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Temporalidad, ética y política

“El relámpago lo dirige todo” Heráclito

Pensemos un momento en la inmensidad del universo, en su oscuridad y sus fuerzas incomprensibles ¿Qué somos nosotros en medio de ese inmenso devenir? Apenas una exhalación dentro del paso de millones de años, pequeños insectos que revolotean en un corpúsculo de arena, seres que no representan nada para la inmensa historia del universo 1 . Atravesados por la temporalidad, se nos restringe al pecho de la finitud, situados en el tiempo dotamos de sentido al universo, el tiempo es el sendero que nos topa con nuestra situación finita y enfrenta cara a cara con la muerte. Esta conciencia, el saberse en un mundo temporal y contingente, nos ha llevado a crear otros mundos en donde impera lo necesario, lo inmóvil y atemporal. Yo veo al hombre como el ser que se esfuerza por perseverar en su ser, según la definición de substancia en Spinoza. Y es que ese sentimiento de mortalidad nos angustia, nos llena de congoja el corazón. La inmortalidad del alma, el ser que busca permanecer eterno, no morir nunca, proyecta su ser hacia lo permanente.

Esto se constituye en lo que Nietzsche nombró como el consuelo metafísico, creer que nuestra vida se ordena conforme a un sentido supremo que al final nos salvará de la muerte nos hace pensar que la realidad terrestre trama en contra nuestra, nos engaña. Existe la contingencia como velo que esconde tras de sí una realidad última que habría que desnudar para conocer el verdadero sentido oculto de las cosas. Cosas que por lo demás se encuentran ordenadas, con un sentido definido, fieles hacia cierta finalidad, al mundo lo queremos dotado de un sentido dado que gracias a nuestro intelecto le podamos descubrir. Se me aparece imposible pensar en estas ideas sin recurrir a Pessoa, en el poema x nos dice el portugués que “el verdadero sentido de las cosas es que no tienen ningún sentido.

La búsqueda del sentido del mundo se acompaña por la búsqueda de lo que deberíamos hacer de nosotros mismos, apegados por supuesto, a un sentido trascendental. Todo ello ha engendrado un desprecio del mundo y de la vida terrena en pos de la metafísica, un saber que nos ha agotado pues nos ha esperanzado en proyectos externos a nosotros mismos. La metafísica nos ofrece una inmortalidad, ser parte de un gran proyecto que dota de sentido nuestro ser pero aun gran precio. Es como el doctor que te cura el dolor de cabeza matándote, diría Unamuno en forma cómica. Y es que ese gran proyecto al que hay que apegarse mengua nuestras propias proyecciones, elegir el conocimiento objetivo del mundo para

1 1 Véase Nietzsche F, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

después buscar obtener un conocimiento de uno mismo se puede interpretar como querer evitar la responsabilidad de elegir el propio proyecto.

Dotar de un sentido al mundo, dar explicaciones de él, buscar el lenguaje que lo describa con mayor exactitud es mejor que pensar que las cosas pasan porque sí, sin ningún motivo mayor o significativo. En un cataclismo es preferible pensar que es una fuerza mayor quien nos castiga, que pensar que las cosas suceden así, por mera contingencia. A los seres humanos nos ha gustado pensarnos como seres en busca de sentido, pero ¿por qué hemos de reducirlo todo al sentido?

Durante miles de años hemos tenido una idea acerca de nosotros mismos, la creencia de que nuestra esencia es descubrir esencias, esto está por ejemplo en Aristóteles con la contemplación como modo de vida más elevado. Se piensa entonces que el universo se forma de cosas simples clara y distintamente cognoscibles. Sartre buscó quitarle al hombre toda esencia, pero no dio el brinco hacia las cosas; las cosas mismas se nos aparecen atravesadas por la temporalidad, por el cambio y la indeterminación. Me atrevo a hablar de que nada tiene esencia o finalidad fuera de la que el hombre quiera darle, no existe ningún valor en el mundo, pero sí que lo hay en el ser-en-el-mundo. Si es el hombre quien da sentido al mundo y esencia, siempre hemos sido nosotros los creadores, no hemos descubierto cosas, ni encontrado el lenguaje original para poder hablar sobre el mundo, somos nosotros quienes hemos construido las grandes descripciones. El considerar que las descripciones del mundo son solamente maneras en que interpretamos a este supone una ruptura entre lenguaje y mundo, el lenguaje no representa nada.

Esta ruptura puede comenzar a rastrearse en un filósofo como Spinoza, es uno de los primeros pensadores que al buscar unir lo espiritual con lo material (problema heredado por descartes) piensa definir a Dios como substancia material, es el filósofo que unifica materia y espíritu, en este sentido, rompe la vieja pugna entre Dioses y titanes, materialistas y espiritualistas. Spinoza nos dirá que en ese sentido, dos definiciones valen igual que una (explicar esto pero con Rorty) Esa ruptura nos hace pensar en que lo que vale de las descripciones, su importancia es su utilidad. Si podemos hablar de dos descripciones igualmente válidas, es porque de la cosa en sí no podemos hablar (breve historia lucha de titanes). Entonces, el valor de las descripciones se mide en tanto su utilidad para los hombres, lo que con ellas podemos hacer.

Si no podemos hablar más que de lo fenoménico se agotado el tiempo de la Verdad, nuestro rumbo es ahora incierto y es con ello que comienza anunciarse la muerte de Dios. Pero esto debe recibirse con alegría, pues es saberse libres de actuar sin tener que rendir cuentas ante algo superior ¿Qué es de nuestra vida si todo el tiempo la comparamos con una vida perfecta? Tenemos que querer que no haya

Dios ¿Qué somos nosotros si Dios está allí? Para la metafísica lo real es lo inmutable, lo atemporal, lo verdadero, y recordemos que una de las condiciones de esta verdad es que debe ser atemporal. Ante el devenir del mundo que arranca a las cosas de su existencia, el hombre no se salva, es un ser temporal. Por lo tanto y desde esa perspectiva los hombres no somos reales, necesitamos de algo como el alma que participa de Dios para ser eternos y verdaderos. Nuestra condición es ficticia y dada esa condición, no somos libres de elegir, no deliberamos, ni somos capaces de crear nada, nos sometemos a la voluntad divina. Participar de la divinidad nos cobijaba, nos daba esperanza y consuelo ante el sinsentido. Pero el creer es esa dependencia nos quita responsabilidad, nos determina y nos ata las manos para la creación. Ahora que Dios ha muerto ¿no es más fría la noche?

El sendero que se nos ofrece es ahora nuestro, somos libres de elegir y construir, estamos ante la ardua tarea de autocrearnos. Se ha acabado el gran artesano, quien nos brindaba esencia. Ya no es más nuestra finalidad ser espejo de la naturaleza o ayudar al desenvolvimiento del espíritu. Han terminado las grandes justificaciones trascendentales de nuestra vida, hemos de dar paso a las justificaciones terrenales, nos toca a nosotros otorgarnos esencia. Partimos entonces de la idea de que somos nada, un vacío que no ocupa puesto privilegiado alguno ni cumple fines externos. Nuestra dignidad reside ahora en la poiésis, el vacío tiene la ventaja de poder ser llenado con cualquier cosa. Lejos ya de las determinaciones, podemos elegir, podemos cambiar nuestra vida y elegir el rumbo de nuestras sociedades, hemos de construir un mundo para el hombre pues el trono de Dios resultó muy alto.

Se trata entonces de partir de un pesimismo trascendental para lograr un optimismo trascendente, lo trascendental se ve impelido por el tiempo, máximo arrebatador de certeza. Estamos ante la contingencia, pero en ella somos creadores, el monopolio del sentido se ha querido justificar en una idea de imitación de la naturaleza, el ser espejo de la naturaleza, como lo dice Rorty, puede impedirnos a crear sociedades más justas en la que se trate de evitar sufrimiento innecesario. Si imitamos un orden natural y necesario o teológico para ordenar nuestra ética y política, nos daremos cuenta del determinismo que puede crearse, la justificación de la esclavitud en la época clásica. Lo que yo pienso es que debemos dejar de lado la idea de apegarnos a vivir en un orden que tenga fundamento en otra cosa que no sea las necesidades que tenemos los seres humanos.

El nivel de apertura es grande, muchas veces la verdad se toma como el tribunal supremo para saber quién tiene razón, de lo que se trata ahora es de intentar que las personas vivamos en una misma comunidad con gente que tiene distintas ideas acerca de lo que debe de ser la vida humana. No se trata de un relativismo absoluto, las personas pueden dar el sentido que quieran a su vida, no así cuando se pasa al

ámbito público. Nosotros apostamos por una auto-creación, pero también por una mejor manera de vivir en sociedad ¿Cómo juntamos lo público con lo privado? Más antes he dicho que si ha de existir un fundamento, este debe ser completamente humano, es una verdad que debe restringirse a cierto tiempo y contexto. Si lo vemos desde una perspectiva atemporal, por supuesto que esta noción de verdad si es relativa, pues no hay máximo criterio al que apegarse, pero dada cierta época, la veracidad debe servir a la sociedad Siendo realista, puedo decir que nunca se alcanzará ese ideal en el que todos tengan las mismas oportunidades y derechos, pero es algo por lo que podemos apostar, tratar de hacer algo sería mejor que hacer nada. Cuando la temporalidad pasa a ser parte del pensamiento, se pasa de la contemplación a la acción, saber que no existe un mundo ordenado nos lleva a tratar de construir uno.

Ahora bien, ¿qué ocurre con la ética si no hay principios divinos o atemporales a los que apegarse para saber cómo actuar? Actuar conforme a normas no es ético, yo creo que la reflexión ética comienza cuando al escuchar “debes” uno se interroga con un ¿debo? La ética es una tarea de reflexión personal, de saber cómo vivir, pero sin prescribirle a nadie el cómo. (Pendiente)

Puede verse a la filosofía como una necesidad de sustraerse a la temporalidad, cuando algunos filósofos comienzan a considerar importante la reflexión temporal, se parte a la idea de que la filosofía ha tocado a su fin. Si bien es cierto que con Hegel comienza la crítica a la visión ahistóricista de los filósofos, él mismo criticó a Platón por tratar de evitar la temporalidad, no es la idea de tiempo en Hegel la que me interesa, pues para el autor de la fenomenología del espíritu el tiempo es teleológico, como yo lo pretendo ver es como contingente, sin orden ni determinación. Captarlo es poder dar un paso más en cuanto a reflexión del mundo

se refiere, pero no se trata sólo de captarlo, sino de tratar de vivir con su presencia. Creo que es verdad que al reflexionar sobre el tiempo, la filosofía termina, pero sólo termina un tipo de filosofía, lo que significa que no podemos destituirla, creo que no dejará de existir el pensamiento filosófico mientras sigan existiendo cambios sociales.

La investigación objetiva es posible y muchas veces real, lo que se tiene que aclarar es que sólo proporciona algunas maneras de hablar sobre nosotros mismos y algunas de ellas pueden impedir nuestro proceso de edificación. Saber qué es el mundo nos significará que sepamos qué hacer ahora con nosotros mismos. Yo creo que cuando la ciencia descubre algo, la filosofía busca la conmensurabilidad entre esos lenguajes.

El lenguaje no representa nada. Se trata de deshacerse de la verdad para llegar a la libertad por medio del pensamiento y el progreso social ¿Cómo juntamos lo

público con lo privado? Se apuesta por una auto-creación, pero también por una mejor manera de vivir en sociedad. Las posturas son inconmensurables, pero igualmente válidas. No podemos apoyarnos en nada externo, en principios atemporales ¿cómo establecemos esos principios para lograr sin que se impongan desde la naturaleza? La verdad se construye, no se descubre. El tiempo es necesario para la comprensión, no para el descubrimiento del ser. Es querer decir que nuestra comprensión se ve afectada por la temporalidad, pues ella en donde nos movemos. Por la cuestión de la temporalidad se ve afectado todo posible fundamento. El mundo está ahí fuera, el lenguaje no. Un descubrimiento científico no cambia de inmediato el lenguaje, pues no es tan arbitrario, después de un tiempo ya se comienza a hablar así. Es por ello que creo que debemos considerar la temporalidad en nuestro pensamiento y en nuestro qué-hacer, si nos sabemos temporales, si sabemos que no hay cosa fija, no pretenderemos tanto, crearemos verdades contextualizadas que nos sirvan para obtener más libertad, que permitan la diversificación de modos de vida y de pensamiento, que ningún lenguaje sea el más adecuado para poder hablar de la realidad, no se trata de decir que la verdad es que no existe la verdad, no se me debe interpretar así, lo que quiero decir es que la verdad es algo que debe funcionar, si esto llega a ser verdadero, lo es dentro de nuestro contexto, es algo que no hubiese valido por ejemplo para Descartes. El tiempo es un factor determinante para entender lo que acontece en todo, pero no se trata de descubrir la verdad del ser, sino de comprenderlo a la luz del tiempo para así volverlo más rico, no estático. Más complejo y no descompuesto en fragmentos. La exegesis del tiempo como horizonte posible de toda comprensión del ser. Heidegger.