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Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin
Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin
Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin
Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin
Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin
Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica
Comisión Diocesana para
la Pastoral Litúrgica

Arquidiócesis de Chihuahua

Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin de año
Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua Acción de gracias por el fin de año

Acción de gracias por el fin de año

Navidad 2012

Nihil Obstat: Mons. Luis L. Padilla Lomelí

José de Páez, La Natividad, S. XVIII, Óleo sobre tela, 148 x 210 cm Museo de Arte Sacro, Chihuahua.

Director:

Pbro. Juan Martín Morales Juárez

Recopilado por:

Jesús Eduardo Argumedo López Eric Olson Gallo Jesús Daniel Vázquez Guardado Juan Manuel Vázquez de la Torre

Diseño interior y portada:

Jesús Wilfredo Sifuentes Juárez

¡Feliz y Próspero Año Nuevo!

Bendiciones para usted y su familia.

Les desea:

Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua

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ponemos en tus manos, desde hoy, los proyectos del año que ini- cia. Acudimos a ti, llenos de confianza filial, sabedores de que nos escuchas como un Padre amoroso. Nuestros deseos y proyectos te los presentamos Por Jesucristo, Nuestro Señor.

TODOS: Amén.

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ACCION DE GRACIAS FIN DE AÑO

FORMULARIO 1:

FORMA COMUNITARIA

Después de exponer el Santísimo, como de costumbre, el Sacerdote o el Diácono, quien guía a la asamblea, revestido de alba y estola de color blanco, propia del tiempo de Navidad, se dirige a la sede e invita a los fieles a participar de esta hora santa de fin de año, con esta monición o palabras semejantes:

GUÍA: Queridos hermanos, llenos de agradecimiento por todo lo que Dios ha dispuesto concedernos a lo largo de este año que ter- mina, oremos juntos delante de su Hijo y encomendemos al Señor toda nuestra vida. Reconozcamos en la humildad de la Familia de Belén aquella humildad que debe brotar de nuestro corazón y pi- damos al Señor que estemos dispuestos a hacer siempre su volun- tad, de una forma confiada y sincera, con la Esperanza siempre puesta en su amor. Meditemos en silencio.

Todos meditan en silencio unos breves momentos.

ACTO PENITENCIAL

GUÍA: En la presencia de Nuestro Señor, reconozcamos ahora nuestras fallas y, de manera muy especial, pidamos perdón a Dios por las faltas cometidas durante todo este año.

Todos meditan en silencio unos breves momentos.

GUÍA: Con un espíritu arrepentido de todos nuestros pecados y una esperanza puesta en la misericordia de Dios, digamos a cada invocación: Señor, ten piedad.

GUÍA: Hijo de Dios que, nacido de María, te hiciste nuestro her- mano: Señor, ten piedad.

TODOS: Señor, ten piedad.

GUÍA: Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debi- lidad: Cristo, ten piedad.

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TODOS: Cristo, ten piedad.

GUÍA: Hijo Primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia: Señor ten piedad.

TODOS: Señor, ten piedad.

GUÍA: Escucha, Señor, nuestra oración y perdona nuestros peca- dos, para que recibamos, juntamente, tu perdón y tu paz. Por Je- sucristo Nuestro Señor.

TODOS: Amén.

Todos se disponen para escuchar atentamente la palabra de Dios. Quien guía se dirige al ambón para leer el siguiente fragmento evangélico.

LECTOR:

Del santo Evangelio según San Juan (Jn.1, 1-18)

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es

la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba

con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz

de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigéni-

to del Padre, lleno de gracia y de verdad.

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque

la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la

verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha reve- lado.

Palabra del Señor.

TODOS: Gloria a ti, Señor Jesús.

Todos, sentados después de un momento de silencio dicen:

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ORACIÓN PARA FIN DE AÑO

La siguiente oración se puede hacer antes de la cena de Fin de año o justo a la media- noche estando toda la familia reunida en un lugar adecuado, donde todos puedan unir- se en oración (la sala de la casa o el mismo comedor familiar). Puede pronunciarla el jefe de familia, el más pequeño de la casa, o quien la familia designe. Debe ser pronunciada con un tono de voz marcado por la gratitud por el año que se termina y por el año que inicia.

GUÍA: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

GUÍA: Elevemos a Dios, Señor y autor de la vida, nuestra acción de gracias por el don que nos concede de terminar y comenzar un año más.

TODOS. Bendito seas por siempre Señor.

GUÍA: Oremos:

Señor Dios, autor de la vida, como familia queremos darte gracias por todos los bienes que nos concediste a lo largo de este año que está por terminar; en ellos reconocemos un signo de tu amor y providencia amorosa. Gracias también por todas las pruebas que afrontamos; ellas nos han enseñado a confiar y a abandonarnos más a ti. Concédenos durante el año que estamos por comenzar no carecer de lo necesario para la vida. Que quienes celebramos con alegría el principio de este año, podamos vivir en esa alegría día con día, confortados y rodeados con el don de tu amistad. Ayúdanos, Señor, en este año que comienza a vivir libres de todo peligro, especialmente de aquellos que nos aparten de ti. Bendice nuestras personas, nuestras familias, nuestros amigos, nuestros trabajos. Que nunca experimentemos la soledad de vernos alejados de tu mano. Te ofrecemos todo lo bueno que hicimos en el año que termina;

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los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experi- mentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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TODOS: Señor Jesús, te doy gracias por tu palabra, que me da la vida; te doy gracias por tu palabra, que es eterna; te doy gracias por tu palabra, en ella espero, Señor.

Todos meditan en silencio unos breves momentos; después, si se cree oportuno, el que guía puede dar una breve reflexión.

Después de la reflexión, o si ésta no se realizó, se guarda un momento de silencio y contemplación ante el Santísimo Sacramento. Luego se entona un canto de meditación de la Palabra de Dios.

ACCIÓN DE GRACIAS Y ADORACIÓN

Se propone la estructura de leer 4 Salmos, entre ellos hacer un momento de silencio y terminar con un canto de meditación (incisos A, B y C); se sugieren salmos propios del Tiempo de Navidad. Los Salmos deberán ser leídos, no cantados, por un solo lector para cada uno o por todos los presentes en voz alta. Todos permanecerán sentados. Cada Salmo se leerá sin estribillo sin hacer alto entre estrofas.

GUÍA: Ahora meditemos una a una las bondades del Señor; agra- dezcamos su favor; entreguémosle aquellos momentos que nos hicieron daño o aquellos en los que fuimos muy felices y sucedie- ron en este año que termina; encomendemos a aquellos hermanos nuestros a quienes tanto amamos; miremos nuestras obras de bon- dad, trabajo y misericordia y regalémoslas como ofrendas agrada- bles a nuestro Dios; pidámosle nos conceda un mejor año nuevo, una vida más justa y más santa a sus ojos y nos permita amarlo en cada una de las personas y de los sucesos que marcarán el año que inicia, y experimentar su amor y su presencia en todos los sucesos venideros.

Les invito a ponerse cómodos, a agudizar cada uno de sus senti- dos y a disfrutar de la compañía de Jesús Sacramentado, mirándo- lo frente a nosotros, de la forma que él escogió para quedarse; démosle gracias por el don de la vida que nos ha concedido.

A) Lectura del 1er Salmo.

Del salmo 88

“Un juramento hice a David mi servidor,

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una alianza pacté con mi elegido:

“Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente”.

Él me podrá decir: “Tu eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva”, yo jamás le retiraré mi amor ni violaré el juramento que le hice”.

Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, que en tu nombre se alegra a todas horas y que a él llena de orgullo tu justicia.

Después de que se lea el Salmo, puede terminarse con la Monición siguiente hecha por el guía, o se puede pasar al momento de silencio y contemplación.

GUÍA: Señor Dios, Gracias por tu bondad y misericordia: por el amor en las familias, el de las madres a los hijos, el amor de los hermanos, la solidaridad y la alegría entre aquéllos que se recono- cen iguales ante ti.

Todos oran en silencio por unos momentos y entonan un canto de meditación y acción de gracias. El canto debe buscar crear un ambiente de meditación y recogimiento, debe caracterizarse por ser un canto de acción de gracias y debe propiciar la participación de todos, se recomienda no sea muy largo y que sea dirigido por un coro

B) Lectura del 2° Salmo

Del salmo 95

Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo.

Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación sus maravillas.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.

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giosas y todos los que se han consagrado a ti en su servicio……

COMUNIÓN ESPIRITUAL

Creo, Jesús mío, que estás presente en el santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi al- ma; pero ya no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven, a lo menos espiritualmente, a mi corazón.

Y como si ya hubiese venido te abrazo y me uno todo a ti. No

permitas que jamás me aparte de ti. Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos a Dios nuestro Señor para que nos conceda iniciar el año

entrante con un fe renovada y un espíritu fortalecido para predicar

su Palabra a todas las naciones. R. Escucha Señor a tu pueblo.

Oh Dios, que te haces presente en este trozo de pan, danos la for- taleza para iniciar el año venidero a tu servicio. R.

Te pedimos, Señor, que el año que está por iniciar estés a nuestro lado en nuestra familia, para que tú seas la luz que ilumina nues- tro caminar. R.

Te pedimos, Señor, por la paz del mundo para que guíes las men- tes de los gobernantes y nos conduzcan por sendas de paz y de justicia. R.

Te pedimos por los sacerdotes, religiosos y laicos consagrados para que sean discípulos fieles de tu Palabra. R.

ORACIÓN FINAL

Oremos.

Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memo- rial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tui Cuerpo y de tu Sangre, que experi-

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aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, him- nos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él. Pala- bra de Dios.

Se tiene un momento de silencio, y al finalizar se hace la siguiente reflexión.

La palabra que acabamos de escuchar nos invita a ser agradecidos como nuestros antepasados que daban gloria y honor al que les da todo y por quien reciben todo, a Cristo nuestro Señor, que se ha quedado en este trozo de pan para alimentarnos, y que una vez alimentados, seamos sus discípulos y lo prediquemos a todos los confines de la tierra; hay que dar gracias a Dios por todo lo que en nuestras vidas acontece: por las alegrías y las tristezas, por los aciertos y los errores, por los que llegaron a nuestra vida y por lo que se fueron, por los momentos de familia y por los momentos de soledad, por este año que termina y por la esperanza del año que inicia. Debemos ser agradecidos, porque Dios ha querido morar en nues- tros corazones y desde ahí iluminar toda nuestra vida.

Al finalizar la reflexión se tiene un momento de silencio. También se puede intercalar un canto apropiado durante los momentos de silencio.

ACCIÓN DE GRACIAS

Gracias te damos, Dios todopoderoso, que te haces presente en esta admirable hostia, por las bendiciones que a lo largo de este año que concluye nos has dado, por la salud en la que fuimos tus mensajeros y te proclamamos con fe, por la enfermedad en la que nos hicimos partícipes de tus sufrimientos, por la familia en la cual te haces presente día a día, por el hermano que se encuentra a nuestro lado porque en él nos das la oportunidad de servirte, por las lluvias tan necesarias en nuestras tierras para que una vez ob- tenido el alimento terreno busquemos el alimento espiritual, por nuestro trabajo en el que día a día tú nos acompañas, por nuestro país en el cual después de un momento de tribulación nos das la paz que sólo en ti se encuentra, por los sacerdotes, religiosos, reli-

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Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.

Después de que se lea el Salmo, puede terminarse con la Monición siguiente hecha por el guía, o se puede pasar al momento de silencio y contemplación.

GUÍA: Señor Dios, gracias por todo aquello que nos provees, por nuestros trabajos, por nuestros amigos, por nuestros vecinos; gra- cias por nuestros bienes materiales que nos permiten subsistir en esta tierra, por la belleza de tus flores y la frescura de tus campos. No permitas que nos falte nada.

Todos oran en silencio por unos momentos y entonan un canto de meditación y acción de gracias.

C) Lectura del 3er Salmo

Del salmo 96

Reina el Señor. Alégrese la tierra; Cante de regocijo el mundo entero.

Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos.

Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, con el Señor y bendigan su santo nombre.

Después de que se lea el Salmo, puede terminarse con la Monición siguiente hecha por el guía, o se puede pasar al momento de silencio y contemplación.

GUÍA: Señor Dios, gracias te damos por que nos formaste a tu imagen y semejanza, porque pusiste dentro de nosotros senti- mientos de paz, justicia y bien común. Te pedimos Señor nos concedas amar siempre las maravillas de tu creación, especial- mente a nosotros mismos y a nuestros hermanos.

Todos oran en silencio por unos momentos y entonan un canto de meditación y acción de gracias.

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D) Lectura del 4° Salmo

Del salmo 97

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.

Cantemos al Señor al son del arpa, suenen los instrumentos. Aclamemos al son de los clarines al Señor, nuestro rey.

Después de que se lea el Salmo, puede terminarse con la Monición siguiente hecha por el guía, o se puede pasar al momento de silencio y contemplación.

GUÍA: Señor Dios, gracias por este momento en el que te hemos acompañado, gracias porque tú nos acompañas todos los días de nuestra vida; te damos gracias Señor por aquellos que no agrade- cen y gracias, Señor, por permitirnos comenzar un nuevo año más, en el que te pedimos te hagas presente en todo momento.

Todos oran en silencio por unos momentos y entonan un canto de meditación y acción de gracias.

Al finalizar el canto todos se ponen de pie, el guía si es Sacerdote o Diácono, vuelto hacia el Santísimo, dice la siguiente oración:

Oremos: Dios y Padre generoso, de quien procede todo cuanto somos y tenemos, enséñanos a reconocer los beneficios de tu pa- terno amor, para que te amemos con todo el corazón y todas nues- tras fuerzas. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y re- ina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los si- glos de los siglos. Amén.

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ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que en este admirable Sacramento nos dejaste el memo- rial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los Sagrados Misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experi- mentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Todos se santiguan diciendo:

El señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vi- da eterna. Amén.

FORMULARIO 3. FORMA INDIVIDUAL

ACTO DE ADORACIÓN

Creo, oh Jesús, con mi más viva fe, que estás realmente presente, aquí, delante mío, bajo las especies Eucarísticas; Tú, el Verbo eterno del Padre, engendrado desde todos los siglos y encarnado luego en las entrañas de la Virgen Madre, Jesucristo Redentor y Rey. Creo, realmente, que estás presente en la verdad inefable de Tu Divinidad y de Tu Humanidad.

Se tiene un momento de silencio sagrado para prepararse a la meditación del texto bíblico.

De la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses. (Col 3, 12-17).

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y pacien- cia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto. Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos. Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y

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Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gra- cia, y por todos los que sufren: ¡Piedad, Señor, piedad!

¡Perdón, Señor, y piedad por el más necesitado de tu gracia; que la luz de tus divinos ojos no se aparte jamás de nosotros; encade- na a la puerta del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; danos a sentir algo del calor divino de tu pecho, y que nuestras almas se derritan de amor y arrepentimiento. Amén

CONCLUSIÓN

Por todo cuanto me diste en el año que termina. Gracias por los días de sol y los nublados tristes, por las tardes tranquilas y las noches oscuras. Gracias por la salud y por la enfermedad, por las penas y las alegrías. Gracias por todo lo que me prestaste y luego me pediste. Gracias Señor, por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y por todo lo hermoso y por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las almas buenas. Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, por las dificultades y las lágrimas. Por todo lo que me acercó a Ti. Gracias por haberme conservado la vida, y por haberme dado te- cho, abrigo y sustento. Gracias Señor. Gracias Señor. Señor. ¿Qué me traerá el año que empieza? Lo que Tú quieras Señor, pero te pido fe para mirarte en todo, es- peranza para no desfallecer, y caridad para amarte cada día más, y para hacerte amar entre los que me rodean. Dame paciencia y humildad, desprendimiento y generosidad, da- me Señor, lo que tu sabes que me conviene y yo no sé pedir. Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, y que me halle siempre dispuesto a hacer tu Santa Volun- tad. Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que amo y concede tu paz al mundo entero. Así sea. Gracias, Señor. Gracias, Señor. Amén.

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ORACIÓN Y CONSAGRACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO SA-

CRAMENTO

El guía, vuelto hacia el Santísimo Sacramento se arrodilla frente a él, si se cree conve- niente lo inciensa e invita a la comunidad a recitar juntos el siguiente himno de alaban- za, con estas u otras palabras semejantes.

GUÍA: Entonemos juntos este Himno de alabanza a Dios, Nuestro Señor; expresemos con él nuestra acción de gracias al eterno Pa- dre por todos los bienes recibidos y manifestemos con él un gesto de consagración a Dios Nuestro Señor para que nos transforme, guíe y proteja durante todo este nuevo año.

TE DEUM.

El Te Deum, es un himno muy antiguo utilizado comúnmente en la celebración del Ro- mano Pontífice de fin de año. Puede y debe cantarse si previamente se tuvo cuidadoso ensayo de parte del coro que acompaña la hora santa, pero es muy importante que tome en cuenta la participación de todos los fieles presentes.

A

Ti, oh Dios, te alabamos,

a

Ti, Señor, te reconocemos.

A

Ti, eterno Padre,

te

venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos

y todas las potestades te honran. Los querubines y serafines

te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.

Los cielos y la tierra

están llenos de la majestad de tu gloria.

A

Ti te ensalza

el

glorioso coro de los apóstoles,

la

multitud admirable de los profetas,

el

blanco ejército de los mártires.

A

Ti la Iglesia santa,

extendida por toda la tierra,

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te aclama:

Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el Reino de los Cielos. Tú sentado a la derecha de Dios en la gloria del Padre. Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,

a quienes redimiste con tu preciosa sangre. Haz que en la Gloria eterna nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,

y bendice tu heredad.

Sé su pastor

y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos

y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

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la infinita misericordia de tu Corazón, indulgencia para sus olvi- dos y para sus crímenes.

JACULATORIA DE REPARACIÓN

Oh Jesús! Por nuestros pecados, los de nuestros padres, hermanos y amigos, y por los del mundo entero: Perdón, Señor, perdón.

Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y renco- res: Perdón, Señor, perdón.

Por las blasfemias, por la profanación de los días santos: Perdón, Señor, perdón.

Por las impurezas y escándalos: Perdón, Señor, perdón.

Por los hurtos e injusticias, por las debilidades y respetos huma- nos: Perdón, Señor, perdón.

Por las desobediencias a la Santa Iglesia: Perdón, Señor, perdón.

Por los crímenes de los esposos, las negligencias de los padres y las faltas de los hijos: Perdón, Señor, perdón.

Por los atentados contra el Romano Pontífice: Perdón, Señor, perdón.

Por las persecuciones levantadas contra los obispos, sacerdotes, religiosos y sagradas vírgenes: Perdón, Señor, perdón.

Por los insultos a tus imágenes, profanación de los templos, abuso de los Sacramentos y ultrajes al Augusto Tabernáculo: Perdón, Señor, perdón.

Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, y por las horren- das maquinaciones de las sectas tenebrosas: Perdón, Señor, perdón.

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entrante con un fe renovada y un espíritu fortalecido, para predi- car su Palabra a todas las naciones. R. Escucha, Señor a tu pueblo.

Oh Dios, que te haces presente en este trozo de pan, danos la for- taleza para iniciar el año venidero a tu servicio. R.

Te pedimos, Señor, que el año que está por iniciar estés a nuestro lado en nuestra familia para que tú seas la luz que ilumina nuestro caminar. R.

Te pedimos, Señor, por la paz del mundo, para que guíes las men- tes de los gobernantes y nos conduzcan por sendas de paz y de justicia. R.

Te pedimos por los sacerdotes, religiosos y laicos consagrados para que sean discípulos fieles de tu palabra. R.

ACTO DE REPARACIÓN

Divino Salvador de las almas: cubiertos de confusión nuestros rostros nos arrodillamos en tu presencia soberana, dirigiendo una mirada al solitario tabernáculo, donde permaneces cautivo de amor, nuestros corazones se conmueven al contemplar la soledad y olvido en que te tienen tus criaturas.

¿Habrás derramado en balde tu sangre bendita? ¿Será inútil tanto amor? Pero ya que nos has permitido este día unir nuestras repa- raciones a las tuyas, y acompañarte en tu Sacramento, donde Tú, que eres el Sol del mundo, irradias silenciosamente sobre noso- tros a todas las horas la luz de la verdad, el calor del amor divino, la belleza de lo sobrenatural y la fecundidad generosa de todo bien.

Ya que te has dignado escogernos de entre todos los hombres para gozar de tu compañía y amistad, permítenos por los que no te bendicen o blasfeman de Ti, oh pacientísimo Señor Jesús, adorar- te por todos aquellos que te tienen olvidado, e implorar para ellos

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Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Tí.

En Tí, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.

El Sacerdote o el Diácono, como de costumbre, dirige las letanías al Santísimo Sacra- mento, bendice a la asamblea y reserva el Sanísimo Sacramento. Todos se preparan para celebrar la Eucaristía de fin de año como se realiza ordinariamente, pueden ento- narse 1 ó 2 cantos posteriores a la hora santa, pero cuídese tener un silencio previo al inicio de la Celebración Eucarística. En caso de que quien guíe la hora santa no sea Sacerdote o Diácono, después del Himno TE DEUM, da por terminada la hora santa con una invocación a la Santísima Trinidad y la signación de todos los presentes.

FORMULARIO 2. FORMA INDIVIDUAL

El siguiente formulario puede utilizarse en caso de que se trate de una persona o de un grupo reducido de personas. Se debe realizar una vez expuesto el Santísimo Sacramen- to.

Hemos vivido un años más y no podemos olvidar que el tiempo como la vida, son un don de Dios. Cada día es un talen- to que Él pone en nuestras manos.

¿Cuántos talentos hemos recibido y cómo los hemos negociado?

Pensemos en las cosas buenas que hicimos y las hicimos bien. En las cosas buenas que también hicimos, pero no las hicimos del todo bien. Pensemos en las cosas buenas que hemos dejado de hacer y en las cosas malas, quizá hechas sin querer; pe- ro también en las cosas malas que hicimos, queriéndolas hacer. Y sobre todo, pensemos y aceptemos nuestros pecados de omisión.

Vivimos casi siempre con una vida espiritual de “mínimos”. Nuestro esfuerzo normalmente se contenta con no pecar: no ro- bar, no matar, no hacer daño a otros, no hacer llorar a los demás. La espiritualidad de Cristo es de “máximos”. Hasta donde Él llegó, debemos nosotros aprender a llegar. No basta con no robar, hay que compartir. No basta con no matar, hay que defender

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y dar la vida. No basta con no hacer daño a otros, hay que hacer-

les el bien. No basta con no hacer llorar, hay que enjugar lágrimas

y hacer sonreír. No basta con no pecar, hay que llenarnos de fru- tos de buenas obras.

Al final de la vida, al final de este año, y al final de ca- da día, seremos examinados en el amor que es la gran asignatura,

la única y siempre pendiente. Con el amor estaremos siempre en

deuda, porque podremos amar cada vez más, amar a más y amar

mejor. Los días en que no amamos, no cuentan.

TEXTO BÍBLICO PARA REFLEXIONAR

“María conservaba todas estas cosas, y las meditaba en su-

corazón” (Lc. 2, 19).

REFLEXIÓN

Madre amable, fuerte y tierna, déjame estar a tu lado. Quita de mis cansados hombros la pesada carga que la vida ha puesto sobre ellos: trabajo, preocupaciones, poder y lucha, y la incesante com- petitividad de sentirme a prueba cada minuto.

Ante ti, Madre mía, me encuentro totalmente seguro. No tengo nada que demostrar, nada que temer. Tú eres el único amor que no necesito merecer, el único corazón que nunca renegará de mí. Cuando me siento débil, tú me das fuerza. Cuando vacilo, afian- zas mis pasos. Si caigo, me levantas innumerables veces. Cuanto más me desaliento, más te encuentro junto a mí. En medio de la confusión, tú eres mi puerto de salvación.

En la batalla de la vida, cuando me acerco a tí, herido y asustado, siempre te encuentro esperándome. Tú estás a mi lado, en mi pe- cado y en mi vergüenza, contra mi pecado y mi maldad, pero nun- ca en contra mía.

¿Cómo podré darte gracias por esta inexplicable ternura? ¿Cómo podre pagarte tan tremenda deuda?

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Mientras me aprietas contra tu corazón, me susurras palabras que sólo una madre sabe decir: Nada me debes, dices, nada me tienes que pagar, nada qué borrar. Mi gozo es el tuyo. Esto es lo único que tú deseas: mi completa felicidad, ahora y siempre.

Me siento sorprendido ante un amor como éste. Grande, mucho más grande de lo que podía imaginar. Mis palabras, Madre, se hunden en mi garganta. Me arrimo más a Ti, con lágrimas de alegría reclino mi cabeza en tu tierno corazón: un corazón que siempre será mi refugio.

Estas lágrimas, Madre, son mi mejor oración: lágrimas de grati- tud, lágrimas de paz, lágrimas de profunda y completa curación. Mantenme cerca de ti hasta que me encuentre completamente cu- rado; ayúdame a ser todo lo que quieres que sea.

ACCIÓN DE GRACIAS

Gracias te damos, Dios todopoderoso, que te haces presente en esta admirable hostia, por las bendiciones que a lo largo de este año que concluye nos has dado, por la salud en la que fuimos tus mensajeros y te proclamamos con fe.

Por la enfermedad en la que nos hicimos partícipes de tus sufri- mientos; por la familia en la cual te haces presente, día a día; por el hermano que se encuentra a nuestro lado, porque en él nos das la oportunidad de servirte; por las lluvias tan necesarias en nues- tras tierras para que una vez obtenido el alimento terreno busque- mos el alimento espiritual. Por nuestro trabajo en el que día a día tú nos acompañas; por nuestro país en el cual después de un momento de tribulación nos das la paz, que sólo en ti se encuentra; por los sacerdotes, religio- sos, religiosas y todos los que se han consagrado a ti en tú servi- cio.

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos a Dios nuestro Señor para que nos conceda iniciar el año

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