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ECOSISTEMAS DE PRADERA L os bienes y servicios que proporcionan las praderas han recibido mucha

ECOSISTEMAS

DE

PRADERA

L os bienes y servicios que proporcionan las praderas han recibido mucha me- nos atención que los de los bosques tropicales y arrecifes coralinos —por citar sólo un par de ejemplos—, aunque se puede argumentar que son más impor- tantes para una proporción mayor de la población, puesto que albergan 938

millones de personas, el 17% de los habitantes de la Tierra (White et al. [PAGE] 2000). Las praderas se encuentran en todo el mundo, tanto en zonas húmedas como áridas, aunque son un rasgo definitorio de las tierras secas. Cerca de la mitad de la gente que vive en regiones de pradera está ubicada en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas del mundo (White et al. [PAGE] 2000). La escasez de lluvias hace que estas re-

giones secas sean particularmente susceptibles al daño originado por una gestión hu- mana deficiente, y que su recuperación de la degradación ocasionada por el sobrepas- toreo o prácticas de cultivo precarias suceda más lentamente.

Históricamente los ecosistemas de pradera han sido funda- mentales para el abastecimiento alimentario de las sociedades. Los ancestros de la mayoría de los cereales se desarrollaron ori- ginalmente en las praderas: trigo, arroz, centeno, cebada, sorgo y mijo. Aunque muchas praderas han sido reemplazadas por agro- ecosistemas, todavía cuentan con recursos genéticos para mejorar los cultivos alimentarios y son una fuente potencial de productos farmacéuticos e industriales. Las praderas son hábitats importantes para muchas especies como las aves que las utilizan para reproducirse, hibernar o mi- grar, además de mantener a muchos animales salvajes y especies domésticas de pastoreo. La vegetación y los suelos de pradera

Capítulo

2:

Inventario

de

los

ecosistemas

también almacenan una cantidad considerable de carbono. Asi- mismo proporcionan otros bienes y servicios como carnes y lác- teos; productos de lana y de cuero; energía proveniente de la leña y energía eólica canalizada a través de estaciones de aprovecha- miento; servicios culturales y de ocio como el turismo y la cacería que proporcionan gratificación espiritual y estética, así como los de regulación y purificación del agua. Los investigadores del APEM examinaron cuatro de esos bienes y servicios: produc- ción de alimentos, mantenimiento de la biodiversidad, almace- namiento de carbono y turismo (Cuadro 2.29. Inventario de los ecosistemas de pradera).

(continúa en la pág. 126)

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Cuadro 2.29 Inventario de los ecosistemas de pradera

Principales hallazgos

de los ecosistemas de pradera Principales hallazgos ■ Las praderas cubren el 40% de la superficie

Las praderas cubren el 40% de la superficie terrestre y albergan a casi 1.000 millones de personas, la mitad de las cuales habita en tierras áridas delicadas.

Las praderas están siendo transformadas por la agricultura y la urbanización. En algunas partes de América del Norte la conversión llega al 100%. La construcción de vías y los in- cendios provocados están transformando la extensión, com- posición y estructura de las praderas.

Los principales granos —maíz, trigo, avena, arroz, cebada, mijo, centeno y sorgo— povienen de las praderas. Los pastos silvestres pueden proporcionar material genético para mejo- rar los cultivos alimentarios y ayudar a que las variedades cultivadas de pastos desarrollen resistencia a las enferme- dades.

La praderas atraen a los turistas que gustan de recorrer largas distancias o participar en safaris para cazar o para observar la fauna silvestre. En las praderas tienen lugar algunos de los fe- nómenos naturales más extraordinarios del mundo: despla- zamientos migratorios masivos de manadas de ñús en África, caribús en América del Norte y antílopes tibetanos en Asia.

En su calidad de hábitat de flora y fauna de importancia bio- lógica, las praderas constituyen el 19% de todos los núcleos de diversidad de plantas, el 11% de las áreas de endemismos de aves y el 29% de las ecorregiones dignas de destacar por sus características biológicas.

Símbolos

La condición evalúa la producción y calidad actuales de los bienes y servicios de un ecosistema en comparación con su situación hace 20-30 años.

Condición

Excelente

Buena

Mediana

Deficiente

Mala

Sin evaluar

Excelente Buena Mediana Deficiente Mala Sin evaluar La capacidad de cambio evalúa la capacidad biológica

La capacidad de cambio evalúa la capacidad biológica subyacente de los ecosistemas para continuar proporcionando el bien o servicio.

Capacidad

de cambio

En aumento

Mixta

Disminuye

o servicio. Capacidad de cambio En aumento Mixta Disminuye Desconocida ? Las calificaciones reflejan las opiniones

Desconocida

?

Las calificaciones reflejan las opiniones de expertos sobre los bienes o ser- vicios de cada ecosistema a lo largo del tiempo y sin considerar los cambios en los otros ecosistemas. Asimismo estiman la condición y la capacidad que predominan en el mundo, equilibrando la validez y fiabilidad de los dis- tintos indicadores. Cuando los hallazgos regionales difieren, si no hay datos de calidad mundiales, se le da peso a los mejores datos, a la mayor cober- tura geográfica o a las series cronológicas más prolongadas. Las diferencias pronunciadas en las tendencias mundiales se califican como «mixtas» en aquellos casos en que no se puede determinar un valor neto. La seria insu- ficiencia de los datos actuales se califica como «desconocida».

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Condición y capacidad de cambio

PRODUCCIÓN

DE

ALIMENTOS

Condición y capacidad de cambio PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS Actualmente muchas praderas mantienen elevadas densida- des

Actualmente muchas praderas mantienen elevadas densida- des de ganado y una producción sustancial de carne, pero la de- gradación del suelo es un problema que va en aumento. La in-

formación diponible muestra que el 20% de las tierras áridas sensibles —donde se localizan muchas de las praderas— están degradadas. En ge- neral, la capacidad de las praderas para sostener la producción ganadera parece estar disminuyendo. Lás áreas motivo de mayor preocupación se encuentran en África, donde las densidades de ganado son elevadas, y en algunos países la producción de carne está disminuyendo.

BIODIVERSIDAD

Los datos regionales de América del Norte muestran disminu- ciones drásticas en el número de especies de aves que habitan en estos ecosistemas, y ciones drásticas en el número de especies de aves que habitan en estos ecosistemas, y para algunas zonas entre el 10 y

el 20% de las plantas se clasifican como no nativas. En otras áreas, como el Serengueti en África, las tendencias de crecimiento para las po- blaciones de especies de herbívoros grandes no han cambiado significa- tivamente en las dos últimas décadas.

ALMACENAMIENTO

Las praderas almacenan cerca de un tercio de las existencias de carbono de los ecosistemas terrestres. Esto es menos que el carbono almacenado en los bosques, aunque las praderas ocu-

pan el doble de superficie terrestre. A diferencia de los bosques, donde la vegetación constituye el principal depósito de carbono, en las praderas son los suelos los que lo contienen. Si estos continúan degradándose por la acción de la erosión, la contaminación, el sobrepastoreo o por el pastoreo estático, es posible que disminuya la capacidad futura de las praderas para almacenar carbono.

DE

CARBONO

futura de las praderas para almacenar carbono. DE CARBONO RECREACIÓN En todo el mundo la gente

RECREACIÓN

En todo el mundo la gente utiliza las praderas con fines de ocio, caza, pesca y actividades religiosas o culturales. El valor económico del ocio y el turismo puede ser bastante alto en al- gunas praderas, especialmente cuando se trata de áreas receptoras de safaris y excursiones de caza. Unas 667 áreas protegidas del mundo in- cluyen por lo menos un 50% de superficie de pradera. Aun así, a medi- da que sufren modificacionas a causa de la agricultura, la urbanización y las quemas provocadas, es probable que las praderas pierdan parte de su capacidad para sostener sus servicios recreativos.

es probable que las praderas pierdan parte de su capacidad para sostener sus servicios recreativos. RECURSOS

RECURSOS

MUNDIALES

Calidad de los datos

PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS

Aunque es posible determinar globalmente la degradación del suelo, las evaluaciones por lo general se apoyan en la opinión de los expertos y la escala de los datos es muy general como para poder aplicarlos en las po- líticas nacionales. La cobertura de los datos sobre densidad ganadera en las praderas es mundial y a veces regional, pero sólo para animales de cría. Todavía carecemos de los estudios correspondientes sobre vegeta- ción, condición de los suelos, prácticas de manejo y capacidad de resis- tencia y adaptación a largo plazo. Existen datos mundiales sobre pro- ducción de carne, pero no se puede separar la que proviene de piensos o parcelas forrajeras de la originada en animales que pastan en libertad.

BIODIVERSIDAD

Las tendencias a largo plazo de las poblaciones de aves que habitan en las praderas se pueden evaluar a partir de datos regionales completos para Estados Unidos y Canadá. Algunos datos regionales sobre tenden- cias a largo plazo de África muestran niveles estables de crecimiento para las poblaciones de hervíboros más grandes, pero la cobertura geo- gráfica es limitada. Otros datos regionales, nacionales y locales sobre las especies que habitan en las praderas no muestran las tendencias a largo plazo. La cobertura regional y local de las especies invasoras es más descriptiva que cuantitativa.

ALMACENAMIENTO DE CARBONO

Los métodos para estimar la capacidad de almacenamiento de carbono en la biomasa y los suelos continúan evolucionando. Este estudio se ha apoyado en estimaciones previas a escala mundial para vegetación sub- terránea y de superficie, actualizadas para hacerlas coincidir con el mapa sobre cubierta terrestre del International Geosphere-Biosphere Programme; a esto se agregaron las estimaciones sobre almacena- miento de carbono en los suelos. Se requieren modelos que incorporen aquellas modificaciones en el almacenamiento de carbono derivadas de las diferentes prácticas de manejo.

RECREACIÓN

La información regional evalúa la explotación de la vida silvestre en las praderas, pero los resúmenes se basan principalmente en las opiniones de los expertos. Los gastos por país en el capítulo del turismo interna- cional proporcionan estimaciones para todo tipo de turismo, pero no es- pecíficamente para los ecosistemas de pradera. Los datos regionales so- bre turismo y safaris son fiables para algunas áreas, aunque muy pocas veces informan sobre las tendencias a largo plazo.

Capítulo

2:

Inventario

de

los

ecosistemas

Tarjeta de

Calificación

Producción de

alimentos/fibra

Calidad

del agua

Cantidad

de agua

Biodiversidad

Almacenamiento

de carbono

Recreación

Protección de la línea costera

Producción

de leña

Agro. Costas Bosques Agua Praderas dulce ? ?
Agro.
Costas
Bosques
Agua
Praderas
dulce
?
?
125
125

Extensión y modificación

L os investigadores del APEM definieron los ecosistemas de pradera como «aquellas áreas donde predomina una vegetación de pastos mantenida mediante un régi- men de incendios, pastoreo y sequías o temperaturas

bajo cero». Según esta definición amplia, los ecosistemas de pra- dera —presentes en todos los continentes— comprenden pasti- zales no leñosos, sabanas, tierras leñosas, zonas de arbustos y tundras. Entre los más extensos figuran las sabanas de África, las estepas de Asia Central, el cerrado brasileño y los llanos y pam- pas de otras partes de Sudamérica, así como las praderas de América del Norte y Australia.

Extensión

Los cálculos sobre la extensión de los ecosistemas de pradera del mundo oscilan entre aproximadamente 41 y 56 millones de km 2 , cubriendo entre el 31 y el 43% de la superficie terrestre (Whit- taker y Likens 1975:306, Cuadro 15-1; Atjay et al. 1979:132- 133; Olson et al. 1983:20-21). Las diferencias entre los cálculos se deben fundamentalmente a las diversas definiciones que exis- ten de las praderas; por ejemplo, algunos investigadores incluyen una mayor área de tundra o zona arbustiva, mientras que otros incluyen menos. Basándose en mapas sobre cubierta vegetal generados a par- tir de datos recientes de satélite, los investigadores del APEM produjeron uno nuevo sobre la extensión de las praderas (Cuadro 2.30. Extensión de las praderas del mundo). Algunas de las que figuran en este mapa son en realidad mosaicos de pradera y tie- rras convertidas a otros usos como la agricultura, aunque se las considera todavía praderas cuando las «otras» tierras cubren el 40% o menos del área. Así las cosas, los ecosistemas de pradera abarcan 52,5 millones de km 2 o el 41% de la superficie terrestre (excluyendo la Antártida y Groenlandia): mucho más que los bosques o los agroecosistemas. Ciertamente a nivel de país, las praderas forman una de las cubiertas vegetales más comunes y extensas. En 40 naciones, las praderas cubren más del 50% de la superficie, y en 20 de ellas —la mayoría en África— las praderas cubren más del 70%. Asimismo, las praderas son el ecosistema predominante en muchas de las cuencas más importantes del mundo: la del río Amarillo en China; las del Nilo, Zambezi, Orange y Niger en África; la del río Colorado en América del Sur y la del río Colo- rado y río Grande en América del Norte (White et al. [PAGE] 2000). La extensión de las praderas en estas cuencas señala la importancia de manejarlas de forma tal que retengan todas sus funciones de cuenca: absorber las aguas de lluvia para recargar los acuíferos, estabilizar los suelos y moderar la escorrentía. Normalmente estos servicios constituyen un aspecto de las pra- deras que no se aprecia lo suficiente.

Modificaciones

Al igual que los bosques, las praderas han perdido la mayor parte de su extensión original debido a las actividades humanas, y especialmente a través de la conversión a la agricultura. Para

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126

los científicos no ha sido fácil determinar la extensión de las praderas antes de que comenzaran a ser intervenidas por los humanos, lo cual dificulta hacer el cálculo de lo que se ha per- dido a través del tiempo. Aun así, los investigadores del APEM obtuvieron un cálculo aproximado de la pérdida histórica com- parando su extensión actual con aquellas áreas con «potencial» de pradera, esto es, en las que se esperaría que existieran hoy (se- gún el tipo de suelo, la elevación y las condiciones climáticas) si los humanos no hubieran intervenido. Utilizando este enfoque, los investigadores del APEM exa- minaron en profundidad cinco regiones donde la vegetación muy probablemente sería un cien por ciento de pradera en ausencia de la intervención humana. Entre las regiones identificadas, la pradera de pastos altos de Norteamérica exhibe el cambio más profundo, con un 71% cubierto de tierras de cultivo y un 19% ocupado por áreas urbanizadas. En contraste, las regiones de pradera de Asia, África y Australia mantienen por lo menos el 60% de su área en pastizales, menos del 20% en tierras de cul- tivo y un 2% en áreas urbanizadas o edificadas.

INCENDIOS

Los incendios ocurren de forma natural en la mayoría de los eco- sistemas de pradera y configuran una de las principales herra- mientas utilizadas por los humanos para gestionarlas. El fuego impide la invasión de matorrales, remueve la vegetación seca y recicla nutrientes. Sin estos incendios aumentaría la densidad ar- bórea en las praderas, y se convertirían eventualmente en bos- ques. El fuego también ayuda a los cazadores a acechar a sus presas y a los agricultores a controlar las plagas (Menaut et al.

1991:134).

Se cree que los incendios naturales —típicamente causados por relámpagos— se presentan en las áreas húmedas entre una vez al año y cada tres años (Frost 1985:232), mientras que en las áreas secas se presentan entre cada año y cada 20 años (Walker 1985:85). Sin emabrgo, hoy en día el número de incendios na- turales es insignificante comparado con el de los incendios cau- sados por los humanos (Levine et al. 1999:1). En las áreas de sa- bana, la gente ha causado incendios durante 1,5-2 millones de años y continúan valiéndose del fuego como medio de manejo efectivo y de bajo costo (Andreae 1991:41). Por ejemplo, en muchos países africanos la gente usa las quemas para mantener en buenas condiciones el forraje para el ganado y para limpiar el rastrojo (Cuadro 2.31 Incendios en las praderas). Actualmente se queman al año cerca de 500 millones de hectáreas de sabanas tropicales y subtropicales, tierras leñosas y bosques abiertos (Goldammer 1995, citado por Levine et al. 1999:2). Aunque las quemas pueden beneficiar a las praderas, también pueden ocasionarles daños, especialmente cuando se vuelven más frecuentes de lo natural. Cuando esto ocurre, el fuego eli- mina la cubierta vegetal y aumenta la erosión del suelo (Ehrlich et al. 1997:201). El fuego también libera contaminantes atmos- féricos. Dado que una buena parte de la biomasa que se quema cada año está en las sabanas, y que las dos terceras partes de es- tos ecosistemas se encuentran en África, el PNUD informa que ese continente se identifica como el «centro de la quema» del pla-

RECURSOS

MUNDIALES

convertido

Total

áreas urbanas

Conversión a

Conversión a tierras de cultivo

Praderas estimadas, remanentes y convertidas (porcentaje)

Remanente

de pradera

Continente y región

(excluyendo a Groenlandia y la Antártida). Para estimar

bren aproximadamente el 41% de la superficie terrestre

sión de las praderas, los investigadores del APEM se centraron en cinco regiones que se podría esperar que estuvieran com- pletamente cubiertas de praderas en las condiciones climáticas y geográficas actuales. De éstas, las Praderas de Pastos Altos de Norteamérica muestran el cambio más radical; en la actuali- dad sólo hay pastizales en el 9,4% del área total. En América del Sur sólo queda un 21% de las praderas originales. En cambio en las regiones seleccionadas de Asia, África y Australia el re- manente de praderas es de más del 50%.

el efecto de la actividad humana en lo que se refiere a la exten-

L as praderas se encuentran en todos los continentes y cu-

Extensión de las praderas del mundo

Cuadro 2.30

Capítulo

89,9

76,0

21,4

19,5

39,0

18,7

5,0

1,5

0,4

1,8

71,2

71,0

19,9

19,1

37,2

9,4

21,0

71,7

73,3

56,7

Norteamérica Pradera de pastos altos en Estados Unidos

Sudamérica Sabanas y tierras leñosas del Cerrado en Brasil, Paraguay y Bolivia

Asia Estepa Daurián en Mongolia, Rusia y China

África Tierras leñosas centrales y orientales de Mopale y Miombo en Tanzania, Ruanda, Burundi, Rep. Democrática del Congo, Zambia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique

Oceanía Tierras leñosas y arbustivas del sudeste australiano

2:

Inventario

de

los

Extensión de las praderas en el mundo Fuentes: White et al.[PAGE] 2000. Este mapa está
Extensión de las praderas en el mundo
Fuentes: White et al.[PAGE] 2000. Este mapa está basado en Global Land Cover Characteristics Database Version 1.2 (Loveland et al. 2000). En él se muestran todas aquellas tierras en las que
las praderas constituyen por lo menos un 60% cada km 2 de unidad cartográfica satelital. Las áreas de tundra se estimaron usando la clasificación global de ecosistemas de Olson; todas las de-
más áreas fueron estimadas a partir de la clasificación del International Geosphere-Biosphere Programme. El cuadro se basa en datos de WWF y en este mapa.

ecosistemas

127
127

Cuadro 2.31

Incendios en las praderas

L os incendios cumplen un papel vital para determinar el

carácter y la extensión de las praderas: eliminan la vegeta-

ción seca, previenen la invasión de matorrales y reciclan

nutrientes. Sin ellos la mayor parte de las praderas del mundo al final se convertiría en tierras boscosas.

Hoy en día, la cantidad de incendios naturales típicamente causados por la acción de los relámpagos es insignificante si se la compara con el número de quemas provocadas por los hu- manos, quienes se han valido de ellas durante milenios para cazar y clarear el terreno con propósitos de desmonte para cul- tivo o ganadería, así como para eliminar rastrojos y plagas. La quema deliberada se practica ampliamente en las praderas de

muchos países africanos. Anualmente se quema entre el 25 y el 50% de la superficie en la Zona de Sudán árida y entre el 60 y el 80% en la Zona de Guinea húmeda (Menaut et al, 1991:137). Aunque las quemas pueden ser benéficas para estos eco- sistemas, si se aumenta demasiado su frecuencia pueden eli- minar la cubierta vegetal e incrementar la erosión del suelo (Ehr- lich et al. 1997:201). Además, las quemas constituyen una fuente significativa de contaminantes atmosféricos y emisiones de car- bono. Es así como los incendios en las sabanas, principalmente en África, originan una proporción elevada del carbono que se libera hacia la atmósfera como resultado de la quema de bio- masa.

Quemas registradas mediante teledetección en Sudamérica, África y Oceanía, 1993

Sudamérica
Sudamérica
en Sudamérica, África y Oceanía, 1993 Sudamérica África Oceanía Fuente: White et al. [PAGE] 2000. Este
África
África
Oceanía
Oceanía

Fuente: White et al. [PAGE] 2000. Este mapa se basa en Arino y Melinotte (1998) y el Global Land Cover Characteristics Database Versión 1,2 (Lo- veland et al. 2000). Los datos sobre las quemas provienen del satélite de radiómetro avanzado de muy alta resolución (AVHRR por sus iniciales en inglés) de NOAA durante pases realizados a la luz del día en 1993. Los puntos de las quemas se agrandaron para mejorar la visibilidad. Se utilizó una proyección de Interrupted Goode’s Homolosine.

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RECURSOS

MUNDIALES

neta (Levine et al. 1999:2). Anualmente, las sabanas originan más del 40% de las emisiones de carbono ocasionadas por la quema de biomasa en el mundo (Andreae et al. 1991:5).

FRAGMENTACIÓN

Las sabanas han sido ampliamente modificadas por la actividad humana y son pocas las grandes extensiones de planicies que permanecen inalteradas (Cuadro 2.32. Fragmentación de las praderas en Estados Unidos). Inclusive las más pequeñas se en- cuentran bastante fragmentadas (Risser 1996:265). La frag- mentación puede afectar de muchas maneras la condición de las praderas: aumentando la frecuencia de los incendios, degra- dando el hábitat, y limitando la capacidad de las praderas para

mantener la diversidad biológica. La agricultura, la urbanización

y la construcción de vías son las principales causantes de la

fragmentación de las praderas, aunque el levantamiento de cer- cas para el ganado y la proliferación de vegetación leñosa tam- bién pueden contribuir a fragmentarlas de forma significativa, con el consecuente daño a las especies nativas. La fragmentación se puede evaluar de forma visual por medio de mapas de hábitats y a partir de opiniones de expertos para es- timar su tamaño y el grado de fragmentación en un área deter- minada. Utilizando este enfoque, en un análisis de 90 regiones de pradera de América del Norte y América Latina se vio que las más fragmentadas se encontraban en la zonas templadas y sub- tropicales de América del Norte donde se ha producido un am- plio desarrollo agrícola (Dinerstein et al. 1995:78-83; Rickets et al.1997:33, 147-150). Otra manera de evaluar la presión de la fragmentación es midiendo hasta qué punto las redes viales han contribuido a la ruptura de extensos bloques de pradera. Los investigadores del APEM usaron este enfoque para medir la fragmentación en dos regiones piloto: Botsuana y la Grandes Planicies de Estados Uni- dos. En Botsuana, si no se tiene en cuenta el impacto de las vías, el 98% de las praderas se encuentra en parches extensos de

por lo menos 10.000 km 2 . La poca fragmentación se origina fundamentalmente en el desarrollo agrícola o en factores natu- rales como la hidrografía. Una vez que se incluye la red vial aumenta hasta cierto punto la fragmentación, aunque todavía es posible encontrar parches de 10.000 km 2 en el 58% de las pra- deras. En cambio en las Grandes Planicies de Estados Unidos la fragmentación vial es generalizada. Si no se tiene en cuenta el impacto de las vías, el 90% de las praderas se encuentra en par- ches extensos de 10.000 km 2 o más. Cuando se tiene en cuenta,

el 70% del área se encuentra cubierta de parches de menos de 1.000 km 2 y ninguno es superior a los 10.000 km 2 .

PASTOREO

La fauna de las praderas y el ganado han coexistido durante mi- llones de años. Los grandes herbívoros migradores como el bi-

sonte americano, el ñu y la cebra africanos y el antílope tibetano de Asia son partes integrales del funcionamiento de las praderas.

A través del pastoreo, estos animales estimulan el rebrote de los

pastos y eliminan el tejido más viejo y menos productivo. El adelgazamiento de los tejidos de las plantas permite que la luz

Capítulo

2:

Inventario

de

los

ecosistemas

llegue a los más jóvenes, lo cual promueve su crecimiento, au- menta la humedad del suelo y hace que los pastos consuman agua de forma más eficiente (Frank et al. 1998:518). El pastoreo de ganado doméstico puede duplicar muchos de estos efectos beneficiosos, aunque los regímenes que se utilizan para manejarlo también pueden ocasionar daño a las praderas en la medida en que concentran los efectos en un solo sitio. Dadas las ventajas del cuidado veterinario, así como del control de de- predadores y la utilización de suplementos alimenticios e hidra- tantes, el ganado se encuentra por lo general en cantidades más grandes que los herbívoros salvajes y puede pedir mayores exi- gencias a los ecosistemas. Además, los hatos de ganado vacuno, lanar y caprino no reproducen los patrones de pastoreo de las manadas salvajes. El uso de bombas de agua y cercados de alambre de púas ha conducido a un aprovechamiento más se- dentario y normalmente más intensivo de las praderas por parte de los animales domésticos (Frank et al. 1998:519, citando a McNaughten 1993). Dependiendo de la cantidad y especie en cuestión, los animales de pastoreo, manejados en densidades elevadas, pueden destruir la vegetación, modificar el balance de las especies vegetales y reducir la biodiversidad, además de com- pactar el suelo, acelerar su erosión e impedir la retención de agua (Evans 1998:263).

Evaluación de bienes y servicios

PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS

Las praderas son vitales para la producción alimentaria e histó- ricamente han sido el ecosistema que más se ha convertido a usos agrícolas; asimismo dan origen a muchos cultivos alimentarios y son fuente permanente de material genético para mejorar los cultivos modernos. Pero las praderas también suministran ali- mentos e ingresos a través de la producción de carne, lo cual es particularmente importante para las poblaciones rurales. En África, por ejemplo, las praderas mantienen grandes densidades de ganado (número de cabezas de ganado por hectárea) y son responsables de la mayor parte de la producción de carne de res (Cuadro 2.33. Praderas en África). ¿Cuánta carne producen las praderas hoy en día? Las esta- dísticas sobre producción ganadera muestran un crecimiento de más del 5% en la producción de carne de res durante la última década, hasta alcanzar 58 millones de toneladas en 1998. La producción de carne de cordero y cabra aumentó aún más, has- ta un 26% en la última década, y ha alcanzado los 11 millones de toneladas. Pero estas estadísticas no constituyen un indicador directo de la condición de las praderas o de su capacidad para sostener ganado. La producción de carne depende no solamente de la condición de las praderas sino también de otros factores como la disponibilidad de pozos para beber, suplementos dieté- ticos, cuidado veterinario y los recursos económicos necesarios para adquirir estos bienes. Asimismo, parte del crecimiento en la producción de carne se ha originado en el aumento acelerado del uso de piensos (sistemas confinados donde los animales no pue-

(continúa en la pág. 133)

129
129

Cuadro 2.32

Fragmentación de las praderas en Estados Unidos

L a fragmentación de las praderas puede poner en peligro

tanto su capacidad de producir bienes y servicios como su

biodiversidad. La agricultura, la urbanización y la cons-

trucción de vías son las principales causas humanas de frag- mentación de las praderas, aunque los cercados y la invasión de

vegetación leñosa también pueden tener efectos adversos sig- nificativos. En el hemisferio occidental, las ecorregiones de pradera más fragmentadas son las áreas de cultivos intensivos de la Nortea-

Bloques de pradera en las Grandes Planicies, sin carreteras

mérica templada y subtropical. El grado de fragmentación de la región de las Grandes Planicies en Estados Unidos ha sido agudizado por la construcción de vías. Cuando no se tiene en cuenta la red vial, el 90% del área de pradera está conformada por bloques de 10.000 km 2 o más de extensión. Cuando sí se la considera no quedan bloques continuos de ese tamaño, y el 70% del área total aparece configurada por parches de menos de

1.000 km 2 .

Bloques de pradera en las Grandes Planicies, con carreteras

parches de menos de 1.000 km 2 . Bloques de pradera en las Grandes Planicies, con
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130

RECURSOS

MUNDIALES

Ecorregiones fragmentadas de pradera de las Américas

Ecorregiones fragmentadas de pradera de las Américas Fuentes: White et al. [PAGE] 2000. Los mapas de

Fuentes: White et al. [PAGE] 2000. Los mapas de las Grandes Planicies se basan en Global Land Cover Characteristics Database Version 1.2 (Lo- veland et al. 2000); el mapa que incluye las carreteras se basa en ESRI 1993. El mapa de las Américas se basa en WWF Conservation Assessment for North America, Latin America, and the Caribbean.

Capítulo

2:

Inventario

de

los

ecosistemas

131
131

Cuadro 2.33

Dehesas en África

L as praderas sostienen una de las mayores concentracio-

nes de ganado en África, donde muchas comunidades ru-

nes de ganado en África, donde muchas comunidades ru- rales dependen de éste para su mantenimiento.

rales dependen de éste para su mantenimiento. La alta

densidad ganadera puede indicar que se trata de sistemas pro- ductivos y bien manejados, o de sistemas con exceso de exis- tencias y mal administrados. Las muestras de degradación del suelo por lo general señalan un manejo deficiente porque los hatos con exceso de existencias contribuyen a que disminuya la cubierta vegetal y a la erosión. En África, una cuarta parte de las tierras secas más sensibles se encuentran degradadas en la ac- tualidad, y de esos 320 millones de hectáreas, una gran parte se considera muy o extremadamente degradada. La capacidad de las praderas africanas para continuar manteniendo la produc- ción ganadera parece precaria.

Densidad ganadera en África Subsahariana
Densidad ganadera en África Subsahariana

Fuente: White et al. [PAGE] 2000. Este mapa se basa en Livestock Research Institute (1998). El cuadro se basa en FAOSTAT (1999).

132
132

RECURSOS

MUNDIALES

den pastar y se les engorda a base de alimentos preparados con granos para maximizar el aumento de peso). La popularidad de la producción intensiva de piensos no está aumentando sola- mente en los países desarrollados donde ya es práctica común, sino incluso en los países en desarrollo (Sere y Steninfeld 1996:

40-41). Lo que no está claro es qué tipo de implicaciones va a te- ner el uso cada vez mayor de sistemas de ganadería intensiva en la condición de las praderas en todo el mundo. En 1996 los piensos daban lugar al 12% de la producción de carne de res y de cordero (De Haan et al. 1997:53). La información que existe sobre la densidad ganadera para la mayor parte de las praderas del mundo puede darnos una idea sobre las presiones a las que se enfrentan las praderas a causa del pastoreo. Sin embargo, al igual que la producción de carne, la densidad ganadera por sí sola no constituye una medida precisa de la condición de esos ecosistemas. Es por ello que se requiere averiguar cómo se maneja el ganado, y en particular si se man- tiene en sistemas de pastoreo estables —donde el ganado pasta continuamente en una parcela determinada— o si es móvil, esto es, cuando el ganado se rota en distintas áreas de pastoreo. Una alta densidad ganadera puede indicar la presencia de un sistema altamente productivo, es decir, que rota eficientemente el gana- do en distintas áreas de pastos, distribuyendo las presiones y evitando el sobrepastoreo. Sin embargo, es posible que señale más bien la existencia de praderas con demasiado ganado y por lo tanto propensas al sobrepastoreo, donde muy probablemente disminuirá la producción en años subsiguientes. La importancia de los sistemas de gestión ganadera —sean es- tos móviles o estáticos— se hace evidente en un estudio sobre seis áreas ricas en ecosistemas de pradera en Mongolia, Rusia y Chi- na. En muchas partes de las áreas estudiadas, los sistemas anti- guos de pastoreo caracterizados por la movilidad y la rotación del ganado en diferentes pastos y a veces separados por largas dis- tancias, han sido reemplazados por sistemas más sedentarios caracterizados por el uso de potreros cerrados. Cuando se com- paran las regiones se ve que el mayor nivel de degradación de los pastizales se encuentra donde la movilidad del ganado es baja y los sistemas estáticos de producción se han convertido en la regla (Sneath 1998:1148) (véase también el Capítulo 3. Preservar la estepa: el futuro de las praderas de Mongolia). Uno de los indicadores más útiles y visibles de la degradación de las tierras de pastoreo es la erosión del suelo. La alta densidad de ganado o un mal manejo de los hatos disminuye la cubierta vegetal y contribuye a la erosión. Esto eventualmente reduce la productividad de las praderas, si bien algunas áreas de suelos profundos pueden tolerar tasas elevadas de erosión durante pe- ríodos prolongados. Es así como la información sobre la condi- ción del suelo constituye un buen indicador sobre la capacidad a largo plazo de los ecosistemas de pradera para seguir produ- ciendo alimentos. GLASOD es la única fuente de información global de amplia cobertura sobre pérdida de suelos en las regiones donde se en- cuentran las grandes explanadas (Oldeman et al. 1991). Este estudio no cubrió explícitamente las áreas de pradera definidas en el APEM; sin embargo, sí proporciona información sobre las

Capítulo

2:

Inventario

de

los

ecosistemas

tierras secas del mundo, en las que las praderas son un rasgo predominante. Las tierras secas en las zonas áridas, semiáridas y áridas subhúmedas se consideran particularmente suscepti- bles a la degradación del suelo, y este tipo de tierras constituye el 55% de las praderas tal y como se las define en el APEM. Se- gún los hallazgos del GLASOD, la actividad humana ha cau- sado la degradación de un poco más de mil millones de hectá- reas o el 20% de todas las tierras secas susceptibles de serlo (Middleton y Thomas 1997:19). La erosión hídrica es respon- sable del 45% de este tipo de daño, mientras que a la erosión eólica se le atribuye el 42% (White et al. [PAGE] 2000; Midd- leton y Thomas 1997:24). De todas las regiones, Asia cuenta con el área más extensa de praderas degradadas: 370 millones de hectáreas o el 22% de las tierras secas susceptibles a la degradación. Sin embargo, África tiene una mayor extensión de tierras secas susceptibles ya degradadas: 25% ó 320 millones de hectáreas. Y lo que es toda- vía más crítico, una proporción mayor de esas tierras se clasifica como «muy degradada» o «extremadamente degradada» (las categorías de degradación más grave de GLASOD) (Middleton y Thomas 1997:19). En el resto del mundo, aunque el área abso- luta de tierras secas degradadas es pequeña, proporcionalmente puede ser grande. En Europa por ejemplo, 99,4 millones de hectáreas (o el 32% del área de tierras secas) están degradados hasta cierto punto. En Norteamérica, Australia y Sudamérica las proporciones equivalentes son 11%, 15% y 13% respectiva- mente (Middleton y Thomas 1997:19).

El estado de cuenta de la producción de alimen- tos. La producción mundial de carne

El estado de cuenta de la producción de alimen- tos. La producción mundial de carne de res, cordero y cabra nunca había sido tan alta. Sin embargo, esto re- fleja más la intensificación de la producción en parcelas forraje- ras o piensos que un incremento en la capacidad de los pastiza- les para mantener ganado. De hecho, las estadísticas sobre de- gradación del suelo en aquellas tierras secas del mundo susceptibles a la degradación sugieren que la capacidad de las praderas para seguir sosteniendo la producción ganadera a lar- go plazo parece estar disminuyendo en muchas áreas. De to- das las tierras secas del mundo propensas a la degradación, el 20% ya lo está.

BIODIVERSIDAD

Como en los otros ecosistemas, la biodiversidad en las praderas proporciona bienes directos: animales de caza, plantas medici- nales, turismo y material genético con fines reproductores, por mencionar sólo algunos. También es el factor crítico que subya- ce a la capacidad de las praderas para ofrecer bienes y servicios. Muchas de ellas contienen un rico conjunto de especies que en muchos casos no se encuentran en otros ecosistemas. Por ejem- plo, los investigadores del APEM encontraron que el 19% de los Centros de Diversidad Vegetal reconocidos en el mundo (re- giones que contienen grandes cantidades de especies, especial- mente aquéllas que se encuentran sólo en unas pocas áreas) se encuentra en las praderas (White et al. [PAGE] 2000). Asimis- mo, las praderas contienen el 11% de las áreas de aves endémi-

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cas del mundo (áreas que contienen dos o más especies con ran- gos de reproducción relativamente pequeños). La importancia de las praderas para la diversidad biológica también se hace evidente en el índice de originalidad biológica desarrollado por el WWF. Este índice considera riqueza de es- pecies, endemismo, rareza del hábitat y fenómenos ecológicos, entre otros criterios. Para América del Norte, 10 de las 32 regio- nes clasificadas como «mundialmente destacadas» por su origi- nalidad biológica son parte de ecosistemas de pradera; la cifra equivalente para América Latina es de 9 de 34 (Dinerstein et al. 1995:21; Ricketts et al. 1997:33). La información sobre la situación actual de la biodiversidad de las praderas es mucho menos amplia que aquélla sobre las presiones que la amenazan, como son la pérdida y fragmentación del hábitat. Es por ello que el APEM no incluye mediciones de la condición de la biodiversidad a nivel mundial. Sin embargo, sus investigadores se apoyaron en estudios regionales más restringi- dos que pueden dar una idea sobre las tendencias de la biodi- versidad en las praderas. Para América del Norte, el Estudio sobre Reproducción de Aves presenta tendencias poblacionales a 30 años para un amplio es- pectro de especies. Las estadísticas desde 1966 hasta 1995 para aquellas especies cuya reproducción tiene lugar en las praderas muestra descensos en casi todo Estados Unidos y Canadá. En cam- bio, en un estudio reciente sobre la región del Serengueti en África Oriental se concluyó que en los últimos 20 años no se habían pro- ducido cambios significativos en las densidades de los herbívoros re- sidentes. En aquellas zonas cercanas a los límites de las áreas pro- tegidas pero menos accesibles a las patrullas de los guardaparques, las poblaciones de fauna silvestre que ya estaban diezmadas expe- rimentaron mayores reducciones (Campbell y Borner 1995:141). La cantidad y abundancia de especies introducidas también es un indicador de la condición de la biodiversidad. Aunque la información que existe sobre especies introducidas no tiene co- bertura mundial, los estudios sobre Norteamérica son ilustrativos de las invasiones de especies que han tenido lugar. La Oficina del Congreso de Estados Unidos para la Evaluación Tecnológica es- timó que en ese país se han introducido cerca de 4.500 especies exóticas, el 15% de las cuales ha ocasionado un daño grave (USCOTA 1993:3-5). En un estudio realizado por el WWF sobre distribución de plantas no nativas en América del Norte se mues- tra que de todas las especies en todas las ecorregiones dentro de las Grandes Planicies, por lo menos el 10% no era nativo, mien- tras que la cifra para los pastizales del Valle Central de Califor- nia supera el 20% (Ricketts et al. 1997:83). En vista de las presiones significativas a las que se enfrenta la biodiversidad, y de las condiciones de deterioro a nivel regional, las áreas protegidas pueden cumplir un papel clave en preservar por lo menos algunas muestras de la diversidad natural de las es- pecies y los hábitats de las praderas. Sin embargo, los investiga- dores del APEM determinaron que menos de un 15% de las áreas protegidas del mundo tienen por lo menos un 50% de tie- rras de pradera. En total hay 2,1 millones de km 2 de praderas protegidas, esto es, el 4% del área de praderas en todo el mundo (White et al. [PAGE]2000).

El estado de cuenta de la biodiversidad. Las medi- ciones directas de la condición de

El estado de cuenta de la biodiversidad. Las medi- ciones directas de la condición de la biodiversidad en las praderas son escasas. Sin embargo, aquellos casos para los cuales existe información muestran que existen graves problemas relacionados con la introducción de especies y que las poblaciones de muchas especies nativas están disminuyen- do. Esto sugiere que, al menos regionalmente, la capacidad de las praderas para sostener la biodiversidad está declinando. En realidad, la conversión generalizada de praderas con fines agrí- colas y de urbanización, así como su fragmentación paulatina sugieren la posibilidad de que muchos de esos ecosistemas ha- yan perdido ya su capacidad de producir bienes y servicios rela- cionados con la biodiversidad. De las muchas áreas que han sido identificadas como depositarias de una biodiversidad noto- ria en las praderas, muy pocas están siendo vigiladas o protegi- das ya sea mediante legislación o programas de preservación.

ALMACENAMIENTO DE CARBONO

La manera en que se gestionen los ecosistemas tendrá una in- fluencia significativa en las concentraciones de carbono en la atmósfera. Los investigadores del APEM estimaron que el suelo y la vegetación de las praderas de todo el mundo almacenan ac- tualmente entre 405 y 806 millones de toneladas de carbono,

esto es, el 33% del total de carbono fijado en los ecosistemas te- rrestres. La cantidad de carbono almacenado en las praderas es aproximadamente la mitad de la que se almacena en los bosques,

si bien el área total de praderas es casi el doble.

A diferencia de los bosques tropicales, donde el carbono se fija principalmente en la vegetación de superficie, en las praderas la mayor parte queda almacenada en el suelo (Middleton y Thomas 1997:141), especialmente como desperdicios orgánicos y secre- ciones de raíces, y como nutrientes para organismos microbianos

e insectos. Por ejemplo, en una sabana de Sudáfrica la materia

orgánica del suelo representa aproximadamente dos tercios del depósito total de carbono, que asciende de 9 kgC/m 2 (Scholes y Walker 1993:84). Existe una serie de actividades humanas que puede perturbar la capacidad de almacenamiento de carbono en las praderas. Cuando éstas se convierten en tierras para la agricultura, la eli- minación de la vegetación y el cultivo subsiguiente reducen la cu- bierta superficial y desestabilizan el suelo, lo cual conduce a la li- beración de carbono orgánico. La degradación de los pastos en las tierras secas también puede convertirse en una fuente signi- ficativa de pérdida de carbono, lo mismo que la práctica de quemar pastizales para mejorar su valor como tales (Adreae 1991:5; Sala y Paruelo 1997:328). Incluso la amenaza creciente de las especies invasoras puede afectar adversamente la capaci- dad de almacenamiento de carbono de las praderas. Por ejemplo, algunos experimentos realizados recientemente sugieren que el pasto espigado, un pasto de raíces poco profundas introducido en las praderas norteamericanas desde el norte de Asia para mejorar el forraje del ganado, almacena menos carbono que los pastos nativos perennes que cuentan con sus amplios sistemas de raíces (Christian y Wilson 1999:2397).

RECURSOS

MUNDIALES

Por otra parte, los programas dirigidos a controlar la degra- dación del suelo y a rehabilitar la cubierta de pastizales podrían aumentar la fijación de carbono en esos ecosistemas. Si se lleva- ran a cabo programas de rehabilitación de suelos, las proyeccio- nes de 1990 a 2040 sobre almacenamiento de carbono en las tie- rras secas del mundo muestran una diferencia de 37.000 millones de toneladas en emisiones de carbono entre un escena- rio «normal» (donde persisten los patrones actuales de degrada- ción) y un escenario de manejo sostenible (Ojima et al.

1993:108).

El estado de cuenta del almacenamiento de carbo- no. Aunque las praderas tienen menor capacidad

El estado de cuenta del almacenamiento de carbo- no. Aunque las praderas tienen menor capacidad de almacenamiento que los bosques, de todas maneras re- tienen cerca del 33% de todo el carbono que se fija en los eco- sistemas terrestres, fundamentalmente en el suelo. Es por ello que el potencial de degradación del suelo puede implicar una pérdida significativa de capacidad de almacenamiento de car- bono en ellos. Las prácticas actuales de conversión de las pra- deras y la degradación de las planicies secas están reduciendo el potencial de almacenamiento de carbono en muchas regiones del mundo, especialmente en las zonas áridas.

TURISMO

Las praderas proporcionan servicios culturales, estéticos y re- creativos muy importantes. Mucha gente las escoge como destino para hacer caminatas, como áreas de caza y pesca o por su im- portancia histórica, religiosa o ceremonial. Por ejemplo, en las praderas de Estados Unidos se han preservado muchos sitios de importancia religiosa, ceremonial e histórica para los indígenas americanos (Williams y Diebel 1996:27). La contribución económica de los servicios recreativos que pueden prestar las praderas es significativa. Por ejemplo en Tan- zania, las ganancias del turismo relacionado con la caza de fau- na silvestre ascendieron a US$13,9 millones en 1992-93, una cantidad tres veces superior a la de las entradas obtenidas en 1988 (Planning and Assessment for Wildlife Management 1996:78). De la misma manera, las ganancias totales de la in- dustria de la cacería en Zimbabue aumentaron de aproximada- mente US$3 millones en 1984 hasta casi US$9 millones en 1990 (Price Waterhouse 1996:85). Otros países en desarrollo con grandes planicies muestran un enorme crecimiento en lo que se refiere a las ganancias en concepto de turismo internacional en el intervalo de 10 años

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2:

Inventario

de

los

ecosistemas

entre 1985-87 y 1995-97: en Tanzania aumentaron en 1.441% mientras que en Ghana y Madagascar el incremento fue del 800% (Honey 1999:368-369). Es evidente que no todo este cre- cimiento corresponde necesariamente al turismo dirigido hacia zonas de pradera, pero en algunos países como Kenia se sabe que estos destinos y su fauna constituyen el principal atractivo (Ho- ney 1999:329). Dada la creciente importancia del turismo como fuente de in- gresos, es importante reconocer que éste también puede conver- tirse en una presión para los ecosistemas. Los cazadores que van en pos de los animales salvajes, e incluso los turistas que sólo pretenden fotografiarlos, pueden perturbar a la fauna y degradar la planicie con sus excursiones por fuera de los caminos trazados, contaminarla con gran variedad de materiales, incluyendo ba- sura, y aumentar el consumo de agua y otros recursos en áreas frágiles. Todo esto puede limitar la capacidad de los ecosistemas de pradera para ofrecer a largo plazo su belleza y biodiversidad, que es el principal atractivo para los turistas. En Kenia, Tanza- nia y Sudáfrica se han hecho análisis sobre el turismo que mues- tran impactos mixtos en parques y otras áreas de pradera. Has- ta el momento el daño allí está principalmente confinado a aquellas áreas que reciben el mayor número de visitantes (Honey

999:256).

La caza furtiva es otra influencia negativa que induce modi- ficaciones en las praderas y que continúa siendo un problema en varios países africanos. En Kenia, las poblaciones de elefantes disminuyeron en un 85% entre 1975 y 1990, hasta llegar a 20.000; la merma en los rinocerontes fue del 97% y hoy en día sólo quedan menos de 500 ejemplares (Honey 1999:298).

El estado de cuenta del turismo. El crecimiento en el número de turistas y en

El estado de cuenta del turismo. El crecimiento en el número de turistas y en las entradas por ese concepto en los países ricos en planicies ilustra la significativa contribución económica de estos ecosistemas en concepto de turismo. Sin embargo, es difícil evaluar la calidad actual y la prognosis a largo plazo del turismo en estas áreas por la falta de estadísticas completas y coherentes sobre la explotación de la fauna silvestre, los impactos del turismo, y el tamaño y calidad de las presas de caza, entre otros indicadores. De cualquier mane- ra, la continua conversión de las praderas a actividades agrope- cuarias o de urbanización, el aumento en la frecuencia de los incendios, la propagación de especies invasoras y el impacto de los visitantes sugieren una disminución potencial en la capa- cidad de las praderas para mantener el turismo y los servicios re- creativos a largo plazo.

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