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ESTRATEGIAS Y OPERACIONES TÁCTICAS DE LOS EJÉRCITOS EN LA GUERRA DEL CHACO

ESTRATEGIAS Y OPERACIONES TÁCTICAS DE LOS EJÉRCITOS EN LA GUERRA DEL CHACO Camión Ford similar a(Dunkerley, 1987, p. 207) No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien el Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica», decía: Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa […]. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas […] los países como el nuestro, que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay […] único país al que podemos atacar con seguridades de victoria. Daniel Salamanca (Antezana Villagrán, 1982, p. 12/13 vol. 2). Comenzada la guerra, Bolivia no realizó una movilización total, consideró que era suficiente llevar adelante una guerra económica y que no alterara la vida cotidiana de la población. Por estas razones no se intentó mejorar el abastecimiento hasta el lejano frente chaqueño construyendo una línea férrea hasta Muñoz y el imprescindible puente sobre el río Pilcomayo Las tropas fueron transportadas en camión y ferrocarril hasta Villazón, desde allí en camión hasta Tarija y desde ese punto a pie hasta Villamontes, la base principal en el Chaco. Desde allí los soldados tuvieron que marchar hasta " id="pdf-obj-0-4" src="pdf-obj-0-4.jpg">

Camión Ford similar a los que usaron Bolivia y Paraguay.

Estrategia boliviana

La estrategia boliviana se apoyó en la indudable superioridad de recursos económicos y de población (3 a 1) que tenía sobre el Paraguay. Para el Estado Mayor boliviano la ocupación del Chaco y el acceso al río Paraguay era más un problema diplomático que militar.

El teniente coronel Ángel Rodríguez consideraba que solo había agua suficiente para enviar a cinco mil hombres, y que solo las unidades no más grandes que una compañía podrían maniobrar entre los arbustos, mientras que Kundt seguía firmemente convencido de que tres mil hombres bastarían para tomar Asunción.(Dunkerley, 1987, p. 207)

No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien el Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica», decía:

Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con

una guerra victoriosa […]. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a

la prueba del fuego para salvar sus almas […] los países como el nuestro, que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la

prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay […] único país

al que podemos atacar con seguridades de victoria.

Daniel Salamanca (Antezana Villagrán, 1982, p. 12/13 vol. 2).

Comenzada la guerra, Bolivia no realizó una movilización total, consideró que era suficiente llevar adelante una guerra económica y que no alterara la vida cotidiana de la población.

Por estas razones no se intentó mejorar el abastecimiento hasta el lejano frente chaqueño construyendo una línea férrea hasta Muñoz y el imprescindible puente sobre el río Pilcomayo Las tropas fueron transportadas en camión y ferrocarril hasta Villazón, desde allí en camión hasta Tarija y desde ese punto a pie hasta Villamontes, la base principal en el Chaco. Desde allí los soldados tuvieron que marchar hasta

400 kilómetros a través del polvo, barro y el calor sofocante del Chaco Boreal. El medio básico de transporte fue el camión, y estos siempre escasearon.

Dígame señor general, ¿qué piensan hacer con los 600 camiones y qué han hecho con los últimos 20 que he comprado hace dos meses?

Presidente Salamanca al Jefe de Estado Mayor (Dunkerley, 1987, p. 214)

Para cubrir las seis etapas del tramo Villazón-Muñoz se necesitaban 480 camiones. Como solo había unidades para los pertrechos y sobre todo el agua, los soldados tuvieron que movilizarse a pie durante toda la guerra. Los vehículos estuvieron limitados a su vez por los malos caminos, todos de tierra y que las lluvias hacían intransitables

Bolivia priorizó la ocupación territorial para justificar «de facto» sus derechos (Vid. Incidente de laguna Pitiantuta). La pérdida de un fortín fueron vividas dramáticamente por el pueblo, el gobierno y el ejército bolivianos hasta el punto de ocultarse la información entre sí. Los partidos políticos, el regionalismo y la prensa de la oposición no perdieron ninguna oportunidad para criticar al presidente Salamanca y al alto mando con el único objetivo de lograr una mayor cuota de poder.

La preparación de los oficiales y la del mismo Kundt no estaban actualizadas. El Colegio Militar era refugio de estudiantes réprobos y bachilleres fracasados. Muy pocos recibieron capacitación superior una vez egresados de ese Colegio, dentro o fuera del país. Los ascensos se digitaron políticamente en negociaciones abiertas. La misión militar española que llegó en febrero de 1931 observó que se enseñaba materias elementales como álgebra a coroneles y topografía a egresados de la Escuela Superior de Guerra. Primaban las doctrinas de la Primera Guerra Mundial con sus ataques frontales con enorme costo en vidas y que ya estaban siendo superadas por concepciones más modernas. Antes que comenzara la guerra, pese a los años a cargo del ejército boliviano, el general Hans Kundt nunca estuvo en el Chaco.

Para los soldados que venían del altiplano fue difícil adaptarse física y psíquicamente al hábitat chaqueño. La unidad del pueblo frente a la guerra fue débil debido al anacrónico feudalismo agrario boliviano. En 1927, al norte de Potosí, los llamados «campesinos» se levantaron contra la oligarquía terrateniente boliviana en tres oportunidades; Eduardo Nina Quispe (1930-1933) luchó por una República de Naciones y Pueblos Originarios y en 1935 se masacró a campesinos en Pucarani para obligarlos a ir a la guerra.

El soldado Aymará, que no conocía el castellano, fue ciegamente a la guerra (y a la muerte) sin saber el por qué. Uno de ellos preguntó a su sargento: «¿Y quién, pues, jefe, es nuestro enemigo? ¿Son los cochabambinos?».

El indio iba a la guerra, pero no le gustaba naturalmente porque no tenía conciencia patriótica ¿cómo era posible tenerlo como soldado al indígena sin forzarlo?

J. Espada Antezana, ministro de guerra boliviano (Arce Aguirre, 1987, p. 258).

¿Los indios son cobardes? No saben a conciencia qué es la Patria, pero se empeñan en fiera lucha contra quienes intuyen que son sus adversarios o, más propiamente, contra los oficiales que los comandan.

Subteniente boliviano Alberto Taborga (Dunkerley, 1987, p. 244).

La relación entre Salamanca y el alto mando y la de estos entre sí fue difícil durante toda la guerra ya que muchos tenían ambiciones políticas y corporativas que afectaban la conducción de las operaciones.

La clase militar había llegado a formar una especie de casta privilegiada, cuidadosamente cerrada a los profanos, de acceso exclusivamente oficial y cuyos componentes progresaban masónicamente en grados y emolumentos por acción del

tiempo […] Unidos en estrecha solidaridad de intereses, frente al Gobierno y a la nación toda, […], acabaron por mostrar, al contacto con la guerra, toda la soberbia de que

estaban penetrados. […] Desgraciadamente tanta soberbia militar iba acompañada de la incapacidad y de la derrota, con todas sus funestas consecuencias. […] Se crearon en el

Chaco un campo propio y cerrado en que ellos pudiesen moverse con entera libertad. Eso sí, pedían soldados, camiones, provisiones, armas y municiones en cantidades crecientes sin atender a las posibilidades financieras que limitaban los esfuerzos del Gobierno (a pesar de su buena voluntad).

Presidente D. Salamanca (Guachalla, 1978, p. 90 y 91).

Algunos historiadores, Querejazu Calvo entre ellos, caracterizaron al ejército boliviano de entonces como un «ejército colonial» porque era una fuerza fundamentalmente dirigida a la represión interna, que carecía de apoyo popular, que estaba dividido racialmente y que era utilizado para defender un sistema político que ya estaba en proceso de desintegración

La compra de armamentos, a fines de la década del 20, fue desproporcionada frente al probable enemigo, el ejército paraguayo. Esto despertó la inquietud de otros países limítrofes: Chile y Perú. Esa compra, unificada mayormente en la firma inglesa Vickers, produjo una serie de problemas en cuanto a la calidad y al cumplimiento de las entregas. Se compraron tanques pese a la oposición de los técnicos bolivianos que afirmaban que no servirían en el Chaco. Al comienzo de la guerra, un volumen importante de armas todavía estaba sin fabricar ni embarcar en Inglaterra.

En 1932, Bolivia sufrió serias dificultades económicas por la caída del precio y el volumen de las exportaciones del estaño que en 1929 habían sido de 46,9 millones de dólares, reduciéndose a 10 millones de dólares en 1932. Además, careció de crédito internacional por haber entrado en mora en los pagos de su deuda externa. La producción minera concentraba, en 1930, el 95% de las exportaciones bolivianas absorbiendo mano de obra campesina que impedía el desarrollo de la agricultura y favorecía la dependencia de la importación de alimentos provenientes de los países vecinos, especialmente de la Argentina. En 1931, el general Osorio, en un informe al Ministerio de Guerra, advertía sobre esta debilidad estratégica:

en una emergencia bélica con el Paraguay […] existe el peligro que nuestro abastecimiento y aprovisionamiento […] casi total y obligadamente efectuados en los

[

...

]

mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses militares.

Informe del general Osorio al Ministerio de Guerra boliviano (Seiferheld, 1983, p. 283.)

Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde la Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos del Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del gobierno paraguayo.

La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que ingresaba ilegalmente desde la Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo Iriyoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante». Después de terminada la guerra se confirmaron las denuncias de que la Standard Oil de Bolivia, desde 1926, venía sacando de contrabando parte de su producción hacia la Argentina, a través de un oleoducto clandestino, con el visto bueno de altos funcionarios del gobierno argentino y boliviano vinculados a esa empresa norteamericana.

Estrategia paraguaya

mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses militares. Informe del general Osorio al(Seiferheld, 1983, p. 283.) Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde la Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos del Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del gobierno paraguayo. La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que ingresaba ilegalmente desde la Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo Iriyoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante». Después de terminada la guerra se confirmaron las denuncias de que la Standard Oil de Bolivia, desde 1926, venía sacando de contrabando parte de su producción hacia la Argentina, a través de un oleoducto clandestino, con el visto bueno de altos funcionarios del gobierno argentino y boliviano vinculados a esa empresa norteamericana. Estrategia paraguaya Tren transportando soldados paraguayos desde Puerto Casado al frente. El estado mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco utilizando las comunicaciones existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción por el río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta, usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar en el Chaco. Durante la primera parte de la guerra, esta ventaja compensó, en cierta medida, la superioridad boliviana en recursos. Sin embargo, la falta de camiones fue crónica y permitió muchas veces que el enemigo, totalmente desarticulado, pudiera escapar. El abastecimiento de agua, por igual motivo, fue otro problema difícil de resolver. A principios de octubre de 1934, en su visita al frente, el presidente Ayala le manifestó al comandante Estigarribia que no podía proveerle de los 500 camiones que el ejército necesitaba con prioridad absoluta debido " id="pdf-obj-3-14" src="pdf-obj-3-14.jpg">

Tren transportando soldados paraguayos desde Puerto Casado al frente.

El estado mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco utilizando las comunicaciones existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción por el río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta, usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar en el Chaco. Durante la primera parte de la guerra, esta ventaja compensó, en cierta medida, la superioridad boliviana en recursos.

Sin embargo, la falta de camiones fue crónica y permitió muchas veces que el enemigo, totalmente desarticulado, pudiera escapar. El abastecimiento de agua, por igual motivo, fue otro problema difícil de resolver. A principios de octubre de 1934, en su visita al frente, el presidente Ayala le manifestó al comandante Estigarribia que no podía proveerle de los 500 camiones que el ejército necesitaba con prioridad absoluta debido

al alargamiento de su línea de abastecimiento. Estigarribia justificó entonces su plan de atacar a los bolivianos en Cañada El Carmen diciendo:

En este caso [

]

no se debería perder tiempo esperando mejores perspectivas sino por el

... contrario actuar pronto y decididamente porque nosotros no podemos movernos [por

falta de camiones] pero tampoco podemos quedar donde estamos.

Entrevista Estigarribia-Ayala, en Camacho, 6 de octubre de 1934 (Vittone, 1986, p. 198).

Las ofensivas paraguayas se realizaron en las estaciones de poca lluvia, cuando el calor era preponderante. Se utilizó la táctica del «cerco y aniquilamiento», el popularmente llamado «corralito»: ruptura o envolvimiento del frente, penetración hacia la retaguardia enemiga, corte del abastecimiento y mando enemigos. Se priorizó el movimiento, rebalsando por los laterales las defensas fijas bolivianas, evitando los ataques frontales de gran intensidad. El objetivo fue el aniquilamiento del ejército enemigo y no la ocupación territorial. En febrero de 1934, un informe boliviano sobre el modus operandi del ejército paraguayo decía:

La forma sistemática que el enemigo viene empleando en sus ataques consiste en el amarramiento frontal, con grupos de combate y activas exploraciones de fuego para buscar el envolvimiento, con su masa, de una o ambas alas, y la salida de fracciones sucesivas sobre los caminos de retaguardia. Estas maniobras piden serias precauciones para su ejecución; sin embargo, son llevadas [a cabo] por el enemigo con una confianza imprudente, apoyado simplemente en el resultado moral de sus éxitos anteriores.

Informe del Comando Superior boliviano (Guachalla, 1978, p. 114).

Los oficiales más capaces fueron enviados al extranjero: Argentina, Chile, Francia, Bélgica, Italia, para realizar estudios superiores. El pueblo paraguayo, con la convicción de estar siendo nuevamente agredido, como había ocurrido 60 años antes por la Argentina, el Brasil y el Uruguay, se unió nuevamente detrás del gobierno y su ejército en lo que se conoce como Guerra total. Nadie dudaba de que el Chaco debía ser «defendido». El pueblo colaboró con todo tipo de actividades, tanto en el país como en el extranjero, para aumentar la producción de bienes exportables, recaudar fondos y todo tipo de recursos para la guerra. En abril de 1934, los ciudadanos entregaron 800 mesas de madera de sus casas para construir 1200 cajas para 18 000 granadas de mano construidas en los arsenales y que debían enviarse al frente con urgencia. Había homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas tradiciones, costumbres y hablaban el mismo idioma: el guaraní. En este aspecto el ejército paraguayo tuvo una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde habían distintos grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre soldados y oficiales, y hasta mercenarios extranjeros en los mandos superiores. Al poeta y excombatiente boliviano Ángel Lara, que observaba a un grupo de prisioneros paraguayos, le sorprendió que los soldados conversaran con sus oficiales «con toda naturalidad»

La perfecta complementación entre dos hombres con características disímiles, el comandante Estigarribia, como máximo responsable militar, y el presidente Eusebio Ayala, en su función política y económica, permitió que el Paraguay tuviera una

conducción unificada y casi sin fisuras, imprescindibles para lograr los mejores resultados en la campaña militar.

La adquisición de armas tuvo que superar tres problemas fundamentales:

Tener abiertas las líneas de comunicación que pasaban por la Argentina: vías

férreas y de navegación. La escasez de recursos y de créditos.

La necesidad del secreto para no provocar una reacción boliviana que acelerara la guerra antes de que las mismas llegaran al Paraguay.

El envío del general Manlio Schenoni, en septiembre de 1926, a recorrer las fábricas de armamento europeas tuvo como objetivo desviar la atención de los espías bolivianos, pues la compra fue realizada por el doctor Eusebio Ayala utilizando secretamente los estudios técnicos que el ejército argentino había realizado para su propio equipamiento y los informes que enviaban los oficiales paraguayos que estudiaban en Europa.

mientras se observaba a un jefe [Schenoni], las adquisiciones se hacían en otra parte subrepticiamente; se disipaba la alarma de Bolivia mientras realizábamos nuestros planes. Por este motivo decía el Presidente de la República en uno de sus mensajes al Congreso: «Preferimos hacer lo que no parece, a hacer parecer lo que no hacemos».Ayala Queirolo (1985, p. 65)

Las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas, a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto significó contar, a los pocos meses de continuos combates, con un ejército experimentado para la difícil guerra chaqueña.

Un aspecto importante de la estrategia paraguaya fue contar con el apoyo de la Argentina como fuente de suministro de insumos vitales. A tal efecto se utilizaron las históricas relaciones comerciales y las vinculaciones culturales, sociales y migratorias existentes entre ambos países. Desde el punto de vista geopolítico, la Argentina consideraba al Paraguay como la primera línea de defensa o la punta de lanza ante una posible expansión brasileña hacia el oeste. Comenzada la guerra, el pueblo argentino apoyó la causa paraguaya con donaciones y voluntarios de todo tipo.

El doctor Luque, redactor jefe de La Prensa, me dijo: «Yo no hablo en mi casa de lo que en el diario se hace, y así jamás hablo de la cuestión paraguayo-boliviana; pero es lo cierto que mi mujer, mis hijos y todo el servicio no pierden ninguna oportunidad para expresar sus simpatías por el Paraguay. Ese es el espíritu de toda la gente».

Estos hechos no fueron un secreto para el gobierno y el estado mayor boliviano, que recibían extensos informes no solo de sus funcionarios radicados en Buenos Aires sino del propio Luis Fernando Guachalla, embajador boliviano en Asunción hasta julio de

1931

Historial de Combate con Blindados

El ejército boliviano tuvo instructores extranjeros que formaron parte de las misiones alemanas que prestaron servicios en Bolivia desde fechas tan tempranas como 1904. Algunos de estos volvieron entre 1931 y 1934, como el mayor Wilhelm 'Wim' Brandt y el mayor Achim R. von Kries, que llegaron a comandar tanques en la guerra del Chaco. Se tienen datos de otros dos extranjeros: el ingeniero estadounidense John Kenneth Lockhart y el Capitán austriaco Walter Kohn. Ambos fallecieron en la contienda, el primero en la batalla de "Kilómetro 7", y el segundo en "Nanawa". Al menos dos mecánicos de las unidades blindadas habrían sido de origen chileno. El resto de las tripulaciones estuvieron integradas por voluntarios bolivianos que recibieron una breve instrucción que duraba 8 semanas. Se prepararon al menos 2 tripulaciones por cada vehículo.

El historial de combate de los blindados es limitado y poco documentado. Participaron principalmente como parte de unidades de artillería o como reserva móvil de estas. Una unidad entró en combate por primera vez en el cerco de Boquerón, los días 15 y 16 de septiembre de 1932. Lo que los paraguayos describieron como un "pequeño tanque boliviano con forma de cajón" era una tanqueta Carden-Loyd al mando del capitán Lockhart perteneciente al "Destacamento Peñaranda" que habían sido enviados para ayudar al "Destacamento Marzana" sitiado en Boquerón. En esa ocasión, Lockhart fue herido por disparos de fusil al operar con las escotillas abiertas debido al calor imperante, por lo que la unidad debió retirarse y no se la volvió a ver en esa batalla. El general Luis Fernando Sánchez Guzmán, en su obra sobre Boquerón, habla del empleo de 2 blindados en esta batalla, pero no se han encontrado informes que confirmen esa afirmación.

Los blindados entraron en acción nuevamente en la batalla de "Kilómetro 7". Dos de ellos, al mando en esa oportunidad de Kohn y Lockhart, actuaron juntos con el "Destacamento Z" en apoyo del teniente coronel Bilbao Rioja encargado de frenar el avance paraguayo hacia a Saavedra. Debido a averías mecánicas y al calor, ambos tanques dejaron de operar y sus tripulaciones terminaron combatiendo como soldados de infantería. Así perdió la vida Lockhart, acribillado en el pecho por una ráfaga de ametralladora mientras lideraba una escuadra en un ataque frontal. Kohn quedó herido por impactos de fusilería. No existen detalles del tipo de vehículos que actuaron en esta batalla, debido a que los partes bolivianos y paraguayos hacen referencia a los blindados genéricamente como "tanques Vickers" o simplemente "tanques". Por un tema de logística se asume que se habría tratado de las tanquetas Carden-Loyd, porque a mediados de octubre de 1932 todavía se estaba discutiendo la compra de los Mk.E más pesados. Para el 19 de noviembre, una unidad, al mando del Tte. José Quiroga, se sumó a la Batería de Artillería "Rivera" en la defensa del flanco izquierdo de la línea boliviana.

Entre el 8 y 15 de diciembre de 1932, una de las tanquetas Carden-Loyd fue empleada en los reconocimientos en el área que luego se llamaría "Campo Jordán". El 26 de diciembre, un solitario tanque al mando de Kohn fue empleado por el centro del dispositivo de ataque de la 4ª División de Peñaranda, en apoyo al RI-3 "Pérez". Al poco tiempo de partir, el tanque empezó a moverse más lentamente y, aparentemente averiado, fue abandonado por su tripulación sin haber siquiera entrado en combate

debido al intenso calor de más de 60°C dentro del vehículo. Más tarde, los zapadores bolivianos recuperaron el vehículo para su reparación.

Es significativo que los bolivianos no usaran tanques en el importante primer ataque contra las fortificacioness de Nanawa, en enero de 1933 ni en Toledo. Nuevamente se usaron los tanques en la toma de Alihuatá, realizada entre el 13 y 18 de marzo de 1933, aunque no se tienen detalles de su participación, cantidad ni conductores.

Experiencia boliviana y tácticas con Blindados

La utilidad de los blindados en el Chaco fue pobre debido a muchos factores: su escaso número, el desconocimiento de la doctrina de uso de los mismos y las limitaciones imperantes debidas al clima, geografía y la logística del ejército boliviano. Las opiniones desfavorables del coronel Merino y el general Lanza respecto de la compra de esos tanques y tanquetas se confirmó ampliamente en el terreno de los hechos.

El arma blindada hizo su aparición en la fase inicial de la guerra. Los tanques fueron empleados principalmente como parte de las unidades de artillería, casi como cañones autopropulsados de apoyo o nidos de ametralladora móviles. Esto hizo que no se entrenase a la infantería para operar en conjunto con las unidades blindadas.

Sólo en la segunda batalla de Nanawa (julio de 1932) se intentó combinar los blindados con la infantería para el ataque a posiciones fuertemente atrincheradas. Pese a las condiciones favorables: suelo duro, baja temperatura, campo abierto, posiciones enemigas bien determinadas, su éxito fue casi nulo. La falta de coordinación entre infantería y los blindados llevó al fracaso a la mayoría de los intentos de uso del arma blindada.

Las tanquetas fueron la mayor decepción debido a su uso en condiciones inadecuadas. El delgado blindaje proveía de escasa protección a sus dos tripulantes que sufrían frecuentemente lesiones del tipo rociado, tras ser alcanzadas por el fuego de ametralladoras. La ametralladora prácticamente fija al frente del vehículo, limitaba enormemente su campo de tiro. La estrechez de sus orugas restaba velocidad y maniobrabilidad en las condiciones de terreno chaqueño, lo que impedía el uso de su principal atributo,la velocidad. Por estas mismas razones se retiraron del uso en casi todos los países a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, exceptuando al Japón.

El Servicio Secreto Boliviano, espías en la Guerra del Chaco

La Paz, 1934. El conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay transita su tercer año. Mientras la mayoría de la población anda ansiosa por saber noticias del Chaco, donde

centenares de soldados mueren por las balas, el hambre y la sed; otros, como un vendedor de corbatas en inmediaciones de la plaza San Francisco, siguen su rutina. Para

todos, él solamente es eso: un comerciante Secreto Boliviano (SSB).

...

no para los agentes especiales del Servicio

Días de seguimiento han permitido al grupo de Inteligencia llegar a la conclusión de que tras ese quiosco se esconde un espía paraguayo. El infiltrado pasa información directa a

su país sobre la movilización de tropas bolivianas y la llegada de armamento. La red de la que él forma parte es descubierta por la Operación Rosita. El “pila” es en realidad el capitán Freitas, un oficial asentado en La Paz desde 1928.

“En la Guerra del Chaco peleamos además contra el espionaje de Paraguay y sus

aliados, Argentina y Chile”, expone el general de Ejército Luis Fernando Sánchez Guzmán, autor del libro Soldados de Siempre. En él revela las operaciones de espionaje boliviano realizadas entre 1933 y 1935. Una aventura, al puro estilo James Bond.

Carnavales. Había transcurrido un año y cinco meses desde el cerco a Boquerón, ocurrido en septiembre de 1932, y casi 365 días del triunfo boliviano en la batalla de Kilómetro Siete, entre noviembre de 1932 y febrero de 1933. En medio de esa emergencia, una fiesta privada de carnavales se organiza ese 1934. La celebración sólo es una fachada.

Asisten civiles y militares, algunos recién llegados del campo de acción. Entre los 48 invitados se encuentran Rosa Aponte Moreno, una joven cruceña de 20 años; el excombatiente Gastón Velasco Carrasco, el migrante español Alfredo Fernández Sibauti y el párroco mexicano Alfonso Ivar. La intención: armar el que sería el Servicio Secreto Boliviano para trabajos de espionaje y contraespionaje.

Todo el grupo, conformado íntegramente por voluntarios, es entrenado por el alemán

Karl Heming. “Karl había combatido en la Primera Guerra Mundial y formaba parte de una colonia alemana que se identificó desde el primer momento con la causa boliviana”,

relata el general Sánchez. Otros colaboradores germanos en la misión fueron Wálter Mass y Otto Berg. En 1934, mientras paraguayos y bolivianos luchan a muerte en las candentes arenas chaqueñas, el SSB alista un operativo. De Potosí llega la noticia de la instalación de un Consulado de Paraguay en La Quiaca, Argentina. La posición es

estratégica pues el grueso del Ejército boliviano pasa por Villazón, a metros de la frontera. Algo se cocina desde Asunción.

Rosita Aponte trabajaba en el Parlamento antes de ser entrenada por el SSB y destinada a Villazón con un grupo de Inteligencia integrado por otras dos damas, por Gastón Velasco y Carlos Ackerman, un experto en cajas fuertes. La bella cruceña abre una pensión cerca de la legación diplomática guaraní y, con la complicidad de sus dos amigas, conquista a los funcionarios consulares, a quienes invita a un baile.

“Todo estaba planificado. Ellas entraron como ciudadanas peruanas”, reseña el escritor.

Esa noche, mientras los paraguayos se divertían, Velasco y Ackerman ingresan al Consulado y sustraen de una caja fuerte documentos que permiten descubrir la red de espías que operaba en territorio boliviano.

“Cayeron argentinos, paraguayos, chilenos y hasta bolivianos ligados a ellos”, resume

Sánchez. Uno de los descubiertos fue, precisamente, el capitán Freitas, el vendedor paraguayo de corbatas en San Francisco que enviaba informes a su país. El delator fue fusilado en La Paz. Esta misión se llamó Operación Rosita, por Rosa Aponte.

El mismo 1934, el SSB descubre que funcionarios chilenos que vivían en La Paz eran agentes paraguayos. Había que hallar pruebas que los incriminen. Y Rosa toma la misión. El SSB abre un prostíbulo por la plaza Riosinho. Dos chilenos llegan al lugar y

pasan la noche con dos damas. Al día siguiente, ya en el domicilio de uno de ellos, por las calles Colombia y México, ingresa un desfile militar. Los trasandinos asoman sus cabezas y junto a ellos las dos mujeres. Desde abajo, agentes les toman fotos con las que luego son chantajeados para dar a conocer los nombres de otros informantes. Rosa Aponte participa de más acciones antes de casarse con un oficial. Muere en los años 90.

Otra historia es la de Alfredo Fernández Sibauti, cuidadano español que se cría en la ciudad de Sucre. Una vez estallada la guerra, el Españolito como después fue bautizadopasa a formar parte del SSB. El delgado hombre con grandes dotes para la actuación es encomendado en 1934 a entrar en el corazón del enemigo. Su maestro es Gastón Velasco, el mismo que ayudó en La Quiaca a descubrir la red de espías. El

nuevo agente, que no pasa de los 30 años, una vez en Asunción y tras declarar su

pretendido “odio” a los bolivianos, logra ser aceptado en el grupo de espionaje de ese

país.

Fernández Sibauti envía inestimable información a Bolivia desde las mismas oficinas del Servicio de Inteligencia Paraguayo. Gracias a esos datos, la cañonera Humaytá quedó fuera de acción tras la explosión de una carga de dinamita en su caldera. Con sus informes se desbarata más redes de espionaje y se captura agentes enemigos en Arica, Chile. Sin embargo, a fines de 1934 el Españolito es interceptado por la Inteligencia paraguayo-argentina, torturado y luego acuchillado en un hospital.

Sacerdote. Sólo por su apellido, Zetaro, se conocía en la ciudad paceña a un argentino que proviene de una familia adinerada de Tucumán. Recién llegado, en los años 30, el inmigrante se contacta con los grupos de poder locales y en 1934 se ofrece como voluntario para ser agente de la Inteligencia boliviana.

En su vertiginosa carrera, llega inclusive a ser el estafeta del que después sería presidente de la República: el teniente coronel Germán Busch Becerra. El accionar de Zetaro pasa desapercibido para todos, excepto para el SSB.

Aquí entra en escena el mexicano Alfonso Ivar, sacerdote de día y cazador de desertores por la noche. Llegado de México a principios de los años 30, Ivar trabaja ya como agente secreto para el gobierno de Daniel Salamanca. Famoso por “pescar” delatores en los bares, llega a ser Jefe de Policía durante la Guerra del Chaco. “Dicen que andaba con sotana y con una pistola en la cintura”, cuenta el general Sánchez.

El cura mexicano, fanático de la causa boliviana ante Paraguay, dirige la investigación de Zetaro y descubre que el argentino es parte de una red paraguaya de espías. Pese a la constatación, el protocolo diplomático impide que el Gobierno boliviano tome acciones.

“Era como ganarnos un lío con Argentina”, dice Sánchez. Zetaro, expulsado del país,

parte en tren a la localidad de Guaqui. En el viaje, repentinamente se detiene la

locomotora y aparece en persona el cura Alfonso, quien ejecuta al argentino con dos disparos. Años después, Ivar sería asesinado en Perú, en su ley.

Otra leyenda del espionaje boliviano se refiere al “gladiador” Ustáriz. En el Curso de

Cóndores Satinadores en Sanandita, Tarija, el capitán Víctor Ustáriz Arce personifica el ideal del soldado boliviano. Llamado Charata y Baqueano, el tarateño se convierte,

desde 1923, en una pesadilla de los paraguayos. “Como los límites entre Bolivia y

Paraguay no estaban definidos, instalar guarniciones y fortines era común antes de la

guerra, y en ello Ustáriz fue el mejor”, desliza el teniente José Luis Alarcón, en el libro Vida y Muerte del Satinador # 1 de Bolivia. Para los militares, el satinador es el especialista en tácticas de guerra en el frente de acción.

En los años 20, el entonces teniente Ustáriz aprende todos los secretos del Chaco de su inseparable amigo: un mataco a quien bautiza como Cabo Juan. Con esos

conocimientos, más de una vez se infiltra en las filas “pilas”. Su valor es reconocido en

las páginas de la historia del conflicto bélico. En 1928 desafía a la metralla enemiga y con una fracción de soldados toma el Fortín de Boquerón de manos paraguayas.

Ustáriz recibía tratamiento médico en Buenos Aires cuando estalla la guerra. El cerco a Boquerón, en agosto de 1932, le impulsa a volver a Bolivia para viajar al Chaco. El ya capitán se presenta ante el entonces general José Luis Peñaranda, el 7 de septiembre de 1932, y con una patrulla abre una ruta hasta Toledo. Al día siguiente recibe la orden para entrar a Boquerón y socorrer a los 600 soldados bolivianos que eran hostigados por

unos 13.000 “pilas”.

Ustáriz, que conoce el terreno como la palma de su mano, entra al cerco a las 21.00 del 11 de septiembre junto a 54 soldados y se reúne con el teniente coronel Manuel Marzana. Es difícil resistir el embate del enemigo, por lo que el Baqueano decide abrir una brecha. La jornada siguiente, su destacamento en pleno ve cómo una ráfaga de metralla frena por el frente y la retaguardia el avance del Charata en la trinchera. El capitán muere a sus 35 años. “Ustáriz muere combatiendo cara a cara con el enemigo. Herido de muerte, cae sobre su arma besándola como si fuera una cruz”, refiere el

teniente Alarcón.

Audaz, el aporte de Ustáriz, el primer espía militar de Bolivia, y de los agentes civiles Aponte, Fernández, Velasco, Ackerman e Ivar, entre otros como Elvira Llosa, que luego de casó con el dramaturgo y periodista Raúl Salmón de la Barrafue fundamental para Bolivia. Ellos escribieron con gloria la historia de los espías bolivianos, agentes secretos bolivianos que lograron descubrir la red de espías paraguayos, argentinos y chilenos que operaba desde la ciudad de La Paz.

Operaciones aéreas navales paraguayas y operaciones aéreas bolivianas

En vista de que todas las tropas y abastos que Paraguay enviaba al Chaco se embarcaban por el Río Paraguay, el control aéreo sobre el río cobró una importancia considerable. La Armada Paraguaya tenía un arma aérea pequeña (Aviación Naval) equipada con dos hidroaviones Macchi M.18, un hidroavión Savoia S.59 bis y un hidroavión de transporte CANT 10 ter. La Armada acantonó su pequeña fuerza en Bahía Negra en el sector norte del Chaco para apoyar a las fuerzas del ejército que bloqueaban cualquier avanzada boliviana río abajo. Durante la guerra, el arma aérea paraguaya voló 145 misiones, inclusive misiones de reconocimiento y operaciones de ataque terrestre. La unidad aérea Naval mantuvo a los bolivianos bajo presión en la parte superior del Río Paraguay e inclusive llevó a cabo los primeros bombardeos nocturnos que se efectuaron en América. El 22 de diciembre de 1934,

un Macchi M.18 bombardeó las bases bolivianas en Vitriones y San Juan dejando caer 400 libras de bombas. Los bolivianos también acantonaron una pequeña escuadrilla aérea en el sector norte del Chaco y atacaron el tráfico por el río Paraguay en varias ocasiones. En vista de la dependencia en el río como línea de comunicación, la pérdida de una cañonera o un buque de vapor grande a causa de un ataque aéreo hubiera sido muy grave para Paraguay. Para contrarrestar la amenaza aérea boliviana, la Armada Paraguaya utilizó sus cañoneras pesadas, que estaban bien equipadas con cañones automáticos, para escoltar los botes con tropas o abastos y para servir como baterías de artillería antiaérea flotantes en las bases principales de Concepción y Puerto Casado. El desempeño de las cañoneras fue admirable y en varias ocasiones alejaron a los aviones bolivianos. Inclusive la cañonera Tacuary se atribuyó el derribo de uno de los aviones atacantes sobre Bahía Negra, el 22 de diciembre de 1932. A causa de los esfuerzos de la Armada, los bolivianos ocasionaron daños mínimos al tráfico logístico de Paraguay.

un Macchi M.18 bombardeó las bases bolivianas en Vitriones y San Juan dejando caer 400 libras

Embargo de armas aéreas

Si bien ambas fuerzas aéreas enfrentaban un desgaste de aviones considerable, el problema de encontrar aviones de reemplazo se dificultaba a causa de un embargo sobre la venta de armas a ambos combatientes por parte de la Liga de las Naciones y el gobierno norteamericano. Sin embargo, aunque los embargos eran inconvenientes, tanto Bolivia como Paraguay dieron muestras de ingeniosidad al evadir los controles internacionales e importar suficientes aviones para mantener a sus fuerzas aéreas volando. Bolivia dependía del apoyo de Chile. Ese país había comprado la licencia para ensamblar algunos aviones Curtis, inclusive el Curtiss Falcon. En vista de que los Osprey bolivianos estaban desgastados por el combate y los accidentes, los bolivianos querían un avión de combate biplaza y más rápido y el Falcon era un reemplazo excelente. Los bolivianos pudieron importar varios Falcon de Chile durante la guerra en vista de que Chile silenciosamente ignoraba el embargo de la Liga de las Naciones. Los Curtiss Hawk y Sea Hawk, los mejores aviones de combate en Bolivia, también fueron comprados a través de una conexión chilena. El intento más emprendedor de Bolivia para evadir los embargos de Estados Unidos y de la Sociedad de Naciones sucedió en 1934 cuando Bolivia hizo un pedido de cuatro bombarderos Curtiss Condor. Estos bombarderos biplanos grandes transportaban una carga de bombas de

una tonelada, tenían tres torretas, cada una con una ametralladora calibre .30 y de gran

alcance. Oficialmente, los bolivianos querían esos aviones para el “transporte médico”, pero

en vista de que los “Cóndor” fueron ordenados con equipo militar, inclusive torretas, ametralladoras y portabombas, eso fue poco probable. La explicación probable del motivo del pedido fue que en vista de que las cosas iban sumamente mal en el campo de batalla y el hecho de que los bolivianos querían un bombardero pesado con el alcance para bombardear a Asunción desde Bolivia, los Condor llenaban los requisitos. Cuando Estados Unidos rehusó permitir la venta de los aviones, los bombarderos fueron comprados por subterfugio por una aerolínea recién creadala Tampa- New Orleans-Tampico (TNT) Airline. Los cuatro “Cóndor” llegaron hasta Perú, momento en que el gobierno norteamericano y diplomáticos paraguayos fueron alertados y exhortaron a Perú a que embargara los aviones. Bajo el embargo de la Liga de las Naciones, Francia embargó 10 Potez 50 ordenados por Paraguay y los Países Bajos detuvo el envío de cinco Fokker CVD. Durante la guerra, Uruguay y Argentina conspiraron para apoyar las compras de armamento de los paraguayos. Uruguay permitió que aviones provenientes de Europa se transbordaran en sus puertos y Paraguay compró a través de fuentes argentinas una variedad de aviones entrenadores, de transporte y de enlace.

una tonelada, tenían tres torretas, cada una con una ametralladora calibre .30 y de gran alcance.

Evaluación de la guerra para la aviación

El desgaste de aviones y pilotos durante la guerra fue alto para ambos lados. El principal aniquilador de aviones y pilotos fueron los accidentes operacionales. De los nuevos Curtiss Osprey que Bolivia había ordenado, se perdieron dos en combate y cuatro en accidentes durante la guerra. Paraguay perdió cuatro aviones en accidentes de entrenamiento con cuatro muertos durante la guerra. Durante la guerra, Bolivia volaba entre 57 y 62 aviones de combate y 22 aviones entrenadores y de transporte. Paraguay volaba 32 aviones de combate y 23 aviones entrenadores y de transporte. Según cifras oficiales paraguayas, durante la guerra Paraguay perdió nueve aviones (dos Wibault, cuatro Potez 25, un CANT, dos Fiat CR20) y Bolivia perdió diez (6 Osprey, un Junkers, un Hawk y

dos Curtiss Falcon). La principal causa de estas pérdidas en combate fue el fuego terrestre. Los combates de aire a aire eran relativamente pocos. Sin embargo, cuando las fuerzas aéreas se enfrentaban ocurrían combates agresivos entre los aviones caza, como por ejemplo un choque insólito entre un bombardero Potez 25 paraguayo y dos bombarderos Breguet XIX bolivianos. En varias ocasiones, hubo ataques muy exitosos en contra de bases aéreas y depósitos de pertrechos del enemigo. El ataque paraguayo de más éxito durante la guerra se llevó a cabo en contra de la pista de aterrizaje y el depósito boliviano en Ballivián el 8 de julio de 1934. Cuatro Potez 25, escoltados por dos aviones de combate Fiat, lanzaron 40 bombas sobre la pista de aterrizaje boliviana y destruyeron, como mínimo, cuatro aviones de combate Curtiss estacionados y dañaron otros aviones. Los bombarderos Potez también atacaron y destruyeron el depósito de combustible principal en Ballivián lo que ocasionó una escasez severa de combustible para un ejército que ya estaba padeciendo de escasez de combustible y pertrechos. Después de la Batalla del Cármen, en noviembre de 1934, las unidades aéreas bolivianas cubrieron la retirada del ejército boliviano atacando constantemente a las unidades de avanzada paraguayas.

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