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Historias contadas en los funerales del Tío Celimo

(Cuento con historias de Pupiales Colombia -)

Escrito por:

Juan Camilo Cadena A. /Marco A. Cadena Ch.

Ganador del 1er. Puesto en el II Concurso de Cuento de Asofamilia Colegio Champagnat Pasto Colombia

Pasto Sept/13

Historias contadas en los funerales del Tío Celimo (Cuento con historias de Pupiales – Colombia
Historias contadas en los
funerales
del Tío Celimo
(Cuento con historias de Pupiales – Colombia -)

San Juan de Pasto, septiembre 11/13

Historias contadas en los funerales del Tío Célimo

En los últimos días el Tío Célimo había desmejorado mucho; su problema estomacal se estaba agudizando; para la medicina alopática ya no había nada que hacer, razón por la cual habían recomendado sacarlo del hospital para que volvieran con él a su finca, en la vereda “Piacun”, para que lo que le quedara de vida fuera en medio de sus hijos, esposa y demás allegados. Esa mañana una bruma espesa cubría el ambiente acompañado de un

espantoso frío que penetraba hasta los “

cargando las cantinas de leche pasaban por el camino veredal; de pronto de la casa del Tío Célimo salieron llantos de angustia y desesperación; era el llanto de una mujer; de Maruja, la esposa del Tío Célimo, salía al patio de la casa llamando con angustia a sus hijos para decirles que su padre había muerto .Ellos corrieron presurosos al lado de su madre, musitando incrédulos: - “¡no puede ser!, anoche estaba calmado y tranquilo”….- Corrieron a la habitación donde estaba él; en medio del llanto y el desconcierto tocaban con ansia el cuerpo aún caliente de Célimo, su padre, que ya no respiraba; solo atinaron a abrazarse al cuerpo inerme, mientras se soltaban en lastimero llanto. En este nefasto momento había que sentar cabeza y tomar acción en lo que implica un funeral; Nicanor, uno de los hijos del Tío Célimo, ya más calmado, había hecho llegar la noticia hasta la casa a doña Celia Arteaga, persona reconocida en la vereda por sus habilidades en el

algunos vecinos

tuétanos”;

arreglo de los difuntos y por acompañar en los rezos, propios para estos tristes momentos. Sí; murió el Tío Célimo, un viernes 16 de septiembre, dejando bonitas historias de amor y afecto filial y paternal; primero en su hogar paterno,

de la abuela Abigail, donde el abuelo Moisés,

siendo el

con “

contingente que luchó en la Guerra de Corea en los años 50´s; tanto así que terminó prestando servicio militar en el Grupo Cabal de Ipiales, cuyo recuerdo perdura en una foto colgada en la sala, donde se ve al Tío Célimo al lado de un vetusto cañón de artillería pesada. Más tarde casó con Marujita, he hizo un hogar con mucha disciplina y responsabilidad en la crianza de sus cuatro hijos; pero la verdad es una: ya no está el Tío Célimo, aquel personaje querido, amado y respetado por todos; persona autodidacta, conocedor de tantas cosas, que cuando le preguntaban donde había estudiado el solía responder con gracia: -“No soy leído, ni escrebido ni pizarriado, pero se mis

vestido con sus mejores ropajes;

cositas”- Su cuerpo yace en la

a la Virgen de las Lajas, logró que no lo llevaran con el

“guagua lindo” rogativas”
“guagua lindo”
rogativas”
“cuja”,
“cuja”,

luce aquel vestido azul oscuro de paño inglés, que solo solía ponerse en época de Semana Santa. Ahora está recubierto con una sábana blanca. Los parientes, vecinos y amigos se pusieron a la disposición de Marujita, dos de ellos, con otro de los hijos, se encargaron de ir al pueblo a buscar el ataúd, de paso informaron al médico para que les expidiera el certificado de defunción, también hablaron con el Padre Florentino, amigo de la familia y cura párroco, quien les ayudaría a realizar un solemne funeral. Notificaron del insuceso a los parientes y

amigos que vivían en el pueblo y le pidieron a don Rosalino, el carpintero que hacía los féretros, para que les vendiera el mejor cajón que tuviera en el momento, ya que el Tío Célimo merecía más que eso. La triste partida del Tío Célimo se conoció en todas las veredas y corregimientos, desde Paja Blanca hasta El Espino y Miraflores, incluso los interesados, en el pueblo, todos quedaron enterados. Iban transcurriendo las horas, la noche había caído, los perros aullaban como si supieran que el Tío Célimo ya no estaba; el féretro yacía en el salón grande de la que fue su casa. Una ventanilla de vidrio permitía ver su pálido rostro, como decían algunos cuando pasaban a verlo por última vez:- “parecía dormidito”-; sobre su pecho reposaba la camándula heredada de la abuela Abigail y una estampa grande de la Virgen de las Lajas, advocación a la cual siempre fue devoto. Cuatro

alumbraban a los pies del difunto; sobre los

cuatro costados del cajón había grandes cirios encendidos que aclaraban tenuemente el ambiente lóbrego; arrimadas a las paredes de este cuarto estaban las largas y frías bancas que eran ocupadas gradualmente por aquellos dolientes que llegaban a acompañar.

de aquellas que funcionan con gasolina a

presión, ayudaba a dar algo de claridad el oscuro ambiente. Algunos

vecinos portaban botellas de “

que brindaban en pequeñas

copas de cristal a todos los presentes. Muchas fueron las coronas de flores que llegaron, todas ellas adornadas con las más bellas flores de la región: nardos, rosas, claveles, clavelinas y otras tantas, cubriendo con una fragancia

“ candiles”

con “ espermas”

Una lámpara “ petromax”,

chancuco”,

exquisita todo el entorno y de paso neutralizando el fuerte olor de ajos, de los tres atados que dejaron bajo el ataúd, para ahuyentar a los malos espíritus. Junto al féretro estaba Marujita con alguno de sus hijos, lloraba inconsolable; los parientes y amigos llegaron hasta ella para darle el

” seco, los ojos hinchados y su

corazón paralizado que no le permitía musitar palabra alguna; de paso los dolientes miraban de reojo el rostro pálido del difunto Tío. Doña Celia inició el ritual de las oraciones con unas jaculatorias a Cristo Crucificado y luego siguió “La Corona” que consistía en rezar los tres grupos de misterios completos, con el Padrenuestro y el Ave María”; siendo ella una de las pocas personas que aún conservaba la tradición de recitar las letanías en latín. Con palabras entrecortadas, pausadas y tristes iba rezando lentamente, mientras en sus manos se deslizaba una camándula de color blanco, cuyas cuentas estaban hechas en nácar, unidas por eslabones de plata. Con mucho respeto todos estuvieron atentos al Santo Rosario, más aún cuando recita el “Salve Regia”: -

pésame; pero ella tenía el “

guargüero

- SALVE, Regina, mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte……

Continuó con los cinco misterios dolorosos y repitió este ciclo por tres veces, (gozoso y glorioso) seguida de aquellas letanías cuyo

significado nunca logramos entender: -. Ella decía: -Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix.” y muchos respondían al unísono: -“Ut digni

efficiamur promissionibus Christi.”; otros, generalmente los “

se quedaban callados por no saber que responder. Volvía la calma con un silencio temporal, de pronto resurgía el llanto de los deudos; algunos musitaban sus propias oraciones, produciendo un sonido singular que se confundía con el frio y el sibilante viento de la montaña. Las generosas vecinas servían aromática de menta fresca y anís para

bien caliente, servido en

las tacitas de porcelana china, sólo usadas en ocasiones muy especiales, de las cuales brotaba un agradable vaho aromatizado, percibido en todos los rincones de la casa. Mientras doña Celia descansaba de hacer las oraciones, los rezos seguían bajo la responsabilidad de otras mujeres que conocían el oficio de colaborar en todo velorio. Entre rezos, lamentos, llanto y comentarios sobre la vida del difunto fueron pasando las horas. Algunos de los asistentes pasaron a la cocina para abrigarse un poco,

tomar un “

las mujeres; para los hombres un “

maltones”,

canelazo”

hervidito”

y de paso participar de las historias que se suelen

contar en las noches de velorios. Sentado cerca

mientras uno de ellos atizaba el fuego con el

Pastás, quien era un buen conversador, conocido por la gracia para

contar “

por enésima vez la historia de lo que le ocurrió a él junto con el Tío Celimo, a mi papá Ángel y a don Dionisio en la Vereda Miraflores distante a cuatro kilómetros de Pupiales. En aquella ocasión dice que

esta vez volvía a contar

a las “tulpas” , ; don Rigoberto
a
las
“tulpas”
,
; don Rigoberto
“juco”
“juco”
cachos”,
cachos”,

compadre del Tío Célimo;

ellos estaban en la búsqueda de una “

el cruce del “Camino Viejo” que conduce a Miraflores, sobre unos montículos de tierra, por la noche veían un haz de luz intensa que aparecía y desaparecía misteriosamente. Así que un 3 de mayo de 1972, día de la Santa Cruz, fecha idónea para buscar guacas, acordaron ir a medianoche para cavar y buscar el supuesto tesoro.

Don Rigoberto tenía fama de ser buen “

llegaron al sitio, sacaron un par de varillas de plata, contenidas en una bolsa de tela morada, en cuyas puntas redondeadas estaban las

ampolletas de mercurio, conocido como “

las varillas no tenían mas de 30 centímetros de largo, que él las asió cuidadosamente entre el índice y el pulgar de cada mano, inicio recorridos en trayectos cortos y diferentes direcciones hasta que ambas varillas giraron hacia un mismo punto, entrecruzándose entre sí - por aquí, por aquí, es aquí, les dije! remata contando don Rigo. Tomaron las picas y las palendras procediendo a cavar lo mas rápido que podían sus fuerzas; en menos de dos horas habían hecho un hueco de más de dos metros de altura por uno de diámetro; intempestivamente aparecieron unos mechones de cabello negro lacio

y unos “

Dice que

siguieron cavando, turnándose los unos a los otros, de paso tomaban

al

” golpearon sobre algo duro,

rompiéndolo; momento en que empezó a emanar un fuerte olor

metálico, - “es “

inhalar

todo

exclamaron y salieron corriendo para evitar

”. Dice don Rigo que

él cuenta que

muchos sabían que en

guaca”;
guaca”;

guaquero”;

azogue
azogue
infieles”
infieles”

quebrados. Uno de ellos dijo: -“ aquí esta!”

chancuco las “ palendras
chancuco
las
palendras

grandes sorbos de

que portaban en un pequeño “

pondo”;
pondo”;

dar un golpe más con

este

solimán”
solimán”

venenoso

gas,

muy

conocido

y

temido

por

minutos después volvieron al sitio para seguir excavando

con mayor empeño. Continua narrando que poco a poco volvieron a aparecer los pedazos

de arcilla de algunos “infieles”, que más abajo había unas “

envueltas en forma de rollo, que sintieron que la tierra estaba floja hacia los lados, por lo que decidieron cavar horizontalmente; cual no sería la sorpresa que cuando apuntaban con las linternas vieron un pequeño esqueleto, cubierto de tierra y retal de tela, de sus orejas y nariz pendían inmensos orejeras y narigueras doradas que reflejaban la luz incipiente de la linterna. Que lo halaron para poder subirlo, pero sus partes óseas se desarticularon; no obstante, por la ansiedad y los nervios, tomaron valor y fuerzas para sacarlo al potrero, encontrando sobre su pecho una hermosa coraza de filigrana que los dejo sin aliento. Pensaron que esto era suficiente, ya se aproximaba la mañana; tomaron lo que consideraron de valor, lo echaron dentro de

unos “

Don Rigoberto dice que la intención de ellos era obrar con prudencia, para continuar excavando luego en los alrededores del hallazgo primario. Las piezas encontradas las llevaron a Ecuador, donde las vendieron por menos de lo que realmente valían, pero para ellos era mucho dinero, que posteriormente se repartieron en igual proporción. Que en los siguientes días no se atrevían a regresar para seguir cavando, con el fin de evitar que gente de los alrededores se diera cuenta; hasta que uno de ellos, demasiado ambicioso, decidió ofrecer compra por una parte de dicho terreno. Al propietario del predio, don Elías, le pareció extraño la insistencia y el precio exorbitante que le

“ guaquero”;

esteras”
esteras”

costales”

de “

cabuya”
cabuya”

y salieron para la casa de Don Rigoberto.

ofrecía por aquel pedazo de tierra, tanto que se puso a recorrer su

y cuentas

de arcilla, propios de lo que hay en los “entierros de los indios” que vivieron en la región.

Sin pensarlo dos veces, don Elías llamó a unos parientes “

para hacer las excavaciones de la supuesta “guaca” que pensaban encontrar. Ya estaban en el mes de agosto de 1972; dice don Rigoberto que se enteró de las intenciones de los dueños del predio, por lo que cito a sus amigos para volver a cavar. En el día cavaban los dueños y en la noche don Rigoberto con otros campesinos que se habían enterado del hallazgo. De un momento a otro muchos guaqueros y curiosos empezaron a invadir estos predios, que antaño habían sido cementerio indígena, desenterraron muchas vasijas de arcilla, pectorales de oro, orejeras, cuentas, caracoles de oro, vasijas y otros artículos de importancia arqueológica y cultural. Ya no importaba

que fuera noche o

aledañas

picos y palas, pese al

mostraban el trabajo hecho con las “

terreno encontrando los fragmentos de “

patenas” , “tumbaga”
patenas”
, “tumbaga”

puendos”

día,

los

huecos

en las “chagras” palendras”,
en
las
“chagras”
palendras”,

disgusto y amenazas que les hicieron los dueños de los terrenos. En determinado momento la peregrinación de buscadores de tesoros fue tan grande que el Estado tuvo que militarizar esta zona, especialmente para evitar el saqueo de los elementos que tienen tanto valor cultural y de paso evitar más daños a las propiedades de los vecinos de don Elías, como le ocurrió a don Héctor Chamorro, a quien

las

le dañaron todos sus sembrados de

que lo separaban de las parcelas vecinas. Dice don Rigoberto

que él y otros guaqueros sacaron algunas cosas que luego pudieron

“ollocos”,

habas y maíz

y

“tapias”
“tapias”

vender al Banco de la República, que le han dicho que ahora los tienen expuestos en el Museo del Oro de Bogotá. También cuenta que después de la militarización otros guaqueros sacaron mas piezas de oro y arcilla que luego fueron confiscadas y quedaron en custodia en la caja fuerte de la Caja Agraria de Pupiales; que también se supo de otras tantas que fueron hurtadas por algunos servidores públicos; él

decía que le constaba como actuaban estos “

ensimismados en la historia de don Rigoberto cuando fueron llamados a continuar con las oraciones en la sala donde reposaba el féretro, ya que varios de los asistentes se habían ido a descansar un poco, para luego poder integrar la caravana que llevaría el cuerpo del Tío Célimo hasta la iglesia del pueblo. Las oraciones y anécdotas, no tan trascendentes como la anterior, iban y venían hasta que los gallos, con su canto inconfundible, le dieron la bienvenida a esa lúgubre mañana. La misa estaba programada para las tres de la tarde de este sábado. Todo estaba listo para hacer el recorrido desde la vereda hasta el pueblo; son más de ocho kilómetros que había que recorrer. Todos sabían que, por tradición y costumbre, el féretro sería llevado a hombros tanto de los familiares como de los amigos y voluntarios que quisieran ayudar en este largo recorrido a pie, haciendo alusión al sacrificio de Jesús cuando con su cruz caminó al Calvario. Acomodaron el féretro sobre unos travesaños hechos en madera de, para que lo pudieran portar cuatro personas por turno. Lo instalaron y aseguraron firmemente.

Todos estaban

choros”.
choros”.

Ya casi eran las once de la mañana; a todos los presentes les habían

habas y queso,

acompañado de ají de tomate de árbol, algunos comieron todo lo

servido, otros en

camino. No faltaron las botellas de “

acompañantes; algunos llevaron en

sus casas. Portaban pondos la “chicha” fresca, para reemplazar el agua, que les daría resistencia para aguantar la marcha durante el sinuoso recorrido.

de paño

o “

flores, iban detrás del féretro sin ningún orden, solo caminaban al paso de los cargadores. No podía faltar doña Celia, con sus 70 años encima, iba encabezando el desfile mortuorio, preparando las oraciones y responsos correspondientes. Los hombres vestían de una manera más informal, pero sin dejar de lado sus grandes ruanas color “humo”, o blanco con listas grises; sus

corta, de la

cabezas lucían cubiertas por “

Ya las mujeres, todas vestidas de negro, con sus “

de seda salieron al camino, llevando coronas y ramos de

servido una porción de papa

“chaucha

”,

“ choclo”,
choclo”,
“ talegas
talegas

” plásticas guardaron porciones para el

chapil” “costalillos
chapil”
“costalillos

que se servirían a los ” el avío que trajeron de

pañolones”

chalinas”

los ” el avío que trajeron de pañolones” chalinas” de paño de ala famosa marca “Barbisio”

de

paño de ala

famosa marca “Barbisio” que ameritaban para la ocasión. En la corta recta que hay en el camino, en dirección a la escuela veredal, se podía ver la larga procesión encabezada por un grupo de hombres que cargaban el ataúd color miel. Atrás de éste mujeres y niños portaban las coronas de hermosas flores, cruzadas por una cinta

blanca

y

en

letras “

mordoré”

con los nombres

apellidos del Tío

Célimo.

La voz de doña Celia se oía cristalina y diáfana surcando los aires, haciendo que aquellos vecinos que no acompañaban el traslado, salieran a la vera del camino o a los patios de sus casas, tanto niños

como adultos se quitaban el “

solidaridad con la familia del difunto. Empezó el descenso hasta la quebrada de “El Partidero”, pasando antes por la casa del Tío Carlos, hermano del Tío Célimo, donde se hizo una parada para cambio de cargadores, y de paso tomar café

con jugo de

maracuyá, que previamente habían preparado las hijas del Tío Carlos.

En esta "

con su hermano, bultos de papa y cargas de hortalizas propias de la región; antaño ellos tenían una sociedad para producir cuajada y queso, preparado en la quesera del primer piso, productos que luego vendían en Ipiales. Siguieron raudos por “El Partidero”, siguiendo por el camino de la derecha, ya que el otro conduce al “Común” y a “José María Hernández”. Al pasar por el puente de la quebrada, don Rosendo, uno de los acompañantes recordaba la historia que le había contado el Tío Célimo, de aquella tarde cuando regresaba del pueblo, estaba

formando un bello y claro arcode aquella tarde cuando regresaba del pueblo, estaba muchas veces el Tío Célimo había negociado caliente,

muchas veces el Tío Célimo había negociado

caliente, cernido en “

y se “ persignaban” en señal de

cernido en “ y se “ persignaban” en señal de talega ”, y “ hervidos” de

talega
talega

”, y “

hervidos”

de “

chancuco”

casa de alto”

“ paramiando”,

había salido el “

de colores que cubría el cañón de la quebrada; el Tío Célimo montado

en su caballo Alazán, algo “

iba a atravesar el puente cuando oyó sonidos de música extraña, pero agradable a sus oídos; lo raro era que en el lugar no había casas donde alguien tuviera la radiola prendida. Cuando estuvo en la mitad

por el licor que había ingerido,

chumado”

del puente pudo ver en la ribera derecha del rio, aguas abajo, a un grupo de enanos que tenían puestos unos gigantes sombreros de iraca de forma cónica de cuya punta pendían unas “jigras” de “borrego”, tocaban unos instrumentos extraños, nada parecidos a los que tenían los músicos del pueblo, a la vez que sentía una voz llamándolo por su nombre; ahí cayó en cuenta que esto no era terrenal. Ante esta

aparición se santiguó, azotó con el “

animal también estaba asustado y salió a todo galope. El Tío Célimo

había sido testigo de la aparición del “

hecho que jamás olvidaría. El trayecto a seguir es uno de los mas pesados, ya que toca ascender a la Vereda de “Chires Alto”; previamente ya se habían hecho varios relevos notándose el agotamiento de muchos de los cargadores, pero hombros era lo que sobraba para cargar el cajón con los despojos del apreciado Tío Célimo, considerando que este era un honor que no todos tenían. Los rezos y responsos de doña Celia cesaban por minutos, mientras la remplazaba cualquiera de las otras mujeres que iban junto a ella; en su debido momento tomaba nuevos aires para continuar sus oraciones:

noble

perrero ”
perrero

al

Chutún”
Chutún”
“ Alazán” ,
Alazán”
,

el

y de otros duendes;

- Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix. Muy pocos se atrevían aresponder:- "Ut digni efficiamur promissionibus Christi”.

La letanía, que solíamos escuchar de nuestra abuela no podía faltar durante este largo trayecto por el polvoriento camino de las veredas

que iban quedando atrás. Varias veces repitió esta oración con las letanías correspondientes:

Oremus Omnipotens sempiterne Deus, qui gloriosae Virginis Matris Mariae corpus et animam, ut dignum Filii tui habitaculum effici mereretur, Spiritu Sancto cooperante, praeparasti: da, ut cuius commemoratione laetamur; eius pia intercessione, ab instantibus malis, et a morte perpetua liberemur. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.

-Kyrie, eleison.

R. Kyrie, eleison…

-Pater de caelis Deus,

R. miserere nobis……

-Sancta Virgo virginum,

R. ora pro nobis……

Para los jóvenes esto les “sonaba a chino”, ateniéndose solo a escuchar y echar a divagar su mente, para saber qué era eso de:

Virgo veneranda!”, o “Cristi exaudinos” y otras tantas palabras que no atinaban a entender.

Por fortuna un sol radiante los había acompañado en toda la marcha; eran ya las dos y media de la tarde; se veían las primeras casas del pueblo; atrás había quedado la casa del Capitán Villareal, cuya madre,

doña Margarita Orbes, fue famosa otrora por ser la “

del

sobandera”

del pueblo. Las

campanas de la iglesia ya habían tocado a misa de difuntos; de los tres repiques reglamentarios, había sonado el primero con ese lúgubre tañer, llamando a misa de difunto.

pueblo

y por hacer

el

pan de leche

más rico

Entrando ya a la esquina del parque, donde está ubicada la iglesia, sonó el segundo repique de campanas, momento en que muchos parientes y amigos que no acompañaban la caravana, salieron de sus casas para dirigirse a la puerta de la iglesia y coincidir con la llegada del féretro.

Faltaban cinco minutos para las tres de la tarde cuando los marchantes llegaron a la puerta de la iglesia “Matriz”; el sacristán corrió a tocar las campanas por tercera vez. Fuera de la iglesia habían colocado una base metálica que se deslizaba sobre rodachines, allí fue instalado cuidadosamente el féretro por los últimos colaboradores, que sintieron como una bendición al liberarse de este peso que cargaron en los últimos metros.

Desde el fondo de la iglesia por la nave central se veía venir al padre Florentino, vestido con su casulla y estola de color morado,

acompañado de dos niños que hacían de “

portando una jarra

con agua bendita junto con el infaltable hisopo, además del breviario con oraciones propias para la misa de difuntos.

ciriales”,
ciriales”,

Algunos con ansia, esperaban el inicio del ritual, momento que sería la última misa exequial con cuerpo presente del Tío Célimo, que así

terminaba su ciclo por esta vida terrena. Poco a poco en el atrio de la iglesia empezaba a agolparse la gente, cuando el padre Florentino dio comienzo con una breve oración, también en latín, hizo aspersiones con el hisopo impregnado de agua bendita, salpicándole la cara a uno de los ciriales que discretamente se secó con la tela de la manga que cubría su muñeca izquierda; el padre dio media vuelta e indicó que podían entrar a la iglesia con el féretro; tarea que cumplieron las mismas cuatro personas que lo trajeron en el último trayecto, pero que ahora se limitaron a empujar la base rectangular que se desliza suavemente sobre las brillantes baldosas del templo, dirigiéndola hasta el pie del altar dando así comienzo a lo que se conoce como antífona de entrada:

“Apériat ei Dóminus paradisi iánuam, ut ad illam pátriam revertátur, ubi mors non est, ubi gáudíum aetérnum persevérat.” Palabras que en buen “cristiano” traducen: “El Señor le abra las puertas del paraíso para que pueda volver a aquella patria donde ya no hay muerte, sino paz y alegría sin fin”. Terminada la ceremonia religiosa con las últimas bendiciones del Padre Florentino, salieron hacia la última morada, con pasos más

donde siguieron al féretro

agiles;

menos personas que las que asistieron a misa. En medio del llanto generalizado depositaron el ataúd en una cripta cercana a al sitio donde reposa la abuela Abigail e hicieron las ultimas oraciones personales. Por último la familia del Tío Célimo agradeció con abrazos y apretón de manos para algunos de los los

llegan a la entrada del

“ pantion”,
pantion”,

presentes ya que otros se habían retirado discretamente. Afuera del cementerio hubo camperos y pequeños camiones que gradualmente fueron ocupados, por todos aquellos que acompañaron en esta triste travesía, para retomar el camino a sus veredas.

San Juan de pasto, sept/13

GLOSARIO DE TERMINOS (*):

Alazán: Caballo de color rojizo o cobrizo Azogue: Mercurio liquido usado para buscar y/o separar metales preciosos. Cabuya: Hilo delgado de fique para tejer o hacer amarres. Cachos (echar): Contar chistes o cuentos para hacer reír. Candiles: Lámpara que funciona con aceites combustibles. También Quinqué. Canelazo: Bebida caliente preparada con plantas aromáticas, licor y panela. Casa de alto: Vivienda de dos o más pisos. Cirial(es): Niño(a) que colabora en las ceremonias religiosas católicas. También Monaguillo. Costales: Bolsa fabricada en cabuya, usada para empacar tubérculos o comestibles, con peso mayor a 50 kilos.

Costalillo: Bolso de cabuya, de forma cuadrada, que se carga terciada del cuello. Cuja: Cama pequeña de baja altura sobre el nivel de piso. Chagra: Sembrados en la parcela. Chalina(s): Prenda de vestir femenina, para cubrirse el tronco, propia del clima frío. Chumado: Ebrio, borracho. Chancuco: Aguardiente de contrabando, o de destilerías artesanales. Chapil: Licor artesanal, ídem: “Chancuco”. Chaucha: Variedad de papa, cuyo tubérculo es suave y harinoso. Choclo: Mazorca tierna, cocida que se come con queso fresco o con fritada. Choro(s): Ladrón, pícaro, truhan. Chuta(s): Sombrero para hombre. Chutun: Fantasma o duende que aparece en la ribera de las quebradas, cubierto de un sombrero grande, de pequeña estatura y ojos saltones. Espermas: Vela de parafina o cebo. Esteras: Palma tejida, usada como colchoneta; antaño usado por los indígenas para envolver cadáveres humanos. Guargüero: garganta. Guagua lindo: Niño o niña pequeña de bonita apariencia física. Guaquero: Hombre dedicado a buscar “guacas”. Hervidito (Hervido): Bebida típica de la región preparada con aguardiente, limón, canela y panela.

Infieles: Vasijas de cerámica, elaboradas por los indígenas y sacadas de las guacas o entierros. Juco: Tubo de madera, de carrizo o bambú, usado para soplar y atizar el fuego; también para hacer artesanías. Maltón(es): Joven adolescente de tamaño medio, mediana edad, pero con desarrollo precoz. Morderé: De color morado o violáceo. Ollocos: Tubérculo muy apreciado en la sopa de locro. (En el centro del país: Cubios). También: “Ulluco”. Palendras: Herramienta manual, usada para mezclar o remover la tierra o un producto. Pan de leche: Pan hecho de maíz y cuajada. Pantion(Panteón): Cementerio, campo santo. Pañolón(es): Manto grande, de tela fina usado por las mujeres en clima frío. Paramiando (Parameando): Llovizna continua. Patena: Vasija de arcilla de forma cónica, sin asas. Persignarse: Santiguarse, hacer la señal de la cruz, dentro de los rituales católicos. Perrero: Un tipo de fusta o látigo usado para azuzar las bestias. También: “Berraquillo”. Petromax: Lámpara cuyo combustible es gas combustible a presión. Pondo: Olla alargada, hecha en arcilla cocida, especial para transportar agua para llenar la tinaja. Puendos: Indígenas ecuatorianos del norte del país, ubicados en la serranía.

Rogativas: (Procesiones) Petición a Dios o la Corte Celestial. Sobandero(a): Experto en corregir luxaciones o fracturas en personas lesionadas. Solimán: Gas toxico, de color azul verdoso que emana al abrir una guaca, ubicada en el subsuelo. Talega(s): Bolsa de papel o fibra para transportar víveres en poca cantidad. También Chuspa, bolsa, funda. Tapia: Pared de barro arcilloso mezclado con tamo, usado en cercamientos y/o construcción de viviendas. Tuétanos: Medula del canal óseo. “Me gusta tasquiar los tuétanos de la res tierna”. También implica algo que afecta hasta lo más profundo de los sentimientos. Tulpas: Piedras o rocas ubicadas en forma triangular, usados como base para fogón en la cocina campesina. Las ollas se guindan sostenidas por una cadena en el centro de la fogata. Tumbaga: Aleación metálica quebradiza de oro y cobre.

(*) Tomado del diccionario:- “Español y quechuismos de mi Nariño”. Autor: Marco A. Cadena Ch. (Pasto III-2013). - Fotografía: Marco A. Cadena Ch.