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El origen de la vida

A lo largo de la historia se han dado numerosas explicaciones sobre el origen de


la vida que se pueden resumir en las siguientes teorías: origen sobrenatural,
generación espontánea, panspermia y evolución química y celular.
Teoría de la generación espontánea:
Hasta mediados del siglo XVII, el origen de la vida estaba resuelto: Dios había
creado al hombre y a los organismos superiores, mientras que insectos, ranas y demás
criaturas pequeñas surgían por generación espontánea del fango o de la materia en
descomposición.
El científico italiano Francesco Redi, a comienzos del siglo XVII (1668), se
cuestionó seriamente la generación espontánea. En aquella época era creencia general
que los gusanos aparecían a partir de la carne en putrefacción; sus propias
observaciones indicaban que los gusanos aparecían en carne pasados varios días
después de que las moscas se posaran en ella. Relacionó la aparición de gusanos con
la presencia de moscas y elaboró una hipótesis: los gusanos proceden de moscas que
ponen huevos en la carne podrida. Para ver si su
hipótesis era cierta o no, diseñó unos experimentos
con los que comprobó que los gusanos sólo
aparecían en la carne a la que habían tenido acceso
las moscas.
Dejó durante varios días trozos de carne de
serpiente y de otros animales en unos frascos, parte
de los cuales se encontraban destapados y parte
cerrados herméticamente. Al cabo de unos días,
aparecieron gusanos en la carne depositada en los
frascos destapados; sin embargo, en los recipientes
sellados no se observaron gusanos. Algunos
científicos consideraron erróneo el experimento,
alegando que si no habían aparecido los gusanos
sobre la carne era debido a la falta de aireación: Redi
repitió el experimento tapando los frascos con una
gasa que permitía la entrada de aire, pero no de las
moscas. Tampoco en la carne en descomposición de
estos frascos aparecieron gusanos. Redi había
demostrado que con las condiciones en qué realizó sus experimentos, las larvas no
surgen en la carne por generación espontánea.
Antón van Leeuwenhoek (1632-1723) examinó con un microscopio
rudimentario de fabricación propia (200 aumentos) gotas de agua de las charcas y
fluidos internos de animales, descubriendo un mundo de seres microscópicos formado
por levaduras, protozoos, bacterias, rotíferos ... Esto hizo que los defensores de la
generación espontánea volvieran a tomar auge. Admitían que animales grandes como
los ratones, los gusanos, etc., no surgían por generación espontánea, pero mantenían
ésta para los seres descubiertos por Leeuwenhoek. Había observaciones que parecían
indicarlo: si, por ejemplo, se ponía en agua de lluvia una pequeña cantidad de materia
orgánica, como paja o semillas, pronto aparecían gran número de infusorios y otros
seres microscópicos. Para Leeuwenhoek estos seres vivos procedían de simientes que
se encontraban en el aire.
A finales del siglo XVII, se produjo una áspera controversia entre el escocés John
Needham, defensor de la generación espontánea, y el italiano Lázaro Spallanzani, que
la negaba.
John Needham hirvió caldo de carne (infusiones de maíz o trigo) para matar los
microorganismos ya existentes, lo colocó en matraces sellados y calentó éstos para
esterilizar el aire de su interior. Observó que en todos los frascos aparecían
microorganismos al cabo de unos días.
Lázaro Spallanzani repitió los experimentos de Needham con más cuidado.
Selló primero todos los frascos herméticamente y luego los calentó durante más tiempo
para garantizar la esterilización. En ningún frasco aparecieron microorganismos.
Concluyó que Needham no había tomado las medidas necesarias para sellar y
esterilizar sus frascos adecuadamente. Needham respondió a Spallanzani que el exceso
de calor destruía el principio vital, y que éste era el único motivo por el cual no
conseguía la aparición de nuevas formas de vida.
Cien años más tarde la polémica de la generación espontánea iba a llegar a su
fin. En 1861 Louis Pasteur demostró, por medio de experimentos, que las supuestas
generaciones espontáneas de microorganismos se debían a la contaminación de los
caldos de cultivo por gérmenes que venían de otras partes. Estos gérmenes (microbios,
esporas de hongos) abundan no sólo en el aire y en el polvo que se respira, sino
también en las manos y los utensilios empleados en los experimentos. Estos gérmenes
se depositaban constantemente sobre todos los objetos y eran los causantes de la
descomposición de los cadáveres de los seres
vivos.
El experimento de Pasteur, básicamente,
consistió en introducir un caldo de cultivo en
un recipiente de cuello estrecho y largo;
posteriormente dobló el cuello en forma de S
mediante calor, dejó su extremo abierto y
calentó el caldo hasta la ebullición. Si se
dejaba enfriar el caldo, y el recipiente se
mantenía vertical, no se producía
contaminación microbiana del caldo, incluso
después de largo tiempo. Pero si el recipiente
se inclinaba hasta que el caldo contactaba con
la abertura del cuello (cargada de microbios),
en poco tiempo se producía la contaminación
del caldo por microbios. Con ello, Pasteur
demostró que la falta de crecimiento en el
recipiente vertical no era debida a la
destrucción de algún principio vital por el
calentamiento del caldo sino a la ausencia de
contaminación de bacterias del aire.
La conclusión definitiva de la experiencia
de Pasteur es que “todo ser vivo procede de
otro ser vivo”.
Pero, si la vida procede de la vida, ¿quiere decir esto que siempre ha existido
vida en la Tierra?. Y si la vida apareció en un momento determinado, ¿cómo se produjo
ese fenómeno?
La síntesis prebiótica
En la década de 1920, el bioquímico ruso Alexander L. Oparin y el genetista
británico J. B. S. Haldane propusieron, de forma independiente, una revolucionaria
propuesta; una nueva versión de la generación espontánea pero aplicable, solamente,
al inicio de la vida. Según Oparin y Haldane, la vida sería el resultado de un proceso
gradual que comprendía tres etapas. Las dos primeras etapas constituyen la
denominada síntesis prebiótica.
• Asociación progresiva de moléculas inorgánicas para originar moléculas
orgánicas sencillas. La mezcla de gases de la primitiva atmósfera, expuesta a
la radiación solar, reaccionaría para dar lugar a diferentes moléculas orgánicas
tales como aminoácidos o azúcares. Se cree que la atmósfera existente hace
más de 4000 millones de años estaba formada por metano, amoníaco, vapor de
agua e hidrógeno. No contenía oxígeno y, por tanto, era reductora, condición
indispensable para que los compuestos orgánicos originados no se destruyan
rápidamente. La energía procedía: - descargas eléctricas producidas en las
numerosas tormentas que debieron tener lugar al existir mucho más vapor de
agua que en la actualidad; - las radiaciones ultravioletas procedentes del Sol y
que serían muy intensas al no existir una capa de ozono; - la energía geotérmica
procedente de la actividad volcánica.
En 1953 Stanley Miller utilizó un recipiente de vidrio al que le soldó varios
electrodos y en el que introdujo una mezcla de los gases que supuestamente
formaban la atmósfera primitiva: metano, amoniaco, hidrógeno y vapor de agua.
Durante varios días los sometieron a descargas eléctricas semejantes a las
que tienen lugar en las tormentas. El agua hervía en un recipiente para forzar a
los gases a circular por un tubo frío; los gases condensados se recogían en un
recipiente que representaba el océano primitivo. Al analizar su contenido,
comprobó que un 15% del carbono
existente en la “atmósfera
primitiva” se encontraba en el
“océano” en forma de compuestos
orgánicos sencillos como
aminoácidos, aldehídos y ácidos
carboxílicos. Años más tarde, otros
científicos como el español Juan
Oró y el norteamericano Fox
realizaron experimentos similares y
lograron obtener otros monómeros
como monosacáridos, urea, ácidos
grasos y nucleótidos.
Estos experimentos no han
demostrado que los compuestos
orgánicos se formaran de esta
manera en la Tierra primitiva, solo
reflejan el modo en que pudieron
haberse originado.
De acuerdo con estos
resultados, se admite que en condiciones semejantes, a partir de la atmósfera
primitiva, se sintetizaron las primeras biomoléculas orgánicas, que luego se
fueron depositando sobre la superficie terrestre y que luego fueron arrastradas
hasta el mar, formándose la sopa o caldo primitivo.
• Condensación de las moléculas orgánicas sencillas para formar
moléculas orgánicas más complejas. Estos compuestos acumulados en los
océanos primitivos originarían una “sopa o caldo” primordial.
Se piensa que los primeros polímeros de biomoléculas se formaron cuando se
concentraron moléculas de monómeros en el caldo primitivo, sobre todo en las
orillas del mar primitivo y de los lagos continentales, por evaporación del agua.
No existían los enzimas necesarios por lo que serían precisos otros catalizadores.
Se cree que para la formación de los polímeros fueron de gran importancia las
arcillas de los sedimentos de mares y lagos, pues tienen una gran superficie de
adsorción, lo que pudo facilitar que ciertas moléculas de monómeros se unieran
a ellas y estas partículas de arcillas sirvieran de centros catalíticos de las
reacciones de síntesis de polímeros. Al concentrarse los monómeros, éstos
empezaron a unirse mediante enlaces químicos formando biomoléculas más
complejas o polímeros, como las proteínas, originadas a partir de la unión de
muchos aminoácidos, los ácidos nucleicos, compuestos de nucleótidos, y las
membranas de fosfolípidos, capaces de formar espontáneamente esferas que
engloban agua.
• La evolución protobiológica: Es el proceso de transformación
progresiva de los polímeros del caldo primitivo hasta llegar a la
formación de las primeras células. Se
han propuesto diversas teorías, no
excluyentes, sobre el origen de la vida en
la Tierra.
Las fuerzas intermoleculares unirían
ciertas macromoléculas, formando
vesículas membranosas o gotitas
compuestas principalmente por lípidos y
proteínas, similares a las membranas de
las células actuales. En algunas vesículas
membranosas pudieron quedar atrapadas
proteínas con capacidad catalítica,
moléculas de ATP y ácidos nucleicos. Las
vesículas más estables tendieron a
perpetuarse, formando protocélulas.
Fuentes hidrotermales submarinas en lugar de la sopa
primitiva:
Frente al sistema atmósfera-océano de Oparin-Haldane algunos científicos
proponen como alternativa la hipótesis de las fuentes hidrotermales submarinas.
En estas fuentes, resultado de la actividad volcánica, el agua caliente arrastra en
su salida gran cantidad de sustancias minerales que reaccionan en un ambiente
carente de oxígeno.
Actualmente, es estos ecosistemas proliferan los organismos, en especial los
microorganismos considerados más primitivos, como las bacterias termófilas capaces
de vivir a temperaturas por encima de los 100 ºC.
Teoría de la panspermia
En 1879, Hermann von Helmholtz propuso la teoría de la panspermia, que
significa “universalidad de los gérmenes de la vida”. En ella defiende que la vida no
había surgido en la Tierra, sino que llegó a este planeta desde otro lugar del universo,
posiblemente en cometas o meteoritos. El problema de esta teoría reside en la
imposibilidad actual de su confirmación.
Asume los principios de la teoría de Oparin con la diferencia de proponer que la
molécula replicante, ese ácido nucleico primitivo capaz de autocopiarse, no surgió en
los mares primordiales terrestres, sino que se originó en alguna nebulosa próxima a la
Tierra o en la propia nebulosa que originó el Sistema Solar, y llegó a la Tierra en algún
meteorito, integrándose en el proceso de evolución química que ya se daba en la
Tierra. Esta teoría sustentada por científicos como Carl Sagan se basa en el
descubrimiento extraterrestre de numerosas moléculas bioquímicas, tales como agua y
aminoácidos, en las nubes gaseosas de algunas nebulosas.
Origen de las células:
Hoy se conoce, gracias al registro fósil, que ya existían en la Tierra, hace 3.800
millones de años, seres vivos del tipo de las bacterias.
Estos hipotéticos primeros organismos, de cuya existencia no tenemos datos, se
denominan protocélulas o protobiontes. Una protocélula debía poseer, como
mínimo:
• Una membrana que la separara del medio en el que se encontraba.
• Una organización interna que permitiera su automentenimiento y su
reproducción.
• Los ácidos nucleicos debían encontrarse entre las macromoléculas encerradas en
las protocélulas. Los ácidos nucleicos son moñéculas capaces de hacer copias de
si mismos (replicación) y contienen la información necesaria para que se puedan
sintetizar las proteínas, en particular las enzimas.
• El metabolismo, aunque fuera rudimentario, tuvo que ser imprescindible para el
automantenimiento de los primeros organismos. El metabolismo necesita de la
presencia de enzimas.
La hipótesis más admitida es que los primeros organismos eran heterótrofos que
se alimentaban de la sopa primordial. La ausencia de oxígeno en la primitiva atmósfera
hace pensar que, además, eran organismos anaerobios y obtenían la energía por
fermentación, como lo hacen en la actualidad muchas bacterias.
Con el tiempo los nutrientes orgánicos del medio se agotaron, debido al aumento
del número de organismos que se alimentaban de ellos. En estas condiciones, los
organismos que tuvieran la capacidad de fabricar sus propios componentes y utilizar
otras fuentes de energía, como la luz, podrían desarrollarse sin entrar en competencia
con los primeros heterótrofos. Así, hace unos 3.500 millones de años pudo producirse la
proliferación de organismos autótrofos fotosintéticos del tipo de las actuales
cianobacterias.
La capacidad de producción de O2 por estos organismos fotosintéticos provocó
importantes cambios en la atmósfera (evidencias fósiles-geológicas de que hace 1.600
millones de años había una atmósfera oxidante). Cuando la cantidad de oxígeno
acumulado en ella fue suficiente, comenzó la formación del ozono (O 3), que sirvió como
pantalla para los rayos ultravioletas del Sol. De esta manera, protegida de los rayos UV,
la vida se desarrolló en la superficie de la Tierra y del agua, en contacto con la nueva
atmósfera. Así surgió la posibilidad de un nuevo tipo de metabolismo, el metabolismo
aerobio, mucho más eficaz que la fermentación.
Durante los 2000 primeros millones de años de la historia de la vida sobre la
Tierra, los procariontes fueron sus únicos protagonistas. Hace unos 2000 millones de
años aparecieron los primeros organismos eucariontes. (Fósiles de eucariontes de
hace 1500 millones de años).
La bióloga norteamericana Lynn Margulis y otros científicos han sugerido que
los organismos eucariontes no surgieron a partir de un único procarionte, sino que se
originaron como producto de la simbiosis de dos o más procariontes diferentes.
La célula eucariota procede de una célula procariota ancestral que habría
englobado a otras células procariotas, estableciéndose una relación de simbiosis y
transformándose, cada una de ellas, en diversos orgánulos celulares. Así, se piensa que
las mitocondrias habrían surgido de las bacterias aerobias, los cloroplastos de
cianobacterias, etc. (Teoría endosimbiótica).