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Comentarios de Elena G de White

Ministerios PM

Daniel 8

Lección 5

Ministerios PM WWW.PMMINISTRIES.COM Daniel 8 Lección 5 Para el 29 de Julio del 2006 Sábado 22

Para el 29 de Julio del 2006

Sábado 22 de Julio.

Mientras los hombres le honraban confiándole las responsabilidades del estado y los secretos de reinos que ejercían dominio universal, Daniel fue honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete a doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que “hasta el tiempo del fin” -en el plazo final de la historia de este mundo- se le permitiría ocupar otra vez su lugar. No le fue dado comprender todo lo que Dios había revelado acerca del propósito divino,

sino que se le ordenó acerca de sus escritos proféticos: “Tú empero, Daniel, cierra las palabras

y sella el libro”, pues esos escritos debían quedar sellados “hasta el tiempo del fin”. Las

indicaciones adicionales que el ángel dio al fiel mensajero de Jehová fueron: “Anda, Daniel,

que estas palabras están cerradas y selladas, hasta el tiempo del cumplimiento

fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días” (Daniel 12:4, 9, 13) (Profetas y

reyes, pp. 401, 402).

Y tú irás al

Domingo 23 de Julio: “Animales, otra vez”

Leed el libro de Daniel. Recordad punto por punto la historia de los reinos que allí se presenta. Contemplad a los estadistas, los concilios, los ejércitos poderosos, y ved cómo Dios obró para abatir el orgullo humano y humilló hasta el polvo la gloria humana. Sólo Dios es presentado como grande. En la visión del profeta se lo ve derribando a un poderoso gobernante

y colocando a otro. Se lo revela como el monarca del universo que está por establecer su reino

eterno: el Anciano de días, el Dios viviente, la Fuente de toda sabiduría, el Gobernante del

presente, el Revelador del futuro. Leed y comprended cuán pobre, cuán frágil, cuán efímero, cuán falible, cuán culpable es el hombre que eleva su alma a la vanidad

La luz que Daniel recibió directamente de Dios le fue dada especialmente para estos últimos días. Las visiones que tuvo a orillas del Ulai y del Hidekel, los grandes ríos de Sinar, ahora están en el proceso de su cumplimiento, y pronto habrán sucedido todos los acontecimientos predichos (Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1188).

El reino medo-persa fue visitado por la ira del cielo porque la ley de Dios era pisoteada. El temor de Dios no hallaba lugar en los corazones del pueblo, porque estaban llenos de maldad, blasfemia y corrupción. Los reinos que le siguieron fueron aún más degradados y corruptos porque despreciaron una alianza con el Dios verdadero. Al rechazarlo, se hundieron más y más en la escala de los valores morales (The Youth’s Instructor, septiembre 22, 1903).

Lunes 24 de Julio: “El cuerno pequeño”

Al eliminar el detector de errores, Satanás obró de acuerdo con su voluntad. La profecía declaraba que el papado pensaría en “cambiar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25). No se demoró en intentar esa obra. Para permitir que los paganos se convirtieran y encontraran un sustituto de los ídolos que adoraban, y para promover de ese modo la aceptación nominal del cristianismo, se introdujo gradualmente en el culto cristiano la adoración de imágenes y reliquias. El decreto de un concilio general finalmente confirmó ese sistema de idolatría papal. Para completar su obra impía, Roma pretendió eliminar el segundo mandamiento de la ley de Dios, que prohíbe la adoración de imágenes, y dividió el décimo mandamiento en dos para conservar el número exacto.

Esa actitud de retroceso ante el paganismo abrió el camino para apartarse aún más de la autoridad del cielo. Satanás atacó al cuarto mandamiento también, y trató de poner a un lado el antiguo sábado que Dios había bendecido y santificado, para exaltar en su lugar la fiesta que guardaban los paganos con el nombre de “venerable día del sol”. Al principio ese cambio no se llevó a cabo abiertamente. En los primeros siglos todos los cristianos guardaban el sábado. Cuidaban celosamente el honor de Dios, y como creían que su ley era inmutable, conservaban religiosamente el carácter sagrado de sus preceptos. Pero con gran sutileza Satanás obró por medio de sus instrumentos para lograr sus propósitos. Para que la atención de la gente se dirigiera al domingo, lo convirtió en una festividad en honor de la resurrección de Cristo. Se celebraban servicios religiosos ese día; no obstante, se lo consideraba aún como un día de recreación, y el sábado seguía siendo guardado religiosamente.

Constantino, pagano aún, promulgó un decreto para apoyar la observancia general del domingo como una festividad pública en todo el Imperio Romano. Después de su conversión siguió siendo un ferviente abogado del domingo, y su edicto pagano fue puesto en vigencia en provecho de su nueva fe. Pero el honor manifestado hacia ese día no era suficiente para impedir que los cristianos consideraran que el sábado era el día santo del Señor. Había que dar otro paso más; el falso día de reposo debía ser exaltado para lograr su igualdad con el verdadero. Pocos años después de la promulgación del decreto de Constantino, los obispos de Roma le confirieron al domingo el título de día del Señor. De ese modo se indujo a la gente gradualmente a que considerara que poseía un cierto grado de santidad. No obstante, se seguía guardando el sábado original.

El archiengañador no había terminado su obra. Estaba resuelto a reunir al mundo cristiano bajo su estandarte, y a ejercer su poder por medio de su representante, el orgulloso pontífice que pretendía ser el representante de Cristo. Logró cumplir sus propósitos por medio de paganos semiconvertidos, prelados ambiciosos y miembros de iglesia mundanos. Se celebraron, de tiempo en tiempo, grandes concilios a los que concurrían dignatarios de la iglesia procedentes de todas partes del mundo. En casi cada uno de ellos se degradaba un poco más el sábado que Dios había instituido, mientras en forma proporcional se exaltaba el domingo. De

ese modo la festividad pagana finalmente llegó a ser honrada como una institución divina, mientras al sábado de la Biblia se lo declaró reliquia del judaísmo, y se insistió en que su observancia era maldita (La historia de la redención, pp. 344-346).

Martes 25 de Julio: “El cuerno pequeño (cont.)”

El gran apóstata logró éxito al exaltarse a sí mismo “contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto” (2 Tesalonicenses 2:4). Se había atrevido a cambiar el único precepto de la ley divina que en forma inconfundible señala a toda la humanidad al Dios verdadero y viviente. En el cuarto mandamiento el Señor se presenta como Creador de los cielos y la tierra, y por lo tanto como distinto de todos los dioses falsos. El séptimo día fue santificado para que fuera un día de reposo para el hombre, como un monumento de la obra de la creación. Se lo instituyó para que mantuviera al Dios viviente siempre delante de las mentes como la fuente de todo ser y objeto de reverencia y culto. Satanás trató de desviar a los hombres para que no manifestaran lealtad a Dios ni rindieran obediencia a su ley; por lo tanto dirigió sus esfuerzos especialmente contra ese mandamiento que señala a Dios como Creador.

Los protestantes insisten ahora en que la resurrección de Cristo en domingo es el origen del día de reposo cristiano. Pero no hay evidencias bíblicas para esto. Ni Cristo ni los apóstoles le dieron tal honor a ese día. La observancia del domingo como institución cristiana tiene sus orígenes en el “misterio de la iniquidad” que, ya en los días de Pablo, había comenzado a obrar. ¿Dónde y cuándo adoptó el Señor a este hijo del papado? ¿Qué razones valederas se pueden presentar para justificar un cambio acerca del cual las Escrituras guardan silencio?

En el siglo VI el papado ya estaba firmemente establecido. La sede de su poder se hallaba en la ciudad imperial, y se declaró que el obispo de Roma era la cabeza de toda la iglesia. El paganismo había cedido su lugar al papado. El dragón había dado a la bestia “su poder y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2). Y entonces comenzaron los 1.260 años de opresión papal predichos en las profecías de Daniel y Juan. (Daniel 7:25; Apocalipsis 13:5-7). Los cristianos se vieron obligados a elegir entre renunciar a su integridad y aceptar las ceremonias y el culto católico, o pasarse la vida en las mazmorras, o morir en el potro, entre rejas o víctimas del hacha del verdugo. Entonces se cumplieron las palabras de Jesús: “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” (S. Lucas 21:16, 17). La persecución se desató sobre los fieles con mayor furia que antes, y el mundo se convirtió en un vasto campo de batalla. Por cientos de años la iglesia de Cristo encontró refugio escondiéndose y en la oscuridad. Así dice el profeta: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días” (Apocalipsis 12:6) (La historia de la redención, pp. 346-348).

El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios. Daniel dice del cuerno pequeño, o sea del papado: “Pensará en mudar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25). Y San Pablo llama al mismo poder el “hombre de pecado”, que había de ensalzarse sobre Dios. Una profecía es complemento de la otra. Sólo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios; y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios (El conflicto de los siglos, p. 499).

Miércoles 26 de Julio: “La purificación del Santuario”

“Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y de mañana; y el santuario será purificado” (Daniel 8:14).

Como pueblo, debemos ser estudiantes fervorosos de la profecía; no debemos descansar hasta que entendamos claramente el tema del santuario, que ha sido presentado en las visiones de Daniel y de Juan. Este asunto arroja gran luz sobre nuestra posición y nuestra obra actual, y nos da una prueba irrefutable de que Dios nos ha dirigido en nuestra experiencia pasada. Explica nuestro chasco de 1844, mostrándonos que el santuario que había de ser purificado, no era la tierra, como habíamos supuesto, sino que Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial, y allí está realizando la obra final de su misión sacerdotal.

Se había llegado al resultado de que los 2.300 días empezaban desde el momento de haber entrado en vigor el decreto de Artajerjes ordenando la restauración y edificación de Jerusalén, en el otoño del año 457 A.C. Tomando esto como punto de partida, había perfecta armonía en la aplicación de todos los acontecimientos predichos en la explicación de ese período hallada en Daniel 9:25-27. Las setenta semanas, o 490 años, les tocaban especialmente a los judíos.

Al fin del período, la nación selló su rechazamiento de Cristo con la persecución de sus discípulos, y los apóstoles se volvieron hacia los gentiles en el año 34 de nuestra era. Habiendo terminado entonces los 490 primeros años de los 2.300, quedaban aún 1.810. “Entonces -dijo el ángel- será purificado el santuario” (La fe por la cual vivo, p. 210).

En el sistema típico —que era sombra del sacrificio y del sacerdocio de Cristo— la purificación del santuario era el último servicio efectuado por el sumo sacerdote en el ciclo anual de su ministerio. Era el acto final de la obra de expiación: una remoción o apartamiento del pecado de Israel. Prefiguraba la obra final en el ministerio de nuestro Sumo Sacerdote en el cielo, en el acto de borrar los pecados de su pueblo, que están consignados en los libros celestiales. Este servicio envuelve una obra de investigación, una obra de juicio, y precede inmediatamente a la venida de Cristo en las nubes del cielo con gran poder y gloria, pues cuando él venga, la causa de cada uno habrá sido fallada. Jesús dice: “Mi galardón está conmigo, para dar la recompensa a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12, V.M.) Esta obra de juicio, que precede inmediatamente al segundo advenimiento, es la que se anuncia en el primer mensaje angelical de Apocalipsis 14:7: “Temed a Dios y nadie honra; porque ha llegado la hora de su juicio!” (El conflicto de los siglos, pp. 401, 402).

Cuando terminaron los 2.300 días en 1844, por muchos siglos no había habido santuario en la tierra; por lo tanto, el santuario de los cielos es el que debe de haber sido mencionado en la declaración: “Hasta 2.300 tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”. Pero, ¿cómo podía necesitar purificación el santuario celestial? Al volver a las Escrituras, los estudiosos de la profecía descubrieron que esa purificación no se refería a impurezas materiales, puesto que se lo debía hacer con sangre, y por consiguiente debía de ser una purificación del pecado. Así dice el apóstol: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así [con sangre de animales]; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos [la misma preciosa sangre de Cristo]” (Hebreos 9:23) (La historia de la redención, pp. 395,

396).

No vacilamos en decirles que para obtener la herencia inmortal y el tesoro eterno, tienen que vencer en esta vida de pruebas. Todo lo que mancha y contamina el alma debe desaparecer, debe ser limpiado el corazón. Debemos saber lo que significa participar de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por causa de la concupiscencia. ¿Están dispuestos a combatir contra los deseos de la carne? ¿Están listos para luchar contra el enemigo de Dios y el hombre? Satanás está decidido a esclavizar toda alma de ser posible; porque está empeñado en un juego desesperado para arrebatarle a Cristo y a la vida eterna las almas de los hombres. ¿Le permitirán que les arrebate las gracias del Espíritu de Dios para implantar en ustedes su propia naturaleza corrupta? ¿O aceptarán la gran provisión de la salvación, y por los méritos del infinito sacrificio hecho en favor de ustedes llegar a ser participantes de la naturaleza divina? Dios dio a su Hijo unigénito para que por medio de su vergüenza, sufrimiento y muerte, ustedes pudieran tener gloria, honor e inmortalidad (Cada día con Dios, p. 175).

Jueves 27 de Julio: “El juicio en el cielo”

Este ministerio [de Cristo] siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento del Santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del Santuario.

Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativamente al Santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al Santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del Santuario implica por lo tanto una obra de investigación —una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo, pues cuando venga, su galardón está con él, para que pueda otorgar la recompensa a cada uno según haya sido su obra (Apocalipsis 22:12) (El conflicto de los siglos, pp. 473, 474).

Que la fe se aferre de las promesas de Dios. Jesús es poderoso para salvar a su pueblo de sus pecados. La luz del cielo ha iluminado nuestro sendero, y mediante la Palabra y el Espíritu de verdad se nos ha revelado dónde está el pecado para que no seamos hallados transgresores de los preceptos divinos, ni tengamos oportunidad de disculparnos por ignorancia. Se nos ordena, tanto a los adultos como a los jóvenes, separarnos de toda iniquidad, apreciar los principios de la verdad, tener hambre y sed de justicia, y alcanzar un plano más elevado. Clamemos a Dios por sabiduría, luz y poder divinos. “Pedid y recibiréis” es la promesa. Vivimos en medio de los peligros de los últimos días y el juicio está ante nosotros. Aquellos que hemos tenido la luz proveniente del Santuario celestial, ¿cómo nos presentaremos, a menos que hayamos sido limpiados de toda mancha de la carne y el espíritu, y hayamos perfeccionado la santidad en el temor de Dios? (Review and Herald, marzo 27, 1888).

Compilador: Dr. Pedro J. Martinez