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Teoría y método en la Historia de la Arquitectura Medieval. Algunas reflexiones

EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA

Universitat de les Illes Balears

En una época de redefinición de los estudios históricos –al menos a nivel académi- co–, y a tenor de la ingente bibliografía que, aparecida en las últimas décadas, toma como eje el uso de nuevas metodologías, la historia de la arquitectura medieval puede parecer, a primera vista, un campo nuevo y poco cultivado. Y nada más lejos de la realidad. Un repa- so a la historia de la arquitectura medieval española pone de manifiesto una rica producción historiográfica que casi podríamos retrotraer a las décadas finales del siglo XV. Pero no me he propuesto recopilar textos y citas sobre los posibles representantes de un interés por nues- tro patrimonio edificado desde el Cuatrocientos en adelante, cuya justa valoración hasta la irrupción del pensamiento ilustrado requiere aún de un análisis en profundidad 1 . Por el con- trario, mi reflexión será en torno a los estudios sobre historia de la arquitectura medieval en la actualidad partiendo de un axioma importante, hacer historia de la arquitectura ha com- petido tradicionalmente a tres ramas del saber y sus respectivos profesionales: la historia del arte, la propia arquitectura y la arqueología.

ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA

Hecho el balance previo –unas líneas generales no todo lo profundas que el asunto merece–, me centraré en la aparición de un nuevo sistema metodológico para el estudio de la arquitectura y sus implicaciones académicas y profesionales. Nunca un procedimiento historiográfico, ni tan siquiera la iconografía, generó un volumen literario semejante en tan poco tiempo. Y es que lo que se ha dado en llamar ‘arqueología de la arquitectura’ es una disciplina relativamente nueva. El punto de inicio de la misma se sitúa en los años ochen- ta, cuando un grupo de arqueólogos italianos entre los que cabe destacar a Roberto Parenti, Riccardo Francovich y Gian Pietro Brogiolo iniciaron la plasmación teórica de un método de trabajo basado en la investigación sobre la arquitectura de la cota cero hacia arriba, es

1 Sobre la fecunda historiografía eclesiástica anterior al siglo XVIII, consúltese la aproximación realizada por Miguel Ángel GONZÁLEZ GARCÍA: “Apuntes bibliográficos de biografía eclesiástica”, Memoria Ecclesiae, XXX, Oviedo, 2007, 135-186.

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decir, no de la excavación sino del edificio en sí 2 . De Italia pasó a la Península Ibérica, en donde un nutrido grupo de investigadores lo han difundido básicamente en el entorno de actuación sobre edificios medievales. Producto de su alto nivel de aceptación fue la crea- ción de la revista monográfica Arqueología de la arquitectura, publicada desde 2002 por la Universidad del País Vasco y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en parale- lo a su homóloga italiana Archeologia dell’Architettura, editada en Florencia desde 1996 como suplemento de Archeologia Medievale 3 . Las reglas de esta arqueología de la arquitectura han sido descritas y detalladas en numerosísimas ocasiones, con una complejidad terminológica digna de ser tenida en cuen- ta. Partiendo de la lectura muraria de un edificio histórico, se propone el estudio de su pro- ceso constructivo identificando individualmente los cambios de fábrica en cada uno de los paramentos que la componen. Después de reconocidos, descritos y detallados, dichos ele- mentos son reintegrados en una visión de conjunto del edificio completo que, como si de un juego de rompecabezas se tratara, permitirá una lectura diacrónica de su historia constructi- va. Así, el estrato arqueológico en una superficie paramental quedará definido como el fruto de la acción antrópica o natural que fuere sobre la misma. Cada evidencia de dicha acción se corresponderá con una unidad estratigráfica muraria que será numerada, fotografiada, dibujada y descrita en la consiguiente ficha. Entre cada de estas unidades se anotarán las relaciones por estratos que podrán ser de contemporaneidad, posterioridad o anterioridad, y que permitirán su ordenación en un diagrama que seguirá los principios de organización de

2 Así, Roberto PARENTI: “La lettura stratigrafica delle murature in contesti archeologici e di restauro architettoni- co”, Restauro e Città, I- 2 (1985), 55-68; Gian Pietro BROGIOLO: “Parte I. La documentazione archeologica delle stratificazione edilizie”, en Archeologia dell’edilizia storica, ed. G. BROGIOLO, A. ZONCA y L. ZIGRINO, Como, 1988, 9-46; Andrea ZONCA: “Parte II. Lettura stratigrafica degli alzati e fonti documentarie”, ibid., 47-70; Roberto PARENTI: “Le tecniche di documentazione per una lettura stratigrafica dell’elevato”, en Archeologia e restauro dei monumenti. I Ciclo di lezioni sulla ricerca applicata in archeologia, Certosa di Pontignano (Siena), 28 settembre- 10 ottobre 1987, eds. Riccardo FRANCOVICH y Roberto PARENTI, Florencia, 1988, 249-279; ID., “Historia, impor- tancia y aplicaciones del método de lectura de paramentos”, Informes de la construcción, 435 (1995), 19-30, ID., “Individualización de las unidades estratigráficas murarias”, en Arqueología de la arquitectura: el método arque- ológico aplicado al proceso de estudio y de intervención en edificios históricos. Actas, eds. L. CABALLERO y C. ESCRIBANO, Salamanca, 1996, 75-86; ID., “Una visión general de la Arqueología de la Arquitectura”, Ibid., 13-22; ID., “Archeologia dell’architecttura: lo stato dell’arte e prospecttive di ricerca”, en Ceràmica medieval catalana. El monument, document, coords. R. LACUESTA CONTRERAS y A. GONZÁLEZ MORENO-NAVARRO, Barcelona, 1997, 299- 306, y las palabras introductorias de Gian Pietro BROGIOLO, “Dall’Archeologia dell’architettura all’Archeologia della complessità”, Pyrenae. Revista de prehistòria i antiguitat de la Mediterrània Occidental, 38-1 (2007), 7-38.

3 Juan Antonio QUIRÓS CASTILLO: “Contribución al estudio de la arqueología de la arquitectura”, Arqueología y territorio medieval, 1 (1993), 141-157; Luis CABALLERO ZOREDA: “Método para el análisis estratigráfico de cons- trucciones históricas o ‘lectura de paramentos’”, Informes de la construcción, 46 (1995), 37-46; Agustín AZCÁRATE GARAI-OLAUN: “Intereses cognoscitivos y praxis social en Arqueología de la Arquitectura”, Arqueología de la Arquitectura, 1 (2002), 55-71; Maria de Magalhães RAMALHO: “Arqueologia da Arquitectura. O método arqueo- lógico aplicado ao estudo e intervenção em património arquitectónico”, Património-Estudos, 3 (2002), 19-29; Id., “Os primeiros passos da Arqueologia da Arquitectura no ámbito do Instituto Português do Património Arquitectónico”, Arqueología de la Arquitectura, 3 (2004), 145-153; CABALLERO: “Arqueología de la arquitectu- ra. Conocimiento en intervención”, Revista Estudos / Património, 9 (2006), 33-43. Desde luego, el método poco o nada tiene que ver con lo que desde otras esferas académicas europeas se ha entendido como ‘arqueología de la arquitectura’. Como muestra, un botón: Christian SAPIN, “Archéologie de l’architecture carolingienne en France. État de la question”, Hortus Artium Medievalium, 8 (2002), 57-70. Véase también Ángel Luis MOLINA MOLINA y Jorge A. EIROA RODRÍGUEZ: Tendencias actuales en arqueología medieval, Murcia, 2007.

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unidades estratigráficas propuestos por Edward C. Harris 4 . Lógicamente, las mayores com- plejidades las encontraremos en edificios que exijan lecturas paramentales horizontales y verticales, en función de hallarse divididos en pisos y tabicados en distintas dependencias. Además, y yendo de menor a mayor, los muros y el edificio objeto de estudio pueden per- tenecer a un conjunto de mayores dimensiones –como un monasterio o un castillo–, hecho que aconsejaría la integración de su estudio mediante este procedimiento en uno general del grupo arquitectónico. La aparición de nuevos medios y técnicas de representación arquitectónica ha bene- ficiado considerablemente e incluso ha ido de la mano de esta corriente metodológica. Del viejo dibujo arqueológico y/o arquitectónico, con la triangulación y los jalones como bási- cas herramientas de trabajo (figs. 1 y 2), en las dos últimas décadas hemos pasado al com- plejo mundo técnico de la fotogrametría, el sistema de representación que es capaz de tras- ladar los alzados o las plantas de un edificio de la realidad al papel o a nuestra pantalla de ordenador con un limitado margen de error 5 . Sobre todo en el caso de los alzados, estas detalladísimas representaciones arquitectónicas son un medio perfecto para situar –por los restauradores– patologías y otros problemas de la piedra y para pormenorizar –por los his- toriadores– etapas constructivas sobre una imagen dibujada escrupulosamente (figs. 3, 4 y 5) 6 . Además, la interacción entre fotogrametría y sistemas de información geográfica están permitiendo la creación de mapas virtuales y modelos tridimensionales con todas las posi- bilidades que plantea un proyecto tan destacado como el de Santa María de Vitoria (fig. 6) 7 . Pero las virtudes de una buena planimetría eran evidentes mucho antes del desarrollo de toda esta estructura tecnológica, sobre todo si se atenía a los convencionalismos pertinentes a la hora de representar tipos de bóvedas, soportes, cubriciones, etc., que agilizaran su lectura 8 . Pondré un par de ejemplos. Desde hace décadas, el prerrománico asturiano ha sido revisa- do sistemáticamente por un historiador del arte, Lorenzo Arias, a través de un concienzudo trabajo de dibujo arquitectónico que nos ha brindado una colección de plantas, alzados, sec-

4 Edward C. HARRIS: Principios de estratigrafía arqueológica, Barcelona, 1991 [1979].

5 Mario FONDELLI: Trattato di fotogrammetria architettonica e urbana, Roma-Bari, 1992, y Mario DOCCI y Diego MAESTRI: Manuale di rilevamento architettonico e urbano, Roma-Bari, 1994. En España, los principios de la foto- grametría han sido planteados teóricamente en distintas ocasiones por Antonio ALMAGRO: “Sobre el uso métrico de fotografías digitales en los levantamientos arquitectónicos”, en Dibujar lo que no vemos. X Congreso Internacional de Expresión Gráfica Arquitectónica, EGA, Granada 6, 7 y 8 de Mayo de 2004, coords. J. CASADO DE AMEZÚA y A. GÓMEZ-BLANCO PONTES, Granada, 2004, 351-360; ID., Levantamiento arquitectónico, Granada, 2004, e ID., “De la fotogrametría a la infografía: un proceso informatizado de documentación”, en Informática y arqueología medie- val, ed. A. GARCÍA PORRAS, Granada, 2003, 47-81.

6 Recientes publicaciones de atlantes planimétricos sobre edificios concretos son una buena muestra de la impor- tancia de esta producción: Valentín BERRIOCHOA SÁNCHEZ-MORENO: Ieronimus. Planimetría de la Catedral de Salamanca, Salamanca, 2005, o Antonio ALMAGRO GORBEA, Ignacio ZÚÑIGA URBANO et al.: Atlas arquitectónico de la catedral de Sevilla, Sevilla-Granada, 2007.

7 Agustín AZKÁRATE, Leandro CÁMARA, Pablo LATORRE y José VICARIO: “El sistema de información de la Catedral de Vitoria-Gastéiz”, en I Congreso europeo de restauración de catedrales góticas, Vitoria, 2001, 603-610.

8 Recordemos la frase de Pevsner: “…ningún libro de arquitectura, aunque sea del tipo de divulgación, puede lograr su finalidad si no incluye plantas de edificios” (Esquema de la arquitectura europea, [1943] Buenos Aires, 1988, 17).

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8 EDUARDO CARRERO SANTAMARIA

21/4/08 16:39 Página 8 8 EDUARDO CARRERO SANTAMARIA Fig. 1. Triangulación de Santa María de Obarra,

Fig. 1. Triangulación de Santa María de Obarra, publ. Gabriel López Collado.

Fig. 2. Planta de Santa María de Obarra, publ. Gabriel López Collado.

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ciones y perspectivas convertidas en un auténtico referente sobre el particular 9 . Por otro lado, de 1991 a 1994, el Corpus de Arquitectura Monástica Medieval del Departamento de Historia y Teoría del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid se encargó de llevar a cabo una planimetría importante, la de Las Huelgas de Burgos. La simple comparación entre la planta del conjunto que, publicada a comienzos del siglo XX, era la disponible hasta la fecha con la nueva es lo suficientemente explicativa (figs. 7 y 8). A nadie se le escapa que, dejando a un lado de toda la ayuda que las nuevas tecnolo- gías puedan aportar, el método de la arqueología de la arquitectura no es novedoso y bebe directamente de los modos y formas de trabajo de los restauradores, por un lado, y por otro de la tradición académica más antigua en los estudios sobre historia de la arquitectura. Comenzando por los primeros, los orígenes de esta técnica arqueológica se encuentran, pre- cisamente, en la necesidad de trazar una historia de la construcción y, fundamentalmente, una historia de los materiales que permitiera realizar cartografías murarias útiles para los restauradores 10 . En territorio español, desde los años sesenta del siglo XX, autores como José María Cabrera han realizado una importantísima labor de sistematización metodológi- ca de cara a la labor del propio restaurador, en este caso, de la piedra. El trabajo de Cabrera pone de manifiesto un planteamiento de base idéntico al que hemos visto en la arqueología de la arquitectura y del que ésta es deudora. La información sobre localización de daños y elementos patógenos en materiales y, sobre todo, la que identifica piezas escultóricas y uni- dades arquitectónicas relevantes para la historia de la construcción pasan por un reconoci- miento pieza a pieza con la consabida ficha individualizada y su localización sobre el mate- rial planimétrico más exacto 11 . Dentro del proceso, el análisis histórico y constructivo del elemento de estudio es fundamental. Por lo tanto, nos encontramos ante unas herramientas equivalentes a las que unas décadas después se sistematizarían con el nombre de arqueolo- gía de la arquitectura.

ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA VS. HISTORIA DE LA ARQUITECTURA

Respecto a las relaciones entre esta disciplina arqueológica y los sistemas de estudio tradicionales sobre historia de la arquitectura, el asunto es mucho más conflictivo al menos desde una perspectiva de competencias profesionales. Y es que la arqueología de la arqui- tectura se ha querido plantear como el método científico –subrayemos este calificativo–, apropiado, actual e insoslayable para cualquier estudio de arquitectura histórica que se pre- cie, buscando apartar a los restantes profesionales que trabajan sobre la materia. Hay algo

9 Entre otras muchas publicaciones, destacaré la colección de dibujos incluida en Prerrománico asturiano: diez

años como patrimonio de la humanidad. Catálogo de la exposición, Oviedo, 1995, y Lorenzo ARIAS PÁRAMO: “Una visión gráfica del Prerrománico Asturiano: pasado, presente y futuro”, en La intervención en la arquitectura pre- rrománica asturiana, coord. J. HEVIA BLANCO, Oviedo, 1997, 71-84.

o cit., y Riccardo FRANCOVICH: “Archeologia e restauro: Un metodo

10

, comune per la conoscenza e la conservazione della materialità della storia”, en Arqueología del monumento. Actas

de los III encuentros sobre arqueología y patrimonio, Salobreña, 1999, 231-239, recogiendo la bibliografía al res- pecto.

11 José María CABRERA: Obra completa, Madrid, 2006 y los artículos recogidos en Ars Sacra. Revista de Patrimonio Cultural, archivos, artes plásticas, arquitectura, museos y música, 38 (2006), Monográfico José María Cabrera.

Archeologia e restauro dei monumenti

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TEORÍA Y MÉTODO EN LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 11

DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 11 Fig. 3. Catedral de Burgos. Alzado de la fachada

Fig. 3. Catedral de Burgos. Alzado de la fachada occidental publicado por Flórez.

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profundamente insólito en todo este argumento: según veremos en las líneas siguientes, la lectura de muros y la identificación de etapas constructivas no es otra cosa que el sistema más tradicional para el estudio de las construcciones del pasado. Pero también hay algo per- verso: definir y determinar capacidades profesionales se hace con un fin excluyente, esto es, dejar a otros científicos fuera de un campo de trabajo que proverbialmente les competía, retomando los planteamientos más rancios sobre la definición de los objetivos de estudio de las distintas asignaturas que estudian el pasado. Allá por 1962, el gran Jean Hubert publi- caba uno de sus artículos más sugerentes, La vie commune des clercs et l’archeologie. Sorpresivamente, el trabajo comenzaba con una diatriba sobre las dos disciplinas que se acercaban al estudio de los monumentos del pasado: la historia del arte y la arqueología. Según el investigador francés, para la ‘Historia del arte’ o ‘historia de las formas’ los monu- mentos eran “testimonios de las variaciones del gusto y de la evolución de las técnicas”, en tanto que a la arqueología competía “todo sobre el origen de la función de los monumentos, ya que el análisis de su estructura revela cómo se había concebido, su razón de ser”. Para afirmar después: “El problema esencial para el arqueólogo es encontrar las razones inicia- les y los cambios sufridos por el monumento a lo largo de los siglos mediante el estudio, la datación y la comparación de plantas y estructuras” 12 . Evidentemente, la asimilación del his- toriador del arte a un analista de formas deja mucho que desear, máxime si se hace desde el olvido de la revolución que supusieron para los estudios histórico-artísticos las distintas aportaciones teóricas de la Escuela de Viena y las nuevas perspectivas que no limitaban el campo de estudio de la Historia del arte a objetos bellos y sí lo aproximaban a un análisis de la cultura material por encima de los siempre variables principios estéticos 13 . Queda claro que el “principio discriminante” que se atribuía a la historia del arte, al valorar la cultura material del pasado a través de parámetros estéticos por encima de cualquier otro 14 , era tan sólo un desacierto en pos de una mucho más amplia historia de la cultura cruzando sus mani- festaciones materiales y sus implicaciones sociales, religiosas, etc. en cualquiera de sus variantes. Quien pretenda hacer del historiador del arte un documentalista que bucea entre viejos legajos y testimonia lo que deba justificarse mediante el registro diplomático, evi- dentemente, hace una visión tan sesgada y deformada de una profesión como la de aquél que

12 Jean HUBERT: “La vie commune des clercs et l’archéologie”, en La vita comune del clero nei secoli XI e XII.

Atti della Settimana di Studio: Mendola, settembre 1959, 2 vols., Milán, 1962, I, 90-111, reed. Arts et vie sociale de la fin du monde antique au Moyen Âge, Ginebra, 1977, 125-159.

13 Véanse las líneas de Carlo GINZBURG en “De Aby Warburg a Ernest H. Gombrich”, en Mitos, emblemas e indi- cios: morfología e historia, Barcelona, 1999, 39-94, los distintos análisis recogidos en Historia de las ideas esté- ticas y de las teorías artísticas contemporáneas, ed. Valeriano BOZAL, 2 vols., Madrid, 2000, y José Emilio BURCÚA: Historia, Arte, Cultura. De Aby Warburg a Carlo Ginzburg, Buenos Aires, 2003. Centrados en lo estéril de la discusión teórica historia del arte / arqueología, Odile RIPOLL LÓPEZ y Gisela RIPOLL LÓPEZ: “Los conceptos de arqueología e historia del arte antiguo y medieval: apuntes historiográficos”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª Antigua, I (1988), 411-426; Gisela RIPOLL: “Historia del arte y Arqueología”, en Arqueología hoy: 1989- 1994, coord. G. RIPOLL, Madrid, 1992, 89-94, y Margarita DÍAZ-ANDREU: “Arte y arqueología: La larga historia de una separación”, en Historiografía del arte español en los siglos XIX y XX, Madrid, 1995, 151-160.

14 Juan Antonio GARCÍA GRANADOS: “Historia del Arte y Arqueología: a propósito de arquitectura”, en Coloquio hispano-italiano de arqueología medieval: Colloquio hispano-italiano di acheologia medievale, Granada, 1992,

61-82.

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DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 13 Fig. 4. Catedral de Burgos. Levantamiento fotogramétrico de

Fig. 4. Catedral de Burgos. Levantamiento fotogramétrico de la fachada occidental, según Carlos Clemente et al.

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sólo plantea el discurso estético como razón de su trabajo, encierra al historiador en sus archivos, al arquitecto en su estudio o al arqueólogo en la cata. Por el contrario, desde Hubert y hasta ahora y en determinados medios parece que el papel de historiador del arte se reduce a eso, a ser un analista de formas que, a través de la pincelada, el trépano o el pliegue, es capaz de datar y colocar un fenómeno material marca- do por su belleza en el compartimiento correspondiente de la gran cajonera de estilos en que, desde el siglo XVIII, hemos ido subdividiendo a la Historia. Pondré un caso práctico de hasta dónde se está llegando en estas cuestiones. Los volúmenes dedicados a la producción historiográfica sobre Cantabria son una muestra modélica de recopilación bibliográfica, dividida en épocas y materias entre las que la Historia del arte tiene su propio apartado 15 . Frente a este ejemplo, en un juego de opuestos, traeré a colación el contrario. En 2001, se editó un compendio bibliográfico sobre la Comunidad Autónoma de Madrid que, a pesar de especializarse en nuestra época –el Medievo–, es una excelente ejemplar de la cuestión que pretendo plantear aquí. Los autores trazaron una división por materias en la que, fuera de la Historia, aparece un apartado titulado de la siguiente forma: “Arqueología, urbanismo y arquitectura militar”. No ocurre lo mismo con la Historia del arte que, como tal, carece de apartado propio. De hecho, hay que alcanzar el punto cinco para encontrar el encabeza- miento “Cultura, religiosidad, mentalidades”, en cuyo subapartado V.1.a. aparece el mondo y lirondo rótulo de “Arte” 16 . Bien es cierto que el arte medieval no es precisamente uno de los platos fuertes del patrimonio madrileño, pero cuando la castellología y el urbanismo han sido sustraídos de su ámbito de estudio y, por ejemplo, la bibliografía de edificios como la Cartuja de El Paular, el monasterio de La Cabrera o los Jerónimos, y la de muchas de las iglesias del mudéjar de la archidiócesis toledana son referidas entre los estudios arqueoló- gicos, las referencias de Historia del arte se ven limitadas a la pintura y a la escultura inclu- yendo, curiosamente, obras del Renacimiento, como los trabajos dedicados a la obra de Rodrigo Gil de Hontañón en la Universidad de Alcalá de Henares. Para suavizar el tema, llamaré la atención sobre una más cuidada edición bibliográfica sobre el medievo: la de Federico Pérez y Pérez dedicada a la provincia de Burgos. Siguiendo al pie de la letra las normas de la biblioteconomía, su apartado siete está dedicado íntegramente a la historia del arte medieval burgalés incluyendo no sólo artes figurativas, sino también la arquitectura, la historia de la ciudad e, incluso, reservando un apartado propio a la historia de la restaura- ción 17 .

Retomando la asimilación del historiador del arte como observador de las formas, no voy a insistir en la importancia de los estudios estilísticos como punto de partida, sobre todo en épocas en las que la ausencia de documentación impide hacer afirmaciones concluyen- tes. Siendo conscientes de la “falacia fisiognómica” con la que Gombrich denunciaba la dictadura de la visión del pasado circunscrita a periodos estilísticos, el trabajo sobre estilo

15 Historia de Cantabria. Un siglo de historiografía y bibliografía, 1900-1994, ed. Manuel SUÁREZ CORTINA, 2 vols., Santander, 1995.

16 Olga FERNÁNDEZ LÓPEZ, Carlos Manuel VERA YAGÜE y Ángel CARRASCO TEZANOS: Recopilación bibliográfica

para el estudio de la historia medieval en la Comunidad de Madrid, Madrid, 2001, 69-111 y 180-190.

17 Federico PÉREZ Y PÉREZ: Ensayo de bibliografía medieval burgalesa (Estudio de 6600 fichas bibliográficas), Burgos, 2002, 296-384.

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DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 15 Fig. 5. Catedral de Burgos. Distribución de patologías

Fig. 5. Catedral de Burgos. Distribución de patologías sobre el levantamiento fotogramétrico.

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21/4/08 16:39 Página 16 16 EDUARDO CARRERO SANTAMARIA Fig. 6. Santa María de Vitoria. Mapa tridimensional

Fig. 6. Santa María de Vitoria. Mapa tridimensional de sus superficies murarias, según Azkárate, Cámara, Latorre y Vicario.

me parece algo tan fundamental como complicado; la educación del ojo del especialista es primordial y da nuevos frutos una vez superadas las etapas de la búsqueda de maestros y la historia del arte con nombres que caracterizó la historiografía de los años cincuenta y sesen- ta 18 . En el campo de la arquitectura, la importancia del método filológico en Historia del arte es clara: establecer campañas constructivas, identificar fases y actuación de talleres, aportar novedades en los modos de construcción, etcétera. En paralelo, los objetivos que al fin y al cabo pretende la arqueología de la arquitectura con tan críticos planteamientos de base hacia la historia del arte no son otros que hacer estilo mediante la codificación de aparejos, silla- res, bóvedas, morteros,… Es decir, establecer tipologías de los elementos sobre los sólo se había trabajado parcialmente, algo que por ejemplo en arquitectura gótica se lleva haciendo desde hace décadas 19 , a pesar de la “falta de preparación técnica” que se ha atribuido a his- toriadores del arte y arqueólogos a la hora de analizar secuencias constructivas 20 . Una reco-

18 Ernest H. GOMBRICH: Meditaciones sobre un caballo de juguete, Barcelona, 1968 [1963], 141-142, y las obser- vaciones de Serafín MORALEJO: Formas elocuentes. Reflexiones sobre una teoría de la representación, Madrid, 2004, 113-150. No tan superada es la mistificación de etapas históricas a través de un estilo y, más allá, del propio estilo como sigue ocurriendo con el Románico.

19 Dieter KIMPEL y Robert SUCKALE: L’architecture gothique en France 1130-1270, París, 1990, y el estado de la cuestión recogido en Raquel ALONSO ÁLVAREZ, “Morbus Aedificandi: algunos aspectos de la construcción en la Edad Media”, Edades. Revista de historia, 9 (2001), 57-76.

20 GARCÍA GRANADOS: “Historia del Arte y Arqueología”, o cit., 64.

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TEORÍA Y MÉTODO EN LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 17

DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 17 Fig. 7. Santa María la Real de las Huelgas

Fig. 7. Santa María la Real de las Huelgas (Burgos). Planta de conjunto según Lampérez.

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pilación de tipos de paramentos per se no pasa de ser un simple ejercicio intelectual, como pone de manifiesto la variedad de formas, técnicas constructivas y materiales que puede constatarse para la arquitectura altomedieval del centro-oeste peninsular y, desde luego, con muy pocas hipótesis concluyentes que esperan su análisis con una mayor amplitud de miras 21 . Las propuestas teóricas y conciliadoras sobre la historia de la escisión entre arte y arqueología han perdido su valor en pos de una nueva arqueología –la de la arquitectura– que alcanza lo que, obviando o minimizando el papel que disciplinas como la historia del arte han tenido en el asunto, se plantea en distintas ocasiones como el mejor instrumento para el “conocimiento global de los edificios”. Después de lo descrito en el apartado pre- vio es fácilmente deducible que el método de la arqueología de la arquitectura no sólo toma como punto de partida y comparte objetivos con la restauración sino que, desde una exclu- siva perspectiva académica, persigue exactamente los mismos propósitos que buscaban los historiadores de la arquitectura desde Lampérez, Puig i Cadafalch o Torres Balbás, hasta nuestros días. La utilización de la lectura de muros como instrumento para estudiar un pro- ceso constructivo es inherente a toda la historia de la arquitectura y, en particular, a la Historia del arte. Antes de una sistematización metodológica tan exhaustiva como la lleva- da acabo desde finales de los ochenta sobre la arqueología de la arquitectura, la lectura para- mental había sido utilizada para estudiar arquitectura medieval desde una perspectiva histó- rico-artística como demuestran diversos trabajos 22 . En realidad, la diferencia entre un siste- ma de estudio y el otro sólo se halla en la denominación como “unidades estratigráficas murarias” de lo que hasta entonces habían sido intervenciones y cambios de fábrica, y en su organización mediante un número de registro y su distribución en unas coordenadas crono- lógicas mediante complejos organigramas Harris. Es precisamente esta aparente seriedad que se delega en los números la que pasa por revestir de infalibilidad a la arqueología de la arquitectura y es que los organigramas y árboles de identificación de elementos estratigráfi- cos reconstruyen un proceso constructivo que se presupone certero y que sólo un iniciado en sus procedimientos es capaz de descifrar 23 . Por el contrario, y al igual que había ocurri- do hasta la fecha a los restantes profesionales que se dan cita en estudios arquitectónicos,

21 Luis CABALLERO ZOREDA y María de los Angeles UTRERO AGUDO: “Una aproximación a las técnicas construc-

tivas de la Alta Edad Media en la Península Ibérica: entre visigodos y omeyas”, Arqueología de la arquitectura, 4 (2005), 169-192, y Mª de los Ángeles UTRERO AGUDO: Iglesias tardoantiguas y altomedievales en la Península Ibérica. Análisis arqueológico y sistemas de abovedamiento, Madrid, 2007

22 Por ejemplo, Isidro G. BANGO TORVISO: Arquitectura románica en Pontevedra, A Coruña, 1979; José Carlos

VALLE PÉREZ: La arquitectura cisterciense en Galicia, 2 vols., A Coruña, 1982; María del Carmen MUÑOZ PÁRRAGA: La catedral de Sigüenza (Las fábricas románica y gótica), Guadalajara, 1987; Concepción ABAD CASTRO: Arquitectura mudéjar religiosa en el arzobispado de Toledo, 2 vols., Toledo, 1991; Segovia cisterciense:

estudios de historia y arte sobre los monasterios segovianos de la orden del Císter, Madrid, 1991.

23 Compárense aquí Manuel GÓMEZ-MORENO: Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX a XI, Madrid, 1919, reed. Granada, 1998, 288-309; Francisco ÍÑIGUEZ ALMECH: “Algunos problemas de las viejas iglesias espa- ñolas”, Cuadernos de trabajo de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma, VII (1955), 9-180; Rafael PUERTAS TRICAS: Planimetría de San Millán de Suso, Logroño, 1979, y Luis CABALLERO ZOREDA: “La igle- sia de San Millán de la Cogolla de Suso: Lectura de paramentos 2002”, en Arte medieval en La Rioja : prerromá- nico y románico. VIII Jornadas de Arte y Patrimonio Regional, Logroño, 29 y 30 de noviembre de 2002, coord. I. GIL-DÍEZ USANDIZAGA, Logroño, 2004, 13-94.

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DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 19 Fig. 8. Santa María la Real de las Huelgas

Fig. 8. Santa María la Real de las Huelgas (Burgos). Planta de conjunto según el Corpus de Arquitectura Monástica Medieval (Universidad Autónoma de Madrid).

esta arqueología de la arquitectura es un procedimiento de datación cronológica relativa. Aunque pueda parecer obvio, métodos parejos como la heurística, la epigrafía, el estudio formal de piezas escultóricas, planimetrías y volúmenes, el análisis químico de morteros y revestimientos, la dendrocronología en materiales lígneos asociados, etc., aportan una densa red de información sobre el objeto de estudio que no puede y no debe ser minimizada u obviada cuando sus datos no coinciden con lo que se pueda extraer de un organigrama arqueológico como los descritos líneas arriba. De hecho, afirmar que el trabajo de la histo-

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ria del arte respecto de la arquitectura conlleva dejar a ésta última “independiente de su medio arqueológico e histórico”, y la analiza “como un producto aislado caracterizado por unos elementos tipológicos y acompañado por un compendio de paralelos arquitectónicos y decorativos que justifican su cronología”, es tan inocente como hacerlo en medio de un catá- logo de abovedamientos y tipologías constructivas. Que yo sepa, la conjugación de componentes constructivos con el fin de establecer tipos y cuadros cronológicos no es otra cosa que incidir en la sistematización metodológica más antigua que tanto la historia del arte como la arqueología comparten: el método filoló- gico. Si los estudios sobre el significado y las posibles lecturas de una obra de arte muchas veces conllevan el peligro de terminar haciendo novela más que historia, en arqueología de la arquitectura el riesgo está en acabar “ahogado por los números”, en el propio método entendido como objetivo del trabajo: un sistema epistemológico rígido y vertical. En resu- midas cuentas, que aunque haya diferencias metodológicas y aunque se opte a la deseada porción del pastel económico de las restauraciones arquitectónicas, los objetivos de las dis- tintas ramas académicas dedicadas a la historia de la arquitectura pueden ser paralelos, tanto como para no emprenderla a codazos con el colega de al lado.

EL DISCURSO CIENTÍFICO EN ARQUITECTURA MEDIEVAL

Como docente e investigador en Historia del arte medieval y, básicamente, en histo- ria de la arquitectura, hay un tema que considero de evidente meditación. Me refiero a los problemas que está suscitando la confluencia de otras ramas de las llamadas Humanidades en objetivos de trabajo vinculados al general concepto de Patrimonio cultural y, más allá, de Patrimonio edificado. No estoy denunciando aquí un privilegio histórico-artístico sobre el propio objeto de análisis, de modo similar a como hicieron los antropólogos o los econo- mistas al criticar la consideración de sus disciplinas entre los propósitos investigadores de los historiadores de la escuela de los Annales. Tampoco voy a detenerme en el papel que el historiador del arte debe tener en los procesos de restauración en paralelo al que ha sido requerido y conseguido por parte de la arqueología, algo sobre lo que ya han insistido otros colegas y que en la mayoría de las ocasiones –al menos a un nivel administrativo– parece caer en saco roto. De hecho, intentando ser lo más ‘políticamente correcto’ que pueda, lo que me gustaría mostrar es una clara inquietud por la definición exclusivista que desde algu- nos foros se están manteniendo sobre el asunto y el consecuente desalojo de otros investi- gadores de un campo de actuación tradicionalmente asociado a los mismos. No puedo ima- ginarme la reacción de otras disciplinas ante una imaginable incursión de los historiadores del arte en sus medios. De hecho, ¿podrían dirigir una excavación arqueológica? Si en algún momento fue así, después, las mismas administraciones lo han vetado siguiendo la lógica de la falta de formación en una metodología concreta, algo que no ocurre a la inver- sa con la expertización, los estudios históricos en memorias de restauración o la gestión del patrimonio. Siendo realistas respecto a nuestra propia historiografía –en la que como anunciaba en las páginas iniciales se daban cita especialistas de al menos tres disciplinas–, un pensa- miento científico crítico y consciente sobre historia de la arquitectura medieval no puede lle- varse más allá del catálogo de Juan Agustín Ceán-Bermúdez (1749-1829) y Eugenio

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Llaguno y Amírola (1724-1799) 24 . Con el siglo XIX, entramos en una etapa compleja que presentó tres caras distintas para la historia de la arquitectura. Por un lado, los eclesiásticos que siguiendo la tradición historiográfica de la Iglesia –como Martínez y Sanz, López Ferreiro o Sanchis Sivera– acometieron la historia de muchos edificios capitales pero bajo una óptica novedosa, la historico-artística, influida por la pujanza de la conocida como arqueología sagrada 25 . Frente a éstos, encontramos a los herederos de la tradición ilustrada dieciochesca, que se ocuparían de teorizar sobre la obra artística, fundamentalmente en su estilo, como José Caveda o José Amador de los Ríos. Su labor evolucionaría hacia la insis- tencia en la necesidad de una catalogación y edición sistemática de los restos del pasado, representada por las muchas publicaciones realizadas en el periodo. Esta época de filiación estilística e inventario adquiría su mayor expresión mediante el encargo y realización de los Catálogos Monumentales provinciales, y sus máximas muestras historiográficas en las obras de Lampérez, Puig i Cadafalch, Ángel del Castillo, Manuel Gómez-Moreno y, finalmente, Leopoldo Torres Balbás, cuando un catálogo de estilos y momentos del arte medieval his- pano ya estaba perfectamente definido 26 . Frente a éstos, el que podríamos denominar grupo del desconcierto, sobre el que se desesperaban Manuel de Assas, José Amador de los Ríos y Gregorio Cruzada Villaamil 27 . Aquí, algunos discursos de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando demuestran una clara lejanía de pensamiento respecto de la contemporánea historiografía europea. Superados por el avance de la disciplina histórica, estaban más ocupados en la búsqueda de un estilo nacional en la arquitectura del pasado y, sobre todo, eran partícipes de una ingenuidad respecto de la teoría de los estilos y las corrientes en la conservación, restauración y catalogación absolutamente asombrosa 28 . No deja de ser insólito que, despacho con despacho, fueran vecinos de aquéllos que estaban ocupados en la edición de Monumentos Arquitectónicos de España y a los que debían diri- girse las muchas veces fértiles Comisiones Provinciales de Monumentos. Frente a la continuación en el inventario y estudio arquitectónico de las décadas ini- ciales del siglo XX, las corrientes teóricas que se habían generado en Europa desde el siglo

24 E. LLAGUNO Y AMÍROLA y J. A. CEÁN BERMÚDEZ: Noticias de los arquitectos y arquitectura en España desde su restauración, 4 vols, Madrid, 1829, reed. facs. Madrid, 1977.

25 Xavier BARRAL i ALTET: “Els eclesiàstics arqueòlegs a Catalunya”, Thesaurus. L’art dels bisbats de Catalunya 1000-1800, Barcelona, 1986, 77-103, y Eduardo CARRERO SANTAMARÍA: “Eucaristía, liturgia e indumentaria. Las vestimentas de la celebración”, en Camiño de Paz. Mane Vobiscum Domine, Ourense, 2005, 285-302.

26 Ignacio L. HENARES CUÉLLAR y Juan A. CALATRAVA: Romanticismo y teoría del arte en España, Madrid, 1982; Pere HEREU i PAYET, Vers una arquitectura nacional, Barcelona, 1987, y Ángel ISAC, Eclecticismo y pensamiento arquitectónico en España. Discursos, revistas, congresos, 1846-1919, Granada, 1987, 45. Para el proceso de cre- ación, establecimiento, papel y función de las Comisiones y la colección Monumentos arquitectónicos de España como primer ensayo de catalogación del patrimonio artístico hispano, véanse María Elena GÓMEZ-MORENO: La Real Academia de San Fernando y el origen del catálogo monumental de España, Madrid, 1991 y el trabajo de Isabel ORDIERES DÍEZ: Historia de la restauración monumental en España (1835-1936), Madrid, 1995, 45-96.

27 Luis SAZATORNIL RUIZ: “Historia, historiografía e historicismo en la arquitectura romántica española”, en Historiografía del arte español en los siglos XIX y XX, Madrid, 1995, 61-75 (65).

28 Un relatorio de los mismos en María de los Ángeles SÁNCHEZ DE LEÓN FERNÁNDEZ: “La Edad Media y los dis-

cursos de arquitectura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando”, Academia: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 83 (1996), 167-200 e ID., El arte medieval y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Universidad Complutense de Madrid, 2002.

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22 EDUARDO CARRERO SANTAMARIA

XIX no hicieron acto de presencia en la bibliografía medieval española hasta el siglo XX.

La adopción de distintos géneros artigráficos no fue fácil y su difusión entre los nuevos

investigadores tras la Guerra Civil –como en el caso de la iconografía con José María de

Azcárate o Santiago Sebastián– pasó directamente, en muchos casos, a la inexistencia de métodos concretos y a la validez de todos ellos. Por otra parte, debemos reconocer que la Historia del arte medieval es especialmente refractaria a las valoraciones teóricas y a las novedades. En 1958 Marcel Aubert publicaba una brillante reflexión que ponía en tela de juicio el papel del Cister en la generación de la arquitectura gótica y su consideración como estilo autónomo entre el Románico y el Gótico 29 . Todavía hoy, a las puertas de la segunda década del siglo XXI, se continúa ignorando o revalorando la cuestión. La misma indica-

ción podría aplicarse a otros temas como las reticencias ante la Tardoantigüedad, la realidad

material de lo mozárabe y el mudéjar, el medio estético durante los siglos del Románico, la

vitalidad artística del Camino de Santiago, la definición de un “gótico mediterráneo” que en realidad es gótico centroeuropeo,… 30 . Tampoco se trata aquí de hablar de lugares comunes

a ventilar, ni de cuestiones muy difundidas entre los mass-media como atribuir al Románico

los adjetivos de bajo y oscuro, en contraposición al gótico alto y claro, o la supuesta falta de pericia de pintores y escultores medievales frente a un sistema de representación diferente

que, aún hoy en día y después de todos los ismos, se nos hace extraño. Estos ejemplos ten-

drían más que ver con las dificultades que entraña la divulgación y la efectiva llegada hasta la sociedad que nos rodea de la investigación realizada en el ámbito de la Universidad y otras instituciones, problema espinoso y sin cabida en el trabajo que nos ocupa. Indudablemente, las palabras de Fernando Marías sobre la prolongación Quinientista de una expresión material medieval como el mudéjar son aplicables a muchos otros fenómenos de nuestra cultura arquitectónica, analizables como “complicada trampa para el historiador, que

debe enfrentarse con un conjunto de hechos aparentemente unitario e interpretable de mane-

ra global pero en realidad plural y heterogéneo, al que hay que aplicar muy diferentes cate- gorías analíticas, y cuya interpretación y usos (…) sufrió diferentes y sucesivas modifica- ciones” 31 . En una sociedad dominada por una concepción de ‘lo científico’ que se constriñe al mundo de los números y los laboratorios, la dignidad de las ciencias humanas debe pasar por una reconsideración del discurso científico de nuestra disciplina de cara al exterior. De

hecho, querría destacar las aprietos que aún presenta nuestra comprensión de la cultura material del medievo y, además, incidir en la consideración de la historiografía como una

‘obra abierta’, donde nuestras seguridades están supeditadas al avance de la investigación,

a la aparición de nuevas visiones, al desarrollo –al fin y al cabo– de algo que preocupa

29 Marcel AUBERT: “Existe-t-il une architecture cistercienne?”, Cahiers de Civilisation Médiévale, 1 (1958), 153-

158.

30 Como introducción, véanse aquí Isidro G. BANGO TORVISO: “Crisis de una historia del arte medieval a partir de

la teoría de los estilos: la problemática de la Alta Edad Media”, Ondare. Cuadernos de artes plásticas y monu- mentales, 15 (1996), Revisión del arte medieval en Euskal Herria, 15-28, y las ponencias presentadas a las I Jornadas Complutenses de Arte Medieval. Cien años de investigación sobre arquitectura medieval española, 14- 16 de noviembre de 2007, Madrid, en prensa.

31 Fernando MARÍAS: El largo siglo XVI. Los usos artísticos del Renacimiento español, Madrid, 1989, 181.

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mucho al alumnado, a colegas de otras disciplinas y parece que a las altas esferas universi- tarias, la Historia del Arte como discurso científico. Nuestro modo de avanzar en el campo de la investigación no va ligado exclusivamente a los descubrimientos de carácter positivo, sino a la reflexión, algo de lo que en muchas ocasiones es difícil de hacer entender. Esta vitalidad científica debe ser explicada como nuestro ‘2 x 2 = 4’, en lugar de agarrarnos a las delimitaciones y divisiones que nos legaron los viejos maestros. Poco o nada se ha teorizado sobre metodologías de estudio para la Historia de la arquitectura medieval en las últimas décadas y, menos aún, se han esbozado planteamientos teóricos semejantes a los realizados en el mundo de la arqueología. Al igual que se habla de arqueología de la construcción, urbana, del territorio, de la técnica, del paisaje y, claro, de la arquitectura, parece que los más encendidos teóricos están terminando por sublimar los estudios arqueológicos hasta una ‘arqueología de la complejidad’, que más tiene que ver con la holística ‘historia total’ que proponía Pierre Vilar en los años sesenta que con otra cosa 32 . Bien puede decirse, llegados a este punto, que la reflexión teórica sobre historia del arte –y en particular sobre arte de la antigüedad, el medievo y el renacimiento– ya fue en buena medida realizada entre los siglos XIX y XX por Riegl, Panofsky, Krautheimer,…, pero tam- bién que más que un método o una corriente historiográfica concreta, en arquitectura y por extensión en todo el arte medieval debería tenderse a una koiné de metodologías, en la que el estudio de la pieza, el autor o el periodo se vea enriquecido con sistemas formales, filo- lógicos, iconográficos,…: todos los datos son útiles para un justo análisis de cara al estudio histórico-artístico integral, cuestión que proponía Joaquín Yarza en 1984 33 . Al comienzo de estas páginas aludía al método iconográfico y su importante cuerpo teórico, y terminaré refiriéndome a ella de nuevo. Panofsky es el padre de una iconología cuyos “objetivos y límites” 34 han tenido –y tendrán– que reconsiderase en numerosas oca- siones pero, por muchos ‘peros’ y matices que le pongamos, creo que el profundo viraje “Towards an Anti-Iconography of Medieval Art” preconizado por el siempre sugerente Michael Camille 35 , todavía queda muy lejos. Entre otras cosas, porque líneas de trabajo como la ‘Iconografía de la arquitectura’ que se encargaron de enunciar Joseph Sauer y Richard Krautheimer, aún tienen mucho trabajo por delante, en investigación y en postula-

o cit., 30-33; Pierre VILAR, “Croissance économique et

analyse historique”, en Première conférence internationale d’histoire économique (Stockholm 1960), París-La

Haya, 1960, 41-85; reed. en ID., Une histoire en construction. Approche marxiste et problématiques conjoncture- lles, París, 1982, 13-86 e ID., Crecimiento y desarrollo. Economía e historia. Reflexiones sobre el caso español, Barcelona, 1964, 17-105.

33 Joaquín YARZA LUACES: “Autobiografía intelectual”, Anthropos, 43 (1984), 12-18. En cualquier caso, la llega-

da y aceptación de métodos historiográficos en la investigación hispana durante el siglo XX y los nuevos caminos que se abren en nuestros días han sido objeto de reflexión en un trabajo de Gonzalo M. Borrás, al que remito en última instancia (Gonzalo M. BORRÁS GUALIS: Cómo y qué investigar en historia del arte. Una crítica parcial de la historiografía del arte española, Barcelona, 2001).

34 Tomo aquí las palabras de Ernest H. GOMBRICH: “Introducción: Objetivos y límites de la iconología”, en Imágenes simbólicas. Estudios sobre arte del Renacimiento, Madrid, 1983 [1972], 13-48.

35 Michael CAMILLE: “Mouths and Meaning: Towards an Anti-Iconography of Medieval Art”, en Iconography at the Crossroads, ed. B. CASSIDY, Princeton, 1993, 43-54.

32 BROGIOLO: “Dall’Archeologia dell’architettura

”,

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24 EDUARDO CARRERO SANTAMARIA

dos metodológicos 36 . Lo mismo podríamos decir de la historia funcional de la arquitectura que, indudablemente, redujo a cenizas las famosas y provocadoras palabras de Pevsner sobre la intencionalidad estética de las edificaciones y su valoración: “una nave para guar-

dar bicicletas es una construcción; la catedral de Lincoln es una obra de arquitectura 37 . Está claro que el estudio arquitectónico de estructuras complejas –catedrales, monasterios, casti- llos, palacios, viviendas– pasa por el análisis de lo que desde una perspectiva netamente estética podría quedar fuera de estimación: granjas, cocinas, carnarios, ámbitos distribuido- res, espacios auxiliares, etc 38 . Lo mismo podríamos decir de la más revolucionaria revisión de la arquitectura medieval desde preceptos utilitarios –y, más allá, simbólicos– como es la interacción entre funcionalidad espacial e historia de la liturgia que, iniciada desde las his- toriografías germana y anglosajona hace ya más de un siglo, está reportando sus frutos en el resto de Europa desde hace unas décadas. En esta línea de reflexión y por encima de la rígida aplicación de un método, algo que me parece preocupante es nuestra real capacidad de acercamiento al medievo como rea- lidad histórica y artística, es decir, si lo que estudiamos y explicamos –en este orden– obe- dece muchas veces a la realidad y, otras tantas, a nuestra imaginación, condicionamientos culturales y capacidad de relación y síntesis. Se trataría de un proceso similar al que ocurre

a los intérpretes y musicólogos en Música antigua: dónde termina la expresividad de la par-

titura –si es que ésta es del todo comprensible– y dónde comienza la iniciativa de su lector

y ejecutante. Sin querer llevar las cosas muy lejos, deberíamos reflexionar de un modo pare-

jo al de nuestros compañeros los musicólogos. Me estoy refiriendo a un texto algo sedicio- so como el de Daniel Leech-Wilkinson tocante a la recreación de una música medieval por los autores de nuestros días, música que puede o no tener mucho en común con la que fue realmente 39 . Del mismo modo, los historiadores de la arte medieval –ya por encima de dis- tinciones entre arquitectura u otras artes–, deberíamos plantearnos algo fundamental y es el simple título de nuestra disciplina: Historia del arte, si del Arte, pero Historia.

36 Joseph SAUER: Symbolik des Kirchengebäudes und seiner. Ausstattung in der Auffassung des Mittelalters, Friburgo, 1924 [1902]; Richard KRAUTHEIMER: “Introduction to an ‘Iconography of Medieval Architecture’”, Journal of the Warburg and Cortauld Institute, V (1942), 1-33, reed. en ID., Studies in Early Christian, Medieval, and Renaissance Art, Nueva York, 1969, 115-150; Karl LEHMANN: “The Dome of Heaven”, The Art Bulletin, XXVII (1945), 1-27, reed. en Modern Perspectives in Western Art History. An Anthology of 20th-century Writings on the Visual Arts, ed. W. Eugene KLEINBAUER: Nueva York, 1971, 227-271; Richard GEM: “Towards an Iconography of Anglo-Saxon Architecture”, Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, 46 (1983), 1-18; Paul CROSSLEY: “Medieval Architecture and Meaning: The Limits of Iconography”, The Burlington Magazine, 130/ 1019 (1988), 116-121; Lex BOSMAN: “Speaking in stone. On the Meaning of Architecture in the Middle Ages”, Argumentation, 7 (1993), 13-28; MORALEJO, Formas elocuentes…, o cit., 27-42.

37 PEVSNER: Esquema de la arquitectura europea, o cit., 17.

38 Sería muy largo realizar una aproximación a la teoría espacial, la funcionalidad y sus planteamientos teóricos, baste la introducción realizada para su estudio sobre el monacato del Cister inglés por Megan CASSIDY WELCH (Monastic Spaces and their Meanings. Thirteenth-Century English Cistercian Monasteries, Turnhout, 2001, 1-12). En España, Isidro G. BANGO TORVISO: Edificios e imágenes medievales, historia y significado de las formas, Madrid, 1995.

39 Daniel LEECH-WILKINSON: The Modern Invention of Medieval Music. Scholarship, Ideology, Performance, Cambridge, 2002.

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TEORÍA Y MÉTODO EN LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA MEDIEVAL. ALGUNAS REFLEXIONES 25

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