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Jiulong Yi

Las Mutaciones de los Nueve Dragones

Friedrich von Licht

1
CONTENIDO

Prólogo ................................................................................. 03

El Ciclo Solar, tiempo oracular del Jiulong Yi .................. 05

El Jiulong Yi como imagen del Universo .......................... 07

El Jiulong Yi como imagen del Hombre Verdadero ......... 09

El Jiulong Yi y sus correspondencias anatómicas ........... 12

El Jiulong Yi como imagen del proceso alquímico .......... 15

El Jiulong Yi y su relación con el Luo Shu ........................ 20

Sobre el movimiento y naturaleza de los trigramas ......... 25

Sobre el simbolismo individual de los trigramas .............. 29

Conceptos básicos para la interpretación ......................... 36

Anexo: ejemplo de interpretación oracular ....................... 39

2
Prólogo

El oráculo de los «Nueve Dragones» fue concebido para reflejar la


posición del consultante en medio de las circunstancias que lo rodean. Lo
que hace característico al Jiulong Yi, además de las nueve líneas que
constituyen al signo oracular, es que su consulta se realiza en cuatro
etapas específicas del año: equinoccio de primavera, solsticio de verano,
equinoccio de otoño y solsticio de invierno.

El oráculo se obtiene arrojando nueve veces tres dados. Los números


impares de cada cubo tienen como valor el 3, mientras los pares
equivalen a 2. Con cada tirada se obtendrá una línea de valor total 6 (yin
mutable), 7 (yang fijo), 8 (yin fijo) o 9 (yang mutable); de las cuales 6 y 9
se transformarán en líneas contrarias que generarán un nuevo
eneagrama. Si al momento de arrojar los dados se obtiene el mismo
número en los tres, ejemplo: triple uno (9) o triple cuatro (6), ello deberá
tomarse como señal inequívoca de la especial importancia que tal línea
tendrá en los acontecimientos por desarrollarse.

Cada uno de los trigramas, que conforman al eneagrama o jiulong, señala


la naturaleza de la situación que vivirá el consultante (simbolizado por el
trigrama medio) durante los cuatro períodos estacionales mencionados.
También muestran la forma apropiada de conducirse, por parte del
individuo, ante las circunstancias que experimentará.

En general la mutación de una o más líneas, cuando se produce en el


trigrama central, indicará el cambio de actitud que deberá realizar el
consultante para adaptarse satisfactoriamente a la situación existente, lo
cual le ayudará a sacar el máximo provecho y ventura de ella. En
contrapartida, cuando la mutación de líneas afecta a los trigramas
superior o inferior, indicará cambios en las circunstancias externas que
rodean al consultante y que no atañen, directamente, a su actitud interna.

Como cada línea tiene un período equivalente a diez días, la mutación


actuará como un llamado de atención sobre el tiempo en que se producirá
el cambio de circunstancias, o bien, el momento exacto en que deberá
aplicarse el cambio de actitud mental por parte del consultante. En ambas
situaciones la filosofía del Jiulong Yi es clara: el individuo es el único
responsable de la forma en que enfrenta los acontecimientos que se le
presentan, solo él es el artífice del éxito, fracaso, fortuna, desventura o
humillación que el destino le depare.

3
Desde una perspectiva psicológica la interpretación del Jiulong Yi, como
todo método predictivo, ayuda al conocimiento de sí mismo. Esto se
debe, primordialmente, a que el proceso interpretativo provoca la
proyección de la propia psiquis sobre el asunto que interesa dilucidar. De
este modo los contenidos inconscientes de la mente afloran, como ideas
y sentimientos, invocados por las distintas imágenes que trazos y
trigramas evocan desde la profundidad del alma del intérprete, haciendo
así consciente lo inconsciente.

Aplicado a la obra alquímica, el Jiulong Yi se utiliza como valiosa


herramienta para la elaboración del elixir o «perla de la inmortalidad». La
unión armoniosa de las energías yin y yang de los trigramas «terrestre» y
«celestial», junto a la participación mediadora y amalgamadora del
trigrama central, da forma a la «medicina» que con tanta seriedad busca
el filósofo. Los signos están ahí, los símbolos hablan por sí solos, solo
atañe al espíritu del sabio encontrar el significado y realizar la Gran Obra.

Friedrich von Licht


Octubre 2008.

4
El Ciclo Solar
Tiempo Oracular del Jiulong Yi

El Tao de Cielo y Tierra consta de cuatro tiempos dentro del ciclo anual.
Estos períodos corresponden al movimiento que realiza la tierra alrededor
del sol y que da origen a las cuatro estaciones del año: primavera, verano,
otoño e invierno. El inicio de cada una de estas etapas está señalada por
una posición particular del sol en la bóveda celeste:

- Equinoccio de primavera
- Solsticio de verano
- Equinoccio de otoño
- Solsticio de invierno

Este ordenamiento pertenece a una de las más antiguas clasificaciones


hechas por el hombre de la cúpula celeste y el tiempo. Al ser el sol fuente
incuestionable de luz, y gobernar así toda la actividad natural y humana
del planeta, su presencia insoslayable pasó a representar la «regencia del
espíritu». No es casual, entonces, que el término chino «Tao» haya tenido,
dentro de sus acepciones más arcaicas, el significado del camino o
trayecto que recorre la luminaria diurna a través del cielo.

Observando el desplazamiento del sol en el cielo, el hombre de la


antigüedad descubrió con prontitud la periodicidad temporal del astro
rey, su influencia climática y, como consecuencia de esta última, el influjo
que ejercía la luz y calor solar sobre todo lo orgánico en la faz terrestre.
De ahí partió la convicción que las etapas estacionales, que señalaban
cambios de tiempo y condiciones en las circunstancias naturales,
también marcaban el devenir del destino humano.

5
El uso oracular del Jiulong Yi está originalmente diseñado para indagar
los «tiempos» 1 que se presentarán en cada uno de los períodos
estacionales, en estricta correspondencia con el movimiento (aparente)
del sol a través del cielo. Eso significa que el «Oráculo de los Nueve
Dragones» se consulta cuatro veces al año y en vísperas de la etapa que
se desea pronosticar. Esta disposición asigna al jiulong, o eneagrama, un
valor promedio de 91.25 días, es decir, 365 días divididos entre los 4
solsticios y equinoccios. Ello da, a cada una de las nueve líneas del
signo, un valor aproximado de diez (10) días. Así, la aparición de una línea
mutable dentro del eneagrama indicará que, durante aquel decanato en
particular, se producirá un cambio de «tiempo», es decir, de las
circunstancias representadas por los trigramas constituyentes del
jiulong. Según sea el tipo de mutación sufrida, y del trigrama afectado,
dependerá la acción o actitud a tomar ante la nueva disposición, física y
espiritual, del entorno del consultante. De este modo el oráculo señala
cuándo avanzar, retroceder o detenerse, cuándo actuar o esperar, cuándo
abrir, ceder, resistir o cerrarse a los acontecimientos; y cuál debe ser
nuestra actitud general ante la situación que nos rodea: firme como la
montaña, serena como el lago, luminosa como el fuego, suave y
penetrante como el viento, etc.

Las siguientes tablas brindan la correspondencia de cada línea según el


decanato y estación del año consultada. La clasificación está adaptada al
hemisferio norte, en el hemisferio sur los equinoccios y solsticios se
invierten.

1
«Tiempos» en el sentido de circunstancias o situaciones de existencia.

6
Las líneas del eneagrama se cuentan de abajo hacia arriba, siguiendo el
movimiento ascendente del sol desde el amanecer al mediodía. Por tanto,
la primera línea corresponderá a aquella que descansa en la base del
signo y la última a la que se ubica en el tope del mismo.

El Jiulong Yi
Como imagen del Universo

La disposición de los trigramas del jiulong (eneagrama) guardan estrecha


correspondencia con la imagen del macrocosmo manifestado. De este
modo tenemos que el trigrama superior representa al Cielo, los planos
sutiles de la existencia; el trigrama central simboliza al «sabio», es decir,
al Hombre Superior; y el trigrama inferior representa a la Tierra o los
planos densos de la creación. La tradición les da el nombre de «Los Tres
Grandes del Universo».

Este ternario esta formado por dos principios complementarios y uno


tercero, producto de la unión de estos dos. Llevada esta simbología al
aspecto humano, los tres términos de este ternario serían las imágenes
del padre, la madre y el hijo.

El Cielo cubre, la Tierra soporta. Ambos representan, respectivamente, las


energías yang y yin 2 del universo. Todo el macrocosmos manifestado se
sitúa entre estos dos polos. Lo mismo acontece con el ser humano, que
no solo forma parte de la manifestación universal, sino que constituye,
según el simbolismo del eneagrama, el centro y síntesis de ella. En
consecuencia, el Hombre Verdadero, al estar situado entre el Cielo y la
Tierra, es el producto o «hijo» de sus influencias antagónicas y
complementarias, y al mismo tiempo, el mediador o «puente» que las une
en su integridad individual.

2
Luz y oscuridad.

7
Todo lo que es activo, positivo o masculino es yang, y todo lo que es
pasivo, negativo o femenino es yin. Estas dos categorías están
vinculadas simbólicamente a la luz y a la sombra. En todo lo existente el
lado iluminado es yang y el lado oscuro es yin, sin embargo, como nunca
se encuentran el uno sin el otro, ambos aparecen más como
complementarios que como opuestos. Por tanto no hay que interpretar
esta distinción de luz y sombra en términos de Bien y Mal, como sucede
en el Mazdeísmo 3.

El aspecto yang de los seres responde a lo que hay en ellos de esencial o


espiritual, mientras el aspecto yin es aquel que se relacionan con lo
substancial o corporal. Por razones psicológicas arquetípicas el espíritu
siempre ha sido identificado con la luz, mientras la materia, por la
ininteligible indistinción de su estado potencial, es asociada a la «oscura
raíz» de la existencia. Por ello, y desde el punto de vista metafísico, las
influencias terrestres, las únicas sensibles, se definen como yin u
«oscuras», mientras las influencias celestes, al escapar de los sentidos y
solo poder ser aprehendidas por las facultades sutiles del intelecto, son
consideradas yang o «luminosas».

El Cielo es yang, la Tierra yin, lo cual significa que el espíritu es «acción


pura» y la materia «potencialidad pura». Esto es así porque ambos
representan los dos polos de la manifestación universal. En las cosas
manifestadas, yang nunca está sin el yin ni yin sin el yang, esto debido a
que en sus naturalezas coinciden las virtudes de Cielo y Tierra.

Considerados separadamente, yang y yin tienen como símbolos lineales


el «trazo pleno» y el «trazo partido», es decir, los elementos constitutivos
del eneagrama y de los trigramas que le dan forma. Al mezclarse entre sí
representan todas las combinaciones posibles de estos dos términos,
combinaciones que constituyen la integralidad del mundo manifestado.
La plenitud y firmeza yang, del trazo entero, forma e identifica la totalidad
del trigrama Cielo (☰). La blandura y vacuidad yin, del trazo quebrado, se
asocia y constituye la integridad del trigrama Tierra (☷). Es entre estos
dos extremos donde surgen los demás trigramas, en los que yang y yin
se mezclan en múltiples proporciones correspondiendo así al desarrollo
de toda la creación existente.

En tanto yin y yang están mezclados en forma indiferenciada, representan


la Unidad Primordial, el «océano primigenio amorfo» anterior a la creación
y a la forma. Aunque su unión es perfecta, hay distinción entre ellos,
pasando a ser símbolo del «andrógino original», pues los principios
masculino y femenino son sus elementos básicos. Son, según otra
imagen simbólica, el «huevo del mundo» del cual emergerá la creación
entera. En medio de ambos cascarones (uno superior, el Cielo, y otro
inferior, la Tierra), y como elemento central y aglutinante del proceso
creativo, aparecerá «el sabio», el Hombre Superior o Verdadero, como

3
Religión fundada por Zoroastro, en donde la luz y el fuego simbolizan la divinidad suprema
Ahura Mazda, en contraposición a Ahriman el principio oscuro del Mal.

8
mediador, eje o pilar a través del cual se operará en forma efectiva y
consciente la comunicación entre el Cielo y la Tierra.

Para que el Universo surja es necesario que el Ser se polarice en espíritu


y materia, lo cual puede ser descrito como la «separación» de estos dos
principios complementarios representados por Cielo y Tierra. Es entre
ellos, en su espacio o intervalo, donde deberá situarse la manifestación
misma . A partir de entonces corresponderá al sabio, asumiendo su
condición de «puente», establecer la comunicación entre ambos
extremos: entre conciencia y materia.

Ahora bien, en el jiulong el trigrama central simboliza al ser humano. El


«centro» es la posición natural del sabio, lo que equivale a decir que el
Hombre Verdadero está identificado al centro mismo de la Creación. Esto
significa que es en el sabio, y a través de él, como se consuma la unión
de Cielo y Tierra. De este «estado de centralidad», procede y depende
todo el mundo manifiesto, pues éste no existe más que como una
proyección exterior y parcial de las propias posibilidades del Hombre
Verdadero. Es su «acción de presencia» 4 la que mantiene y conserva la
existencia de este mundo, ya que él es «su centro», y sin este centro,
como punto de sostén, nada podría tener existencia efectiva. Este acto de
«conciencia presente» libera al sabio de toda obligación a la acción
externa o premeditada, es el wu-wei, la no-acción que no deja nada sin
hacer, la «acción sin acción» que transforma, a quien la practica, en
infalible instrumento del Tao. Esta es la razón o principio en el que se
basan las tradiciones que postulan la intervención del ser humano como
necesaria para el mantenimiento del orden cósmico.

El Jiulong Yi
Como imagen del Hombre Verdadero

El Hombre Verdadero, el «hombre plenamente realizado», es el que


representa, más que ningún otro ser humano, al «microcosmo». Esto en
razón de su situación «central», que hace de él una imagen de todo el
Universo. Su esencia sintetiza en sí la naturaleza de todos los demás
seres, de manera que no puede encontrarse nada en la creación que no
tenga en este hombre su representación y correspondencia.

El ser humano, como microcosmos, participa de los tres niveles de


manifestación universal y tiene, en sí mismo, elementos que le
corresponden por analogía. Así, la división cósmica ternaria le es
aplicable en su integridad. Por el espíritu pertenece al dominio de la

4
Conciencia de sí mismo.

9
manifestación «sutil incorpórea», por el alma al dominio de la
manifestación «sutil con forma» y, por el cuerpo, al dominio de la
manifestación material.

La manifestación sutil incorpórea es, evidentemente, aquella donde


predominan las influencias espirituales celestes; mientras la
manifestación material es donde lo hacen las influencias corporales
terrestres. En cuanto a la manifestación formal sutil, que constituye el
«mundo anímico» 5 del hombre, corresponde al estado intermedio que
resulta de las de influencias de lo físico y de la esencia sin forma.

Entre el mundo espiritual y corporal (y participando de uno y otro por su


constitución) el hombre tiene, en relación al cosmos, el mismo papel
intermedio que tiene el alma en el ser vivo. Es en este dominio intermedio,
al cual damos el nombre de «alma» o «forma sutil», donde se encuentra el
elemento más característico de la individualidad humana: la psiquis.

La psiquis se sitúa en el ser humano como éste mismo se sitúa en el


Universo. Por esta posición intermedia el principio anímico cumple la
función de mediador entre el espíritu y el cuerpo, del mismo modo que el
Hombre Verdadero hace de mediador entre Cielo y Tierra. En este punto
es interesante realizar la siguiente observación: en relación al alma, el
espíritu es yang (masculino); mientras que el alma es yin (femenina)
comparada con el espíritu. Sin embargo, en relación al cuerpo el alma es
yang; mientras que el cuerpo, comparado con el alma, es yin.

De este modo, el elemento corporal es pasivo, femenino y maternal con


respecto al alma; mientras el principio anímico se convierte en el medio,
sustrato o receptáculo materno, donde se elaboran y fijan las formas
engendradas por la «acción de presencia» del espíritu, es decir, por la
«actividad-no-actuante» de la conciencia. Así, para ejercer su influencia
sobre el mundo, como Hombre Verdadero, el sabio debe dominar la
capacidad para conservar el centro de sí mismo, de su alma y corazón.
Esta «permanencia en el centro» equivale a un estado mental de profunda
ecuanimidad, alejado de todo extremismo dualista: la «mente original». Y
es este estado primordial, o mente original, la semilla que los sabios
cultivan para alcanzar la plenitud.

Cuando el pensamiento ilusorio emerge del corazón inquieto y el


conocimiento intelectual discursivo comienza a desarrollarse, dando

5
Se trata del mundo mental o «imaginal » del ser humano.

10
lugar a la discriminación entre «lo bueno» y «lo malo», la centralidad de la
mente se pierde. Entonces la miríada de pensamientos, que alimentan los
problemas mundanos, socavan y extinguen el espíritu celestial yang,
haciendo que la fuerza vital sea incapaz de sostener el equilibrio
emocional y la existencia.

En la unidad original del «no-ser», lo primordial eterno y lo temporal


permanecen unidos en estado indiferenciado, existiendo juntos en una
misma realidad unitaria carente de todo conocimiento discriminativo. Este
es el «embrión de los sabios», la «raíz de la inmortalidad» o «pura
claridad» de los alquimistas taoístas. Según sus enseñanzas, la ciencia
del elixir consiste, justamente, en el reconocimiento y fijación de este
estado primordial o «mente natural», a partir del cual se da forma al
«embrión espiritual» de la consciencia.

En el preciso instante en que el sabio identifica en sí mismo ese estado


mental, debe aplicar la no-acción, usando «el fuego» de la realidad
consciente. Así, al cultivar en forma simultánea conciencia y realidad, a
través de una atenta vigilancia libre de toda tensión, deseo y esfuerzo, el
Hombre Verdadero actúa como «puente» o «escalera» entre Cielo y Tierra,
permitiendo el paso y manifestación del espíritu en el mundo de la
materia.

Por su postura erguida el ser humano refleja con su cuerpo, en forma


simbólica, la verticalidad del axis mundi o «pilar cósmico». Este eje
universal se ve representado por la propia columna vertebral que, como
escalera o puente metafórico, une las estructuras superiores e inferiores
de la anatomía humana. Así, tendremos en el cráneo y cerebro la
representación del Cielo, mientras que la materialidad de la Tierra será
simbolizada por los genitales y órganos excretores del cuerpo.

Es el mismo concepto que encierra la imagen de los chakras o «lotos» en


el yoga tántrico. El eje vertical de la columna vertebral es el «árbol de la
vida» en el cual se enrosca la serpiente kundalini de la consciencia. Su
ascenso a través del tronco del árbol vertebral lleva a la sabiduría y
despertar espiritual, mientras que su descenso procura el estado de
ilusión y sueño de la conciencia dentro de la materia.

La columna vertebral es el merudanda, «bastón de la perfección», en el


cual se apoya el sabio en su largo peregrinar hacia la luz de la
consciencia. Meru es el nombre de la montaña sagrada en cuya cima
Shiva, el Señor de los Ascetas, vence al demonio de los deseos. Ascender
esta montaña representa lo mismo que el despertar de la serpiente
kundalini en el Árbol de la Vida 6. Del mismo modo, el Hombre Verdadero
es el cayado o bastón del cual se sirve el Espíritu Universal para ayudarse
a elevar la materia en la escalera de la consciencia.

6
Árbol Boddhi de la tradición budista.

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El Jiulong Yi
Y sus Correspondencias Anatómicas

En la anatomía metafísica del hombre, el eneagrama posee relaciones


específicas. Así tenemos que el trigrama superior corresponde a la
cabeza (cerebro), el trigrama central al pecho (corazón) y el trigrama
inferior al abdomen (genitales). En un aspecto general, se considera al
cerebro la sede del espíritu intelectual, al corazón la del alma sensible y a
los genitales de la vitalidad física u orgánica.

Empezaremos con el trigrama central, emblema del corazón. Muchas


tradiciones dan preeminencia a este órgano pues lo perciben como centro
psicofísico del hombre. Al estar situado a medio camino entre cabeza y
genitales, entre espíritu y cuerpo, se piensa que participa, sintetiza y
trasciende las cualidades de ambos polos, convirtiéndose así en el lugar
natural de convergencia de éstas fuerzas. Se compara al corazón con un
«templo» o «altar» en el que se manifiestan las fuerzas divinas. En este
altar arde el «fuego del sacrificio», cuya llama sagrada transforma,
purifica e integra los elementos de la personalidad humana. Es sobre este
altar donde descienden los dioses y poderes divinos que se manifiestan y
realizan en la conciencia misma del individuo.

Como símbolo del «centro», del corazón y el templo, tenemos al mandala,


cuya imagen representa (en la arquitectura sagrada) el plano de planta de
éste último. El Hombre Verdadero debe realizar un peregrinaje hacia el
interior del templo de su corazón, viajando en «meditación imaginal»
alrededor del diagrama del mandala. Conforme se aproxima y penetra en
la cámara central del «círculo sagrado», santo sanctorum del templo,
consigue unirse espiritualmente con la «forma divina» que se halla en su
interior (sí mismo). Sin embargo, esa unión requiere que el sabio vacíe y
transcienda su ego ordinario. Vaciada su conciencia ordinaria, entonces
puede renacer en el «ser imaginal» de la divinidad. Esta forma imaginal es
la «Naturaleza Real del Hombre Verdadero», la Conciencia Luminosa o
Realidad Absoluta que habita en el «espacio vacío» del corazón. En este
espacio del corazón, lo Absoluto y lo relativo, lo incondicionado y la
existencia fenoménica se encuentran y se reúnen en el «mundo
intermedio imaginal», que actúa como un puente entre el nirvāna 7 y
samsāra.
7
Nirvana (sánscrito), nibbana (pali): no-codicia, no-anhelo, desapego.

12
Cuando la «imaginación divina» se manifiesta en el Hombre Verdadero, se
transmutan cuerpo y conciencia. El hombre se ve así transportado al
«reino de lo imaginal» y allí, en el plano de la «imaginación divina», se
realiza y reunifica con su propio Ser en la conciencia de la vacuidad. Es
en el «templo del corazón» donde lo divino se revela al hombre. Es en
este templo donde el Espíritu se imagina a sí mismo y, proyectando su
imagen dentro del alma humana, contempla su propio reflejo,
convirtiéndose en la imagen y el que imagina, en el que contempla y lo
contemplado.

El trigrama superior, por su elevada posición en el eneagrama, representa


al cerebro. Si el corazón es considerado sede de la conciencia anímica,
entonces la cabeza y, por inferencia, el cerebro como su contenido
esencial, se perciben como el hogar del pensamiento y conciencia
intelectual del individuo.

Para muchos filósofos griegos el logos o razón residía en la cabeza. Al


logos se le consideraba la «inteligencia» que ordenaba y daba armonía al
devenir y a los cambios que se producían en la existencia misma. Era la
Razón Universal, por tanto, apartar el pensamiento individual del logos
traía, como consecuencia directa, la pérdida del sentido de la existencia y
del orden cósmico.

La tradición tántrica hindú atribuyó a los chakras, o «lotos» de la cabeza,


los estados superiores de consciencia, totalmente alejados de la burda
materialidad sensual y emotiva de los chakras del pecho y abdomen. En
el cerebro radicaría el soma-chakra 8, centro asociado simbólicamente
con la luna llena. La luz clara y fría del astro lunar, en comparación con la
intensa y caliente del sol, es imagen ideal para representar la función
intelectual. Así como el sol simboliza la emotividad anímica del corazón,
con su ardiente y extremo fulgor, la luna representa la conciencia clara y
mesurada del pensamiento. Si la emoción es «caliente», entonces la razón
es «fría» y desapasionada. Así, la luna llena alumbrando en lo alto del
cielo nocturno, representa el brillo inmutable de la conciencia en medio
de las tinieblas de la ignorancia: imagen de la ecuánime sabiduría. De
esta conciencia-sabiduría destila el «elixir de los dioses», el soma hindú o
haoma iraní, bebida divina gracias a la cual el chamán ario era capaz de
viajar por la inmensidad del cielo y la profundidad de los infiernos.

La cabeza actúa como «cámara de purificación» de las energías burdas


inferiores, provenientes de las emociones instintivas y apetitos
corporales. Es el lugar donde se elevan e «iluminan» los impulsos más
bajos y oscuros de la naturaleza humana. Al ubicarse en lo alto, como la
nevada cumbre de una montaña, la cabeza enfría, sutiliza y purifica las
energías que llegan hasta ella. Pero la función de esta cualidad solo es
posible si la cabeza se «conserva fría», es decir, si se evita que las
emociones y apetitos se apoderen de ella y «calienten» el cerebro
8
Soma, «elixir de la inmortalidad» de los dioses védicos. Se creía que la planta, de donde se
extraía esta bebida, crecía en lo alto de las montañas sagradas.

13
(pensamiento) con sus ardientes impulsos. Tarea que se logra a través
del ejercicio de la razón y de la adquisición de una conciencia ecuánime y
serena.

El carácter mágico del elixir haoma-soma y su libación, durante el ritual


del sacrificio védico, simbolizaba los estados alternos de conciencia
cuyos efectos eran somatizados en el trance extático del chamán. No
debemos olvidar que la palabra «sacrificar», proveniente del latín sacri-
facere («hacer sagrado»), encierra en su etimología la divinización de lo
sacrificado. Todo aquello que se ofrenda al Espíritu se transforma en su
alimento y pasa a constituir parte del «cuerpo» de la divinidad. En
retribución, el Espíritu «deja caer» sus bendiciones sobre la tierra y sus
seres, es decir, sobre el hombre y su alma. Esta precipitación desde lo
alto adopta la imagen del soma como «lluvia sagrada», «licor celeste» o
«elixir de los dioses». Es significativo constatar que en la tradición
avéstica el haoma era representado por dos árboles: uno blanco y otro
amarillo. El primero simbolizaba «lo celeste», lo paradisíaco y superior.
Crecía en la cima de la montaña polar Alborj 9. El segundo árbol, de
naturaleza «terrestre», era un reflejo del primero como manifestación
material de la morada primordial paradisíaca. Estos dos árboles eran
representados en la tradición brahamánica como unidos por sus bases,
siendo, a este nivel, uno el reflejo especular del otro. Sus troncos estaban
en línea de continuidad, constituyendo así uno solo con dos copas en sus
extremos, una superior (mundo celestial) y otra inferior (mundo terrestre).
Esta imagen representaba, simbólicamente, la doctrina de la Unidad
Universal: una esencia y dos naturalezas.

El trigrama inferior es la representación emblemática de los genitales u


órganos reproductores: es la «raíz» del eneagrama. El simbolismo de este
signo se extiende al proceso digestivo, pues la asimilación de los
alimentos y la expulsión de los deshechos metabólicos son tan
importantes para la vida como la reproducción. Si la digestión atañe a la
supervivencia del individuo, entonces la reproducción sexual hace
referencia a la supervivencia de la especie. En ambas funciones se
manifiesta un «fuego» particular, el cual actúa como agente movilizador
del individuo y constituye el impulso primordial de los instintos más
básicos y apremiantes del psiquismo humano: el instinto sexual y el
instinto de alimentación. Lo que es la «idea» como fuerza creativa, en el
mundo espiritual, y la «imaginación» en el mundo anímico, es el sexo en
el mundo de la materia orgánica. No sólo se trata de que a través del sexo
se procreen nuevos seres vivientes, sino que él es el medio a través del
cual el espíritu se «coagula» y establece en la carne, ejerciendo de hecho
su influjo sobre la creación material. Así, la vida orgánica es la manera en
que la conciencia se apodera de la materia inerte y la «ilumina» con su
presencia. La tradición tántrica afirma que la conciencia «desciende», en
el proceso creativo, de los estados sutiles hacia los más burdos. Esto
corresponde, en el cuerpo humano, a la formación descendente de los

9
La montaña Alborj-Haraberezaiti, en Irán, se yergue en el «centro del mundo» y une la Tierra
con el Cielo, al igual que el monte Meru en la India, sobre cuya cumbre brilla la Estrella Polar.

14
«centros de conciencia», desde el más alto 10 hasta el más sólido, bajo y
burdo de ellos: el muladhara-chakra. Es en este centro donde el flujo
creativo de la kundalini-shakti (energía cósmica) se detiene, condensa y
reposa. El nombre del chakra, muladhara (fundamento raíz), y su
elemento simbólico, la tierra, señalan la importancia de su papel como
sostén de la vida corporal. Junto a los centros svadhistana y manipura
(agua y fuego, respectivamente) conforma la tríada inferior orgánica, cuya
disposición haya perfecta correspondencia con las tres líneas inferiores
del jiulong.

Una observación. Existe la técnica yoga conocida como mulabandha,


«cierre-raíz», cuya práctica consiste en la fuerte contracción del esfinter y
músculo elevador del ano, mientras se retiene la respiración. El objetivo
de este ejercicio es provocar el ascenso del prana (o vitalidad) hacia los
chakras superiores. Cuando el prana se dirige hacia abajo y afuera, es
decir, se exterioriza en la emisión de fluidos procreativos a través del acto
sexual, se genera vida en «lo externo» en perjuicio de la vitalidad
individual. Por el contrario, cuando se invierte el proceso, es decir,
cuando se interioriza el flujo de prana llevándolo hacia adentro y arriba,
entonces generamos vida en «lo interno». De esta forma las fuerzas
generativas autofecundan al individuo, aumentando su energía y
despertándolo a estados superiores de conciencia.

El Jiulong Yi
Como imagen del Proceso Alquímico

El simbolismo anatómico guarda estrecha relación con el proceso de


sublimación alquímica de la conciencia y la energía. Dentro de esta
perspectiva los trigramas del jiulong corresponden a los «campos de
cinabrio» de la tradición taoísta. Es, en cada uno de estos campos
energéticos, donde la consciencia se acopia, procesa, purifica, nutre y
madura sutilizando su substancia.

Según el taoísmo, en el cuerpo humano y Universo se manifiestan tres


estados diferentes de la Energía Primordial: jing, qi y shen.
Colectivamente se les conoce con el nombre de «los tres tesoros». A
estas energías corresponden distintas características y propiedades. El
jing se asocia a los fluidos corporales (especialmente los sexuales), el qi
al proceso vital respiratorio y el shen al espíritu (mente). Tienen sus
sedes anatómicas en la cabeza, «campo de cinabrio superior»; en el
pecho, «campo de cinabrio medio»; y en el abdomen, «campo de cinabrio
inferior». La sede superior es la morada de la energía espiritual, el campo
10
El sahasrara chakra o «loto de los mil pétalos», que se ubica en la parte más alta de la
cabeza. Es la morada de la divinidad.

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mediano del aliento y el inferior de la fuerza generativa. Este último es la
raíz del ser humano, en él se acumulan la esencia y la energía espiritual.
En el «macrocosmos» estos tres niveles corresponden a Cielo, Tierra y al
espacio (aire) que se abre entre ambos.

En el ser humano el jing es principalmente la sangre y el semen. El qi es


la energía vital, la respiración y la actividad física. El shen es el espíritu, la
mente, la inteligencia, el conocimiento y el pensamiento que gobierna la
conciencia, el entendimiento, la vitalidad y la energía sobre la cual se
fundamenta el cuerpo y la duración de la vida.

Los «campos de cinabrio», o dantien, no son simples depósitos, sino


centros de transformación y mutación de la energía. En el dantien inferior
se acopia y acumula la fuerza generativa (jing) para luego, aplicando el
«fuego interior» de la consciencia, destilarla en vitalidad (qi). Ésta, a su
vez, se acumula en el dantien medio donde, recogida en cantidad
necesaria y bajo la acción del agente ígneo, se transmuta en espíritu
(shen) que asciende hasta el dantien superior. Aquí es madurado y
nutrido por el «calor interno» de la concentración consciente, para, una
vez listo, dar el salto final al claro vacío de la inmortalidad.

Los «campos de cinabrio» pueden equipararse, en la alquimia occidental,


a los tres estados o colores de la Gran Obra: nigredo, albedo y rubedo. El
primero corresponde a la «obra al negro», es el color que marca la
muerte, putrefacción, separación y disolución de la materia prima. En esta
etapa los elementos antagónicos del compuesto se mezclan, atacan,
mortifican y devoran mutuamente, buscando predominar uno sobre el
otro hasta que, finalmente, se deshacen en la naturaleza contraria del
elemento opuesto, formando así un solo cuerpo caótico e indiferenciado.

El segundo color es la «obra al blanco», el opus albedo. Simboliza la


purificación de la materia. Corresponde a un estado de perfecta armonía y
unión («matrimonio») de los elementos. En ella la substancia alcanza
propiedades hermafroditas, es decir, de doble naturaleza. Sin embargo,
en este nuevo estado, está libre de las dicotomías y antagonismos de la
etapa anterior. La materia se encuentra armoniosamente unificada, y su
substancia se clarifica, sublima e ilumina.

El tercer color corresponde al opus rubedo, la «obra al rojo». Es el trabajo


finalizado, donde la materia arcana se fija, potencia y madura. Es la
«piedra filosofal», aquella que puede decir de sí misma:

16
Soy el verdadero unicornio de los antiguos;
quien pueda dividirme en dos y luego juntarme,
de suerte que mi cadáver ya no se abra,
obtendrá la más poderosa medicina.

En la alquimia occidental «los tres tesoros», de la tradición taoísta,


guardan significativa analogía con la tríada simbólica: azufre, mercurio y
sal. La palabra griega para azufre es theion, cuyo significado («divino»)
señala su carácter como agente ígneo o principio de actividad espiritual
que se irradia a partir del centro mismo del Ser. En el ser humano es
imagen simbólica de lo divino o celestial en el hombre. El azufre
pertenece, por su interioridad y sutilidad, a la categoría de las
«influencias celestes». En el caso del Hombre Verdadero, aquel que se
sitúa en el centro del universo (y de todas las cosas), el espíritu o azufre
está ligado a la «voluntad del cielo». Por ello, en lenguaje hermético, el
Hombre Verdadero, aquel que ha realizado en sí mismo al Hombre
Universal, es designado con el nombre de «azufre rojo» y representado,
simbólicamente, por la figura del Fénix 11.

El mercurio, por su parte, simboliza al alma. Se le considera de carácter


pasivo en relación al «azufre del espíritu», y fluídico por su capacidad
para penetrar la «sal de la materia». En comparación al azufre es yin, pero
yang frente a la sal. Así, el mercurio se sitúa en el límite de lo corporal y el
dominio sutil de «lo anímico». Es, en razón de esta doble naturaleza,
propia del «mundo intermedio imaginal», por lo que al mercurio se le
considera como un principio húmedo-caliente, y se le describe como
«agua ígnea» o «fuego líquido». Este último epíteto es adecuado cuando,
por acción del azufre, se vigoriza su doble naturaleza y pasa de la
potencia al acto. No deja de ser significativo que, en la antigua
clasificación cuaternaria de los elementos, el aire se identificara por su
cualidad húmeda-caliente, similar al acqua ardens mercurial de los
alquimistas. La imagen del aire y el viento asociada al símbolo del
mercurio no es casual. Ambos elementos se comportan como fluidos, es
decir, muestran una plasticidad que les permite adquirir diferentes formas
y adaptarse al medio circundante. Ambos, también, se utilizan para
representar al pensamiento y la actividad imaginativa. Mercurio era el
nombre que daban los romanos a Hermes, mensajero divino de pies
alados, capaz de correr sobre el viento a la velocidad del pensamiento y
que, también, fungía como psicopompo o guía, encaminando el alma de
los muertos al Hades.

Veamos ahora la sal, que por su solidez es comparable al cuerpo. En el


simbolismo alquímico ocupa el dominio de la manifestación burda de la
materia. Representa la substancia o recipiente donde alma y espíritu se

11
Ave fabulosa que en la simbología medieval cristiana representaba a Cristo resucitado.
Según la leyenda, llegado el momento de morir el Fénix se inmolaba en el fuego, para luego
renacer de las propias cenizas. En alquimia es imagen de la Piedra Filosofal.

17
encuentran y conviven. Es la tierra que acoge en su seno la semilla
invisible donde se concibe, forma y nutre el «embrión filosófico» 12.
Cuando mercurio y azufre, como manifestación dual de las energías yin y
yang, se unifican en perfecta madurez y armonía, la sal pasa a
transformarse en vehículo de la «medicina perfecta», Piedra Filosofal o
«perla de la inmortalidad». Como vaso o recipiente, la sal es el horno o
«athanor» (del griego athánatos, «inmortal») del alquimista. Es el corazón
físico como «caverna secreta» y «morada de la inmortalidad», ambas
símbolos del centro del Ser. De este modo, el fuego invisible y perpetuo
que hay dentro de este horno-athanor corresponde, nada menos, que al
calor vital que reside en el propio corazón de la materia orgánica.

Cuando la consciencia hace acto de presencia en la carne (como puede


ser el simple, pero poderoso, acto de respirar conscientemente), la
materia inerte cobra vida. La contemplación consciente del cuerpo y sus
sensaciones, pues solo a través de las sensaciones se puede tomar
conciencia de lo corporal, inicia el proceso alquímico a nivel
microcósmico. El trabajo debe ser perseverante, la atención constante. La
tarea debe estar libre de toda tensión y ansiedad, concentrándose
solamente en mantener el hilo ininterrumpido de la conciencia de sí
mismo. Imperturbable ante la valorización que el pensamiento
discriminativo pueda dar a cualquiera de las sensaciones que se
presenten, la conciencia debe conservar su centralidad permaneciendo
en un estado de profunda ecuanimidad. Finalmente la práctica fijará al
espíritu en el cuerpo y los unirá en un estrecho abrazo de mutua
perfección y armonía, en donde lo terrestre adquirirá las virtudes del Cielo
y lo celestial los poderes de la Tierra 13.

La ciencia del elixir tiene su secreto en la «unidad», la cual consiste en


mezclar los opuestos en una fusión indisoluble y armoniosa. Esta unión
misteriosa (mysterium coniunctionis) solo puede realizarse en el absoluto
vacío, lleno de clara consciencia, de la «mente original». Esta mente es la
materia, horno, crisol y elixir final de la obra alquímica. Dentro de ella está
todo, fuera de ella no hay nada.

El cultivo de la consciencia enseña a mezclar y equilibrar las energías yin-


yang, de tal manera que ambas se fusionen y vuelvan a ser la energía
única que eran en su origen. La fabricación de la «medicina universal»
radica en el armonioso equilibrio de las fuerzas que conforman su
substancia. Si el equilibrio de estas energías se pierde, la estabilidad
desaparece y con ella el estado de ecuanimidad interior que da unidad y
forma al elixir.

La vida mundana confabula, a cada instante, contra la fabricación del


elixir microcósmico al sacar de su centralidad natural a la consciencia.

12
«El Viento lo ha llevado en su vientre, la Tierra es su nodriza y receptáculo» (Tabla
Esmeralda).
13
«Subirá de la Tierra al Cielo y descenderá del Cielo a la Tierra, adquiriendo su fuerza de las
cosas superiores e inferiores» (Tabla Esmeralda).

18
Cada vez que la rueda de las emociones gira descontrolada, cada vez que
la ira, el deseo y la ignorancia de sí mismo se manifiestan, se enturbia y
envenena la substancia que conforma el elixir sagrado de la consciencia.
Cada vez que la «presencia consciente» se pierde, Cielo y Tierra se
separan, y con ello la vida deja de fructificar.

Los trigramas, dispuestos tradicionalmente en el Orden Premundano,


poseen una disposición espacial que permite asignarles cinco niveles de
energía y manifestación de la conciencia. Los puntos más extremos
representan al yin y yang puros, es decir al Cielo y la Tierra. Sin embargo,
como la vida surge de la interacción y combinación de ambos principios,
la creación existente solo encuentra su expresión y desarrollo en los tres
niveles intermedios.

A cada uno de estos niveles corresponden sendos trigramas de


movimiento y naturaleza opuesta. Así, la posición que ocupan los signos
en el Orden Premundano o Prenatal, indica los diferentes niveles de
energía y el flujo a través del cual la consciencia muta de una forma a
otra:

De este modo, a nivel mental la energía está representada por los


trigramas Lago (☱) y Viento (☴); a nivel de la fuerza vital por los signos
Fuego (☲) y Agua (☵); y a nivel físico por los símbolos Trueno (☳) y
Montaña (☶). En los tres niveles el primer trigrama es de naturaleza
ascendente, mientras el segundo posee movimiento descendente, lo cual
indica la predisposición o tendencia de la conciencia a subir o bajar de
nivel energético.

El Orden Prenatal representa la Mente Original, o Unidad Primordial, antes


de la ruptura o división provocada por la aparición de la mente
discriminadora, fenómeno generado y estimulado por el nacimiento y la
actividad mundana. La ciencia del elixir consiste, justamente, en el
reconocimiento y fijación de este estado primordial, estado a partir del
cual se da forma al «embrión espiritual».

19
Cuando se comprende el fundamento del yin y el yang, el Universo se
contiene en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Lo único necesario es
saber la forma de equilibrar estas energías, pues de la armonía de estas
fuerzas surge el retorno a la Unidad Primordial y la fijación del «elixir
dorado».

El «embrión espiritual» es el estado mental de sabiduría en el cual se


carece de la discriminación del conocimiento dual y el pensamiento
discursivo. En dicho estado el espíritu permanece unificado, sumergido
en la mente indiferenciada del Tao, donde se coagula (fija), estabiliza
(equilibra) y recolecta (aumenta) la Verdadera Consciencia.

En el cuerpo material reside un «cuerpo» formado de consciencia. Este


«cuerpo espiritual» se crea a partir del cuerpo físico. Es el yang dentro del
yin, representado por el trigrama Agua (☵), que es coagulado, incubado,
alimentado y madurado por la consciencia de la realidad, simbolizada por
el trigrama Fuego (☲). Ya madura, la Consciencia Verdadera puede
liberarse del cuerpo material (como el niño que nace de su madre) y
desarrollarse, poco a poco, hacia la total independencia y autosuficiencia.
Este recién nacido es la verdadera energía unificada: «el Uno sin
división».

Culminada la senda del Tao, se posee un «cuerpo mental» y físico


plenamente sublimado, en el cual es posible realizar el estado de Gran
Sabiduría. De este modo, la perfecta realización de la Gran Obra consiste
en la inmersión del espíritu en el estado insondable que está más allá de
todo esfuerzo e intencionalidad, donde se revela el misterioso poder de la
«no-acción». Entonces, cuando no existe nada que hacer (y tener)
simplemente se «es», revelándose así el Tao en el propio ser.

El Jiulong Yi
Y su relación con el Luo Shu

Se atribuye el origen del Luo Shu a las marcas y signos aparecidos sobre
el caparazón de una tortuga. El simbolismo de este animal guarda
estrecha relación con las imágenes arquetípica de Cielo, Tierra y Hombre
Verdadero (espíritu, materia y alma).

La tortuga, encerrada en su concha, está como el ser humano entre los


planos celestial y terrestre. La parte superior, aquella que cubre al animal,
corresponde por su forma redondeada y cóncava al Cielo. La inferior,

20
aplanada y cuadrangular, la que soporta al animal, guarda analogía con la
Tierra 14.

Así, la concha entera se convierte en una imagen simbólica del Universo,


en donde la tortuga representa al sabio, cuya retracción al interior de la
concha representa el retorno al «estado primordial» de Hombre
Verdadero. Estado que simboliza la realización plena de las posibilidades
humanas, ya que, aunque el centro u origen (interior del caparazón) no
sea más que un punto sin extensión espacial, contiene a todas las cosas
en su Unidad y es, precisamente por eso, por lo que el sabio, como
«centro consciente del universo» contiene en sí mismo todo lo que está
manifestado en la Creación.

El Luo Shu tenía su correspondencia arquitectónica en el Ming Tang, o


«Templo de la Luz», edificio sagrado cuya disposición geométrica
reflejaba el orden cósmico universal y, cuya orientación espacial,
constituía el modelo a seguir en la conformación de los recintos sagrados
y en la distribución provincial del imperio.

14
Idéntico simbolismo se encierra en la arquitectura de muchos templos, cuya base cuadrada
termina rematada, en lo alto, por una cúpula.

21
Según este plano cósmico, el centro era ocupado por el número 5, cifra
media de los nueve casilleros que lo componían. Representaba la
equilibrada centralidad de la Tierra. La capital del imperio, el «Reino del
Medio», correspondía a este número y era el lugar de residencia del
emperador.

Del mismo modo que el Reino del Medio ocupaba en el imperio una
posición central, el imperio era concebido como ocupando una posición
cósmica semejante, formando así una imagen en la Tierra del Universo.
Esto tenía por significado manifiesto que «todo estaba contenido en el
centro», de modo que en él se encontraba, de forma arquetípica, todo lo
que existe en el conjunto universal.

De esta manera, y a una escala cada vez más reducida, toda una serie de
imágenes iban disponiéndose concéntricamente hasta concluir en la
residencia real y en la figura del propio emperador, el cual, ocupando el
lugar del Hombre Verdadero, desempeñaba la función de mediador o
pontífice (hacedor de puentes) entre el Cielo y la Tierra. Era en este
centro, o «corazón del mundo», donde se manifestaba el espíritu o
«presencia divina», punto invariable donde se reflejaba la actividad del
Cielo.

Era la Estrella Polar, la svástica 15, el centro inmutable y axis mundi


determinado por la «presencia consciente» del sabio, quien viene a
representar, en el mundo terrestre, el lugar del alma entre el cuerpo y el
espíritu. Alrededor de este espacio central, erguido como un lingam,
omphalos o Pilar Cósmico, se ordena el mundo de la materia y la energía.

De este modo, las nueve casillas que conforman el plano geométrico del
Templo de la Luz, corresponden al Tai Yi 16 y los ocho trigramas como
manifestación de las fuerzas universales.

15
La svástika es esencialmente un símbolo del Polo o Principio Único, el Tao.
16
Literalmente «viga principal», imagen del Tao, la Unidad manifestada en la dualidad yin-
yang.

22
El Luo Shu guarda fácil analogía con el eneagrama al asociar cada una de
sus casillas con la línea numérica correspondiente. Así, la 5ta línea,
aquella que representa al «corazón del sabio» dentro del jiulong,
corresponderá a la casilla central, señalada con el número cinco y
representada, simbólicamente, por el Tai Yi. La 3ra línea guardará directa
correspondencia con la casilla tres del Ming Tang, asociada al punto
cardinal Este y al simbolismo del trigrama Fuego. La 7ma línea estará
representada por el trigrama Agua, el punto cardinal Oeste y la casilla
marcada con el número siete. Y así, sucesivamente, con el resto de los
componentes lineales.

Es necesario aclarar que, por su orientación solar, el jiulong verá


alteradas las correspondencias simbólicas con el Luo Shu según sea el
hemisferio en el que se encuentre el consultante. Al indagar el oráculo,
éste asume el puesto del sabio, del Hombre Verdadero, es decir, se
posiciona en el «centro» del Universo (casilla 5) y orienta su rostro «hacia
la luz».

Para aquel que se ubica en el hemisferio norte, del globo terráqueo,


«mirar hacia la luz» significará encarar el punto cardinal sur. Para aquel
que vive en el hemisferio sur, por el contrario, el «área luminosa» del cielo
estará ubicada al norte de su posición geográfica 17. Esta inversión
implicará un reordenamiento de las casillas, de los puntos cardinales y de
los trigramas que les corresponden.

Así, en el hemisferio austral el trigrama Cielo (casilla 9) corresponderá al


Norte cardinal y el trigrama Tierra (casilla 1) representará al Sur. El
trigrama Agua (casilla 7), que simboliza al Oeste, se desplazará hacia la
izquierda del observador y, el Este cardinal, simbolizado por el trigrama
Fuego (casilla 3), se reubicará a la derecha del Ming Tang.

17
Este fenómeno se debe a que la Eclíptica, es decir, el paso aparente del sol a través de la
cúpula celeste, se mueve entre los trópicos (cáncer y capricornio) en el mismo sentido que el
ecuador celeste.

23
El resto de los trigramas se acomodarán, entre los anteriores, en sus
respectivas casillas. A su vez, el «eje primordial», el Tai Yi, invertirá su
giro haciéndolo en sentido contrario a las manecillas del reloj, siguiendo
así el movimiento aparente del sol desde esta nueva orientación.

La relación de las líneas del jiulong, con el Ming Tang, permite ampliar el
rango de interpretación del oráculo al enriquecer el simbolismo de las
líneas en mutación, pues una línea firme que se «oscurece», o una blanda
que se «ilumina», ahora puede ser entendida en relación a un trigrama
particular o una orientación geográfica específica.

No deja de ser significativo el hecho de que las líneas 1ra, 2da y 3ra del
jiulong, que corresponden al trigrama inferior o «terrestre» del mismo,
estén simbolizadas en el Ming Tang por los trigramas Tierra (☷), Viento (☴)
y Fuego (☲), todos signos de naturaleza femenina . Por otra parte, las
líneas 7ma, 8va y 9na, que corresponden al trigrama superior o
«celestial», representa cada una y en orden ascendente a los trigramas
Agua (☵), Trueno (☳) y Cielo (☰), todos considerados signos de carácter
masculino .

Dentro del trigrama central, símbolo del sabio, se conserva este mismo
orden. Debajo de la 5ta línea (a la cual no se le asigna ningún trigrama,
pues representa al Tai Yi o Pilar Universal, es decir, el «corazón» del
Hombre Verdadero), encontramos a la 4ta línea, simbolizada por el
trigrama-hija Lago (☱). La 6ta línea, en directa relación con el trigrama
celestial, se ve simbolizada por el trigrama-hijo Montaña (☶).

Así, la correspondencia entre las líneas del eneagrama y las casillas del
Ming Tang quedaría graficada de la siguiente manera:

24
De este modo las analogías entre el Luo Shu y el jiulong reafirman el
modelo tradicional, en el cual el Universo se polariza entre fuerzas
masculinas (engendradoras) y fuerzas femeninas (concebidoras) de vida.

Sobre el Movimiento y
Naturaleza de los Trigramas

Cada trigrama posee un movimiento de acuerdo a su naturaleza


intrínseca. Este movimiento es indicado por la posición del trigrama en el
ciclo creativo del Cielo Anterior u Orden Premundano. Este ciclo
representa el «estado prenatal» de la mente 18, es decir, el estado
primordial de la Consciencia Universal, cuyas funciones están
simbolizadas por cada uno de los trigramas y la posición que ocupan.

18
El «estado prenatal» es la Mente Original, o Unidad Primordial, antes de la ruptura o división
provocada por la aparición de la mente discriminadora. Como la discriminación es una función
propia de la conciencia, la Mente Original equivale, en lenguaje psicológico, a la Mente
Inconsciente.

25
El movimiento ascendente se inicia con el trigrama Trueno (☳), pasando
gradualmente por los signos Fuego (☲) y Lago (☱), hasta alcanzar su
punto más elevado, espiritual y luminoso en el signo Cielo (☰). Por el
contrario, los trigramas descendentes comienzan el movimiento de caída
a partir del signo Viento (☴), seguido de los signos Agua (☵), Montaña (☶)
y Tierra (☷), siendo este último ideograma en donde la energía alcanza su
grado más bajo, oscuro y material.

Para quienes cultivan la alquimia, el movimiento de los trigramas es de


suma importancia: la formación del elixir es la fusión de las energías yin y
yang, y sólo se puede realizar con aquellos trigramas cuyos movimientos
convergen espontáneamente hacia la unidad. Para que esta característica
se produzca, es necesario que el trigrama de movimiento descendente se
sitúe en la parte superior del jiulong, mientras el de movimiento
ascendente se ubique en la parte inferior del mismo. De esta forma se
lleva a cabo la aproximación y unificación de las naturalezas de ambos
signos.

Cuando Cielo y Tierra van al encuentro, el Universo florece. Esto significa


que si los trigramas que ocupan las posiciones superior e inferior del
eneagrama, se dirigen uno hacia el otro, entonces la composición del
jiulong es afortunada y muestra una predisposición propicia a la
formación de la «perla de la inmortalidad», es decir, a la creación de un
«estado de consciencia unificada». En configuraciones de este tipo, el
trigrama central (aquel que representa al sabio) muestra la dirección en la
cual el alquimista debe movilizar su voluntad o intención. Dicho de otra
forma, el trigrama medio cumple la función de señalar al Hombre
Verdadero sobre cuál «campo de cinabrio» (o centros de consciencia)
concentrar la atención, para así favorecer la fabricación de la «medicina
filosofal». De este modo, el alquimista utiliza al Jiulong Yi como guía para
el acopio, sublimación y maduración de las fuerzas ying y yang presentes
en la naturaleza de su propio cuerpo y mente. Pero, ¿qué sucede cuándo
los trigramas celestial y terrestre se mueven en direcciones opuestas, es
decir, cuando sus movimientos divergen? Oracularmente significa que el
«tiempo» no es propicio para la preparación de la medicina, pues las

26
fuerzas tienden a la desunión. En tales circunstancias adversas, el
trigrama central indica al alquimista la mejor manera de enfrentar la
situación y la forma correcta de mantener la ligazón, o «puente», entre lo
superior e inferior. El sabio no olvida que en la naturaleza existe un
tiempo apropiado 19 para todo: un tiempo para arar, un tiempo para
sembrar y un tiempo para cosechar. Nadie siembra en invierno, pues sabe
que la primavera es el mejor tiempo para ello. Lo mismo acontece con la
preparación del elixir. El alquimista espera el momento oportuno, el
tiempo en que las fuerzas se muestran favorables y dispuestas a la
creación, entonces procede a realizar su labor apoyando el quehacer
natural. Según la posición de los trigramas en el Orden Premundano de la
energía, existen dieciséis combinaciones apropiadas para la confección
de la «medicina filosófica», es decir, donde el trigrama descendente
ocupa la posición superior y el ascendente la inferior:

Sin embargo, sólo seis parejas de estas dieciséis combinaciones poseen


una disposición verdaderamente favorable para la creación del «embrión
inmortal»: Montaña sobre Trueno, Viento sobre Trueno, Agua sobre
Fuego, Montaña sobre Lago, Viento sobre Lago y Tierra sobre Cielo. Sin
tomar en cuenta el trigrama central, imagen del Hombre Verdadero,
gráficamente quedarían representados de la siguiente forma:

19
Kairós, el tiempo justo y oportuno.

27
De estas seis combinaciones propicias, dos destacan por la simetría,
equilibrio y armonía de sus formas, Montaña sobre Trueno y Viento sobre
Lago:

Ambas configuraciones adquieren su forma equilibrada de la proyección


especular de los signos que las constituyen, es decir, del reflejo
perfectamente simétrico (en sentido vertical) de un trigrama en el otro:
imagen de lo superior reflejándose en lo inferior y viceversa 20. Esta
disposición estructural es señal inequívoca de la óptima naturaleza de las
fuerzas que constituyen la mezcla alquímica. La última de ellas posee una
estructura que recuerda la del trigrama fuego (☲), símbolo del espíritu
solar y agente secreto imprescindible del proceso alquímico, lo que, junto
al predominio de líneas luminosas, la hace aún más favorable que su
compañera para alcanzar el logro de la Gran Obra:

Al agregarse a la fórmula gráfica el ideograma que representa al Hombre


Verdadero, en este caso el alquimista, el equilibrio y armonía de la figura
pueden verse alterados. Por ello es importante la correcta participación
del sabio en las condiciones universales que dan por resultado la
fabricación del elixir. No basta que el entorno cósmico sea favorable, es
decir, que las fuerzas naturales de Cielo y Tierra se muestren dispuestas
para la creación del «embrión inmortal». El alquimista debe estar a la
altura de las circunstancias, mostrando en su interior una predisposición
tan equilibrada y armoniosa como la que acontece en el mundo de la
energía, de lo contrario, su falta de sincronización con el «tiempo
universal» le impedirá ejercer la función intermediaria entre lo superior e
inferior que le es requerida. A ello se debe la rigurosa disciplina mental y
física a la que se somete el alquimista: prepara su mente y cuerpo para el
momento exacto en que las circunstancias le sean propicias y así,
poniendo «manos a la obra», alcanzar la consecución de la Obra Solar.

Por su aspecto formal, existen cuatro trigramas que indican la conducta a


seguir por el sabio para la fabricación de la «medicina filosófica»: Cielo
(☰), Agua (☵), Tierra (☷) y Fuego (☲) 21. Todos ellos poseen una simetría
estructural que los hace adecuados para ligar y mantener la estructura

20
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba» (Tabla Esmeralda).
21
No es casual que los cuatro representen, en el Orden Premundano, los principales puntos
cardinales.

28
simétrica de los trigramas extremos. Así, en forma gráfica, el alquimista
puede reconocer la actitud interna necesaria para aprovechar la
disposición propicia de las fuerzas universales.

Cada uno de estos signos simboliza la Unidad Indivisible, o mysterium


coniunctionis, que emerge como «embrión inmortal» de la unión de las
fuerzas yin y yang universales. De estos ocho eneagramas es el quinto,
Lago-Cielo-Viento, el que posee, por el número de líneas luminosas (siete
en total), la disposición más favorable, pues muestra al alquimista, lleno
de fuerza y claridad, protegido por la serenidad de la Tierra y la
penetrante suavidad del Cielo.

Sobre el Simbolismo
Individual de los Trigramas

CIELO

Es lo creativo, la luz, lo fuerte. Es la imagen del padre. Su virtud


es «el dominio». El espíritu de la vida enfrenta, combate y se impone en
este signo. En el cuerpo humano es la cabeza. En las formas es lo
redondo y circular 22, símbolo de lo eterno e intemporal. Es lo puro, lo
espiritual, lo divino por excelencia. Es lo superior, lo alto, lo supremo.
Hogar de lo divino. Es la sede de la luz, del sol, la luna y las estrellas, del
conjunto de las esferas luminosas superiores, representando así los
niveles elevados del ser. Su presencia indica la manifestación de los
22
Es el Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola. Es el Tai Yi, la figuración circular del
yin-yang, representación de lo indefinido que, para el estado humano y en razón de la
presencia de la condición temporal, reviste el aspecto de «perpetuidad».

29
estados espirituales o «angélicos» del alma. En la tradición taoísta el
Cielo es uno de los «Tres Grandes», junto a la Tierra y al sabio. Es la
energía yang en toda su pureza. Su semilla luminosa es la svástica o
estrella polar, que ocupa el centro del cielo, el sitio inamovible e
inmutable del ser, el eje o columna del mundo, el árbol celestial de la vida,
la montaña polar. Si la Tierra soporta, el Cielo lo cubre todo bajo él. Es el
principio activo, la esencia sutil del espíritu. En lo climático es la sede del
tiempo meteorológico. Psicológicamente representa la mente consciente.

TIERRA

Es lo receptivo, lo oscuro, lo abnegado. En ella obra «la


conservación». El espíritu de la vida hace que los seres se sirvan
mutuamente en este signo. Ella cuida que todos los seres sean
alimentados. Ella soporta a todos los seres. En el cuerpo humano es el
vientre. En las formas, lo cuadrado. Es la energía yin pura, el principio
pasivo, lo substancial, símbolo del útero material que concibe, desarrolla,
nutre y, finalmente, da a la vida. Es la Gran Madre, lo fecundo, lo
femenino. Es el complemento inequívoco del Cielo, de cuya unión surge
la Creación entera. Es el terreno de cultivo donde el agricultor siembra
sus semillas y, pasado el tiempo propicio, cosecha los frutos. Es la
materia prima. Psicológicamente representa la mente inconsciente.

TRUENO

Es lo suscitativo, lo excitante, el hijo mayor. En él obra «el


movimiento». El espíritu de la vida surge y se manifiesta en este signo.
Entre todo lo que agita a las cosas, no hay nada más veloz que el trueno.
En el cuerpo humano simboliza el pie. Es la poderosa expresión sonora
del cielo, fuertemente asociado al rayo (manifestación del fuego). Entre
las divinidades indoeuropeas era manifestación del ario Indra, el
germánico Thor y el griego Zeus, todos dioses masculinos y celestiales.
Sin embargo tiene un aspecto telúrico y femenino como manifestación del
rugido ctónico de los volcanes. El retumbar del trueno se concibe como la
manifestación del poder y la palabra divina 23. Su sonido despierta, alarma
y alerta, remeciendo al alma dormida. Instrumentos de percusión como el
tambor, la campana y el gong lo simbolizan y representan. Simboliza a la
vegetación, el crecimiento de las plantas en primavera y de la hierba
sobre la pradera. Es el brote que germina, ansioso por desarrollarse y
alcanzar la plenitud. Por extensión representa el rejuvenecimiento y la
regeneración. Como símbolo psicológico es imagen de los contenidos
inconscientes que emergen y se hacen conscientes.

23
«Tronará Dios maravillosamente con su voz» (Job 37, v.5).

30
AGUA

Es lo profundo, el abismo, lo hondo y peligroso. Es lo líquido, la


lluvia, las nubes, el hijo del medio. El espíritu de la vida se afana y trabaja
en este signo. Entre todo lo que moja a las cosas, no hay nada más
húmedo que el agua. En el cuerpo humano es el oído, la sangre y el
corazón (como conciencia encarnada). Es la imagen de las emociones.
Contemplando la naturaleza del agua el alma puede reconocerse a sí
misma, viendo en su fluir la manifestación de la vida, en su inmovilidad la
serenidad del corazón y en su transparencia la pureza de la mente. Entre
los hindúes se identifica con el río sagrado Ganges, cuya fuente brota en
los Himalayas, la montaña de los dioses. Para quien se baña en sus
aguas, con espíritu de verdadero arrepentimiento, todos los pecados le
son perdonados. La purificación interior corresponde a la purificación
física que procuran las aguas sagradas que descienden del cielo, de la
lluvia de las altas nubes o de los hielos de las montañas, y cuyo origen
celestial otorgan la gracia divina. El agua simboliza la materia prima, pues
encierra en sí, en estado potencial, la totalidad de las formas que puede
tomar en su versátil substancia. Contiene todas las formas del mundo en
estado indiferenciado. Según la tradición bíblica, cuando la tierra fue
creada «el espíritu de Dios volaba sobre la faz de las aguas»(Génesis 1:2).
Este espíritu divino tiene su equivalente, en el simbolismo hindú, con el
cisne divino Hamsa 24, «aquel que abre el dorado huevo cósmico» que
flota en el Océano Primordial de la existencia: la Unidad Indiferenciada y
pasiva de la materia prima. Es sobre este mar que flota la flor de loto que
sirve de asiento al Buda, el Hombre Despierto, que elevándose sobre las
oscuras «aguas del alma», ilumina su espíritu con la luz del
autoconocimiento. En estas Aguas Primordiales está enraizada la flor
cuyo cáliz encierra la preciosa joya Boddhi del espíritu divino 25. Como
principio de lo indiferenciado y de lo virtual, las aguas son el fundamento
de la manifestación cósmica y receptáculo de todos los gérmenes vitales.
Ellas simbolizan la «substancia primordial» de la que nacen todas las
formas y a la que toda forma vuelve. Así, el agua es principio, medio y fin
de todo ciclo cósmico, encerrando en su unidad indivisa las virtudes de
todas las cosas. La «inmersión en las aguas» simboliza la regeneración
total, un nuevo nacimiento, la regresión a lo pre-formal, pues la inmersión
equivale a una disolución de las formas, a una reintegración en el modo
indiferenciado y amorfo de la pre-existencia. Como consecuencia,
«emerger de las aguas» repite el gesto cosmogónico de la manifestación:
el nacimiento en la forma, en lo definido. El contacto con el agua implica
siempre regeneración, porque la inmersión fertiliza y aumenta el potencial
de la vida y la creación, así, incorporando en sí todas las virtualidades, se
convierte en símbolo de lo vital. Fluido y soporte del devenir universal, el

24
Vehículo del dios Brahma, significa: «yo soy». Como mantram se asocia al proceso
respiratorio.
25
Buda mismo es este espíritu, pues él es la Joya en el Loto.

31
agua se identifica con la luna 26 y los ritmos acuáticos dirigidos por su
influencia y ciclos. Es el «elíxir de la inmortalidad», el amrita (no-muerte),
licor de larga vida y principio de toda curación. Es la Fuente de la
Juventud, el Agua de la vida, todas metáforas míticas de una misma
realidad metafísica que sugieren que en el agua reside la fuerza vital, el
vigor y la eternidad. Esta agua misteriosa no es accesible a todos, está
guardada por «monstruos vigilantes», por demonios o divinidades, en
territorios difíciles de alcanzar. El camino hacia su fuente implica
arriesgadas pruebas, semejantes a la búsqueda del Árbol de la Vida.
Como símbolo psicológico, el agua es imagen de las emociones y
contenidos inconscientes.

MONTAÑA

Es el aquietamiento, la inmovilidad, el hijo menor. En ella obra


«la detención». El espíritu de la vida llega a su consumación en este
signo. Entre todo lo que da comienzo y fin a las cosas, no hay nada más
grande y cabal que la montaña. En el cuerpo humano es la mano, las
caderas y la columna vertebral. Representa los senderos, las puertas, los
guardianes, los templos y las piedras. Es imagen inequívoca de lo
ascencional, de lo que sube a lo alto. Está asociada al simbolismo
primordial del eje o «centro del mundo», al estado espiritual de la
humanidad en el período originario. Su significado es simple: la tierra, la
sustancia más humilde 27 y baja, se eleva a las alturas, hacia el cielo. Así,
transfigurada en cumbre de nieves eternas, la montaña expresa por
alegoría los estados trascendentes de la consciencia. En ella residen los
dioses, los estados supraconcientes del Ser. La montaña es una llamada
a «lo alto», a lo trascendente, de ahí que se presente como una escalera
fabulosa que permite alcanzar lo divino, la cima de la humano. Es el punto
de reunión del hombre con el Espíritu Divino que desciende. Por ello es el
primero y más sagrado de los santuarios, el arquetipo de todos los
templos. De ahí que los pueblos arios, de la antigua Persia, no
construyeran templos para su divinidad, sino que los adoraran sobre las
cumbres y cimas montañosas. Allí celebraban culto y sacrificio al fuego y
al Dios de la Luz. De este modo consideraban a la montaña más digna y
próxima a lo divino que cualquier construcción hecha por mano humana.
En la India la montaña divina, el monte sacro, es el Meru. Analógicamente
merudanda es el nombre que recibe la columna vertebral y médula
espinal en el yoga tántrico. Ya que danda significa «bastón» (cetro o
vara), merudanda pasa a ser el axis mundi o «eje cósmico» del ser
humano. El monte Meru se concibe como el lugar en donde el dios Shiva,
el gran asceta, realizó las meditaciones tras las cuales derrotó a Kama,
dios del deseo y la pasión. En su cumbre, Shiva tuvo acceso a la
purificación suprema de la mente, lo cual le permitió alcanzar la

26
En el hinduismo la luna es Soma, la «bebida de los dioses», que brinda juventud y vida
eterna a las divinidades. En la tradición védica Soma adopta la forma del Dragón Cósmico del
cual fluye el áureo elixir de la vida.
27
«Humilde» proviene del latín humus, suelo.

32
ecuanimidad trascendente. Por ello, en las consagraciones védicas de los
reyes, figuraba la imagen de la montaña como símbolo de solidez y poder
imperial. Sólo en la alta montaña se podía conseguir la visión divina del
Glitmirbjorg o Montaña Resplandeciente, la Asgard 28 de los Edda, donde
la idea de monte y cielo luminoso se unen en un solo concepto. Es la
montaña como Walhalla 29, lugar desde el cual prorrumpe
tempestuosamente la Wildes Heer 30, ejército espiritual de Odín, dios de
las batallas, cuyo último objetivo trascendente será enfrentar las fuerzas
de la oscuridad del Ragnarök 31. Psicológicamente la montaña simboliza
la elevación a estados superiores de conciencia.

VIENTO

Es lo suave, lo que se adapta, lo penetrante, el árbol, la madera,


la hija mayor. En él obra «la dispersión», lo que es arrastrado por el
viento. El espíritu de la vida alcanza su plenitud en este signo: todo lo que
está vivo, respira. Entre lo que inclina a las cosas, no hay nada más veloz
que el viento. En el cuerpo humano es la nariz, el olor y los muslos. Es
progreso y retirada, es indecisión. Es símbolo del Espíritu, intermediario
invisible entre el Cielo y la Tierra. Como «soplo vital» está vinculado al
fenómeno respiratorio, en el cual la inspiración pasa a simbolizar la
alimentación básica, la absorción de las energías universales, mientras la
expiración refleja la entrega del Ser Individual al Ser del Mundo. En
cuanto hálito cósmico se identifica con la «respiración universal», el Alma
del Mundo. Como símbolo, la respiración está íntimamente ligada a la
sangre, al «fuego líquido» de la existencia. En algunas tradiciones el
viento representa al soplo divino, equiparado a la voz de la deidad o al
sonido primigenio. Por ello el «poder del soplo» es manejado por el
chamán y el profeta: «Ven, espíritu de los cuatro vientos, y sopla sobre
estos muertos para que vivan» 32. Esta capacidad de insuflar vida es
propia de los númenes y, por tanto, todo lo tocante al soplo, al viento y al
aire es considerado sagrado. Así, el aire es un «misterio divino» sólo
perceptible por su manifestación en los cuerpos. De aquí el sentido
profundo y filosófico que daban los romanos a la palabra spiritus (soplo-
respiración) y los griegos al término pneuma (espíritu-soplo-respiración).
Afirmaban que las tempestades atmosféricas tenían su origen en los
cuatro vientos cardinales: «Euro», proveniente del este; «Céfiro»,
originario del oeste; «Bóreas» (Aquilón), del norte; y «Noto» (Auster), del
sur. Para los antiguos toda tempestad era la expresión de los espíritus o

28
Asgard es la morada de los espíritus, ciudad capital de los dioses germánicos.
29
Walhalla, paraíso-fortaleza germánico a donde van los guerreros muertos en combate.
30
Los Einherier o «héroes resurrectos», que saldrán del Walhalla para la última batalla contra
las Tinieblas.
31
Ragnarok o «destino de los dioses». La Batalla del Fin del Mundo.
32
Ezequiel Cap.37, v.9.

33
dioses del aire, deidades relacionadas al rayo, al fuego y el trueno. En la
mitología germánica el viento tormentoso se consideraba la
manifestación física de la Wildes Heer, la Hueste Salvaje o Ejército
Espiritual del dios Odín. Los instrumentos de viento, la voz y la palabra
son expresión del poder del aire. Psicológicamente simboliza la sutileza,
adaptabilidad y penetración del intelecto. Bajo la imagen del árbol se ve
representado por el fresno Yggdrasil, el centro del Universo, que en la
mitología escandinava es el Padre-Madre original, el escenario
majestuoso de la vida, el tronco primordial, el eje de la existencia, de
cuyas raíces emana la «sangre lunar», el elixir mágico Aurr.

FUEGO

Es la luz, el sol, el rayo, la hija del medio. Es lo que «se adhiere»


o fundamenta en algo. El espíritu de la vida hace que los seres se
perciban con la mirada en este signo. Entre todo lo que calienta a las
cosas, no hay nada más secador que el fuego. En el cuerpo humano es el
ojo, el tórax y el corazón (como irradiador de vida). Es lo que se eleva,
alumbra y flamea. Simboliza las armas, especialmente las de metal
brillante. Como fuente de luz y calor representa la chispa espiritual que
existe dentro del ser humano. En la mitología griega es Prometeo 33, el
titán que roba el fuego a los dioses para entregarlo a los hombres. Según
Zoroastro, el fuego es Ahura Mazda, el «Bien Supremo». Para Heráclito es
el «principio de todas las cosas», el logos 34 universal. En los Vedas se le
llama Agni, el «primer impulso» o «esencia de la Creación». Este impulso
causa la luz de la consciencia. Junto con Indra (el rayo) y Surya (el sol)
conforma la trinidad más antigua del panteón hindú. Una de las tareas de
Agni es la de servir de mensajero entre dioses y mortales (como Hermes-
Mercurio). Su cabeza posee un millón de ojos. Según la tradición védica el
Árbol del Mundo está vuelto al revés, hunde sus raíces en el cielo
mientras de sus ramas cae, gota a gota, el «licor de la inmortalidad». Agni
adopta la forma de un gavilán (o halcón) y, como Prometeo, arranca una
rama para precipitarse al abismo y llevar el fuego a la tierra. En el
ascetismo hindú, el agni-yoga (yoga del «fuego interno») es un proceso
que provoca el despertar de la kundalinishakti (poder de la serpiente) a
través de la acción unificada de mente y respiración. Así, kundalini,
simbolizada con el aspecto de una serpiente dormida y resplandeciente,
despierta de su profundo sueño y se eleva, a través del canal energético
central (sushumna), desde el chakra raíz (muladhara) hasta la cabeza
(sahasrara). Su ascenso se acompaña de variados fenómenos psíquicos,
todos ellos relacionados con el calor y la luz. En la medicina ayurvédica
Agni es el fuego digestivo, el conjunto de fuerzas catabólicas que
descomponen el alimento que consumimos. No solo está relacionado a
las enzimas y ácidos que participan en el proceso digestivo, sino también
a todos los órganos y tejidos que colaboran en dicha función, que regulan

33
Aquel que posee la capacidad de prever y anticiparse.
34
Razón, inteligencia, pensamiento.

34
el apetito y realizan la eliminación de los residuos: glándulas salivales,
hígado, vesícula, páncreas, intestino grueso, etc. En el arte de la alquimia
el fuego es el agente principal del proceso transmutatorio. Es el «azufre»
o «salamandra» que se esconde en el corazón del «mercurio filosófico».
Por su naturaleza es considerado como «espermático», es decir,
engendrador y madurador de la materia prima informe. Como símbolo
psicológico es imagen de la mente consciente.

LAGO

Es lo sereno, lo calmado, la hija menor. En él obra «el regocijo».


El espíritu se alegra en el signo del lago. Es la boca, la lengua, la magia y
hechicería. También es rotura, podredumbre y disolución. El simbolismo
del lago es similar al del océano o mar. Se trata de una vasta superficie
que acumula las aguas que convergen en él. La riqueza de su contenido
se debe, justamente, a la postura humilde (baja, inferior) que asume con
respecto a los ríos que fluyen hacia su interior. En esto asemeja al Tao,
por lo que se convierte en imagen de él. Como punto de reunión y
convergencia de las aguas, el lago es símbolo del centro y la unidad. Es el
lugar donde todos los contrarios se unifican y todas las oposiciones se
resuelven. Representa la integración, concentración y conjunción de las
fuerzas cósmicas que vuelven al origen. Es lo múltiple retornando a la
Unidad, lo externo que se «interioriza», lo manifiesto ocultándose y lo
temporal absorbiéndose en el punto estático de lo «atemporal». Como
centro de convergencia es el lugar de nacimiento de las oposiciones y el
sitio de su reconciliación, de su unión en una coincidentia oppositorum.
Así, el lago es símbolo de profunda serenidad y morada de una alegre
tranquilidad. Es el Paraíso, lugar donde las antinomias se trascienden. Es
el lugar en donde todo mal y sufrimiento, toda angustia e inquietud,
originadas en el conflictivo choque de los contrarios, desaparecen dentro
de la paz perfecta y el reposo de su fusión central. Sin embargo, también
es un foco de gran intensidad dinámica. Es el lugar en el que todas las
energías se concentran y en el que todas las fuerzas del cosmos
coexisten en un estado de potencial virtualidad 35. En este sentido, los
símbolos del lago y el agua están íntimamente relacionados: ambos
representan la mente inconsciente, una en su aspecto dinámico y el otro
en su modalidad pasivo-acumulativa.

35
Esta potencialidad se simboliza, en el panteón hindú, con la imagen del dios Vishnu
durmiendo sobre un loto que flota en medio de las infinitas Aguas Cósmicas Primordiales.

35
Conceptos Básicos
Para la Interpretación

1. La mejor manera de predecir el futuro es creándolo. Por ello el


sabio indaga sobre las potencialidades del ahora y así fomenta, o
neutraliza, aquellas circunstancias que le depara el porvenir.
Previendo lo que se está formando en el mundo sutil de la energía
(y en su propia mente), se protege de las desgracias y alcanza el
éxito.

2. El Tao es aquello que da origen a «lo oscuro» y a «lo luminoso».


Como fuerza engendradora se le llama «mutación». Su función se
encuentra más allá de la forma y la apariencia. Así, el Tao engendra
al Uno, el Uno engendra al Dos (yin-yang), el Dos engendra al Tres
(jing-qi-shen) y el Tres engendra los diez mil seres. Por eso los diez
mil seres contienen en sí mismos la dualidad y la trinidad, que
armonizan y unifican a través del soplo vital.

3. Las mutaciones son aquello mediante lo cual se puede alcanzar


todas las profundidades y comprender todos los gérmenes del
futuro. Únicamente mediante lo profundo es posible penetrar en
todas las voluntades bajo el Cielo. Únicamente mediante el
conocimiento de los principios es posible llevar a su consumación
todas las cosas sobre la Tierra. Todo aquello que no puede ser
medido ni definido mediante la luz y las sombras, recibe el nombre
de «Espíritu». Únicamente mediante el «Espíritu» puede uno
apresurarse sin prisa y llegar a la meta sin moverse de su sitio 36.

4. Los sabios de la antigüedad usaron el conocimiento de las


mutaciones para escrutar la Ley Interior y el destino. Establecieron
los signos para que pudieran percibirse en ellos, visualmente, los
fenómenos que se estaban fraguando en el devenir. Al Tao del
Cielo lo denominaron «oscuro» y «luminoso». Al Tao de la Tierra lo
llamaron «blando» y «firme». Establecieron el Tao del Hombre y le
dieron los nombres de «bondad» y «justicia».

36
«Sin salir de la propia casa se conoce el mundo. Sin mirar por la ventana se conoce el Tao
del cielo. Cuanto más lejos se va, menos se sabe. Por eso el sabio conoce sin viajar, distingue
las cosas sin mirar y realiza su obra sin actuar» (Tao Te King, XLVII).

36
5. Entre Cielo y Tierra se encuentra el Ser Humano: juntos forman los
Tres Grandes Poderes del Universo. Por ello, tres veces tres da
origen a los «Nueve Dragones» 37. El Ser Humano Superior sigue la
ley de la Tierra, la Tierra sigue la ley del Cielo y el Cielo sigue la ley
del Tao. El Tao, sin embargo, sigue su propia ley. Así, cuando el
Tao (mente-corazón) del Ser Humano está en armonía con el Tao de
Cielo y Tierra, el Universo está en orden y todo es propicio.

6. Movimiento y quietud tienen leyes definidas, de acuerdo a ellas se


discrimina entre trazos firmes y blandos. Al cambiar los trazos
surgen la transformación y la mutación. La modificación de una
línea blanda en una línea firme señala «progreso», «avance» y
«luminosidad». La transformación de un trazo firme en uno blando
indica «retroceso», «detención» y «oscuridad». Según sea la
circunstancia, será favorable la «iluminación» o el
«oscurecimiento», el avance o el retroceso, la firmeza o la
suavidad. Si la acción está en armonía con la Ley Universal,
entonces predomina la ventura, la ganancia y la conquista de lo que
se busca. Si la acción se opone a las leyes naturales, entonces todo
afán resulta en desventura, pérdida y humillación.

7. En las situaciones reflejadas por los signos están aquellas


ascendentes, o expansivas, y aquellas descendentes, o
contractivas. En éstas predominan la estrechez y el peligro, en
aquellas la tranquilidad y la seguridad. Según sea la naturaleza,
posición, movimiento y relación de los signos entre sí, podrá
hablarse de «unión» o «separación». Cuando hay unión, hay
generación. Cuando Cielo y Tierra se unen, todos los seres
prosperan.

8. Al contemplar con atención los signos del Cielo y la Tierra se


reconocen las relaciones de lo luminoso y lo oscuro. Si lo anímico
superior asciende hacia lo alto y lo anímico inferior desciende a las
profundidades proviene la desunión, la disolución, la separación y
la muerte. Solo la unión de los espíritus luminosos y oscuros da
por resultado la vida. De este modo, al tornarse el Ser Humano
parecido a Cielo y Tierra, no entra en contradicción con ellos y todo
le es propicio, su sabiduría abarca todas las cosas alrededor y el
Tao ordena, por sí solo, el mundo entero. Así, el sabio obra por
doquier sin cometer faltas, sin perder la ecuanimidad ni caer en
peligrosas polarizaciones y apasionamientos. De ahí que su mente
esté libre de preocupaciones y error.

9. La condición natural de Cielo y Tierra consiste en ser


dispensadores de vida. Ambos constituyen el verdadero secreto de
las mutaciones. Si Cielo y Tierra no existiesen, no habría nada en lo
cual se reflejaran las mutaciones. El Cielo es lo más poderoso en el
mundo y la expresión de su modalidad es lo constantemente fácil,

37
Las nueve líneas del eneagrama o jiulong.

37
así muestra a los seres humanos como dominar lo peligroso. La
Tierra es lo más abnegado del mundo, su modalidad es lo
constantemente simple y así muestra la manera de dominar todos
los obstáculos. Esto es imitado por los trazos y reproducido por las
imágenes de los signos.

10. Trazos e imágenes se expresan internamente como acciones


mentales. Ventura y desventura se manifiestan en las
circunstancias externas. La forma correcta de obrar y el «campo de
acción» se conocen en los cambios y modificaciones de las líneas.
Así, el sabio conoce lo que se mueve en la profundidad de su
corazón antes de que salga a la luz de la consciencia y sabe, lo que
fragua el devenir de las circunstancias, antes de que se
materialicen los hechos.

11. Las mutaciones comienzan en el trazo inferior y se resumen en el


más alto. De este modo el primer trazo esconde las posibilidades,
mientras el último señala lo que ya se ha consumado. Así, cada
línea debe entenderse conforme al significado que le corresponde
según el momento dado. Por ello, el trazo inicial es difícil de
entender debido a que sus posibilidades son muchas, mientras el
último es fácil de comprender, pues entre ambos existe una
relación de causa y efecto. Los trazos centrales permiten
vislumbrar el rumbo que adoptan las circunstancias e investigar las
cosas en profundidad, facilitando discernir «lo justo» de «lo
injusto» 38 según la ocasión.

12. El Tao es impermanente, en continuo flujo y movimiento, lleno de


inagotables modificaciones. Por eso las cosas son multiformes,
mutables y, como resultado, los trazos lineales son cambiantes. Es
a través de ellos (y su manifestación) que se pueden vislumbrar las
etapas escalonadas y progresivas que representan a las cosas y
sus situaciones.

13. Los trazos no siempre corresponden al puesto y tiempo correcto,


pues cada situación exige una actitud mental y conducta
determinada. Sin embargo, cada mutación señala la orientación
adecuada a seguir. De aquí surge «ventura» y «desventura» según
se modifique, o no, la disposición interior. El gran tesoro del sabio
consiste en saber situarse en el lugar apropiado en plena armonía
con el tiempo y las circunstancias: avanza cuando es tiempo de
avanzar, se detiene cuando hay que detenerse, retrocede cuando el
tiempo no es propicio y el peligro está en ciernes.

14. Verdad y mentira se influyen mutuamente, de ello surge la


ganancia y la pérdida. En toda circunstancia las cosas guardan
entre sí una relación muy íntima de mutua influencia. Cuando esta
relación carece de armonía la consecuencia es la desventura. De

38
Lo apropiado, o inapropiado, a cada momento o circunstancia.

38
esto deriva perjuicio, arrepentimiento y humillación. Por eso las
transformaciones de los trazos hacen referencia a la forma correcta
o incorrecta de actuar 39. Como las acciones venturosas implican
buenos augurios, las imágenes y sus líneas cambiantes sirven para
conocer las cosas y el oráculo se utiliza para adaptarse
favorablemente al porvenir.

15. Las imágenes de los signos (y la mutación de sus trazos) permiten


al sabio conocer la profundidad de su propio espíritu. En ellos se
refleja el contenido de su corazón. Al momento de comprender y
desentrañar los significados, su mente reflejará sobre signos y
trazos la naturaleza de su alma. De esta forma conocerá el origen
de su ventura o desventura, de su pérdida o ganancia, y sabrá lo
que debe hacer para que todo le sea propicio. Las mutaciones son
vastas e ilimitadas y pueden utilizarse en todos los campos del
conocimiento humano y universal. En ellas está todo plenamente
contenido. En su interior se vislumbra el Tao del Cielo, la Tierra y la
Humanidad. El sabio cabal las utiliza para dar claridad a su mente, a
su vida y para adaptarse a las circunstancias, cuyos gérmenes van
creciendo y adquiriendo forma desde la profunda oscuridad del
devenir.

Anexo
Ejemplo de Interpretación Oracular

El oráculo, que abarca el período de equinoccio de primavera a solsticio


de verano, da el siguiente eneagrama mutable:

39
Correcta o incorrecta según el tiempo y circunstancias, no según la moral social vigente.

39
Líneas 1ra a 4ta — 21 de marzo al 30 de abril :

El Cielo se muestra como el viento (☴). Su movimiento descendente es


suave, adaptable y penetrante. La Tierra, por su parte, adopta la
naturaleza del trueno (☳); su movimiento es fuerte y va dirigido hacia lo
alto. Hay convergencia entre ambos. «Cuando Cielo y Tierra se unen, los
seres prosperan». La decidida acción de lo terrestre se ve penetrada por
la suave influencia de lo celestial. Entre ellos se eleva el Hombre Superior,
el sabio, asumiendo la serena y profunda conducta del lago (☱).

La presencia del trueno sugiere que las circunstancias materiales serán


algo agitadas, inestables, inquietas, moviéndose de aquí para allá. Se
escuchará el «retumbar del trueno» durante este periodo de tiempo. El
sabio deberá adoptar una postura serena y alegre ante la preocupación y
alarma que la conmoción generará en su entorno. Todavía no es tiempo
de actuar ni de ponerse en movimiento. Como un lago debe conservar la
ecuanimidad, dejando que las energías converjan a él y lo llenen. Su
mente, como una espejada superficie lacustre, deberá reflejar la conducta
del Cielo, señalada por la suave y delicada penetración del viento. Las
circunstancias espirituales parecen sugerir una suave inestabilidad,
semejante al indeciso movimiento del aire.

En lo social el eneagrama indica cierta inquietud, en la masa del pueblo,


que las castas gobernantes intentarán calmar por medio de la palabra.
Como la primera línea del jiulong corresponde tanto al trazo yang del
signo trueno (☳), como al decanato del 21 al 30 de marzo, la «movilidad de
las masas» puede estar haciendo alusión a las peregrinaciones de
Semana Santa 40, actividad religiosa que desplaza gran cantidad de
personas al interior de la república.

Desde una perspectiva psicológica el jiulong señala que el mundo


ctónico, de la mente inconsciente, se presenta agitado e inquieto. Desde
las profundidades emerge una fuerza poderosa y decidida que remecerá
el mundo del consultante. Como el trigrama Trueno simboliza las fuerzas
primaverales regeneradoras, bien podemos suponer que el signo hace
referencia a las energías sexuales o creativas del consultante. Una
conciencia adaptable y penetrante (trigrama superior Viento), junto a un
corazón (trigrama medio Lago) alegre y sereno, harán posible manejar la
situación y obtener el mejor resultado de toda esta agitación interna.

Las directrices para el yoga alquímico son claras: las fuerzas generativas
(trueno) deben domeñarse mediante la conciencia (shen) del flujo
respiratorio (viento). La mente del sabio, como la quieta superficie de un
lago, deberá reflejar con absoluta claridad la realidad tal como se
presenta, sin distorsiones anímicas.

Por su forma, el lago (☱) evoca la forma de una vasija o escudilla, es decir,
de un recipiente capaz de contener algo en su interior. Por ocupar la

40
Este año se estará celebrando entre el 20 y 23 de marzo.

40
posición del trigrama central no solo representa al sabio, sino también al
corazón y caldero del «campo de cinabrio medio». Significativamente, el
trigrama viento (☴) es la imagen invertida del anterior, lo que asocia al
signo con un recipiente boca abajo. Así, la relación de ambos trigramas
representa al viento —mente, intelecto, espíritu— vertiendo su contenido
en la vasija del alma o corazón 41. Esta figura también permite la
interpretación cósmica donde se ve al Espíritu del Cielo descendiendo
sobre el sabio. Se trata de un «tiempo bendito», en donde el Hombre
Superior se abre al influjo de lo superior y, debido a ello, despierta en lo
profundo de sí a las fuerzas renovadoras de la naturaleza.

Líneas 5ta a 9na — 01 mayo al 20 de junio :

Entre el 01 y el 10 de mayo la 5ta línea, aquella que representa al corazón


o Tao del sabio, se «oscurece», es decir, retrocede, se hace blanda o
vacía. Sin embargo, este aparente retroceso va de acuerdo con los
tiempos y tiene, como resultado directo, un progreso más decidido, pues
el sereno signo del Lago (☱) se transforma en el impetuoso e inquieto
Trueno (☳), lo cual indica que la fuerza del trigrama terrestre se ve
reforzada, en su movimiento ascendente, por la conducta del sabio. El
tiempo de serena y complaciente quietud ha pasado, ahora corresponde
ponerse en movimiento de una forma enérgica, decidida. El periodo de
acumulación de fuerzas debe dar paso a la acción. La 5ta línea «vacía»
sugiere la vacuidad de corazón, es decir, que la acción emprendida debe
estar libre de toda intención egoísta para ser exitosa. Como el consultante
está en consonancia y armonía con el trigrama inferior, su movimiento
ascendente es poderoso e imparable. Alcanzará su objetivo con el apoyo
de la Tierra que lo sustenta. El influjo que desciende del Cielo le da su
bendición con adaptable suavidad. La mesurada oposición del viento, al
poderoso movimiento duplicado del trueno, parece hacer referencia al
uso del pensamiento como herramienta moderadora para refrenar los
impulsos violentos: la razón debe ser guía de las acciones.

Viento sobre truenos es imagen de una gran tormenta. El eneagrama


parece anunciar un periodo climático tempestuoso, de vendavales y
tormentas eléctricas. En lo social parece augurar circunstancias algo
tormentosas. Ha desaparecido la imagen del lago, que amortiguaba el
choque entre trueno y viento con su serena alegría. Ahora la fuerza del
trueno se ve duplicada y el suave poder del viento (palabras, razones) no
es capaz de detener el embate de las energías que se elevan impetuosas.
El sabio, habiendo vaciado su corazón de todo deseo personal, hace
propio «el corazón del pueblo» y comparte sus inquietudes y
aspiraciones. Sin embargo se debe estar alerta, toda acción que se apoye
o emprenda debe tener como objetivo la superación, el elevarse sobre las
actuales circunstancias. Si el movimiento no es ascendente, es decir, no

41
El jeroglífico egipcio para «corazón» es, justamente, la imagen de una vasija de vino. Para
los egipcios el corazón no solo era el motor de la vida corporal, sino también de la anímica. Por
ello era el único órgano sometido al «pesaje del alma» y dejado en el cuerpo para la futura
vivificación de la momia.

41
lleva al progreso, entonces toda la atronadora conflagración se habrá
desvirtuado y el fracaso será el único resultado. Esta constelación
anuncia movilizaciones ciudadanas (marchas, paros y huelgas).

Psicológicamente hablando, el cambio de la 5ta línea anuncia un re-


direccionamiento de la conciencia con respecto a las manifestaciones de
la mente inconsciente. La mutación del eneagrama parece sugerir que los
impulsos inconscientes (trigrama inferior) se mueven en la dirección
correcta según tiempo y circunstancias. Por ello es acertado adoptar una
actitud interna paralela y acorde con las fuerzas instintivas. Esta actitud
no es en absoluto arriesgada o imprudente, no se debe olvidar que la
mente inconsciente conoce más de las necesidades internas que el
propio yo consciente, el cual, la mayoría de las veces, es el causante de
los trastornos anímicos que nos aquejan al adoptar una actitud
psicológica desequilibrada y ajena a la propia realidad interior.

El yoga alquímico indica que la sublimación de las fuerzas generativas


(jing) alcanzan el «dantien» medio, lo cual madura y sublima la vitalidad
(qi) acopiada en él. El movimiento ascendente de las energías interiores
es poderoso. Como se trata de un proceso natural y espontáneo, el
meditador no debe realizar nada, solo tiene que conservar la conciencia
del flujo respiratorio como única tarea mental: «Trabajo de mujer y juego
de niños».

El soplo constante del viento desde el Cielo recuerda el influjo celeste del
espíritu divino sobre la Tierra y sus criaturas. Es el Espíritu Santo
descendiendo sobre los hombres de buena voluntad, aquellos que elevan
su alma y aspiran alcanzar el «reino de los cielos».

Comentario a la mutación de la 5ta línea :

La línea llena, que representa al corazón del sabio, se vacía. La imagen de


vasija o recipiente, que posee el trigrama Lago, ahonda aún más su
interior y así ve aumentada su capacidad para recibir el influjo del «soplo
divino».

La vacuidad del corazón del sabio es solo aparente, ahora se encuentra


lleno del «espíritu que sopla desde lo alto». Al ser invisible no se le ve y
por eso parece sin contenido, sin embargo, su manifestación es poderosa
como el trueno.

El sabio troca su conducta serena por otra activa y decidida. En oriente, el


animal del trueno es el dragón, el cual emerge desde el amanecer (origen
de la luz) lleno de luminosa vitalidad. En armonía con los tiempos, el
sabio debe comportarse como tal criatura: fuerte, terriblemente decidido y
poderoso.

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