Вы находитесь на странице: 1из 4

La descentralización educativa en marcha:

¿qué nuevos retos y discusiones nos propone?

Ricardo Cuenca *

Coordinador de PROEDUCA GTZ Asociado de Foro Educativo

Ser peruano es una abstracción que se diluye en cualquier calle, entre rostros contrapuestos y personas que caminan “abriéndose paso”. Alberto Flores Galindo

Este nuevo intento por descentralizar el sistema educativo ha empezado no sólo porque los mandatos nacionales así lo hayan dispuesto. Sino, sobre todo, porque las regiones así lo han decidido. Algunos ejemplos de ello son cómo las regiones del país están encaminándose a la formulación de sus respectivos proyectos educativos regionales (PER) y a la instalación no sólo nominal de sus Consejos Participativos Regionales

(COPARE).

Según datos del Consejo Nacional de Educación (CNE) 1 , 17 regiones han emprendido esta tarea con relación al PER, en la mayoría de los casos lideradas por los gobiernos regionales y las direcciones regionales de educación. Aunque las estrategias propuestas para desarrollarlos y los niveles de avance son dispares la formulación de lineamientos de política educativa regional es un tema prioritario en la agenda política de todas las regiones. En este mismo sentido, llama la atención de manera muy positiva que la mayoría de ellas hayan apostado por una construcción participativa de los PER, incluyendo el caso de las que han “abierto” la participación a otros actores que históricamente estaban alejados de las acciones educativas (Cuenca, 2005).

La instalación de los COPARE es, como lo mencioné, otro indicador que interesa revisar como parte de las decisiones en las regiones por echar a andar el proceso de descentralización. Propuesta Ciudadana (2005) registra que en un 62% de ellas están produciéndose procesos de participación. Si bien es cierto que la instalación de los COPARE está siendo nominal, existen regiones como Lambayeque, en donde el COPARE ha recibido el encargo directo del gobierno regional para impulsar el PER; o Madre de Dios, en donde los cambios de autoridades regionales no han paralizado el proceso de su formulación debido al empuje del COPARE.

* Mucho agradezco los valiosos comentarios y aportes de Patricia Andrade, Fanni Muñoz y Virginia Zavala. 1 Página WEB del CNE y comunicación personal con Emma Yep, miembro del equipo técnico de la comisión de descentralización del CNE.

Este proceso en marcha que parece estar cobrando forma y que no invalida mi opinión respecto a su poca reflexión conceptual, a su sobrevaloración entre las personas de las regiones y a sus desordenados pasosnos empuja a pensar en algunos otros temas que necesitan “ser “mirados” para intentar darle mayor sentido a esta nueva oportunidad de descentralizar la educación en el país.

Aprendiendo a ser descentralistas

Todos deberíamos concordar en que los esfuerzos por conseguir mayores espacios y mecanismos de participación bien valen la pena; que la formulación de políticas educativas en las regiones también lo vale; y ni qué decir de la posibilidad de decidir sobre el tipo de educación que cada una de las familias del país quiere para sus hijos. Sin embargo, estos esfuerzos podrían verse seria y negativamente afectados si no aprendemos a ser descentralistas.

Probablemente los más fundamentales requisitos para poner en marcha el proceso de descentralización sean: un marco político favorable que incluya el respectivo aval y un conjunto de instrumentos legales; el desarrollo de capacidades que aborde temas de gestión, de construcción de consensos y manejo de conflictos, etc.; y la necesidad de aprender a ser descentralistas, más allá de las necesarias capacidades técnicas ya mencionadas.

De estos grandes aspectos quiero ocuparme especialmente del tercero. Para entender mejor este punto, concordemos en que la descentralización es un proceso de cambio de paradigmas en el comportamiento de la sociedad y del Estado; pero además, en que es un cambio en la relación entre Estado y sociedad y una oportunidad para “soldar” la ruptura entre ellos; ruptura que, en palabras de Flores Galindo (1986), es la expresión política de un país donde las solidaridades son escasas, donde no existe una imagen común, ni se comparten proyectos colectivos; y por lo tanto el margen para el consenso resulta estrecho.

Este proceso de aprendizaje es probablemente uno de los más ambiciosos que tenemos todos como peruanos y como ciudadanos. Y es que aprender a “compartir” el poder y a aceptar que “otros” pueden también tenerlo es un aprendizaje complejo, que involucra una reflexión profunda de la esencia misma de “ser ciudadano” y el reconocimiento del “otro” como ciudadano, con las mismas responsabilidades y los mismos derechos.

En un país como el nuestro, en donde históricamente se han marcado diferencias entre los distintos grupos culturales, la condición de ciudadano es real para algunos y nominal para otros. Las preguntas son entonces: ¿cómo los ciudadanos no letrados, los hablantes de castellano no estándar, los miembros de los grupos minoritarios, los ciudadanos de “segunda clase” están participando en el proceso de descentralización educativa?, ¿cómo de qué manera quienes promovemos la participación, desde el Estado o desde la sociedad civil, estamos considerando el involucramiento de aquellos ciudadanos tradicionalmente excluidos?, ¿están los mecanismos y las instancias de participación contemplando esto?

Propongo que la ciudadanía se entienda como el ejercicio real de los derechos y deberes que permite constituirnos en miembros activos de las comunidades de las que formamos

parte, reconociendo tal como lo hace Kymlicka (1996)que estos derechos y deberes son fundamentalmente civiles y políticos, más que individuales y colectivos. En ese sentido quiero proponer una ciudadanía inclusiva. Concuerdo con Tubino (2004) cuando plantea que una ciudadanía inclusiva tiene que caracterizarse por estar contextualizada en un proceso cultural y en un proceso histórico. Pero además debe estar enmarcada en un Estado que le otorgue cierto grado de orden a su ejercicio. Orden que se adquiriría a partir de la construcción de acuerdos en donde las distintas cosmovisiones de nuestro pluricultural país estén incorporadas. En buena cuenta, un Estado multicultural.

¿Descentralización educativa y culturas?

Las ideas anteriores me llevan a pensar en una relación poco discutida hasta el momento: la existente entre descentralización educativa, culturas e interculturalidad. Ahora que las regiones del país están trabajando no sólo a niveles departamentales sino locales distritales, es impostergable la pregunta: ¿hemos pensado en qué significa descentralizar la educación y sobre todo en sus estrategias de implementación, en las distintas culturas del país?

Esta pregunta, cuya respuesta propongo construir, se complejiza si tomamos en cuenta tres dimensiones de la descentralización: los mecanismos de toma de decisiones, la comprensión de la participación y el reconocimiento de la autoridad.

Los mecanismos de toma de decisiones han sido comportamientos sociales enmarcados en contextos culturales que probablemente muchos grupos implementan en sus prácticas cotidianas. Es inevitable preguntarse: ¿cómo se está incorporando en el proceso de descentralización educativa la larga tradición comunitaria de los grupos indígenas?

La comprensión sobre la participación es otro tema “cargado” de cultura. Analistas, investigadores y (algunos) decisores de políticas están convencidos de que una de las mejores vías para estimular la participación de los actores sociales es relevando la característica de “derecho” que tiene la participación. Esto es sin duda fundamental. Sin embargo, ¿conocemos la concepción de participación de otros grupos culturales?, ¿sabemos, por ejemplo, que en las culturas andinas la participación es, más que un derecho, un deber?

Al hablar de descentralización nos referimos también al reconocimiento de autoridad y, nuevamente, al ejercicio de poder. Mirar el proceso de descentralización “desde la cultura” implica revisar críticamente las raíces más profundas de nuestras propias maneras de comprender el poder y de ejercerlo. Autoridad y poder han sido históricamente un binomio asociado a lo político y al conocimiento. Entonces, ¿cómo vamos a encarar una nueva distribución de poder y autoridad si muchos de los nuevos actores sociales que ejercerían este poder y esta autoridad no ostentan un poder político formal o no cuentan en muchos casoscon el conocimiento suficiente?

Un cierre a modo de inicio

Ser descentralista es sin duda prestigioso en estos momentos. Sin embargo, ser descentralista también entraña desaprender prácticas históricamente enraizadas en todos nosotros. Es aprender a “no movernos” entre actitudes paternalistas y, la inercia y pasividad en la participación. Es comprender, que los “otros”, los que tradicionalmente fueron calificados como los menos llamados a decidir porque carecían del poder formal y del poder del conocimiento tradicionalmente reconocido como el único legítimo, ahora no sólo cuentan con ese derecho, sino que tienen el deber de hacerlo.

Nos queda propongoinsistir tercamente en trabajar elementos fundamentales de esta puesta en marcha del proceso. Desarrollar capacidades en los actores tanto del Estado como de la sociedad civil, y la relación entre ellos; trabajar los siguientes planes de transferencia para que dejen de ser una distribución casi aleatoria de funciones normadas; insistir y exigir a los órganos estatales pertinentes que los reglamentos de nuestra abultada legislación sobre descentralización educativa 2 hechos con lógicas distintas entre sí y en momentos diferentesayuden a solucionar las complicaciones operativas que aparecen en el proceso de descentralización; y monitorear con indicadores claros el seguimiento de este proceso.

Pero, además, propongo no perder nuevamente una oportunidad valiosa en el país de discutir los temas propuestos y otros más. Sólo así sospecho que podremos caer en cuenta realmente de que la descentralización no es el fin anhelado, sino el medio para que los alumnos no sólo logren entender lo que leen sino que entiendan que el “otro” es un ciudadano con el deber de construir una sociedad y el derecho a pertenecer a ella.

Referencias bibliográficas

CUENCA, Ricardo. 2005. Políticas educativas que generen cambios. Ponencia presentada al I Encuentro nacional de intercambio de experiencias de formulación de proyectos educativos regionales y proyecto educativo nacional. Lima, 26 al 28 de mayo. Consejo Nacional de Educación USAID ACDI.

FLORES GALINDO, Alberto. 1996. La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú. Lima, APRODEH SUR.

KYMLICKA, Will. 1996. Ciudadanía multicultural. Barcelona, Paidós.

PROPUESTA CIUDADANA. 2005. Participa Perú. Balance Anual 2004. Lima, Grupo Propuesta Ciudadana.

TUBINO, Fidel. 2004. Identidad, ciudadana e infancia en un contexto de pobreza. En, M. Rolfes y H. Neuser (Eds.), Desarrollo, educación y lucha contra la pobreza. Lima, ISPP Paulo Freire y DAAD.

2 Ley General de Educación, Ley Orgánica de Gobiernos Regionales y Ley Orgánica de Municipalidades.