como un centro ner­ vioso en el conjunto de la economía.

C. La producción cafetera ayudó a conformar el mercado interno vinculando extensas zonas que antes eran montañas y grandes núcleos de pobla­ ción a la economía monetaria. Esto tuvo gran im­ portancia para el desarrollo de la industria liviana en el país. La comercialización de una producción tan voluminosa creó las condiciones para un mayor fortalecimiento de la burguesía intermediaria. La ex­ portación cafetera puso en contacto nuestra econo­ mía con el imperialismo norteamericano, sirviendo de punto de viraje en nuestras relaciones de depen­ dencia que hasta entonces se daban especialmente eon el capitalismo inglés. Desde el momento mismo en que el café se constituye como el principal ren­ glón de exportación (a comienzos del presente si­ glo), aparece los EE. UU. como comprador mayori- tario. Coincide esto con el desplazamiento en la do­

minación mundial de Inglaterra por el entonces pu­

jante

imperialismo

yanqui.

2. LA PROPIEDAD DE LA TIERRA

A. La propiedad agraria en la zona cafetera ha venido sufriendo múltiples modificaciones de tal manera que la situación actual es ya bastante dife­ rente de la de hace veinte o treinta años atrás. Si bien la mayor parte de las fincas se fundaron me­ diante un proceso espontáneo de colonización sobre montañas que eran baldíos apareciendo de esta ma­ nera un gran número de fincas medianas que podían ser atendidas mediante el trabajo familiar, también hay que tener en cuenta que muchos terratenientes aprovechando la ubicación de sus latifundios en las zonas templadas de las vertientes establecieron cafe­ tales dando así origen a la gran hacienda de planta­ ción cafetera; en muchas ocasiones esta gran hacien­ da cafetera se construyó mediante el desalojo violen­ to de colonos frente a los cuales el terrateniente rei­ vindicaba sus títulos de propiedad. En Cundinamar- ca cuando se inicia la producción del grano no era tan extendido el minifundio, por el contrario sobre­ salía la gran propiedad y aunque posteriormente fue objeto de parcelaciones (debido a la lucha por la tierra) todavía existen grandes fincas cafeteras. En el sur del Tolima los cultivos surgieron inicialmente en fincas grandes como la de Icarcó (Chaparral). Casos similares sucedieron en el norte del Valle y Caldas. Aunque desde el comienzo encontramos terrate­ nientes y pequeños caficultores, los efectos de esta disparidad de las propiedades no se iba a traducir únicamente en una desigualdad de los ingresos. Ade­ más de esto y lo que es más importante, tendría lu­ gar un proceso -de descomposición de los propieta­ rios en dos polos, por una parte quienes pudieron acumular capital (“ahorrar”) en una escala signi­

ficativa que les permitió elevar la técnica, estable­ cer buenos beneficiaderos, consolidar o agrandar sus propiedades y llegar a vivir exclusivamente del tra­ bajo de los asalariados o arrendatarios; en el otro extremó encontramos al pequeño propietario cuya parcela no le produce lo necesario y que debe com­ plementar sus ingresos trabajando para otros, es de­ cir, el grupo de campesinos que están a punto de convertirse en jornaleros de tiempo completo, a es­ te grupo hay que sumar la gran masa de campesinos sin tierra y que viven exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo; para estos últimos el proceso de descomposición ya ha concluido pues ya no tie­ nen ninguna propiedad, para los sectores interme­ dios el proceso continúa y si bien algunos pueden llegar a convertirse en campesinos ricos otros entra­

rán en crisis y terminarán

piedades y engrosando las filas del proletariado ur­ bano o rural.

separándose de sus pro­

En

Colombia

este

proceso

no

se presenta como

el resultado

exclusivo

de

las

leyes económicas

sino

que

aparece

acelerado

por

un

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que

aparente­

mente no

tiene

nada

de económico

y

que

para la

mayoría de los colombianos tiene un contenido úni­ camente político (lucha partidista): La violencia. Si desde el comienzo hubieran existido únicamente me­ díanos propietarios el proceso de descomposición, eí enriquecimiento de unos y la quiebra de otros, apa­ recería ahora con toda su claridad, pero en la zona cafetera encontramos diversas relaciones de produc­ ción: terratenientes con arrendatarios o jornaleros, productores independientes con grandes diferencias entre sí, arrendatarios de tipo empresarial o que guardan relaciones de semiservidumbre con el pro­ pietario, etc. Sin embargo el resultado sí ha sido muy claro pues hoy la región está atestada de jornaleros y sólo un pequeño sector de propietarios se ha vuel­ to rico con el café.

B. La situación del mercado mundial del grano re­ gula la producción de tal manera que un perío­ do de buenos precios ocasiona una expansión en los cultivos (por ejemplo durante los años cincuenta) y un período de precios bajos lleva a la crisis a los pequeños caficultores, como sucedió en la década del sesenta. Los productores están pues sometidos a las oscilaciones del mercado.

Inicialmente la compra del café y las exportacio­ nes las hacían intermediarios particulares por su pro­ pia cuenta y riesgo, pero a partir del año 1927 los más grandes productores y exportadores se asocian y fundan la Federación Nacional de Cafeteros que posteriormente suscribiría un contrato con el gobier­ no mediante el cual la Federación monopoliza la mayor parte del comercio interior y exterior. Es a través de este organismo que el gobierno regula los precios internos y hace efectivos los impuestos que gravan al café. Con el correr de los años la Federa­ ción ha acumulado un gigantesco capital parte del cual ha sido invertido en la Flota Mercante Granco- lombiana, en el Banco Cafetero, en los Almacenes Generales de Depósito, en la Cía. Agrícola de Se­ guros, etc. La “oligarquía cafetera”, grandes terrate­ nientes y exportadores, pudieron disponer no solo de una gran empresa comercial sino también de pre­ rrogativas oficiales, pues la Federación es una enti­ dad privada con funciones públicas, y por lo tanto tiene una decisiva influencia política en la vida na­ cional; del seno de ella han salido muchos" dirigen­ tes de los partidos reaccionarios, ministros y hasta presidentes (Ospina por ejemplo) ; su organización vertical permite que un puñado de millonarios me­ diante el disfraz de la organización gremial, contro­ le el mercado y ejerza un dominio casi total sobte los productores medianos y pequeños.

El dominio de la Federación sobre los productores no es simplemente el de unas pocas personas sobre la mayoría sino fundalmentalmente el dominio del

capital sobre los productores. Si no se acumula ca­

pital

debe ser desplazado por los grupos que sí tienen ca­ pital. Lenin describe de la siguiente manera los efec­ tos de la supremacía deí capital sobre el campesina­ do:

se fracasa

y

el

pequeño

propietario

en

crisis

“La penetración de la producción mercantil pone la riqueza de cada hacienda en dependen­ cia del mercado, creando, medíate las oscila­ ciones de éste una desigualdad que acentúa al concentrar el dinero libre en manos de unos y arruinando a otros. Este dinero sirve natural­ mente para explotar desposeídos y se convier­ te en capital. Mientras que los campesinos que se están arruinando se aferran a su hacienda, el capital puede explotarlos dejándolos que si­ gan trabajando sus lotes con los viejos méto­ dos técnicamente irracionales, puede basar su explotación en la compra del producto de su

trabajo. Pero la ruina alcanza por fin tal grado, que el campesino se ye obligado a abandonar por completo su hacienda: ya no puede vender

el producto de su trabajo, ya sólo le queda pa­

ra vender el trabajo mismo. El capital toma en­ tonces la hacienda en sus manos, se ve obligado

a organizaría racionalmente; puede hacerlo gra­

cias al dinero libre que ha “ahorrado1’ antes,

y ya no explota a un propietario sino a un bra­ cero, a un jornalero” (*).

En nuestro caso la separación del campesino de la tierra ha revestido diversas formas pero el resul­ tado es el mismo descrito por Lenin. Así por ejem­ plo durante la violencia reaccionaría de los años cin­ cuenta se realizó un acelerado proceso de proleta- rización de pequeños propietarios campesinos que abandonaban sus parcelas o las vendían a cualquier

1

Lenin.

El

Contenido

Económico

del

Populismo. Obras

completas

tomo

I,_ p.

501.

precio al terrateniente o a algún rico del pueblo. En muchas ocasiones son los hijos del minifundista los

que inician el camino de la proletarización

desde muy jóvenes deben emplearse como asalaria­ dos para ayudar a la casa. La paréela se puede per­ der debido al endeudamiento con la Caja Agraria ó el Banco Cafetero o con los usureros del pueblo o el campesino puede encontrarse ante la situación de que los precios para su producto no son rentables y tenga que vender la finca. De todas maneras si el campesino no puede ahorrar, siempre tratará de “ayudarse” mediante el jornaleo hasta que esto se le convierte en una necesidad imprescindible. La pe­ queña propiedad es pues un semillero de jornaleros. Este proceso ha llegado a tomar el carácter de pro­ grama oficial denominado “erradicación de minifun­ dios”.

ya que

3.

EVOLUCION DEL TAMAÑO " DE LAS FINCAS

Las estadísticas sobre los últimos quince años nos señalan lo que pudiéramos' llamar dos fases en la evolución del tamaño de las fincas. En la primera etapa, de 1955 a 1960 encontramos una rápida pro­ liferación del minifundio especialmente debido al fraccionamiento de las fincas medianas. Pero a par­ tir de 1960 miles de minifundistas pierden sus pro­ piedades y en 1970 encontramos una sustancial re­ ducción de la pequeña propiedad, al mismo tiempo que crece la participación de las fincas más gran-* des.

Entre 1955 y 1960 el número de plantaciones de café en los departamentos de Antioquia, Cundina- marca, Tolima, Valle y antiguo Caldas, aumentó en un 67% pasando de 150.100 a 250.300. “El hecho de que la superficie aumente sólo en un 26% en el mismo lapso, indica que la variación en el número de explotaciones se debe principalmente a una ace­

lerada subdivisión de las propiedades (o plantacio­

nes) ya existentes”

(2) .

En esos mismos departamentos las plantaciones

menores de una hectárea crecieron durante los cinco años en un 136% pasando de 45.800 a 108.300, pe­ ro la superficie ocupada sólo creció en un 104%. Por supuesto el tamaño promedio de las fincas de menos de 10 has. disminuyó. El fraccionamiento de

las fincas comprendidas

apreciar si comparamos el número de éstas que ha­ bía en 1955 con la cantidad de predios de 1 a 5 has. en 1960. En 1955 en los siete departamentos más cafeteros habían 107.856 plantaciones entre 1 y 10 has., ocupando 349.455 has.; en 1960 se encuentran 136.453 plantaciones entre 1 y 5 has. ocupando 295.198 (3). Esta subdivisión de la pequeña propiedad, bien sea porque el campesino vende una parte necesitado de dinero para cancelar un préstamo, o bien sea por los repartos herenciales, no es más que un esfuerzo del campesino pobre por mantenerse apegado a la tierra para ser un agricultor independiente, es un intento para evitar convertirse en campesino sin tie­ rra. La njayoría de los minifundistas han quebrado en el plazo de 10 años de 1960 a 1970 en un proceso de descomposición que ha dado unos resultados si­ milares a los efectos económicos de ía violencia:

expulsión de minifundistas. Esto lo vemos mejor si comparamos la distribución porcentual de las fincas según tamaños, en los tres años en referencia (4) .

entre 1 y 10 has. se puede

2 La

Industria

p. 27.

3 Idem p. 28.

Cafetera

en

la

AgriculturaColombiana

4 Los datos de

1955 y

1960 son tomados de “La Indus­

 

tria

Cafetera

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53

Salta a la vista el contraste entre la disminución

de las fincas de menos de 1 ha. y el crecimiento de las de más de 50 has. que antes no llegaban al 1% y hoy se aproxima al 6%, hay un aumento similar

y

50 has. El hecho de que el segundo grupo (de 1 a

10) no muestre variaciones importantes en 1970 con respecto a 1960 y por el contrario sü participa­

ción sea inferior a

que no ha sido este grupo el que más minifundios

ha

miten observar que el grupo de 1 a 5 has. dismi­ nuyó.

Como los datos de 1955 y 1960 no cubren la to­ talidad del país sino solamente los siete principales departamentos cafeteros (por eso tomamos las rela­ ciones porcentuales y no las cantidades absolutas) es útil comparar dos estadísticas sobre el total na­ cional de fincas cafeteras para apreciar la celeridad del proceso de expulsión de minifundistas.

1955, nos induce a pensar

en la participación de las comprendidas entre

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estadísticas nos per­

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55

Si en lugar de tomar únicamente en cuenta el ta­

maño de las fincas, estudiamos los tamaños de los

cafetales

en kilogramos, encontramos que la situación es más

crítica para los pequeños productores y que la con­

centración

ingresos es superior a la relación misma de mono­ polio de la tierra.

de los

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categoría

y

la

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tanto

MONOPOLIZACION DE LA PRODUCCION Y CONCENTRACION DE LOS INGRESOS

Hasta ahora habíamos registrado la crisis de los pequeños caficultores reflejada en el hecho de que si bien en 1960 los predios de menos de 10 has, constituían el 96% de las fincas, en 1970 han re­ ducido su participación al 69%. Para este año ese grupo dispone del 31% de la superficie cafetera to­ tal y produce el 29,5% de la cosecha, mientras que las fincas de más de 50 has. que en 1970 llegan al 6% poseen casi el 27% de la superficie cafetalera y producen un 29% de la cosecha nacional. Tene­ mos pues que las dos terceras partes de las fincas solo disponen de una tercera parte de los cafetales y de la producción más o menos la misma cantidad de superficie cafetalera y de producción que corres­ ponde al puñado de ricos propietarios. Para ser más gráficos: unas 17.000 fincas grandes tienen tantos cafetales y tanta producción como más de 200.000 fincas pequeñas.

4.

Vol.

Investiga­

Cafeteros.

de

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Cafetera

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I número Económicas

Economía

1.

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57

Las fincas menores de una hectárea ya no tienen casi ninguna importancia en ta producción cafetera. Hace diez años constituían casi ía mitad de las fin­ cas, hoy solo alrededor de una décima parte, pero refiriéndonos a la superficie cafetalera su retroceso es mayor puesto que en 1960 disponían del 7% de la superficie cafetalera total y hoy únicamente de al­ go más de una centésima parte de ella. El tamaño promedio del cafetal es de menos de media hectárea. Si deducimos del cuadro la producción promedio por finca y el ingreso monetario promedio por la cosecha cafetera a precios de 1970 ($ 1.225.00) te­ nemos que el ingreso medio para esta clase de fin­ cas fue de unos $ 2.300.00 suponiendo que todo lo vendieran a la Federación, cosa que no ocurre siem­ pre pues muchos lo venden “seco de agua” al inter­ mediario a menos p r e c i o . Necesariamente, deben complementar sus' ingresos con trabajo asalariado. Este tipo de finca está pues llamado a desaparecer.

133,401 y tienen

un tamaño promedio de cafetal de cerca de una y media hectárea. Este grupo de fincas también ha ve­ nido disminuyendo; si comparamos con el número de fincas comprendidas entre 1 y 5 has. que dio el Dañe para 1960 correspondientes a siete departa­ mentos se podrá apreciar esta disminución, pues en 1960 para esos departamentos habían 136.453 fin­

cas entre 1 y 5 has. Téngase en cuenta que el da­ to de 1970 es para todo el país. Según el Censo

Cafetero de 1970 este grupo de fincas representan el 44% del total de fincas pero sólo disponen del 18,6% de la superficie cafetera. Del valor total de la producción de este grupo (unos 980 millones de pesos correspondió un ingreso promedio de

$ 7.400.00, por finca. Si se tiene en cuenta „que es

ingreso bruto y descontamos los costos de produc­ ción nos damos cuenta que este grupo no puede ca­ pitalizar, que está simplemente pagándose los jorna­ les que la misma familia invierte. Si bien dentro de

Las fincas entre

1

y

6

has.

son

este grupo algunos pueden tener una productividad más alta, de todas maneras la mayoría se desenvuel­ ve en una situación crítica.

En cuanto al grupo de fincas comprendidas entre 6 y 10 hectáreas son 38.310 (12.69% del total), dis­ ponen del 11% de la superficie cafetalera y partici­ pan en la misma proporción en la cosecha; el tama­ ño promedio del cafetal es de 3.2 hectáreas. Produ­ jeron casi 61 millones de kilogramos de pergamino seco lo que da un valor promedio de $ 15.800.00 por finca. Dentro de este grupo la mayoría pueden satisfacer sus necesidades vitales y sostener los cos­ tos de producción, aunque necesariamente deben vi­ vir endeudados con las entidades crediticias. Los que pueden elevar la productividad, especialmente con él cultivo del caturra, pueden capitalizar y pertene­ cerían a la clase de los campesinos ricos. Sin embar­ gó* la mayoría de este tipo de fincas tienen escasas posibilidades de progreso. Aunque contratan traba­ jadores ocasionales, se invierte trabajo familiar en una relación variable de acuerdo a la misma calidad y extensión del cafetal.

En las categorías siguientes, de más de

10 hectá­

reas, encontramos a los campesinos ricos, es decir, la burguesía media rural o burguesía nacional de la zona cafetera y ya en los sectores de propietarios de más de 50 hectáreas encontramos componentes de la gran burguesía y de los terratenientes cafeteros. ■La llamada oligarquía cafetera se reduce especial­

mente a los propietarios de fincas de más de 100 hectáreas que constituyen un 2% del total. En el cuadro anterior aparece su número, la superficie ca­ fetalera y la producción. Veamos los tamaños pro­ medios de cafetales y los ingresos monetarios pro­ medio por conceptos de la cosecha cafetera:

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La tendencia a la concentración de la producción y por lo tanto de los ingresos en un número menor de fincas grandes, se debe ademas de la disponibi­ lidad de más tierra, a las posibilidares de aumento de productividad que tienen los propietarios más grandes. La tecnificación, como medio de lograr una mayor productividad guarda una relación directa con las posibilidades que tenga cada propietario de ¿Cu­ mular capital. Mientras que las fincas de más de 20 has. muestran una mayor participación porcentual en la cosecha que en la superficie, las fincas meno­ res muestran proporcionalmente una mayor partici­ pación en la superficie que en la cosecha. Esto es un índice de la tendencia a los aumentos de pro­ ductividad por parte de las fincas grandes, como se puede apreciar en el siguiente cuadro:

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5 *

Una información del 29 de diciembre aparecida en El Tiempo (p. 4-B) resumiendo datos dados por la Federación de Cafeteros dice que “un 72,87% de los caficultores de Colombia producen menos de¡ 120 arrobas de café pergamino equivalentes a 1.500 kilos; el 19,80% producen entre 121 y 400 arrobas y solamente el 7,33% produce más de 400 arrobas”. Según la misma información el habitante de la zo­ na cafetera produce en promedio 297 kilos de café pergamino. Los ingresos de la capa superior se au­ mentan por otros conceptos, ya que disponen de mucha más tierra adicional, fuera del cafetal, ade­ más para nadie es desconocido que la capa de cafi­ cultores pudientes hacen inversiones en otros ren­ glones, no solo gracias al espíritu “emprendedor” que los caracteriza en los negocios, sino gracias al capital de que disponen.

5. SOBRE EL ARRENDAMIENTO

No disponemos de datos actualizados sobre arren­ damiento, aparcería, etc. El arrendamiento en la zo­ na cafetera reviste un sinnúmero de formas que co­ bijan tanto relaciones de tipo semifeudal, como rela­ ciones capitalistas de producción. Én la forma tra­ dicional de arrendamiento el campesino pobre recibía una parcela en el latifundio y realizaba el proceso de producción en base al trabajo familiar, sin con­ tratar asalariados. Esta forma ha perdido mucho te­ rreno ante nuevas relaciones de producción. Así po­ demos encontrar que el arrendatario, aparcero, agre­ gado, etc. pague renta al propietario, pero a su vez contrate jornaleros por su cuenta. En las fincas gran­ des y en las medianas la relación de' producción predominante es en base al trabajo asalariado, siendo el proceso de producción dirigido y controlado di- rectamente por el propietario o por medio de un administrador. Sinembargo aunque las diversas for­ mas de arrendamiento hayan sufrido muchas varia-

ciónes y aunque su imjportancia económica haya mermado, para un programa revolucionario del mo­ vimiento campesino no deja de tener una gran im­ portancia política. Los arrendatarios y aparceros han sido víctimas de la tendencia que se impuso entre los terratenientes de limpiar sus fincas de arrendatarios. Los enfren­ tamientos entre éstos y los terratenientes datan desde antes de la violencia. Los arrendatarios constituyeron un contingente importante en las primeras luchas y organizaciones (ligas) campesinas, Su lucha presio­ nó a la burguesía liberal a expedir una ley de refor­ ma agraria (la Ley 200). Durante la violencia miles de arrendatarios debieron abandonar los predios don­ de trabajaban perdiendo todas sus mejoras. Muchos terratenientes, al final de la violencia, recurrieron a jefes guerrilleros “limpios” (influenciados por el partido liberal y con tendencias al bandolerismo y al anticomunismo) para imponer injustos contratos a los arrendatarios, asípor ejemplo sucedió en al­ gunas fincas del sur del Tolima.

La Ley 1* de 1968 que prorroga por diez años los contratos provocó de parte de los propietarios una violenta reacción que condujo a la expulsión de mu­ chos campesinos de sus predios. En cuanto a la conversión de los arrendatarios en propietarios, como promete el programa, no se ha realizado. El solo anuncio de la Ley 1? de 1968 provocó la unión de los arrendadores grandes, pequeños y medianos pues los terratenientes supieron aprovechar el hecho de que la ley no discrimina las fincas que tienen arren­ datarios según el tamaño de la misma finca, sino de acuerdo al tamaño del lote arrendado y como en la zona cafetera hay muchos pequeños propieta­ rios que tienen arrendatarios o “agregados” necesa­ riamente se atemorizaron. *

Según CIDA en 1960:

“En la llamada región ca­

fetera el porcentaje de la superficie (arrendada) es

aproximadamente el

40%

en las fincas

de media

a

tres hectáreas y casi un tercio en las de cuatro a diez. Considerando únicamente a Caldas (compren­ de a Quindío y Risaralda) el departamento cafeta­ lero por excelencia se observa que un tercio de la superficie de las fincas de una a veinte hectáreas

y hasta un cuarto de la superficie de las de veinte

a cincuenta son manejadas por aparceros en un pro­ medio casi uniforme” (7).

Aunque los datos anteriores deben haber sufrido variaciones, es necesario que hagamos una distin­ ción: el arrendamiento de las fincas pequeñas tiene unas causas diferentes a las del arrendamiento en las fincas grandes. En el caso del arrendamiento tan extendido en. las fincas de menos de tres has. hay que tener en cuenta que por lo general el propieta­ rio recurre a este medio debido a que el sosteni­ miento de la parcela le resulta antieconómico y ne­ cesita liberar tiempo para trabajar en otra actividad. La reducción del minifundio cafetero nos debe po­ ner a pensar que cuando hace diez años miles de ellos “aparecían arrendados” en distintas formas, se estaban dando pasos previos a la completa separación del campesino de la tierra.

Tener fcn cuenta estas particularidades es útil para

el movimiento campesino. Allí por ejemplo sería in-,

correcta atacar indiscriminadamente todas las formas de arrendamiento, golpeando de paso a pequeños propietarios. En el caso de las fincas pequeñas arren­ dadas no debemos plantear en estos momentos la conversión del arrendatario en propietario, es decir,

no podemos plantear la expropiación de esas fincas

y hacer realidad en ellas la consigna de la tierra pa­

ra el que la trabaja, salvo casos aislados. En cuanto al arrendamiento en las fincas grandes sí podemos y debemos plantear la suspensión del arriendo, la ex­ propiación para que el arrendatario se convierta en

7

CIDA.

mico del Sector Agrícola,

Tenencia de la Tierra y

Desarrollo Socioeconó­

117.

1966, p.

propietario. La reducción del arrendamiento es una consigna que se puede levantar en las fincas media­ nas y pequeñas.

En cuanto a los mismos arrendatarios también se impone una diferenciación, pues unos trabajan el lote arrendado empleando únicamente el trabajo fa­ miliar y pertenecen por tanto a la clase de los cam­ pesinos pobres, mientras que otros emplean mano de obra asalariada, es decir, pertenecen a la capa de los campesinos ricos que toman tierras en arriendo y contratan trabajadores. Sinembargo todos están en contradicción con los terratenientes.

6. PAPEL DEL IMPERIALISMO YANQUI EN EL MERCADO CAFETERO

El imperialismo yanqui deliberadamente ha toma­ do medidas tendientes a producir la depreciación del café. Por otra parte no ha dejado de manipular el mercado mundial y emplear la política de chanta­ je, así por ejemplo se dio el lujo de demorar el tiempo que le provocó, la firma del Pacto Cafetero de este año como represalia contra Brasil que reivin­ dica el derecho a las 200 millas de mar territorial. Frente al café colombiano ha desarrollado campañas tendientes a conseguir la depreciación y a reducir el consumo de café suave entre el pueblo norteame­ ricano.

Cuando el precio del café colombiano comenzó a subir en los Estados Unidos a partir del año 1950 el imperialismo inició una doble política: por una parte la campaña contra el café naeional y por otra el impulso al cultivo del café entre los países colo­ niales de Africa para producir una superproducción y obtener una baja del precio ya que el café africa­ no se producía a costos menores y en gran escala por otra parte de los colonialistas europeos que em­ pleaban mano de obra más barata, mano de obra

de los pueblos sometidos al látigo colonialista. Los resultados del incremento de la producción africana se hicieron sentir especialmente a partir de 1955 cuando los precios comenzaron a declinar. En cuanto a la .campaña contra el café colombiano, esta culmi­ nó en medio de una gran propaganda y de amena­ zas de boicot, cuando la Federal Trade Comisión en enero de 1954 ordenó una investigación en los tér­ minos siguientes:

“Por cuanto la Comisión tiene informes de que han ocurrido aumentos considerables en el precio del café durante los meses pasados y de que pueden aún presentarse otros aumentos considerables en el

precio del café, y la Comisión ha recibido numerosas quejas del público; y por cuanto la Comisión tiene razones para creer que en ciertas ocasiones anteriores Han prevalecido varios métodos desleales de compe­ tencia y práctica de monopolio en esta industria, y que el reciente aumento considerable en el precio del café puede ser resultado de métodos desleales de competencia y prácticas de monopolio; y por cuanto parece que el público tiene derecho a que se le revelen plenamente los derechos pertinentes y la aplicación de aquellos remedios pertinentes a tales hechos que puedan desarrollarse investigando a fon­

do esta industria

decrétase

valiéndose de todos y cada uno de. los poderes con­ feridos a ella por las Leyes, y todos y cada uno de los procedimientos compulsatorios a su alcance, pro­ ceda inmediatamente a investigar por las razones y

para los fines aquí expuestos, la organización, nego­ cios, conducción y manejo de sociedades que se ocu­

pen del

café y la relación de estas compañías entre sí y con otras compañías y con asociaciones y compañías in­ dividuales” (8).

que- la

Comisión

la venta o la distribución del

8 Memoria de Hacienda, año 1954 p. 96.

Frente a las falacias y soberbias del imperialismo (¡qué tal que pudiéramos ordenar una investigación y tomar medidas “compulsatorias” frente al alza de los productos yanquis!) el Ministro de Hacienda de aquel entonces dio a nombre de nuestro país una tímida respuesta en la que se deslizaban algunas verdades a manera de súplicas: “el mayor precio del café significa mayor trabajo para el pueblo nor­ teamericano, ya que el dinero le regresa en forma de manufacturas y materias primas que el país re­ quiere, y que importan hasta donde se lo permiten sus disponibilidades de divisas” y concluía dicien-, do: “un derrumbamiento del precio del café por medio de medidas -artificiales, obligará al país a restringir sus compras en el exterior, con perjuicio evidente para quienes nos venden sus productos. No creo que esta pueda ser una política aconsejable y

amistosa” (9) .

se derrumbó y los yanquis no salieron perjudicados,

pues aprovechándose de que nuestra industria no se podía paralizar por falta de maquinaria y, materias primas ellos corrieron a hacernos “empréstitos”. El imperialismo se benefició mientras que el país se em­ pobrecía y se endeudaba. Las importaciones no se podían reducir por el hecho de que bajaran los in­ gresos por las exportaciones cafeteras, pues el domi­ nio del imperialismo no se limita al control del co­ mercio exterior, sino que va más allá, controla el desarrollo industrial porque al no existir en el país

industria pesada, la industria nacional es dependiente

y requiere hacer compras permanentes a la gran in­

dustria yanqui. Y si las divisas no alcanzan a sa­

Pues no hubo tal. £1 precio del café

tisfacer las necesidades de importación, pues" se

curre a los préstamos extranjeros y se le abren las puertas a las inversiones extranjeras.

re­

A través de su influencia en la Organización

In­

ternacional del Café, el imperialismo ha logrado que

9 Idem. p. 102.

se impongan unos mecanismos perjudiciales para los países productores (todos dependientes); los meca­ nismos tienden a estabilizar los precios por lo bajo como lo demuestra la situación del año cafetero 1970-1971. Cuando se discutían las Cuotas de Expor­ tación los norteamericanos presionaron para que se fijara una cuota elevada que condujera a una reduc­

ción de los precios. En agosto de

Internacional del Café acordó los precios máximos y mínimos para todos los tipos del café (fuera de establecer la cuota mundial), para los “suaves co­ lombianos” el precio máximo se fijó en 56,88 cen­ tavos de dólar y el mínimo en 52,88. En realidad durante la' mayor parte del año se mantuvo en el mínimo o por debajo. Para los otros tipos de café los límites son inferiores. La cuota mundial de 54 millones de sacos de 60 kilos se podía incrementar o reducir de acuerdo a la oscilación del precio com­ puesto, es decir, el precio promedio tomando en cuenta todos los tipos de café; las consideraciones pactadas fueron las siguientes:

1970 el Consejo

1? Añadirle dos millones de sacos, distribuidos a prorrata entre los productores, en caso de que el precio diario compuesto se mantuviera én 52 cen­ tavos o más, durante quince días de mercado.

Añadirle otros dos millones de sacos, en el

caso de que el precio diario compuesto continuara a 52 centavos o más durante 21 días de mercado.

2?

3?

Cancelar la primera en el caso de que el pre­

cio diario bajare a 50 centavos o menos.

4?

Cancelar la segunda adición en el caso de que

el precio diario compuesto bajare a 48 centavos.

5?

Reducir a prorrata- un millón y medio de sa­

precio

diario compuesto continuara a 48 centavos, después

del período requerido.

sacos la

cos

de

la

cuota

global en

el

caso

de

que el

de

6?

Reducir en otro

millón y medio

cuota global, en el caso de que el precio descendie­

ra a 46 centavos o menos, durante un período reque­

Los países productores no estuvieron de acuerdo ni con una cuota tan amplia ni con los anteriores mecanismos, pero tuvieron que aceptarlos ante el pe­ ligro de que si no se acordaba algún pacto se podía desatar una guerra de precios que sería aún más perjudicial. El resultado de este acuerdo condujo a que los precios descendieran rápidamente a menos de 46 centavos, de tal manera que el Consejo Inter­ nacional en una reunión de emergencia acordó hacer un recorte simultáneo de tres millones de sacos. Se obligaban de esta manera los países productores a aumentar la retención en*un esfuerzo para que el precio promedio se mantuviera siquiera en los cin­ cuenta centavos durante el primer semestre.

De esta manera los países productores se obligan a aumentar las ventas para reducir el precio, es de­ cir, se condenan a vender más trabajo por menos precio. Para lograr que el precio se estabilice en lo acordado se debe retener parte de la cuota asignada, es decir, desperdiciar trabajo nacional. En nuestro caso la retención cafetera ha sido un factor que im­ pulsa la inflación puesto que la Federación debe ad­ quirir úna parte de la cosecha que no va a vender.

Refiriéndose a la situación del mercado cafetero el Presidente Pastrana se expresaba así en un dis­ curso del 20 de diciembre: “Se ha registrado una baja del 15% en el volumen de nuestras proyectadas exportaciones de café, por los bajos precios que so­ lo en las últimas semanas se ha logrado recuperar en parte. Hemos perdido en un año un poco más de 100 millones de dólares por los bajos precios del café, lo que significa más de 2.000 millones de pe­ sos, o sea 1,6% de nuestro producto nacional”. (El Tiempo, dic. 21 de 1971, p. 6) .

7.

LA POLITICA CAFETERA DE LA GRAN BURGUESIA

La estrategia de la gran burguesía y los terratenien­ tes decantada a través de muchos años persigue defi­ nidos objetivos económicos y políticos. En cuanto a lo primero, las clases dominantes, mediante los im­ puestos que gravan al café, aseguran la apropiación del 50% del valor creado por los trabajadores cafe­ teros. Las medidas propiamente políticas buscan, ade» más de garantizar esa transferencia de valor, garan­ tizar el orden social burgués-terrateniente en momen­ tos en que la crisis económica golpea duramente a los jornaleros y a los pequeños propietarios; se pre­ tende que el proceso de desarrollo capitalista en la agricultura cafetera que conlleva como hemos visto, el desplazamiento y la expropiación para el pequeño productor, se realice en forma “amortiguada” alejan­ do el peligro del levantamiento de los jornaleros y campesinos pobres. Pero la gran burguesía y la vio­ lencia contra el pueblo, violencia que muchas veces se emplea abiertamente, sin preocuparse de encu­ brirla, pero que ahora pretende imponer disfrazada 4e “medidas económicas” que toman los nombres de devaluación, erradicación del minifundio, impulso al cultivo del caturra, diversificación, etc.

A. La violencia reaccionaria de los años cincuen­

ta permitió el fortalecimiento de los terratenientes y la expulsión masiva de miles de pequeños y medianos propietarios, durante todo ese tiempo, que coincide con la época de mejores precios del café en el ex­ terior, los campesinos perdieron sus cosechas por im­ posibilidad física de recogerlas ya que contra ellos

te había desatado la guerra del gobierno. La bur­ guesía pudo contar con un ejército de mano de obra desplazada de los campos; los terratenientes y demás tiementos reaccionarios ligados al campo a su vez pedieron disponer de tierras baratas o gratuitas y disponer de las cosechas que no eran suyas como fue tan frecuente.

B. Las devaluaciones que toman impulso a par­

tir de la instauración del Frente Nacional son un me­ dio para asegurar la expoliación del pequeño propie­ tario que disminuye sus ingresos reales. Al disminuir el precio del café en el mercado mundial, el sistema oligárquico debe decidir entre reducir el precio in­ terno para asegurarse la apropiación de la mitad del valor, o desprenderse de parte del excedente que se apropia para no tener que reducir el precio de la carga, o devaluar para de esta manera mantener es­ table o subir el precio de la carga sin que esto afecte sus entradas.

Por medio de la devaluación el sistema logra in­ flar el equivalente en pesos de cada dólar que entra al país; con esta medida, aunque entren menos dó­ lares al país, al producto igual se le puede entregar una mayor cantidad de dinero. Es decir, el sistema especula con las divisas que produce la agricultura cafetera en contra del mismo caficultor.

Si

el gobierno no devaluara,

ante la disminución

del precio del grano en el exterior, debería disminuir los impuestos para que el productor continuará reci­ biendo el mismo precio, o bajarle el precio al pro­ ductor para mantener la misma tasa de impuestos. Esta última medida tendría consecuencias políticas muy graves para la oligarquía y es por eso que al caficultor se le disminuyen sus ingresos por medios indirectos y en muy pocas ocasiones se decretan re­ bajas en el precio de la carga. Los campesinos le producen dólares a la gran burguesía y ésta les en­ trega pesos devaluados. La devaluación ha acelerado el proceso de dife­ renciación de las clases sociales. Quienes cuentan con una producción pequeña encuentran que sus ingre­ sos se hacen insuficientes pues el valor de su cose­ cha se ha disminuido en relación con los aumentos dt los precios de los artículos de procedencia indus­ trial. Las devaluaciones permiten que solo unos po­ cos cafeteros puedan capitalizar, precisamente los

que pueden colocar en el mercado mayores volú­ menes de producción, los que pueden vender la co­ secha más barata (porque con la devaluación el valor de la carga baja). Ya veíamos que en términos de dólares el precio de la cosecha ha disminuido de 133,68 dólares a menos de la mitad, a 64 dólares y que esto coincide con el hecho de que durante el período de 1955 hasta el presente, miles de pequeños propietarios hayan sido desplazados. Lo anterior nos debe poner a pensar que la devaluación agudiza la competencia entre los productores, competencia que no aparece como una lucha directa a través del mer­ cado de unos productores contra otros, sino que aparece como una lucha contra la depreciación del grano, como, una lucha por obtener mayor rentabili­ dad o sea como la capacitación de los productores para poder recibir menos por sus cosechas. Pero los resultados nos indican que es pura y simple com­ petencia en la cual unos quiebran.y otros salen ade­ lante.

del dólar ha pasado

de $ 2,51 a $ 20,70; los impuestos sobre el café han aumentado a pesar de que haya disminuido el precio en el mercado exterior, la devaluación ha per­

mitido que en ese período la carga de café haya aumentado en cuatro veces. La devaluación es pues un instrumento para que la burguesía pueda seguir apropiándose la mitad del valor a pesar de las fluc­ tuaciones negativas del precio.

Entre

1955 y

1971 el precio

C. Erradicación

del

minifundio

o

“restructura­

ción” del minifundio es una política que busca eli­ minar la pequeña propiedad para formar fincas me­ dianas a partir de las pequeñas o “ensanchar” pro­ piedades de caficultores más solventes a costa de los que están en ruina. La propaganda oficial dice que este programa tiene por objeto eliminar las fin­ cas “antieconómicas”; dentro de un sistema capita­ lista lo anterior quiere decir eliminar las fincas- que no permitan capitalizar. En realidad el desarrollo

económico en la zona cafetera llega al mismo fin que el programa oficial, pues vimos cómo en poco tiem­ po han quedado fuera del juego económico miles

de campesinos. Pero lo más cínico de este programa que debería llamarse “exterminación” de minifun- distas es que se quiere presentar como a favor del propietario pobre, es como si el sistema oligárquico dijera: “Usted señor minifundista está muy pobre porque su parcela es antieconómica, para que su parcela no lo llevs. a la ruina completa se la vamos

a quitar” Durante la “violencia” se la quitaban sin pagar o pagándole muy poco, ahora con el pro­

grama de erradicación del minifundio se lo obliga

a que venda.

Este programa tomó gran impulso a partir del año sesenta cuando la proliferación de minifundios llenó de alarma a los dirigentes de la Federación, al gobierno y a toda la oligarquía; un economista que fue alto burócrata en la Federación de Cafeteros se refería así a la proliferación del minifundio y a las medidas que se gestaban para eliminarlo: “Esta si­ tuación del agro cafetero ha sido muy estudiada por la Sección Técnica de la Federación, y de acuerdo con el Banco Cafetero se busca, entre otros medios por el sistema de crédito, remodelar la estructura so­ cioeconómica de él. Se pretende ir poco a poco extinguiendo el minifundio y ensanchando el ámbito de las fincas cafeteras”. Con el, crédito Escaso se agudiza la difícil situación del minifundista para que éste se vea obligado a vender más rápido.

El minifundio ha sido tratado pues como una ame­

naza latente contra el sistema, como un peligro con­ tra el régimen, por ser un semillero de jornaleros

y porque además, cuenta con el agravante de que

los jornaleros no encuentran trabajo estable y per­ manecen desocupados gran parte del año viviendo en

una condición miserable. Lo anterior llevó a que un economista muy célebre en nuestro medio, el profesor Currie, le propusiera un programa al go­

bierno llamado “Operación Colombia” que tenía por objeto trasladar, o mejor sacar, de la zona cafetera medio millón de trabajadores, para que así se des­ congestionara la región; el programa aconsejaba in­ crementar las obras públicas para que de esta mane­ ra se desarrollaran algunas ramas de la industria. Si el sistema no acogió este plan es porque suponía ge­ nerar empleo para medio millón de personas y el sistema es incapaz de hacerlo, por esto se impuso un programa de alcances más reducidos como el que estamos tratando.

El objetivo que se persigue al eliminar la pequeña propiedad es que quede un tipo de finca más gran­ de, cuya existencia no sea una amenaza para el orden establecido, es decir, se pretende que la agricultura cafetera quede por cuenta de las fincas medianas y grandes, fincas que le permitan al propietario “aho­ rrar”. Claro que el mismo proceso económico con­ duce a eso, pero lo que busca la burguesía y los te­ rratenientes es que ese proceso pueda ser regulado para evitar un estallido de rebeldía. A este programa se le adoba el argumento de que las fincas más gran­ des pueden generar empleo o sea absorber tanta ma­ no de obra que hay sin empleo. Se busca que el mo­ do de producción capitalista se consolide pues sería upá garantía para el sistema contar una burguesía rural bastante amplia que sirviera de parachoques en la lucha de clases. Situación preferible para el sistema actual en la cual una parte muy crecida de propietarios (los pequeños) son enemigos poten­ ciales y pueden ser arrastrados por los jornaleros y el proletariado industrial a la lucha revolucionaria.

D. El caturra, variedad de mayor productividad,

ha sido un cultivo impulsado por la Federación cui­

dándose muy bien de decir a quién iba a beneficiar

-y a quiénes

a perjudicar.

Los aumentos de la pro­

ducción provenientes de los caturrales van a tornar

más aguda la competencia entre los productores. Quien siembra caturra obtiene mejores ingresos, su

alta productividad permite al propietario resistir los bajos precios. Pero no todos pueden sembrar catu- rra. Esta variedad implica desembolsar un capital para poner un cultivo nuevo, eliminar el sombrío y los cultivos intercalados, requiere una buena atención técnica y mucho abono; además su duración es, corta. Este cultivo solo lo pueden establecer quienes tengan algún capital o quienes disponiendo de una cantidad de tierra suficiente puedan tumbar parte del cafetal y vivir del resto mientras que el caturra entre en plena producción. Pero quien no tenga ca­ pital o no tenga suficiente cantidad de tierra no pue­ de cambiar sus cafetales tradicionales por la nueva variedad.

El aumento de la producción necesariamente trae­ rá traumatismos en el mercado, obligará a aumentar la retención cafetera, puesto que nuestro país no puede exportar libremente las cantidades que pue­ de, sino que tiene que sujetarse a una cuota estable­ cida. Si tenemos en cuenta que este aumento va acompañado de la depreciación del café llegaremos a la conclusión que la situación para el pequeño pro­ ductor se va a tornar más difícil. Ya el gerente de la Federación, Arturo Gómez Jaramillo, en un edi­ torial de la Revista Cafetera (número 148) anun­

ciaba el incierto porvenir, cuando decía que había la posibilidad que se inundara el mercado lo que incidiría negativamente sobre los precios y dificultaría el funcionamiento de los mecanismos internacionales para el control de la superproducción. Además se­ ñalaba Gómez Jaramillo que había que tener en cuenta que el precio del café colombiano en el ex- -terior seguiría bajando debido a que en los EE. UU. se estaba imponiendo el sistema de mezclar las dife­ rentes variedades de café lo que estaba llevando a los industriales tostadores a no preocuparse por dis­

Lo que el gerente de la Federación

tinguir calidades

nos señala es una cosa que se está volviendo reali­ dad: la superproducción nacional con todas las ame­

nazas sobre los pequeños caficultores.

E. Diversificación

de

la

producción.

Partiendo

del supuesto de que la producción actual es excesi­ va, el gobierno traza este programa con el fin de que mediante el cultivo del cacao, la piña, etc.--que­ de la producción cafetera por cuenta de fincas es­ pecializadas, mientras que otras deben desplazarse ha­ cia estos cultivos. El programa aparentemente busca darle una salida económica aceptable para los más afectados por la crisis cafetera. Sin embargo hay que tener en cuenta que los más golpeados por la

depreciación del café no cuentan con los recursos suficientes para emprender un nuevo tipo de cultivos y es por eso que aunque no lo deseen deben vender su parcela. Además los nuevos cultivos propuestos, para los cuales hay líneas especiales de crédito, so­ lo son rentables si se cumple con los mínimos requi­ sitos técnicos que exigen. El cacao por ejemplo es más exigente en abonos y fungicidas que el cafeto tradicional. La caña para panela, que también se propone para diversificar^ no es rentable en peque­ ña escala, lo mismo podría decirse de la piña, con­ tando además con el factor adverso que la estruc­ tura del mercado golpea al pequeño productor de frutas. F. Planes de empleo para descongestionar la zona cafetera. Sobre esto se ha hablado mucho. Todos los oligarcas, todos los reformistas y los más con­ servadores están de acuerdo en que en la zona ca­ fetera hay un exceso de mano de obra, que hay según algunos alrededor de un millón de jornaleros y que se necesita absorber esa fuerza de trabajo ya que los cafetales no alcanzan a utilizarla completa; mente. Para el sistema esto es calificado como un peligro inmediato. Sin embargo si el capitalismo co­ lombiano no ha podido emplear, es decir, explotar productivamente a estos miles de campesinos sin tie­ rra es porque no puede, pues de lo contrario les estaría haciendo .sudar plusvalía, pero en este caso nuestra burguesía dependiente no puede superar sus limitaciones.

El hecho de que la industria nacional, especializa­ da en textiles, bebidas, alimentos y en general ar­ tículos de consumo popular, esté limitada en su ca­ pacidad productiva por la baja capacidad de consu­ mo del pueblo (estrechez del mercado) le impide crecer aceleradamente, por lo tanto tiene limitacio­ nes para absorber trabajadores. Además su desarro­ llo tiene otra limitación: el ensanchamiento, es de­ cir, la reinversión no la puede realizar con pesos co­ lombianos, sino con dólares, debido a que la maqui­ naria y la materia prima industrial se adquieren en el exterior. Si en el país hubiese industria pesada la burguesía haría esas compras aquí y las podría ha­ cer con moneda nacional.

En las países que han vivido el proceso clásico del desarrollo capitalista, el ensanchamiento indus­ trial se hacía a pesar del empobrecimiento de los campesinos, puesvla rama que más se desarrollaba era la de la industria pesada (fabricación de maqui­ naria) y no la producción de bienes de consumo. La industria liviana se convertía en un mercado para la industria pesada. Pero en nuestro país no sucede eso, como el desarrollo industrial padece grandes li­ mitaciones, indudablemente la absorción de mano de obra también va a ser limitada. Muchos capitales no se invierten en la industria porque no pueden ser cambiados por divisas, de allí que se orienten hacia las ramas especulativas, el co­ mercio, la banca, bonos, fondos financieros, etc., que además son mucho más rentables que las inversio­ nes en industria mánufacturera.

La generación de empleo en el campo se ve limi­ tada por una parte por el latifundio ganadero y por otra parte por el desarrollo de la agricultura meca­ nizada. El primero por sus prácticas antitécnicas (pe­ ro muy lucrativas) de ganadería extensiva no requie­ re casi mano de obra, monopoliza la mayor parte de la tierra y genera desempleo. En cuanto a la agri­ cultura mecanizada, caña, arroz, algodón, etc. las

tecnologías empleadas conllevan aumentos de la pro­ ductividad ahorrando mano de obra.

El desarrollo del capitalismo en Colombia nos de­ ja todos sus efectos negativos al descomponer al cam­ pesino formando una inmensa masa de desocupados, pero no nos trae sus efectos progresivos que se de­ rivan del desarrollo de la industria pesada, limitán­ dose por su carácter dependiente a la industria livia­ na y de transformación. Proletariza pequeños pro­ ductores pero no los convierte en obreros activos. De allí que el descongestionamiento de la zona ca­ fetera y demás zonas rurales se traduce en un au­ mento de la desocupación en las ciudades.

G. Diversificación de las exportaciones. La burgue­

sía busca desde hace varios años encontrar otros renglones diferentes al café ya que estas exportacio­ nes han venido evolucionando negativamente. Es cierto que se ha logrado impulsar otros productos y que la participación del café en el comercio exterior se ha reducido. Sin embargo el precio que se ha pa­ gado por la diversificación es muy alto: implicó abrir nuevos renglones de importación: así es como ac­ tualmente la importación de maquinaria, materias primas de origen industrial y bienes intermedios al­ canza el 90% de nuestras importaciones. En veinte años el valor de las importaciones casi se ha dobla­ do y como los ingresos de divisas del país son insu­ ficientes, el endeudamiento ha llegado a los dos mil millones de dólares; la penetración del capital ex­ tranjero en la industria se ha acrecentado. El pago de la deuda, ías remesas de utilidades de las empre­ sas extranjeras establecidas en el país y el mayor pre­ cio que hay que pagar a la gran industria extranjera, se h* venido a convertir en una pesada carga que re­ fuerza la dominación imperialista, cuando lo que se buscaba (con la diversificación) era depender me­ nos.

Lo

que

sucede es que

el

sistema neocolonial

no

basa

el

control

de

nuestra

economía

en

el

simple

control del comercio cafetero. Pata poder competir en el mercado mundial con azúcar, algodón, arroz, etc. y productos de la industria manufacturera, se necesita emplear las más modernas técnicas y es en­ tonces cuando le ampliamos el mercado a la indus­ tria pesada norteamericana. La burgesía que lanzó la consigna de “exportar o morir” se acerca a su muerte a pesar de que ha encontrado otros renglo­ nes fuera del café para exportar. Pero no se crea que los problemas económicos del país son insolubles y que nos toca pór una fatali­ dad histórica ser enteramente un pueblo pobre y ex­ plotado. Lo que queremos señalar en los puntos tra­ tados es que el sistema dominante es incapaz de re­ solver los problemas del país y que en el caso con­ creto de la agricultura y el comercio cafeteros no toma ninguna medida que sea benéfica para el pue­ blo y los intereses nacionales, sino que por el con­ trario se va en contra de los campesinos pobres y desempeña el papel de intermediario del imperialis­ mo yanqui para una mayor entrega de nuestro país. Pero si la gran burgesía y los terratenientes aliados del imperialismo han fracasado en lograr un desarro­ llo económico independiente eso sólo quiere decir que ya no tiene nada que hacer y que las-clases que hasta ahora han estado desposeídas del poder políti­ co deben tomar las riendas del país para librar la batalla contra el atraso y las fuerzas reaccionarias.

8. ANTECEDENTES DEL MOVIMIENTO CAMPESINO EN LAS ZONAS CAFETERAS

A. Los primeros brotes. La zona cafetera tiene una

larga tradición de lucha: las primeras organizacio­ nes campesinas y las primeras luchas surgieron en las regiones cafeteras de Cundinamarca, Tolima, etc. Estas luchas y organizaciones comienzan a darse a partir de los años veinte como fruto de la intensa la­ bor de agitación y concientización que desarrollaron

SO

los militantes del Socialismo Revolucionario

y en cierta medida eran un

reflejo de las luchas obreras que comienzan a gene­ rarse en esa época.

La colonización cafetera al absorber grande? ma­ sas de campesinos sin tierra,' había permitido que el latifundio prolongara su existencia y que el cam­ pesino no se viera necesariamente obligado a lu­ char contra él para hacerse a un pedazo de tierra, si­ no que la fuera a buscar en la lucha contra la na­ turaleza, tumbando montañas. Es el proceso de la colonización antioqueña del occidente colombiano y de vinculación de las zonas de vertiente a la eco­ nomía nacional. Sobra decir que si dicho proceso colonizador fue exitoso y que si se logró evitar en aquel período el enfrentamiento directo con el lati­ fundio, se debió a que había unas condiciones excep- ciónalmente favorables para que una gran corriente de campesinos sin tierra encontraran una actividad económica con grandes posibilidades de desarrollo:

(partido

que existió hasta 1930)

el cultivo del café, a favor del cual pesaba la exis­ tencia de un amplio mercado, no solo nacional sino extranjero.

Hacia los años de 1920 el proceso de colonización cafetera comienza a llegar al límite de sus posibilida­ des y ya no puede ser el factor capaz de absorber a grandes masas campesinas que buscaban tener algu­ na propiedad. Para este tiempo había crecido la cla­ se de los jornaleros, especialmente en tomo a la gran hacienda cafetera. El enfrentamiento entre el campesino sin tierra y el terrateniente no se pudo aplazar más tiempo. El campesino comienza a presio­ nar sobre el latifundio: se abre paso la lucha de los arrendatarios sometidos a la condición de siervos, surge la lucha por la tierra por parte de grupos de jornaleros y varias comunidades indígenas despier­ tan a la lucha por reconquistar siquiera una parte de lo que le había usurpado el latifundio. Cobran entonces gran vigor las tomas de tierra en Cundina-

marca, la lucha de los arrendatarios de los grandes latifundios como el Hato de Chenche (en lo que hoy son las fincas Bauráf Jabalcón, El Tigre, Molino la

María, etc. pues el Hato de Chenche extendía sus límites por los municipios de Purificación, Saldaña,

y Coyaima); Manuel Quintín Lame desencadena la

lucha agraria en el Cauca y el sur del Tplima. Las ligas campesinas, como forma organizativa surgen en distintas partes jlel país. Pero tal vez el movimiento más importante en el período de iniciación de la lu­ cha agraria lo constituyó el llamado "movimiento de los bolcheviques del Líbano” (Tolima) pues aquí la organización y la lucha campesina pasaron de plan­

tearse reivindicaciones inmediatas para terminar plan­ teándose el problema del cambio social por la vía revolucionaria, es decir, la toma del poder. Estejno- vimiento constituye la primera insurrección •revolu­ cionaria del campesinado colombiano y el soporte fundamental de ella lo constituyeron los arrendatarios

y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po­ lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época .tuvieron alguna relación con él movimeinto campesino: María Cano, Torres Giraldo, Erasmo Va­ lencia, José Gonzalo Sánchez (surgido del movimien­ to indígena), etc. El movimiento obrero también vi­ vía una época de ascenso: ya se habían creado un sinnúmero de sindicatos al calor de la lucha huel­ guística que en varias ocasiones asumió la forma de huelga política (revolucionaria) como sucedió con la huelga de las bananeras, con la primera huelga petrolera en Barranca, como también en las huelgas de los braceros y marineros del Río Magdalena agru­ pados en la FEDENAL. Si bien muchas luchas obre­ ras revestían un carácter espontáneo, por lo general iban acompañadas de la labor de concientización de los revolucionarios estimulados por el triunfo de los obreros bolcheviques en Rusia, de allí que aunque

en forma imprecisa las luchas obreras hicieran par­

y sentimientos antiimperialistas que habían surgido en nuestro pueblo a.raíz del robo de Panamá. Las ideas

revolucionarias fueron transmitidas a los núcleos más activos del campesinado. Existía por lo tanto una alianza obrero-campesina aunque en estado embrio­ nario, alianza que no se podría desarrollar en los años siguientes, cuando el movimiento obrero y el movi­ miento campesino pierden la iniciativa y la indepen­ dencia de clase. El ascenso del movimiento popular conduce a la creación de organizaciones gremiales progresistas a escala nacional, como la antigua CTC de la cual hacía parte, como sección especial, las ligas y sindicatos agrarios. En el plano político sur­

los

te

del

desarrollo

de

las

ideas

socialistas

de

gen organizaciones como el UNIR

(Unión de Iz­

quierdas Revolucionarias) de Gaitán y el sector mar- xista del Socialismo Revolucionario forma el Par­ tido Comunista, partido que surge en forma vigorosa, dirigido por valientes luchadores, pero que posterior­ mente perdiera el impulso revolucionario hasta lle­ gar a empantanarse totalmente en el reformismo co­ mo sucede en los últimos años.

Sin embargo la clase social que estaba luchando directamente por la toma del poder no era ni la

clase obrera ni los campesinos pobres, era la na­ ciente burguesía industrial a través del partido libe­

ral. En aquel momento la posición política de la bur­

guesía industrial era progresista y el partido liberal

se enfrentaba al régimen conservador que ya cumplía casi medio siglo de existencia y que representaba los más retardatarios intereses de los terratenientes. El partido liberal se presentaba pues como un partido popular, como un partido de “izquierda”, combatido por el clero como un partido “masón”.

B. El

acogió úna serie de banderas reivindicativas que es­ taban planteando los obreros y campesinos y de es­ ta manera logró que el movimiento popular le sirvie­

ascenso

de

la

burguesía.

El

partido

liberal

ra de puntal en su lucha contra el gobierno y el partido conservador. Nuestra burguesía alcanza el poder en momentos en que ya existía un movimiento obrero con matices revolucionarios, pero también po­ día asimilar la experiencia de las burguesías euro­ peas que ya llevaban más de un siglo de enfrenta­ miento con el proletariado, por ésta razón el partido liberal sabía muy bien hasta donde podía hacer con­ cesiones al pueblo. El movimiento revolucionario per­ dió su independencia: Gaitán disolvió el UNIR y se integró al partido liberal, el Partido Comunista dio un salto hacia posiciones derechistas al convertirse en un apéndice del liberalismo, seducido por la per­ sonalidad de López Pumarejo quien denominó su go­ bierno, como el gobierno de “la revolución en mar­ cha”. López hizo importantes concesiones al proleta­ riado que se plasmaron en la legislación laboral que entre otras cosas permitía a los obreros organizarse en sindicatos y sancionaba como legal el derecho a la huelga, en cuanto a los campesinos, en un afán de mantenerlos a su lado, el partido liberal expidió la Ley 200 (ley de tierras) que representaba un pri­ mer intento de reforma agraria, además López dio plenas garantías políticas al Partido Comunista y a los revolucionarios en general puesto que en esos mo­ mentos los revolucionarios le brindaban todo su apo­ yo. Con todas estas medidas el partido liberal logró que los sectores revolucionarios de los obreros y cam­ pesinos depositaran en él-toda su confianza y to- das sus esperanzas. La alianza obrero-campesina fue desplazada por la alianza de ambos sectores con la burguesía liberal en la cual ésta decidía por la sencilla razón de que tenía el poder én sus manos. El movimiento cam­ pesino y la reforma agraria pasaron a ser dirigidos por la burguesía. La lucha por el poder para el pue­ blo fue desplazada como objetivo central y en cam­ bio tomó cuerpo la política reformista, como defen­ sa del proceso reformista frente a los intentos del partido conservador de recuperar el poder. Es cier-

lo que las tomas de tierra y la lucha de los arren­ datarios no se suspendió, como tampoco se suspen­ dieron las huelgas obreras (ambas cosas cobraron gran impulso), pero ya revestían un carácter diferen­ te: mientras que en el período anterior las tomas de tierra (y las huelgas que necesariamente eran ilega­ les) constituían un enfrentamiento con el gobierno, durante el régimen de López aparecían como un gol­ pe a oligarcas aislados, sin proponerse luchar con­ tra el Estado, sino más bien como un apoyo al pro­ ceso reformista liberal. López por supuesto se ma­ nifestaba complaciente frente a las huelgas y tomas de tierras en la medida en que le servían para inti­ midar la beligerante oposición de los terratenientes

y también en la medida en que el pueblo le brinda­

ba apoyo a las reformas que impulsaba y que tenían por objeto fundamentalmente modernizar el Estado

y adecuarlo al sistema capitalista. Pero el proceso reformista dirigido por la burgue- $ía estaba llamado a detenerse rápidamente y con él también estaba llamado a terminar el período de li­ bertades democráticas. Un sector de la misma bur­

guesía, capitaneado por Eduardo Santos advirtió que sobre el sistema capitalista se cernía el peligro de la revolución. Santos argumentaba que el partido libe­ ral no debería permitir “excesos” por parte de las masas y que la transformación del país se debería hacer por las vías legales, manteniendo en alto el principio de respeto a la propiedad privada terrate­ niente y capitalista y sin dejarle ninguna salida a los intentos revolucionarios, condenaba con particular energía las tomas de tierras. Santos decía que se ne­ cesitaba hacer una “pausa” en el proceso reformista,

y efectivamente cuando salió elegido a la presidencia

con el apoyo de la reacción, denominó a su gobierno como “el gobierno de la pausa” lo que se tradujo en la práctica en la represión-contra los sindicatos y con­ tra los campesinos al mismo tiempo que se estimu­ laba la arrogancia de las fuerzas reaccionarias y pro-

imperialistas. Cuando López vuelve a la presiden­

cia en los años cuarenta ya no haría más que refle­ jar la impotencia de la burguesía que ya no estaba

dispuesta a continuar enfrentada a los terratenientes

y que

ley 100 de 1944 constituye en el plano de la políti­ ca agraria una transacción con el latifundio al cual se le daban más garantías que las que establecía la ley 200 de 1936. La destrucción de la propiedad te­ rrateniente y en general la reforma agraria no se lle­ vó a cabo por parte del régimen liberal por la sen­ cilla razón de que no constituía una necesidad im­

La

se sentía

amenazada

por

el proletariado.

prescindible para nuestro desarrollo capitalista. Nues­ tra burguesía, por su carácter dependiente y debido

a las limitaciones propias de este tipo de desarrollo

idustrial, se adaptó al estrecho mercado existente y

una corriente importante de capital se desvió hacia

la

especulación financiera. El impulso renovador de

la

burguesía tocó su fin cuando Alberto Lleras asu­

mió el poder en 1945 y se lanzó contra el movimien­

to obrero y campesino.

C. La violencia. El régimen liberal fue sustituido por el gobierno de Ospina y constituía un gran

triunfo para los terratenientes y el partido conserva­ dor que habían presentado una furibunda oposición

al reformismo liberal, oposición que llegó a la cons­

piración (golpe de estado contra López) y que siem­ pre se mantuvo beligerante. El triunfo de Ospina fue posible gracias a la gran cohesión de los terra­

tenientes quienes agrupados en la APEN (Asociación de Propietarios y Hacendados) no cesaban de pre­ sionar al gobierno y de exigirle que frenara a los campesinos.

Pero el período de las transformaciones democráti­ cas no se pudo prolongar por el simple hecho de que

se perdieran unas elecciones. La razón fundamental

estribaba en que las fuerzas que más requerían de dichas transformaciones: el proletariado y los campe­ sinos, habían perdido la iniciativa, no comprendían

que ya la burguesía había dado todo lo que podía y

que se enfilaba por el camino de la represión. La continuidad y profundización del proceso democráti­ co implicaba vencer a las fuerzas reaccionarias no mediante el apoyo a la burguesa liberal, que ya era incapaz de seguir adelante, sino desplazando a ésta del poder y tomándolo para sí el proletariado y los campesinos. Sin embargo los dirigentes revoluciona­ rios no plantearon el problema en esta forma y se­ guían haciéndole creer al pueblo que el liberalismo podía dar más.

Gaitán pretendió dar cumplimiento a las reivin­ dicaciones inmediatas que necesitaba el pueblo, pa­ sando por encima de la resistencia de los terratenien­ tes, la gran burguesía, el imperialismo y por supues­ to de los dirigentes consagrados de los dos partidos. Aunque Gaitán logró un gran apoyo popular, un im­ portante sector del movimiento obrero agrupado en torno a la CTC y varias organizaciones campesinas sé opusieron, siguiendo las orientaciones de los di­ rigentes del Partido Comunista y del liberalismo. El posterior intento de reunificación del pueblo en tor­ no a Gaitán se frustró cuando las oligarquías y el imperialismo asesinaron a Gaitán.

El

9

de

abril

serviría para que la burguesía libe­

ral demostrara una vez más su pérdida de impulso progresista. A pesar de que surgieron centenares de “juntas revolucionarias” en casi todas las capitales y en muchos pueblos y veredas, el partido liberal, di­ rigido por Echandía renunció a la toma del poder. Después del 9 de abril llegaría la revancha de la reacción y la lucha se traslada al campo. Fuera de los Llanos Orientales, el peso de la represión lo so­ portarían los campesinos de las zonas cafeteras del Tolima, Huila, Valle, Antioquia, Santander, Cundina- marca y viejo Caldas. Ya habíamos dicho antes que los campesinos de la zona cafetera, especialmente en Cundinamarca y Tolima habían creado organizaciones para la lucha por la tierra y para enfrentar a los terratenientes. La

presión campesina y las tomas de tierras habían con­ ducido a que se parcelaran un buen número de lati­ fundios. Sin embargo, una vez que la evolución de los acontecimientis asume la forma de guerra civil, la lucha armada de los campesinos no revestiría el carácter de una revolución agraria sino más bien el carácter de una lucha entre los dos partidos tradi­ cionales.

La gran influencia del partido liberal sobre los campesinos alzados en armas, influencia que habían ayudado a expandir los dirigentes del P. C., impidió que el campesinado en lucha se planteara un pro­ grama político revolucionario que cobijara las rei­ vindicaciones democráticas (como la reforma agra­ ria) y antiimperialistas por las que se había luchado antes. Aunque de hecho se crearon regiones libera­ das al control de las fuerzas armadas del sistema, la ausencia de una dirección proletaria sobre el pro­ ceso impidió que el pueblo viera claramente la ne­ cesidad de la toma del poder. El partido liberal no estaba dispuesto a impulsar una revolución y tam­ poco el grupo de Gilberto Vieira se planteó el desa­ rrollo de la guerra popular. Es cierto que en algu­ nas partes, como en el Davis (Chaparral), se inten­ tó aplicar una reforma agraria y consolidar el poder popular, pero esto no correspondía a una línea ge­ neral del movimiento revolucionario, sino que se de­ jó el campo abierto al espontaneísmo, que plagado de errores sectarios (en cuanto a la distribución de la tierra y las formas de producción) condujo a que la base revolucionaria del Davis fuera destruida no por el gobierno directamente, sino por una división interna en el campesinado y las fuerzas guerrille­ ras (división entre “limpios” y “comunes”).

Sobra decir que el movimiento guerrillero de aquel tiempo, que se mostró invencible en el plano militar estaba condenado a la derrota ante la inexistencia de un verdadero partido revolucionario y de un pro­ grama de lucha bien definido. Necesariamente mu­

chos sectores de luchadores sin formación política tenían que desviarse hacia el bandolerismo que oca­ sionaría no sólo el. rechazo de los campesinos conser­ vadores, sino también de sectores de campesinos me­ dios liberales. Para muchos sectores campesinos la lucha perdió sentido cuando Rojas ofreció la amnis­ tía. Esto sucedió debido a que la lucha campesina no había pasado de revestir la forma de una defensa justificada frente a la represión oficial y cuando el mismo gobierno ofrecía cesar las hostilidades mu­ chos creyeron que ya se había logrado el objetivo principal: la paz. Recordemos que Rojas no necesitó ofrecer un programa de reforma agraria para lograr desarmar a miles de campesinos, eso nos indica has­ ta qué punto el campesinado estaba confundido polí­ ticamente.

9. PERSPECTIVAS DEL NUEVO ASCENSO DEL MOVIMIENTO CAMPESINO

Podemos decir que con la violencia concluye una etapa del movimiento campesino. Vendría un perío­ do de reflujo durante los años sesenta para irrumpir nuevamente a partir de 1970 con la creación de la ANUC. Esquematizando podemos señalar todo el re­ corrido en la siguiente forma: hacia los años veinte se presenta un despertar del campesinado, se desa­ rrollan muchas organizaciones, se dan enfretitSBiien- tos directos contra los terratenientes, penetran las ideas revolucionarias al campo; al llegar el régimen liberal (1930 a 1946) el movimiento eampesino es canalizado por López que ofrece una reforma agra­ ria, el movimiento campesino aunque no se aplaca, pierde su carácter revolucionaria y fi)ti todas sus esperanzas en el apoyo al gobierno, un íercer perío­ do lo constituye la violencia que desarrollan las cla­ ses reaccionarias, especialmente los terratenientes a través del gobierno, como una forma de mantener su dominio político y el monopolio sobre la tierra

que venía siendo amenazado, sin embargo el campe­ sinado no contesta con un programa agrario revolu­ cionario sino con un movimiento guerrillero defensi­ vo, durante la violencia se destruyen gran cantidad de organizaciones, termina la violencia y el movi­ miento campesino entra én un período de casi fcjtal desaparición hasta que recientemente se recupera y estamos frente a un. nuevo ascenso. Este nuevo as­ censo guarda sus similitudes y sus diferencias con el primero y las perspectivas actuales dependen en gran parte de la asimilación de las experiencias pasadas.

La iniciación de las primeras luchas no fueron precedidas de ningún programa de reformismo agra­ rio, éste surgiría posteriormente cuando el liberalis­ mo (representando los intereses de la burguesía in­ dustrial) asumió el poder y canalizó a su favor el movimiento campesino. El presente ascenso en cam­ bio ha sido precedido de un programa agrario de la burguesía y surge en la medida en que dicho pro­ grama defrauda al campesinado. En el primer perío­ do la ley 200 se presenta como un punto culminan­ te, actualmente la ley 135 (más concretamente su in- operancia) aparece como punto de partida. En el pasado el movimiento surge impulsado directamente por revolucionarios, lo mismo las organizaciones (li­ gas), en el actual período la burguesía se dio el lujo y tuvo la audacia de permitir y promover la crea­ ción de asociaciones campesinas en un esfuerzo de­ sesperado de perpetuar su dominación, intento que fracasa.

En los cincuenta años que separan los dos perío­

dos ascendentes, la burguesía, los terratenientes y el

asimilado mucha experiencia, han

aprendido mucho más de sus éxitos y fracasos que

el mismo pueblo.

yanqui, que ha sufrido en carne propia la experien­ cia de revoluciones triunfantes, en Asia y en Cuba, se decidió a impulsar las demagógicas reformas agra­ rias en toda América Latina y llegó a condicionar los

imperialismo, han

imperialismo

Fijémonos' cómo

el

“préstamos0 a la realización de programas reformis­ tas en nuestros países. Hace cincuenta años el impes tialismo no utilizaba esta arma, se necesitó que en China, en Vietnam, en Cuba, etc. países dependien­ tes y fundamentalmente agrícolas, se levantaran los campesinos a la lucha revolucionaria, para que el imperialismo llegara a comprender que en los países dependientes y subdesarrollados se necesitaba tratar con gran cuidado al campesino. Es que antes no existía la experiencia de una revolución agraria triun­ fante que se orientara hacia el socialismo y hoy ya hay varios precedentes.

A favor del movimiento campesino cuenta ahora el hecho de que las clases domiantes están más ais­ ladas y sus partidos políticos en crisis. Lo mismo en cuanto al imperialismo que hoy marcha hacia la rui­ na final. Además la clase de los jornaleros, campesi­ nos sin tierra ha crecido enormemente. Sinembargo en el pasado el movimiento campesino se desarrolló paralelo a un período de ascenso del movimiento obrero y en cambio hoy surge el nuevo período de lucha campesina en momentos en que la clase obre­ ra padece una gran división y no ha logrado recupe­ rarse del retroceso sufrido a partir de la instaura­ ción del Frente Nacional. Para la burguesía el proble­ ma sigue siendo el mismo: dirigir al campesinado, se­ pararlo de los sectores que la combaten, especialmen­ te del proletariado industrial; impedir que el movi­ miento campesino se lance a la lucha frontal contra los terratenientes porque sabe que esí* lucha no se limitaría a golpear la propiedad territorial simple­ mente, sino que pisaría los terrenos de la gran in­ dustria. Para los terratenientes también el problema sigue siendo igual: cómo aplastar al movimiento cam­ pesino y seguir disfrutando del monopolio de la tie­ rra.

La burguesía desde hace mucho tiempo ha venido desempeñando el papel de amortiguador para evitar que la lucha campesina de al traste con los terráte-

mentes pues muy bien saben que luego les puede llegar el turno. Para desempeñar este papel siempre han recurrido a la demagogia agraria. Los burgueses que aparecen hoy como reformistas, es decir, tipos como Lleras, Pastrana, etc. quieren embutirle la idea al campesinado que hoy en día es posible reformar la situación en el campo, hacer la redistribución de la tierra, superar el atraso y la miseria rural, sin afectar el conjunto de las relaciones sociales en el país. Así por ejemplo quieren hacer creer que se puede resolver el problema campesino sin necesidad de golpear al imperialismo y a la gran burguesía. Ha­ blan de distribuir la tierra'de los latifundios ociosos, pero no dicen nada sobre el saqueo imperialista ni sobre la concentración de la riqueza a través del ca­ pital industrial o de los bancos, o de las operaciones comerciales, etc. Hablan de reforma agraria al mis­ mo tiempo que pretenden fortalecer a la gran bur­ guesía y protegerle sus inversiones y al mismo tiem­ po que se muestran partidarios de un mayor endeu­ damiento de nuestro país con el imperialismo. Plan­ tear en esta forma la solución del problenja de los campesinos es la mejor forma de aparentar buenas intenciones para no hacer nada. La experiencia ha demostrado que nuestra burguesía es incapaz de en­ frentarse a los terratenientes y que por el contrario, no hace más que transigir con ellos. Al campesino no sólo lo afecta la existencia del latifundio improductivo, sino también la competen­ cia que la agricultura tecnificada le hace a la parce­ la familiar. Mientras que siga operando el deasrrollo capitalista en renglones agrícolas a los cuales están dedicados campesinos pobres, continuará el proceso de quiebra de minifundistas, proceso que hemos des­ crito en el caso del café, pero que se presenta en otros renglones. De allí que se requiera emprender un nuevo tipo de desarrollo agrícola y que en último término se requiera de desarrollar la economía so­ cialista. Al mismo tiempo el campesino es afectado por la dominación del imperialismo sobre nuestro

país y por el desarrollo dependiente de la industria pues éste no garantiza el desarrollo autónomo.

Cualquier proceso de distribución de tierras sin un previo cambio en el poder político sólo es posible recargando de impuestos al pueblo para pagarle al terrateniente. Un proceso dé esa naturaleza siempre será dirigido por la burguesía (aunque esté “presio­ nada”) y revertirá en un mayor fortalecimiento de ella. Es por eso que la ANUC señala muy correcta­ mente que la lucha del campesino en último término hace parte de la lucha por el cambio radical de las estructuras de nuestra sociedad y por la toma del po­ der político para el pueblo.

En la etapa actual el campesinado lucha en tomo

a consignas eminentemente democráticas, como es la

lucha por la tierra, por la reforma agraria, es decir, que se ha planteado la destrucción de una clase ex­ plotadora: los terratenientes, sin cuestionar por aho­ ra todas las formas de explotación pues el derecho de los campesinos medios acomodados y campesinos

ricos a contratar mano de obra asalariada no se cues­ tiona. El programa pues no es directamente socialis­ ta, aunque desde ya apunta hacia ese objetivo. Sin embargo por el mismo hecho de que es una lucha democrática tiene dos vías de solución o mejor de

desarrollo:

en el pasado