Вы находитесь на странице: 1из 5

“RETRATO EN SEPÍA”

ISABEL ALLENDE

Vine al mundo un martes de otoño de 1880, bajo el techo de mis


abuelos maternos, en San Francisco. Mientras dentro de esa laberíntica
casa de madera jadeaba mi madre montaña arriba con el corazón
valiente y los huesos desesperados para abrirme una salida, en la calle
bullía la vida salvaje del barrio chino con su aroma indeleble a cocina
exótica, su torrente estrepitoso de dialectos vociferados, su
muchedumbre inagota-ble de abejas humanas yendo y viniendo de
prisa. Nací de madrugada, pero en Chinatown los relojes no obedecen
reglas y a esa hora empieza el mercado, el tráfico de carretones y los
ladridos tristes de los perros en sus jaulas esperando el cuchillo del
cocinero. He venido a saber los detalles de mi nacimiento bastante
tarde en la vida, pero peor sería no haberlos descubierto nunca; podrían
haberse extraviado para siempre en los vericuetos del olvido. Hay
tantos secretos en mi familia, que tal vez no me alcance el tiempo para
despejarlos todos: la verdad es fugaz, lavada por torrentes de lluvia. Mis
abuelos maternos me recibieron conmovidos –a pesar de que según
varios testigos fui un bebé horroroso- y me pusieron sobre el pecho de
mi madre, donde permanecí acurrucada por unos minutos, los únicos
que alcancé a estar con ella. Después mi tío Lucky me echó su aliento
en la cara para traspasarme su buena suerte. La intención fue generosa
y el método infalible, pues al menos durante estos primeros treinta
años de mi existencia, me ha ido bien. Pero, cuidado, no debo
adelantarme. Esta historia es larga y comienza mucho antes de mi
nacimiento; se requiere paciencia para contarla y más paciencia aún
para escucharla. Si por el camino se pierde el hilo, no hay que
desesperar, porque con toda seguridad se recupera unas páginas más
adelante. Como en alguna fecha debemos comenzar, hagámoslo en
1862 y digamos, al azar, que la historia empieza con un mueble de
proporciones inverosímiles.
EMPLEABAN LOS AZTECAS UNIDADES FRACCIONARIAS PARA CALCULAR ÁREAS
María del Carmen Jorge y Jorge, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas
(IIMAS), y Barbara J. Williams, emérita de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, utilizaron el
complejo sistema aritmético creado por los aztecas, que incluía fracciones de una unidad para medir
tierras. Se trata de un sofisticado esquema que permitía llevar registros detallados del valor de los terrenos
para cobrar impuestos.
El hallazgo, publicado el viernes pasado por la revista Science , es resultado del análisis de dos códices
aztecas del siglo XVI (1540-1544), que documentan las propiedades agrícolas de los habitantes de la
ciudad-estado de Tepetlaoztoc, cercana a la Ciudad de México.
Las investigadoras, la primera matemática y la segunda geógrafa y antropóloga, examinaron cientos de
dibujos contenidos en los códices Vergara y Santa María Asunción, provenientes de Tepetlaoztoc, a seis
kilómetros de Texcoco –uno de los tres reinos más importantes en el Valle de México– y pertenecientes a
la cultura nahua-acolhua.
Los aztecas son reconocidos por su avanzado nivel en arquitectura, ingeniería, astronomía y otros
campos. La nueva investigación confirma a la aritmética como parte de esta lista.
En conferencia de prensa, la doctorada por la Universidad de Nuevo Mexico, EU, e integrante del Sistema
Nacional de Investigadores, María del Carmen Jorge, precisó que si bien el Códice Vergara había sido
ampliamente analizado, el aspecto matemático no se había estudiado a fondo. Asimismo, apuntó que
Barbara J. Williams intentó trabajar con un matemático en Wisconsin, pero los resultados no fueron los
esperados.
Los descubrimientos de la académica complementan el conocimiento sobre estos aspectos de la cultura
azteca y permiten saber hasta qué grado se desarrolló y hasta qué nivel matemático fueron capaces de
llevar las operaciones, recalcó, acompañada por Fabián García Nocetti, titular del IIMAS.

Mar co Hi stórico de la lect ura d e Int rodu cción a los Estu dios H istóricos .
La obra Introduction aux études historiques (Introducción a los Estudios Históricos) de
Charles-Victor Langlois y Charles Seignobos, fue publicada originalmente en 1898, (la
primera edición en español data de 1913) , y es considerada una obra clásica de la
moderna historiografía.

El libro sintetiza los procedimientos del método crítico y empírico y fue un ejemplo de
una nueva forma del conocimiento histórico a finales del siglo XIX. Todo esto provocó una
importante polémica acerca del carácter objetivo y científico de la historia en relación con
los fundamentos de tales ciencias y, en último término, el método de las ciencias naturales
(retomado del positivismo).

Los franceses habían rectificado mucho, gracias a sus estudios históricos, la abstracción
de sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad del siglo XVIII. Se pensaba sustituir la
competencia por un ordenamiento que logre la finalidad de la armonía y también por una
sabiduría de sabios que regulase científicamente el todo.1

Cuando la revolución de julio dio el triunfo al liberalismo (1848), los seguidores de Saint-
Simon no concedían libertad a la ciencia y al arte, sino que querían que fueran siervas o
empleadas de su gobierno compuesto de nuevos sacerdotes, científicos e industriales.

Por otro lado, el progreso era una idea muy extendida en las mentes del siglo XIX, pues
nunca como entonces la humanidad había percibido tan claramente su triunfo sobre el
mundo que la rodeaba y nunca sus adelantos habían sido tan rápidos. Así, a mediados de
este siglo, la gente se encontró de pronto viviendo en un mundo completamente distinto al
de sus antecesores. Era un mundo de carbón y de hierro, de vapor y de máquinas, de
motores y de ferrocarriles, de barcos de vapor y alambres telegráficos.2

1CROCE, Benedetto. Historia de Europa en el siglo XIX. Ariel Historia. Barcelona. 1996. p.108

2BURCHELL, S.C. La era del progreso. Time-Life. México. 1978. (Las grandes épocas de la humanidad). p. 10
Descubre los beneficios de cereales y palomitas

Investigadores concluyen que estos dos tipos de comida tienen grandes cantidades de antioxidantes que
son muy benéficos para la salud

Un estudio avalado por la Sociedad estadounidense de Química (ACS, por sus siglas en inglés) asegura
que el valor nutritivo de las palomitas de maíz y de los cereales de caja supera su conocida aportación de
fibra e incluye grandes cantidades de antioxidantes.
Los antioxidantes que contienen estas dos comidas, son del grupo fenol, del que se ha dicho es capaz de
reducir el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares y cáncer, indica un estudio aparecido en el
diario estadounidense de nutrición clínica (AJCN).
Los cereales descritos por el documento son los que vienen en caja y que comúnmente se venden para ser
acompañados con leche durante el desayuno o la cena. Entre los alimentos "botana" que fueron
analizados por los investigadores, las palomitas de maíz presentaron el más alto nivel de antioxidantes.
"Los análisis previos suponían que era la fibra el ingrediente activo de todos los beneficios que produce
comer granos, como el reducir el riesgo de cáncer y de problemas en la arteria coronaria.", afirma el
doctor Joe Vinson, líder de la investigación y químico de la Universidad de Scranton, Pensilvania.
"En los estudios más recientes el polifenol ha emergido como la sustancia más importante. Los cereales
con que se desayuna, la pasta, las galletas y los bocadillos salados constituyen más del 66% de la ingesta
total de granos en la dieta promedio estadounidense. El nuestro es el primer estudio que examina la
cantidad total de antioxidantes vinculados al fenol que están presentes en los cereales y en las botanas",
concluyó Vinson.