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1969 - 1999: El Cordobazo Luis Oviedo

1 1969 - 1999: El Cordobazo Luis Oviedo El próximo 29 de mayo se cumplirá el

El próximo 29 de mayo se cumplirá el 30º aniversario del Cordobazo. ¿Qué fue, en esencia, este acontecimiento que marcó a fuego una etapa decisiva de la historia reciente de la Argentina y que dejó huellas imborrables en toda una generación de militantes obreros y juveniles?

El Cordobazo fue una huelga política de masas, la más importante de la historia argentina.

En el Cordobazo, la clase obrera se opuso de un modo activo, como clase, a la burguesía en su conjunto, es decir al Estado que la unifica para el ejercicio de su dominación política

y su explotación económica. A través de esta acción histórica, la clase obrera puso de manifiesto su propia tendencia a la toma del poder.

En un momento determinado, la huelga política se transformó en una semi-insurrección, cuando los obreros, que abandonaron las fábricas para salir en manifestación, junto a los

estudiantes, derrotaron a la policía en un enfrentamiento directo y ocuparon el centro de

la ciudad. Hacia la tarde del 29 de mayo, 150 manzanas de la ciudad estaban en manos de

los manifestantes (1). El aparato del Estado fue parcialmente desarticulado: para apagar

los incendios, los bomberos debían contar con la aprobación (y el control) de los manifestantes (2).

La consigna del día entró en la historia: "luche, luche, luche, y no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular". Como hacía notar inmediatamente después de los hechos el periódico Política Obrera (antecesor de Prensa Obrera), "lo que todos los militantes deben retener como dato fundamental es que el 60% de las consignas de poder que se vivaron en las calles se concentraron en ‘gobierno obrero y popular’; un 30% en "gobierno popular"; pero casi ninguna de ellas hizo referencia a Perón" (3).

El Cordobazo marcó un completo viraje político. Hirió de muerte a la dictadura de Onganía. Dio un golpe al monopolio de la burocracia sobre los sindicatos. Abrió una etapa de ascenso de las luchas obreras y juveniles. Una amplia tendencia clasista irrumpió en todo el país, con epicentro en el Smata-Córdoba y, luego, en los sindicatos clasistas de Fiat, el Sitrac-Sitram. "La huelga política de las masas cordobesas ha puesto a la luz el fenómeno fundamental de todo el proceso político y social futuro del país: el surgimiento de una vanguardia revolucionaria obrera" (4). Esto le planteó a la burguesía

y al imperialismo, por primera vez, la necesidad de traer de vuelta a Perón para quebrar el ascenso obrero iniciado por el Cordobazo. El fracaso del peronismo en esta tarea expresado en la propia huelga política de masas de junio y julio de 1975, contra el

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gobierno de Isabel y López Regallevó a la burguesía y al imperialismo a montar el golpe más sanguinario de la historia argentina, cuyo principal ‘blanco’ fueron las decenas de miles de delegados combativos y antiburocráticos que se habían formado en la Argentina al calor del Cordobazo.

El onganiato

El Cordobazo fue una gigantesca rebelión popular, acaudillada por la clase obrera cordobesa, que dejó en estado de agonía al régimen más antiobrero y proimperialista del ciclo gorila abierto en 1955.

En junio de 1966, Onganía derrocó al gobierno minoritario de Illia con el objetivo de cerrar el ciclo de alternancia de gobiernos seudo-constitucionales y golpes mediante una dictadura que pusiera fin al régimen representativo constitucional. Onganía recibió el apoyo de la Iglesia, de la burguesía nacional y del imperialismo y contó con la colaboración de la burocracia sindical peronista. Desde Madrid, Perón declaró que recibía el golpe con una "esperanzada expectativa" y los principales burócratas sindicales de la época (Augusto Vandor, de la UOM; Juan José Taccone, de Luz y Fuerza; José Alonso, del Vestido) concurrieron al acto de asunción del dictador.

Como hace notar Brennan, el apoyo de la burocracia sindical al nuevo régimen incluía a sus fracciones más izquierdistas. "Luego del golpe, (Agustín) Tosco regresó brevemente a

Córdoba (era representante de Luz y Fuerza de Córdoba en la Federación Nacional) (

una reunión imprevista, Tosco urgió a actuar con cautela y pidió un período de gracia

para ver qué tipo de políticas iba a seguir realmente Onganía" (5).

) en

La política de Onganía no tardó en verse: proscribió a los partidos, conculcó las libertades públicas, intervino las universidades, desató una brutal persecución contra la izquierda y atacó sistemáticamente las condiciones de vida y trabajo de los explotados. Reprimió duramente las primeras manifestaciones de resistencia obrera: las huelgas de los ferroviarios, de la Fotia tucumana y de los portuarios de fines de 1966.

Apoyándose en estas derrotas y en la traición a la huelga general del 1° de marzo de 1967, Onganía acentuó la represión: intervino sindicatos, suspendió la personería de otros (entre ellos, la UOM) y lanzó un durísimo ‘paquetazo’ fondomonetarista: devaluación, congelamiento salarial, cesantías masivas, impuestazo. Los hombres de la banca extranjera coparon los principales cargos: Krieger Vasena en Economía y Alvaro Alsogaray la embajada en los Estados Unidos.

La dictadura había alentado la formación de un bloque sindical propio, los llamados ‘participacionistas’, con los cuales pretendió montar un ‘Congreso normalizador de la

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CGT’ a fines de marzo de 1968. Pero, para esa fecha, las divergencias entre la burguesía y en el propio ejército habían modificado parcialmente el panorama inicial: ante la evidencia de que serían minoría, los ‘participacionistas’ no concurrieron al Congreso y la conducción fue asumida por un bloque democratizante que respondía al cambio de la política de Perón frente a la dictadura, con Raimundo Ongaro, del gremio gráfico, como secretario general. La CGT surgida de este Congreso pasó a denominarse ‘CGT de los Argentinosy contaba con el apoyo de Perón, del radicalismo, del PC y de la naciente izquierda foquista. Los vandoristas, en minoría en el Congreso, se retiraron para formar la ‘CGT de Azopardo’, junto con los ‘participacionistas’.

La descomposición de la dictadura: la crisis por arriba

A fines de 1968, eran evidentes los signos de agotamiento de la dictadura.

Sin inversiones de significación (que se dirigieron principalmente a Brasil), la penetración imperialista se apropió de las industrias ya instaladas y se acentuó la centralización de los capitales. La devaluación de 1967 había agotado sus efectos reactivadores, en especial en

el campo. La recesión hacía intolerable el peso de una deuda externa creciente. Todo esto

llevó a un sector de la burguesía a oponerse a la política económica de la dictadura:

aparecieron pronunciamientos de Frondizi, de la UIA, de Frigerio y de las asociaciones rurales. Hacia fines de agosto, Onganía relevó anticipadamente a la cúpula de las tres FF.AA. y comenzaron a escucharse críticas de la Iglesia y de hombres como Isaac Rojas. A fines de octubre, Alsogaray rompió públicamente con el gobierno.

Otra expresión de la crisis de la dictadura fue el giro de Perón (el apoyo a la CGT de los Argentinos) y, poco después, el realineamiento de la burocracia vandorista con Perón. Vandor y Perón se reunieron en Madrid en octubre de 1968 y éste dio la orden de "reconstituir las 62". La consecuencia de este acuerdo fue la incesante sangría de sindicatos de la CGT-A: decenas de gremios la abandonaron entre fines de 1968 y principios de 1969. Se alejan incluso las dos seccionales antivandoristas de la UOM, La Matanza y Córdoba.

A principios de 1969, es decir en vísperas del Cordobazo, la central ongarista había

quedado reducida a un puñado de sindicatos. La CGT-A, que luego y sin que nada lo justifique, fue presentada como uno de los ‘motores’ del Cordobazo, se desinflaba de la misma manera en que había nacido: como parte de una maniobra de Perón y de la oposición burguesa.

La crisis de la dictadura se orientaba hacia un recambio ministerial y hacia una ‘salida política’. Analizando la situación, Política Obrera caracterizaba que "estos hechos (las críticas de la burguesía y los choques dentro del gobierno y las FF.AA.) significan que la

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burguesía está comprendiendo que la política actual está llegando a sus límites (

que quizás convenga un recambio para preservar lo alcanzado (

es urgente un plan de institucionalización que permita el recambio pacífico del poder conservando todas las ‘conquistas’ obtenidas por Onganía. Aquí aparecen los ataques al participacionismo, los planteos de ‘reformar’ la constitución y, luego, un llamado a elecciones. Todo este programa es de inspiración burguesa proimperialista y su jefatura se la disputan Lanusse y Onganía" (6).

En una palabra, que

y

)

)

Las críticas de la burguesía a la dictadura y las pretensiones de sus distintas fracciones incluidas las fracciones de la burocracia sindicalpor primar en el recambio constitucional tenían un carácter enteramente palaciego. Fue la necesidad de enfrentar el ascenso obrero desatado por el Cordobazo lo que puso a la ‘institucionalización’ en el primer plano de la política de la burguesía y el imperialismo.

El proletariado entra en acción

El verdadero motor de la crisis de la dictadura fue el reanimamiento obrero que comienza a mediados de 1968.

En septiembre, se declararon en huelga contra los despidos los petroleros de Ensenada y la flota de YPF. La huelga duró dos meses y se convirtió en una causa nacional. Luego, en seguidilla, estallaron las huelgas de Good Year, Citroen y, a principios de 1969, la larga huelga de la gráfica Fabril Financiera.

La burocracia boicoteó descaradamente estas huelgas, que se sostuvieron por la lucha tenaz de un nuevo activismo de base. Aunque los petroleros de Ensenada estaban enrolados en la CGT-A y la regional platense de la CGT se encontraba bajo su liderazgo, el ongarismo no tomó ninguna medida práctica para llevar la lucha a la victoria. Lo mismo sucedió con la huelga de Fabril Financiera, en el gremio del propio Ongaro: la huelga duró dos meses, durante los cuales, en contra de toda la tradición combativa del gremio gráfico, las publicaciones de Fabril fueron impresas en otros talleres.

Desde el punto de vista reivindicativo, todas estas huelgas terminaron en derrotas, pero fueron dejando mojones de la recuperación combativa de la clase obrera y de la aparición de un nuevo activismo de base. Fueron, por sobre todo, un punto de apoyo para la maduración política de su vanguardia en la idea de la necesidad de un enfrentamiento general contra la dictadura. "Salir todos juntos y al mismo tiempo" fue la conclusión que se fue abriendo paso en la vanguardia obrera a la luz de estas luchas.

NOTAS

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1. Brennan, James P., "El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955/1976",

Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.

2. Federico Cerro, "De Perón al Cordobazo en la Argentina", Centro Editor de América

Latina.

3. Política Obrera, 4 de junio de 1969.

4. Idem.

5. Brennan, Op. Cit.

6. Política Obrera, 21 de mayo de 1969.

Córdoba en las vísperas

A comienzos de 1969, se habían concentrado en Córdoba un conjunto de luchas y

contradicciones políticas y sociales potencialmente explosivas.

En el curso de los dos años del onganiato, los salarios habían caído el 8% y la desocupación

superaba el 10%; en el mismo período, la ‘productividad’ en las plantas automotrices (que ocupaban al 50% de la mano de obra industrial de Córdoba) había aumentado, según las propias patronales, entre un 60 y un 80%.

La clase media y el pequeño comercio, golpeados por la caída del mercado interno, estaban agobiados por los impuestazos. La rebelión de la pequeñoburguesía encontraba su expresión más combativa en la lucha de los estudiantes universitarios, que protagonizaban sistemáticas movilizaciones callejeras. El aumento del transporte y de los artículos de primera necesidad, decretado por la dictadura a principios de mayo, terminó de poner a la población en virtual estado de sublevación.

También en Córdoba, las luchas obreras venían en ascenso. Desde diciembre de 1968, la UOM venía con una serie de exitosas huelgas por la derogación de las ‘quitas zonales’, una disposición que permitía la reducción de los salarios en el interior del país. El

protagonismo del bloque vandorista en este movimiento le permitió retomar el control de

la rebelde seccional cordobesa de la UOM; también la UTA y el Smata-Córdoba estaban

enrolados en el vandorismo. A principios de mayo, después de años de retroceso y debilidad gremial, la UTA cordobesa ‘sorprendió’ con un muy masivo paro de transportes por el reconocimiento de la antigüedad y las categorías de los choferes.

El ‘laboratorio’ del Cordobazo

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El ‘laboratorio’ de la huelga política que alteraría la historia argentina se encontraba, sin embargo, en las fábricas automotrices, en Santa Isabel, Perdriel, Transax, Ilasa.

Varios hitos revelan la evolución de este activismo. El 28 de junio de 1968, en el aniversario del ascenso de Onganía, los obreros de Perdriel abandonaron la planta, se movilizaron junto a los estudiantes y sostuvieron enfrentamientos callejeros con la policía en el barrio Clínicas. Dos meses después, el 16 de agosto, durante un paro del Smata, los obreros de Santa Isabel se defendieron valientemente contra la represión policial. En octubre, esos mismos obreros ovacionaron en un acto de mil personas la propuesta de la agrupación clasista Vanguardia Obrera Mecánica (VOM, orientada por Política Obrera) de convocar un paro regional en solidaridad con la huelga petrolera de Ensenada. Las patronales tenían planes para despedir a mil compañeros, lo que llevó a que desde principios de mayo comenzaran sistemáticos paros, quites de colaboración y petitorios. Durante todo 1968, los activistas mecánicos cordobeses discutieron la necesidad de una movilización política general contra la dictadura y los medios organizativos para garantizarla.

"La prueba clara de la madurez (de esta vanguardia) afirmaba Política Obrera una semana antes del Cordobazoes la gigantesca influencia que ha alcanzado la agrupación clasista VOM en los últimos cuatro meses. Las principales secciones de la fábrica han seguido las orientaciones prácticas de los volantes de la agrupación en el 90% de los conflictos, en especial en la lucha contra la ‘racionalización’. Pero esta influencia no es sindical solamente sino también política. Para construir la agrupación se discutieron los problemas tácticos del movimiento obrero y revolucionario, la lucha contra la represión, la unificación con el resto de las luchas proletarias y la construcción del partido" (1).

El Cordobazo fue concebido y protagonizado por esta vanguardia. La dirección ongarista de la CGT-A, cuyo principal representante en Córdoba era Agustín Tosco, no hizo nada para favorecer esta evolución política. Al contrario, los ongaristas de Córdoba siguieron durante los movimientos de lucha de 1968/69 una cuidadosa política de ‘no injerencia’ en los ‘asuntos internos’ del Smata.

El Cordobazo empezó el 14 de mayo

El proceso político que desembocó en la huelga general del 29 de mayo comenzó dos semanas antes, con la histórica asamblea del Smata en el desaparecido Córdoba Sport.

Dos días antes, la dictadura había derogado por decreto el ‘sábado inglés’ que regía en cinco provincias, entre ellas Córdoba. Esta antigua conquista obrera establecía que se trabajaban semanalmente 44 horas, pero se pagaban 48 horas. El ‘decretazo’ que

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establecía un alargamiento gratuito de la semana laboral del 10%desató una rebelión en las fábricas mecánicas y en todo el proletariado cordobés.

Para el día 14, el Smata convocó a una asamblea general para discutir un plan de lucha contra la derogación del ‘sábado inglés’, que fue prohibida por el gobierno provincial. A pesar de la prohibición, 5.000 mecánicos entraron al Córdoba Sport y otros mil debieron quedar afuera. Desde el vamos, el activismo impulsó el paro y la manifestación callejera. Pero antes de que concluyera la asamblea, la policía empezó a reprimir a los trabajadores que estaban fuera del estadio y, poco después que Elpidio Torres el secretario general del gremioplanteara un paro general de 48 horas para el 15 y 16 de mayo, la masa de mecánicos que estaba dentro salió a la calle a defender a sus compañeros que luchaban con la policía. Desde los techos, los trabajadores arrojaban a la policía todo lo que encontraban a mano; en la calle, la lucha duró varias horas. La actitud de los trabajadores, que no retrocedieron frente a la represión, prenunciaba lo que sucedería apenas quince días después.

Al día siguiente, pararon el Smata, la UOM y la UTA, gremios vandoristas, pero no la CGT-A de Ongaro-Tosco. Durante el día, bajo la intensa presión de abajo, fueron parando distintos gremios y fábricas. Recién al otro día, y ante la evidencia de que la ciudad sería paralizada por los trabajadores, la regional Córdoba de la CGT-A ‘decretó’ la huelga provincial.

La lucha estudiantil en el interior

La lucha de los obreros cordobeses empalmó con un agudísimo movimiento de lucha estudiantil del interior del país. El 15 de mayo, en Corrientes, miles de universitarios manifestaron contra el aumento de los precios del comedor universitario y chocaron con la policía. Cae muerto el estudiante Juan José Cabral. Tres días después, la bronca estudiantil estalla en Rosario, donde cae asesinado Adolfo Bello. A su entierro concurrieron más de 10.000 manifestantes.

Lejos de atemorizar, la represión exacerbó la lucha. El 21 se declara la "huelga universitaria" en Rosario y cae un nuevo mártir, el estudiante y aprendiz metalúrgico Norberto Blanco. La combatividad de los manifestantes obliga a la policía a retroceder, por segunda vez en dos días. Se trata de una enorme victoria popular.

La dictadura acusa el golpe: pone a Rosario bajo mando militar. La CGT regional, a instancias de la UOM vandorista, responde con un paro general que es cumplido masivamente. Las manifestaciones estudiantiles y los choques con la policía se repiten el 24 en el barrio Clínicas de Córdoba y el 27 en Tucumán. El 28, en las vísperas del

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Cordobazo, la dictadura establece Consejos de Guerra para juzgar a los huelguistas y a los manifestantes.

Pocos días antes, el 21, un plenario de delegados con barra del Smata había votado un paro de 48 horas con movilización para la semana siguiente. "Los activistas de Kaiser arrancaron esta línea contra las vacilaciones de Torres, lo que luego fue aceptado por el conjunto de la burocracia sindical, en especial A. Tosco" (2). También la UOM de Córdoba vota un paro de 48 horas, en un plenario en el que juegan un papel destacado los delegados de Vanguardia Metalúrgica.

Es muy interesante observar cómo recibieron los activistas mecánicos de base la resolución del paro de 48 horas con movilización que arrancaron la barra y los delegados clasistas el día 21. "Aprobado este curso de acción, el entusiasmo cundió entre la gran masa de obreros, al mismo tiempo que se discutía ahora qué clase de gobierno debía reemplazar a la dictadura derrocada. No se esperaba derrocarla con una manifestación, pero la perspectiva política era claramente discutida, aunque confusamente resuelta" (3). Resulta evidente que la consigna de "un gobierno obrero y popular" que dominó el Cordobazo no fue un slogan de circunstancia sino que formaba parte de una maduración política de conjunto de la vanguardia mecánica y obrera de Córdoba.

En función de las resoluciones del Smata y la UOM, Vandor se entrevistó con Tosco, Torres, Simó (UOM Córdoba) y Atilio López (UTA Córdoba). Fue entonces que la CGT vandorista, seguida por la de Ongaro, declaró un paro nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, el paro comenzaría un día antes, el 29 de mayo. El Cordobazo estaba en marcha.

La histórica jornada del 29 de mayo

A las once de la mañana, las primeras columnas obreras comenzaron a convergir sobre el centro de la ciudad. Las más numerosas y aguerridas, las del Smata y, en particular, la de Santa Isabel, sostiene los primeros choques con la policía y cae el obrero mecánico Máximo Mena, el primer mártir del Cordobazo.

Los obreros van preparados con gomeras y bulones, botellas con combustible y ‘miguelitos’ para enfrentar a la policía; se levantan las veredas para arrojar las baldosas a los represores y se construyen barricadas. La lucha es sin cuartel. Ante la inusitada resistencia que oponen los trabajadores, la policía retrocede y desertan 400 efectivos. "La policía de Córdoba decía entonces Política Obrera, en menos de un año, apaleó a todas las clases sociales de la ciudad; el 29 de mayo, la casi totalidad de la ciudad apaleó a la policía" (4).

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A media tarde, la ciudad está en manos de los huelguistas que demuestran una

abnegación, un heroísmo y una disciplina que la prensa reaccionaria de la época, contra su voluntad, se ve obligada a reconocer.

La jornada del 29 de mayo superó las previsiones de todos los sectores, quienes se

encontraron con que los trabajadores habían derrotado a la policía y habían ocupado el centro de la ciudad. Ninguna dirección sindical había previsto esta posibilidad ni, una vez producida, le dio una respuesta. Al contrario, en las primeras horas de la tarde comienzan a percibirse síntomas de que las direcciones sindicales, tanto la vandorista como la tosco-

ongarista, intentan frenar la lucha.

Breenan da una muestra ‘física’ del abismo que separaba por esas horas a los trabajadores mecánicos de la burocracia sindical: "La dirigencia de la UOM se retiró a su sede central en la más segura zona este de la capital y dejó de participar por completo

en el levantamiento. Juan Carlos Toledo, un periodista local (

donde habían buscado refugio Correa y otros líderes gremiales. Allí encontró trabajadores asustados y dirigentes aturdidos, una visión que contrastaba con el desafío y la ira que había advertido en los rostros de los obreros de la columna del Smata en la Plaza Vélez Sarsfield. (Elpidio) Torres había estado en su sede sindical desde las primeras

visitó la sede de la CGT,

)

horas de la tarde y pasado de la euforia a la petulancia y de ésta al abatimiento. Desde el comienzo de los incendios en la avenida Colón, se había sumido en un sombrío malhumor y cortado temporariamente las comunicaciones con Tosco, apartándose durante un período de varias horas de la participación directa en el levantamiento" (5).

En un fuerte contraste con el abandono de la movilización por parte de la burocracia sindical, a las 17 horas, el Comité Regional Córdoba de Política Obrera emite un comunicado "dado en territorio cordobés ocupado por el pueblo". Allí se plantea toda una perspectiva estratégica para la lucha: "Comités de barrio y de barricada que junto a las CGTs se constituyan en gobierno provisional, obrero y popular de Córdoba. Por el inmediato desarme de todas las fuerzas de represión, por el levantamiento inmediato del estado de emergencia en todo el país, por el armamento de los trabajadores, estudiantes y el pueblo. Por el derrocamiento revolucionario de la dictadura y por la implantación de un gobierno obrero y popular de las CGTs apoyado en la formación de comités de acción por fábricas, barrios y barricadas en todo el país" (6).

Por la noche, la resistencia se trasladó del centro a los barrios estudiantiles Alberdi y Clínicas. El Ejército hizo su entrada con demora en la ciudad, de modo de sacar tajada de la crisis a favor de la fracción de Lanusse. "Alrededor de las once de la noche, piquetes de trabajadores de Luz y Fuerza entraron en la planta eléctrica de Villa Revol y produjeron un apagón en la ciudad. El apagón desorientó temporariamente a las tropas del ejército,

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permitiendo que los manifestantes recuperaran la iniciativa. Los incendios y los combates duraron toda la noche. Cuando la infantería se movilizó para el asalto final al barrio Clínicas, las marchas de protesta previamente planificadas para la huelga general de ese día atrajeron a gran parte del pueblo y obstruyeron las calles céntricas, obligando a los jefes militares a posponer su ataque" (7). El ejército sólo logró ‘normalizar’ la situación en los primeros días de junio.

El 30 de mayo, el paro general decretado por las dos CGTs fue de una excepcional masividad, reflejando el respaldo de la Argentina obrera y popular a los huelguistas cordobeses.

Después del 29

Cuando todo el activismo cordobés y del interior esperaba la continuidad de las medidas de lucha, la CGT-A se reunió el 3 de junio y resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta el 11. También la regional cordobesa dejó pasar el tiempo y sólo ante una presión descomunal de su base, el Smata declaró un paro general para el 16 y 17 de junio.

Mientras tanto, la dictadura había reorganizado su gabinete. Dagnino Pastore había reemplazado a Krieger Vasena y el general Carcagno, un hombre de Lanusse, fue designado interventor en Córdoba.

Carcagno decretó feriado para el 16, ante lo cual la CGT regional levantó el acto que debía seguir al paro. De cualquier manera, miles de trabajadores se movilizaron en concentraciones improvisadas por el activismo en los barrios. El 1° de julio, la CGT-A lanzó por la suya un paro nacional de 24 horas, que fue cumplido por muchos trabajadores a pesar de la deserción del 90% de la burocracia. Pero ése fue el canto del cisne del ongarismo.

La ‘reorganización de las 62’ ordenada por Perón progresó rápidamente. Vandor no alcanzó a verla porque fue asesinado el 30 de junio, pero el vandorismo, ahora aliado a Perón, retomó el control de las regionales cegetistas. En Córdoba, el vandorismo obtuvo por primera vez la mayoría en un plenario realizado el 25 de julio; pocos meses después, Elpidio Torres fue designado secretario general de la regional.

La reunificación de la burocracia alrededor de las 62 tenía un carácter defensivo frente a la irrupción antiburocrática que se multiplicaba a medida que nuevos contingentes de trabajadores se iban sumando a la lucha. En el seno de la vanguardia obrera, en Córdoba y en todo el país, la experiencia comenzada por el Cordobazo estaba lejos de haber terminado.

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La CGT-A se agotó rápidamente. Estuvo a la cabeza de la CGT en oportunidad de un movimiento de envergadura histórica, pero esto no le hizo superar sus limitaciones. Se mantuvo de espaldas a las masas que revolucionaban al país. Decir que fue incapaz de superar su letargo pese al soplo de vida y la renovación sindical que significó el Cordobazo es escribir su definitivo epitafio.

Quién dirigió el Cordobazo

La gigantesca movilización nacional que tuvo su epicentro en Córdoba no fue un desborde espontáneo de una masa hambrienta y enardecida. Lo demuestran los métodos de lucha empleados y la actitud consciente de los manifestantes en la calle que no retrocedieron frente a la policía y buscaron por todos los medios extender su dominación territorial. "Algunas de las características distintivas de la destrucción que rodeó al Cordobazo fueron la baja incidencia del pillaje y la preferencia por blancos de algún simbolismo político e ideológico (como el incendio de las oficinas de la empresa Xerox)" (8).

Lo demuestra también la alianza combativa entre el proletariado y los estudiantes conscientemente promovida por la vanguardia obreray el lugar dirigente ocupado por ésta en el curso de toda la movilización. "Las radios cordobesas no vacilaban en decir "

(que) ‘los estudiantes siguen en todas partes las iniciativas de los obreros’

(9).

La consistencia del movimiento y su sostenido ‘crescendo’ desde la asamblea del 14 de mayo en el Córdoba Sport hasta la jornada del 29 durante casi tres semanas, a pesar de no tener una dirección política reconociday las consignas coreadas por los manifestantes de lejos, la mayoritaria fue de la de "por un gobierno obrero y popular"confirman que el Cordobazo estuvo lejos de ser un acto de espontaneísmo. Fue largamente preparado por el debate y la actividad de la vanguardia obrera mecánica.

1. Política Obrera, 21 de mayo de 1969.

2. Política Obrera, 4 de junio de 1969.

3. Idem anterior.

4. Idem anterior.

5. Brennan, James P., "El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955/1976", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.

6. Reproducido en Política Obrera, 4 de junio de 1969.

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8. Breenan, Op. Cit.

9. Política Obrera, 4 de junio de 1969.