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Primera edicién en inglés, 2011 Primera edicién en espafiol, 2011 Bauman, Zygmunt Daitos colaterales. Desigualdades sociales en a era global / Zygmunt Bauman ; trad, de Lilia Mosconi — México; FCE, 2011. 233 p. ;2 x 14 om.— (Colec. Sociologia) Titulo original: Collateral Damages. Social Inequalities in a Global Age ISBN 978-607-16-0815-4 1, Desigualdad 2, Sociologfa — Igualdad 3. Economia — Igualdad 1, Mosconi, Lilia, tr. TL. Ser, I. t. LC JC575 Dewey 306.3 B137d, ‘Titulo original: Collateral Damage, Social Inequalities in a Clatal Age D.R, © 2011, Polity Press; ISBN: 978-(-7456-5295.5 D. R, ©2011, Zygmunt Bauman Esta edicién se publica por acuerdo con Polity Press Ltd., Cambridge Disefio de portada: Juan Pablo Fernandez Foto de solapa: Peter Hamilton D.R, © 2011, Fondo de Cultura Econémica de Argentina, §. A. EI Salvador 5665; 1414 Buenos Aires, Argentina fondo@ice.com.ar / www.fee.comar D. R. ©2011, Rondo de Cultura Eeonémica de Espaiia, §. L. ‘Via de los Poblados, 17, 4° - 15, 28033, Madrid editor@fondodeculturaeconomica.es D. R. © 2011, Fondo de Cultuza Eeonémica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. B Empresa certificada ISO 9001:2008 ‘Comentarios: editorial@fondodeculturaeconomica.com www.fondadeculturaeconomica.com ‘Tel, (55) 5227-4672; fax (85) 5227-4640 Se prohibe la reproduccién total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anucncia por escrito dal titular de los derechos. ISBN 978-607-16-0815-4 Impreso en México * Printed in Mexico {INDICE Introduccidn. Los dafios colaterales de la desigualdad social...... 1. Del égora al mercado ...... I, Réguiem para el comunismo .. I. El destino de la desigualdad social en tiempos de la modernidad liquida . IV. gSon petigrosos los extrafios? ..... 2.6.62 V. Consumismo y moral..... VI. Privacidad, confidencialidad, intimidad, vinculos humanos y atras victimas colaterales de la modernidad Hquida . Vil. La suerte y la individualizacién de los remedios . VIII. Buscar en la moderna Atenas una respuesta ala pregunta de la antigua Jerusalen 6... c vce e eccrine IX. Historia natuval de la maldad 0.0.0... 0c cece cece X. Wir arme Let’... oo ccc e eee eeee reece eee eee XI. Sociologia: de dénde venimos y hacia dénde vamos? . Indice de nombres y conceptos...... 0000 ov cee ee eevee veeeee 19 41 59 75 101 15 129 141 173 203 215 E E E : INTRODUCCION. LOS DANOS COLATERALES DE LA DESIGUALDAD SOCIAL Cuando se sobrecarga un cireuito eléctrico, la primera parte que se quema es el fusible. F1 fusible, un elemento incapaz de resistir el voltaje que soporta el resto de Ia instalacién (de hecho, la parte menos resistente del circuito), fue insertado deliberadamente en la red: se dertite antes de que lo haga cualquier otra parte del sis- tema, en el preciso momento en que Ja corriente eléctrica sobre- pasa el nivel seguro de tension, y asf interrumpe el funciona- miento del circuito entero junto con todas las unidades periféricas que se alimentan de él. Esto ocurre porque el fusible es un dispo- sitivo de seguridad que protege otras partes de la red evitando que se quemen de forma definitiva e irreparable. Pero también significa que la operatividad y la duracién del circuito entero ~y en consecuencia, la electricidad que es capaz de absorber y el tra- bajo que es capaz de hacer- no pueden ser mayores que la resis- tencia de su fusible, Una ve que el fusible se quema, todo el cir- cuito se detiene. Un puente no colapsa cuando la carga que sostiene supera la fuerza promedio de sus tramos; el puente colapsa mucho antes, cuando el peso de la carga sobrepasa la capacidad portante de uno de sus tramos: el mas débil, La “capacidad de carga promedio” de las pilas y los estribos es una ficci6n estadistica que tiene escaso 0 nulo impacto en la utilidad del puente, del mismo modo en que no se puede calcular cudnto peso resiste una cadena por la “fuerza promedio” de los eslabones. Calcular promedios, fiarse de ellos y usarlos de gufa es la receta més segura para perder tanto el carga- mento como la cadena que lo sostiene, No importa cudnta fuerza tienen en general los tramos, las pilas y los estribos: el tramo més débil es el que decide el destino del puente entero. 9 10 DANOS COLATERALES Aestas verdades simples y obvias recurren los ingenievos pro- fesionales y experimentados cada vez que disefian y prueban es- tructuras de cualquier tipo. También las recuerdan al dedillo los operarios responsables de mantener las estructuras ya instaladas: en una estructura que recibe los cuidados y controles debidos, los trabajos de reparacién suelen comenzar apenas la resistencia de al menos una de sus partes cae por debajo del requisito minimo. Digo “suelen’’... porque lamentablemente esta regla no se aplica a to- das las estructuras. De lo que ocurre con las que, por una ui otra raz6n, fueron exceptuadas de ella -como los diques mal manteni- dos, los puentes que se descuidan, las aeronaves que se reparan. con desidia y los edificios residenciales 0 ptiblicos donde los ins- pectores hacen la vista gorda~, nos enteramos después de que se produce una catéstrofe: cuando llega la hora de contar las victimas humanas de la negligencia y los exorbitantes costos financieros de Jas reparaciones. Pero hay una estructura que supera con creces a las demas en el grado en que estas verdades simples, dictadas por el sentido comin, se olvidan o suprimen, se ignoran, se subes- timan 0 incluso se niegan de plano: esa estructura es la sociedad. Cuando se trata de analizar la sociedad, en general se da por sentado, aunque sin raz6n, que la calidad def todo puede y debe medirse por la calidad promedio de sus partes; y que si alguna de esas partes se halla muy por debajo del promedio, los perjuicios que pueda sufrir no afectarén a la calidad, la viabilidad y la capa- cidad operativa del todo. Cuando se evalia y supervisa el estado de la sociedad, los indices de ingresos, el nivel de vida, salud, etc, suelen “promediarse hacia arriba”; rara vez se toman como indi- cadores relevantes las variaciones que se registran entre diversos segmentos de Ia sociedad, asi como la amplitud de la brecha que separa los segmentos mas altos de los més bajos. E] aumento de la desigualdad casi nunca se considera sefial de un problema que no sea estrictamente econdémico; por otra parte, en la mayorfa de los debates ~relativamente escasos- sobre los peligros que acarrea ia desigualdad para las sociedades, se priorizan las amenazas a “la ley y el orden” y se dejan de lado los peligros que acechan a com- INTRODUCCION But ponentes tan superlativos del bienestar social general como la sa~ Jud mental y ffsica de toda la poblacién, la calidad de su vida coti- diana, el tenor de su compromiso politico y la fortaleza de los fazos que la integran en el seno de Ja sociedad. De hecho, el indice que suele usarse para medir el bienestar, y que se toma como cri- terio del Gxito 0 el fracaso de las autoridades encargadas de prote- ger y supervisar la capacidad de la nacién para enfrentar desafios asi como para resolver los problemas colectivos, no es el grado de desigualdad entre los ingresos o en. Ja distribucién de la riqueza, sino el ingreso promedio o la riqueza media de sus miembros. F] mensaje que deja esta eleccién es que Ja desigualdad no es-en si misma un peligro para la sociedad en general ni origina proble- mas que la afecten en su conjunto. La indole de la politica actual puede explicarse en gran parte por el deseo de una clase politica -compartido por una porcién sustancial de su electorado— de forzar la realidad para que obe- dezca a la posicién descripta mds arriba. Un sintoma saliente de ese deseo, asi como de la politica que apunta a su concrecién, es la propensi6n a encapsular la parte de la poblacién situada en el ex- tremo inferior de la distribucién social de riquezas e ingresos en la categorfa imaginaria de “clase marginal’: una congregacién de individuos que, a diferencia del resto de la poblacién, no pertene- cen a ninguna clase, y, en consecuencia, no pertenecen a la socie- dad. fsta es una sociedad de clases en el sentido de totalidad en cuyo seno los individuos son incluidos a través de su perienencia a una clase, con la expectativa de que cumplan fa funcién asig- nada a su clase en el interior y en beneficio del “sistema social” como totalidad. La idea de “clase marginal” no sugiere una fun- cién a desempefiar (como en el caso de la clase “trabajadora” o la clase “profesional”) ni una posicién en el todo social (como en el caso de las clases “alta”, “media” 0 “baja”). El tinico significado que acarrea el término “clase marginal” es el de quedar fuera de cualquier clasificacion significativa, es decir, de toda clasificacién orientada por la funcién y la posicién. La “clase marginal” puede estar “en” la sociedad, pero claramente no es “de” la sociedad: no 2 DANOS COLATERALES contribuye a nada de lo que 1a sociedad necesita para su supervi- vencia y su bienestar; de hecho, la sociedad estarfa mejor sin ella. El estatus de la “clase marginal”, tal como sugiere su denomina- cin, es el de “emigrados internos” o “inmigrantes ilegales” 0 “fo- rasteros infiltrados”: personas despojadas de los derechos que po- seen los miembros reconocidos y reputados de la sociedad; en pocas palabras, esta clase es un cuerpo extrafio que no se cuenta entre las partes “naturales” e “indispensables” del organismo s0- cial. Algo que no se diferencia mucho de un brote cancerigeno, cuyo tratamiento més sensato es la extirpacién, o en su defecto, una confinacién y/o remisién forzosas, inducidas y artificiales, Otto sintoma del mismo deseo, esirechamente ligado al pri- mero, es la visible tendencia a reclasificar la pobreza —e] sedimento més extremo y problemtico de la desigualdad social-- como pro- blema vinculado a la ley y ef orden, con lo cual se le aplican las medidas que suelen corresponder al tratamiento de la delincuen- cia y los actos criminales. Bs cierto que la pobreza y el desempleo crénico o “empleo cesante” —informal, a corto Pplazo, descompro- metido y sin perspectivas- se correlacionan con un indice de de- lincuencia superior al promedio; en Bradford, por ejemplo, a unos 10 kil6metros de mi localidad y donde el 40% de los jévenes perte- nece a familias sin siquiera un integrante con empleo regular, uno de cada diez jévenes ya tiene antecedentes policiales. Sin em- bargo, tal correlaciGn estadistica no justifica por sf sola la reclasifi- cacién de Ja pobreza como problema criminal; en todo caso, sub- raya la necesidad de tratar la delincuencia juvenil como problema social: bajar el indice de jvenes que entran en conflicto con la ley requiere llegar a las raices de ese fendmeno, y las raices son socia- Jes. Consisten en una combinacién de tres factores: la instilacién y Ja propagacién de una filosofia consumista de vida bajo la presién de una economia y una politica orientadas por el consumo; la ace- Teradla reduccién de oportunidades disponibles para los pobres, y Ja ausencia, para un segmento creciente de la poblacién, de pers- pectivas realistas de evitar o superar la pobreza que sean seguras y estén legitimadas por la sociedad. e i K . E : | b i E & i i: E iE — i C INTRODUCCION 13 En Jo que respecta a Bradford, asi como a tantos otros casos similares desperdigados por el mundo entero, es preciso sefialar dos aspectos fundamentales, En primer lugar, resulta un esfuerzo vano explicar estos fenémenos con referencia exclusiva a causas Jocales, inmediatas y directas (y ni hablar de vincularlos unfvoca- mente a la premeditacién maliciosa de una persona). En segundo lugar, es poco lo que pueden hacer las instituciones locales, por muchos recursos y buena voluntad que implementen, para reme- diar o prevenir estas adversidades. Las estribaciones del fené- meno que afecta a Bradford se extienden mucho mis allé de los confines de la ciudad. La situacién de sus habitantes jovenes es una baja colaieral de la globalizacién descoordinada, descontro- Jada ¢ impulsada por los dividendos. El término “baja (0 daiio, o victima) colateral” fue acufiado en tiempos recientes en el vocabulario de las fuerzas militares expe- dicionarias, y difundido a su vez por los periodistas que informan. sobre sus acciones, pata denotar los efectos no intencionales ni planeados -e “imprevistos”, como suele decirse erréneamente-, que no obstante son dafiinos, lesivos y perjudiciales. Calificar de “colaterales” a ciertos efectos destructivos de la acci6n militar su- giere que esos efectos no fueron tomados en cuenta cuando se pla- neé la operacién y se ordené a las tropas que actuaran; o bien que se advirtié y ponderé la posibilidad de que tuvieran lugar dichos efectos, pero, no obstante, se consideré que el riesgo valia la pena, dada la importancia del objetivo militar: y esta segunda opcién es mucho mds previsible (y mucho més probable) si se tiene en cuenta que quienes decidieron sobre las bondades del riesgo no eran los mismos que sufririan sus consecuencias. Muchos de quie- nes dan las érdenes tratan con posterioridad de exonerar su vo- luntad de poner en riesgo vidas y sustentos ajenos sefialando que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos. El subtexto de esa. afirmacién, claro estd, indica que alguien ha usutpado o ha logrado que se le legitime el poder de decidir qué tortilla freir y saborear, qué huevos romper, y que los huevos rotos no sean los mismos que saboreen la tortilla... El pensamiento que se rige por cc DANOS COLATERALES Jos dafios colaterales supone, de forma tAcita, una desigualdad ya existente de derechos y oportunidades, en tanto que acepta a priori la distribucién desigual de los costos que implica emprender una accién (o bien desistir de ella). En apariencia, los riesgos son neutrales y no apuntan aun blanco determinado, por lo cual sus efectos son azarosos; sin em- bargo, en el juego de los riesgos, los dados estan cargados. Existe una afinidad selectiva entre la desigualdad social y la probabili- dad de transformarse en victima de las catistrofes, ya sean ocasio- nadas por Ja mano humana o “naturales”, aunque en ambos casos se diga que los dafios no fueron intencionates ni planeados. Ocu- par el extremo inferior en la escala de la desigualdad y pasar a ser “victima colateral” de una accién humana o de un desastre natu- ral son posiciones que interacttian como los polos opuestos de un imén: tienden a gravitar una hacia la otra. En 2005, el huracdn Katrina asolé la costa de Luisiana. En Nueva Orleans y sus alrededores, todos sabian que se aproxi- maba el Katrina y todos disponfan de tiempo para correr en busca de refugio. Sin embargo, no todos pudieron actuar de acuerdo con, su conocimiento ni hacer buen uso del tiempo disponible para escapar. Algunos ~bastantes— no tenfan dinero para comprar Pasajes aéreos. Podian meter a su familia en un camién, pero jha- cia dénde la levarian? Los hoteles también cuestan dinero, y era seguro que no lo tenian. Y, paradéjicamente, para los vecinos que estaban en una situacién holgada, era mas facil obedecer el ex- horto de alejarse de sus hogares, de abandonar su propiedad para salvar la vida: los ricos tenfan las pertenencias asepuradas, de modo que si el Katrina era una amenaza mortal para su vida, no Jo era para sus riquezas. Mas aun, las Pposesiones de los pobres sin dinero para pasajes aéreos ui para habitaciones de hotel eran infi- mas en comparaci6n con la opulencia de los ricos, y por lo tanto, Parecfa menos lamentable su pérdida; sin embargo, se trataba de sus uinicas pertenencias, y nadie se las compensaria: una vez per- didas, esas cosas se perderfan para siempre junto con los ahortos de toda la vida. INTRODUCCION 15 Bs cierto que el huracan en si no es selectivo ni clasista y que puede golpear a ricos y pobres con fria y ciega ecuanimidad; sin embargo, la catdstrofe que todos reconocieron como natural no fue igualmente “natural” para la totalidad de las victimas. Si el hura- cénno fue en si mismo un producto humano, es obvio que sus con- secuencias para los seres humanos silo fueron. Tal como lo sintetizd al reverendo Calvin O. Butts II, pastor de la Iglesia Bautista Abisinia de Harlem (y no s6lo él), “los afectados fueron en su gran mayoria Jos pobres. Los negros pobres”.! Por su parte, David Gonzalez, co- rresponsal especial de The New York Times, escribis lo siguiente: En los dias transcurridos desde que los barrios y las ciudades de Ja Costa del Golfo sucumbieron ante los vientos y el agua, se ha instalado cada vez més la idea de que Ja raza y la clase social fue- ron los marcadores tacitos de victimas ¢ ilesos. Tal como ocurre en los paises mas pobres, donde las falencias de las polfticas de desarrollo rural adquieren pasmosa evidencia cuando se produ- cen desastres naturales como inundaciones y sequias —afirmaron muchos Iideres nacionales-, algunas de las ciudades mas pobres de Estados Unidos han quedado en una posicién vulnerable a causa de las politicas federales. “En dias soleados, a nadie se le ocurria venir a ver cémo esta- ba la poblacién negra de estas parroquias”, dijo el alcalde Milton D. Tutwiler, de Winstonville, Misisipi. “Entonces, ;deberia sor- prenderme de que nadie haya venido a ayudarnos ahora? No.” Segtin Martin Espada, profesor de inglés en la Universidad de Massachusetts, “solemos pensar que los desastres naturales son en cierto modo imparciales y azarosos. Sin embargo, siempre ocurre lo mismo: son los pobres quienes corten peligro. Eso es lo que im- plica ser pobre. Es peligroso ser pobre. Es peligroso ser negro. Es 1 Bsta y las siguientes citas fueron extraidas de David Gonzalez, “From margins of society to centte of the tragedy", en The New York Times, 2 de sep- tiembre de 2005, 16 DANOS COLATERALES peligroso ser latino”. Y de hecho, las categorias que se consideran particularmente expuestas al peligro tienden en gran medida a su- perponerse. Muchos de los pobres son negros o latinos. Dos tercios de los residentes de Nueva Orleans eran negros y més de un cuarto vivia en la pobreza, mientras que en el Lower Ninth Ward,“ bo- trado de la faz de la Tierra por Ja crecida, mas del 98% de los resi- dentes eran negros y mds de un tercio vivia en la pobreza. Las victimas mas golpeadas por la catdstrofe natural fueron quienes ya eran desechos de clase y residuos de la modernizacién mucho antes de que el Katrina asolara la ciudad: ya eran victimas del mantenimiento del orden y del progreso econdmico, dos em- presas eminentemente humanas y claramente antinaturales.2 Mu- cho antes de que fueran a parar al tiltimo lugar en la lista de pro- blemas prioritarios para las autoridades responsables por la seguridad de los ciudadanos, habfan sido empujados a los mérge- nes de la atencién (y la agenda politica) de las autoridades que proclamaban la busqueda de la felicidad como derecho humano universal, y la supervivencia del més apto como el medio primor- dial para implementarla. He aqui una idea espeluznante: no ayudé el Katrina, siquiera de forma inadvertida, a la mérbida industria de eliminacién de de- sechos humanos en su desesperado esfuerzo pot lidiar con Jas con- secuencias sociales que acarrea la produccién globalizada de “po- blaci6n redundante” en un planeta muy poblado (superpoblado, segtin la industria de eliminaci6n de desechos)? {No fue esa ayuda una de las razones por las que no se sintié con fuerza la necesidad de despachar tropas hacia la zona afectada hasta que se quebré el orden social y se avizoré la perspectiva de que se produjeran dis- turbios sociales? gCudl de los “sistemas de alerta temprana” sefialé * BL Lower Ninth Ward es un barrio de Nueva Orleans (el Distrito Noveno) situado en fa zona mas baja de la ciudad, cerca de la desembocadura del Misi- sipi. (N, de la T] 2 Véase mi Wasted Lives. Modernity and its Outcasis, Cambridge, Polity, 2004 [trad, esp.: Vidas desperdiciadas. La modernidad y sts parias, Buenos Aires, Pai- dos, 2005]. INTRODUCCION v7 ta necesidad de desplegar la Guardia Nacional? La idea es por s to degradante y terrorifica; uno la desecharia con gusto por in- justified © descabellada si la secuencia de acontecimientos la hu- biera vuelto menos crefble de lo que era. oe , : La posibilidad de convertirse en “victima colateral” de cual quiet emprendimiento humano, por noble que se declare su pro- pésito, y de cualquier catastrofe “natural”, por muy ciega que sea a la divisién en clases, es hoy una de las dimensiones mas drasti- cas e impactantes de la desigualdad social. Este fenémeno dice mmuchisimo sobre la posicién relegada y descendente que ocupa la desigualdad social en la agenda politica contempordnea. para quienes recuerdan el destino que corren jos puentes caya resisten- cia se mide por la fuerza promedio de sus pilas y estribos, tam- bién dice muchisimo mas acerca de los problemas que nos reserva para el futuro compartido la ascendente desigualdad social entre Jas sociedades y en el interior de cada una, ; Fl vinculo entre la probabilidad aumentada de sufrir el des- tino de “baja colateral” y 1a posicién degradada en la escala de la desigualdad resulta de una convergencia entre la “invisibilidad endémica 0 artificiosa de las victimas colaterales, por una parte, y Ja “invisibilidad” forzosa de los “forasteros infiltrados” —los po- bres ¢ indigentes-, por la otra, Ambas categorfas, aunque por ra~ zones diversas, se dejan fuera de consideracién cada vez que se evaliian y calculan los costos de un emprendimiento y los riesgos que enirafta su puesta en acto. Las bajas se tildan de “colaterales en la medida en que se descartan porque su escasa importancia no justifica los costos que implicaria su proteccién, o bien de “inespe- radas” porque los planificadores no las consideraron dignas de inclusién entre fos objetivos del reconocimiento preliminar. En consecuencia, los pobres, cada vez mas criminalizados, son candi- datos “naturales” al dafio colateral, marcados de forma perma- nente, tal como indica Ja tendencia, con el doble estigma de la irre- levancia y la falta de métito. Esta regla funciona en las operaciones policiales contra los traficantes de drogas y contrabandistas de migrantes asi como en las expediciones militares contra terroris- 18 DANOS COLATERALES tas, pero también cuando los gobiernos se proponen recaudar més ingresos aumentando el impuesto al valor agregado y tedu- ciendo las Areas destinadas al recreo infantil en Jugar de inere- mentar las cargas impositivas de los ricos, En todos estos casos y en una creciente multitud de otros, resulta més facil causar “da- fos colaterales” en los barrios pobres y en las calles escabrosas de tas ciudades que en los recintos amutallados de los ricos y pode- tosos. Asf distribuidos, los riesgos de crear victimas colaterales pueden incluso transformarse a veces (y en favor de ciertos inte- teses y propésitos) de valor pasivo en valor activo. .. Esta intima afinidad e interaccién entre la desigualdad y las bajas colaterales ~los dos fenémenos de nuestro tiempo que crecen tanto en volumen como en importancia, asi como en la toxicidad de los peligros que auguran— es el tema que se aborda, desde pers- pectivas sutilmente distintas en cada caso, en los sucesivos capitu- los del presente volumen, basados en su mayoria en conferencias que se prepararon y dictaron durante los afios 2010 y 2011. En al- gunos capitulos, ambas cuestiones aparecen en primer plano; en otros, funcionan como telén de fondo. Queda por elaborar una teo- rfa general de sus mecanismos interrelacionactos; en el mejor de los casos, este volumen puede verse como una red de afluentes que cotren hacia el cauce de un rio inexplorado y virgen. Me consta que atin queda pendiente la tarea de la sintesis, No obstante, estoy seguro de que el compuesto explosive que forman la desigualdad social en aumento y el creciente sufri- amiento humano relegado al estatus de “colateralidad” (puesto que la marginalidad, la externalidad y la cualidad descartable no se han introducido como parte legitima de la agenda politica) tiene todas las calificaciones para ser el més desastroso entre los incon- tables problemas potenciales que la humanidad puede verse obli- gada a enfrenitar, contener y tesolver duranie el siglo en curso. vat eal am onceeitgeertcan IL DEL AGORA AL MERCADO* prmocracia es la forma de vida del agora: de ese espacio in- enedio que une/separa los otros dos sectores de la polis, la ee snot aristotélica, el oikos era el espacio familiar, el iti ae cuyo seno se actuaba en pos de los intereses personales, net wmbién se moldeaban alli; mientras que la ekklesia era Jo “pti- Fico" un consejo compuesto de magistrados -elegidos, designa- dos o sorteados- cuya funcién consistia en velar por los asuntos comunes que afectaban a todos los ciudadanos de la polis, come las cuestiones de guerra y paz, la defensa de los dominios y as reglas que gobernaban la cohabitacién de los ciudadanos en a ciudad-Estado. Originado en el verbo kaléin, que significa a mar", “convocar”, “reunir”, el concepto de ekklesta presuponta desde el comienzo la presencia del 4gora, el lugar disponible para reunirse y conversar, el sitio de encuentro entre el pueblo y el con- jo: el sitio de Ja democracia. sens Siete “Estado, el Agora era un espacio fisico al cual la boulé el consejo~ convocaba a todos los ciudadanos (jefes de fa- milia) una o varias veces al mes para deliberar y decidir sobre te- mas vinculados a intereses comunes, asi como para elegir © sor- tear a sus miembros. Por razones obvias, tal procedimiento no pudo sostenerse una vez que el ambito de la polis o cuerpo poli- tico se extendié mucho més alld de las fronteras de la ciudad: el Agora ya no podia significar literalmente una plaza ptiblica donde se esperaba que todos los ciudadanos del Estado se Presentaran con el fin de participar en el proceso decisorio. Sin embargo, ello * Agradezco el permigo para basarme en mi articulo “Ot agory k rynku —i kuda potom?”, en Soobodnaya Myst, nim. 8, 2009, 19 20 DANOS COLATERALES no significé que el propésito subyacente al establecimiento del Agora, asf como la funci6n de ésta en aras de ese propésito, hubie- ran perdido su relevancia o debieran ser abandonados pata siem- pre. La historia de la demoeracia puede narrarse como la crénica de los esfuerzos sucesivos por mantener vivos tanto ese propé- sito como su realizacién luego de que desapareciera el sustrato original. O bien cabria decir que fue la memoria del Agora lo que puso en marcha, guio y mantuvo en sus carriles a la historia de la demo- cracia. Y deberfamos agregar que la tarea de preservar y resucitar ja memoria del 4gora estaba destinada a seguir diversos caminos y tomar formas diferentes: no existe una manera tinica y exclusiva de lograr la mediacién entre el cikos y la ekklesia, y dificilmente exista un modelo exento de escollos y dificultades. En nuestros tiempos, mas de dos milenios después, tenemos que pensar en. funcién de multiples democracias. El propésito del agora (a veces declarado, pero en.general im- plicito) era y sigue siendo la perpetua coordinacién de intereses “privados” (basados en el oikos) y “puiblicos” (tratados por la ekklesta). Y la funcién del agora consistia, y atin consiste, en propor- cionar la condicién esencial y necesaria de esa coordinacién: la tra- duccion bidireccional entre el Lenguaje de los intereses individualesffami- Hares y el lenguaje de los intereses piiblicos. En esencia, lo que se esperaba lograr en el Agora era la transmutacién de intereses y deseos privados en asuntos ptiblicos y, a la inversa, la de asuntos de interés ptiblico en derechos y deberes individuales. En conse- cuencia, el grado de democracia de un régimen politico puede medirse por el éxito 0 el fracaso, la fluidez o la aspereza, de esa traducei6n: es decir, por el grado en que se ha alcanzado el objetivo principal, y no, como suele set el caso, por obediencia acérrima a uno u otro procedimiento que sin raz6n se considere condicién ne- cesaria y suficiente de la democracia, de toda democracia, de la democracia como tal. Cuando el modelo de “democracia directa” propio de la ciu- dad-Estado -donde era posible hacer una estimacion in situ del DEL AGORA AL MERCADO 21 éxito y la fluidez de la traduccién segiin el némero de ciudada- nos que participaran en cuerpo y voz del proceso decisorio— se volvié claraznente inaplicable al concepto mademo y resucitado de democracia (y en particular a la “sociedad extensa”, una enti- dad conscientemente imaginada y abstracta que trasciende el al- cance del impacto y la experiencia personal del ciudadano), la teorfa politica moderna breg6 por descubrit o inventar cénones alternativos mediante los cuales fuera posible evaluar la demo- cracia de un régimen politico: indices que sirvieran como argu- mento y prueba para reflejar y sefialar que el propdsito del agora se hubiera cumplido adecuadamente y que su funcién se hubiera levado a cabo como era debido, Quiza los mas conocidos entre esos criterios alternativos hayan sido los cuantitativos, como el porcentaje de ciudadanos participantes en las elecciones, que en la democracia “representativa” reemplazé a la presencia fisica y activa de los citrdadanos en el proceso legislativo. No obstante, Ja efectividad de esa participacién indirecta fue volviéndose ma- teria contenciosa, en particular una vez que el voto popular co- menz6 a transformarse en la tinica fuente de legitimidad de los gobernantes: ciertos regimenes abiertamente autoritarios, dicta- toriales, totalitarios y tirénicos, que no toleraban el disenso pti- blico ni el didlogo abierto, podfan jactarse sin dificultades de contar con porcentajes mucho més altos de votantes en las elec- ciones (y en consecuencia, seguin los criterios formales, con un apoyo popular mucho més extendido a las politicas implementa- das) que otros gobiernos cuidadosos de respetar y proteger la li- bertad de opinién y expresion, que s6lo podian sofiar con dichos porcentajes. No sorprende entonces que, en el presente, cuando se ponen sobre el tapete los rasgos definitorios de la democracia, el énfasis se aleje de las estadisticas que indican presencia y au- sentismo en las elecciones para seguir estos criterios de libertad de expresién y opinién. Con referencia a los conceptos de “sa- lida” y “voz”, que Albert ©. Hirschman sefiala como las estrate- gias principales que los consumidores pueden (y suelen) em- plear con el fin de ejercer genuina influencia en las politicas de 2 DARIOS COLATERALRS comercializacién,! se ha sugerido a menudo que el derecho de los ciudadanos a expresar en voz alta su disenso, la Provisién de rechazo, son las condiciones sine qua non que deben cumplir log 6rdenes politicos para obtener el reconocimiento de sus creden- ciales democraticas, En el subtitulo de su inflayente estudio, Hirschman sitiia las re laciones comprador-vendedor y ciudadanos-stado en ja misma ca. tegoria, sujetas a iguales criterios en Ja medicién del desempefio, Esta iniciativa fue y es legitimada por el Supuesto de que las liberta- des politicas y las libertades del mercado estan estrechamente vine culladas, ya que se necesiian, engendran y revigorizan unas a olras; es decir que la libertad de log mercados, subyacente al crecimiento econdmico y ala vez. su promotora, es en ultima instancia la condi- cién necesaria, asf como el caldo de cultivo, de ia democracia poli- tica, mientras que esta wiltima es el vinico marco en el cual es posible Perseguir y lograr con eficacia el éxito econémico, Sin embargo, lo minimo que puede docirse de este Supuesto es que resulta polémico, Pinochet en Chile, Syngman Rhee en Corea del Sur, Lee Kuan Yew en Singapur, Chiang Kai-shek en Taiwan ast como los actuales go- bernantes de China fueron o son dictadores (Aristételes log amaria “tiranos”) en todo salvo la autodenominacién de sus gobiernos; no obstante, estuvieron o estén a la cabeza de una extraordinaria exe Pansion y poder creciente de los mercados. Ninguno de los paises nombrados serfa hoy un epitome del “milagro econémico” de no haber mediado una prolongada “dictadura del Estado”. Y podria- ‘mos agregar que su condicién de epitome no es mera coincidencia. Conviene recordar que la fase inicial de todo régimen capita- lista, la fase de la denominada “acumulacién originaria” del capital, * Albert O. Hirschman, Exit, Voice and Loyalty, Respouses to Decline int Firms, Organizations, end States, Cambridge (saa), Flarvard University Press, 1970 [tead, Usp Salide, 002 y lealtod. Respuestas al deteiorn de empresas, orgainizaciones y esta- ds, trad. de Bduardo L. Suarez, México, Rondo de Culler, Beonémica, 1977}, DELAGORA AL MERCADO 23 jza invariablemente por el estallido de disturbios sociales se cera ietvemos, asf como por la expropiacién de medios de imustaden . Ja polarizacién de las condiciones de vida; tales cir- a aero | freden sino conmocionar a sus victimas y engen- Sono. rates potencialmente explosivas, que los empresa- dest ov nerciantes en ascenso necesitan reprimir con la ayuda de re icdura estatal poderosa, despiadada y coercitiva, Y cabe sme di al los “milagros econémicos” producidos en el Jap6n yla ania ra osguerra podlrian explicarse en medida considerable sae cia de fuerzas de ocupacién extranjera que arrebataron pole eines coercitivas/opresivas del poder estatal a las institu- a ne polio nativas en tanto evadian con presteza todo control erpate ce las instituciones democraticas de los paises ocupados. por Lord Beveridge, a quien debemos el proyecto para el “Estado de bienestar” briténico, emulado més tarde por varios paises ew ropeos, no era socialista sino liberal. Beveridge crefa que su pre puesta ‘de conferir un seguro contra todo riesgo para tas rep ; i i uencia inevitable y el do por el colectivo social, era la consec i le y el Si los derechos democréticos, asf como las libertades que traen 5 vez éngendraba necesatiamente los derechos sociales, gracias a los & aparejacas esos derechos, se confieren en teorfa pero son inalean- Q cuales el el ejercicio de ambas libertades se volvia factible cles se volvia factible y plausible Ss zables en la ptactica, no cabe duda de que al dolor de la desespe- t ara para todos. Con cada odos. Con cada extension su sucesiva de los derechos os politicos ~~ < +) Tanza se sumaré la humillacién de la desventura; la habilidad para E ~creia Marshall-, el =I égora se seria mas inchusiva, se otorgaria voza § -® _ enfrentar los desafios de la vida, puesta a prueba a diario, es el cri- i is calegorias de personas 8 que hasta entonces se habian Z or sol donde se forja o se funde la confianza personal del individuo, y mar enido inaudibles, ser inivelarian hacia arriba cada vez mas $3 en consecuencia, su autoestima. Un Estado politico que rehtisa ser desi desigu ualdades y se el eliminarian cz cada vez, mas discriminaciones) i un Estado social puede ofrecer poco y nada para rescatar a los indi- viduos de la indolencia o la impotencia [Sin derechos sociales para todos, un inmenso so y sin duda creciente ntimero de personas hallard que sus déréchos politicos son de escasa ulilidad 0 indignos desu atencién, Si los derechos politicos son necesarios wrios para & establecer Tos de- hos sociales, los derechos sociales son ion indispensables pa para que los derechos Dppolilicos sean “reales’’y se mantengan vigentes. Amabas clases de dexe- hos se necesitan mutuamenie para su ira su supervivencia, 'y esa super- vivencia ia sélo puede emanar desi tealizacion \conjunta. F _— ~ Bl Tistado social ha sido la encarnacién moderna suprema de la idea de comunidad; es decir, de la reencarnacién institucional de esa idea en su forma moderna de “totalidad imaginada”: un entra- mado de lealtad, dependencia, solidaridad, confianza y obligacio- a Ce Sear La necestelecl VC ch, les fer. _ymnsens-ieamesrierenraraett pre anne racer ‘Aproximadamente un cuarto de siglo después, John Kenneth Gal- braith detect6 otra regularidad, sin embargo, que con certeza mo- dificaba radicalmente, si no refutaba, el pronéstico de Marshall: a medida que Ja universalizaci6n de los derechos sociales comenzaba a dar frutos, cada vez mas titulares de derechos politicos se inclina- ban por usar sus prerrogativas electorales para respaldar la inicia- tiva de los individuos, con todas sus consecuencias; entonces, en. lugar de disminuir o nivelarse hacia arriba, la desigualdad de in- gresos, niveles de vida y perspectivas futuras iba en aumento. Galbraith atribuy6 esa tendencia a las drasticas transformaciones en_el estado de Animo y la filosofia de vida de la emergente “ma- yoria satisfecha”.3 Como ya se sentia rienda en mano, y c6moda en. un mundo de grandes riesgos pero también de grandes oportu- penenariestemctriais nes tecfprocas, Los derechos sociales son, por asi decir, la manifes- tacién tangible, “empiricamente” dada, de la totalidad comunitaria imaginada (es decir, la variedad moderna de la ekklesia, el marco donde se inscriben las instituciones democraticas), que vincula esa. noci6n abstracta a las realidades diarias, enraizando la imagina- cién en el suelo fértil de la experiencia cotidiana. Estos derechos certifican la veracidad y el realismo de la confianza mutua, de per- nidades, la mayoria emergente no vela necesidad alguna de que se 2 Thomas Humphrey Marshall, Citizenship and Social Class and Other Essays, Cambridge, Cambridge University Press, 1950 [trad, esp.: Ciudadania y clase social, trad, de Josefa Linares de la Puerta, Madrid, Alianza, 1998). 2 Véase, entee otras obras de John Kenneth Galbraith, Culture of Contentment, Nueva York, Houghton Mifflin, 1992 [trad. esp.: La cultura de in satisfaccién, Bue- nos Aires, Emecé, 1992]. 26 DANOS COLATERALES implementara un “Estado de bienestar”, proyecto que les parecia més una jaula que una red de seguridad, una limitacién mas que una apertura... y un despilfarro excesivo que ellos, los satisfechos, capaces de confiar en suis propios recursos y libres de circular por el mundo, probablemente no necesitarian nunca y del que no se beneficiatian. Desde su punto de vista, los pobres del lugar, enca- denados al suelo, ya no eran un “ejército de reserva de trabajo”; de modo que el dinero invertido en mantenerlos en buen estado era un verdadero derroche. El amplio respaldo “mas alld de la iz- quierda y la derecha” que habia recibido el Estado social —que pata Thomas Humphrey Marshall era el destino final de la “légica histérica de los derechos humanos’— comenz6 a disminuir, de- arumbarse y esfumarse con creciente celeridad. En efecto, el Estado de bienestar (Estado social) dificilmente habria visto la luz si los propietarios de las fabricas no hubieran advertido alguna vez que cuidar el “ejército de reserva de trabajo” (mantener en buen estado a los reservistas por si se los requerfa otra vez en el servicio active) era una buena inversion. La intro- duccién del Estado social fue por cierto una cuestién “mds alla de la izquierda y la derecha”; en estos tiempos, sin embargo, lo que esta pasando a ser una cuestién “més alld de la izquierda y la de- recha” es la limitaci6n y el desmembramiento gradual de los re- cursos estatales para el bienestar. Si cl Estado de bienestar hoy ca- rece de fondos suficientes, si se est{ desmoronando 0 incluso se lo desmantela de forma activa, es porque la fuente de las ganancias capitalistas se ha desplazado o ha sido desplazada desde Ia explo- tacién de la mano de obra fabril hacia la explotacién de los consuii- doves. Y porque los pobres, desprovistos de los recursos necesarios para tesponder a las seducciones de los mereados de consumo, necesitan papel moneda y cuentas de crédito (servicios que no Pproporciona el “Estado de bienestar”) para ser ttiles tal como el capital del consumo entiende la “utilidad”. Mas que ninguna otra cosa, @” Estado de bienestar” (cuya me- jor denominacién, repito, es la de “Tistado social”, nombre que des- plaza el éntasis desde la disisibucion de beneficios materiales hacia DEL AGORA AL MERCADO 7 én comunitaria que motiva el otorgamiento de dichos fa consirucci6n comunitaria que motva € Ofon ame os. bent 03), ) fue “un proyecto creado y fomentado precisamente para & Stliar el actual impulso “privatizador” (lérmino que sintetiza Jos OdICIO® CSeNCTAIRNOHNS ICOM (Etiog ¢ mndividualistas que pro- os eSencralmnen ees min sa af mercado de. consumo, y..que.sitéan a los individuos en ‘comy tencia reciproca); es deciy, para frenar el inpulso que ocasiona ‘él debilitamiento y la desituccién del entramado ‘de lazos humanos, soa aera Tos CITRUS SATIRE Solidaridad haan La nprivatizacion’ traslada la monumental tarea de lidiar con los pro- blemas socialmente causados (en la esperanza de resolverlos) hacia Jos hombros de mujeres y hombres individuales, qaienes en su mayo- tfa estén lejos de contar con los recursos suficientes para tal propé- sito; en contraste, el “Estado social” apunta a unira sus miembros en elintento de proteger a todos y cada uno de ellos de la cruel, compe- titiva y moralmente devastadora “guerra de todos contra todos”. Un Estado es “social” cuando promueve el principio del se- gurdcolectivo, respaldado por la comunidad, contra e Tinfortunio individual y ous consecuencias, [iste principio —una vez decla- © }-en marcha e instalado en Ja confianza publica es el que cleva la “sociedad imaginada”_al nivel de wna “totalidad ge: ~S nui ~ : - $ una comunidad tangible, perceptible y vivida- y, en con- SX secuenicia, recmplaza (on palabras de John Dunn) ef “orden del mo”, que engendra descontianza y suspicacia, por el “orden ego spi ens ele igualdad”, que inspira confianza y solidaridad. Y se trata del’ ¥ "> mismo principio que vuelve democratico el cuerpo politico: eleva“ ere fete, AY alos integrantes de la socie s dedi, ye los hace parficipantes, ademis politica; £ 2 bros de la sociedad se convierten en ciudadanos definidos ¢ im- pulsados por su profundo interés en el bienestar y las responsabi- lidades comunes: una red de instituciones ptiblicas que se encargan de garantizar la solidez y la confiabilidad de la “péliza colectiva de seguros” emitida por el Bstado. La aplicacién de ese principio puede y suele proteger a los hombres y las mujeres con- 28 DANOS COLATERALES tra el triple flagelo del sileuciamiento, la exclusién y la kumillacion; pero por sobre todas las cosas, puede funcionar (y en general lo hace) como fuente prolifica de la solidaridad social que recicla la “sociedad” en un valor comunitario y compartido. En el presente, sin embargo, nosotros (el “nosotros” de los pafses “desatrollados” por iniciativa propia, asi como el “nosotros” de Jos paises “en desarrollo” bajo la presién concertada de los merca- dos globales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mun- dial) parecemos movernos en la direccién opuesta: las “totalida~ des”, las sociedades y las comunidades reales o imaginadas estan cada vez més “ausentes”. El Ambito de la autonomia individual se halla en expansién, pero también carga con el peso de las funcio- nes que alguna vez se consideraron responsabilidad del Estado y ahora fueron cedidas (“tercerizadas”) al interés individual. Los estados respaldan 1a péliza colectiva de seguros con escaso entu- siasmo y creciente renuencia, y dejan en manos de los individuos el logro y la conservacién del bienestar. En consecuencia, no quedan muchos incentivos para concu- rrir al Agora, y mucho menos para comprometerse con sus tareas. Librados cada vez mas a sus propios recursos y a su propia sagaci- dad, los individuos se ven obligados a idear soluciones individua- les a problemas generados socialmente, y se espera que lo hagan como individuos, mediante sus habilidades individuales y sus bienes de posesién individual. Tal expectativa los enfrenta en mu- tua competencia y crea la percepcién de que la solidaridad comu- nitaria es en general irrelevante, si no contraproducente (excepto en la forma de alianzas temporarias de conveniencia, es decir, de lazos humanos que se atan y desatan a pedido y “sin compro- miso”). Si no se mitiga por via de la intervencién institucional, esta “individualizacién por decreto” vuelve inexorable la diferen- ciacién y polarizacién entre las oportunidades individuales; mas atin, hace de la polarizacién de perspectivas y oportunidades un proceso que se impulsa y se acelera a si mismo. Los efectos de esta tendencia eran faciles de predecir... y ahora pueden computarse. ee ee er ermanmsrmne: b } DEL AGORA AL MERCADO, 29 En Gran Bretafia, por ejemplo, la potcién del 1% que mds gana se duplicd desde 1982 del 65% al 13% del ingreso nacional, mientras que los presidentes de las cien empresas del indice rrsr han reci- bido (hasta la reciente “recesién crediticia’” y después) no 20 como en 1980, sind 133 veces mas que los trabajadores promedio. Sin embargo, aqui no termina la historia. Gracias a la ved de “autopistas de informacién”, que crece répidamente en extensién. y densidad, se invita, tienta e induce (mas bien compele) a todos y cada uno de los individuos —-hombre o mujer, adulto 0 nifio, rico 0 pobre- a comparar Io que le ha tocado en suerte con lo que les ha tocado a todos los otros individuos, y en particular con el consumo fastuoso que practican los {dolos ptiblicos (las celebridades que estan constantemente en el candelero, en las pantallas de rv y en Ja tapa de los tabloides y las revistas de moda), asi como a medir Jos valores que dignifican Ja vida con referencia a la opulencia que ostentan. Al mismo tiempo, mientras las perspectivas realistas de una vida satisfactoria divergen de forma abrupta, los parémetros soiiados y los codiciados simbolos de la “vida feliz” tienden a converger: la fuerza impulsora de la conducta ya no es el deseo mas o menos realista de “mantenerse en el nivel de los vecinos”, sino la idea, nebulosa hasta la exasperacién, de “alcanzar el nivel de las celebridades”, ponerse a tono con las supermodelos, Jos fut- bolistas de primera divisién y los cantantes més taquilleros. Tal como seftala Oliver James, esta mezcla verdaderamente téxica se crea mediante el acopio de “aspiraciones poco realistas con la ex- pectativa de que puedan cumplirse’; de hecho, grandes franjas de la poblacién briténica “creen que pueden hacerse ricas y famo- sas”, que “cualquiera puede ser Alan Sugar o Bill Gates, aun cuando la probabilidad real de que tenga lugar ese acontecimiento haya disminuido desde la década de 1970”4 El Fsiado actual es cada vez menos capaz de prometer seguri- dad existencial a sus stibditos (“liberarlos del miedo”, como lo ex- 4 Oliver James, “Selfish capitalism is bad for our mental health”, en The Guar- dion, 3 de enero de 2008, 30 DANOS COLATERALES: pres6 célebremente Franklin Delano Roosevelt al invocar su “firme creencia” de que “lo timico que debemos temer es el temor mismo”) y estd cada vez menos dispuesto a hacerlo. En una me- dida que crece a ritmo constante, la tarea de lograr seguridad exis- tencial obtener y retener um lugar legitimo y digno en la sociedad humana y eludir la amenaza de la exclusién- se deja librada a cada individuo para que la [eve a cabo por su cuenta, valiéndose s6lo de sus habilidades y recursos; y ello implica correr enormes riesgos y sufrir la angustiosa incertidumbre que inevitablemente entrafia tal cometido. El miedo que la democracia y su retofio, el Estado social, prometieron erradicaz, ha retornado para vengarse. La mayoria de nosotros, desde los estratos mas bajos hasta los més altos, tememos hoy a la amenaza, por muy inespecifica y vaga que se presente, de ser excluidos, de no estar a la altura del desaffo, de suftir desaires, de sentirnos humillados y de que no se nos reeonozca la dignidad... ‘Tanto los politicos como tos mercados de consumo anhelan capitalizar los difusos y nebulosos miedos que saturan la socie- dad actual. Los comercializadores de servicios y bienes de con- sumo publicitan sus mercancfas como remedios infalibles contra Ja abominable sensacién de incertidumbre e indefinidas amena- zas. Los movimientos y politicos populistas recogen para sf la ta- rea abandonada por el debilitado y evanescente Estado social, y también por gran parte de lo que queda de la izquierda socialde- mocrata, que en lineas generales ya es cosa del pasado. Sin em- bargo, en marcado contraste con el Estado social, a ellos no les in- teresa reducir el volumen de los miedos sino expandirlo, y en particular expandir los miedos a aquellos peligros que les permi- ten mostrarse en Tv como quienes valerosamente los resisten, los combaten y protegen de ellos a la nacién. El inconveniente es que las amenazas reflejadas por los medios con mayor insistencia, es- pectacularidad y estrépito rara vez,~si alguna~ coinciden con los peligros que se hallan en fas raices de los temores y las angustias populares, Por mucho que el Estado logre oponer resistencia a las amenazas publicitadas, las fuentes genuinas de la angustia -de la DEL AGORA AL MERCADO 31 snquietante incertidumbre y la abrumadoxa inseguridad social-, eases primigenias del miedo que se ha vuelto endémico en el eo de vida del capitalismo moderno, permanecerén intactas, 0 so emergerén con mayor fuerza. = rue tel electorado juzga a los lideres politicos, tanto a Jos actuales como a los aspirantes, por la severidad que manifies- tan en la pista de la “carrera hacia Ja seguridad”. Los politicos tratan de superarse unos a otros en sus promesas de endurecimiento contra los inculpados por la inseguridad: genuinos o supuestos, pero que estan cerca, al alcance de la mano y pueden ser combate dos y vencidos, o al menos ser tildados de vencibles y presenta os como tales. Los partidos como Forza Italia o la Lega Nord estan en condiciones de ganar elecciones mediante promesas de proteger a los industriesos lombardos contra los robos de los holgazanes ca~ jabreses, defenderlos de Jos recién llegados de paises extranjeros que les recuerdan la inestabilidad y la incurable fragilidad de su propia posicién, y proteger a cada nuevo votante contra Jos insi- diosos mendigos, acosadores, merodeadores, arrebatadores, la- drones de autos y, por supuesto, contra los gitanos. Fl inconve- niente es que las amenazas mas formidables a la vida humana aceptable y a la dignidad, y en consecuencia a la vida democritica, emergeran de quienes quedan indemnes. ; De todos modos, los riesgos a que se exponen las democracias actuales se deben s6lo en parte al modo en que los gobiernos estata- les procuran con denuedo legitimar su derecho a gobernar y exi- gir disciplina flexionando sus misculos y mostrando su determi- nacién a ponerse firmes frente a las inacabables -genuinas o supuestas~ amenazas a los cuerpos humanos, en lugar de (como lo hacian antes) proteger la utilidad social de los ciudadanos y sus tugares respetados en la sociedad, asi como su seguro contra la exclusion, la negacién de la dignidad y Ia humillacién. Digo “en parte” porque la segunda causa de riesgo para Ja democracia es aquello que s6lo puede denominarse “fatiga de la libertad”, mani- fiesta on la placidez. con que Ta mayorfa de nosotros acepta Ja Timi- tacién gradual de las libertades que tanto nos cost6 conseguir, de 32 DANOS COLATERALES nuestro derecho a la privacidad, a Ja defensa en juicio y aser trata- dos como inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Laurent Bonelli ha acufiado recientemente el término “liberticida”’ Para denotar esa combinacién entre las nuevas y exageradas ambicio- hes estatales y la timorata indiferencia de los ciudadanos> Hace un tiempo vi en televisién a miles de Pasajeros varados en aeropuertos briténicos durante uno de los tantos “pinicos terro- ristas”, cuando se cancelaban los vuelos Iuego de anunciarse el des- cubrimiento de los “inefables peligros” que entrafiaban las “bom- bas liquidas” y una conspiracién internacional que amenazaba con, hacer explotar los aviones en pleno vuelo. Esos miles de Ppasajeros perdieron sus vacaciones, importantes reuniones de negocios, cele- braciones familiares... ipero no se quejaron! En lo més minimo, ‘Tampoco se quejaron de tener que Prestarse a que los olieran los pertos, de hacer interminables filas para los chequeos de seguri- dad, de ser sometidos a cacheos corporales que en circunstancias normales habrian considerado escandalosamente ofensivos parasu dignidad. Por el contrario, se mostraban, jubilosos y rebosantes de gratitud: “Nunca nos sentimos tan seguros como ahora”, repetian, “Estamos muy agradecidos a nuestras autoridades por su vigilan- cia y por cuidar tanto de nuestra seguridad!” En el otro extremo de Ja tendencia actual, sabemos de Prisio- neros sin acusacién que pasan afios en prisiones irregulares como Guanténamo, Abu Ghraib, y quizé docenas més que se mantienen en secreto y son por eso atin més siniestras e inhumanas; fo que llegamos a saber ha causado ocasionales murmullos de protesta, pero no una indignacion publica generalizada, y mucho menos una contraofensiva eficaz. A quienes integramos la “mayoria de- mocrética” nos consuela saber que todas esas violaciones a los derechos humanos estén dirigidas a “ellos”, no a “nosotros”... a otra clase de seres humanos (“entre usted y yo, :son realmente humanos?”), por lo cual tales atrocidades no nos afectan a “las ® Laurent Bonelli, “L’antiterrorisme en France, un systeme liberticide”,en Le Monde, 11 de septiembre de 2008. 4 | | | 4 | DEL AGORA AL MERCADO, 33 ergonas decentes”, Hemos olvidado oportunamente la triste lec- ion de Martin Niemdller, el pastor luferano victima de la perse- “ “tén nazi. Primero fueron por los comunistas, reflexiond, pero en era comunista y entonces no dije nada. Después fueron por Me sindicalistas, pero yo no era sindicalista y me quedé callado. Después fueron por los judfos, pero yo no era, judio... Y por los catélicos, pero yo no era catélico... Después vinieron por mi... En- tonces ya no quedaba nadie que pudiera defenderme. En un mundo inseguro, seguridad es el nombre del juego. La seguridad es el propésito supremo del juego ysu apuesia maxima. Bs un valor que, en fa practica, si no en la teoria, ectipsa y escamo- tea de la vista y la atencién todos los.otros valores... incluidos los yalores que son preciados para “nosotros”, pero que “ellos” son. gospechosos de detestar, por lo cual se declara que esos valores gon la raz6n primordial de su deseo de destruirnos y de nuestro deber de derrotarlos y castigarlos, En un mundo tan inseguro como el nuestro, es preciso recortar o suspender la libertad perso- nal de palabra y accién, el derecho a }a privacidad, al acceso ala verdad: todo lo que solfamos asociar a la democracia y en. cuyo nombre atin vamos a la guerra. O al menos eso es lo que la version. oficial sostiene y confirma con su practica. La verdad —cuya omisién sdlo puede poner en peligro la democra- cia- es, no obstante, que io podemos defender con eficacia nuestras li- bertades en casa mientras nos amurallamos para separarnos del resto del mundo y atendemtos sélo a nuestros propios asuntos. , ‘La clase es apenas una de las formas histéricas de la desigual- dad; el f'stado nacional, apenas uno de sus marcos histéricos; en consecuencia, “el final de la sociedad nacional de clases” (si es que Ja era de la “sociedad nacional de clases” ha Ilegado en efecto a su fin, lo cual. es debatible) no augura “el fin de la desigualdad 80" cial”. Ahora debemos extender la cuestion de la desigualdad mas allé del 4mbito engafiosamente estrecho del ingreso per cdpita, hasta abarcar la mutua atraccién fatal entre la pobreza y la vulne- rabilidad social, la corrupeidn, la acumulacién de peligros, asi 34 DANOS COLATERALES como Ia humillacién y Ja negacién de la dignidad; es decix, hasta abarcar todos los factores que configuran las actitudes yconducen e integran los 8rupos (0 bien, mas exactamente en este caso, desin- tegran los grupos), factores cuyo volumen e importancia crecen con celeridad en Ia era de la informacién globalizada. Creo que lo que subyace a la presente “globalizacién de la desigualdad” es la actual repeticion, aunque esta vez a escala pla- netaria, del proceso que Max Weber situé en los origenes del capi- talismo moderno con el nombre de “separacién entre la economia doméstica y la empresa productiva”: en otras palabras, la emanci- Pacién de los intereses empresariales con respecto a todas las ingti- tuciones socioculturales existentes de supervision y control inspi- radas en la ética (concentradas Por entonces en el hogar/taller familiar, ya través de él en la comunidad local), y en consecuencia, Ja inmunizacién de las iniciativas empresariales contra todo valor que no atendiera a la maximizacién de las ganancias. Con la ven- taja que otorga la mirada retrospectiva, podemos ver las presentes innovaciones como una réplica magnificada de las que marcaron aquel proceso original ya bicentenario, Las actuales tienen los mis- ‘mos resultados: r4pida diseminaci6n de la miseria (pobreza, desin- tegraci6n de familias y comunidades, adelgazamiento de los lazos ‘Aumanos hasta su transformacién en Jo que Thomas Carlyle deno- miné “nexo del dinero”) y una incipiente “tierra de nadie” (ana suerte de “Lejano Oeste”, tal como fuera recteado en los estudios de Hollywood) exenta de leyes vinculantes y supervisién adminis trativa, visitada s6lo de forma esporadica por jueces itinerantes, Para resumir una larga historia: la secesion original de los in- tereses empresariales fue seguida de un prolongado, frenético y dificultoso afan del Estado emergente por invadir, subyugar, colo~ nizar y en iltima instancia “regular normativamente” esa tierra libre para todos; por echar los cimientos institucionales de la “co- munidad imaginada” (denominada “nacién”), con el Ppropésito de tomar a su cargo las funciones vitales que antes desempetiaban las economias domésticas (hogarefias), las Parroquias, los gremios de artesanos y otras instituciones que imponfan valores comunita- fi f i ‘ DEL AGORA ALMERCADO 35 i s empresariales, pero que las comunidades des- ne rice bilados de su poder ejecutivo, ya no podfan sostener. ec esonciamos ja “Secesion empresarial, segunda fase”: esta wer ine motes de “doméstico” y “baluarte del provincianismo” se en | Estado nacional, y es a él a quien le toca sufrir la desapro- nn censura y la acusacién de ser una reliquia irracional y an Ja economia, un obstéculo a la modemizacion. te encia de esta segunda secesién, tal como Ia esencia de la is ta es el divorcio entre el poder y la politica. En el curso de sues- fuer r limitar el dafio sociocultural ocasionado por la primera es mi 2 culminé en los “gloriosos treinta”afios siguientes a te gepunda Guerra Mundial), el Estado moderno emergente logrd esorollet instituciones politicas y gubernamentales heats “ te medida de la fusién postulada de poder (Macht, Ferrsc w 5, Pp ‘i tica en el interior de a uni6n territorial entre nacion y he lo. a matrimonio entre el poder y la politica {0 bien, mejor dic] . su ci . habitacién en el interior del Estado nacional) hoy deseml| oe e , una separacion al borde del divorcio, encuyo marco parted i Po der se evapora hacia arriba hacia el ciberespacio-, otra pane ‘ ve hacia los costados ~hacia mercados de un apoliticismo ii ane ° inquebrantable- y otra parte se “terceriza” (forzosamente, Por ‘ e- creto”) al ambito de las “polfticas de Vida" gue preatcon los indivi- ién “emancipados” (también por decreto), . 7 siete euliados fon muy similares a los de la secesion ogi nal, s6lo que esta vez se han producido en escala incomparable- mente mayor. Sin embargo, hoy no se avizora una entidad equi- valente al “Estado nacional soberano”, capaz (siquiera como esperanza) de forjar (y menos avin de implementax) tna perspec: tiva realista de suavizar el efecto de Ja globalizacién, hasta al hore estrictamente negativo (destructivo, tendiente a decmaniclar las instituciones y disolver las estructuras), recapturando las uerzas desbocadas con el propésito de someterlas a un control guiado por la ética y accionado por la politica. Al menos hasta ahora... Hoy tenemos un poder que se ha quitado de encima ata politica y wna politica despojata de poder. El poder ya es global; la politica sigue 36 DANOS COLATERALES siendo lastimosamente local. Los estados nacionales territorial om distritos policiales de “la ley y el orden”, asf como basureros » P antes locales de temocién y reciclaje de la basura que ocasionay los problemas y riesgos generados en el nivel global, " Hay razones vélida: ; ; © siquiera en unos pog Paises selectos, como en el caso de la Unién Europea. El destin at unos poces ciemplos bastarén. Si hace 40 aftos, los ingresos © mas rico de la poblacién mundial eran 30 veces mas alt que los del 5% més pobre, hace 15 afios ya eran el 60% més alt , hacia 2002 habjan alcanzado un factor del 114 por ciento. mF aa oom Sena Teeques Attali en La Voie humaine la mitad & bene lial y més de la mitad de las inversiones globa- ; 8 0 a 22 paises que albergan al mero 14% de la 10> blacién mundial, mientras que los 49 paises mas pobres, habit dos por el 11% de ta poblacién mundial, reciben entre tod lo al 0,5% del producto global; igual a la suma aproximada cl ri ‘ ingtesos que obtienen os tres hombres mas ricos del planota i “Tacques Atal, La Voie humaine, Baris, Fayard, 2004, sesame DEL AGORA AL MERCADO 37 90% de Ia riqueza total del planeta permanece en manos de ape- nas el 1% de los habitantes. Tanzania obtiene 2.200 millones de délares por aito, que re- arte entre 25 millones de habitantes. El banco Goldman Sachs ana 2.600 millones de délares, que luego se dividen entre 161 acclonistas. Kuropa y Estados Unidos gastan 17 mil millones de délares anuales en alimentos para mascotas, mientras que, segtin los ex- pettos, se necesitan apenas 19 mil millones de délares para salvar dol hambre a la poblacién mundial. Tal como Joseph Stiglitz les ecordé a los ministros de comercio que se preparaban para su reu- nién en México,’ el subsidio ewropeo promedio por vaca “iguala los dos délares diarios con que apenas subsisten miles de millones de pobres”, mientras que los subsidios de 4 mil millones de déla- res al algodén que el gobierno estadounidense paga a 25 mil agri- cultores en buena posicién econémica “causan la miseria de 10 mi- llones de agricultores africanos y contrarrestan por mucho Ja misera ayuda de Estados Unidos a algunos de los paises afecta- dos”. En ocasiones, Estados Unidos y Europa se acusan mutua- mente en ptiblico de evar a cabo “practicas agricolas desleales”. Sin embargo, segtin observa Stiglitz, “ninguno de los dos lados se muestra dispuesto a hacer concesiones de importancia”, en tanto que sdlo una concesién de importancia harfa que los demés dejen de ver el despliegue desvergonzado de “brutal poder econémico por parte de Estados Unidos y Europa” como algo que no sea el mero empefio por defender los privitegios de los privilegiados, proteger la riqueza de los ricos y servir a sus intereses, lo cual slo redunda en una constante e inusitada acumulacién de riquezas. Si han de elevarse y reenfocarse en un nivel més alto que el del Estado nacional, los rasgos esenciales de la solidaridad hu- mana (como los sentimientos de pertenencia reciproca y de res- ponsabilidad compartida, 0 la buena disposicién a velar por el 7 Joseph Stiglitz, “Trade imbalances”, en The Guardian, 15 de agosto de 2003. | \ | | | | } | 38 DANOS COLATERALES bienestar mutuo y buscar soluciones amigables y duraderas a Iog choques de intereses que se exacerben de forma esporddica) nece. sitan un marco institucional en el cual se construya la opinién Yse forme la voluntad, La Unién Europea apunta hacia una forma ru- dimentaria y embrionaria de tal marco institucional (y, aunque con lentitud y altibajos, avanza en esa direccién), encontrando en su camino, como sus mas Ptominentes obstaculos, a los estados Nacionales existentes y su renuencia 4 separarse de los restos de su soberania otrora exultante. Si resulta dificil graficar la direccién actual de forma inequivoca, preclecir los giros que dard en el fy. turo constituye una iniciativa atin ms dificil, ademas de injustifi- cada, irresponsable e insensata. Suponemos, adivinamos, sospechamos qué eg preciso hacer; Pero no hay manera de saber qué forma tomaré cuando se lleve a cabo. No obstante, podemos estar considerablemente seguros de que la forma definitiva no ser la que conocemos, Sera —debe ser- una forma diferente de aquellas a que nos habituamos en el pa- sado, en la era de la construcci6n nacional y la autoaficmacién de los estados nacionales. No puede ser de otra manera, dado que todas las instituciones politicas que tenemos hoy a nuestra dispo- sicién fueron hechas a medida de la soberania territorial de los esta- dos nacionales: se resisten a ser estiradas a escala supranacional 0 planetaria; y las instituciones politicas que sirvan a la autoconsti- tucién de la comunidad humana planetaria no seran —no pueden Ser “las mismas, pero més grandes”. $i fuera invitado 4 presen- ciar una sesi6n parlamentaria en Londres, Parts 0 Washington, Aristételes quizas aprobarfa las reglas procedimentales del sis- tema en cuestién y reconoceria los beneficios que éste ofrece a quienes afecta con sus decisiones, pero se desconceriaria si le dije- ran que lo presenciado es “la democracia en accién”. Lejos estd eso de ser lo que Aristételes, creador del término, visualizaba como “polis democratica”’... Bien podemos percibir que el paso de los organismos y las herramientas internacionales a las instituciones universales ~globa- Jes, planetarias, que abarquen a toda la humanidad— debe ser y F t | f DELAGORA AL MERCADO. 39 bio cualitativo y no meramente cuantifativo en la histo- oe vet ocracia. En consecuencia, podriamos preguntarnos ne “ a fad silos marcos de las “polfticas internacionales” que na disposicién en el presente pueden alojar las practicas te ipl ne entidad politica global, o siquiera servir como su son, Qué puede decirse de la Organizacién de Naciones inc emplo, que nacié con el propésito de salvaguardar Unies ee es soberanfa integra e inexpugnable del Estado sobre ‘ee rio? {Puede la fuerza vinculante de leyes planetarias de- or de los ‘acterdos (jque se admiten como revocables!) entre aebros soberanos de la “comunidad internacional”? Ensu estadio mas temprano, la modernidad elevé la integracion tu ana al nivel de las naciones, Antes de finalizay su tarea, sin cubano, debe cumplir con otro objetivo atin. sais fonda ce i 1a integracién humana al nivel de una hurtaridad que incluy: wa poblacién total del planeta. Por muy ardun ¥ espinosa que sulte Ia tarea, es urgente e imperativa, puesto que en un p! anela de interdependencia universal representa, literalmente, tina tién de vida (compartida) o muerte colectiva). Una de las ne . ciones cruciales que impone esta tarea —si se emprende y lleva cabo con seriedad- es la creacién de un equivatente global (ro wna réplica o copia magnificada) del “Estado social” que comp: we Pa coroné la fase previa de la historia moderna: aquella auren e a cual as localidades y tribus se integraron en el marco de los ® a dos nacionales. En consecuencia, al legar a cierto punto na tar indispensable desempolvar el nticleo esencial de la “utop! 8 ac tiva” socialista ~cl principio de responsabilidad colectiva y el se- guro colectivo contra la miseria y la desventit, aunque esta vez n la humanidad total como su objeto. ‘ ania oe vs ha alcanzado la globalizacién del capital y al intereambio de mercancias, ningtin gobierno, por su cuenta 0 siquiera en grupos de varios, esté en condiciones de Hacer nade las cuentas: y si no se hacen cuadrar las cuentas, Ja capacida “stado social” para continuar con su practica de erradicar con a0 DA&NOS COLATERALES eficacia la pobreza local se vuelve inconcebible. También resulta dificil imaginar que los gobiernos sean capaces, por su cuenta 0 siquiera en grupos de varios, de imponer limites al consumo y elevar los impuestos locales a los niveles que requiere la continua- cién, y mas atin la extensién, de los servicios sociales. Es impres- cindible intervenir en los mereados, pero zser4 ésta una interven- cin estatal, si en verdad ocurre, y en particular si, ademas de ocurrir, también ocasiona efectos tangibles? Mas bien parece que deberd ser la tarea de iniciativas no gubernamentales, indepen- dientes del Estado, y quizds incluso disidentes en relacién con el Estado. La pobreza y la desigualdad, y mas en general los desas- trosos efectos secundarios y “dafios colaterales” del Inissez faire global, no pueden resolverse eficazmente por separado del resto del planeta, en un rincén del globo (a menos que se lo haga con los costos humanos que han debido pagar los norcoreanos o los birmanos). No hay manera aceptable de que los estados territoria- les, por su cuenta o en grupos, “se salgan” de Ja interdependencia global de la humanidad. El “Estado social” ya no es viable; sdlo un “planeta social” puede hacerse cargo de las funciones que los esta dos sociales intentaron desempeiiar con resultados diversos. Sospecho que los vehiculos més factibles de Ievarnos a ese “planeta social” no son los estados territoriales soberanos, sino més bien organizaciones y asociaciones no gubernamentales ex- traterritoriales y cosmopolitas: las que Ilegan directamente a las personas necesitadas por encima de los gobiernos locales “sobera- nos” y sin su interferencia... ey ys TT EN TL. REQUIEM PARA EL COMUNISMO. La concurci6n y el nacimiento de Ja idea de} comunismo tuvie- ron lugar cuando fa fase “sélida” de la modernidad entraba en su marea creciente. No cabe duda de que las cireunstancias de su nacimiento le inscribieron profundas marcas: puesto que a lo largo de muchos afios por venir -durante un siglo y medio-, esas marcas emergie- ron intactas de sucesivos ensayos y pruebas hasta demostrar, por fin, que eran indelebles. Desde la cuna hasta el atatid, el comu- nismo fue un fendmeno “moderno sélido” de pura cepa. Mas atin, fue un hijo ficl, devoto y querido (quizs of ms fiel, devoto y que- tido), asi como (al menos en sus intenciones) el mas ferviente alumno, entre los vastagos de la modernidad s6lida; fue el subal- terno leal y el dedicado compafiero de armas de la modernidad en. todas sus cruzadas sucesivas, y uno de los muy escasos devotos que permanecieron leales a sus ambiciones y empefiados en Ja continuacién del “proyecto inconcluso”, aun cuando la marea his- t6rica cambié de direccién y la mayoria de los fieles rerunciaron a sus ambiciones “solidificantes”, las ridiculizaron y condenaron, las abandonaron y olvidaron. Inconmoviblemente devoto a las in- tenciones, las promesas, los principios y los cdnones de la moder- nidad sélida, ef comunismo permaneci6 hasta el final en el campo de batalla que los otros pelotones del ejército moderno ya habian dejado atrés, aunque no estaba en condiciones de sobrevivir —y no sobrevivié— a la defuncién de la “fase sélida”, En la nueva fase “Kiquida” de la modernidad, el comunismo estaba destinado a convertirse en una curiosidad arcaica, una reliquia de tiempos idos sin nada que ofrecer a Jas generaciones nacidas y formadas en. el seno de la nueva era, sin una réplica sensata a sus ambicio- nes, expectativas ¢ intereses, que se habian alterado por completo. ay