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Color y Sociedad

El color es parte fundamental de nuestras vidas. Es un atributo que la luz da a todo lo que existe físicamente y que podemos percibir con los ojos. Ademáso, es uno de los elementos simbólicos de comunicación en todos los ámbitos, no solo entre los seres humanos sino aun en el mundo animal y hasta en el vegetal. Pensemos por ejemplo en las diversas especies, que habitan en tierra o agua, que modifican su aspecto, sobre todo cromático: peces, anfibios, insectos, aves, que cambian de color o hacen alarde de su riqueza cromática para atraer a una posible pareja y aparearse o a una posible presa para alimentarse o, en el caso opuesto, de los que modifican su apariencia precisamente para no convertirse en alimento de algún depredador. Es entonces que encontramos ranas azules que parecen venenosas o camaleones que en un bosque toman tonos verdes o entre piedras se vuelven grisáseos o cafés.

Tales mecanismos naturales existen también entre los humanos, cuyas reacciones emocionales implican muchas veces una modificación en los flujos de sangre y hacen que, ante un susto o una impresión inesperada, la sangre se concentre en el corazón, el cerebro y las extremidades (listas para escapar de la situación amenazante) y la cara palidezca: nos ponemos “blancos” o lívidos. Lo contrario sucede en ciertas situaciones que revelan emociones o sentimientos que preferiríamos esconder y nos ponemos rojos, nos ruborizamos. El rubor en las mejillas, por cierto, es también una señal de salud plena y vitalidadd, como lo expresan las mujeres al maquillarse. En el otro extremo, todos identificamos como parte de las señales de muerte los tonos lívidos y azulosos de la piel, precisamente porque la sangre ha dejado de fluir.

El uso de maquillajes y pintura en el cuerpo, por cierto, es algo tan antiguo como el hombre mismo, que al principio de su existencia copiaba la apariencia de ciertos animales, cuyos atributos de fuerza, poder o sagacidad "adoptaba" de esa manera, ya fuera de manera grupal para distinguirse de otros clanes, o de manera individual, con elementos que, dentro de su propio grupo, le daban una apariencia "suya", propia.

Con el tiempo, esos colores y otros elementos como las texturas, los contrastes o ciertos patrones geométricos se fueron aplicando también a los artefactos que se usaban tanto para las actividades del grupo como de manera personal. Al evolucionar, esos rasgos de diseño fueron haciéndose característicos del grupo y convirtiéndose en los elementos fundamentales de las diferentes culturas que iban naciendo y dando identidad a cada clan, tribu y sociedad. Los individuos que los integraban, a su vez, se sentían parte de ese grupo con el que

compartían mitos, ritos, costumbres y estilos de fabricación y decoración de sus artefactos.

Esos primeros individuos eran parte de sus propios grupos y se asumían diferentes de los otros

distintos.

Dentro de cada sociedad, el uso de determinados colores estaba condicionado a los materiales disponibles en su región y, si los materiales de algún color eran escasos, ese color se hacía exclusivo y se reservaba solo para fechas o ritos clave o para ciertos miembros de la sociedad. Eso pasaba en Roma, por ejemplo, donde el rojo y el púrpura eran muy escasos y solo podían usarse para la ropa de los altos mandos militares y los emperadores. Cuando Roma se covirtió al cristianismo y en su sede principal, esos colores pasaron a ser exclusivos de los obispos y el Papa, como sigue siendo hasta nuestros días.

Este

es solo un ejemplo de cómo los antiguos usos de los colores han prevalecido hasta hoy,

como expresión de las tradiciones y culturas, y que seguiremos explorando en próximas ocasiones.

MDI Mauricio Moyssén Chávez

Agosto de 2013