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IDEAS & DEBATES

36 | IDEAS & DEBATES Fotomontaje: Natalia Rizzo Dialéctica y epistemología genética En IdZ 7 se
Fotomontaje: Natalia Rizzo
Fotomontaje: Natalia Rizzo

Dialéctica y epistemología genética

En IdZ 7 se discutieron los reduccionismos de moda en las neurociencias, desde un enfoque en que la dialéctica y la lectura que el marxismo hizo de ella cumplían un importante rol. Aquí abordaremos cómo esa tradición se ha problematizado en el terreno epistemológico alrededor de las conceptualizaciones de Rolando García, que ha destacado allí el lugar de la dialéctica y señalado paralelismos y diferencias con el marxismo.

Ariane Díaz Comité de redacción.

Formado en las ciencias duras, García discutió duramente contra el empirismo, del que fue un “convertido” 1 . Distanciándose a la vez de cual- quier tendencia al apriorismo, postuló al cons- tructivismo genético como una alternativa para dar cuenta de las teorías que acompañaron a la cantidad de desarrollos científicos que, duran- te el siglo XX, provocaron tanto entusiasmo co- mo crisis en las teorías científicas. También se ocupó de los cambios de “marcos epistémicos” –sistemas de pensamiento que permean las con- cepciones de una cultura y condicionan sus teo- rizaciones 2 – que marcaron época. La apelación a la dialéctica como un eje del proceso cognitivo lo llevó a retomar las nocio- nes que había realizado el marxismo. De he- cho, García destacó a Marx –en economía política– junto a Piaget –en psicología– como antecedentes de las teorías sobre los sistemas complejos, desarrolladas posteriormente 3 . Tres puntos podrían destacarse de esta relación en- tre constructivismo y marxismo: la noción del

desarrollo cognitivo como proceso no lineal; la interacción entre sujeto y objeto de conoci- miento a través de la actividad del primero; y la consideración de las determinaciones socia- les de la historia de las ciencias. A lo largo de es- tos núcleos también habrá delimitaciones entre los abordajes de los marxistas clásicos y aque- llos del constructivismo.

La acción como generadora de conocimiento

García postula que el conocimiento surge de un proceso de organización de las interaccio- nes entre el sujeto y el objeto de conocimiento:

“La génesis de las relaciones y de las estructuras lógicas y lógicas-matemáticas está en las inte- racciones sujeto-objeto. No proviene del objeto, como abstracciones y generalizaciones de per- cepciones empíricas, ni del sujeto, como intui- ciones puras o ideas platónicas” 4 . Según García, los niños desarrollan determi- nados esquemas de acción para interactuar con el mundo que los rodea. Dichos esquemas no solo generan totalidades organizadas, sino que son a la vez “organizantes, en tanto ese algo exterior adquiere significación” 5 . Tales formas elementales son las que, mediante reacomoda- mientos y reestructuraciones, darán lugar a las estructuras lógicas que conforman los sistemas más desarrollados, como los científicos, que en- cuentran así en la acción su punto de partida. La apelación a esta capacidad organizante es- tá dirigida contra el empirismo: “la ‘lectura’ de los hechos supone instrumentos de asimilación, que no son sino formas de organización que de- penden de las estructuras operatorias construi- das por el sujeto” 6 . Es decir que el conocimiento implica un papel activo del sujeto, algo que Marx había destacado como aporte positivo del idea- lismo alemán en sus tesis sobre Feuerbach y más explícitamente, referido al método de la econo- mía política, en los Grundrisse, a los que García cita en sus pasajes metodológicos como coinci- dentes con el pensamiento piagetiano 7 . A su vez, la noción de García del conocimien- to como proceso retroductivo, es decir, que par- te de las etapas más avanzadas en las cuales los mecanismos se tornan más claros 8 , sin duda puede compatibilizarse con las afirmaciones allí hechas de que las categorías más complejas dan la clave de las más simples, como la anatomía del hombre explica la del mono, según la famo- sa cita de Marx. Y así como en Marx eso no im- plica un escondido teleologismo por el cual el mono debía convertirse en el hombre, García también aclara que cuando un sistema abierto entra en crisis, la orientación de su reestructu- ración no está predeterminada 9 . Sin embargo, García señala una diferencia con la concepción esbozada por Marx respecto del pa- pel de la actividad del sujeto. Dice: “En Marx, la praxis genera conocimiento, el conocimiento de la sociedad, del mundo, de la historia, se obtiene actuando sobre la sociedad. En Piaget, la acción genera los instrumentos que permiten organizar las interacciones con el mundo exterior, a partir de las cuales se genera el conocimiento” 10 . Castorina y Baquero señalan que esta es una de las diferencias entre cómo se entien- de la acción focalizada por Piaget –limitada a

los procesos cognitivos–, y las ideas de Marx sobre la praxis, entendida como una dialécti- ca de adaptación activa del hombre al mun- do social y natural 11 . García reafirmará el lugar que, con Piaget, dieron a la sociedad en la ge- neración del conocimiento, pero insistirá en que esas condiciones no modifican los meca- nismos que los seres humanos necesitan pa- ra adquirir conocimientos 12 , que requieren un análisis específico. Si se puede afirmar que la noción de praxis marxista no niega la especifi- cidad de las herramientas de conocimiento, y de hecho da pautas sobre ellas, efectivamente es una noción más amplia que supone una tesis tanto epistemológica como antropológica: “los hombres que desarrollan su producción ma- terial y su intercambio material cambian tam- bién, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento” 13 .

Fases estructurantes y espiral dialéctica

Si un elemento central del constructivismo es la idea de desarrollo del conocimiento por eta- pas, también lo es que dicho desarrollo no es un proceso lineal sino forjado por crisis que requie- ren una reestructuración. Dice García: “La evolución de tales sistemas no se realiza a través de procesos que se mo- difican de manera gradual y continua, sino que procede por una sucesión de desequilibrios y reorganizaciones” 14 . Son justamente esos pe- ríodos de reestructuración los que Piaget había descripto como propiamente dialécticos. La importancia dada a la dialéctica en el proce- so cognitivo lo llevó, incluso, a retomar las lectu- ras que Lenin hiciera de Hegel, en las que García encontró un programa de investigación episte- mológico que anticipa aquel desarrollado por Piaget. Entre las convergencias que señala están la insistencia de Lenin en tratar los fenómenos como sistemas interrelacionados con crecientes grados de complejidad; el hincapié puesto en la diferenciación e integración de elementos en una totalidad; el señalamiento del carácter asintótico del conocimiento; y la reconstrucción en una fa- se superior de lo que pasa en el estadio inferior (constituyendo una espiral) 15 . Contra diversas críticas que se realizaron a Pia- get, García insiste en que, si la discontinuidad se da en las fases estructurantes, ello no signifi- ca que las fases estructuradas sean estáticas: “La transición de un estadio a otro es un ejemplo tí- pico de la inestabilidad de un sistema que no lo- gra ya absorber ciertas perturbaciones (…) y debe por lo tanto reorganizar los instrumentos asimila- dores para incorporar nuevas situaciones” 16 . Por otro lado, se ocupará de que no se con- funda la noción de dialéctica que utiliza pa- ra esas fases estructurantes con un mecanismo que establece relaciones “de forma caótica” 17 , o que se confunda con lo que ha dado en llamar “el credo organicista” propio de la tradición de Oriente, según el cual todo en el Universo se- rían procesos de cambios en sucesión continua. Esto último es algo que, considera, podría ad- vertírsele al marxismo 18 . Efectivamente, reducir la idea de dialécti- ca al “todo cambia” es una simplificación que no le cabe a Marx, y ni siquiera a Hegel. Si

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Marx declaró haber “coqueteado” con la dia- léctica hegeliana cuando concebía lo existen- te en el fluir del movimiento y enfocaba su

aspecto transitorio, no dejó por ello de expli- car la estructura capitalista en sus tendencias

y contratendencias; si Engels la rescató con-

tra una visión de la naturaleza “dada de una vez y para siempre” –desarrollo que García no comparte– fue para rechazar las concep- ciones basadas en un acto de creación divi- na, sin por eso asumir una “teoría del caos”. El entusiasmo de Lenin por los “saltos” que lee en Hegel solo pueden entenderse en re- lación a una cierta acumulación cuantitativa previa; finalmente, otro marxista que se inte- resó por el problema epistemológico, Trotsky, señala un proceso dialéctico que, como gusta- ría a García, da importancia tanto a los cam- bios producidos en una estructura, como a sus elementos relativamente constantes:

El mundo no es “fluido”, hay cambios en él, la cristalización de elementos durables (coagula- dos), aunque no por cierto “eternos”. Entonces la vida crea sus propios márgenes para sí misma para más tarde borrarlos. Los cambios cuanti- tativos de materia de un estadio dado presio- nan contra esas formas coaguladas, las cuales eran suficientes para un estadio previo. Con- flicto. Catástrofe. O la vieja forma vence (solo parcialmente vence), haciendo necesaria la au- toadaptación del proceso (parcialmente) con- quistado, o el proceso de movimiento revienta la vieja forma y crea una nueva, por medio de nuevas cristalizaciones de sus matrices y la asi- milación de elementos de la vieja forma 19 .

De hecho, Trotsky extiende esta visión a las teorías científicas explícitamente, fascinado por todos los casos en que éstas pusieron “pa- tas arriba” sus presupuestos: “estas transforma- ciones no tienen un carácter evolutivo [estable] sino que están acompañados por cortes en gra- duación, esto es, por pequeñas o grandes ca-

tástrofes intelectuales. En suma, esto también significa que el desarrollo del conocimiento tie- ne un carácter dialéctico” 20 . García aclara que no debemos dejarnos lle- var por los estereotipos que de la tríada he- geliana o del pensamiento dialéctico de Marx se han hecho 21 , pero a la vez, suele igualar en su lectura de la tradición dialéctica a Platón, al taoísmo, a Hegel o a Marx; quizás dema- siado enfocado en la discusión con el empi- rismo –una tradición más bien anglosajona–, no llega a problematizar que muchas de las categorías del constructivismo bien podrían considerarse una “traducción”, en sus propios términos, de problemas que trató la tradición dialéctica alemana, donde la crítica, la histo- ria y la dialéctica fueron centrales. El marxis- mo abrevó de esas fuentes cuestionadoras del entusiasmo científico positivista de su época, a

la vez que las replanteó radicalmente.

Conocimiento y condiciones externas

Señalamos ya la idea de “marco epistemológi- co” con la que García intenta dar cuenta de las determinaciones sociales que condicionan los »

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38 | IDEAS & DEBATES “ Los adversarios a desafiar fueron para Marx en cierta medida

Los adversarios a desafiar fueron para Marx en cierta medida los mismos que para García: el empirismo por un lado, pero también la asunción hegeliana de la ‘idea’ como generadora de la realidad.

procesos cognoscitivos, algo que sin duda tam- bién fue motivo de interés para el marxismo. Pero García opina también que, de no darse es- pecificidad al problema epistemológico, lo que tendremos es una sociología de la ciencia que no logrará desentrañar los problemas de cómo se logra la “explicación científica” de un fenómeno. Discutiendo con el empirismo que no hay sim- plemente “hechos” puros que recabar –García apunta sobre todo a cómo en las ciencias so-

ciales los “hechos” están lejos de ser neutrales–, pero también con las teorías postempiristas que, decepcionadas, vieron a la ciencia como un fe- nómeno meramente subjetivo 22 , García busca-

rá ejemplificar la relación que debe establecerse

entre las descripciones y las inferencias teóri-

cas que se dan del fenómeno. Para ello recuenta

el ejemplo de cómo las “leyes de Kepler” sobre

la trayectoria elíptica de los planetas, hechas

a partir de sus mediciones astronómicas, ter-

minaron coincidiendo con las inferencias ma- temáticas que hiciera Newton basado en sus formulaciones previas sobre la mecánica. Gar- cía concluye que “este concepto de explicación basado en la atribución, a las relaciones empíri- cas, de las conexiones necesarias que se verifi- can en las estructuras lógico-matemáticas de las

teorías científicas, constituye la base más sólida para fundamentar la construcción del concepto de realidad” 23 . Acá encontramos nuevamente confluencia pe- ro también diferencias con la tradición marxis- ta. Los adversarios a desafiar fueron para Marx en cierta medida los mismos que para García: el empirismo por un lado, pero también la asun- ción hegeliana de la “idea” como generadora de

la realidad. Pero García le endilga a Engels ha-

ber cometido un error hegeliano en sus análisis de la dialéctica de la naturaleza, un “realismo ingenuo” que habría abusado de las teorizacio- nes de Marx al extender la dialéctica a un terre- no externo al desarrollo cognitivo; una crítica en la cual, por lo demás, no está solo, incluso dentro del marxismo, ya que ha sido habitual leer a Engels como defensor de una concepción mecanicista y apriorista. No podemos abordar esta discusión aquí, pero señalemos un proble- ma que suele formar parte de estas críticas y que sin embargo las excede.

La consideración de la dialéctica como cons- titutiva de una realidad externa al proceso epis- temológico, que “trabajada” se expresa en las formas de conocimiento de esa realidad con sus propias características, no implica necesa- riamente ni una mecánica teoría del reflejo, ni una negación de la especificidad de estos fenó- menos, ni una proyección apriorística que fuer- ce los hechos. Más allá de las consideraciones que se hagan de cómo fueron desarrollados al- gunos de estos intentos, el problema de fondo en estas polémicas es cuál es la relación entre, en palabras de Marx, el “concreto pensado” y el “concreto real” en el proceso de conocimiento. Hablando de su tema, el capitalismo, Marx dirá en los Grundrisse:

hay que tener siempre en cuenta que el sujeto –el capitalismo– es algo dado tanto en la men- te como en la realidad, y que las categorías, por tanto, expresan formas de ser, determinaciones de existencia, a menudo simples aspectos de es- ta sociedad determinada, de este sujeto, y que por lo tanto, aun desde el punto de vista cientí- fico, su existencia no comienza en el momento en que empieza a pensarse en ellas 24 .

Si para Marx no hay un reflejo mecánico ni una identidad hegeliana entre sujeto y objeto, sí hay una unidad, que no se agota en el proce- so de conocimiento. Una vez más, si no niega su especificidad, la relación tiene en Marx un sentido ontológico más fuerte que en la inter- pretación de García. Esa unidad tiene su base en la praxis, como enuncia en su segunda “Te- sis sobre Feuerbach”: “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es de- cir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento” 25 . Los ejemplos referidos al mundo físico habían incomodado a autores que, criticando la idea de dialéctica de la naturaleza, separaron las cien- cias sociales, que estudian fenómenos que pue- den ser considerados subjetivos, del estudio de los fenómenos físicos. No es el caso de García, para quien: “en tanto se trate de la asimilación de objetos de conocimiento, no hay dicotomía, en el nivel psicogenético, entre los fenómenos del mundo físico y los fenómenos del mundo

social” 26 . Por otro lado, García incursiona en un cierto isomorfismo entre los procesos biológi- cos en su adaptación al medio y los procesos cognitivos: “En tanto tales, obedecen a meca- nismos de desarrollo similares, los cuales si bien poseen particularidades propias de cada domi- nio, tiene características comunes” 27 . Sin embargo, quizás obligado a diferenciarse del uso arbitrario que el estalinismo hizo de la dialéctica en el terreno científico, García no ve en el fondo del planteo engelsiano un isomor- fismo similar al que él propone. Si es cierto que el estalinismo aunó en su visión de la dialéctica lo peor del mecanicismo empirista y del aprio- rismo idealista, tomar como objeto de discusión dichos estereotipos no permitirá avanzar en la discusión sobre la “terrenalidad del pensamien- to”. Y también es cierto que, a décadas de que el stalinismo en nombre de la dialéctica elimi- nara la enseñanza de la lógica formal en pos de una “lógica dialéctica”, lo que se le ha opuesto al marxismo en las últimas décadas es más bien un relativismo posmoderno que teóricamente reduciría la filosofía de la ciencia a meros efec- tos del discurso. La dialéctica del conocimiento, para los mar- xistas, lo que hace esencialmente es señalar, con sus especificidades, la historicidad tanto del su- jeto como del objeto de conocimiento. Así lo re- sume Trotsky: “¿Qué expresa la lógica? ¿La ley del mundo exterior o la ley de la conciencia? La pregunta está planteada dualísticamente, [y] por lo tanto no correctamente [porque] las le- yes de la lógica expresan las leyes (reglas, méto- dos) de la conciencia en su relación activa con el mundo exterior” 28 .

en su relación activa con el mundo exterior” 2 8 . 1. Sistemas complejos , Barcelona,

1. Sistemas complejos, Barcelona, Gedisa, 2006, p. 37.

2. El conocimiento en construcción, Barcelona, Ge-

disa, 2000, p. 157.

3. Ibídem, p. 77.

4. Ibídem, p. 61.

5. Ibídem, p. 99.

6. Ibídem, p. 123.

7. Posfacio a Piaget, Las formas elementales de la dia-

léctica, Barcelona, Gedisa, 1982, p. 203.

8. El conocimiento…, ob. cit., p. 51.

9. Piaget y García, Hacia una lógica de significacio-

nes, Barcelona, Gedisa, 1997, p. 130.

10. “Piaget, las ciencias y la dialéctica” en Herramien-

ta 19, 2002.

11. Castorina y Baquero, Dialéctica y psicología del

desarrollo, Madrid, Amorrortu, 2005, p.71.

12. El conocimiento…, ob. cit., p. 90.

13. Marx y Engels, La ideología alemana, Bs. As., Pue-

blos Unidos, 1985. Engels desarrollará esta idea co- mo clave de la evolución humana a través del trabajo.

14. El conocimiento…, ob. cit., p. 77.

15. Posfacio a Piaget, ob. cit., pp. 203-206.

16. Piaget y García, Hacia una lógica…, ob. cit.,

p. 130.

17. Posfacio a Piaget, ob. cit., p. 208.

18. El conocimiento…, ob. cit., p. 169.

19. Trotsky, “Cuadernos 1933-35” en Escritos filosó-

ficos, Bs. As., CEIP, 2004, p.54.

20. Ibídem, p. 64.

21. El conocimiento…, ob. cit., p. 169.

22. Ibídem, p. 199-202.

23. Ibídem, p. 207.

24. Madrid, Siglo XXI, 1997, p. 27.

25. Marx y Engels, La ideología alemana, ob. cit.

26. El conocimiento…, ob. cit., p. 62.

27. Piaget y García, Hacia una lógica…, ob. cit., p. 117.

28. Trotsky, ob. cit., p. 50.

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