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1 S La Llave Por: Marie Vi Recuerdo una mañana de otoño, un poco fría un

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La Llave

Por: Marie Vi

Recuerdo una mañana de otoño, un poco fría un poco cálida, descansaba en aquel sitio donde nadie me molestaba. Ese día no recuerdo bien que pasó, pero una extraña mujer apareció ante mí con una pequeña cajita en sus manos. Se acercó a mi lado y me dijo lo siguiente:

"En algún momento de tu vida, no te diré cuándo ni cómo, vas a necesitar esta pequeña llave que se encuentra en la caja" La depositó en mi regazo, sin decirme más nada. Cuando me decidí hablar, se esfumó ante mis ojos.

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Quedé otra vez sola, pero en esta oportunidad la soledad no la sentía. No había testigo alguno que demostrara lo ocurrido, solo la caja con la llave y yo en ese lugar donde la paz parecía habitar. El tiempo pasó, nunca hablé de aquella mañana, era algo mío. Ni siquiera tuve el valor de abrir la caja, solo la dejé en un rincón. Aquel momento anunciado llegó, con tristeza en mi corazón. No entendía que me estaba ocurriendo, la vida que tan planeada tenía quedó completamente destruida, ya no quería compañía lo que ahora pedía era estar sola para el resto de mi vida. Anhelaba tener un poco de paz.

Un día, mientras me dirigía a mi habitación para descansar, mi mirada se posó en

aquel estante donde se hallaba aquella cajita con la llave misteriosa. Pasaron tan solo unos segundos cuando de repente oí una voz que me era familiar.

-¿Qué esperas para abrirla Tula? Era la misma mujer de aquella mañana de otoño, que se encontraba ahora en mi casa. Mi cabeza daba vueltas, no sabía si esto era real o era tan solo una simple ilusión. -Uno nunca sabe si la realidad que percibimos es una ilusión. Te escucho desde que naciste. Descubre lo que hay allí adentro. -Tengo miedo -fue lo único que salió de mi boca -¿De qué? -me contestó aquella extraña mujer. Miedo era el sentimiento que en estos últimos días habitaba en mi ser, sin embargo algo en mi seguía peleando. Me acuerdo de esos días cuando mostraba aires de superada, creía que tenía todo armado. Nadie podría destruir mi mundo, solo que me olvidé de una persona: yo misma.

Mi desesperación por encontrar al hombre perfecto me llevó a lugares de mí que

estaban ansiosos por ser descubiertos. -Te vuelvo a preguntar Tula, ¿a qué le tienes miedo? -A enamorarme y ser abandonada después -listo, ya lo dije.

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Ya comenzaba a sentir en mi interior algo distinto, una carga menos.

-Tú ¿Cómo te llamas? ¿Quién eres? -después de mi confesión tenía que saber quién era. Ella, en cambio, se sentó en una silla. Era más o menos alta, de

cabellos dorados como los rayos de sol en primavera y su voz como así también

su actitud eran gentil y amorosa. Si fuera un hombre estaría locamente

enamorado de ella. -Mi nombre es Diana. Yo soy tu diosa protectora. -¿Diana? ¿La diosa que da justo al blanco? -Bueno eso dicen. Tula abre la cajita, si quieres la abrimos juntas. Yo te acompaño, en realidad siempre estoy contigo -Eso era raro, pero ella no me transmitía miedo, sino todo lo contrario me transmitía paz.

-Está bien, pero antes quiero decirte que es un honor tener en frente mío a una diosa, gracias por el obsequio.

Al

abrir la cajita descubrí un precioso collar con una llave antigua, la sostuve en

mi

mano por un tiempo prolongado pensando para qué diablos podría usar una

llave. -Las llaves generalmente se utilizan para abrir cosas, puertas, armarios, diarios, candados y hasta lo más insólito, tu corazón. Me había olvidado que Diana leía mi mente. La miré con extrañeza. ¿Cómo una llave podría abrir mi corazón? Primero no tenía cerrojo y segundo yo era buena, amaba el amor. -¿Pero en qué puede ayudarme un llave en mi situación? -Tula la llave es un símbolo que te conducirá a tu verdadera esencia. Esta mujer que veo en frente de mí no es la mujer que yo conozco. Perdiste tu esencia para ser agradable a los demás y, lo peor, para agradarles a hombres que ni siquiera te valoran. Eres una chica encantadora, llena de amor por entregar. Nunca antes en mi vida me dijeron esas palabras, ni siquiera mi terapeuta. En cierta forma tenía razón, yo cambiaba de personalidad para gustarle al hombre

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del momento. No me sentía bien conmigo misma, pero lo amaba tanto que dejaba

de hacer las cosas que lo molestaban. Era hora de cambiar, de ser lo que quiera

ser. Mi momento llego y tengo la oportunidad de revertir la situación para beneficio propio. -¿Cómo uso la llave? ¿Qué tengo que hacer? -Con solo llevar puesto el colgante, estás empezando a cambiar. -¿Solo eso? -Solo eso. Cada vez que veas la llave te hará recordar esta conversación que

tuvimos y sobre todo ahora sabes que ella te conduce a tu esencia. Me tengo que ir, pero antes permíteme decirte que mantengas los ojos bien abiertos -sin decir más nada se esfumó como por arte de magia. Otro día había comenzado, las palabras de Diana seguían en mi mente y la llave la tenía siempre presente. Como todos los días fui a mi tienda donde me esperaba

mi amiga Carla para comenzar a trabajar. Mientras trabajaba se me ocurrió la

idea de hacer unos objetos decorativos con mi propio estilo, hace cinco años atrás

termine mi Licenciatura en Bellas Artes y era hora de ponerme en marcha. Le comenté esto a mi amiga, la cual se mostró muy convencida en este proyecto, así que ya no había más excusas. Antes de dirigirme a mi casa, tuve que ir a la peluquería, ya que le había reservado un turno. Estaba cansada de mantener esta imagen falsa que llevaba puesta para impresionar a los hombres. Mi pelo lo tenía muy largo, teñido de color rubio y lo peor que siempre lo tenía que alisar para mantenerlo liso. El cambio fue radical, me corté el pelo por encima de los hombros de esta forma podía lucir mi ondulado a la perfección. En cuanto al color, volví al mío que era castaño claro. Cuando estuve en mi casa, enfrente al espejo, comprendí lo realmente bella que soy.

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Los días fueron pasando, mis esculturas en miniaturas y cuadros fueron un éxito en la tienda. La llave la tenía siempre conmigo, pero esta vez tenía como compañía una sonrisa de oreja a oreja. Una tarde de primavera entró un extraño hombre a la tienda. Era alto, guapo, pero parecía bastante preocupado. Observaba el lugar como si estuviera buscando algo. -Disculpe señor ¿Puedo ayudarlo? -Seria muy buena la ayuda. Soy un desastre a la hora de comprar un regalo. Cuando nuestras miradas se cruzaron, un extraño calor sentí en mi cuello. -Una pregunta más antes de comenzar, ¿para quién va dirigido el regalo? -Es para mi madre. Está un poco triste y quisiera levantarle el ánimo. Su voz era hipnótica, yo estaba luchando para volver a la realidad. Cuando un hombre me gustaba, siempre me sucedía lo mismo. Así que decidí no dejarme llevar por estos sentimientos. -Creo que tengo algo. Espéreme un minuto, ya regreso. Mientras iba a buscar un cuadro que había pintado de un jardín en primavera, una frase vino a mi mente sin previo aviso: Mantén los ojos abiertoLo tuve en cuenta, pero seguí con mi trabajo. -Aquí lo tengo; es un cuadro mediano en el cual el hermoso paisaje alegra. Yo tuve momentos tristes y con solo quedar unos minutos observando la pintura, siempre una sonrisa en mi rostro tenía. Se quedó un rato en silencio contemplándome a mí y al cuadro. Luego puede ver que una hermosa y sexy sonrisa aparecía en su rostro. -Lo compro, es perfecto para ella. -Muy buena elección, señor -luego me dirigí a la mesa de envoltorios. -¿Se puede saber quién es el artista del cuadro? -me había olvidado de él, mientras envolvía el cuadro. -Su nombre es Tula Vigo y la estás viendo en persona.

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-Pintas realmente hermoso, creo que logras trasmitir la emoción. -Muchas Gracias, espero que funcione con tu madre. Perdón quise decir con su madre -Dios no me estaba dando cuenta de que ya no lo trataba de usted. -No hay problema -me dijo entre risas. Sonaba muy lindo cuando reía. -¿Cómo te llamas? -No era justo que solo el supiera mi nombre, mientras que yo no sabía el suyo.

-Mi nombre es Bruno Walsh, es un placer conocerte. Un silencio dulce permaneció en la tienda, mientras nuestras miradas nuevamente quedaron prendidas la una de la otra. Mi corazón latía fuerte, podría jurar que en ese instante se podía oír. -Perdona que sea directo, pero ¿aceptarías tener una cita conmigo? ¿Una cita? ¿De nuevo? Pero esta vez la situación era diferente, ahora era yo misma. Tenía que dejar los miedos de lado y dar rienda suelta al amor. -Me encantaría. Toma aquí tienes el regalo y-mientras buscaba un papel-

también

mi número de teléfono para acordar el día y la hora.

-También te dejo el mío; están el de mi móvil y el de mi trabajo. Me entrego una tarjeta con una hermosa llave antigua dibujada donde decía Cerrajería las 24 hs. No lo podía creer. La vida está llena de sorpresa. Y sí, mantuve bien abiertos mis ojos para encontrarme con el hombre que tenía la llave de mi corazón.