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Instituto tecnológico de Pachuca

Nombre de los integrantes del equipo: Mayra


Gabriela Ruiz Encarnación, Griselda Herrera
Naranja, Elisa Estrada Rodas, Beatriz Jiménez
Conde, Joel Flores Pérez

Catedrático: Arq. Alejandra Calva Ramírez

Especialidad: Arquitectura

Materia: Fundamentos teóricos del diseño

Trabajo: Reporte de visita a casa Gilardi y Casa Luis


Barragán
Gado: 1
Grupo “A”
11/03/2008

Nació en 1902 en Guadalajara, donde hizo sus estudios profesionales y se graduó como
ingeniero civil y arquitecto en 1925. Tras terminar sus estudios estuvo en Europa durante
dos años, en viaje de estudios y de placer, pero sin haber estado en academia o
institución alguna.

Durante este viaje se impresionó de la belleza de los jardines de las ciudades que visitó,
como el Generalife de Granada y los de las villas italianas y de la costa del Mediterráneo.
Desde entonces conservó su interés por la arquitectura del paisaje.

De regreso a Guadalajara construyó algunas residencias, varias de las cuales fueron


publicadas en revistas de los Estados Unidos, como el Architectural Record, e italianas.

Luego de la muerte de su padre en 1930, se hizo cargo de negocios familiares y realizo


otros viajes a Europa. En 1936 se trasladó a la ciudad de México, donde se instalaría
definitivamente. Hasta 1940 ejerció su profesión construyendo algunos edificios de
apartamentos en la colonia Cuauhutémoc y algunas pequeñas residencias

En 1940 adquirió un amplio terreno en la entonces llamada Calzada de los Madereros,


donde realizó algunos jardines. Pudo ahí trabajar libremente, ya que en esta obra no
tenía ningún compromiso con terceras personas. Vendió la mayor parte de estos
jardines, pero se reservó uno pequeño, que hasta hoy forma parte de su casa. En ésta
procuró desarrollar un ambiente exclusivamente de su gusto personal, procurando que
tuviese rasgos tanto de la arquitectura popular como de los antiguos conventos de
México, y que fuese a la vez una expresión de la arquitectura contemporánea.

De 1940 a 1945 dedicó parte de su tiempo a estudios de planificación y a negocios en


bienes raíces y adquirió propiedades en la avenida San Jerónimo. En terrenos con gran
abundancia de lava volcánica descubrió las posibilidades de realizar bellos jardines en
las rocas, lo que despertó en él la ambición de desarrollar ahí una urbanización
residencial. Para ello invitó al señor José Alberto Bustamante, conocido hombre de
negocios, quién aceptó adquirir en copropiedad una gran extensión del Pedregal de San
Ángel. Esto ocurrió en el año de 1945, tres años antes del decreto del presidente Ávila
Camacho para la fundación de la Ciudad Universitaria, la cual se construyó en terrenos
colindantes con la propiedad de los señores Bustamante y Barragán.

El arquitecto desarrolló el proyecto total de planificación y urbanismo para la firma


Jardines del Pedregal de San Ángel, S.A., que fue el nombre que se dio a esta sociedad.
En el mismo fraccionamiento diseñó varios jardines y obras ornamentales (fuentes,
rejas, ingresos, etc.) y estableció normas de construcción a fin de crear un ambiente
armónico en términos arquitectónicos y evitar destruir la belleza del paisaje. El
desarrollo del Pedregal ocupó a Barragán de 1945 hasta 1952, cuando se separó de
dicha empresa. Durante esa época realizó algunos viajes a Europa, en uno de los cuales
visitó el norte de África.

Entre 1952 y 1955, además de seguir viajando, construyó algunas residencias y atendió
sus negocios personales. Comenzó también la reconstrucción del convento de las
Capuchinas en Tlalpan, donde edificó una capilla nueva. En el mismo periodo realizó
algunos proyectos para desarrollos urbanísticos en las costas del Pacífico (zona de
Manzanillo), los cuales quedaron en suspenso.

En 1955 desarrollo para el Banco Internacional Inmobiliario la planificaron completa, con


jardinería y obras de ornato, del fraccionamiento residencial Jardines del Bosque, en
Guadalajara. También proyectó y supervisó los jardines del hotel Pierre Márquez, en
Acapulco.

En 1957 fue invitado por la empresa que desarrollo ciudad Satélite para constituir el
símbolo de la urbanización, para el cual Barragán, ya con la idea definida de que
consistiera en un grupo de elementos verticales de gran proyección publicitaria, invitó al
escultor Mathías Goeritz a colaborar en el desarrollo del proyecto.

El mismo año Barragán promovió un fraccionamiento residencial al norponiente de la


ciudad de México, Las Arboledas, para el cual hizo el proyecto completo de planificación,
incluyendo obras de ornato y la arquitectura de paisaje general. También participó en la
creación de otra urbanización, el Club de Golf la Hacienda.

En 1964 y 1965 trabaja, asociado con otro arquitecto ilustre, Juan Sordo Madaleno, en el
gran proyecto (que no llegara a completarse) de Lomas Verdes. Louis Khan lo invita a
asesorarlo, en 1964, en su proyecto del Salk Institute de la Jolla, California. Poco después
realiza la Cuadra San Cristóbal y casa Egerstrom, en colaboración con Andrés Casillas.

De 1969 a 1973 trabaja en los proyectos –no realizados– del plan maestro de Cano, en el
estado de México, y para el fraccionamiento El Palomar, en Guadalajara, así como la
fuente monumental en Lomas Verdes, con Ricardo Legorreta, y otros proyectos. En 1974
realizó la Casa Gilardi, la última obra que llegó a terminar íntegramente.

En 1976 el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó la primera exposición sobre
su obra y publicó el libro-catálogo de Emilio Ambasz. Esto lanzó a Barragán a la fama
internacional. Ese año recibió también, en México, el Premio Nacional de Ciencias y
Artes.

En 1979 proyectó el Faro del Comercio para la ciudad de Monterrey, así como la casa
Meyer (cuya autoría, sin embargo, no puede atribuírsele con certeza).

En 1980 recibió el premio Pritzker.


Para ese entonces, ya la enfermedad de Parkinson lo había ido minando y le impedía
trabajar. Volvió por última vez a Guadalajara en 1985, donde recibió el Premio Jalisco. Se
realiza una gran exposición retrospectiva en el Museo Tamayo de la ciudad de México. En
1987 recibe el Premio Nacional de Arquitectura.

Luis Barragán murió el 22 de noviembre de 1988 en su casa de Tacubaya, en la ciudad


de México. Sus restos son trasladados al día siguiente a Guadalajara y ahora reposan en
la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

La casa estudio de Luis Barragán se levanta en los números 12 y 14 de la calle de


General Francisco Ramírez, colonia Daniel Garza en la Ciudad de México. Su doble
programa forma una sola pieza en la fachada principal que tiene una orientación sur-
poniente.

Portería

La fuerte sensación de límite que establece el paramento hacia la calle del General
Francisco Ramírez queda reiterada por el primer espacio de la casa. La portería es una
esclusa de descompresión, un filtro sensorial y por lo tanto emocional. Este acceso de
dimensiones reducidas que tiene una luz teñida por un vidrio amarillo en una
reinterpretación de un espacio tradicional. Aquel que provoca la pausa que antecede a la
casa mexicana o a la mediterránea, a los conventos o a los monasterios.

La portería funciona como un lugar de espera y, al mismo tiempo, como un espacio


donde se preparan los sentidos. La vista, el olfato, el tacto y el oído son puestos en un
estado expectante por la acción directa de una paleta de materiales precisa, escasa en
variantes, pero generosa con ellos: madera, piedra y muros encalados

Comentarios del equipo: Al entrar a la portería percibimos un cambio total del


clima, debido a la utilización de piedra en las escaleras, y la pintura que está
hecha a base de cal, los colores de la portería y como está distribuido el
espacio nos preparan para entra a un nuevo lugar a la cual se le llama
transición, la cual vamos a encontrar por toda la casa, además de poseer la luz
indirecta.
Vestíbulo

La misma piedra volcánica, prácticamente virgen, que forma el piso de la portería pasa a
través de la segunda puerta hasta llegar al vestíbulo. Su uso era conocido como un
pavimento de exteriores que consigue acentuar la paradójica sensación de encontrarse
en un patio interno, al centro de la casa.

Esta segunda puerta, separa la penumbra dorada de la portería de la luz intensa del
vestíbulo, que es elaborada por un mecanismo de reflejos. Desde el plano amarillo del
exterior, con orientación sur, la luz incide sobre una superficie dorada de un retablo
barroco —expresado aquí en su forma abstracta por Mathias Goeritz— y baña después al
rosa intenso de los muros. Una tenue sombra rosada aparece sobre el blanco de la
escalera, sobre el color esencial de la casa al que regresan siempre los reflejos y las
sombras.

En los espacios que hemos recorrido, la experiencia cromática también puede ser leída
como una secuencia complementaria. De esta manera el amarillo amielado de la
portería satura la pupila para recibir al color rosa que es, a su vez, preparación y
catálisis, si es que abrimos una puerta más y nos asomamos hacia la ventana del
comedor que tiene el fondo verde intenso y sombreado del jardín.

La arquitectura del siglo xx había ya explotado la caja muraria para mostrar un espacio
delimitado por planos sólidos o transparentes que se articulan en torno a dicho espacio.
En este vestíbulo, sin embargo, la luz vuelve a llenar un espacio que se puede describir
como si hubiese sido tallado en la materia blanca de los muros, lo que representa una
forma substancialmente distinta de construir.

La piedra volcánica en el piso asciende para formar una superficie obscura sobre la
escalera que, con todo su peso tectónico, puede recordar a las plataformas
prehispánicas. Su ascenso prosigue en una rampa —tras el muro— hasta un segundo
espacio sobre el vestíbulo donde se encuentra un vestidor separado visualmente por
muros que no alcanzan el techo y que le dan continuidad a toda la altura. Es un espacio
fluido, moderno. Lo que no se contradice de manera alguna con el hecho de que este
tallado de una manera ancestral.

Un resumen de la casa podría hacerse identificando, en principio, dos grandes


generadores espaciales, tanto en escala, como en complejidad, a partir de los cuales
giran y se cohesionan con el resto de los espacios de la casa: este vestíbulo principal y
el salón de la estancia-biblioteca.

La puerta que los comunica, como las que también nos comunican a los comedores y a
la cocina, se encuentra sobre el muro rosa del vestíbulo. Decir que este muro ha sido
simplemente pintado de tal color sería inexacto. Los colores, en la arquitectura de
Barragán, pueden encontrarse en delgadísimas superficies que desmaterializan los
volúmenes en sus caras. Pero los colores son también capaces de poseer volumen y
peso por sí mismos.

Tal es el caso de este sólido rosado que se halla insertado en el vestíbulo “haciendo
rincón” para el mueble, pero también invadiendo el interior de los comedores hasta
cubrir el trastero de la cerámica o el crucifijo sobre el marco de la puerta en el
desayunador. Incluso, la pequeña cámara que comunica a este íntimo comedor con la
cocina y el vestíbulo podría ser entendido como una sustracción a la densidad
volumétrica del color. De tal manera que el interior del muro sigue siendo rosa.

Comentario del equipo: en cuanto entramos al vestíbulo sentimos una


sensación de regocijo, una vez dentro nos percatamos que el lugar cuanta con
varias puertas y nos intriga el saber que hay a través de de ellas. El cuadro
que se encuentra en este espacio, no solo es un simple cuadro, si no que tiene
un gran significado que es, el de iluminar e intensificar toda la habitación con
el color rosa.

Una cosa muy importante de este espacio es que nos permite el acceso a
todos los recintos de la casa,

Estancia

La transición hacia la estancia-biblioteca se logra con recursos que serán constantes a lo


largo del recorrido. Un acento de escala, a manera de contracción, su consecuente
sombra y el movimiento, nunca frontal ni directo, sino obligado a una directriz quebrada
que concluye con una nueva dilatación del espacio, el aire y la luz.

En el transcurso de unos cuantos pasos han aparecido, cuidadosamente colocados para


ser descubiertos, la primera de las grandes esferas reflejantes (en nueva contracción
espacial capturada en la superficie plateada) al lado de la figura de una Madona tallada
en madera y el acontecimiento luminoso de una lámpara cilíndrica en el piso.

Superando el biombo de pergamino, la mirada se posa entonces sobre la sorpresiva


puesta en escena del jardín. Nombrar este suceso como una ventana sería otra
reducción, ya que el marco que aquí se ha construido para el encuentro con el verde es,
en sí mismo, otro espacio: un proscenio que va mas allá de la profundidad mínima que
puede poseer una hoja de vidrio y su herrería.
La fachada poniente de la casa se distingue de la frontera prácticamente impenetrable
de la fachada hacia la calle no sólo por su proporción de vanos, sino también en su
concepción como un mecanismo de diálogo de la casa con su jardín.

Este es el caso de la gran ventana en la estancia. A través de esta fachada la naturaleza


acompaña y provoca las experiencias de la vida que ocurren al interior. Más que una
frontera, esta fachada es el plano anterior a otra espacialidad, la vegetal, que adquiere
así un valor metafísico más que utilitario.

Frente al jardín, acompañándolo, se encuentra la estancia. La amueblan las sillas, la


butaca, las mesas de madera sólida y el facistol monacal. Otra vez los materiales
industriales están ausentes en el diseño de los objetos cotidianos. Sólo tenemos madera
maciza, piel, fibras vegetales y lanas.

En colaboración con la diseñadora Clara Porset, la mayoría de estos muebles son


reelaboraciones o sutiles juegos de depuración sobre varios objetos de diseño tradicional
y anónimo.

Debe destacarse la capacidad del lugar de contener armónicamente estos objetos


sencillos y artesanales, como lo son las sillas ajenas a cualquier idea de producción en
serie.

Están también las piezas antiguas de arte sacro occidental o los objetos ceremoniales
tribales que, lejos de provocar una contradicción estilística o semántica, se acogen con
toda naturalidad al contexto atemporal de la casa.

Comentarios del equipo: Nos produjo la sensación de habitar en un lugar


sumamente amplio de mucha luminosidad, debido ala entrada de luz natural
en las grandes ventanas en las cuales se podía apreciar el jardín dando la
sensación ,de situarnos en medio de la naturaleza.

Algo muy importante dentro de la casa son los muebles, que fueron diseñados
por el Ing. Luis Barragán como es la misma sala, aquí se encuentra un mueble
llamado pansiston que tiene la función similar a la del librero. Un elemento
importante dentro de la sala es el Biombo que nos permite cierta privacidad.
Así como la utilización de elementos decorativos en la cual destacan los
caballos.

Biblioteca

La estancia es el primero de los lugares contenidos en esta espléndida doble altura del
salón donde está la biblioteca. Este gran flujo espacial se haya dividido en recintos
conformados mediante la introducción de varios planos de muros a media altura.

Las fotografía hechas en los primeros años de la casa muestran que estas subdivisiones
no aparecieron en la concepción original y, se puede afirmar, que son la respuesta a sus
cuestionamientos mientras habitaba este espacio. Pese a la multiplicidad de escala y de
usos, la unidad del salón está preservada y subrayada por la fuga de líneas de la
viguería que lo cubre y por el mismo librero que se aloja en uno de sus costados,
vertebrando todos los espacios del salón.

Los cientos de libros que hay en esta biblioteca, tal como lo escribió Alfonso Alfaro, “son
la huella de un itinerario y tienen el valor de un testimonio excepcional: el de una serie
de personajes de papel, presencias entrañables, las más inmediatas quizá para este
solitario de afectos incandescentes… las letras impresas podían ser vehículo de
introspección y de diálogo mudo, pero su corporeidad no se reducía a una función
instrumental. Los libros no eran testigos trasparentes; eran objetos, materia con texturas
y con límites, realidades luminosas como los matices de la piel humana”.

Entre los dos planos blancos a media altura, se ha conformado un lugar de trabajo para
la biblioteca donde se resguarda una mesa de madera gruesa, que a su vez forma una
sola pieza de mobiliario con el librero en esquina.

Este rincón de muros bajos vuelve a aparecer tangencial a un recorrido que comienza a
trazarse, ahora en espiral, hasta encontrarse de frente con la célebre escalera de
tablones en cantiliber. Un plano abstracto se desdobla con ligereza y contrasta con la
solidez pétrea de la escalera en el vestíbulo.

Aquí se ha propuesto una síntesis mínima de la escalera que nace del mismo material de
la puerta hacia la que se dirige, en un solo gesto plástico. La mirada asciende aquí hasta
perderse en la incógnita del tapanco en donde el ritmo de la viguería termina por
sumergirse.

Protegido por un segundo biombo está el rincón de las poltronas, compartiendo el lugar
con una gran mesa al pie de la ventana alta hacia la calle. Los muebles son confortables
y sobrios del mismo modelo que, carentes de pretensión, se encontrarán también en las
habitaciones íntimas.

Recuperando otra vez la perspectiva de la totalidad del salón aparecen dos planos
blancos a media altura en una secuencia tonal del blanco transformado por la
profundidad de la penumbra hacia el recuerdo del jardín en el fondo ahora visto no sólo
a través de uno, sino de múltiples marcos que se han generado en el salón con los
elementos estructurales.

En contraposición a esta secuencia que enmarca la ventana hacia el jardín, existe una
retícula cerrada de vidrios opacos que reciben de la calle sólo una luz filtrada y algunas
sombras de los árboles sobre la acera. Queda clara aquí la intención de proyectar el
volumen de esta ventana hacia la calle, lo que en principio podría entenderse como un
recurso compositivo sobre la fachada y que, en realidad, provoca un mayor espesor del
muro que armoniza con la monumentalidad del espacio interior y, al mismo tiempo,
construye una caja de luz que dosifica su intensidad antes de inundar el salón.

Quedan excluidos con esta ventana la vista y el ruido que provienen de la calle, para
convocar lo que, en definitiva, es la presencia protagonista dentro de la casa: el peso y
la plenitud de un silencio que no sólo existe como simple ausencia

Se accede al espacio del taller a través de una nueva esclusa que comunica el lugar de
trabajo con la casa y con el acceso del número 12. Esta esclusa forma un volumen
independiente al que se adosa también la chimenea.

Destaca en el taller el techo inclinado de madera. El gran volumen de aire está


iluminado por una ventana que mira hacia el oriente y en la que el contacto visual con la
calle ha sido substituido por una serie de planos blancos ascendentes que se apropian
desde el interior de las copas de los árboles vecinos, los que terminan por pertenecerle
más a esta ventana, dejando fuera de la vista a las azoteas y a las antenas vecinas. Este
juego volumétrico progresivo dirige la mirada hacia el último plano, el del cielo azul que
concluye la composición.

Comentarios del equipo: En ella tenía gran variedad de libros de los cuales
destacan los de humanidades y artes. El espacio era reducido pero funcional
para el con la iluminación adecuada para el espacio de la lectura.

Había un lugar especial dentro de la biblioteca donde pasaba a sus amistades,


y un sillón especial para el.

Patio de las ollas

En contra esquina a la ventana descrita, hacia el poniente, con un traslape de muros se


ofrece una salida al lugar de trabajo. A través de un nicho articulado con una puerta rosa
a la holandesa, se llega así al patio de las ollas.
Este es producto de una serie de modificaciones al proyecto original que terminan por
separarlo del jardín y del propio taller, cuando eliminó el ventanal de piso a techo en la
fachada oriente.

Entre los muros altos y blancos, donde la pátina se ha dejado hacer presente, este
pequeño lugar está dedicado a dos habitantes indispensables en la arquitectura del
paisaje de Luis Barragán: la vegetación, en su expresión siempre fuerte y dramática
como las enredaderas que se descuelgan de los muros y el agua, agua obscura,
contenida y arrinconada en un volumen abstracto que se recorta en el piso de lava
volcánica. Una nueva puerta rosa, en contraste con los verdes del jardín, continúa detrás
y si quisiéramos dejar llevarnos por el juego de sugerencias, el agua también viajaría
debajo de la plataforma que ha sido levantada unos centímetros del resto del piso.

Comentarios del equipo: Era un lugar apropiado para el descanso de sus


trabajadores ya que es un espacio de tranquilidad donde cualquier persona
puede sentirse identificado, cuenta con una fuente que la caracteriza por el
desborde del agua que al cubrir el área del jardín crea una ilusión óptica de
que las ollas estuviesen flotando.

Jardín

Tanto en los documentos fotográficos como en las descripciones hechas por el propio
arquitecto consta que una primera versión del jardín tuvo extensiones de césped
mayores, con un claro más grande frente al salón y, en general, con un carácter mas
domesticado.

La decisión de Luis Barragán para permitir un crecimiento con mayor libertad de todo el
jardín da como resultado su estado actual: un jardín opulento y semisalvaje, evocador de
huertos ancestrales, donde la vegetación ha tomado por vida propia la mayor parte de
las decisiones. A la mitad del desierto urbano que es hoy la ciudad de México, se halla
un oasis esencialmente monocromático, o de un sinnúmero de verdes, salvo por el
blanco o el naranja que añaden las floraciones de jazmines y clivias. Sobre este color, el
verde, sobra decir que nunca sería utilizado en la paleta de Barragán para cubrir muro
alguno.

Aunque relativamente limitado en sus dimensiones físicas, la apropiación que el jardín


logra visualmente de la vegetación vecina, el jardín de la “Casa Ortega”, consigue una
perspectiva densa y profunda.

Comentarios del equipo: Crea una visión, dejando a la imaginación que hay
más allá de los árboles, en entrelazado de la plantas hace que el jardín se vea
inmenso, construyendo a la vez caminos intrigantes. Los arbólales eran muy
altos y enrredaderas.

Fachada al jardín

La serie de ventanas en la fachada poniente presentan correcciones que han sido


apenas disimuladas desde el exterior. Estas cicatrices dan a la fachada un aspecto
descuidado a la vez que añaden un valor documental para el análisis.

Es claro que en la arquitectura de Luis Barragán las ventanas son pensadas y


construidas principalmente desde el interior como resultado de una reflexión más sobre
el uso y su relación con el espacio habitado que sobre la consecuencia en la composición
final de las fachadas que resultan, a veces, expresiones literales de este hecho.
Arquitectura orgánica, se podría decir, si se piensa que verdaderamente ha crecido de
adentro hacia fuera.

En el caso de las ventanas del comedor y del desayunador, el paño inferior ha sido
elevado unos 25 centímetros, posiblemente como una corrección de la visual desde las
mesas.

En la recámara principal la corrección más evidente ha llevado la ventana desde el piso


hasta media altura, quedando visibles desde el jardín las hojas de vidrio bloqueadas.

Comentarios del equipo:


Comedor y desayunador

La serie de ventanas en la planta baja pueden ser entendidas como maneras distintas
de un mismo acto que es la contemplación del jardín.

En el salón, la transición sólo es interrumpida por la cancelería en cruz que es llevada a


un extremo no exento de extrañeza. El cristal a partir del suelo permite que el piso de
madera se proyecte en su reflejo hasta el jardín y es el mismo que impide que se
produzca el tránsito físico. Es sólo la mirada la que transita plenamente por esta puesta
en escena, y la comunicación con el exterior se reserva a una pequeña esclusa lateral.

La distinta dimensión de la ventana en el comedor convierte la visión del jardín en un


cuadro algo más abstracto. Desde la perspectiva de quien se sienta en unos de los siete
lugares a la mesa, logra desprender la vegetación del suelo para añadir un color más en
la composición.

En este lugar se hace obligada la referencia a una de las figuras centrales en el


desarrollo artístico de Luis Barragán. Se trata de Jesús Reyes Ferreira, ese artista plástico
“que más que pintar, embarra”, según su propia descripción, excéntrico coleccionista y
esteta de tiempo completo. Aparece en la madurez del arquitecto Barragán como el
maestro de gusto certero del que provienen fundamentales lecciones de color y
composición.

“Maestro en el difícil arte de saber ver con inocencia”, como diría Barragán, cuya
amistad e influencia lo marca en un claro punto de inflexión en el desarrollo de un
lenguaje propio. Aunque esta guía tenga que obviar las colecciones de arte de la casa,
hay que hacer notar que El Arcángel pintando por Jesús “Chucho” Reyes es uno de los
poquísimos óleos de gran formato que hizo en vida y que aquí ocupa un lugar especial
en la casa por su íntima relación con la arquitectura.

En el desayunador la ventana se eleva una vez más y ya no tiene una posición frontal
franca. El jardín se presenta entonces como una fuga superior de la perspectiva, en un
lugar, probablemente el más íntimo de la casa, donde hay que resguardar la mirada
entre muros.

En la cocina, amplia y bien iluminada, el jardín aparece sólo al abrir la puerta. Los vidrios
translúcidos denotan aquí una jerarquía de ventana muy distinta a las antes descritas.
Comentarios del equipo: El comedor contaba con 7 lugares el cual la cabecera era
especialmente para Luis Barragán, según cuentan esto era así por que a Luis no le
gustaba amenizar una conversación con más de siete personas ya que el sentía que no
era el centro de conversación. Una cosa muy importante que notamos es que la cocina
tiene cierta inclinación.

Así mismo contaba con unos jarrones los cuales a una cierta hora del día la luz se
proyectaba en los jarrones y esta luz a su vez viajaba directamente hacia las esferas
produciendo una iluminación mágica.

El desayunador era solo para Luis, ahí se cuita la única lámpara que hay dentro de la
casa, cual fue el regalo un gran amigo.

En la parte superior de la puerta encontramos un crucifijo el cual representaba la


bendición a los alimentos. Estaba decorado además con paltones, en cuales se
encontraba inscrita la soledad.

Cuarto blanco y habitación principal

En la segunda planta la vista del jardín está reservada para la habitación del arquitecto y
la habitación de tarde o el “cuarto blanco” como coloquialmente le llamaba. A estas se
accede por una nueva válvula espacial, ahora amarilla, que concentra la luz de la
mañana proveniente del vestíbulo hasta llevarla al interior de las recámaras donde no
falta el arte sacro y los motivos ecuestres.

Junto a una pintura de la “Anunciación”, en la recámara principal, se puede también


encontrar un pequeño objeto que no pocas veces disturba a los visitantes: un biombo de
no más de 30 centímetros de alto, hecho de cartón, sobre el que se han montado las
imágenes de una modelo de raza negra que se seleccionaron y cortaron en alguna
revista de modas. En este mínimo detalle, anecdótico si se quiere, se expresa la
fundamental dialéctica con la que ha sido construida esta casa: entre ascetismo y la
sensualidad. La misma tensión entre los opuestos aparentes eran consubstanciales en la
vida del arquitecto Luis Barragán el mismo que la imaginó y la habitó como bien escribió
Alfonso Alfaro: “porque Luis Barragán es un creador de espacios serenos pero por cuya
biblioteca deambulan fantasmas inquietantes: Él es al mismo tiempo un asceta y un
dandy, un empresario y un artista, amigo de las Reverendas Madres Capuchinas y lector
de Baudelaire, devoto de San Francisco y cercano a los muralistas, exquisito y rural; un
hombre, en fin, cuya herencia barroca se expresa en una obra casi del budismo zen”.

Vestidor o "cuarto del Cristo"

Es un lugar que comparte con el vestíbulo su misma espacialidad fluida y compleja. Su


programa puede ser ambivalente, pero, su función dentro de la secuencia espacial, no
deja lugar a dudas al ser el preámbulo y el anuncio del encuentro con la terraza abierta
al cielo, con el desenlace y clímax de la ascensión que comenzó en la portería. El
vestidor es la invitación a descubrir la terraza pasando a través de una hendidura
vertical, un sólido de luz amarilla por el que apenas asoman tres escalones de madera
cuyas dimensiones sugieren un ascenso meditativo, solitario.
Comentarios del equipo:

Terraza

En una primera disección literal, la terraza está construida con unos muros elevados
sobre el nivel de azotea; los tiros de la chimenea y el sistema mecánico de calefacción y,
también, por la torre blanca que aloja el depósito de agua y las escaleras que conducen
a la zona de servicios en tercera y última planta.

También es una composición abstracta de paramentos desnudos que funcionaron como


laboratorio cromático y cuya función arquitectónica es a la vez evocadora e insólita.

En la terraza es donde sucede el desenlace de la compleja construcción espacial y


poética de la casa. Una construcción que, como recuerda el amigo de toda la vida de
Luis Barragán, Ignacio Días Morales, sería fácil de traicionar por las descripciones
fragmentadas:

Una cualidad muy importante de los espacios de Barragán es la concepción unitaria,


tanto de los espacios simples como de los compuestos, sobre todo, de la secuencia de
los espacios que componen un edificio que da la impresión de estar concebidos en un
mismo instante y que constituyen una sorpresa inédita de un macizo buen juicio; son
como diversas notas de un mismo acorde armónico, son una exhibición del sentido
común, hoy tan raro, como si la composición de estos espacios no pudiera ser de otra
manera, tectónicamente ineludible.

En la terraza, el desenlace es más inquietante que catártico. El mismo sustantivo


“terraza” que la designa pragmáticamente en los planos queda contradicho por la
experiencia de habitarla.

Más allá de que se le pueda llamar mirador, estanque, patio, observatorio, capilla, jardín
colgante... En la terraza tiene lugar la secuencia de transformaciones documentada
fotográficamente por Armando Salas Portugal y que es una de las más significativas
como ejemplo del proceso de experimentación con la obra.

A partir de un simple barandal de madera que permitía la vista hacia el jardín, los muros
perimetrales fueron elevados hasta la completa introspección. La cruz en relieve que
muestran algunas de las fotografías también desaparece durante el proceso. Por otro
lado, las múltiples variaciones cromáticas que se registran dejan pistas de la exploración
que Barragán hace sobre la interacción del color con los espacios construidos.

La búsqueda de los orígenes desde los cuales la terraza ha evolucionado —si en verdad
se tiene que insistir en buscarlos— se vuelve múltiple: pueden encontrarse en la
tradición musulmana de habitar los techos o en esos lugares abiertos por excelencia al
acontecimiento urbano y hasta en el concepto anunciado por Le Corbusier de la quinta
fachada moderna. O bien, en el sencillo aprecio rural y universal del contacto con el
firmamento.

Luis Barragán era un hombre culto que encontrará muchas veces eco de su propia
búsqueda en la obra de otros y aquí ha dejado también testimonio de su cercanía con el
movimiento surrealista, especialmente con la obra metafísica de Giorgio de Chirico. Más
allá de la sola coincidencia de la imagen, la terraza nos permite volver a las reflexiones
que inspiró al artista italiano su admiración por la pintura antigua:

El cuadro del cielo enmarcado por las líneas de una ventana es otro drama que se
ensambla con la escena básica del cuadro, de tal manera que cuando el ojo se
encuentra con aquellas superficies verdosas, aparecen múltiples interrogantes
turbadoras: ¿qué habrá más allá de la ventana?... ¿Ese cielo cubre, quizá el mar, el
desierto o una populosa ciudad?... ¿o quizá se extiende sobre una naturaleza libre e
inquietante, sobre montes y profundos valles, sobre llanuras surcadas por caudalosos
ríos?

Y las amplias perspectivas de las construcciones se levantan llenas de misterio y de


presentimientos, en sus rincones se esconden oscuros secretos que hacen del arte un
episodio vibrante y no sólo una escena limitada a los actos de los personajes
representados, todo un drama cósmico y vital que envuelve a los hombres y los atrapa
en su vorágine en la que el pasado y futuro se confunden con los enigmas de la
existencia, exaltados por el soplo del arte y desnudos del aspecto complejo y temible
con que el hombre los imagina fuera del arte, cubriéndose de la apariencia eterna,
tranquila y consoladora de toda construcción genial.

Para dejar la terraza se debe buscar la puerta tras la torre gris, si la memoria de que
existe la puerta prevalece sobre la percepción.
Comentarios Generales: La casa es un Lugar mágico, que provoca diversidad
de emociones, el entrar a la casa y pasar de una habitación a otra en forma
transitiva, ya que pasamos de un espacio pequeño y el que nos prepara para
un gran espacio.

El máximo elemento decorativo son los mismos muebles, estilo único de Luis
barragán, lo cuales son elementos ensamblados, grandes y pequeñas pinturas
regalos de amigos. Su gran admiración por los caballos lo conlleva a la
colección de estos, mismos que se encuentran por toda la casa.

La utilización de las vigas fueron fundamentales para su diseño personal, ya


que la proyección que estas hacían daban la sensación de que la casa era muy
amplia (larga). El empleo de los diversos muros, en lo que destacan los muros
aparentes que no llegan hasta el techo, así como también los biombos.

En general la luz utilizada, es la luz indirecta y de lámparas ambientadoras,


que se utilizaba en basa a colores patentes e intensos que ayudaban ala
iluminación completa del espació.

Para el jardín era la casa y la casa el jardín, por ese motivo el jardín es parte
fundamental de ella el cual es admirado en diferentes puntos y enormes
ventanas.

La forma en que el interpretaba su casa era de forma mágica, en base a la


utilización de elementos de creación de luminosidad e ilusiones ópticas. Orto
ejemplo de esto es la proyección de la escaleras de una manera suspendida
que pareciese estar suspendida en el aire las cuales solo el tenia acceso.

Gustaba de estar en lugares tranquilos y cerrados que contenían emblemas


religiosos, de corrientes franciscanas.

Las esferas no solo son objetos decorativos ya que para el tenían un función
primordial, debido a que el era una persona ego centrista y un tanto
controlador en aspecto del espacio.

Su taller tenia las características de un establo, nunca la ventanas se abrían al


exterior, excepto la del cuarto de visitas.
Los elementos que en su mayoría se apreciaban en este lugar son: el cielo,
copa de los árboles y muros.

Dentro del closet tenía varias imagines religiosas, en donde el se ponía orar,
en el mismo había unas escaleras que nos llevan hacia la terraza, y el color de
los muros era natural, e iban adquiriendo el color natural.

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