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Consideraciones varias sobre Gobernanza y políticas

públicas de juventud a partir de la experiencia de una líder


fundadora del Consejo Nacional de la Juventud

Mgter. Johanna Lastra


Abogada y especialista en Gestión Pública
Universidad Complutense de Madrid

Los jóvenes somos sin duda alguna actores de vital importancia en el


desarrollo político y económico de las sociedades modernas. Nuestra
participación en los eventos electorales es acuciosamente monitoreada por los
medios de comunicación, ya que hay quienes incorporan en sus campañas
políticas figuras de lideres jóvenes renovadores como forma de ganar simpatía
entre la población joven, también existen aquellos que los utilizan dentro de
los procesos políticos como simples movilizadores de masas y los hay
también, quienes respetan la participación de los jóvenes de manera integral,
aceptándolos como un importante eslabón cinemático del sistema social y
político. Sin embargo, la participación de los jóvenes debe ir más allá de la
simple participación en momentos coyunturales políticos y esto es viable en la
medida que las estructuras posibilitan las condiciones necesarias para tales
fines. En tal sentido, la nueva forma de gestión pública invita a las autoridades
tanto del nivel local y/o central a crear dichas estructuras y ofrecer los medios
necesarios para que la ciudadanía, en este caso los jóvenes, hagan uso de
esas oportunidades, sin caer en un paternalismo recalcitrante y permitiendo
canales para la autogestión y acceso a oportunidades. Cuando menciono el
acceso a las oportunidades, me refiero a oportunidades para que los jóvenes
puedan aprender a vivir en sociedad, a desaprender conductas nocivas y sobre
todo a ser y actuar como agentes de cambio responsables.

Lo anterior implica que la gestión pública considere procesos y presupuestos


participativos en esa inclusión de los jóvenes y que tales procesos involucren
información clara entre autoridades y jóvenes, sin dobles agendas o agendas
politico partidistas que desvirtúen el proceso de participación social, así como
un consenso entre técnicos y lideres juveniles, claridad de los objetivos del
proceso y apertura en el mismo, entre otros elementos de peso para la
participación ciudadana efectiva del joven.

Se ha reconocido que para legitimar y dar vida al proceso democrático y a la


tan mencionada gobernanza es imperativo fomentar el liderazgo y la
participación ciudadana de los y las jóvenes. Sin embargo, el meollo del asunto
es como lograrlo en un sistema que los impulsa a prepararse para alcanzar un
sitial meramente validador en la sociedad y sus procesos políticos, mellando en
muchas ocasiones su capacidad inquisitiva, propositiva y relegándolos a
espacios de participación juvenil estacionarios, no posibilitando la integración y
articulación de dichos espacios con otras instancias sociales encargadas de
crear sinergia social en el proceso de toma de decisiones. Dicho de otra
manera; a mi modo de ver es loable crear espacios de participación juvenil,
pero la idea no es potenciar los espacios de participación juvenil para cooptar
o confinar a nuestros jóvenes lideres a constantes ejercicios de recomposición
argumentativa, en donde se van sucediendo generaciones de jóvenes, que no
ven cristalizados objetivos prioritarios para dar el paso al siguiente nivel en la
maduración del movimiento juvenil, mediante la mancomunidad de estrategias
no solo entre jóvenes, organizaciones de jóvenes u organizaciones que
trabajan para jóvenes, sino también con el resto de la sociedad civil y los
estamentos gubernamentales.

Durante años se han vertido opiniones altamente sesgadas en torno al


abordaje de la temática juvenil. La primera de ellas para mi concepto es aquella
que sitúa a los jóvenes como un problema a ser solucionado, basando su
argumentación en las conductas desviadas de ciertos jóvenes, (delincuencia,
alcoholismo, consumo de drogas, deserción escolar, sexualidad irresponsable,
entre otros). En este sentido la juventud organizada parte del reconocimiento
de la existencia de jóvenes en situación de riesgo social, nunca lo hemos
negado. Sin embargo, de lo que se trata es de mostrar y demostrar que existen
dos caras de la moneda y que mientras se mediatiza y politiza la situación hay
jóvenes, organizaciones de jóvenes e instancias de participación juvenil como
el “Consejo Nacional de la Juventud” que realizan un trabajo en muchas
ocasiones anónimo para recordar a la sociedad panameña que la juventud de
nuestro país es inquisitiva, propositiva, propulsora de procesos sociales y que
los políticos, líderes comunitarios y directivos públicos deben contemplar y
articular políticas generacionales, ya que la juventud tiene especificidades que
las políticas publicas sectoriales deben contemplar.

Las “políticas públicas de juventud” al igual que las políticas encaminadas al


abordaje de la problemática de sectores sociales con marcada vulnerabilidad
deben constituirse en ejes transversales de los planes estratégicos de los
distintos gobiernos. En este sentido se deben establecer alianzas entre los
actores involucrados, compromisos de concertación de políticas de estado,
nuevos paradigmas que apunten a la inclusión y reconocimiento de los y las
jóvenes como sujetos de derechos y obligaciones dentro de la sociedad
panameña. Se debe de igual forma reconocer que independientemente de las
formulas de gobierno, existen o deben existir políticas de estado que articulen
esfuerzos y que las mismas sean reconocidas como compromisos sociales
ineludibles por parte del estado y sus gobiernos.

Aspectos como la proclamación del “Año Internacional de la Juventud” en


1985 por parte de Naciones Unidas, la realización de las “Conferencias
Iberoamericanas de Juventud” y la creación de la “Organización
Iberoamericana de la Juventud” entre muchos otros procesos importantes en
materia de juventud a nivel internacional, dieron como resultado un avance
notable en el reconocimiento de la juventud como grupo social específico, con
necesidades especificas y claro está, la urgencia de gestionar políticas públicas
específicas por parte de los Estados Iberoamericanos.

Panamá no ha sido la excepción, ya que se han realizado sendas reuniones,


jornadas, foros, debates, proyectos, programas, acuerdos, convenios y un
sinnúmero de documentos que desde distintos ángulos consideran el tema de
la juventud como un asunto prioritario e impostergable. Sin embargo, la
realidad es que pese a existir importantes avances se necesitan acciones mas
decididas por parte de los decisores públicos, ya que los tiempos han cambiado
y potenciar la participación juvenil no es sinónimo de peligro para un gobierno,
por el contrario, puede decidir positiva o negativamente la inclinación de la
balanza en un proceso eleccionario y mas significativo aún, presenta un
abanico de posibilidades para el fortalecimiento de la democracia y la
consolidación de la gobernabilidad democrática y la gobernanza política.

Hoy más que nunca, el verdadero liderazgo juvenil no proviene del joven que
cierra calles o que tira piedras a la hora de llamar la atención sobre sus
necesidades. Digamos que este tipo de situaciones reportan mayor
sensacionalismo a la hora de vender un periódico o elevar el índice de
audiencia de un medio televisivo, pero no proyectan necesariamente la
naturaleza del líder juvenil panameño actual que cada día con más
vehemencia, pero con más sentido estratégico busca un empoderamiento por
las vías de la democracia participativa.

Desde el año de 1998 gracias al “I Foro Nacional de la Juventud panameña”


en el que tuve la oportunidad de participar y en donde nace la iniciativa de
crear una instancia de participación como el Consejo Nacional de la
Juventud, 105 organizaciones juveniles en un primer momento reconocieron la
importancia de involucrarse en la construcción de sus propias políticas, no de
manera perfecta quizás, pero iniciamos el proceso de proclamar nuestro
protagonismo y a través de un denodado interés por dejar de lado la
invisibilidad, salvamos muchos escollos en aras de una agenda nacional de la
juventud panameña.

Desde ese entonces, mucho se logró y mucho más se ha logrado luego del
relevo que se llevó a cabo en el Consejo Nacional de la Juventud, como
ejercicio saludable en toda organización que aspire a resaltar su misión, visión,
valores y objetivos más alla de los personalismos e islotes de poder.

Durante este periodo y en calidad de coordinadora de área y miembro del


comité Pro tempore del “CONAJUPA”, junto con respetados lideres juveniles
de todas las regiones geográficas del país logramos sentar las bases de lo que
debía ser esta instancia de participación, pero principalmente estábamos claros
en las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas a las que nos
enfrentaríamos en el camino de su instauración, hasta lo que es hoy día.

Los logros de cientos de jóvenes panameños que participaron en este proceso


se traducen en la realización del “I Foro Nacional de la Juventud”, el “Pacto
Nacional por la Juventud”, los cabildos abiertos de juventud, la realización
del “Festival Mundial de la Juventud”, la “Validación para una Propuesta
de Política Publica de Juventud” en los cuales tuve oportunidad de trabajar
como coordinadora de área, para luego dar paso al relevo y a una reingeniería
del Consejo que dió como resultado caras nuevas, bríos nuevos y fórmulas de
abordaje que han derivado en importantes logros como por ejemplo; los
“Encuentros juveniles deja tu huella”, el “Plan Nacional de empleo
juvenil”, la “Campaña promocional un espacio para ti”, el “Concurso
Nacional de Prensa escrita” y la participación en la “Concertación Nacional
para el desarrollo”.

Teniendo en consideración que quienes somos parte y creemos en un proyecto


como filosofía de vida, nunca logramos separarnos de aquello en lo que
invertimos alma, vida y corazón. Convencida de ese pensamiento decidí
enfocar mi especialidad al ámbito del estudio de las políticas públicas (entre
ellas las de juventud) y la nueva gestión publica como forma de implementación
de las mismas.

En esta incursión comprendí que desde la perspectiva de la gestión pública, se


irán dando cambios en la forma de administrar la cosa pública. Cada día la
ciudadanía exigirá políticas con más amplia cobertura social y los jovenes por
ende, atendiendo a las políticas públicas de juventud, cada día exigiremos con
más vehemencia nuestra participación en la construcción de las mismas.

La nueva forma de gestión pública en asuntos de juventud debera considerar


que los enfoques universales (valido para todas las edades) tienen décadas sin
dar resultados realmente contundentes, razón por la cual será saludable que
los gobiernos panameños, como una agenda de estado, comiencen a
transversalizar el enfoque de juventud y posibiliten la articulación de acciones
entre los jóvenes y los decisores, gestores y directivos públicos.

Actualmente, para tales efectos, la juventud panameña cuenta con una


estructura jurídica creada mediante (Decreto Ejecutivo Numero 7 del 16 de
marzo de 1999 publicado en Gaceta Oficial No. 23, 758 del 22 de marzo de
1999), denominado Consejo de Políticas Públicas, que funciona como ente
de representación, consulta, enlace e información entre el sector publico y
privado a fin de atender integralmente a la juventud panameña, resaltando
entre sus objetivos la vigilancia para la ejecución de los planes de juventud, los
análisis y actualización de la realidad de la juventud panameña, así como la
coordinación de programas y proyectos de juventud, con posibilidad incluso de
disponer subvenciones para el desarrollo de programas y lo mas ambicioso;
tener la oportunidad de realizar recomendaciones para la inclusión en el
presupuesto nacional de los programas y proyectos de juventud. Entre los
integrantes de este consejo se encuentran por l@s Ministr@s o los que sean
designados por los Ministerios de: Desarrollo Social, Salud, Educación,
Trabajo, Desarrollo Agropecuario. Así como directores de IPACOOP, IFARHU,
INAC, INADEH, INDE y los Presidentes del Consejo de Rectores de las
Universidades, Comité Ecuménico Nacional, y nuestra representación; catorce
(14) miembros del Consejo Nacional de la Juventud (escogidos
democráticamente, por dos (2) años)

Sin embargo, muchos años han pasado desde el establecimiento del Consejo
de Políticas, pero hasta la fecha y pese a la importancia de este instrumento
jurídico, el mismo no ha logrado su cometido como propulsor en la elaboración
conjunta de políticas publicas de Juventud, ya que hasta la fecha dicho decreto
aun no ha sido implementado.
Es pertinente señalar que los jóvenes a través de diversos escenarios de
participación, estamos haciendo un trabajo que debe ser divulgado, estamos
llevando a cabo iniciativas importantes a distintos niveles, ya sea desde
Organismos No Gubernamentales, Asociaciones Universitarias, proyectos
comunitarios, clubes cívicos o extensiones de los mismos, partidos políticos,
etc. Sin embargo, debemos reconocer que existe un importante número de
jóvenes excluidos de este sistema de integración y asociacionismo y que solo
de manera excepcional logran acceder a una real integración a estos espacios
de participación ciudadana juvenil.

Lo anterior implica que queda un trabajo por hacer por parte de nosotros como
jóvenes organizados para incluir en las propuestas a aquellos jóvenes que no
participan de ninguna manera del proceso, para lograr inyectarle vida a figuras
como la del Consejo de Políticas Públicas de Juventud y lograr el
entendimiento por parte de los especialistas y técnicos sobre la importancia de
incorporar a los jóvenes no solo en las validaciones de propuestas
prefabricadas y altamente técnicas, sino mas bien en la construcción de las
políticas públicas desde, por y para la juventud con una perspectiva realista en
cuanto al contexto temporal, espacial, administrativo y/o social.
Por otra parte, en cuanto al tema de la gobernanza, el libro Reinventar la
democracia, de Pierre Calame, plantea el concepto de gobernanza sus
fundamentos y aplicación. En este ultimo aspecto, Calame señala que: “Una de
las dimensiones de la gobernanza, más allá de los plazos electorales, es
crear procesos mediante los cuales, de tanto en tanto, la comunidad se
refunda a sí misma.” (97).

Según Calame, “el proceso de refundación de la sociedad implica crear las


condiciones para la apropiación de las problemáticas por parte de los
ciudadano y añade que “a menudo a una persona o a una comunidad le
importa menos saber que una decisión ha seguido las vías legales que
constatar que su punto de vista ha sido escuchado, comprendido y
considerado.”

En este sentido, debemos preguntarnos hasta que punto se ha tomado en


cuenta a la juventud panameña en la refundación de la sociedad a la que
aspiramos y en que medida nos hemos apropiado de conceptos como
gobernabilidad, gobernanza, democracia, participación, etc, sin vincular dichos
conceptos a quienes ademas de ser el futuro, están y desean estar en la
construcción del presente.

Para finalizar, debo señalar que en la actualidad desde una posición mucho
más académica que antes, mis esfuerzos están encaminados a resaltar la
importancia de miles de jóvenes que han pasado por distintos procesos de
participación ciudadana, líderes que al igual que yo, con sus aciertos y
desaciertos, no dejaron de creer en la responsabilidad de los jóvenes con la
patria y la responsabilidad de la patria para con sus jóvenes. Responsabilidad
que se traduce en participación, capacidad de análisis, debate y propuesta. Y
por qué no, capacidad en la toma de decisiones con el nivel del más
capacitado de nuestros técnicos y como el más prominente de nuestros
gestores políticos.
Para finalizar, deseo dejar plasmado mi compromiso con la causa de los
jovenes, sus necesidades, el derecho a una vida digna y a infraestructuras
públicas que contemplen dichas necesidades. Así como el convencimiento de
que la participación social y política de los jóvenes representa un
enriquecimiento para todo país que aspire a transitar por los caminos del
desarrollo humano y el progreso económico.