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TEMA 1.- RAÍCES HISTÓRICAS DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA P.A.U.

2009/2010

1.- LA CONFORMACIÓN DE HISPANIA: ROMANIZACIÓN Y


CRISTIANIZACIÓN.

La presencia de Roma en la Península Ibérica se prolongó desde finales del siglo III
a.C., momento en el que se inició la conquista, hasta principios del siglo V d.C., cuando el
desmembramiento del Imperio romano favoreció el asentamiento en Hispania de algunos
pueblos germánicos. Durante este tiempo, la Península fue un territorio más de un imperio que
abarcaba las tierras que bordeaban el Mediterráneo.

1. La conquista.

La sumisión de la totalidad de los pueblos indígenas (íberos o celtas) que poblaban la


Península Ibérica duró aproximadamente doscientos años. La conquista se realizó en diversas
etapas interrumpidas por períodos de inactividad bélica. La llegada de los romanos a la
Península se produjo dentro del escenario general de las guerras púnicas, esto es, del
enfrentamiento entre Roma y Cartago.

Para ver en el contexto en el que se inicia la conquista romana hemos de hacer


referencia a las guerras púnicas. En el Mediterráneo central habían surgidos dos potencias
expansivas: Roma y Cartago, el enfrentamiento entre ambas era inevitable. La primera guerra
(264-241 a. de C.) concluyó con la derrota cartaginesa y la conquista romana de Sicilia, Córcega
y Cerdeña. Ante la obligación de pagar una fuerte indemnización a los vencedores, los
cartagineses se replegaron hacia la península Ibérica, intensificando su dominio, de ella extraían
metales, hombres... Asdrúbal fundó Cartago Nova e hizo de ella su capital.

Pero Roma seguía extendiéndose y esto dio lugar a una segunda guerra púnica (218-201
a. de C.), el pretexto fue el ataque a Sagunto, ciudad aliada de los romanos, por parte del
cartaginés Aníbal, elegido jefe del ejército púnico en 220 a.C., este hecho motivó el desembarco
de los romanos en Ampurias en el año 218 a. de C.

a) La ocupación del litoral mediterráneo (218-170 a. de C.)

Se enmarca en el contexto de la segunda guerra púnica. En este periodo los romanos,


casi sin resistencia, ocupan el litoral mediterráneo y los valles del Ebro y del Guadalquivir.
Todos estos pueblos tenían un alto grado de desarrollo por el contacto con los pueblos
colonizadores, su elevado desarrollo hace que no opongan casi resistencia y que asimilen
rápidamente las formas de vida romanas. Además, en esta zona no hay obstáculos geográficos
que dificulten la conquista.

b) La conquista de la Meseta (170-29 a. de C.)

La conquista de esta zona les costó mucho a los romanos, además de los accidentes
geográficos, el nivel de desarrollo de estos pueblos es escaso y veían con hostilidad el modelo
de civilización romana. Las guerras fueron durísimas y de los enfrentamientos con los romanos
destacamos dos: Viriato y Numancia. Viriato fue un caudillo lusitano que mantuvo en jaque a
los romanos gracias a la utilización de la guerra de guerrillas, al final fue asesinado en 139 a.C.
por varios de sus capitanes sobornados por los romanos con la promesa de tierras y privilegios,
su derrota abrió a Roma el oeste peninsular. En Numancia los celtíberos presentaron una
resistencia feroz ante el sitio de los romanos, la llegada de Publio Cornelio Escipión puso a la
ciudad en una situación límite, y sus habitantes prefirieron destruirla y suicidarse antes que caer
en manos de los enemigos, era el año 133 a. de C.

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En los últimos años de esta etapa Roma atraviesa varias guerras civiles, en la última dos
generales victoriosos se disputan el poder de la República: Pompeyo y César, tras la muerte de
Pompeyo, sus hijos serán derrotados por César en la batalla de Munda (Montilla, Córdoba), el
27 de marzo del 45 a. de C., quedando toda la zona centro y sur de la Península pacificada.

c) La pacificación de la franja cantábrica (29-19 a. de C.)

En estos diez años se desarrollan las guerras cántabras, dirigidas por el emperador
Augusto. Roma perseguía la pacificación de estos pueblos, el acceso a los ricos yacimientos de
la zona y que dejaran de atacar a las ciudades romanas. Casi toda la población acabó
esclavizada. Roma fundó una serie de ciudades y campamentos militares para contener a estos
pueblos: León (sede de la Legio VII Gémina), Astorga (Asturica)..., pero el control efectivo y
total de los pueblos de la cordillera cantábrica y de los vascones nunca fue del todo efectivo.

2. La romanización.
La romanización es el proceso por el cual los habitantes de la Península van a
abandonar sus formas de vida tradicionales (leyes, religión, lengua, usos y costumbres...) y van
a adoptar las de los romanos, o bien se van a mezclar ambas. Este proceso, de manera general se
llama aculturación, y aplicado a este momento histórico romanización.

Los factores que determinaron la romanización fueron diversos: la administración con la


que controlaban el territorio, la construcción de nuevas ciudades y de la red de calzadas, la
imposición del latín como lengua oficial, la extensión del derecho de ciudadanía, el sincretismo
religioso (asimilación de los dioses indígenas al panteón romano), el comercio y la presencia del
ejército romano en la Península.

a.- La administración territorial. La conquista y pacificación del territorio suponía la


organización y explotación de las tierras y de la población sometida a Roma. En los inicios del
siglo II a.C. los romanos organizaron sus dominios en dos provincias: Hispania Citerior (valle
del Ebro y costa levantina con capital en Tarraco) e Hispania Ulterior (Valle del Guadalquivir
con capital en Corduba). Sobre esta base se asienta la división administrativa en conventus
(distritos para facilitar el cobro de impuestos y el reclutamiento de soldados) y provincias.
Octavio Augusto reorganizó el territorio con una nueva división provincial en el año 27 a.C. en
Tarraconensis (Tarraco), Bética (Corduba) y Lusitania (Emerita Augusta). En época de
Diocleciano, la Hispania Citerior Tarraconense se dividió en tres, formando otras dos provincias
nuevas: Gallaecia (capital Bracara) y Cartaginense (capital Cartago Nova). En el siglo IV (385
d.C.), la provincia Baleárica se desgajó de la Cartaginense.

Al frente de estas provincias, que estaban bajo la autoridad directa del emperador o del
Senado romano, se hallaba un gobernador, del que dependían una serie de funcionarios
encargados de las cuestiones administrativas, jurídicas, militares o fiscales.

b.- Organización económica y comercial. Igualmente Roma impuso las estructuras


económicas de su sistema; Hispania se convertía en una economía colonial, donde la mayoría
de las actividades económicas se realizaban con la finalidad de abastecer a la capital del
Imperio: explotación de minas, producción agraria, donde las tierras pertenecen al pueblo
romano (ager publicus) o son repartidas entre colonos, soldados licenciados o indígenas sin
tierras, constituyendo en ocasiones enormes latifundios en manos de la clase senatorial. Del
mismo modo el comercio, la artesanía y la utilización de mano de obra esclava están al servicio
del Imperio. La ciudad como centro de producción y de intercambio de mercancías y el uso de
la moneda (denario de plata) son factores a tener en cuenta en el apartado económico.

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c.- Organización social. Se asentó una estructura social basada en la formación de clases
según su riqueza: una reducida aristocracia (senadores y caballeros) que poseían cargos, tierras
y fortunas, una burguesía acomodada de negociantes y propietarios de villas agrícolas, y un
numeroso grupo de trabajadores libres, campesinos y artesanos. Asimismo, los esclavos,
privados de todo derecho, se generalizaron y fueron abundantes en el trabajo agrícola, minero y
artesano.

d.- Urbanismo y comunicaciones. Hispania vio florecer una serie de ciudades, ya fueran
antiguos municipios, revitalizados bajo eldominio romano (es el caso de Tarragona (Tarraco),
Ampurias (Emporiom) o Cádiz (Gades), o nuevas “colonias” como Mérida (Emerita Augusta),
León (Legio) y Zaragoza (Cesaraugusta), fundadas por los soldados imperiales o por la
administración romana.

Las ciudades se convirtieron en el centro administrativo, jurídico, político y económico


de la Hispania romana. Eran gobernadas por un Consejo (Curia), elegido por los ciudadanos
entre la oligarquía local. Al principio no todas las ciudades tenían los mismos derechos, aquellas
que se habían opuesto a la dominación romana debían pagar mayores impuestos (Sagunto,
Ampurias), pero a partir del siglo I d.C. se concedió el derecho latino a todas las ciudades de
Hispania y con Caracalla, toda Hispania recibiría la ciudadanía romana a partir del año 212
con la promulgación de la Constituio Antoniniana.

El desarrollo de un amplio sistema de calzadas, que no sería superado hasta la Edad


Contemporánea, favorece el intercambio comercial y la llegada de pobladores, ejércitos,
comerciantes... las principales ciudades romanas estaban intercomunicadas entre sí (Vía de la
Plata, que unía Emerita Augusta con Asturica Augusta, Astorga) y con Roma a través de la vía
Augusta que iba paralela al litoral mediterráneo.

3. Cristianización
Uno de los aspectos religiosos más significativos de este período es la difusión en
Hispania del cristianismo, si bien su origen peninsular (Santiago el Mayor, Pablo) permanece
oscuro. Los primeros testimonios fiables (San Ireneo) de las más antiguas comunidades
cristianas en la Península remontan al año 180 d. C. La persecución de Decio, y luego de la
Diocleciano, pudieron alcanzar a las provincias hispanas. Hacia el 314 se celebra en Elvira
(Illiberis, Granada) el primer concilio hispánico, siendo muy anterior, por tanto, al de Zaragoza
del 380. La Iglesia se organiza pronto en sedes episcopales (Mérida, Astorga, Zaragoza,
Tarragona) y en metrópolis, que generalmente coinciden con la capital provincial.

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APÉNDICE DE MAPAS.