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ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA

VOL. 17, NUM. 2: 263-282

JULIO-DICIEMBRE, 2012

ADAPTACIÓN FAMILIAR, ESCOLAR Y PERSONAL DE ADOLESCENTES DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Family, school and personal adjustment of adolescents of Mexico City

Laura Edna Aragón Borja y Elena Bosques Universidad Nacional Autónoma de México 1

RESUMEN

El objetivo de este estudio fue determinar el nivel de adaptación de adolescentes de 11 a 17 años. En la muestra total, se observó mejor adaptación a la madre que al padre. Respecto al sexo, los adolescentes hombres y mujeres tienen el mismo nivel de adaptación a la madre, profesores, compañeros, escuela y personal. Hubo una diferencia significativa en la adaptación al padre, en donde los hombres se encuentran mejor adaptados que las mujeres. Con respecto a la edad, dichos adolescentes se adaptan de manera semejante a la madre y a los compañeros. Se observaron diferencias significativas en la adaptación al padre, profesores y escuela, a lo que se encuentran mejor adaptados los niños de 11 años y los ado- lescentes de 16 años.

Indicadores: Adaptación; Adolescencia; Ajuste.

ABSTRACT

The objective of this study was to determinate the adjustment level of 11 to 17 years old adolescents. In the total sample, the adolescents adjustment to mother was better than to the father. With regard to the sex, men and women have the same level of adjustment to mother, teachers. Significant differences were found in the adaption to father, in which men are better adjusted than women. With regard to the age, adolescents of 11 to 17 years old have the same level of adjustment both to mother and to the classmates, and significant differences were also found in the adjustment to the father, teachers and school,

1 Unidad de Evaluación Psicológica, FES Iztacala, Av. De los Barrios # 1, Los Reyes Iztacala, 54090 Tlalnepantla, Edo. de México, México, tel. (55)56-23-13-80, correos electrónicos: ara- gonb@gmail.com y aragonb@servidor.unam.mx. Artículo recibido el 15 de octubre de 2008 y aceptado el 23 de abril de 2010.

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where the 11 years old children and the 16 years old adolescents were better than the others.

Keywords: Adaptation; Adolescence; Adjustment.

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Dentro del ciclo vital humano, la adolescencia es una etapa de desa- rrollo caracterizada por una serie de cambios biológicos, psicológicos y sociales que preceden a la etapa adulta y que tienen que ver con la búsqueda de autonomía, identidad propia, diferenciación del medio fa- miliar, sentido de la vida y búsqueda de pertenencia con los pares. Bio- lógicamente, se dice que la adolescencia comienza con la pubertad, que ocurre aproximadamente entre los 10 y 12 años, cuando se adquiere la capacidad para reproducirse, y termina alrededor de los 17 o 19 años; no obstante, su base física comienza antes y sus efectos psicológicos pueden perdurar mucho tiempo después. Es importante señalar que la adolescencia puede variar en cuanto a la edad y duración en cada per- sona, pues se relaciona no solamente con la maduración psicológica del individuo sino que depende de factores psicosociales más amplios y com- plejos originados en el contexto familiar, principalmente; así, la adoles- cencia puede considerarse un fenómeno biológico, cultural y social, y por lo tanto sus límites no se asocian solamente a las características físicas.

Al respecto, Conger y Peterson (1984) señalan que la adolescen- cia comienza como biología y termina como cultura, por lo que conci- ben este periodo como un proceso de cambios biológicos, psicológicos y sociales que se relacionan estrechamente entre sí y que permiten a los individuos alcanzar su identidad personal y su integración a la sociedad (cf. Papalia, Olds y Feldman, 2006).

Macías (2000) y Castells y Silber (2000) consideran que para co- nocer mejor el orden cronológico de los sucesos de la adolescencia es conveniente hacer una división en tres etapas: 1) adolescencia incipien- te o temprana (aproximadamente de los 10 a los 13 años), que se carac- teriza por el inicio de la pubertad, entendiendo esta como un evento biológico generado por cambios hormonales y el crecimiento corporal que de ellos resulta; 2) adolescencia media (aproximadamente de los 14 a los 16 años), que está marcada por el periodo de crisis resultantes de la búsqueda de la libertad y la independencia familiar; el desarrollo cog- nitivo se refleja en la consecución de un avance en la capacidad intelec- tual, mientras que la maduración afectiva se expresa en ciertas actitu-

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des que manifiestan un fuerte sentimiento de autoafirmación de la per- sonalidad, como obstinación, terquedad o afán de contradicción, entre otras, y 3) adolescencia tardía (aproximadamente de los 17 a los 19 años), que es considerada como la resolución de la adolescencia, la cual culmina con la juventud; en general, esta etapa se caracteriza por un periodo de calma y de recuperación del equilibrio. En cada una de es- tas etapas el adolescente tiene que ir adaptándose tanto a sus cambios biológicos internos y corporales, como a los cognitivos, afectivos y emo- cionales para lograr un ajuste psicosocial adecuado acorde a las de- mandas del entorno en que se desenvuelve.

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La adaptación en psicología es uno de los conceptos que permite tener un referente de la estabilidad emocional y de la personalidad de los individuos, y hace referencia a la exigencia que tiene el individuo de lograr un ajuste entre sus propias características personales –incluidas sus necesidades– y las demandas del medio donde interactúa. Una per- sona bien adaptada tiene sentimientos positivos de sí misma; se con- sidera competente y exitosa; muestra autonomía e independencia; es activa, laboriosa y enérgica en la consecución de sus intereses; se re- laciona armónicamente con los demás, y se siente satisfecha de su vi- da, disfruta de ella y no la abruman los problemas (Davidoff, 1979).

García y Magaz (1998) afirman que “la adaptación humana con- siste en un doble proceso: ajuste de la conducta del individuo a sus pro- pios deseos, gustos, preferencias y necesidades y ajuste de tal conducta a las circunstancias del entorno en que vive, es decir a las normas, de- seos, gustos, preferencias y necesidades de las personas con las que interactúa ocasional o habitualmente” (p. 13); para dichos autores, la adaptación es “una clase de conducta que puede o no constituir un hábito y un estado emocional relacionado con parte de su entorno”.

Por su parte, Achenbach y Rescorla (2000) señalan que para que haya un adecuado ajuste debe haber bajos niveles tanto de conductas internalizantes (problemas de conducta interna), tales como ansiedad, depresión, sentimientos de soledad, temor, inferioridad, culpa, triste- za, desconfianza, angustia y neuroticismo, como de conductas externa- lizantes (conductas que afectan a otros), como robar, huir de casa, me- terse en problemas, hacer trampas, mentir, rechazar la autoridad y las normas sociales, agredir, mostrar conducta antisocial, discutir con ve- hemencia, exigir mucha atención, amenazar, fastidiar, ser irritable, en- vidioso, desobediente y tirano (cf. también Cabrera, Guevara y Barre- ra, 2006).

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En cuanto a la adaptación del adolescente, se tiene que consi- derar dicha adaptación dentro de un entorno particular; así, se han lle- vado a cabo innumerables estudios que subrayan la importancia de los contextos familiar y escolar en el ajuste psicológico del adolescente.

  • 266 En una investigación de Gracia, Lila y Musitu (2005), el objetivo del trabajo fue analizar la relación entre el rechazo materno y paterno y el ajuste psicológico y social de los hijos, teniendo en cuenta tanto la percepción de estos respecto de su propio ajuste psicológico, como la de los padres. La muestra estuvo constituida por 444 familias nuclea- res, en 100 de las cuales las relaciones paterno-filiales fueron valoradas como de riesgo, y 344 en las que no había o se desconocían relaciones paterno-filiales disfuncionales. A dichas familias se les aplicaron instru- mentos que medían la aceptación o rechazo parental o la personalidad y el Cuestionario de Conducta Infantil de Achenbach. Los resultados ob- tenidos mostraron que las características de personalidad de los hijos rechazados difirieron significativamente de las de aquellos cuyas rela- ciones con sus padres no exhibían características disfuncionales; los hijos rechazados sufrían desajuste psicológico, tendían a reaccionar con manifestaciones hostiles y agresivas, mostraban poca confianza tanto en otras personas como fuentes de seguridad, confianza y apoyo, como en sus propios sentimientos de estima, aceptación y competencia; asi- mismo, eran poco responsivos emocionalmente y tenían una percepción negativa del mundo, al que consideraban como un lugar inseguro, ame- nazante y hostil. Por su parte, los padres pertenecientes al grupo de re- chazo parental percibían a sus hijos con más problemas de ansiedad, depresión e incomunicación; más obsesivo-compulsivos; con más pro- blemas somáticos, mayor retraimiento social (problemas de conducta internalizados) y con más problemas de conducta externalizantes, tales como hiperactividad, agresividad y delincuencia.

En otro estudio llevado a cabo por Jacobson y Crockett (2000) se investigó si el monitoreo de los padres, definido como estar al tanto de las actividades de sus hijos adolescentes y conocer a sus amigos, pero sin intervenir para controlarlos, estaba asociado con indicadores de ajuste psicológico. Los participantes fueron 424 alumnos de séptimo a duodécimo grados de una escuela rural de Pennsylvania. Los resulta- dos mostraron una fuerte asociación entre el monitoreo paterno y los in- dicadores de ajuste psicológico medidos a través de calificaciones es- colares más altas y bajos niveles de depresión, actividad sexual y de- lincuencia.

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Resultados similares fueron encontrados por Cabrera y cols. (2006), quienes investigaron si el ejercicio de ciertas prácticas paternas contribuía a la aparición o no de conductas de ajuste. En dicha inves- tigación se estudió a una muestra de 256 familias conformadas por el padre, la madre y un hijo de entre 12 y 18 años. Los resultados encon- trados mostraron que en cuanto a las prácticas paternales, las ma- dres reportaron un nivel más alto de monitoreo que los padres, a la vez que aceptaban y apoyaban más a sus hijos en comparación con aque- llos. De igual forma, los hijos percibían que sus madres estaban más pendientes de sus actividades que sus padres, y la aceptación o apoyo que recibían de ellas fue también más alto en comparación con los de estos últimos. Los padres que monitoreaban las actividades de los hijos, que estaban pendientes de ellos y que no inducían culpabilidad, ni ma- nipulaban sus sentimientos, reducían la aparición de conductas agre- sivas, el rompimiento de normas y contribuían a que los hijos no desa- rrollaran comportamientos ansiosos y depresivos. El control psicológico y el trato áspero fueron las prácticas paternas que más se asociaron con conductas agresivas y con la ruptura de normas por parte de los adolescentes. También se halló que cuando los padres inducían culpa en los hijos, los manipulaban psicológicamente y los trataban con ru- deza propiciaban la aparición de conductas externalizantes. En resumen, los autores concluyen que las prácticas paternales que más explicaron las conductas de desajuste psicológico agresivas y de rompimiento de normas fueron el trato brusco y el control psicológico, y que las que más contribuyeron al ajuste psicológico fueron las de monitoreo.

267

Otra variable que se ha estudiado en la adaptación del adoles- cente es la comunicación familiar. Estévez, Musitu y Herrero (2005) ana- lizaron la influencia de la comunicación por separado del padre y la madre y del ajuste escolar en la salud mental de una muestra de 875 adolescentes de 11 a los 16 años que cursaban la enseñanza media, a quienes se les aplicaron diversos cuestionarios de comunicación fami- liar, autoestima escolar, victimización en la escuela, sintomatología de- presiva y estrés percibido. Los resultados indican que las mujeres y los adolescentes de mayor edad tenían más problemas de comunicación con la madre y con el padre, y que aquellas y los adolescentes más pe- queños obtuvieron puntuaciones más elevadas en autoestima escolar. La comunicación abierta con los padres correlacionó positiva y signi- ficativamente con la autoestima escolar de los hijos, la cual, a su vez,

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lo hizo negativa y significativamente con el malestar psicológico. Los au- tores concluyen que una comunicación abierta y fluida ejerce un fuer- te efecto protector ante los problemas de salud mental e influye positi- vamente en la autoestima escolar de los hijos y el bienestar psicológico

  • 268 en general del adolescente, lo que a su vez se relaciona negativamente

con el malestar psicológico. Por otra parte, la comunicación negativa padre-adolescente se asoció a problemas de victimización, y estos, a su vez, con el malestar experimentado por el adolescente; lo anterior con- firma que los problemas de comunicación en el contexto familiar pue- den convertirse en problemas de ajuste en el contexto escolar, ejerciendo por ende un efecto negativo en la salud mental del adolescente.

Además de una buena relación y comunicación con los padres, una variable que desempeña un importante papel en la adaptación del adolescente es el tipo de vínculos que establece con sus amigos. En un estudio llevado a cabo por Laible, Carlo y Raffaelli (2000) se examinaron las relaciones entre el apego paterno y el de los amigos en el ajuste ado- lescente. La muestra la conformaron 89 adolescentes que contestaron cuestionarios de apego paterno y con amigos, empatía, eficacia acadé- mica, agresión, ansiedad y depresión. Se dividió al grupo en cuatro cla- ses de acuerdo a sus puntajes de apego: alto tanto en padres como en amigos, bajo en ambos, alto en amigos pero bajo en padres, y alto en pa- dres y bajo en amigos. Los resultados revelaron que el apego paterno y hacia los amigos tuvieron funciones similares en términos de los índi- ces de ajuste medidos: los adolescentes con alto apego en ambos fueron los mejores ajustados, esto es, menos agresivos y deprimidos y más em- páticos, y los peor adaptados aquellos con bajo apego en ambos; por otra parte, un dato interesante fue que los adolescentes con bajo ape- go paterno pero alto en amigos estuvieron mejor adaptados que aque- llos en que ocurría lo inverso, lo que sugiere que el vínculo de apego a los amigos puede influir relativamente mejor en el ajuste de los adoles- centes que el apego a los padres.

Estos resultados también fueron encontrados por Kurdek y Sin- clair (1988), quienes examinaron las diferencias en el ajuste psicológico de 234 estudiantes de séptimo a noveno grado que residían con tres ti- pos de familias: familias nucleares intactas, familias con un padrastro o familias con madres divorciadas. No se encontraron relaciones signi- ficativas entre el ajuste psicológico y la estructura familiar, el género y el grado, ni tampoco interacción alguna entre estas variables. Sin em- bargo, el ajuste psicológico sí correlacionó negativamente con los con-

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flictos familiares y el uso de estrategias externas de afrontamiento, y positivamente con las dimensiones familiares de cohesión, expresividad y crecimiento personal; además, los autores hallaron que el ajuste psi- cológico también correlacionó positivamente con el apoyo social de los amigos.

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Por último, Martínez, Buelga y Cava (2007) tuvieron el objetivo de analizar la relación entre variables escolares (ajuste social valorado por el profesor y clima social en el aula) e indicadores de ajuste social en adolescentes (autoestima, victimización y satisfacción con la vida). La muestra fueron 1,319 adolescentes españoles de ambos sexos, con eda- des comprendidas entre 11 y 18 años, a quienes se les aplicaron ins- trumentos que medían la percepción del alumno por el profesor, una escala de clima social en la escuela, un cuestionario de autoestima, una escala de victimización en la escuela y una escala de satisfacción con la vida. El ajuste social correlacionó positiva y significativamente con autoestima, amistad y satisfacción con la vida, y negativa y signi- ficativamente con victimización manifiesta verbal, victimización mani- fiesta física y victimización relacional. Estos resultados indican la exis- tencia de una relación positiva entre el ajuste social de los alumnos valorado por el profesor, el clima social percibido por el alumno y la autoestima del adolescente, así como una relación negativa con el gra- do de victimización. En cuanto a la satisfacción con la vida, la autoes- tima tuvo un efecto positivo en ella, y negativo la victimización. Con- cluyen los autores que cuando el profesor se esfuerza por establecer un contacto positivo, les presta atención individualizada, les trata con respeto y les ofrece apoyo, disminuyen los comportamientos agresivos en el aula, y que los adolescentes que son aceptados por sus iguales tienen una autoestima adecuada, disponen de mayores recursos de apoyo y mejores sentimientos de bienestar y ajuste psicosocial.

De este modo, y considerando las características y los cambios que se van experimentando en la adolescencia, se hace necesario con- tar con elementos que permitan evaluar el nivel de adaptación que los adolescentes logran en las diferentes esferas de su vida, por lo que el propósito del presente trabajo fue determinar el nivel de adaptación de los adolescentes de 11 a 17 años de la Ciudad de México en las áreas fa- miliar, escolar y personal, así como las diferencias que muestran con relación al sexo y la edad.

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Participantes

MÉTODO

La muestra estuvo conformada por 707 adolescentes de 11 a 17 años,

  • 270 de los cuales 394 eran mujeres (55.73%) y 313 hombres (44.27%), to- dos ellos estudiantes de escuelas públicas, de sexto de primaria a ter- cero de preparatoria, de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Se seleccionó a 100 estudiantes de sexto grado de primaria de 11 años de dos escuelas primarias; 300 estudiantes de seis escuelas secunda- rias, 100 por cada grado escolar, de 12 a 14 años, y 307 estudiantes de tres preparatorias de la Universidad Nacional Autónoma de México, de 15 a 17 años: 100 de primer grado, 104 de segundo y 103 de tercero. La muestra fue no probabilística, seleccionando aquellas escuelas que mos- traron disponibilidad para llevar a cabo el estudio.

Diseño

Se utilizó un diseño no experimental transeccional descriptivo (Hernán- dez, Fernández y Baptista, 2006), recolectándose los datos en un solo momento, con la finalidad de analizar la variable adaptación en las áreas familiar, escolar y personal en adolescentes de 11 a 17 años de dicha ciudad.

Instrumento

Escala Magallanes de Adaptación (García y Magaz, 1998). Consta de 90 reactivos que miden la adaptación del adolescente en tres grandes es- feras de interacción: familiar, escolar y personal, las cuales son evalua- das a través de seis subescalas: Adaptación al padre (20 reactivos), Adaptación a la madre (20 reactivos), Adaptación a los profesores (14 reactivos), Adaptación a los compañeros (11 reactivos), Adaptación a la escuela (6 reactivos) y Adaptación personal (19 reactivos). Es este un cuestionario tipo Likert con cinco opciones de respuesta: nunca (0), po- cas veces (1), con frecuencia (2), muchas veces (3) y siempre (4). A mayor puntuación, mejor nivel de adaptación.

La adaptación al padre y a la madre informa de la calidad de las relaciones entre el adolescente y cada uno de sus padres: cariño, acep- tación, interés, comprensión, apoyo, trato, comunicación, empatía, ape- go y respeto. La puntuación máxima que se puede alcanzar es de 80.

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La adaptación a los profesores informa del grado de ajuste a los profesores: agrado, satisfacción, apoyo, interés, empatía, comunicación y trato; no permite identificar el ajuste bueno o malo a cada uno de ellos, pero facilita conocer la existencia o no de problemas con las figuras de autoridad que representan. La puntuación máxima posible es de 56.

271

La adaptación a los compañeros proporciona información sobre el grado o nivel de ajuste a los iguales de forma general, aunque no per- mite identificar problemas en la relación concreta con alguno de ellos; mide afecto, empatía, apego, compañerismo, apoyo, comunicación y tra- to. La puntuación máxima es de 44.

La adaptación a la escuela evalúa qué tanto el adolescente valora su educación y el aprendizaje, si los considera útiles y si muestra com- portamientos habituales de respeto y cumplimiento de las normas es- colares. La puntuación máxima posible es de 24.

Finalmente, la adaptación personal permite identificar la existen- cia de problemas personales: situaciones de crisis, autoconcepto y autoes- tima bajos, sentimientos de culpa, tristeza, agresividad y frustración, poca asertividad y riesgos de estrés, ansiedad o depresión. La puntua- ción máxima es de 76.

Procedimiento

Se aplicó la Escala Magallanes de Adaptación a la muestra selecciona- da en los salones en que habitualmente toman clase los alumnos. Una vez aplicados los cuestionarios, se procedió a calificarlos y a ingresar los resultados de cada uno de los 707 estudiantes evaluados a una base de datos para realizar un análisis estadístico a través del progra- ma SPSS, versión15, para determinar si había diferencias significativas entre hombres y mujeres y entre los diferentes grupos de edad, desde los 11 hasta los 17 años, en cada una de las seis escalas de que cons- ta el instrumento.

RESULTADOS

A continuación, se presentan en la Figura 1 las puntuaciones obteni- das por los hombres y las mujeres en cada una de las seis áreas de adaptación que mide el instrumento. Respecto al sexo, se observa una mejor adaptación de las mujeres a los profesores y mejor adaptación

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personal, mientras que los hombres están mejor adaptados al padre y a la madre; por otra parte, en cuanto a la adaptación a los compañeros y a la escuela, las puntuaciones de ambos sexos son casi iguales (las diferencias son de 0.16 y 0.47, respectivamente). Al realizar el análisis

  • 272 estadístico por medio de la prueba t de Student no se encontraron dife-

rencias significativas en cinco de las seis áreas de adaptación respecto al sexo: los adolescentes, hombres y mujeres, muestran el mismo nivel de adaptación a la madre (µH = 61.49, µM = 59.58), a los profesores (µH = 30.57, µM = 31.52), a los compañeros (µH = 30.81, µM = 30.97), a la escuela (µH = 17.52, µM = 17.99) y adaptación personal (µH = 50.47, µM = 51.33). Hubo una diferencia significativa (α = 0.05) en lo relativo a la adaptación al padre, en donde los hombres se encuentran significa- tivamente mejor adaptados que las mujeres (µH = 53.61, µM = 50.65).

Figura 1. Puntuaciones medias obtenidas por hombres y mujeres en cada escala.

.

65 60 55 50 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 Padre Madre
65
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20
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5
0
Padre
Madre
Profesores
Compañeros
Escuela
Personal
Puntuaciones
Escala MUJERES
Escala
MUJERES
HOMBRES
HOMBRES

Si se compara la adaptación a la madre y al padre en la muestra total, como puede observarse en la Figura 2, es mejor la adaptación de los adolescentes a la madre (µ = 60.43) que al padre (µ = 51.96), siendo esta diferencia estadísticamente significativa (α = 0.05).

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Figura 2. Promedio de puntuaciones en adaptación al padre y a la madre en la muestra total.

65 60 55 50 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 Puntuaciones
65
60
55
50
45
40
35
30
25
20
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10
5
0
Puntuaciones

Adaptación al padre*

Adaptación a la madre*

Área de adaptación

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Con referencia a la edad de los adolescentes, a continuación se presen- tan seis figuras en las que aparecen las puntuaciones medias obte- nidas por cada grupo de edad en las tres grandes áreas que evalúa este instrumento: familiar, escolar y personal. En Adaptación al padre, los mejor adaptados son los de 11 años, y los de 15 los menos adap- tados (Figura 3), mientras que en Adaptación a la madre los mejor adap- tados son los de 11 y 12 años y los de 15 y 17 años los menos adapta- dos (Figura 4).

Figura 3. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación al padre en los diferentes grupos de edad.

60 55 50 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 11 12 13
60
55
50
45
40
35
30
25
20
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15
16
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Puntuaciones

Edad

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Figura 4. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación a la madre en los diferentes grupos de edad.

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65 60 55 50 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 11 12
65
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55
50
45
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Puntuaciones

Edad

En el área escolar, en cuanto a los profesores, los mejor adaptados son los adolescentes de 11 años y los menos adaptados son los de 15 (Figu- ra 5); en Adaptación a los compañeros, los mejor adaptados son los de 12 años y los menos adaptados los de 11 (Figura 6), y en Adaptación a la escuela, los mejor adaptados son los de 11 años y los menos adapta- dos los de 16 y 17 años (Figura 7).

Figura 5. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación a los profesores en los diferentes grupos de edad.

45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 11 12 13 14 15 16
45
40
35
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Puntuaciones

Edad

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Figura 6. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación a los compañeros en los diferentes grupos de edad.

40 35 30 25 20 15 10 5 0 11 12 13 14 15 16 17
40
35
30
25
20
15
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0
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Puntuaciones

Edad

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Figura 7. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación a la escuela en los diferentes grupos de edad.

25 20 15 10 5 0 11 12 13 14 15 16 17 Puntuaciones
25
20
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10
5
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11
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13
14
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Puntuaciones

Edad

Por último, en cuanto a adaptación personal, como podemos observar en la Figura 8, los adolescentes mejor adaptados en lo personal son los de 16 años y los que menos lo están son los de 11 años.

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Figura 8. Puntuaciones medias obtenidas en adaptación personal en los diferentes grupos de edad.

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60 55 50 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 11 12 13
60
55
50
45
40
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Puntuaciones

Edad

De manera general, se observa lo siguiente: los adolescentes de 11 años son los que tienen puntuaciones más altas en adaptación al padre, a la madre, a los profesores y a la escuela; los de 12 años, en adaptación a la madre y a los compañeros, y los de 16 años en adaptación perso- nal. Por otro lado, los adolescentes de 11 años son los que obtuvieron puntuaciones más bajas en adaptación a los compañeros y personal; los de 15 años en adaptación al padre, a los profesores y, conjunta- mente con los de 17, a la madre; finalmente, los adolescentes de 17 años son los que obtuvieron puntuaciones más bajas en adaptación a la madre y a la escuela (esta última conjuntamente con los de 16 años).

Al realizar un análisis de varianza para determinar si estas dife- rencias entre los diferentes grupos de edad eran significativas, no se en- contraron diferencias en la adaptación a la madre ni a los compañeros, esto es, los de 11 a 17 años se adaptan de manera semejante a ambos; sin embargo, sí las hubo en la adaptación al padre (α = 0.030), a los profesores (α = 0.000), a la escuela (α = 0.000) y personal (α = 0.008).

Realizando un análisis posterior de interacciones y de Scheffé (α = 0.05) para determinar en qué edades en particular se encontraban esas diferencias, no se encontraron efectos de interacción significativos, pero sí efectos principales de la variable edad. Los adolescentes de 11 años están significativamente mejor adaptados que los de 15 a su pa- dre (µ11 = 56.06, µ15 = 46.31), como se observa en la Figura 3.

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En la adaptación a los profesores, los adolescentes de 11 años son los significativamente mejor adaptados en comparación con los ado- lescentes de los demás grupos de edad (µ11 = 40.62, µ12 = 31.74, µ13 = 31.21, µ14 = 28.02, µ15 = 26.70, µ16 = 30.26 y µ17 = 29.22), lo que se aprecia en la Figura 5.

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En la adaptación a la escuela, están significativamente mejor adaptados los adolescentes de 11 años en comparación con los de 14, 16 y 17 años (µ11 = 19.60, µ14 = 17.16, µ16 = 16.88 y µ17 = 16.31, respectivamente); a su vez, los adolescentes de 12 años están significa- tivamente mejor adaptados que los de 17 (µ12 = 18.69 y µ17 = 16.31), como se puede observar en la Figura 7.

Finalmente, como se aprecia en la Figura 8, en adaptación per- sonal los adolescentes de 16 años (µ16 = 53.17) están significativamente mejor adaptados a un nivel personal que los de 11 años (µ11 = 45.91).

DISCUSIÓN

De los resultados de este estudio se puede concluir que, en cuanto a adaptación familiar en la muestra total de adolescentes estudiada, es mejor la adaptación a la madre que al padre, siendo esta diferencia sig- nificativa. Estos resultados concuerdan con el estudio de Cabrera y cols. (2006), en el que las madres, en comparación con los padres, aceptan, apoyan y monitorean más a sus hijos, y los hijos a su vez perciben que ellas están más pendientes de sus actividades que sus padres. En el contexto de este estudio, es igualmente más común que las madres pa- sen más tiempo cuidando y atendiendo a los hijos, lo que puede facili- tar que los adolescentes en general se sientan aceptados y queridos por ellas, lo cual se reflejó en el nivel de adaptación obtenido por la muestra.

Si se analiza la muestra por sexo, no hay diferencias significati- vas entre hombres y mujeres respecto a la adaptación a la madre, pero sí en relación al padre, al cual se encuentran mejor adaptados los hom- bres que las mujeres. Se puede plantear la hipótesis de que los hombres de la muestra se adaptan mejor al padre como una forma de identifi- carse con esta figura masculina, ya que en la búsqueda de su iden- tidad, de un rol que le permita insertarse en el mundo de los adultos, pueden tomar al padre como un modelo que les permite reconocer lo

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que en la sociedad se espera de un hombre adulto (“Con respecto a mi padre: quiero que le parezca bien lo que hago; me gusta su forma de pensar; lo escucho; le gustan mis ideas; intento que esté contento con- migo; habla bien de mí a sus amistades y familiares; me gustan las

  • 278 mismas cosas que a él; se interesa por mis problemas, etc.”).

En cuanto a la edad, tampoco se observan diferencias significa- tivas en la adaptación a la madre, pero sí al padre; los adolescentes de 11 años están significativamente mejor adaptados al padre que los ado- lescentes de 15 años. Esto puede explicarse a partir de considerar que los chicos de 11 años se encuentran apenas comenzando la adolescen- cia y no entran todavía en conflicto con las reglas que establecen los padres, siendo aún acomodaticios y asumen las normas establecidas, mientras que los de 15 años se encuentran en la adolescencia media, caracterizada por momentos de crisis, consecuencia de la búsqueda de libertad e independencia, por lo que son egocéntricos y dificultan la co- municación con los padres, quienes, de acuerdo también al contexto so- cial y cultural, son los que comúnmente establecen lo que ha de hacerse y esperarse de los adolescentes. Estos resultados concuerdan en parte con lo encontrado por Estévez y cols. (2005) de que los adolescentes hombres de mayor edad tienen más problemas de comunicación con ambos padres.

En lo concerniente a la adaptación escolar, los hombres y las mu- jeres lo hacen de igual forma, siendo incluso sus puntuaciones en la adaptación a los compañeros y a la escuela casi iguales (menos de 0.5 de diferencia); en la adaptación a los profesores se encontró una dife- rencia mínima (menos de 1.0). Por otro lado, tomando en cuenta la edad, tampoco hay diferencias en la adaptación a los compañeros en los dife- rentes grupos de edad, pero sí en la adaptación a los profesores: los chi- cos de 11 años están significativamente mejor adaptados que los ado- lescentes de los otros grupos de edad; en la adaptación a la escuela, de nuevo los de 11 años están mejor adaptados que los de 14, 16 y 17, en tanto que los de 12 años se encuentran mejor adaptados que los de 17 años.

El que los adolescentes de todas las edades estudiadas refieran puntuaciones similares en la adaptación a los compañeros implica esa tendencia a buscar en los iguales el apoyo y entendimiento de los cam- bios físicos, sociales y emocionales que están experimentando (“Los com- pañeros que tengo: me gustan; platico con ellos; creo que me aprecian; me llevo bien con ellos; se portan bien conmigo; si alguien me critica

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me defienden; me ayudan cuando se los pido, etc.”). Como se señala en los estudios de Laible y cols. (2000) y de Kurdek y Sinclair (1988), en esta etapa de la adolescencia es muy importante el vínculo de apego con los amigos para el ajuste psicosocial.

En lo referente a la adaptación a los profesores, sucede algo si- milar a la adaptación que los chicos de 11 años muestran con su pa- dre; ya que el profesor es una figura de autoridad, es de esperarse que los adolescentes de 11 años aún asuman las reglas o demandas que los profesores les imponen, mientras que los adolescentes de los otros gru- pos de edad pueden mostrarse insatisfechos con los lineamientos es- tablecidos por el profesor en el ámbito escolar (“Con respecto a mis pro- fesores: platico con ellos, ellos platican conmigo, demuestran interés en mí, me tratan bien, intento agradarles, pienso que me aprecian, me gustan, pienso que están satisfechos conmigo, recibo elogios de su par- te por mis trabajos y mi comportamiento, me ayudan cuando se los pi- do, pienso que son buenos profesores…”).

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En la escuela se adaptan mejor los de 11 años respecto a los de 14, 16 y 17, y los de 12 con relación a los de 17 años, siendo así los me- jor adaptados en esta área los de 11 y 12 años, y los menos adapta- dos los de 16 y 17 años. En el estudio de Estévez y cols. (2005) también los adolescentes más jóvenes mostraron un mejor ajuste escolar. Los presentes resultados refieren que los adolescentes más jóvenes –que en el contexto mexicano se encuentran cursando el último año de la es- cuela primaria y el primero de la secundaria– aún pueden considerar la importancia del estudio, la atención a las clases, el cumplimiento de las tareas y de normas que en el ámbito escolar se establecen, a diferen- cia de los adolescentes de 16 y 17 años, quienes se encuentran común- mente cursando ya el nivel medio superior y que, dadas las caracterís- ticas propias de este momento de la adolescencia, pueden en ocasiones perder el control y exhibir conductas inadecuadas, o bien, en su gran afán de independencia, pueden estar en desacuerdo con las reglas esta- blecidas en la escuela y, por lo tanto, mostrarse renuentes a seguirlas, generando con ello problemas de adaptación (“Estoy contento en clase, estoy satisfecho con mi escuela; aunque no me agraden, cumplo las normas de clase, realizo las tareas que me dejan, presto atención en cla- se a las explicaciones del profesor, aprendo mucho asistiendo a clase…”).

Finalmente, en cuanto a la adaptación personal, se adaptan de manera semejante tanto los hombres como las mujeres, pero anali- zando los resultados de acuerdo a la edad, los menos adaptados son

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los adolescentes de 11 años y los más adaptados los de 16 años (“Suelo hacerme reproches por las cosas que hago; tengo muchos problemas conmigo mismo; me encuentro nervioso sin saber por qué; me gusta- ría morirme; me preocupa lo que otros piensen de mí; estoy triste y abu-

  • 280 rrido; si me critican siento vergüenza; me cuesta tomar decisiones; me

dan miedo las dificultades; tengo poca iniciativa; me veo diferente a los demás; siento ira o agresividad; me cuesta expresar lo que siento; pien- so que todo lo hago mal; me siento mal si no consigo lo que deseo…”). Estos datos se relacionan con lo que Macías (2000) y Castells y Silber (2000) señalan respecto a los chicos que se encuentran en la adolescen- cia media (donde se incluyen los de 16 años). En este momento, la ma- duración afectiva del adolescente se expresa en ciertas actitudes que manifiestan un fuerte sentimiento de autoafirmación de la personalidad y, a pesar de que pueden presentar comportamientos de obstinación, terquedad, afán de contradicción, entre otros, también pueden tener la posibilidad de considerar que cuentan con características personales que les favorecen para su inserción en el mundo adulto. Los cambios físicos ya han ocurrido en su mayoría, por lo que ahora no se preocu- pan tanto por su autoimagen sino que se enfocan más a reafirmar su autoconcepto; así, pueden comenzar a sentirse satisfechos con su for- ma de ser y de actuar, a diferencia de los chicos de 11 años, quienes, al estar en la primera etapa o inicio de la adolescencia, están comen- zando a vivir los cambios físicos que pueden impactarlos fuertemente en la esfera emocional, comenzando por su autoimagen y por la nece- sidad de irse reconociendo ya no como niños, sino como adolescentes próximos a asumir roles que tal vez impliquen la pérdida de ciertas prioridades que como niños podían tener, lo cual puede generarles an- gustia o insatisfacción, que se manifiesta en la presencia de conductas de desajuste internalizantes y externalizantes.

Los resultados encontrados en este estudio concuerdan con lo que teóricamente se establece para las diferentes etapas de la adolescencia:

una mejor adaptación a los padres y en el contexto escolar en la ado- lescencia temprana, y justo lo contrario en la adolescencia media, así como una mejor adaptación personal en los últimos años de la adoles- cencia. De acuerdo a los autores revisados y a los resultados obtenidos en el estudio, se sugiere incrementar los factores positivos que influyen en una buena adaptación del adolescente. Esos factores positivos se refieren, en cuanto al padre y la madre, a la comunicación abierta y fluida, es decir, el intercambio de puntos de vista de manera clara, res-

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petuosa, afectiva y empática entre padres e hijos, además, estar al tanto de sus actividades, conocer a sus amigos, brindarles aceptación, cariño, respeto, comprensión y apoyo, así como minimizar el trato rudo y el control psicológico; para intentar nulificar esa diferencia de adaptación a favor de la madre, involucrar más al padre, desde las etapas tempra- nas de desarrollo, en la crianza y cuidado de los hijos. Respecto a los profesores, manifestar y demostrar interés, apoyo, comunicación, buen trato y empatía a sus alumnos adolescentes; como concluyen Martínez y cols. (2007), cuando el profesor se esfuerza por establecer contactos positivos, les presta atención individualizada, los trata con respeto y les ofrece apoyo, disminuyen los comportamientos agresivos en el aula y los adolescentes expresan mejores sentimientos de bienestar y ajuste psicosocial.

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Si el adolescente está bien adaptado en las áreas familiar y es- colar, ello influirá positivamente en su adaptación personal y estabili- dad emocional, se relacionará de mejor manera con los demás, tendrá un autoconcepto y una autoestima adecuados, mostrará niveles de aser- tividad, independencia y percepción de bienestar psicológico apropia- dos, lo que puede fomentar la prevención de problemas psicológicos o emocionales tales como sentimientos de culpa, tristeza, ansiedad, agre- sividad y riesgos de depresión.

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