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TRANSITUS MARIAE TRÁNSITO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA • II. Viaje de María a Belén.

TRANSITUS MARIAE

TRÁNSITO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

II. Viaje de María a Belén.

1. En el nombre de Dios Nuestro Señor, y de Jesucristo, Nuestro Dios y Nuestro Salvador, nacido del Padre antes de los siglos y encarnado en María, la Virgen sin mácula, a fin de ser semejante a los hombres y de librar al mundo de la potencia del diablo rebelde.

2. Él es quien, por la luz de su divinidad adorable, ha librado al género humano de las tinieblas

de la desobediencia, lo que nadie pudo hacer, si no es el Dios del cielo y de la tierra y de cuanto

contienen.

3. Desciendan su bondad y su clemencia sobre sus criaturas, para que quienes creen en él gocen

del paraíso eterno.

4. Celebremos igualmente la gloria de su venerable y perfecta madre, que permaneció oculta a

los hombres mientras vivió, y que fue transportada a Aquel que nadie ha visto ni oído, y que el

espíritu del hombre no puede comprender.

5. Esperemos la intercesión de María para alcanzar el día radiante y la gloria perdurable.

6. Ya vosotros, queridos hermanos, que habéis pasado de las tinieblas de la desobediencia a la

luz de la sumisión, os decimos que el tercer día de fiesta, al mediodía, María, la Virgen sin mancha, salió de su morada y fue al sepulcro de Cristo, en el Gólgota, como tenía costumbre de

hacer.

7. Y los judíos pusieron una gran piedra ala puerta del sepulcro, diciendo: No toleraremos más

que nadie venga a orar al sepulcro, en el Gólgota.

8. Y rechazaban a cuantos ascendían, y les tiraban piedras, y tomaron la cruz del Cristo, y las de

los ladrones, y la lanza con que Nuestro Señor fue herido, y sus vestiduras, y los clavos, y la corona de espinas que había sido puesta en su cabeza, y el sudario con que se lo enterró, y los ocultaron en un lugar que mantuvieron secreto, e impedían que nadie pasase por allí, para que no viniese algún príncipe. y se informara.

9. Y los guardias veían a la Virgen María llegar cada día al sepulcro y sobre el Gólgota, y llorar,

y decir, con las manos en alto y el rostro en tierra: ¡Oh Señor y Dios mío, sácame de este mundo

perverso, pues temo que los judíos, mis enemigos, me den muerte!

10. Porque siempre que vengo a orar a este lugar sacro, me injurian y me amenazan, y por ti me

han dado el agua de la tribulación, mas yo los he vencido.

11. Y he superado sus astucias y los he rechazado, gracias a mi fe en ti, y tu potencia ha cegado

sus ojos, y los ha confundido, para que no pudieran hacerme mal, y así no me privas de tu socorro.

12. Y los guardias, llegando a la ciudad, dijeron a los sacerdotes: Nadie acude a orar en el

Gólgota más que María, que va mañana y tarde.

13. Y los sacerdotes contestaron: Cuando vaya a orar, arrojadle piedras, porque merece ser

lapidada, ya que su ignominia afecta a los hijos de Israel.

14. y los guardias dijeron: Nosotros no le haremos nada, pero os la entregaremos, para que

hagáis con ella lo que queráis.

15. Y cuando llegó el viernes, fue allí según su costumbre, y mientras oraba, alzó los ojos y vio

abiertas las puertas del cielo.

16. Y he aquí que Gabriel, el príncipe de los ángeles, descendió a ella, y se inclinó, y dijo: Yo te

saludo, Llena eres de gracia. Tus ruegos han llegado a Nuestro Señor Jesucristo, que ha nacido de ti.

17. Y ha atendido tus súplicas y me envía para anunciarte que serás arrebatada de este mundo

para gozar la vida eterna por los siglos de los siglos. Amén.

18. Y al oír estas palabras, la Virgen María se puso alegre y volvió a su morada.

19. Y habiendo los guardias salido, contaron a los sacerdotes que había ido a orar.

20. Y hubo un gran escándalo en Jerusalén. y los sacerdotes fueron al prefecto y le dijeron que

debía prohibirle que fuese a orar.

21. Y, mientras deliberaban sobre ello, llegó al emperador Tiberio una carta de Abgaro, rey de

Edesa.

22. Y la carta decía así: Hay entre nosotros un hombre que dice ser uno de los setenta y dos

discípulos de Jesucristo, y que ha curado numerosos enfermos y realizado prodigios.

23. Y ha construido una iglesia, y ha hecho grandes milagros, y muchos creen en su doctrina. y

por ellos sé los grandes milagros que ha hecho entre nosotros.

24. Y su amor ha ocupado mi corazón, y he tenido un gran dolor en no poder verle en mis

Estados, por causa de los judíos, que lo han llevado a la cruz, sin justificación ninguna, pues que él hizo tantas cosas buenas y milagrosas.

25. Y he llegado con todos mis hombres a Jerusalén para hacerla perecer, y para que tú obtengas

así una venganza completa.

26. Mas cuando la campaña estaba preparada, he sentido un temor, y es que tú, Tiberio, mi

soberano, te irritases contra mí, y hubiese guerra entre nosotros.

27. Y por eso te escribo, para pedirte, como conviene entre soberanos, que hagas castigar a los

judíos por lo que han hecho.

28. Porque si tú te hubieses informado antes de la crucifixión, todo habría sido distinto, y por eso

te pido que seas tú quien castigue a los culpables, quitándome el deber que me he impuesto. y en esta confianza te doy las gracias.

29. Y cuando el emperador Tiberio leyó la carta de Abgaro, se llenó de horror y de cólera, y

pensó destruir a todos los judíos. y escribió a este efecto a su aliado.

30. Y, no bien llegó la noticia a los vecinos de Jerusalén, tuvieron gran espanto y visitaron al

prefecto y le dieron una gruesa suma de plata, y le pidieron que Jerusalén no fuese destruida para siempre, por causa de María y de su hijo.

31. Y le dijeron: Nosotros lo hemos hecho morir justamente, porque él se decía el Hijo de Dios.

32. Y arrojándose a los pies del prefecto, le rogaron que procurase salvados, y salvar a su ciudad,

y que escribiese al emperador, exponiendo su causa, a fin de obtener un juicio más suave.

33. Y le pidieron que fuese a María, y que no la dejase visitar el Gólgota, para cortar el origen

del mal.

34. Y el prefecto les dijo: Id vosotros, y habladle con dulzura y del modo más adecuado.

35. y los sacerdotes fueron a María y le dijeron: Acuérdate, María, de lo que has pecado ante

Dios, y de lo que hemos sufrido por ti y por tu hijo. Te suplicamos que no vuelvas aquí, para que la sospecha no caiga sobre otros y cese el mal.

36. Y cuando quieras orar, hazlo con las gentes, y según la ley de Moisés, y todos tus pecados te

serán perdonados.

37. E invocaremos para ti la piedad de Dios, y reuniremos el sábado en tu torno a tus

compañeras, y te pondremos sobre la cabeza el libro de la ley, para que Dios te sea

misericordioso. No te abandonaremos y, si te pones enferma, te atenderemos.

38. Y, si no nos escuchas, vete de Jerusalén a Belén, porque no toleraremos que vengas a orar en

el Gólgota al sepulcro, para que otras personas no caigan en sospecha y se alce un gran tumulto

entre los hombres.

39. Y María, la Virgen inmaculada, les contestó diciendo: No es así cómo debéis hablar. Porque

no os escucharé ni cederé a vuestro deseo.

40. Y como la noche llegaba, los judíos, muy irritados, se alejaron de ella.

41. Ya la mañana siguiente le repitieron otra vez lo mismo. y ella les prometió marchar a Belén,

a fin de que el escándalo se apaciguase.

42. Y su casa estaba cerca de Sión y de la casa de José. Y pasados que fueron cuarenta días, la

Virgen María reunió a las mujeres de la vecindad y les dijo: Yo os saludo, hermanas. Voy a Belén, a residir en mi casa, porque los judíos me han prohibido ir a orar al Gólgota y al sepulcro, temiendo que por mi culpa haya escándalo.

43. Y, si alguna de vosotras quiere venir conmigo, venga, que yo tengo confianza en el Señor,

que está en el cielo, de que se acordará de nosotras y nos concederá lo que le pidamos.

44. Y ella meditaba en las palabras que le había dirigido Gabriel: Saldrás de este mundo, para ir a

la vida eterna, y hallaba consuelo en esta meditación.

45. Y tres vírgenes cautas que la servían, y que custodiaban lo que era suyo, se acercaron a ella y

le dijeron: Nosotras iremos contigo y no te abandonaremos, porque queremos vivir y morir a tu servicio, ya que por ti hemos dejado a nuestra familia, y que por tu intercesión esperamos lograr la gracia, la salvación y la misericordia del Señor que ha nacido de ti.

46. Y María las acogió y las bendijo. y las amaba mucho. y quedaron a su servicio. y le rogaron

que les dijese cómo había podido concebir sin tener comercio con varón, y parir sin perder su virginidad.

47. María, por el gran amor que tenía a sus vírgenes, les explicó el misterio, y gozaba de gran

estima ante ellas. Y ellas dormían junto a su lecho, y veían de día y de noche sus grandes

milagros.

48. Y el primero de que fueron testigos fue un olor muy suave que se exhalaba del lugar en que

estaba, y que llenaba todo su ambiente.

49. y cada vez que venían a ella hombres enfermos y ella los bendecía, y se prosternaban, se

levantaban curados, en cuanto rogaba por ellos, y ellos le dirigían grandes alabanzas.

50. Y he aquí que por la noche el ángel Gabriel vino a ella y le dijo: Ten valor, oh

bienaventurada María, y no temas. Ve a Belén, y mora en esa ciudad hasta que veas al Señor.

51. Y, al llegar el día, ella reunió a sus tres vírgenes y les dijo: Salid, hijas mías y tomando el

incensario y el incienso se pusieron en camino. Y las tres vírgenes se llamaban la fiesta quinta cuando María fue a Belén con las tres vírgenes.

y era el día de