Вы находитесь на странице: 1из 9
www . The Fallen Saga . com Short Story "LA CITA DE LUCE Y DANIEL",
www . The Fallen Saga . com Short Story "LA CITA DE LUCE Y DANIEL",

Short Story "LA CITA DE LUCE Y DANIEL", parte del libro "Angels in the Dark" publicado en enero de 2014 en formato digital donde ha recopilado las historias cortas de la Saga Fallen, algunas nuevas como esta y otras que yo he recopilado en el blog en la sección "Libros de la Saga Fallen" (aquí) desde que empezó esta Saga.

Más información sobre este libro en la entrada del blog (aquí)

Agradezo esta historia a Jesús Tobar Sánchez, que tiene la web "Esquirlas: El placer de

opinar", ya que sin esta aportación desinteresada no habría conocido esta nueva historia

corta. También quiero agradecer al staff de Saga Oscuros que lo tradujeron al español y que así podamos leerla todas aquellas personas que el inglés se nos atraganta :)

LA CITA DE LUCE Y DANIEL Luce miró alrededor de la silenciosa cueva, sorprendida al

LA CITA DE LUCE Y DANIEL

Luce miró alrededor de la silenciosa cueva, sorprendida al descubrir que todos los ángeles, demonios, Proscritos y Transeternos habían caído dormidos rápidamente. Lo último que ella recordaba era la instrucción de Dee de esperar hasta que la luna iluminara el Qayom Malak exactamente en el lugar correcto para que la ceremonia de las tres reliquias pudiera dar inicio.

¿Qué hora era? Los rayos de la luz del sol entraban por la boca de la cueva.

Una cálida mano apretó su hombro. Ella se dio la vuelta y su cabello rozó la mejilla de Daniel.

-Por un golpe de suerte nos encontramos solos –dijo él riendo.

Ella sonrió, y le susurró:

-Salgamos de aquí.

Corrieron por el camino, tomados de la mano y riendo como niños. Cuando doblaron una curva en el camino y se encontraron a sí mismos observando la gran vista de un desierto sin fin, Daniel la atrajo a sus brazos de nuevo:

-No puedo mantener mis manos alejadas de ti.

- 2 -
- 2 -

Luce lo besó con deseo y dejó que sus manos acariciaran la blanca extensión de sus alas; eran fuertes, impresionantes y absolutamente magnificas, como Daniel. Se replegaron de placer bajo su mano. Daniel se estremeció y exhaló profundamente.

-¿Quieres volar a algún sitio? –preguntó él.

Luce siempre quería estar en el aire con Daniel. Sonrió:

-Claro. Donde sea. Solo quiero estar contigo.

Él miró a lo lejos.

-¿Qué ocurre?

-Si es todo igual para ti –dijo él- podría ser bueno quedarnos en el suelo. Tengo esta necesidad de dejar a un lado lo que somos. Ser solo dos personas, un chico y una chica, pasando el rato.

Él la miró con nerviosismo hasta que ella soltó su ala para tomar su mano.

-Sé a lo que te refieres. Me encantaría.

Daniel pareció agradecido mientras movía sus hombros hacia adelante, atrayendo sus enormes alas de regreso a sus hombros. Se replegaron lenta y suavemente hasta convertirse en dos pequeños brotes blancos en la parte posterior de su cuello. Luego desaparecieron por completo y Daniel ya solo era Daniel. Cuando sonrió, Luce se dio cuenta cuánto tiempo había pasado desde que lo había visto sin sus alas.

-Sería agradable mantener nuestros pies en el suelo –dijo ella, con la vista baja mirando sus botas y las zapatillas de Daniel, ambas cubiertas con polvo del desierto.

- 3 -
- 3 -

Daniel estaba mirando por encima del hombro de ella, hacía abajo a la llanura árida que había.

-O tal vez solo un poco lejos del suelo

-¿A qué te refieres? –ella se dio la vuelta y se puso en puntillas para ver hacia donde observaba él.

-¿Alguna vez has montado en camello?

-No lo sé –ella lo desafió - ¿Lo he hecho?

Le pusieron Woody al camello, porque lucía como un Woody Allen de 1970, con su melena ondulada, roja y despeinada… aunque tenía siete pies de altura, dos jorobas, y dos dientes delanteros torcidos. Lo encontraron pastando en una colina del Monte Sinaí con otros dos camellos menos agraciados.

Cuando Daniel posó la mano en su costado, Woody no pateó ni resopló ante el toque invisible; se inclinó y acarició el rostro invisible de Luce, luciendo encantadoramente nervioso.

-Este es el indicado –dijo Daniel.

-¡No podemos tomarlo y ya! ¿Y si le pertenece a alguien?

Daniel levantó una mano para protegerse los ojos e hizo como si estuviera mirando a través del vasto océano de arena.

-Solo lo vamos a tomar prestado durante el día –entrelazó sus dedos y se inclinó para ayudar a subir a Luce con sus manos- Vamos. Súbete.

- 4 -
- 4 -

Ella se echó a reír mientras pasaba una pierna por encima del camello, encantada por la sensación de deslizarse hacia abajo hasta la base de su columna entre las dos jorobas

-¿Cómo vas a hacer para subir, chico ordinario? –preguntó ella.

Daniel se quedó mirando la joroba a un pie de altura por encima de su cabeza y se rascó la barbilla

-No había pensado en eso.

Él le pidió la mano a ella y se impulsó a sí mismo hacia arriba pero perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo.

-Un contratiempo momentáneo –gruñó él.

Para el segundo intento, llegó por el otro lado y trató de levantarse a sí mismo como un nadador que sube a la superficie desde lo más profundo. Se resbaló y cayó sobre su rostro. Woody escupió.

-Está bien –gritó Luce, tratando de no reírse- la tercera es la vencida.

Las primeras dos veces le habían encantado, también, y una cuarta vez le encantaría incluso más

Luce

verdaderamente se esforzó en tirarlo hacia arriba. Podía sentir su cuerpo levantándose del suelo y se sorprendió por lo liviano que él se sentía en sus brazos.

Aterrizó detrás de ella, directamente en la joroba, en la entrepierna, y gritó de dolor. Ella no pudo más.

Daniel

volvió

a

gruñir,

y

cuando

le

tomó

la

mano

a

ella,

- 5 -
- 5 -

Se estaba riendo tanto que requería una disculpa, la cual era difícil de hacer con una convulsión frenética. Daniel finalmente se rió cuando su ataque de risa casi la hizo caer del camello.

Cuando los dos se calmaron al fin, ella se giró para mirar a Daniel. Pasó un dedo por sus labios.

-Todavía se siente como si estuviéramos volando

-Supongo que siempre lo estamos haciendo –Daniel le besó su dedo, luego sus labios, y sin inmutarse, le dio a Woody una suave patada para hacer que se moviera.

Woody no era un purasangre. Pasearon por la llanura con la lejana esperanza de llegar al océano. No parecía probable pero tampoco importaba. Luce pensó en aquella interminable extensión de arena marrón como el lugar más hermoso en la tierra.

Viajaron en un silencio cómodo hasta que algo le llegó a Luce.

-No creo haber estado en un camello nunca antes.

-No –ella podía oír la sonrisa formándose en su voz- no lo has hecho. Al menos, no cuando he estado cerca. ¿Fuiste capaz de sacar eso de los recuerdos de tu pasado?

-Eso creo. Es extraño. Lo estaba buscando, pero… últimamente cuando mi mente comienza a hacer circulos alrededor de un recuerdo y encuentra algo que he hecho antes, siento una calidez –se encogió de hombros- Ya que no sentí nada esta vez, supuse que eso significaba que no había tenido esta experiencia antes.

-Estoy impresionado –dijo Daniel- ahora, ¿qué tal si me dices algo tú a cambio? Cuéntame sobre tu tiempo en Dover.

- 6 -
- 6 -

-¿Dover? –eso la tomó por sorpresa. Preferiría hablar de cualquiera de las vidas pasadas que había visitado en las Anunciadoras antes que de su experiencia en Dover.

Pasaron junto a un tronco de árbol estéril, que parecía no haber visto una hoja en años. Pasaron junto a un camino seco y un río que no llevaba a ninguna parte. Allí no había nadie para juzgarla. Solo Daniel.

-Fueron tres años de aburrimiento seguidos de una catástrofe que dejó a un muchacho al que conocí muerto –finalmente lo dijo- Me hace mal pensar en eso porque yo…

-La muerte de Trevor no fue tu culpa.

Ella giró hacia él

-¿Cómo lo sabes?

-Había alguien más detrás de eso. Alguien que sabía que te sentirías terrible por aquel incendio… y quería que lo hicieras. Alguien que quería que creyeras que lo que pasa dentro de ti cuando te preocupas por alguien es fatal.

-¿Quién haría algo así?

-Alguien que no quería que te enamoraras nunca. Alguien celoso de lo que tú y yo tenemos juntos.

-Una persona murió por esos celos, Daniel. Un chico inocente que no tenía nada que ver con nuestra maldición o nuestro amor.

-Yo no sabía que estaba sucediendo. Lo hubiera detenido. Lo siento, Luce. Sé que has sufrido.

- 7 -
- 7 -

Luce se frotó la frente

-¿Estás diciendo que la persona que está detrás de la muerte de Trevor lo mató para que así yo no me enamorara de ti?

-Sí

-Solo… que no funcionó.

-No –dijo Daniel- No funcionó.

-¿Por la maldición? Nos unió de todas formas…

-Porque ninguna maldición es más fuerte que nuestro amor.

Subieron otra montaña, y luego otra. El sol caía a plomo como las manos sobre sus hombros. Se bajaron de Woody para caminar hasta el borde de un acantilado. La caída se veía aterradora y dolorosa, pero debajo de ellos el océano impactó la costa. Una fantástica pieza azul después de tanto marrón. Nunca podrían bajar hasta allí sin volar. Pero Luce miró a Daniel y Daniel miró a Luce, y sonrieron, sabiendo que habían hecho un pacto: era una cita ordinaria, sin alas. Eso estaba bien para los dos.

-Ven aquí –Daniel tocó una roca plana en el borde del acantilado, invitando a Luce a que se sentara. Vieron el océano por un rato y divisaron dos buques contenedores como glaciares cerca del horizonte.

-Parece que el mundo es nuestro hoy, ¿no? –dijo Luce con tristeza.

Daniel la hizo girar hacia él y le tocó la punta de la nariz con la suya. Su mano abrió los botones de su chaqueta, y entonces la deslizó debajo de su camisa, acariciando la parte baja de su espalda. Él la besó con una nueva forma de

- 8 -
- 8 -

intensidad. Sus caricias eran suaves, delicadas y desesperadas a la vez. La boca de ella se abalanzó sobre él mientras la agarraba, levantándola por encima de él, hundiendo la mano que tenía libre en su cabello. Sus extremidades se superponían, tensas de expectativa. Sus bocas estaban calientes y unidas. Luce se sentía algo mareada y viva, como si sus almas estuvieran emparejadas. Era casi demasiado para soportar. Ella nunca iba a tener suficiente de eso, pero lo intentaría.

-Te amo, Daniel –dijo Luce entre jadeos.

-Yo te amo, también –respondió él- Más que a nada. Más que a…

¡Bum!

Sonó como un trueno, la amenaza de un gran tornado. Luce saltó despertándose dentro de la cueva, donde debió haberse quedado dormida en el hombro de Daniel.

- 9 -
- 9 -