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Sociología de Género

Curso 2012/13

Tema 1. - La aparición del género: historia y contexto social

-1. “Introducción”. Cesar Esteban Galé Ochoa

-2. “Las fronteras sociales del siglo XXI”. Salvador Albarracin Lendinez

Tema 2. - Las conceptualizaciones a debate

-3. “El género” Ramiro Marques Sanchez

-4. “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, Maria I. Ascaso Pérez -5. "Feminismos", "La igualdad de la mujer", Javier Hermoso Ruiz

-6. “Feminismo negro y posmoderno”, Alicia Costas Fernandez

-7."¿Son las mujeres una minoría"?, Jose Antonio Puig Camps

Tema 3. - La intersección entre lo público y lo privado: trabajo,

familia y formas de participación de las mujeres

-8. “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, Julia Ortega

Tovar

-9. “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, Luis Perez Perez -10. “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”,

José Antonio Puig Camps

-11. “Hacia nuevos indicadores de trabajo y género: un problema mucho más que estadístico” Antonio León -12. “Democracia paritaria en Europa”, Mª Dolores Gónzalez Redondo -13. “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Nuria A. Sanz Mateos

Tema 4. – Aspectos (estructurales) de la violencia de género

-14. Violencia de género, Andrea Fuente Fernandez -15. “Malos tratos: un problema estructural”, Concepción E. Ruiz de la Hermosa

Tema 5. - La construcción de las sexualidades

-16. “Introducción” “Heterosexualidades”, “La discriminación social de la mujer en razón del sexo” Clara A. Herreros Garcias, Miguel A. Rodriguez Manzano

Tema 6. – Globalización y género

-17. “Globalización y nuevas servidumbres de las mujeres”, Maria Lourdes Ruiz Garde

TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL T1-1 Introducción: La solución

T1-1 Introducción: La solución romántica

Inicio

Charlotte Perkins Gilman y Jane Addams son un ejemplo de las mujeres que durante cierto tiempo fueron incapaces de seguir adelante. Era como si hubieran llegado al borde de la vida adulta y se hubieran negado a continuar. Se detenían en seco, paralizadas. El problema no consistía en que no tuvieran cosas que hacer. Todas ellas tenían responsabilidades y eran mujeres con otros intereses como, la ciencia, el arte, la filosofía, y eran también apasionadas idealistas pero, ¿qué iba a hacer una mujer en el nuevo mundo del siglo XIX? Se fabricaba una vida como las de su madre en el calor familiar o se arrojaba al nervioso activismo del “mundo moderno”. Desde luego estaría fuera de lugar si pretendía encajar en el “mundo masculino” de los negocios, la política o la ciencia. Pero desde un punto de vista histórico, quizá quedara aún más fuera de lugar si se quedaba en casa, aislada de la gran marcha de la industria y el progreso.

Ciertamente esta pregunta que se hacia Charlotte Perkins Gilman y Jane Addams, ya se la hicieron otras mujeres, que al igual que ellas se derrumbaron por no tener respuestas. Pero sólo en el último siglo esta cuestión privada a pasado a ser en el mundo occidental, un problema publico, “la cuestión femenina”, o “el problema de la mujer”. El sufrimiento de Charlotte Perkins Gilman y Jane Addams, la indecisión que les paralizaba, se extiende en los siglos XIX y XX a decenas de miles de mujeres. Una minoría trasforma su parálisis en ira, y se convierte en activistas de los movimientos reformistas, otras permanecieron deprimidas, trastornadas o enfermas.

Mientras las mujeres descubrían nuevas preguntas y dudas, los hombres del “sistema” (médicos, filósofos, científicos) abordaron la cuestión femenina en una corriente continua de libros y artículos y los hombres descubrían que las mujeres eran un interrogante en si mismo y una anomalía desde el punto de vista de la industria. No se las podía incluir en el mundo masculino, pero no parecían encajar tampoco en su lugar tradicional. Desde el punto de vista masculino la cuestión femenina era un problema de control: la mujer se había convertido en un problema social y merecía ser investigado.

Estos hombres y frecuentemente mujeres se presentaban como autoridades sobre el doloroso dilema al que se enfrentaban Charlotte Perkins Gilman y Jane Addams. ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la mujer? Y, en un mundo industrial, que ya no hacía honor a las habilidades tradicionales de las mujeres, ¿qué debía hacer? Los médicos encabezaron a los nuevos expertos y fueron los primeros en dar su juicio sobre las consecuencias sociales de la anatomía femenina y en prescribir un plan de vida “natural” para las mujeres. Les siguió una horda de expertos, mas especializados, que trataban de imponer su autoridad para definir las actividades domésticas de la mujer hasta los menores detalles del trabajo de la casa y la crianza de los hijos.

La relación entre las mujeres y los expertos no era muy distinta de las relaciones convencionales entre mujeres y hombres. Nunca fue una relación entre iguales, ya que la autoridad de los expertos residía en la negación o destrucción de las fuentes de

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Introducción: La solución Romántica

Ehrenreich

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL conocimiento que la mujer

conocimiento que la mujer pudiera tener autónomamente. Pero era una relación que ha durado hasta nuestra misma época, hasta el momento en que la mujer empezó a descubrir que la respuesta de los expertos a la cuestión femenina no era ciencia, después de todo, sino nada más que la ideología de una sociedad machista disfrazada de verdad objetiva.

La cuestión femenina.

La cuestión femenina surgió en el curso de una trasformación histórica cuya dimensión no han captado aun del todo las generaciones posteriores. Se trataba de la “revolución industrial”. La gente era arrancada de repente de la tierra por la fuerza o por la presión del hambre y las deudas. Una vida campesina y estable que había tenido una considerable permanencia durante siglos se vio destruida

Marx y Engels fueron los primeros en comprender la naturaleza de catástrofe de tales cambios. Un viejo mundo estaba muriéndose y otro nuevo nacía. Han pasado más de 150 años y la polvareda no se ha asentado todavía. Al otro lado de la revolución industria quedaba lo que para nuestros fines denominaremos Antiguo Orden. Solo aquí, en la vida cotidiana, encontramos las pautas que nos permiten hablar de un “orden”

Las pautas de la vida social en el Antiguo Orden.

Destacan en el Antiguo Orden tres pautas de vida social que son las que le dan coherencia.

Pauta 1ª.- El antiguo orden es unitario. La vida para la gran mayoría de la gente, tiene una unidad y simplicidad que nunca dejará de fascinar al “hombre industrial” que venga posteriormente. No es una vida dividida en distintas esferas o áreas de experiencia: “el trabajo” o “la casa”, entre “lo público” y “lo privado” “lo sacro” y “lo profano”. La producción (alimentos, ropas, herramientas) tiene lugar en los mismos espacios, donde las personas nacen, crecen, se emparejan. La relación familiar no se limita al área de lo emocional; es una relación de trabajo. Los ritos y supersticiones confirman la unidad del cuerpo con la tierra, la biología, y el trabajo.

Las relaciones humanas de familia y aldea están por encima de todo. No hay todavía una “economía” externa que conecte la suerte de los campesinos con las decisiones de un comerciante en una ciudad lejana. Si la gente pasaba hambre no era porque hubiera caído el precio de la cosecha, sino porque no había llovido. Existen mercados pero no aún un mercado que dicte las oportunidades y actividades de la gente corriente.

Pauta 2ª.-El antiguo orden es patriarcal. La autoridad familiar recae en los varones o en el varón de más edad. El padre toma las decisiones y bajo el dominio paterno, las mujeres no tienen que hacer elecciones complejas ni plantearse preguntas sobre su naturaleza o su destino; la norma consiste simplemente en obedecer. El orden patriarcal del hogar se extiende al gobierno de la aldea, la iglesia, la nación. Es decir, el patriarcado del antiguo orden quedaba reforzado por la organización y las creencias

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL en todos los niveles

en todos los niveles de la sociedad. Para las mujeres era un sistema total del que no podían escapar.

Pero el dominio de los padres no se basa en la mera coacción. La autoridad patriarcal intenta justificarse en las mentes de cada uno de sus hijos mediante una religión que gira precisamente alrededor de la figura del padre.

Pauta 3ª.- El antiguo orden es también ginocéntrico.

Las habilidades y el trabajo de las mujeres son indispensables para la supervivencia. La mujer es siempre subordinada, pero está lejos de ser dependiente y desamparada. No sólo era su productividad lo que daba importancia a la mujer en el antiguo orden. Se daba por supuesto que todas las mujeres habían aprendido de sus madres y abuelas, las habilidades necesarias para criar a los hijos, curar enfermedades corrientes y cuidar a los enfermos.

No podía existir “cuestión femenina” en el antiguo orden, el trabajo de la mujer estaba cortado a su medida; las líneas de autoridad que debía seguir estaban claras. Era difícil que se considerara una “inadaptada” en un mundo que tanto dependía de su capacidad y de su trabajo. Tampoco podía imaginarse tomando dolorosas decisiones sobre qué dirección dar a su vida dado que, dentro del orden patriarcal, todas las decisiones importantes las tomaba por ella el padre o el marido, si es que no estaban tomadas ya por la tradición. La cuestión femenina espera a la llegada de la era industrial que en el espacio de unas cuantas generaciones, tirará por la borda todas las “relaciones establecidas y congeladas” del antiguo orden. La unidad entre vida biológica y económica, pública y privada, se hará añicos; los antiguos patriarcas serán derribados de sus tronos y al mismo tiempo, se expropiarán los viejos poderes de las mujeres.

La trasformación social fundamental, fue el triunfo de la economía de mercado. En el antiguo orden la producción se regía por factores naturales (alimentos, refugio, mano de obra y recursos disponibles), solo se vendían los ocasionales excedentes. Pero en la economía de mercado, las leyes del intercambio comercial iban a dictar el empleo de la mano de obra y de esos recursos. La mentalidad pueblerina de la producción casera iba a dar paso a una amplia red de interdependencias económicas que uniría las vidas del campesino y el ciudadano, dela gente del norte y la del sur. Esta red de dependencias, el mercado, había ido ganando terreno, muy poco a poco, desde finales de la Edad Media. Pero durante largo tiempo este naciente capitalismo había sido un producto urbano, sin embargo la mayor parte de la gente seguía viviendo de la tierra, de la “economía natural” del antiguo orden. Sólo en el siglo XIX, con la industrialización y el desarrollo del capitalismo moderno empezó el mercado a sustituir a la naturaleza, como fuerza rectora de las vidas de la gente corriente.

El Nuevo Orden.

Con el triunfo del mercado, los patrones de vida establecidos que definían el antiguo orden se vinieron abajo irrevocablemente. La antigua unidad entre trabajo y hogar, producción y vida familiar se vio quebrada. Cuando la producción entró en la fábrica, al hogar no le quedaron sino las actividades biológicas de tipo más personal: la comida,

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL el sexo, el sueño,

el sexo, el sueño, el cuidado de los niños. La vida se iba a dividir en dos esferas bien

distintas: una esfera “pública” de trabajo, gobernada esencialmente por el mercado y

una esfera “privada” de relaciones íntimas y existencia biológica individual.

Las dos esferas se oponen entre sí con arreglo a sus valores fundamentales, y la línea entre ellas está cargada de tensión moral. El mercado desafía a siglos de moral religiosa. En el antiguo orden el comercio era considerado deshonroso y prestar dinero con intereses se denunciaba como usura. Pero el mercado que domina el nuevo orden rechaza todas las categorías morales con fría indiferencia. Para que unos obtengan beneficios es necesario que otros se empobrezcan, ya no hay espacio para el afecto humano, la generosidad ni la lealtad.

Frente al mercado, todos los aspectos “humanos” de la persona deben agolparse en la

esfera de la vida privada, y limitarse como mejor puedan a las actividades personales

y biológicas que en ella se encuentran. Sólo en el hogar o, en general, en la vida

privada, se puede esperar encontrar el amor, la espontaneidad, los cuidados y la alegría que el mercado rechaza. Para los hombres, que pasan diariamente de una a otra esfera, la vida privada adquiere ahora un atractivo sentimental proporcional a la frialdad e impersonalidad del mundo “exterior”. El hogar les permita responder a las necesidades corporales que se le niegan en su lugar de trabajo y encontrar la solidaridad humana que está prohibida en el mercado.

Simultáneamente, las fuerzas que dividen la vida en “pública” y “privada” ponen en duda el sitio y la función de las mujeres. Las tareas de las mujeres, sobre las que se basaba la economía del antiguo orden, les han sido arrancadas, eliminando lo que había sido el origen de la dignidad femenina hasta en las circunstancias más opresivas.

Los cambios del Nuevo Orden en la mujer

Examinemos este cambio, con sus implicaciones contradictorias para la situación de la mujer:

Era el fin del orden ginocéntrico. Las tradicionales atribuciones productivas de las mujeres (fabricación de tejidos, fabricación de prendas de vestir, trasformación de

alimentos) pasaron a las fábricas. Las mujeres de la clase obrera podrían proseguir en

el nuevo mundo industrial con su antigua tarea, pero ya no controlarían el proceso de

producción. Acabarían olvidando sus antiguas habilidades.

Pero al mismo tiempo era el fin del dominio del padre. A medida que la producción de los bienes necesarios sale del hogar, los lazos orgánicos que mantenían unida la jerarquía familiar se van soltando. El padre no controla ya los procesos productivos del hogar, ahora es un asalariado, como puede serlo su hijo o su hija o incluso su esposa. Puede exigir sumisión, puede tiranizar a su mujer y a sus hijos, invocar las sanciones de la religión patriarcal, pero ahora es la empresa quien aporta “los frutos de la tierra” y organiza el trabajo productivo de la familia. El ocaso de la autoridad patriarcal dentro de la familia fue un tema constante en la literatura sociológica de comienzos de siglo.

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL La vida de las

La vida de las mujeres se vieron envueltas en confusión, en el antiguo orden las mujeres se ganaban el sustento participando en el trabajo compartido de la familia, fuera de casa no había forma de ganarse la vida. Las mujeres nacían, crecían y envejecían dentro del denso recinto humano de la familia. Pero con la caída del antiguo orden, se empezaba a vislumbrar algo parecido a una elección, aunque resultara muy lejana para la mayoría de las mujeres. Ahora era posible que la mujer entrara en el mercado y ofreciera su trabajo a cambio de los medios para su

supervivencia (pero en menor medida que un hombre)

Entrar en el mercado como trabajadora podía significar salarios bajos y condiciones miserables de trabajo, soledad e inseguridad, pero también significaba la posibilidad, de independizarse del dominio familiar. Sin embargo esta existencia, no parecía demasiado “natural” a mujeres cuyas madres habían vivido y muerto en la intimidad de la familia.

Tales eran las ambiguas opciones que las mujeres empezaron a plantearse a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En la mayoría de los casos la “elección” la hacían las propias circunstancias: algunas mujeres se veían obligadas a buscar un empleo pagado sin tener en cuenta las perturbaciones que pudiera provocar en la familia, otras estaban atadas a las responsabilidades familiares por mucho que desearan trabajar fuera. Pero la caída del antiguo orden había roto el patrón que ligaba a cada mujer a un solo destino incuestionable. Y este cambio tuvo un doble impacto: no se podía juzgar simplemente como un adelanto o un retroceso para las mujeres. Las trasformaciones fueron por su propia naturaleza, contradictorias. El capitalismo industrial liberó a las mujeres de la inacabable rutina del trabajo productivo casero, pero al mismo tiempo les arrebató las atribuciones que habían constituido su peculiar motivo de dignidad. Soltó las ataduras del patriarcado, pero impuso las cadenas del trabajo asalariado.

Estos cambios, proporcionaron las bases materiales para el nacimiento de “la cuestión femenina”. La cuestión femenina era nada menos que el problema de cómo iban a sobrevivir las mujeres y qué iba a ser de ellas en el mundo moderno.

El nuevo machismo.

La cuestión femenina, entraba en el dominio de la vida pública como “tema” para deliberación de estudiosos, hombres de estado y científicos. La nueva era necesitaba una nueva forma de explicar la sociedad y la naturaleza humana. La mentalidad que enmarcó la cuestión femenina y que posteriormente esbozó sus principales respuestas, nació con la aparición del nuevo orden, en la lucha contra la autoridad patriarcal.

Si la historia de Occidente entre los siglos XVI y XVIII pudiera condensarse en una sola alegoría, esta sería el drama de la derrota del otrora todopoderoso padre. En política, en ciencia, en filosofía, había un tema dominante: la lucha contra las viejas estructuras de la autoridad patriarcal, representada por el rey, los señores feudales, el Papa y muchas veces, el padre de familia. Era una época, muy alejada de nuestros días de predominio empresarial, en la que los miembros de la clase media en ascenso

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL ( la burguesía )

(la burguesía) no eran aun la clase establecida, sino los rebeldes. Una clase que luchó en las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa, contra las fuerzas que se oponían al comercio y la obtención de beneficios individuales. La Revolución Francesa supuso un acto definitivo: asesinato del rey, cierre de las iglesias; y donde los vencedores revolucionarios se quitaron de encima el yugo del padre y se declararon una fraternidad de ciudadanos libres.

Mientras los revolucionarios de la pujante clase media luchaban contra las restricciones del antiguo orden en materia de negocios derribando cabezas coronadas, los pensadores y los eclesiásticos trabajaban para desarrollar sistemas de pensamiento que se ajustaran a la mueva era. La filosofía abandonó su búsqueda de Dios y la Verdad y firmó una tregua pragmática con el materialismo e individualismo de la economía de mercado. La religión aprendió a volverse ciega en cuestiones éticas ante el mercado y limitarse a los asuntos de la vida privada. Pero el modo de pensamiento que mejor se ajustaba a las condiciones del mercado y a las inclinaciones de los hombres que lo dominaban no llegó de la filosofía ni de la religión, se produjo en la ciencia.

La ciencia había dirigido el asalto intelectual a la ideología patriarcal. Desde Galileo, a comienzos del siglo XVII, se había enfrentado a la Inquisición sobre el problema de si la tierra era el centro del universo, la ciencia se había situado como antagonista o al menos desdeñosa ante la doctrina religiosa y la autoridad tradicional. La física de Newton, la química de Lavoisier o la biología de Darwin, no necesitaban dioses, ni otras fuerzas inaprehensibles para explicar la naturaleza. La ciencia creció con el mercado. Se apropio de los aspectos más revolucionarios de la mentalidad comercial

(su lealtad al hecho empírico, su tenaz pragmatismo, su tendencia a la abstracción numérica) y

los convirtió en una herramienta de precisión para entender y dominar el mundo material.

La ciencia se burlaba de la vieja ideología patriarcal. La ciencia en los siglos XVIII y XIX, fue el enemigo declarado de los fantasmas, el misterio y los conjuros y una buena amiga de los revolucionarios. Socialistas como Marx y para feministas como Charlotte Perkins Gilman la ciencia fue la fuerza liberadora contra la injusticia y la dominación.

Pero oponerse a las estructuras patriarcales de la autoridad no era necesariamente tener una intención o sensibilidad feminista. La visión del mundo que nació con los nuevos tiempos era, en realidad, claramente machista. Era una concepción derivada del mercado, del área de la vida económica o pública. Resultaba, por naturaleza, externa a las mujeres y capaz sólo de considerarlas “ajenas”, distintas.

La ideología patriarcal también convertía a las mujeres en subordinadas, por supuesto. Pero el campo del que surgía era el habitado por las propias mujeres, ya que la vida en el antiguo orden no estaba fragmentada en un terreno alejado de las mujeres.

La visión machista de la naturaleza humana excluye de forma casi automática a la mujer y considera esa naturaleza orientada al hombre desde el punto de vista biológico y capitalista, el “hombre económico” descrito por Adams Smith, guiados por una mente puramente racional y calculadora.

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL Para el hombre económico,

Para el hombre económico, los objetos inanimados del mercado (el dinero y las mercancías que lo representan) están vivos y poseen una importancia casi sagrada. Por el contrario, las cosas verdaderamente vivas no poseen, desde un punto de vista estrictamente “racional” ningún valor, excepto en la medida en que influyen en el mercado y afectan al propio interés económico: los empleados son “factores de producción”, donde, por ejemplo una buena esposa en un “activo”. Al final, las leyes del mercado llegan a parecer las leyes de la naturaleza humana.

Desde esa posición superior, la mujer resultaba inevitablemente ajena, misteriosa. Ella habitaba, en el otro terreno, el de la vida privada, que desde el mercado parecía un lugar atrasado y preindustrial o un espejo en el que se reflejaba invertido todo lo que resultaba normal en el mundo real de los hombres.

Desde una perspectiva machista, parecía que la mujer era una versión más primitiva del hombre, no porque hubiera una evidencia de su inferior inteligencia, sino a causa de su carácter afectivo y generoso, que en sí mismo se consideraba una prueba de esas inferioridades. El “buen salvaje” de Rousseau era, como su mujer ideal, compasiva y dadivosa. Darwin consideraba que la mujer tenia mayor ternura y menor egoísmo, una intuición especial pero que esas eran características de razas inferiores y de un estado menos desarrollado.

Todo lo específicamente femenino se convirtió en un reto para la mente científica y racional, El cuerpo de la mujer, con sus ritmos autónomos y sus posibilidades engendradoras, resulta una frontera, otra parte del mundo natural que debía explorarse y explotarse. En el siglo XIX, una nueva ciencia, la ginecología, empezó a estudiar ese extraño territorio y dedujo que el cuerpo femenino era, no sólo primitivo, sino profundamente patológico. La psique femenina, por supuesto, se convirtió en un enigma científico. El psicólogo Stanley Hall lo llamó “terra incógnita” y Freud “el enigma de la naturaleza femenina”. El descubrimiento de la mujer como anomalía (como una cuestión) fue el componente esencial de la percepción machista.

Respuestas racionalistas y románticas.

Dentro del marco de la nueva ideología machista no había más que dos respuestas posibles a la cuestión femenina, que denominaremos racionalistay “romántica. Se trata de concepciones opuestas entre sí, pero su origen fue el mismo y su desarrollo fue unido y paralelo al de la cultura machista. En cada momento habría defensores para cada “solución” y ninguna se dejaría completamente de lado. No obstante la victoria de la solución romántica sería abrumadora y se vería reforzada, en la vida real, por todo el peso de la economía y la capacidad de persuasión de las autoridades científicas.

El racionalismo sexual

La respuesta racionalista consistía, esquemáticamente, en admitir a las mujeres en la sociedad moderna en plano de igualdad con los hombres. Si el problema era que las mujeres estaban, en ciertos sentidos “fuera” no había más que dejarles “entrar”. El racionalismo sexual comparte el espíritu crítico de la ciencia: desprecia los mitos

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Introducción: La solución Romántica

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL patriarcales de la inferioridad

patriarcales de la inferioridad femenina, denuncia los “papeles sexuales” modernos como invención social arbitraria y sueña con un orden social en el que mujeres y hombres no sólo sean iguales, sino, en la medida de lo posible, funcionalmente intercambiables. Nacido en la Revolución Francesa, el racionalismo sexual es una ideología radical.

Pese a su radicalismo, el racionalismo sexual, no dejaba de ser machista. Miraba el mundo de las mujeres desde el mercado, Charlotte Perkins Gilman (quizá la mas

brillante defensora del racionalismo en Norteamérica) sostenía que el hogar era “primitivo

y que las mujeres como resultado de su confinamiento en él, padecían un “desarrollo detenido”, hasta el punto de que se habían convertido casi en una especie separada. Betty Friedan (racionalista sexual) consideraba el hogar como una “trampa” que atrofiaba a las amas de casa. El racionalismo sexual se apresuraba demasiado a volcarse en la esfera pública tal como la habían definido los hombres.

La feminista racionalista no suele cuestionar la naturaleza del esfuerzo de su participación en el trabajo, ni a quien se sirve. Veían a las mujeres desarrollando carreras “satisfactorias”, pero no cuestionaba el propósito social de los puestos de trabajo existentes. El programa del racionalismo sexual consiste en la asimilación, con una serie de formaciones auxiliares (guarderías por ejemplo) como elementos necesarios para fomentar la rápida integración de las mujeres en lo que había sido el mundo masculino.

Si el asalto ideológico a la autoridad patriarcal había hecho imaginables las ideas racionalistas. La revolución industrial hizo que el programa racionalista pareciese inevitable. El grueso del antiguo trabajo de las mujeres había sido trasladado a las fábricas ¿Por qué no iban a seguirle las restantes actividades domésticas? Gilman urgía a que se crearan restaurantes, guarderías, servicios domésticos “en plan comercial”, para que se hicieran cargo de los deberes femeninos. Liberada de estas pesadas tareas “rudimentarias”, la familia se convertiría en una asociación voluntaria de individuos. Desde la perspectiva del s. XIX, parecía probable que tales acontecimientos se fueran desarrollando por si solos. El mercado había asumido tantas actividades femeninas, desde hacer vestidos hasta trasformar alimentos, que ¿quién iba a impedirle que engullera el hogar y la familia y en su lugar produjera individuos autónomos y sin sexo?

El romanticismo sexual

Fue en gran parte, el horror de tal perspectiva lo que inspiró la otra respuesta a la cuestión femenina: el romanticismo sexual. Igual que el espíritu machista, el romanticismo sexual ve a las mujeres como anómalas, casi fuera del mundo masculino. Pero, mientras que el racionalista se rebelaba contra esta situación, el romántico se encontraba cómodo en ella. El romanticismo sexual amaba el misterio de la mujer y proponía mantenerla fuera del mundo para que siguiera siendo misteriosa.

Así como el racionalismo sexual está históricamente ligado a una corriente más amplia de pensamiento racionalista, el romanticismo sexual surgió con el “movimiento romántico” de los siglos XVIII y XIX. El racionalismo daba la bienvenida a la nueva era

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL del capitalismo industrial: el

del capitalismo industrial: el romanticismo retrocedía con repugnancia. La revolución industrial, tal como nos muestra un paseo por cualquier gran ciudad, fue una tragedia estética. Aldeas pintorescas, bosques, arroyos, se desvanecieron bajo la carga del “progreso” industrial. En el mundo del mercado capitalista e industrial, las relaciones humanas no alcanzaron nunca la impersonal benevolencia que había previsto Adam Smith. La “mano invisible” que invocaba Smith para mantener un orden social que transcurriera con fluidez y justicia no consiguió aliviar a empresarios en bancarrota, trabajadores hambrientos ni granjeros apartados de sus tierras. El espíritu romántico aportó la nostalgia por el antiguo orden o por versiones imaginarias de el.

Nada podía ser más aberrante, desde un punto de vista romántico, que el programa

del racionalismo sexual. Disolver el hogar (mediante la eliminación de las últimas tareas domésticas y la incorporación de las mujeres al trabajo exterior) sería acabar con el último

refugio frente a los horrores de la sociedad industrial. Liberar a la mujer sería eliminar la única cosa que protegía al hombre de su destrucción psíquica en el duro mundo del mercado. Si ella se convertía en una versión femenina del “hombre económico” otro individuo en busca de su propio camino, este sería un mundo sin amor ni calor humano. El hombre debía tener un refugio contra la salvaje lucha del mercado, tenia que haber consuelo para su solitaria búsqueda como “hombre económico” El romanticismo sexual aseguraba que el hogar era ese refugio, y la mujer ese consuelo.

En el espíritu romántico hay un rechazo apasionado y humanista del mercado, pero sólo una rebelión furtiva y a medias: no pretende vencer al mercado, sino sólo escapar de él para refugiarse en brazos de la mujer. La mujer debía de ser contrapunto del mercado en todos los aspectos, la antítesis del hombre económico.

Desde la perspectiva de RUSKIN, la construcción romántica de la mujer es artificial. El hombre económico es racional, por consiguiente, la mujer romántica es intuitiva, emocional e incapaz de razonar en términos cuantitativos. El hombre económico es competitivo; ella es tierna y sumisa. El hombre económico es interesado; ella es altruista, incluso masoquista.

Un racionalista podría considerar a la esposa de los románticos, en realidad, una pupila que depende económicamente de su marido. Charlotte Perkins afirmaba que era una especie de combinación de ama de llaves y prostituta que se ganaba su sustento.

El racionalismo sexual podía ser cínico, en cuanto a las relaciones de familias en cuanto aceptar las interacciones del mercado, pero reconocía el mundo social que había creado el mercado, no se apartaba de los hechos. El romanticismo sexual por el contrario, estaba ligado por su propia naturaleza a las mentiras y la evasión. El hogar mitificado ofrecía al romántico un modo de huir del mercado y su intensa necesidad de ese hogar, precisamente como escape, le obligaba a mentir sobre la realidad de las relaciones humanas en su interior.

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL La ciencia y el

La ciencia y el triunfo del romanticismo sexual.

Fue el romanticismo sexual el que triunfó, desde el ideal victoriano del siglo XIX hasta

la

mística feminista de mediados del XX. El nuevo “orden” se basó en gran medida en

la

concepción romántica de la mujer y el hogar.

La ideología dominante definía a la mujer como una perpetua extraña y el hogar como un refugio idílico frente al desagradable pero real mundo masculino. El romanticismo sexual triunfó, no sólo porque resultaba psicológicamente cómodo para la mayoría de los hombres (y para muchas mujeres), sino por una razón práctica que los racionalistas sexuales del primer periodo industrial no habían podido prever. El romanticismo sexual encajaba perfectamente con las necesidades de la económica que estaba madurándose y que iba a depender cada vez mapas del modelo económico de consumo domestico individual para alimentar su crecimiento. Y, una vez el romanticismo sexual le ha dado forma, la mujer se convierte en una trabajadora mas adecuada cuando la industria la necesita: la “mujer romántica” debe trabajar por poco sueldo, normalmente en tareas que requieren sumisión y entrega y vuelve rápidamente al sitio al que “pertenece” cuando acaba su trabajo.

Las nuevas ideas revolucionarias de “derechos” y “libertad” que la burguesía ascendiente había gritado en otro tiempo a la cara de los monarcas, dejaban de lado implícitamente el sexo, como se han apresurado a recordar siempre las feministas. El romanticismo se vio obligado a buscar su legitimidad fuera del mundo laboral normal de los hombres, en alguna autoridad superior al realismo económico o el idealismo político. Esa autoridad fue la ciencia.

Durante más de cien años, la respuesta romántica a la cuestión femenina se articularía, no en términos políticos, estéticos o morales, sino en el lenguaje científico.

Y en ello había una dolorosa ironía. La ciencia había sido una fuerza revolucionaria,

opuesta al perjuicio, pero a medida que el antiguo orden se desvanecía en el pasado y

la

“clase media en ascenso” se convertía en la nueva clase dominante, la ciencia firmó

la

paz con el orden social, y la ciencia asumió la defensa del romanticismo sexual.

Los expertos científicos que se comprometieron en la defensa del romanticismo sexual, médicos, psicólogos, especialistas en ciencia domestican etc., aseguraban tener un corpus especializado de conocimiento científico, y su carrera se basaba en esa afirmación. Pero sin la ciencia ellos carecían de legitimidad, y la ciencia en sus manos sufrió extrañas distorsiones hasta hacerse irreconocible. La ciencia en otro tiempo había atacado a la autoridad, pero el nuevo experto científico se convirtió en la autoridad. Su trabajo no consistió en buscar lo verdadero, sino en pronunciarse sobre

que era lo adecuado.

La toma de poder sobre las vidas femeninas por parte de los expertos no fue rápida ni sencilla, había que destruir o desacreditar las viejas redes mediante las que las mujeres habían ido aprendiendo unas de otras. Pero los expertos no habrían podido vencer si no hubieran tenido la acogida de tantas mujeres que les buscaron e incluso se organizaron para extender su influencia. No se trataba exclusivamente de mujeres crédulas o conservadoras, las que les dieron apoyo sino de mujeres independientes,

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL progresistas, incluso feministas. Los

progresistas, incluso feministas. Los expertos eran “científicos” y parecía que sólo la ciencia podía acabar con a ignorancia y la injusticia. ¿No se había enfrentado la ciencia a las a las autoridades patriarcales del antiguo orden y a todas las marañas de limitaciones a la mujer? Esa fue la base del idilio entre las mujeres y los nuevos expertos: la ciencia había estado de parte del progreso y la libertad, ignorar sus dictados era seguir en la “era de las tinieblas”, y seguirlos era unirse al avance imparable de la historia. Harían falta otras generaciones para que el idilio se deshiciera y las mujeres descubriesen que en realidad, los expertos les habían traicionado a la ciencia y a ellas.

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Introducción: La solución Romántica

Ehrenreich

Introducción: La solución Romántica Ehrenreich

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL T1-2 Las fronteras sociales

T1-2 Las fronteras sociales del siglo XXI

Inicio

Esta lectura pretende concretar las consecuencias específicas del cambio social posterior a la Constitución de 1978 sobre la vida de las mujeres. En las previsiones de cambio social no es fácil identificar actores o movimientos organizados que puedan iniciar y ejecutar retos y desafíos de gran envergadura. Ni siquiera entre los propios movimientos organizados por mujeres. La actual situación de falta de promotores no implica que no vaya a haber cambios, resaltando la fragmentación y la existencia de múltiples actores. María Ángeles Durán propone la sustitución de fronteras por retos, ya que una frontera marca límites entre el antes y el después, pero no implica protagonistas y antagonistas, ni conlleva un simbolismo tan dramático como el reto.

Las cuatro fronteras de Durán

Es difícil dar nombre a las corrientes de cambio, por su complejidad y evolución, o incluso por su intensidad, pero para Durán existen al menos cuatro fronteras:

I. Las relacionadas con la desnaturalización del cuerpo.

II. Las relacionadas con los nuevos usos del espacio.

III. Las relacionadas con los nuevos usos del tiempo.

IV. Las relacionadas con la producción de nuevos mitos que refuercen la demanda de nuevos modelos de las relaciones entre hombres y mujeres.

I.- Las fronteras del cuerpo.

En el último tercio del siglo XX se produjo en los países desarrollados un cambio espectacular en el sentido de la des-naturalización del cuerpo. El cuerpo humano nunca ha sido meramente biológico, mera naturaleza; pero en la historia humana, el cuerpo ha sido una frontera estable, un límite a la actuación de la voluntad y de la cultura. Esa estabilidad de los límites ha recibido en el s. XX el envite de los avances técnicos en biología y medicina, que han modificando la relación entre el ser humano y su cuerpo. Pero es a las mujeres a las que han afectado más estos avances porque han roto la tradicional asociación entre lo natural y lo femenino, contrapuesta a la asociación de lo masculino con la racionalidad y la cultura. La principal consecuencia de la nueva relación de fuerzas entre la disponibilidad de tecnología y los nuevos valores igualitarios e individualistas ha sido la conversión de la “naturalidad” de la maternidad en la “opcionalidad” de la misma. La procreación se ha convertido en una elección en lugar de una obligación, y en la mayoría de las mujeres de los países desarrollados tienen a su alcance planificar, evitar o elegir el embarazo.

La desnaturalización de la mujer. Todo esto ha supuesto la disociación de la reproducción y la actividad sexual de las mujeres, suponiendo una revolución comparable, en sus efectos sociales, al descubrimiento e implantación de la agricultura. El cuerpo de la mujer ha abandonado parcialmente su condición natural y

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María Ángeles Durán

Las fronteras sociales del s.XXI María Ángeles Durán

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL se ha hecho más

se ha hecho más culto, o mas político. Esto es solo el principio, ya que el las próximas décadas los avances científicos podrían llevar a elegir el sexo de la descendencia, y la posibilidad de modificar la condición uterina de las gestaciones. Las des-uterinización de la gestación, y la posibilidad de inseminación con esperma procedente de bancos de donantes, abren la vía para formas desconocidas de familia y de organizaciones sociales que no tendrán por base los lazos de consanguineidad y afinidad que hasta ahora habíamos conocido.

La relación con el cuerpo es nueva no solo por evitar las leyes de la naturaleza en lo referente a la procreación, ya que también se han des-naturalizado otros aspectos de la relación con el cuerpo, desde la alimentación a la apariencia estética. El termino des-naturalización no significa ir contra la naturaleza, sino el dominio sobre ella, y aunque afecta a los dos sexos, tiene más importancia para las mujeres. Así, si tradicionalmente se ha definido a la mujer por los papeles asociados con la reproducción y con el cuidado de la vida, las mujeres del siglo XXI se des- naturalizarán y serán muy diferentes a sus antecesoras.

El cuerpo ha ganado valor en los últimos lustros, y su cuidado (salud, estética) se ha convertido en una exigente obligación social teñida de ribetes morales. Muchas mujeres la viven como una imposición social ante la que no se pueden evadir y que contrarresta otros logros obtenidos mediante la educación y la lucha política.

La esperanza de vida. Es difícil averiguar hacia dónde van a llevar las nuevas formas de relación con su cuerpo y la liberación de las tradicionales formas de servidumbre de las mujeres. No podemos saber las consecuencias sociales de las técnicas de clonación o terapias génicas, pero lo que sí se ha producido a principios del siglo XXI es el gran aumento de la esperanza de vida, que es aún mayor para las mujeres que para los hombres.

Esta prolongación de la existencia significa que las mujeres tendrán que acostumbrarse a tratar con cuerpos envejecidos, y a acostumbrarse a que pasarán tantos años vivas después del climaterio, que ser vieja será tan normal como ser joven o de edad potencialmente fértil. En España ya se ven zonas o barrios de las grandes ciudades con mujeres españolas mayoritariamente ancianas que son atendidas por inmigrantes recién incorporadas a la sociedad española.

Si el último tercio del siglo XX trajo a las mujeres españolas un nuevo modo de relación con la procreación y la frontera inicial de la vida, eliminando las condenas morales y legales por el uso de la planificación de la natalidad, es probable que en el primer tercio del siglo XXI traiga cambios equivalentes en relación con la frontera de la muerte.

La expansión del margen de autonomía individual ante los hechos biológicos sigue siendo un objetivo político en las sociedades desarrolladas y es sobre todo la indefensión y dispersión de los enfermos terminales y la población de edad muy avanzada lo que ha impedido que el cambio en relación con los derechos de salida (la

eutanasia, cuidados paliativos o los tratamientos contra el dolor) vaya más rápido. En

España, se han producido pequeños cambios legales en torno al testamento vital y al registro de las últimas voluntades, pero sigue sin modificarse sustancialmente la

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL situación legal de quienes

situación legal de quienes quieren decidir por sí mismos el momento o condiciones de su muerte. Estudios sociológicos constatan, desde hace décadas, un cambio en las actitudes de la población y en las prácticas sanitarias en relación con la eutanasia, pero la situación legal sigue siendo la misma a la de la época preconstitucional.

Aunque los derechos de salida son tan importantes para los hombres como para mujeres, la relación de unos y otras con la muerte no es igual. Por razones históricas y culturales, las mujeres han desempeñado en España el papel de cuidadores de enfermos y moribundos, de organizadoras de las honras fúnebres y de mantenedoras de la memoria familiar. Viven anticipadamente la experiencia de la muerte de los suyos antes de afrontar la suya. Por lo que a sí mismas se refiere, las mujeres piensan más en la muerte, y les toca vivir más años en su antesala, y sufrir la dependencia y la enfermedad en una situación de precariedad económica y de soledad.

Por ello cualquier cambio social o legal que tenga que ver con la autonomía en la disposición del cuerpo al final de la vida les afectará más profundamente que a los varones.

II.- Los nuevos usos del espacio.

Relacionados con el espacio los últimos cambios son los siguientes:

a. Un nuevo equilibrio en la relación entre espacios privados y públicos.

b. Un nuevo tipo de vínculos político/territoriales, especialmente en los ámbitos autonómico y europeo.

c. Un uso creciente de los espacios móviles, sobre todo del automóvil privado, que genera espacios de privacidad y gran autonomía de desplazamientos.

d. La mayor disponibilidad de espacios que se utilizan temporal y cíclicamente (para fines de semanas, vacaciones, etc.) tanto de modo recurrente como variando el destino en cada ocasión.

e. El retraso en el acceso de la juventud al uso de espacios domésticos propios.

f. El lento pero progresivo crecimiento de la utilización de espacios institucionales para la población de edad avanzada, tanto en uso diurno como temporal y permanente.

a) El nuevo equilibrio en la relación entre espacios privados y públicos.

En la obra de Luís de León titulada La prefecta casada (1583) sintetizó el modelo de cómo debían ser las mujeres de su época, y muchos de sus aspectos siguieron vigentes hasta la mitad del siglo XX, perdiendo su validez social en su totalidad a comienzos del XXI.

Un cambio espectacular ha sido el de la nueva relación con el espacio, tanto por la adscripción que se hacía de las mujeres a los espacios domésticos como por la precaución y recelo con que tradicionalmente se veía su acceso a los lugares públicos. Las españolas han logrado, en medio siglo, un acceso casi igualitario a los espacios relacionados con la educación, la investigación y la cultura (aunque no a las posiciones

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL de poder dentro de

de poder dentro de ellos). Y en las generaciones más jóvenes, el acceso al automóvil y al desplazamiento por motivos turísticos ya no representa una barrera para las mujeres.

b) Los nuevos vínculos político/territoriales.

Por comparación con el recién terminado s. XX, hay cambios dignos de mención en la geografía política, aunque no son específicos de género:

1º.- La nueva definición de la relación con el espacio de las comunidades autónomas. Es decir, hay más diferencias percibidas y reales en la vinculación política con su espacio de residencia entre las mujeres españolas de diversas comunidades autónomas que la que había hace veinticinco años.

2º.- La intensificación de la relación con el espacio europeo como un espacio propio y diferenciado de otros espacios políticos. Las diferencias entre las mujeres españolas y las de otros países europeos se han reducido en este periodo.

3º.- Tiene por protagonistas a los inmigrantes recientemente asentados en España:

magrebíes, latinoamericanos, subsaharianos, europeos del este, y orientales, que han cambiado decisivamente la sociedad española y sus coordenadas espaciales tradicionales. Se ha detenido la emigración tradicional, y la ha sustituido la inmigración masiva, ya no tiene sentido hablar sólo de los “españoles/as”, a menos que se trate de actividades muy concretas restringidas a la población de origen. Lo que realmente constituye hoy la sociedad española es la población que reside en ella: y aunque respecto al conjunto de la población los inmigrantes sólo constituyen una décima parte, esta proporción crece ininterrumpidamente. La inmigración no se reparte homogéneamente por el territorio y no está muy desequilibrada por género en su conjunto, pero sí cuando se desagrega por ocupaciones o países de procedencia. Los inmigrantes traen su propia cultura y estilos de organización familiar y social, y las relaciones de género de algunos países son muy distintas a las que se dan en España y la experiencia de otros países europeos señala que la integración se produce más rápidamente en el ámbito laboral que en los valores y prácticas sociales. Si en su conjunto los inmigrantes han ocupado los estratos menos valorados del sistema productivo español, en el caso de las mujeres inmigrantes se ha producido una fuerte concentración en dos actividades poco valoradas: las labores domésticas y la prostitución.

c) Los espacios móviles.

En la actualidad el automóvil ha permitido la aparición de zonas suburbanas residenciales, con sus propios núcleos de servicios, lo que ha modificado los hábitos de consumo y ocio. Las mujeres de edad intermedia y avanzada no han accedido mayoritariamente a la conducción, lo que limita sus posibilidades de desplazamiento. En cambio las mujeres jóvenes han accedido al carné de conducir casi en las mismas condiciones que los varones de su edad. El automóvil propio es un espacio de intimidad, tanto más relevante cuanto que el acceso de los jóvenes a la independencia residencial se ha retrasado.

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL d) La disponibilidad de

d) La disponibilidad de nuevos (o varios) espacios.

Comparados con otras familias europeas, las españolas sufren el llamado “mal de piedra”, es decir, la propensión a invertir su patrimonio en inmuebles para uso propio. No solo son habitualmente propietarias de su vivienda principal, sino que frecuentemente poseen o utilizan otra residencia secundaria. La tardía emancipación de los hijos respecto a los padres encuentra en el uso discontinuo de los espacios residenciales un alivio a la presión familiar.

El resultado es un patrón complejo de utilización del espacio, con frecuentes desplazamientos durante las vacaciones y fines de semana de toda la familia o de parte de sus miembros. La vivienda es el mayor exponente del estilo de vida y la posición social de la familia. Siendo habitual que la administradora de los recursos económicos y sociales de la familia, la gestión de la/s vivienda/s es uno de los cometidos principales de las amas de casa.

Además de relacionarse con los espacios propiedad de la familia, las mujeres españolas del siglo XXI consumen desplazamientos de ocio, y es posible que el deseo y posibilidades de relacionarse con otros lugares se extienda en los próximos años.

e) El retraso de la independencia espacial de la juventud.

Los jóvenes españoles se independizan más tarde que los europeos, debido a la debilidad del mercado laboral, la carestía de viviendas o al apoyo financiero que les ofrecen sus familias. La fuerte inversión en la educación de la generación siguiente, la proyección de las aspiraciones propias en el futuro de los hijos y la alta permisividad en materia de conducta sexual ha hecho que la edad de abandono del hogar paterno sea en España inusualmente elevada en el contexto europeo. Lo que esto trae consigo, además de una intensa relación intergeneracional y el retraso en la edad de matrimonio, es la aparición de nuevas categorías socio-ocupacionales: por ejemplo, los jóvenes ocupados temporales sin vivienda propia pero con amplio cash disponible para gastos de bolsillo, que les permite, por su nivel de vida, asimilarse a estratos ocupacionales medios/altos.

f) Los espacios ajenos: residenciales y espacios institucionales.

Los hogares españoles funcionan como hospitales de acogida para los familiares enfermos. Tradicionalmente, la generación progenitora mantenía en su propio hogar a

algún hijo casado, (el primogénito y últimamente el ultimogénito) para que procediese al

cuidado de los padres en la vejez, aunque esta función se encomendaba también frecuentemente a las hijas solteras. Con el aumento de la esperanza de vida esta forma de organización familiar se ha debilitado. Las parejas ancianas viven más años solos en sus domicilios, y es más frecuente que, llegada la viudez, el cónyuge superviviente siga viviendo en su domicilio en lugar de instalarse, fijo o por turnos, en el de sus hijos. Es la mejora del nivel de vida, y en concreto la extensión del sistema de pensiones, lo que ha propiciado este cambio. El porcentaje de hogares unifamiliares respecto al total de hogares crece cada año, los cuales están habitado principalmente por mujeres de edad avanzada.

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL El traslado de los

El traslado de los ancianos a residencias u otros tipos de hogar institucionales es

todavía muy bajo en España por comparación con los países de la U.E., pero es una tendencia que crece lentamente. A medida que aumente la proporción de personas de edad muy avanzada (por encima de los ochenta años), las actuales pautas de residencia familiar de las personas mayores dependientes tendrán que modificarse.

III.- Las fronteras del tiempo.

El ciclo de vida.

El análisis del uso del tiempo aplicado a sujetos individuales admite dos perspectivas

básicas: la sincrónica y la diacrónica. La primera (sincrónica o transversal) es similar a

un corte en el tiempo, que trata de averiguar qué hace cada uno en un momento dado

o, en un periodo breve de tiempo y fácil de acotar tal como un día o una semana. En la

perspectiva diacrónica (longitudinal) lo que se trata de conocer es la distribución del uso del tiempo a lo largo de un período dilatado, generalmente un ciclo completo de vida.

Desde esta perspectiva diacrónica, ejemplificada por los ciclos de vida, el primer dato

que salta a la vista para la comprensión de las fronteras del siglo XXI es que los niños nacidos en el umbral del cruce de siglo tendrán una esperanza media de vida próxima

a los cien años, algo más larga en el caso de las niñas. Esto no le había ocurrido a

ningún grupo humano a lo largo de la historia, por lo que no existen modelos de referencia para llenar tantos años añadidos de vida. Este alargamiento vital modifica el modo en que hombres y mujeres viven las etapas tradicionalmente llamadas niñez, juventud, madurez y vejez. Si hace dos mil quinientos años las protagonistas de las historias con catorce años eran capaces de administrar el patrimonio doméstico que incluía animales y esclavos, en el siglo XXI, consideraremos a una mujer de catorce años todavía como una niña con un estatuto jurídico, psicológico y económico de inmadurez. Pero al mismo tiempo, los estudios se prolongan hasta cerca de la treintena y el matrimonio y el primer hijo se retrasan, especialmente entre las mujeres

muy cualificadas profesionalmente, hasta aproximarse a la edad en que por causas naturales la fertilidad se reduce considerablemente.

Esto implica la aparición de una nueva categoría social, la de la población de edad “madura”, con pautas de vida semejantes a la de los más jóvenes, y que mantienen altas tasas de actividad social y económica hasta los sesenta y cinco años. Actualmente en España, el colectivo de edad ente cuarenta y cinco y sesenta y cinco años todavía refleja las pautas desiguales para hombre y mujeres respecto a la educación y el empleo, ya que fueron educados a mitad del siglo XX; pero estas diferencias se van borrando como consecuencia de la entrada de generaciones educadas en la igualdad.

A pesar de los importantes cambios producidos en el primer tercio del ciclo vital

(infancia y juventud) los cambios más espectaculares de este siglo XXI se pronostican para el segundo tercio del ciclo vital.

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1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL La prolongación de la

La prolongación de la esperanza de vida no se traduce tanto en el aumento del número de años transcurridos en las etapas de juventud o madurez, cuanto en el alargamiento de los años poslaborales y de la etapa llamada del “nido vacío”, o posterior abandono de los hijos del hogar paterno. En la España de comienzos del siglo XXI, con menos de 1,3 hijos por mujer, nacidos en su mayoría por planificación familiar, y en proporción creciente de padres o madres no españoles o que han adquirido recientemente la nacionalidad, tanto la maternidad como la etapa de fertilidad no procreativa han cambiado completamente de contenido.

En la imagen tradicional de la mujer/madre, ésta presta servicios de cuidado y

reproduce biológicamente su sociedad de origen. Sin embargo, en los inicios del siglo

XXI

ya no son los niños el colectivo que necesita del tiempo de las mujeres. Para el

año

2050 se prevé que el número de mayores de ochenta y cinco años en Europa se

triplique respecto al final del s. XX, siendo estos los que necesitaran esa atención de la mujer.

Las tres amenazas. Aunque los avances sociales, económico y sanitarios hayan permitido subir el techo de la esperanza de vida “libres de incapacidad”, esto ha traído una carga agridulce para las mujeres, pues viven más años sanas, pero, proporcionalmente, aún crecen más los años que viven y esperan vivir ancianas y enfermas. Debido a que los varones son menos longevos y tienden a casarse con mujeres más jóvenes que ellos, en los últimos años de vida acechan a las mujeres tres amenazas posibles:

1. La soledad por falta de cónyuge.

2. La enfermedad degenerativa de su propia longevidad.

3. La pobreza causada por el agotamiento de sus recursos patrimoniales, así como la precariedad de las rentas poslaborales que nunca tuvieron o fueron insuficientes por su escasa incorporación al mercado laboral.

La búsqueda de una definición para ésta época sobrevenida por el alargamiento del ciclo vital refleja el rechazo de la idea de vejez, que lleva asociado el deterioro físico y mental y la proximidad de la muerte. Así vejez es un término casi proscrito que se sustituye por tercera edad, mayores, jubilados o ancianos. Actualmente y dado el crecimiento del grupo de los mayores de sesenta y cinco años, se reserva la definición de mayores para aquello que tienen más de ochenta y cinco años. En España según el censo de 2002 hay 219.336 varones y 500.899 mujeres que han superado esa edad: es decir dos mujeres por varón.

M.A. Durán demuestra, con datos del INE del año 2001, como la demanda generada

por los mayores de sesenta y cinco años, relativa a los cuidados, recaería sobre las

mujeres de entre dieciocho a sesenta y cinco años si éstas fueran las únicas

encargadas de satisfacerla. Una carga excesiva e incompatible con su plena integración en la vida laboral, educativa, o simplemente de ocio.

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL El tiempo en la

El tiempo en la vida cotidiana.

Las encuestas sobre uso del tiempo arrojan visiones muy innovadoras de la estructura social y económica de España, ya que permiten remontar el problema de la invisibilidad de los recursos no monetarizados, entre los que es prioritario el trabajo doméstico de las mujeres.

Distribución del tiempo. En un trabajo de M.A. Durán, realizado en 2003, una mujer adulta dedica de medias 2,26 horas diarias al trabajo profesional y al estudio, así como 4,41 horas al trabajo doméstico. Los varones dedican 4,39 horas al empleo y 1,34 al hogar. La suma del trabajo remunerado (o profesional) y no remunerado (o doméstico) o carga global de trabajo, es de 6,13 horas para los varones y 7,07 para las mujeres.

Según otras fuentes del CSIC, que recogen con mayor extensión las actividades simultáneas y difusas, como el cuidado, la carga de las mujeres es bastante más pesada y la diferencia respecto a los varones resulta aún mayor.

No parece posible que las próximas generaciones de mujeres puedan seguir haciéndose cargo del cuidado de niños, enfermos y ancianos en la medida que venían haciendo hasta ahora, lo que exigirá una revisión de los pilares básicos y económicos del Estado de bienestar.

La situación familiar es una variable clave en la desigual disponibilidad y distribución del tiempo de mujeres y hombres. Los solteros, independientemente del género, tienen dedicaciones relativamente parecidas, pero los varones casados aumentan casi una hora su dedicación al empleo respecto a los solteros (Encuesta del CSIC sobre el uso del tiempo en 2003), en tanto las casadas la reducen en hora y media respecto a las solteras.

Sin duda la redistribución del tiempo en la vida diaria es una de las fronteras hacia la que camina, lentamente la sociedad española. Pero todavía falta mucho para que se consoliden hábitos y estructuras que realmente permiten conciliar las responsabilidades familiares con la presencia en el empleo y en la vida pública.

IV.- Más allá de la ciencia y las leyes: mitos para el futuro.

La diferencia entre Mito e Historia depende en gran medida del punto de vista del observador. En la “Historia de los dioses y los héroes” de J. Campbell, indica que hay temas mitológicos que se encuentran en todas las culturas; sin embargo, el tratamiento dado al rema es muy distinto según se le considere historia o leyenda.

Son numerosos los mitos y leyendas que aportan explicaciones sobre épocas lejanas y desconocidas. Muchos mitos tienen por objetivo la explicación de épocas lejanas, las de los orígenes; son mitos sobre el origen del mundo, de la vida, de la sociedad o de una persona o grupo social concreto. La mayor dificultad que el investigador encuentra en el análisis comparado de las creencias y los mitos es que los sujetos, pueblos o sociedades que “creen” en ellos, los toman por conocimientos objetivos, pertenecientes al ser y no al inventar; pero simultáneamente, consideran que las creencias de sus vecinos, de otros pueblos y sociedades, son invenciones.

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL Las relaciones entre hombres

Las relaciones entre hombres y mujeres han sido objeto desde siempre de regulaciones legales, justificaciones y normativas religiosas, y de interpretaciones literarias, sin que los límites entre unos y otros tipos de aproximación hayan sido claros. Al contrario, la perspectiva legal, la religiosa y la legendaria/literaria se han influido entre sí profundamente.

En la sociedad española de comienzos del siglo XXI, el pensamiento lógico-científico tiene cada vez mayor importancia, y las mujeres están cada vez más integradas en el sistema educativo. Ya han conseguido una integración total en el acceso a los niveles de estudios primarios y secundarios, y en numerosas disciplinas del nivel universitario. Sin embargo, el acceso al sistema de producción, conservación y modificación de mitos continúa estándoles prácticamente vedado, al menos en lo referido al poderosísimo cuerpo de ideas mítico-religiosas vinculado con el pensamiento cristiano. Las mujeres españolas de comienzos del s. XXI no han logrado ejecutar los principios, teóricamente defendidos por la Constitución de 1978, de igualdad de sexo y no discriminación, cuando estos entran en conflicto con normas internas de organización de la Iglesia Católica. A las mujeres se les sigue prohibiendo, en virtud de su género, el acceso a la condición sacerdotal y a la jerarquía eclesiástica y a su maquinaria de creación de pensamiento y de opinión pública. Lo que en el ámbito civil y político ha

desaparecido (la desigualdad de las mujeres y su consiguiente incapacidad para el acceso a

cargos públicos), en el ámbito religioso se ha mantenido como principio normativo, emanado de una revelación que los varones jerarcas de la comunidad eclesiástica consideran divina.

Por lo que se refiere al papel de las mujeres, el conflicto entre el sistema laico de creencias y el sistema religioso se ha resuelto parcialmente por la vía del debilitamiento de las creencias religiosas y, sobre todo, de sus usos y prácticas. Los medios de comunicación actúan como plataformas de emisión de otros mitos y figuras elevadas pero hasta ahora no han logrado crear modelos que superen a las figuras tradicionales cristianas. Existen corrientes cristianas, como Somos Iglesia, que pretender abrir la participación de la mujer en la vida de la y en la vida laica; pero en su conjunto, la Iglesia Católica defiende una posición arcaica en este tema y su posición se haya más cercana a otros credos no cristianos que al de otras iglesias cristianas como la anglicana.

Desafortunadamente la llegada de nuevos colectivos inmigrantes no va a aportar una mejora de la situación, sobre todo en el caso de los inmigrantes musulmanes, que pueden tener incluso un efecto retroactivo respecto a la igualdad entre géneros.

Para los movimientos sociales que favorecen la integración de la mujer en todos los ámbitos de la vida pública y privada, que no hacen sino aplicar un mandato expresado en el Art. 14 de la Constitución española, la relación con las entidades religiosas plantea un difícil problema estratégico. A diferencia de lo ocurrido en los años anteriores a la Guerra Civil de 1936-1939, no hay un clima antirreligioso porque las creencias religiosas se han confinado al ámbito de lo subjetivo y privado. En la medida en que se trate de un asunto privado, y que cada individuo pueda seguirlas libremente o no, no levanta un rechazo social grave aun a pesar de que sus principios entren en contradicción con los constitucionales. Muchos creyentes resuelven esta situación

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL considerando que la posición

considerando que la posición mantenida por la Iglesia no es vinculante para ellos. Como dicen todos los estudios sociológicos, su conducta contradice en la práctica social la normativa religiosa.

Para mantener la paz entre las opuestas fuerzas sociales, la Iglesia católica ha aceptado su pérdida de peso en la esfera pública; y, paralelamente, los movimientos sociales modernizadores han renunciado a la crítica activa de sus contenidos doctrinales, además de reconocerle un lugar social privilegiado que la defiende de la competencia de nuevos credos y organizaciones religiosas.

Por su carácter laico y modernizador, los movimientos sociales a favor de la igualdad de las mujeres hacen una buena alianza con los propulsores del pensamiento científico, pero se sienten incómodos en el tratamiento y utilización práctica de los mitos.

Los movimientos sociales a favor de la igualdad de las mujeres han dejado libre el campo del inconsciente, de los sentimientos y de la fantasía a otros tipos de movimientos sociales que tradicionalmente se han ocupado de ellos con maestría; pero este abandono o renuncia conlleva un elevado coste estratégico. Si el fondo legendario o mítico de la sociedad española no se renueva con mitos que funcionen como potenciadores del cambio social, los viejos mitos ofrecerán una resistencia invisible que retardará y hará más doloroso el proceso de cambio.

La tarea de construcción de nuevos mitos parece, en principio, imposible. Para que un mito produzca efectos sociales no sólo ha de ser creado como relato sino que necesita el respaldo o la adhesión social, un hueco entre las creencias.

Los nuevos mitos favorables a la igualdad y a la integración de las mujeres podrían surgir dentro de la Iglesia Católica o fuera de ella: o lo que es más probable, por un sistema de mestizaje entre viejos y nuevos mitos, o de redefinición de los anteriores mediante rasgos nuevos y reubicación en términos de centralidad e importancia. Las organizaciones religiosas son cuerpos socialmente vivos y evolucionan constantemente. Las iglesias cristianas no son una excepción y su historia es la historia de un permanente sincretismo (tratar de conciliar doctrinas diferentes) con otras religiones y cuerpos míticos locales, así como de su adaptación constante a los valores y normas legales de las sociedades en las que han arraigado.

También las iglesias cristianas responden a un credo monoteísta y estrictamente patriarcal basado en la idea de un Dios-Padre intemporal y de un Dios-Hijo que interviene de forma visible e histórica para lograr la salvación de los hombres y posibilitar su acceso al Reino de los Cielos. A los ojos de los observadores externos lo anterior entra en contradicción con la devoción a santos y ángeles o las múltiples advocaciones de María, y nos asemejan al mundo politeísta, en el que las figuras femeninas adoptan papeles centrales para la organización de creencias, sentimientos y ritos sociales.

Si para la sociedad civil es un problema la coexistencia con organizaciones con cuerpos doctrinales que niegan principios constitucionales, para las organizaciones religiosas también es un problema la oposición frontal a la sociedad civil. Hasta ahora

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TEMA 1: LA APARICIÓN DEL GÉNERO: HISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL

1: L A APARICIÓN DEL GÉNERO : H ISTORIA Y CONTEXTO SOCIAL los movimientos de cambio

los movimientos de cambio social desde dentro de las organizaciones religiosas cristianas han tenido poco éxito en lo referente a la redefinición del papel que corresponde a las mujeres en la vida privada y en la pública. En este tema, la relación de la Iglesia con sus sectores renovadores es similar a la que sostuvo con otras corrientes renovadoras en los siglos XV y XVI, esto es, de enfrentamiento y rechazo.

En el siglo XXI, la virginidad no tiene el valor que tuvo históricamente en las sociedades cristianas, sobre todo porque la prole no se vincula con la propiedad de la misma forma. Las mujeres de este siglo tienen una relación con el sexo y con su propio cuerpo tan diferente de la que tuvieron las mujeres de siglos anteriores que difícilmente pueden volcar su afectividad o tomar como modelo a la figura de la virgen y madre María. Además, la reproducción social debe cada vez menos al esfuerzo individual de las mujeres/madres, y la maternidad deviene una actividad más social que física, muy dilatada en el tiempo, más encaminada a la protección de los dependientes por enfermedad o vejez que a la estricta gestación y protección de los niños. Se hacen necesarios nuevos mitos o figuras modélicas que corporeicen las necesidades, ensueños y anhelos colectivos de las mujeres que se mantienen identificadas con sus orígenes cristianos pero que al mismo tiempo aspiran a una posición igualitaria en el sistema social.

No pueden construirse movimientos sociales fuertes, integradores, sobre este trasfondo mítico. Por eso, las grandes figuras cristianas femeninas, especialmente María y su madre, Ana, son un caballo de batalla estratégico en el que se proyecta la lucha entre creencias sobre igualdad o inferioridad de las mujeres. Los movimientos sociales tendrán que elegir entre derrocarlas, olvidarlas o sumarlas a su propia causa. Cualquiera de las opciones es difícil lenta y costosa, pero estas creaciones femeninas condensan tal riqueza cultural que su pérdida produciría un vacío y un desgarro difícil de paliar.

Paradójicamente, en la era de la tecnología los hombres y las mujeres siguen haciéndose preguntas para las que no encuentran respuestas y siguen también necesitando modelos imaginarios que apoyen su lucha por las mejoras sociales, en lugar de frenarlas.

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE T2-3 El Género Introducción El género tiene que ver

T2-3 El Género

Introducción

El género tiene que ver con los conceptos de masculinidad y feminidad construidos socialmente; no tiene por qué ser una consecuencia directa del sexo biológico de un individuo. La distinción entre sexo y género es fundamental, ya que hay muchas diferencias entre hombres y mujeres que no tienen un origen biológico.

Las interpretaciones sociológicas dadas a las diferencias y desigualdades de género han adoptado posiciones contrapuestas sobre este asunto del sexo y género. Exploraremos tres grandes enfoques al respecto:

Primero: Nos centraremos en los argumentos que señalan una base biológica para las diferencias de conducta entre hombres y mujeres.

Segundo: Nos centraremos en las teorías que otorgan una importancia clave a la socialización y el aprendizaje de los roles de género.

Tercero: Abordaremos las ideas de los estudiosos que creen que ni el género ni el sexo tienen un fundamento biológico, sino que son una construcción enteramente social.

El género y la biología: ¿diferencias naturales?

¿En que medida las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres se deben a diferencias biológicas (o sea mas al sexo que al género)?

Teorías de la “diferencia natural”. Algunos autores sostienen que hay ciertos aspectos biológicos humanos que son responsables de las innatas diferencias de comportamiento que hay entre hombres y mujeres. Lo cual implica que los factores naturales son responsables de la desigualdad entre géneros típica en la mayoría de sociedades (p.e., son los hombres los que cazan y

no las mujeres, tendencia a la agresión de unos y no de otros).

Para otros la “teoría de la diferencia natural” no les convence pues dicen que se basan en datos de comportamiento animal y no en evidencias de comportamiento humano. Afirman que el grado de agresividad de los varones varía considerablemente de una cultura a otra, al igual que el nivel de pasividad y dulzura que se espera de las mujeres. Añaden, además, que el hecho de que un rasgo sea mas o menos universal no implica que su origen sea biológico; pueden existir factores culturales generales que lo produzcan.

No hay pruebas de que existan mecanismos que vinculen fuerzas biológicas con los complejos comportamientos sociales que despliegan los seres humanos: hombres y mujeres. Los que piensan en la diferencia natural, biológica o predisposición innata, prescinden del papel vital que tiene la interacción social en la configuración del comportamiento humano.

La socialización de género

Otra de las vías a tener en cuenta para comprender los orígenes de la diferencia en razón del género es el estudio de la socialización de género, el aprendizaje de unos determinados roles

El Género

de Anthony Giddens

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE con la ayuda de agentes sociales ( familia, medios

con la ayuda de agentes sociales (familia, medios de comunicación). Este enfoque establece una distinción entre sexo biológico y género social: un bebe nace con el primero y desarrolla el

segundo.

culturalmente. Según esta perspectiva, las desigualdades de género aparecen porque los hombres y las mujeres son socializados en roles diferentes.

Las teorías de la socialización de género las han propiciado los funcionalistas, para quienes los chicos y las chicas aprenden “roles sexualesy las identidades masculina y femenina (la masculinidad y la feminidad) que les acompañan. En este proceso se ven guiados por sanciones

positivas y negativas (que recompensan o restringen los comportamientos- p.e., “los chicos no juegan con

muñecas”-). Si un individuo desarrolla prácticas de género que no se corresponden con su sexo biológico (se desvía) la explicación se considera que radica en su socialización inadecuada o irregular. Según esta perspectiva funcionalista, los agentes de socialización contribuyen al mantenimiento del orden social, ocupándose que la socialización de género de las nuevas generaciones se desarrolle con tranquilidad.

Esta rígida interpretación de los roles sexuales ha sido muy criticada pues, entre otras cuestiones, hacen caso omiso de la capacidad que tienen los individuos para rechazar o modificar, las expectativas sociales que rodean a los roles sexuales. Es importante recordar que los seres humanos no son sujetos pasivos o receptores incondicionales de la “programación” de género, tal como algunos sociólogos han sugerido. Las personas son agentes activos que crean y modifican los roles por si mismos.

Giddens considera que, aunque se debe ser escépticos con el enfoque de los roles sexuales, muchos estudios han demostrado que, hasta cierto punto, las identidades de género son el resultado de las influencias sociales, los cuales fluyen a través de muchos canales diferentes; los juguetes, los libros ilustrados y los programas de TV con lo que los niños pequeños entran en contacto tienden a destacar la diferencia entre atributos masculinos y femeninos. Hay investigaciones feministas que han demostrado hasta que punto los productos culturales y mediáticos que se comercializan en el mercado juvenil encarnan actitudes tradicionales respecto al género y al tipo de objetivos y ambiciones que se espera que tengan las chicas y los chicos. Esta claro que la socialización de género es muy poderosa.

Las

diferencias

de género no

están

determinadas

biológicamente,

se producen

La construcción social del género y el sexo

En los últimos años las teorías sobre la socialización y el rol de género se han visto muy criticadas. Estas teorías señalan que el sexo y el género son construidos (ambos) socialmente, en vez de serlo biológicamente (el sexo) y culturalmente (el género). Pero no solo el género es una construcción social, sino que el propio cuerpo humano está sometido a fuerzas sociales que lo configuran y alteran de diversas maneras. Cambiamos nuestro cuerpo de lo que generalmente se

considera como “natural” (la dieta, el ejercicio, un pirsin y la moda personal, cirugía estética o el cambio

de sexo). La tecnología está difuminando los límites de nuestro cuerpo físico.

Ante esto, prosigue el razonamiento de que el cuerpo y la biología humana no nos “vienen dados”, sino que están sujetos a la acción humana y a la elección personal dentro de determinados contextos sociales.

Según esta perspectiva, los autores que se centran en los roles de género y en el aprendizaje del

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE mismo aceptan implícitamente que las diferencias de género “tienen”

mismo aceptan implícitamente que las diferencias de género “tienen” una base biológica. Para el enfoque de la socialización, la distinción biológica entre los sexos proporciona un marco que se vuelve “culturalmente elaborado” en la propia sociedad. En contraste con esto, los teóricos que creen en la construcción social del sexo y del género rechazan que las diferencias de género puedan tener base biológica alguna. Emergen, según ellos, en relación con las diferencias sexuales que se perciben en la sociedad y, a su vez, ayudan a configurarlas. Es decir, las identidades de género y las diferencias sexuales están inextricablemente 1 unidas dentro del cuerpo de los seres humanos.

Feminidades, masculinidades y relaciones de género

Gran parte de las primeras investigaciones sobre el género se centraban casi exclusivamente en las mujeres y en los conceptos de la feminidad. A los sociólogos les preocupaba mas comprender la opresión de la mujer por parte del hombre y su papel en el mantenimiento del patriarcado. Sin embargo, desde finales de 1980 se ha prestado más atención a los estudios críticos que tratan del hombre y de la masculinidad. Este cambio en los últimos años, dentro de la sociología de género y de la sexualidad, ha producido un nuevo énfasis en el estudio del hombre y de la masculinidad dentro del contexto global de las relaciones de género, esas interacciones entre hombres y mujeres que siguen pautas sociales.

R. W. Connell: el orden de género

Connell plantea una de las mas completas explicaciones teóricas del género. Su enfoque ha tenido una gran influencia en la sociología al integrar los conceptos de patriarcado y masculinidad en una teoría omnicomprensiva de las relaciones de género. Según Connell, las masculinidades son una parte esencial del orden de género y no pueden entenderse al margen de él, o a partir de las feminidades que las acompañan.

A Connell le interesa saber de que manera el poder social que ostentan los hombres crea y mantiene la desigualdad de género. Desde el nivel individual hasta el institucional, diversos tipos de masculinidad y de feminidad se ordenan en torno a una premisa central: el dominio del hombre sobre la mujer. Según Connell, las relaciones de género son el resultado de interacciones y prácticas cotidianas, y plantea tres aspectos que interactúan para formar el orden de género de una sociedad: el trabajo, el poder y la catexis (las relaciones personales o sexuales). Estos tres ámbitos representan los principales enclaves en los que se constituyen y condicionan las relaciones de género.

El trabajo. Hace referencia a la división sexual de las actividades, tanto dentro del hogar

(domesticas y cuidados de los niños), como en el mercado laboral (cuestiones como la segregación ocupacional y la desigualdad en el salario).

El poder. Opera a través de las relaciones sociales como la autoridad, la violencia y la ideología en las instituciones (Estado, ejército y vida doméstica).

La catexis. Tiene que ver con la dinámica interna de las relaciones íntimas, emocionales y

personales (como: el matrimonio, la sexualidad y la crianza de los hijos).

1 Difícil de desenredar, confuso.

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE Las relaciones de género, tal como se ponen en

Las relaciones de género, tal como se ponen en práctica en estas tres áreas sociales, se estructuran en un nivel social dentro de un determinado orden de género. El régimen de género, lo usa Connell, para hacer alusión al funcionamiento de las relaciones de género en ámbitos mas pequeños, como son determinadas instituciones. Así tanto una familia como un barrio o un Estado tendrán sus propios regímenes de género.

La jerarquía de género

Connell cree que hay diferentes expresiones de masculinidad y feminidad. En el nivel social estas versiones contrapuestas se ordenan dentro de una jerarquía que gira en torno a una premisa definitoria: la dominación de la mujer por parte del hombre. Ver figura:

La jerarquía de Género

Masculinidad hegemónica

Masculinidad cómplice

Masculinidades

subordinadas

Masculinidad

homosexual

Masculinidades subordinadas Masculinidad homosexual Más poderosa Feminidades subordinadas Feminidad

Más poderosa

Feminidades

subordinadas

Feminidad

recalcada

Feminidad

resistente

Menos poderosa

Connell utiliza estilizados “tipos ideales”. En la cima se halla la masculinidad hegemónica que domina todas las demás masculinidades y feminidades de la sociedad 2 . La masculinidad hegemónica se manifiesta sobre todo con la heterosexualidad y el matrimonio, pero también con la autoridad, el trabajo remunerado, la fuerza y la resistencia física

(p.e., el actor y gobernador Arnold Schwarzenegger). Aunque pocos

están

masculinidad

esa

a

la

altura

de

hegemónica,

muchos se benefician de ella, a

lo

denomina “dividendo patriarcal” y

este

beneficio

Connell

considera

que

los

que

se

benefician

de

el

encarnan

la

masculinidad cómplice.

En cuanto a la subordinación con la masculinidad hegemónica: la masculinidad homosexual, es la mas importante de las masculinidades subordinadas, que se considera lo contrario del “auténtico hombre”; no está a la altura del ideal masculino hegemónico, representa muchos de los rasgos “descartados” de ese ideal. La masculinidad homosexual está estigmatizada y, para los hombres, figura en el extremo inferior de la jerarquía de género.

Connell indica que todas las feminidades ocupan posiciones subordinadas respecto a la masculinidad hegemónica. Una de sus manifestaciones, la feminidad recalcada, es un importante complemento de la ella, su objetivo es dar cabida a los hombres dóciles, cuidadores y empáticos. Entre las mujeres jóvenes se asocia con la receptividad sexual, y en las mas mayores

2 Se hace referencia al concepto hegemonía: el dominio de la sociedad que ejerce un grupo determinado, no mediante la fuerza bruta sino a través de una dinámica cultural que se extiende a la vida privada y a los ámbitos sociales. Así, los medios de comunicación, la educación y la ideología pueden ser canales que la hegemonía utiliza para establecerse.

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de Anthony Giddens

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE implica la maternidad. Por último hay feminidades subordinadas que

implica la maternidad.

Por último hay feminidades subordinadas que rechazan la versión de feminidad recalcada indicada cuya abrumadora atención que se le concede, como norma social convencional, supone no otorgar voz a las demás feminidades subordinadas. Entre las mujeres que han adoptado formas de vida no subordinadas se encuentran las feministas, lesbianas, solteronas, comadronas, brujas, prostitutas y trabajadoras manuales. La experiencia de estas feministas resistentes se le oculta a la historia”.

El cambio de orden de género: las tendencias de crisis

Connell aunque ha planteado una jerarquía de género, rechaza la idea de que las relaciones de género sean fijas o estáticas. Por el contrario las considera como resultado de un proceso continuo y abierto al cambio, tienen para el un carácter dinámico. Esta posibilidad de cambio constante hace que las pautas de las relaciones de género sean susceptibles de alteración y que estén sometidas a la capacidad de acción del ser humano (p.e., mujeres de feminidad recalcada

pueden desarrollar una conciencia feminista).

Algunos sociólogos sugieren que la sociedad occidental está pasando una “crisis de género”, pero Connell afirma que lo que estamos es en presencia de poderosas tendencias de crisis, las cuales pueden ser de tres tipos:

1º.- Crisis de institucionalización, con el que alude al proceso de debilitamiento gradual que están sufriendo las instituciones que tradicionalmente han sustentado el poder del hombre: la familia, el Estado. Esa legitimación de la dominación de la mujer por parte del hombre está perdiendo fuerza.

2º.- Crisis de sexualidad, por la que la heterosexualidad hegemónica es menos dominante que antes. Al aumentar la pujanza de la sexualidad de las mujeres y homosexuales aumenta la presión ejercida sobre la hegemonía tradicional.

3º.- Crisis de la formación de intereses, los intereses sociales tienen nuevos fundamentos que contradicen el orden de género existente. Indica Connell que las acciones de los individuos y grupos pueden producir cambios en el orden de género.

En su estudio de Connell sobre los efectos de la globalización en el orden de género, dice que el propio género se ha globalizado. Esto implica la interacción entre órdenes de género locales, así como la creación de nuevos espacios para las relaciones de género mas allá de las localidades específicas, lo cual contribuye a su globalización. De manera que hoy es posible hablar de un “orden de género global”, que proporciona el contexto futuro de la construcción y representación de las masculinidades.

Perspectivas sobre la desigualdad de género

Hemos visto que el género es un concepto creado socialmente que atribuye diferentes roles e identidades sociales a hombres y mujeres, pero que no suelen ser neutrales: en casi todas las sociedades el género es un importante forma de estratificación social; con una gran influencia en los roles de grupos e individuos que representan, dentro de las instituciones sociales, desde el hogar hasta los organismos estatales. Aunque los roles de hombres y mujeres varían de una cultura a otra, no se sabe de ninguna sociedad en la que ellas tengan mas poder que ellos. Los

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TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE roles masculinos suelen estar mejor valorados y recompensados que

roles masculinos suelen estar mejor valorados y recompensados que lo femeninos. La división del trabajo predominante entre los sexos ha hecho que los hombres y las mujeres ocuparan posiciones desiguales desde el punto de vista del poder, el prestigio y la riqueza.

Investigar y explicar la desigualdad de género se ha convertido en una preocupación capital para los sociólogos. Revisaremos los principales enfoques teóricos que pretenden explicar el carácter de la desigualdad de género en el nivel social.

Enfoques funcionalistas

Para este enfoque la sociedad es un sistema de partes entrelazadas que, cuando está en equilibrio, opera suavemente para producir solidaridad social. Sus perspectivas pretenden mostrar que las diferencias en razón del género contribuyen a la estabilidad y la integración de la sociedad. Estas ideas actualmente han sido muy criticadas por prescindir de las tensiones sociales en beneficio del consenso y divulgar una idea conservadora del mundo social.

Los autores partidarios de la escuela de las “diferencias naturales” suelen argumentar que la división del trabajo entre hombres y mujeres tiene una base biológica. Unos y otras realizan las labores para las que están mejor dotados desde el punto de vista biológico. Para el antropólogo MURDOCK, le parecía tan práctico como apropiado que las mujeres se centraran en las responsabilidades domésticas y familiares, mientras que los hombres trabajaran fuera de casa.

A Talcott PARSONS, pensador funcionalista, le preocupaba el papel de la familia en las sociedades industriales, con especial interés en la socialización de niños y niñas, creyendo que las familias estables que apoyaran a sus hijos era el factor clave para una socialización exitosa. Para Parsons, si hay una clara división sexual del trabajo, la familia opera de manera mas eficiente. Donde las mujeres tienen roles expresivos (proporcionando cuidado y seguridad a los niños

y apoyo emocional) y los hombres roles instrumentales (proporcionar el sustento a la familia). Como

este rol masculino es estresante, las mujeres deberán proporcionar sus tendencias expresivas para estabilizar y consolar a los hombres. Esto garantiza la solidaridad de la familia.

John BROWLBY propuso otra perspectiva funcionalista sobre la crianza de los hijos, señalando que la madre es crucial para la primera socialización de niños y niñas. Un estado de privación de la madre (por ausencia de la madre o separación de ella) corre un alto riesgo de socializarse de manera inadecuada. Ello puede producirle en su vida posterior graves problemas sociales y psicológicos. Por ello mantiene que la madre debe mantener con el niño una relación continua, estrecha y personal. Para él, el rol de madre debe ser específicamente femenino.

Evaluación

Las feministas han criticado con dureza las afirmaciones que vinculan la división sexual del trabajo con un fundamento biológico, pues no hay nada inevitable o natural en la distribución delas tareas dentro de la sociedad.

Continuamente aparecen datos que cuestionan la tesis de la privación de la madre. La idea parsoniana de la mujer “expresiva” ha sido igualmente atacada por feministas y por otros sociólogos, que sostienen que tal concepción permite que se mantenga la dominación doméstica de la mujer.

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TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE RECUADRO M. Mac an Grill: La educación y la

RECUADRO

M. Mac an Grill: La educación y la formación de las masculinidades y las sexualidades.

Investigación etnogeográfica en un instituto público de secundaria en Gran Bretaña con el fin de analizar su “régimen de género”: como se interpretan las relaciones de género dentro de los límites de ese centro educativo.

Partiendo de la obra de Connell, a Mac an Grill le interesaba como participan activamente los colegios en la creación de una gama de masculinidades y feminidades entre los estudiantes. Las conclusiones a las que llegó es que el propio instituto es una institución que se caracteriza por ciertas pautas de género y de heterosexuales.

El “régimen” predominante fomenta entre los estudiantes la construcción de unas relaciones de género que coincide con el régimen de género global. Factores como: los procedimientos disciplinarios, interacciones entre profesores y alumnos (y viceversa) o labores de vigilancia, contribuían a la formación de masculinidades heterosexuales.

Mac an Grill señala la existencia de cuatro tipos de masculinidad que aparecen en el ámbito escolar:

Los machitos, grupo de chicos blancos de clase obrera que desafían a la autoridad del instituto y contemplan con indiferencia el aprendizaje y a quienes sacan buenas notas. Concluye que este grupo está sufriendo una “crisis de masculinidad”. Al no contar con empleos manuales (no cualificados o poco cualificados) que definían sus futuras identidades les plantea problemas de su futuro de difícil comprensión.

Los triunfadores académicos, que se ven así mismos como futuros profesionales. El estereotipo que tienen de ellos los machitos (y profesores) es el de chicos afeminados, “triunfadores gilipollas”. Para este tipo de triunfadores la manera que tienen de lidiar, con ese despiadado estereotipo, es mantener la confianza en que el esfuerzo y las credenciales académicas les garantizarán un futuro seguro.

Los nuevos emprendedores, chicos que gravitan hacia nuevos estudios profesionales como la informática y los negocios. Son los hijos de la nueva “cultura empresarial”. Para estos chicos los exámenes de acceso a la enseñanza secundaria son relativamente inútiles, al centrarse estos chicos en el mercado y en una planificación instrumental de futuro.

Los auténticos ingleses, son los mas problemáticos del sector de clase media, ya que mantienen una actitud ambivalente hacia el aprendizaje académico, pero se consideran mejores “árbitros culturales” que sus profesores. Como auténticos ingleses tienen que dar la sensación de que el éxito académico no les importa.

Al estudiar a los alumnos homosexuales, Mac an Grill descubrió que siempre que en clase había un debate relacionado con el género o la sexualidad, se daba por hecho un conjunto característicos de valores y normas sexuales basados en las relaciones tradicionales y la familia nuclear. Por eso, estos muchachos, sufren difíciles “confusiones y contradicciones” al construir sus identidades de género y sexuales, y al mismo tiempo desplazados por los demás.

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TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE T2-4 Androcentrismo Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo La

T2-4 Androcentrismo

Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo

La pertenencia a un grupo social propone, si no determina, una visión de la realidad diferente de la

que tendrían los miembros de otros grupos (p.e., si mi grupo tiene coche, supongo y hablo como si

todos lo tuvieran). Este sesgo de la percepción se manifiesta de varias maneras. Una de las mas comunes es la de atribuir al todo social las características de la parte a la que el sujeto pertenece.

La pertenencia a un grupo determinado propone una línea de observación preferente, a la vez que

oculta o dificulta otras (p.e., cuando uno tiene un defecto en la nariz se fija mas en las narices de los otros, que aquellos que no lo tienen o no le dan importancia). Las personas de posición social elevada

pueden llegar literalmente llegar a no ver entre una multitud de personas mas que 6 ó 7 que no son de su misma condición. La pertenencia a un grupo supone un ángulo de visión diferente y también unas pautas de percepción propias del grupo que este transmite a sus miembros.

Con la percepción de grupo se adquiere también un sistema de valores que se proyectan sobre lo percibido. Todo aquel y todo aquello que no es del grupo es percibido en general como no importante, no significativo o como “no normal”. La expresión “no normal” es aséptica, pero la usual de “anormal” empieza a dejar de serlo. De calificar algo de anormal a hacerlo de “incorrecto”, “malo” o “aberrante” no hay mas que un paso y la adhesión a los usos y valores del grupo empuja a darlo. En antropología, el termino “etnocentrismo1 designa precisamente la deformación consistente en ver o juzgar las prácticas y valores de una sociedad o una cultura ajena a través del prisma de las prácticas y valores de aquella a la que pertenece el observador. Un término mas general el de “sociocentrismo”, sirve para designar toda deformación de este tipo y no solo la que se produce al examinar culturas o sociedades globales diferentes de la propia.

Al percibir unas cosas y dejar de percibir otras y al tender a juzgar las prácticas de personas de otros grupos o a los grupos mismos, los sujetos defienden consciente o inconscientemente los intereses del grupo. En cualquier sociedad que asigne en mayor o menor grado papeles diferentes

a varones y mujeres (lo que incluye procesos de socialización diferente) los varones constituyen un

grupo social diferenciado, por lo que la pertenencia al colectivo masculino supone la posibilidad de percibir o juzgar la realidad con un sistema de deformaciones propio del grupo. No debería ser difícil admitir que los varones (salvo algunas excepciones) tienden a un particular sociocentrismo. Este hecho, sin embargo es negado por la inmensa mayoría de varones, y estudiosos de las ciencias sociales, incluso piensan que por ser varones les facilita una percepción mas ajustada de la realidad. Quizá esta creencia no se manifieste radicalmente entre los científicos sociales de sexo masculinos, pero la mayoría piensa que el oficio de científico inmuniza de los errores propios de la pertenencia a un grupo. Así es como el discurso científico aparece lleno de distorsiones, observaciones y lecturas desde ángulos de visión e intereses masculinos.

Llamamos androcentrismo a este tipo peculiar de error en el discurso, popular o científico,

1 También, como la actitud o punto de vista por el que se analiza el mundo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia. Cree que el grupo étnico al que pertenece es el mas importante.

Androcentrismo

de Josep-Vicent Marqués

Androcentrismo de Josep-Vicent Marqués

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE producido por la pertenencia acrítica de sus productores al

producido por la pertenencia acrítica de sus productores al colectivo masculino. La peculiaridad de esta perspectiva reviste una gravedad específica, dado que la pretensión masculina de constituir el todo social es probablemente mayor que la de otros grupos sociales parciales.

Si la sociología, abrumadoramente inaugurada por científicos varones, ha venido desentendiéndose del estudio del varón como construcción social y de los varones como grupo o agente social colectivo, debe ser porque participaba acríticamente de la confusión entre varón y miembro pleno o global de la especie humana. Lo natural (o normalidad) de ser varón es tal que este no necesita ser descrito ni explicado. Si debería serlo la mujer, reducida a pura peculiaridad. Este mecanismo inconsciente, por el que el varón a un tiempo ocupa la totalidad del discurso y desaparece, se manifiesta en buena parte de la literatura sociológica que cuando habla de la mujer (pese a ser mayoritarias) lo hace como si fuera una minoría.

El rasgo principal del androcentrismo sería precisamente la sistemática resistencia a analizar la peculiaridad masculina, a la vez que se habla del ser humano en general atribuyéndole las características de los varones.

Androcentrismo

de Josep-Vicent Marqués

Androcentrismo de Josep-Vicent Marqués

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE T2-5 Feminismos Introducción El feminismo, en su doble vertiente

T2-5 Feminismos

Introducción

El feminismo, en su doble vertiente de teoría política y movimiento organizado, tiene sus raíces en la Proclamación de la Universalidad de los Derechos de Igualdad y Libertad promovidos por la Ilustración y la Revolución Francesa. Las Sufragistas y algunas intelectuales de la talla de Simone de Beauvoir y Betty Friedman mantuvieron viva la llama de este movimiento hasta su eclosión en la segunda mitad del siglo XX.

El feminismo aparece como radicalización del proyecto político ilustrado cuando las mujeres se dieron cuenta de la contradicción manifiesta entre:

1.

Proclamación

de

la

universalidad

de

los

nuevos

derechos

de

igualdad

y

libertad

promovidos por la Ilustración y la Revolución Francesa y

 

2.

Su exclusión de los mismos.

 

Este diálogo reivindicativo con la Ilustración, protagonizado en la teoría de Mary Wollstonecraft y su “Vindicación de los derechos de las mujeres”, fue continuado por las sufragistas del s.XIX, quienes, se plantearon la igualdad en todos los terrenos (Elisabeth Cady Staton y Susan B. Anthony). Posteriormente las sufragistas defenderán espacios públicos y privados diferentes para ambos sexos, lo que se conoció como “la ideología de las esferas separadas”. De origen burgués y carácter interclasista, el sufragismo resultó contestado por los sectores femeninos que, nacidos en el seno de los grandes movimientos socialistas de carácter marxista, ligaban y subordinaban la liberación de las mujeres a la eliminación de la sociedad de clases.

Después del Sufragismo

Tras la consecución del derecho al voto escalonadamente en los países occidentales durante primera mitad del siglo XX y las reformas legales que le siguieron, el feminismo se adormece a partir de la Segunda Guerra Mundial. Sólo Simone de Beauvoir, es capaz de producir lo que será reivindicado posteriormente como un contexto fundacional del feminismo contemporáneo: El segundo sexo, donde se denuncia la “otredad” impuesta a las mujeres por los varones como el fundamento de su desigualdad. Tuvo que escribir Betty Friedman “La mística de la femineidad” para canalizar las dispersas energías de las mujeres en una organización, la National Organization of Women(NOW), principal defensora del feminismo liberal.

Hablar de feminismos liberal, radical y socialista tiene sentido porque representan auténticas Weltanschauungen (distintas visiones) acerca de la problemática de las relaciones entre los sexos y son posiciones en permanente diálogo y confrontación desde los años 60. La teoría feminista liberal y marxista socialista hunden sus raíces en las ideologías centenarias de tal nombre, mientras que el feminismo radical surge del movimiento de liberación de las mujeres que se desgajan de la New Left estadounidense, parcialmente marxista.

Feminismo Liberal

Parte de la división sexual del trabajo entre varones y mujeres, que se corresponde con la división

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE entre lo público y lo privado: el prestigio y

entre lo público y lo privado: el prestigio y los privilegios se asocian con la primera de estas áreas mientras que la segunda constituye una rémora para las mujeres. La igualdad de derechos y oportunidades, así como la educación, serán los nivelatorios sexuales.

Según el feminismo radical, las mujeres fueron históricamente el primer grupo oprimido; el sexismo constituye, además, su “opresión principal”, ocupando el racismo y la clase social un segundo plano. Kate Millet acuña el concepto de patriarcado: Sistema de dominación por medio del cual los varones se benefician del control sexual, económico y psicológico de las mujeres. Al conceder una importancia excepcional a los cuerpos, a la sexualidad y a los procesos reproductivos así como a instituciones como la heterosexualidad y la familia entendidas como formas patriarcales de dominación, las radicales revolucionaron la teoría política al considerar formas de dominación esferas que hasta entonces se consideraban fuera del dominio de lo público su eslogan: “Lo personal es lo político”, resumió estas ideas.

Feminismo Socialista

Incorpora algunos presupuestos centrales del feminismo radical al poner el acento en la comprensión del importante papel que juegan las instituciones culturales (familia, institución heterosexual, etc.) en la opresión de las mujeres; pero al insistir en analizar estas instituciones dentro del contexto de una sociedad de clases, el feminismo socialista continúa empleando un método marxista. Por tanto, se rechaza el supuesto de que todas las mujeres tienen los mismos problemas y están oprimidas esencialmente de la misma forma. Por ello, se recomienda el estudio de problemas de las mujeres en diferentes clases y diferentes grupos raciales o étnicos, con especial referencia a los privilegios masculinos. Todas las feministas socialistas se muestran de acuerdo en que el patriarcado es tan importante como el capitalismo y que ambos se refuerzan mutuamente. Se niega, a diferencia de las radicales, a considerar la opresión económica como secundaria; asimismo, al contrario que el marxismo tradicional, rechazan tratar al sexismo como secundario.

Mientras que desde estas tres perspectivas se propone la superación del sistema de sexo-género (otra forma de conceptualizar la dominación patriarcal) como forma de lograr la igualdad, existen otras formas de entender el feminismo en las que el acento radica en resaltar lo que de diferente tienen las mujeres con los varones. En su vertiente anglosajona y como una derivación del feminismo radical, se sostiene que la opresión de las mujeres proviene de la supresión del principio femenino, no sólo en nosotras/os mismos sino en la sociedad en general. Con la restauración cultural de dicho principio (y erradicación de todo lo masculino/negativo) volverán las bondades al mundo, y de ahí la denominación de feminismo cultural. Las versiones francesa e italiana de la diferencia, tienen en común con la que acabamos de relatar el énfasis en que el camino hacia el cambio tiene que provenir de nuestro interior, de una transformación de nuestro subconsciente que nos haga romper con una posible asimilación al mundo de los valores masculinos y de un proceso de autoestima que nos distancia mentalmente del mundo de los varones.

Cuando se habla de feminismo de la diferencia (por contraste con el llamado feminismo de la igualdad, mas de corte ilustrado) se subraya sobre todo las diferencias con los varones. Pero desde los años ochenta existe un nuevo énfasis en la integración de la diversidad de las mujeres en el feminismo. Frente al afán inicial de buena parte del feminismo contemporáneo de búsqueda

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE de lo que de común tienen todas las mujeres

de lo que de común tienen todas las mujeres en detrimento de otros aspectos de su identidad como personas, se produjo la incorporación crítica en el feminismo. Sobre la base de que la opresión genérica no puede ser analizada separada de las otras (clase, raza, opción sexual) se resalta que los más importantes sistemas de opresión funcionan entrelazadamente y que existe una simultaneidad de opresiones que para muchas mujeres son igualmente importantes. Esto plantea el tema de las distintas posiciones de sujeto que desde el posmodernismo trata legítimamente de contrastar con la idea ilustrada de un único sujeto universalizable, también como mujeres, que ocultarían la auténtica realidad plural de las mujeres.

Feminismo Institucional

Fue cobrando importancia, frente a los grupos activistas de siempre, lo que se ha denominado feminismo institucional, compuesto por mujeres que ya no pretenden situarse por fuera del sistema, y abogan por reformas graduales desde dentro. Pactos interclasistas entre mujeres de países nórdicos, lobbies de mujeres en Estados Unidos, ministerios o institutos de la mujer en la vieja Europa Occidental son formas en que estos planteamientos cobran su forma.

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE T2-6 Feminismo negro y posmoderno El feminismo negro Muchas

T2-6 Feminismo negro y posmoderno

El feminismo negro

Muchas feministas negras y de los países en vías de desarrollo dicen que las versiones del feminismo esbozadas no se aplican por igual a la experiencia de las mujeres blancas y no blancas. Señalan que las principales escuelas de pensamiento feministas no tienen en cuenta las divisiones de tipo étnico que existen entre las mujeres, porque dichas corrientes se centran en los dilemas de la mujer blanca, principalmente de clase media, que vive en las sociedades industrializadas. Indican que no es válido generalizar teorías sobre el conjunto de la subordinación femenina a partir de la experiencia de un determinado grupo de mujeres. Además la idea de que haya un tipo de opresión de género “única”, que experimenten por igual todas las mujeres, resulta problemática.

La insatisfacción con los tipos de feminismo actual ha tenido como consecuencia la aparición de una corriente de pensamiento que se centra en los problemas concretos de las mujeres negras. En el prólogo a sus memorias personales, la feminista negra estadounidense bell hooks (escrito siempre con minúsculas) lo explica con ejemplos como éste:

A muchas pensadoras feministas que están escribiendo y hablando en la actualidad sobre el hecho de ser una chica les gusta sugerir que las muchachas negras tienen una mayor autoestima que las blancas. …”en la tradicional vida sureña de los negros, se esperaba que las chicas supieran expresarse… nuestros padres y profesores nos instaban a ponernos en pie correctamente y hablar con

claridad. Se suponía que esos rasgos elevaban la raza…

investigadores blancos no suelen tener en cuenta cuando calibran la autoestima de las mujeres negras con un criterio que ha sido tomado de valores procedentes de la experiencia de los blancos.

…Éstas

son las variables que los

Las obras del feminismo negro estadounidense hacen hincapié en la poderosa influencia que tienen el legado de la esclavitud, la segregación y el movimiento de los derechos civiles sobre las desigualdades de género que afectan a la comunidad negra. Señalan que las primeras sufragistas negras apoyaron la campaña de los derechos de la mujer, pero después se dieron cuenta de que no se podía prescindir del problema de la raza: se discriminaba a las mujeres negras por su raza y por su género. La feminista bell hooks señala que los marcos explicativos de los que son

partidarias la feministas blancas (p. e., su idea de la familia como baluarte del patriarcado) puede que

no sean aplicables a las comunidades negras, donde la familia representa el principal ámbito de solidaridad frente al racismo. Por lo tanto, según las feministas negras, no se puede esperar que teorías de la igualdad entre géneros que no tienen en cuenta el racismo puedan explicar adecuadamente la opresión de las mujeres negras.

Las dimensiones de clase son otro de los factores que no pueden ser desatendidos en el caso de muchas mujeres negras. Algunas feministas negras mantienen que la fuerza de la teoría feminista negra radica en haberse centrado en la interacción de las cuestiones de raza, clase y género. Para ellas las mujeres negras sufren desventajas múltiples, en función de su color, de su sexo y de su posición social. Cuando estos tres factores se combinan, se refuerzan e intensifican unos a otros.

Feminismo negro y posmoderno

de Anthony Giddens

Feminismo negro y posmoderno de Anthony Giddens

TEMA 2: LAS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE

TEMA 2: L AS CONCEPTUALIZACIONES A DEBATE El feminismo postmoderno Al igual que el feminismo negro,

El feminismo postmoderno

Al igual que el feminismo negro, el feminismo postmoderno desafía la idea de que exista una base unitaria de identidades y experiencias compartida por todas las mujeres. Esta corriente del feminismo se nutre del fenómeno cultural de la postmodernidad en: las artes, la arquitectura y la economía. Podemos encontrar algunas de sus raíces en los trabajos de teóricos europeos como Lacan, Derrida y Simone de Beauvoir. El feminismo postmoderno rechaza la afirmación de que existe una teoría general que puede explicar la posición de las mujeres en la sociedad, o una única esencia o categoría universal de “mujer”. Por consiguiente, estas feministas rechazan los argumentos clásicos utilizados para explicar la desigualdad de género, tales como patriarcado, la raza o la clase, tildándolos de “esencialistas”.

En su lugar, la postmodernidad es partidaria de la validez de diferentes puntos de vista. No existe un núcleo esencial que represente “lo femenino” sino muchos individuos y grupos, con diferentes experiencias (Heterosexuales, Lesbianas, Mujeres negras, Mujeres trabajadoras, etc.): La diversidad de grupos e individuos se da de diferentes formas. El feminismo postmoderno hace hincapié en el lado positivo de la diversidad, con su contenido de pluralidad, diferencia y apertura. Para el feminismo postmoderno el reconocimiento de la diferencia es fundamental.

Al tiempo que reconocen la importancia de las diferencias, las feministas postmodernas también han acentuado la importancia de la deconstrucción”. En concreto han procurado deconstruir el lenguaje masculino y la visión masculina del mundo. En su lugar han intentado crear términos y un lenguaje fluidos y abiertos que reflejen de modo más próximo las experiencias de las mujeres. Para muchas feministas postmodernas, los hombres ven el mundo en términos de parejas, o conjuntos binarios (bueno vs malo; verdadero vs falso; bello vs feo). Los hombres, afirman, consideran lo masculino como normal y lo femenino como una desviación. La “deconstrucción” implica atacar los conceptos binarios y resituar estos términos opuestos de una manera nueva y positiva.

Según CARRINGTON, el feminismo postmoderno suele ser el que peor se relaciona con las otras corrientes feministas. Esto se debe a su convencimiento de que muchas feministas van por mal camino cuando creen posible ofrecer explicaciones globales de la opresión de la mujer y encontrar los pasos necesarios para su resolución.

Feminismo negro y posmoderno

de Anthony Giddens

Feminismo negro y posmoderno de Anthony Giddens

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate T2-7 ¿Son las mujeres una minoría? Introducción El clásico tratamiento

T2-7 ¿Son las mujeres una minoría?

Introducción

El clásico tratamiento de las mujeres como minoría desde la sociología se halla conternporáneamente interrelacionado con las políticas de igualdad tejidas en torno a las mujeres. Toda teoría acarrea importantes consecuencias en la acción, pudiendo dar lugar a intervenciones en la vida pública, que es lo que, a mi entender, confiere su sentido a la. sociología y, en particular, a la sociología del género.

El título alude a la existencia de un importante desarrollo en sociología de la temática

de las minorías en relación a las mujeres. La conceptualización de las mujeres como

minoría se traducirá, en términos de políticas públicas, en lo que se conoce como medidas de acción o discriminación positiva impulsadas, en lo que a las mujeres atañe, por el movimiento feminista.

Una definición ¿Cómo es definido el concepto de minoría para que sea aplicable a las mujeres, un grupo numéricamente mayoritario en nuestras sociedades? La definición más comúnmente aceptada fue la propuesta por Louis WIRTH (que él aplicaba sobre todo a la minoría sociológica por excelencia en la literatura norteamericana, los negros). Un grupo minoritario es cualquier grupo de personas que, a causa de sus características físicas o culturales, se encuentra sometido a una discriminación respecto de los demás miembros de la sociedad en la que vive, recibiendo de ésta un trato diferente e injusto. (Incluso aunque los negros se encontraran en situación de mayoría numérica habríamos de seguir considerándoles sin lugar a dudas como una minoría por razón de su posición de subordinación social, política y económica). Esta definición de minoría a causa de la inferioridad del estatus, y no por su envergadura estadística, es lo que permite la aproximación sociológica entre las llamadas minorías étnicas y las mujeres.

A partir de los años 50 este tema fue retomado por una corriente del feminismo

francófono, inscrita en otra tradición de pensamiento que podríamos denominar como feminismo materialista, cuyas integrantes consideran que los términos de «mayoría» y «minoría » describen más el poder de los grupos que su tamaño relativo. Colette GUILLAUMIN, representante de esta corriente, entiende por minoría no aquellos que

serían forzosamente menores en número, sino más bien aquellos que en una sociedad están en estado de "menor poder", sea este poder económico, jurídico, político .

Razones históricas del surgimiento y consolidación de las minorías

A partir de las Revoluciones francesa y norteamericana emergen y se diseminan las

doctrinas universalistas acerca de la igualdad, la libertad y el sufragio. Ahora bien, una

cosa son los principios y otra muy distinta su realización. Los no propietarios, las mujeres y, en el caso de los Estados Unidos, los negros se vieron excluidos del disfrute de aquellos derechos. Pero la exclusión de todos aquellos sectores respecto de los derechos civiles y políticos básicos resultaba difícilmente sostenible.

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate Desde el período revolucionario de finales del siglo XVIII son

Desde el período revolucionario de finales del siglo XVIII son muchos los pensadores liberales que han apoyado la causa de la liberación de los pueblos o grupos oprimidos. John Stuart MilI y Harriett MilI, entre otros, trabajaron sobre esta contradicción del pensamiento y la práctica liberales en el caso de las mujeres. Se pedía la extensión de los derechos cívicos a quienes carecían de propiedad, por no mencionar a los afectados por la esclavitud, e implícitamente se empezó así la vindicación de los derechos de las mujeres.

En los Estados Unidos, las semejanzas entre la situación de los negros y las mujeres no son accidentales, sino más bien históricas al tiempo que analógicas. En el siglo XVII, el estatuto legal de los esclavos negros fue copiado del de las mujeres y los niños, reminiscencia de su estatuto de origen medieval, análogo al de los «siervos», por el que quedaban todos bajo la autoridad del paterfamilias. Con posterioridad, la lucha por el abolicionismo de la esclavitud estuvo ligada desde el principio a la lucha por la emancipación de las mujeres.

En el siglo XIX, por la influencia de la Revolución Industrial, los reajustes que sufre la institución de la familia y el nuevo orden económico que se impone crean, entre otros,

a las mujeres y a los negros como grupos problemáticos. La ideología de la

democracia, surgida a partir de las Revoluciones francesa y norteamericana, y consolidada con el liberalismo, redujo la situación de casta (en la que algunos habían

visto englobados a las mujeres y a los negros) para dar paso a una situación de mayor movilidad social.

En Europa la evolución es algo diferente. El siglo XIX, también llamado «la edad del nacionalismo», vio el despertar de una serie de movimientos nacionales (bien de los que culminaron en la formación de países como Italia y Alemania, bien en el sentido

de los movimientos pan-eslavistas o pan-germanistas surgidos al calor de los imperios

modernos). Estos reajustes de las fronteras políticas, efectuados para reducir a un estado nacional común a poblaciones dotadas de rasgos culturales muy diversos, provocaron graves desajustes para importantes sectores de las poblaciones implicadas. Las minorías, señala WIRTH, son en parte un subproducto de la ideología del nacionalismo, que sostenía que todos los grupos debían tener su Estado. El reconocimiento político de este nuevo fenómeno tuvo lugar con ocasión de la firma del tratado de Versalles, que proclamó que cualquier grupo perteneciente a una minoría,

ya sea étnica, cultural o religiosa, tenía derecho a la misma protección y oportunidades

que cualesquiera otros grupos. El hacer recaer el acento exclusivamente en los grupos

tuvo implicaciones negativas, al favorecer a las minorías mas militantes dejando de lado a los individuos o a las minorías menos organizadas, cuyas «diferencias» se vieron, con frecuencia, sojuzgadas.

Otros dos importantes factores que han contribuido al surgimiento de los problemas y los derechos de las minorías son la secularización y los avances de la ciencia moderna. La secularización del mundo moderno, que se manifiesta en la extensión del racionalismo, la ciencia y el escepticismo hacia toda idea heredada del pasado y que provenga de la divinidad, rompe con la idea sacralizada de los estamentos y las castas, alimentada por las supersticiones acerca de la inferioridad de las «razas» y los grupos étnicos. Los ideales de igualdad de oportunidades han permitido el acceso de

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate las masas a la cultura y a la educación. El

las masas a la cultura y a la educación. El concepto de raza fue cayendo científicamente en desuso tras la comprobación genética de su irrelevancia. No es la «raza» (ni la naturaleza) la que marca las diferencias entre las gentes, sino la lengua, la religión, la economía, las actitudes y los hábitos sociales, las instituciones y los valores. La ciencia ha demostrado palpablemente que estos rasgos pueden ser modificados.

Cuando Louis WIRTH escribe su trabajo sobre los grupos minoritarios, nos hallamos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Y escribe como sociólogo en los Estados Unidos, país que, como él expresa, posee una representación abundantísima de las minorías mundiales a causa de su origen y de su historia. la sociología de aquel país posee ya en la primera mitad del presente siglo una muy fuerte implantación institucional y social. Donde la pujante y dinámica Escuela de Chicago produce importantes frutos en ese período.

Esta conjunción de factores: idiosincrasia histórica y cultural estadounidense, junto a una sociología con una fuerte ligazón con el tejido social, convierte a esta sociología en la lógica impulsora de los estudios sobre las minorías y/o los grupos minoritarios, orientándose hacia tres grandes bloques: los grupos de inmigrantes, los negros y, finalmente, las mujeres. Siendo este último grupo el que trataremos.

Desarrollo de la perspectiva sociológica acerca de las minorías

El término de «hombre marginal» no era sino la aplicación al peculiar contexto norteamericano del concepto del «extraño» acuñado por SIMMEL, que lo describía (al «extraño») como alguien próximo y distante a la vez, respecto del grupo, que no resultándole indiferente, lo ve, al mismo tiempo, como alguien ajeno. Simmel aplicó específicamente a los judíos, el concepto de extraños, no por sus rasgos individuales, sino por su adscripción de grupo.

A principios de siglo Robert Park (que conoce a SIMMEL por una conferencia de este) se refiere al hombre marginal como un «híbrido cultural», un tipo de personalidad que vive y comparte íntimamente la vida cultural de dos pueblos distintos, que no acaba de romper con su pasado y tampoco es aceptado por el nuevo mundo en el que se mueve. Park está hablando no de un tipo de personalidad sino de un proceso social, el proceso de aculturación por medio del cual el proceso de «civilización y progreso» tiene lugar.

Para Everett V. STONEQUIST las personalidades marginales aparecen dondequiera que haya transiciones y conflictos culturales, pero las situaciones prototípicas son aquellas en las que aparecen la raza y la nacionalidad. Sin embargo, para PARK la concepción individual que de sí mismo posee el hombre marginal es un producto social, no individual, fruto de la encrucijada en la que se encuentra. Para STONEQUIST, es verdaderamente la segunda generación de inmigrantes la que experimenta el problema de la marginalidad con mayor agudeza, puesto que en ella sí que se genera «un punto de encuentro entre dos culturas»: cuanto más participa de la cultura dominante esta generación, más vivirá como crisis personal el rechazo.

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate Por último, Everett HUGUES entiende el concepto como una cuestión

Por último, Everett HUGUES entiende el concepto como una cuestión de estatus (entendido éste como un sistema de relaciones sociales), definido en última instancia por la identificación con una cultura determinada. En consecuencia, no se trata únicamente de un fenómeno en el que aparece la mezcla de diferentes razas y culturas, como sería el caso de los negros, sino de dilemas que suceden en situaciones de amplio conflicto y cambio social, generadoras de una confusión en la identidad social de las personas adscritas a determinados grupos

Éste sería el caso de las mujeres «nuevas» (como lo expresa Kate MILLET a finales de los años sesenta) mujeres preparadas que acceden a puestos de trabajo en los que su incorporación como colectivo es reciente. Al no contar con una definición de estatus tienen que abrirse paso en un mundo en el cual no reciben el reconocimiento esperado, y esto es debido a su pertenencia al grupo de las mujeres. En los 70, algunas sociólogas feministas trataran este tema al hablar de “token women”, mujeres que se encuentran en minoría numérica en entornos laborales tradicionalmente reservados a los varones. Estas «pioneras» tendrán que enfrentarse no sólo a un insuficiente reconocimiento de su trabajo, sino a situaciones de especial dificultad por mor de su nuevo estatus profesional.

Otra línea conceptual seguida en el análisis de los grupos minoritarios es la que parte de B. BERREMAN, quien aplicó la teoría de las castas, originada en la India, a la situación de los negros norteamericanos. El sistema de casta se sostiene por medio de una elaborada etiqueta que mantiene a cada uno en su sitio, y que sólo funciona mientras permanece claramente establecida la «distancia social» apropiada para cada grupo. («el lugar del negro», «el sitio de la mujer»; por cierto, concepto éste el de distancia social acuñado por Robert Park en 1924).

Parecidas pautas de etiqueta rigen para hombres y mujeres y se ligan a un sistema de estratificación, que se ve cuestionado cuando aparece la «rebelión», tal y como señala Laurel RICHARDSON en su análisis acerca de los cambios en la ceremonia de abrir la puerta. Cuando se produce una situación de nueva y amplia movilidad social, como sucedió a partir de los años sesenta con las mujeres, las reglas de la etiqueta entre hombres y mujeres, que Richardson ejemplifica con dicha ceremonia, quedan en entredicho como síntoma de que las cosas están cambiando en esas relaciones.

El siguiente paso en el análisis de las mujeres como una minoría lo proporcionó Gunnar MYRDAL que compara el estatus minoritario de los negros con el de las mujeres. La desaparición global de un sistema paternalista para dar paso a uno regido por los valores democráticos impulsados por la revolución industrial cambió el estatus tanto de los negros como de las mujeres. Las semejanzas históricas y estructurales entre los negros, en una cultura dominada por los blancos, y entre las mujeres, en una cultura masculina, fueron destacadas por Myrdal. Ambos grupos se ven inducidos a recurrir a las mismas tácticas de acomodación: una forma insinuativa o implorante de agradar a los demás, cierta tendencia a estudiar los puntos débiles del grupo dominante a fin de influir sobre éste, y una apariencia de desamparo e ignorancia bajo la que se oculta un fraudulento deseo de dominio.

La definición de minoría incluye aspectos objetivos y subjetivos: el hecho de la discriminación y la conciencia de la discriminación (cuestiones ya indicadas por Wirth

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate e intuidas en Myrdal). En el caso de las mujeres,

e intuidas en Myrdal). En el caso de las mujeres, tanto en los años cincuenta, como incluso en nuestros días, podemos comprobar que muchas mujeres no despliegan una conciencia colectiva de grupo. Helen HACKER, en su trabajo sobre las mujeres como grupo minoritario, indica que estas poseen “un estatus de grupo minoritario”, término utilizado para categorizar a las personas a las que se les han negado derechos a los que son acreedoras desde el punto de vista del observador. Desde el momento en que consideremos que la pertenencia a su sexo no justifica las desigualdades que podemos observar (en los terrenos laborales, familiares, políticos, de prestigio social, etc.) resulta válido pensar que las mujeres ocupan un estatus minoritario en nuestra sociedad.

Pensarlas de esta manera permite, además, reflexionar sobre dos aspectos interrelacionados: por una parte, que las mujeres manifiestan a menudo muchas de las

minoritarios

características

psicológicas

imputadas

habitualmente

a

grupos

autoconscientes y, por otra parte, que algunos de estos rasgos pueden ser estrategias conscientes de resistencia a los estereotipos al uso, Para empezar con la primera cuestión, debemos tener en cuenta, como hace Hacker, que si la concepción acerca de uno mismo, colectivamente hablando, resulta en buena parte un reflejo de cómo somos vistos y definidos por los demás, la constante reiteración a las mujeres de que son inferiores repercutirá en numerosos rasgos de carácter y actitudes (no olvidemos que, corno decía William I. Thomas, si definimos algo como real será real en sus consecuencias).

Los análisis clásicos acerca de los prejuicios raciales y étnicos han sido muy iluminadores para ilustrar las diversas formas en que las mujeres son estigmatizadas.

Los prejuicios (otro concepto clave en el análisis de las minorías, entendidos como las opiniones o actitudes mantenidas por los miembros de un grupo respecto de otro), así como la

discriminación (la conducta real hacia ellos) borran aquí sus fronteras. De entre las variantes de la estigmatización podemos destacar, siguiendo a Edwin SCHUR los siguientes aspectos:

Cada mujer es tratada, primero como «una mujer», y en segundo lugar por sus cualidades personales y sus logros.

Las mujeres son vistas como «todas iguales» y, por lo tanto, sustituibles unas por otras.

A las mujeres (entendidas como las Otras no esenciales) se les impone un estatuto de segundonas y, en consecuencia, son susceptibles de ser tratadas como un objeto.

La subordinación significa, además, que muchas cosas se les pueden «hacer» fácilmente (discriminación, acoso, violencia;) de igual modo, las mujeres pueden ser ignoradas, o descartadas, o trivializadas; tratadas como unas niñas o como unas no personas.

Finalmente, su estatus social es visto como conseguido vicariamente a través de los hombres.

Son varios los artículos, trabajos y estudios, que ponen de manifiesto la devaluación de que son objeto las mujeres, así como los riesgos que conlleva el tener comportamientos que pudieran interpretarse como poco femeninos en un contexto que

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate penaliza altamente semejante posibilidad. En cualquier caso, y como comenta

penaliza altamente semejante posibilidad. En cualquier caso, y como comenta Schur, subyace un proceso de devaluación que impide a las mujeres expresarse o mostrarse libremente.

En esta línea se pronuncia otro conocido artículo, éste de Warner, Wellman y Weitzman, en el que se sostiene que lo que erróneamente se ha interpretado como una internalización de los rasgos maladaptativos del sistema de opresión (el estereotipo del «Samba» o tío Tom de los negros, aplicable también a las mujeres) sería más bien una estrategia del oprimido para sacar el mayor partido a su situación. La figura del Sambo, cuando es referida a las mujeres, nos las sitúa como más próximas a la «naturaleza» (y a los varones, se sobreentiende, más próximos a la «cultura») y estereotípicamente femeninas, con unos rasgos asociados de carácter nutricio, emocional, expresivo, dócil y débil. Se nos presenta a una mujer satisfecha con su situación, y de esta forma se justifica su opresión por esos rasgos de carácter.

En la crítica a esta postura, la figura del Sambo se ve más como un rol que como expresiones de la personalidad, y así se resalta el sistema de opresión y la estructura social que promueve su existencia. Este enfoque sigue la senda abierta por Erving Goffman, quien aparte de haber resaltado desde hacía tiempo este tipo de estrategias de simulación por parte de mujeres y negros, enfatiza la necesidad de tener en cuenta el punto de vista de los actores implicados, capaces de una actividad racional. Hablamos, pues, de una dramaturgia, de una concepción que responde más a una cuestión de forma que de contenido que llena el hiato existente entre el carácter de la persona y su comportamiento. Como el individuo implicado en estas actuaciones es capaz de cálculo, de simulación consciente, de manera que su yo psíquico queda preservado, resultan posibles diferentes tipos de comportamiento según la ocasión lo requiera. De esta forma, queda abierta la posibilidad en un momento dado de la movilización colectiva capaz de impulsar el cambio social, como así ha ocurrido en el caso de los negros y de las mujeres.

Con todo lo visto, podríamos volver ahora al concepto de «hombre marginal» y emplearlo para la «mujer marginal», la «mujer nueva" a que nos referíamos anteriormente. Rosabeth KANTER, en su estudio sobre los problemas que surgían con la inserción de las mujeres en las grandes corporaciones, analizó el fenómeno del «tokenismo». Con este término Kanter quería expresar la especial problemática que se producía cuando las mujeres se incorporaban en un pequeño número a trabajos tradicionalmente reservados a los varones, en obvia situación de mayoría. En estas situaciones, las mujeres se ven definidas por su master status o estatus principal (el ser mujer) y por la asignación de estereotipos en virtud de su pertenencia al grupo de las mujeres. Sus respuestas oscilan desde el aislamiento hasta su supuesta asimilación al mundo de los varones, pasando por una acentuación de la deferencia hacia los mismos, y adoptan, según los casos, las diversas estrategias que la situación permite.

La actualidad de un concepto: la acción positiva

Al igual que el concepto de minoría fue traído de la India de las castas a los Estados Unidos, como mencionamos al principio de este escrito, el concepto de acción positiva

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate

TEMA 2: Las conceptualizaciones a debate remonta igualmente sus antecedentes a la India en forma de

remonta igualmente sus antecedentes a la India en forma de medidas contrarias al sistema de castas, pero se ha desarrollado en aquel país occidental aplicado inicialmente a los negros y, en menor grado, a las minorías étnicas para, más tarde, incluir también a las mujeres. Con posterioridad todos los países del ámbito occidental han adoptado estas medidas en mayor o menor grado. Que en España su implantación real sea casi inexistente se debe, sobre todo, a la menor incorporación de las mujeres al mundo laboral, así como a la inexistencia de un movimiento feminista fuerte.

El hecho de equiparar sociológicamente a las mujeres con las minorías por razón de su discriminación histórica, y subsiguiente retraso en la igualdad, se pretende compensar con medidas especiales, convirtiendo a las mujeres en acreedoras de las políticas de acción o discriminación positiva. Se considera que de las actitudes, comportamientos y estructuras fundadas sobre la idea de un reparto tradicional de los papeles entre las mujeres y los hombres se derivan efectos perjudiciales para las primeras. Las acciones positivas buscan eliminar o compensar estos efectos negativos.

Estas políticas hicieron resurgir las tensiones que van unidas a la plena participación de la mujer en el mercado laboral (por citar un solo ámbito) relacionadas con su papel en la familia. Una noción como el valor del mérito en conexión con las oportunidades en el mundo del trabajo remunerado oculta la forma en la que el género interviene de forma desigual según se trate de uno u otro sexo, valorándose no al mas cualificado sino al mas afín (en este caso al varón). Las acciones positivas tenderían precisamente a corregir este defecto.

Otra crítica habitual a las acciones positivas es la de que en ellas no se contempla a las personas como individuos, sino como instrumentos de políticas sociales. Pero resulta que, por lo común, se percibe el atributo de género en el caso de las mujeres (o

de los negros cuando de la «raza» se trata) en mucha mayor medida que en el de los varones (o en el de los blancos, por seguir con el paralelismo).

Al trasfondo de una discriminación por razones de sexo se suma la política contemporánea del Estado del bienestar redistribucionista, que alienta la competición

entre los diferentes grupos (algunos de cuyos miembros duplican su pertenencia) por un.

conjunto de recursos escasos. Sería, pues, del todo necesario moverse desde la lógica de las políticas redistributivas a la ética de la solidaridad con los que son diferentes.

¿Son las mujeres una minoría?

De Raquel Osborne

¿Son las mujeres una minoría? De Raquel Osborne

TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

T 3- 8 : PERSPECTIVAS TEÓRICAS SOBRE LA FAMILIA Y LAS RELACIONES ÍNTIMAS

El estudio dela familia y la vida familiar ha sido abordado de diversas maneras por sociólogos. Rastrearemos brevemente la evolución del pensamiento sociológico antes de centrarnos en los enfoques contemporáneos a la hora de estudiar la familia.

El funcionalismo Para la perspectiva funcionalista, la sociedad es un conjunto de instituciones sociales que desempeñan funciones específicas con el fin de garantizar la continuidad y el consenso. La familia realiza importantes labores que contribuyen a la satisfacción de las necesidades sociales básicas y que ayudan a perpetuar el orden social. Los sociólogos que trabajan dentro de esta tradición han considerado que la familia nuclear representaba ciertos roles especializados en las sociedades modernas. Con la llegada de la industrialización, la familia pierde importancia como unidad de producción económica y se centra más en la reproducción, la crianza de los hijos y la socialización. Según Talcott Parsons las dos funciones principales de la familia son la socialización primaria y la estabilización de la personalidad. La socialización primaria es el proceso mediante el cual los niños aprenden las normas culturales de la sociedad en la que han nacido. La familia es el escenario más importante para el desarrollo de la personalidad humana. La estabilización de la personalidad tiene que ver con el rol que desempeña la familia a la hora de asistir emocionalmente a sus miembros adultos. El matrimonio entre hombres y mujeres adultos es el acuerdo mediante el cual se sustentan las personalidades maduras y se mantienen sanas. En la sociedad industrial el papel que tiene la familia en la estabilización de las personalidades adultas es esencial. Se debe a que la familia nuclear suele encontrarse lejos de sus parientes. Para Parsons, la familia nuclear era la unidad mejor provista para ocuparse de las demandas de la sociedad industrial. En la “familia convencional”, una especialización de roles dentro de la familia nuclear conlleva que el marido adopta el papel “instrumental” de sustento del hogar y la esposa asumía el de carácter “afectivo” y emocional en el ámbito doméstico. En la época actual la idea parsoniana de la familia nos parece algo inadecuado y anticuado. Las teorías familiares funcionalistas han sufrido duras críticas. Vistas en su contexto histórico eran comprensibles. Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial contemplaron el regreso de las mujeres a sus tradicionales roles y la recuperación por parte de los hombres del puesto único como sostén de la familia. Al recalcar la importancia que tiene la familia en el desempeño de ciertas funciones, Parsons y Bales prescinden del papel de otras instituciones sociales (gobierno, medios de comunicación, escuelas).

Enfoques feministas Para muchas personas, la familia constituye una fuente vital de consuelo y comodidad, amor y compañerismo. También puede ser un escenario de explotación, soledad y profundas desigualdades. El feminismo ha tenido un gran impacto en la sociología por haber puesto en tela de juicio la visión de la familia como ámbito armonioso e igualitario. Muchas autoras feministas han cuestionado la idea de que la familia sea una unidad cooperativa basada en unos intereses comunes y en el apoyo mutuo. Han

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TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

intentado mostrar que la presencia de relaciones de poder desiguales dentro de ella supone que ciertos de sus miembros tienden a beneficiarse más que otros. Una de las preocupaciones primordiales es la división del trabajo doméstico; cómo se distribuyen las tareas entre los miembros del hogar. Entre las feministas existen diferentes opiniones sobre la aparición de esa división en la historia. Mientras que algunas las consideran un resultado del capitalismo industrial, otras afirman que está relacionada con el patriarcado, anterior a la industrialización. La distinción de la los ámbitos doméstico y laboral, hizo que cristalizaran “esferas masculinas” y “esferas femeninas”. Las sociólogas feministas han llevado a cabo estudios sobre cómo comparten hombres y mujeres laborales domésticas, investigando la validez de afirmaciones como la de la “familia asimétrica” (Young y Wilmott), qué con el paso de tiempo las familias se están haciendo más igualitarias en la distribución de los roles y las responsabilidades. Las conclusiones muestran que las mujeres siguen siendo las principales responsables de las labores domésticas y que disfrutan de menos tiempo libre que los hombres, a pesar de que hay más mujeres trabajando fuera de casa con empleos remunerados que nunca. Algunos sociólogos han examinado los entornos opuestos del trabajo remunerado y del que no lo está, centrándose en la contribución que hacen al conjunto de la economía las labores domésticas no remuneradas que realizan las mujeres. En segundo lugar, las feministas han llamado la atención sobre las relaciones de poder desiguales que existen dentro de muchas familias (violencia de género). Las sociólogas feministas han tratado de comprender cómo sirve la familia de escenario para la opresión de género e incluso para los malos tratos físicos. El estudio de las actividades asistenciales es una tercera área en la que las feministas han hecho importantes aportaciones. Las mujeres no sólo suelen hacerse cargo de ciertas tareas como limpiar y cuidar de los niños, sino también invierten una gran cantidad de trabajo emocional en el mantenimiento de las relaciones personales (Duncombe y Marsden).

Perspectivas recientes Los estudios teóricos y empíricos realizados desde una perspectiva feminista durante las últimas décadas han generado un creciente interés en la familia, tanto entre los académicos como entre el conjunto de la población. Conceptos como el de “segundo turno”, que alude al papel dual de la mujer, en el mundo laboral y en casa. En la última década ha aparecido un importante corpus de obras sociológicas que parte de presupuestos feministas, aunque no se base estrictamente en ellos. Atención primordial reciben las grandes transformaciones que están teniendo lugar en los tipos de familia: la formación y disolución de familias y hogares, así como la evolución de las expectativas que los individuos tienen respecto a sus relaciones personales. El aumento del divorcio y de la paternidad o maternidad en solitario, la aparición de “familias reconstruidas” y de hogares homosexuales, así como la gran aceptación de la cohabitación, son asuntos que preocupan.

Anthony Giddens: La transformación de la intimidad En The Transformation of Intimacy (1993), se intenta comprender de qué manera se están transformando las relaciones íntimas en la sociedad moderna. En la introducción se hacía notar que el matrimonio en la sociedad premoderna estaba relacionado con el contexto económico necesario para fundar una familia o posibilitar la transmisión de la propiedad.

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TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

El amor romántico se desarrolló a finales del siglo XVIII. A pesar de prometer una relación igualitaria basada en la atracción mutua, el amor romántico ha tendido a facilitar la dominación del hombre sobre la mujer. Muchos hombres resolvían las tensiones entre la respetabilidad del amor romántico y las compulsiones del amor pasional separando la comodidad de la esposa y el hogar de la sexualidad de la amante o la prostituta. La doble moral imperante obligaba a la esposa llegar virgen al matrimonio. La fase mas reciente de la modernidad ha presenciado otra transformación de la naturaleza de las relaciones íntimas: la sexualidad plástica. Las personas de las sociedades modernas tienen muchas más opciones de las que han tenido nunca para escoger cuándo, con qué frecuencia y con quién tendrán sexo. La sexualidad plástica desconecta el sexo de la reproducción. Con la aparición de la sexualidad plástica se produce un cambio en la naturaleza del amor. Los ideales del amor romántico se están fragmentando y están siendo reemplazados por el amor confluente, que es activo y contingente y desentona con las cualidades eternas y únicas del amor romántico. Las personas pueden elegir; mientras que antes era difícil o imposible conseguir el divorcio, las personas casdas y ano están obligadas a permanecer juntas si la relación no funciona. Las personas cada vez persiguen más el ideal de relación pura, que las parejas mantienen la relación porque deciden hacerlo. El concepto de amor confluente se va consolidando como posibilidad real, la idea de encontrar al hombre o la mujer adecuados va dejando paso a la idea de encontrar la relación adecuada. El amor se basa en la intimidad emocional que genera confianza, y se desarrolla según la preparación de cada miembro de la pareja. Existe otra variedad de formas de relación pura. Una de ellas puede ser el matrimonio, expresión de dicha relación. Las relaciones puras no están limitadas al matrimonio, ni tan siquiera a las relaciones heterosexuales. Incluso en algunas expresiones de relaciones homosexuales se acercan más al ideal de las relaciones puras por su carácter abierto y negociado. Algunos críticos han afirmado que la inestabilidad de la relación pura contrasta con la complejidad de las prácticas familiares. Al centrarse en las relaciones de adultos, señalan los críticos, la idea de relación pura refleja la marginación de los niños y la niñez en el pensamiento sociológico (Smart y Neale) Muchas de las ideas presentes en La transformación de la intimidad también se encuentran en los escritos del matrimonio compuesto por Beck y Beck-Gernsheim.

Ulrich Beck y Elizabeth Beck-Gernsheim: El normal caos del amor En El normal caos del amor (1995) Ulrich Beck y Elizabeth Beck-Gernsheim examinan el carácter tempestuoso de las relaciones sociales, matrimonios y pautas familiares en el contexto de un mundo que cambia rápidamente; señalan que las tradiciones, normas y directrices que solían regir las relaciones personales y ano están vigentes, y que los individuos se enfrentan ahora a un sinfín de opciones relacionadas con la construcción, ajuste, mejora o disolución de las uniones que forman con los demás. Para Beck y Beck-Gernsheim nuestra época está llena de intereses enfrentados entre lo que es la familia, el trabajo, el amor y la libertad para luchar por los objetivos individuales. La colisión se percibe de forma aguda dentro de las relaciones personales. Además de los hombres, hay cada vez mas mujeres que tienen carrera profesional en el curso de su vida, y tanto unos como otras hacen hincapié en sus necesidades profesionales y personales. Los autores llegan a la conclusión de que en la época actual

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TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

entran en las relaciones muchos más elementos que antes. Además del amor, sexo, niños, matrimonio que son objeto de negociación, están el trabajo, la política, la economía, las profesiones y la desigualdad. Las parejas contemporáneas se enfrentan a una amplia variedad de problemas que van desde lo prosaico hasta lo profundo. Beck y Beck-Gernsheim señalan que la “batalla de los sexos” es el “drama principal de nuestra época”. Aunque el matrimonio y la familia parezcan mucho más “endebles” que nunca, siguen siendo cosas muy importantes para la gente. Hay menos gente que se casa, pero el deseo de vivir con otra persona en pareja se mantiene realmente firme. Esta contradicción, según los autores, tiene una explicación: el amor. La “batalla entre los sexos” de la actualidad es la indicación más clara del “hambre de amor” que tienen las personas. Hay muchas tensiones entre hombres y mujeres, pero persisten una esperanza y una fé profunda en la posibilidad de encontrar un amor auténtico con el que realizarse. Beck y Beck-Gernsheim señalan que el amor se ha convertido en algo cada vez más importante precisamente porque nuestro mundo es realmente abrumador, impersonal, abstracto y cambia con tanta rápidez. El amor es el único lugar en el que las personas pueden encontrarse a sí mismas y conectar con los demás. En un mundo incierto y arriesgado como el nuestro, el amor es real:

El amor es una búsqueda de uno mismo, una ansia de estar realmente en contacto con el yo y con el tú, de compartir el cuerpo y el pensamiento, de encontrarse el uno al otro sin guardarse nada, de haber confesiones y ser perdonado, de comprender , de confirmar y de apoyar lo que era y lo que es, de añorar un hogar y de confiar en contrarrestar las dudas y ansiedades que genera la vida contemporánea. Si nada parece cierto o seguro, si incluso respirar resulta arriesgado en un mundo contaminado, entonces la gente se lanza a la caza de engañosos sueños amorosos hasta que, de repente, se convierten en pesadillas.

El amor es desesperado y tranquilizador al mismo tiempo. Una “fuerza poderosa que obedece sus propias leyes y que graba sus mensajes en las expectativas, ansiedades y pautas de comportamiento de las personas”. Se ha criticado a estos autores que centraran su estudio exclusivamente en la heterosexualidad.

Zygmunt Bauman: Amor líquido En su libro Liquid Love(2003), el sociólogo Zigmunt Bauman afirma que las relaciones de hoy en día están “en boca de todos y aparentemente el único juego en el que merece la pena embarcase, a pesar de su notorio riesgo”. El libro trata de la “fragilidad de las relaciones humanas”. El héroe de su libro es “el hombre sin vínculos”. Los vínculos que unen al hombre de Bauman no son rígidos, y puede liberarse de ellos rápidamente si cambian las circunstancias, y como estas cambian a menudo, usa la metáfora “líquido” para describir la sociedad moderna, caracterizada en su opinión por el cambio constante y la falta de lazos duraderos. Sostiene Bauman que en mundo de “individualización generalizada”, las relaciones son una bendición ambivalente: repletas de deseos contradictorios. Nos balanceamos entre dos polos constituidos por la seguridad y la libertad. El resultado es una sociedad de “parejas semiseparadas” que mantienen “relaciones de bolsillo”, con ello Bauman se refiere a lago que puede utilizarse cuando se necesita, pero echarse al fondo del bolsillo cuando no hace falta. Nuestra forma de responder a la “fragilidad de los vínculos humanos” es sustituir la

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TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

calidad de nuestras relaciones por la cantidad, perdiendo importancia la profundidad y ganando importancia del número de ellas. Las personas ahora hablan más de contactos y redes, y menos de relaciones. Las redes suponen contactos momentáneos.

A veces se acusa a Bauman de ser demasiado pesimista respecto a la

transformación de nuestras relaciones íntimas que ha tenido lugar en los últimos tiempos.

Conclusión: debate sobre los valores familiares Los defensores de la familia afirman que debemos recuperar el sentido moral de la familia, recuperar su idea tradicional, que era mucho más estable y ordenada que la complicada red de relaciones en la que la mayoría de nosotros nos encontramos (O´Neill). Las transformaciones que afectan a la esfera personal y emocional traspasan las fronteras de cualquier país concreto. Encontramos los mismos temas casi en todas partes, en mayor o menor grado y según el contexto cultural en el que tienen lugar. China: la tasa de divorcio es relativamente baja en comparación con la de los países occidentales, pero crece con rapidez, como ocurre en otras sociedades asiáticas en desarrollo. El matrimonio y la familia son mucho más tradicionales, a pesar de la política oficial que limita los nacimientos mediante una mezcla de incentivos y sanciones. En China se habla mucho de proteger a la familia “tradicional”. En muchos países occidentales, el debate aún es más intenso y divergente. Los

defensores del modelo tradicional familiar hablan de ruptura de la familia. La familia es el punto de encuentro de una serie de tendencias que afectan a la sociedad en su conjunto:

el aumento de la igualdad entre los sexos, la incorporación generalizada de las mujeres a la fuerza de trabajo, los cambios en el comportamiento y las expectativas sexuales y la evolución de las relaciones entre hogar y trabajo. Los cambios mas importantes los que afectan a nuestras vidas personales, en la sexualidad, la vida emocional, el matrimonio y la familia. Está en marcha una revolución global, que avanza irregularmente y con muca resistencia en las distintas partes del mundo. Otros contestan que la familia no se está derrumbando, solo se está diversificando. Se debería de promover estructuras familiares y comportamientos sexuales más diversos. No es posible un retorno a la vida familiar tradicional. Los cambios sociales que han transformado los tipos de matrimonio y de familia anteriores son casi irreversibles. Hoy en día las relaciones sexuales estables y el matrimonio no pueden ser como antes. La comunicación de los sentimientos se ha hecho crucial para nuestras vidas en el ámbito personal y familiar.

El divorcio no siempre refleja infelicidad. No hay duda de que las tendencias que

influyen en la sexualidad, el matrimonio y la familia crean en algunas personas profundas

ansiedades, a la vez que, para otros, generan nuevas posibilidades de satisfacción y autorrealización. Los que se alegran de que hoy en día exista una gran variedad de formas

familiares, porque consideran que ésta nos libera de las limitaciones y sufrimientos del pasado, tienen bastante razón (solteros, parejas que cohabitan, homosexuales).

Es preciso hallar un equilibrio entre las libertades individuales que todos valoramos

en nuestra vida individual y la necesidad de establecer relaciones estables y duraderas con otras personas.

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TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

T 3- 9: MUJER Y TRABAJO. LADIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO EN EL ANÁLISIS SOCIOLÓGICO: DE NATURAL A SOCIALMENTE CONSTRUIDA (V. FERREIRA)

1. LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO División del trabajo: el concepto se utiliza en tres acepciones:

- División técnica del trabajo: referida a los procesos de producción. Para Marx es la causa principal de las desigualdades de clase y de la alienación

- División social del trabajo: diferenciación existente en la sociedad como un todo. Para Comte y Durkheim aumenta la solidaridad social creando lazos de interdependencia

- División sexual del trabajo: diferenciaciones sociales existentes entre hombres y mujeres

La Sociología clásica ha teorizado sobre las dos primeras pero ha considerado la división sexual como algo inexorable dada la función de la mujer en la reproducción biológica. Tienden a dar una interpretación natural de un fenómeno social

La progresiva integración de la mujer en el trabajo remunerado en las soc. industrializadas y la crítica feminista desde fines de los 60 han llevado a replantear la división sexual del trabajo. Las condiciones de desigualdad de las mujeres en el trabajo remunerado se convierten en el centro del análisis sociológico actual:

- El empleo femenino se concentra en un pequeño número de profesiones (las menos cualificadas y remuneradas), en el escalafón inferior de las empresas y dentro de los empleadores económicamente menos rentables

- El concepto segregación (surgido en los 70’), indica la influencia de algún tipo de discriminación que impide el acceso a cualquier empleo. La segregación se puede analizar en diferentes tipos de desigualdad social (sexual, racial, religiosa,…) y se manifiesta en los sectores de actividad, en las ocupaciones y cualificación. En el mercado de trabajo se da una segregación horizontal (diferenciación en profesiones y sectores de actividad), vertical (inserción en diferentes niveles de cualificación) y transversal (concentración femenina en los sectores menos rentables y peor remunerados)

- La literatura clásica sobre segregación sexual en el empleo, a menudo no facilita una lectura comprensiva porque supone la segregación como resultado de los procesos de mercado (considerados neutros desde el punto de vista de los sexos) y no consideran el género sexual como mecanismo de desigualdad económica. Cabe señalar:

Corriente estructuralista se centra en la comparación de los puestos de trabajo entre hombres y mujeres, identificando diferencias en la normatividad y en la naturaleza de las actividades. Fundamentan la división sexual del trabajo en la fragmentación del proceso productivo, estructura de la familia, función económica de la mano de obra femenina,

Corriente constructivista: surge en los 80 y combina la perspectiva estructural con la de la interacción social. Se centran en la influencia de las relaciones sociales de sexo en la jerarquización de las cualificaciones, las formas de control de cada lugar de trabajo y en la categorización de los distintos puestos de trabajo. El mecanismo de segregación se traslada a las relaciones sociales de sexo en lugar de las diferencias naturales o necesidades funcionales del sistema productivo. El concepto identidad es clave y se entiende como la instancia mediadora entre las estructuras sociales y las acciones individuales. Se trata de un proceso de negociación y construcción de sentido por parte de los sujetos sociales y no como una categoría definida y rígida Las principales corrientes sociológicas sobre la división sexual del trabajo surgidas tras la II G.M se estructuran en teorías que toman como referencia la familia o el mercado y las que estructuran una visión conjunta de ambas esferas

TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

Actualmente el debate se centra en torno al carácter socialmente construido de las relaciones sociales de sexo y de las identidades ocupacionales masculinas y femeninas.

1.1) LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO EN LA FAMILIA

- Teoría del capital humano (Becker, 50’): la segregación es producto de las particularidades de la fuerza de trabajo masculina y femenina. La lógica de la organización y funcionamiento de la

familia, tiende a que cada miembro se especialice en su esfera, se trata de una decisión racional. La mujer se especializa en la esfera doméstica y cuando participa en el mercado de trabajo lo hace con desventaja, ya que no posee cualificación y no tiene experiencia profesional; supedita el trabajo a la actividad en el hogar buscando empleos poco exigentes y flexible. Numerosas mujeres compiten por un número limitado de puestos y los salarios son a la baja Otro tipo de teorías similares parten de los supuestos atributos de las mujeres y establecen un paralelismo con los puestos de trabajo que ocupan (cocinar, limpiar,…) Críticas a la Teoría del capital humano:

- La opción racional elude las relaciones de poder en los procesos de decisión dentro de la familia y el diferencial de información entre los sujetos

- Existen ocupaciones “femeninas” que exigen una cualificación y experiencia profesional tan grandes como las masculinas (p.e.: enfermería) y con una gran diferencia salarial. Es la valoración social sexista que se da a las ocupaciones lo que lleva a pensar que los hombres adquieren cualificaciones y las mujeres poseen cualidades

- Su importancia reside en demostrar la importancia de la familia a la hora de encaminar a hombres y mujeres al mercado de trabajo y plantear el problema en términos de elección personal (y no biológicos). No obstante presupone que existe un mercado de trabajo perfecto en el que los empresarios pagan de acuerdo con el trabajo realizado y no por el tipo de persona que lo realiza

1.2) LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO EN EL MERCADO DE TRABAJO Trasladan el punto de observación hacia el mercado de trabajo y las estrategias de los empleadores se dan en los 70’. Destacan las teorías sobre:

- Dualismo del mercado de trabajo (Doeringer, Barron), Segmentación del empleo (Edwards) Al centrarse en los empleadores se observa la diferenciación de los puestos de trabajo en dos segmentos: primario (puestos cualificados, bien remunerados y con estabilidad) y el secundario (no cualificados y con alta rotación), donde abundan las mujeres. Ello se explica por la tendencia al abandono del puesto (prioriza la familia), la clara diferencia social que puede permitir la discriminación, la escasa cualificación y la poca participación sindical. A nivel macroestructural la mano de obra femenina ha llegado a constituir una categoría que es usada en función de las demandas del mercado de trabajo Críticas a la Teoría:

Consideran a las mujeres como un bloque homogéneo concentrado en el sector secundario, cuando muchas lo hacen en la Adm. Pública y en los servicios. Tampoco puede explicar la segregación existente en el interior de cada segmento

- La descualificación del trabajo (Braverman) El efecto de descualificación de la tecnología sobre el trabajo (simplificando tareas y disminuyendo el nivel de cualificación) contribuye a aumentar la feminización de la estructura del empleo Críticas a la Teoría:

TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

Las relaciones sociales de sexo impregnan las definiciones sociales de cualificación o formación (no se reconocen las capacidades necesarias para desempeñar puestos de trabajo típicamente femeninos). Lo más importante es luchar por su reconocimiento social en el contexto de os puestos de trabajo que ocupan

- El ejército industrial de reserva (Braverman, Bruegel) Las mujeres son una facción de éste ejército cuya función es la degradación de los salarios masculinos, debido a su vinculación intermitente con el mercado de trabajo (en momentos de crisis son las primeras en ser expulsadas del mercado)

Críticas a la Teoría:

No explica por qué, en los momentos de crisis, los empleadores no mantienen a las mujeres (que tienen salarios más bajos), ni porqué se hacen cargo de la doble tarea laboral y doméstica. Tampoco queda claro que ejerzan una presión sobre los salarios ya que el mercado está muy segmentado y hombres y mujeres no compiten por los mismos puestos

1.3) LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO EN LA FAMÍLIA Y EN EL MERCADO DE TRABAJO

Se incluyen las teorías que explican la segregación laboral considerando en conjunto la división sexual en ambas esferas del trabajo (mercantil y no mercantil) y el ámbito doméstico y el productivo Capitalismo y patriarcado son dos sistemas autónomos de opresión y explotación que se refuerzan mutuamente

- Teoría de los sistemas duales (Delphy, Hartman) Parten de la hipótesis que la dominación de las mujeres (de la esfera privada y opera mediante el patriarcado) y la opresión de clase (de la esfera pública y opera a través del capitalismo) están esencialmente separadas y pertenecen a esferas diferentes. No obstante se entrelazan, siendo una clase explotada por los hombres en el modo de prod. doméstico Delphy hace énfasis en la relevancia económica de la producción doméstica de las mujeres Crítica: Presupone que todas las mujeres son domésticas y coloca a hombres y mujeres en esferas diferentes

Hartman acerca las corrientes feministas al marxismo: es el patriarcado lo que reproduce la segregación y mediante las prácticas obstaculizadoras de acceso a la formación profesional y a los sindicatos, los hombres mantienen el control. Las mujeres se ven empujadas hacia el matrimonio y a la esfera doméstica y a la dependencia de los hombres

Walby está de acuerdo con la intersección capitalismo-patriarcado pero sostiene que en lugar de complementarse se hayan en tensión. Para Walby el patriarcado es un modo de producción doméstico y un sistema interrelacionado de estructuras sociales mediante los cuales los hombres explotan a las mujeres (el trabajo doméstico, el remunerado, el estado, la cultura, la violencia masculina y la sexualidad). La posición de la mujer en la familia está determinada por su trabajo remunerado

Crítica: tesis excesivamente economicista y estructural, no tiene en cuenta a los individuos concretos ni la interdependencia entre lo masculino y lo femenino. Además obvia la influencia de las ideologías y valores en la configuración de los roles.

TEMA 3: LA INTERSECCIÓN ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: TRABAJO, FAMILIA Y FORMÁS DE PARTICIPACIÓN

Frente a estas teorías “categoriales” el consenso actual es que capitalismo, patriarcado y racismo no son modos paralelos de opresión sino un todo contingente con tensiones internas y contradicciones y no se pueden establecer jerarquías entre sistemas. Las mujeres y los hombres no forman categorías sociales homogéneas; en el contexto laboral lo que existe son individuos que se erigen como tales a lo largo de varias dimensiones de la estructura de la estratificación (clase, sexo y etnia) En lugar de centrarse en la definición del tipo de atributos que supuestamente caracterizan a los sexos hay que procurar entender el proceso mediante el cual esos atributos se han hecho propios de uno u otro sexo en cada sociedad concreta

1.4) LAS TEORÍAS DE LAS RELACIONES SOCIALES DE SEXO (Chabaud y Fougeyrollas, Haicault, 90’) El concepto transversalidad es clave en ésta teoría. Mediante él se destaca el papel de las relaciones sociales de sexo en todas las esferas de la vida social (económica, política, simbólica)

Frente a las anteriores que se basaban en la articulación entre las esferas productiva y reproductiva, rechazan la noción de esferas separadas que posteriormente se articulan. Ambos sexos ocupan un lugar simultáneo en ambas esferas y es preciso analizar conjuntamente los procesos de producción y reproducción (la fábrica y la casa)

Conciben las relaciones sociales de sexo como relación social compleja, con distintas modalidades (antagonismo, contradicción, complementariedad, paradoja) que coexisten en ambas esferas y en lo simbólico. Combina la sociología estructural con la estrategia de los agentes, donde lo simbólico y la subjetividad individual tienen un papel clave Supone un avance en relación al modelo marxista y reduccionista del antagonismo estructural

Aunque las relaciones sociales de sexo tienen una dinámica propia, se articulan con otro tipos de relaciones sociales (clase, etnia, generacional,…) y se transforma junto a otros cambios sociales.

2) LA IDENTIDAD COMO CONCEPTO DE LIGAZÓN ENTRE ESTRUCTURAS SOCIALES Y ACCIÓN SOCIAL El análisis convencional de la división sexual del trabajo no atribuye a las relaciones sociales de sexo un papel en la determinación de la estructura ocupacional, considerándolas una dimensión exógena a las leyes del mercado. En realidad, las relaciones sociales de sexo (como resultado de la relación entre estructuras económicas y no económicas) son incorporadas como dimensión del trabajo y se refleja en la segregación sexual de las ocupaciones. Entiende el mercado como un vehículo para el ejercicio del poder político y la expresión de valores culturales y que las identidades masculina y femenina se constituyen también en los contextos de trabajo La división sexual del trabajo sigue modelos diferenciados según las sociedades, desafiando las concepciones naturalistas y economicistas

La desnaturalización (disociación de los rasgos biológicos) y la desfuncionalización (disociación de las necesidades de la familia o del capitalismo) de la división sexual del trabajo lleva a una definición que tenga en cuenta que los términos en que el mundo es comprendido por las personas son objetos sociales, productos de la interacción social. Esta visión constructivista se basa en:

a) División de género sexual desnaturalizada: el género sexual no es algo que se posea, sino que se construye en la interacción cotidiana, como parte de un proceso de construcción social. La

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estratificación sexual es una práctica institucional e individual. Hombres y mujeres son diferentes pero la magnitud de la diferencia y la forma en que se manifiesta varían a nivel regional e histórico

b) Concepción de identidad personal y social no esencialista y desnaturalizada: al enfrentarse con la realidad los sujetos sociales recurren a una construcción subjetiva mediante la cual interpretan y moldean el mundo, es la identidad La identidad psicológicamente supone la estructura personal, afectiva y cognitiva. A nivel sociológico es el instrumento al que se recurre para presentarse en imágenes apropiadas a los contextos sociales, culturales y laborales. Se construye en la interacción social Distinción entre

- Identidad personal (conjunto de sentido e imágenes para representarnos en el pasado)

- Identidad social (posición negociada entre la identidad personal y las exigencias del contexto)

- Identificación (proceso por el cual asimilamos un atributo de otra persona y se toma como modelo) En una sociedad dominada por valores como la autonomía y una ética de derechos, las exigencias sociales hacia las mujeres están más cerca de valores como la solidaridad y la ética de cuidados Las relaciones sociales de sexo tienen un papel fundamental en la determinación de las formas de autoridad que afectan al estatus, las remuneraciones, las ocupaciones y las formas contractuales.

Las identidades y las relaciones sociales de sexo son parte de la cultura, de la producción de sentido y se hayan en un proceso continuo de lucha y negociación. Ello se ve reforzado por las relaciones de poder, políticas, étnicas y sexuales, ya que lo percibido como masculino se valora más que lo femenino El poder social (personal o institucional) impone la definición de las situaciones y establece cómo se plantean los fenómenos y los problemas

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T3-10 La maternidad en Occidente y sus condiciones de posibilidad en el s. XXI

Introducción

Los cambios familiares que estamos experimentando en el mundo occidental pueden interpretarse como un paso más en el proceso de “civilidad” que se inició con los estados modernos. Sin embargo, las mujeres, junto a otros colectivos sociales, fueron durante largo tiempo excluidas de los derechos de ciudadanía y la función materna quedó sujeta a un sistema familiar que mantuvo, aunque modificado, su secular carácter patriarcal.

Desde finales del s. XX se vive un cambio importante social que se empieza a considerar como el inicio de una segunda modernidad. El proceso de “despatriarcalización” de nuestro sistema familiar puede ser visto como una de las transformaciones más notables que abre la posibilidad de la equidad entre sexos y generaciones. Pero, al mismo tiempo, genera nuevos riesgos y problemáticas sociales. La función materna es redefinida y reubicada en nuestra sociedad, teniéndose la posibilidad de gestionar, con un amplio margen de autonomía, su capacidad reproductiva. Pero otros procesos estructurales, relacionados con la organización social, están impidiendo tener los hijos que se deseen.

Sobre la fecundidad, la maternidad y las políticas familiares: una discusión desde la sociología de la familia

La maternidad es una experiencia femenina por excelencia. Sin mujeres que deseen ser madres no hay sociedad con futuro posible.

El demógrafo J. A. FERNANDEZ CORDÓN, ante la disminución constante de la fecundidad en España, imaginaba tres posibles escenarios de evolución demográfica:

1. Si se mantiene (1993) indefinidamente las tendencias actuales se terminaría la especie humana. Este escenario, indica el demógrafo, no es deseable.

2. Si se producen desde ahora (1993) ciclos de declive demográfico seguidos de periodos de recuperación, el promedio de crecimiento estará en torno a cero. Este escenario es desestabilizador, dado que los ciclos provocan en la economía un efecto acordeón de poca eficacia (escuelas, universidades, mercado

laboral, etc.)

3. Teniendo en cuenta el modelo de reproducción (descrito anteriormente), cada vez centrado menos en la familia, la regulación demográfica deberá asumirse como objetivo colectivo explicito. Este tercer escenario le parece a la autora Cristina Brullet discutible.

Las reflexiones de Brullet sobre ese tercer escenario, es la siguiente:

a) Sobre la primera afirmación de ese escenario: la reproducción humana estará

La Maternidad en Occidente

De Cristina Brullet

La Maternidad en Occidente De Cristina Brullet

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menos centrada en la familia, es discutible ya que depende del significado dado a la

familia

palabra

“familia”,

e

interpreta

que

el

demógrafo

estableció

el

tipo

de

convencional occidental (padre-madre e hijos viviendo bajo el mismo techo) y donde la

alianza matrimonial entre hombre y mujer es requisito ineludible para tener hijos legítimos. Por lo tanto su supuesto deja de ser válido si afirmamos que una madre y su hijo forman familia aunque no haya matrimonio previo, ni padre conocido. La idea del demógrafo derivó, posiblemente, de otra que decía que en Occidente se está viviendo un proceso de “desinstitucionalización de la familia”, lo cual es cierto en la España de finales del s. XX. Pero también es cierto que en España, como en otros países democráticos, se ha reformado el Código de familia y se están aprobando nuevas leyes sobre las relaciones familiares. Lo más probables a corto y medio plazo es que se promuevan nuevas regulaciones.

La autora, entiende que cuando una criatura nacida de una mujer o adoptada, es aceptada como hijo o hija, se establece un vínculo de filiación materna suficiente para crear familia, con independencia de la existencia de una tercera persona. Así pues la existencia del vínculo de filiación materna es suficiente para considerar que estamos ante un grupo familiar. Por ejemplo en España el tipo de hogar mas frecuente es el de la familia biparental (padre y madre que viven bajo el mismo techo), pero aumentan los

hogares monoparentales (situaciones familiares muy diversas con origen muy diverso, una

especie de cajón de sastre). También está

uniparentales (encabezada por una madre y padre totalmente ausente. También se la pude llamar familia gineparental).

Desde esta perspectiva, el foco relevante del debate sobre la relación del futuro de la reproducción humana con los procesos de cambio familiar, no es sobre si la reproducción estará mas o menos centrada en la familia (si hay hijos hay filiación y si hay filiación hay familia), sino sobre si los cambios que estamos viviendo abren o no abren el camino a un posible nuevo sistema de familia de carácter no patriarcal, con independencia de las formas concretas de convivencia que hombres y mujeres adopten en sus unidades familiares.

b) a) Sobre la segunda afirmación de ese escenario: la regulación demográfica deberá asumirse como un objetivo colectivo explicito. Desde mediados de los años 70 la progresiva disminución de la fecundidad en España situó el número de hijos por mujer, en edad fértil, en los mínimos mundiales a finales del s. XX. En la actualidad, la familia y las políticas familiares han pasado a formar parte de la agenda política de los partidos políticos. Políticas que pretenden incrementar la fecundidad, con lo que Fernández Cordón tenía razón al anunciar en 1993 que la “regulación demográfica” acabaría asumiéndose en España como un objetivo colectivo explicito.

Sin embargo, aunque el control de la fecundidad ha sido asumido en distintos tiempos y lugares por los poderes públicos de países occidentales y no occidentales, hoy por hoy es impensable la regulación directa de la fecundidad en los países democráticos Occidentales. Las mujeres han obtenido derechos reproductivos y tienen libertad para gestionar su fecundidad gracias a la expansión del libre uso de métodos anticonceptivos y a su creciente autonomía en la planificación de su proyecto de vida. Así que, si el objetivo explícito es mejorar las tasas de fecundidad deseada, solo

aumentando los

hogares de familias

La Maternidad en Occidente

De Cristina Brullet

La Maternidad en Occidente De Cristina Brullet

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puede hacerlo por vía indirecta. Por ejemplo subsidiando la reproducción asistida y mejorando las condiciones de vida de las mujeres.

Se decía que la maternidad ha sido impuesta a las mujeres. Hoy se dice que la maternidad es una elección. Según el parecer de Cristina Brullet, no es ni lo uno ni lo otro. En el pasado la maternidad no fue solo una imposición porque también hubo deseo y gozo de la maternidad, aunque sea cierto que ha habido y hay maternidades que han sido un obstáculo para realizar otros deseos y proyectos. Actualmente en España las mujeres viven la paradoja de tener libertad de controlar su fecundidad, pero se mueven en un contexto con fuertes constricciones para la experiencia de la maternidad. Una cosa es libertad para ser o no madre y otra es que se den las condiciones para poder elegir. Entre esas constricciones tenemos:

a. En España la ley obliga a continuar un embarazo no deseado en el caso de que no se cumplan las condiciones para un aborto legal. Con lo cual, aunque una mujer no puede ser propiedad de nadie, ella tampoco es propietaria de su propio cuerpo.

b. Se derivan del ejercicio de la maternidad en España en el mercado de trabajo. Donde la función materna es considerada como un asunto privado que no debe inferir en su actividad laboral, así, podemos decir, que en el marco laboral, la

maternidad debe permanecer oculta (madres jóvenes y mujeres embarazadas continúan siendo penalizadas en sus derechos).

c. El conjunto de limitaciones al derecho a la maternidad derivadas de nuestra organización social de los tiempos de vida. Todavía se supone hoy, contra toda evidencia, que las mujeres están disponibles para solventar las necesidades del grupo familiar a lo largo de las 24 h. del día. Con ello se está penalizando la calidad de vida de las mujeres.

En consecuencia, sería apropiado para las mujeres españolas que desean tener hijos un “objetivo colectivo explícito” que considerara:

1. Asegurar el derecho individual de las mujeres a la maternidad (compartido con el derecho de los hombres a ser padres).

2. Eliminar todas las formas de discriminación social sobre la función materna que se practican desde el ámbito laboral.

3. Crear desde los poderes públicos nuevas condiciones de posibilidad en la organización social para que este derecho se pudiera ejercer en las mejores condiciones posibles. Ello implica cuatro líneas básicas de intervención:

a. Incrementar y diversificar los servicios de apoyo a las familias.

b. Ampliar los permisos laborales a hombres y mujeres.

c. Repensar la organización horaria de los servicios adaptándolos a las nuevas formas de vida

d. Promover una nueva cultura familiar que se ajuste a los derechos individuales y tienda a favorecer la democracia familiar.

La Maternidad en Occidente

De Cristina Brullet

La Maternidad en Occidente De Cristina Brullet

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Sobre la familia y la función materna en la primera modernidad

La antropología nos ha mostrado como en la mayoría de las sociedades conocidas la diferenciación de actividades por razón de sexo siempre ha implicado una minusvaloración de las realizadas por las mujeres, siendo este un dispositivo básico para el mantenimiento del orden social patriarcal. La función materna siempre ha tenido un reconocimiento simbólico de segundo orden, siempre subordinado a la importancia del poder y el hacer masculino.

La función materna adquiere nuevas formas y contenidos a lo largo de los s. XIX y XX cuando se expande en Occidente la industrialización, la urbanización y el liberalismo político y económico. En la teoría política del Estado moderno la sociedad se contempla como una unidad dividida en dos esferas: la de los asuntos públicos y la de los privados. Así, la división sexual del trabajo queda asociada a esta visión dicotómica de la sociedad y de la vida humana. Solo en la esfera pública se constituye el individuo-ciudadano como sujeto de derechos políticos y sociales. Los derechos de ciudadanía son un atributo masculino y las mujeres reciben derechos derivados del padre o del marido. El contrato civil de matrimonio refuerza la subordinación y dependencia de las mujeres al marido a todos los efectos familiares, sociales, políticos y económicos. El proyecto moderno las destina a ser madres y esposas. Los acontecimientos básicos del ciclo familiar (nacimientos, matrimonios y defunciones) deberán pasar ahora por el registro civil, quedando el eclesiástico en segundo lugar.

En la definición y expansión del modelo de familia moderna (y patriarcal) intervienen otros elementos de carácter ideológico y educativo (además de los mecanismos jurídicos y políticos). Cabe citar:

1. El ethos de la domesticidad, (en torno a “ama de casa”, “esposa fiel” y “madre

amantísima”) que ocultan la explotación del trabajo que las mujeres realizan de manera gratuita en el hogar.

2. El mito del amor romántico, (asociado a la indisolubilidad del matrimonio) que

oculta la subordinación de la mujer como objeto sexual y la doble moral sexual femenina.

3. La creciente valoración del sentimiento de privacidad (asociado al hogar), del que gozan los varones pero no las mujeres, que deben estar siempre disponibles para servir a los demás.

A lo largo del s. XIX se extiende el ideal burgués de la figura de “ama de casa”, que en la mitad del s. XX será hegemónico en el mundo occidental. La representación de la “buena madre” se extenderá entre la élite obrera gracias al incremento del bienestar material de las familias, que permitirá a las hijas a quedarse en su nuevo hogar de casadas para cumplir con el modelo ideal de mujer casada. Así pues el avance de la primera modernidad fue consolidando la privatización y psicologización de la función materna mientras excluía a las madres del trabajo remunerado.

Irene THÉRY dice que el contrato de género de la primera modernidad vinculaba indisociablemente tres elementos: la desigualdad de los sexos, la maternidad de las mujeres y la indisolubilidad del matrimonio. Será necesario que pasen casi dos siglos

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De Cristina Brullet

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para que estos tres elementos dejen de estar articulados en un todo, puesto que el primer contrato de género ha estado cuestionado (no ha sido lineal ni uniforme) y marcado por las desigualdades entre grupos sociales.

Podemos afirmar que a principios del s. XXI el ethos de la domesticidad ya no tiene credibilidad en España entre las mujeres jóvenes, ya que mayoritariamente rechazan ser identificadas en exclusiva como “amas de casa”. Se constata también que el amor romántico ha dejado atrás el mito de ser un amor para siempre ya que se incrementan las rupturas conyugales y la biografía individual muestra la existencia de varias parejas a lo largo del trayecto vital. En cuanto el sentimiento de privacidad queda vinculado al derecho de todo hombre y toda mujer a gestionar su vida personal más allá de los modelos convencionales. Así pues aumentan las parejas de hecho con hijos, familias monoparentales y gineparentales, parejas sin hijos y otros tipos de parejas. Todo ello está comportando en España la aprobación de nuevas regulaciones de las relaciones de familia. Todo esto significa que en nuestro sistema familiar, con hogares monoparentales y familias recompuestas, la alianza pierde peso mientras que la filiación se refuerza, tanto la filiación por vía materna, como el deseo del vínculo filial con el padre biológico.

Sobre la fragilidad de la alianza, la crisis de la autoridad parental y la modificación de la división sexual del trabajo

Desde la antropología se considera familia a un sistema de vínculos y relaciones de parentesco que comprenden:

Las relaciones de alianza: vínculos por matrimonio

Las relaciones de filiación: vínculos entre ascendentes y descendentes y parientes colaterales.

Las relaciones de afinidad: vínculos con la familia política.

Entre unas y otras varía lo que es considerado comportamiento legítimo o ilegítimo. La institución familiar es por tanto una construcción cultural que varía en el tiempo y en el espacio.

El sistema occidental de familia se ha construido en base a la tradición judeocristiana que nos legó tres ejes normativos (el deber ser) que a su vez fueron fortalecidos por los estados modernos:

A. Primero es la alianza y después la filiación

B. La primacía de la autoridad patriarcal

C. La organización familiar en torno a la división sexual del trabajo

Estos ejes en la actualidad son abiertamente cuestionados. Veamos el proceso:

A) Primero es la alianza y después la filiación

En el s. XII la Iglesia cristiana (con un importante papel espiritual y material en Occidente)

impone como único matrimonio legítimo el matrimonio de mutuo acuerdo y lo convierte en sacramento, esto es, indisoluble. A partir de ese momento el núcleo conyugal

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empezará a tomar mayor relevancia frente a los intereses del linaje. Del mismo modo, frente a la práctica de la poligamia, la monogamia se constituirá como la única alianza reconocida por la Iglesia cristiana para la formación de una familia legítima. Únicamente tras el matrimonio (vínculo de alianza) pueden venir los hijos (vínculo de

filiación).

El Estado moderno reconstruye este eje normativo. Crea el Código Civil e instituye el

matrimonio civil como primer paso para constituir una familia legítima. Se mantiene la idea del matrimonio como contrato o pacto de mutuo acuerdo, pero no se modifica la desigualdad política entre mujeres y hombres. Si no se sigue el orden civilmente establecido: alianza + filiación, los hijos e hijas serán ilegítimos y las madres estigmatizadas. Se necesita el reconocimiento de un padre (marido de la madre) que da

la entrada al hijo o hija en sociedad al trasmitirle su nombre de familia (patrilinealidad).

Todo ello ha cambiado. Actualmente en España la alianza matrimonial no es necesaria

para tener criaturas legítimas. Nuestro actual Código de familia considera iguales ante

la ley a todos los hijos e hijas, sea cual sea la situación social o civil de la madre, la

cual puede transmitir su apellido de familia, tanto si forma una familia gineparental como biparental. Esto supone una ruptura simbólica profunda con una tradición patrilineal y patriarcal que negaba a la madre el derecho a transmitir el nombre de su familia a sus descendientes.

Después de una ruptura de pareja (separación de hecho, legal o divorcio) los hijos se quedan mayormente a vivir con la madre, sobre todo si son de poca edad; manteniendo, en su mayoría, una custodia compartida entre padre y madre. Pero las separaciones conyugales tienden a debilitar el vínculo filial del padre mientras lo refuerzan en las madres.

B) La primacía de la autoridad patriarcal

La máxima autoridad dentro de la familia es la del marido y padre, siendo la tradición familiar cristiana patriarcal. Y con el contrato de género de la primera modernidad las principales decisiones familiares continúan subordinadas a la autoridad masculina. El Estado liberal moderno instituye la subordinación de la esposa a través del matrimonio civil, siendo el esposo el “cabeza de familia” representante legal ante el Estado y la sociedad.

A lo largo de los s. XIX y XX la intensificación del proceso de industrialización y de

salarización masculina comporta la ausencia del padre del ámbito privado-familiar. Su actividad laboral queda alejada del grupo doméstico y su antiguo saber en el oficio deja de ser una fuente de autoridad entre los hijos, de esta manera la autoridad paterna, característica de la familia premoderna, queda vaciada de su antigua legitimidad. Sin embargo, el padre moderno se mantiene como primera autoridad familiar gracias a tres elementos:

1. Su salario le permite asegurar la subsistencia del grupo domestico.

2. La ley civil lo instituye como cabeza de familia.

3. Su posición preeminente se mantiene ante los hijos gracias a la mediación de la (el “ya verás cuando llegue tu padre). A cambio al prolongarse y privatizarse su

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función materna en el hogar, adquiera autoridad femenina ante los hijos gracias a su continua interacción con ellos.

Otros procesos inherentes a la modernidad avanzada pondrán en cuestión la autoridad

materna, como la de los expertos (médicos, ginecólogos, pedagogos, psicólogos) que

convierten el saber practico de crianza de las madres en conocimiento “no científico”.

En la segunda mitad del S. XX, se acentúan la reducción de la autoridad paterna tradicional y la de los saberes femeninos, por la incorporación creciente de las mujeres al mercado de trabajo, al adquirir estas mas autonomía económica y social. Los tres elementos que soportan la autoridad moderna del padre (su salario, cabeza de familia y la mediación de la madre) dejan de presentarse de manera compartida. Se inicia un proceso donde la autoridad del padre ya no se da por supuesto, sino que se va adquiriendo progresivamente junto a la autoridad de la madre (caso de familias biparentales). A finales del s. XX aparece un nuevo agente de devaluación de los saberes parentales: los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías de la comunicación.

El debate actual sobre la autoridad parental cae a menudo en una confusión conceptual entre “autoridad patriarcal” y “autoridad parental”. El primer concepto hace referencia a la ley masculina que impone normas no negociadas y discriminatorias por razón de género y edad. El segundo concepto, se relaciona con el sentido originario del término autoridad, es decir el reconocimiento a la autoría (auctoritas: crear hacer crecer, etc.), bien distinto a la autoridad como sujeción o autoritarismo. La autoridad “parental” es un adjetivo sin marca lingüística de género, y que por lo tanto incluye la autoridad del padre y de la madre. En la actualidad se tiende a valorar positivamente la autoridad basada en el amor y la proximidad y a reducir o eliminar el autoritarismo.

Hoy nos encontramos en los inicios de un posible proceso de transición hacia un nuevo modelo de familia democrática no patriarcal, que debe fundamentarse en una mayor corresponsabilidad en el reparto de los roles conyugales y parentales y en la comunicación y la negociación entre sus miembros. Para construir nuevas formas de relación intrafamiliar es necesario disponer y concederse tiempo personal de unos a otros, mantener una interacción cotidiana, conocimiento y seguimiento negociado de las posiciones cambiantes de cada miembro a lo largo del ciclo familiar. Uno de los principales problemas hoy en España es la falta de tiempo de madres y padres para poder mantener una mejor relación cotidiana con sus hijos e hijas. La cuestión es como hacer posible un mejor reparto de los tiempos familiares de manera que hijos e hijas puedan también participar en la construcción de unas relaciones familiares democráticas.

Pero la construcción de una autoridad parental democrática no es un asunto exclusivamente privado de cada familia. Contrariamente, esta es una de las problemáticas que debe ser tratada desde el ámbito de lo público.

C) La organización familiar en torno a la división sexual del trabajo

La familia se organiza en torno a la división sexual del trabajo que empuja a cooperar a hombres y mujeres en la resolución de los problemas inherentes a la vida cotidiana.

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Esta cooperación se da tanto en el pasado premoderno (con una producción y

reproducción poco segregados), como el la primera modernidad (con extensión de una segregación sexuada de producción –fabrica, empresa- y reproducción –familia-).

En las sociedades premodernas, estructuradas sobre una economía agrícola, los

hombres y mujeres de toda edad participaban de espacios y tiempos de trabajo comunes. La primera modernidad opera un cambio radical en la tradicional forma de entender la división sexual del trabajo. El liberalismo político aporta una nueva

concepción de la vida social que separa los asuntos públicos de los asuntos privados,

que

queda fuertemente asociada a la secular división sexual del trabajo. Así en los s.

XIX

y XX se conforma y consolida el modelo ideal de la mujer “ama de casa” y “madre

amantísima” cuya actividad cotidiana la realiza en el hogar y coopera con el esposo

que lo hace fuera del hogar, siendo ambos mantenedores del grupo familiar.

Hasta fechas muy recientes ser una buena madre y esposa significaba atender a los hijos, marcar pautas de la vida cotidiana, atender el hogar, hijos y marido y estar

siempre disponible. Ser padre significaba traer el dinero a casa y marcar la ley dentro

del hogar. Pero en la actualidad esta división sexual del trabajo se ha modificado. Se

ha impuesto la “doble presencia” de las mujeres (trabajo remunerado y doméstico) y empieza a reconocerse la importancia social y económica de su trabajo en el ámbito privado-familiar. Ahora bien, su doble presencia, dificulta el ejercicio de su función materna pero no por ello se ha modificado sus actividades dentro del hogar. Si el trabajo no pagado se ha reducido ha sido porque se tienen pocos hijos y el trabajo domestico ha experimentado transformaciones técnicas (lavadora, nevera, micro, etc.).

Hoy las madres que trabajan fuera del hogar y forman parte de una familia biparental esperan que el padre aporte algo mas que una parte de sus ingresos, es decir, una mayor participación, en tiempo e iniciativa personal, en el trabajo domestico y en la crianza y atención a los hijos. Pero los hombres se resisten, de manera que hoy por hoy las cuidadoras principales del grupo familiar en España continuando siendo las mujeres. Es decir, en este proceso de cambio aún inacabado, se puede considerar que la identidad paterna convencional se encuentra en crisis, mientras que la identidad materna no ha cambiado sustancialmente. Desde una perspectiva cultural podemos afirmar que la división sexual del trabajo dentro del hogar (el deber ser) ha perdido su legitimidad histórica.

Las investigaciones que tratan de conocer los cambios actuales en las practicas de

reparto de trabajo reproductivo-familiar, constatan que, en general, las madres no ocupadas realizan tres veces mas de trabajo no pagado que sus parejas; que las madres ocupadas hacen dos veces mas, y que cuando hay criaturas pequeñas en el hogar las tareas se multiplican y aumenta mas el trabajo domestico de las madres que la participación del padre. En todo caso, a mayores ingresos en el núcleo familiar más se externalizan las tareas del hogar.

En España hay un déficit muy importante de servicios públicos para la primera

infancia, por lo que la estrategia de las madres, con trabajo remunerado, de compatibilizar la ocupación y familia haciendo uso de los servicios públicos se hace muy difícil (si no pueden pagarse servicios privados como suelen utilizar las clases medias o altas). Otra estrategia consiste en apoyarse en las redes interpersonales y

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familiares, pero los recursos temporales de las familias de origen (sobre todo las abuelas) en apoyo a sus hijas también se está agotando debido a que también se incrementa el porcentaje de mujeres adultas activas en el mercado laboral.

Pero, la crisis de legitimidad de la división sexual del trabajo como eje estructurador de las relaciones familiares parece ser irreversible en el mundo occidental.

Síntesis final

1. En el mundo occidental estamos experimentando la crisis del modelo de familia patriarcal construido en la primera modernidad. En España a lo largo de la democracia, se han incrementado: derechos y deberes de hombres y mujeres, la igualdad entre sexos y la libertad para construir el trayecto biográfico individual y familiar.

2. Los cambios en la posición social de las mujeres occidentales (públicos y privados), han tenido fuertes impactos en la redefinición delas relaciones conyugales y parentales. El incremento de las rupturas conyugales y la reproducción asistida están desinstitucionalizando el modelo de familia convencional básico hasta finales del s. XX.

3. En España, como en otros países democráticos, se ha reformado el Código de familia y se están aprobando nuevas leyes sobre las relaciones familiares.

4. La función materna es redefinida y reubicada en la vida de las mujeres. En España el ethos de la domesticidad ya no tiene credibilidad entre las mujeres jóvenes. El amor romántico ha dejado atrás el mito de un amor para siempre. Y el sentimiento de privacidad se vincula al derecho individual a gestionar la vida personal y afectiva más allá de los modelos convencionales.

5. Hoy en España, las mujeres jóvenes gestionan con gran autonomía su capacidad reproductora y han decidido tener pocos hijos.

6. Facilitar la realización del deseo de maternidad desde los poderes públicos es legítimo si se respetan los derechos individuales.

7. Con nuestras prácticas hemos transformado de manera profunda los tres ejes normativos que estructuraron nuestro sistema familiar de raíces judeocristianas y fortalecidas por el Estado moderno.

8. Hoy las madres que trabajan fuera del hogar y forman parte de una familia biparental esperan que el padre aporte algo mas que una parte de sus ingresos, es decir, una mayor participación, en tiempo e iniciativa personal, en el trabajo domestico y en la crianza y atención a los hijos. Pero los hombres se resisten.

9. Aunque la Constitución española y el Código de familia afirman el derecho de igualdad de mujeres y hombres en la vida social y familiar, esto no significa un cambio automático en las prácticas. Aunque debemos reconocer que estos principios han calado en nuestra sociedad.

10. Los comportamientos familiares en España reproducen a menudo de los

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esquemas del pasado.

11. El derecho a la elección de la maternidad en España implica tres limitaciones:

a.

La ley obliga a continuar un embarazo no deseado (caso de no cumplirse las condiciones establecidas)

b.

La función materna es considerada exclusivamente como un asunto privado

c.

Las madres y padres no disponen de los servicios necesarios para atender sus responsabilidades familiares y laborales

12. Otras

limitaciones

al

derecho

a

la

maternidad

se derivan de nuestra

organización social de los tiempos y espacios de vida.

13. Una política familiar progresiva que pretenda atender a las necesidades de la familia debería:

a. Considerar el derecho individual de las mujeres a la maternidad

b. Eliminar todas las formas de discriminación social sobre la función materna especialmente en el ámbito laboral.

c. Crear nuevas condiciones de posibilidad en la organización social para poder ejercer la maternidad en las mejores condiciones posibles.

14. En España, esto implica operativamente cuatro líneas básicas de intervención:

a. Incrementar y diversificar los servicios de apoyo a la familia

b. Ampliar los permisos laborales a hombres y mujeres para que puedan atender a sus hijos y familiares dependientes

c. Repensar la organización de los servicios y de los espacios públicos

d. Promover una nueva cultura practica familiar ajustada a los derechos individuales y favorezca la democracia familiar.

15. La situación actual en España demanda nuevas formas de articulación entre individuos, familias y Estado de bienestar.

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T3-11 . - HACIA NUEVOS INDICADORES DE TRABAJO Y GÉNERO: UN PROBLEMA MUCHO MÁS QUE ESTADÍSTICO

11.1. La necesidad de nuevos indicadores de trabajo y género

La función de un indicador es condensar la información ofrecida por las estadísticas existentes para dar cuenta de aquello que se quiere medir a través de un número ( indicador), que sea de lectura rápida y permita comparaciones temporales y/ o espaciales. En particular, los indicadores sociales constituyen medidas cuantitativas de los fenómenos sociales que permiten analizar las condiciones de vida de un sector o sectores de población determinados. Miden los principales rasgos de la sociedad, su interrelación y cambio. Sirven de guía con el fin de detectar problemas específicos y poder contribuir al diseño de políticas públicas que tiendan a aumentar la calidad de vida de las personas.

Estas afirmaciones y definiciones generales no informan acerca de la orientación ideológica y política que hay detrás de un sistema de indicadores. Por ello, no es ocioso insistir en los sesgos que pueden presentarse en el análisis estadístico: la forma en que se recoge y se presenta la información; los problemas de medición; y los de construcción y coherencia conceptual, condicionan notablemente los resultados de un estudio. La elección y elaboración de un sistema de indicadores sociales normalmente están orientadas por dos elementos que no siempre se hacen explícitos. La intencionalidad política: qué y para qué se quiere medir. El enfoque teórico: que sustenta la elaboración del sistema e intentar dar cuenta de la estructura de relaciones objeto del análisis.

En relación a las sociedades patriarcales, los indicadores han reflejado lo que se puede denominar “el mundo masculino”. Y no se tiene en cuenta la participación en los espacios más privados de relación social o en el trabajo familiar doméstico espacios asignados socialmente a las mujeres. De aquí que al visibilizar sólo la parte pública de los procesos, ésta se hace universal; siendo lo único que queda reflejado en las estadísticas e indicadores. Cuando desde esta perspectiva se elaboran indicadores para las mujeres, se las está “midiendo” desde un referente masculino, no se está analizando a las mujeres desde ellas mismas, sino que se está midiendo hasta qué punto las mujeres se están integrando en el mundo masculino. La idea de elaborar nuevos indicadores está en la base de recuperar el mundo invisible, no de agregarlo, sino de integrarlo. De ahí la necesidad, en primer lugar, de contar con nuevos modelos económicos que representen toda la realidad y no solo una parte de ella.

11.2. El sesgo androcéntrico de los modelos económicos

Tradicionalmente, los modelos económicos han sido elaborados como abstracciones de la producción y distribución mercantil capitalista. Los modelos elaborados desde la teoría económica (con matices según escuelas), han presentado casi exclusivamente la economía de mercado, pero con pretensiones de ser reflejo toda la realidad económica. El resultado ha sido que dichos esquemas interpretativos ofrecen una visión desfigurada de la realidad, esconden una parte de los procesos fundamentales para la reproducción social y humana, básicamente el trabajo que se realiza en los hogares, sin los cuales, el “mercado” ni siquiera podría subsistir.

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Se observa que nuestras sociedades funcionan y subsisten a través de procesos que podríamos denominar de “producción y reproducción”. La participación en estos procesos se acostumbran a denominar trabajo, empleo o actividad, sin que las definiciones sean claras y las fronteras entre ellos nítidas. Se pueden señalar tres como las más relevantes:

.El empleo (o autoempleo),

asignado socialmente a los hombres. el único considerado por la economía como trabajo.

.El trabajo familiar doméstico

tiene

como objetivo el cuidado de la vida humana.

tradicionalmente realizado por las mujeres.

.El trabajo de participación ciudadana

conocido

también como trabajo voluntario.

engloba actividades muy variadas. realizadas en distintos espacios sociales.

Que las definiciones no sean precisas es un síntoma claro de la dificultad de separar totalmente estas actividades. Hay determinadas producciones de bienes que según la situación sociohistórica del hogar o la sociedad ha pasado de un ámbito a otro.

Estos procesos no son ni tan independientes ni tan autónomos como lo pretende la disciplina económica. ¿De donde proviene la fuerza de trabajo?, ¿son suficientes los salarios para asegurar la reproducción humana?. A pesar de que el sistema en términos monetarios-económicos no podría subsistir con solo el trabajo mercantil, mucho más importante es otro aspecto del trabajo familiar doméstico, aquel que lo define, que determina su objetivo básico: el ser responsable del cuidado de la vida humana. Lo cual implica no sólo la subsistencia biológica, sino el bienestar, la calidad de vida, los afectos, las relaciones, etc.

Sin embargo, a pesar de la importancia de esta actividad, desde la política y la economía se ha ignorado y ocultado su relevancia. Acabar con la invisibilidad de este trabajo significa entre otras cosas reconocer y dar valor a la importancia de las mujeres.

Con esta visión androcéntrica, dichos esquemas interpretativos no están en condiciones de dar cuenta de los diversos planos en que se mueven las mujeres como trabajadoras, madres y ciudadanas. Además, también son adecuados para el análisis de la población masculina, ya que esconden la actividad de afectos y cuidados sin la cual dichos hombres y sus hijas e hijos no podrían subsistir.

11.3. Objetivos de la propuesta

Los datos estadísticos recogidos corresponden fundamentalmente a la actividad mercantil de las personas; ya que el trabajo familiar doméstico ni es una actividad económicamente relevante ni tiene siquiera el estatus de “trabajo”. El análisis de trabajo de mercado se presenta un sesgo de género. Como el ámbito reconocido y valorado socialmente es el masculino, ése es el que se mide y el que se utiliza como referente, a él se “agregan” las mujeres. Es decir, hay un elemento que se considera central y lo demás se define en relación a él por negación, como lo que no es, sin existencia propia sino “en relación a”. Es decir, no se reconoce la diferencia ni la diversidad.

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Para ejemplificar la afirmación anterior, consideremos las categorías más básicas utilizadas por la Encuesta de Población Activa (EPA): las de población económicamente activa y población económicamente inactiva. Como consecuencia, la población inactiva es una especie de cajón de sastre donde quedan incluidas las personas que estudian, como las mujeres que sólo realizan trabajo doméstico, o los jubilados, los pensionistas, los rentistas, etc. En definitiva, la definición de población activa subestima notablemente el trabajo de las mujeres al ignorar la actividad no remunerada que se realiza en el hogar.

El resultado es que la participación femenina se mide en relación al mundo masculino, al que tiene valor, al que hay que parecerse y llegar. Aunque sin hacerse explícita, se está manteniendo la idea de que el óptimo es que las mujeres se acerquen cada vez más al modelo masculino.

Desde una visión más realista, se hace necesario considerar el concepto de actividad en sentido amplio, incluyendo los distintos tipos de trabajo. Población con actividad, al menos realiza uno de los trabajos señalados y población sin actividad o población inactiva a las personas que no realicen ninguno de los dos trabajos. Así, se tendrá: población activa doméstica, población ocupada doméstica y población inactiva doméstica.

En definitiva, se trata de considerar los distintos trabajos que participan en el proceso de reproducción social, recuperando, nombrando y dando valor a toda aquella actividad imprescindible para la vida humana que ha permanecido oculta sin reconocimiento social. En concreto, los principales objetivos de nuestra propuesta de un sistema de indicadores sociales de trabajo y género guardan relación con el análisis de:

a) Los requerimientos de trabajo necesarios para la reproducción y el bienestar de las personas.

b) Los conflictos de tiempo.

c) La desigualdad entre mujeres y hombres en relación en la participación en los distintos tipos de trabajos y las diferencias según niveles de renta. Todo ello encaminado a manejar una visión más realista del funcionamiento social, a facilitar el seguimiento de la evolución de las distintas desigualdades entre los sexos y los efectos específicos de las políticas públicas en el ámbito familiar.

11.4. Algunos problemas en relación con la selección y elaboración de índices e indicadores

El primer problema es la elección de los indicadores que se considerarán más relevantes con relación al objetivo a conseguir. La obligación de elegir viene de la conveniencia de limitar su número para ofrecer mayor facilidad de interpretación y destacar los rasgos más significativos.

Un segundo tipo de problemas aparece si se pretende construir algún índice con los indicadores seleccionados. En esta situación, además de ser arbitraria la selección, también será arbitraria la importancia relativa, la ponderación, que se otorgue a cada uno de ellos en el índice final. Significa decidir qué aspectos del fenómeno estudiado se consideran más relevantes.

También en la construcción de un índice pueden surgir problemas de correlación entre los indicadores y de estandarización de los mismos. Los problemas de correlación hacen referencia a la falta de independencia entre los indicadores. El problema de la correlación entonces es que un mismo hecho se recoge con más de un indicador. No existe una solución clara a esta

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cuestión, sobre todo cuando los indicadores disponibles son limitados. El tema de la estandarización se presenta porque distintos indicadores pueden tomar valores que fluctúen en rangos muy diferentes, con lo cual, los que se encuentren en rangos más elevados tendrían mayor peso en el índice. Para evitar este problema, se estandarizan los valores de los distintos indicadores a una escala común utilizando valores de referencia para cada uno de ellos.

Un tercer problema guarda relación con los indicadores de desigualdad, entre mujeres y hombres en la participación en los distintos trabajos. Si se pretende medir niveles de desigualdad y hacer un seguimiento de su evolución, antes de definir indicadores apropiados, se debiera discutir el significado de “igualdad o desigualdad” y lo que se consideran niveles aceptables u óptimos.

“Igualdad”en el trabajo es un concepto relativo que exige definir primero igualdad en qué” y segundo en “relación a qué”. Desde nuestra perspectiva no se trata de igualdad en el modelo masculino de trabajo de mercado. No es el objetivo medir exclusivamente la integración de las mujeres en el mercado laboral. Se entiende más bien como una distribución equitativa de trabajos e ingresos entre mujeres y hombres, traducido en igualdad en la responsabilidad y cuidado de la vida humana y en la participación en el trabajo remunerado. Implica una nueva organización social que permita y facilite un cambio de vida de ambos sexos.

La segunda cuestión, “igualdad con relación a qué”, nos enfrenta al tema de los valores absolutos. Una situación de igualdad entre mujeres y hombres no ofrece ninguna información sobre valores absolutos. No se trata solo de que mujeres y hombres distribuyan equitativamente los trabajos sino que eso represente una mayor calidad de vida para todos y todas. En definitiva, cuando se definen indicadores que reflejen desigualdades, siendo el objetivo la igualdad, no hay que olvidar los aspectos referidos a valores absolutos para, de alguna manera, considerarlos.

Para abordar este último problema, una alternativa es utilizar de forma complementaria los indicadores de desigualdad, indicadores de “integración”. Poner de manifiesto la situación de las mujeres o de los hombres, en relación a otra situación que se considere más deseable.

11.5. Índices e indicadores: una propuesta

Los tres primeros hacen referencia a las desigualdades entre mujeres y hombres en la distribución de los distintos trabajos; los dos segundos ofrecen información acerca de la integración de las mujeres en el trabajo de mercado, por una parte, y la de los hombres en el trabajo familiar doméstico por otra; y, finalmente, los dos últimos reflejan las diferencias o desigualdades entre mujeres y hombres entre sí en relación a determinadas categorías.

Índices de trabajo

Índices de desigualdad entre mujeres y hombres

1.

Índice de desigualdad en la realización de trabajo

de mercado. 2. Índice de desigualdad en la realización de trabajo familiar doméstico. 3. Índice de desigualdad en la realización global de trabajo.

Índices de integración de mujeres y hombres

1.

Índice de integración de las mujeres en trabajo de mercado.

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2. Índice de integración de los hombre en trabajo familiar doméstico.

Índices de diferencia o desigualdad para mujeres y hombres

1. Índice de diferencia de mujeres y hombres según el ciclo vital. 2. Índice de desigualdad de mujeres y hombres según nivel social.

La metodología utilizada para elaborar y representar los índices es la de diagramas radiales (mejor ver figuras en la pág.115 del libro). Un diagrama radial es una forma gráfica de presentación de datos que tiene la ventaja de mostrar de forma simple, visual e intuitiva un conjunto de indicadores y el índice construido a partir de ellos. Los valores obtenidos para cada uno de los diferentes índices también fluctuarán entre cero y uno. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en estos valores transformados de área, si bien el valor uno representa igualdad o integración total y el valor cero, exactamente lo contrario, la escala no es lineal. Esto significa que, por ejemplo, un valor índice de 0,5 no representa una situación equivalente al 50% de la igualdad o integración total. Los valores de los índices se deben considerar como un número que no expresa una situación concreta y que sólo tienen sentido a nivel comparativo: un mayor valor del índice expresa una mejor situación en el aspecto analizado.

11.6. Índices de desigualdad en la realización de trabajos entre mujeres y hombres

De los siete índices construidos en el estudio original, se presentan aquí a modo de ejemplo metodológico los dos primeros de desigualdad. Hay que tener en cuenta de que estos indicadores no informan sobre valores absolutos, por lo que se podría dar una “igualdad por abajo”(igualdad en precariedad).

11.6.1. Índice de desigualdad en la realización de trabajo de mercado