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EltrennocturnodelaVíaLácteahasidocomparadodesdesupublicaciónen

1934,unañodespuésdelamuertedesuautor,conElprincipitodeSaint-

Exupéry.Estabrevenovelahacautivadoageneracionesdejaponesesque hanelevadoaMiyazawalacategoríadehéroecultural.Llevadaalagran pantalla en numerosas ocasiones, la historia de Giovanni y Campanella formayapartedelimaginariocolectivojaponés.

EltrennocturnodelaVíaLácteanarraelsueñodeunniñoenposdela amistad y la felicidad; un viaje onírico e iniciático gracias al cual el protagonistacomprenderáladurarealidaddelavidadeunamanerapositiva y enriquecedora. Las historias de Miyazawa se desarrollan en un mundo mezcladerealidadyfantasíaenelqueloselementosnaturalesinteractúan demanerataninverosímilcomoencantadora,ylospersonajes,amenudo animalesoelementosbásicoscomolaTierraoelViento,estánenperfecta conjunción con la naturaleza. En esta recopilación se incluyen también Matasaburo,elgeniodelvientoyGauche,elvioloncelista.

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KenjiMiyazawa EltrennocturnodelaVíaLáctea ePubr1.0 Daruma 06.12.13 www.lectulandia.com-Página3

KenjiMiyazawa

EltrennocturnodelaVíaLáctea

ePubr1.0

Daruma06.12.13

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Títulooriginal: (Gingatetsudōnoyoru), (KazenoMatasaburō), (Serohikino Gauche)

KenjiMiyazawa,1934

Traducciónyprólogo:MontseWatkins

Diseñodeportada:Daruma

Editordigital:Daruma

ePubbaser1.0

Traducciónyprólogo:MontseWatkins Diseñodeportada:Daruma Editordigital:Daruma ePubbaser1.0 www.lectulandia.com-Página4

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PROLOGO

MiyazawaKenjiesunautorclásicoenJapón,aunquetodavíapococonocidoen Occidente,peseaqueyahasidotraducidoacatorceidiomas.Estaspáginasestán destinadasaloslectoresdeseososdecomprendermejorlaobradeesteescritor,que contienesímbolosyreferenciasacostumbresytradicionesdifícilesdeentenderpara elextranjero.Sinembargo,lasdiferenciasculturalesnosonobstáculoparadisfrutar delosescritosdeMiyazawa,quesedebenleerconlosojosdelalmaparadejarse transportarasumundomágicoconelespírituligeroyabierto. Paralainterpretacióndelostextosheconsultadoaexpertosenelescritory conversado largamente con su hermano menor, Seiroku. Quisiera compartir el resultadodeestetrabajoconellector,adultooniño,einvitarloalalecturadeestos relatosparaalejarsedelarealidadporunashorasyvolveraellaconelcorazón alegre. Pero¿quiénfueMiyazawaKenji?Esteescritor,queacaparalaatenciónyel reconocimientodelpúbliconipónalcumplirseelcentenariodesunacimiento [1] ,vino

almundoel27deagostode1896enlapequeñaciudaddeHanamaki,enlaprovincia

deIwate,unos500kilómetrosalnortedeTokio.

Aunque su familia era de comerciantes acomodados, creció en una sociedad

empobrecidaporlaguerraruso-japonesa,quecomenzóen1904,asícomoporlas

frecuentes heladas e inundaciones que causaban hambre endémica entre los agricultoresdeesafríaregiónnorteña.Estascircunstancias,ademásdehabersido educadoenunbudismofervientequeleinculcólaideadelautosacrificioporel bienestar de los menos favorecidos, impulsaron a Miyazawa a ayudar a los campesinoslocalesatravésdesuprofesióndeingenieroagrónomo.

Miyazawaempezóaescribirdesdejoven.Alos21añospublicócuentosingenuos

yhumorísticosenlosperiódicoslocales,peronofuehastacincoañosmástarde,tras lamuerteportuberculosisdesuhermanamenor,Toshiko,queentróenunaactiva etapadeproducciónliteraria.Entrelosatormentadospoemasyenigmáticashistorias de este periodo destaca su obra más representativa, «El tren nocturno de la Vía Láctea», que reescribió en cuatro ocasiones durante diez años y finalmente dejó inconclusa. Otros relatos del autor son «Las bellotas y el gato montes», «El restauranteconmuchosencargos»y«Viajeporlanieve»,muyconocidosporlos lectoresjaponeses,juntoaabundantescuentoscortosypoemas,entrelosquedestaca «Sindejarsevencerporlalluvia»,dadasuenormefuerzaysencillez. Ademásdeaconsejaralosagricultoreslocalesencuestionestécnicasyescribir, Miyazawa se unió a un grupo de jóvenes progresistas con los que discutía los

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problemas de la comunidad y escuchaba música clásica —el gramófono y la coleccióndediscosdeBeethoventodavíaseconservanenelMuseoKenjiMiyazawa, enHanamaki—.Sinembargo,elcrecientemilitarismodeJapónenlosañosveinte causó una ola de atentados anarquistas contra los que el Gobierno reaccionó prohibiendocualquiertipodereuniones,demodoquefinalizaronestasactividades. Alos 32 años, Miyazawa enfermó de tuberculosis y tuvo que abandonar su trabajodeingeniero,perocontinuóescribiendohastaquemurió,cincoañosmás

tarde,enseptiembrede1933.Deesteperiododataelúltimomanuscritode«Eltren

nocturno de la Vía Láctea», que no fue publicado hasta tres décadas más tarde, cuandounequipo—enelqueparticipósuhermanoSeiroku—editólaobraenbasea loscuatromanuscritosexistentes,todossinterminar.Enlaversiónjaponesaexisten aúnalgunospuntosderuptura,marcadosconlaindicacióndequesehanperdidolas páginas del original, que en esta traducción me he permitido suavizar con la supresióndealgunafrasesuelta. La idea que pudo inspirar a Miyazawa «El tren nocturno de la Vía Láctea» todavíaesunasuntocontrovertidoentreloscríticosnipones,aunquelateoríamás

aceptadaeslaseparaciónentreelautorysuhermanaToshiko,fallecidaalos25años.

Otrainfluenciaenesterelato,enespecialelcapítulodelnaufragio,fuelanovela Cuore, del italiano Edmondo De Amicis. Según Seiroku, de esta obra eligió los nombresprotagonistas—GiovanniyCampanella—,porcreerquecontribuiríanadar unambientemásimaginarioalrelato. «EltrennocturnodelaVíaLáctea»combinaelementosespiritualesycientíficos, yrealizaunacuriosamezclaentreelcristianismoyelbudismo.Mientrasquela descripcióndelviaje,queempiezaenlaconstelacióndelaCruzdelNorteytermina enladelaCruzdelSur,asícomoladealgunospersonajessonclaramentecristianas, elconceptodecruzarlaVíaLácteaparaalcanzarelparaísoesunaanalogíadelrío Sanzu,queseparaestemundodelmásallá,segúnladoctrinabudista.Tambiénla «ColumnadelosDeseos»,unacolumnaatravesadaporunaanilladehierrogiratoria, existíaantañocomouninstrumentodeplegariabudista. Giovanni,unniñopobreysolitario,quieremarcharse«muylejos»desupueblo. Derepente,seencuentraviajandoporelespacioenunextrañotrenqueconduceal másalláalosespíritusdelosmuertosydondeviajatambiénsuamigoCampanella; peronosabequeeselúnicoviajeroconbilletedevueltaquelepermitiráregresaral mundodelosvivos.SuansiedadpordisfrutardelaamistadconCampanellaysu evoluciónhastasuperarelegoísmoydesear«lafelicidadparatodos»,inclusoacosta delautosacrificio,constituyenelritmodelrelato. Miyazawaseinspiróenelcampodesutierranatalparalospaisajesdeesterelato, mientrasqueparala«Fiestadelasestrellas»lohizoenlatradicionalcelebraciónde Tanabata, que tiene lugar en Japón durante el mes de julio. Según la leyenda,

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Tanabata marca el día del año en que una doncella hilandera y un pastor, representadosporlasestrellasVegayAltair,cruzanlaVíaLácteayseencuentran.La costumbredeecharaflotarfarolillosalríooalmarpararecibiralosespíritusdelos difuntosquevuelvenaestemundotodavíaseconservaenmuchasregiones.Durante estasfiestassedecoranlascallesconlargostallosdebambúadornadosconfigurasy guirnaldas multicolores de papel, los niños lanzan fuegos artificiales, compran ciervosvolantesopecesdecoloresytodossalenapasearporlascallesiluminadas. EnunanocheasímuereCampanellaahogadoenelríoyGiovanni,quesehabía quedadodormidoalpiedela«ColumnadelosDeseos»,lograhacerunmágicoviaje eneltrendelaVíaLáctea.

Otro de los cuentos más populares de Miyazawa es «Matasaburo, el genio del

viento»,escritoalos28años,en1924.Eltítulodeesterelatohacereferenciaal

viento que sopla desde Japón central a la isla de Hokkaido, sobre la región de Tohoku,aprincipiosdeseptiembre,cuandoantañosecelebrabalaFiestadelDiosdel Viento. Esterelatomuestracongraciaydinamismolavidadiariadeunoscolegialesen unapequeñaaldeaenTohokucuyarutinaresultainterrumpidaporlallegadadeun extraño compañero. La tensión sumergida, característica de las narraciones de Miyazawa,afloraesporádicamente,mientrasquelaambiguarelaciónentreelmundo realyelimaginariocreaelritmodelahistoria. Enelprotagonistaseunendospersonajes:SaburoTakada,uncolegialalgotímido einseguro,yMatasaburo,elgeniodelviento.Cuálexisteenrealidadesunaincógnita quepermanecehastaelfin. DesdequeSaburoapareceenlaescuelaundíadefuerteviento,suscompañeros loconsideranunextrañoquevisteropasoccidentales,calzazapatosynosecomporta comoellos;perosuimaginaciónparainventarjuegosdespiertalacuriosidaddelos niños, que comparten de buen grado el tiempo libre después de la escuela. Las discusionessobrelanaturalezadelforasterosesucedendurantetodoelrelatohastala escena final, donde la confrontación entre realidad y fantasía alcanza la mayor intensidad.

Laúltimaobra,«Gauche,elvioloncelista»,apenasprecisadecomentarios.Setratade

uncuentoderitmovivo,repletodesituacioneshumorísticasyenternecedoras,enel

queeldestinosesirvedeimportunasvisitasnocturnasdepequeñosanimalespara

convertiraGauche,unmúsicomediocre,enunvioloncelistaquerealizaunabrillante

representaciónconsiguiendoarrancarunentusiasmodesbordanteentreelpúblicode

supueblo.

ConestanarracióndespedimosporelmomentoaMiyazawaKenjique,desde

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másalládelasestrellas,nosinvitaarecorrersumundomágicoyavivirconmás

imaginaciónylibertad.

MontseWatkins

Kamakura,agostode1996

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NOTAALTEXTO

Latraduccióndeestelibrofuerealizadaapartirdeloriginaljaponésdelosrelatos Gingatetsudono yoru, (1927), Kaze no Matasaburo, (1924), Sero hiki no Gōshu, (publicadopóstumamenteen1934),porlaespañolaMontse Watkins (1955-2000). La primera versión de este libro fue publicada en 1994 y

reeditadaen1996porlaeditorialLunaBooks,fundadaenJapónporMontseWatkins

paradifundirlaliteraturajaponesaenlenguaespañola.Estaediciónestádedicadaa sumemoria. La trascripción de los términos japoneses sigue el sistema Hepburn, el más empleadoenlaliteraturaorientalista,ysegúnelcuallasconsonantessepronuncian comoeninglésylasvocalescasiigualqueenespañol.Sehaneliminadolossignos diacríticossobrelasvocaleslargasdelaspalabrasyhomónimosjaponesescuandotal simplificaciónortográficanoafectaelsignificado. Todaslasnotasalpiesondelatraductora.

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ELTRENNOCTURNODELAVÍALÁCTEA

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Capítulo1

LACLASEDELATARDE

—Sedicequepareceunrío,tambiénelrastrodejadoporunacorrientedeleche.Pero esteobjetoborrosoyblanco,¿sabéisquéesenrealidad? Elmaestroformulólapreguntaalaclasemientrasseñalabaungranmapacolgado sobrelapizarraenelqueaparecíanlasestrellassobreunfondonegroyunazona blancaydifusaparecidaaunagalaxia. Campanellalevantólamano.Enseguidacuatroocinconiñosmáshicieronlo mismo.Giovannitambiénibaalevantarla,perocambiódeopiniónatodaprisa.Sin duda, todo eso eran estrellas, alguna vez lo había leído en una revista. Pero últimamenteaGiovannicadadíaleentrabaelsueñoenclasey,comonolellegabael tiempoparaleernitampocoteníalibros,ledabalaimpresióndequenocomprendía nadabien. Elmaestrosediocuenta:

—Giovanni,¿hasentendidolapregunta?

Giovanniselevantócondecisión,perounavezqueestuvodepie,nosupocómo

responder.Zanelli,sentadodelantedeél,volviólacabezay,mirándolo,serioensu

cara.Giovanni,rojodebochorno,sequedóenlamismaposturallenodeconfusión.

Elmaestrohablódenuevo:

—SiobserváislaVíaLácteaconuntelescopiopotente,¿enquéconsistemáso

menos?

AunqueGiovannipensóque,desdeluego,eranestrellas,tampocoestavezpudo

contestar.

Elmaestropareciópreocupadounmomento,peroenseguidadirigiólavistahacia

Campanellaylepreguntó:

—¿Ybien,Campanella? PeroCampanella,quehabíaalzadolamanocontantoentusiasmo,selevantó vacilante y tampoco respondió. Extrañado, el maestro observó a Campanella un instante y entonces, con un apresurado «Bueno, muy bien», señaló el mapa de estrellas. —SimiráislaborrosaypálidaVíaLácteaconunpotentetelescopio,veréisque estáformadapormuchaspequeñasestrellas,¿noesasí,Giovanni? Giovanniasintió,sonrojándosedenuevo.Peroenalgúnmomentoselehabían llenadolosojosdelágrimas. «Claro,sílosabía—pensó—.YCampanella,porsupuesto,también.Loleímos unavezensucasa,enunarevistadesupadre,queesdoctor.Notansoloesosinoque

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Campanella,alverlas,fueenseguidaaldespachodesupadreytrajoungruesolibro. Loabrióenellugardondeponía“VíaLáctea”yestuvimosmirandomuchorato aquellahermosafotografíadeinnumerablespuntosblancossobrelapáginanegra como el carbón. No es posible que lo haya olvidado. Y, sin embargo, no ha contestado.Últimamentetengoquetrabajarduramenteporlamañanatempranoypor la tarde. Aunque venga a la escuela, no tengo ganas de jugar con los demás ni tampococharloconCampanellacomosolíahacerantes.Élsehadadocuentayseha quedadocalladoapropósito.Cuandolopienso,medamuchapena». Elmaestrohablódenuevo:

—Porlotanto,sipensáisquelaVíaLácteaescomounríodeverdad,cadaunade laspequeñasestrellasquelaformancorresponderíaalaarenaylosguijarrosdesu lecho.Ysipensáisqueescomounacorrientedeleche,todavíaseleparecemás.Es decir,quelasestrellasseríanlaspequeñasgotasdegrasaqueflotanenella.Deeste modo,sinospreguntamosaquécorresponderíaelaguadeesterío,larespuestaesel vacíoquetransmitelaluzaciertavelocidadyenelque,porsupuesto,tambiénflotan elSolylaTierra.Osea,quenosotrosvivimosdentrodelaguadelaVíaLáctea.Ysi, desde dentro del agua de este río celeste, miramos en todas las direcciones, del mismomodoqueocurreconlaverdad,quecuantomásprofunda,másazulseve,alo lejos,enlaprofundidaddelaVíaLáctea,podemosobservarunainfinidaddeestrellas juntas,loquelahaceparecerblanquecinayborrosa.Observadestemodelo. Elmaestroseñalóhaciaunagranlenteconvexadedoscarasqueconteníamuchos granosbrillantesdearena. —LaformadelaVíaLácteaseparecemuchoaesto.Podemospensarquecada unodeestosgranossonestrellasquebrillanporsímismas,igualquenuestroSol. ImaginadqueelSolestáenelcentroylaTierramuycercadeél,yquesiporla nochemiráisatravésdelalenteentodaslasdirecciones,escomosiestuvieseisde piedentrodeella.Porestelado,lalenteesdelgada,porloquenopodéisvermásque unospocosgranosbrillantesdearena,esdecir,estrellas,¿noescierto?Perodondeel cristalesgrueso,veréismuchosgranosdearenaylosmásalejadosapareceráncomo unamasablanquecinayborrosa.Enresumen,estoeslaexplicacióndelaVíaLáctea quehemosvistoenelmapa.Comoyasenoshaterminadoeltiempo,hablaremosen lapróximaclasedeCienciasdeltamañodeestalenteydelasdistintasestrellasque seencuentranenella.HoyeslaFiestadelasEstrellas;alsalirfuera,miradbienel cielo.Laclasehaterminado,guardadloslibrosyloscuadernos. Duranteunosmomentosseoyóelruidodeabrirycerrarpupitresydeamontonar loslibros,pero,enseguida,todoslosalumnosenpieyenorden,saludaronalmaestro ysalierondelaula.

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Capítulo2

LAIMPRENTA

CuandoGiovannisedirigíaalapuertadelaescuela,sediocuentadequesieteu ochodesuscompañeros,enlugardevolverdirectamenteacasa,sehabíanreunido alrededor de Campanella en una esquina del patio junto al cerezo. Parecía que estaban haciendo planes para ir a recoger calabazas de culebra a fin de hacer farolillosque,conunaluzazuldentro,echaríanaflotaralríoesanochedelaFiesta delasEstrellas. Alpasarjuntoaellos,Giovannilossaludóconungestoenérgicodelamanoyse marchóatodaprisa.Alsaliralacalle,vioquelascasasestabanadornadasconbolas deramasdetejo;loscipreses,conlucecitas;yquelagentedelpueblohabíahecho todaclasedepreparativosparalafiesta. Envezdevolveracasa,Giovannisiguiócaminandoy,trasdoblartresesquinas, llegóaunaimprenta.Despuésdedejarloszapatosenlaentrada,abriólagranpuerta que daba a un pasillo. Apesar de ser aún de día, las luces estaban encendidas. Muchasprensasrotativasgirabanygirabanconincesantegolpeteoeincontables empleados,ataviadosconbadanasyviseras,leíanycontabanconunsonsonete. Giovanniseacercóaunhombresentadofrenteaunaltoescritorio,eltercero desdelaentrada,ylosaludó.Entonces,elhombrebuscóenunaestantería. —¿Podrásterminarestoparahoy?—dijo,entregándoleunpedazodepapel. Giovannirecogióunapequeñacajaplanaqueestabaalpiedelescritorio,sela llevó a una esquina bien iluminada por una bombilla colgada de la pared y, en cuclillas,comenzóasacarconunaspequeñaspinzasloscaracteres,tandiminutos comogranosdemijo. —¡Eh,hola,maestrodelalupa!—dijounhombreconundelantalazulalpasar pordetrásdeGiovanni.Cuatroocincopersonasmásqueandabanporallícerca,sin decirnadanivolverlacabeza,losecundaronconrisitasmaliciosas. Giovannifuesacandoloscaracteres,frotándoselosojosamenudo.Alpocode pasadaslasseisyateníalacajallena.Despuésdecompararloscaracteresconlahoja depapelquesosteníaenlamano,llevólacajaalhombredeantes,quienseguía sentado frente al escritorio y la recibió en silencio, asintiendo levemente. Tras despedirse,Giovanniabrióunapuertaysedirigióhacialacaja,dondealguienvestido conunabatablancaleentregóunapequeñamonedadeplatasindecirpalabra. AGiovanniseleiluminólacara.Contento,recogiósucarteradedebajodel mostradoryseprecipitóhaciafuera.Luego,silbandoalegremente,seacercóala panadería,dondecompróunabarradepanyunabolsadeterronesdeazúcar,ysalió

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corriendoatodavelocidad.

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Capítulo3

ENCASA

El lugar al que volvió tan alegre era una calle secundaria. De las tres entradas alineadas,ladesucasaeralasituadamásalaizquierda.Juntoaellahabíacoles rizadasyespárragosplantadosenviejascajasdemadera.Lasdospequeñasventanas todavíateníanlostoldosdesplegados. —¡Mamá,yaestoyaquí!—dijoGiovanni,sacándoseloszapatosenlaentrada—. ¿Cómoteencuentras? —¡Ah,Giovanni!Estaráscansado,¿no?Hoyhahechofrescoymehesentido bientodoeldía. Enlahabitacióncontiguaalaentrada,sumadreestabareposandoconlacabeza cubiertaporunacofiablanca.Giovannientróyabriólaventana. —Mamá,hecompradoterronesdeazúcar.Habíapensadoponértelosluegoenla leche. —Primerodescansaunpoco.Amítodavíanomeapetecetomarnada. —¿Cuándohavueltomihermana? —Aesodelastres.Yahahechotodaslastareasdelacasa. —Aúnnohantraídolaleche,¿verdad?—¡Ah,escierto!Parecequeno. —Entonces,voyabuscarla. —Nocorreprisa,descansaantes.Tuhermanahapreparadoalgocontomateylo hadejadoallí. —Bueno,puesvoyacomer. Giovannitomóelplatodelantepechodelaventanay,acompañadodeunpedazo depan,selocomiótodoconavidez. —¿Sabes,mamá?Creoquepapávaavolver. —¡Ah,yotambiénlocreo!Pero,dime,¿porquélopiensas? —Puesporqueestamañanaheleídoenelperiódicoquelapescahasidomuy buenaenelnorteesteaño. —Peroquizátupapánoestépescando… —Seguroquesí.Nohahechonadamalocomoparairalacárcel.Laúltimavez quevolviótrajoderegaloalaescuelaunenormecaparazóndecangrejoyunos cuernos de reno. Todavía están guardados en la sala de Ciencias. El maestro a menudolosutilizaparalaclasedesexto. —Tupapádijoquelapróximaveztetraeríaunachaquetadepieldenutria,¿te acuerdas? —Sí…Cuandomeven,todosmedicenlomismoburlándosedemí…

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—¿Seburlandeti? —Sí,peroCampanellanuncalohace.Cuandolosotrosmedicenestascosas, parecequeledélástima. —TupapáyeldeCampanella,igualquevosotrosdos,eranbuenosamigosde pequeños. —Claro,poresopapámellevabaasucasa.Eranbuenostiemposentonces.A veces,enelcaminodevueltadelaescuela,nosacercábamosunrato.Teníauntren que funcionaba con alcohol. Juntando siete rieles se podía formar un círculo. También había postes eléctricos y semáforos que se ponían verdes solo cuando pasabaeltren.Unavezqueseterminóelalcohol,usamospetróleoylalocomotorase llenódehollín. —¿Ah,sí? —Todavíalesllevoelperiódicocadamañana.Peroaesahoralacasasiempre estáensilencio. —Claro,porqueestemprano. —TienenunperroquesellamaSauer.Sucolapareceunaescoba.Cuandovoy paraallá,sueleolfatearme.Mesiguehastalaesquina,avecesinclusomáslejos… Estanochetodosiránalríoparaecharaflotarlosfarolillosyseguroqueelperrolos acompañará. —¡Ah,escierto!EstanocheeslaFiestadelasEstrellas. —Sí.Cuandovayaabuscarlaleche,meacercaréunratoparaver. —Bien,anda.Peronotemetasenelrío. —No.Solomirarédesdelaorilla.Volveréantesdeunahora. —Quédatejugandounratomás.SiestásconCampanella,nomepreocupo. —Claroqueestaremosjuntos.¿Quieresquecierrelaventana,mamá? —Sí,serámejor.Yaharefrescado. Giovanniselevantóycerrólaventana.Despuésrecogiósuplatoylabolsadel pan. —¡Vuelvodentrodeunahoraymedia!—dijofelizdesdelaentradamientrasse poníaloszapatos. Ysalióporelportalyaenvueltoenlaoscuridad.

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Capítulo4

LANOCHEDELAFIESTADELASESTRELLAS

LaexpresióndeGiovannisehabíavueltotristeysolitariamientrasbajabahaciael

puebloporlacuestabordeadadenegroscipreses.Alfinaldelapendientehabíauna

farolaquebrillabaconunahermosaluzpálida.Pocoapocosefueacercandoaella.

Susombra,quehastaahoralohabíaseguido,largayborrosacomounfantasma,se

fuehaciendomásoscuraydefinida.Levantandolaspiernasybalanceandolosbrazos,

giróhastaavanzarasulado.

«Soyunalocomotora—pensó—.Voyrápidoporqueescuestaabajo.Ahoraestoy

pasandolafarola.¡Toma!Misombrahagiradocomounabrújulayhaquedado

delantedemí».

Entretenidoconeljuegocaminabaagrandespasos.Justodespuésdedejaratrás

lafarola,aparecióporunacallejuelaysecruzóensucaminoelZanellideaquella

mañana,vestidoconunacamisanuevadecuellopuntiagudo.

«Zanelli,¿vasalríoaecharfarolillos?»ibaapreguntarlecuandoelotroniñole

soltó:

—Giovanni,¡yallegalachaquetadenutria!

Sequedóparalizado,comosiunsonidoensordecedorhubierallenadoelaire.

Aunquedeinmediatocontestóagritos:

—¡Atrévetearepetirlo,Zanelli! Peroesteyahabíadesaparecidodentrodeunacasarodeadaporunaverjade cipreses. «¿PorquéZanellimediceesascosassiyonolehehechonada?—sequedó pensando Giovanni—. Cuando sale corriendo parece una rata… Es tonto por fastidiarmeasí,sinmotivo». Absorto en estos pensamientos iba caminando por la calle, espléndidamente adornadaconlucesdecoloresyramasverdes.Larelojeríaestabailuminadaporuna brillanteluzdeneón.Enelescaparatehabíaunbúhodepiedracuyosojossemovían dederechaaizquierdamarcandolossegundos.Sobreelaparadordevidriodecolor delmar,unasjoyasgirabanlentamentecomosifueranestrellas.Desdeelotrolado delaparador,seveíauncentaurodecobregirandoyacercándoseaGiovanni.Yjusto enelcentrodelescaparatehabíaunplanisferio,redondoynegro,adornadoconhojas verdesdeespárrago. Giovanni se olvidó de todo, ensimismado en la contemplación de aquel planisferio.Aunqueeramuchomenorqueelmapaquehabíavistoporlamañanaen laescuela,algirarlaesferaparaajustareldíaylahoracorrectos,sepodíaverel

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cielo,talcomoestabaenesemomento,dentrodeunóvalo.Porsupuesto,enelcentro del de hoy se veía la Vía Láctea, extendiéndose como una franja indefinida y nebulosa.Enlaparteinferiorparecíaquehubieraocurridounapequeñaexplosióny flotaraunanubedevapor. Alfondodestacabaellustreamarillentodeunpequeñotelescopiomontadosobre untrípodeydetráscolgabaungranmapacontodaslasgalaxias,representadascon formasdeanimalesextraños,comoserpientes,tortugasymuchosmás.Sepreguntósi elcieloestaríaenrealidadllenodegalaxiascomoelEscorpión,elCazador…y pensando«¡Ah,cómomegustaríaviajarentreellasparasiempre!»,dejóvagarsu imaginación. Derepente,seacordódelalecheparasumadreysepusoencamino,alejándose deaquellatienda.Apesardequelachaquetayaleempezabaaquedarpequeñayle apretabaloshombros,hizounesfuerzoporsacarpechoy,balanceandolosbrazos vigorosamente,continuócaminandoatravésdelpueblo.Porlascalles,elairecorría transparentecomoelagua.Frentealastiendas,lasfarolasestabanadornadascon verdesramasdeabetoyroble.Losseisplátanosalineadosanteeledificiodela compañíaeléctricaestabancubiertosdeluces,demodoqueellugarparecíaelreino delassirenas. Todos los niños, con sus ropas bien planchadas, silbaban la canción de las estrellasygritaban:«¡Centauro,hazcaerelrocío!»,alaparquecorríanyencendían fuegosartificialesazulesdemagnesio.Parecíanestarpasándolomuybien. Giovanni,conlacabezagachadenuevo,muylejosdelaalgarabíareinante,se apresuróhacialalechería.Antesdedarsecuenta,yahabíallegadoalasafuerasdel pueblodondeinnumerablesálamosserecortabancontraelcieloestrellado,comosi estuvieranflotandoenél.Entróporlaoscurapuertadelalecheríay,depie,frentea lacocinaqueolíaavaca,sesacóelsombreroysaludóconundecidido«¡Buenas noches!».Perolacasaestabaencompletosilencio,comosinohubieranadie.Volvió llamardepieybienerguido:

—¡Buenasnoches!¿Hayalguienencasa? Alcabodeunmomento,unaancianaconaspectodenoencontrarsemuybiense leacercódespacio,murmurandoalgoentredientes. —Hoy no han llevado la leche a casa, por eso he venido a buscarla —dijo Giovanni. —Ahora no hay nadie. Vuelve mañana —respondió la anciana, mirándolo mientrassefrotabalosojosenrojecidos. —Mimadreestáenfermaynecesitamoslalecheestanoche. —Bueno,entoncesvuelvedentrodeunrato—dijoellaantesderegresarpor dondehabíavenido. —¿Ah,sí?¡Muchasgracias!—respondióGiovanniy,trasdespedirse,saliódela

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cocina. Aldoblarlaesquinadeuncruce,alaalturadelatiendadecomestiblescercanaal puente,vioqueseacercaban,enunaconfusióndesombrasnegrasytenuescamisas blancas,seisosietecolegialessilbandoyriendo.Cadaunollevabaunfarolillo.Estas risas y canciones le resultaban familiares: eran las de sus compañeros de clase. Giovanni, sobresaltado, se disponía a dar media vuelta, pero cambió de idea y continuósucaminoconpasodecidido.Aunquesentíaunligeronudoenlagarganta, estabaapuntodepreguntarlessiibanalrío,cuandoZanellilevolvióagritar:

—¡Giovanni,yallegalachaquetadenutria! Sonrojándoseviolentamenteysinsaberyapordóndeandaba,ibaapasardelargo a toda prisa cuando se dio cuenta de que Campanella se encontraba entre ellos. Parecía sentir un poco de lástima por él. Mirándolo, le sonrió en silencio como diciendo:«Noteenfadas,¿verdad?».PeroGiovannievitósumiradaydejóatrásla altafiguradesucompañero.Entonces,todossepusieronasilbar,cadaunoporsu lado. Antesdedoblarlacalle,GiovannisevolvióysediocuentadequeZanellihabía hecholomismo.Campanella,quesehabíapuestodenuevoasilbarmuyalto,salió corriendoendirecciónalpuente,yaenvueltoporlaniebla. Sintiéndoseindescriptiblementesolo,Giovannitambiénechóacorrer.Unosniños pequeñosquesaltabanalapatacojatapándoselasorejasconlasmanoslosiguieron untrechogritando,puescreíanqueéltambiénestabajugando.Continuócorriendo sinparar,pero,enlugardesubirrectoporlacolinahaciasucasa,sedirigióhaciael norte,alasafuerasdelpueblo.Unpequeñopuenteconunadelgadabarandillade hierrocruzabaunriachueloquediscurríaentrelasorillasblanquecinasyborrosas.Se detuvoenelmedioy,conlarespiraciónacelerada,sepusoasilbarentrecortadamente paraengañarsusganasdellorar. «Notengoconquiénjugar.Todosmemirancomosifueraunbichoraro»,pensó. Peroenseguidavolvióasalircorriendocontodassusfuerzashacialanegracolina.

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Capítulo5

LACOLUMNADELOSDESEOS

Detrásdelagranja,lapendientedelacolinasesuavizaba.Sobrelaoscurayllana cimaseveíalaOsaMayor,borrosaymásbajaquedecostumbre,enelcielodel norte. Giovannifuesubiendoporelpequeñocaminodelbosquecubiertoyaderocío, que, abriéndose paso en medio de las negras hierbas y los arbustos de distintas formas,resplandecíacomounalíneablancaalaluzdelasestrellas.Entreelherbaje, unos insectos mostraban su brillo azulado y algunas hojas se veían de un verde translúcido.Lerecordaronlosfarolillosqueanteshabíanllevadosuscompañerosal río.

Trascruzareloscurobosquedepinosyrobles,aparecióelcieloabiertoyenél,la VíaLáctea,queseextendíablanquecinadesuranorte.Enlacimadelacolinase alzabalaColumnadelosDeseos,rodeadadecampanillasycrisantemossilvestres queexhalabansuperfumecomoenunsueño.Unpájaropasócantando.Giovanni subióhastalacimayechósucuerpocansadosobrelahierbafrescaalpiedela columna. Laslucesdelpueblo,alláabajo,enmediodelaoscuridad,parecíanlasdeun palacio en el fondo del mar. De vez en cuando se escuchaban débilmente las canciones, silbidos y risas de los niños. La hierba de la colina se balanceaba suavementebajoelvientoquesoplabadesdealgúnlugarlejano.Giovanni,conla camisaempapadadesudor,comenzóasentirfresco. El sonido de un tren llegó desde la llanura. Se veía la hilera de ventanillas, pequeñas y rojizas, a través de las cuales muchos viajeros pelaban manzanas y conversaban animadamente. Intentando imaginar lo que estaría haciendo aquella gente,sesintiódenuevoinvadidoporlatristezaylevantólavistaalcielo.Pormucho quemirase,nopodíacreerqueaquellofueraunlugardesiertoyfrío,comolohabía descritoelmaestro.Alcontrario,cuantomásmiraba,másseasemejabaalcampo,con suspequeñosbosques,susgranjas… Antesusojos,laazuladaestrellaVegaparecíadividirseentresocuatropuntos brillantes,susbrazosparecíanextenderseyencogerse,adoptandolaformaalargada dehongo.Inclusoelpuebloempezóatomarelaspectodeunborrosogrupode estrellasodeunagrannubedehumo.

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Capítulo6

LAESTACIÓNDELAVÍALÁCTEA

GiovannivioqueasuespaldalaColumnadelosDeseossehabíaconvertidoenuna balizadeagrimensuraqueseencendióyapagóunosinstantescomounaluciérnaga. Pocoapocofuetomandounaformamásdefinidahastaquealfinalserecortóclarae inmóvilcontraelcieloazuloscurosemejanteaunahojademetalreciénfundido. Entonces,dealgunapartellegóunaextrañavozquedecía:«EstacióndelaVía Láctea.EstacióndelaVíaLáctea».Eneseprecisomomento,todoseiluminó,como silaluzdeunnúmeroinfinitodecalamaresluciérnaga [2] sefijaraenelfondodel cieloocomosiuncomerciantedediamantes,pretextandoescasezparaevitarla bajadadeprecios,hubieseocultadounagrancantidady,alvolcarsedesuescondite, centellearancontodosuesplendor.Aturdido,sefrotóvariasveceslosojos. Cuandovolvióensí,yahacíaratoqueelpequeñotrentraqueteaba.Yallíestaba sentadoél,mirandoporlaventanadeestetrennocturno,conlosvagonesiluminados porunaluzamarillenta.Losasientostapizadosdeterciopeloazulestabancasitodos desocupadosy,enlaparedopuestapintadadegris,resplandecíandosbotonesde latón. Giovanni observó en el asiento de delante a un niño alto, vestido con una chaquetanegraquebrillabacomosiestuvieramojada.Habíasacadolacabezaporla ventanillayestabamirandohaciafuera.Algoleresultabafamiliarensuaspecto,por loquequisosaberatodacostadequiénsetrataba.Ibaaasomarse,cuandoelotro pasajero volvió el rostro hacia él. Era Campanella. Giovanni estaba a punto de preguntarle:«Campanella,¿cuándo tehassubido?», yeneseinstante,estesele adelantóyledijo:

—Todosseapresuraronmucho,perollegarontarde.TampocoZanelli,apesarde

habercorridocontodassusfuerzas,alcanzóatomareltren.

«¡Ah,claro…!Teníamosquehaberviajadojuntos»,pensóGiovanniypropuso:

—Podemosesperarlosenalgunaparte,¿no?

—Yanoesnecesario.Zanellivolvióasucasa.Supadrelovinoabuscar—

contestóempalideciendounpoco,comosialgúnpensamientolohubieraentristecido

derepente.

Giovanni,conlaextrañasensacióndequenoentendíanada,sequedócallado.Sin

embargo,Campanellaprontoserecuperóy,mirandoporlaventanilla,exclamómuy

animado:

—¡Anda,heolvidadolacantimplora!¡Ytambiénelcuadernodedibujo!Perono

importa.ProntoestaremosenlaEstacióndelosCisnes.Memuerodeganasdeverlos.

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Seguroquesivuelanalláalolejossobreelrío,lespodremosecharunaojeada. Campanellaconsultabaunmapaenformadetablaredondaquegirabasincesar. Enélaparecíalavíadeltren,quecorríaporlaorillaizquierdadelaVíaLácteahacia elsur.Perolofantásticodeestemapaeraquetodaslasparadasybalizas,todoslos ríos,lagosybosquessedestacabansobreelfondo,negrocomolanoche,enformade lucesincrustadasdecoloresazul,anaranjadooverde. —¿Dónde has comprado ese mapa? —preguntó Giovanni—. Esta hecho de feldespato,¿no? —MelohandadoenlaEstacióndelaVíaLáctea.¿Túnotienesuno? —Noestoysegurodehaberpasadoporallá…¿Estamosaquíahora?—preguntó GiovanniseñalandounpuntoalnortedelaEstacióndelosCisnes. —Asíes.¡Mira!¿Serálalunaqueiluminaellechodelrío? LaorilladelaVíaLáctea,queresplandecíaconunaluzpálida,estabacubiertade cañizosquesusurrabanysebalanceabanconelvientoformandoolasplateadas. —Noeslaluzdelaluna.BrillaasíporqueeslaVíaLáctea. Mientras decía esto, Giovanni podía haber saltado de alegría. Zapateando y sacandolacabezaporlaventanilla,silbabamuy,muyaltolacancióndelasestrellas, estirándosecuanlargoeraparavertodaelaguadelaVíaLáctea.Alprincipionolo consiguió,pero,pocoapoco,sediocuentadeque,másclaraqueelcristal,másque elhidrógeno,fluíaensilencioyenellaseformabanpequeñasolasquepormomentos parecíanunailusión,centelleandovioletasodetodosloscoloresdelarcoíris. En la extensa llanura se levantaban innumerables balizas iluminadas por una hermosa luz fosforescente. Las lejanas se veían pequeñas; las cercanas, grandes; aquellas, definidas de colores; estas, pálidas y algo borrosas. Algunas eran triangulares; otras, rectangulares, en forma de zigzag o de cadena. Al mirarlas, Giovanni sentía que le daba vueltas la cabeza. Parecía que las luces azules o anaranjadas y las distintas balizas, que parpadeaban y se balanceaban, hubieran tomadovida. —¡Estoy realmente en la llanura celestial! —exclamó y, sacando la mano izquierda por la ventanilla, mientras miraba a lo lejos, preguntó—: Apropósito, parecequeestetrennofuncionaconcarbón,¿verdad? —Funcionaráconalcoholoelectricidad—aventuróCampanella. Entonces,amododerespuesta,dealgúnlugarlesllegóunavozresonantecomo unvioloncelo:

—Estetrennofuncionaniconvaporniconelectricidad.Semueveporquedebe

hacerlo.Vosotrospensáisquetraqueteacomountren,peroessoloporquehastaahora

estabaisacostumbradosatrenesconesesonido.

—Estavozlaheoídoantesenalgunaparte.

—Yotambién,enelbosqueyenlaorilladelrío.

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Elpequeñotrencontinuabasumarchaentreloscañizosquesebalanceabanal viento,juntoalaguadelaVíaLácteayelbrillopálidodelasbalizas,avanzandosin parar… —¡Mira, las gencianas ya han florecido! Estamos en pleno otoño —dijo Campanella,señalandoatravésdelaventanilla. Entrelacortahierbaquebordeabalavía,estasfloresaparecíandeunespléndido colorvioletapálido,comosihubieransidotalladasenaguamarina. —¿Quieresvercómobajo,cojoalgunasyvuelvoasubir?—dijoGiovanni,lleno deentusiasmo. —¡Demasiadotarde!Yalashemosdejadoatrás. Apenas Campanella terminó de decir estas palabras, ya habían pasado otro macizodemagníficasflores.Másymásgencianas,conelfondodelcálizamarillo, cruzaronantesusojoscomounalluvia,mientrasquelashilerasdebalizas,algunas borrosas,otrasdefinidas,brillabancadavezconmayorintensidad.

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Capítulo7

LACRUZDELNORTEYLACOSTADEL

PLEOCENO

—¿Meperdonarámimadre?—dijoderepenteCampanella,tartamudeandounpoco ensuprecipitación. Giovannipensó:«¡Ah!Lamíaestácercadeaquellabalizaanaranjadaquesevea lolejos,pequeñacomounamotadepolvo,yseguroqueseacordarádemí».Sin responder,seensimismómásensuspensamientos. —De verdad que haría cualquier cosa para contentar a mi madre. Pero ¿qué podríahacerlaverdaderamentefeliz? Mientrasdecíaesto,Campanellaseesforzabaporcontenerlaslágrimas. —Peroatumadrenolehapasadonada,¿noescierto?—exclamóGiovanni sorprendido,sincomprenderaquésereferíasuamigo. —Nolosé.Aunquetodoelmundo,cuandohacealgobueno,sesientefeliz, ¿verdad?Poresocreoquemeperdonará—concluyódecididoCampanella. Inesperadamente,elinteriordelvagónseiluminóconunaluzblanca.Enellecho delaVíaLáctea,quetranscurríasinsonidoniforma,resplandecientecomosise hubierasumadoelbrillodelosdiamantesaldelrocíocaídoenlahierba,sepodíaver una isla rodeada de una aureola pálida. Sobre la suave cima se levantaba una magníficacruz,tanblancacomosiestuvieratalladaenunanubeheladadelPolo Norte,rodeadadeunhalodoradoquegirabaensilencioeterno. —¡Aleluya,aleluya!—seoíanlasvocesprocedentesdetodasdirecciones. Al mirar a su alrededor vieron que otros viajeros se habían puesto de pie. Ataviadoscontúnicasderectospliegues,rezabanconfervorsosteniendounaBiblia negracontraelpechoyunrosariodecristalentresusmanosunidas.Sindarsecuenta, ambostambiénselevantaron.LasmejillasdeCampanellarelucíanrojascomouna manzanamadura. Pocoapoco,laislaylacruzquedaronatrás.Enlaorillaopuesta,iluminadoscon unaluzdifusaypálida,loscañizosqueondeabanalvientoparecíanempañarseun instante.Lasabundantesgencianasseescondíanentrelahierbayvolvíanaaparecer comodelicadosfuegosfatuos. LaIsladelosCisnes,ocultaporloscañizosquecrecíanentreelríoyeltren,se pudoverbrevementeunpardeveces,peroprontoquedómuyatrás,pequeñacomo unapintura,yseperdiódevistaentrelassusurranteshierbas. Unamonjacatólica,altaycubiertaconunvelonegro,habíasubidoaltrenen algúnmomentoysehabíasentadodetrásdeGiovanni.Ensilencio,conlaspupilas

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redondas y verdes, mirando fijamente al frente, parecía escuchar directamente palabras lejanas. Los viajeros ya habían vuelto a sus asientos sin hacer ruido. GiovanniyCampanellasepusieronaconversarenvozbaja,conelcorazónllenode unanuevayextrañasensación. —ProntollegaremosalaEstacióndelosCisnes,¿verdad? —Sí,alasonceenpunto. Las luces verdes de las señales y los postes, blancos y borrosos, pasaban rápidamenteantelaventanilla.Luego,tambiénlaslucesdelasagujasdemaniobras, débileseimprecisas,brillaroncomollamasdeazufre.Eltrenfuereduciendosu velocidadyenseguidaaparecieronlashermosasfarolasdelaestación,perfectamente alineadas,quesehicieroncadavezmásgrandesamedidaquesedistanciabanunasde otras.Cuandoeltrensedetuvo,ambossequedaronjustofrentealgranrelojdela estación.Ensuesferasereflejabalaluzdelfrescodíaotoñalylasagujasmetálicas azuladas marcaban las once en punto. Todos se apearon y el tren quedó vacío. «Paradadeveinteminutos»,indicabaunletrerobajoelreloj. —¡Bajemosnosotrostambién!—dijoGiovanni. —¡Sí,vamos! Selevantarondeunsalto,cruzaronlapuertaatodavelocidadyfueroncorriendo hacialagaritadelrevisor,dondebrillabaunaluzvioleta.Peronohabíanadie.Por másquemiraban,nohabíanirastrodelosmozosnideljefedeestación. Frentealaestaciónhabíaunapequeñaplazarodeadadeárbolesdeginkgo [3] que parecíantalladosencristalderoca.Unanchocaminopartíarectohacialapálidaluz delaVíaLáctea.Lagentequehabíabajadoantesdeltrenyahabíadesaparecido. Giovanni y Campanella avanzaron hombro con hombro por el camino. Sus sombras fueron tomando distintas formas, como las de dos columnas en una habitaciónconventanalesenlascuatrodirecciones,ocomolosmúltiplesradiosde dosruedas.Alpocoratollegaronalhermosolechodelríoquehabíanvistodesdeel tren.Campanellatomóunpellizcodebrillantearenay,extendiéndolasobrelapalma delamano,lahizocrujirconeldedo. —Estaarenaesdecristalderoca—dijocomoentresueños—.Parecequedentro decadagranitochispearaunpuntodefuego. —Ah, es cierto… —contestó distraídamente Giovanni, preguntándose dónde habríaaprendidotodasesascosas. Todoslosguijarrosdelaorillaerantransparentes,sinduda,decristalderocayde topacio. Los pliegues de los estratos se habían hecho visibles y en sus bordes resplandecieronpálidamentelasamatistas. Giovannicorrióhastaelaguaysumergiósusmanos.Esamisteriosaaguadela VíaLácteaeramástransparentequeelhidrógeno,peroeraevidentequecirculaba,ya quetomóunligerocolormercurioysobresusuperficieseformaronpequeñasolas

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quechocaroncontralasmuñecasdeGiovanni,mientrasbrillabanconunaatractiva luzfosforescenteyparecíanarder. Másarriba,alpiedeunbarrancocubiertodecañizos,habíaunarocablanca, planacomouncampodedeportes,queseextendíaparalelaalrío.Allísedistinguían lassiluetasdecincooseispersonas.Parecíaqueenterraranodesenterraranalgo, porqueselevantabanyagachabansincesary,devezencuando,algunaherramienta lanzabaundestello. —¿Vamosaver?—gritaronalunísonoGiovanniyCampanellaysedirigieron hacíaallícorriendo. Enlaentradadellugardondeseencontrabalarocablanca,unlustrosoletrerode cerámica decía «Playa del Pleoceno». Bordeando la playa se levantaba una fina barandillametálicayhabíabonitosbancosdemadera. —¡Mira qué cosas más raras! —dijo Campanella mientras se agachaba para recogeralgoqueparecíaunanueznegraconelextremoafilado. —Esunanuez.Haymontones.Ynolashaarrastradolacorriente;estándentrode laroca. —¡Quégrandes!Abultaneldoblequelasnormales.Mira,estáintacta.Vamos rápidohaciaallá.Seguroqueestándesenterrandoalgo. Llevándose las negras y rugosas nueces continuaron acercándose hacia aquel lugar.Asuizquierda,enlaplaya,lasolasardíandelicadamentecomopequeños relámpagosy,asuderecha,enelbarranco,loscañizos,queparecíandeplataynácar, sebalanceabanalviento. Alaproximarsevieronaunhombrealto,congruesasgafasdemiopeybotas,que teníaaspectodecientífico.Estabaenfrascado,tomandonotasensucuadernoydando instruccionesatreshombres,sindudasusayudantes,quetrabajabanconazadasy palas. —Utilizadlaspalasdemodoquenorompáisestesaliente.¡Esaspalas!¡Más lejos,cavadunpocomáslejos!¡No,asíno!¿Porquénoponéismáscuidado? Dentrodeaquellablandapiedrablancaseencontrabanloshuesosblanquecinos deunanimalmuy,muygrandequehabíasidodesenterradohastalamitad.Parecía quesehubiesecaídoaunladohechopedazos.Tambiénsedieroncuentadequeuna roca con dos huellas de ungulado estaba cortada cuidadosamente en unos diez bloquesnumerados. —¿Habéisvenidodevisita?—preguntóelcientífico,lanzandounreflejoconsus gafasalmirarlos—.¿Habéisencontradomuchasnuecesono?Tienencasiunmillón doscientosmilañosynosondelasmásantiguas.Eneseperiodo,esdecir,alfinalde laEraTerciaria,estelugareracosta,porloqueaquídebajotambiénseencuentran conchas.Enelmismolugarporelqueahoracorreelrío,enaquellostiempossubían ybajabanlasmareasdeaguasalada.Esteanimalllamado«bos»…¡Eh,dejadla

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azada!Utilizadelcincel,concuidado…Llamado«bos»,esunantepasadodelavaca denuestrosdías,queabundabaenaquellaépoca. —¿Lovaallevaraunmuseo? —No,estoyaquípararecogerdatos.Desdenuestropuntodevista,ytenemos muchaspruebas,esteesungruesoymagníficoestratodeunmillóndoscientosmil añosaproximadamente,perootrosexpertosnoopinanlomismo.Quizáseconvenzan sipresentamosestasevidencias,oaunasí,semantenganensuteoríadequeseha convertido en un terreno baldío por la acción del viento y del agua. ¿Habéis entendido?Pero…¡Eh,eh,allítampocoutilicéislaspalas!¿Noosdaiscuentadeque justodebajopuedenestarenterradaslascostillas? Elcientíficosaliódisparadoendirecciónaloshombres. —Yaeshora.Vámonos—dijoCampanellatrascompararelmapaconsurelojde pulsera. —¡Ah,escierto!Tenemosquevolver—dijoGiovanniysedespidiócortésmente. —¿Yatenéisqueregresar?Bueno,entonces,hastalavista—dijoelcientífico mientrassemovíadeunladoaotrorepartiendoinstrucciones. Losmuchachoscorrieroncontodassusfuerzassobrelablancarocaparano perdereltren.Yvieronquepodíancorrercomoelviento,sinperderelalientoysin queselesdoblaranlasrodillas.GiovannipensóquedeaquelmodoPodríandarla vueltaalmundo. Avanzandoporellechodelrío,amedidaqueseacercabanalaestación,laluzde lagaritadelrevisorsehaciamásymásgrande.Alpocoratoyaestabansentadosen elvagón,mirandoporlaventanillaenladirecciónporlaquehabíanregresado.

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Capítulo8

ELATRAPAPÁJAROS

—¿Osimportaquemesienteaquí? Unavozdepersonamayor,ásperaperoamable,lesllegódesdeatrás.Setrataba deunhombrevestidoconunabrigomarrónunpocoraído,deespaldaencorvaday barbarojiza,quellevabaalhombrounfardoenvueltoentelablancadivididoendos mitades. —Enabsoluto,porfavor—dijoGiovannialtiempoqueencogíaloshombrosa mododesaludo. Elreciénllegadocolocóconcalmasupaqueteenlareddeequipajes,mostrando unalevesonrisaatravésdelabarba. Giovannisesentíasoloytristesinsaberporqué.Contemplabaensilencioelreloj cuandooyóunsonidoparecidoaldeunaflautadecristalquellegabadealgúnlugar alfrente.Eltrensepusoenmarchadespacio.Campanellarecorríaconlavistael techodelvagón;sobreunadelaslucesestabaparadounciervovolantecuyaenorme sombraserecortabacontraeltecho.Elhombredelabarbarojizaobservabaloque hacíanlosniñosconunasonrisanostálgica.Eltrentomóvelocidad;atravésdela ventanillaseveíabrillarunmomentoelríoyalotro,loscañizos. —¿Adónde vais vosotros? —preguntó el hombre de la barba roja con cierta timidez. —Haciadelante,parasiempre—repusoGiovannienuntonoqueevidenciabasus pocasganasdeconversar. —Noestámal.Justoigualqueestetren. —¿Yusted?—preguntóbruscamenteCampanella,comosibuscarapelea,porlo queGiovanninopudoevitarreírse. Otro hombre sentado al lado opuesto del pasillo, cubierto con un sombrero puntiagudo y con una gran llave colgando al cinto, los miró y también se rio. Campanellasesonrojóyacabóriendoconlosdemás. —Yovoyabajarenseguida.Mitrabajoescazarpájaros—contestóunpoco nervioso,aunquenoparecíaenfadado. —¿Quéclasedepájaros? —Garzasypatossalvajes.Tambiéngrullasycisnes. —¿Haymuchasgrullas? —Sí,enabundancia.Yahaceratoqueseoyen…¿Podéisoírlas? —No. —Todavíaseoyen.Escuchadconatención.

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Amboslevantaronlavistayaguzaronlosoídos.Altraqueteodeltrenseañadíael sonidodelvientoatravésdeloscañizos,porloquetansololesllegóalgoparecidoal borboteodelaguahirviendo. —¿Cómohaceparaatraparalasgarzas? —¿Lasgrullasolasgarzas? —Lasgrullas—contestóGiovannipensandoenquedabalomismo. —Esmuyfácil.LasgrullassereúnenenlosbancosdearenadelaVíaLáctea, dondesepuedenrelajar,yaquesiempre,vayandondevayan,regresanasuríode origen.Esperoaquebajen,lasatrapoporsuspatasextendidasyluego,lasaplano contraelsuelo,dondemuerentranquilamente.Después,loúnicoquehayquehacer esprensarlas. —¿Prensarlas?¿Paraconservarlascomoejemplaresdeestudio? —No,no.Paracomerlas,porsupuesto. —¡Quéraro!—dijoCampanella,doblandoelcuelloconextrañeza. —Nohaynadaderaro.Mirad—elhombreselevantó,bajósufardodelaredde equipajesylodesatóconmovimientosrápidos—.Estánreciéncazadas. —¡Anda,sondeverdad!—gritaronlomuchachossindarsecuenta. Unasdiezgrullas,tanblancasybrillantescomolaCruzdelNortequehabían vistounmomentoantes,estabanalineadasconelcuerpounpocoaplanadoylaspatas negrasencogidas,demodoqueparecíanunrelieve. —Mira,tienenlosojoscerrados—dijoCampanella,tocandocondelicadezalos blancospárpadosenformademedialuna.Lasplumasdelacresta,tambiénblancas, sobresalíancomopequeñaslanzas. —¿Quéosparecen?—dijoelatrapapájaros,volviendoaatarelfardoconun cordel. —¿Sonsabrosaslasgrullas?—seinteresóGiovanni,preguntándosequiénlas comeríaporaquelloslugares. —Sí.Cadadíamehacenpedidos.Peroaúnsevendenmejorlospatossalvajes. Nosolotienenunplumajemásvistoso,sinotambién,yestoeslomásimportante,no dannadadetrabajo.Mirad. El atrapapájaros abrió el otro paquete. Contenía varios Patos salvajes con su dibujolustrosodemotasamarillasyblanquecinas.Igualquelasgrullas,estaban alineadosconsuscuerposunpocoaplanadosylospicosjuntos. —Estossepuedencomerenseguida.¿Queréisprobarlos?—mientrashablaba,tiró consuavidaddeunapataamarillaque,comosifueradechocolate,sedesprendió fácilmente—.Vamos,probadunpoco—invitóelatrapapájarosy,partiendolapataen dos,ofrecióunpedazoacadauno. —¡Eh!Esmássabrosoqueelchocolate.¿Cómoesposiblequepuedanvolar estospatos?Seguroqueestehombretieneunaconfiteríacercadeaquí.Peroahora

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me da pena comer sus dulces después de haberme burlado de él —consideró Giovanni,aunquecontinuócomiendocondeleite. —Comedunpocomás—ofreciódenuevoelhombre,sacandoelfardo. —No,no,muchasgracias—declinóGiovanniconprudencia,aunquehubiera comidomásdebuenagana. Entonces,elhombredelabarbarojizaleofreciótambiénalhombredelallave queestabasentadoalotroladodelpasillo. —Gracias,peromedareparoaceptar;losvendeparaganarselavida—dijoeste descubriéndoseconcortesía. —Denada,porfavor…Tome,tome.Apropósito,¿cómovanesteañolascosas conlasavesmigratorias? —Espléndidamente.Anteayer,enelsegundoturno,enelfaro,mellovieronlas llamadastelefónicasdeaquíyallápreguntandosihabíaalgunaavería.Lescontesté quenoeraculpanuestra,quesetratabadeunanubedeavesmigratoriascruzando anteelfaroyquenohabíanadaquehacer.«Mejorqueosvayáisaquejaraesostipos delacapaalviento,conpicoypataslargasyflacas».¡Esolesdije!—serioelfarero. Aldejaratrásloscañizos,lesllegaronlosrayosdeluzdelcampoabierto. —¿Porquélasgrullascuestanmástrabajo?—preguntóporfinCampanellatras pensarunrato. —Paraquesepuedancomer—comenzóelhombrevolviéndosehaciaél—,se tienenquecolgardurantediezdíasalaluzdelaVíaLácteaysino,enterrarsetreso cuatrodíasenlaarena,demodoqueseevaporetodoelmercurio. —Estos no son pájaros de verdad. Solo son dulces, ¿verdad? —se decidió a preguntarCampanella,que,aligualqueGiovanni,habíaestadodándolevueltasala idea. Derepente,elatrapapájarospareciótenermuchaprisa:

—Eh…Asíes…Yotengoquebajaraquí. Ymientraspronunciabaestaspalabras,selevantó,tomósufardoy,antesdeque pudierandarsecuenta,yalohabíanperdidodevista. —¿Adóndehabráido?—sepreguntaronambosmirándose. Elfarerosonrióasolasconpicardíay,estirándose,miróporlaventanilla.Al volverlavistaallí,sobrelassiemprevivasquecubríanlaorillaybrillabanconuna hermosaluzfosforescentedecoloramarillopálido,vieronalatrapapájarosdepie, conlaexpresiónseria,losbrazosabiertosylosojosfijosenelcielo. —¡Mira,allíesta!Quéextraño,¿no?Seguroquevaacogerpájarosdenuevo. Esperoquebajenpronto,antesdequeeltrensepongaenmarcha. Apenas había dicho esto, cuando del cielo azul violeta empezaron a caer planeando,comosidenievesetrataseycongranalgarabía,grullasidénticasalas quehabíanvistoantes.Entonces,elatrapapájaros,conlaspiernasabiertasylamirada

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satisfecha,fueatrapandoconambasmanoslasnegraspatasencogidasdelasavesy metiéndolas una tras otra en su saco de tela. Dentro del saco se encendieron y apagaronbrevementecomoluciérnagasy,porfin,tomaronuncolorblancodifusoy cerraronlosojos.

Elatrapapájarosguardóunasveinteensusacoy,des-1pues,levantandoambos

brazos,sequedóinmóvilenunaposiciónparecidaaladeunsoldadoalcanzadopor unabala.Enunabrirycerrardeojoshabíadesaparecido.EntoncesGiovannipudo oírunavozconocidaasulado. —¡Ah,quésatisfacción!Nohaynadacomotrabajarsololonecesarioparavivir. Alvolverlacabeza,vioqueelatrapapájarosyahabíaordenadoyamontonado cuidadosamentelasgrullasatrapadas. —¿Cómolohahechoparavolvertanrápido?—preguntóGiovannisinsaberqué pensar. —¿Cómo? Muy simple, cuando quise volver, lo hice. Yvosotros, ¿de dónde venís? Giovanniibaacontestar,peronopodíarecordarpormásquelointentara.A Campanellalepasabalomismo. —Demuylejos,¿no?—dijosimplementeelatrapapájaros,asintiendocomosi hubieracomprendido.

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Capítulo9

ELBILLETEDEGIOVANNI

—Aquísehaterminadolazonadeloscisnes.Mirad,esteeselfamosoobservatorio deAlbileo. Atravésdelaventanilla,enmediodelaVíaLáctea,queparecíacubiertade fuegosartificiales,seveíancuatrograndesedificiosnegros.Eneltejadodeunode ellosdosenormesesferastransparentes,unzafiroyuntopaciodeasombrosabelleza, giraban lentamente. La amarilla se fue alejando; la azul, acercando, y pronto se superpusieron dando lugar a una hermosa lente convexa verde cuyo centro se expandióhastaqueelzafiro,máspequeño,dejóvereltopacioformandouncentro verdeconuncírculoamarilloasualrededor.Luego,elzafirosealejóyserepitióla formadelalenteanterioralainversa.Finalmentesesepararon,alejándoseelzafiroy acercándoseeltopacio,hastaquedarcomoalprincipio.Rodeadosporelaguasin forma ni sonido de la Vía Láctea, los observatorios yacían en silencio, como si estuvierandormidos. —Aquelloesuninstrumentoparamedirlavelocidaddelagua.Elagua… Apenaselatrapapájaroshabíacomenzadosuexplicación,cuandooyeronunavoz quedecía:«Susbilletes,porfavor».Elrevisor,unhombrealtoconunagorraroja, estabadepiejuntoasusasientos.Elatrapapájaros,ensilencio,sacóunpedacitode papel. El revisor le echó una breve ojeada y después, dirigiendo la vista hacia GiovanniyCampanella,extendiósumanomoviendolosdedoscomosidijera:«¿Y dóndeestánlosvuestros?». Campanella, con toda naturalidad, sacó un pequeño billete de color gris. Giovanni,apurado,serevolvióensuasientoybuscóenelbolsilloporsiencontraba algunacosa.Entonces,descubrióunpedazograndedepapeldoblado.Pensando:

«¿Dedóndehabrásalido?»,losacóatodaprisayvioqueeramásomenosdel tamañodeunatarjetapostalyestabadobladoencuatro.Elrevisorcontinuabaconla manoextendida,porloque,comoúltimorecurso,Giovanniseloentregó. Alverlo,elhombreseenderezóy,trasdesdoblarlocuidadosamente,sepusoa examinarlo.Mientraslohacía,searreglabalosbotonesdelachaqueta.Tambiénel farerodesdesuasientoobservabaconinterés;Giovanni,convencidodequesetrataba deunsalvoconductooalgoparecido,respiróaliviado. —¿LohatraídodelEspacioTridimensional?—preguntóelrevisor. —Notengoniideadedóndehasalido—contestóGiovannilevantandolavista haciaélyriéndosedespreocupadamente. —Todo en orden, muchas gracias. Llegaremos a la Cruz del Sur

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aproximadamentealatercerahora—dijo,devolviéndoleelbilleteyalejándose. Enseguida Campanella, que había estado esperando la oportunidad, echó una ojeada al pedazo de papel. También Giovanni estaba impaciente por verlo. No obstante, el billete tan solo estaba cubierto con unos dibujos negros parecidos a arabescossobreloscualeshabíaimpresosunoscaracterescruciformes.Mientraslos examinabanensilencio,aGiovannilediolaimpresióndequeibanasersuccionados porellos. Elatrapapájaros,echandounarápidaojeada,exclamó:

—¡Estoesextraordinario!ConestebilletepuedesirhastaelmismísimoCielo.No

solohastaelCielo,sinotambiénhastacualquierlugarquepuedasdesear.Conél

puedesviajarsinfinenestetrendelaVíaLáctea,másalládelaincompletafantasía

delacuartadimensión.¡Quémaravilla!

—Noentiendonada—contestóGiovanni,sonrojándose.Volvióadoblarelbillete

yseloguardóenelbolsillo.

SeencontrabaincómodoysepusoamirarporlaventanajuntoconCampanella,

aunquepodíaseguirlasmiradasdeadmiracióndelatrapapájaros.

—ProntollegaremosalaEstacióndelasÁguilas—dijoCampanellamientras

comparabatrespequeñasbalizaspálidasalineadasenlaorillaopuestaconelmapa.

Derepente,Giovanni,sinsaberporqué,sintiómuchalástimaporesehombre

sentadoasulado.Elatrapapájaros,queatrapabagarzasysesentíatansatisfechocon

sucaptura,lasenvolvíaensufardoblanco,echabamiradasdesorpresaalbilletede

losotrospasajerosymostrabarápidamentesuadmiración…Giovanniquisodarle

todoloquellevaba,sucomida,todo.Sisolopudierahacerlofeliz,congustoestaría

depieenellechodelabrillanteVíaLáctea,aunquefueracienaños,cazandopájaros

paraél.Yanopodíapermanecermástiempoensilencio.Queríapreguntarlequé

deseaba,peropensóqueseríademasiadorepentino.Mientrasreflexionabaencómo

hacerlo,miróasualrededor,peroelatrapapájarosyahabíadesaparecidoconlos

blancosfardosqueantesdescansabansobrelareddeequipajes.

Pensandoenquetodavíaloencontraríafuera,bienplantado,mirandohaciaarriba

ypreparadoparaatrapargarzas,Giovanniseapresuróaecharunaojeadaporla

ventanilla,perotansoloviolahermosaarenayloscañizosondeandoalviento.Las

anchasespaldasyelsombreropuntiagudodelatrapapájarosyanosevislumbraban

porningunaparte.

—¿Adóndehabráido?—preguntóCampanellaconairedistraído.

—Sí,¿adónde?Mepreguntocuándolovolveremosaver.¿Porquénohabrésido

másamableconél?

—Esomismopiensoyo.

—Meparecíaqueaquelhombreeraunfastidio,peroahoramedapena.

Giovannipensóqueeralaprimeravezquesesentíatanraroydecíaalgoasí.

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Capítulo10

LOSNIÑOSDELNAUFRAGIO

—¿Eh? Aquí huele a manzanas. ¿No será porque ahora estaba pensando en manzanas?—preguntóCampanellamirandoextrañadoasualrededor. —Esciertoquehueleamanzanas.Ytambiénarosassilvestres—dijoGiovanni, haciendolomismo.Sinduda,esteolorentrabaporlaventana,aunquenoeraposible queolieraarosassilvestresenotoño. Derepente,aparecióunniñodeunosseisaños,debrillantepelonegro,vestido con una chaqueta roja desabrochada. Parecía muy asustado; allí estaba, de pie, temblandoviolentamente.Asulado,unjovenbienvestidoconuntrajenegroyel aspectodeunolmoazotadoporelvientoletomabalamanoconfuerza. —¿Dóndeestamos?¡Quélugartanhermoso! Unaencantadoraniñadeunosdoceañosyojoscastaños,vestidaconunabrigo negro,seapoyabaenelbrazodeljovenymirabamaravilladaporlaventana. —EstoesLancashire.¡Ah,no!EsConnecticut.¡Ah,tampoco!EstoeselCielo. NosdirigimosalCielo.Yanotenemosnadaquetemer.Hemossidollamadospor Dios—dijoalosniñoseljovenvestidodenegro,radiantedealegría. Pero,poralgúnmotivo,sufrentesecubriódesurcosypareciómuycansado. Esforzándoseporsonreír,hizosentaralpequeñoalladodeGiovanni.Luegoofreció condelicadezaelasientosituadojuntoaCampanellaalaniñayestadócilmente,se sentócruzandolasmanosconpulcritud. —Quieroiradondeestánmihermanaymipadre—protestóelniño,conuna expresiónextraña,dirigiéndosealjoven,queacababadesentarsefrentealfarero. Con indescriptible tristeza y sin decir nada, el joven miró el rostro del niño enmarcadoenrizosnegros.Derepente,laniña,cubriéndoselacaraconlasmanos,se pusoallorarensilencio. —Tupadrey tuhermanaKikuyo todavíatienencosas quehacer,aunqueno tardaránenvenir.Pero¿haspensadoentumadreyencuántotiempohabráestado esperando?«¿QuécanciónestarácantandomiqueridoTadashi?¿Enunamañana nevadajugarácogidodelamanodesusamigos,dandovueltasentrelosarbustosdel jardín?».Seguroquesehaceestaspreguntas.Vamosrápido,nolahagasesperarmás. —Muybien,aunquepiensoqueojalánohubiéramostomadoaquelbarco. —Escierto,pero,mira,¿vesesteespléndidorío?¿Teacuerdasdecuandoen verano,antesdeiradormir,cantabas«Brilla,brilla,estrellita»yveíasporlaventana algoqueresplandecíaconunaluzpálida?Puesesaquí.Miraquéhermoso. Suhermana,quetodavíaestaballorando,sesecólosojosconunpañueloymiró

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haciafuera. —Paranosotrosyasehanterminadolaspenas.Pronto,alfinaldeesteviaje, llegaremos a la presencia de Dios. Aquel es un lugar muy luminoso, lleno de exquisitosoloresybuenagente.Sinduda,todoslosquelograrontomarelbote, cuando nosotros no pudimos, estarán ahora a salvo y se podrán reunir con sus familiasquelosesperanpreocupadas.Nosotrostambién,enseguida,llegaremos,por loque,venga,levantemoselánimoycantemosalgunacanción. Mientras acariciaba el brillante pelo negro del niño y consolaba a los dos hermanos,elrostrodeljovenpocoapocosefueiluminando. —¿Dedóndevenís?¿Quéoshaocurrido?—preguntóelfarerocomosihubiese empezadoacomprender. Eljovensonriólevemente. —Estábamosenunbarcoquesehundióalchocarcontrauniceberg.Hacedos meses,elpadredeestosniñostuvoquevolverantesanuestropaísporunasunto urgente.Yoestabaestudiandoenlauniversidadymehabíancontratadocomotutor. Peroalosdocedíasdeviaje,creoquehoyoayer,elbarcochocócontraeliceberg,en uninstanteseescoróyempezóazozobrar.Lalunabrillabapálidamenteenalguna parte,perolanieblaeramuyespesa.Lamitaddelosbotesababorsehabíanperdido ynohabíasuficientesparatodos.Elbarcoibaahundirseencualquiermomento,por loqueyo,desesperado,gritabaquedejasensubiralosniños. »Lagenteanuestroalrededorprontoabriópasoysepusoarezarporellos.Pero entrenosotrosylosbotestodavíahabíamuchosniñospequeñosconsuspadres.No tuve el valor de apartarlos. Incluso así, pensé que era mi deber ayudarlos y me dispuseaempujaralosdemásfueradenuestrocamino.Denuevopenséque,enlugar desalvarlosdeestemodo,seríamejorparaellosquefuésemostodosjuntosala presenciadeDios.Peroyo,pecador,volvíaintentardetodasmanerassalvarlosyno fuicapaz. »Enlosbotestansolohabíaniños.Yalveralasmadreslanzándolesbesoscomo locasyalospadresbienerguidos,tratandodecontenersupena,semepartíaelalma. Mientraselbarcosehundíarápidamente,nosapiñamostodos,resignadosalopeor. Yoabracéaestosniños,esperandotansoloaqueseacabaradehundirydecididoa mantenerlos a flote hasta que fuera posible. Alguien lanzó un salvavidas, pero, cuandoloibaaalcanzar,semeresbalódelasmanosyloperdí.Contodasmis fuerzas,arranquéunarejilladelpuenteynosagarramosaellafrenéticamente.De

repente,enalgunaparte,seoyóelsalmo306yenseguidatodos,endistintaslenguas,

nospusimosacantaracoro.Entoncesseescuchóungranrugidoycaímosalagua.

Pensandoquenosestabatragandoelremolino,abracéconfuerzaaestosdosniños,

cuyamadrehabíamuertoelañopasado.Ysindarnoscuenta,nosencontramosaquí.

Sinduda,lagentedelbotesehasalvado.Conaquellosveteranosmarinerosalos

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remos,sehabránpodidoalejarrápidamentedelbarco. Alrededordeljoven,lospasajerosdeltrensuspirabanorezabanenvozbaja. Giovanni y Campanella, con los ojos empañados, recordaron como entre sueños cosasquehastaentonceshabíantenidoolvidadas. —¡Ah!Esteocéano¿noeraelPacífico?Enalgúnlugarensuextremonorte, dondelosicebergsvanaladeriva,enunbarcopequeño,luchandocontraelviento,el aguaheladayelfríointenso,haygentequeestátrabajandocontodassusfuerzas. Cuandopiensoenellos,medamuchapena.¿Quépodríahacerparasufelicidad? Giovannibajólacabezaysehundióenunsombríoestadodeánimo. —¿Yquéeslafelicidad?—dijoelfareroparaconsolarlo—.Porduroquesea,si seguimoselcaminorecto,yaseacuestaarribaocuestaabajo,nosacercamospasoa pasoaella. —Así es. Solo que, para alcanzar la verdadera felicidad, tenemos que pasar innumerablespenas—agregóeljovencongranseriedad. Los dos hermanos, agotados, se habían quedado dormidos reclinados en sus asientos.Suspies,antesdesnudos,ahoracalzabanzapatosdesuavepielblanca. Traqueteando, el tren continuó avanzando por el borde del brillante río fosforescente.Almirarporlaventanillahacialaorillaopuesta,lallanuraparecíala proyeccióndeunadiapositiva.Habíacien,milbalizasdetodoslostamaños,quese levantaban aquí y allá, las más altas con banderas de agrimensura en su parte superior.Enellugarmásalejadodelallanura,unsinnúmerodeellasbrillabacomo unapálidaniebla.Allí,otodavíamáslejosaún,pormomentossepodíaveralgo parecido a señales de humo de diversas formas que, ahora aquí, ahora allá, se levantabanhaciaelcieloazulvioleta.Elviento,limpioyclaro,estabaimpregnadode olorarosas. —¿Os apetece una manzana? Seguro que es la primera vez que veis unas parecidas. Elfarero,sentadoenelasientoalotroladodelpasillo,habíasacadounasgrandes manzanasdehermosocoloramarilloyrojo,ylassosteníaconambasmanossobre susrodillasparaquenosecayeran. —¡Caramba!¿Dedóndehansalido?Sonmagníficas.¿Secultivanporaquí?— exclamó el joven, realmente sor-Prendido, mientras contemplaba ensimismado el montóndemanzanassobrelasrodillasdelfareroconlosojosentrecerradosyel cuelloinclinadohaciaunlado. —Claro,tomaunaypruébala. EljovenlaaceptóyechóunaojeadaendirecciónaGiovanniyCampanella. —Yvosotros,chicos,¿porquénolasprobáis?—invitóelfarero. Giovanni,unpocomolestoporquelollamara«chico»,nocontestó.Campanella lediolasgracias.Entonces,eljoventomóunamanzanaparacadaunoyselasllevó.

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Giovanniselevantótambiénylediolasgracias.Elfarero,porfinconlosbrazos desocupados,selevantóycolocóunasobreelregazodecadaunodeloshermanos, queestabandormidos. —Muchasgracias—dijoeljoven,observandolafrutaconatención—.¿Dóndese cultivanestasmagníficasmanzanas? —Por aquí, desde luego. Aunque existe la promesa de que se dan buenas cosechascasisinesfuerzo.Dehecho,laagriculturanoesnadacomplicada.Tansolo con sembrar las semillas deseadas, las plantas van creciendo por su cuenta. Por ejemplo,elarroznotienecascara,comoelquesecultivaeneláreadelPacífico,el granoesdiezvecesmayorydesprendeunagradablearoma.Sinembargo,enelugar adondevaisvosotrosyanoexistelaagricultura.Nilasmanzanasnilosdulcesdejan ningúnresiduo.Tansolosedispersanatravésdelosporosenformadeunatenue fragancia,distintaencadapersona. Derepente,elniñoabriómucholosojos. —¡Ah,acabodesoñarconmamá!—dijo—.Estabaenunlugarprecioso,llenode estanteríasylibrosy,sonriendo,extendíasumanohaciamí.Aldecirle:«Mamá, ¿quieresquetetraigaunamanzana?»,mehedespertado.Estamoseneltrendeantes, ¿verdad? —Sí,yaquítienesestamanzana.Telaharegaladoesteseñor—dijoeljoven. —Muchasgracias,señor.¡Anda,Kaorutodavíaestádormida!Lavoyadespertar. ¡Kaoru,miraquémanzananoshanregalado!¡Vamos,despierta! Su hermana se despertó sonriendo, se llevó las manos a los ojos como deslumbradaymirólafruta.Elniñoyaestabacomiendolasuyacondeleite.La hermosapiel,quehabíasidopeladaconesmeroytomadoformadesacacorchos, brillódecolorgrisporuninstanteyseevaporóantesdecaeralsuelo.Giovanniy Campanellaguardaronconcuidadolassuyasenelbolsillo.

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Capítulo11

ELBOSQUEMISTERIOSO

Corriendoabajo,enlaorillaopuesta,aparecióunbosquegrandeyfrondoso.Las ramasdelosárbolesestabancargadasdeabundantesfrutasredondasquebrillaban madurasyrojas.Enmediodeestebosquehabíaunabalizamuy,muyaltayentrelos árbolessurgíaunamúsicaindescriptiblementehermosa,enlaquesemezclabannotas de carillón y xilófono. La brisa la arrastraba, emotiva y penetrante. El joven se estremecióytemblódepiesacabeza. Mientras escuchaban la música en silencio, apareció ante ellos una luminosa praderasemejanteaunagranalfombradecoloramarillodoradoyverdepálido,en tantoqueunrocíoblancocomolaceraempañólasuperficiedelsol. —¡Miradaquelloscuervos!—exclamóKaorusentadaalladodeCampanella. —No son cuervos, son urracas —gritó Campanella, como si la reprendiera. Giovanninopudocontenerlarisaylaniñaparecióavergonzada. Enefecto,sobrelaluminosapraderaaparecieronalatenueluzdelríomuchos, muchospájarosnegros,alineadoseinmóviles. —Escierto,sonurracas.¿Vesquetienenunpenachodeplumasdetrásdela cabeza?—dijoeltutorentonoconciliador. Labalizasituadaenmediodeaquelverdebosqueapareciófrenteaellos.En aquelmomento,dealgúnlugarlejanodetrásdeltren,lesllególamelodíafamiliardel

salmo306,comosimuchagenteestuvieracantandoacoro.Derepente,eljovense

pusopálidoy,levantándose,parecióquehubieradecididoreunirseconellos,pero

cambiódeopiniónyvolvióasentarse.Kaorusecubriólacabezaconsupañuelo.

HastaGiovannituvounasensaciónraraenlanariz.Perosinquenadiesupierani

cómonicuándo,elhimnofuetomandocuerpo,yprontoGiovanniyCampanella,sin

darsecuenta,sehabíanunidoalcoro.

Elbosquequedóatrás,brillandotristementemásalládelasinvisiblesaguasdela

VíaLáctea,yelmisteriososonidodelosinstrumentosquesalíadesuinteriorse

apagógradualmentehastaconfundirseconeltraqueteodeltrenyelrumordelabrisa.

—¡Mirad,unavelira!¡Unavelira!—anuncióelniño.

—Sí,haymuchas—contestósuhermana—.Aquelbosqueeslaconstelaciónde

Lira,¿verdad?Creoqueenélseencuentranreunidoslosmiembrosdealgunagran

orquestadelpasado.

Giovannimiróhaciaelbosque,quesehabíahechotanpequeñocomounbotón

verdedenácar.Pormomentos,sepodíaverunpálidodestello,reflejodelasalasdel

aveliraalabrirseycerrarse.

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—Tienesrazón.EraelcantodelaveliraloqueseoíadijoCampanellaalaniña. —Sí,porlomenoshabíatreinta—añadió. Derepente,Giovannisesintióinmensamentetristeytuvoquereprimirelimpulso dedecirmuyserio:«Campanella,bajemosdeestetrenyvámonosajugaraotra parte».Pero,enaquelinstante,ríoabajo,alolejos,vioalgoextraño.Eraunobjeto largoydelgado,decolornegroylustroso,quesaltabafueradelasaguasdelaVía Láctea,tomabaformadearcoyvolvíaasumergirse.Asombrado,loobservócon atencióny,estavez,máscerca,vioqueocurríalomismo.Enunabrirycerrardeojos aparecióungrannúmerodeestosextrañosobjetosnegrosquesaltabansobrelas aguas, describían un arco y se zambullían de cabeza. Parecía que remontaran la corriente,comolospeces. —¡Anda!¿Quéesesto?¡Tadashi,miracuántoshay!¿Quépuedeser? Elniño,quesefrotabalosojossoñoliento,selevantósorprendido. —¿Quépodráser?—sepreguntóeltutorponiéndoseenpietambién. —¡Quépecesmásraros!¿Quéserán? —Sondelfines—contestóCampanellamirandoenlamismadirección. —Eslaprimeravezquelosveo.Peroestonoeselmar,¿verdad? —Losdelfinesnoseencuentransoloenelmar…—seescuchódenuevoaquella vozmisteriosaygrave. Aquellos delfines tenían un aspecto realmente peculiar. Saltaban del agua juntandolasdosaletascomosifueranmanosy,conlacabezainclinadaamodode reverencia,volvíanasumergirseformandoolasqueparecíanllamasazules. —¿Losdelfinessonpeces?—preguntólaniñadirigiéndoseaCampanella.Su hermanopequeño,agotado,sehabíavueltoaquedardormido,reclinadoenelasiento. —Nosonpeces,sonmamíferos,comolasballenas—contestóCampanella. —¿Hasvistoalgunavezunaballena? —Sí,claroque,enelcasodelasballenas,solamentepuedesverlacabezayla colanegra.Cuandosueltanelchorrodevapor,sonigualesquelasimágenesquesalen enloslibros. —Lasballenassonenormes,¿verdad? —Asíes.Loscachorrossonmásomenosdeltamañodelosdelfines. —¡Ah,escierto!LoleíunavezenLasmilyunanoches. Absortaenlaconversación,laniñajugueteabaconsufinoanillodeplata. «Campanella, quiero bajar. Yo nunca he visto una ballena» pensó Giovanni irritado a más no poder. Pero continuó mirando por la ventanilla con los labios fruncidos.Fuerayanoquedabanirastrodelosdelfines.Elríosehabíadivididoen dosyenelcentropermanecíaunislanegraenlaqueselevantabauntorreón.Encima deélestabadepieunhombrevestidoconholgadasropasycubiertoconunsombrero rojo.Llevabaenunamanounabanderarojayenlaotra,unaazuly,conlavista

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levantadaalcielo,hacíaseñas. Giovanni vio que ese hombre agitaba la bandera roja vigorosamente, pero enseguidalabajó,escondiéndoladetrásdeél,levantólaazulbienaltoyempezóa hacerla ondear con vehemencia, como si de un director de orquesta se tratara. Entoncesseoyóunsonidoparecidoalalluviaygruposdeobjetosnegrosselanzaron volandohacialaorillaopuesta.Seprecipitóhacialaventanillaparaverlos.Porel hermosocieloazulvioleta,hastaesemomentovacío,empezóacruzarunnúmero infinitodepequeñospájarosagrupadosenbandadasquecantabansinparar. —¡Miracómovuelanlospájaros!—exclamóGiovannitodavíaasomadoala ventanilla. —¿Eh?¿Dónde?—preguntóCampanella,mirandotambiénhaciaarriba. Desúbito,elhombrequeestabadepieencimadeltorreónlevantólabanderaroja, laagitófrenéticamenteylasbandadascesarondecruzar.Unsonidoagudollegóde ríoabajoysehizounbrevesilencio.Peroenseguidavolvióalevantarlabanderaazul ygritó:

—¡Adelante,avesmigratorias,cruzadahora! Suvozseoyóclaramente.Enesemismoinstante,unanubedecientosdemilesde avesmigratoriaspartióatodavelocidad,ocultandoelcielo.Laniñahabíasacadola cabezaentreGiovanniyCampanella,ytambiénmirabaconsushermosasmejillas encendidas. —¡Oh,cuántospájaros!¡Yquéhermosoestáelcielo!—dijoella,dirigiéndosea Giovanni. Pero este continuó observando en silencio, con los labios fruncidos mientraspensabaenloengreídayantipáticaqueera. Kaoru emitió un leve suspiro y volvió a su asiento sin decir nada más. Campanella,unpocoapenadoporella,retirósucabezadelaventanillaysepusoa consultarelmapa. —¿Quéestáhaciendoaquelseñor?—preguntólaniñaenvozbajaaCampanella. —Hace señales a las aves migratorias. Quizá en alguna parte lanzarán una bengala—contestóCampanellasindemasiadaseguridad. El vagón quedó en completo silencio. Giovanni se había cansado de estar asomado,peronoqueríaquenadielevieselacara,demodoqueseforzóacontinuar depie,talcomoestaba,ysepusoasilbar. «¿Porquémesientotaninfeliz?—pensó—.Debotenerelcorazónmáslimpioy abierto.Alláenlaorillaopuestaseveunpequeñofuego,brillandoazuladoentre brumas,¡parecetansilenciosoyfresco!Mirándolobienquizápuedaconseguirlapaz deespíritu».Giovanni,sujetándoselacabezaardienteentreambasmanos,continuó contemplándolo: «¡Ah! ¿No habrá nadie, nadie que pueda acompañarme para siempre?CuandoveoaCampanellacharlandoconesaniñaypasándolotanbien,me damucharabia».

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Capítulo12

DESDEELNUEVOMUNDO

Atravésdelaslágrimas,GiovannicontemplólaVíaLáctea,blanquecinayborrosa, comosisehubieradisueltoenladistancia. Eltrencomenzóaapartarsedelríoyacorrerporelbordedeunprecipicio.Enla orillaopuesta,otroprecipiciosehacíamásymásaltoamedidaqueavanzaban. Entoncesaparecióunagranplantademaíz.Bajolashojasrizadascrecíanhermosas mazorcasverdes,cuyosgranosparecíanperlas,coronadasporunpenachorojo.El número de plantas aumentó hasta formar una hilera entre el precipicio y la vía. CuandoGiovanniretirólacabezadelaventanillaymiróhaciaelladoopuesto,ante susojosserevelóunahermosallanuraqueseextendíahastaelhorizonte,cubiertade lasmismasplantasdemaízqueondeabanysusurrabanalviento.Losbordesdesus espléndidashojasrizadasestabancargadosdegotasderocíoque,comoimpregnadas desoldurantetodoeldía,brillabanverdesydetodosloscoloresigualquediamantes. —Aquelloesmaíz,¿no?—preguntóCampanellaaGiovanni,quien,sinlograr librarse de su mal humor, no apartó la vista de la pradera para contestar con brusquedad:

—Supongoquesí. Elsonidodeltrensefueatenuandoy,despuésdepasarvariasseñalesylucesde cambiodevía,sedetuvoenunapequeñaestación.Lapálidaesferadelrelojseñalaba lasegundahora.Ahoraqueeltrensehabíaparado,lapraderaestabaencompleto silencio;tansoloseoíaelpéndulodelrelojquemarcabaeltiempoconsupreciso tictac.Enlosintervalosdesilenciocomenzóaescucharsecasiimperceptibleuna melodíaquellegabadealgúnlugarmuylejano. —¡Oh,eslaSinfoníadelNuevoMundo!—dijolaniña,mirandohaciaellos,en vozmuybaja,comoparasímisma. Pero,enelvagón,tantoeljovenvestidodenegrocomotodoslosdemásparecían estarinmersosendulcessueños. «Enunlugartanagradableytranquilo,¿porquénoestoymáscontento?¿Porqué me siento tan solo? —volvió a preguntarse Giovanni—. También es cierto que Campanellasehaportadomal.Hatomadoeltrenconmigo,peroestátodoeltiempo hablandoconesaniña.¡Mesientotaninfeliz!». Conelrostromediocubiertoporlasmanos,miródenuevoporlaventanilla opuesta.Seescuchóunaflautadesonidoclarocomoelcristalyeltrensepuso suavementeenmarcha.Campanella,quetambiénparecíatriste,empezóasilbarla cancióndelasestrellas.

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—Desdeluego,estaesunamesetamuyalta—dijounhombremayor,conlavoz unpocoronca,comosiseacabasededespertar—.Elmaíztienequeplantarseen surcosdeunossesentacentímetrosdeprofundidadparaquepuedacrecer. —¿Ah,sí?Esoquieredecirqueestamosagranalturasobreelrío,¿no? —Asíes.Entreunosseiscientosymildoscientosmetros.Esuncañóninmenso. —¡Ah,claro!—pensóGiovanni—.EstodebedeserlamesetadelColorado. Laniña,queteníaasuhermanodormidosobreelregazo,estabaabsortaensus pensamientos,consusoscuraspupilasperdidasenlalejanía.Campanellasehabía puestodenuevoasilbarconairemelancólico.Elniñopequeñoestabaprofundamente dormidoysusmejillasteníanelcolordeunamanzanamaduraenvueltaenpapelde seda. Deprontoelmaízdesaparecióyantesuvistaseextendióunaenormellanura negra.DemásalládelhorizontelesllególaSinfoníadelNuevoMundoconcreciente nitidez.Yenestallanuranegra,unindiomontadosobreuncaballoblanco,conla cabezaadornadaconplumasyabaloriosdepiedraenelpechoylosbrazos,teníauna flechapreparadaparadispararensuarcomientrasgalopabaenlamismadirección queeltrenacampotraviesa. —¡Unindio!¡Mira,Kaoru,unindio!—exclamóelniño. Eljovenvestidodenegrotambiénsedespertó. GiovanniyCampanellasepusierondepie. —¡Vienecorriendohaciaaquí!¡Vienehaciaaquí!¿Nosestápersiguiendo?— preguntólaniñatrasobservaralindio,quehabíadesmontadoycorríahaciaellos. —No,noestásiguiendoeltren,sinocazandoodanzando—respondióeltutor,de pie,conlasmanosenlosbolsillos,comosihubieraolvidadodóndeestaban. Enrealidad,síquedabalaimpresióndequeestuvieraejecutandounadanza,ya quesuspasoserandemasiadocalculadosparaestarsolocorriendo.Derepente,se parótanenseco,quelasplumasblancassalieronlanzadashaciadelanteydisparósu arcohaciaelcielo.Entonces,unagrullacayódandotumbos.Elindiosepusoacorrer de nuevo con los brazos extendidos para atraparla. Luego se detuvo y sonrió satisfecho.Sufigura,quesosteníalagrullamirandohaciaellos,sefuehaciendomás ymáspequeña.Losaislantesdeunpardepostestelegráficosbrillaronuninstantey aparecióotraplantacióndemaíz. Giovannivioporlaventanillaqueeltrenmarchabaalolargodeunprecipicio muy,muyaltoyelrío,anchoyluminoso,corríaporelfondodelcañón. —Apartirdeahoraempezamosabajar—anuncióaquellavozdeanciano—.Lo quenoesfácil,considerandoquedeuntiróndescendemoshastaellechodelrío.Con unapendientetalnohaytrenesquepuedansubirendireccióncontraria.¿Veiscomo vamosmásrápido? Eltrenfuebajandoybajando.Cuandolavíaseacercabaalbordedelprecipicio,

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podían ver por un instante el brillante río. El estado de ánimo de Giovanni fue mejorando.Alpasaranteunapequeñacabaña,frentealacualestabadepieunniño pequeño,nopudocontenerungritodesaludo.Eltrencontinuósumarchaveloz.Los pasajeros,pegadosasusrespaldos,sesujetabanconfuerzaalosasientos. GiovanniintercambióunasonrisaespontáneaconCampanella.Prontocorrieron denuevoalladodelaVíaLáctea,cuyasaguasfluíanconmuchamásfuerzaque antes,lanzandoalgúndestello.Lasclavellinasrosapálidoflorecíandiseminadaspor laorilla.Porfin,eltrenaminorósumarchaycontinuóavanzandoconcalma.A ambosladosaparecieronbanderasconeldibujodeunaestrellayunpico. —¿Quéseránestasbanderas?—preguntóporfinGiovanni,intrigadoenextremo. —Notengoniidea.Enelmapanosalen.¡Anda!Tambiénhayunbarcodeacero. —¡Ah,escierto! —¿Noestaránconstruyendounpuente?—aventuróadecirlaniña. —Deveras,¡aquellaeslabanderadelCuerpodeIngenieros!Estánhaciendo prácticasdeconstruccióndepuentes,aunquenosepuedenversoldadosporninguna parte. En aquel momento, en la orilla opuesta, un poco más río abajo, las aguas invisiblesdelaVíaLácteacentellearonycongranestruendoselevantóunacolumna deagua. —¡Estándinamitando!—exclamóCampanella,saltandodealegría. Cuandocayólacolumnadeagua,grandessalmonesytruchasquedaronporun instantesuspendidosenelaireconsusblancosvientresbrillandoy,describiendoun arco,volvieronasumergirse.Giovannipodríahabersaltadodefelicidad. —EselCuerpodeIngenierosdelCielo.¿Quéosparececómolastruchashansido lanzadasalaire?Nohehechounviajetandivertidoenmivida.¡Esfantástico! —Seguroquedecercalasveríamosasídegrandes.Enestaaguadebedehaber montonesdepeces. —Tambiénviviránpecespequeños,¿no?—preguntólaniña,quesehabíadejado arrastrarporlaconversación. —Claroquesí.Sihaypecesgrandes,seguroquetambiénhabrápequeños.Pero nohemospodidoverlosporqueestábamosdemasiadolejos—contestóalegremente Giovanni,queyahabíadejadoatrássumalhumor. —¡MiradlospalaciosdeGéminis!—gritóelniño,señalandohaciaalgúnlugara travésdelaventanilla. Aladerecha,sobreunapequeñacolina,sealzabandospequeñospalaciosque parecíanconstruidosdecristalderoca. —¿QuéesestodelospalaciosdeGéminis? —Hacemuchotiempo,mimadresolíacontarmelahistoriadedospalaciosde cristalqueseelevabanunojuntoalotro.

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—¡Cuéntanosla!

—¡Yotambiénlasé!—intervinoelniño—.Lasestrellasgemelassalieronajugar

alapraderaysepelearonconuncuervo,¿aqueesasí?

—¡No,noesasí!MimadremecontóqueenlaorilladelaVíaLáctea…

—¡Ah,sí!Yentoncesunaestrellafugazseacercóatodavelocidadsilbando…

—¡No,tampocoesasí,Tadashi!Esoesotrocuento.

—Ahoraestaránallítocandolaflauta,¿no?¿O,quizá,enelmar?

—¡No,no!Yahanvueltodelmar.

—¡Ah,yameacuerdo!Voyacontaroslahistoria.

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Capítulo13

ELFUEGODELESCORPIÓN

Súbitamente,laorillaopuestadelríosetiñóderojo.Lossaucesytodolodemás quedaronsumergidosenunaprofundaoscuridadylasolasdeaguasinvisiblesdela VíaLáctealanzarondestellospúrpura.Unarojahogueralanzabasuhumonegrotan altoqueparecíaabrasarellejanocielocolorazulvioleta;susllamas,másclarasy rojasqueelrubí,máshermosasqueellirio,ardíancomoembriagadas. —¿Qué será aquel fuego? ¿Qué quemarán para lograr unas llamas rojas tan brillantes?—preguntóGiovanni. —EselfuegodelEscorpión—respondióCampanella,consultandodenuevoel mapa. —¡Ah,elfuegodelEscorpión!—exclamólaniña—.Yosélahistoria. —¿QuéeselfuegodelEscorpión?—preguntóGiovanni. —Elescorpiónsequemóhastamorir.Nuestropadrenoscontómuchasvecespor quétodavíasigueardiendo. —Elescorpiónesuninsecto,¿verdad? —Sí,esuninsecto.Unbueninsecto. —No,noescierto.Noesunbueninsecto.Unavezviunoconservadoenalcohol enunmuseo.Teníaunaguijónasídegrandeenlacolayelmaestronoscontóque,si tepicaba,morías. —Escierto.Pero,apesardeello,mipadremedijoqueeraunbueninsecto. Laniñacomenzósurelato. «Hace mucho tiempo, en cierto lugar remoto, vivía un escorpión que se alimentaba de pequeños insectos y otros animalitos. Un día, una comadreja lo encontróyseloquisocomer.Elescorpiónintentóhuircondesesperación,pero,al final,acorralado,cayóenunpozo.Apesardesusesfuerzos,nopudosaliryempezóa ahogarse.Enesemomentosepusoarezardelsiguientemodo:“¿Cuántasvidasde insectos habré tomado hasta ahora para subsistir? Y, ahora, al perseguirme la comadreja,hequeridoescapar,sinlograrsiquierasalvarmivida.¿Porquénohabré dejadoquemecapturarasinresistir?Quizáasíellahubierapodidovivirundíamás. Diosmío,miramicorazónynopermitasquemipróximavidasederrochedeeste modo.Hazquemicuerposeaútilalosdemás”.Aldeciresto,elescorpiónvioquesu cuerpocomenzabaaarderconunahermosallamarojaqueiluminabalaoscuridadde lanoche.Mipadredecíaquedesdeentoncescontinúaardiendoyasíseguirápor siempre.¡Seguroqueesaquellahoguera!». —¡Escierto!Mirad,allílasbalizasestáncolocadasexactamenteenformade

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escorpión. Giovannivioquealotroladodelagranhoguerahabíatresbalizascolocadas comolaspinzasdeunescorpiónycincomásenformadecolayaguijón.Elhermoso fuegoardíabrillanteyensilencio. Cuandolodejaronatrás,comenzaronaoírelsonidodediversosinstrumentos, conelquesemezclabanelperfumedelasfloressilvestresylasvocesycanciones lejanas de mucha gente. Parecía que en alguna ciudad cercana se estuvieran celebrandounasfiestas. —¡Centauro,hazcaerelrocío!—gritóderepenteelniñopequeño,quehasta entonceshabíaestadodurmiendoalladodeGiovanni,peroqueahoracontemplaba porlaventanillaopuestaunciprésounabetodecoradoconlucescomounárbolde Navidad;parecíacomosimilluciérnagassehubieranposadosobresusramas. —¡Anda,deverasqueestanocheeslaFiestadelasEstrellas! —¡Ah, sí! ¡Y este es el pueblo de la constelación de Centauro! —explicó enseguidaCampanella.

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Capítulo14

LACRUZDELSUR

—Pronto llegaremos a la Cruz del Sur. Preparaos para bajar —dijo el tutor, dirigiéndosealosdoshermanos. —Yovoyairunratomásentren—replicóelniño. Suhermana,sentadaalladodeCampanella,selevantóexcitadayempezóconlos preparativos,aunqueeraevidentequenoqueríasepararsedeGiovanniyCampanella. —Tenemosquebajaraquí—insistióeljoven,mirandoalniñoconloslabios fruncidos. —¡Noquiero!Quieroirunratomásentren. —Venidconnosotros.Connuestrobilletesepuedeiracualquierparte—dijo Giovanni,queyanopodíacontinuarcallado. —Pero no podemos. Aquí es donde se baja para ir al Cielo —dijo la niña tristemente. —¿YparaquétenéisqueiralCielo?Nuestromaestrodicequedebemosconstruir unlugarmejorqueelCieloallídondeestemos. —Tenemosqueirporqueallíestánuestramadre. —¡Esteesundiosfalso! —¡Eltuyosíqueesfalso! —¡No,noescierto! —Veamos,¿quéclasededioseseltuyo?—lepreguntóeljovensonriendo. —Nolosémuybien—dijoGiovanni—.Peroestoysegurodequeeselúnico verdadero. —Desdeluego,Diosverdaderohaysolouno. —Noquierodecireso.Quierodecir,elúnicoDiosverdadero. —PuesaestemismoDiosmerefieroyo.Yrezaréparaquepodamosvolvera encontrarnosconvosotrosensupresencia—dijoeljoven,juntandolasmanoscon fervor. Laniñaloimitó.Lostres,llenosdepenaporlapartida,sehabíanpuestopálidos. Giovannituvoquehacerungranesfuerzoporcontenerlaslágrimas. —¿Yahabéisterminadoconlospreparativos?ProntohabremosllegadoalaCruz delSur. Enesemomento,aparecióanteellos.Ríoabajo,sobrelasaguasdelaVíaLáctea quebrillabanconreflejosazules,anaranjadosydeotrosmuchoscolores,selevantaba unacruzluminosacomounárbolsolitario;ensupartesuperior,unanubepálida formabauncírculoparecidoaunhalo.

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En los vagones del tren se sintió una gran agitación. Igual que antes había ocurridoenlaCruzdelNorte,lospasajeros,bienerguidos,empezaronarezar.De todosladosllegabangritosdejúbiloquesemezclaronconprofundossuspirosde piedad.Pocoapocolacruzfueacercándosealasventanillas.Lanube,plateaday pálida como la pulpa de una manzana, giraba muy, muy despacio alrededor. «¡Aleluya,aleluya!»,sonaronclarasyalegreslasvocesunidas.Delcielofríoylejano llegóelsonidoclaroeindescriptiblementedulcedeunatrompeta.Eltrencruzóentre innumerablesseñalesyluces;fuereduciendosuvelocidadysedetuvofrenteala cruz. —Nosotrosbajamosaquí—dijoeljoven,tomandolamanodelniño,mientrassu hermanalearreglabaelcuellodelabrigo.Lostressedirigierondespaciohaciala salida,enelotroextremodelvagón. —Bueno,adiós—dijolaniña,volviendolacabezahaciaGiovanniyCampanella. —¡Adiós!—contestóGiovanniunpocobruscamenteyapuntodeponersea llorar. Laniñasevolviódenuevo,conlosojosagrandadosporlapena,ybajóen silencio. El tren, ya medio vacío, tenía un aspecto desolado y el viento soplaba librementeatravésdelosvagones. Almirarhaciafuera,vieronalagenteenfila,arrodilladapiadosamenteantela cruz, en la orilla de la Vía Láctea. Luego apareció una figura divina vestidade blanco,queseaproximóconlosbrazosabiertos,cruzandolasaguasinvisibles.Pero alsonarlaflautadecristal,eltrensepusodenuevoenmarchayunanieblaplateada quesubíaderíoabajoocultólaescena.Loúnicoquealcanzaronaverfueungran númerodenogalescuyashojasbrillabanatravésdelabruma.Entreellas,unaardilla eléctrica,conunauradorada,asomabasulindacarita. Lanieblasefuedisipandoyaparecióunacarreterabordeadaporunahilerade farolas.Duranteuntrechotranscurrióparalelaalavíadeltren.Cadavezquepasaban pordelantedeunafarola,estaseencendíayapagabaamododesaludo.Alvolverla cabeza,sefijaronenquelacruzsehabíahechotanpequeñaquepodríallevarse colgadasobreelpecho.Enlablancaorillayanopodíadistinguirsesilaniña,eljoven y los demás continuaban arrodillados en ella o si habían ido a algún otro lugar desconocido,alláenelCielo. Giovannisuspiró. —Campanella, nos hemos quedado solos de nuevo. Vamos a ir juntos hasta cualquier parte para siempre, ¿verdad que sí? ¿Sabes? Yo también, como el escorpión,podríadejarquemicuerpoardieracienvecessifueseparalafelicidadde todos. —Yosientolomismo—añadióCampanella,conlosojosbrillantesdelágrimas. —Pero¿quéeslafelicidad?—preguntóGiovanni.

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—Notengoniidea—respondiódistraído. —Campanella,vamosaserfuertes,¿verdad?—dijo,respirandoprofundamente conelcorazónllenodeunanuevafuerza. —¡Mira aquella nebulosa oscura! ¡Es un agujero en el cielo! —exclamó Campanella,apartándoseunpocodelaventanillamientrasseñalabahaciafuera. Almirar,Giovannisellevóunsustoterrible.EnunlugarcercadelaVíaLáctea seveíaunagujeronegro.Aunqueforzólavistahastaqueledolieronlosojos,no pudoveraquéprofundidadseencontrabasufondoniquéhabíaenél. —Amínomedaríaningúnmiedoentrarenesaenormeoscuridad—continuó,sin embargo—:Siesafindebuscarlaverdaderafelicidadparatodos,vayamosjuntos hastacualquierlugar,hastadondeseanecesario. —¡Sí,iremosjuntos!¡Oh,miraquélugartanhermoso!—exclamóCampanella, señalandoatravésdelaventanillahaciaunaradiantellanuraenlalejanía—.Todos estánallíreunidos.¡AquelloesrealmenteelCielo!¡Oh,tambiénestáallímimadre! Giovannisevolvió,perosolopudoverunanieblablanquecina,nadaparecidoalo descrito por Campanella. Lleno de una tristeza indescriptible, siguió mirando distraídamentehaciaallí.Enlaorillaopuestadelrío,dospostesdetelégrafoconlos rojostravesañosalineadosdabanlaimpresióndeirjuntosdelbrazo. —Campanella, vamos a seguir siempre juntos, ¿verdad? —propuso Giovanni volviendolacabeza,peroenelasientoyanohabíanadie.Campanellayanoestaba. Tansoloelterciopelobrillabaenellugarvacío. Giovanniselevantócomoempujadoporunresorte.Sacandolacabezaporla ventanillaparaquenolopudieravernioírnadieeneltren,sepusoagritarmientras segolpeabaelpechocontodassusfuerzas.Entonces,rompióallorarviolentamente. Leparecióquehabíaoscurecidoasualrededor.

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Capítulo15

ELPROFESOR

—¿Sepuedesaberporquélloras?Mirahaciaallí. Detrásdeéloyóunadulcevoz,parecidaaunvioloncelo,aquellavozquehabía escuchadotantasveces.Sorprendido,sesecólaslágrimasyvolviólacabeza.Enel asientodeCampanellaseencontrabaahoraunhombrederostropálido,cubiertocon ungransombreronegro,que,sonriendocongranamabilidad,sosteníaunviejolibro. —¿Dóndeestarátuamigo?Estanochesehaidorealmentemuylejos.Yaesinútil quebusquesaCampanella. —Pero¿porqué?Sihabíamosdichoqueiríamosjuntosparasiempre… —Yaveo.Todospensamoslomismo,aunquenoesposible.Cadaunodenosotros esunCampanella.Teencuentresconquienteencuentres,siempreseráalguienconel quehayascomidomanzanasoviajadoenelmismotren.Porlotanto,talcomotúhas dichoantes,lomejoresbuscarlaverdaderafelicidadparalosdemáseirareunirte conellosloantesposible.SoloallíesdondepodrásestarsiempreconCampanella. —¡Sí,esoquiero!Y¿cómopuedohacerlo? —¡Ah,yotambiénloestoyintentando!Tienesqueguardarbientubillete.Y estudiarcontodastusfuerzas.Túhasestudiadoquímica,¿verdad?Entoncessabrás queelaguaestácompuestadeoxígenoehidrógeno.Ahorayanadielodudaporque se puede comprobar experimentalmente. Pero, hace mucho tiempo, las teorías afirmabanqueestabaformadademercurioysal,odemercurioyazufre.Delmismo modo,cadaunodenosotroscreequesudioseselúnicoyverdadero,¿noescierto? Discutimosinterminablementesinllegarjamásaningunaconclusióny,aunasí,nos conmovemoshastalaslágrimasporcosasquehacenlaspersonasquecreenenun diosdistinto. »Si estudias y aprendes a distinguir lo cierto de lo falso, utilizando un buen método,tedaráscuentadeque,alfinal,lafeeslomismoquelaciencia.Mira,échale unaojeadaaestelibro.Esuntratadodegeografíaehistoria.Enestapáginase

describelageografíaylahistoriade2.200añosa.C.Fíjatebien,nocuentacómoera

enrealidad,sinocómolaveíalagentedeaquellostiempos.Porlotanto,tansoloesta página equivale a un volumen entero de geografía e historia. ¿Verdad que me entiendes?Yloquesedescribeenellaeraensumayoríaciertoenaquellaépoca.Si buscas un poco, podrás encontrar montones de pruebas que lo confirman. Pero empiezaaplanteartedudasyyaveráscuandopasesalapáginasiguiente.Enelaño

1.000a.C.,lageografíaylahistoriayahabíancambiadobastante,¿no?Ytambién

sondistintasacomoseconocenenlaactualidad.Peronopongascaradeextrañeza.

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Nuestroscuerpos,nuestrasideas,laVíaLáctea,estetren,lahistoria…solosoncomo sonporqueasílospercibimosnosotros.Ahora,trataderelajarteconmigo,¿estás listo? Elsabiolevantóundedoylovolvióabajarlentamente.EntoncesGiovannivio queélmismoysusideas,eltren,elsabio,laVíaLáctea…todosbrillabanalmismo tiempo,apagándoseluegoensilencioyvolviéndoseaencenderyapagar.Concada destellodeluzsedescubríaantesusojosunnuevomundo,juntoconunahistoria.Al apagarse,tansoloquedabaunenormevacío.Pocoapoco,lasimágenessesucedieron másymásrápidamente,hastaque,alfinal,todoquedócomoalprincipio. —¿Quéteparece?Conesteexperimentohaspodidorecorrertodalacolecciónde episodioshistóricosdesdeelprincipiohastaelfinal,queeslomásdifícil.Aunque, desdeluego,cadaunodeellosesimportanteporsímismo. Entonces, más allá del negro horizonte, una bengala se elevó en el cielo y convirtióporuninstantelanocheendía,detalmodoquehastaelinteriordeltrense iluminó. —¡Oh,aquelloeslanebulosadeMagallanes!Deaquíenadelantevoyabuscarla verdaderafelicidadparamímismo,paramimadre,paraCampanella,paratodos— decidióGiovanni,levantándosecondeterminaciónylamiradafijaenlanebulosa. —Guardabientubillete.Apartirdeahorayanoestásenuntrendesueños. Tienesqueandarconpasofirmeatravésdelfuegoydelasbravíasolasdelmundo. Peronopierdasjamásestebillete.¡EslaúnicacosarealdeesteviajeporlaVía Láctea! Apenashabíadejadodeoíraquellavozparecidaaunvioloncelo,laVíaLáctea quedómuylejos.Elvientosoplaba.Giovanniseencontródepiesobrelahierbadela colinayescuchólospasosdelsabioVulcanilo,queseacercaba. —Muchas gracias, ha sido un experimento muy interesante. En un lugar tan tranquilocomoesteheestadopensandoquemegustaríatransmitirmispensamientos atodalagente.Todastuspalabrasestánescritasenmilibrodenotas.Bueno,vuelvea casaydescansa.Ysigueelcaminorectoquehaselegidoenestesueño.Deahoraen adelantepuedesveniraconsultarmesiemprequelonecesites. —Jamásmeapartarédeestecaminoysiemprebuscarélaverdaderafelicidad— prometióGiovanni. —Bueno,hastalavista.Aquítieneselbillete. Elsabiopusoensubolsillounpequeñopapelverdedobladoysufiguraseperdió devistamásalládelaColumnadelosDeseos.

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Capítulo16

ELPUENTE

Giovanniabriólosojos.Entoncescomprendióque,debidoalcansancio,sehabía quedadodormidosobrelahierbadelacolina.Sentíaqueelpecholeardíadeun modoextrañoyqueunaslágrimasfríaslecorríanporlasmejillas. Selevantódeunsalto.Abajo,alolejos,sepodíaverelpuebloiluminado,todavía másbrillantequeantes.LaVíaLácteadesusueñoseextendíaahorahaciaelsur, blanquecinaeindefinida,sobreelhorizonte.Aladerecha,elEscorpiónresplandecía consuhermosaluzrojaylaposicióndelasestrellasenelcielohabíavariado. Bajó la colina corriendo velozmente. Pensó conmovido en su madre, que lo estaríaesperandosinhabercenadotodavía.Cruzóelnegrobosquedepinosatoda prisay,trasbordearlacercadelagranja,prontollegóalaentradadeloscuroestablo. Parecíaqueyahubieraregresadoalguien,puestoquehabíauncarrocargadocon dosbarrilesqueantesnoestaba. —¡Buenasnoches!—saludóGiovanni. —¡Yavoy! Prontoaparecióunhombrevestidoconunosgruesospantalonesblancos. —¿Quétetraeporaquí? —Hoynohanllevadolecheamicasa. —¡Ah,losientomucho!—sedisculpó.Entróalestabloyvolvióconunabotella delechequeentregóaGiovanni—.Deverasquelolamento.Estatardenomedi cuentaydejélapuertadelacercaabierta,yeldiablilloestesebebiólamitaddela lechedesumadre—explicóriéndose. —¿Ah,sí?Bueno,muchasgracias. —Denadayperdona. —Noimporta—contestóGiovanniy,sujetandolabotelladelecheaúntibiacon ambasmanos,cruzólacercadelagranja. Trasrecorrerunacallejuelabordeadadeárboles,saliólacalleprincipal.Siguió caminandoy,enelcruce,doblóhacialaderecha.Desdeallívislumbróelgranpuente donde antes Campanella y sus amigos habían ido a echar farolillos al río, que aparecíabrumosoenlatranquilanoche.Enlasesquinasdelcruceyfrentealas tiendas,gruposdemujereshablabanenvozbajamirandohaciaelpuente,sobreel quehabíaungrannúmerodelucesencendidas. AGiovannilediounvuelcoelcorazón. —¿Quéhaocurrido?—preguntógritandoaalguienqueestabaporallícerca. —Unniñohacaídoalrío—contestó.

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Todossevolvieronamirarlo. Fueradesí,saliócorriendohaciaelpuente.Sobreélseapiñabatantagentequeno sepodíaverelrío.Tambiénhabíaunpolicíaenuniformeblanco.Alllegaraunode susextremos,bajóagrandessaltoshastalaorilla,queinnumerableslucesrecorrían de arriba abajo. En el lado opuesto, siete u ocho lámparas se movían entre la oscuridad.Elrío,enelqueyanoquedabanfarolillos,discurríagrisytranquilocon unlevemurmullo.Enellugarmásalejadodellecho,sobrealgoqueparecíaunbanco dearena,seveíanlassombrasnegrasdeungrupodegente.Giovannisaliódisparado haciaallí.SeencontróconMarceau,queanteshabíaestadoconCampanella. —¡Giovanni,Campanellasehacaídoalrío!—dijoMarceau,queveníacorriendo haciaél. —¿Cómohaocurrido?¿Cuándo? —Zanellitratabadeecharunfarolilloalacorriente,cuandoelbotesebalanceóy cayóalrío.EnseguidaCampanellasaltóalaguatrasélyloempujóhaciaelbote. ZanellisesujetóaKato,peroyanoseveíaaCampanellaporningunaparte. —Todosloestánbuscando,¿verdad? —Sí,vinieronenseguida.TambiénllegóelpadredeCampanella…perotodavía nolohanencontrado.YahanacompañadoaZanelliacasa. Giovannisedirigióhaciadondeestabantodosreunidos.ElpadredeCampanella, conlatezpálida,lamandíbulaapretadayelrelojenlamano,noapartabalavistadel río.Asualrededorsehabíanagrupadounoscolegialesyalgunagentedelbarrio. Todosmirabanelaguasindecirpalabra.AGiovanniletemblabanlaspiernas violentamente.Ungrannúmerodelámparasdeacetileno,delasqueseutilizanpara pescar,recorríansincesarlacorrienteiluminandolaspequeñasolasnegras.Más abajo,laVíaLácteasereflejabaentodalasuperficiedelrío,demodoquedabala impresióndeserlacontinuacióndelcielo. TodosparecíanconvencidosdequeCampanellasurgiríaentrelasolasdiciendo:

«¡Vaya, menudo chapuzón!», o quizá estaría de pie sobre un banco de arena, esperandoaquellegaraalguien.Giovannicomprendióqueelúnicositiodondelo podríanencontrareraenelextremodeaquellaVíaLáctea. Derepente,elpadredeCampanelladijoconresolución:

—Yanohaynadaquehacer.Hanpasadocuarentaycincominutosdesdeque

cayóalagua.

Giovanni,sinpensar,seacercócorriendoydepie,frentealdoctor,quisodecirle:

«¡YosédóndeestáCampanella!¡Hemosestadojuntos!»,peroselehizounnudoen

lagarganta.

ElpadredeCampanella,creyendoquesehabíaacercadoasaludarlo,loobservó

fijamente:

—¿TúeresGiovanni,verdad?Muchasgraciasportuayudaestanoche—habló

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conamabilidad. Giovanni,incapazdedecirnada,lehizounareverenciaensilencio. —¿Yahavueltotupadreacasa?—preguntóaúnaferradoalreloj. —Todavíano—respondióconunligeromovimientodecabeza. —¡Quéextraño!Anteayerrecibínoticiasmuyalentadorasdeél.Teníaquehaber llegadomásomenoshoy.¿Sehabráretrasadoelbarco?Mañana,despuésdeclase, venavermeconlosdemás. Mientrasdecíaesto,mirabafijamenteellugar,ríoabajo,dondesereflejabalaVía Láctea. Giovanni, con el corazón rebosante de emociones, se separó del doctor en silencio.Queríadecirleasumadrecuantoantesqueprontoibaavolversupadre,por loque,sujetandolabotelladeleche,empezóacorrercontodassusfuerzasporel lechodelríoendirecciónacasa.

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MATASABURO,ELGENIODELVIENTO

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Unodeseptiembre

Dodo-dodo,dodo-dodo,

arrastralasnuecesverdes

ylasmanzanassilvestres.

Dodo-dodo,dodo-dodo…

Alaorilladeuntorrentehabíaunaescuela.Soloteníaunaula,aunquehabíaalumnos desdeprimerohastasextodeprimaria.Elpatiodelrecreoeramásomenosdel tamaño de una pista de tenis y detrás de él se levantaba una colina poblada de castañosdondecrecíanlashierbas.Enunaesquinadelcampobrotabaaguafrescapor lagrietadeunaroca. Eraunaplácidamañanadeseptiembre.Elvientosoplabaatravésdelcieloazuly elsoliluminabaelcampodepleno.Dosniñosdeprimero,vestidosconlosamplios pantalones que se llevan bajo el quimono, llegaron caminando por la orilla del torrente. —¡Anda,sisomoslosprimeros!—repitieronalverquetodavíanohabíallegado ningunodesuscompañeros. Almirarporlaventanahaciaelinteriordelaula,seenderezaronsobresaltadose intercambiaronmiradastemerosas.Unodeellosseechóallorar.Larazóndeeste desconciertoeraunextrañoniñodepelorojizo,instaladoenunpupitredelaprimera fila.Elpequeñodesconocidoestabasentadoconpulcritudprecisamenteenelsitiodel niñoqueestaballorando.Elotrocasiloimitó,pero,haciendounesfuerzo,abrióbien losojosylanzóunamiradahostilalinvasor.Enesemomentooyeronunosgritosque llegabanderíoarriba. —¡Eeeh,eh,eh,eh!… EntoncesaparecióKasuke,queconsuquimonooscuroparecíaunenormecuervo, aferrandoconfuerzalacarteraycorriendoentrerisasendirecciónalpatiodelrecreo. EnunabrirycerrardeojostambiénllegaronSasukeyKosuke. —¿Porquélloras?¿Quétepasa?—indagóKasuke,pasándoleelbrazoporlos hombrosparaconsolarlo,aunqueterminóllorandoalágrimaviva.

Sincomprendernada,Kasukeobservóasualrededoryvioalextrañoniñodepelo rojizosentadoenelaulaencompletosilencio.Todossequedaroncallados.Pocoa pocoseformóuncorro,alquetambiénseunieronlasniñas.Perocontinuabasinoírse niunapalabra.Elintrusopermanecíasentadoenlamismaposiciónsininmutarse, mirando fijamente la pizarra. Entonces llegó Ichiro, de sexto curso, caminando despacioyagrandespasoscomosifueraunadulto.Mirandohaciadondeestaban

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todos,preguntó:

—¿Quépasaaquí? Todossepusieronahablaralmismotiempo,mientrasseñalabanaldesconocido sentadoenelaula.Ichirolelanzóunabreveojeaday,sujetandobienlacartera,se acercórápidamentehacialaventana.Suscompañeroslosiguieron. —¿Sepuedesaberquiénsehaatrevidoaentrarenelaulaantesdelahora?—dijo Ichiro,encaramándoseporlaventanahaciaelinteriordelaula. —¿Nosabesquecuandohacebuentiemponosepuedeentrarantesdelahora porquesinoteregañaelmaestro?—gritóKasukeporlaventana—.Siseenoja,yate apañarás. —¡Eh,salenseguida!¿Meoyes?—añadióIchiro. Elniñodepelorojizoempezóamirarasualrededor,perocontinuósentadocon lasmanoscruzadassobreelregazo.Suaspectoeramuyraro.Llevabaunaamplia chaquetagris,unospantalonescortosblancosybotasdecuerorojizo.Teníalacara roja como una manzana madura y unos enormes ojos negros. Ichiro se quedó pensativo,imaginandoquenolohabíaentendido. —Esteesextranjero—dijo. —Parecequeestudiaráennuestraescuela—agregóotro. Denuevotodoscomenzaronahablaralmismotiempo,organizandounagran confusión. —¡Queentrenaclaselosdetercero!—gritóderepenteIchiro,desextocurso. Losmáspequeñosloobedecieron,peroIchiropermaneciócalladoypensativo.El reciénllegadocontinuabainmóvilenelmismolugar,aunquedabalaimpresiónde estarunpocosorprendido.Enesemomentoselevantóunfuertevientoquehizo temblarloscristales.Lasaltashierbasyloscastañosdelacolinasebalancearoncon unextrañobrillopálido.Elniñosentadoenlaclaseporfinserioycomenzóa moverse. —¡Ah,yaentiendo!EsteesMatasaburo,elgeniodelviento—seapresuróadecir Kasuke. Losdemáshabíancomenzadoyasuscomentariosdeaprobacióncuandoseoyóla vozdeGoro,quellegabadeatrásdeellos. —¡Quemehacesdaño!—gritaba. Todos volvieron la cabeza hacia donde venían los gritos. Kosuke le estaba pisandolosdedosdeunpieaGoroyeste,enfurecido,lepegaba. —Conque quieres pelea, ¿eh? —gritó a su vez Kosuke, también furioso, disponiéndoseadevolverleelgolpe. Goro, con la cara llena de lágrimas, se lanzó sobre él. Entonces Ichiro se interpusoentresuscompañeros. —Sicontinuáispeleandoasí,vaasalirelmaestro…—empezóadecir,perose

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quedóboquiabiertoalverqueelpequeñointrusoyanoestabaenelaula.

Ichirosequedócomosiselehubieraescapadoelpotroconelquejugabaocomosi elpájaroreciénatrapadohuyesevolando.Denuevosoplóelfuerteviento,quehizo temblarlasventanas.Lasaltashierbasdelamontañacomenzaronaformarolas plateadasquesubieronríoarriba. —¿Veis?ConlapeleahabéishechodesapareceraMatasaburo—dijoenojado Kasuke. Todosparecieronestardeacuerdoconél.Goro,arrepentido,hastaseolvidódel dolorenelpieysequedólevantado,tristeyconloshombrosencogidos. —SindudaeraMatasaburo. —Usabazapatos… —…ytambiénropaoccidental… —¡Quéchicotanraro,conelpelorojizo! —¡Anda!Matasaburohadejadounaspiedrasencimademipupitre—exclamóun niñodesegundo. Efectivamente,sobrelamaderahabíaunosguijarrospolvorientos. —¡Esverdad!¡Mirad,tambiénharotoaquelcristal! —Noescierto.LorompióKoichiantesdelasvacaciones. —¡Eh,noesverdad!—protestóelaludido,aunquesunegativasonótansoloa excusa. Porfin,elmaestroaparecióenlapuerta.Llevabaunbrillantesilbatoenlamano derechayhacíaseñasalosniñosparaquesepusieranenfila.Loseguíaelpequeño desconocidoconpasoligerocomosifueraelpajequellevalacoladelrey.Todosse quedaronensilencio. —¡Buenosdías,maestro!—saludóporfinIchiro. Enseguidatodosloimitaron. —Buenos días, muchachos. Veo que a todos os han sentado muy bien las vacaciones.Bien,poneosenfila. Cuandoterminódehablar,soplóconfuerzaelsilbato,cuyosonidocruzóelvalle hastalasmontañas,quedevolvieronunecosordo.Talcomolosolíanhacerantesde vacaciones,losalumnossealinearonporordendecurso,precedidosporlosmás pequeños.

Elextrañoreciénllegadocontinuabadepiedetrásdelmaestro,mirandofijamentea

losdemásconunaexpresiónentredivertidayextrañada.Entonces,elmaestroseñaló

haciadelante,dondeestabanlosalumnosdecuarto.

—Takada,colócateallí,porfavor—ledijo,acompañándolohastalafila.

Trascompararsualtura,losituódetrásdeKasuke.Todosvolvieronlacabezacon

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curiosidad. —Poneosenfila,mirandohaciadelante—indicóelmaestro,quehabíaregresado alapuertadeentrada. Los alumnos obedecieron al instante, aunque todavía estaban pendientes del reciénllegadoyvolvíanlacabezadevezencuandoparaecharlemiradasfugaces.Al parecer,estabaacostumbradoaponerseenfila,puesallíestaba,tantranquilo,conlos brazosextendidoshaciadelantedemodoquelaspuntasdesusdedoscasitocabanla espaldadeKasuke,quienempezóasentirunaespeciedecosquilleoyamoverse nerviosamente. —Bajadlosbrazosyavanzadenorden,comenzandoporlosdeprimero—dijoel maestro. Losdeprimercursosepusieronenmarchaylossiguieronlosdesegundo.Pronto lafilafuegirandohacialaderecha,endirecciónalaestanteríaparadejarelcalzado. Cuandocomenzóamoverseelgrupodecuarto,elreciénllegadoavanzódetrásde Kasukecongrandignidad.Losniñosqueloprecedíanenlafilaavecessevolvían paramirarloylosqueibandetrásteníanlavistafijaenél. Enuninstante,todoshabíandepositadolassandaliasdemaderaenlaestanteríay entrabanenelaula.Sinromperlafila,sesentaronporordenensusrespectivos pupitres. A Matasaburo le tocó detrás de Kasuke. Pronto se organizó un gran alboroto. —¡Estenoesmipupitre! —¡Oh,enelmíohayunaspiedras! —¡Anda,semeolvidóellibrodecalificaciones! —¡Puesamíellápiz!Préstameuno. —¡Pero si no tengo más! ¡Eh, deja mi cuaderno! —protestó uno cuando su compañeroseloarrebató. En aquel momento llegó el maestro y todos, en medio de aquel revuelo, se pusierondepie.Algrito«¡Saludo!»deIchiro,todoshicieronunareverenciayla clasequedóuninstanteencompletosilencio.Sinembargo,enunabrirycerrarde ojosyaestabanalborotandodenuevo. —¡Silencio!Silencio,muchachos. —Shhhh…¡Callaosya!—repitióIchirodesdeelfondo. Cuandoporfinsecalmaron,elmaestrocomenzóahablar:

—Supongoquehabréisdisfrutadodelasvacacionesdeverano,nadando,jugando enelbosqueyacompañandoavuestroshermanosmayoresacortarhierba.Peroel descansohaterminado.Apartirdeahoracomienzaeltrimestredeotoño,laépocadel añoenqueelcuerpoestámásfuerteyesmásfácilestudiar.Porlotanto,apartirde hoyhagamosun esfuerzoporaprender elmáximodetodosjuntos.Apropósito, duranteestasvacacioneshallegadounnuevocompañero.SetratadeTakada,quehoy

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estáaquíconnosotros.Supadre,porrazonesdetrabajo,sehatrasladadoalapradera alta,ríoarriba.TakadaestabaestudiandoenHokkaido,peroapartirdeahoralohará convosotros.Asíque,tantoenlosestudioscomocuandovayáisabuscarcastañasoa pescar, deberéis invitarlo a que os acompañe. ¿Habéis entendido? Quien haya entendidoquelevantelamano. Enseguidatodoslalevantaron.TambiénTakadaalzólasuyaconentusiasmo,por loqueelmaestroseriounpocoydijoalaclase:

—Veoquehabéisentendido.Muybien. Kasukelevantódenuevolamano. —¡Maestro! —Sí,dime…—respondió,señalandohaciaél. —¿CómosellamaTakadadenombre? —Saburo,SaburoTakada. —¡Anda, qué divertido! ¡Pues claro que es Matasaburo! —gritó alborozado Kasuke,palmoteandoensupupitre. Losmayoresestallaronenunagranrisotada,perolosmáspequeñossequedaron callados,concarademiedo.Elmaestrosedirigióalaclasedenuevo:

—¿Habéis traído los libros de calificaciones y los deberes? Pues colocadlos encimadevuestrospupitres,quelosrecogeréahora.

Todosabrieronlascarterasodesataronlospañosdeenvolver,sacaronloslibrosde calificacionesyloscuadernosdedeberes,ehicieroncomoleshabíaindicadoel maestro, quien comenzó a recogerlos por orden, empezando por los alumnos de primero. Derepente,loscolegialessequedaroninmóvilesporlasorpresa.Larazóndel desconciertogeneraleraunadultoqueestabadepie,alfondodelaclase.Vestíaun ampliotrajedelinoblancoyenlugardecorbatallevabaunpañuelodesedanegra atadoalcuello.Enlamanososteníaunabanicoconelque,decuandoencuando,se abanicabaelrostro,esbozandounalevesonrisa. Pocoapoco,laclasequedóenuntensosilencio.Elmaestro,alquenopareció sorprenderleelreciénllegado,continuórecogiendoloscuadernos.Llegóalasientode Saburo,peroestenoteníanadasobresupupitreexceptosusbrazosextendidos,con lospuñoscerradoscomosiguardaraalgunacosaenlasmanos.Pasódelargoy continuórecorriendolaclaseensilenciohastaquetuvotodosloscuadernosenlas manosy,ordenándolos,regresóalatarima. —Elpróximosábadoosdevolverélosdeberescorregidos.Losquenoloshayáis traídohoynoolvidéishacerlomañana.Etsuji,Koji,Ryosaku,estovaporvosotros… Bueno,porhoyhemosterminado.Apartirdemañanatendremosclasecomode costumbre. Ahora, los alumnos de quinto y sexto se quedarán a limpiar el aula

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conmigo. Ichirodioeltoquedeatención,aloquetodossepusieronenpie.Cuandogritó «¡Saludo!», toda la clase hizo una reverencia. También el adulto hizo una leve inclinación de cabeza. Enseguida, los más pequeños salieron del aula a toda velocidad, pero los de tercero y cuarto se quedaron remoloneando y vieron que Saburosereuníaconelhombrevestidodeblanco. Elmaestrobajódelatarimaysedirigióalvisitante,quelosaludócortésmente. —ProntoSaburotendrámuchosamigos—dijo,trasdevolverleelsaludo. Despuésdeintercambiarunasfrasesdecortesía,elhombrehizounaseñalconla vistaaSaburoyambossalierondelaula.Elniñoavanzóenmediodetodosconlos ojosfijosalfrenteyensilencio,conlamayordignidad.Amboscruzaronelportalde entrada,elcampodedeportesyseencaminaronríoarriba.Cuandodejaronatrásel campodedeportes,Saburovolviólacabezaylanzóunamiradahostilalaescuelaya suscompañeros,peroalinstanteseapresuróaseguiralhombredeltrajeblanco. —Maestro, ¿aquel señor es el padre de Takada? —preguntó Ichiro, con una escobaenlasmanos.Antelarespuestaafirmativa,continuóindagando—:¿Porqué hanvenidoaquí? —Parecequeenlapraderaaltahandescubiertounyacimientodemolibdenoy ahoracomenzaránaexcavar… —¿Ah,sí?¿Ydóndehasidoeso? —Noloséexactamente,perocreoqueríoarriba,unpocomásalládedonde soléisllevarloscaballos. —¿Paraquésirveelmolibdeno? —Puesparahaceraleacionesconhierroyfabricarproductosquímicos. —¿TambiénvaatrabajarenlaminaMatasaburo? —NosellamaMatasaburo;sellamaSaburoTakada—corrigióSataro. —¡Matasaburo,Matasaburo!—replicódesafianteKasuke,conlacaraencendida. —Kasuke,comocontinúesporaquí,nosvasatenerqueayudaralimpiar— amenazóIchiro. —¡Oh,no!Nipensarlo.Hoyostocaalosdequintoysexto—protestóKasuke, quesalióatodaprisaydesaparecióenunabrirycerrardeojos. Sevolvióalevantarelviento.Loscristalescomenzaronatemblaryenelcubode aguadondehabíanenjuagadoeltrapodelimpiezaseformaronpequeñasolasnegras.

Dosdeseptiembre

Aldíasiguiente,Ichirosemoríaporsabersiaquelextrañoniñoiríadeverdadala

escuelaytendríaqueleerlibroscomolosdemás,porloquesaliórápidamentedesu

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casayfuearecogeraKasuke.Peroeste,quetodavíateníamásprisaqueél,había desayunadoatodavelocidad,recogidosuslibrosyyaloestabaesperando. Por el camino fueron hablando sobre su nuevo compañero y, antes de que pudierandarsecuenta,yahabíanllegadoalaescuela.Enelcampodedeportes,siete uochoniñospequeñosjugabanalescondite,peroelobjetodesucuriosidadtodavía nohabíallegado.Pensandoquetalvezestabaenelaulacomoeldíaanterior,echaron unaojeadaatravésdelaventana,perolahabitaciónestabadesiertayencompleto silencio.Lashuellasyasecasdeltrapoconelqueayerhabíanlimpiadolapizarra formabantenuesnubes.

—Todavíanohallegado—dijoIchiro. —Mmm…,esoparece—respondióKasuke,echandounamiradaasualrededor. Ichirosedirigióaunabarradeejerciciosescalonadaytrepóhastaelextremo derecho,elmásalto,comosifueseunaserpiente.Allísequedóesperandosentado, mirandofijamenteenladirecciónpordondehabíadesaparecidoMatasaburoeldía anterior. El río corría por el valle como un hilo brillante en las laderas de las montañas.Parecíaquesoplaraelvientoporlasolasblanquecinasqueformabanlas altashierbas.TambiénKasuke,depiebajolabarra,aguardabamirandoenlamisma dirección.Sinembargo,notuvieronqueesperarmuchorato.Derepente,apareció Matasaburocorriendoporelcaminodelaribera,conlacarteragrisbajoelbrazo. «¡Allíestá!»ibaagritarIchiroaKasuke,queesperababajoelposte,cuando Matasaburoyahabíabordeadolaorilladelríoyseacercabaalapuertadelaescuela. —¡Buenosdías!—dijoconvozclara. Amboslomiraronalmismotiempo,peronolessalióningunapalabra. Los niños, que siempre saludaban cortésmente al maestro, no estaban acostumbradosausarestasexpresionesentreellos.Sorprendidosporelsaludode Matasaburo,selestrabólalenguaynoacertaronsinoaresponderconunbalbuceo. EstonopareciópreocupardemasiadoaMatasaburo,que,trasavanzardosotres pasos,sedetuvoyrecorrióelcampodedeportesconlavista,comosibuscasealguien con quien jugar. Los compañeros, un poco incómodos por su mirada fija, se enfrascaron más en sus juegos y nadie hizo ademán de acercarse a él. Por un momento,Matasaburosequedódepie,comosinosupieraquéhacer,peropronto echó una ojeada al campo de deportes y lo cruzó a grandes pasos, como si los estuvieracontando,ysedirigióenlínearectaalaentradadelaescuela.

IchiroseapresuróabajardelasbarrasyareunirseconKasuke.Ambossepusierona

observarconatenciónlosmovimientosdeMatasaburo.Cuandoestellegóalapuerta,

volviólavistaatrásysequedóuninstanteconlacabezainclinada,comosihicieraun

cálculo.Todosloobservabanconatención.Algocompungido,cruzólasmanospor

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detrásypasóantelasalademaestrosendirecciónalrío. Entonces,selevantóunfuertevientoquehizosusurrarlasaltashierbasdela riberaalmoversecomoolas.Elpolvodelcentrodelpatiodelrecreosealzóenuna nubehastalapuertadelaescuelayformóuntorbellinoamarilloenformadebotella invertida,quevolóhastamásarribadeltejado. —¡DeverasqueesMatasaburo!Cadavezquehacealgo,seponeasoplarel viento—gritóKasuke. Ichiro,queparecíanoentenderloquesucedía,sequedómirandoensilencio. Matasaburo,sindarseporaludido,continuócaminandoconpasoligeroendirección alaorilla.Enaquelmomentoaparecióelmaestroporlapuerta,llevandounsilbato comodecostumbre. —Buenosdías,muchachos—respondióytrasrecorrerelcampodedeportescon lamirada,tocóelsilbatoydioordenalosniñosdecolocarseenfila. Todossealinearonyrepitieronlamismaoperaciónqueeldíaanterior.También Matasaburo se colocó en el lugar asignado. El maestro parecía estar un poco deslumbradoporelsol,quecaíaperpendicularsobreelcampo,perofuedandolas instruccionesoportunashastaquetodosestuvieronensusrespectivospuestos. Traselsaludo,sedirigióasusalumnos. —Bueno,chicos,apartirdehoycomienzanlasclases.Todoshabéistraídoel materialescolar,¿no?Losdeprimeroysegundo,sacadellibrodecaligrafía,la planchadepiedraparahacertintachinayelpapel;losdeterceroycuarto,ellibrode cálculo,elcuadernoyellápiz;ylosdequintoysexto,ellibrodelenguajaponesa. Entodaelaulaselevantóungranrevuelo.Sataro,alladodeMatasaburo,lequitó ellápizasuhermanamenorKayo,detercero,sentadafrenteaél. —¡Milápiz!¡Mehaquitadoellápiz!—gritóKayoyselanzósobreélpara recuperarlo. —Estelápizesmío. Diciendoesto,Sataroselometióporlaescotaduradelquimono.Comounchino quefueraahacerunareverencia,cruzólosbrazosconcadamanodentrodelamanga opuestaypegóelpechoalpupitre. —No es cierto. El tuyo lo perdiste ayer en la cabaña. ¡Devuélvemelo ahora mismo! PeseaqueKayoluchócontodassusfuerzaspararescatarsulápiz,nologrósu objetivo. Sataro permanecía inmóvil en la misma posición, como el fósil de un cangrejo.PorfinKayo,viendoquesusesfuerzosresultabaninútiles,sequedódepie y,conlabocamuyabierta,sepusoalloraralágrimaviva. Matasaburo,queteníaellibrodelenguajaponesaabiertosobresupupitre,se quedó mirando con preocupación a la niña, por cuyas mejillas rodaban enormes lágrimas.Ensilencio,colocósulápiz,delquesoloquedabalamitad,antelosojosde

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Sataro. —¿Melodas?—preguntó. Vaciló un instante, pero enseguida inclinó la cabeza para afirmar. Entonces, Satarosonrió,sacóellápizdelaescotaduradelquimonoylodepositóenlamanita sonrosadadeKayo. Elmaestroestabaocupadoañadiendoaguaalasplanchasdepiedraparahacer tintachinaypreparandolaleccióndecaligrafíadeprimero,porloquenosedio cuentadelosucedido.PeroIchiro,quelohabíavistotododesdesuasientodelfondo delaula,sellenódeindignación. —Bien,antesdeldescanso,losdeterceropodéisintentarresolverestaresta. Mientrasdecíaesto,escribióunejercicioenlapizarra,quelosalumnosdeeste cursoseapresuraronacopiarensuscuadernos.TambiénKayo,conlacarapegadaal suyo,sedispusoahacerlaoperación. —Losdecuartohacedestamultiplicación—continuódiciendomientrasescribía lascifrasenlapizarra. Todoslosniñosdecuarto,empezandoporSataro,YoshizoyKosuke,sepusieron manosalaobra. —Losdequintoabridvuestrolibrodelecturaenlapágina…ycomenzadaleer ensilencio.Loscaracteresquenoentendáislosanotáisenvuestroscuadernos. Tambiénlosniñosdequintohicieronloquelesindicóelmaestro. —Ichiro,repasalapágina…yhazunresumendeloscaracteresquenosepas. Cuandohuboterminadodedarestasinstrucciones,elmaestrodescendiódela tarimayfuemirandodeunoenunolosejerciciosdecaligrafíadelosmáspequeños. Mientrastanto,Matasaburo,consulibroabiertoconpulcritudsobrelamesaleyóde untiróneltextoynoanotóniunsolocarácterensucuaderno.Aunquelacuestiónes sinolohizoporconocerlostodosoporquehabíaregaladosuúnicolápizaSataro. Entonces el maestro volvió a la tarima, escribió en la pizarra la solución delas cuentasparalosalumnosdeterceroycuarto,añadióotrasnuevasyluegoempezóa anotarloscaracteresquenohabíanentendidolosniñosdequinto. —Bien,Kasuke,leeestetexto—dijo. Seatascódosotresveces,pero,finalmente,acabódeleerelfragmentoindicado. Matasaburoescuchabaatentamente.Tambiénelmaestroloseguíaconsulibro.Al cabodediezlíneaslointerrumpió. —Yaessuficiente—dijo,ycontinuóleyendoélmismo. Cuandotodoshubieronleído,elmaestrocomenzóarecorrerlaclasemientras dabainstruccionesparaqueloscolegialesguardaranelmaterialescolar. —Vamosatomarundescanso—dijodesdeloaltodelatarima. Losniñossaludaronalmaestro,salieronenordendelaulaysepusieronajugar en pequeños grupos. Durante la segunda hora, todos, desde primero hasta sexto,

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tuvieronclasedemúsica.Cantaronunascincocanciones,queelmaestroacompañó conlamandolina.Matasaburolassabíatodas,porloquecantójuntoalosdemássin problemas. Antes de que se hubieran podido dar cuenta, ya había finalizado la lección.Enlatercerahora,losdeterceroycuartoañoaprendieronlenguajaponesa;y losdequintoysexto,cálculo.Igualquelohabíahechoanteriormente,elmaestro escribiólasoperacionesenlapizarra.Alcabodeunrato,letocóaIchirosalira resolverlasoperaciones,ocasiónqueaprovechóparaecharunamiradaaMatasaburo, quienlashabíaescritoengrandesnúmerosconunpedacitodecarbón.

Cuatrodeseptiembre,domingo

Alamañanasiguienteelcieloestabamuydespejadoyeltorrentesonabaalegremente enelvalle.IchirorecogióaKasuke,SataroyEtsuji,ytodosjuntossedirigierona casadeMatasaburo.Unpocomásabajodelaescuelacruzaronelrío,yenlaorilla cortaronramasdesauce,laspelaronysefabricaronlátigosquehacíanestallarenel aire mientras avanzaban por el camino hacia la pradera alta. Subieron con tanto entusiasmoqueprontosequedaronsinaliento. —¿CreéisqueMatasaburonosvendráabuscarhastalafuente? —Puesclaroquesí.Lohaprometido. —¡Uf,quécalor!Noiríamalunpocodeviento. —¡Anda!Puesjustohacomenzadoasoplar. —Claro,noslohabráenviadoMatasaburo. —¡Mirad,seestánublando! En efecto, en el cielo comenzaron a aparecer unas pequeñas nubes blancas. Habíansubidomucho,tantoquesuscasasseveíanalfondodelvalleytambiénla techumbredelacabañademadera,blancaybrillante,juntoalacasadeIchiro.El caminoseadentróenelbosqueysevolvióumbrío.Losárbolesocultaronelpaisaje. Prontoestuvieroncercadelafuentedondesehabíancitado. —¡Eh!¿Yahabéisllegado?—gritóMatasaburodesdealgúnlugar. Todos se dirigieron velozmente hacia donde venía la voz. En un recodo del caminoestabaMatasaburo,mirandoconloslabiosfirmementecerradoscómosus compañeros se acercaban. Ypor fin lo alcanzaron. Estaban tan cansados que se quedaronjadeandounosmomentos,tratandoderecuperarelaliento.Kasukeylos demásmiraronimpacientesalcielomientrasrespirabanruidosamente.Matasaburose rioacarcajadas. —¡Cuántohabéistardado!¿Sabéis?Esposiblequehoyllueva. —Puesvayamosrápido.Peroantestengoquebeberagua—dijoKasuke. Todos,secándoseelsudor,sepusieronencuclillasybebierongrandestragosdel

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aguafrescaquebrotabadelarocablanca,usandolasmanosenformadecuenco.

—Micasaestácercadeaquí,enlapartemásaltadelvalle.Alavueltapodemos

pasarporallí.

—Sí,peroantesvayamosalapradera.

Sepusieronenmarcha.Lafuenteemitióungorgoteocomodesaludoytambiénlos árboleshicieronsusurrarsushojas.Losniñoscaminaronentrelosmatorralesalpie delbosquey,cuandohubierondejadoatrásvariostrechosdesmoronadosenlapared deroca,yacasihabíanalcanzadolapraderaalta.Alllegar,volvieronlacabezaenla direcciónquehabíanvenidoyluegomiraronhaciaeleste.Lascolinassealineabana lolargodelrío,algunasiluminadas porelsol;otras,enlasombra.Másalláse extendíalapradera,queensuextremomásalejadoseveíaazulyborrosa. —¡Anda,mirad!Perosiallíseveelrío. —PareceelcinturóndeldiosdetemplodeKasuga—dijoMatasaburo. —Nomedigasquehasvistoelcinturóndeundios. —Puesclaroquesí.EnHokkaido. NadieentendióaquésereferíaMatasaburoycontinuaroncaminandoensilencio. Porfinllegaronalapraderaalta.Entrelahierbacortadasurgíaunvetustocastaño cuyotroncoyramasquemadosteníanlaformadeunagrancuevanegra.Deunade lasramascolgabanunacuerdavieja,unassandaliasdepajarotasyotrosobjetos. —Unpocomásalláesdondecortanlahierba.Tambiénestánloscaballos—dijo Ichiro,avanzandoporelcaminoqueseabríarectoentrelosmontonesdehierba cortada. —¡Ah,yaentiendo!Aquínohayosos,poresopuedendejarloscaballossueltos —comentóMatasaburo,quecaminabatrasél. Másadelanteaparecióungranroble,alpiedelcualhabíaunsacoygruesoshaces dehierbasegadaesparcidos.Doscaballos,quellevabanunacargaensuslomos, comenzaronaresoplarcuandovieronaIchiro. —Hermano,¿estásporaquí?¡Yahemosllegado!—gritóIchiroenjugándoseel sudor. —¡Eh,hola!Aquíestoy.Ahoravoy—lesllegóunavozdesdeunahondonada cercanaalcamino.Justoenelmomentoenqueelsolcomenzabaalucirconmás fuerza,elhermanomayoraparecióriendoentrelahierba. —Ah, ya estás aquí con tus amigos. Cuando regreséis, ¿podéis llevaros los potros?Hoyvaanublarseporlatardeytodavíatengoqueterminardesegarla hierba.Siqueréis,jugadporaquí,peronovayáismásalládelaribera.Enelprado hayunosveintecaballos. ElhermanomayordeIchiroyaseestabaalejandocuandovolviólacabezay repitió:

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—Novayáismáslejosdelaribera,quesiosperdéisespeligroso.Yovolveréal

mediodía.

—¡Notepreocupes!—respondióIchiroasuhermano,quesealejóypronto

desapareciódelavista.

Elcieloseestabacubriendodefinasnubesyelsolparecíaunespejoblancoquese

alejabarápidamenteendirecciónopuestaaellas.Empezóasoplarelvientoylas

hierbastodavíasincortarsebalancearonformandoolas.Ichirocontinuóandandopor

elmismocaminoestrechodeantes,peroprontollegóalaribera,cortadaenuntrecho

ycerradacondostroncos.

—Espera,quevoyaapartarlos—dijoKasuke,alverqueKosukeibaapasarpor

debajo.

Entonceslevantóelextremodeunodeellosylodejóapoyadoenelsuelo.Todos

saltaronsobreeltroncorestanteyentraronenelpradodondeseencontrabanlos

caballos.Enunpequeñopromontorio,unpocoalejadodelaentrada,seagrupaban

sietecaballosderesplandecientecolorcastañoquehacíanondearconsuavidadsus

largascolas.

—Estoscuestanporlomenosmilyenescadauno.Nomeextrañaríanadaqueel

próximoañocomenzaranacorrerenlascarreras—dijoIchiro,acercándosealos

animales.

Loscaballos,quehastaahorateníanunaspectounpocosolitario,seaproximaron

aloschicoscomosiquisieranalgunacosa.

—¡Claro,siquierensal!—sedijeronlosunosalosotrosmientrasofrecíanlas

palmasdesusmanosparalamer.

SoloMatasaburo,quenoparecíaestarmuyacostumbradoaellos,semetiólas

manosenlosbolsillosconcaradesusto.

—¿Cómo?¡PerosiaMatasaburoledanmiedoloscaballos!—exclamóEtsuji.

—¡Noescierto!—seapresuróarespondery,parademostrarlo,extendiólapalma

anteelhocicodelcaballo,queestiróelcuelloysacósulenguacuanlargaera.

Matasaburopalidecióysemetiólamanoenelbolsillorápidamente.

—¡Peroquéincreíble!Deverasquelestienemiedo.

AMatasaburoseleencendiólacaradebochornoysequedósinsaberquéhacer

unmomento.

—¿Quéosparecesihacemoscarrerasdecaballos?—propusoporfin.Ninguno

desuscompañerosparecióentenderaquéserefería.

—Yohejugadomuchasveces—comenzóaexplicarMatasaburo—.Peroestosno

tienensillaynolospodemosmontar,demodoqueacambioelegiremosunocada

unoyloperseguiremos.Elprimeroquelleguehastaaquelárbolgruesogana.

—Pareceinteresante—dijoKasuke.

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—Sinospillanenelpradodeloscaballos,nosvanaregañar.

—Notepreocupes.Sihandecorrerenlascarreraselpróximoaño,esmejorque

empiecenaentrenarseya—tranquilizóMatasaburoasucompañero.

—Bueno.Yoquieroese.

—Puesyoaquel.

—Entonces,yomequedaréconeste.

Unavezacordadoelrepartodeloscaballos,losniñoscomenzaronagolpearlos

ligeramenteconramasdesauceytallosdehierbas,mientrasgritabanparaponerlos

enmarcha.Perolosanimalesnosemovieron.Continuaronconelcuelloinclinado

haciaabajo,mordisqueandolahierba,oestirándolocomoparavermejorelpaisaje.

Entonces,Matasaburopegóunasfuertespalmadasygritócontodassusfuerzas.Los

sietecaballossalieronaltroteconsuscrinesalineadas.

—¡Muybien!—exclamóKasuke,quesaliódisparadotrasellos.

Sinembargo,aquellonoteníalamásmínimasemejanzaconunacarrera.Enprimer lugar,nadiehabíadecididoconexactitudelpuntodemetay,además,lavelocidadde loscaballosnopasabadeuntroteligero.Estonoparecíaimportardemasiadoalos niños,quecorríandetrásgritandoconentusiasmo.Alpocoratodehabercomenzado lacarrera,parecióquesefueranapararytodosredoblaronlafuerzadesusgritos. Inesperadamente,losanimalesdieronmediavueltaysedirigieronhacialaparte cortadadelaribera,porlaquehabíanentradolosniños. —¡Loscaballosvanaescapar!¡Tenemosquepararlos!—gritóIchiro,pálidodel susto. Losanimalescontinuaronavanzandohacialaentrada.Ichirocorriódesesperado trasellosgritando«¡Soo,soo!»,perocuandollegóalaaberturadelacercayabriólos brazosparadetenerlos,dosyahabíanhuido. —¡Venid rápido! Tenemos que recuperarlos —gritó con la respiración entrecortadamientrascolocabaelpalosuperiorensuposiciónoriginal. Lostrespasaronpordebajodelacercacongrandesprisas.Loscaballoshuidos estabanparadosmásalládelaribera,arrancandotranquilamentebocadosdehierba. —Voyaatraparlo.Tranquilo… Mientrasdecíaesto,Ichirosujetóalanimalconfirmezaporlabrida.Kasukey Matasaburoseacercaronalotrocaballoparahacerlomismo,peroseasustómuchoy salióatodogalopealolargodelariberahaciaelsur. —¡Que se escapa! ¡Hermano, que se escapa de verdad! —gritaba Ichiro, corriendocontodassusfuerzas,seguidoporMatasaburoyKasuke. Estavezparecíaquerealmenteseibaaperder.Sealejabaveloz,apareciendoy desapareciendoentrehierbastanaltascomoél.

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Alcabodeunrato,aKasukeseleempezaronadoblarlaspiernasyyanosuponi haciadóndenicómocorría.Sepusopálido,lediovueltaslacabezaysedesplomó entrelashierbas.Loúltimoqueviofugazmentefueronlascrinesdecolorcastañodel caballoyelsombreroblancodeMatasaburo,queseguíapersiguiéndolo.Tumbadode espaldas,Kasukesequedócontemplandoelcieloquegirabaybrillabablanquecino. Unasnubecillasgrispálidoseacercaronconrapidez.Tansolooíaloslatidosdesu corazón.Porfinpudolevantarsey,todavíaconlarespiraciónentrecortada,sepusoa caminarenladirecciónquesehabíaalejadoelcaballo.Elpasodelanimalyde Matasaburohabíaformadoentrelahierbauntenuecaminito.Kasukecomenzóa reírse. «Pero ¿para qué correr? Tarde o temprano se cansará y se quedará parado», pensó,ycontinuósiguiendolashuellascongranatención. Apenashabíaavanzadocienpasoscuando,alllegaraunmacizodevalerianasy espléndidoscardosdegranaltura,elcaminoseseparóendosotres.Kasukesequedó desconcertadoyyanosupopordóndeseguir. —¡Eh,eh,eeeh!—gritó. DesdealgúnlugarparecióllegarlavozdeMatasaburo.Decidido,comenzóa caminarporelcentro,evitandoloslugaresdemasiadoempinadosporlosqueno podíahabersubidoelcaballo.Elcielosevolvióoscuroypesado,yellugarquedó prontocubiertoporlabruma.Unvientofríocomenzóasoplarentrelashierbasy enseguidapasaronraudaslasnubesylanieblaentrecortada. —Vaya,seestáponiendofealacosa.Seguroquevaaocurriralgomalo—-pensó. Enefecto,derepentedesaparecióelrastrodejadoporelcaballo. —Ahorasíquevoylisto—seasustóylediounvuelcoelcorazón. Lasaltashierbasrestallabanysusurrabanalternativamente,envolviéndolopor completo.Lanieblasevolviómásymásespesa.Prontotuvolaropaempapada. —¡Ichiro!¡Ichiro,venaquí!—gritóKasukecontodassusfuerzas. Pero no recibió respuesta alguna. La niebla era ya tan espesa, que las gotas parecíanelpolvodetizaquecaedelapizarra.Derepente,unsilenciosombríolo envolviótodoysololellegóunsonidodegoteoentreelherbaje.Volviósobresus pasospararegresaratodaprisahaciadondeestabansuscompañeros.Peroprontose diocuentadequeandabaporuncaminodistinto.Primero,loscardosnopodíanverse porningunaparte;luego,aquíyallá,entrelasaltashierbashabíafragmentosderocas queantesnohabíavisto.Además,aparecióantesusojosunvalledesconocido,del quellegabaunextrañomurmullo.Lanieblaquelocubríaenparteledabaelaspecto denotenerfondo.Cuandosoplabaelviento,lasespigasdeloscañizosparecíanfinas manosquesaludaran,oraaleste,oraaloesteoalsur.Muyasustado,cerrólosojosy volviólacabeza.Rápidamentediomediavuelta.

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Entonces, vio entre las hierbas un sendero negro formado por las huellas de muchoscaballos.Conunasonrisadealivioseapresuróaseguirlo.Sinembargo,el caminotraicionerotanprontoalcanzabaapenasunpalmodeanchuracomounmetro ogirababruscamente.Justoalllegaralacimadeunaampliacolina,frenteaungran castañoquemado,elsenderosedividíaenvariostenuesbrazos.Aquellugardabala impresióndeserdondesereuníanloscaballos.Atravésdelaniebla,teníaelaspecto deunaplazaredonda.Kasuke,decepcionado,sedispusoaregresarpordondehabía venido.Cuandosoplabaelviento,lasespigasdeloscañizos,quehastaahorase balanceabanconsuavidad,seinclinabantodasbruscamenteenlamismadirección comosialguienleshubierahechounaseñal. Derepente,oyóunextrañosonidoyelcieloseiluminó.Entoncesaparecióentre la niebla un enorme objeto negro que parecía una casa. Se detuvo durante unos momentos,desconfiandodesuspropiosojos.Pero,alfin,convencidodequese tratabadeunavivienda,seaproximóindeciso.Resultósertansolounafríaroca negra.Elcieloblanquecinocomenzóadarvueltas.Lashierbassesacudieronelrocío conviolencia. «Siporequivocaciónbajamoslapraderaenaquelladirección,tantoMatasaburo comoyopodemosmorir»,pensóenvozalta. —¡Ichiro!¿Estásporaquí?¡Ichiro!—gritóKasuke. Elcieloseiluminódenuevo.Parecióquelashierbassealegrasenylanzaranun suspirodebienestar. «ElhombredelamontañahaatrapadoalhijodelingenieroelectrónicodeIsadoy lohaatadodepiesymanos». Leparecióoírclaramentedenuevoaquellahistoriaquealgunavezlehabían contado.

Elpequeñocaminonegrodesapareciódeimprovisoytodoquedóenelmáscompleto

silencio.Luegocomenzóasoplarunfuerteviento.Elcielocubiertoparecióondear

comounabanderayenélsaltaronlaschispas.Kasukesedesplomóentrelashierbas.

Todolosucedidoleparecieronacontecimientoslejanos.

EntoncesviofrenteaélaMatasaburo,sentadoconlaspiernasestiradasmirando

elcielo.Vestíalachaquetagrisdesiempre,peroencimallevabaunacapadecristaly

loszapatoserandelmismomaterial.SobrelaespaldadeMatasaburosereflejabala

sombraverdedeuncastañoy,asuvez,lasombradeélserecortabaenlahierba.El

vientocontinuabasoplandoconfuerza.Matasaburoestabaquietocomounaestatua,

sinreírsenihablar.Permanecíaensilencioconloslabiosfirmementecerrados.De

improviso,salióvolandoconsubrillantecapadecristal.

EntoncesKasukevolvióensí.Lanieblagriscruzabavelozmenteantesusojos.El

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caballosehallabajuntoaél,peroparecíaunpocoasustadodesumiradayteníala cabezavueltahaciaotraparte.Selevantódeunsaltoysujetóalanimalporlaplaca desunombre.ProntoaparecióMatasaburo,conloslabiosapretadoscomosiempre, aunque habían perdido su color. Kasuke permaneció donde estaba, temblando violentamente. —¡Eeeh!—seoyólavozdelhermanodeIchiro,quellegabadealgúnlugarentre laniebla.Enelcieloretumbabanlostruenos. —¡Eh,Kasuke!¿Dóndeestás?—gritótambiénIchiro. Kasukesepusoasaltardealegría. —¡Eeeh!¡Aquíestoy!¡Ichiro!¡Eeeh! Ichiroysuhermanomayorprontoestuvieronasulado.Kasukeseechóallorar. —Te hemos estado buscando. ¡De buena te has salvado! Pero si estás empapado… ElhermanodeIchiroconsusmanosexpertassujetóelcaballoporelcuelloyle colocólasbridas. —Bueno,vámonos. —Vayasusto,¿eh,Matasaburo?—dijoIchiro. Matasaburoasintióensilencio. Todossiguieronalhermanoy,trascruzarunasuavecolina,alcanzaronunamplio caminoporelqueanduvieronduranteunrato.Dosrelámpagosiluminaronelcielo consuluzblanca.Lesllegóunolorahierbaquemadayprontovieronhumoentrela niebla. —¡Abuelo, lo hemos encontrado! ¡Ya estamos todos! —gritó el hermano de Ichiro. —Puesmenosmal.Vayasustoquehemostenido.Kasuke,tendrásfrío,¿no? Vamos,entra—invitóelabuelo. Kasuke,aligualqueIchiro,eranietosuyo.

Alpiedeuncastañomedioquemadoselevantabaunapequeñachozafrentealacual

ardíaalegrementeunahoguera.ElhermanodeIchiroatóelcaballoaunroble.El

animalrelinchó.

—¡Pobrechico!Habráslloradomucho.¡Ah,peroeresvalientecomounauténtico

hijodeminero!Bueno,comedestosdulcesdearroz.Vamos,comed.Voyaasar

algunosmás.Pero¿hastadóndediabloshasido?

—HastaelextremodeSasanagane—respondióelhermanoenlugardeKasuke.

—Puesaquelesunlugarmuypeligroso.Muypeligroso.Tantoloshombrescomo

loscaballos,sibajanporallí,¡seacabó!—explicóelabuelo—.¡Eh,Kasuke!Come

estedulcedearroz.Tú,chico,también.Comedtodos.

—Abuelo,¿quieresqueguardeelcaballo?

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—No,no,quesivieneelgranjero,volveráaquejarse.Esperaunpoco.Prontose

despejará.

—¡Vaya,quésustonoshasdado!—prosiguióelabuelo.

—TefuiabuscarhastaelpiedelamontañadelTigre.¡Ah,quésuertequehas

vueltosanoysalvo!Además,prontosevaadespejar.

—¡Conelbuentiempoquehacíaestamañana!

—Sí,peroenseguidaaclarará.¡Vaya,yahacomenzadoaentraragua!

ElhermanodeIchirosaliófuera.Lapajadeltechosusurrabaconelviento.El

abuelolacontemplóriéndose.

—Abuelo,yahamejoradoeltiempo—dijoelhermanodeIchiro,entrandode

nuevo.

—¡Ah,escierto!Vosotrosquedaosalladodelfuego,queyotodavíatengoque

cortarhierba.

Enunsantiamén,desapareciólanieblacasiporcompletoyelsolcomenzóabrillar. Yahabíabajadohaciaeloesteylashilachasdeneblina,flotandoenelcielo,brillaban comocondesganaaligualquegoteronesdecera.Elrocíoenlashierbaslanzaba destellosluminososytodaslashojas,tallosyfloresparecíanquererimpregnarsede laluzotoñal.Aloeste,lalejanapraderaquehastaahorateníaunaspectotristey lloroso, aparecía risueña y lucía con todo su esplendor. Los castaños brillaban rodeadosdeunaaureolaverde. Los niños, ya cansados, emprendieron el camino de regreso, precedidos por Ichiro.Cuandollegaronalafuente,Matasaburo,todavíaensilencioyconloslabios biencerrados,seseparódeellosyregresóalacabañadondevivíasupadre. —Sin duda es el genio del viento —contestó Kasuke mientras caminaba—. Bueno,quizáelhijodeldiosdelViento.Yallávivenlosdos. —Nodigastonterías—replicóIchirocondeterminación.

Cincodeseptiembre

Aldíasiguienteamaneciólloviendo,peroapartirdelasegundaclasefueaclarandoy,

cuandollegaronlosdiezminutosdedescansoalfinaldelatercerahora,elcielo

estabadeunazulresplandeciente.Soloalgunoscirrocúmulossedirigíanvelozmente

haciaeleste.Delasnubesqueantescubríanlasaltashierbasyloscastañosno

quedabamásqueunatenueniebla.

—¿Vamosabuscaruvascuandoseterminelaclase?—propusoKosukeaKasuke

envozbaja.

—¡Vamos,vamos!—respondióconentusiasmo—.¿Quieresvenir,Matasaburo?

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—¡Eh,novoyamostrarlemilugarsecreto!

—¡Claroquevoy!—aceptóMatasaburo,comosinohubieraoídolaprotesta—.

CuandovivíaenHokkaido,ibamuchasvecesabuscaruvassilvestres.Mimadresolía

prepararvinoconellas.

—Sivaisacogeruvas,yotambiénquieroir—seapresuróaintervenirShokichi,

desegundo,quehabíaescuchadolaconversación.

—Nipensarlo.Atisíquenotemuestroellugarsecretoquedescubríyosoloel

añopasado.

Todosesperaronconimpacienciaaquefinalizaranlasclases.Cuandoporfinterminó laquintahora,Ichiro,Kasuke,Sataro,Kosuke,EtsujiyMatasaburosalieronengrupo delaescuelaysedirigieronríoarriba.Alpocoratopasaronanteunacasatechadade paja,frentealaqueseextendíauncampodetabaco.Lashojasinferioresyahabían sidoarrancadasylosverdestallosaparecíancuidadosamentealineados,formandoun pequeñobosque. —¿Quésonestasplantas?—preguntóMatasaburo,alavezquearrancabauna hojayselamostrabaaIchiro,quesepusopálidodesusto. —¡Oh,no!¡Matasaburo!¿Nosabesquesisearrancaalgunahojadelasplantas detabaco,elrepresentantedelaoficinaestatalseenojamucho?¿Porquélohas hecho? Todoscomenzaronahablaralmismotiempo. —Elrepresentantedelaoficinaestatalcuentalashojasunaporunayanotalas cifrasenuncuaderno. —¡Oh,yonoquierosabernada! —Niyo. —Yotampoco. Matasaburosepusocoloradoysequedómirandohaciatodosladosmientras pensabaenunarespuesta. —¡Laarranquéporquenolosabía!—contestóentonomalhumorado. Losniñosestabanmirandoalacasa,porsialguienloshabíavisto.Pero,alotro ladodelcampodetabaco,aparecíamedioocultaporlanieblayestabaencompleto silencio,comosinohubieranadieenella. —¡Ah!, ¿no es esa la casa de uno de los pequeños de primero? —observó Kasuke,entonotranquilizador. Kosuke,aquiendesdeelprincipionolehabíagustadolaideadecompartircon Matasaburosulugarsecreto,continuómetiéndoseconél:

—Elquenolosupierasnocambialacosa.¿Cómolovasahacerparacompensar

porlahojaarrancada?

Matasaburosevolvióaquedarpensativo,concaradepreocupación.

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—Bueno,puesdevolverélahoja—decidióylacolocóconcuidadoalpiedela

planta.

—Vámonos,deprisa—dijoIchiroysepusoacaminarconpasoligero.

Todos lo siguieron menos Kosuke, que se quedó rezagado murmurando: «Yo no quierosabernada.Además,Matasaburoyahadevueltolahoja».Alfinsepusoen marchayprontoseunióasuscompañeros,quecontinuabanavanzandoraudos.Tras subirunpocomontañaarribaporuncaminoentrealtashierbas,sedirigieronhaciael sur. En una hondonada crecían los castaños y un poco más abajo se extendían silenciososlosarbustosdeuvassilvestres. —Esteesmilugarsecreto.¡Peronovayáisarecogerdemasiadas,eh!—advirtió Kosuke. —Yovoyabuscarcastañas—dijoMatasaburo. Entoncesseagachó,cogióunapiedraylalanzóaunarama.Deellacayóunerizo verde.Conlaayudadeunpaloabriólaespinosacascarayporfinaparecierondos blancascastañas.Losdemásestabanentusiasmadoscogiendouvas. Alcabodeunrato,Kosukeseencaminabahaciaotroarbustocuando,alpasar bajoelcastaño,lecayóunalluviaderocíoquelodejóempapado.Sorprendido, levantólavistahaciaarribayvioaMatasaburo,quesereíamientrassesecabalacara conlamanga. —¿Quédiablosestáshaciendo,Matasaburo?—dijo,lanzandounamiradafuriosa hacialacopadelárbol. —Hasidoelviento—respondiódesdearriba,esforzándoseporcontenerlarisa. Kosukesealejódeárbolycontinuórecogiendouvasenotroarbusto.Yahabía recogidotantasquecasinoselaspodíallevarysuboca,teñidademorado,parecía muygrande. —Nosésivoyapoderllevármelastoda—dijoIchiro. —Puesyotodavíaherecogidomás—añadióKosuke. Justoenestemomento,unanuevalluviaderocíocayósobresucabeza.Miró haciaarriba,peroestaveznolovio.Sinembargo,entrelasramasdeotroárbolun pocoalejadoatisboelcododelachaquetagrisdeMatasaburoyoyósurisa.Kosuke sellenódeindignación. —¡Matasaburo!Losgeniosdelvientocomotúmejorquenoexistaneneste mundo—acertóporfinadecir,mirandofijamenteasuadversario. —Losiento,Kosuke—dijomuriéndosederisa. KosukequeríacontinuarmetiéndoseconMatasaburo,peroestabatanenojadoque noseleocurríanadanuevo,porloquevolvióadecirlomismoqueantes. —Yatedijequelosiento.Además,laculpaestuya,quetehasestadometiendo todoelratoconmigo—sedisculpóconlosojoschispeantes,conunpocodelástima

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porél. Sinembargo,nologróapaciguarlairadesucompañero,querepitióportercera vezlamismafrase.Matasaburovolvióareírseconganas. —¿Quéquieresdecirconquemejorquenoexistanlosgeniosdelvientoeneste mundo? Aver, dame una buena razón —desafió a Kosuke, con el dedo índice levantadocomosifueraunmaestro. El niño pareció un poco agobiado, pero, tras reflexionar unos instantes, respondió:

—Losgeniosdelvientonohacenmásquejugarmalaspasadas.Porejemplo,

destrozanlosparaguas.

—¿Yquémás?—Matasaburo,divertido,seanimóapreguntar.

—Tambiénquiebranyechanabajolosárboles.

—¿Ah,sí?¿Yquémásyquémás?

—Destruyenlascasas.

—¿Yquémás?

—Apaganlasluces.

—¡Oooh!¿Yademás?

—Arrebatanlossombrerosalagente.

—¿Yquémás?

—Tambiénechanavolarlossombrerosdebambú.

—¿Yquémás?

—Arrancanlostejados.

—¡Ja,ja,ja!Eltejadoespartedelacasa.Yalohasdichoantes.¿Todavíatienes

algoquedecir?

—Eeeh…Además…¡Tambiénapaganlaslámparas!

—¡Ja,ja,ja!Laslámparasestánincluidasenlasluces.¿Yquémásyquémás?

Kosukeyanosupoquéañadir.Yahabíadichotodoloqueteníaquedecirypor

másquepensasenoseleocurríanadanuevo.Matasaburo,coneldedolevantadoy

divirtiéndoseamásnopoder,continuabapreguntando.

—Dime,¿yquémás?Soytodooídos.

Kosukesepusocoloradoy,traspensarunrato,finalmenterespondió:

—Destrozanlosmolinosdeviento.

Aloíresto,Matasaburoempezóarevolcarsederisa.Losdemás,contagiados,lo

imitaron.

—¡Mirad,hadicho«losmolinosdeviento»!—repitióMatasaburocuandologró

recuperarunpocolacompostura—.¿Quéharíanlosmolinosdevientosinviento?Es

ciertoquealgunasveceslosdestroza,perosonmuchasmáslasquedanvueltas

graciasaél.¿Oesquepodríanexistirlosmolinosdevientosinelviento?Nopuedes

añadirestoalalistadecosasquehasdicho.¡Perocómoseteocurredeciruna

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tonteríaparecida! Yvolvióareírsetantoquehastaselecayeronlaslágrimas.Kosuke,quesehabía enojadotanto,fuerecuperandosubuenhumoryterminóuniéndosealasrisasdesus compañeros. —Kosuke, perdona que te haya estado fastidiando —se volvió a disculpar Matasaburo. —¡Bueno,vámonosya!—dijoIchiro,yentregócincoracimosdeuvaaeste último.Matasaburodiodoscastañasacadauno.Todosbajaronjuntoshastauncruce decaminos,dondesesepararonycadaunoregresóasucasa.

Sietedeseptiembre

Aldíasiguiente,lanieblaeratanespesa,quelacolinadedetrásdelaescuelaseveía

comounasiluetaborrosa.

Pero,igualquelavíspera,apartirdelasegundahoraseempezóadespejarhasta

queelcieloquedócompletamenteazulyelsolbrillócontodosuesplendor.Al

mediodía,despuésdequelosniñosdeprimero,segundoytercerohubieranterminado

lasclases,hacíatantocalorcomosifueraverano.

Durantelaclasedelatarde,elmaestrorevisabadesdelatarimalosejerciciosde

caligrafíadelosalumnosdecuartoylosdedibujodelosdequintoysexto,secándose

devezencuandoelsudor.Hacíauncalorhúmedoyelhombredabacabezadas

mientrasescribía.Cuandoterminólaescuela,todossedirigieronhaciaelrío.

—Matasaburo,¿quieresveniranadar?—preguntóKasuke—.Lospequeñosyahan

idohaciaallí.

Aceptólainvitaciónyseunióaellos.Elsitiohaciadondefueronestabaríoabajo,

unpocomásalládelcaminoquehabíantomadoparairalapraderaalta.Porla

derecha,enelpuntodondelaorillaseensanchabaunpoco,llegabaotrorío.Yalgo

másabajocrecíaunaenormeacaciaalbordedeunbarranco.

—¡Eeeh!

Losniñosquehabíanllegadoantesgritaron,agitandolasmanos.Yasehabían

desvestido.

Ichiroysuscompañerossalierondisparadoscomosihicieranunacarrera,se

quitaronlaropaenuninstante,selanzaronalaguaycruzaronelríoendiagonalhacia

laorillaopuesta,chapoteandoruidosamenteconlaspiernas.Losdemás,quehabían

permanecidojugandoenlaorilla,salieronenseguidatrasellos.Matasaburosehabía

quedadounpocorezagado,peroprontotambiéndesistióyseunióasuscompañeros.

Yaenmediodelaguasoltóunacarcajada.Ichiro,queyahabíaalcanzadolaorilla

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opuesta,teníaelpelocomoeldeunafoca,loslabiosazuladosytemblabadepiesa cabeza. —¡Oye, Matasaburo! ¿De qué te reías? —preguntó cuando salió del agua temblandotantocomoél. —¡Brrr…!¡Quéfríaestáelaguadeesterío!—selimitóaexclamar. —Dime,Matasaburo,¿dequétereías? —Vosotros nadáis de un modo muy raro. ¿Por qué chapoteáis tanto con las piernas?—explicó,entrerisas. Ichiroparecióunpocoabochornado,peroprontoserecuperóypropuso:

—¡Juguemosabuscarlapiedra!—mientrasrecogíadelsuelounapiedrablancay

redonda.

—Sí,¡juguemos,juguemos!—gritarontodos.

—Bueno,yolatirarédesdeaquelárbol—dijoIchiro,queseencaminóalaacacia

albordedelbarrancoytrepóaella—.¡Eh!Voyatirarla.Uno…dos…¡tres!

Dejócaerlapiedrablancaenunprofundoremansodelrío.Todossetiraronal

aguadecabeza,conlaintencióndeconseguirlaprimero.Albucearhaciaelfondo,

suscuerposparecíanlosdepálidasnutrias.Peroantesdellegarasuobjetivo,seles

terminabaelairey,ahorauno,luegootro,salíanalasuperficiearespirar.

Matasaburosequedóobservandoconatenciónasuscompañerosycuandolos

demáshubieronsalidoaflote,sezambulló.Sinembargo,prontotuvoquevolverala

superficiesinhaberconseguidoalcanzarelfondo.Todossoltaronunagranrisotada.

Enaquelmomentoaparecieroncuatroadultosenlaorillaopuestadelrío,juntoauna

acaciadefloresrojas.Sehabíandesvestidoy,conunaredacuestas,seacercaron

haciadondeestabanlosmuchachos.Ichiro,desdearribadelárbol,llamóenvozbaja

asuscompañeros.

—¡Eh!Vanadinamitar.Finjamosquenohemosvistonadayvamosajugaraotra

parte,ríoabajo.

Todossealejaronnadando,haciendoungranesfuerzoparanomirar.Antesde

bajardelárbol,Ichirosecolocólamanosobrelafrenteamododeviserayechóotra

buenaojeadaalosreciénllegados.Entoncessetiródecabezaalremanso,donde

anteshabíadejadocaerlapiedrablanca,buceóunosinstantesyenunabrirycerrar

deojosyahabíaalcanzadoalosdemás.Alllegaraunlugarmenosprofundo,se

pusierondepiesobreellechodelrío.

—Juguemossinmostrarquenoshemosdadocuenta—dijoIchiro.

Unossededicaronabuscarpiedrasdeafilaryotrosaperseguiralosaguzanieves,

comosinohicieranelmásmínimocasodeloshombresqueseestabanpreparando

paradinamitar.

Desdeelbordedelremanso,Shosuke,quehabíatrabajadodemineroenalgún

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lugarríoabajo,sequedóunosmomentosmirandoentodasdireccionesysesentócon laspiernascruzadassobrelosguijarrosdelaorilla.Luego,contodatranquilidad, sacóunatabaqueradesufaja,sepusolapipaentrelosdientesycomenzóaechar bocanadasdehumo.Todosobservaronextrañados,peroenseguidasesacóotroobjeto delafaja. —¡Vanadinamitar,vanadinamitar!—gritarontodos. Ichiro,agitandolosbrazos,loshizocallar. Ensilencio,aplicóelfuegodesupipaalobjeto.Elotrohombre,detrásdeél,se metióenelaguaconlaredextendida.Shosuke,depieenlaorillaconunapierna dentrodelrío,sinprisas,lanzóelobjetoalremansobajolaacacia.Enseguidaseoyó unaexplosiónquelevantóunamasadeaguayunsonidoagudoquedósuspendidoen elaireunosinstantes.Todosloshombressemetieronenelagua. —Lacorrientearrastralospeces.¡Cogedlostodos!—dijoIchiro. Almomento,Kosukeatrapóuncotodeltamañodeundedomeñiquequeflotaba sobreelcostadoarrastradoporlacorriente.Kasuke,conlacaracolorada,lanzóun gritodejúbilo:habíacogidounatencadecasiveintecentímetros.Todosselapasaron demanoenmano,rebosantesdesatisfacción. —¡Silencio,silencio!—ordenódenuevo. En la blanca orilla opuesta, seis adultos, vestidos solo con camisa, estaban corriendo.Entoncesllegóunhombreataviadoconunacamisadeencajes,algalope enuncaballosinsillademontar,comosifueraunpersonajedepelícula.Habíaoído ladetonaciónyveníaaverlosucedido.Shosukesequedóunmomentodepie,con losbrazoscruzados,observandoelrío. —¡Vaya,aquínohaynisombradepeces!—concluyó. Matasaburo,sinquenadiesedieracuenta,habíaaparecidodesúbitoalladode Shosuke. —Telosdevuelvo—dijo,lanzandodostencasmedianasasuspies,sobrelos guijarrosdelaorilla. —¿Se puede saber quién diablos eres tú? —replicó Shosuke, mirándolo fijamente.

Matasaburoregresóensilenciohaciadondeestabansuscompañeros,quesemorían

derisa.Shosukeloobservóconcaradeextrañezay,sindecirniunapalabra,se

dirigióríoarriba,seguidodelosotroshombres.Elvisitantedelacamisadeencajes

volvióamontarensucaballoypartióalgalope.

KosukenadóhaciadondeMatasaburohabíadejadolospecesylosrecogió.De

nuevo,todosserieronconganas.

—¡Aríorevuelto,gananciadepescadores!—gritóalegrementeKasukesaltando

sobrelaarenadelaorilla.

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Entretodosconstruyeronconpiedrasunpequeñoestanqueparaquelospecesse mantuvieranvivosperonoseescaparan.Despuésregresaronríoarribahaciasulugar dejuego,bajoelgranárbol.Hacíatantocalor,quehastalaacaciadefloresrojastenía lashojasflácidascomoenundíadeveranoyelcieloparecíaunlagosinfondo. —¡Voyadestrozarelestanque!—gritóalguienderepente. Entoncesvieronaunhombredenarizlarga,vestidoconropasoccidentalesy calzadoconsandaliasdepaja.Llevabaunbastónenlamanoyconélsededicóa revolverelaguadelospeces. —¡Anda,eseldelaoficinaestatal!—dijoSataro. —Sehaenteradodequearrancasteunahojadetabacoyhavenidoabuscarte— agregóKosuke. —¿Yqué?Amínomedamiedo—replicóMatasaburo,conloslabiosapretados. —¡Escondámoslo!—ordenóIchiro. Entretodosloempujaronhastaelcentrodelacopadelaacaciaysesentaron entrelasramas,alrededordeél.Elhombrecontinuócaminandoendirecciónaellos, chapoteandoporlaorilla. —Yaviene,yaviene…—exclamaronconteniendolarespiración. PeroaquelhombrenoperseguíaaMatasaburo,sinoquehabíavenidoainvestigar, atraídoporelsonidodelaexplosión.Pasódelargoyparecióqueibaacruzarporun vado,algomásarribadelremanso.Sinembargo,enlugardeatravesar,empezóa avanzaryretroceder,comoparalavarlassandaliasdepajaylaspolainas.Pocoa pocoselespasóelmiedoyseempezaronaindignarcontraél. —Yovoyadecirlealgoy,cuandocuentehastatres,vosotroshacéislomismo, ¿entendido?—decidióIchiro—.¡Eeeh!¡Noenturbieselaguadelrío!¿Nosabesque elmaestroestácansadoderepetirlo?Uno,dos,tres… —¡No enturbies el agua del río! ¿No sabes que el maestro está cansado de repetirlo?—corearonlosdemásagrandesvoces. Sorprendido,elhombremiróhaciaellugardedondeveníanlasvoces,perono vionada.Sequedóperplejo,sinentenderloquepasaba. —¡Noenturbieselaguadelrío…!—volvieronagritar. Elhombreponíalabocacomosiestuvieralanzandobocanadasdehumo. —¿Quépasa?¿Esquebebenelaguadelríoporaquí?—preguntó. —¡Noenturbieselaguadelrío…!

Disimulandosuprecipitación,cruzóelríolentamenteapropósitoy,comosifueraun

exploradordelosAlpes,trepóendiagonalporunbarrancodearcillacubiertode

mohoyguijarrosrojizoshastaelcampodetabacomásarriba.

—Pero¿quiéndijoquemeveníapersiguiendoamí?—dijoMatasaburoyse

zambullódecabezaenelremanso.

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TodossesintieronapenadostantoporaquelhombrecomoporMatasaburoy,un

pocotristones,fueronbajandodelárbol.Luegonadaronhaciadondehabíandejado

lospeces;unosenvolvieronlossuyosenunatoalla,otrosselosllevaronenlamano,

ytodosregresaronasusrespectivascasas.

Ochodeseptiembre

Alamañanasiguiente,antesdecomenzarlaclase,todosestabanenelcampode deportesjugandoalasbarrasoalescondite.Satarollegóunpocomástardeconuna pequeñacestadebambúenlosbrazos,cuyocontenidoescondíaconlamangadel quimono. —¿Quéllevasahí,quéllevas?—lepreguntaronlosdemás,quehabíancorridoa suladoparaecharunaojeada. Sataro,conlacestatapada,seapresuróhacialapartetraseradelaescuela,donde habíaunacuevaexcavadaenlaroca.Suscompañeroslopersiguierontodavíacon másahínco. Al ver de qué se trataba, Ichiro se puso pálido. La cesta contenía polvo de pimientajaponesaparaadormeceralospecesysuutilizacióneraperseguidaporla policíacomosideexplosivossetratara.Satarolaescondióenunacabañadepajaal ladodelacuevayregresóalcampodedeportescomosinadahubierasucedido. Todos se habían reunido y estaban cuchicheando sobre el asunto. Continuaron haciéndolohastaquellególahoradeentraraclase.

Esedía,igualqueelanterior,comenzóahacercaloralasdiez.Durantetodala mañana,losmuchachosnopensaronmásqueenterminarlasclases.Cuandotocaron lasdosyfinalizólaquintahora,todossalierondisparadosdelaula. Sataro,conlacestadebambúensusbrazos,bientapadaconlamanga,sedirigió alaorilladelríorodeadodesuscompañeros.Matasaburo,quecaminabajuntoa Kasuke,sintióunolorparecidoaldelaslámparasdegasutilizadasparailuminarlos tenderetesenlasfiestasdelpueblo.Pasaronjuntoalaacaciadefloresrojasatoda prisayprontollegaronalremanso,juntoalgranárbol.Aleste,sobrelascumbres,se levantaronunasnubesblancasdeaspectoveraniegoyelárbolseiluminóconun brillopálido.Todosseapresuraronadesvestirseysequedarondepiejuntoalagua. —Tenéisqueponerosenfila—comenzóadecirSataro—y,cuandoempiecena flotar los peces, los cogéis. Cada uno podrá quedarse con todos los que atrape, ¿entendido? Losmáspequeños,empujándoselosunosalosotros,seagruparonalrededordel remansoconlascarascoloradasporlaexcitación.Pekichiyotrostresocuatromás

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yasehabíanlanzadoalagua,habíannadadohastalaacaciayesperabandebajo. Sataro,dándosemuchaimportancia,caminóhastaunlugarpocoprofundorío arribayagitólacestadentrodelaguahastaquetodosucontenidohubodesaparecido. Suscompañerossequedaronensilencio,observandoelrío. Matasaburo estaba distraído mirando un pájaro negro que volaba sobre las cumbresyserecortabacontralasnubesblancas.Ichirosehabíasentadoenlaorillay golpeabaunapiedra. Pero,aunqueesperaronunbuenrato,ningúnpezsalióaflote.Sataro,conuna caramuyseria,estabadepieenlaorillaobservandoelagua.Todosrecordabancómo eldíaanterior,traslaexplosión,pudieroncogerhastaunosdiezpeces.Continuaron esperandoperoniunosoloapareció. —Nosaleninguno—seatrevióadecirKosuke. Satarotuvounpequeñosobresalto,perocontinuómirandoelaguaconlamayor atención. —Escierto.Aquínohaynirastrodepeces—dijoPekichi,quenosehabía movidodedebajodelaacacia. Todoscomenzaronahablaralavez,organizandoungranalboroto,yterminaron zambulléndose en el río. Sataro, que parecía estar bastante abochornado, siguió mirandoelaguaensilenciounratomás. —¡Juguemosalcorre-que-te-pillo!—sugirió,levantándosefinalmente. —¡Sí,juguemos!—gritarontodosalavezysacaronunamanodelaguapara decidirquiénseríaeldemoniomedianteeljuegodepiedra,papelytijera. Losqueestabannadandosedirigieronhaciadondepudieranhacerpie.Ichiro,que seguíaenlaorilla,seacercóaellosyaconlamanoextendida.Decidióesconderseen laraízdeunárbolcortadoalpiedelbarrancodearcillamohosa,pordondehabía subidoeldíaanterioraquelhombretanextrañodelarganariz.Ichiropensóqueallí nuncaloencontraríaeldemonio. Entonces,sejugaronenunsolotiro,enelquenopodíansacartijera,quiénharía dedemonio.Etsujisedistrajoysacótijera,porloquetodosserieronmuchodeél. Mortificado,echóacorrerporlaorillayenseguidaatrapóaKisuke,quienasuvezse convirtióendemonio.Luegotodosfuerondeacáparaallá,porlaplayayelremanso, persiguieronyfueronperseguidos,yjugaronrepetidasveces.Alfinalletocóhacerde demonio a Matasaburo, aunque pronto alcanzó a Kichiro. Todos los observaron agrupadosbajolaacacia. —Kichiro, tú me persigues río arriba, ¿entendido? —dijo Matasaburo y, levantándose,seloquedómirando. Kichiro,conlabocaabiertaylasmanosextendidas,comenzóasubirporla resbaladizapendientedearcilla.Todosselanzaronalremansoparaalcanzarlo.Ichiro trepóaunsauce.Entonces,unpiedeKichiroquedóatrapadoenlaarcilla,loquele

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hizoperderelequilibrioycaercuanlargoerasobrelacuesta.Algunoschicosjugaron

asaltarporencimadeélyotroscontinuaronsubiendo.

—¡Matasaburo!¡Venaquí!—desafiódesdeallíKasuke,conlabocamuyabierta

yagitandolosbrazosparatomarleelpelo.Matasaburosepusofurioso.

—Muybien.Ahoraverás—repusocontodatranquilidad.Setiróalaguaynadóa

todavelocidadhaciasuscompañeros.

Conelpelorojizomojadoyloslabiosazuladosporhaberestadodemasiadotiempo enelagua,teníaunaspectoaterrador.Losmáspequeñosseasustaron. Enlapendientedearcillanohabíasuficienteespacioparatodosy,además,era muyresbaladiza,porloqueloscuatroocincodemásabajotuvieronquesujetarsea losdearribaparaevitarcaeralrío.SoloIchiroestabamuytranquiloenunlugarun pocomásaltoquelosdemásyseacercóparadecirlesalgoenvozbaja.Todoslo escucharonconlascabezasmuyjuntas. Matasaburo llegó chapoteando hasta cerca de ellos. De repente, comenzó a lanzarlesaguaconambasmanos,queintentaronesquivaragitandomanosypies,lo que causó que se deslizaran un poco hacia abajo. Satisfecho con el resultado, continuólanzándolesmásymásagua.Enunabrirycerrardeojos,todoshabíanidoa pararalríoenmediodeungranchapoteo.PrimeroagarróaIchirodeunapierna. Kasukehuyónadandoparaevitarlo.Sinembargo,Matasaburoprontoloalcanzóy, sujetándolo por el brazo, le hizo dar cuatro o cinco vueltas. Kasuke, que había tragadounmontóndeagua,tosióyresoplóunchorrodeaguapulverizada. —¡Parayadeunavez!Asínoquierojugaralcorre-que-te-pillo. Los más pequeños ya habían regresado a la orilla cubierta de guijarros. Matasaburosequedósolodepiebajolaacacia.

Elcielosehabíacubiertodenubesnegras,elsaucesevolviódeunextrañocolor blanquecino,lasaltashierbasdeloscerrossetornaronoscurasytodoelpaisaje adquirió un aspecto amenazador. Súbitamente, la pradera alta se iluminó con un relámpagoyseoyóuntruenotanfuertecomounalud.Parecióqueestuvieraapunto dehacersedenoche.Elvientoaullabaconfuerza.Lasgotasdelluviacayeronenel aguadelremansocomosobreunagranlosadepiedra.Todosrecogieronsusropasde laorillayserefugiaronbajolaacaciadefloresrojas. Matasaburo también se asustó y se lanzó al agua para reunirse con sus compañeros.Entoncesoyóunavozquedecía:

Quellueva,quellueva,

quesopleelviento,

Matasaburonotienemiedo.

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Aestavozprontoseunieronotrasmásfuertes:

Quellueva,quellueva,

quesopleelviento,

Matasaburonotienemiedo.

Matasaburoseprecipitófueradelremansocomosialgofueraatirardesupierna

ysaliócorriendocontodasualmahaciadondeestabanlosdemás.

—¿Eranvuestrasesasvoces?—preguntó,temblandoviolentamente.

—No.¿Dequévocesestáshablando?—lerespondierontodosalavez.

—Nohemossidonosotros—repitióPekichi.Conunasensaciónextrañaylos

pálidoslabios,comosiempre,firmementecerrados,Matasaburoechóunamiradaal

río.

—¡Quéraro!—dijo,perocontinuótemblando.

Esperaronaquepararadelloverycadaunoregresóasucasa.

Docedeseptiembre

Dodo-dodo,dodo-dodo,

arrastralasnuecesverdes,

ylasmanzanassilvestres.

Dodo-dodo,dodo-dodo…

Ichirooyódenuevoentresueñoslacanciónquepocosdíasatráshabíacantado

Matasaburo.Asustado,selevantódeunsaltoymiróhaciafuera.Unvientoterrible

aullabaentrelosárboles.Lapálidaluzdelamanecerapenasiluminabalaspuertas

corredizas,losfarolillosdepapelylasestanterías.Seanudóatodaprisalafajadel

quimono,sepusolassandaliasdemaderaydescendióalpisodetierrabatida.Pasó

anteelestabloy,cuandoabriólapequeñapuertasituadajuntoalaprincipal,entró

unaráfagadevientomezcladacongotasdelluvia.Detrásdelestablo,unapuertase

desplomócongranestrépitoyelcaballoresoplóespantado.Elvientofríopenetró

hastalomásprofundodelpechodeIchiro,querespiróprofundamentevariasvecesy

saliócorriendohaciafuera.Yahabíaaclaradoylatierraestabamojadaporlalluvia.

Loscastañosalineadosfrentealacasahabíanadquiridounextrañocolorblanquecino

yseagitabanviolentamente,comosilalluviayelvientolosestuvieranlavando.

Sobreeloscurosueloyacíanesparcidosungrannúmerodehojasyverdeserizos

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arrancados.Enelcielo,lasnubesbrillabandeunferozgrisplomizo,arrastradaspor el viento a gran velocidad. Alo lejos, el bosque sonaba como el mar en plena tormenta. LasgotasdefríalluviagolpeabanlacaradeIchiroyparecíaqueelvientofueraa llevarsesusropas.Sequedóescuchandoensilencioconlavistapuestaenelcieloy oyóunsonidocomosilasolaschocarandentrodesupecho.Siguióescuchandoy estavezsolopudooírelrugirdelvientoylosfuerteslatidosdesucorazón. Esemismoviento,queeldíaanteriorreposabaensilencioentrelascolinasylas praderas, hoy, al amanecer, de repente comenzó a soplar hacia el norte como si quisierallegarhastalafosadeTascarola,allálejosenelmardeJapón.Estopensaba Ichiro,conelrostrocolorado,larespiraciónentrecortada,temiendoqueselofueraa llevarelviento.Denuevorespiróprofundamente. —¡Vayaviento!Seguroquecausaráestragoseneltabacoyelmijo—dijosu abuelo,mirandoelcieloporlapequeñapuertasecundaria. Ichiro,atodaprisa,sacóuncubodeaguadelpozoylimpióelsuelodelacocina. Despuésselavólacaraenunapalanganametálica.Luegoabriólaalacena,sesirvió arrozypastadesojafermentada,ydesayunócongranrapidez. —Esperaunpoco,Ichiro,queahoraseterminadecalentarlasopa.¿Quéocurre hoyquetienestantaprisaparairalaescuela?—preguntósumadre,mientrasañadía leñaalaestufadondesecocíalacomidadelcaballo. —PuedeserqueMatasaburohayasalidovolando. —¿QuiénesMatasaburo?¿Uncaballo? —No,uncompañerodelaescuela—respondió. Cuandoterminódecomer,lavóeltazónatodaprisa,sepusounimpermeableque estaba colgado de un clavo en la cocina y salió hacia casa de Kasuke con las sandaliasdemaderaenlamano. Cuandollegóallí,Kasukeapenasseacababadelevantar. —Enseguidadesayunoynosvamos—dijo. Ichirosequedóesperandojuntoalestablo.ProntosalióKasuke,cubiertoconuna capacortadepaja.Empapadosporlafuertelluviayelvientohuracanado,porfin llegaronalaescuela.Elaulaestabavacíayencompletosilencio.Porlarendijadela ventanahabíaentradoaguaysehabíaformadounacharcosobreelsuelodemadera. Ichiroechóunaojeadaasualrededor. —Kasuke,recojamoselagua—dijo. Trajounasescobasdepalmaybarrieronelaguahaciaundesagüesituadobajola ventana. Alpocoratoaparecióelmaestro.Estabavestidoconunligeroquimonodeverano yenlamanollevabaunabanicorojoyredondo. —¡Qué pronto habéis llegado! ¿Estáis limpiando la clase los dos solos? —

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preguntó. —Buenos días, maestro —saludó Kasuke—. ¿Vendrá hoy Matasaburo a la escuela? —¿Matasaburo? ¿Te refieres a Takada? —preguntó—. Takada tuvo que marcharsederepenteayerconsupadreaotrolugar.Comoeradomingo,notuvo tiempodedespedirsedetodosvosotros. —¿Sefuevolando?—quisosaberKasuke. —No. Su padre recibió un telegrama de la compañía para que regresara inmediatamente.Quizáélvuelvadurantealgúntiempo,peroTakadacomenzaráa estudiarenseguidaenunanuevaescueladeHokkaido.Además,allítambiénvivesu madre. —¿Porquélacompañíalomandóregresar?—indagóIchiro. —Parecequedemomentohandecididonoexplotarelyacimientodemolibdeno —respondióelmaestro. —Nosonciertasestashistorias.ÉleraMatasaburo,elgeniodelviento—gritó Kasuke. Delasalademaestrosllegóelsonidodelaguahirviendoenlatetera.Elmaestro fuehaciaallírápidamente,conelabanicorojoenlamano. Losdoschicossequedaronunosmomentosensilencio,mirándosecomopara averiguarquépensabaelotro.Elvientocontinuabasoplandoconfuerzahaciendo temblarlaventanaempañadaycubiertadegotasdelluvia.

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GAUCHE,ELVIOLONCELISTA

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Gaucheeraelvioloncelistadelcinedesupueblo.Desafortunadamente,teníafamade

nosermuydiestro.Nosolonoeraconsiderado«muydiestro»,sinoque,adecir

verdad,eraelpeordelosmúsicosdetodalaorquestayporestarazóneldirector

siempresemetíaconél.

UnatardeestabantodossentadosencírculoensayandolaSextaSinfonía,quepronto iban a tocar en la sala de conciertos del pueblo. Las trompetas sonaban a todo volumen,losclarinetescontribuíanconfuerzaimpetuosa,losviolinesatacabanla melodíaconfuria.Gauche,conloslabiosfruncidosylosojosabiertoscomoplatos fijosenlapartitura,tambiéntocabacongranentusiasmo. Derepente,eldirectordiounasfuertespalmadas.Todoslosmúsicosdejaronde tocaralinstanteylasalaquedóencompletosilencio. —¡Elviolonceloseharetrasado!—gritó—.Tra-la-la-la,tra-la-la…Volvamosa comenzardesdeaquí.¡Vamos! Sepusieronatocardenuevodesdeunpocoantesdelpuntodondesehabían interrumpido.Gauche,rojoporelbochornoyconlafrentecubiertadesudor,logró pasarporfineltramodifícil.Mástranquilo,continuóinterpretandolapieza.Pero,de nuevo,seoyeronlaspalmadasdeldirector. —¡Ese violoncelo! ¡Andas completamente fuera de tono! ¡Qué desastre! ¿Te imaginasquetengotiempodeenseñartelaescalamusical? Todoslosdemásmúsicos,apenadosporél,sededicaronarepasarconatención laspartiturasoseconcentraronenafinarlosinstrumentos.Gaucheseapresuróa tensarlascuerdasdesuvioloncelo.Dehecho,elpercancenoerasoloculpasuyasino tambiéndeldestartaladoinstrumento. —Continuemosapartirdelaúltimabarra.¡Vamos! Losmúsicosprosiguieronconlamelodía.TambiénGauche,conloslabiosbien cerrados,continuótocandocontodasualma.Estavezavanzaronunbuentrechosin problemas.Gaucheyahabíalogradotranquilizarsecuandoeldirector,lanzandouna miradaferoz,volvióadarunasfuertespalmadas.Lediounvuelcoelcorazón.«¡Oh, no!¡Otravezno!»,dijoparasímismo.Porsuerte,nosetratabadeél.Aligualque anteshabíanhecholosdemás,Gauche,conlamiradafijaenlapartitura,simulóestar absortoensuspensamientos. —Bueno,prosigamos. Apenashabíanempezadoatocardenuevo,cuandoeldirectorpegóunasonora patadaenelsuelo. —¡Muymal!Cadaunotocaporsulado.Estaparteeselcorazóndelapiezayla estáis destrozando. Somos músicos profesionales. Se nos va a caer la cara de vergüenzasinosdejamosganarporcualquierpandilladeaficionados.Oye,Gauche, túeresunauténticoproblema.¿Esquenopuedesponermássentimientoaltocar?No

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expresasniira,nialegría,nadaenabsoluto.Además,¿porquénosigueselritmode

losotrosmúsicos?Siempretequedasrezagadocomoloscordonesdesatadosdeunos

zapatos.Sinoespabilasunpoco,noséquépodemoshacercontigo.Portuculpa,la

famadenuestraprestigiosaOrquestaVenuscaeráporlossuelosyestoesinjustopara

losdemás.Bueno,sehaterminadoelensayo.Descansadunratoyosesperoenel

palcoalasseisenpunto.

Todos saludaron al director y fueron saliendo al tiempo que encendían unos cigarrillos.Sujetandoentresusbrazoselsencillovioloncelo,parecidoaunacaja, Gauchesevolvióhacialapared,torciendolabocaensusesfuerzosporcontenerlas lágrimas.Peroprontorecuperóelaplomoyempezóatocarmuysuavementeelpasaje delensayo. Avanzadalanoche,regresóasucasaconelgranobjetonegroacuestas.Gauche vivíasoloenunmolinodeaguamedioenruinasalaorilladelrío,enlasafuerasdel pueblo.Porlamañanasolíaestarensuhuerto,arreglandolastomaterasosacandolos bichosalascoles,peroporlatardesiempresalía.

Alllegaracasa,depositóelpaquetenegroenelsuelo.Desdeluego,setratabadel viejovioloncelo.Lodesenvolviócuidadosamente.Tomóunvasodeunaestantería,lo llenóconelaguadeuncuboyselabebió. Sacudiendolacabeza,sesentóenunasillayempezóatocarconlafuriadeun tigre.Pasandolaspáginasdelapartitura,tocabaysedeteníaapensar,luegovolvíaa tocary,cuandollegabaalfinaldelapieza,comenzabadenuevo.Repitiólaoperación variasveces,haciendoretumbarlacasaconelsonidodelinstrumento. Pasadalamedianocheyanosabíasieraéluotrapersonaquientocaba.Estaba sofocado, con los ojos inyectados en sangre y una expresión terrible en la cara. Parecíaquefueraadesplomarsedeunmomentoaotro.Entonces,alguienllamóala puertatrasera. —¿Erestú,Fauche?—preguntócomounsonámbulo. Peroquienentró,empujandolapuertaconsuavidad,fueungrangatomoteado quehabíavistovariasvecesrondandocercadesucasa.Llevabaenlabocauntomate medio verde, cogido del huerto de Gauche, que parecía haber traído con gran esfuerzo,ylodepositóenelsuelo. —¡Quécansadoestoy!Mehacostadotantotraerlohastaaquí… —¿Sepuedesaber…?—empezóainterrogarGauche. —Esunregalo.Teruegoqueloaceptes—dijoelgatomoteado. Todalatensión queGauchehabíaacumuladoduranteeldíaestallóenaquel momento. —¡Quiéndiablostehadichoquelotraigas!—gritó—.Además,¿creesquevoya

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comeruntomatequehastraídoenlaboca?Paracolmo,nisiquieraestámaduro.¿O sea,queerestúelquehaestadomordisqueandomistomateras?¡Desaparecedemi vista,gato! Entonces el felino, encogiéndose de hombros y entrecerrando los ojos, dijo sonriendoburlonamente:

—Maestro, no te enfades, que te perjudica la salud. ¿Por qué no tocas «Träumerei»,deSchumann?Teescucharéconmuchogusto. —¿Cómopuedeunsimplegatotenerunacaratandura? Elvioloncelista,furioso,sequedópensandoencómojugarleunamalapasadaal felino. —Adelante,notedévergüenza.¿Sabesquenopuedodormirsinoescuchotu música,maestro? —¡Quédesfachatez!Esincreíble. Gaucheenrojeciódeiray,talcomohabíahechoeldirectordelaorquestaaquella tarde,empezóagritaralgatomientrasdabapatadasenelsuelo. Pero,inesperadamente,cambiódeopinión. —Muybien,voyatocar. Comosiselehubieraocurridoalgunaidea,cerrólapuertaylasventanas,agarró elviolonceloyapagólaluz.Eranlasdosdelamadrugadaylosrayosdelaluna entrabanporlaventana,iluminandomediahabitación. —¿Quéquieresquetoque? —«Träumerei»,deSchumann—dijoelgatocontodaseriedad,atusándoseel hocico. —¡Ah,«Träumerei»!Suenaasí,¿no? Gauche rasgó su pañuelo y se tapó bien las orejas con los jirones. Entonces comenzóatocar«CaceríadetigresenlaIndia»conlafuerzadeunvendaval. Alprincipio,elgatoescuchóconlacabezainclinadapero,derepente,enunabrir ycerrardeojos,saliódisparadoychocócontralapuerta,quenoseabrió.Azorado, comosihubieracometidoungraveerror,empezóaecharchispasporlosojosyla frente.Enseguidatambiénporlosbigotesylanariz,loqueleprodujocosquillasy parecióquefueraaestornudar.Denuevo,comosinotuvieratiempoqueperder, reanudósucarrera.Gauchelocontemplabadivertidoycontinuótocandotodavíacon másentusiasmo. —Maestro,yaessuficiente.Deverdad.Nuncamásvolveréacogertustomates. —¡Silencio!Ahoravienelapartedondeatrapanaltigre. Elatormentadogatoempezóasaltarydarvueltasporlahabitación.Elyesode lasparedesquesehabíaadheridoasupielbrillabapálidamentepormomentos.Al final,tansologirabaalrededordelvioloncelistacomountorbellino,hastaqueal mismoGaucheempezóadarlevueltaslacabeza.

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—Bueno,voyadejartetranquilo—dijoy,porfin,paródetocar. —Maestro,estanochehastocadodeunmododistinto,¿nocrees?—observóel gato,comosinadahubierasucedido. El violoncelista se irritó de nuevo, pero, aparentando tranquilidad, sacó un cigarrilloy,conunacerillaenlamano,sedirigióalgato:

—¿Seguroqueteencuentrasbien?Aver,muéstramelalengua. Elgatosacódesdeñosamentesupuntiagudalenguacuanlargaera. —Creoquelatienesunpocoáspera. Desúbito,frotólacerillaenlalenguadelgatoyencendióelcigarrillo. Lasorpresadelfelinofuemayúscula.Girandolalenguacomounmolinode viento,saliódisparadodenuevohacialapuerta,chocócontraella,sealejóenotra dirección, volvió a chocar y recorrió desesperado la habitación en busca de una salida.Gaucheloobservódivertidounosmomentos. —Espera,ahoratedejosalir.Peroniseteocurravolver,gatoestúpido. Abriólapuertayelgatosaliócomounaexhalación,perdiéndoseentrelasaltas hierbas.Gauchelocontemplósonriendoyporfinseacostó,comosisehubiera sacadoungranpesodeencima.

A la noche siguiente, Gauche regresó a casa cargado de nuevo con el negro violoncelo.Tomóunabuenacantidaddeaguay,comolavíspera,sepusoapracticar conelinstrumento. Tocóunahora,dos,yprontosehizomedianoche.Sonaronlauna,lasdos,y Gauchecontinuabaconsusejerciciosmusicales.Yanosabíaniquéhoraeraniquién tocabacuandoalguienllamóalapuertatrasera. —¿Todavíanohasescarmentado,gato?—gritó.Peroquienentróconruidode forcejeoporunagujerodeltechofueunpájarogris. —¡Vaya,hastalospájarosmevienenavisitar!¿Sepuedesaberquéquieres? —Quieroquemeenseñesmúsica—dijoelcuclillocontodaseriedad. —¿Conquequieresaprendermúsica,eh?—respondióGauche—.Perosisolo puedescantar«cu-cu,cu-cu»,¿noescierto? —Asíes.Peronoestanfácilcomoparece—dijoelcuclillosininmutarse. —Yaentiendo.Elúnicoproblemaparavosotrosloscuclillosesquetenéisque cantarmucho.Perolasnotassonfáciles,¿ono? —Lomásdifícilsonlasnotas.Puedocantareste«cu-cu»yesteotro«cu-cu».¿Te dascuentadeladiferencia?—Amímepareceniguales. —Esporquenopuedesentenderladiferencia.Nosotrosloscuclillospodemos distinguirentremásdediezmil«cu-cu»distintos. —Comoquieras.Perosientiendestanto,¿enquétepuedoayudar? —Quieroaprenderlaescalamusical.

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—¿Dequédiablospuedeservirteaprenderlaescala? —Necesitoconocerlaparapoderviajaralextranjero. —¿Yparaquéquieresiralextranjero? —¡Maestro,porfavor,enséñamelaescala!Yocantarémientrastocas. —¡Qué pesado! La tocaré solo tres veces y después quiero que te esfumes rápidamentedemicasa. Gauchetomósuvioloncelo,loafinóyempezóatocarlaescala. —Do,re,mi,fa… Cuandoterminó,elcuclillosepusoaaletearnerviosamentemientrasdecía:

—No,no.Asíno.Laescalanoesasí. —¡Miraqueerespesado!Sinoteparecebienasí,¿porquénolohacestú? —Asíescomodebesonar—dijoelcuclillo,enderezándosebienyemitiendoun solo«cu-cu». —¿Aestolollamastúunaescala?Entonces,paravosotrosloscuclillosserálo mismounaescalaquelaSextaSinfonía. —No.Soncompletamentedistintas. —¿Ah,sí?¿Enquésediferencian? —Cuandosesucedenmuchasnotas,esmásdifícil. —Supongoqueterefieresaesto—dijoGaucheytocóvariasveces«cu-cu». El cuclillo, entusiasmado, empezó a cantar acompañando el violoncelo de Gauche.Cadavezmáscontento,secontorsionabaalritmodelosrepetidos«cu-cu». AGauchecomenzóadolerlelamano. —Bueno,yaessuficiente,¿no?—dijoydejódetocar. Elcuclillolevantólosojosapenadoycontinuócantandounosinstantes. —Cu-cu,cu-cu,cu-cu,cu… LapacienciadeGaucheyasehabíaagotadoporcompleto. —Oye,pájaro.Yahiceloquemepediste.Ahoraechaelvuelo. —¿Nopodríastocarunavezmás?Lohacesbien,perohayalgoquetesale diferente. —¿Osea,queahoraerestúquienmevaaenseñaramí?Desaparecedemivista. —Por favor, solo una vez más. ¡Por favor! —pidió el cuclillo con repetidas inclinacionesdecabeza. —Bien.Peroeslaúltimavez. Gauchepreparósuarco. Elcuclilloemitióunsolo«cu»ydijo:

—Tócalotanlargocomopuedas—ysevolvióainclinarconrespeto.

—Yanoloaguantomás—dijoGaucheconunasonrisadedesesperaciónyse

pusoatocardenuevo.

Comolavezanterior,elcuclillosedejóarrastrarporlamúsicay,moviéndoseal

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ritmo,acompañólamelodíacantandocontodasualma.AlprincipioGaucheestaba irritadoenextremo,perodesúbitosediocuentadeque,enrealidad,elpájarose adaptabaalaescalamusicalmejorqueél.Cuantomástocaba,másseconvencíade ello. «Sicontinúotocandoesto,acabaréporconvertirmeenunpájaroyomismo», pensóGaucheysedetuvoenseco. Elcuclillosetambaleócomosialguienlehubieragolpeadolacabezayterminó decantargradualmente,igualquehabíahechoantes. —¿Porquéhasdejadodetocar?Inclusoelcuclilloquemenossepreciecanta hastadolerlelagarganta. —¡Qué descaro! ¿Hasta cuándo te imaginas que puedo dedicarme a estas tonterías?Vetedeunavez,queyaestáamaneciendo—dijoGauche,señalandohacia laventana. Aleste,elcieloseestabavolviendoplateadoyunasnubesnegraslocruzabanen direcciónnorte. —Unavezmás,hastaquesalgaelsol.Yafaltamuypoco—volvióapedirel cuclilloconunacortésinclinacióndecabeza. —Ya basta, pájaro estúpido. Si no te vas ahora mismo, te cocinaré para el desayuno—gritóGauche,dandounasonorapatadaenelsuelo. Elcuclillo,asustado,salióvolandohacíalaventana,perochocóestrepitosamente contraelcristalycayóalsuelo. —Miraquechocarcontraelcristal.¡Hayquesertonto! Gaucheseapresuróaabrirlaventana,quenuncasedeslizabaconfacilidad. Mientrasluchabaporabrirla,elpájarovolvióachocarcontraellayfueapararde nuevoalsuelo.Enelbordedelpicoteníaunpocodesangre. —¿Quiereshacerelfavordeesperar,queteabroenseguida? Apenashabíalogradoabrirlaunoscentímetros,elpájaroyasehabíarecuperado y,conlavistafijaenelcielodeleste,salíadenuevocontralaventana.Estavez chocótodavíaconmásfuerzaypermanecióunosmomentosinmóvilenelsuelo. Cuandoelvioloncelistaextendiósumanopararecogerloyecharloavolarporla puerta,elanimalitoloesquivóyvolvióalanzarsecontraelcristal.Ibaachocarde nuevocuandoGauche,sinpensarlo,lanzóunatremendapatadaalaventana.Doso trescristalessaltaronhechosañicosylaventana,conmarcoytodo,cayóhaciafuera. Elcuclillopartiócomounaflechaporelhuecoyvolóenlínearectahastadesaparecer en el cielo. Gauche se quedó mirando un instante hacia fuera con expresión de disgustoy,tambaleándose,fueaacostarseaunrincón.

TambiénaldíasiguienteGauchepracticóconsuvioloncelohastabienentradala

noche.Sedetuvounmomentoadescansarytomarunvasodeagua,cuandoalguien

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llamóalapuerta.Pensandoqueseríauncuclillocomolanocheanteriorocualquier otro insólito personaje, y con la intención de echar con cajas destempladas al visitante,salióaabrirconelvasotodavíaenlamano. Lapuertaseentreabrióyaparecióuncachorrodetejón.Gaucheacabódeabrirla ydiounapatadaenelsuelo. —¡Eh,tejón!Hasoídohablardelasopadetejón,¿no?—gritó. El pequeño se sentó con pulcritud en el suelo y por un momento pareció ensimismadopensando,conlacabezainclinadahaciaunlado.Dabalaimpresiónde nohaberentendidobien. —¿Sopadetejón?—respondióunpococonfuso—.Puesno. Al ver su expresión, Gauche estuvo a punto de echarse a reír, pero hizo un esfuerzoporponercaradeenfado. —Puestedirédequésetrata.Lasopadetejónsepreparaconuntejóncomotú. Sehierve,seañadenhojasdecolysal,ygentecomoyoselacome—explicóel músico. Eltejónpusocaradeextrañeza. —Peromipadremedijoquetúeresbuenapersonayquefueraaaprendercontigo —replicó. Gaucheyanosepudoaguantarmásysoltóunacarcajada. —¿Quétedijoquepodíasaprender?Yoestoymuyocupado.Además,memuero desueño. Eltejónhizoacopiodevaloryavanzóunpaso. —Yosoyelencargadodetocareltambor.Tengoqueaprenderaacompañarel violoncelo. —Peroaquínohayningúntambor. —Aquíestá. Eltejónsacódesuespaldadosbastones. —¿Yquépiensashacerconeso? —Porfavor,toca«Elcocheroalegre». —¿Quéeseso?¿Unapiezadejazz? —Aquítieneslapartitura. Elcachorrosacóunapartituratambiéndesuespalda.Gauchelatomóycomenzó areírse. —¡Quémelodíamásextraña!Bueno,voyatocarla. Elvioloncelista,preguntándosecómoselasarreglaríaelanimalito,sepusoa tocar. —¿Ytú?¿Cómoesquenotocaseltambor? Entonceseltejóncogiólosdosbastonesyempezóamarcarelcompássobrela cajadelvioloncelo,másabajodelpuente.Diciéndoseasímismoqueelpequeñono

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lohacíanadamal,Gaucheempezóatomarlegustoaljuego.Cuandollegaronalfinal,

eltejónsequedópensandoconlacabezainclinada.Porfin,comosihubierallegadoa

unaconclusión,dijo:

—Gauche, cuando tocas la segunda cuerda, te retrasas. Me haces perder el compás. El músico se quedó desconcertado. Sin duda alguna la segunda cuerda se retrasaba.Dabalaimpresióndeque,independientementedelavelocidadconquela tocara,siempretardabaunpocoensonar.Yasehabíadadocuentalanocheanterior. —Puedequetengasrazón.Estevioloncelonosuenabien—reconocióGauche contristeza. —¿Dónde estará el problema? ¿Puedes tocar otra vez, por favor? —dijo pensativo,comosiestuvieraapenadoporél. —Muybien.Empiezodenuevo. Igualqueantes,eltejónsededicóagolpearlacajaconlosbastonesy,devezen cuando,girandolacabeza,aplicabasuorejaalinstrumento. —¡Oh,yasehahechodedía!Muchasgracias,Gauche. El tejón se apresuró a recoger la partitura y los bastones, los sujetó con un elástico,seloscolocóalaespalday,saludandocortésmenteunpardeveces,se marchóconpasoligero. Gauchepermanecióensimismadorespirandoelairefrescoqueentrabaporel huecodelaventanarotalanocheanterior,peroseacostóenseguida,pensandoque debíarecuperarfuerzasparairalpuebloaldíasiguiente. Tambiénlanochesiguientelapasópracticandohastaelamanecer.Yaseestaba quedandodormidodelantedelapartituracuandoalguienvolvióallamaralapuerta. Eran unos golpecitos tan tenues, que Gauche los pudo oír solo por haberse acostumbradoalasvisitasnocturnas. —Adelante—dijo. Entoncesporlapuertaentreabiertaentróunratóndecampo,seguidoporsucría, yseacercóadondeestabaél.Dichoseadepaso,lacríaeratanpequeñacomouna goma de borrar, lo que hizo mucha gracia a Gauche. El ratón de campo, muy preocupado,depositóunacastañafrenteaGaucheylosaludócortésmente. —Maestro,aestacriaturaleduelemuchoelestómagoyparecequesevaamorir. Teruegotengaslabondaddecurarla. —¿Qué te imaginas, que me dedico a hacer de médico ahora? —respondió Gaucheunpocoirritado. Elratónsequedóensilencio,cabizbajoporunosmomentos.Pero,denuevo, volvióahablarcondecisión. —Porfavor,maestro,séquecadadíacuraslasenfermedadesdeotrosanimales. —¿Sepuedesaberaquéterefieres?

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—¿Acasonosabesquegraciasatilaabuelaconejosemejoró?Tambiénelpadre

deltejóneinclusoelmalignomochuelo.Siloshasayudadoaellos,¿porquéno

puedescuraramihijo?

—Oye,aquíhayalgúnmalentendido.Queyosepa,nohecuradoanadie.Aunque,

esoescierto,elcachorrodeltejónestuvoaquíanoche,jugandoaquetocabaenuna

orquesta.

Finalmente,elratóndecamposeechóallorar.

—Ah,¿porquésiestepobreratoncitoteníaqueponerseenfermonolohizo

antes?Justocuandodejastedetocar,comenzóasentirsemal.Yahora,pormásquete

lopida,noquieresvolveratocar.¡Quémalasuerteparaestainfelizcriatura!

—¿Quésignificaestodequemimúsicahacuradoaunmochueloyaunconejo?

¿Sepuedesaberdequéestáshablando?—gritóGauche,sinentendernada.

Elratón,secándoselosojosconlapata,comenzóahablar:

—Cuandolosanimalesdeporaquíseponenenfermos,seescondenbajoelsuelo detucasayasísecuran. —¿Ymequieresexplicarporqué? —Claro. El sonido de tu violoncelo les mejora la circulación de la sangre y algunossecuranallímismo,otros,alpocoratodevolveracasa. —¡Ah,yaentiendo!Cuandotocoelviolonceloatodoretumbar,lamúsicaactúa comounmasajeyvosotrososcuráis,¿no?Muybien.Ahoratocaréparaturatoncito. Gaucheafinósuinstrumento,cogióentredosdedosaldiminutoroedorylometió enlacajadelviolonceloatravésdelagujero. —¿Puedoentrarconél?Entodosloshospitalespermitenacompañantes—dijola madrey,terriblementeexcitada,selanzóhaciaelvioloncelo. Gauchecogióalratóndecampoeintentóintroducirloporelorificio,perosolola cabeza y la mitad superior del cuerpo lograron entrar. Las dos patitas traseras quedaronfuera,suspendidasenelaire,luchandopormantenerelequilibrio. —¿Estás bien, hijo? ¿Has caído sobre las cuatro patas, como siempre te he enseñado? —Estoybien,mamá—dijoelpequeñoroedorconunhilodevozdesdeelfondo delinstrumento. —¿Vescomoestábien?Dejayadellorar. Gauchedejóelratóndecampoenelsuelo,tomóelarcoyempezóatocaruna rapsodia.Lasnotassesucedíanretumbantes. Lamadreratónalprincipioescuchólamúsicaconvisiblepreocupación,peroal cabodeunrato,muertadeimpaciencia,dijo:

—Creoqueyaessuficiente.¿Puedessacaramihijodelvioloncelo,porfavor?

—Ah,¿yabasta?

Entonces,inclinóelinstrumento,introdujolamanoporelorificioyempezóa

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buscaratientasdentrodelacaja.Enseguidasacólamano,conelratoncitodentrode ella. Al mirarlo, Gauche se dio cuenta de que tenía los ojos cerrados y estaba temblandocomounahoja.Ensilencio,lodepositóenelsuelo. —¿Cómoestás?¿Yateencuentrasmejor? Elratoncitonorespondióycontinuótemblando.Pero,enunabrirycerrarde ojos,selevantóyempezóacorretearporlahabitación. —¡Ah,yasehamejorado!Muchasgracias,gracias,gracias…—repetíalamadre ratóncorriendojuntoasucría—.Gracias,gracias…—continuódiciendohastadiez veces. Sinsaberporqué,Gaucheempezóasentirlástimaporlosdosanimalitos. —Ratones,¿vosotroscoméispan?—preguntó.Elratóndecampo,sorprendido, comenzóamirarentodasdirecciones. —¿Pan?¿Terefieresaesacosaesponjosahechaconharinadetrigoamasada? Debedeserdelicioso.Peronosotrosnonoshemosmetidodentrodetudespensa.Y despuésdeloquenoshasayudado,nosenosocurrirájamáshacerlo—seapresuróa decir. —Nomerefieroaeso.Soloqueríasabersiosgustaba.Esperaunmomento,que tetraeréunpocoparaelestómagoenfermodeturatoncito. Gauchedepositósuinstrumentoenelsuelo,sedirigióaladespensaypartióun pedacitodepan,quecolocóanteellos.Elratóndecampo,sinsaberquéhacer,reíay llorabaalavez,hacíacortesesinclinacionesdecabezay,finalmente,sujetandoelpan entrelosdientescongrancuidado,saliódelacasaseguidoporsucría. —¡Ah,quéagotadoreshablarconratones!Diciendoesto,Gauchesetumbóenla camayenuninstanteyaestabaroncandoplácidamente.

Yllególanochedelsextodía…LosmúsicosdelaOrquestaVenusfueronsaliendo delescenariodelasaladeconciertosmunicipalconlascarasencendidasycadauno consuinstrumentoenlamano.HabíantocadolaSextaSinfoníaespléndidamente. Delasalallegabanlassalvasdeaplausosdelpúblico.Eldirectordelaorquestase paseabaentrelosmúsicosconlasmanosenlosbolsilloscomosinoloimpresionaran las ovaciones, pero no podía ocultar su satisfacción. Los músicos ya estaban encendiendocigarrillosyguardandolosinstrumentosensusestuches. Enlasalacontinuabanlosaplausos.Nosoloeso,sinoquecadavezsehacíanmás fuerteshastaretumbarconunfragorincontrolable.Entoncesentróalcamerinoun funcionariomunicipalconunagranbandablancaalpecho. —¿Nopodríantocarunbis?Aunqueseaunapiezacorta. —Imposible.Despuésdeestainterpretaciónmagistralnopodríamostocarnada quesatisficieraalpúblico—respondióeldirectortajantemente. —Enestecaso,señordirector,salgaunmomentoparasaludar,porfavor.

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—Nopuedeser.Oye,Gauche.Salytocaalgunacosa. —¿Quién,yo?—exclamóelvioloncelistasorprendido. —Esomismo,tú—contestóelprimerviolín,levantandolavista. —¡Vamos,salrápidamente!—ordenóeldirector. EntretodosobligaronaGaucheacogerelviolonceloyprácticamentelosacarona empujonesalescenario. Al ver a Gauche con el agujereado instrumento entre sus brazos, el público prorrumpió en atronadores aplausos. Incluso había quien lanzaba gritos de entusiasmo. «¿Hastadóndepiensantomarmeelpelo?—pensó—.Muybien.Tocaré“Cacería detigresenlaIndia”». Gauchecaminóhastaelcentrodelescenarioconaplomo.Aligualquelohabía hechoconelgato,Gaucheatacólapiezaconlavehemenciadeunelefantefurioso. Elpúblicoescuchóencompletosilencio.Gauchecontinuótocandocontodasu alma.Dejóatráselpasajedondeelgatohabíaempezadoaecharchispas.Tambiénel quelohabíahechochocarcontralapuertarepetidasveces.Cuandofinalizólapieza, sinconcederniunamiradaalpúblico,agarrósuviolonceloyregresórápidamenteal camerino.Eldirectorylosmúsicos,sentadosensilencio,teníanlosojosfijoscomosi contemplaranunincendio. Pensando: «¡Que sea lo que Dios quiera!», pasó ante sus compañeros, se desplomóenunasillaalotroextremodelahabitaciónycruzólaspiernas.Todos volvieronlacabezaalunísonohaciaél.Nadiesereíaenabsoluto. «Estanochepasancosasextrañas»,pensó. —¡Muybien,Gauche!—elogióeldirectordelaorquesta,levantándose—.A pesardetratarsedeunapiezaasí,todostehanescuchadoconinterés.Hasmejorado muchodurantelaúltimasemana.Tumododetocaresirreconocible,comparadocon diezdíasatrás.¿Hasvistocomo,siquieres,puedes? LosotrosmúsicostambiénsehabíanlevantadoyestabanfelicitandoaGauche. —Solosepuedelograralgoasíconuncuerpofuerte.Otrapersonahabríamuerto porelesfuerzo—continuódiciendoeldirector. Aquellanoche,Gaucheregresóacasatarde.Comoerasucostumbre,sebebióun granvasodeagua.Entoncesabriólaventanay,mirandoellejanocielo,seacordódel cuclillo. —¡Ay,cuclillo!Podríahabersidomásamableaquellavez.Enrealidad,noestaba tanenfadadocontigo…

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KENJIMIYAZAWA.Hanamaki(Japón),1896-Ídem,1933.Poetayescritorde literaturainfantildepeculiarestilo.

KENJIMIYAZAWA.Hanamaki(Japón),1896-Ídem,1933.Poetayescritorde

literaturainfantildepeculiarestilo. NacióenlaprefecturadeIwate,alnortedelaprincipalisladeJapón,enelseno deunafamiliaacomodada.Fuemuybuenestudianteyprontocomenzóainteresarse

porlapoesía.Con13añoscompusosuprimertanka.Alos19fueadmitidoenla

EscueladeAgriculturaySilviculturadeMoriokaycomenzóapublicarpoemasen

revistasliterarias.Trasfinalizarsusestudios,regresaen1919asuciudadnatalpara

cuidar de su hermana Toshi, enferma de tuberculosis. Sin embargo, debido a desavenencias con su padre se traslada a Tokio, donde trabaja como ingeniero agrónomoydocenteyentraencontactoconloscírculosliterariosdelacapital. Publica sus primeras historias con gran éxito de crítica. En 1926 abandona la seguridaddesuempleoysemudaaShimonekiparadedicarsecompletamenteala

agriculturayescribir.Traslucharduranteañosconlapleuresíamuereen1933,alos

37añosdeedad,trassufrirunaneumoníaaguda.

Buenapartedesustrabajossalieronalaluztrassumuerte.Entreellosdestacan EltrennocturnodelaVíaLáctea(Gingatetsudōnoyoru,publicadopóstumamente en 1934), Matasaburo, el genio del viento (Kaze no Matasaburō), Gauche, el violonchelista(CellohikinoGoshu),Elrestaurantedelosmuchospedidos(Chūmon noōiryōriten)yelpoemaSinperdercontralalluvia(Amenimomakezu),elcual resumesuvisiónpersonaldelmundo. Miyazawaeshoyunodelospoetasjaponesesmáspopulares.Escribíasusrelatos

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paraacercar,asuforma,laenseñanzadelBudismoMahāyānaalaspersonassimples,

especialmentealosniños.SedejóinspirarenespecialporelSutradelLoto,queveía

comoguíaparasuvidapersonal.Tambiénmostróseinteresóporlaideadeuna

lenguacomúninternacional,locuallollevóaestudiaresperantoytraduciralgunos

desuspoemasaesteidioma.

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Notas

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[1] Estaefeméridetuvolugaren1996,añoenelqueMontseWatkinsescribióeste prólogoyeditóporprimeravezsutraduccióndeestoscuentosdeMiyazawa.<<

www.lectulandia.com-Página101

[2] Especie de calamar de unos cinco centímetros de longitud con órganos luminescentesenelcuerpoyenlostentáculos.<<

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[3] Ginkgobilobalynn,árbolautóctonodeJapón.<<

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