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Presentación del libro

Exclusión y Violencia

Breve mirada a la criminalidad “contestataria” en el Puerto Rico del siglo XXI

De Gary Gutiérrez - Renta

Agradezco profundamente al amigo Gary Gutiérrez la invitación que me hizo para

obligarme a leer su libro Exclusión y Violencia, Breve mirada a la criminalidad

“contestataria” en el Puerto Rico del siglo XXI . Digo esto pues estoy convencido que Gary

sabe que no puede esperar un análisis profundo de alguien que no tiene absolutamente

ninguna formación en este tema tan complejo y a la vez tan vigente en Puerto Rico. Sé que

tampoco lo hizo pensando en que me vería tentado a seguir aquella máxima común entre

los estudiantes de derecho a nivel doctoral de la Universidad Complutense de Madrid que

reza, “si no puedes ser profundo, al menos sé oscuro”. Cualquiera que fuese la razón que

tuvo el autor al menos logró el primer objetivo: me lo leí.

Tienen que leerlo.

Lo primero que hay que decir es que la claridad en la exposición de las ideas está

presente de principio a fin. No encontraremos en él ejercicios ni piruetas idiomáticas, ni

discusiones seudo- filosóficas. El autor tiene la capacidad de sintetizar sus ideas, y las de

otros citados en el trabajo, planteándolas con extraordinaria sencillez sin descuidar la

rig urosidad que el tema requiere. No es un libro escrito para los eruditos en la materia

aunque su análisis sin duda provocará la destemplada reacción de algún criminólogo o

penalista conservadora .

El libro está prologado por la Profesora Carmen Inés Rivera Lugo y está dividido en

tres partes.

Inicialmente el autor aclara que no se trata de un libro de criminología tradicional

en tanto “ [c]iencia social que estudia las causas y circunstancias de los distintos delitos, la

personalidad de los delincuentes y e l tratamiento adecuado para su represión ” o

rehabilitación. Diccionario de la Lengua Española, 22.ª edición . El libro no pretende

estudiar al criminal, cómo controlarlo ni mucho menos cómo ayudar al Estado a

combatirlo, castigarlo y/o rehabilitarlo.

El autor nos presenta la “Criminología Crítica” o la “Nueva Criminología” como la

base teórica de l a cual parte . Ésta plantea que “la función de la criminología es entender el

fenómeno de lo criminal como producto cultural de la sociedad en la que se produce.” P.20

Es decir, la Criminología Crítica, propone que la criminalidad surge o es parte de ese

“[c]onjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo art ístico,

cient ífico, industrial, en una época, grupo social, etc.” (DRAE ) que llamamos cultura.

Para la criminología crítica, señala el autor, “el delito, y por ende el crimen, la

criminalidad y lo criminal, son prácticas discursivas producto de las estructuras de poder

de una sociedad para garantizar sus intereses”. P. 21

En el estado de derecho vigente en Puerto Rico en materia penal rige el llamado

principio de legalidadque establece que “Nulla poena sine lege”. Es decir que para que

una conducta pueda ser considerada delictiva tiene que haber sido tipificada en una ley.

Así pues una conducta rara, distinta o desviada no puede ser objeto de materia penal y por

lo tanto no puede ser considerada como conducta criminal sin que el Estado haya

establecido previamente su prohibición en una ley y haya fijado una pena. Este principio

de legalidad se estudia como una limitación al poder del Estado sobre sus súbditos. Por

más desviada que sea una determinada conducta el Estado no podrá reprimirla o castigarla

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si antes no la anticipó y la definió con suficiente especificidad como delito para poder

imponer una pena.

Para la Nueva Criminología el delito no es un modo que tiene el Estado de controlar

y evitar la conducta indeseable de algunos individuos, que tiene que estar previamente

definida como límite de su poder, sino mas bien un mecanismo para garantizar su

permanencia, y con él la permanencia de sus estructuras de poder.

Luego el autor pasa a discutir los elementos que a su juicio definen el orden social

del Puerto Rico del siglo XXI: la implantación de polít icas neo- liberales, es decir las políticas

que proponen la reducción de la intervención del Estado en asuntos políticos y económicos

mediante procesos de privatización y; el crecimiento de la violencia social .

Estas políticas neoliberales, implantadas en muchos países desarrollados, que ya

han sido estudiadas como la causa del hundimiento del sistema financiero internacional,

provocan mayor desigualdad. Esta desigua ldad provocada por el Estado, junto a la

violencia colonial que abarca todos los ámbitos del desarrollo de nuestra socie dad,

propician inestabilidad y por lo tanto la violencia y la criminalidad.

El autor discute cómo las políticas del Estado para enfrentar el problema de

violencia y criminalidad se han convertido en formas de dominación y garantes de su

permanencia en el poder. Las políticas punitivas establecidas en Puerto Rico en torno a la

criminalidad y el narcotráfico no van dirigidas a controlar estos problemas ni han tenido

resultados en esa dirección pero son simpáticas ante la mayoría y por lo tanto ganan

elecciones.

En la segunda parte del libro que comienza con el capítulo titulado “Con Razón No

Funciona” el autor desmenuza tres escuelas de pensamiento criminológico (la Clásica, el

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Positivismo Científico y la Visión Cristiana Conservadora). Estas tres e scuelas, a pesar de

que algunas han sido la respuesta o evolución de la anterior y a pesar de sus

contradicciones, todas , si las tres, sirven de base a nuestro sistema para manejar la

criminalidad en Puerto Rico.

Para los Clásicos el individuo es “un ser racional, independiente y guiado por el

interés propio”. P.53 El individuo decide violar o no la ley en un acto racional y voluntario.

El Estado castiga al criminal por violar la ley que garantiza el contrato social con una pena

fuerte para que el individuo decida no delinquir.

El Positivismo Científico se plantea buscar las causas y las formas de manejar el

crimen. Para los Positivistas los criminales son producto de procesos de socialización

defectuosos o son enfermos por lo que el criminal más que castigo necesita reeducación y

rehabilitación o ser tratado médicamente por las ciencias de la conducta. En esta tendencia

surgen el principio de legalidad y debido proceso de ley.

En la Visión Conservadora Cristiana el individuo es un ser pasional que “no t iene

controles por herencia del pecado original’ ”. P. 69 La alternativa ante el criminal es la

vigilancia, la mano dura, el castigo severo y humillante para que se controle. Esta Visión se

basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión.

Cómo va a funcionar nuestro sistema de manejo de la criminalidad si se trata de lo

que el autor llama un “revoltillo” o tripolaridad sistémica en el que en la primera etapa del

proceso, en la intervención policial, los imputados son vistos y tratados bajo la Visión

Conservadora Cristiana como individuos inmorales que deben ser castigados para que

aprendan a controlarse y sirvan de ejemplo o escarmiento para los demás. Luego en la

segunda etapa del proceso en la que el individuo es llevado ante un tribunal se le trata con

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todo el rigor del pensamiento Clásico como ser racional que decidió violar la ley para su

beneficio. Finalmente el convicto será sometido a un sistema correccional cuya base es el

Positivismo Científico, que por mandato constitucional expreso en PR debería intentar su

rehabilitación aunque en la realidad se comporte de forma punitiva acorde con la visión

Conservadora Cristiana

Ante la evidente incompetencia, no solo conceptual sino también en su

manifestación práctica, del sistema de justicia criminal de Puerto Rico para manejar la

criminalidad, el autor propone la Criminología Crítica como la herramienta adecuada. En la

medida que para esta Nueva Criminología la conducta desviada es definida por las clases

poderosas en la sociedad con el o bjetivo de perpetuarse en el poder, es fundamental

estudiar y entender este orden social y cómo interaccionan en él los individuos desviados.

Dentro de la Criminología Crítica el autor propone la Criminología Cultural que se

nutre de las ideas anarquistas, del interaccionismo simbólico, de la sociología del conflicto,

de la criminología feminista y de otras tendencias que “retan las estructuras ideológicas

desde donde se sustenta el poder de unos sobre otros.” P. 81

En la Criminología Cultural es fundamenta l el estudio directo de la sociedad

mediante la inmersión en la realidad de sus actores, así como también el estudio de cómo

“ los medios de comunicación social se han convertido en la principal herramienta para

forjar las construcciones mentales que la sociedad acepta como la realidad.” P. 81- 82

Así pues esta criminología lejos de estudiar el crimen y proponer al Estado

alternativas para su control, procura “entender los procesos s ociales, políticos y

económicos” que llevan a la clase dominante a establecer las prohibiciones y cómo los

individuos responden a las mismas.

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En la medida en que los estudios “científicos” de las causas del crimen y su forma de

reprimirlo no han dado resultados el autor propone un acercamiento a la criminalidad

como síntoma y no como problema. Propone la criminalidad como el “resultado de las

relaciones de poder” de las normas establecidas por un sector con el fin de salvaguardar

sus intereses. Para l a Criminología Cultural es imperativo observar desde adentro y desde

las perspect ivas de los actores de la conducta llamada criminal. Cuá les son sus

manifestaciones culturales y artísticas y cómo se definen a si mismos dentro de este orden

que los intenta controlar. Desde esta visión el autor lanza la interrogante “si la llamada

criminalidad, el narcotráfico y sobre todo los niveles de violencia que se registran en el

país, son el resultado o el producto esperado del orden neoliberal imperante en Puerto

Rico. P.88

Sumado al proceso de exclusión económica que la estructura social vige nte

(capitalista, neoliberal y colonial) impone a los sectores marginados, los medios de

comunicación masiva (el cine, la televisión, la prensa escrita) le presentan una realidad

ficticia en la que todos “somos” o tenemos que comportarnos como blancos, varones,

propietarios, heterosexuales y cristianos. En nuestro hemisferio lo podemos ver como el

“American wa y of life” . Todos los refrigeradores están repletos de comida, coca - cola y

cerveza, la gente es feliz, se enamora n , van a fiestas y las hacen en sus casas, viaja n , y

disfrutan de la vida. Ante la construcción mediática de esta “ realidada la que todos

“tenemos derecho” a disfrutar el autor expone un ejemplo concreto, desde adentro, es decir

de un autor cuya conducta criminal respondió mas que al factor de marginación económica,

al glamour de lo que debe ser “una vida que valga la pena.” P. 94

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El autor discute con extraordinaria lucidez el concepto de “bulimia social” , acuñado

por Jock Young uno de los principales exponentes de la Criminología Cultural, “mediante el

cual la sociedad ‘ingiere’ incluye a todos por ig ual en falsas y creadas necesidades de

consumo, como forma de validación, mientras ‘vomita’ – expulsa – a la inmensa mayoría de

los procesos de producción y generación de ingresos legales que p ermitan no solo ese

consumo sino la mera sobrevivencia. ” P. 95 Además analiza cómo este orden social

bulímico propicia que jóvenes marginados vean el lucrativo narcotráfico como una solución

ante el proceso de exclusión antes señalado.

En la medida que los procesos sociales de exclusión resultan en más conducta

criminal el Estado responde con políticas de mayor violencia y exclusión lo que lleva a los

sectores marginados y excluidos a no sentirse representados. Por el contrario perciben al

Estado como ilegítimo y represivo lo que lleva a estos sectores a buscar más alternativas

para sobrevivir o intentar participar de la “vida pl ena” dentro de la ilegalidad. Esto se

torna en un verdadero c írculo vicioso.

Finalmente el autor concluye que la violencia soc ial y la ola de criminalidad por la

que atraviesa Puerto Rico es el resultado del orden neoliberal imperante. De ahí que el

ilegalizado narcotráfico, así como toda la violencia asociada a esta actividad, se presenta

como la solución para muchos del problema de la exclusión y marginación en todos los

órdenes. Ante la ilegitimidad de un Estado represivo y no representativo el autor plantea la

hipótesis de que este grupo , aunque de forma inconsciente o sin conciencia política, se

levanta como sujeto revolucionario y hace frente a un sistema que pretende condenarlo

para siempre a la pobreza. Concluye el autor que lo irónico de esta situación es que este

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sujeto que se revela contra el sistema desde la ilegalidad no lo hace políticamente y por lo

tanto sucumbe en el rol de sujeto criminal que ha definido la clase dominante.

Ante esta cruda realidad del Puerto Rico del siglo XXI ¿cuál es la alternativa? El

autor señala tres caminos a seguir:

1. Una reorganización social desde el verdadero reconocimiento de los

derechos humanos.

2. Una m ejor distribución de los recursos económicos.

3. Una i ntegración verdaderamente democrática de todas y todos a los procesos

sociales, políticos y económicos.

Aunque estos tres caminos puedan parecer utópicos e inalcanzables no podemos

perder de vista que el camino inequívoco a seguir para resolver los problemas inherentes a

las conductas desviadas o antisociales es la lucha contra la desigualdad.

En este sentido me permito añadir que para que estas alternativas propuestas por el

autor sean viables tienen que venir precedidas de un proceso de descolonización e

independencia política que permita la implantación de un cambio radical del sistema

capitalista imperante. Solo así acabaremos con la forma de violencia más terrible que ha

vivido Puerto Rico a través de su toda historia: la dominación colonial.

La dominación colonial de Puerto Rico ha ejercido su violencia mas cruda desde la

invasión a trav és de sus distintos momentos históricos: el intento de transculturación con

la imposición del inglés, la explotación económica, la utilización de nuestros ciudadanos

como conejillo de indias, la obligación de participar como carne de cañón en las guerras del

imperio, l a persecución contra los independentistas de los años 50, el e ncarcelamiento de

los macheteros y los miembros de las FALN en los 80 y tantas otras que podríamos

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mencionar. Una manifestación dramáticas de esta violencia colonial es la renuencia del

Presidente Obama de conceder la excarcelación a l patriota puertorriqueño Oscar López

Rivera. La inmensa mayoría del pueblo puertorriqueño unida a las voces con mayor fuerza

moral y dignidad en el mundo no han podido doblegar la soberbia y la violencia del

ejercicio d el poder colonial sobre nuestra patria.

Felicito al autor por su compromiso real y concreto con gente que está haciendo la

diferencia en crear espacios y oportunidades para poblaciones marginadas

(criminalizadas) al donar las regalías del presente libro a Intercambios Puerto Rico y

Descriminalización.org .

Exclusi ón y Violencia de Gary Guti érrez- Renta hace una gran aportaci ón al an á lisis

serio y profundo de esta situación tan compleja que llamamos criminalidad y que nos atañe

a todos en Puerto Rico.

Rafael Emmanuelli Jiménez 31 de enero de 2015 Librería El Candil Ponce, Puerto Rico

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