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1.- LA SED IRRESOLUTA DE LA VERDAD 1

1.1,- INTROITO

Tú, lector desconocido, quienquiera que seas, con tal que tuvieres la misma condición y temperamento que yo; tú, que dudaste muchas veces, en lo secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora a dudar conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades; séanos a los dos libre el juicio, pero no

irracional. Francisco Sánchez. Quod Nihil Scitur

¡Orad contritos, amados lectores!, junto a este menesteroso espíritu en sangrienta

desbandada.

¡Plañid

conmigo,

amigos

míos!

para

que

esta

ácida

plegaria

encuentre abrigo en los oídos de todos los hombres de buena voluntad que,

apartados de las supercherías y prejuicios de las aulas perfumadas, del misticismo

yermo de los inmerecidos apocrisiarios

académicos, sepan abrir su mente, las

venas de su alma, para recibir la ablución de esta sangre renovada. Así sea.

Piadosamente hemos de reconocer con el alma y la razón quebrantadasque

luego de casi 3000 años de historia, la búsqueda de la verdad ha fracasado. El

colapso gnoseológico, ha dejado al desnudo la infatuada meditación de miles de

hombres que han derrochado sus míseras energías en pos de atrapar un

fantasma, un duendecillo volátil y viscoso, escurridizo y socarrón, saltarín y

juguetón que ha puesto en

cruda evidencia la fragilidad humana, la soberbia

estulticia por pretender transgredir sus propias demarcaciones epistemológicas,

1 De este bello ensayo filodóxico de Carlos, solo se conservan, en la biblioteca de la U.C.U. dos fragmentos:

el denominado Introito, pags.1- 2,copia mecanografiada en papel calco y fechada a 27 de noviembre 1979, en Sabanilla, Montes de Oca, Costa Rica y la Homilía: pags.2-3 , copia derivada también, del uso de papel carbón. Se desconoce el destino del original, aunque se presume que podría existir aún en ese país centroamericano. Recientemente, el departamento de Filosofía Contemporánea de la U.C.U., designó a dos eminentes investigadores docentes, los doctores J.Silveira y H.Lazo, para trasladarse a Costa Rica en busca del documento, pero lo lento de la gestión burocrática interna y razones presupuestarias mantienen suspendido ese importante viaje de estudio.

aquel viejo

impulso in extremis, antrópico y prohibido por acudir a donde no ha

sido llamado.

Cientos, miles de hombres han caído en el espejismo de un animal

gaseoso,

del

cual,

han

intentado

describir

algún

carácter

morfológico,

su

pavoneado plumaje y hasta el rastro de sus huellas estampadas en la senda que

lleva a su misterioso refugio.

En medio de la sublime umbra que suele arrebujar sempiternamente las áridas

estepas filosóficas, solo hemos visto relumbrar cuatro inmortales cometas en el

cielo: Metrodoro de Kío, Gorgias, Francisco Sánchez y Arturo Shopenhauer, cuya

estela aún ampara los escabrosos riscos donde anida la verdad. Y paremos de

contar

La

historia

del

discurso

intelectivo,

solo

ha

sido

la

historia

de

una

trasnochada episteme en desamparo. Al cabo de muchas centurias de ejercicios

intangibles, nuestras bibliotecas permanecen hartadas, abigarradas de toneladas

documentales donde se exhibe con sacra devoción los mejores alegatos de

tantos malabares, piruetas, contorsiones ensayadas en pos de alcanzar el oro

olímpico de la más depurada gimnasia verbal en el vacío.

En un salón contiguo,

de intenso aroma a incienso, en condiciones de temperatura regulada, existen,

excelentemente preservadas, invaluables colecciones resultantes del esfuerzo

antrópico, del trieb entomófilo por preservar especímenes para la posteridad,

verbigracia, logos, nous, doxa, episteme, entelequia, potencia, acto, materia,

forma, motor inmóvil, causa sui negative y positive, mónada, a priori, espíritu

absoluto, cogito, esencia, existencia, ser, nada, ser-en-sí, mundanidad y miles de

tantos otros que fueron aniquilados cuando devino la peste del desengaño y la

sísmica catarsis inter épocas de la willezumleben 2

1.2.- HOMILÍA

Un

travieso

espíritu,

de

nuevo

un

genio

maligno 3

ha

invadido

virulentamente siemprecon las excepciones de rigor la reflexión filosófica y

los monótonos gorjeos Psitácidos académicos.

Históricamente,

se

ha

olvidado

maliciosamente

que

en

la

ínclita

sociedad

ateniense clásica estaba entronizado el más cruel tráfico de influencias que

relegaba, casi al olvido eterno, al producto de las primeras reflexiones mal

llamadas presocráticas y su trascendencia. Un asqueroso connubio, más bien,

adúltero

amancebamiento

de

las

esferas

de

poder,

trataba

de

silenciar

la

voluminosa obra de los primeros y profundos espíritus reflexivos griegos. Detrás

de la sofística profesional de aquellos tiempos, subyacía una torva intencionalidad

ad hominen de discriminación y censura clandestina

Para los griegos, sin duda,

el ejercicio más preciado, la profesión de mayor valía, era el arte del saber, la

praxis del logos, con su respectivo reconocimiento social, político y económico

importante.

Más bien, se trata de los términos wille zum

leben, cuyo significado en alemán es voluntad de vivir, un concepto fundamental del pensamiento schopenhaueriano. Facultad de filosofía. U.C.U

Evidentemente, estamos en presencia de un error disgráfico

3 Cómica alusión cartesiana

Sin

embargo,

el

cruel

y

corrupto

desmerecimiento

de

los

indolentes

tentáculos

del poder noético, azuzado por importantes intereses económicos,

siempre trató de minimizar el esfuerzo sofista que, lamentablemente vino a

heredar la humanidad hasta los tiempos que corren. Así, ciertamente podría

decirse luego de escuchar tanta monserga existencialista que el verdadero

precursor de esta cofradía del Dasein fue Protágoras de Abdera, el célebre acólito

del viejo Demócrito. Y qué decir de Gorgias? ¿Acaso no era y no es válido hoy,

oponerse al dogmatismo de las pestilentes academias?. Las hieráticas verdades,

los dogmas de la Sacra Iglesia Ortodoxa Socrática, o lo que es lo mismo, platónica

y

aristotélica,

adquirieron

gratuitamente

venia

y

salvoconducto,

carta

de

ciudadanía ad perpetuam y sus santos pontífices y todo género de hierofantes.

siguen siendo reverenciados y glorificados so pena de excomunión para los

gentiles, como ayer.

En fin, la denominada historia de la filosofía

ha sido la regencia milenaria

del pavor, sí, de un terror anquilosado por el espanto de perder la cómoda

franquicia de la razón y sus sacristanes al servicio de la sabiduría. Acaso no había

pistas del saber cuando se declaraba que toda demostración blasfema del sofista

conllevaba

un

componente

verdadero?

¿Se

ha

valorado

con

justicia

los

descomunales aportes de Pródico e Hipías? ¿Qué se ha hecho para reconocer los

hallazgos de Calicles y sus legados para los empiristas y Hobbes?, la contribución

de Licofrón al reconocimiento de la igualdad humana y la liberación femenina que

tanto eco han merecido?

Al igual que los círculos griegos del poder de otrora, los santificados

Colegios Cardenalicios de las academias contemporáneas actuando con la más

perversa mala fe relegan al empolvado salón de las reliquias heréticas al

esfuerzo humano de hombres de carne y hueso, dotados de pasiones y de

ideales, genuinos pensadores y fieles feligreses, preocupados legítimamente por

un saber específico, llámese sinonimia, teoría monárquica, lógica, gnoseología y

tantos temas que abordaron con libertad y convicción profunda y que murieron al

servicio de su verdad, tal cual ha sido la tónica de los genuinos paladines. Las

ácidas imprecaciones de Aristófanes, por ejemplo, no revelaban ya que existía una

corrupta mafia intelectual que pretendía ser idolatrada en la vieja Grecia? De algún

modo, el ajusticiamiento de Sócrates ¿no revela pistas corrosivas de tensiones de

poder que era necesario dilucidar en el mundo ateniense?

Hoy tenemos nuestro corazón llagado, apesadumbrado y en llamas, cuando

debemos reconocer que la apuesta humana por el saber y sus cualitativas

derivaciones, el compromiso y aventura por indagar opciones de mejoramiento de

la raza humana han terminado en el cesto de la basura.

Si la verdad no sirve al hombre, seguramente no es verdadera. Si no fuera así, ¿de qué valdría una búsqueda de verdades sin correlato humano? Es necesario ya invertir los términos de esa falsa y vigente ecuación. Durante largas centurias los hombres solo han permanecido mansamente al servicio de la verdad pero casi nunca, por no decir jamás, la verdad ha estado al servicio del hombre. El filósofo tradicional siempre ha permanecido en actitud contemplativa, absorto ante el mágico espectáculo de las formas universales, embelesado cual un viejo clorofílico ante los sensuales desfiles de modas de las voluptuosas esencias y substancias. Con diferencia radical de actitud, el llamado filósofo de hoy exhibe

virtuosamente el arte de sofisticar no-sofista , repitiendo mecánicamente, como un loro tropical, lo que otros pensaron, escribieron o dijeron y sin una dación cualitativa en el proceso; generalmente se refugia en los fáciles accesos didácticos y aunque las más de las veces sea un mediocre o regular pedagogo, ello no le autoriza a auto endilgarse el inmerecido nombre de filósofo porque su búsqueda de la verdad solo discurre entre los compromisos sociales y vicios, su trivial papel conyugal, la desesperación y agonía quincenal de las deudas, la ostentación de presumir que sabe de todo hasta que, al mirarse en el pávido espejo de su baño,

descubre aquella indeleble leyenda vocare veritas escrita por una mano invisible:

Quod nihil scitur

Asumamos con devoción que el saber y τον άμεσο καρπό της, τη σουία se

ubican en cuatro dimensiones, a saber, ciencia, filosofía, tecnología y religión.

Esto es crucial para este enfoque porque nos permite establecer que tales

dimensiones discursivas nunca han discurrido y avanzado al unísono, en perfecta

armonía

como muchos

podrían

presumir. Bastan

tres

simples

ejemplos:

el

monumental producto de la reflexión patrística y la tomista del siglo XI, la

emergencia del Racionalismo del siglo XVII y los portentosos saltos científico

tecnológicos de la Revolución Industrial en los siglos XVIII y XIX, prolongados

hasta nuestros días, son lo único digno de rescatar de las epopeyas del logos en

el tiempo y el mundo y revelan la discontinuidad sábica 4 de la racionalidad.

Desde hace años, mis humildes meditaciones personalmente lo declaro

me han conducido a reconocer que el único momento de mi vida en que conocí

4 Extraño término acuñado por Carlos. Del contexto se infiere como sinónimo de sapiencia, sabiduría, uber scientiam.

la verdad, fue aquel maravilloso día de invierno 5 en que descubrí la Palabra de

Dios. De ahí en adelante supe que el conocimiento verdadero es conjugación de lo

especulativo y lo activo en el hombre, binomio indisoluble del discurso y la praxis,

tal como se refleja inequívocamente en la indagación teológica y religiosa. Las

pesadas brumas de la niebla de la duda y la constante incertidumbre en torno a mi

alma, pronto se despejaron dejando tras sí un espejo luminoso.

¡Cuánto

nos

duele

comprender,

cuánto!

Que

los

eruditos

de

todas

disciplinas, los instruidos de todas denominaciones, que los doctos y cultos de

todas las especies, son en verdad los victimarios directos y responsables del

lamentable y menesteroso estado del mundo.

En efecto, es sumamente doloroso reconocer que, pese a su vanidad, sus

trajes talares y cuellos engomados y pulcros trafiquen con una especie de verdad

inmunda y putrefacta, nos vendan un producto adulterado, sin los estándares

mínimos de calidad, un producto con fecha vencida, o lo que es lo mismo, el fruto

de un conocimiento enclenque que no ha pasado por el tamiz estricto de la

certidumbre, de lo claro y distinto, como dijera algún titiritero al subir al tinglado 6 y

que, por esa simple razón mantiene a la humanidad en vilo y dando palos de

ciego.

Son una minoría noética disfrazada y los causantes del bien y la desgracia

de millones de hombres y pueblos, al pretender que saben manipular los ocultos

mecanismos de las cosas y la realidad Y si se trata de mirar hacia los resultados

5 Se presume, durante su estadía en Atlanta con Posa. 6 Clara alusión a los Preámbulos cartesianos

de su acción, de su obra, no se debe creer que ese género de criaturas vivan bajo

la docta ignporantia de Cusa, sino que simplemente viven atrapados en un

espejismo sin salida, entronizado en su alma y del que pende, muchas veces, el

bienestar y felicidad de los muchos.

Haciendo

enumeración de las tantas condiciones irresueltas de la vida

humana, nos encontramos ante el triste escenario paradójico de que

el presunto

sabio saber de los hombres en realidad no sabe.

Demos una mirada al mundo: la pomposa medicina no ha vencido al cáncer

y no ha erradicado las constantes epidemias; los sabios de la agricultura no han

exterminado

las

plagas

que

amenazan

constantemente

la

producción

de

alimentos; los sabios científicos estudiosos del cielo y el clima no han solucionado

las graves sequías y las frecuentes hambrunas de pueblos enteros,

ni tienen

certeza definitiva de cómo combatir los terremotos, inundaciones, huracanes,

erupciones volcánicas, entre muchos fenómenos de la naturaleza; los sabios de la

política miran indolentes como el poder y el bien común son desnaturalizados por

catervas de politiqueros sin mérito ni oficio que gobiernan el mundo; al cabo de

casi treinta siglos, los sabios redentores economistas no han solucionado los

aterradores desequilibrios de las necesidades y recursos disponibles en la tierra;

los sistemas jurídicos, que deben promover una auténtica justicia, en casi todas

partes se tornan injustos y corruptos y los sabios filósofos de las prédicas éticas

no han logrado detener el infierno terrestre de las guerras del hombre contra sus

prójimos hermanos, o sea, estamos frente a un contexto de terror sin solución. Los

presuntos sabios, aquellos que dicen saber aunque no sepan, viven frugalmente

en la encrucijada de un silencio alimentado en la ignorancia y la agonía de mirar

como los ídolos de un fantasma de verdad desantropizada resbala de sus manos

cuando creyeron atraparle.

El que crea saber no sabe algo, el que reconozca humildemente que no

sabe, que tenga la pequeña certeza de que su saber es endeble y aspire a la duda

cotidiana, ya de por sí sabe algo y eso es una guirnalda de lampíridos en un

paisaje de tinieblas.

Recapitulando, Todo producto humano, por su propia naturaleza, debe

guardar

moralmente

una

estrecha

relación

con

la

vida

e

intereses

más

importantes de los hombres. Indefectiblemente, es moral y verdadera toda forma

de conocimiento, en tanto producto humano,

que contribuya a solucionar las

grandes dificultades humanas, e inmoral y no verdadera toda forma de saber que

se aleje y no resuelva los problemas e intereses de la vida de los hombres.

Siendo La ciencia y la tecnología productos humanos, efectos de la acción

de los hombres en su historia, a lo largo de los siglos han demostrado ineficacia

para resolver los problemas e intereses importantes de los hombres. También la

filosofía, en más de veinte siglos no ha podido resolver los problemas e intereses

de importancia para la vida de los hombres.

Eso no conduce a comprender que todo caso, como el conocimiento de la

ciencia, la tecnología y filosofía no han resuelto los problemas más importantes de

la vida humana resultan inmorales y no son formas de conocimientos verdaderos.

¡Bienaventurados

sean,

¿o

más

bien

merecen

conmiseración?!

todos

aquellos que, sin pasar por los senderos de cardos y doloridas expiaciones de la

duda, ya son sabios o disfrutan sensualmente,

cúspides de la sabiduría humana.

a sus anchas, al alcanzar las

Un día cualquiera de la primavera, en la capital de España, al otro lado del

Atlántico. C.F.B.