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Autor: Juan Lisandro Scarabino

Junio de 2004

SA IRE EO DE LIÓ

Ubicación cronológica: 130-140 a 202 d.C.

Ubicación geográfica: Nace en Esmirna, en Asia menor. Y a partir del 177 se ubica en
Lión, Francia.

Breve biografía: Conoció y escuchó, desde niño, a San Policarpo, el cual fue ordenado
obispo por el Apóstol San Juan. No se sabe qué ocurrió en su niñez y en su juventud.
Aparece nuevamente en la historia en Lión, en el año 177, siendo presbítero. Ese mismo
año, muere el obispo Pontino, y él lo sucede en el ministerio episcopal. Muere mártir en
el 202 en la persecución de Septimio Severo.

Producción literaria:
Obras que llegaron hasta nuestros días:
• Adversus Haereses
• Epideixis
• Las siguientes cartas: A Blasto, sobre el cisma; A Florido, sobre la
monarquía; A Víctor, obispo de Roma; Carta de los mártires de las
Iglesias de Viena y Lyón a las Iglesias de Asia y Frigia.
Obras que no llegaron a nosotros:
• Tratado Sobre la Ogdóada.
• Tratado Sobre la ciencia.
• Disertaciones variadas.

Algunas opiniones sobre el Santo:


• “el más grande escritor eclesiástico del siglo II” (Canals Vidals)
• “Ireneo ocupa un gran lugar en la teología: ha matado el
gnosticismo; ha fundado la teología cristiana.” (Juan Carlos Ruta)
• “mejor teólogo cristiano del siglo II” (Domingo Ramos-Lissón)

Importancia del Santo en la historia de la Iglesia

 En los tiempos del Papa Víctor, estaba la controversia de la celebración de la


Pascua en la Iglesia de Occidente y Oriente. El Papa le consulta a él y el interviene
para favorecer la paz y la comunión de las Iglesias. El argumenta diciendo que las
tradiciones deben respetarse. San Ireneo es el gran amante de la Tradición. Tiene
frases como las siguientes: “se toleran todas las tradiciones”, “la tradición debe
respetarse”. Gracias a esto evita la ruptura de la Iglesia.

 Siguiendo con el tema de la Tradición. San Ireneo se limita a predicar: “la


tradición que viene de los apóstoles y que gracias a la sucesión de los presbíteros
se guarda en la Iglesia.”. Esto lo deja muy en claro en sus escritos. Es que él no
quiere caer en el gnosticismo que combatía, el cual no respeta ni las Escrituras ni
las Tradiciones. Estos herejes elaboran sus propias teorías. Esta tradición puede
ser percibida por todos aquellos que quieren ver la verdad.

 Otro de los temas que deja en claro es sobre las sucesiones apostólica y la
primacía de la Iglesia de Roma. Sobre esta Iglesia dice: “la más grande, más
antigua y más conocida de todos, que la fundaron y establecieron en Roma los
más gloriosos apóstoles Pedro y Pablo.” Esta Iglesia posee su tradición de los
mismos apóstoles. Esto llega hasta nosotros por la sucesión de obispos. En el
tercer libro de Adversus Haereses presenta una lista de los sucesores de los
apóstoles: Los apóstoles entregaron a Lino la dignidad del episcopado. A este le
sucede Anacleto, luego Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio,
Pío, Aniceto, Soteo y Eleuterio. Gracias a esta sucesión aquella tradición que
procede de los mismos apóstoles existe en la Iglesia y de esta forma el anuncio de
la verdad llega hasta nosotros. De esta forma se da la prueba más palpable de que
es una sola y es la misma la fe vivificante, que en la Iglesia, desde los apóstoles
hasta ahora se ha conservado y transmitido en la verdad. Gracias a esta doctrina
sobre la tradición y sobre la sucesión apostólica, nuestro Santo da una solución
concreta ante una posible controversia: “Si se suscitara una discusión sobre
alguna cuestión de la menor importancia, sería preciso recurrir a la Iglesias más
antiguas, en que han morado los apóstoles, para tomar de ellas, sobre la cuestión
en litigio, la doctrina exacta y pura.”

 A pesar de que todavía faltaba más de un siglo para la proclamación del Símbolo
de los Apóstoles, nuestro Santo pronuncia un anticipo de lo que luego será el
Credo. Dice acerca de los cristianos: “…creyendo en un solo Dios Creador del
cielo y de la tierra y de todo lo que ellos contienen y en Cristo Jesús, Hijo de Dios
quien, a causa de su singularísimo amor para la obra modelada por Él, ha
consentido en ser engendrado de la Virgen, para unir por sí mismo el hombre con
Dios, y ha padecido bajo el poder de Poncio Pilato, ha resucitado y ha sido
elevado a la gloria y vendrá en la gloria como Salvador de los que se van a salvar
y Juez de lo que serán juzgados y enviará al fuego eterno a los que desfiguran la
verdad y menosprecian a su Padre y a su propia venida”. Sin duda que el concilio
de Nicea, del año 325, habrá tenido en cuenta esto que, ya a fines del siglo II, San
Ireneo dejó por escrito.

 Otro tema que llama mucho la atención en él, es el uso que hace de la Sagradas
Escrituras. En su obra Adversus Haereses muestra un profundo conocimiento de
ellas y en ellas se basa para combatir a la secta gnóstica. De los Evangelios dice lo
siguiente: “Así Mateo redactó su Evangelio en hebreo, que era la lengua propia
de ellos, mientras Pedro y Pablo evangelizaban en Roma y fundaban la Iglesia.
Más, después de su muerte, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro nos
transmitió él también por escrito lo que había sido anunciado por Pedro. Y Lucas,
compañero de Pablo, consignó en un libro el Evangelio que era predicado por
Pablo. Después, también Juan, discípulo del Señor, redactó el Evangelio, cuando
moraba en Efeso de Asia”. A su vez, es el que propone esa “extraña” analogía
entre los cuatro evangelistas y las cuatro figuras que figuran en Ezequiel (1, 6-10).
El primer animal es un león, el cual significa poder, preeminencia y realiza del
Hijo de Dios. San Marcos, comienza su Evangelio por el espíritu profético
viniendo de lo alto sobre los hombres. Por eso anuncia su Evangelio con brevedad
y pinceladas rápidas, porque tal es el carácter profético. Por esto se identifica a
Marcos con un león. El segundo animal es un ternero o un novillo y dice relación
al sacrificio y al sacerdote. El Evangelio de Lucas es de carácter sacerdotal, ya que
comienza con el sacerdote Zacarías que ofrece incienso a Dios. El tercer animal
tiene aspecto humano. Este se identifica con Mateo, el cual cuenta la generación
humana del Verbo. Y en todo su Evangelio el Señor aparece como un hombre,
humilde y manso. Y por último está el “águila volando”, el cual es representado
por San Juan, el cual narra su generación preeminente, eficaz y gloriosa que tiene
el Padre. Por esta razón, también se dice que este Evangelio está lleno de
imágenes muy atrevidas. Por toda esta argumentación el santo concluye que
necesariamente tenían que ser cuatro los Evangelios: cuatro son los animales,
cuatro los Evangelios. También refuerza su argumentación diciendo que cuatro
son las alianzas realizadas por Dios: una antes del diluvio con Adán, la segunda
después del diluvio con Noé, la tercera fue la entrega de la leyes a Noé y la última
la que hace al hombre nuevo que “recapitula” en sí todas las cosas por medio del
Evangelio.

 Estos son algunos de lo temas que trata, que lo hacen tan importante. Por la
brevedad de este trabajo han quedado sin mencionar otros temas claves, como por
ejemplo: la recapitulación en Cristo, su doctrina trinitaria, la “economía de la
salvación”, la importancia del bautismo, la “norma o regla de verdad” y el
combate con los gnósticos de su época, especialmente con Valentín, Marción y
todos sus discípulos.

 Por último, San Ireneo, no fue sólo un gran pensador de la Iglesia primitiva, que
hoy en día sigue influyendo mucho en la teología. Tampoco fue solamente uno de
los primeros obispos. Sino que también, y esto es muy importante, fue un Mártir,
que, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, derramó su sangre. Y con esto nos
dejó un ejemplo de amor, hacia el Salvador, hacia el “Recapitulador” y hacia la
Iglesia.