Вы находитесь на странице: 1из 13

PIXELIAN BOY

Francesc Montserrat

Pixelian Boy by Francesc Montserrat is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras
derivadas 3.0 España License
Capítulo 1
Hice pasar mi cabeza a través del enchufe y entonces empecé a ver cosas que sólo un
perturbado hubiera imaginado en nuestro patético y esquemático mundo. Los tópicos y los
tabúes desaparecían; pude ver por vez primera en mi miserable vida el verdadero significado de
la palabra libertad, un significado realmente alejado del que tenía en mi otra realidad, esto me
hizo ver el gran abismo que separa ambas definiciones.

Un abismo al que deberían lanzarse todos aquellos que se consideran lideres de un mundo
libre, un mundo enmascarado, una lavandería cerebral para quienes no se atreven a
desprecintar el órgano mas importante de su cuerpo, el que permite a cada individuo ser distinto
a los demás.

En el momento en que mi cabeza se bifurcó para pasar a través de la barrera que separaba
ambos mundos, pasaron por mi mente los que yo había creído los mejores momentos de mi
vida, unos recuerdos que mas adelante recalificaría de pésimos y falsos, ya que en este lado
nadie finge por el mero hecho de no querer ser rechazado, cada individuo es él mismo, sin
obstáculos sociales, barreras de pensamiento ni discriminación alguna.

A lo lejos vi a uno de los seres que habita este mundo lanzarse al abismo desde lo más alto de
un edificio. Pesé a que se estaba suicidando no perdía la majestuosidad característica de
aquellos que han alcanzado grandes logros en su vida. Y es que en esta tierra fértil en que las
plantas brotan sanas, fuertes y sabrosas, el suicidio no esta considerado un hecho vergonzoso y
humillante que solo llevan a cabo los perdedores sino que se alaba a quien tiene el coraje
suficiente como para retirarse a tiempo después de haber alcanzado cierto nivel de felicidad
para no tener que morir en condiciones decadentes en una fría cama de hospital, lejos de
aquello que había considerado fruto de su esfuerzo y que tanta satisfacción le producía.

Inexplicablemente me llenó de satisfacción y orgullo, la forma en que miles de animales se


habían reunido alrededor de aquel edificio y que aplaudían a ese hámster al que consideraban
un héroe mientras en sus ojos aparecía un brillo peculiar que reflejaba respeto y tristeza, pues
aunque lo idolatraban, sentían, como nosotros, cierta lástima porque no volverían a verlo.

Entonces, y para mi sorpresa, le brotaron unas alas inmateriales de los costados, a mi parecer
alas fantasmas, unas alas que le permitieron levantar el vuelo cuando estaba apenas a un
palmo del suelo. Aquello me sorprendió enormemente, sentimiento que no compartían los
compañeros que lo contemplaban desde abajo.

Mi curiosidad me impidió cerrar los ojos, aunque así lo deseaba, me quede allí, conmovido por
aquella escena, entonces ese animal con aspecto de semidiós, hizo un seguido de piruetas, al
parecer, corrientes en estos casos y los aplausos aumentaron cuando pasó a través de un
edificio y salió de él con un ramo de flores para entregárselo en mano a aquella que amaba
profundamente en su corazón y le había hecho morir de felicidad.

Las flores me parecieron desconocidas y el momento conmovedor, entonces volvió a subir,


mucho mas alto que antes, y de entre el público brotó un rayo hacia él. No pude evitar echar un
grito, aunque sin razón. Esa extraña luz no impactó en el hámster, sino que abrió una bella
puerta de cristal líquido en el aire permitiéndole un acceso rápido hacia una nueva vida. La
puerta se desvaneció detrás de él y el pueblo se mantuvo en silencio durante varios minutos.

Cuando terminó el silencio y volvieron los murmullos, un anciano simio bien vestido y con un
bastón metálico en su mano izquierda se me acercó lentamente y me habló. Me impresionó que
tan duras palabras pudiesen salir de un mono.

- Forastero, acabas de presenciar, uno de los más antiguos eventos de nuestro pueblo, el partir
de un Pixelian Boy hacia la Guerra Psicológica, una guerra dura para la que hay que ser firmes
y tener buen corazón. Solo en momentos en que nos invade la felicidad se puede afrontar
semejante desafió.
Así habló, y yo, arrogante, le contesté:

- ¿Cómo dice? ¿Es usted un simio?

- Perdona que no me presentara antes, soy Champy, el mono tritesticular, pero antes de seguir
con este intercambio de culturas me gustaría que vinieras a mi casa, fueses mi invitado, y me
acompañaras en la mesa, y así tendrías la posibilidad de conocer a mi familia.

- Agradezco, su invitación, Champy, me parece usted un simio de buen corazón, así que me
dejaré guiar por mi instinto y le seguiré.

- Realmente tenemos muchas cosas que contarnos, así que démonos prisa ¡cuando antes
lleguemos, antes comeremos!

Y así lo hicimos, nos dimos prisa, pero eso no me privó de contemplar las diferencias entre mi
mundo y esta realidad alternativa, esta sociedad tolerante y amable con los forasteros.
Cualquiera con una mente más cerrada se hubiera vuelto loco intentando demostrar
científicamente lo que yo simplemente contemplaba con admiración, después de todo, ¿Por qué
no puede haber una realidad alternativa al otro lado del enchufe donde yo siempre había
conectado mi ordenador?
Capítulo 2
Champy me acogió en su hogar y me trató infinitamente mejor de lo que yo hubiera tratado a un
simio que en mi antigua vida se hubiera presentado en mi casa pidiéndome hospitalidad. Conocí
a su amante, Rovana, una iguana roja que me resultó bastante atractiva y que luego demostró
saber hablar indicadamente. También conocí a sus hijos, El mayor, Champyno tocaba la
guitarra en un grupo de rock y aún estudiaba para llegar a ser un Pixelian Boy de nivel 1. Los
otros dos, un macho y una hembra eran mellizos y habían nacido en cuanto se abrió la puerta
hacia la Guerra Psicológica, y apenas dominaban el Java.

La cena fue muy agradable, probé manjares exquisitos que nada tenían que ver con los restos
de comida basura que aun conservaba en el estomago, restos que tuve el deseo de expulsar en
cuanto tomé el primer bocado para no tener que cometer el sacrilegio de mezclarlos con la
comida que preparaba todo un Maestro Pixelian Ape.

Después de cenar, jugamos un poco a los videojuegos. La consola de Champyno era


impresionante, sus gráficos eran cómicos pero reflejaban la realidad, su sonido te introducía
totalmente en la acción de los juegos que me parecieron muy variados. Champy, me hizo probar
uno exageradamente violento con una música satánica muy provocativa. Con estas palabras
me habló, y había mucha razón en ellas:

- No seria un buen anfitrión si no te invitara a desahogar tus penas, pues hasta el más culto y
sensato de los Pixelian Boy necesita, vaciar su contador de furia para no cometer ninguna
barbaridad que pueda perjudicar a si mismo o a quien le rodea.

- Hay razón en sus sensatas palabras, honorable Champy, y por eso, voy a acceder a esta
invitación que para mi es una orden que me manda mi propio corazón ya que te estoy
eternamente agradecido por darme cena y cama después de mi llegada a esta tierra que me es
desconocida.

Gocé esa partida más que cualquiera que hubiera jugado en el pasado en mi mundo primitivo. Y
debo admitir también que tuve una gran paz interior en terminarla y me sentía preparado para
hablar con mi nuevo maestro de lo que hiciera falta.

- Ahora que has eliminado los malos espíritus que contenía tu cerebro y que deseaban poseerlo
para conspirar contra la sagrada Pixelancia, dime forastero que vienes de tierras tan lejanas que
incluso pareces desconocedor de la existencia de los Pixelian Boy ¿Quien eres, donde están tus
tierras y cual es tu cometido aquí?

Pesé a que me instinto me pedía que confiara en él, mi prudencia deseaba ponerlo a prueba
una última vez para saber si realmente era su invitado o si conspiraba contra mi y el que fue mi
mundo.

- Se lo diré encantado, pero antes dígame, maestro, que es la sagrada Pixelancia a la que usted
tiene tanto respeto y adora por encima de todo.

- Veo que tienes el don de la prudencia así que, ya que tus palabras son indicadas te diré lo
que deseas saber: La sagrada Pixelancia es un documento muy antiguo, que dicta nuestras
normas y nos dice que esta bien, y por el contrario, que es lo que no debemos hacer.

- También en mi tierra existe dicho documento y nosotros, los habitantes escogemos a nuestros
representantes para redactar y modificar tan delicado bien.

- No es ese nuestro método, ya que nuestros hijos nos indican tan sagradas normas, y, aunque
en nuestro corazón no deseamos incumplirlas, algunas nos parecen injustas, aún así no
discutimos y el siguiente bebé trae la nueva ley para satisfacernos por haber respetado la
sagrada Pixelancia.
- Perdonadme si no lo he entendido, sabio maestro, ¿pero, me estáis diciendo que permitís a
vuestros hijos redactar algo tan importante?

- Tus palabras son sensatas pero aún te queda mucho que aprender acerca de la sagrada
Pixelancia y nuestro mundo bien construido, y es que, obviamente, no permitimos a nuestros
hijos redactar algo tan importante. Simplemente, ellos mismos nacen con las mejoras escritas
en su cuerpo en la sagrada lengua binaria, con una caligrafía celestial, la misma con que esta
escrita la sagrada Pixelancia y que solo un gran Sacerdote Píxelian Boy puede estilizar tras
innumerables años de aprendizaje.

- Realmente me ha impresionado y se ha ganado mi amistad y lealtad,


así que voy a contarle mi historia…

Le narre un amplio resumen de mi vida hasta el punto en que le hable del enchufe. En ese
punto, me hizo callar, con un gesto y pude ver que su cara cambiaba para darle un aspecto mas
serio, se puso las manos en la espalda haciendo un ángulo de noventa grados con el codo y me
ordenó con una voz preocupada y inexplicablemente feliz que le siguiera.

Le seguí hasta su amplia biblioteca, que contenía centenas de libros escritos en lenguaje binario
e innumerables lenguajes de programación, se dirigió hacia uno que tenia encima de un
pedestal, aparentemente importante.

- Esta es la Profecía Pixeliana, el único libro mas importante que la sagrada Pixelancia, narra la
aparición de un ser que llegará a través de la Llave de Luz y se instruirá en la escuela y en tan
solo seis lunas logrará convertirse en Maestro Pixelian Boy, para que el portal se abra por última
vez y logre llevarnos a la victoria, acabando así con la Guerra Psicológica de una vez y para
siempre. Amigo mío, tú eres ese ser, tu eres el Katenka. Duerme esta noche y mañana te
llevaremos a la escuela para que alcances el nivel de Maestro Pixelian Boy.

En ese momento sentí que si no hacia caso a tan savia sugerencia mi pesado cuerpo se
desplomaría carente de vida a causa del gran cansancio que cargaban mis miembros y un
profundo crujido lo convertiría en poco mas que un puré de órganos sin nada que envidiar al
menú especial del restaurante de comida rápida mas importante de mi antiguo mundo.

Aunque el cerebro, por otra parte más despierto y equilibrado saldría disparado de mi cráneo al
hacer este colisión con el suelo para salir proyectado como una gran bola mucosa hacia un
pañuelo con mis iniciales bordadas al que se le pegaría la cara repleta de confianza del
Todopoderoso Estorbo para ser mandada en un camión amarillo hacia los estudios de la
televisión pública dónde sería un elemento más de la decoración del despacho de su más alto
cargo, complementando a varios millones de óvalos grisáceos extraídos previamente de sus
recipientes, para evitar la aparición de arrugas y la migraña provocada por pensamientos
innecesarios.

Así que al comprender inmediatamente que dicho final no era excesivamente agradable me
despedí educadamente del anfitrión de mi nuevo hogar provisional y me dirigí a la habitación
asignada a visitas inesperadas en donde tras reflexionar sobre mi situación decidí, apenas unos
segundos antes de caer abatido, que me presentaría al adiestramiento aunque eso no
confirmara que tomaría parte en una guerra desconocida, no sin antes conocerla y creerlo
inevitable.
Capítulo 3
- Hola Katenka, ¿por qué vives con ese maldito chimpancé cuatro-ojos? ¿No te das cuenta de
que te manipula? ¿No ves que tu sitio esta aquí entre los humanos? En el sistema solar, en la
Tierra, en Europa, en…

Hubiera seguido con ese maldito efecto lupa si no le hubiese interrumpido.

- Tienes razón sensei…

- Veo que no te has dejado influenciar por tan repugnante simio zoofílico, biennn… ah! Por
cierto... ¡peinate!

Peinate, pEinate, peInate, peiNate, peinAte, peinaTe, peinatE, esas siete jodidas letras tuvieron
para mi mas importancia que todo un discurso en C++. No pude contenerme, alcé suavemente
la mano derecha y levanté el mechón de pelo que colgaba sobre los ojos, para escalarlo al resto
de mi cabellera.

- ¿Así, bastardo manipulador?

Ahora eran las dos manos las que actuaban sobre mi pelo, con una ira demoníaca me
arrancaba mechón tras mechón hasta el extremo en que llegué incluso a mutilarme un pedazo
de cuero cabelludo. Me detuve en seco, viendo ese trozo de piel sangrante escurriéndose entre
mis dedos, iba a ceder a la cordura pero, en ese momento la vi.

¡Norteamérica! ¡El putrefacto trozo de piel tenia la forma del Norteamérica! No, incluso peor:
¡Tenia la forma de los Estados Unidos! La sangre, ya reseca, volvió a fundirse para formar siete
hilos horizontales, incluso se hubiera teñido de azul, si no me hubiera metido la tierra de las
oportunidades en la boca y me la hubiera tragado, preso del pánico, para continuar segándome
el recipiente.

Cuando me hube arrancado pelo, piel y cráneo, mi cerebro salió a tomar el aire. Abandoné el
cuerpo y me lancé sobre el bastardo manipulador que había adquirido forma de cerebro durante
mi liberación y que lucia un brillante color dorado que deslumbraba los ojos de mi envase.

Mi envase de desplomó… ¡era como en mi visión! Solo que en este caso yo ya estaba fuera. Allí
estábamos dos malolientes sacos de neuronas flotando sobre el Atlántico y desafiándonos
mutuamente. Dicho desafío fue interrumpido por la figura de Champy, mi verdadero sensei. Era
borroso y tenia apariencia divina pero evidentemente era el mono tritesticular.

- Puede que seas el Katenka, pero sin el adiestramiento necesario eres incapaz de vencer un
Golden Brain, ni siquiera al de un funcionario.

- Si no fueses un Maestro Pixelian Ape te metería esas palabras por tu culo rosa y pelado. Has
ganado este asalto, pero la guerra aún no ha terminado, ¡Come-plátanos! - Gritó el cerebro
brillante.

- ¡Te recomiendo que dejes de ver cine de hollywood y que prestes mas atención a tu taquilla!

Antes de que Champy hubiera terminado el reproche, el cerebro se fue con un destello
amarillento que le hizo pasar a la velocidad de la luz. Todo eso despertó gran curiosidad en una
bola anaranjada que flotaba en el espacio, yo.

Guerra, ¿Es esto la Guerra Psicológica? ¿Que es Golden Brain? ¿Tiene mi sensei el culo
pelado? ¿Sabe Champy lo que es un plátano? ¿Mi principal entretenimiento tras el
adiestramiento será destruir cerebros luminosos? ¿Era ese realmente mi mundo?

Todos mis pensamientos se vieron interrumpidos por los gritos de Champyno: ¡FGRTJNT!
¡FGTJNT! ¡JGRIRGO! ¡FKDMFP! ¡UREN MEOROCEO! Como ya he dicho antes, en este
mundo no existen los tópicos así que no me puse a pensar si lo que había ocurrido durante la
noche era un sueño, porqué yo lo sabía, Champy lo sabía y la bombilla de mi cabeza lo
confirmaba.

Mi honorable maestro acudió a darme los buenos días, Tegnana apenas se veía en el horizonte,
pero ¿Se puede considerar temprana la salida de la estrella madre en un mundo en que el
crepúsculo dura 6 rudas (15 horas)? Supongo que no.

- Debí haberte avisado antes de los peligros que acechan el sueño, joven Katenka, pero una de
las leyes más contundentes de la sagrada Pixelancia prohibe terminantemente el sueño a un
Pixelian Boy para evitar sucumbir al poder manipulador de los Golden Brain.

- Gracias maestro por ocultarme la verdad, o de lo contrario no hubiese podido deshacerme del
deseo de descanso que me carcomía. Pero decidme Sensei... ¿Como hacéis para manteneros
despiertos y no dormiros, por ejemplo sentados en el retrete mientras defecáis?

- En primer lugar, alumno ingenioso, no tengo conocimiento de lo que a ese retrete concierne,
en segundo lugar, todo es mas fácil cuando haces tus necesidades de pie con un aspirador
fecal; Y en tercer y mas importante lugar, el miedo nos impide dormir, pero si aún así el sueño
nos pesa en los párpados, recurrimos a las cápsulas.

- ¿Anfetaminas?

- Equivocado de nuevo, joven drogadicto. Las cápsulas estimulan nuestro sistema nervioso a
base de golpes en la zona escrotal o en su defecto en la zona pectoral. - Esas últimas palabras
me hicieron inclinarme en un ángulo de ciento ochenta grados pero aún así decidí seguir
adelante. Este mundo me necesitaba y posiblemente el otro también – No te asustes joven
Katenka, es posible que termine gustándote…

No pude evitar ver a Champy con unos pantalones de cuero tan ajustado que permitían a tu
imaginación entrever sus tres peludos testículos; anillos de plata con estrellas de cinco puntas
en un extremo y pezones erectos de mono en el otro y una gorra de policía con el logotipo
(escudo, insignia o lo que fuese) de la APE (Academia Pixeliana Elemental) en su parte trasera:
es decir la parte colocada justo por encima de la frente del mono sadomasoquista; recibiendo
seguidos golpes en la base de sus trillizos, jadeando de placer y gritando a todo pulmón: Que
placentera y agradable resulta la colisión frontal contra la zona genital.

Esta visión se desvaneció de inmediato cuando una sonrisa misteriosa apareció de repente en
el arrugado rostro del erudito, obligándome a creer que había sensatez en unas palabras que a
mi parecer mostraban un sentido del humor oculto en algún lugar profundo de aquel enigmático
simio.

- Debo pedirle honorable maestro que nos dejemos de preámbulos y que su sabiduría me
indique el camino hacia la educación, el trabajo y la esperanza.

- Si el joven Katenka, haciendo uso del coraje y la razón ha decidido ser instruido por los más
sabios maestros de la APE, así será. Ahora hazme el favor de acompañarme hacia tu nuevo
destino.
Capítulo 4
Mi mirada ansiosa aceptó la invitación, llena de curiosidad. Durante el camino hacia la academia
detecté una anomalía en el testículo central de mí maestro, este no se contoneaba con el
movimiento lateral de sus hermanos sino que se mantenía en posición firme y levitaba unos
centímetros por encima de ellos. Había algo extraño en ese testículo esférico, ¿Era esa la
fuente del poder de Champy o quizás su talón de Aquiles?

Aquella estructura era fascinante, nunca vi tan bella arquitectura en mi mundo ni la iba a ver en
este. Era una pirámide absolutamente perfecta, estaba recubierta de una capa de mármol
blanco deslumbrante. Aquel brillo me hizo pensar por un momento en el cerebro del funcionario,
pero mi mente apartó esa imagen para fijarse de nuevo en aquella obra maestra que competía
directamente con Tegnana en belleza y brillo. Champy me contó que la escuela contenía una
energía sana y natural que permitía iluminar la ciudad durante la noche y que dicha energía
aclaraba la mente a sus ocupantes durante las horas de estudio.

No experimenté ese fenómeno hasta que no hube llegado a la recepción a través de un largo
pasillo que ascendía desde la entrada principal, oculta por el brillo espectacular que proyectaba
la pirámide.

Esperaba encontrarme con una gran fiesta de bienvenida pero no fue así y la verdad es que lo
agradecí. Debía saber mas acerca de aquel mundo fascinante y no podía permitirme una fiesta,
no antes de empezar el curso.

- Bienvenido Maestro Champy, el profesor para el Katenka ya esta preparado. Por favor
diríjanse al aula 47-B.

- Gracias Doris. ¡Ah! Avisa al señor Lambduin que estaré con el en cuanto haya dejado al
salvador en buenas manos.

- De acuerdo, que tengan un buen día.

Nos dirigimos al ascensor, que nos llevo a cuarto nivel, en cuanto estuvimos junto a la puerta
del aula 47-B, Champy se despidió. Era la primera vez que mi sensei me abandonaba a la
merced de aquel mundo prácticamente desconocido. Abrí la puerta suavemente, pasé la cabeza
poco a poco, estaba asustado. Pero mi miedo desapareció al ver que la sala estaba totalmente
vacía. No había nadie, solo una gran caja de cristal llena de peces mutantes y un gusano sobre
la mesa.

Me acerqué a ellos, sigiloso, observé los peces con detención, eran de un verde brillante y sus
aletas parecían lo suficientemente punzantes para romper el cristal y acto seguido rebanarme la
cabeza, que saldría rodando como una sandía madura para estallar en pedazos al colisionar
contra las patas de una de las mesas.

- Te recomiendo no acercarte demasiado a esos peces.

Reuní valor suficiente para girarme, pero allí no había nadie. Di un par de pasos hacia atrás
siguiendo el consejo del fantasma y esperé que mi mente le imaginara de nuevo.

- Al creador de esos peces, el profesor Muti, le arrancaron las extremidades aún llevando un
traje protector.

Volví a girarme, esta vez con mayor agilidad y esta vez le vi. El gusano me estaba hablando con
aquella voz grave característica de un profesor.

- Ho… ho…hola.- Apenas logré articular palabra.


- Buenos días, supongo que tu debes se el Katenka. ¿No es así? – Afirmé con la cabeza
temblorosa- Yo soy Maggle y voy a ser quien te instruya, juntos hallaremos el potencial del que
habla la sagrada Profecía Pixeliana.
Capítulo 5
Maggle era un tutor severo y exigente, pero sus clases eran fluidas e interesantes. Me habló
acerca del origen de su mundo, creado por unos seres provenientes de una planeta oculto tras
Tegnana. Me contó que la estrella madre destruía las lanzaderas espaciales destinadas a la
investigación de dicho mundo pero que todo indicaba que estaba desierto.

Cuenta la Profecía Pixeliana que aquellos seres que eran de inferior medida y mayor inteligencia
que los actuales habitantes de La Tierra Pixeliana se les define como pitufos de un color verde-
anaranjado, de cinco palmos de altura (tres de ellos cabeza) con indefinidas extremidades y
pies adherentes.

No se conoce mucho más acerca de los pobladores del pasado, ya que al parecer,
desaparecieron misteriosamente por causas desconocidas. Ellos predijeron mi llegada, pero no
sobrevivieron para conocerme. Unos cuantos miles de años después, aparecieron lo que en mi
mundo llamábamos animales, estos evolucionaron hasta alcanzar el nivel de inteligencia
suficiente para crear la APE.

Aprendí mucho acerca de la historia de la Tierra Pixeliana. Los Pixelian Boy parecían
remontarse a una época en la que mi mundo desconocía aún el concepto de vida pluricelular.
Deseaba aprender más, pero sabía que no tenía mucho tiempo, que mi destino iba a separarme
del suyo y que probablemente no tendría oportunidad de volver. Así que me decidí a aprovechar
al máximo mi estancia en aquel mundo fascinante.

Estuve más tiempo del esperado y ya empezábamos a dar por inútil mi regreso. La Puerta a la
Guerra Psicológica permanecía cerrada; al parecer, mi mente todavía no estaba preparada para
partir.

Pasé interminables noches junto a Champy ejercitando el cerebro y estimulándolo con todo tipo
de sustancias. La mezcla me produjo una sensación de acidez de estomago combinada con
mareos insoportables, alucinaciones terroríficas y disfunción eréctil. Estaba claro que no habría
un Katenka Jr… pero… ¿De que serviría una Katenka Júnior si yo no era capaz de cumplir mi
misión?

Poco a poco fui perdiendo esperanzas e incluso volví a dormir ¡volví a dormir! No me
importaban las consecuencias, quería lobotomizar a esos malditos Golden Brain y terminar con
esta guerra de una vez por todas. Me acosté en el pasillo más oscuro y apartado de toda la
escuela, alejado de cualquier Pixelian Boy deseando no ser despertado. La Pirámide parecía
emitir unas ondas que parecían elevar mi autoestima más allá de las nubes.

- Veo que has vuelto, sabia que lo harías. Jamás podrás vencernos, me oyes, ¡jamás! – Rió el
cerebro como un psicópata – Ese simio incompetente no ha logrado mantenerte despierto y
ahora eres mío.

Estuve aturdido durante unos minutos y cuando por fin hube moldeado una respuesta en mi
cabeza: me desperté.

Soñoliento, miré a mí alrededor…nadie. Un impulso me incitó a mirar hacia arriba. Una maquina
flotaba sobre mi, expulsaba aire caliente y un olor denso y desagradable. Me levanté. Había
alguien dentro de esa maquina, me incliné para observarlo más de cerca. Era un oso panda: su
cuerpo rollizo era contenido dentro del aparato volador como una bola de arroz dentro de un
cuenco; le habían sido implantados brazos robóticas articulados y uno de sus ojos proyectaba
una luz roja intermitente. Su parpadeo incesante te batía los sesos y te hacia desear tener una
cuchara a mano para introducírsela en el cuenco y vaciarlo como si se tratase de un boniato,
tierno y caliente. El miedo me contuvo.

- No deberías dormir, es peligroso; sígueme.


Miró hacia uno de los monitores del vehículo, supuse que se trataba de un radar. Luego pulsó
un botón verde y mi cuerpo fue atraído hacia la maquina. Traté de huir, pero no pude. No podía
alejarme más de dos metros de aquel oso motorizado así que decidí relajarme y observar.

El dedo metálico pulsó otro botón, a la derecha del anterior. La pared crujió detrás de mí, se
abrió lentamente y cuando tuvo anchura suficiente, entramos. Bajo mis pies, el suelo vibró y al
girarme solo pude ver un muro rojizo tras de mi.

Observé la sala: Un fichero metálico con tres cajones que se repartían el alfabeto, papeles
esparcidos sobre una mesa de madera contrachapada y una amplia librería llena de libros
desconocidos; y por último observé a mi secuestrador.

- Siento haberte asustado. Soy el profesor Muti, descubrí este laboratorio por accidente.

- Maggle me habló de usted… ¿Cómo pudo crear a esos peces?

- Todo a su debido tiempo, tendrás esa respuesta y todas las que desees cuando llegue el
momento. Estas aquí por otra cuestión, ¡toma! – me lanzó un aparato parecido a un mando a
distancia pero de dimensiones mas reducidas. – Esto te permitirá abrir el portal.

- El maestro Champy no me habló de nada parecido.

- El maestro Champy no conoce la existencia de este artilugio ni debe conocerla, por eso te pido
que no se lo muestres. Úsalo y hazle creer que el poder proviene de tu mente, entonces
márchate.

- ¿Pero…? – Un gesto suave me hizo callar y otro, me acercó a la mesa.

- Tus respuestas. - dijo con una frialdad aterradora.

Un paquete con mi nombre destacaba entre las montañas de papel codificado. El profesor Muti
me lo dio y me hizo prometer que no revelaría su existencia y que no lo abriría hasta haber
atravesado el portal. Y así lo hice.
Capítulo 6
Tras despedirme de Champy, Rovana y sus hijos, volví a abrir el portal. Esta vez cien metros
bajo mis pies. Yo no tenía alas, así que debía calcular bien el salto; el error mas insignificante
me convertiría en una pita aplastada y derramante de carne picada.

El salto fue digno de un nadador y el acierto fue pleno. La impresión de la caída no era más que
un pequeño avance de la velocidad que experimentaría al atravesar la frontera entre mis dos
mundos.

Volví a mi casa y tras vomitar salvajemente, dudé acerca de mi situación. Decenas de


preguntas sin respuesta rebotaban dentro de mi cráneo, tratando de perforarlo. Entonces me
acordé del paquete que llevaba oculto bajo la camiseta. Lo abrí ansioso. Se trataba de un libro,
pude leer Diario del Profesor Aurelio Montesines.

Desde la última cita habían pasado más de veinticinco años pero eso era tan solo la punta del
iceberg, la primera línea de una confesión que pondría fin a mis dudas: Una explicación
razonable para hechos inexplicables, una llave cuadrada que encaja en una cerradura circular.

21 de noviembre de 20XX

Voy a volver, todo está saliendo a pedir de


boca pero debo regresar. Temo que la
policía me de por desaparecido así que
mañana volveré a la Tierra.

Ya he preparado mi regreso dentro de diez


años: Las siguientes generaciones de
mutantes ignorarán mi existencia. Pero
gracias a mi última obra, la “Profecía
Pixeliana”, me adorarán como a un dios.

Preveo que para mi llegada, la pirámide ya


estará terminada y entonces apareceré:
“El Katenka ha llegado” dirán, y por fin se
cumplirá mi sueño.

También he añadido nuevas


modificaciones a sus genes para intentar
civilizarlos y que cada nuevo individuo que
nazca, traiga consigo varias leyes. Es
mucho más práctico que redactar una
constitución y evita el riesgo a que sea
sustituida o modificada por los mutantes.

Tengo miedo que intenten atravesar el


portal. Espero que mi emisor de ondas
siga funcionando y que las nuevas
generaciones sigan teniendo demasiado
pánico a los cerebros como para intentar
abrir el portal.

¡Mi pirámide!, no quiero abandonarla, pero


tampoco deseo cometer un fallo del que
pueda arrepentirme. Ahora debo
acostarme… ¡Que lastima que mis
animalitos tengan miedo a dormir! Espero
que los ruidos de las obras de
construcción de la pirámide no me turben
el sueño. ¡Mi palacio, como te ansío!

¡Los Golden Brain no existen! No son más que una enfermedad, esa era la buena noticia. Pero
si le damos la vuelta a la moneda inevitablemente siempre hay una cruz: La historia de la Tierra
Pixeliana se remonta a tan solo dos generaciones y todo es una asquerosa farsa de un profesor
neurótico. Un incompetente que con las prisas había olvidado un diario que contenía
información acerca del portal, la creación y manipulación de algunos aparatos y lo que es peor:
mutación genética.

Algunas preguntas aún rebotaban dentro de mi cabeza como moscas sin rumbo. Moscas que
emitían un zumbido que podía llevar al humano más racional a la decapitación voluntaria. ¿Por
qué Muti no había informado al resto de los Pixelian Boy acerca del diario? ¿Como es que yo
no había sido nombrado Dios? ¿Es posible que la evolución hubiese superado las expectativas
del Profesor Montesines y se hubiese demostrado científicamente la inexistencia de Dios?

No puedo contestar con certeza a esas preguntas pero si puedo especular, y creo que mis
teorías no van desencaminadas. El profesor Muti ocultó el libro en el laboratorio de Aurelio para
no matar la autoestima del pueblo. Y en cuanto a la segunda pregunta, creo que la humildad
con que se me trató fue más bien consecuencia de la inteligencia sobrenatural de mi sensei. Y
me jugaría en cuello y la bandeja que este sujeta a que todo su potencial provenía de ese
testículo central que me tenia tan intrigado.

Decidí mantener las cosas como estaban y salí a dar un paseo. Antes de llegar al portal, la
vecina del primero me pidió que le arreglara un grifo que goteaba. Accedí encantado, la
fontanería siempre se me había dado bien.

La mujer me llevó a la cocina, me indicó el grifo y me pidió que le disculpara, que enseguida
volvería. A los pocos minutos la oí gritarle a su hijo pero no pude entender sobre que discutían.
Cuando volvió, ella misma me comentó:

- Estos niños, siempre igual, cuando aparece una moda nueva, venga pedir…

- Eso es la televisión que...

- Ni que lo diga, todo el día anunciando los Golden Brain, esos dichosos cerebritos controlan el
mundo.

Francesc Montserrat
Verano de 2003

Похожие интересы