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Índice
Sobre el origen Tumaco es hija de Barbacoas El diablo enrielado De resinas, cauchos y semillas
De Guayacanes y Cedros

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Sobre la palma, los palmares y el despojo Llorente es un capítulo aparte De dónde venimos La época de la hacienda De cómo llegaron las guerrillas y los paras a Llorente El oro negro inunda la selva verde Coca y bonanza en Llorente En la tierra de los Guyacanes

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San Juan de Pasto 2014

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SOBRE EL ORIGEN
Para interpretar la tierra hay que hundirse en ella como las raíces, y sentir las semillas que germinan como sembradas en el propio corazón.
Guillermo Edmundo Chaves Escritor Nariñense 1902 – 1984

La costa pacífica nariñense no fue nunca escenario de solemnes fundaciones, en las que se desplegaran protocolos y galas propias del conquistador europeo en América; con pocas excepciones, el territorio se fue delimitando en torno a una red de poblamientos espontáneos, siguiendo los linderos de la explotación de los recursos naturales; demarcándose así, espacios socio geográficos en los que las sucesivas economías extractivas, financiadas con capitales foráneos al ritmo caprichoso de la demanda internacional, promovieron la apropiación de la riqueza natural del territorio por parte del extranjero, con la fiel complicidad de los mandatarios de turno y a costa de la explotación del nativo, indígena o afro, percibido como un servidor natural incluso mucho después de abolida la esclavitud, motivo por el cual nunca fue necesario remunerarle con lo suficiente o con lo justo. La paradoja de este territorio es que su obstinada pobreza es resultado de la explotación de su riqueza. Las economías de enclave; la pobre visión de dirigentes y mandatarios, o más bien una visión perfeccionada con los años para el inmoral enriquecimiento, sumadas a la histórica indiferencia del estado, el conflicto armado y las economías ilícitas no han facilitado la construcción de un proyecto de región. Históricamente estas economías, fuentes de bonanza y migración, marcaron los ritmos y momentos de un poblamiento en el que los asentamientos espontáneos fueron la norma; siendo muchos de estos resultado y prolongación de las dinámicas sociales que se dieron al interior de las cuadrillas de afros esclavizados durante la colonia, cuyos descendientes conforman hoy en día el noventa y cinco por ciento de la población tumaqueña. A partir del siglo XVI, el poblamiento del territorio siguió el trazado de los incontables ríos, riachuelos y quebradas que recorren la llanura, la selva y el mangle en su serpentino devenir rumbo del mar; pero el poblamiento ancestral tuvo como cauce al océano mismo, como motor a las corrientes marinas y por brújula los códigos celestes. Existen en Tumaco registros arqueológicos bien documentados del paso y asentamiento de antiguos grupos humanos desde hace al menos dos mil quinientos años. La cultura Tumaco - La Tolita se desplegó a lo largo de la sinuosa costa de Nariño y del norte de Ecuador durante un lapso de mil años, quinientos antes de nuestra era y quinientos después. Se supone que estos navegantes llegaron provenientes de Mesoamérica pero hay investigadores

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SOBRE EL ORIGEN

que afirman con convicción que los Tumaco fueron, en realidad, producto del arcaico mestizaje entre gentes llegadas de la China y la Polinesia en antiquísimas migraciones transpacíficas. Eran orfebres y ceramistas expertos, trabajaron el platino mil quinientos años antes que los europeos, representando en su arte la maternidad, la sexualidad y la vejez; (...) “fray Juan de Santa Gertrudis visitó la costa pacífica a finales del siglo XVIII y relató su experiencia en el libro maravillas de la naturaleza: “Hállanse allí por lo regular varias figuritas hechas de barro con mucha perfección… Hállanse también hechas de oro con los ojos de esmeraldas, hállanse también unas cuentecitas de oro hechas de filigrana, tan chicas como la cabeza de un alfiler.”1 Los Tumaco eran un grupo numeroso y altamente jerarquizado; dependían de la pesca, la caza y la recolección; aprovechando sabiamente el mar, la selva y los ríos. Cuando el conquistador europeo posó su pie en suelo americano, los Tumaco habían desaparecido hacía ya mil años, siendo al día de hoy su desaparición todavía un misterio ; (...) “según algunos historiadores este pueblo abandonó el área que ocupaba a causa del clima -insoportable para la vida humana- y se desplazó hacia el sur hasta situarse en las actuales provincias ecuatorianas de Esmeraldas y Manabí (de idéntico clima). Según otros emigró hacia el norte para luego penetrar Colombia, por las estribaciones de la cordillera oriental, en donde se desvaneció en otros pueblos.” 2 Cuando los primeros europeos llegaron por mar a la Tumaco precolombina, el territorio estaba habitado por los Tumas3, pueblo emigrante del actual Perú que llamaban a su tierra Tumatai, “tierra del hombre bueno"; al interior del cual había un sector conocido como Tumaco, “tierra de los entierros", donde habían encontrado gran cantidad de ollas de barro enterradas en la orilla del mar; posiblemente alfarería de la desaparecida cultura Tumaco; el notable hallazgo fue reconocido por los Tumas como un regalo de los dioses. Tenemos entonces el poblado Tumatai, asentamiento de los Tumas, donde había una tierra de los entierros, o sea Tumaco, sin embargo, tan precolombino origen parece no ostentar abolengo suficiente, por lo que se buscó una "real" fundación y por supuesto fundadores han ido apareciendo. Se acepta comúnmente la versión del sacerdote español José Garrido, especialmente después de ser reconocida por las autoridades locales mediante acuerdo municipal en la recientísima fecha de 1988; más con el afán de fijar las celebraciones populares que de promover una investigación histórica sobre el particular. Según cuenta Garrido, el sacerdote italiano Francisco Ruggi fundó Tumaco el 30 de noviembre de 1640. Ruggi había llegado a Santafé en 1618 y se desempeñó como rector del colegio de San Bartolomé; más tarde sería trasladado a Quito y en 1632 a la costa pacífica del actual
Tumaco en la exposición del museo del oro, extraído el 28 de junio de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/museo-del-oro/sociedades/tumaco/en-el-museohttp://www.banrepcultural.org/museodel-oro/sociedades/tumaco/en-el-museo
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Leusson Telmo,1996, “Tumaco, Historia y Cultura” Tumaco, si editor, pág. 65 No descendientes de la mítica cultura Tumaco

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Nariño, como sacerdote del curato de Santa Bárbara, población ya desaparecida de la cual se desconoce su original emplazamiento pero que se sabe pertenecía a la provincia de Barbacoas. En 1635, el padre Ruggi se radica temporalmente en el Cauca, donde en compañía del sacerdote jesuita Juan Enhebra fundó la población de Timbiquí, para volver nuevamente a Santa Bárbara en 1640 con la noble intención de trasladar la población a un mejor emplazamiento, una playa “más sana”, un puerto natural en la desembocadura del rio Mira: “fértil de maíz, plátano y frutas. Fáltale agua; esa que se puede traer con facilidad del Mira para beber.” 4 Escribió Ruggi en 1644: "Yo la fundé en el sitio que hoy está, ayudado por los soldados, traje más de mil novecientas almas que hoy sirven, los saque del monte, los reduje, los catequicé, los bauticé con mucho riesgo y de vida, trabajo y pobreza.” Hay quien sitúa la fundación de Tumaco en 1610 adjudicándosela al sacerdote Onofre Esteban, quien llevara a cabo actividades misionales entre 1598 y 1613 en la región; estableciendo las parroquias de Atacámes, San Mateo y Esmeraldas en la costa ecuatoriana y de San Andrés de Tumaco en Colombia. Por otro lado (...) “el historiador y poeta Doctor Sofonías Yacup, en su obra 'Litoral Recóndito' sostiene y afirma que el fundador de Tumaco fue Francisco Pizarro, quien arribó a la isla en el año de 1526, encontrándose con una pobre tribu de indios pescadores.” 5 Algunos historiadores aseguran que Vasco Núñez de Balboa desembarcó en costas de Tumaco en 1513; esta versión se sustenta posiblemente en una errónea interpretación geográfica de los relatos sobre el encuentro entre Balboa y el cacique Tumaco que hicieran Huber Siegfried, Amado Melón y Ruiz de Gordejuela, entre otros autores, y que serian interpretados por historiadores modernos como Telmo Leusson. En este histórico encuentro, bien documentado, el cacique comunica al español la existencia del imperio Inca siguiendo la costa del litoral rumbo al sur; le cuenta Tumaco a Balboa sobre la ostentosa riqueza de estos personajes que periódicamente visitaban la zona en sus embarcaciones, trayendo consigo unos curiosos animales, cuyo dibujo en la arena tradujo el español como ovejas con cabeza de camello; se trataba por supuesto de las llamas y las alpacas. El encuentro entre Balboa y Tumaco tuvo lugar en una pequeña isla y en un extremo del golfo de San Miguel que es como bautizó Balboa a la zona más occidental de lo que hoy conocemos como el golfo de Panamá, y a donde llegara cuasi naufrago Balboa tras atravesar su expedición de ocho canoas una fuerte tempestad buscando la isla de las perlas, el 17 de octubre de 1513, poco menos de una mes después de descubrir el mar del sur.

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Leusson Telmo, 1996, “Tumaco, Historia y Cultura” Tumaco, si editor, pág. 69 Ídem, pág. 78

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"Una mala tarde en que los españoles navegan en las cercanías del Buey, los temporales septembrinos les fuerzan a refugiarse en una islita diminuta y baja. Cae la noche, asciende el flujo de la marea y el agua les llega al cuello mientras se aprietan contra la roca y entrelazan sus manos por mejor buscar ayuda y defensa. Horas de intensa angustia hasta que amanece, baja la mar y amaina el temporal. Entretanto y al correr de los días y continuar los tanteos, toman con las tierras del Cacique Tumaco o Chitaraga, cuyo dominio llega hasta la costa de la ancha mar brava del Golfo de Panamá. A las tierras de Tumaco… Balboa mandó llamar provincia de San Lucas, porqué se tomó y ganó el día de San Lucas en una noche." 6 Será tarea de los historiadores indagar por el posible origen común de los Tumas y del pueblo liderado por el legendario cacique Tumaco en el istmo panameño. El que si llegó a Tumaco en 1526 fue Francisco Pizarro quien, en compañía de Diego de Almagro, surcó la desembocadura del rio San Juan, buscando una ruta para conquistar el reino del Perú; Almagro se devuelve a Panamá para buscar refuerzos mientras Pizarro continúa explorando la costa, llegando a la isla del Gallo en la ensenada de Tumaco. “Cuenta la historia que Pizarro en la isla de Gallo (ensenada de Tumaco) tuvo que vencer muchos peligros. Los bastimentos fueron consumiéndose y la posibilidad de regreso iba alejándose. No tardó en producirse un fuerte malestar. En momentos de cólera los componentes de la expedición se sublevaron exigiendo volver a Panamá. En una acalorada asamblea en la playa, discutieron la continuación de la empresa o el retorno y cuando los ánimos no se podían controlar, Pizarro autoritariamente impuso el silencio y con su espada trazó en la arena una raya de levante o poniente y dijo: Al norte de esta línea se espera una vida tranquila, sin peligro, más también la pobreza y un oscuro destino. Al sur os aguardan esfuerzos duros, arduos y penurias, pero si triunfamos la riqueza y la gloria ¡Escoged pues ahora!”7 De los ciento cincuenta expedicionarios que acompañaban a Pizarro solo trece se decidieron a continuar la aventura, los demás iniciaron viaje de regreso a Panamá.

Rubio Ángel, 1965, "La Ruta de Balboa y el Descubrimiento del Océano Pacífico", México D.F., Instituto Panamericano de Geografía e Historia; extraído el 5 de septiembre de 2013 en: http://www.mareaustrale.org/la-rutade-balboa-y-el-descubrimiento-del-oceano-pacifico/
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Óp. Cit. pág. 78

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Que ingenuos fuimos. Hay que saber que nuestras riquezas son de los poderosos y de nadie más.8

Así como los linderos de explotación de los recursos naturales de la costa pacífica nariñense delimitaron su geografía social; las bonanzas resultantes de las economías de extracción, algunas claramente de enclave, han marcado lapsos más o menos bien delimitados en el devenir de Tumaco y de sus gentes, que bien sirven de referencia para el análisis histórico. Iniciando el siglo XVII la costa del actual departamento de Nariño empieza a ser objeto de una dominación efectiva por parte de los colonizadores españoles; ya desde 1540 se habían llevado a cabo expediciones a la costa nariñense, motivadas por los relatos sobre la abundancia del oro, pero lo inclemente del clima, lo inaccesible de la selva y los ataques feroces de las tribus indígenas frustraron el intento colonizador del siglo XVI. En 1600 Francisco de Posada logró someter temporalmente a las tribus indígenas de las riveras del rio Telembí, por orden del gobernador de Popayán, y fundó el poblado de Nuestra Señora del Puerto de Toledo, sobre los “cimientos” del principal asentamiento de la tribu de los Barbacoas; en todo caso este sería abandonado pocos años después a causa de la renovada resistencia indígena y la inmensa dificultad del aprovisionamiento. Solo en 1621 el capitán Pedro Martin Navarro funda el poblado de Santa María del Puerto de las Barbacoas sobre las ruinas de Nuestra Señora del Puerto de Toledo y consigue dominar definitivamente a la nación constituida por Barbacoas, Telembíes e Iscuandes; quienes son sometidos a las instituciones de la encomienda y la mita para emplearlos en la dura explotación de las minas, el transporte de suministros y la servidumbre. A partir de este momento se desintegra esta nación indígena, que no solo es resquebrajada en su estructura social sino que es aniquilada progresivamente a causa de la sobre explotación. Se calcula que para 1590 la población indígena de la zona había disminuido a un diez por ciento de su número original. La provincia de Barbacoas fue durante los siguientes dos siglos un distrito minero de suma importancia, dependiente de los gobernadores de Popayán, que nunca perdieron la ocasión de viajar a Barbacoas para hacerse al oro que pudieran conseguir, obligando a los notables del pueblo a que les obsequiaran el mineral en polvo, las alhajas y las joyas.9

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Corella Hurtado, José María, 2013, “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”, Pasto, Tipografía Cabrera, pág. 240

Así narra fray Juan de Santa Gertrudis una de las visitas rutinarias del gobernador de Popayán al distrito minero en 1760: “Ya pasados los días del convite, lo ha de llevar cada minero a su mina con gran ostentación y regalos, y allí es que ha de ostentar su bizarría en convite y hospedaje, y cuando se va, le da de la visita cuatro onzas de oro en polvo. Este pues, después que hubo sacado cuanto pudo, y más a su mujer de regalos de joyas y preseas que le

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Desde la última década del siglo XVI llegan a Barbacoas los europeos que desembarcaron en la costa pacífica de Nariño, después de atravesar el Atlántico y las tupidas selvas del Darién, y de surcar la costa del Pacífico; llegaron también aquellos que arribaron provenientes de Popayán y Quito y los criollos blancos nacidos de la ciudad de Pasto. Hacia Barbacoas zarparon trescientos españoles contagiados de la leyenda del oro del Telembí, de los cuales llegaron solo diez. Los europeos que se asientan en Barbacoas en el siglo XVII se hicieron pasar por nobles y los nativos no tuvieron objeción; (…) “dijeron que eran nobles y los negros les creyeron y lo creyeron los habitantes de todo el litoral y lo creyeron en los pueblos de las faldas andinas y se quedaron de nobles y aristócratas por siempre” 10 El oro de Barbacoas fue un imán irresistible y un motor de poblamiento durante más de doscientos años; atrajo a europeos, criollos, mestizos; sometió a indígenas nativos y a los afros, que como esclavos llegaron a orillas del Telembí para trabajar las minas de los señoritos con sombrero de cubilete. Encantó el oro también a los americanos del norte que llegaron con la Colombian Placers, mejor conocida como la Choco – Pacífico, dragando ríos y despojando tierras y títulos. “El dragado de los ríos y el monopolio alcanzado allí por la empresa Chocó Pacífico sobre la extracción de los metales, motivaron intensos conflictos sociales. Esta empresa impidió a los nativos la navegación por esos ríos y prohibió la explotación de los yacimientos en los mismos, prolongándose, hasta décadas recientes, los conflictos en medio de transacciones ficticias de nacionalización y de escandalosas quiebras.”11 Era tal la cantidad de oro en Barbacoas que en la Europa de Isabel I se narraban las “maravillas de un pueblo perdido en la selva donde los peses defecaban oro, las sirvientas se ataviaban con corpiños dorados, y los niños jugaban al hoyo con canicas macizas.”12 Los señores de Barbacoas se constituyeron en elite europeizada y europeizante a costa de la mano de obra esclavizada. Barbacoas solo produce oro, plátanos en reducida cantidad y algo de caña de azúcar; por lo que depende para su supervivencia de los productos agrícolas de la cordillera y del Patía.

presentaron las señoras de Barbacoas, para dejarlos a todos del todo pelados, estableció allí un gobierno militar de coronel, teniente, capitanes, alféreces sargentos y cabos de escuadra en que entró a todos los que tenían minas.” Fray Juan de Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, Bogotá, Banco de la República, tomo III, 1956
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Corella Hurtado, José María; 2013, “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”, Pasto, Tipografía Cabrera, pág. 20

Echeverry María Cristina, 1993, “Minería y Desarrollo Marginal”, Colombia Pacífico, Tomo II, Pablo Leyva Ediciones; Extraído el 15 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/cpacifi2/52.htm Extraído de la obra: “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos” una nóvela histórica fruto de la pluma de José María Corella Hurtado, miembro de la Academia Nariñense de Historia y de la Asociación Colombiana de Historia de la Medicina. Sin embargo del género literario, magistralmente abordado por el autor, la exactitud histórica de muchos de los relatos contenidos en la obra, al ser contrastados con la data existente, amerita de sobra ser citado en un contexto histórico de la costa pacífica nariñense.
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La ubicación geográfica de Barbacoas era por decir lo menos estratégica; además de la inmensa riqueza mineral del suelo y de sus ríos, era paso obligado entre la sierra y el mar por lo que era, sin duda, el más importante centro comercial de la región. Llegar al puerto fluvial, hasta finales del siglo XIX, era otra historia; desde la capital de Nariño se cabalgaba por un camino de herradura con los equipajes y mercancías a lomo de mula; para atravesar la tierra de los pastos, conquistando la sierra en Tuquerres, y de ahí hasta el pie de monte, donde se desmontaban caballos y mulas para seguir por una trocha de a pie durante catorce días, con sus noches, en un recorrido de treinta y dos leguas; un camino tejido de raíces, con los equipajes y mercancías a “lomo de indio”; y a lomo de indio tambi én alguno que otro señorito; se descansaba en los tambos a la vera del camino; (…) “en algunos sitios era tan estrecho que la persona no cabía con los codos extendidos hacia los lados y cuando se cruzaban dos viajeros uno de ellos tenía que colocarse a horcajadas sobre la pared mientras el otro pasaba por entre sus piernas”.13 En 1890 la trocha se adecuó como camino de herradura, obra de los ingenieros Stael y Findley; el primer caballo llegó a Barbacoas el diez de agosto de 1891, donde no se había visto jamás al noble animal, motivo por el cual los nativos lo confundieron con una vaca sin cuernos. Desde Barbacoas se navegaba a través del rio Telembí para llegar al finalmente al puerto de Tumaco. “En Barbacoas la codicia del oro no ha hecho habitable y proveído de víveres, volviendo a los indios cargueros bestias de trabajo por un tan corto salario como son cuatro pesos que ganan en catorce días de un trabajo tan grave; (…) la vida que tienen estos indios en este camino es esta: sólo llevan para mantenerse habas tostadas. Por la mañana comen un puñado de ellas, y parten con la carga a la espalda. Al tomar el tercio, aprietan a caminar bien aprisa, porque el peso los estimula a ello; y al hallarse ya fatigados, se paran un rato, y para ello hay en todo el camino palos tendidos donde en estas paradas ponen los tercios de modo que después sean fáciles de volverlo a cargar. A estas paradas las llaman sentadas y hacen siete cortitas por la mañana, y a la séptima llaman el almorzadero, porque descansan un rato largo de media hora. A la tarde hacen sólo cinco sentadas, y ya se llega al tambo donde se arranchan a pasa r la noche.”14 El primer camino carreteable, levantado en la década de 1920, pasaba por el célebre cerro de Chambú tras circundar el valle del Cumbal; bordeado el camino los más espeluznantes abismos en la nariz del diablo.

Moreno de Ángel, Pilar; Melo González, Jorge Orlando; 2010, “Caminos Reales de Colombia”, -Caminos de los Andes del Sur-, Bogotá, Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango; extraído el 7 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/caminos/rutas3a.htm 14 Fray Juan De Santa Gertrudis, 1970, “Maravillas de la Naturaleza”, Bogotá, Ediciones del Banco Popular; extraído el 1 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/faunayflora/mara/mara0.htm
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Conquistar el Chambú (roca, en dialecto nativo) significo un extraordinario esfuerzo y sacrificio del hombre de la sierra, para edificar la obra sobre la piel vertical del cerro e inspiro a Guillermo Edmundo Chávez a escribir la novela “Chambú” en 1946. 15 Así encontró a Barbacoas Fray Juan De Santa Gertrudis en 1760: “La ciudad es corta, que tendrá unas sesenta casas, aun que tiene mucha gente, porque allí cada caballero tiene su casa, y en el río donde tiene la mina, tiene otra casa, y como todos tienen muchos negros y negras esclavos el trabajo de la mina continuamente van y vienen de la mina a Barbacoas, y de aquí a la mina, y así sólo por Pascuas y Semana Santa se juntan toda la gente en la ciudad, o por alguna grande función.”16 Una vez decaído el distrito minero salieron de Barbacoas los miles de afros que poblarían las costas y las riberas de los ríos en toda la costa; como también los descendientes de europeos que se constituirían en élite en la capital del departamento: los Días del Castillo, los Perini, los Albán, los Corella, los Zarama. En 1650 llegan los primeros afros a Barbacoas, cuando se hizo indudable el colapso de la población indígena; pertenecían estos muy seguramente a los grupos étnicos Arará, Mina, Lucumí, Carabalí, Congo, Mandinga, Chamba y Bambara, que prevalecieron durante este periodo en la Nueva Granada; procedían de diferentes regiones del continente africano, motivo por el cual no compartían ni la cultura ni la lengua; así se les obligó a adoptar el idioma del amo español como único medio de comunicación, incluso entre ellos. Para 1778 mal vivían en Popayán y Barbacoas más de seis mil afros esclavizados, que en todo caso no fueron la solución del problema que tenían mineros esclavistas para explotar efectivamente la riqueza minera de la región, pues esta población de esclavos presentaba un muy bajo crecimiento demográfico a causa de la altísima morbimortalidad, causada por la inclemencia del clima, la sobre explotación y las epidemias. La esclavitud como practica económica, política y social fue rechazada por las naciones cristianas desde el siglo XII, como respuesta a las practicas esclavistas de los árabes, que mantenían para la época un dinámico comercio de esclavos europeos; pero por primera vez en la historia se asumió como una práctica industrial cuando estas mismas naciones cristianas esclavizaron al África a partir del siglo XVI; incorporando a más de cincuenta millones de esclavos en su aparato productivo, dibujando un triángulo que conecta a África, de donde se obtienen los esclavos, con América, donde se los pone a trabajar, y con Europa en donde se acumula el capital.

Alejandro Kerk filmaría, en 35 mm, la película “Chambú” inspirada en la novela de Edmundo Chávez, en 1962, año en que se estrenó el film en el teatro Imperial de la ciudad de Pasto; posteriormente el director alemán viajó a España para sonorizar la película y nunca se supo más ni de él, ni de la filmación, de la cual se recuperaron, en el año 2012, algunos rollos, copiones originales, que están en poder de Patrimonio Fílmico.
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Fray Juan De Santa Gertrudis, 1970, “Maravillas de la Naturaleza”, Bogotá, Ediciones del Banco Popular; extraído el 1 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/faunayflora/mara/mara0.htm
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Los esclavos recién llegados a Barbacoas fueron organizados en cuadrillas de trabajo bajo el mando de un capataz,17 y pretendía el esclavizador que la cuadrilla no fuera deliberante; obviamente la energía concentrada en esta tarea fue un desperdicio, pues los miembros que iban de cuatro a setenta personas, compartían un escenario de cosificación y sometimiento tan deshumanizantes que era imposible no surgieran, más temprano que tarde, acciones comunicativas efectivas para la construcción de una definición de realidad común; (…) “con la vida amenazada, la familia destruida, perdida la tierra y sumergidos en la incertidumbre bajo el sol, en la sombra o debajo de la luna, las víctimas buscaron momentos de interacción. Un primer gesto de compasión mutua pudo convertirse en un hilo de comunicación que con otros similares urdiría la trama de futuros tejidos sociales.”18 Una vez la cuadrilla se establecía en una zona de explotación aurífera, primera gran economía extractiva en la región, urdía una trama compleja de relaciones sociales, basada en cierto grado de especialización en el trabajo y en el establecimiento de jerarquías; tejido social que muchas veces fue la semilla de futuros poblamientos espontáneos, especialmente en la riveras de los ríos y en a las orillas del mar. La cuadrilla -unidad funcional de trabajo- se transformó en la cuadrilla -núcleo social generador de identidad y pertenencia-; desde donde emergieron formas y estructuras sociales basadas en la solidaridad que despertaba entre los afros compartir el destierro y el nuevo territorio. Los señores de las minas, dueños de esclavos, establecían un vínculo muy efímero con el territorio, fueran estos europeos o blancos criollos, pues su interés no era establecerse en haciendas para ejercer su señorío sino exclusivamente dar con la ubicación del filón de oro y tomar posesión temporal del terreno previa autorización de la gobernación; (...) "los mineros recorrían la costa y penetraban por los ríos acompañados de dos o tres baquianos, inicialmente indígenas, posteriormente negros, con los que iban chequeando el curso de los ríos, especialmente en los remansos para reconocer los placeres o sitios de alta sedimentación de arena aurífera; localizado el sitio, se demarcaba y se tomaba una posesión transitoria del mismo para, con muestras del mineral y de un mapa de localización en mano, solicitar su registro y ante la autoridad más cercana, y ante la Gobernación."19

"El capataz, representante en la mina de un propietario ausentista, era la máxima autoridad y establecía el orden y la jerarquía entre los hombres y las actividades. Era la presencia del propietario blanco en la mina y al tiempo el vocero de la mina ante el amo."- Zuluaga Francisco, 2006, "Esclavitud, Resistencia, Libertad en el Suroccidente Colombiano", Cali, Universidad del Valle, pág. 18
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Friedemann Nina, 1992," Huellas de Africania en Colombia - Nuevos Escenarios de Investigación, Bogotá, Centro Virtual Cervantes, Thesaurus. Tomo XLVII. Núm. 3, pág. 4
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Zuluaga Francisco, 2006, "Esclavitud, Resistencia, Libertad en el Suroccidente Colombiano", Cali, Universidad del Valle, pág. 14
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Al mismo tiempo, el afro se adapta material y simbólicamente al territorio, desarrollando la habilidad de reconocer y aprovechar las propiedades del entorno selvático; reinterpretando sus experiencias sociales, políticas y religiosas ancestrales. El pensamiento mágico del africano fue clave en la apropiación del territorio, a través de la manipulación que de los elementos de la naturaleza hacia el curandero para sanar los males del cuerpo y las hechiceras para curar los del alma.20 La palabra hablada fue siempre el agente activador de los poderes mágicos de la naturaleza y el sustento de la memoria colectiva, en clara resistencia a la institucionalidad religiosa que reconocía en las prácticas y ritos mortuorios del afro un vínculo con lo oscuro, lo maligno y en definitiva con el demonio; despertando la ira incluso de aquellos misioneros reconocidos por la historia como protectores de los afros esclavos en la Nueva Granada; 21 en todo caso la costa pacífica, en razón de lo inexpugnable de su geografía, no fue objeto de un control tan rígido por parte de la iglesia, lo que favoreció la reconstrucción y reinterpretación de los ritos mágicos de origen africano. La iglesia católica justificaba la esclavitud del afro como necesaria por cuanto (...) "la degradación temporal del cuerpo del negro, aseguraba la salvación de su alma, estableciendo a través de la institución eclesiástica unos lazos místicos con los grupos dominados";22 adicionalmente popularizó ideas falsas, como la de que el afro era sometido en América a una esclavitud más benigna a la que era sometido por sus reyes en África o que resistía mejor el trópico que los indígenas y que fue traído a las colonias para salvar al otro. La verdad es que el afro no llegó para sustituir al indígena, sino para unirse a él en su sometimiento. La iglesia pretendió evangelizar a la población esclavizada, reconociendo tácitamente que el negro esclavo poseía alma y reconociendo así su condición humana, sin embrago actuó de

"A finales de la década de los ochenta, un equipo de investigación de la Universidad de Antioquia se dio a la tarea de investigar la práctica de curar la enfermedad de la malaria con plantas, indagando entre los curanderos más reconocidos en el municipio de Tumaco; presenciando las consultas y realizando recorridos en busca de las terapéuticas plantas (...) se concluyó sobre la importancia de su conocimiento, pero también la fragilidad del mismo, pues muchos curanderos han tenido que abandonar el municipio, como tantos de sus coterráneos, y la gente tiende a prestar cada vez menos atención a los conocimientos ancestrales." En: Jiménez Meneses Orian, Hernández López David, Pérez Morales Edgardo, González Vélez Estefanía, 2005, “Tumaco Historia Memoria e Imagen”, Medellín, Imprenta Universidad de Antioquia, pág. 120
20 21“Cuando

Pedro Claver ejercía su misión evangelizadora, estos ritos fúnebres, los cantos y los tambores con danza en torno al muerto, ya causaban gran desazón entre las autoridades civiles y eclesiásticas. Tanto que al oír el tambor que retumbaba en la ciudad, Pedro Claver corría a las casas de cabildo y amenazándolos con látigo, les arrebataba las viandas que allí se preparaban para el sacrificio nocturno de acompañamiento al espíritu del difunto en su salida hacia el otro mundo. Llevándose como rehenes a los tambores, exigía un pago de rescate, en tanto que los tambores regresaban al cabildo.” -Friedemann Nina, 1992," Huellas de Africania en Colombia - Nuevos Escenarios de Investigación, Bogotá, Centro Virtual Cervantes, Thesaurus. Tomo XLVII. Núm. 3, Pág. 9 Borja G. Jaime, 1992, "Creando la Realidad”, Ponencia VII Congreso Nacional de Historia, Bucaramanga, pág.78, Citado por: Chamorro Chamorro Doramaría, 1999, "Esclavitud y Mentalidad en Pasto Siglo XIX", pág. 118, en: "Manual de Historia de Pasto, Tomo III, Pasto, Ed. Graficolor
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manera contradictoria; (...) "primero autorizó su esclavitud por no ser cristianos; ya cristianizados continuó tolerando su sujeción y aún impulsó al Estado a que fuera contradictorio en los casos en que admitió en las colonias negros que por ser ya cristianos, no se aceptaba su introducción como esclavos pero sustentaba la permanencia de los cristianizados en América como tales." 23 Así narra el profesor Arturo Chávez Benítez, el encuentro de los primeros afros llegados de África con los Indígenas sometidos ambos bajo el modelo de explotación del oro en la actual Nariño; (…) “muy en breve traerían esclavos de ébano para laborar nuestras minas y los esclavos recién llegados de la playa del África como los aborígenes que huyeron a la selva desde Tumaco, se encontrarían en los socavones para mezclar al salir agotados y hambrientos sus lágrimas con las chontas de sus marimbas y los aborígenes, algunos con raza de estirpe imperial con los lamentos silvestres del rondador.”24 Barbacoas, como lo fuera también Tumaco, fue saqueada por piratas europeos en los últimos años del siglo XVII; pero también por los gobernadores que estuvieran de turno en Popayán y por el propio libertador: “En 1821 el coronel Ángel María Varela, p or mandato de Simón Bolívar, apareció en Barbacoas con el fin de conseguir recursos para la gesta libertadora. Decían que iba a venir el mismo libertador pero se encontraba enfermo en Pativilca acosado de unas fiebres raras. Entonces envió a su lugarteniente para cobrar en especie y dinero de las familias acaudaladas y les dio un plazo de trece días para que alleguen el oro. Barbacoas soportaba un estío mayor y las ataguías se encontraban secas por lo cual era muy difícil extraer el oro solicitado. Pasado el plazo y al ver que los mineros no volvían, asaltó la basílica de la virgen de Atocha e hizo que su soldadesca tomara las joyas que cubrían el altar y por supuesto el vestido de la patrona. La noticia corrió y ante la sacrílega decisión, las matronas propusieron al coronel, construir una balanza y cubrir con el peso de sus propias joyas, el peso de las prendas propias y salvar así las joyas de la esfinge sagrada. Fue una curiosa decisión.”25 Así se salvó al ajuar de la patrona de los barbacoanos, avaluado en más de mil millones de pesos actuales, durante ciento setenta y un años, hasta el nueve de junio de 1992, cuando dos ladrones disfrazados de recolectores de chatarra despojaran a Barbacoas del último vestigio de su antigua riqueza y señorío. Los mineros barbacoanos negociaban directamente con joyeros en Londres y Paris, a donde viajaban con regularidad; no se interesaron nunca, hasta la caída de Barbacoas, en las ciudades andinas del departamento. Desde la década de 1910, con la apertura del canal de Panamá, la mercancía europea llegó a raudales a Barbacoas, transportada en los barcos a vapor que

Zuluaga Francisco, 2006, "Esclavitud, Resistencia, Libertad en el Suroccidente Colombiano", Cali, Universidad del Valle, pág. 9
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Extraído del artículo: “Manco-Capac secundado por los pescadores Tumas, virtual fundador de Tumaco –Huáscar y Atahualpa (Príncipe Hermoso) publicado en la revista “Vigía” , citado por Leusson Telmo, “Tumaco, Historia y Cultura”, 1996, Tumaco, si editor, pág. 71
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Corella Hurtado, José María; 2013, “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”, Pasto, Tipografía Cabrera, pág. 41

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transitaban el rio con juiciosa regularidad; llegaron así los primeros pianos de cola y el primer Ford modelo T. Las formas sociales europeizadas de la elite barbacoana eran tan rígidas que desde noviembre, cuando Europa empezaba a soportar los rigores del invierno, los barbacoanos vestían de paño estrictamente negro, chaleco y leontinas; esto en el asfixiante calor de la selva húmeda y hasta bien entrado el siglo XX. En sus casas había siempre dos pianos uno de cola para las fiestas y uno pared para los ensayos. En 1921 llegó al puerto fluvial el presidente Marco Fidel Suarez prometiendo la carretera asfaltada Pasto – Barbacoas que hasta el día de hoy, casi un siglo después, es una trocha intransitable. Prometió también (…) “la aviación comercial que había inaugurado una año antes en la costa Atlántica, los cables del telégrafo y el Banco de la Republica; así lo dijo en el discurso de la fiesta de gala ante un pueblo enajenado por los acontecimientos.”26 Se reconoce a Tumaco como heredera de la tradicional Barbacoas, cuya producción minera sumada a la de Choco significaba, a finales de la colonia, más de la mitad del oro producido en Colombia; se sabe también que la decadencia del distrito minero fue directamente proporcional al florecimiento del puerto. Declive de larga data que motivó a la elite blanca criolla a abandonar poco a poco el poblado para instalarse, unos en las capitales andinas y otros en Europa donde se reencontraron con sus familias de origen. Mientras que los afros una vez libres y frente a la decaída realidad del puerto fluvial huyeron en masa hacia la costa y hacia las riveras de los ríos, dando vida a caseríos y veredas, muchos de los cuales permanecen hasta el día de hoy; como es el caso de la actual Llorente; se dedicaron estos afros a la pesca, la cacería, la recolección y el mantenimiento de los platanales hasta que en la segunda mitad del siglo XIX la bonanza del caucho y de la tagua traería de nuevo la lógica extractivista a la vida social de las comunidades. La decadencia de Barbacoas se originó en el agotamiento progresivo de los yacimientos superficiales de oro de aluvión, siendo no solo menor la cantidad de oro obtenido por cada afro esclavizado sino también menor el kilataje del oro obtenido. El decaimiento se acentuó, ente otros factores, con la abolición de la esclavitud en 1851; el gran incendio de Barbacoas en 1902; el trazado del ferrocarril de Tumaco en la década de 1920, que dejaría al poblado por fuera de la ruta entre la sierra y el mar; la explotación de las zonas auríferas por parte de compañías extrajeras, que implementaron la minería industrial con la utilización de las dragas en el Telembí, y que despojaron de sus tierras y sus títulos de explotación a las familias acomodadas de Barbacoas, que tradicionalmente habían explotado el oro desde la primera mitad del siglo XVIII, especialmente a la familia Del Castillo; esto con artimañas jurídicas frente a las cuales las autoridades regionales y nacionales se hicieron de la vista gorda. “Las familias se iban con despedidas o sin despedidas, con redobles o sin redobles, las más de las veces con honores municipales y muchas veces sin ellos. Fue un éxodo doloroso y constante; con sus descendencias partían alegres con los cachivaches de quienes abandonaron

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vetas y aluviones sepultados en las cuencas inexploradas y en los filones inconmensurables que yacen bajo las calles de la ciudad. Se fueron además por los incendios, por el tren lejano, por los forasteros y la inminencia de una draga tan grande como un edificio.”27 La llegada de “los gringos” a Barbacoas en la década de 1930 para explotar el oro con extraordinarias dragas mecánicas, que devoraron sin compasión alguna las cuencas de los ríos, marcó un punto de no retorno en la decadencia del puerto, con la instauración de una economía de enclave auspiciada por las autoridades del departamento y también desde Bogotá, en concierto con las compañías extranjeras. La filosofía del negocio era sencilla: la ganancia para los extranjeros y para los funcionarios corruptos del gobierno en Pasto y Bogotá; la pobreza y el irremediable daño en el medio ambiente para Barbacoas y para los barbacoanos; el grosero oportunismo convertido en filosofía de negocios, cobardía política, falta de visión, desconocimiento de las necesidades urgentes pero siempre aplazadas de los nativos de la costa nariñense; despojo y migración forzada; capitalismo salvaje, estado invisible y siempre ausente, indiferente, mezquino. Se segregó a todo nativo barbacoano; desde los más humildes hasta a los que ostentaban su abolengo y tradición; (…) “levantaron casas americanas para los americanos, talleres americanos para los americanos, y el último día del mes de abril de mil novecientos treinta y cinco dieron luz eléctrica a sus casas como si fuera el mismo día y se convirtió en una leyenda propagada como alucinación. La ciudad encantada emergió de las entrañas de la selva. Era Mongón.”28 Algunas calles de Barbacoas se destinaron para el transito exclusivamente de los norteamericanos, si un trabajador afro se atrevía a atravesarlas podía ser destituido. Los mineros artesanales que se hacían al oro bateando la arenisca olvidaron su tradición para emplearse como obreros en la compañía norteamericana; por supuesto ellos no tenían lugar en la Manhattan de la selva, como se conocía al campamento de Mongón; la regalía recibida por la municipalidad consistió en un barril diario de ACPM para encender la planta eléctrica del pueblo durante los treinta años durante los cuales los norteamericanos explotaron sin misericordia a Barbacoas y a sus gentes; (…) “De allí en adelante la minería reinó con sapien cia y las cosas pasaron al silencio y al olvido, porque la draga se comió al pueblo y las riberas del rio durante los treinta y seis años siguientes, al cabo de los cuales también se fue, dejando la pobreza y la miseria indigna. Era el oro Barbacoano.” 29 Las concesiones que dio el estado colombiano a las empresas extractoras extranjeras no generaron el crecimiento económico de la región, ni mucho menos el bienestar de los habitantes de la costa pacífica nariñense; sin embrago la lógica de explotar los recursos de la región a costa de sus habitantes y del medio ambiente continuaría en el territorio. Mientras la madre se sumía

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en la tristeza casi de muerte, la hija rebosaba de alegría y vida nueva, al ritmo de las recién estrenadas bonanzas: “Tumaco es hija de Barbacoas”, comentaba el ingeniero Santafereño Miguel Triana en 1905: “No de otra manera se explica el transeúnte observador como existe en un pueblo de negros un núcleo social que poco tiene que envidiar a las pequeñas ciudades del Cauca, la amabilidad y corrección de maneras de los blancos de Tumaco y la suavidad de carácter y cultura de los negros, que en la costa atlántica y el Cauca son cínicos e indómitos, proviene del régimen de libertad industrial que la localidad le ha ofrecido a estos sin la opresión de los otros. (…) las familias blancas, olvidadas de su preocupación aristocrática, saben apreciar esas distinciones (las buenas maneras y costumbres de los afro tumaqueños) y les abren campo a los negros que por su talento y aplicación empiezan a ser notabilidades lugareñas."30 Tumaco era poco más que un punto de entrada y salida de las mercaderías desde y hacia los distritos mineros, pero estaba en expansión; (...) "existían en la ciudad (1782) Real Estanco y Casa Real, guarnición armada y cárcel pública, en 60 casas habitaban 70 familias con 391 personas, sin contar 32 que vivían en El Morro. La ciudad y sus lugares inmediatos albergaban entonces a 2.497 habitantes."31 El puerto podía albergar buques de gran calado y comunicaba a Barbacoas con Ecuador, Chile, Perú y Panamá; de Guayaquil llegaba la sal, de Chile el vino y la ropa de España, del Perú llegaba la munición, las pailas de cobre, el tocino, el jabón y el aceite; carne de diablo de Prusia; mantequilla irlandesa; de regreso a Perú y Ecuador los barcos se cargaban con brea para la fabricación de navíos. El oro de Barbacoas, que enriquecía a los esclavizadores europeos y criollos, fue también clave para que muchos afros, realizando un trabajo extraordinario en su escaso tiempo libre, pudieran hacerse a pequeñas cantidades del metal, que con el paso de los años sería suficiente para comprar al amo la anhelada libertad; si este estaba de acuerdo, claro está. Muchos de los afros que lograban escapar del sometimiento en las minas de Barbacoas escapaban a la costa y a las orillas de los ríos buscando su libertad pero incluso más importante salvando sus vidas, pues en condición de esclavos no sobrevivían más de diez años de trabajo forzado; (...) "desde finales del siglo XVIII los esclavos negros y mulatos que habían comprado su libertad o sus padres lo habían hecho antes y eran conocidos como libres daban origen a nuevos poblamientos espontáneos que bien podían ser lineales a la costa o las bocanas de los ríos o en algunos casos al interior de las selvas.”32

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Triana Miguel, 2004, “Por el Sur de Colombia”, Pasto, Empresa Editora de Nariño -EDINAR-

Sánchez Gutiérrez Jairán, 2012, “Caracterización y Diagnostico Socioeconómico y Ambiental de la Costa Pacífica en el Departamento de Nariño”, Formación en gestión ambiental y cadenas productivas Convenio SENA-Tropenbos-, pág.56 Jiménez Meneses Orian, Hernández López David, Pérez Morales Edgardo, González Vélez Estefanía, 2005, “Tumaco Historia Memoria e Imagen”, Medellín, Imprenta Universidad de Antioquia
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El difícil acceso a los poblamientos era clave para mantener la resistencia; la topografía, el clima, la distancia o la densa vegetación debían ser consideradas; además el asentamiento era protegido con estacas para convertirse en palenque; levantados primero por afros recién llegados a los que más tarde se unirían esclavos criollos que construían, día a día, un proceso de reintegración étnica. En la nueva organización social, al interior de los palenques, salían a relucir prácticas y jerarquías en las que se entremezclaban las formas de organización tribal africanas y las aprendidas del amo español; en todos los casos siempre asumían formas comunitarias de trabajo en las que el parentesco y el compadrazgo marcaban las pautas de socialización. Existen referencias del levantamiento de palenques en las cercanías de Barbacoas, como lo comenta Fernando Jurado Noboa: (...)"los esclavos de don José y los de don Francisco Javier Mosquera se rebelaron a mediados del siglo y se fueron a fundar los primeros palenques del Pacífico cerca a Barbacoas en donde se encontraban negros libres desde 1732 lavando oro en las riberas o sembrando maíz y plátano."33 En Nariño se ha evidenciado la existencia de palenques en el valle del Cumbal y en el norte del departamento: "algunos esclavos se fueron a formar palenques en el Castigo34, otros por el antiguo camino de Mayasquer, cerca del cerro de Cumbal, donde hasta ahora se conservan nombres como Ciénaga, Camino, Picacho, Páramo y El Tablón de Simarronas y un sitio denominado el Porvenir de los Mineros, que es un peñasco por la vereda Násate, entre el páramo alto de Panám, por el paso del Granizo, para finalmente pasar al valle del Chota (Ecuador)."35 El palenque del Castigo fue tal vez el más importante; ahí se levantaron dos poblamientos en los que establecen una economía estacional. Nachao y Nalgua, serían los dos poblados en los que vivieron al menos cuatrocientas familias provenientes de Barbacoas; este poblamiento seria la semilla de la cultura cimarrona del Patía, a mediados del siglo XVIII, dando origen a una comunidad estable en el valle del mismo nombre; se auto reconocían como bandoleros y el

Jurado Noboa, Fernando, 1990, “Esclavitud en la Costa Pacífica”, Edi ciones ABYA - YALA, Centro afroecuatoriano, Quito, Corporación Ecuatoriana de “Amigos de la Genealogía” Pág.146 - Citado por: Umaña Carrizosa Hugo, 1993, "Impactos Ambientales en el Pacífico" en: Leiva Pablo, "Colombia Pacífico”, tomo II, Proyecto Editorial del Fondo FEN - Colombia, Extraído el 8 de julio de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/cpacifi2/61.htm
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El palenque del Castigo existió entre los años 1635 y 1726. “Los primeros datos que se tienen los aporta Fray Juan de Santa Gertrudis en el texto „Maravillas de la Naturaleza‟, quien visitó la zona en 1759. El fraile mallorquino señala que procedían de ese territorio los ladrones que habían robado “un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto para Popayán”. Según el mismo fraile, a pesar de las empresas llevadas a cabo por órdenes del virrey y del gobernador de Popayán esta población no pudo ser controlada. Debido a que la zona era rica en oro, lo que generaba la presencia de mercaderes, los apalencados podían comprar ropas, armas de fuego y las municiones necesarias para la defensa del territorio.” - Fray Juan de Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, Bogotá, Banco de la República, tomo III, 1956, pp. 68-69
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Chamorro Chamorro Doramaría, 1999, "Esclavitud y Mentalidad en Pasto Siglo XIX" en: "Manual de Historia de Pasto, Tomo III, Pasto, Ed. Graficolor, Pág. 147
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asalto de los caminos era parte de su forma de vida, en la época de las guerras de independencia se declararon realistas y en más de una ocasión pelaron junto a los pastusos en contra de los generales del ejército patriota, convirtiéndose en una guerrilla realista. No hay que olvidar que el cimarrón,36 afro esclavizado que huía de sus amos en actitud de resistencia, fue perseguido tenazmente incluso con perros de jauría especialmente adiestrados para la tarea; si era capturado podía sufrir la mutilación de sus genitales o eran untados en brea para ser quemados vivos. Cuando un palenque era arrasado por las autoridades, los cimarrones sobrevivientes levantaban otro en pocos días. Los que lograban escapar y los que podían comprar su libertad se adaptaron con rapidez a un entorno natural que ofrecía muchas oportunidades; José María Córdoba describe en 1824 su encuentro con una de estas comunidades de afros libres asentados en la costa nariñense; (...) "la pródiga, cuanto fecunda naturaleza, todo se lo proporcionaba con sólo alargar la mano para recoger; ni aun la ley universal del trabajo parecía que se cumpliera entre ellos ni que fuera necesaria. Vimos retirar las redes repletas, como las de la pesca milagrosa, de sábalos, langostas y otros peces con tal profusión, que soltaron los que no podían consumir; dejaron que bajara la marca para presentarnos ostiones mejores que los de Ostende; si tenían pereza para pescar, recogían almejas, caracoles, cangrejos y otros mariscos, que quedaban varados en la playa al bajar la marea; y si les aburría la despensa marina, les era fácil recoger caza entre la gran variedad de aves acuáticas que acuden por millares en busca del diario e inagotable sustento que encuentran en aquellas abandonadas regiones".37 Pero incluso sesenta y cuatro años antes, en 1760, el buen fraile De Santa Gertrudis 38 se topó con una comunidad de afros libres en las orillas del rio Telembí que se habían convertido en

El término era utilizado por los españoles para referirse al animal doméstico que una vez amansado huía, volviendo a la vida salvaje; por supuesto era un término despectivo para referirse al afro esclavo que huía de su amo; sin embargo, la palabra cimarrón fue adoptada por los afros rebeldes como sinónimo de resistencia a la esclavitud y de lucha contra la discriminación.
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Leal Claudia, 2000, "Manglares y Economía Extractiva. Sobre cómo algunos de los recursos que utilizan los habitantes del manglar en el pacífico colombiano se convierten en dinero y cómo éste se aleja", Artículo publicado en: Arocha Rodríguez Jaime, Machado Caicedo Martha Luz, Villa William, Leal Claudia, "Geografía Humana de Colombia: Los Afrocolombianos.” Tomo VI, editorial: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, extraído el 10 de julio de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/afro/manglare
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“Según datos aportados por el historiador fray Luis Carlos Mantilla R, fray Juan de Santa Gertrudis Serra, debió nacer en Mallorca en el año de 1724 y recibir la ordenación sacerdotal en 1748/49. De los documentos encontrados por el padre Mantilla, se desprende que era “blanco, sonrosado y de pelo negro “y que en enero de 1757 se embarcó en compañía de otros catorce sacerdotes con destino al colegio de la Virgen de Gracia en Popayán, siendo asignado a las misiones del Putumayo, donde, en 1758, funda el pueblo de Agustinillo. Durante los siguientes nueve años su vida transcurre entre su pueblo en el Putumayo y dos salidas a Santa Fe y a Quito. Regresó a Cádiz en septiembre de 1768 y allí reingresa al colegio de Arcos de la Frontera donde había estudiado en la juventud y del cual llegó a ser guardián. Luego vivió en la natal Mallorca hasta su muerte acaecida el 8 de agosto de 1799.
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Fuera de las Maravillas de la Naturaleza, fray Juan de Santa Gertrudis escribió una obra titulada Medicina Luliana, que contiene comentarios a la obra de Raymundo Lulio. También se conservan los Tomos II, III y IX de la recopilación de sus sermones bajo el título La virtud en su palacio.”

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proveedores de sus antiguos amos: (…) “Estos que se rescatan lo pasan muy bien, porque río abajo siembran buenos platanares y buenos cañaverales de caña dulce, y con sólo esto ya tienen para mantenerse; porque los señores de las minas tienen pocos plátanos y el que tiene más, no le alcanza para sus negros y cada mes han de comprar a estos negros y mulatos libres una o dos canoas de plátanos, que le vendrán a costar cincuenta o sesenta pesos, y con esta plata se surten ellos de carne y cuanto han menester.”39 En 1851 durante la presidencia de José Hilario López se decretó la abolición de la esclavitud; proceso que tiene antecedentes directos en: la constitución de Cartagena de 1812 que prohibía el comercio de afros; en la decisión del dictador Juan del Corral que en 1814 sentenció la libertad de todo hijo de esclavo en Antioquia40 y en la ley de libertad de vientres de 1821 que nunca llegó a cumplirse a cabalidad.41 A partir de esta fecha se dio una intensa migración de afros libres, que salieron del distrito de Barbacoas, algunos para establecerse en Tumaco; otros en el rio Patía y en Salahonda y los últimos en las orillas del rio Mira, en la zona de la llanura del pacifico colindante con Tumaco; donde se levantaron espontáneamente poblados tales como San Carlos que se convertiría, con el paso del tiempo, en el actual Llorente. Para el momento en que se prohíbe la esclavitud, la mayoría de los afros en Colombia eran ya libres, en parte a causa del “cimarronaje”, pero especialmente porque al ser reclutados masivamente por las milicias realistas e independentistas recibían la libertad; (...) “según Manuel Restrepo había en 1810, en el virreinato de la Nueva Granada 138.000 esclavos y 650.000 personas de color libres.”42 Incluso algunos amos otorgaron la libertad a sus esclavos antes de ser una obligación jurídica, por diversos motivos: "por los servicios prestados, por las ideas filantrópicas de la ilustración, porque eran reclutados para participar en las luchas independentistas";43 pero también porque la producción basada en la mano de obra esclavizada ya no era tan rentable como en el pasado; a muchos dueños de esclavos les resultaba más rentable contratar la mano de obra de los afros, pagando un salario muy bajo, sin contraer obligaciones adicionales como tener que proveerles un lugar de habitación, vestido y alimentación.

Fray Juan De Santa Gertrudis, 1970, “Maravillas de la Naturaleza”, Bogotá , Ediciones del Banco Popular; extraído el 1 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/faunayflora/mara/mara0.htm
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La ley de libertad de vientres, de julio de 1821, establecía que todos los hijos de esclavos nacidos a partir de esta fecha quedarían libres una vez cumplieran 18 años; después la edad subió a 21 años, pero aun a esa edad quedarían sujetos al amo, pues debían indemnizarlo por todos los gastos en que hubiese incurrido en razón de su crianza.
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Rahier Jean, Decima Poesía Oral Negra del Ecuador, citado por Leusson Telmo, 1996, “Tumaco, Historia y Cultura”, Tumaco, si editor, pág. 38
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Chamorro Chamorro Doramaría, 1999, "Esclavitud y Mentalidad en Pasto Siglo XIX" en: "Manual de Historia de Pasto, Tomo III, Pasto, Ed. Graficolor, pág. 118
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La sociedad de la época empezó a reconocer en la esclavitud un inconveniente, al margen de consideraciones éticas, humanistas o republicanas; (...) "la esclavitud genera malas costumbres; si los esclavos eran holgazanes, maliciosos, hipócritas, embusteros, se debía a su estado y era el reflejo de las costumbres de sus dueños. No era extraño que fueran perezosos pues no podían amar un trabajo del que no les resultaba beneficio alguno. Por otra parte se consideraba que la servidumbre era el taller de todos los crímenes. Es necesario transformar al esclavo en un hombre libre para poder incorporarlo a la producción".44 Ya en 1779 los afros libres constituían el setenta por ciento de la población de Tumaco que era de dos mil setecientos habitantes y que incluía solo treinta y seis esclavos; es claro entonces que el afro no sufrió la esclavitud en Tumaco con la misma intensidad que la sufriera en Barbacoas; no se debe entender por esto una ausencia de diferencias sociales, que por su puesto las había y muy marcadas; sino que estas diferencias no pasaron necesariamente por la relación amo – esclavo. Para finales del siglo XIX (...) “Tumaco se reducía a una pequeña área urbana asentada en la isla que lleva su nombre. Una calle de pequeños almacenes paralela a la orilla del mar donde se desembarcan y embarcan las más disimiles mercancías, y a partir de las cuales se hallaban construidas algunas residencias y ranchos que conformaban el núcleo del poblado de aquel entonces.”45 Durante este periodo, las territorialidades de la actual Colombia se construían y reconfiguraban todos los días a sangre y fuego. Los límites serán siempre cambiantes, agrupando y suprimiendo territorios en su organización político - administrativa; reflejándose así la inestabilidad política que generaba la lucha entre centralistas y federalistas. Periodo en el que transitamos de la confederación granadina de 1857 a los Estados Unidos de Colombia de 1863, y a la regeneración en 1886. Mientras tanto, la muy soleada, Tumaco formo parte de la jurisdicción del Cauca, de la de Quito, de la provincia de Buenaventura y finalmente de la provincia de Pasto; dicen los pastusos que con justicia, pues ellos defendieron, en más de una ocasión, a la isla del ataque de piratas y filibusteros europeos en el siglo XVII;46 mientras que los Tumaqueños, por su lado, no pierden ocasión para remarcar el abandono al que han estado sometidos por parte del poder regional ejercido desde la capital nariñense.

Chamorro Doramaría, 1999, "Esclavitud y Mentalidad en Pasto Siglo XIX", en: "Manual de Historia de Pasto, Tomo III, Pasto, Ed. Graficolor, pág. 121
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Restrepo Eduardo, 1999, “Hacia la Periodización de la Historia de Tumaco”, Artículo publicado en: “Tumaco, Haciendo Ciudad” Agier M. Álvarez M. Restrepo E; Cali, Imprenta Universidad del Valle, pág. 58
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En el siglo XVII, Tumaco fue objeto de saqueo y hostilización por parte de filibusteros ingleses y holandeses. En 1681, el teniente gobernador Juan de Godoy se trasladó con su tropa desde Pasto a Tumaco y se enfrentó con un pirata ingles de apellido Wolmen a quien derrotó; pero en 1684 Eduardo David, un corsario de origen flamenco, saqueó Tumaco y se llevó consigo a cuanta riqueza y mujeres pudo embarcar en su navío.
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Lo que fue y sigue siendo una constante en el pacifico sur de Colombia es que las capitales andinas mantienen el control político sobre las regiones costeras, frustrándose permanentemente cualquier iniciativa de autonomía regional, tal como fuera la de “las provincias del litoral” entre 1852 y 1860; Tumaco se constituiría en municipio en el año 1862, en el gobierno de Tomas Cipriano de Mosquera. “A diferencia del Chocó, la parte sur del pacífico no conoce una identificación temprana ni tiene nombre propio para el conjunto de la región, y se va dividiendo o reunificando según las épocas y los intereses de los actores dominantes.”47 Solo como curiosidad vale anotar que Tumaco fue un departamento independiente, integrado por las provincias de Núñez y Barbacoas, donde ejerció como gobernador el general Micolta Concha, entre el 5 y el 31 de agosto de 1908; marcando escasísimos veintiséis días de autonomía tumaqueña.

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EL DIABLO ENRIELADO
José montó de niño en el tren que iba del Diviso a Tumaco, de la mano de su abuela llegada hacía pocos años de Barbacoas: “Mi abuelita me subía en ese diablo enrielado para salir a Tumaco; a mí no me gustaba porque cuando enchufaban esos vagones chillaba el fierro como un espanto. Parábamos en cada estación y se armaba la algarabía. Todos nos saludaban con la mano desde la orilla del riel, porque el que se iba en el tren de pronto ya no volvía más.”

Tras la independencia, Nariño estuvo primero bajo la jurisdicción de la provincia de Popayán y luego bajo la del estado y departamento del Cauca, hasta 1904, cuando nace oficialmente el departamento, que para aquel entonces abarcaba los territorios de los actuales Putumayo, Guaviare, Vaupés, Caquetá, Amazonas y Guainía. La creación del décimo departamento de Colombia no fue una concesión del gobierno central a los nariñenses, sino el resultado de una ardua lucha política liderada, entre otros, por Daniel Zarama y Julián Buchelli Ayerbe. La iniciativa contó con el apoyo de los comerciantes e intelectuales de la región y respondía a la manifiesta necesidad de liberarse de la histórica atadura con el Cauca; buscando por este medio mayor participación en las decisiones de la recién creada república. Establecido el departamento el 6 de agosto de 1904, el presidente Rafael Reyes designó como primer gobernador a Julián Buchelli: juez, diputado, escritor y periodista; reconocido como un político visionario que impulsó la construcción de la carretera del sur, la fundación de la universidad de Nariño y el trazado del ferrocarril Pasto - Tumaco para unir la sierra con el puerto marítimo. Tenía muy claro el recién estrenado gobernador que la situación geográfica de Nariño era insuperable por cuanto presentaba el trayecto más corto entre la amazonia, los andes y la costa pacífica; que en Nariño tiene una extensión de trescientos setenta kilómetros. Muchos de los proyectos de Buchelli se truncaron y sus buenas intenciones no fueron suficientes para materializar las obras planificadas; principalmente porque en Bogotá no se veía con buenos ojos el deseo de autonomía de la elite nariñense; (...) "era un despropósito que una región tan marginal como Nariño, aspirará a comunicarse en forma expedita con el Pacifico o con el Ecuador, puesto que estos proyectos no corresponden a los corredores viales trazados y

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priorizados por el nuevo gobierno nacional. Les preocupaba también la autonomía del sur, que se podía dar en esencia y apelando al criterio de unidad nacional."48 El proyecto original del Ferrocarril de Nariño tenía una extensión de seiscientos cuarenta y dos kilómetros desde la isla de El Morro, pasando por el actual Diviso, Altaquer y Tuquerres para llegar a Pasto y continuar en dirección norte, a través del valle del Patía hasta Popayán empatando con el ferrocarril del Pacífico. Desde 1905 se adelantan los primeros estudios técnicos; siete años más tarde se declaró de utilidad pública, condición ratificada en 1915 con la destinación de un porcentaje de los ingresos del departamento, por concepto de las aduanas, para su construcción. Solo hasta 1925 se inician los trabajos desde un punto medio entre Pasto y Tumaco, desde donde se va instalando gradualmente la vía; al el oriente para alcanzar Tumaco y en orientación contraria para llegar algún día a Pasto; (…) “los materiales traían por el río Mira y salían por Candelillas, de allí las cuadrillas que tenían veinticinco hombres sacaban el material en carretas y con eso iban aplanando el terreno, poco a poco, sobre balastros y ponían los rieles y los polines de madera fina, sobre todo de guayacán; el tren también llegó por agua y cuando iba llegando a cada pueblo se celebraba por tres días.”49 En 1928 se inauguró el tramo entre Aguaclara y San Carlos (actual Llorente), cuando llegaron los primeros vagones para carga de ganado procedentes de Checoslovaquia; en 1930 la vía férrea llega hasta el actual Diviso, kilómetro 103 al occidente de Tumaco, y en 1942 hasta Tumaco conectando el continente con la isla de Tumaco y con la isla del Morro. “Desde Aguaclara, a doce kilómetros de Tumaco, y desde el mismo límite de las marcas salinas, partía el trazado del ferrocarril hacia el Diviso, para encontrar un día la carretera que bajaba desde Pasto. El trazado desarrollaba una recta perfecta de 30 kilómetros, de Aguaclara a San Bernardo50 en un plano de absoluta horizontalidad donde el agua lodosa no corría. Los esteros se extienden a la altura del pleamar y de ahí que toda esa inmensa extensión costanera, bajo el dominio hidrográfico de la selva, tuviera siempre la permanencia mefítica de un pantano.”51 Las familias blancas acomodadas, descendientes de los primeros mineros europeos, cargadas de abolengo y distinción, y que no habían salido aún de Barbacoas, presentían que el tren sería nefasto para su ya golpeada existencia por cuanto dejaba al puerto fluvial por fuera de la ruta del comercio entre la sierra y el mar. Bajaban los domingos al poblado del Diviso; bautizado así
Fundación Estanislao Merchancano, 2012, “El Tren Fantasma de Nariño” extraído el 14 de junio de 2013 en: http://www.isidorohistoria.com/historia/?p=1179 49 Testimonio de Don Dimas Cortes, octogenario habitante de la Guayacana, entrevista realizada por los profesores de la escuela del pueblo, el 19 de noviembre de 2005
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El poblado de San Bernardo, referido aquí por el ilustre escritor nariñense Guillermo Edmundo Chaves, corresponde al actual corregimiento de la Espriella. En la sección dedicada a Llorente se explica la transformación de los nombres de los poblados de la zona, en razón del impacto que significo para estas poblaciones la llegada del diablo enrielado.
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Chaves, Guillermo Edmundo, 2010, “Chambú”, Pasto, Editorial Letras Colombianas, pág. 79

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porque desde este punto se divisaba muy bien el pronto arribo de la locomotora de leña; bajaban para conocer ese diablo enrielado que habían visto solo en las películas europeas proyectadas en el cinema del pueblo: “El ferrocarril recorría las planicies con itinerarios rigurosos sobre rieles largos tendidos en la recta, por túneles de fronda y cocoteros, helechos rojos entre hortensias y magnolias a la vera de los corotos corpulentos. Mangles altos y delgados y la inminencia del mar. El maquinista cobró importancia de mayoral, tal como lo fueron los arrieros del camino y los capitanes de los buques del rio, (…) cuando elevaba el silbato se alborotaban las estaciones; lanzaba encomiendas con precisión certera en cada pascana y daba inicio al bullicio.” 52 La construcción del ferrocarril trajo consigo a cientos de trabajadores provenientes de la sierra y del pie de monte costero, que era un puente entre dos razas y dos culturas; muchos de ellos se quedaron para siempre en la llanura del pacífico poblando los pueblos existentes y levantando pueblos nuevos; en todo caso fueron muchos más mestizos serranos que afros los que llegaron en esta ola migratoria, pues estos últimos estaban más que satisfechos recogiendo la semilla de la tagua que estaba en furor para la época en Estados Unidos y Europa y que representaba un trabajo menos riguroso y mejor pagado que construir un ferrocarril. A los pueblos de la sierra y del pie de monte llegaban los reclutadores del ferrocarril; (…) “recorrían las veredas, entran a los poblados entre grandes manifestaciones patrióticas; describían la vida de Aguaclara como llena de un confort perfecto y ofrecían salarios dobles de los que pagaban en los campos.”53 Esta composición demográfica afro – mestiza, con mayor proporción del componente serrano mestizo, configuró la estructura racial que se conserva hasta el día de hoy en poblaciones como la Guayacana y Llorente; (...) “la construcción del ferrocarril de Nariño abría un enorme campo de colonización a lo largo de la vía, y como era de esperarse, tuvo un ensanche de progreso muy prospero, que vislumbra como el cimiento del desarrollo del departamento.”54 La construcción de la obra fue por supuesto titánica; murieron decenas de trabajadores y una veintena de ingenieros, a pesar de que estos últimos vivían en campamentos bien acondicionados y contaban atención médica oportuna. Tal vez un sacrificio que no se compensó por los escasos veinte y cinco años que funcionó el tren; (…) “los hombres tuvieron q ue trabajar, en aquella labor, con el agua fangosa a la cintura, bajo la lluvia de todas las horas, enfebrecidos por las emanaciones putrefactas de la selva, y succionados por millonadas de mosquitos que hacen odiar hasta el aire.”55

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Corella Hurtado, José María; 2013, “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”, Pasto, Tipografía Cabrera, pág. 181 Óp. Cit. pág.81 Leusson Telmo, “Tumaco, Historia y Cultura”, 1996, Tumaco, si editor, pág. 128 Chaves, Guillermo Edmundo, 2010, “Chambú”, Pasto, Editorial Letras Colombianas, pág. 79

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Se levantaron pueblos y veredas en las orillas de la carrilera y los que ya existían se rebautizaron en honor de los ingenieros del tren que iban cayendo, uno a uno, por causa las fiebres de la manigua. El ferrocarril dejaría su huella no solo en el poblamiento de la zona, también en la degradación de la selva, que dos décadas más tarde empeoraría con la bonanza de la madera; seis décadas después con las haciendas ganaderas y ocho décadas más tarde con el advenimiento de la coca y del terrorismo contra el oleoducto trasandino; (…) “La locomotora comenzaba a andar y se comía los arboles de la selva colindante y fue acabando la vía. Los leñeros debieron traer maderos cada vez más lejanos, porque la caldera acabó con las palmas de chontaduro y los guayacanes hermosos. Más tarde echaron mano a los mangles con sus pajillas de los fangales del mar.”56 El ferrocarril nunca logró la extensión originalmente proyectada, ni mucho menos conectarse con el ferrocarril del pacífico. Nueve años después de su llegada a Tumaco, en 1951, se decidió dar punto final al proyecto a causa de su pobre rendimiento económico; la recomendación de un comité departamental conformado para evaluar la situación fue remplazarlo por una carretera; entonces se procedió a retirar los rieles desde el Diviso hasta la Guayacana. Hoy el ferrocarril solo existe en la memoria de los viejos que viven en Tumaco y en los sueños de los que obligadamente tuvieron que migrar a las gélidas capitales andinas; que cuando se acuestan contentos sueñan con el tren fantasma, con su algarabía y su ilusión de progreso.

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Corella Hurtado, José María; 2013, “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”, Pasto, Tipografía Cabrera, pág. 58

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Entre 1850 y 1940 Tumaco se vio inundado de capitales y agentes extranjeros ligados a la explotación y comercialización del caucho negro y de la semilla de la Tagua, la bonanza del momento. El caucho era indispensable para la naciente industria automotriz y era el único caucho conocido en Europa antes del descubrimiento de la especie amazónica. La tagua, el "marfil vegetal" era muy apreciada para la fabricación de piezas de ajedrez, juguetes, peines, trompos y botones; antes de la bonanza los nativos aprovechaban de la tagua sus hojas para entechar las chozas. La bonanza del caucho en Tumaco, como todas las bonanzas, estuvo condenada desde el principio a ser solo eso. El caucho silvestre del pacifico sería remplazado primero por el caucho del putumayo y amazonas; más tarde por el caucho del continente asiático y finalmente por el caucho sintético. Caucho y tagua fueron explotados enganchando a los nativos bajo la modalidad del endeude, un adelanto en alimentos, herramientas, mercancías, medicamentos; que persiste hasta el día de hoy en la explotación de la palma; en todo caso, esta explotación no fue ni de lejos similar al régimen de esclavitud a que fueron sometidos los indígenas del putumayo y el amazonas a manos de la casa comercial fundada por Julio Cesar Arana en compañía del propio Rafael Reyes y sus socios británicos y con el apoyo del ejercito peruano. No obstante el fracaso del ferrocarril, Tumaco se consolidó como el centro más importante del pacífico sur en la extracción y comercialización de productos forestales; alemanes, españoles e italianos atraídos a la isla por el boom exportador, establecieron casas comerciales que incluso acuñaban su propia moneda para facilitar el intercambio comercial. Estos comerciantes compraban a un precio irrisorio la tagua y el caucho a los pobladores, que extraían el producto sangrando los arboles de caucho y recolectando la semilla en los bosques del área, y lo embarcaban a los puertos de destino; a la vez que modelaban una Tumaco acorde con su visión de desarrollo y sus necesidades particulares; siendo esta visión de la élite blanca base de futuros planes de ordenamiento territorial que responden al modelo de desarrollo del hombre andino, en un territorio donde el noventa y cinco por ciento de la población es afro. "Algunos viejos recuerdan aquellos lejanos días en que se picaba caucho. Con sus sesenta años a cuestas, Ángel María Hurtado, habitante de Salahonda, es uno de ellos. Cuando era niño los adultos, entre quienes estaba su padre: 'iban a picar a un estero que le dicen Tablones. Eso queda a más de cuatro horas a canalete. Se iban el día domingo, pasaban la semana y bajaban al otro domingo. Se iban sólo los hombres, los que sabían, porque todos no sabían. Cogían un cabo, o sea una escalera de guadua y la paraban y ahí iban con machetico rayando el árbol. El árbol botaba la leche hasta el fogón. Lo dejaban picado y se bajaban, a los tres o cuatro días esa leche que salía iba regando, entonces había que otra vez subir e irla sacando y echándola al canasto. Ese caucho se vendía en Tumaco. Los contratistas les traían a los picadores unas

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escopeticas llamadas caucheras. Con esas ellos se cuidaban de la culebra, del tigre, que en ese entonces había mucho tigre, y mataban el saíno, mataban el venado para el sustento diario. 57 En algunas ocasiones los pobladores salían a Tumaco después de semanas de recolectar la materia prima para venderla y abastecerse de lo necesario para la subsistencia, en otras ocasiones la vendían a los intermediarios que recorrían los caseríos comprando los bloques de caucho y los costales de tagua a un menor precio, pero encargándose del transporte de la materia prima; para recolectar el látex era necesario recorrer grandes distancias pues los arboles de caucho silvestre estaban muy dispersos en el bosque. Existió también una explotación comunitaria de la tagua, en la que un conjunto de pequeños emprendedores nativos la recolectaban en buena cantidad para transportarla por su propia cuenta hasta Panamá donde se comercializaba: “La generalidad de los habitantes de esta sección son labradores, quienes al concluir la la branza de una embarcación hasta de cinco toneladas o un poco más, colectan entre sus vecinos la tagua, sabe Dios a costa de cuantos sacrificios, hambres y compromisos para el futuro; se lanzan al mar con aparejos que verdaderamente no prestan seguridad ninguna, soportan privaciones sinnúmero en su largo viaje, venden en Panamá sus frutos y la embarcación la cambian a víveres para el regreso, una escopeta, algo de pólvora, una caja de jabón, un galón de kerosene, algo de manteca, un paquete de fósforos, su vestido, un traje para su esposa y una camisa para algún chico, y quedan debiendo en Panamá porque no les alcanzó el producto llevado y se comprometen a pagar en tagua el saldo; consiguen con sus compañeros el pasaje en otra embarcación, pasaje que pagan con su trabajo; regresan y se lanzan con los elementos traídos a labrar nuevamente, a colectar tagua y a cumplir con su trabajo, siempre con privaciones y ahorcajadas los compromisos del viaje anterior.”58 Al sector de la Taguera, que todavía existe en Tumaco, llegaban las canoas cargadas de la semilla para descargar el producto recién recolectado en los bosques; aquí las mujeres limpiaban la pepa para proceder a su empaque; (...) "la tagua, o marfil vegetal como la denominaban algunos, era el eje sobre el cual giraba la parte más valiosa de la vida económica y fiscal de la región, sin que dejaran de jugar un papel importante el caucho negro, la batata, el cacao, y el oro."59 Uno de los destinos más importantes de la semilla tumaqueña era el puerto de Hamburgo en Alemania.

Leal Claudia, 2000, "Manglares y Economía Extractiva. Sobre cómo algunos de los recursos que utilizan los habitantes del manglar en el pacífico colombiano se convierten en dinero y cómo éste se aleja", Artículo publicado en: Arocha Rodríguez Jaime, Machado Caicedo Martha Luz, Villa William, Leal Claudia, "Geografía Humana de Colombia: Los Afrocolombianos.” Tomo VI, editorial: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica
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Ramírez, Juan, 1909, Informe dirigido al Gobernador del departamento de Quibdó. Archivo Nacional de Colombia, Sección República, Fondo Ministerio de Gobierno, Sección Primera, Tomo 628, FIs. 6-10.; En: Echeverry María Cristina, 1993, “Minería y Desarrollo Marginal”, Colombia Pacífico, Tomo II, Pablo Leyva Ediciones, extraído el 15 de octubre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/cpacifi2/52.htm
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Yacup Sonia, 1934, citada por: Restrepo Eduardo, 1999, “Hacia la Periodización de la Historia de Tumaco”, Artículo publicado en: “Tumaco, Haciendo Ciudad” Agier M. Álvarez M. Restrepo E; Cali, Imprenta Universidad del Valle, pág. 62
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Los muchos comerciantes extranjeros llegados a Tumaco en esta época, conformaron un núcleo cohesionado de colonos comerciantes que fueron estableciendo para sí un estilo europeo en sus formas sociales y de consumo junto a la elite barbacoana, antiguos propietarios de minas desplazados a Tumaco a causa de la decadencia definitiva del distrito minero; (...) "cuando el auge prospero de la tagua y el caucho aturdía a Tumaco, muchos de sus visitantes tenían el exótico privilegio de ser de las pocas personas en el país que se permitían leer con alguna regularidad periódicos europeos como Der Spiegel, Le Figaro, The London Times, Le Monde y otros.60 El surgimiento y consolidación de esta elite social tiene consecuencias obvias en la población afro, pues generó la estructura económica a la que se integrarán casi obligatoriamente los campesinos de la zona y marcaría una nueva ola de migración de la población negra desde Barbacoas hacia las zonas de tagual. El campesino afro, que antes tenía diversas fuentes de subsistencia, agricultura, pesca, casa, madera; quedó sujeto al modelo del gran capital de la industria de extracción como un simple asalariado; (...) "al fomentar las actividades de extracción a gran escala, los negociantes dan las pautas para la integración de los trabajadores negros en las redes laborales y comerciales que ellos controlan, inaugurando o fortaleciendo así las relaciones clientelares que se expresan luego en términos políticos."61 Entre 1870 y 1873 salió por Tumaco el veinte por ciento de las exportaciones totales del país (67.000 pesos oro por año). En esta época se levantaron edificaciones elegantemente talladas en madera, algunas de ellas legendarias como el palacio municipal, el colegio de señoritas, la prefectura apostólica, entre otras. Sucesivos incendios, especialmente el de 1947, no dejaran rastro de estos referentes arquitectónicos de la época de la bonanza del caucho y la tagua. La apertura del canal de Panamá fue clave para Tumaco, pues los buques mercantes hicieron de este un puerto de escala en medio de sus trayectos a lo largo de la costa suramericana. Así el humilde poblado se convirtió momentáneamente en una pequeña metrópoli del pacifico sur colombiano. "De día en día se nota aumento de la población, mejoras en su localidad e incremento en su riqueza y comercio, y no hay duda, que bajo la protección de la bandera colombiana y las leyes liberales del Cauca que patrocina la vida, la industria, la propiedad y el comercio, está llamada a colocarse a la altura de otros pueblos hoy muy grandes y como estos a tener un porvenir lisonjero y feliz."62

Jiménez Meneses Orian, Hernández López David, Pérez Morales Edgardo, González Vélez Estefanía, 2005, “Tumaco Historia Memoria e Imagen”, Medellín, Imprenta Universidad de Antioquia, Pág. 64
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Hoffmann Odile, 1999, "Sociedades y Espacios en el Litoral Pacífico Sur Colombiano", Artículo publicado en: “Tumaco, Haciendo Ciudad” Agier M. Álvarez M. Restrepo E; Cali, Imprenta Universidad del Valle, pág.16
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"El Vapor", Tumaco, trimestre 2° , número 9, 10 de febrero de 1878, (El Vapor sería uno de los 24 periódicos publicados en Tumaco entre 1877 y 1938, como parte del proyecto cultural de la elite blanca de Tumaco para la
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En 1893 Rufino Gutiérrez llegó a Tumaco en compañía del General Rafael Reyes, en plena bonanza del caucho, ambos quedaron gratamente sorprendidos con lo que encontraron (...) "llegamos a Tumaco, bella población, bastante grande, construida toda de madera y con techos de paja. Su calle principal que casi pudiera llamarse el malecón, corre recta a la orilla del mar por varias cuadras. Hay bastantes edificios cómodos y elegantes, y los almacenes, que son muchos, están ricamente surtidos de toda clase de mercancías, pues Tumaco en la metrópoli comercial del sur; (...) estamos alojados en una buena casa situada en La Puntilla, en el extremo más avanzado de la isla sobre la bahía, y donde principia la calle del comercio; comemos cerca, en un restaurante donde sirven tan bien como en los mejores de Bogotá."63 Entre 1916 y 1919 se presentó otro gran momento del puerto exportador cuando el cuarenta y tres por ciento de la producción nacional salió por Tumaco, sin embargo, la bonanza que enriquecía a los extranjeros no hacía mucho por la economía tumaqueña; (...) "los ingresos obtenidos por estas exportaciones en su mayoría no permanecieron en la región y lo captado en impuestos de salida se utilizó para el mantenimiento de la aduana de Tumaco, establecida desde 1936, con lo cual no podía esperarse que el caucho y la tagua dinamizaran la economía local más allá de incentivar levemente la circulación de víveres, que una vez terminada la “bonanza” retornaba a sus ritmos normales."64 Para finales del siglo XIX la extracción del caucho en la zona había disminuido considerablemente, pues el recurso empezó a agotarse en las cercanías de los ríos en donde era más fácil extraer la resina; esto a pesar de que en años anteriores se habían hecho algunas plantaciones de caucho a orillas del rio Mira. A partir de 1920 la semilla de la tagua empieza también a escasear al tiempo que el perfeccionamiento industrial en la producción de plástico, en la década del treinta, acabaría progresiva pero inexorablemente a la tagua como insumo para la fabricación de utensilios; aun así, Tumaco seguiría exportando mínimas cantidades de tagua hasta mediados de la década de 1950. "Millares de toneladas de tagua fueron exportadas en los últimos treinta años (escrito en 1940). La explotación de los bosques fue cedida por la nación al municipio de Tumaco y este alcanzaba a recaudar más de $80.000 anuales, como impuesto sobre la exportación. En los últimos años el precio de la tagua bajo tanto en el exterior que solo se exportan cantidades exiguas y hoy no

época) Citado por: Jiménez Meneses Orian, Hernández López David, Pérez Morales Edgardo, González Vélez Estefanía, 2005, “Tumaco Historia Memoria e Imagen”, Medellín, Imprenta Universidad de Antioquia, pág. 40 Gutiérrez Rufino, 1920, "Monografías", Bogotá, Imprenta Nacional; extraído el m8 de septiembre de 2013 en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/uno/indice.htm
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Sosa Guillermo, 2003, "Redes Comerciales en las Provincias Suroccidentales de Colombia en el Siglo XIX", Bogotá, Revista "Historia Critica" - Universidad de Los Andes -, pág.113
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representa, esta fabulosa riqueza natural, el motivo de progreso y bienestar económico de la provincia."65

Restrepo Eduardo, 1999, “Hacia la Periodización de la Historia de Tumaco”, Artículo publicado en: “Tumaco, Haciendo Ciudad” Agier M. Álvarez M. Restrepo E; Cali, Imprenta Universidad del Valle, pág. 68
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El periodo comprendido entre 1945 y 1980 estuvo demarcado por el gran incendio de 1947 y el terremoto de 1979 que en su momento devastaron a Tumaco; primero a fuego y después con un tsunami que trastocó la vida de los tumaqueños, originando la migración de miles de ellos a la ciudad de Cali. Tras el gran incendio de 1947, se construyen los puentes que unen la isla de Morro con la isla de Tumaco y a esta con el continente, así como los rellenos que unirían definitivamente a la isla de Tumaco con la isla Viciosa. Durante este lapso el puerto fue escenario de una explotación maderera a gran escala, incluyendo la explotación de la corteza del mangle para extraer el tanino, utilizado en la industria del curtido de cueros. La explotación maderera se financió también con capitales extranjeros, especialmente españoles y norteamericanos, convirtiendo a Tumaco en el principal centro exportador de madera acerrada en el país; compitiendo solo con turbo el primer lugar en exportación de madera en bruto. Esta explotación intensiva de los recursos madereros trajo consigo un marcado deterioro ambiental en las zonas rurales de Tumaco, pues se perdió la capa vegetal de bosque primario, que se convertiría luego en potreros de grandes haciendas ganaderas, zonas de cultivos de palma africana y a partir de la segunda mitad de la década de 1990 en cultivos de coca. Las especies preferidas por las empresas exportadoras de madera fueron el Cuángare y el Sajo que se encuentran en los bosques de guandal y que fueron los primeros en desaparecer. Esta explotación nunca consideró la perdurabilidad del recurso ni se desarrolló tecnología ni investigación para hacer de la madera un negocio sostenible. Los aserríos más importantes se ubicaron en las riveras de los ríos Satinga y Sanquiangas, así como en Salahonda. A la par de estas especies maderables, la corteza del mangle fue intensamente explotada para extraer el tanino, insumo utilizado en la industria de cuero; las empresas transportaban en sus embarcaciones a los corteros a través de los bosques inundados, donde confluye el agua dulce y salada, para talar los árboles adultos de mangle y extraer la corteza, causando un daño del cual aun no se recuperan estas "sala cunas" del pacifico, como calificó Alfredo Molano al manglar, donde los nutrientes retenidos por las raíces de mangle permiten el desarrollo de un ecosistema complejo de crustáceos, moluscos, aves, reptiles y mamíferos. Don Ariel, un llorenteño que en los últimos años de la década de los noventa tuvo que desplazarse forzadamente a la ciudad de Pasto, a causa de la violencia generalizada en el corregimiento, recuerda como en compañía de sus familiares y vecinos recorría los bosques en la zona de la Aduana y la Playa en los años sesentas, en la margen sur del rio Mira, cortando los árboles; transportaban la madera en improvisadas balsas a través de las, no pocas veces, arremolinadas aguas del rio, para finalmente venderla a los intermediarios; quienes se

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enriquecían con la bonanza, mientras Ariel y su familia apenas sobrevivían, explotando la jungla en extenuantes jornadas de trabajo: “En esa época todos vivíamos de la madera; nos reuníamos mis hermanos y yo con los vecinos de la vereda; en total arrancábamos un grupo de diez y nos adentrábamos en la selva tupida, del otro lado del Mira. Llevábamos carne de Guagua ahumada para el avío, los machetes, las hachas y la sierra de mano; en ese tiempo no sabíamos lo que era una motosierra. Había que buscar el Guayacán o el Cuajo que eran los palos que pagaban mejor, por la dureza y calidad de la madera. Una vez se ubicaba el árbol se decidía de qué lado debía caer y ¡manos a la obra! lo echábamos a tierra a punta de hacha y lo troceábamos ahí mismo; después había que levantar un andamio, se encaramaban los trozos ahí y se empezaba a trabajar con la sierra de mano. Uno de nosotros se subía al árbol mientras otro trabajaba desde el piso; entonces mediamos los tajos de madera; en una jornada de cuatro días sacábamos doscientas pulgadas de material; eso era como veinte troncos. Desde bien adentro de la selva había que sacar la madera al hombro hasta el rio; en eso se nos iban días enteros; mientras los otros compañeros ya habían construido la balsa con la madera que flota, para montarle encima la pesada que no flota y entonces se amarraba; nos montábamos en los troncos y nos íbamos remando; esquivando las rocas de río y a contra corriente, porque si no se desbarata la balsa y usted perdió todo. En esta travesía se ahogó mucha gente; el que cae al agua y no lo sacan, se consume en el agua y se vuelve un espanto; por eso cuando el agua sube se pueden ver unos trozos de madera en medio de la corriente con una luz en el centro, esa luz lo sigue a uno para donde vaya rio arriba o abajo; lo persigue hasta hacerlo zozobrar y así el espanto descansa en paz. Íbamos desde La Aduana hasta la Playa donde entraban los carros y los comerciantes que nos compraban la madera, los días sábados; apenas nos daba para sobrevivir; hoy en día esos bosques están muy disminuidos, no por la bonanza de la madera sino porque tumbaron los bosques para sembrar coca.” Tal como ocurriera con las bonanzas del oro, el caucho negro y la tagua; los grandes capitales que fluyeron en Tumaco durante este periodo de bonanza maderera no se reflejaron en un fortalecimiento real de la economía local; (...) "la noción de extracción tiene dos referentes distintos: de una parte el hecho de tomar algo de la tierra, los bosques o las aguas, algo que existe al margen de la voluntad o el esfuerzo humano, y de otra, el hecho de que los beneficios económicos derivados de tal actividad no se quedan en la región, sino fuera de ella."66 En la primera mitad de la década del setenta cae la demanda internacional, situación que se suma al progresivo agotamiento del recurso natural para marcar el fin del boom maderero en

Leal Claudia, 2000, "Manglares y Economía Extractiva. Sobre cómo algunos de los recursos que utilizan los habitantes del manglar en el pacífico colombiano se convierten en dinero y cómo éste se aleja", Artículo publicado en: Arocha Rodríguez Jaime, Machado Caicedo Martha Luz, Villa William, Leal Claudia, "Geografía Humana de Colombia: Los Afrocolombianos.” Tomo VI, editorial: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica
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Tumaco. De especial importancia en la decadencia de la industria fue la apertura del canal del Naranjo en 1979 que redirigió hacia el norte la desembocadura del rio Patía, que desembocaba en Salahonda; los flujos comerciales relacionados con la explotación de la madera se trasladaron a Bocas de Satinga, en el norte de la costa pacífica nariñense; (...) "los aserraderos dejaron las costas de Tumaco y Salahonda para instalarse en la parte norte, los compradores de madera llegaron, con su cortejo de trabajadores, comerciantes, aventureros y otros menos bienvenidos."67 Al día de hoy, existen en Tumaco aserríos artesanales, de escasa tecnología, que no agregan valor al producto, satisfacen únicamente la demanda local y generan mínimos ingresos económicos, situación que ha facilitado la invasión de los cultivos de uso ilícito. "Las especulaciones fantasiosas sobre los grandes tesoros naturales que encierran las tierras bajas del Pacífico colombiano y sus áreas adyacentes han sido frecuentes desde la conquista española. Sin embargo, la pobreza ha sido la característica más sobresaliente de la economía local en los últimos 300 años."68 En este periodo se consolidó en Tumaco uno de los pocos proletariados urbanos de la costa pacífica colombiana y se acentuó el éxodo de población rural hacia el centro poblado, que atrae a causa de las momentáneas oportunidades laborales pero también por ser un punto intermedio en la ruta de migración hacía ciudades como Cali y Bogotá; (...) "a pesar de una alta emigración, lo que se podría explicar por el “efecto ciudad”: Tumaco, polo regional, sigue atrayendo poblaciones de los ríos vecinos que “pasan” por la ciudad antes de emigrar a otras partes, o se instalan ahí guardando nexos familiares y económicos con sus veredas de origen, desarrollando así un sistema bipolar que hace posible la sobrevivencia en ambos lugares."69 “Desde la década del setenta ha sido persistente un éxodo rural en el municipio de Tumaco que se ha intensificado a partir de los noventas a causa de los ciclos de las economías extractivas recientes y la agudización del conflicto armado. Estas migraciones vinculan la zona rural del municipio con el casco urbano y a este con otras ciudades del interior especialmente Cali.”70

Hoffman Odile, 2004, "Espacios, Movilidad y Región en el Pacífico Sur ¿Hacía la Construcción de una Sociedad Regional?, artículo publicado en: “Gente Negra en Colombia: Dinámicas Sociopolíticas en Cali y el Pacífico” Barbary Oliver y Urrea Fernando; pág.9
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Geógrafo estadounidense R. West, Citado por: Sánchez Gutiérrez Jairán, 2012, “Caracterización y Diagnostico Socioeconómico y Ambiental de la Costa Pacífica en el Departamento de Nariño”, Formación en gestión ambiental y cadenas productivas Convenio SENA-Tropenbos-, Pág.37
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Hoffman Odile, 2004, "Espacios, Movilidad y Región en el Pacífico Sur ¿Hacía la Construcción de una Sociedad Regional?, artículo publicado en: “Gente Negra en Colombia: Dinámicas Sociopolíticas en Cali y el Pacífico” Barbary Oliver y Urrea Fernando; pág.5
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Jiménez Meneses Orian, Hernández López David, Pérez Morales Edgardo, González Vélez Estefanía, 2005, “Tumaco Historia Memoria e Imagen”, Medellín, Imprenta Universidad de Antioquia, pág. 120
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DE GUAYACANES y CEDROS

El tumaqueño no siempre es bien recibido en Cali, que ha sido históricamente un lugar receptor de población desplazada procedente de Tumaco, pues es común que el caleño perciba al tumaqueño como una amenaza en tanto se le relaciona con los cinturones de miseria, los altos indicies de delincuencia, la inseguridad en los barrios y comunas. "Esa es la lógica gramatical de la guerra: nominar a las víctimas del conflicto armado como colaboradores del enemigo para una vez expulsados de su territorio y mal acogidos en las grandes ciudades, ser redefinidos como criminales en potencia por haber habitado un territorio plagado de actores armados ilegales."71 Este imaginario negativo sobre el tumaqueño en Cali, se origina en la intensa migración resultante del maremoto de 1979; miles de personas damnificadas se asentaron en las orillas del rio Cauca, en el oriente de la ciudad, donde se forjaría un cinturón de miseria que se conoce hoy como el distrito de Aguablanca. Son comunes los testimonios de tumaqueños que emigraron a Cali, escapando de la situación de violencia y buscando oportunidades de empleo, pero se encontraron con una fuerte discriminación; (...) "yo llegué a Cali en el 2000, tengo experiencia como guarda de seguridad y siempre vivía muy pendiente de las vacantes que publicaban para trabajar de celador; llegaba a las empresas muy temprano y hacia la fila, entonces el encargado nos decía: -los tumaqueños levanten la mano y den un paso al frente-, nos daban las gracias por venir y nos recogían la hoja de vida...nunca más llamaban. Entonces entendí que el caleño mira al tumaqueño con mucho recelo pues nos tildan de bandidos, ladrones y vagos. En esa época era común un dicho en Cali: -¿tumaqueño? ni grande ni pequeño-; yo aguanté como un año así ayudado por mis familiares pero tuve que volverme a Tumaco...la cosa para nosotros no es fácil en Cali."72

González Saavedra Diego León, 2009, "-Desplazamiento Forzado.- Análisis descriptivo de la situación en Colombia", tesis de grado para completar la especialización: Comunicación y Derechos Humanos, San Sebastián, España, Universidad del País Vasco.
71 72

Testimonio de "Castro", guarda de seguridad tumaqueño.

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SOBRE LA PALMA, LOS PALMARES Y EL DESPOJO
Claramente la industria de la palma africana no es una economía extractiva como tal, ni mucho menos el recurso existe al margen del esfuerzo de los agricultores; muy por el contrario esta agroindustria requiere de un ejercicio de planificación exhaustiva en todos los momentos del proceso para que resulte rentable; sin embargo, cumple con la característica principal de la lógica extractivista: los beneficios de la industria migran hacia otras regiones del país al mismo ritmo al que se generan, dejando a la economía local con su histórica debilidad intacta; con el agravante de que ha generado despojo de tierras de los campesinos y conflictos con los Consejos Comunitarios, en los territorios colectivos consagrados por la ley setenta de 1993. En Tumaco se viene sembrando palma africana desde hace cuatro décadas, cuando se establecieron granjas experimentales con financiación del gobierno, pero es a partir de los años ochenta, cuando el actual territorio de los Consejos Comunitarios era considerado como baldío, que el negocio empieza a dar sustento a verdaderos megaproyectos industriales en la zona. La explotación de la palma es hasta el día de hoy la principal actividad económica de Tumaco, se exportan anualmente setenta mil toneladas de aceite de palma principalmente a España, Inglaterra, Perú, México y República Dominicana. En el año 2000 la palma africana cubría el 47% de la extensión del municipio,73 mientras que Colombia se ubicaba de quinto en el ranking de países productores de aceite de palma. Durante el primer mandato del presidente Álvaro Uribe Vélez la explotación de la palma se fomentó como uno de los ejes de desarrollo agroindustrial del país; fluyeron generosos los subsidios para las grandes empresas palmeras, Agro Ingreso Seguro incluido. Las empresas dedicadas a este negocio compraron grandes extensiones de tierra en las zonas rurales en Tumaco desde 1980; compraron y despojaron, induciendo en muchos casos la venta forzada a precios irrisorios. El florecimiento de la industria marcaria un pico de los flujos migratorios de población afro y mestiza desde la zona de carretera hacia el casco urbano, especialmente a las "zonas de invasión" como llaman los tumaqueños a las áreas que se volvieron habitables a la fuerza de los continuos rellenos de los esteros que rodeaban el núcleo poblado. “Un informe de Corponariño publicado en 2007 revela que: en el municipio de Tumaco en el año 1994 el 91.3% de los predios eran minifundios. En la actualidad se han reducido a 21.7%, puesto que los predios de minifundios fueron negociados para la siembra de palma africana.”74

"Según Fedepalma en el área de Tumaco existen unas 18.153 hectáreas sembradas que constituye el 47.6% del total de la superficie en uso del municipio de Tumaco", Restrepo Eduardo, 2004, "Un océano verde para extraer aceite. Hacia una etnografía del cultivo de la palma africana en Tumaco”, Universitas Humanística 58, Bogotá Universidad Javeriana, pág.75
73

Sánchez Gutiérrez Jairán, 2012, “Caracterización y Diagnostico Socioeconómico y Ambiental de la Cost a Pacífica en el Departamento de Nariño”, Formación en gestión ambiental y cadenas productivas
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“El modelo de plantaciones en Tumaco ha supuesto la tala de bosques y el drenaje de los suelos; (…) el desplazamiento de campesinos hacia el área urbana de Tumaco; la utilización de sicarios para presionar a los campesinos para que vendieran sus tierras, y una serie de violaciones a los derechos laborales y de asociación.”75 La industria de la palma en Tumaco ha estado amarrada al fenómeno paramilitar; (...) “los grupos paramilitares amenazan, asesinan, secuestran y masacran y desplazan a poblaciones en Tumaco para apropiarse de la tierra. Algunas veces estos mismos grupos son los dueños, a través de testaferros, de las empresas palmeras legalmente constituidas. Otras veces, los paramilitares o grupos privados de seguridad, se encargan de „cuidar‟ el cultivo”. 76 Esta industria reproduce el esquema de incorporación de la mano de obra local que ya se había presentado en las bonanzas maderera, cauchera y de la tagua o sea en condiciones de clara desigualdad: las funciones administrativas son contratadas a personal foráneo y las labores que implican fuerza de trabajo a los afros y campesinos mestizos de la zona a quienes en la mayoría de los casos se les paga por jornal. Por otro lado ha reconfigurado el territorio y la cultura de los tumaqueños (...) "la plantación ha inventado un nuevo modelo de posesión de la tierra, del trabajo y del dinero. El progreso de la misma, en otras palabras, se ha logrado a costa del devenir del bosque, de los ríos -ahora seriamente contaminados por los desechos agrícolas e industriales de la plantación-, de la producción local para la subsistencia, y, lo más importante, al precio y el devenir de la mujer y el hombre afro, de su cultura." 77 Existen cultivos artesanales de palma sembrados en parcelas de pequeña extensión; entre cinco y diez hectáreas, que cubren en total una extensión de siete mil hectáreas. Los cultivadores son principalmente campesinos afro que resistieron en sus tierras el embate colonizador de las grandes empresas y que poseen un conocimiento técnico local sofisticado y acorde con sus prácticas agrícolas tradicionales; (...) "ellos poseen detallados mapas mentales de sus fincas y siembran pensando en las asociaciones que establecen entre la palma y las otras plantas cultivadas o no que crecen allí. No sólo las clases y formas de suelos, sino también los tipos de sombras, de calores o de fríos generados por cada uno de los palos, matas, yerbas y bejucos,

Convenio SENA-Tropenbos-, pág.69 75 Ídem, pág. 69 Ocampo Valencia Sebastián, 2009, "Agroindustria y conflicto armado -El caso de la palma de aceite-", Bogotá, Universidad de Los Andes.
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Escobar Arturo y Pedrosa Álvaro, 1996, "Pacífico: biodiversidad o desarrollo", Bogotá, Ecofondo – Cerec, p. 109 – 115, en: Arboleda Nixon, 2008, "La Palma Africana en El Pacífico Colombiano: Su Ilegalidad, Consecuencias y Violación de Derechos Territoriales", Manizales, Universidad de Caldas, extraído el 16 de julio de 2013 en: http://lunazul.ucaldas.edu.co/index.php?option=com_content&task=view&id=393
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así como las compatibilidades o no entre cada uno de ellos, son tenidas en cuenta para decidir dónde y cuándo sembrar una palma africana."78 El campesino independiente debe negociar de antemano su producción con alguna de las siete plantas extractoras que existen en Tumaco;79 pues una vez el fruto está maduro cuenta solo con ocho días para cosecharlo y una vez cosechado se tienen escasas doce horas antes de que quede inservible a causa de la oxidación, hecho que además marca el lindero de un mercado puramente local. Algunas plantas extractoras de aceite dependen casi exclusivamente de la compra regular del fruto a los campesinos afro que la cultivan en sus fincas. La negociación se hace bajo la modalidad del "endeude": los campesinos trabajan con adelantos en dinero o en especie que les obliga a vender la producción a la planta extractora, en las condiciones que esta les imponga configurándose así una relación informal de patronaje. La modalidad dominante es la agroindustrial,80 que se ha desarrollado con capitales llegados del interior del país, especialmente del valle del Cauca y Cundinamarca. Implementar un cultivo de palma requiere de un ejercicio de planificación "aceitado" al milímetro, en el que cada detalle del proceso, desde el momento de la siembra de las plántulas hasta el día de la cosecha, ha sido considerado científicamente para lograr el objetivo final: una rentabilidad promedio del capital del sesenta por ciento. El montaje de una plantación industrial de mil hectáreas, incluyendo una planta de extracción de aceite de palma de mediana capacidad, cuesta al menos medio millón de dólares. Desde mediados del año 2004, un hongo devorador de la palma, el phyophtora palmívora desató una peste imparable, que atacó a veintiocho mil hectáreas de cultivos de palma africana en Tumaco. Aseguran los técnicos que las fumigaciones con glifosato empeoraron y estimularon la pudrición del cogollo; (…)”nadie habla 'oficialmente' sobre este tema, ni se deja citar. Menos aún los empresarios, que han recibido créditos de Agro Ingreso Seguro específicamente destinados a renovar sus cultivos de palma. Pero debajo de cuerda, varios culpan al glifosato utilizado en las fumigaciones de la coca de empeorar la peste del cogollo.” 81

Restrepo Eduardo, 2004, "Un océano verde para extraer aceite. Hacia una etnografía del cultivo de la palma africana en Tumaco”, Universitas Humanística 58, Bogotá, Universidad Javeriana, pág.78
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Palmas de Tumaco, Araqui, Palmeiras, Astorga, Santa Helena, Santa Fe y Salamanca.

Para establecer un cultivo viable, desde la perspectiva del capital, se requieren de ciertas condiciones como una dimensión mínima de la plantación, vías de acceso para la cosecha, distancia de la planta extractora, costos de la tierra y fuerza de trabajo, así como los de otros insumos utilizados en el cultivo y cosecha (c.f. Angulo, 1996). Citado por: Restrepo Eduardo, 2004, "Un océano verde para extraer aceite. Hacia una etnografía del cultivo de la palma africana en Tumaco”, Universitas Humanística 58, Universidad Javeriana, pág.76 Rico Laura, 2010, “En Tumaco, ni la palma crece ni la coca se marchita”. Artículo publicado en La Silla Vacía; extraído el 10 de septiembre de 2013 en: http://lasillavacia.com/historia/9717
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El número de hectáreas sembradas pasó de treinta y cinco mil, en el año 2006, a solo diez y seis mil hectáreas en 2009. Se perdieron en este periodo doce mil puestos de trabajo y un monto aproximado de trescientos cincuenta mil millones de pesos.82 Al día de hoy, se han erradicado el setenta por ciento de los cultivos afectados y se han renovado casi el cuarenta por ciento de los mismos. Hay que aclarar que el porcentaje de cultivos renovados pertenece a las grandes empresas palmicultoras que recibieron millonarios subsidios de Agro Ingreso Seguro y que actualmente gestionan indemnizaciones a causa del impacto de las fumigaciones con glifosato a sus cultivos. Fumigaciones que ellos mismos exigieron con vehemencia al gobierno; por su parte los pequeños productores campesinos no han podido, en la mayoría de los casos, acceder a los créditos que tanto necesitan para renovar sus cultivos. Los campesinos que siembran la palma de manera tradicional no tienen derecho a solicitar indemnización, cuando les ha afectado la fumigación con glifosato, pues para tal fin se les exige los títulos de propiedad de los predios y en esta zona, como en la gran mayoría del municipio, la tenencia de la tierra es informal, y la relación del campesino con su predio rara vez esta soportada con un título de propiedad. Algunas empresas han establecido negociaciones con los consejos comunitarios buscando la sesión de porciones de su territorio con el fin de extender las plantaciones de palma, convirtiéndose esta situación en una amenaza directa a la biodiversidad y a los procesos organizativos de los afros en Tumaco; (...) “en Guapi, el fantasma de la palma aceitera ronda y amenaza los territorios. Se menciona que un Consejo Comunitario ha entregado en concesión a la empresa palmera Salamanca su territorio por casi una vida, 60 años. Sin embargo, nos da esperanza saber que de los 18 Consejos Comunitarios sólo éste cayó ante las falsas ilusiones de quienes promueven el negocio de la palma. Los otros Consejos siguen sin aceptar este megaproyecto y se fortalecen en torno a sus Planes de Etnodesarrollo” 83 Parece claro que esta industria en muy poco ha aportado al bienestar de los campesinos afros y mestizos y en general al desarrollo local; dadas las paupérrimas condiciones de contratación, los precios amañados a los que compran el fruto a los agricultores independientes, el deterioro ambiental, el desplazamiento forzado y el despojo promovidos directa o indirectamente por las empresas. Son, entonces, más de trescientos años en los que el devenir de las economías extractivas ha reconfigurado permanentemente el relieve económico y social de Tumaco; desde el oro, el caucho negro, la semilla de la tagua, la madera, la corteza del mangle, la palma, que sin ser por

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Cifra de CORDEAGROPAZ -Corporación para el Desarrollo Agro empresarial de Tumaco-

Roa A, Tatiana, "Campaña en resistencia a los agro combustibles: Llenando tanques, vaciando territorios". Bogotá: Censat Agua Viva. 10 p. En: Arboleda Nixon, 2008, "La Palma Africana en El Pacífico Colombiano: Su Ilegalidad, Consecuencias y Violación de Derechos Territoriales", Manizales, Universidad de Caldas, extraído el 16 de julio de 2013 en: http://lunazul.ucaldas.edu.co/index.php?option=com_content&task=view&id=393

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definición una economía extractiva funciona como tal; hasta la coca de nuestros días; en una tierra maltratada históricamente por los gobernantes de un país que consideraron a los negros incapaces de gobernar su territorio; motivo por el cual lo catalogaron de tierra baldía hasta finales del siglo XX, cuando la ley 70 de 1993 posibilitó a las comunidades afro del pacífico titularlo colectivamente en procura de la salvaguarda de su cultura e identidad.

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LLORENTE APARTE

ES

UN

CAPÍTULO

De Llorente se decía que era uno de los rincones más relegados de Colombia; que estaba condenado más al olvido que a la violencia; hoy olvido y violencia son la misma cosa en Llorente.

El caso de Llorente, corregimiento de Tumaco ubicado a sesenta kilómetros al oriente del casco urbano, es un ejemplo del impacto de la economía de la coca en un espacio socio geográfico donde confluyeron guerrillas, paramilitares, capos y colonos; sobre un epicentro señalado por el abandono estatal y la pobreza histórica. Muchas fisuras resquebrajan a Llorente y por entre ellas se abrió paso la ilegalidad, favorecida y auspiciada por unos poderes públicos que no juegan en función de su territorio. Hoy, por el afán que tienen los colonos, que se establecieron definitivamente, de municipalizar el corregimiento; afán compartido por importantes fuerzas políticas del departamento; las “versiones oficiales” dicen que aquí nada ha pasado y es que, sin duda alguna, fundar un municipio es un gran negocio para todos los actores del territorio, sean legales o ilegales; busquen favorecer los intereses de una comunidad históricamente abandonada o favorecer el propio bolsillo y los propios intereses. En Llorente no hubo presencia de la fuerza pública por casi una década, desde finales de los noventa, cuando la policía fue vencida en combate y expulsada del pueblo por "José Luis" comandante del Eln. Al día de hoy es un corregimiento sin corregidor pues nadie quiere ocupar la espinosa dignidad de remplazar al corregidor asesinado hace tres años en circunstancias aún no esclarecidas y que posiblemente nunca se van a aclarar. Hay recuerdos que permanecen nítidos en la memoria de los llorenteños y que, para bien o para mal, el paso del tiempo no se ha querido llevar. Como el día en el que los paramilitares llegaron al pueblo en tanquetas verdes del ejército, recién polichadas para la ocasión: señalando, torturando y asesinando civiles, o cuando los narcos despojaron a los campesinos de sus tierras para expandir las haciendas, condenándolos al urbano destierro del exilio en las frías ciudades andinas; o cuando empezaron a aparecer con tenebrosa regularidad cadáveres despedazados en la entrada del pueblo con el cartel: “esto le pasó por sapo”. Recuerdos de una tierra donde el negocio de la coca floreció con tal esplendor que en solo un par de años pasó de ser un caserío condenado más al olvido que a la violencia a ser uno de los principales centros de compra y venta de base de coca en el mundo entero.

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DE DÓNDE VENIMOS
Al entrevistarse con un llorenteño lejos de su patria chica, sea en Tumaco, Cali, Pasto o en cualquiera de los pueblos y ciudades de Colombia, donde han tenido que desplazarse cientos de ellos, es posible percibir algunos rasgos comunes: el miedo a hablar; la mirada triste y distante; pesar por la tierra y los amigos que quedaron irremediablemente atrás y una indiscutible añoranza por los tiempos mejores; antes de la violencia y la coca, antes de las Farc y los paramilitares, antes de la estigmatización y la indiferencia; (..) “nosotros somos más que violencia y coca, no somos solo raspachines; así nos han querido ver, pero antes de eso vivíamos pobres y en paz, en una tierra que de a poquito no lo daba todo, en una tierra que tiene historia, una historia que nadie ha querido contar; porque a ustedes les gusta más contar los muertos. ¡Hay que contar de dónde venimos!”84 Sabiendo de antemano que hablar de Llorente obliga, tarde que temprano, a hablar irremediablemente de la violencia en Llorente; resulta más que necesario echar un breve vistazo al pasado del poblado y de sus pobladores afros y mestizos; así nos remonte la tarea a solo un escaso siglo de bien vivida llorentaneidad. Los sesenta kilómetros que separan a Llorente del océano, hacia el occidente, y los otros cincuenta que lo distancian del Diviso, en sentido contrario, conforman la zona que hoy conocemos como "de carretera"; ni más ni menos que la legendaria llanura del pacífico; tierra que en otras épocas podríamos haber llamado perfectamente la zona “del tren”, o antes de eso la zona “del pantano” o incluso antes zona “de la guagua y la tatabra”; en todo caso zona de guayacanes y afros libres, en la segunda mitad del siglo XIX. El origen del poblado hace gala de una característica de la costa de Nariño: menos fundadores que ganas de asentarse en una tierra buena, vecina del rio para refrescarse en sus aguas en los medios días de sopor intenso y para abastecerse del sabroso sábalo, y cerca del bosque para que nunca falten las plantas que curan el cuerpo y el alma; así como la tatabra, la guagua y el oso perezoso para alimentar a la familia, y si sobra a los vecinos y a los compadres, que al fin y al cabo todos venimos juntos desde la cuadrilla. Un tierra fértil para disfrutar a plenitud la recién estrenada libertad, las manos libres y rebeldes, la mirada altiva, ya sin miedos ni humildad; el orgullo pleno de no ser nunca más esclavo, luego de siglos de agonía en Barbacoas, a manos del europeo que todo lo esclaviza en favor del capital; una tierra nueva y limpia, dotada del espíritu de la selva, del espíritu del rio y del alma profunda de la mar cercana. Aquí ya huele a sal. Muriendo el siglo XIX cuando Barbacoas empieza a decaer definitivamente, entre otras cosas a causa de que ya no hay mano de obra esclava para trabajar las minas, llegan a las orillas del rio Mira las familias que huyeron juntas, para juntas seguir con la vida; pues en la cuadrilla de

Observación de un llorenteño de 65 años que se vio obligado a abandonar su tierra y desplazarse a la ciudad de Pasto.
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esclavos se hicieron compadres, amigos y hermanos, compartiendo la desdicha de tener el mismo amo pero también la sorpresa de la tierra nueva con sus propios espíritus y espantos. En el Mira no hay oro pero hay libertad, en el bosque con el que colinda no hay yacimientos pero sobran los forestales recursos no solo para sobrevivir sino para bien vivir a la orilla del tiempo de las aboliciones, del tiempo nuevo, de una nueva oportunidad para ser humanos. Afros libres poblaron las riveras del rio, olvidando la batea y el azote, dejando atrás a los señoritos y a los señores con sus títulos falsos y su impuesta nobleza. De ellos en silencio siempre se burlaron por aguantar el calor intenso de la selva envueltos en chaquetones de paño negro, sombreros de cubilete, chaleco, leontinas y justas almidonadas85; perfumados de pachulíes que espantaban a los monos barrigudos, cuando llegaba la noticia atrasada de que en Europa era época de invierno. Está comunidad vivía de la pesca y la caza, y en sus faenas de caza, los hombres recorrían el bosque húmedo en busca de la fauna silvestre; abundaba especialmente la tatabra, una especie de pecarí de cincuenta centímetros de altura y hasta un metro de longitud, muy apetecida por la ternura de su carne. Los cazadores la sacrificaban y ahumaban en un improvisado campamento en medio de la espesura del bosque; para después transportar la carne a un punto conocido como Casas Viejas, en donde se dividía la provisión: parte para la subsistencia y parte para intercambiar por otros productos, especialmente sal, con los habitantes de los asentamientos vecinos. Participando de estas faenas, un cazador infortunado sufrió una mordedura de culebra que le hizo enfermar de gravedad; fue dejado por sus compañeros a la orilla de una quebrada mientras buscaban al curandero para que lo salvara, haciendo uso de las yerbas que todo bien lo saben sanar; esfuerzo inútil por demás, pues al volver al lugar lo encontraron ya sin vida. Carlos, como se llamaba el cazador, era reconocido por todos como valiente y buen acechador, proveedor de caza para su familia y sus vecinos, antiguo esclavo en las minas de Barbacoas, a la distancia observó siempre a las tatabras merodeando por entre la espesura, pero su natural impulso por atraparlas, para proveerse una buena comida, era siempre restringido por los grilletes y el azote del amo; entonces el clan bautizó a la quebrada y a sus zonas aledañas con el nombre de San Carlos; la quebrada aun existe en el casco urbano de la actual Llorente. Bautizar los asentamientos con el nombre de un difunto que se quería recordar con cariño fue una práctica común en la zona, así como designarle directamente el titulo de santo; otro caso de esta particularidad fue el de un sacerdote llamado Bernardo que murió en la Espriella, motivando a la comunidad a bautizar el poblamiento con su nombre original: San Bernardo. Don Miguel, un afro llorenteño, orgulloso de su origen y quien luce a sus setenta años una cabellera enmarañada de cabellos blancos y enchurcados; le cuenta a sus nietos; con quienes
Esta es la vestimenta que describe el doctor José María Corella Hurtado, en “Don Arsenio y la Ciudad de los Pianos”; atavío que usaban los señoritos de barbacoas, cuando llegaba a la manigua la noticia de que era invie rno en Europa, y sin importar el sacrificio que significaba asarse vivos, en medio de la selva húmeda, con tal de exhibir su excéntrica vanidad.
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vive en la ciudad de Pasto; lo que aún recuerda del quehacer de los cazadores, sus hermanos mayores, a mediados de la década del cincuenta en Llorente; más de sesenta años después de que los primeros afros libres desplegaran sus habilidades, en el hoy ya legendario caserío de San Carlos. Algunas veces sus nietos lo escuchan con atención durante horas, en otras ocasiones ya no lo quieren oír; es que en la ciudad hay muchas cosas importantes que hacer para estar escuchando a los viejos, le dicen. “Mi hermano era muy bueno para la caza; yo era el menor de los cuatro y entonces el me enseñaba; yo soñaba con que me dejaran disparar la escopeta de la familia. Sobre todo se cazaba la tatabra y la guagua, que era otro marranito; el buen cazador es muy hábil para reconocer las pisadas del animal en la superficie del barro; el suelo del bosque era siempre un barrial porque llovía de día y de noche; como que llovía por llover; entonces seguían las huellas caminando durante horas en completo silencio, sabiendo bien pisar, e iban identificando para donde corría la manada. Cuando dejaba de llover, por un tiempo era difícil dar con las pisadas; entonces improvisaban trampas hechas de juncos filosos con una puertica falsa; ahí se les ponía algún cebo y se amaraba el gatillo de la escopeta que se dejaba enredada en el churumbelo, apuntando al centro del corralito y se accionaba al paso del animal; a la hora que se escuchaba el disparo se iba a recoger la escopeta y el marranito. El oso perezoso pasaba en los árboles, colgándose de un palo a otro, comiendo cogollos; ese también se cazaba a tiro de escopeta pero había que tener bien afinada la puntería. Todo era para comer, de ahí no se vendía nada. De una tatabra comía una familia, de seis, una semana entera; la carne se sala y se seca en el fogón de leña para que aguante y permanezca sanita. La mucha gente que se fue metiendo al monte para explotar la madera espantaron a todos los animales y así se acabó la caza.” De vuelta en 1902, el campamento de caza, en medio de la selva, empezó a ser habitado permanentemente y se convirtió con el pasar de los años en el poblado de San Carlos, pueblo de afros libres y orgullosos que cultivaron la yuca y el plátano para complementar la cacería y la pesca. El trazado de la vía férrea del ferrocarril de Tumaco, que se venía gestando desde los últimos años del siglo XIX y que se hizo rieles y estaciones en la década del veinte, con el objetivo de enlazar la capital del departamento con la costa; partió en dos la historia de las poblaciones de la llanura atravesadas por este armatoste escandaloso de chimenea humeante, entre ellas la de San Carlos. La llegada de los ingenieros, topógrafos, dibujantes, la maquinaria, los rieles y los vagones marcó una época de refundaciones en la zona y motivó una ola migratoria primero de afros provenientes de la decaída Barbacoas hacia las inmediaciones del Mira, y más tarde de mestizos del pie de monte, ofreciendo su mano de obra para la construcción del gran sueño férreo de Nariño y más tarde de comerciantes mestizos, los "guaicosos", que llegaron de los asentamientos en el pie de monte costero para instalar sus negocios de venta de víveres.

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El primer tramo del ferrocarril, de cincuenta kilómetros de longitud, se levantó entre Aguaclara y San Carlos transformando la geografía social de la zona. El ingeniero que edificó la estación del tren en San Carlos era de apellido Llorente y los habitantes acogieron el nombre en homenaje al constructor de carrileras y estaciones de tren, que desplazó al desdichado cazador en la memoria del pueblo. La llegada del ferrocarril motivó a los nativos a rebautizar muchos otros asentamientos; El Diviso es el Diviso pues de ahí se divisaba el tren; San Bernardo se convirtió en la Espriella como homenaje a Manuel María De la Espriella, ingeniero del tren que murió de malaria en este punto en 1927; el poblado de Buchelli fue bautizado en honor del ingeniero nariñense Julián Buchelli, sobrino del primer gobernador del departamento del mismo nombre; quien trabajó y murió en esta zona a causa de la malaria; mientras que la Guayacana paso de ser Villa Florencia a ser la villa de los guayacanes, abundante madera fina para los travesaños de la carrilera. Sobre Manuel María De la Espriella se decía: “fue todo un varón. Con cuarenta gados de fiebre salía a dirigir los trabajos. Un día se hallaban inactivas varias cuadrillas de peones porque faltaba señalar el rumbo. El doctor De la Espriella se había quedado solo en San Bernardo, casi rendido por la malaria. Pero informado de lo que pasaba, se hizo sacar en una camilla. Fijo el teodolito, marcó el rumbo, y echo la gente a trabajar. Dos días después murió. Yo lo vi. Se quedó con las pupilas inmóviles, medio cerradas, como cuando iba a señalar a la distancia un punto de nivel.”86 Como en el resto de Tumaco, Llorente está marcada por las bonanzas, grandes y pequeñas; la zona no fue escenario de la bonanza cauchera de finales del siglo XIX y principios del XX pero si participó de la bonanza de la tagua, en el mismo lapso; cuando la mayoría de los habitantes subsistieron casi exclusivamente de la recolección y comercialización de la apreciada semilla, hasta la década del cuarenta. De esta fecha y hasta 1980 se explotaron intensivamente las especies maderables, del hoy desaparecido bosque húmedo de Llorente, momento en el que la extracción de oro en el rio Mayasquer, daría pie a una efímera bonanza minera muy recordada por los Llorenteños. Acerca de la explotación maderera en la región recuerda un lugareño:(...) "mi papa fue maderero toda su vida y cuenta que en los setentas hubo una bonanza muy grande, se movió mucha plata con ese negocio, pero fueron cambiando la sierra de mano por la moto sierra y entonces arrasaron con mucho bosque, y tocaba ir a buscarla muy lejos; como el precio también cayó se acabó la bonanza y nos jodimos todos". 87 A la deforestación resultante de la explotación de la madera se sumaría la tala de bosques para convertirlos en potreros de las haciendas ganaderas, en los años ochenta, y en terrenos óptimos para el cultivo de la coca en los noventa.

86 87

Chaves, Guillermo Edmundo, 2010, “Chambú”, Pasto, Editorial Letras Colombianas, pág. 82 Relato de líderes comunitarios Llorenteños, tomado el 27 de julio de 2013.

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DE DÓNDE VENIMOS

El establecimiento de grandes haciendas ganaderas en los ochenta, marcó el primer antecedente documentado del ejercicio de prácticas de despojo de tierras de los campesinos en Llorente. La técnica utilizada para forzar la venta de los predios consistía en dejar libre al ganado para que invadiera las parcelas de los campesinos destruyendo así los cultivos de pan coger y obligándolos a vender su chagra al precio que le quisieran pagar.

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LA ÉPOCA DE LA HACIENDA
La tardía pavimentación de la vía Pasto - Tumaco, a finales de los años ochenta, cuyo trazado se asentó sobre la antigua ruta del ferrocarril, marcó un hito en la historia reciente de Tumaco pues permitió la consolidación de la industria de la palma de aceite en vastas zonas rurales del municipio; industria que promovió un despojo sistemático de las tierras de los campesinos por parte de las grandes empresas palmicultoras llegadas del interior del país; y por otro lado, trajo consigo una inusitada ola de violencia encarnada en personajes vinculados con la mafia del cartel de Cali. Es la época en que aparece en Llorente un testaferro del reconocido narcotraficante Pacho Herrera, para inaugurar una época recordada por todos aquí como el tiempo de "La Hacienda". Don Pedro, como era conocido Jairo Aparicio Lenis, llegó a Llorente procedente de Cali y se dedicó a comprar tierras a ambos lados de la carretera, incluso en las márgenes del rio Mira, con el propósito de establecer su hacienda de recreo, a la vez que lavaba capitales acumulados con el negocio transnacional del tráfico de estupefacientes. El núcleo de esta colonización fue la hacienda "Villa Meche", bautizada por Aparicio en honor de su esposa y compañera de negocios María Mercedes Cardona. Jairo Aparicio era oriundo de Tumaco; fue criado por una familia de colonos antioqueños en la población de Candelillas. De joven viajó a Cali donde se dedicó inicialmente al negocio de cambio de dólares en la terminal de transporte y donde iría ascendiendo vertiginosamente en la estructura mafiosa del cartel de Cali. La hacienda fue creciendo exponencialmente hasta llegar a abarcar dos mil hectáreas; y es que Don Pedro comparaba todos los predios colindantes a buen precio pero con una condición: o vende o se muere; (...) "según un informe del Instituto Colombiano de Antropología e Historia de 2005, entre 1992 y 1994 trescientas personas fueron asesinadas lo largo de la carretera Pasto Tumaco, por órdenes de Jairo Aparicio, testaferro de narcotraficantes que poseía una hacienda ubicada en la vereda Vaquerio, del municipio de Llorente. Varias fuentes coinciden en que esta fue la llegada de los narcotraficantes y sus negocios, y de la presencia de los grupos armados ilegales en la región."88 Los llorenteños afirman que Aparicio desplazó a más nativos que la guerrilla y los paramilitares juntos. De la noche a la mañana los campesinos se vieron rodeados por asesinos a sueldo que bajo órdenes de Aparicio ajusticiaban a todo aquel que se negara a vender su predio. El "chungo" es recordado como el jefe militar de esta pequeña milicia de despojadores de tierra y asesinos conocidos como el "grupo de la hacienda".

Molinares Cesar, Le Paliscot Elizabeth, 2012, "Pobreza, Debilidad Institucional, Cultivos Ilícitos, Tráfico de Drogas y Grupos Armados Ilegales en Buenaventura y Tumaco", Bogotá, Friedrich Ebert Stiftung -FESCOL- International IDEA, pág.7
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En la hacienda se construyó un inmenso lago artificial navegable en canoa y motos acuáticas, galleras, establos para caballos de paso fino y una pista de aterrizaje de avionetas para cuando el patrón quería visitar sus predios; artistas de música popular tan reconocidos como Darío Gómez visitaban con frecuencia la hacienda. Para un lugareño ser empleado de la hacienda equivalía a ganarse la lotería. Aparicio se entregó a la Fiscalía en 1999, en medio de un escándalo que salpicó al político conservador Álvaro Leyva, quien al parecer le proveía de volquetas provenientes de la antigua Unión Soviética para su empresa de carbón, y fue extraditado a Estados Unidos en el año 2005, acusado de introducir a ese país más de quinientas toneladas de cocaína. El capo colaboró con la justicia estadounidense delatando a varios miembros de la cúpula del cartel. Hoy vive libre, y a sus anchas, en la ciudad de Miami administrando su licorería.89 El caso es que cuando el confeso narcotraficante y testaferro estuvo imposibilitado de actuar como señor y dueño de la hacienda esta fue invadida por las Farc, quienes establecieron un campamento semipermanente en el lugar; cuando los guerrilleros abandonaron Villa Meche, en el 2004, dejaron a los campesinos de la zona, oriundos y recién llegados, en libertad de ocupar el predio. Así recuerda Mirian, esposa de un raspador de coca que vivió en Llorente durante siete años, antes de ser obligada a huir por las Farc, sus dominicales visitas a la hacienda: “Cuando yo llegué a Llorente no habían invadido todavía la Villa Meche y pidiéndole permiso al cuidador se podía ir a pasear a la hacienda los domingos. Los primeros llegaderos que invadieron la hacienda destruyeron la casa y trataron de secar el lago, estaban todos como locos buscando las caletas de los narcos.” De esta manera, novecientas familias entre nativas y llegaderas invadieron Villa Meche, levantaron sus ranchos de madera, delimitaron linderos y colindancias, alzaron cercas alambradas, sembraron matas de coca y se organizaron en una junta de acción comunal, con el propósito de reclamar eventualmente la formalización de sus recién establecidas posesiones. La original junta de acción comunal se fue desagregando, con el paso de los años, en muchas juntas independientes que se han enfrentado entre sí, pues cada una reclama como suya la legitimidad de la reclamación sobre la posesión de los predios. Durante los últimos trece años este terreno ha pasado por las manos de la alcaldía de Tumaco, del Incoder y de la Dirección Nacional de Estupefacientes que no ha hecho efectiva, a la fecha, la extinción de dominio. Según comentan líderes de la comunidad es bien sabido que Aparicio vigila a distancia sus tierras, por medio de sus antiguos aliados en la región. Al día de hoy permanecen en Villa Meche

"Se han empezado a reencontrar en Miami, narcotraficantes colombianos que fueron extraditados hace cerca de una década. Por cuenta de la colaboración con la justicia, delaciones de ex socios, entrega de bienes y rutas de narcotráfico tienen protección de las autoridades de Estados Unidos y por tanto están habilitados para hacer negocios. Jairo Aparicio Lenis quien era el dueño de la Casa de cambios El Dólar, donde se lavaron millones de dólares de los Rodríguez Orejuela montó una licorera y Arcángel Henao está a punto de abrir su negocio." Extraído el 23 de julio de 2013 en: http://www.las2orillas.co/narcos-colombianos-en-las-calles-de-miami/
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trescientas familias campesinas, esperando les reconozcan la posesión de sus parcelas, mientras las organizaciones de colonos que se constituyeron en Llorente, tras la caída de la bonanza, como Asominuma reclaman los predios como una zona de reserva campesina.

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Los grupos armados ilegales aparecen en el paisaje de Llorente en la misma época en que las primeras matas de coca empiezan a adornar con su verde encendido las zonas rurales del corregimiento a mediados de los noventa. La riqueza del negocio de la droga ejerció una atracción irresistible en los grupos guerrilleros y paramilitares que por su causa llegaron para disputarse furiosamente el control de alguno de los eslabones del negocio: cultivar con esmero, cristalizar con precisión, mercadear al mejor precio y defender a bala el negocio sin ningún tipo de contemplaciones. El tránsito y la presencia permanente de los grupos armados ilegales han generado un vacío de poder “legítimo” en la zona. Las ocupaciones de hecho y el control territorial ejercidos por estos actores han violentado a los campesinos y su arraigo al territorio; entre otras cosas porque han desplazado a cientos de familias que abandonaron su tierra no solo a causa del fuego cruzado, sino como resultado de una estrategia de control social que ha cortado de tajo sus relaciones materiales y simbólicas con el territorio. El grupo armado que inauguró la presencia guerrillera en la zona de Llorente y La Guayacana fue los "Fideles", un reducto del Epl proveniente del Putumayo y liderado por el comandante Fidel, que hizo notoria su presencia tomándose la población de la Guayacana en 1996, cuando destruyeron el puesto de la policía. Este grupo insurgente hizo presencia en la zona hasta mediados de 1997, fecha en la cual fueron expulsados por los "Comuneros del Sur", frente guerrillero del Ejército de Liberación Nacional, que bajo las órdenes del comandante "José Luis" se tomó a Llorente obligando a huir a la policía, que se fue para no volver hasta el año 2005; momento en el que ocupan nuevamente la estación, atrincherándose en la misma, para salir solo a lo estrictamente necesario, que en todo caso nunca fue brindar una seguridad efectiva a la población civil. Las instalaciones del abandonado puesto de policía se adecuaron durante varios años para funcionar como una oficina de Telecom. El periodo de los "elenos" es recordado por las reuniones semanales a las que eran citados todos los habitantes del pueblo para recibir doctrina política y dirimir conflictos personales o familiares en los que el comandante tenía siempre la última palabra. El reinado de "José Luis" fue más bien breve, pues en 1999 llegarían las Farc a imponer su ley, tomando para si el control del negocio de la coca y desplazando a tiros de fusil a los elenos que no tuvieron otra opción que replegarse. En el lapso entre 1999 y 2004, en el cual se presenta el pico cumbre de la bonanza cocalera en Llorente, las Farc ejercieron un férreo control territorial interrumpido esporádicamente por las primeras incursiones de los paramilitares.

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En un primer momento los grupos guerrilleros fueron bien recibidos por las comunidades, pues su discurso resultaba oportuno en un territorio desprotegido históricamente por el gobierno central, en el que las promesas reivindicatorias en favor de los pobres calaron en la población rural. "Los años que estuvo mandando la guerrilla en Llorente son los mejores años que ha tenido el pueblo, la gente trabajó, ahí nadie robaba a nadie, nadie extorsionaba a nadie, a los indios nadie les robaba...eso era un respeto a los indios que salían a vender su coca, ¿quién iba a robar a los campesinos? nadie se la montaba a otro porque era más débil o porque era más pobre."90 "A veces llega la guerrilla, pero de ella no sufrimos violencia; si se llevan unas gallinas, las pagan; están con nosotros, viven con nosotros, se les sirve un café y se van, por aquí anda la columna de Daniel Aldaba, en caso de problemas se acude a ellos, que están en el monte."91 Para finales de la década del noventa los comerciantes tumaqueños, agobiados por una explosiva ola de extorciones y asaltos a manos de los “Aletosos”, muchachos tumaqueños dedicados a la delincuencia común; empiezan a financiar una banda de exterminio, bien recordada como los “van van”; al parecer el nombre se inspiró en la reconocida orquesta de son cubano, que once años después visitaría el puerto nariñense en para amenizar los carnavales del fuego. Los van van acabaron con los aletosos y terminarían conformándose como un frente urbano de las Farc; esto hasta que aparecen en el paisaje del conflicto en la costa de Nariño, las Autodefensas Unidas de Colombia; atraídas por el negocio multimillonario de la coca. El comandante Guillermo Pérez Álzate alias "Pablo Sevillano", al mando del frente "Los Libertadores del Sur”; quien cumple hoy condena en Estados Unidos por narcotraficante; no solo cobraba impuestos al gramaje sino que intentó, exitosamente por demás, arrebatarle el negocio a los capos de la zona; (...) "el control del negocio por parte de Pablo ha llegado a tal punto que ha desplazado a algunos narcos, que en un comienzo lo apoyaron, y se ha quedado con la totalidad de sus negocios."92 Los paramilitares irrumpieron en Llorente para finales del mes de noviembre del 2000; fueron sesenta integrantes de "Los Libertadores del Sur" que se movilizaban en seis vehículos portando fusiles AK 47, en compañía de un informante indígena que iba señalando a los supuestos colaboradores de la guerrilla, dictando de paso su sentencia de muerte. Diez personas fueron

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Relato de líderes comunitarios Llorenteños, tomado el 27 de julio de 2013.

Relato de líder comunitario de la vereda el Azúcar, en: Vincent Manuel, 2010, "Fuego Cruzado en Colombia", extraído el 7 de agosto de 2013 en: http://elpais.com/m/diario/2010/02/21/eps/1266737214_850215.html Artículo publicado en la Revista Semana, 03 de noviembre de 2002, "La Guerra del Pacífico", extraído el 4 de agosto de 2013 en: http://www.semana.com/nacion/articulo/la-guerra-del-pacifico/54787-3
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señaladas por el guía y diez personas fueron asesinadas. Al final de la jornada el indígena fue premiado con un tiro de gracia en la cabeza. Pasados cuatro meses de esta primera incursión, regresaron una madrugada del mes de marzo de 2001, abriendo a tiros de fusil las puertas de las casas, de donde fueron sacados a la calle hombres, mujeres y niños; a los primeros se los organizó desnudos en una fila para ser meticulosamente examinados, aquel que presentara marcas en el cuerpo de haber cargado un fusil tenía que dar un paso al frente; el balance de la jornada fue de treinta y nueve pasos al frente; treinta y cinco personas desaparecidas y cuatro asesinadas. “Nos concentraron a todos en la cancha, al lado de la iglesia, llegaron con lista en mano, el que estaba en la lista le entregaban un pico o una palendra para que cavaran su propia tumba…todos sabíamos que se iban a morir.”93 Bien entrada la mañana, casi a medio día, llegaron los combatientes de las Farc a retomar el control de su pueblo, enfrentándose furiosamente con los paramilitares; los combates se prolongaron por horas, hasta las cinco de la tarde; cuando los libertadores del sur emprendieron la huida, no sin antes sentenciar venganza. Los habitantes de Llorente identificaron a varios soldados pertenecientes a la infantería de marina de Tumaco, portando brazaletes de las AUC y combatiendo del bando de los paramilitares. A los pocos días la prensa local anunciaba que en la base militar de Tumaco habían explotado accidentalmente unas granadas y que a cusa del incidente había muerto un número considerable de soldados. Los llorenteños tienen claro que la noticia solo intentaba disfrazar el hecho de que los soldados en cuestión fueron dados de baja combatiendo de la mano con las Auc en Llorente; (...) "como sería de evidente que Turbay, un muchacho del pueblo, le dijo a un negrito soldado como al mes: vos viniste a dar bala con los paracos, vos no sos ningún soldado, no te hagás el pendejo... ¿vos que es que sos? ...el soldado solo bajó la cabeza y siguió su camino, mientras terminaba con la colilla de su cigarrillo."94 Esta situación fortaleció la desconfianza de los lugareños hacia las fuerza pública; una desconfianza histórica y generalizada en Tumaco. En la actualidad una iniciativa ciudadana está recogiendo firmas entre la población exigiendo el relevo del mando militar acantonado en el municipio; la iniciativa popular fue desestimada en el consejo de seguridad que presidió el ministro de defensa Juan Carlos Pinzón, el día 26 de julio de 2013.

Testimonio de una señora pastusa que vivió, como lavandera y empleada doméstica, la época de la bonanza y de la violencia en Llorente; testimonio recogido el 02 de octubre de 2013 en la ciudad de Pasto.
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Artículo publicado en la Revista Semana, 03 de noviembre de 2002, "La Guerra del Pacífico", extraído el 4 de agosto de 2013 en: http://www.semana.com/nacion/articulo/la-guerra-del-pacifico/54787-3
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La última gran incursión de los paramilitares en Llorente tuvo lugar en diciembre de 2003, cuando llegaron a la población conduciendo tanquetas blindadas del ejército, que ubicaron en fila, desde el colegio hasta la plaza del pueblo. Cuando los uniformados descendieron de las tanquetas cascabel, fueron reconocidos e identificados inmediatamente como paramilitares por los conductores de taxis colectivos, que hacen diariamente el recorrido entre Llorente y el municipio de Ricaurte; ellos conocían bien a estos sujetos pues hacia meses eran detenidos regularmente, por estos hombres, en un retén paramilitar en Junín. Los conductores se subieron en sus taxis y emprendieron la huida, no sin antes advertir a los vecinos del lugar: "muchachos ábranse que esos que están bajando de las tanquetas no son soldados, son esos paracos de mierda."95 “Nosotros estábamos en un supermercado haciendo la compra, cuando todo el mundo empezó a gritar: ¡llegaron los paracos, llegaron los paracos!; todos salimos a perdernos; algunos a sus casas, nosotros nos fuimos al monte y de allí no salimos en dos días; ese vez se llevaron bastante gente, hombres, mujeres y niños; a algunos los mataron, a otros los soltaron.”96 Ese día fueron torturados y asesinados dos personas, acusadas de ser guerrilleros en el campamento que habían instalado en Junín; (...) "se llevaron a dos negritos jóvenes, hombre y mujer de más o menos de veinte años, bien campesinitos; ellos lloraban que ellos no eran nada pero se los llevaron y los despedazaron, al muchacho le cortaron la cabeza."97 En el año 2005, la procuraduría encontró evidencia de que el capitán Juan Carlos Dueñas, comandante de la época del Grupo de Caballería Cabal, había utilizado tropas y vehículos para abrir el camino a los paramilitares comandados por Pablo Sevillano en Llorente. Tras la desmovilización del bloque los Libertadores del Sur en el 2006, momento en que se acogen a la ley 975 de "justicia y paz", que muy poca justicia y menos paz trajo a Llorente, los mandos medios de la estructura paramilitar se reorganizaron en bandas al servicio del narcotráfico y empiezan a combatir entre ellas y con las Farc por el control de las rutas del narcotráfico; siendo no obstante reconocibles alianzas entre los bandos para movilizar cargamentos conjuntos. En el año 2009, los "Rastrojos" aparecen en Llorente, donde no era un secreto para nadie que habían comprado al comandante de la policía y lo tenían en su nómina para poder delinquir impunemente. Un año más tarde, esta banda se coronaba victoriosa sobre todas las demás organizaciones paramilitares post Auc y se disputaban el negocio de la coca con las Farc.
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Ibíd.

Testimonio de una señora pastusa que vivió, como lavandera y empleada doméstica, la época de la bonanza y de la violencia en Llorente; testimonio recogido el 02 de octubre de 2013 en la ciudad de Pasto. Artículo publicado en la Revista Semana, 03 de noviembre de 2002, "La Guerra del Pacífico", extraído el 4 de agosto de 2013 en: http://www.semana.com/nacion/articulo/la-guerra-del-pacifico/54787-3
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En febrero de 2012, los mandos militares relevaron al comandante de la policía en Llorente y a partir de ese momento la estructura delictiva se debilitó; (...) "un cuarenta por ciento de los de esa banda fueron asesinados por el ejército y la policía, otro cuarenta por ciento fueron encarcelados y de resto están libres; eran unos hombres de raza negra, corpulentos...del Charco decía la gente que eran oriundos, andaban de civil pa´rriba y pa´bajo, extorsionaban a todo el mundo, hasta a los vendedores de minutos en la calle. Esos manes si iban a acabar con el pueblo".98 Las Farc sigue ejerciendo influencia en la zona pero su presencia ya no es evidente en el centro poblado de Llorente o la Guayacana; (...) "ahora cuando andan en el pueblo son unos pocos y andan de civil, no como antes que iban uniformados portando su fusil, de todos modos todos sabemos que ellos mandan en la zona." El estado sigue brillando por su ausencia en Llorente; hace tres años mataron al corregidor y nadie más se le ha querido medir al encargo; la única autoridad civil es el presidente de las asociación de juntas de acción comunal; el puesto de policía está funcionando pero los uniformados permanecen atrincherados y su presencia en las calles es nula; (...) "a la policía solo se los ve cuando salen a ser giros a sus familiares, ellos llegan en unas motos a toda velocidad, y hacen guardia mientras sus compañeros giran la plata, después se suben en las motos y salen a toda velocidad, a ellos no se los ve más; ahí pueden matar gente puede pasar lo que sea, que ellos no salen." 99 En la actualidad la banda criminal de los “Urabeños” está incursionando en Tumaco, haciéndose a determinadas rutas del narcotráfico, apoderándose del negocio del micro tráfico e incorporando, a la fuerza o mediante la negociación, a miembros de las Farc y de los Rastrojos en sus filas; que se calcula están integradas por más de dos mil hombres. La complejidad del conflicto en Nariño es de tal magnitud; en razón del número de actores armados; de su continua fragmentación y reorganización; de la re delimitación de los controles territoriales y de los recursos casi ilimitados del negocio del narcotráfico que, al día de hoy, no se está librando una guerra sino cuatro guerras al mismo tiempo: “Se podría decir que hoy en día Nariño vive 4 confrontaciones de forma simultánea. Por un lado, los enfrentamientos constantes entre las FARC y la Fuerza Pública azotan por lo menos 26 municipios del departamento. En segundo lugar, la fuerte guerra que se libra entre Rastrojos, Rocas del Sur y Urabeños, que afecta a la zona de la cordillera y del pacífico nariñense. En tercer lugar la disputa entre el ELN y la Fuerza Pública, que afecta la parte centro norte del departamento. Y por último, se vive una disputa descentralizada entre diferentes estructuras

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Ibíd. Ibíd.

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pertenecientes al narcotráfico y que anteriormente se agrupaban bajo la denominación de Águilas Negras.”100

Corporación Nuevo Arco Iris, 2013, “La Guerra sin Fin del Pacífico Nariñense”; Extraído el 10 de junio de 2013 en: http://www.arcoiris.com.co/2013/03/la-guerra-sin-fin-del-pacifico-narinense/
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EL ORO NEGRO INUNDA LA SELVA VERDE
En la actualidad el control territorial de las Farc en Llorente y la Guayacana, así como en otras zonas del municipio de Tumaco, se caracteriza fundamentalmente por la presencia de una red de financiamiento que se nutre del impuesto regular a los narcotraficantes, en ciertos corredores estratégicos de la zona y por la voladura permanente y sistemática del oleoducto transandino y de la torres de energía eléctrica, que en octubre de 2013 dejaron a Tumaco sin electricidad por casi un mes, tras la voladura de diez torres en menos de una semana; la directriz era clara: “torre que levanten torre que volamos de nuevo.” Hay evidencias de que ellos mismos incursionaron en la producción y comercialización de la cocaína y de que son responsables del robo continuo de petróleo que está causando un daño alarmante al medio ambiente. Dicen los expertos que al menos seiscientos años tardaría el ecosistema en auto sanarse del envenenamiento del que ha sido objeto por causa de las continuas perforaciones al oleoducto transandino; que en su recorrido entre orito, putumayo, y Tumaco atraviesa a Llorente y la Guayacana, así como a las demás poblaciones de la zona de carretera. Según afirman líderes de la comunidad, y las autoridades militares, estas acciones son llevadas a cabo por las Farc, con el fin de obtener el crudo para destilar gasolina artesanalmente; insumo indispensable para el procesamiento de la cocaína. El procedimiento es relativamente sencillo: se perfora el tubo y se conectan las válvulas para extraer el crudo, que es almacenado, al aire libre, en improvisadas piscinas cavadas en el suelo de la selva y cuya superficie se recubre con plástico; al lado de estas se levantan las refinerías artesanales; el problema es que bajo el impacto de las lluvias las piscinas se rebosan y el crudo se derrama sobre la vegetación llegando en gran cantidad a los caños, quebradas y demás corrientes de agua, que por supuesto van a dar al océano. La guerrilla alcanza a procesar el veinte por ciento del crudo robado, el resto se vierte sin consideración en la selva; situación que ha destruido mil hectáreas de bosque en la zona; agravándose día a día una tragedia ambiental de la que poco o nada se habla en Tumaco, pues el control que ejercen las Farc es todavía muy fuerte y nadie se atreve a manifestarse abiertamente en contra de ellas. El aumento exponencial de estas acciones es de tal magnitud que en el año 2005 las autoridades detectaron treinta y cinco válvulas, mientras que en lo que va corrido del 2013 ya van setecientas veintiocho; Ecopetrol calcula que las Farc extraen diariamente de este oleoducto ochocientos cuarenta y siete barriles de petróleo, ocasionando nueve millones y medio de dólares en pérdidas cada día; que palidecen frente al extraordinario daño ambiental que estos derrames causan en la geografía de Llorente y la Guayacana.

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COCA Y BONANZA EN LLORENTE
Las efímeras bonanzas cocaleras y su embustera ilusión de riqueza han recorrido por décadas la geografía del país alimentando la guerra, sembrando de muerte y despojo los campos, contaminando ríos y quebradas, a causa de los oleoductos desangrados y la aspersión del glifosato, que más temprano que tarde siempre llega; provocando además la amarga confluencia de todos los actores del conflicto. La coca se desplaza entre territorios al margen del poder central, históricamente pobres y abandonados, pero donde al menos se podía vivir con cierta tranquilidad. Los cultivos de coca invadieron al Putumayo a comienzos de la década del ochenta procedentes del Guaviare y Caquetá; una vez el campesinado empezó a arruinarse a causa de la apertura económica de Cesar Gaviria. Allí se fumigaron intensivamente en el marco de los programas de erradicación tan vigorosamente financiados por la cooperación internacional. En Putumayo la coca era cultivada y cosechada por miles de campesinos oriundos de la región y por otros tantos llegados de Nariño; siguiendo la ruta de un éxodo que terminaría siendo circular pues los nariñenses que llegaron al Putumayo, empezando los ochentas, volverían a su patria chica despuntando el nuevo siglo; esta vez a orillas del océano pacífico donde la ausencia de inversión social, desarrollo industrial, una situación geográfica de periferia y aislamiento, sumados a la precaria situación del campesinado; favorecieron la propagación de los cultivos y de la industria de la coca. Se calcula que veinte mil campesinos, hombres entre 15 y 35 años, provenientes de la sierra nariñense se desplazaron inicialmente a Putumayo, de allí volvieron tras las fumigaciones pero ahora con sus compañeras, esposas hijos e hijas. Finalizando la década del noventa, el gobierno nacional recibe mil trescientos millones de dólares del Plan Colombia e intensifica drásticamente las fumigaciones con glifosato en el Putumayo; que para la época era el primer departamento en número de hectáreas sembradas de coca en el país; las fumigaciones provocaron la migración de los cultivos y de miles de personas hacia la costa pacífica de Nariño; esto principalmente porque la erradicación no se acompañó, y aun hoy en día no se acompaña, de alternativas productivas para los campesinos, ni mucho menos de una estrategia de desarrollo rural integral. El valor estratégico de Tumaco para el negocio del narcotráfico salta a la vista: enmarañadas selvas y manglares para camuflar los cristalizaderos, una intrincada red de esteros donde se pueden esconder los navíos, cantidad de ríos para el trasporte de la droga hasta los puertos clandestinos en el mar y de ahí hasta el punto de destino en norte o centro América. La intensa migración encontró en Llorente su punto de llegada y aquí empieza a desarrollarse simultáneamente el cultivo de la hoja, el procesamiento del alcaloide y su posterior comercialización; mientras la cultura de la ilegalidad trastoca las costumbres de las gentes del lugar que hasta el momento practicaban una agricultura de subsistencia; tal cual lo hicieron los primeros afros libres que poblaron las riveras del mira para complementar la pesca del sábalo y la caza de la tatabra y la guagua en los bosques.

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A Llorente llegaron miles de campesinos y comerciantes provenientes de los llanos orientales y la amazonia que se juntaron con numerosos ecuatorianos, bolivianos, venezolanos y peruanos; que a su vez se encontraron con los campesinos nariñenses y del Putumayo. Los nuevos colonos fueron bautizados por los nativos como los llegaderos o los llegadizos; (...) "algunos arriban a pie después de largas travesías, otros en embarcaciones por la decena de vertientes fluviales que serpentean la selva que rodea al pueblo, pero todos con la ilusión de salir de allí airosos, ojalá en alguno de los lujosos automóviles que a diario se estacionan a lado y lado de la carretera."101 Estas migraciones transformaron radicalmente al poblado, que empezó a consolidarse como el principal centro de compra y venta de base de coca en Colombia y en el mundo. Muchos de los llegaderos se constituyeron en un círculo social solidario, donde los unos respondían por las deudas de otros, cuando tenían dificultades. Hay que recordar que para mediados de la década del noventa el caserío de Llorente contaba únicamente con mil quinientos habitantes, entre afros y mestizos, asentados en ranchos de madera y unas pocas casas de ladrillo, a lado y lado de la carretera Pasto -Tumaco; era un lugar donde el sofocado visitante serrano se detenía para a tomar algún refresco, en una última parada antes de llegar al puerto; (…) “el pueblo era tan pequeño que en los días de fiesta se mataba un marrano y de ahí comía todo el pueblo; eso era un moridero; mientras que en la bonanza uno se demoraba hasta dos horas para atravesar el pueblo, que no mide más de kilómetro y medio; imagínense el gentío y el desorden.”102 Los mil quinientos habitantes se convirtieron en veinticinco mil, de la noche a la mañana, entre 1997 y el 2001; multiplicándose los comercios, las cantinas, los burdeles, los restaurantes, las bodegas abarrotadas de mercancías. A orillas del Mira se levantaron casinos donde ofrecían su servicio de compañía mujeres traídas de Cali, Bogotá y Medellín. En una casa pequeña vivían hacinadas hasta seis y siete familias; también se invadieron predios, donde los llegaderos levantaron campamentos provisionales construidos de madera. La guerrilla ofrecía protección y seguridad a los nativos y llegaderos para que sembraran la coca; al tiempo que cobraban impuesto al gramaje y establecían los precios; además de administrar “justicia” y dirimir los conflictos: “Yo llegué de Pasto como lavandera a Llorente y me iba muy bien; hasta que un día uno de los cultivadores se quiso pasar de vivo para no pagarme; se quería robar trescientos mil pesos y me decía:- „que se va a marear por eso‟; yo le dije: -„ bueno róbese la plata que dios le ha de c obrar; cuando uno de los „muchachos‟ se había dado cuenta y fue y avisó al comandante; a los dos
Artículo: "Los Rastros de un Cadáver", publicado en la Revista Semana el 17 de julio de 2006, Extraído el 29 de julio de 2013 en : http://www.semana.com/nacion/articulo/los-rastros-cadaver/79453-3
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Testimonio de “Elmer”, pastuso, que emigró al putumayo a principios de la década del noventa; desde donde se desplazó a Llorente en 1997, pues todos sus conocidos le aseguraban que allí se encontraban muchas oportunidades de hacer dinero; “Elmer” se dedicó a transportar pasajeros, en su camioneta, entre la Guayacana y Llorente; actividad que en el momento le resultó muy rentable. El 20 de enero de 2004 tuvo que huir pues se negó a transportar a un grupo de guerrilleros y fue declarado objetivo militar.
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días me buscaron “los del monte” y me preguntaron: -„¿fulano de tal ya te pagó?‟, -no le dije; a bueno dijeron, -„el más tarde te va a pagar‟; yo no creí porque ya me debía de cuantísimo tiempo; que me va a venir a pagar de un día para otro; pero esa misma tarde llegó el señor asustado con los billetes en la mano, me pidió disculpas y me pidió el favor de que no le contara a nadie porque su vida corría peligro. Yo en Pasto me ganaba treinta mil pesos mensuales lavando ropa; en la bonanza de Llorente me ganaba los mismos treinta mil en una mañana; imagínese como empezamos a prosperar. Yo en esa época vi lo que nunca me imaginé ver: maletas y baúles llenas de billetes de cincuenta mil; era como si la pata lloviera del cielo.” 103 Los empleados, principalmente jornaleros que trabajaban en los grandes cultivos de palma africana o en alguna de las siete plantas extractoras de aceite, renunciaron a sus empleos mal pagos y se dedicaron a cultivar coca; mientras los empresarios palmicultores alertaban al gobierno de la situación y exigían medidas urgentes, entre otras, la fumigación de las plantaciones ilegales. Los cultivos de coca se extendieron al ritmo frenético de la demanda; (...) "nosotros veíamos a los vecinos que empezaban a tumbar las casas de madera para construirlas de concreto; los hijos montados en buenas motos, ellos con carro y entonces uno decía: ¡yo también puedo! eso fue como una epidemia, todos empezamos a sembrar coca. Yo sembré coca, no tengo por qué mentir, no había más forma de conseguir plática."104 En un comienzo el negocio para los algunos campesinos fue raspar la hoja; para los que se pudieron hacer a un pedazo de tierra cultivarla y secarla para venderla a los comerciantes; pero muy pronto la técnica para procesar la hoja se difundió entre llegaderos y campesinos quienes fabricaban la pasta de coca en las cocinas de sus ranchos para venderla los sábados en el pueblo; (...) "los mismos campesinos fueron aprendido de los que llegaban a procesar la hoja para hacer la base, que es lo que vendía la gente; todo el mundo cultivaba en su finca, procesaba y vendía la base."105 Los recién llegados al insólito y expandido poblado de Llorente, hijo del Plan Colombia y nieto de la apertura económica, lo llamaban "putumayito" y fue reconocido por los medios de comunicación nacionales como "uno de los sitios más peligrosos del mundo".106 Contaba en el 2002 con siete mil quinientas hectáreas sembradas de coca; (...) "un agrónomo local afirma que

Testimonio de “Nubia”, empleada doméstica al servicio de los cultivadores y raspachines en la época de Bonanza en Llorente.
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Relato de líderes comunitarios, tomado el día 27 de julio de 2013 Ídem

Así lo llamó Álvaro Sierra, editor adjunto del periódico El Tiempo en un artículo periodístico publicado en el año 2002 con el título: "La Coca Viajera"

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son muchas más: a la coca le bastaron dos o tres años para ocupar las mismas 25.000 hectáreas que tomaron a los cultivadores de palma africana 30 años de trabajo".107 Hacerse a la tierra no fue difícil para "los llegaderos" pues el valor de la hectárea no superba los cincuenta mil pesos en los primeros meses de la bonanza; entonces los primeros colonos se hicieron a sus fincas sin mucha inversión, algunas veces le pagaban al lugareño más de lo que estaba pidiendo; el afán por sembrar era tanto que fue común el intercambio de tierras por semilla de coca. Los viejos amigos, pero también los enemigos, llegados de otras regiones del país se reencontraban en Llorente, retomándose los compadrazgos y las vendettas, al ritmo de los corridos mejicanos que sonaban, sin descanso, en las tres emisoras del pueblo; (...) "por cada llorenteño que asesinaron en la bonanza se habían matado entre ellos por lo menos cincuenta llegaderos; eran gente muy violenta, eran de la filosofía de que porque tengo plata, aquí mando y yo, y el que no respeta la paga."108 Las costumbres y tradiciones de los nativos se trastocaron violentamente, las fiestas patronales dejaron de celebrarse y fueron remplazadas por bulliciosas cabalgatas en las que en medio de una orgia de licor, dinero, bala y muerte se conjugaban los recién estrenados valores de la cultura del dinero fácil. Sobre Tumaco decía Alfredo Molano, que fue el reino del Renault 4 en los ochentas, del Renault 6 en los noventas y el reino de las narco camionetas en el 2000.” Un colono del interior del departamento que se arrepintió de entrar en el negocio relata el porqué de su decisión: “cuando yo llegue allá con ganas de torcerme , el kilo estaba a tres millones y se conseguía la hectárea sembrada de matas chiquitas a un millón; conseguir la tierra era fácil; pero cuando empezó a aparecer la gente despezada yo me arrepentí y me devolví para mi tierra”. Frente a esta explosión cocalera, el gobierno apareció en Llorente en el 2001 ofreciendo a los campesinos ser ingresados al programa de familias guarda bosques, en el que recibirían un subsidio por dejar de sembrar coca; la propuesta fue recibida con burlas y rechiflas por lo que se implementaron las primeras fumigaciones con glifosato en Llorente y la Guayacana; seguidas de la erradicación manual. Con las fumigaciones se fue mucha gente, algunos llegaderos que buscaron un mejor emplazamiento para sus cultivos de coca, pero también campesinos oriundos de la zona que vieron destruidos sus cultivos de pan coger; muchas de las casetas en las que se vendían comestibles y que quedaron abandonadas fueron ocupadas por recién llegados del vecino Ecuador.

Sierra Álvaro, 2002, "La coca Viajera", artículo publicado en El Tiempo; extraído el 15 de agosto de 2013 en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1372034
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Relato de líderes comunitarios Llorenteños, tomado el 27 de julio de 2013

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Los vendedores de música pirata en cd fueron expulsados del pueblo por la guerrilla y algunos fueron asesinados, pues el comandante aseguraba que como recorrían las calles del pueblo con los misteriosos discos, seguramente eran espías que estaban haciendo inteligencia. La bonanza en Llorente empieza a declinar al mismo ritmo en que la coca se traslada a otras zonas del municipio; en el año 2003 cuando la bonanza flaquea definitivamente, Tumaco se ubica en el tercer puesto entre los municipios con mayor número de hectáreas sembradas de coca, con 5.234 hectáreas; mientras que en el 2006 pasa a ocupar el primer lugar con 7.128 hectáreas sembradas.109 Entonces, cae la bonanza en el corregimiento pero el número de hectáreas sembradas de coca escala exponencialmente en el municipio. ¿Conclusión? se confirma la teoría que Álvaro Sierra publicara en el diario El Tiempo en el 2002: "la coca ni se crea ni se destruye, solo se desplaza"110 y frente a esta vertiginosa movilidad se hace evidente la ineficacia de las fumigaciones con glifosato, implementadas en el marco de la guerra contra las drogas, con el propósito de erradicar los cultivos de uso ilícito; pues siempre habrá nuevos territorios, como Llorente, condenados al olvido, en los que se asienten los cultivos, la industria y la violencia. El glifosato no acaba con las plantaciones de coca, solo con la cosecha actual; las matas se recuperan rápidamente, reverdecen con nuevo furor, mientras que los cultivos de pan coger si quedan inservibles hasta la raíz. Al paso de las avionetas los habitantes de Llorente corrían en masa a las veredas para ayudar a lavar las matas (…), “nos íbamos con bombas de agua, baldes, mangueras, jabón y lavábamos una a una todas las maticas, las más se salvaban, otras no.”111 Son numerosas las reclamaciones de los campesinos sobre la destrucción de sus cultivos de subsistencia, por causa de las aspersiones de glifosato; frente a las cuales las autoridades han manifestado que los campesinos pueden reclamar una indemnización, siempre y cuando, cuenten con títulos de propiedad de sus predios; títulos que por su puesto no existen en un territorio que presenta una altísima e histórica informalidad de la tenencia de las tierra. "Nuestros campesinos no tienen títulos de propiedad, muchos de ellos no saben leer ni escribir ni tienen la preparación ni el dinero para viajar y lograr la posibilidad de la revisión de sus campos, ni llevan contabilidad de los gastos de sus parcelas, ni mucho menos pueden viajar a Bogotá para gestionar un reclamo que puede demorarse meses."112

Cifras del Proyecto SIMCI II, UNDOC, (Oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito) Cultivos de Coca Estadísticas Municipales; Censo 31 de diciembre de 2011; pág. 8
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Sierra Álvaro, 2002, "La coca Viajera", artículo publicado en El Tiempo; extraído el 15 de agosto de 2013 en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1372034
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Testimonio de una llorenteña que vive actualmente en la ciudad de Pasto.

Girón Higuita Gustavo, Obispo de Tumaco, 2011, "Las Fumigaciones", Extraído el 25 de julio de 2013 en: http://www.rndp.org.co/sites/default/files/Las%20Fumigaciones.pdf

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Se dice que la pesca en toda la costa nariñense disminuyó considerablemente desde la implementación de las fumigaciones pues los residuos del glifosato terminan llegando al océano, a la par que llega al océano el crudo derramado en las incontables "chuzadas" al oleoducto que llevan a cabo las Farc para obtener el apreciado insumo para la cristalización de la coca. Sobre el acompañamiento social y de desarrollo alternativo que han acompañado las fumigaciones en Tumaco, no podría ser más diciente la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos que en su visita al municipio en el 2011, para evaluar los resultados del Plan de Consolidación Territorial, financiado con recursos del gobierno de Estados Unidos, concluyó: "La fumigación vino con programas de desarrollo alternativo financiados por USAID. Sin embargo, estos cubrieron sólo a una pequeña parte de las comunidades afectadas y poco pudieron hacer en un contexto de ausencia estatal, falta de medios de transporte, incertidumbre en la tenencia de la tierra y violencia descontrolada. Peor aún, el programa de fumigación de la Policía Nacional de Colombia, respaldado por los EE.UU., ha insistido en asperjar cualquier planta de coca que se detecte, lo que ha significado que los proyectos de desarrollo alternativo financiados por la USAID hayan sido sistemáticamente fumigadas por su proximidad con dicho cultivo; (...) "al igual que el Putumayo alrededor del año 2002, la fumigación es masiva mientras que los proyectos de desarrollo alternativo quedan relegados a zonas inseguras y sin presencia estatal. La construcción de una presencia civil e institucional del Estado en el terreno sigue siendo un objetivo lejano frente al cual es notorio el poco progreso, incluso en la cabecera municipal."113 En su visita a Tumaco, el 26 de julio de 2013, el ministro de defensa Juan Carlos Pinzón anunció una nueva inversión de cincuenta y seis mil millones de pesos para la lucha contra el narcotráfico en todo el departamento de Nariño, para mejorar los indicadores; fortaleciéndose la presión militar que incluye más fumigaciones; frente a lo cual el gobernador de Nariño, Raúl Delgado, replicó: "Los indicadores hablan de hectáreas destruidas, pero los indicadores no hablan de las personas ni las de las familias que hay detrás de este problema." Los cultivos de coca en Llorente, que antes de las fumigaciones se ubicaban principalmente en las riveras de los ríos Mira y Nulpe, además de la zona aledaña a la carretera; una vez untado el territorio de glifosato, se trasladaron a la zona de Candelillas, Espriella, Tangareal y a las riveras del rio Caunapí. La inmensa población flotante que habitó Llorente en el pico de la bonanza, se fue dispersando a partir del año 2004: unos volvieron a sus sitios de origen, otros se desplazaron hacia las nuevas zonas cocaleras del municipio de Tumaco y de la costa pacífica, especialmente a Choco; muchos otros murieron en alguno de los incontables tiroteos entre bandas de narcos. De los veinticinco mil para el año 2013 quedan seis mil habitantes, de los cuales aproximadamente el setenta por ciento corresponde a los llegaderos que a pesar del

WOLA, Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, 2011, "En la convulsionada Tumaco pocos avances", Extraído el 02 de agosto de 2013 en: http://www.wola.org/es/comentario/en_la_convulsionada_tumaco_pocos_avances_0
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decaimiento de la bonanza cocalera, se establecieron permanentemente en el poblado; volviendo a quedar la población nativa en los mismos mil quinientos habitantes de mediados de los noventa. Algunos de los que llegaron para quedarse se organizaron en la corporación Corpollorente que está impulsando la incitativa de convertir a Llorente en un municipio, con el argumento de que es uno de los corregimientos que más tributa al municipio de Tumaco a cambio de muy poca atención en salud y educación para sus habitantes. De muy buena califican los nativos la iniciativa si no fuera porque piensan está motivada por los intereses particulares de los llegaderos y no por un anhelo legítimo de autonomía local. Los colonos que se han establecido en el territorio han ido ganando espacio de representación comunitaria, muchos son presidentes de las Juntas de Acción Comunal y se han asociado en Asominuma -Asociación de Juntas de Acción Comunal de los ríos Mira, Mataje y Nulpe-, que al igual que Corpollorente apoyan la municipalización del corregimiento y en su momento se movilizaron en el "Frente Pacifico", haciendo resistencia a la erradicación de la coca por parte del gobierno a comienzos y mediados de la década del 2000. En la actualidad esta organización de colonos mestizos, que agrupa un total de treinta y siete veredas, esta disputándose territorios en la zona rural de Llorente con el consejo comunitario de Altomira y Frontera; en donde exigen el establecimiento de una zona de reserva campesina, pues reclaman la posesión de las tierras en virtud del tiempo que llevan ocupándolas, entre ocho y trece años,(...) "Asominuma ha sido denunciada por forzar el desplazamiento de los nativos y de sus líderes, usurpar sus espacios de decisión y representación, y repoblar el territorio con personas provenientes de otras zonas del país."114 Las personas que han salido desplazadas de Llorente, abandonando sus tierras, y que en algún momento piensan en regresar de visita, para arreglar algún negocio, para visitar un familiar enfermo etc; tienen que tener un padrino reconocido por la guerrilla en el pueblo, que de aviso de la visita y que reciba la autorización. Si se aparece de un momento para otro sin mediar padrino corre peligro de muerte. En las conversaciones sostenidas con líderes de la comunidad en Llorente, ha sido un lugar común la preocupación que manifiestan por la llegada de muchos foráneos al pueblo, buscando casas para alquilar e instalarse provisionalmente desde principios del año 2013, lo que parecería indicar una tendencia a reproducirse un nuevo ciclo de migración ligado a las economías ilícitas; (...) "la mafia está llegando nuevamente a Llorente, los muchachos dicen que están llegando bastantes patrones. Desde noviembre (2012) para acá se ha incrementado el precio de la base, el negocio está bueno otra vez".

CCAI, "La Marcha de la Desesperación", 2010, Extraído el 10 de agosto de 2013 en: http://ccaicolombia.org/files/primarydocs/110916_tumaco.pdf
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El poblado de la Guayacana, separado por escasos diez kilómetros de Llorente, comparte con este no solo su ubicación contigua a la vía Pasto – Tumaco y a su serpenteante, paralelo e irremediable compañero: el tubo del oleoducto transandino, que en algunos tramos atraviesa, indiscreto, los patios y los huertos de las pequeñas y desvencijadas casitas de madera; comparte también con Llorente el origen de su nombre motivado por el paso del ferrocarril de Tumaco en la década de 1920; la bonanza de la madera de los años cincuentas a los setentas; la ocupación de su territorio por los grupos armados, desde mediados de los noventa y el tránsito de la economía de la coca, que también marcó picos de bonanza y migración en la Guayacana, aunque ciertamente de menor intensidad que en Llorente. Aquí no se asentaron los colonos en igual proporción que en Llorente en la época de bonanza, a causa de que una distancia mayor al vecino rio Mira implicaba mayor costo en el transporte de los insumos y del producto final: la base de coca. Durante los años de Bonanza habitaron la Guayacana cerca de diez mil personas, entre nativos y llegaderos, al día de hoy el número de habitantes no supera los cuatro mil. Si el elemento fundador del poblado, que fue inspección de policía del municipio de Roberto Payan hasta la década de 1930, fueron los afros libres vecinos de los indígenas Awá, cuyos resguardos colindan con el corregimiento, el componente colonizador de Villa Florencia, la antigua Guayacana, fue el hombre mestizo venido de la sierra; el guaicoso, que llegó de Altaquer y Ricaurte buscando oportunidades para el comercio y los negocios en una zona de tránsito entre la cultura afro, indígena y mestiza. Poblado de cazas “pajizas” levantadas en chonta y guayacán, en las que vivían las familias Garcés, Arévalo, Vidal y Araujo. Si el afro libre ostentaba ahora con orgullo el saber de las artes de la selva, conversando de tú a tú con el espíritu del bosque, era dado a su comunidad, respetuoso del compadrazgo y solidario por naturaleza y condición; el mestizo andino era “un hombre hogareño, bondadoso y leal, aunque sin grandes ambiciones; apegado a la tierra y a la tradición; individualista en sus menesteres porque el intercambio era limitado; sano en sus costumbres, místico en sus expresiones; con un ambiguo complejo de timidez ante los extraños; pero valeroso, abnegado para la vida, y heroico para el sacrificio.”115 En 1925, al darse inicio a los trabajos del ferrocarril entra Aguaclara y Llorente, la zona de la Guayacana fue poblada por mestizos serranos llegados del pie de monte costero y en menor cantidad de la sierra; quienes poblaron el caserío que floreció rápidamente al ritmo de una febril actividad comercial, pues aquí llegaban los comerciantes de la costa y del pie de monte para intercambiar sus productos. “Antes de la llegada del ferrocarril esto aquí era puro bosque, muy tupido; par a salir a Tumaco había que viajar por Barbacoas a través del rio Telembí, con el tren que llegó de Aguaclara vino

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Chaves, Guillermo Edmundo, 2010, “Chambú”, Pasto, Editorial Letras Colombianas, pág. 102

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mucha gente blanca y mestiza para comerciar, el pueblo se creció y se volvió importante; llegó hasta el telégrafo.”116 Este sector era conocido por sus extensos bosques de guayacán; árboles frondosos de quince metros de altura, con un tronco especialmente grueso, del que se extrae una madera de color claro sumamente dura y resistente. Por la calidad de este recurso, los bosques de guayacán fueron talados sistemáticamente para cortar los travesaños de la carrilera y más tarde para alimentar la insaciable caldera de la locomotora de vapor; de aquí salió la madera para toda la vía férrea y se bautizó el caserío de Villa Florencia como la Guayacana, la tierra del Guayacán. Para la época, era un punto más importante y reconocido que el mismo Llorente; los dueños de tiendas de abarrotes de Llorente debían desplazarse a la Guayacana para comparar sus mercaderías; aquí estaban asentados el comercio y los comerciantes. En 1928 se inaugura la estación del tren y el poblado empieza a crecer alrededor de esta. Para mediados de la década del treinta la Guayacana cuenta con un hospital al que acudían los pobladores de toda la zona; hoy a duras penas se encuentra en el poblado un puesto de salud; eso sí, sin medico ni medicinas. La prosperidad que llegó con el ferrocarril se desvaneció tan pronto como los rieles liberaron la tierra negra y acida de la Guayacana a mediados de los años cincuenta, momento en el que se intensifica la explotación de los bosques del sector, surgiendo una bonanza maderera que duraría más de veinte años; en la que los nativos participarían exclusivamente como corteros pagados al destajo y con la que el poblado no recupero la prosperidad de antaño; pero si perdió para siempre sus famosos bosques de guayacán; en la actualidad persiste una explotación maderera a muy pequeña escala y casi siempre ilegal. En el lapso de casi dos décadas entre el decaimiento de la bonanza maderera, a finales de los años setenta, y el surgimiento de la bonanza cocalera a finales de los noventa; se establecieron en la Guayacana haciendas ganaderas, resultado de la adjudicación de terrenos baldíos por parte del Incora a un grupo de colonos que ostentaban cierto poder económico, llegados de la capital del departamento; estos colonos ganaderos no estaban vinculados con el narcotráfico como si lo estuvieron los hacendados en Llorente de la misma época y tampoco despojaron a los nativos de sus tierras. Fue el tiempo en el que se pavimentó la vía Pasto - Tumaco y llega recién la electricidad, acompañada de los primeros brotes de violencia, a estos parajes. Sin embargo, la época "de la hacienda" cuando Jairo Aparicio Lenis llegó a Llorente para fundar "Villa Meche", despojando de sus tierras a todos los nativos colindantes con sus predios en un radio de dos mil hectáreas, durante los últimos años de la década del ochenta, impacto también a la Guayacana donde se recuerda como la banda de sicarios conocida como "el grupo de la hacienda" llegaba al poblado para ajustar cuentas, asesinando nativos y colonos.

Testimonio de Don Dimas Cortes, octogenario habitante de la Guayacana, entrevista realizada por los profesores de la escuela del pueblo, el 19 de noviembre de 2005
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A partir de la segunda mitad de la década del noventa los colonos serranos que habían recibido tierras del Incoder en la Guayacana empiezan a desplazarse a Pasto, al mismo ritmo con el que los grupos armados ilegales hacían su aparición en el territorio; muchos de estos colonos se van

definitivamente abandonando sus tierras, cuatro de estas haciendas fueron invadidas por los campesinos. Al igual que en la mayoría del municipio de Tumaco la tenencia de la tierra por parte de las comunidades campesinas está marcada por la informalidad; la tierra se compra, se vende y se hereda de palabra sin la mediación de documento alguno; y de mediar, se trata por lo general de cartas venta no registradas; situación que acentúa el riesgo de los grupos armados obliguen a la víctima a la venta forzada o que se transfiera el dominio falsificando documentos. En la Guayacana la aparición de la guerrilla estuvo precedida por una ola de extorciones a los comerciantes del poblado llevada a cabo por delincuentes que se hacían pasar por guerrilleros, ataviados ellos con botas y ponchos de caucho, estos últimos fabricados artesanalmente por los “sabedores del caucho”, artesanos locales herederos de esta arte por parte de sus abuelos que vivieron la bonanza cauchera del pacífico. Estas personas fueron ajusticiadas una a una cuando la guerrilla auténtica hizo su entrada en la zona. En 1996, el comandante Fidel, al mando de "los Fideles" antiguos combatientes del Epl inauguró la era de las guerrillas en Tumaco tomándose la Guayacana y destruyendo el puesto de policía; los Fideles permanecieron en la zona durante un año aproximadamente; posteriormente llego el Eln y finalmente las Farc que hasta el día de hoy mantienen el control territorial de la zona; (...) "siempre ha sido así y esto desde hace muchos años, los nativos de la Guayacana se dirigen al comandante de las Farc para dirimir cualquier disputa o reclamación entre vecinos o conocidos; sea una riña familiar o un problema de tierras, el comandante siempre tiene la última palabra".117 Al día de hoy es posible observar desde la carretera la característica bandera de las Farc, bandera de Colombia con el relieve del mapa de Colombia en color blanco y al centro de la misma, izada en algunas de las casas del poblado. Cada uno de estos grupos guerrilleros estableció, en su momento, su propio control territorial en la Guayacana; (...) "aquí nos tocaba adaptarnos al grupo que mandara en el momento, porque unos se los encontraba en todos lados, incluso uniformados en el pueblo; yo me desplazaba todos los día a la Espriella donde trabajaba en una empresa extractora de aceite de palma que era de una señora alemana, pero las Farc empezaron a amenazarla y a sacarle plata, ella se fue vendió la planta y yo me quede sin trabajo."118

Testimonio de “Carlos” oriundo de la Guayacana, que vive en la ciudad de Pasto desde hace ocho años, cuando fue obligado por la guerrilla abandonar su tierra. Testimonio recogido el 2 de octubre de 2013
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Con el advenimiento de la bonanza cocalera, 1998 - 2004, aparecieron en la Guayacana muchos llegaderos que invadieron las haciendas ganaderas que estaban ya abandonadas; en todo caso llegaron en mucho menor proporción que a Llorente; afortunadamente las Auc y las bandas post desmovilización no tocaron el pueblo; en la época anterior a la llegada de la coca la principal actividad económica de los pobladores era la agricultura de subsistencia. (...)"Aquí de un momento a otro llegaron foráneos en busca de locales y casas para arrendar y algunos para comprar; yo tenía un local pequeñito en el pueblo por el que me daban

mensualmente cien mil pesos; con los llegaderos lo arrende en un millón; ellos venían de Marquetalia, Medellín, Cali, Putumayo."119 La guerrilla animaba a los campesinos a sembrar coca, pues les prometían respaldo y protección, al tiempo que les regalaba la semilla para iniciar sus cultivos, que se ubicaban a tan solo dos kilómetros a lado y lado de la carretera; antes de la bonanza la hectárea de tierra cultivable costaba doscientos mil pesos; cuando empezaron a llegar los colonos subió a un millón y en plena bonanza no bajaba de diez millones de pesos. Al igual que en Llorente la cultura de la coca trastocó las costumbres de los pobladores; el veinte de julio se celebraban tradicionalmente las fiestas de la Guayacana, en las que se reunían campesinos de todas las veredas colindantes; se traían orquestas de la ciudad de Pasto y se festejaba ruidosamente pero en paz. Con la bonanza cocalera las fiestas se convirtieron en el espacio ideal para los ajustes de cuentas; venganzas que fluían como fluían los ríos de alcohol que patrocinaban los narcos; de fondo la banda sonora que musicaliza la vida en los pueblos donde se siembra, se cultiva, se recoge, se procesa y se vende la coca: el consabido corrido mejicano, que enaltece las aventuras y los infortunios del hombre de la coca; su gusto por el licor caro y las mujeres que se dejan comprar, su desprecio por la autoridad y por la vida misma, la desmedida ambición que alimenta su necesidad de vivir de prisa y morir ligero. Los capos no nacieron para morir de viejos. El primer día de fiesta se registraron cinco muertos; desde entonces y hasta el fin de la bonanza fiesta, violencia y muerte no volvieron a separarse. En el año 2004, el ejército instaló un retén militar en la Guayacana que inmediatamente se convirtió en blanco para la guerrilla que a punta de cilindros bomba terminaron desplazando a muchos habitantes del pueblo; (…) “Al llegar los soldados fue peor porque si usted les daba la hora o saludaba a uno de ellos era señalado por la guerrilla y lo perseguían; el ejército hacía un cambuche al lado de mi casa, que quedaba a doscientos metros de la carretera y nos pedían comida y agua, y claro la guerrilla empezó a acusarnos de colaboradores y a minar la zona para atacar a los solados. Yo salí de allá porque mi hijo ya iba a ser adolescente y se quería meter al negocio, no quiera estudiar, y yo viendo tantas matanzas y violencia; además que me quedé

Testimonio de “Marta” una mujer habitante de la Guayacana hasta el año 2008. Testimonio recogido el 3 de octubre de 2013
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sorda de un oído por las explosiones de los cilindros bomba; me decidí a vivir pobre pero en paz, trabajando duro, pero sabiendo que una amanece viva.”120 La Guayacana fue un centro de resistencia de los llegaderos y de los nativos que trabajaban la coca, frente a las fumigaciones implementadas para su erradicación; los cultivadores se organizaron en un frente de protesta que denominaron "Frente Pacifico" en el año 2007, para exigir del gobierno alternativas de sustento frente a la erradicación de los cultivos; empezaron a bloquear continuamente la vía Pasto – Tumaco para ejercer presión sobre las autoridades políticas del departamento; (...) "la gente empezó a llegar con garrotes. Buscan a los erradicadores para impedirles el paso a los cultivos. Pensamos en hacer un cordón de seguridad para no dejar arrancar una sola mata de coca más", dijo Oliver Jiménez, miembro de la junta directiva de Asominuma, asociación integrada por 36 veredas."121 Esta resistencia campesina se fortaleció con los años y para los últimos días del mes de agosto de 2007, nueve mil campesinos se levantaron en protesta pacífica en contra de la erradicación concentrándose en la Guayacana durante varios días; el gobernador de Nariño de la época Eduardo Zúñiga, exigió del gobierno nacional más seguridad y atención social; las fuerzas militares alegaban por su lado que las protestas eran promovidas por las Farc. Muchos llegaderos empezaron a salir hacia Buenaventura y Chocó. El veintiocho de agosto del mismo año, los protestantes se enfrentaron, armados de garrotes, con un grupo de cuatrocientos erradicadores, que eran custodiados por los militares; el acalorado encuentro dejo un saldo de diez cultivadores heridos; (...) "Héctor Rodríguez, líder de la Asociación Porvenir Campesina (Asoporca), dijo que 'sí vivimos de la coca y si nos la arrancan no tenemos para subsistir. Estamos dispuestos a erradicar pero que el Gobierno nos ayude en proyectos productivos y vías'. El presidente de otra asociación en las riberas del Mira, Mataje y Nulpe (Asominuma), Dagoberto Muñoz, negó que fueran enviados por las Farc y dijo que hoy buscarán un acuerdo porque están pasando hambre."122 Al igual que en Llorente sus habitantes advierten sobre la llegada de forasteros desde comienzos del 2013 anunciando que el negocio se está poniendo bueno otra vez y que los “patrones” están volviendo; la coca es viajera y es buena para ir y venir, rodando sobre ejes de abandono e indiferencia. ¿O es que acaso la coca nunca se fue de la Guayacana?, ¿nunca se fue de Llorente?; Tal vez solo subió monte arriba para las zonas de resguardo, donde no se ha erradicado y ya viene bajando de nuevo para inundar de verdor y bala esta tierra de trenes fantasma y guayacanes; (…)"yo he charlado con la gente y dicen: ¡yo estoy sembrando otra vez!, media hectárea por aquí, media hectárea más adentro, y así con más disimulo que antes."

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Ídem

"Con garrotes campesinos de Nariño intentan impedir la erradicación manual de la coca"; artículo publicado en El Tiempo; extraído el 10 de agosto de 2013 en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3691951 " Pactan tregua pero no se despeja incertidumbre en carretera al mar en Nariño", artículo publicado en El Tiempo el 29 de agosto de 2013; extraído el 10 de agosto de 2013 en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS3700013
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