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UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES Y MASCULINIDADES Programas destinados a varones que ejercen violencia en el ámbito de la pareja.

Fernando Daniel Rodríguez Añón

Trabajo final de grado LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA UDELAR

Tutoría:

Prof. Agda. Alejandra López Gómez Instituto de Psicología de la Salud

Mayo, 2014 Montevideo-Uruguay

RESUMEN

En Uruguay, según estadísticas oficiales, al menos cada 8 días una mujer o niña/o ha sido asesinada entre los años 2004-2010. El 62% de los crímenes han sido cometidos por varones de su propio entorno doméstico y/o familiar. En un país donde se han ratificado las Convenciones Internacionales para la erradicación de la violencia contra la mujer, se propone en su legislación la prevención, atención y rehabilitación a las personas víctimas, así como la represión y rehabilitación a personas victimarias. Al igual que en otras partes del mundo, se hacen propuestas estatales, académicas y desde la sociedad civil para colaborar en la transformación de las practicas hegemónicas del patriarcado que transversalizan el accionar cotidiano, vulnerando principalmente los derechos de las mujeres. Desde hace algunas décadas el trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres cobra relevancia proponiéndose desde métodos represivos hasta grupos de reflexión o reeducación, voluntarios o por mandato judicial, enfocado a generar un cambio cultural que permita vivir a todas las personas de manera saludable. Considerando estos antecedentes, este estudio se propone reseñar y problematizar sobre los dispositivos, intervenciones y experiencias de trabajo con varones, desde una perspectiva de género y derechos humanos, con el objetivo de generar una plataforma que permita investigar sobre las experiencias que se viene desarrollando en Uruguay. Se estructura considerando los principales antecedentes internacionales y nacionales sobre trabajo con varones que ejercen violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja, realizando una descripción de diversos modelos, programas, metodologías y resultados conocidos, incluyendo entrevistas a referentes en el tema. Se realiza una fundamentación teórica, ética y política sobre la pertinencia del trabajo con esta población, para finalizar con algunas conclusiones sobre las características con que deberían contar los programas para tener mayores posibilidades de éxito en cuanto a generar un cambio significativo en la erradicación de la violencia hacia las mujeres.

Palabras Clave: Modelos, Programas, Género, Violencia, Varones, Mujeres.

Fernando Daniel Rodríguez Añón frodriguez@psico.edu.uy

TABLA DE CONTENIDO

Resúmen………………………………………………………………………

……….…

2

Índice………………………………………………………………………………………………

3

Tabla de abreviaturas y acrónimos………………………………………………………………

4

Introducción…………………………………………………………………

………

5

Antecedentes y fundamentación…………….………………………

………

7

Violencia contra las mujeres y Convenciones Internacionales…………………………

7

Enfoques y lugares asignados a los varones en las Conferencias Internacionales………

8

Organización Mundial de la Salud y violencia contra las mujeres………………………………9

Dispositivos de trabajo con varones que ejercen violencia contra las mujeres………….

11

Investigaciones sobre experiencias de trabajo con varones que ejercen violencia

………

13

Investigando a los varones en relación a su tránsito por los programas……………………

17

Activismo, Academia y Masculinidades…………………………………………………………

18

Violencia contra las mujeres en Uruguay………………………

………………………………

20

Experiencia Renacer con grupos de varones

……………………

…………………………

25

Experiencia de atención a varones en Sanidad Policial del Ministerio del Interior…………

26

Experiencia de atención a varones portadores de dispositivos electrónicos………………

27

Experiencia de reeducación a varones en la Intendencia de Montevideo. Programa

de atención a varones que deciden dejar de ejercer violencia…………………

…………….27

El Modelo CECEVIM………………………………………………………………………………

28

Referentes teóricos………………………………

…………………………….……

……………30

Conclusiones…………………………………………………………………………………………34

Referencias bibliograficas…………………………

……………………………………………

41

TABLA DE ABREVIATURAS Y ACRÓNIMOS

AECID - Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo

CAINFO Centro de Archivo y Acceso a la Información Pública

CECEVIM Centro de Capacitación en la Erradicación de la Violencia Intrafamiliar

Masculina

CEDAW Convención para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer.

CEPAL Comisión Económica para América Latina

CORIAC Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias de México

CIPD Fondo de Población de las Naciones Unidas

INAU Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay

MI Ministerio del Interior

MIDES Ministerio de Desarrollo Social

MSP Ministerio de Salud Pública

MIMP Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Perú.

OMS Organización Mundial de la Salud

ONG- Organismo No Gubernamental

ONU Organización de las Naciones Unidas

OPS Organización Panamericana de la Salud

OIM Organización Internacional para las Migraciones VD Violencia Doméstica

PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

POCOVI Programa de Hombres contra la Violencia Intrafamiliar

SIPIAV Sistema Integral de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia

UPCH Universidad Peruana Santiago Heredia

UNESCO - Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

UNFPA Fondo de Población de las Naciones Unidas

VDCM Violencia Doméstica Contra las Mujeres

INTRODUCCIÓN

Considerando la necesidad de generar conocimiento que -entre otros destinos- permita evaluar las experiencias recientes en cuanto a dispositivos de trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres en el ámbito de la pareja en Uruguay, resulta imprescindible estudiar los antecedentes internacionales vinculados al tema. Esto implica referir al proceso histórico y político con particularidades además territoriales, que han transitado los movimientos feministas, los Estados y los programas, modelos o experiencias de trabajo con varones principalmente en América y Europa. Con el fin de alcanzar este objetivo se propone un estudio monográfico, entendiendo por ello lo propuesto por Temporetti (2005) “consiste en un trabajo de investigación bibliográfica sobre un tema especifico para luego ser divulgado” (p. 69) y considerando además que la Monografía debe tomar como punto de partida y guía la formulación de problemas y la búsqueda de soluciones a los mismos(p. 75) La lucha por los derechos humanos de las mujeres ha generado un marco normativo, socio-cultural e histórico que impacta en las subjetividades. Esto contribuye a visualizar las tensiones generadas en función de qué más de la mitad de la humanidad aún no tiene, en la práctica cotidiana, los mismos derechos que la otra (sin descontar las diferencias significativas de usufructo de derechos que existen al interior de estas “mitades”). La lucha feminista hace visible esta desigualdad y genera las condiciones socio- históricas para trabajar sobre la legitimación de los derechos humanos de las mujeres, lo que propicia el posterior desarrollo de trabajos con varones, desde diversas perspectivas que luego analizaremos. Vale la pena señalar que en algún momento se pudieron considerar la inclusión de los Estudios sobre las Masculinidades como una afrenta contra el Movimiento Feminista. Sin embargo, el trabajo fundamentalmente en acciones tendientes a erradicar la violencia contra la mujer, debe tanto incorporar el empoderamiento en clave de derechos humanos de las mujeres como el reconocimiento de dichas garantías por parte de los varones. Esto explica un trabajo tendiente a transformaciones subjetivas individuales y colectivas que necesariamente debe considerar a los varones como objeto de estudio y como potenciales agentes de cambio. Como explica Lagarde (2007) “…las mujeres que hemos participado en procesos para eliminar la violencia y sus consecuencias, no encontramos hombres interlocutores ni en los espacios públicos ni en los hogares(p. xi) y a continuación agrega:

El deseo amasado por mujeres violentadas es que se haga algo directamente con los hombres para ponerle un alto a su manera de ser violentos, a las secuelas de

daños y a la impunidad. Muchos quisieran que además de los procesos judiciales se dé tratamiento psicológico a los hombres, que también intervengan consejeros comunitarios o programas con perspectiva de género para hacerlos cambiar (Lagarde, 2007, p. xi).

La violencia ejercida por los varones 1 hacia las mujeres en el ámbito de la pareja (o ex-pareja), una de cuyas manifestaciones más habituales y reconocidas socialmente es la violencia en el ámbito doméstico, se reconoce como un problema de alta relevancia social, de Derechos Humanos y de Salud Pública (OMS, 2013), además de constituir “un importante reto para investigadores e instituciones implicadas en su erradicación” (Boira y Jodrá, 2013, p. 290). Cabe consignar que por Violencia Domestica se identifican aquellas que suceden entre personas que tengan o hayan tenido un vínculo de noviazgo o convivencia, lo que no excluye de esta clasificación a hijos/as, padres/madres, familiares en general, personas con las que se convivió más allá de establecer un vinculo de pareja. En este trabajo nos vamos a centrar en los programas que trabajan con varones enfocados en erradicar la violencia hacia las mujeres en el ámbito de la pareja, la que Castro (2012) ubica en el cruce de la violencia intrafamiliar (entre el núcleo familiar) o doméstica (ejercida en el lugar de convivencia) y la violencia hacia las mujeres (de origen social), teniendo en cuenta además la categoría violencia basada en género que implica a aquellas sostenidas por las desigualdades de poder.

En gran parte del mundo occidental, además de las Convenciones Internacionales vigentes, se hacen propuestas a nivel estatal, académico y desde mediados del siglo pasado como acción política desde los movimientos sociales” (López, 2013, p. 25) con el fin de incorporar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres a la agenda de derechos humanos, para colaborar en la transformación de las prácticas hegemónicas del patriarcado que transversalizan el accionar cotidiano y vulneran sus derechos, lesionando su salud de manera grave, ocasionando en muchos casos la muerte. La relevancia científica de estudiar sobre esta temática vinculada a la erradicación de la violencia basada en género, se sostiene por el alto impacto que el tema tiene en las múltiples dimensiones señaladas precedentemente, el elevado costo humano y las recomendaciones realizadas por diversos estudios vinculados.

1 Se opta por el término “varones” a diferencia de “hombres” pues este ultimo en su uso social, aceptado por la Real Academia Española, se considera un universal que incluye tanto a varones como a mujeres y esto podría invisivilizar la singularidad de ellos y de ellas. Por otra parte la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, en sus aportes a la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, defendió con éxito la necesidad de suprimir las referencias a “los hombres” como sinónimo de la humanidad, y logró incorporar un lenguaje nuevo e inclusivo.

ANTECEDENTES Y FUNDAMENTACIÓN

Violencia contra las mujeres y Convenciones internacionales

La violencia ejercida por varones hacia las mujeres ha sido lentamente visibilizada en el mundo occidental. Como antecedente fundamental se destaca la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948). Los movimientos feministas que lucharon por la igualdad civil de la mujer, redoblaron sus reivindicaciones a partir del fin de la segunda guerra mundial, tomando como plataforma la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, creada en el año 1946 por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, para luego en el año 1967 realizar la primera Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer. Se comienza así a trabajar en coordinación con los reclamos de los grupos feministas hasta que en la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer (1975), coincidiendo con el año Internacional de la Mujer, se genera una nueva Declaración que es tomada luego por la Asamblea General donde se aprueba la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, 1979). La misma tiene como finalidad propender a eliminar efectivamente todas las formas de discriminación contra la mujer, obligando a los Estados miembros a reformar las leyes a tal fin y discutir sobre la discriminación sobre las mujeres en el mundo.

A los efectos de la presente Convención, la expresión "discriminación contra la mujer" denotará toda distinción, exclusión a restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera (CEDAW, 1979, Art. 1°).

Los Estados que ratifican esta Convención tienen la obligación de consagrar la igualdad de género en su legislación nacional y derogar todas las disposiciones discriminatorias en sus leyes. Se propone además establecer tribunales e instituciones públicas para garantizar a las mujeres una protección eficaz contra la discriminación, y adaptar medidas para eliminar todas las formas de discriminación en su contra practicada por personas, organizaciones o empresas. Posteriormente en el ámbito de la Organización de Estados Americanos, se genera la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, la cual plantea:

Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado (Belem de Pará, 1994, Art. 1°).

En este desarrollo histórico y político del marco jurídico internacional que aporta significativamente a la visibilización de la violencia hacia las mujeres, juegan un rol preponderante las Conferencias Mundiales sobre la Mujer (México, 1975; Copenhague, 1980; Nairobi, 1985). A su vez, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (ONU, 1993), en la cual se sientan las bases generales para la eliminación de la violencia contra la mujer, incide de manera fermental en la Convención Interamericana mencionada (Belem do Pará, 1994) y da paso a la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) la cual plantea entre otros elementos que la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos fundamentales e impide el logro de los objetivos de igualdad, de desarrollo y de paz. Existen otros antecedentes recientes a nivel latinoamericano, como el Consenso de Quito (2007), el de Brasilia (2010), el de Montevideo (2013); aprobados en las X y XI Conferencias Regionales sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, así como en la 1° Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe respectivamente. Las conclusiones convenidas sobre la eliminación y prevención de todas las formas de violencia contra la mujer y la niña del 57° período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de 2013. (CEPAL, 2013)

…la violencia contra las niñas, las mujeres, las personas LGBT y la violencia sexual en particular constituye un indicador crítico de marginación, desigualdad, exclusión y discriminación de género contra las mujeres, que tiene implicaciones en la autonomía, la autodeterminación, las salud individual y colectiva y el ejercicio de los derechos humanos…(CEPAL, 2013, p. 15)

Convenciones

internacionales

Las Conferencias, Convenciones y Declaraciones internacionales plantean la necesidad de participación de los varones en áreas sobre todo vinculadas a la salud sexual y reproductiva y la seguridad de las mujeres mediante el reconocimiento de sus derechos, exhortando a eliminar prácticas de discriminación y abuso, fomentando la iniciativa de programas de trabajo con varones para apoyar un cambio en su comportamiento tanto a

Enfoques

y

lugares

asignados

a

los

varones

en

las

nivel de las paternidades como en el vínculo con las mujeres. Surge así del Programa de Acción de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (1994), la necesidad de promover la participación e intervención en la vida productiva y reproductiva de los varones, incluyendo las responsabilidades en cuanto a la crianza de los hijos y el mantenimiento del hogar, así como numerosos ejemplos sobre la necesidad y los esfuerzos que deben realizar los varones en pro de una mayor responsabilidad y participación en la búsqueda de mejorar

la calidad de vida de sus compañeras sexuales, parejas, en su rol como padres, destacando

también la participación de varones en la prevención de la violencia contra las mujeres y los niños. (Mora, 2001). De la última Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe (Montevideo, 2013) caben destacar los puntos 57 al 59, donde se plantean temas vinculados a la efectividad sobre las políticas aplicadas, la adopción de medidas preventivas, penales, de protección y atención que contribuyan a la erradicación de todas las formas de violencia y estigmatización contra las mujeres y niñas en los espacios públicos y privados, en particular los asesinatos violentos de niñas y mujeres por motivos de

género. Reafirmando el compromiso y voluntad política de combatir y eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres, incluida la violencia intrafamiliar, el femicidio/feminicidio, convoca a promover activamente la sensibilización sobre la implementación de la perspectiva de género entre los aplicadores de justicia. Se incluyen recomendaciones en cuanto a incrementar el acceso de los varones, incluidos niños, adolescentes y jóvenes, a la información, la consejería y los servicios de salud sexual y salud reproductiva así como a promover la participación igualitaria en el trabajo de cuidados,

a través de programas que sensibilicen a los varones respecto a la igualdad de género,

fomentando la construcción de nuevas masculinidades. (CEPAL, 2013) Previamente se venían realizando recomendaciones en cuanto a ofrecer y fomentar programas de trabajo con varones e investigaciones sobre los mismos, desde los Organismos Internacionales y las Convenciones vinculantes. Ejemplo de ello es lo expuesto en la Plataforma de Acción de la Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing (1995), donde se reitera el papel de los varones como tema clave, sobre todo en lo vinculado a salud sexual y reproductiva. En dicha Conferencia así como en posteriores revisiones de la misma, se plantea la necesidad de diseñar programas específicos para varones de todas las edades con la intención de mejorar la condición sexual y reproductiva, y promover alianzas en la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

Organización Mundial de la Salud y violencia hacia las mujeres

En base a los avances jurídicos internacionales, a los estudios epidemiológicos sobre

la violencia hacia las mujeres y considerando sus graves consecuencias a nivel individual y

comunitario, los Organismos Internacionales responsables de la Salud, asumen el compromiso de situar el problema de la violencia hacia las mujeres como un tema de Salud Pública (OPS, 1993; OMS, 1998). Ya en la Conferencia de Alma-Ata (OMS, 1978), se enfatiza en la atención primaria en salud aportando a una comprensión sobre la salud integral que contempla los determinantes psicosociales y medioambientales, así como su impacto en el bienestar de las personas. En cuanto a la violencia la OMS plantea:

violencia se entiende como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (OMS, 2003, p.5).

Se destaca en esta definición la asociación entre amenazas y/o el uso deliberado del poder como elemento que lesiona la salud de las personas. Esto relacionado al género al que identificamos como un determinante de la salud-, aporta a la comprensión de la violencia hacia las mujeres. Este Organismo Internacional de la Salud genera un Reporte sobre Salud y Violencia, donde incluye un capítulo sobre Violencia en la Pareja, donde se comparte que entre el 10 y el 50 % de las mujeres, de todas las clases sociales, experimentan durante su vida violencia física a manos de su pareja, usualmente acompañada de maltrato psicológico y sexual (OMS, 2003). Los daños que la violencia ejercida por varones genera en las mujeres a nivel mundial es inconmensurable, provocando a nivel individual desde síntomas físicos visibles como fracturas, hematomas, hasta graves cuadros psiquiátricos, pasando por depresiones, pérdida de calidad de vida, vínculos sociales, daño económico, entre otros; aunque también a nivel de los Estados se registran graves consecuencias económicas y de salud pública como consecuencia de esta problemática. Investigar estos aspectos, debería ser fruto de un trabajo específico y más allá del reconocimiento sobre la importancia que implican para la vida de las mujeres, dejaremos a consideración del lector el ampliar estos aportes 2 .

La dificultad de fondo radica en que la mayoría de las Instituciones Estatales abordan la atención a mujeres maltratadas desde una concepción asistencial y no de derechos y las tratan como personas necesitadas y no como ciudadanas. Es decir, las Instituciones parten de que las mujeres afectadas necesitan un servicio y no de que tienen derecho a recibirlo. Tal es el caso del derecho a la salud integral, a la

2 Se puede acceder a estudios relacionados en páginas web de INMUJERES, Ministerios de Salud Púbica, Organizaciones no gubernamentales, academia, etc., en diversos países a nivel mundial sobre estos elementos. Para acceder en Uruguay ver en referencias bibliográficas.

justicia y al debido proceso, entre otros (OPS/OMS, 2003, p. 134; citado por Amorín, Graña, Guida y Rondán, 2008, p. 23)

En la búsqueda de adecuación de los servicios de salud de nuestro país a estas recomendaciones de los Organismos Internacionales se crea el Programa Nacional de la Salud de la Mujer y Género, que funcionó entre los años 2005-2009 en el Ministerio de Salud Pública y luego fue transformado en el Área de Salud Sexual y Reproductiva en el actual gobierno. Esta plataforma ha permitido diseñar políticas de salud con perspectiva de género trascendiendo el lugar tradicionalmente asignado a la Mujer en las políticas materno- infantiles (López, Benia, Contera y Guida, 2003). Mora (2001) nos comparte medidas claves aprobadas por la Asamblea de Naciones Unidas del Programa de Acción de la CIPD (1999):

Que los hombres comprendan sus funciones y su responsabilidad en cuanto a respetar los derechos humanos de la mujer, proteger la salud de la mujer, incluso apoyando el acceso de las compañeras a los servicios de salud sexual y reproductiva, evitar los embarazos no deseados, reducir la morbimortalidad materna, reducir el contagio de enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA, compartir las responsabilidades por los quehaceres del hogar y la crianza de los hijos y apoyar la eliminación de prácticas nocivas, como la mutilación genital femenina, la violencia sexual y otros tipos de violencia basadas en el sexo, velando por que las niñas y las mujeres no estén sujetas a coerción ni violencia (p. 3).

Este autor además cita a Peter Piot, Director Ejecutivo de ONUSIDA (s.f.) quién plantea: “ya es hora de dejar de ver a los hombres como el problema y empezar a verlos como parte de la solución” (p. 7)

Dispositivos de trabajo con varones que ejercen violencia contra las mujeres

Los Programas de intervención con hombres que ejercen violencia contra sus parejas o ex-parejas son una de las posibles medidas para combatir la violencia de género y, potencialmente, mejorar la seguridad y el bienestar de las mujeres y de las hijas e hijos que la sufren (Geldschlager, Beckmann, Jungnitz, Puchert, Stabingis, Dully, Schweier, 2010, p. 181). Rastreando los antecedentes de trabajo con varones que ejercen violencia contra las mujeres podemos reconocer dos momentos principales:

a) A finales de la década del 70, el movimiento feminista norteamericano visibiliza la

violencia contra las mujeres como un problema de carácter social. El primer programa de intervención con varones maltratadores, se genera en la ciudad de Boston (1977) impulsado por un colectivo de varones pro-feministas conocidos como EMERGE siendo el primer dispositivo de trabajo grupal de educación a varones con este enfoque, brindando servicios de consejería y educación con la finalidad de detener la violencia (Ponce, 2012).

b) En la ciudad de Duluth-Minnesota (1981) se desarrolla el modelo de intervención DAIP

(Domestic Abuse Interventor Project), el cual se desarrolla en estrecha coordinación con el sistema judicial, centrándose en mejorar la seguridad de las víctimas y remarcar la

responsabilidad de los varones (Ponce, 2012). Basado principalmente en el trabajo de Paulo Freire, fue la primera respuesta comunitaria integrada como manera de proteger a las mujeres que sufrían violencia en el ámbito de la pareja, traduciéndose al español en 1998. (Hijar y Valdez, 2008). Resulta interesante señalar el deslizamiento del foco de intervención entre los programas anteriormente mencionados, desde una concepción social del problema a una concepción jurídica del mismo. Alda Facio (1999) señala que la función social del derecho es regular la convivencia de varones y mujeres en una sociedad determinada con el fin de promover la realización personal y colectiva de quienes hacen parte de una comunidad, en paz y armonía. De acuerdo a esta línea de pensamiento se puede entender por qué la justicia se encarga de un problema social, además de considerar que el modo de encargarse del problema de la violencia ejercida hacia las mujeres se inscribe en un modelo de regulación de la violencia orientada hacia la persecución de la seguridad. La segunda forma de abordaje conocida luego como Modelo DULUTH, se expande a partir de la década de los 80 al resto de América, Europa y Australia (Ponce, 2012). Esto genera impactos en las políticas referidas a la violencia contra las mujeres como sucede en la inclusión de los artículos 10 y 23 3 en la Ley 17514 de Violencia Doméstica uruguaya. Actualmente, se pueden rastrear programas derivados de los originales en muchos países del mundo. Ejemplo de ello es el Proyecto Alternativ tl vold (ATV) en Oslo, Noruega, con fuentes practicas del Proyecto Duluth y EMERGE (Geldschlager et al, 2010). En forma paralela, en los años 80 en California, se toma la decisión judicial de dar atención a quienes ejercen violencia domestica. En esos años surge el programa Manalive de Hamish Sinclair en el Instituto de Educación y Desarrollo de San Francisco, en principio asociado a un programa penitenciario, enfocado a la violencia ejercida por marines hacia sus parejas mujeres. Se han tratado desde entonces con este modelo a más de 40.000 varones con resultados positivos (Castaños, Janices, Oslé, 2008). Es traducido al español

3 El análisis de lo expuesto en estos artículos se discutirá en el apartado correspondiente a Uruguay.

por Antonio Ramírez, quién luego crea el Modelo CECEVIM 4 (1990) con el fin de trabajar con varones latinos en Estados Unidos, que deciden dejar de ejercer violencia. Luego del año 90, este Modelo se ha utilizado, ya sea replicándolo o tomándolo como base para otros programas o modelos similares tanto en América como en Europa. Encontramos como ejemplo de ello al programa POCOVI, coordinado actualmente por Ramírez en San Francisco-Estados Unidos, así como Caminar latino (1990), programa comprensivo de intervención en violencia doméstica para familias latinas de Georgia (Castaños et al, 2008). En México, el CECEVIM es tomado por el programa Hombres Renunciando a la Violencia de CORIAC (1990), y la Red GENDES (2004) con sede en México D.F., contando con ramificaciones en varios Estados de ese país, además de experiencias de trabajo en Honduras, Panamá y Uruguay (2012). Esta última a través del Programa de atención para varones que deciden dejar de ejercer violencia, es llevada adelante por la Intendencia de Montevideo-Secretaría de la Mujer y el Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género. GENDES nuclea el trabajo que se realiza con el modelo CECEVIM en Latinoamérica, comparte y supervisa las prácticas, realizando capacitaciones anuales para todos/as los/as facilitadores/as del modelo, quienes además comparten cotidianamente sus experiencias a través de redes virtuales.

Investigación sobre experiencias de trabajo con varones que ejercen violencia

Sistematizamos a continuación, dos investigaciones sobre programas de trabajo con varones en Europa (Castaños et al, 2008; Geldschlager et al, 2010), que plantean el inicio de estos en la década de los 80. Debido a la falta de información e intercambio, la necesidad de sistematizar lo realizado, facilitar la armonización de metodologías, contenidos, criterios de calidad, etc., se propone en el año 2006 el Proyecto Daphne, Trabajo con hombres que ejercen violencia doméstica en Europa. Fue llevado adelante por 8 entidades europeas limitándolo a contextos de trabajo fuera de los centros penitenciarios. Este Proyecto ofrece como resultados una encuesta en la que participaron 170 programas para “maltratadores” 5 de 19 países. Consultados los resultados de la encuesta, encontramos que el enfoque más utilizado es el cognitivo conductual (en varias modalidades), además del enfoque sistémico, en algunas ocasiones trabajándolos de manera complementaria. Otros enfoques utilizados son el propuesto por el modelo Duluth, el Psicodinámico, la Programación Neurolingüística, el uso de Enfoques Alternativos a la Violencia, el Análisis desde la Perspectiva de Género, la Postura Ecléctica/Integral, el Enfoque Educativo o Re-educativo y las Terapias Individuales.

4 Por la importancia que este modelo tiene cuantitativamente y cualitativamente considerando el impacto a nivel internacional que ha tenido, más adelante se le dedicará un apartado detallando sus principales características.

Así nombra el documento a los varones que ejercen violencia según el criterio trabajado en ese texto. Ello se discutirá en el marco conceptual.

5

Al evaluar la situación por país, se encuentran en Alemania 66 programas, con estrategias fundamentalmente de intervención interinstitucional contra la violencia domestica. La mayoría trabajan por mandato judicial y con voluntarios. Un dato a destacar es que desde el 2007 existe una organización central de los Programas Alemanes para perpetradores que se puede consultar en www.taeterarbeit.com. En Austria se ubican 8 programas, en Bélgica 3, en Chipre una Alianza Interinstitucional, en Croacia 1 proyecto piloto llevado adelante en el año 2003, en Dinamarca se detectaron 3 programas, en Escocia 12 servicios vinculados a la Justicia Penal y un proyecto denominado Trabajando con hombres. En Eslovenia se encontró 1 programa, en España 30, en Finlandia 1, en Francia 30, aportando además la liga www.fnacav.fr donde se vincula todo el trabajo con varones de ese país. Por otra parte no se ubicaron programas en Hungría aunque si una línea telefónica de atención a varones agresores. En Inglaterra y Gales existen alrededor de 450 programas operativos y para más datos se puede consultar la página www.repsct.uk, donde se agrupan organizaciones de Irlanda del Norte, Inglaterra, Escocia y Gales. En Luxemburgo se relevó 1 programa al igual que en Malta, en Noruega 15 y en Polonia 1 derivado del ya mencionado Duluth. En Portugal hay 5 programas, en Republica de Irlanda 10, en Suecia 20 y en Suiza 26. En la República Checa se estaba planificando durante el período que se llevo adelante la investigación, poner en marcha la Liga de Hombres Abiertos. A finales del 2007 no se identificaron programas en Eslovaquia, Grecia, Italia, Letonia y Lituania por el Proyecto Daphne, pero esto es comentado como “curioso” por la otra publicación consultada, realizando su investigación en idéntico período en la cual se amplían datos de otros programas sobre todo españoles (Castaños et al, 2008). Cabe destacar que el Proyecto Daphne, plantea además un desarrollo de directrices para programas de estas características, discutidas y validadas en una jornada en enero de 2008 donde compartieron expertos un encuentro en la ciudad de Berlín, las cuales ampliaremos y discutiremos en las conclusiones de este trabajo, complementando con recomendaciones de ONUMUJERES al respecto. Producto de una nueva investigación realizada por el gobierno mexicano (Hijar y Valdez, 2009), se brindan datos sobre 6 programas en Australia con las siguientes particularidades: 5 se abocan al trabajo con varones que cometieron agresiones sexuales dentro o fuera de una relación de pareja familiar, en algunos casos se trabaja en condiciones de privación de libertad y en todos los casos se busca evitar o disminuir la reincidencia en la conducta. El restante se apoya en el modelo Duluth y trabaja con varones que cometen violencia basada en género en un sentido amplio del concepto, no solo de orden sexual. En América, como resultado de la investigación mexicana se ubican 4 programas Canadienses, de los cuales 3 trabajan con varones violentosy con la familia, mediante modelos psico-educacionales. El restante se basa en un marco pro-feminista de orientación

psico-educativa con un programa ceñido a 16 semanas de intervención. Cabe destacar que este último es el único al que concurren varones hispanoparlantes. En Estados Unidos aparece en los resultados de la citada investigación, un único programa que no refiere a los modelos conocidos (Duluth y EMERGE), donde se avocan a un trabajo individual con varones “maltratantes”. En Puerto Rico se presentan 5 programas, 3 de ellos plantean un enfoque psico-educativo, cognitivo-conductual. Otro trabaja con una metáfora grupal de un pub happy hour” en la que “discuten prácticas e ideologías masculinas” (sic). El restante plantea un trabajo pisco-educativo con una duración extendida de hasta tres años, de carácter grupal donde expresamente se descarta la terapia matrimonial o encuentro familiar. (Hijar y Valdez, 2009, p. 107 a 114) A continuación se listan otros modelos y programas latinoamericanos a los que se accede ya sea por bibliografía relacionada, búsquedas virtuales o diálogos con referentes en masculinidades: el primero cronológicamente hablando del que se tuvo noticia, sin ser el ya mencionado CORIAC en México de la mano de Ramírez, es el Programa de Hombres Renunciando a su Violencia en Lima, Perú (1990), quienes contaron con el apoyo de CORIAC para comenzar a trabajar. En forma paralela en Argentina (Buenos Aires), se comienza a trabajar con un modelo psicoterapéutico psicoeducativo. Fue una experiencia llevada adelante por el Psicólogo Jorge Corsi hasta el año 2008 y posteriormente otros varones han continuado con la experiencia. En la actualidad, en coordinación con el Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, Hugo Huberman lleva adelante una experiencia reciente desde el Instituto de género Josep Vincent Marques, denominado Programa de Reeducación emocional y responsabilidad con hombres que ejercen violencia. Hombres comprometidos con el fin de la violencia hacia mujeres y niñas. En Brasil, se ubicó al Instituto NOOS el cual trabaja desde 1994 la violencia como construcción social y por lo tanto adopta términos como autor de violencia y no agresor, así como al Instituto Papai de trabajo con hombres jóvenes en vínculo con Promundo. En Costa Rica, podemos ubicar a los Grupos de Terapia para Hombres desde el año 1992 en el Instituto WEM y al Modelo creado por Gioconda Batres, que consiste en un tratamiento genero-sensitivo para hombres que golpean (Batres, 2001). Se tuvo acceso además a las publicaciones Así aprendimos a ser hombres (Campos, 2007a) y Redes de hombres contra la violencia (Campos, 2007b) de aquel país, que incluye pautas para facilitadores de talleres de masculinidad en América Central. En Nicaragua-Managua, se generó el Modelo Reeducativo con Grupos de Autoayuda Reflexivos (2001). En Guatemala, se detectó un Proyecto de Consejería para Refugiados Latinoamericanos que recibe el apoyo de fondos de la Embajada Real de los Países Bajos en el año 2009. En El Salvador, la experiencia del Centro Bartolomé de las Casas, propone la construcción de una identidad masculina alternativa. En Chile, teniendo en cuenta la experiencia de Argentina, se genera el Proyecto PRONOVIF (2008) basado en

el Modelo ecológico de sistemas (Bronfenbenner, 1987). En Chile además tuvimos noticias

de EME Cultura Salud. En cuanto a publicaciones relacionadas a experiencias de Brasil, México y Perú, debemos destacar a la vinculada con el seminario internacional Masculinidades y Políticas Públicas, Varones en la prevención de la violencia de género, realizado en Perú (AECID, UNFPA, MESAGEN, MIMP y la UPCH, 2014) donde exponen referentes del tema a

nivel internacional. En Colombia se genera la publicación Hombres cuidadores de vida (Geldres, 2013) donde se plantea un modelo de sensibilización y formación en masculinidades género-sensibles y prevención de las violencias hacia las mujeres. El texto Hombres de verdad (Welsh, 2004) resume experiencias llevadas adelante en El Salvador, Honduras, República Dominicana, Ecuador y Perú. Actualmente en México podemos ubicar

a múltiples experiencias como por ejemplo, Salud y Género (Querétaro), Red a nivel

nacional Cómplices por la igualdad, Enfoque de Igualdad (San Luis Potosí) entre muchas otras, además de propuestas gubernamentales y/o académicas de trabajos con varones en dicho país. En varios países latinoamericanos existen múltiples experiencias apoyadas por organismos internacionales y gobiernos locales de trabajo con policías, miembros del ejército, funcionarios del estado, estudiantes o campesinos que buscan sensibilizar a los varones en estas temáticas. Ejemplo de ello es lo realizado en Bolivia, generando un manual de capacitación para el trabajo de bialfabetización con varones en temas de equidad, eliminación de la violencia, responsabilidad sexual y reproductiva, además de centros de atención a varones.

América Latina ha sido pionera en la investigación y la ejecución de acciones concretas con respecto a las masculinidades y la incorporación de los varones a la equidad de género y a partir de la década de los 90 se ha incorporado la academia a los Estudios sobre las Masculinidades, en acciones de investigación, extensión y enseñanza, promoviendo multiplicidad de publicaciones (Mora, 2001, p. 9).

Es preciso antes de continuar con este trabajo, realizar algunas conclusiones preliminares sobre lo expuesto. Los modelos y programas de trabajo con varones como hemos detallado al igual que los estudios sobre masculinidades y los trabajos relacionados tanto a nivel académico como a nivel social, son múltiples, diversos y dispersos resultando difícil su rastreo y precisión epistemológica. No siempre quedan claros los fundamentos teóricos en los que se basan. La relación entre modelos y programas es compleja aunque se podría destacar como un elemento central en su distinción que los programas son la aplicación práctica de un modelo o varios en función de los epicentros que las políticas púbicas han considerado en cada país y el diálogo o no, que se tiene con las ONG´s y la

sociedad civil. Por lo tanto, los programas parecerían depender más de contextos socio- históricos, políticos y culturales que de posicionamientos teóricos sobre el problema, los cuales en ocasiones aparecen difusos. A su vez, se detecta una variable más de corte singular, que refiere al nivel de capacitación del equipo encargado de implementar y llevar adelante el programa en cuestión, en donde la formación teórica y práctica de los coordinadores grupales no siempre es consonante con la propuesta del modelo ni con las necesidades de usuarios y/o de las personas que sufren el ejercicio de la violencia por parte de ellos.

Investigando a los varones en relación con su tránsito por los programas

Los resultados de investigaciones sobre varones que participan en programas para dejar de ejercer violencia en diferentes países, guardan relación con clasificaciones tipológicas sobre la personalidad (Amor, Echeburúa y Loinaz, 2009), adherencia al tratamiento (Echeburúa, 2013; Subirana y Andrés, 2013), abandono y eficacia de programas (Boira y Jodrá, 2010; Sarto y Esteban, 2010), variables predictoras de rechazo (Echeburúa, Sarasua, Zubizarreta, Amor y Corral, 2010), características psicológicas y motivación para el cambio (Boira y Tomás-Aragonés, 2001), evaluaciones de trabajo con varones privados de libertad por ejercer violencia contra mujeres (Lila, 2013; Echauri, Romero y Rodríguez, 2005), y sus resultados sobre variaciones emocionales, cognitivas y conductuales (Rodríguez, López, 2013), además de otros importantes ítems y recomendaciones a tener en cuenta para alcanzar mayor efectividad en la búsqueda del cambio conductual y subjetivo del varón que ejerce violencia (Ramírez, 2002). En función de los materiales mencionados se puede señalar que las tasas de abandono de los tratamientos y/o programas son consistentemente elevadas no encontrándose una razón principal para este problema. Por lo tanto, la adherencia o los resultados no parecen depender exclusivamente ni del modelo, ni del programa que se implemente, aunque resulta evidente entender que algunos de ellos producen transformaciones más profundas y permanentes en el tiempo y serían aquellos que incluyen la variable de género, como un componente esencial del diseño y desarrollo del mismo. Resulta irrelevante comparar resultados de investigaciones sobre programas con varones privados de libertad con otros que asisten por propia voluntad. Lo mismo sucede si pretendemos comparar los resultados de un espacio individual de corte cognitivo-conductual con un dispositivo grupal donde se reflexiona considerando la perspectiva de género. El cruce entre los programas, las características psicopatológicas, el consumo adictivo de sustancias psicoactivas de los participantes y otros determinantes, ilustran sobre la necesidad de discriminar acciones tendientes a atender de manera específica problemáticas diversas que contribuyen a la violencia basada en género pero no son necesariamente su

causa. Continuar profundizando en esta línea de análisis es imprescindible para la asertiva adecuación de programas de trabajo con varones, pero requiere sin duda una investigación específica que contemple la multiplicidad de variables socio-históricas que constituyen los núcleos subjetivos del modo de ser varón en relación a la mujer. Esto deberá ser objeto de estudio de una nueva investigación, para la cual encontramos como un antecedente fundamental, la tesis doctoral de Keijzer (2010) titulada Masculinidades, violencia, resistencia y cambio. Este autor, plantea trayectorias y dilemas de varones que se esfuerzan por dejar su violencia, analizándolo desde una perspectiva de género y de salud mental comunitaria. Keijzer se basa en el programa Hombres renunciando a su violencia de México, el cual es antecedente directo de lo realizado en Uruguay por el modelo CECEVIM, ya que tienen una historia en común desde su surgimiento al aplicar el modelo de Ramírez (1990). La pregunta de investigación que se plantea Keijzer es: ¿Cómo se presentan y viven el proceso de cambio/permanencia/resistencia los hombres que participan en procesos de reflexión sobre la masculinidad y la violencia?, la cual es seguida por interrogantes en relación a las trayectorias, posibilidad de cambio, resistencias, analizando en relación a la violencia ejercida en el ámbito de la pareja, la relación con los hijos y el autocuidado de los varones. Analiza además las dimensiones subjetivas del discurso, la conciencia, la emotividad y la práctica, evaluando las implicaciones de estos procesos a los efectos de llevar adelante propuestas de políticas públicas dirigidas hacia la salud y equidad.

Activismo, Academia y Masculinidades

Aunque no con las características de los movimientos de mujeres ni con su rica historia, se pueden ubicar movimientos de varones organizados en las últimas décadas a través de campañas y/o redes internacionales tendientes a generar un activismo social, académico y político que busca comprometer y sensibilizar a los varones en pro de poner fin a la violencia hacia las mujeres.

Quienes se atreven a cambiar y cada día desmontan sus poderes y privilegios patriarcales en la sociedad y en su forma de ser hombres, son los menos. Los hombres entrañables llevan en la mirada la osadía de intentarlo con quienes comparten la vida, el trabajo y la política. Son necesarios más y más hombres dispuestos a la igualdad. (Lagarde, 2012, p. 181)

La Campaña del Lazo Blanco (como símbolo de paz) es considerada el principal movimiento de varones en el mundo, trabajando en la actualidad en más de 90 países, con el fin de erradicar la violencia contra las mujeres. Inicia en Canadá bajo la coordinación de M. Kaufmann (1991). Un hecho determinante para comenzar a visualizar la necesidad de

este tipo de campañas, fue el asesinato de 14 mujeres estudiantes. Su asesino fue motivado por la idea de que la carrera universitaria que estas jóvenes cursaban debía ser solo para varones. Con el fin de eliminar estas prácticas, algunos varones asumen la responsabilidad de implicarse e implicar a otros en esta lucha, mediante la consigna de no permanecer en silencio. La Campaña se ha transformado actualmente en una ONG que ofrece sus propuestas a quienes lo soliciten, dirigidas especialmente contra la violencia hacia las mujeres, pero también contra la violencia masculina sobre otros varones y hacia niños/as. Posteriormente se inicia la Campaña Internacional MenEngage en Europa y Estados Unidos, la cual trabaja en colaboración con la mencionada anteriormente. Se instala luego en una cantidad importante de países incluido Uruguay, siendo una alianza global de organizaciones no gubernamentales y agencias de Naciones Unidas que trabajan con la intención de lograr la equidad de género, utilizando para ello la sensibilización de varones y niños. En su blog para Latinoamérica, pueden ubicarse documentos, informes y sus lineamientos políticos y estratégicos para llevar adelante esta iniciativa. Asociada a las anteriores, la Campaña Internacional MenCare Tú eres mi papá, busca promover la participación de los padres como cuidadores con equidad de género y sin violencia. Es coordinada por Promundo y Sonke a nivel mundial en colaboración con la Alianza MenEngage y en América Latina por Promundo (Brasil), EME-Cultura Salud (Chile) y la Red Más (Nicaragua). Ofrece documentos e información gratuita, con la finalidad de sensibilizar a los varones en cuanto al cuidado, la promoción y protección de derechos de los/as niños/as y la colaboración con la erradicación de la violencia contra las mujeres. En Uruguay esta campaña inicia en Marzo de 2013, en el marco del mes de las mujeres, ya que uno de sus destinos está vinculado a la promoción de la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y varones, niños y niñas. A nivel de Naciones Unidas, la Campaña Internacional Únete, es coordinada por su Secretario General y llevada adelante desde el año 2008. Se enfoca en poner fin a la violencia contra mujeres y niñas, procurando movilizar y sensibilizar a la opinión pública y a los gobiernos para prevenirla y eliminarla a nivel mundial. La visión mundial de la campaña es la de un mundo sin violencia contra las mujeres y las niñas. Alternando en su publicidad las palabras NO y ON, busca involucrar (encender) a gobiernos, organizaciones, varones y mujeres en acciones proactivas para lograr el objetivo de luchar (diciendo no) contra esta pandemia mundial. Además de apoyar a organizaciones que trabajan con mujeres, también busca incluir a los varones, convocándolos a través de referentes sociales (comunicadores, futbolistas, famosos, entre otros) que colaboran en la campaña. Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas plantea: Rompe el silencio, cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres o las niñas, no te quedes de brazos cruzados, actúa.

Por otra parte, los Coloquios internacionales sobre varones y masculinidades, destacan como una potencia en el tema, debido a que favorecen el dialogo entre activismo social y academia dando origen a múltiples encuentros llevados adelante en Latinoamérica desde diversas universidades, en donde se ha compartido un volumen muy importante de trabajos académicos, experiencias desde la sociedad civil, debates entre expertos, presentación de libros, videos, campañas, convocatorias a grupos de reflexión en temáticas sobre masculinidades, paternidades, sexualidades masculinas, violencia, etc. El primero de estos Coloquios (México, 2004), propone focalizar sobre las bases epistemológicas de los estudios sobre varones y masculinidades, incluyendo su vinculación con las políticas públicas. El segundo (México, 2006), se enfoca en las vertientes de la violencia y su vinculación con el patriarcado, transversalizado por el eje: La violencia, ¿el juego del hombre?, como problematizador. El tercer Coloquio (Colombia, 2008), propone temáticas de género, sexualidad y diversidad cultural. La consiga del mismo fue Masculinidades y multiculturalismo, perspectivas críticas ¿La diversidad construye la equidad? y el último hasta el momento (Uruguay, 2011), surgió sobre la temática Políticas Públicas y Acciones transformadoras. Se está planificando para enero de 2015 el quinto encuentro de estas características en Chile.

Violencia contra las mujeres en Uruguay

En nuestro país, los movimientos feministas, las ONG’s que trabajaban el tema de VDCM 6 , los movimientos por los DDHH, junto a otros actores políticos fueron visibilizando una problemática creciente que no solo requería del apoyo social sino que se hacía imprescindible que el Estado lo tomara como política pública. (Amorin et al, 2008, p. 19)

Desde el retorno a la vida democrática en Marzo de 1985, luego de más de una década de una cruel dictadura, se instala en nuestra sociedad una fuerte tendencia por restitución de los derechos humanos en sentido amplio. Esto crea las condiciones para que los movimientos feministas redoblen sus esfuerzos en pro de focalizar los derechos humanos de las mujeres. Se realizan acciones tendientes a crear espacios de atención y consulta sobre situaciones de violencia contra las mujeres. A su vez, se generan estrategias legales para prevenir, sancionar y reprimir estos actos delictivos contra las mujeres. El Estado Uruguayo comienza a gestar las políticas en el campo de la Salud Sexual y Reproductiva a mediados de los 90 (López Gómez, Abracinskas, Furtado, 2009 citados por

6 Los autores se refieren a Violencia Doméstica contra las Mujeres (VDCM) y a Derechos Humanos (DDHH)

López 2013) y ratifica los Tratados Internacionales en referencia a Derechos Humanos y Violencia hacia las Mujeres, generando adecuaciones para dar cumplimiento formal a ellos. Esto se vehiculiza a través de la Ley N° 15164 (1981) mediante la cual se aprueba la CEDAW, la Ley N° 16735 (1996) de Violencia contra la Mujer en relación con la Convención de Belém do Pará y la Ley N° 17338 (2001) donde se aprueba el Protocolo Facultativo de la CEDAW aprobado por la ONU, adicionando progresivamente legislación en cuanto a la represión y penalización de la violencia, así como los planteos de rehabilitación diferenciada a quienes la padecen y a quienes la ejercen, como lo plantea la Ley 17514 (2002), que refiere a Violencia Domestica. En cuanto a la penalización de la violencia, un punto de inflexión fue la incorporación del Art. 321 y 321 bis en la Ley de Seguridad Ciudadana

(1995):

El que, por medio de violencia o amenazas prolongadas en el tiempo, causare una o varias lesiones personales a persona con la cual tenga o haya tenido una relación afectiva o de parentesco, con independencia de la existencia del vínculo legal, será castigado con una pena de 6 a 24 meses de prisión (Ley 16.707, 1995)

La Ley de Violencia Domestica, manifiesta entre sus disposiciones la posibilidad de que cualquier persona pueda denunciar una situación de estas características, además de la creación de Juzgados Especializados en Violencia Doméstica, habiéndose inaugurado los primeros en el año 2003 en la capital montevideana y luego en el año 2011 la única sede fuera de la capital en Pando-Canelones 7 . En dicha Ley, se establecen consideraciones especificas sobre las personas que ejercen violencia 8 : “Disponer la asistencia obligatoria del agresor a programas de rehabilitación” (Ley 17514, 2002, Art. 10, núm. 7) y “La rehabilitación y la reinserción social del agresor, deberán formar parte de una política que procure proteger a todas las personas relacionadas. La asistencia y el tratamiento deberán ser instrumentos de esta política” (Ley 17514, 2002, Art. 23). Estos elementos destacados de la Ley resultan fundamentales para este estudio, pues responden al modo en el cual a partir de la década de los 90 -a nivel internacional- se comienza a abordar el problema de los varones que ejercen violencia y brinda un encuadre jurídico sobre cómo actuar con los varones que son denunciados por estos motivos. Un capítulo aparte refiere a la

7 Ciudad a 28 Km. del Centro de Montevideo.

8 El sentido de enunciarlo de esta manera tienen relación con lo expuesto por esta Ley la cual -a nuestro criterio- carece de perspectiva de género, ya que en ocasiones se habla de personas sobre las que se ejerce violencia sin discriminación entre varones o mujeres y en otras se habla de la víctima y el agresor sin discriminar configuraciones vinculares. Un hecho de la realidad es que son denunciados -basados en esta ley-, tanto varones como mujeres, más allá que el porcentaje de denuncias es abrumadoramente mayor hacia los varones en el ámbito de la pareja.

implementación de estos dispositivos de rehabilitación, que fueron propuestos por la Ley 17514 promulgada en el año 2002, y es recién en el año 2012 que se inicia el primer programa de atención a varones que deciden dejar de ejercer violencia. Por otra parte, el Plan Nacional de Lucha contra la Violencia Doméstica (2004-2010), pone de relieve en el sector Salud, la pertinencia de formar profesionales tanto en el grado, como en el posgrado sobre esta problemática, con la finalidad de capacitar recursos humanos sensibilizados con el tema, capaces de prevenir, detectar, diagnosticar, tratar y rehabilitar a las víctimas y a los victimarios (Amorin et al, 2008). Esto resulta prioritario considerando que la amplia mayoría del personal de salud y ciencias sociales, trabajan en ámbitos donde concurre población vulnerada y por falta de capacitación en las particularidades de la violencia basada en género pueden no percatarse de las señales de la violencia en las mujeres. El Primer Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades y Derechos (2007-2011) llevado adelante por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), promueve la atención a personas víctimas de la violencia, enfocándose estos servicios fundamentalmente hacia mujeres y niñas/os, proponiendo mecanismos de detección, prevención y atención cada vez más integrales y universales como lo son, el Protocolo de Intervención en situaciones de violencia de IAU-SIPIAV (2007), La Guía de Procedimiento Policial (2010), la Guía de procedimientos del Sector Salud (Decretos 494/2006 y 299/2009) 9 . Según el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior tomando datos entre los años 2004-2012:

Las denuncias por situaciones de violencia doméstica engrosan año a año las estadísticas públicas. Entre los años 2004 y 2010 en que estuvo vigente el Primer Plan Nacional de Lucha contra esta problemática al menos 213 mujeres y 57 niños fueron asesinados en situaciones de violencia doméstica. (Cainfo 2012, p. 4)

Los homicidios 10 de mujeres, sumados a las muertes de niños/as por esta causa, más los intentos no consumados, aportan una estadística poco precisa pero abrumadora, promediando una situación de estas características cada 8 días aproximadamente. En el año 2012 los casos de violencia domestica 11 registrados fueron alrededor de 24.000, generando un aumento del 51% respecto al año anterior, lo cual marca una notoria mejora

9 Estos decretos regulan el accionar médico en cuanto a la pesquisa y posteriores derivaciones o denuncias de situaciones de violencia doméstica.

10 Homicidio: se entienden las muertes causadas por agresiones externas intencionales. (MI, 2012) 11 Violencia Domestica: se clasifican de este modo los actos y omisiones que menoscaban o limitan el libre ejercicio de los DDHH de una persona, cuando son realizados por otra con la cual la primera haya tenido o tenga una relación sentimental, o una relación afectiva basada en la cohabitación, ya sea ésta originada por parentesco, matrimonio o unión libre. (MI, 2012)

en la captación y registro de estas situaciones por parte de los organismos del Estado, destacándose que el 17% de los homicidios en ese año se registraron como casos de violencia intrafamiliar, dejando visibles las magnitudes del problema, lo cual permite cuestionar las políticas públicas llevadas adelante para erradicarlo. Estos datos son por demás significativos teniendo en cuenta que la población uruguaya asciende a poco más de tres millones de habitantes (Reporte Social, 2013).

Es sabido que los hechos que llegan a conocimiento de la Policía subregistran apreciablemente el fenómeno, en virtud de que las victimas frecuentemente son renuentes a denunciar. En virtud de las consideraciones anteriores, la Violencia Domestica puede ser considerada el delito más frecuente después del hurto (MI,

2012)

En el año 2012 del total de homicidios de mujeres, el 62% fue por causas de violencia doméstica, aunque cabe destacar que existe un 10 % adicional que al no tener

causa conocida podrían aumentar esta cifra. El 52% de las muertes fue a manos de parejas

o ex parejas masculinas, más un 10 % a manos de otro familiar. A esto debemos sumarle

los intentos de homicidio denunciados que rondan un 50 % de los consumados. Una situación adicional a estos homicidios, es que un 45% de quienes fueron homicidas luego de consumarlo, se suicidaron (MI, 2012). Esto nos lleva a problematizar sobre el constante crecimiento de victimarios que año a año se suman a estas estadísticas como asesinos y suicidas. Nos preguntamos entonces: ¿Dónde están hoy esos varones que mañana matarán

a sus compañeras?, ¿Cómo podemos intervenir para prevenir esas situaciones?, ¿Cuáles

son las características conductuales y socio demográficas de estos varones hoy? Sumado a estas estadísticas sobre varones y mujeres (presentada desde una lógica heterosexual naturalizada por el manejo de las estadísticas), debemos complementar estos datos con la situación generada por la transfobia, expresada en su forma más cruda en el feminicidio de mujeres trans, generando en 2012, alrededor de 7 homicidios 12 que implican un elevadísimo porcentaje de dicha población. A nivel de los Estudios sobre Masculinidades en el Uruguay, se destacan los realizados sobre la salud de los varones (MSP, 2009), investigación de la cual Herrera (2014, p. 31) expresa, “Los varones se mueren antes por un tema de género. Esto guarda relación con lo expresado por Keijzer “el género es una de los grandes determinantes de la salud, la enfermedad y la muerte, junto con otras como son la clase social o la etnia” (2010, p. 14). En cuanto al campo de investigación sobre Paternidad y Políticas Públicas, Guida

12 Datos de la prensa, y aportados en actos públicos vinculados a la diversidad sexual, no encontrándose estadísticas oficiales al respecto.

(2011) expone sobre el uso de licencia parental, las políticas públicas al respecto y los procesos de cuidado, campos en los que se vienen generando acciones transformadoras en los últimos años a nivel estatal desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social en acuerdo con el Banco de Previsión Social, legislando a favor del aumento progresivo de la licencia paternal, e incluyendo una forma de usufructo del beneficio por parte de la pareja parental, lo cual favorecería una distribución equitativa de las tareas de cuidado del hijo/a. Esto se complementa con el debate en relación a un Sistema Nacional de Cuidados 13 que se está gestando en los últimos años. Se han realizado además investigaciones sobre Significados de aborto y opiniones sobre derecho a decidir en varones uruguayos(Carril y López, 2012), de la que queremos destacar entre sus resultados la siguiente observación de las investigadoras, para los varones el aborto no resulta ni indiferente ni ajeno y que la consideran una experiencia significativa en la vida de los hombres como de las mujeres” (p. 739). Resultan importantes las conclusiones aportadas en dicha investigación luego de años de debate en el Uruguay, leyes que se aprobaron a nivel legislativo, se vetaron a nivel presidencial, debates sociales y finalmente aprobación de la Ley 18987 (2012) sobre el derecho de las mujeres uruguayas a decidir la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo. En cuanto al tema violencia basada en de género y varones, hemos tenido acceso a las publicaciones “El papel de los varones en el diseño e implementación de estrategias para la atención de la Violencia Basada en Género, en el Contexto de la Reforma del Sistema de Salud en Uruguay(Amorin y et al, 2008) donde se investiga sobre percepciones y discursos del personal de la salud en relación a la violencia basada en género, llegando a conclusiones poco alentadoras por la ausencia de perspectiva de género en referentes institucionales que incorporan al género en sus discursos (algunos) pero no lo aplican en sus prácticas cotidianas; y a otra que se presenta en el libro titulado Subjetivaciones Masculinas. Subjetividades, género y poder en lo social(Ibarra, 2011), en donde se investiga sobre la construcción y la vivencia de las masculinidades, utilizando como una variable, los hechos de violencia contra la mujer, ejercidos por los varones entrevistados. En estos momentos se están procesando los datos correspondientes a la Primera Encuesta Nacional de Prevalencia en Violencia Basada en Género y Generaciones en el Uruguay, lo cual brindará la oportunidad en un futuro próximo de abordar con más datos y herramientas acordes a esta problemática. Fue realizada con el apoyo interinstitucional del Consejo Nacional Consultivo de Lucha contra la Violencia Doméstica, cuyo accionar central

13 Cabe consignar que existe en el Uruguay actualmente un 6 % de desocupación, lo que lleva a que mujeres que históricamente han ejercido el rol de cuidadoras de niños/as y ancianos/as en el ámbito doméstico encuentren hoy mejores oportunidades en el mercado laboral que en otros momentos históricos del país. El problema de quién ocupa ese espacio de cuidados es un debate que puede tener varias aristas, tanto a favor como en contra de las mujeres.

está vinculado con la violencia ejercida hacia las mujeres y por el Sistema de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia (SIPIAV), centrado en la violencia ejercida hacia niños, niñas y adolescentes. Desde Naciones Unidas, las agencias participantes son ONU Mujeres, UNFPA, PNUD, OIM y UNESCO. No encontramos investigaciones realizadas sobre procesos, programas o modelos de intervención con varones que ejercen violencia hacia las mujeres en el ámbito de la pareja en el Uruguay, más allá de la presentación de resultados del plan piloto 2012 del programa que lleva adelante la Intendencia Municipal de Montevideo que a continuación ampliaremos. Debemos consignar que se vienen realizando intensas acciones desde el Estado y las ONG´s para prevenir y erradicar la violencia ejercida por los varones hacia las mujeres en el ámbito de la pareja, con énfasis en el trabajo de prevención y atención a mujeres, niños/as así como de prevención y rehabilitación con varones. Por ello, resulta necesario en este trabajo reseñar lo investigado a través de entrevistas realizadas a referentes de trabajo con varones -en este momento- en Uruguay.

Experiencia Renacer con grupos de varones (1994-2014). En entrevista personal con el Lic. Robert Parrado, director de la ONG Renacer y en una posterior observación-participante en el grupo que coordina (Marzo, 2014), tomamos conocimiento sobre la experiencia desarrollada durante los últimos 20 años, la cual consiste en un dispositivo de trabajo grupal con varones que manifiestan problemáticas de violencia, circunscritas o no a la pareja. Con este encuadre participan varones que llegan por distintas vías, incluyendo desde varones que ejercen violencia psicológica en el noviazgo hasta otros acusados de violación, no necesariamente en el ámbito familiar o de pareja. Este espacio es gratuito, con frecuencia semanal. Al mismo se permite el acceso de personas que visitan y/o desean conocer el trabajo realizado. Ejemplo de ello es la posibilidad que se tuvo de participar en un encuentro donde participan 5 usuarios varones y 4 observadoras mujeres, posterior a la entrevista y desde esa experiencia vivencial es que se comparte una visión sobre el trabajo realizado, el cual es confrontativo, solicitando la participación por momentos de un participante u otro, comentando la evolución histórica de algunos elementos claves en cada caso ante el grupo por parte tanto del usuario como del facilitador. En los grupos participan en ocasiones mujeres (tanto en calidad de co-coordinadora una mujer del equipo técnico de la ONG, como de observadoras visitantes), brindando su opinión sobre lo que se plantea, aportando - según Parrado- una visión más allá de lo masculino, desde la óptica de la mujer”. En cuanto al marco teórico-metodológico con el que se trabaja nos comenta que es “ecologico- abarcativo, teniendo su base en la capacitación en la que participó Parrado a principios de los años 90 en la Universidad Católica del Uruguay, brindada por el Psicólogo argentino Jorge Corsi junto a una colega, durante tres años. Nos expresa que es un programa que

incluye al género, aunque por lo observado se considera que no hay un análisis basado en género, lo cual se fundamenta a través de un ejemplo observado donde propone lo siguiente, ¿porqué un usuario no reacciona violentamente en el grupo con algo que si lo llevaba a violentarse con la pareja?, en el entendido que si podía controlarse con el facilitador, también lo podría hacer con su pareja 14 . Es pertinente en este momento recordar que una de las características de la violencia basada en género corresponde justamente en esas diferencias de acción y/o reacción frente a otros varones en lo social, comparado a la reacción hacia una mujer en el ámbito familiar. El uso y reconocimiento del poder en un espacio público o privado, por parte del varón que comete violencia basada en género, es vivenciado de manera muy diferente en uno u otro territorio. Respecto a la pregunta sobre el modelo de intervención refiere que actualmente se estarían sistematizando datos y resultados para ofrecer a futuro un soporte teórico ajustado a la experiencia, ya que han pasado por estos grupos a lo largo de dos décadas más de 1800 varones con tránsitos y experiencias diversas. Destaca que se busca que los usuarios asuman la responsabilidad del cambio que es necesario para dejar de ejercer violencia.

Experiencia de atención a varones en Sanidad Policial del Ministerio del Interior. (2008- 2014). En entrevista personal con el Lic. Gonzalo Corbo (Marzo, 2014) se obtiene valiosa información sobre este servicio de atención a varones, a cargo de la Lic. Karina Cuitiño en la Dirección de Sanidad Policial. El equipo está conformado por cuatro psicólogos y un asistente social. En la psicoterapia grupal, hay dos coordinadores de grupo. El Servicio comienza en el año 2008, trabajando con una población objetivo conformada por varones vinculados a dicho Ministerio, denunciados por motivos de violencia domestica, en la mayoría de los casos procesados sin prisión. También recibe a otros usuarios vinculados a ese Ministerio, que llegan de manera voluntaria solicitando apoyo para superar su problemática. En el pasado, este servicio prestó atención además a algunas personas civiles procesadas por violencia doméstica y en menos casos a familiares de funcionarios bajo la órbita del Ministerio del Interior. La metodología de trabajo se basa fundamentalmente en un modelo clínico, con apoyatura en los manuales vinculados al tema; Hombres que ejercen violencia hacia su pareja. Manual de Tratamiento dirigido a terapeutas” (Batres, 2003) y “Caminando hacia la Equidad. Programa multidimensional y Multicomponente para detener la violencia de género de los hombres en las familias(Garda y Bolaños, s.f.). El proceso terapéutico busca fundamentalmente la elaboración asociativa, haciendo menos énfasis en las estrategias reeducativas, teniendo en cuenta la repetición intergeneracional de la violencia. Se trabaja con grupos con alrededor de 7 personas y en algunas ocasiones,

14 El comentario fue sobre la apariencia física y el aparente desagrado que eso generaría en el cooridnador, luego explicando que la intención era causar molestia y que el usuario la controlara o desestimara.

cuando la situación lo amerita, en forma simultánea con entrevistas individuales. Corbo además es docente de la Facultad de Piscología de la UdelaR y brinda allí

cursos de Psicología y Violencia así como de Violencia y Masculinidades. Se vincula al Servicio de Violencia Doméstica de Sanidad Policial del Ministerio del Interior en el año

2010.

Experiencia de atención a varones portadores de dispositivos electrónicos 15 (2013-2014). Mediante comunicación virtual la Lic. July Zabaleta., encargada de la Sub Dirección de la División Políticas de Género Ministerio del Interior, nos comenta, “el programa tobilleras, es un trabajo interinstitucional en el que participa entre otros MIDES 16 , que es de quien depende el servicio que atiende a varones(Mayo, 2014). Este servicio público de atención a personas que tengan dispuesta la medida de uso de la tecnología de control de presencia y localización en situaciones de violencia (a nivel de la pareja) con alto riesgo de vida, está ubicado en Montevideo siendo por el momento el único espacio territorial del Uruguay, donde se ha implementado el proyecto. Esta reciente experiencia es coordinada además con el Poder Judicial que es quien determina la medida luego de una denuncia. En el año 2013 se colocaron en total más de 118 dispositivos electrónicos, y en marzo de 2014 se registran más de 70 varones con el mismo. Este servicio se lleva adelante por equipos técnicos con formación y perfiles diferenciados en la atención a varones y a mujeres por separado. Una investigación específica sobre este nuevo servicio, la metodología utilizada, y la población objetivo, van más allá de lo propuesto en este trabajo, por tener condiciones muy particulares y ser una iniciativa de reciente concreción, sin desmerecer la riqueza que ese estudio aportaría. Por ello, dejamos propuesto dicho análisis para un trabajo futuro.

Experiencia de reeducación a varones en la Intendencia de Montevideo. Programa de atención a varones que deciden dejar de ejercer violencia (2012-2014). El Lic. Darío Ibarra Casales, Director del Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género, ha compartido con nosotros personalmente (Mayo, 2014) sobre la experiencia que lleva adelante la Intendencia de Montevideo en convenio con dicha ONG. Cuenta como fundamento metodológico al Modelo CECEVIM. Al ser el primer servicio de libre acceso y gratuito que se ofrece desde un organismo del Estado que se brinda a varones que ejercen violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja, pretende, entre otros cometidos, dar cumplimiento a las disposiciones de la Ley 17514.

15 Los dispositivos electrónicos colocados por mandato judicial, comúnmente llamados “pulseras o tobillerasya que se colocan en el tobillo de la persona que fue denunciada por violencia domestica, son monitoreados por el Ministerio del Interior junto con otro dispositivo que lleva consigo la persona que fue violentada. 16 Ministerio de Desarrollo Social

Cabe consignar que el programa se inicia con un plan piloto en el año 2012 financiado por UNFPA, para luego continuar con el convenio actual, financiado por la Comuna en el marco de las políticas llevadas adelante por la Secretaría de la Mujer, desde donde se supervisa el trabajo con los varones, manteniendo -cuando ello es posible- comunicación con las parejas o ex parejas por parte de una coordinadora de dicha Secretaría. El programa cuenta con algunos requisitos generales para participar:

- Ser varón, mayor de 18 años o menor con autorización de sus padres o tutores.

- Concurrir a una entrevista inicial de recepción que se coordina telefónicamente con el Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género.

- Reconocer la violencia ejercida y decidir dejar de hacerlo.

- Concurrir al grupo semanalmente, cuya duración es de dos horas, por un período mínimo de 24 sesiones o seis meses.

El MODELO CECEVIM (Ramírez, 1990) Centro de Capacitación para Erradicar la Violencia Intrafamiliar Masculina Este modelo, que como mencionamos anteriormente se ha utilizado en varios países antes que en Uruguay, se basa en tres fundamentos teóricos y metodológicos: el análisis feminista de género, el modelo ecológico y la espiritualidad. El Modelo tiene cuatro cursos 17 , aunque por el momento nos remitiremos al Curso 1 (con un cupo máximo de 25 usuarios) por ser el que se lleva adelante en la experiencia pública que venimos comentando. En el mismo se propone a los participantes (usuarios y facilitadores) analizar su proceso violento y entender cómo usan el control y dominio en la cotidianidad para resolver la tensión y fricción de las situaciones (A. Ramírez, 2002, p.113). Los objetivos buscados tienen relación con identificar la tensión y fricción en las situaciones que los han llevado a responder con violencia. Aprender a definir los diferentes espacios (social, físico, mental, emocional) en el proceso violento. Identificar las fases del ese proceso y los tipos de violencia que se deciden cometer (física, sexual, emocional, económica, verbal) y/o actitudes irresponsables (negar, culpar, minimizar, colusión 18 ), así como poner en práctica herramientas de retiro ante una situación de riesgo inminente de ejercer violencia, la cual es definida por Ramírez como frustración fatal, que los usuarios aprenden a reconocer a través de señales corporales, pensamientos y emociones. Un concepto novedoso e importante utilizado por Ramírez es el de Intimidad, que lo propone como opuesto a la violencia. El conectarse con la intimidad propia, para

17 Se le denomina Curso a una serie de acciones y encuentros con formato y objetivos específicos. 18 Colusión: son las acciones que nos llevan a apoyar la violencia de otro varón o la que uno mismo ejerce. Ejemplo de ello, son sonrisas cómplices (muchas veces poco concientes hasta ser señaladas por otro) al comentar un acto de violencia, justificar o minimizar la violencia ejercida, etc. El trabajo sobre este punto es fundamental ya que lleva a tomar conciencia sobre la decisión de ejercer violencia o de apoyarla.

luego comunicarse con la intimidad de la otra persona, resulta fundamental para llegar a la construcción de acuerdos basados en el respeto mutuo (A. Ramírez, 2002).

Para poder parar la violencia en el hogar, es imprescindible un cambio de toda la estructura tanto social como cultural y generar un proceso de educación de cada individuo que tenga sus bases en el descubrimiento de una ética personal… Apoyar a un individuo a parar su violencia, influye en todo el sistema social y cultural. (Ramírez, 202, p. 36)

Este Programa fue pensado inicialmente para varones latinoamericanos residentes en Estados Unidos, y luego trabajado en México, Panamá, Colombia y ahora en Uruguay. Esto nos genera la interrogante sobre ¿cuál será el nivel de adaptación a la realidad uruguaya de esta propuesta? La Intendencia de Montevideo confió en el modelo así como en quienes lo llevan adelante y según los datos aportados en la evaluación del Plan Piloto (2012) los resultados primarios son alentadores en disminución de la reincidencia en actos violentos tanto en quienes permanecieron en el programa como en quienes no culminaron el proceso. Se planteó en dicha ocasión (abril/2013) que un número importante de usuarios concurrían con medidas cautelares 19 , y esto podría estar relacionado con el abandono temprano de algunos, sobre todo si tenemos en cuenta que el modelo es de atención a varones que deciden dejar de ejercer violencia y en esas circunstancias algunos llegarían derivados por mandato judicial desconociendo su voluntad sobre la participación en el mismo. Parecería haber una correlación entre el tiempo de permanencia en el programa y el período de tiempo coincidente con las medidas cautelares, las cuales van en general de 30

a 120 días. Investigar sobre los factores que influyen en el acceso y posterior transito en los programas (abandono o continuidad, ejercicio de la violencia, práctica de nuevas formas de relacionamiento basado en el respeto mutuo, etc.), además de generar conocimiento sobre

el perfil socio-demográfico de quienes toman contacto con el mismo sería fundamental, pero

excede los límites de este trabajo. Esto no sería posible analizarlo sin realizar una investigación específica sobre estas cuestiones, lo cual dejamos abierta a ser realizada en el futuro, junto con el estudio sobre la perspectiva epistemológica en la cual el referido programa se apoya, pues de este modo podremos analizar los componentes teóricos, la metodología llevada a cabo en él y posteriormente su efecto en los usuarios.

19 Medida judicial que interpone un/a Juez/a donde limita a quién es denunciado por violencia a acercarse por determinado periodo de tiempo a su ex-pareja, su domicilio, trabajo, etc. A su vez, en ocasiones se los deriva al Programa que venimos describiendo. Cabe destacar que estas medidas no son sustitutivas a la prisión cuando corresponde este tipo de procesamiento.

REFERENTES TEÓRICOS

La compresión de la subjetividad, del ejercicio de género de los hombres, de los problemas de orden teórico, metodológico, la identificación de vacíos de información empírica y la pertinencia de la misma cumplen, en mayor o menor medida, con un doble propósito: ahondar de manera sistemática en la generación de conocimientos, e impulsar procesos de transformación tendientes a la equidad entre hombres y entre mujeres. Adquirir este enfoque requiere de un posicionamiento político y de la promoción de políticas públicas acordes. De ahí la necesidad de considerar los avances en esta dirección. (Cervantes y Ramírez, 2013, p. 14)

Debemos partir por considerar que los estudios sobre masculinidades tienen un desarrollo relativamente reciente en el ámbito tanto de la academia como de la sociedad civil. Como ya se ha señalado inician en la década de los 70 los modelos pioneros y los que se han mantenido con mayor estabilidad en el tiempo han ido incorporando tímidamente algunas conceptualizaciones que provienen de los estudios de género. Conviene destacar que inicialmente nos encontramos con los Estudios de la Mujer como elemento central de las discusiones y posicionamientos ético-políticos. En ese terreno, los estudios sobre masculinidades aparecen como un polo opuesto en tensión, siendo escasamente visibilizadas como objeto de estudios. Es a través de la incorporación de la perspectiva de género (Burín y Meler, 2009) que se posibilita un campo de análisis que incluye los estudios sobre las masculinidades. Debemos entender que también la perspectiva de género es útil para observar y entender el impacto diferenciado de programas, proyectos, políticas y normas jurídicas sobre los varones y las mujeres” (Beniscelli, 2014, p. 78). Estos estudios aportan mediante la problematización del ser varón a visibilizar la necesidad de generar el surgimiento de modelos y programas de trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres, además de otros espacios de reflexión y deconstrucción de la masculinidad hegemónica, con la intención de co-construir otras formas de ser varón. Se ha estudiado sobre la condición del varón, sus crisis evolutivas y dificultades actuales en relación a los cambios que trae aparejada la hipermodernidad, la globalización, el neoliberalismo. Debemos destacar que la etapa de sistematización teórica sobre el cambio en los varones que ejercen violencia y los elementos teóricos para sostener a los programas ha sido poco desarrollada aún. La violencia hacia las mujeres, enmarcada en la categoría violencia basada en género es visualizada principalmente en el ámbito domestico siendo un grave problema de salud y vulneración de derechos fundamentales. Por ello los principales programas de

atención a varones se concentran en el trabajo con aquellos que ejercen violencia con estas características. Como plantea Amorín “la violencia de género tiene su eje en aspectos relacionales entre hombres y mujeres en el marco de una estructura cultural patriarcal y precipitan las practicas vinculares genéricas perpetuadas en un contexto material, simbólico e imaginario” (2008, p.31) Es conveniente entonces definir los conceptos que venimos aportando desde una perspectiva crítica que implique deconstruir los procesos de sociabilización genérica, aporte conocimiento sobre elementos enajenantes y denuncie los costos que conllevan estas prácticas hegemónicas. Los estudios de género desde sus comienzos aportan una mirada sobre “la valoración de lo masculino sobre lo femenino” (Beniscelli, 2014, p. 77). Esta diferencia que aporta a la conceptualización del concepto género, deviene de las representaciones y/o significados culturales atribuidos a las personas en relación a su sexo biológico y se replica inclusive desde las instituciones sociales:

“Esta construcción social de lo femenino y lo masculino se ha vuelto en contra del desarrollo humano y, por lo tanto, de los derechos humanos al asignar un valor mayor a las tareas y funciones, responsabilidades y atributos considerados como propias del género masculino, lo cual lleva implícita una diferencia de poder, que se manifiesta en todos los ámbitos produciendo y legitimando relaciones de desigualdad entre aquellas y estos” (Facio, 1999 citada por Beniscelli, 2014, p. 78)

El género resulta útil como categoría de análisis (Scott, 1997) ya que nos aporta elementos para pensar las prácticas hegemónicas masculinas basadas en las desigualdades de poder y nos permite reflexionar sobre ellas. La incorporación de los estudios de género en el análisis de los derechos humanos constituye un instrumento de cambio de las relaciones sociales entre varones y mujeres, al convertirse en un mecanismo que contribuye a la transformación de la subordinación y discriminación, en igualdad de derechos, equidad en las oportunidades y respeto de las diferencias. Es por esta razón que cada vez cobra más importancia la necesidad de incorporar esta perspectiva en la conceptualización, análisis y tutela de los derechos humanos, lo que permite entre otras cosas, visualizar inequidades construidas de manera artificial, socioculturalmente y detectar mejor la especificidad en la protección que precisan quienes sufren desigualdad o discriminación (Badilla y Torres, 2004). Conviene tomar en cuenta también lo que Segato (2006) plantea como “asesinatos de mujeres” asociados a prácticas del patriarcado fundantes de la violencia (p. 2). ¿Cuáles son las motivaciones primeras del asesino/”compañero”? ¿Cuáles las justificaciones de él y de la sociedad? ¿Cuáles son los motivos por los cuales se califican de “crímenes

pasionales” a los asesinatos de mujeres? Y podríamos seguir con esta línea de interrogantes… Considerando que una amplia mayoría de mujeres son asesinadas por pertenecer al género femenino, es decir por “el hecho de ser mujer” debemos referir al concepto de feminicidio que “representa el extremo de un continuum de terror anti-femenino e incluye a una variedad de abusos…Siempre que estas formas de terrorismo resulten en muerte, ellas se transforman en feminicidios(Caputi y Russell, 1992, p. 15 citado por Segato, 2006, p.) El patriarcado, que es entendido como el sustento de la masculinidad hegemónica, del control de los cuerpos y del castigo sobre las mujeres en todas las dimensiones es el eje de construcción subjetiva del varón en muchos casos. Es por ello que Segato (2006) plantea que poder y masculinidad son sinónimos. A este abuso de poder naturalizado en y por muchos varones se adiciona lo que Ibarra (2013) propone, la misoginia es una construcción social que encarnan los varones en el marco de una sociedad patriarcal, una cultura con lógicas heterosexuales” proponiendo además que se genera desde la infancia en el interrelacionamiento con los referentes adultos. La define como “un recurso interno que utilizan los hombres para ejercer poder, control y dominio sobre las mujeres, con el consenso de la sociedad, la cultura y las religiones…” (p. 77). Un aspecto que se complementa con el de misoginia es el de homofobia, ya que un elemento central de la heteronormatividad heterosexual de la cultura patriarcal es el mandato hegemónico de ser varón y también parecerlo. Se plantea entonces que la masculinidad se construye de las maneras mencionadas en las sociedades patriarcales, pero además se debe sostener ya que así como “no se nace mujer, se llega a serlo(Beauvoir, 1998, p. 322) tampoco se nace varón, y habría que demostrarlo para no generar dudas, no siendo ni pareciendo mujer, homosexual o niño. Esto exacerba la violencia hacia los otros (mujeres, homosexuales, niños/as, transexuales, etc.). Tajer (2009) propone tres tipos de masculinidades para expresar cómo se han subjetivado los varones en el contexto de la modernidad. Estos son el “modo tradicional(p. 58), ligado a la condición de proveedor o sostenedor económico de la familia, los “modos transicionales(p. 63) que manifiestan mayor expectativa en cuanto a la paridad en la relación con las mujeres, quienes intentarían articular los mandatos tradicionales de la masculinidad con la valoración de lo íntimo y lo afectivo y el tercer modo que califica como innovadores” (p. 65) sin determinar una tipología especifica, aunque estarían quienes además de buscar formas saludables de relacionamiento con parejas e hijos/as, cuidarían mejor de sí mismos. “Lo afectivo aparece en ellos como una habilidad muy importante” (p.

66).

Los varones que ejercen violencia en el ámbito de la pareja, desarrollan una estrategia de control y dominio que lenta y progresivamente, van cortando lazos sociales,

lugares de inserción de la mujer, a la vez que se genera una escalada de la violencia, asociada a el círculo de la violencia que determina una situación de encierro muy difícil de transformar. Herrera (2014) nos plantea dos rasgos distintivos y contradictorios de la actualidad, la legitimación de la violencia en descenso y el aumento del grado de violencia. Los tipos de violencia se pueden presentar como abuso físico, sexual, patrimonial y psicológico (p. 25) a las que se suma la verbal propuesta por Ramírez (2007, p. 8) en actitudes como cosificar, degradar y amenazar, sostenida por actitudes irresponsables o cínicas como minimizar, negar o culpabilizar a la mujer por la violencia que recibe.

no podemos entender el problema de la violencia doméstica si pensamos que el que está del otro lado es un enfermo, es un psicópata. No. Si no lo miramos desde la perspectiva de género y no entendemos que es una relación de poder, una exacerbación en todo caso de esa relación de poder, y de esta sociedad de raíz machista, no vamos a entender nunca en las causas de la situación, no lo vamos a encarar como un problema de Derechos Humanos (Herrera, 2014, p. 33)

Ahora bien, ¿Cómo nos planteamos la posibilidad de cambio o permanencia en esta arqueología de la dominación masculina? Es evidente que tanto los programas dirigidos a varones que ejercen violencia, como las legislaciones vinculadas a nivel nacional o internacional se fundamentan en la creencia que las personas tienen la capacidad de cambiar. Como profesionales de la Psicología, entendemos que esa posibilidad existe más allá de las condiciones psicopatológicas pues esta no excluye la violencia basada en género. Esto es lo que diferencia significativamente a una persona que actúa de manera violenta motivado por un cuadro asociado a una patología, de un varón violento con su pareja. Graña (2008), refiere que existe una toma de distancia personal respecto a la violencia, en los varones que él entrevistó del sector salud (Amorín et al, 2008), además de una banalización del problema que podríamos pensarlo asociado a lo propuesto por Arendt (1986) sobre la banalización del mal, en su desarrollo sobre el juicio de Eichmann en Jerusalén. Si a esto le adicionamos el enfoque biologista o naturalista que detectó en sus entrevistados, que explican la violencia contra las mujeres “por una agresividad masculina natural o por su mayor fuerza física” o “el señalamiento de casos en que son víctimas de violencia a manos de sus parejas los varoneso las expresiones de preocupación, temor o fastidio por las “exageraciones” contenidas en los reclamos de igualdad de género” (Amorín et al, 2008, p. 57) podremos reconocer las dificultades evidentes que se tendría al buscar aliados en este sector en cuanto a la búsqueda del cambio en “los otros varones” que ejercen violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja. Es por ello que, tal como lo plantea Ramírez (2007), es imprescindible realizar un trabajo con uno mismo, trabajar con las violencias

invisibles que cada varón comete en la vida cotidiana contra su pareja y contra otras mujeres, aquellos micromachismos (Bonino, 1993) que tanto cuesta identificar para luego, enfocarse desde una perspectiva de género y derechos humanos en compartir ese trabajo con quienes ejercen formas de violencia que pueden desencadenar en la muerte de las parejas o sus hijas/os. Esto será posible a partir de procesos de sensibilización, toma de conciencia, práctica (hacia nuevas formas vinculares) y reconocimiento del lugar ocupado en los diversos espacios transitados, asignados y asumidos por ser varón o ser mujer.

CONCLUSIONES

Diversos estudios plantean que Las principales revisiones realizadas sobre la eficacia de los tratamientos dirigidos a hombres violentos con la pareja muestran que se han obtenido resultados discretos” (Babcock, Green & Robie, 2004; Feder & Wilson, 2005; Murphy & Ting, 2010; Sartin, Hansen y Huss, 2006; Saunders, 2008 citados por Boira y Jodrá, 2013, pag 290). Por lo expuesto a lo largo de este trabajo resulta necesario continuar en la búsqueda de alternativas que no solo colaboren con la erradicación de la violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja, sino que contribuyan a generar modos de relacionamiento basados en el respeto de los derechos humanos de todas las personas como aporte a la salud integral. Para ello aparecen como elementos fundamentales los espacios de reflexión, estudio y problematización sobre las prácticas violentas llevadas adelante por varones y las alternativas vinculares que se generan a partir de la participación en los referidos programas-modelos. En cuanto a los dispositivos estudiados, se visualiza una dispersión evidente en cuanto a programas, metodologías, modelos, posicionamientos teóricos, sobre la forma de inclusión o no de la perperspectiva de género, marcos referenciales institucionales, nociones psicosociales y psicológicas que sostienen teóricamente las intervenciones, capacitaciones y experiencias de trabajo personal de quienes coordinan los mismos, condiciones materiales de aplicación de los programas, población objetivo y otros aspectos que deberían considerarse a la hora de definir una estrategia de trabajo. Hemos titulado un capitulo como Referentes Teóricos y no como Marco Teórico, justamente porque no se cuenta con un corpus integrado epistemológica y pragmáticamente, sino con líneas de pensamiento y acción, algunas con décadas de reflexión, revisión o cambio y otras incipientes, aunque aún se encuentran en su mayoría en fase de problematización, definición, construcción de teorías o evaluación de experiencias. Es por ello que cuando citamos los trabajos realizados en Uruguay con varones que ejercen violencia las hemos denominado justamente

Experiencias, sobre todo considerando que la mayoría no cuenta con un modelo teórico y programático definido, compartido y evaluado. Por ello, se considera importante realizar algunas apreciaciones con respecto a puntos cruciales a la hora de llevar adelante un programa de trabajo con varones que ejercen violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja. Una referencia ineludible es lo expuesto en las Directrices para el Desarrollo de Estándares de Calidad para los programas dirigidos a esta población (Geldschlager et al, 2010, p.187-188) complementándolo con lo propuesto en el Centro Virtual de Conocimiento para poner fin a la violencia contra las mujeres y niñas de ONU MUJERES.

El trabajo con los hombres que ejercen violencia doméstica tiene como objetivo poner fin a la violencia y aumentar la seguridad de las víctimas de la violencia doméstica (mujeres y niños/as), pero también debe interpretarse como integrado en un proceso más amplio de cambios culturales y políticos hacia la abolición de las jerarquías entre géneros, la violencia de género, y la discriminación de género, tanto como las demás formas de violencia y discriminación personal y estructural (Geldschlager et al, 2010, p. 187).

Los programas que trabajan con varones deberían entonces contar con un modelo teórico y conceptual de trabajo explicito, conteniendo una teoría de género-comprensión de la jerarquías de género y de las masculinidades, en relación a las influencias sociales, culturales, religiosas, étnicas y políticas, contando con una definición de violencia y de los tipos de maltrato, los orígenes de la violencia y los mecanismos que desembocan en ella, así como una teoría de intervención y de cambio que dé soporte a la expectativa de cambio de actitudes y comportamientos violentos de quienes participan en los programas. Hemos visto cómo la importancia con que se han tomado estas consignas es despareja y desigual, por tanto resulta recomendable como resultado de este trabajo poner atención en cuanto al ajuste de las herramientas metodológicas, teóricas, epistemológicas y a las recomendaciones internacionales disponibles que proponen a estos programas como una medida aceptada y utilizada para combatir la violencia contra las mujeres, manteniendo el foco en mejorar la seguridad y el bienestar de las personas que la sufren. En la amplia mayoría de los programas relevados, la participación es voluntaria o por derivación judicial, y en menor medida por derivación institucional, terapéutica o personal. La financiación de los mismos en una amplia mayoría depende de los gobiernos nacionales o locales, y en algunos casos cuentan con financiaciones de programas internacionales o a cargo de los usuarios.

Los modelos que cuentan con mayores referencias internacionales desarrollan sus actividades en marcos legales e institucionales que apoyan y promueven el desarrollo de los programas. Esto significa que existen instituciones en pro de la mujer, politicas y planes de igualdad vigentes, leyes promotoras de la equidad de género, especificas para la violencia domestica, redes de ayuda para referir casos a instituciones de salud o de asistencia comunitaria, apoyo de la policía y otras instancias de seguridad para intervenir con los agresores, planes de trabajo en escuelas, espacios laborales y otros ámbitos en donde los hombres pueden recibir información. (Ruiz, 2001 citado por Hijar y Valdez, 2009).

De esta forma la mayor parte de los programas estudiados se apoyan en políticas públicas a favor de los derechos de las mujeres, pero se incluyen en ellas a los varones no solo como agresores, sino además como posibles agentes de cambio a favor de los derechos de las mujeres, existiendo programas que reciben derivaciones a través de la justicia y otros que solo deben presentarse varones por su propia voluntad, y también se observa cómo hay programas que derivan de otros, planteando modificaciones para ajustarse al contexto de aplicación. Esto resulta fundamental ya que al trabajar con creencias y construcciones socioculturales, resultaría inútil trabajar con concepciones ajenas o extranjeras. Los enfoques teóricos que describimos varían desde enfoques feministas a cognitivo conductuales, u otros que aplican una gran variedad de técnicas, destacándose los modelos donde se reflexiona sobre la experiencia emocional de los varones y el impacto que las conductas violentas tienen en las personas sobre las cuales se ejerce la violencia, sobre ellos mismos, así como sobre el entorno. De manera muy laxa o general se relaciona a la violencia con el abuso de poder contra la mujer por su condición de tal y otros modelos se centran en la reflexión crítica sobre creencias en relación a los varones, la violencia y las mujeres, aunque hay que reconocer que algunos dejan dudas al aplicar un discurso de género que difiere con la práctica. Por ello resulta necesaria una coordinación y supervisión con compañeras feministas que desde instituciones de trabajo con mujeres y desde su experiencia aporten una crítica constructiva sobre cualquier desvió en el proceso de cambio al que nos enfrentamos los varones(Ramírez, comunicación personal). La mayoría de los programas estudiados implican intervenciones grupales, aunque en algunos se complementan con espacios terapéuticos individuales, y está contraindicado el trabajo en pareja si existe violencia, aunque sí se recomienda trabajar con la pareja o ex pareja en forma paralela pero en otro espacio y con otros/as técnicos/as. Esto se fundamenta por la inequidad de poder que existe en las relaciones donde hay violencia, y en la imposibilidad que ello trae aparejado en cuanto a lograr acuerdos reales. Esto podría

atentar contra la seguridad de la mujer, revictimizandola con el apoyo de un dispositivo y/o terapeuta. Es abundante la literatura sobre esta recomendación por parte de los Organismos Internacionales. Algunos programas se basan en la consejería, es decir que quien coordina puede no ser profesional y se basa en su propia experiencia para erradicar la violencia como principal herramienta. Otros ofrecen servicios adicionales como el trabajo sobre paternidades. A diferencia de los grupos de narcóticos o alcohólicos anónimos, los usuarios de estos programas en su mayoría hacen pública su participación como manera de colaborar con la erradicación de la violencia en ellos y en otros actores sociales. La mayoría de los facilitadores son varones, aunque existen grupos coordinados por mujeres. En la escena internacional es permanente el debate sobre la estrategia más adecuada para mejorar tanto la intervención con el agresor como la seguridad de las víctimas” (Corvo, Cutton & Cehn, 2008; Langhinrichsen-Rohling, 2010; Saunders, 2008 citados por Boria y Jordá, 2013, pag 290). En función de los materiales estudiados y abordados en este trabajo se puede señalar que las tasas de abandono de los tratamientos y/o programas son consistentemente elevadas no encontrándose una razón primordial para este problema, más allá de las sugerencias realizadas en algunos estudios sobre la necesidad de ajustar las metodologías a la población con la que se trabaja. La adherencia y buen resultado no parece depender exclusivamente o principalmente ni del modelo o del programa que se implemente, aunque resulta evidente entender que algunos producen transformaciones más profundas y permanentes en el tiempo y serían aquellos que incluyen la perspectiva de género, como un componente esencial del diseño y desarrollo del mismo. El cruce entre los programas, las características psicopatológicas, la presencia de consumo adictivo de sustancias psicoactivas por parte de los participantes y otros determinantes, ilustra sobre la necesidad de discriminar acciones tendientes a atender de manera específica problemáticas diversas que contribuyen a la violencia basada en género pero no son necesariamente su causa. Continuar profundizando en esta línea de análisis es imprescindible para la asertiva adecuación de programas de trabajo con varones, pero requiere sin duda una investigación específica que contemple la multiplicidad de variables socio-históricas que constituyen los núcleos subjetivos del modo de ser varón en relación a la mujer. Esto deberá ser objeto de estudio de una nueva investigación. Elementos teóricos interesantes para pensar en relación a las motivaciones de los varones que participan en estos dispositivos de trabajo más allá de no ser espacios puramente clínicos, y sobre cómo afectan al proceso personal en cada caso, incluyendo la posibilidad de cambio, sería lo aportado por Hugo Bleichmar en relación a los Módulos motivacionales (2013, p.392). Este autor plantea dimensiones vinculadas a un modelo

modular-transformacional basado en la argumentación de sistemas motivacionales tanto en psicoterapia como en psicopatología, vinculada a la vida afectiva y psíquica del sujeto en cuestión (Bleichmar, 2013). Esto estaría basado en el sistema sensual-sexual, el narcisista, el de apego y el de evitación/disminución del displacer, aunque sobre estos cuatro sistemas, Bleichmar expresa que:

No agotan la lista y que requieren tanto su descomposición en las dimensiones componentes de cada uno de ellos como ser relacionados con las configuraciones que en la producción teórica y clínica psicoanalítica se han ido decantando como poderosos instrumentos conceptuales que iluminan la psicopatología y la psicoterapia - yo, ello, superyó (p. 322-323)

Por su parte Meler (2013) plantea que “El enfoque modular-transformacional, al sistematizar el registro de las motivaciones de los sujetos, resulta de suma utilidad en los estudios de casos” (p. 236), donde agrega a la hostilidad como un sistema motivacional poderoso, al que le asigna existencia por sí misma, más allá de su origen, derivado del dolor psíquico producido por los avatares de los otros sistemas. Y agrega: “Pero este modelo teórico no se agota en su carácter modular, sino que incluye en su definición la idea de transformación” (p. 236) tomando a Bleichmar que explica esas transformaciones en el encuentro y articulación del suceder psíquico. Meler nos brinda un ejemplo de ello en su libro Varones. Género y subjetividad masculina (2000), cuando expresa que analizando las características de la masculinidad hegemónica, “describí la forma en que los alardes sexuales varoniles implican una finalidad eminentemente narcisista” y esto estaría ligado a una “cualidad emergente”, metáfora tomada de Edgar Morín (Meler, 2013, p. 237). Estas conceptualizaciones nos brindarían una oportunidad de pensar el cambio psíquico y subjetivo de los varones que ejercen violencia al transitar por espacios o dispositivos adecuados y pensados para ello. A su vez, la perspectiva de género, como herramienta de análisis teórico- metodológica permite el examen sistemático de las prácticas y del rol de género, implicando una forma de ver, de actuar, de intervenir, con la finalidad de equilibrar las oportunidades de varones y mujeres, en el acceso equitativo de los recursos, los servicios y el ejercicio de los derechos. El entender estas relaciones de jerarquías, desigualdad, opresión, subordinación, tanto en lo público como en lo privado, es lo que habilita el trabajo con varones. Hemos observado como la mayoría de los autores citados hablan de hombres y en este trabajo consideramos importante problematizar sobre el uso de esta categoría vs la de varón y la de masculinidad vs masculinidades. El hombre o masculinidad como universales hegemónicos mediante los cuales se consideran en ocasiones- casi por igual a todos los

“machos” de la especie, es decir a quienes abusan sexualmente de mujeres y niñas/os tanto dentro como fuera del entorno familiar, a quienes luego de cometer violencia basada en género se les han diagnosticado cuadros particulares psicopatológicos, a quienes consumen sustancias psicoactivas y presentan cuadros de comorvilidad complejos, o a varones que ejercen violencia basada en género en el ámbito de la pareja y a quienes intentan cambiar sus prácticas violentas ya sea desde el activismo, la academia o del espacio domestico. Por ello nos sumamos a la forma de nombrar en clave de masculinidades, donde debemos contar a todas las manifestaciones del ser varón pero por sobre todo, se enuncia la posibilidad de la multiplicidad de expresiones de serlo, la aceptación de la diversidad, la posibilidad de cambio. Como plantea Tajer (2009), existen diversos modos de subjetivación de los varones en la actualidad, los que construyen vínculos desde lugares asimétricos de poderes, estereotipando roles, que califican a sus compañeras de buenas mujeres para casarse y malas para tener sexo; representando sus prácticas como trabajador, proveedor, tendiendo a homologar su identidad personal con la identidad de género. Aparece asociado a esto una virilidad del dominio tal cual sucede en lo social, político o deportivo. Hasta donde el cuerpo aguante(Keijzer, 2006), ser un hombre duro(Bonino, 1998), son premisas que no solo mandatan a vivir y a morir de determinadas maneras, sino que habilitan a controlar y a dominar, inclusive a matar a sus mujeres que no tienen lugar para ser, sino para pertenecer. Luego hay varones que visualizando a la hostilidad como negativa y a su sofocación como positiva, aceptan el castigo físico como algo justificable en algunas ocasiones, aunque parecen tener cierta empatía con el dolor ajeno, causando daño desde la naturalización del ejercicio de poder pero no por una voluntad conciente.

Un efecto de esto es que ejerzan la hostilidad desde la naturalización del habitus (Bourdieu, 1991) de la dominación masculina (Bourdieu, 1998), pero cuando se les expresa que esta actitud puede causar daño, intentan detenerla o repararla por empatía hacia el sufrimiento causado. (Tajer, 2009)

Otro grupo de varones son quienes viven como opcionales aquellos roles que estaban determinados por la masculinidad hegemónica. Esto deriva en cuidados de sí mismo y de su entorno, llegando a construir paternidades desde una lógica del cuidado (Duran, 2002 citada por Tajer) e igualdad tanto en los asuntos públicos como privados, aceptando sus limitaciones y las de sus compañeras, sus enojos, sufrimientos, canalizándolos en la búsqueda de acuerdos con sus parejas, acuerdo imposible si no existe un lugar como varones o mujeres desde la igualdad de derechos. Estos varones logran conectarse con su cuerpo, sus emociones, con su intimidad y desde ahí con las mujeres u otros varones.

Resulta oportuno considerar como estrategia epistemológica y practica llevar a cabo un trabajo contrahegemónico en el ámbito de las masculinidades, que tienda a una descolonialización de los conceptos y de las prácticas (Bourdieu, 2000), contando como referencia a los análisis realizados por los feminismos des/pos/coloniales. Se trata de considerar multiplicidad de variables en los estudios sobre masculinidades que emergen de la georeferencialidad de las propuestas de trabajo, poniendo atención en la inclusión de variables como clase, etnia, generaciones, territorialidad geográfica y cultural, creencias religiosas, preferencias sexuales, entre otras. En la amplia mayoría de los trabajos sobre masculinidades se encuentra un elemento en común: el énfasis en programas re-educativos desde el punto de vista socio-psico- educativo. Nos hacemos entonces la siguiente pregunta: ¿es adecuado hablar de reeducación? Mucho se ha debatido en nuestro país respecto a las llamadas “politicas re” sin encontrar consenso. Quizá deberíamos pensar en la deconstrucción no solo de las prácticas violentas sino de la forma integral de ser varón que se ha incorporado a través de una cultura dominante. Podemos hablar entonces de una nueva educación, que desinstale pautas culturales incorporando en su lugar otras. Esta condición implica más un proceso que un acto educativo o re-educativo, proceso que se encuentra posibilitado a través de aprendizajes significativos entendidos como aquellos que producen un impacto transformador sobre la subjetividad. La propuesta es erradicar la violencia contra las mujeres, erradicando las prácticas masculinas hegemónicas, pero por sobre todo, significando la relación consigo mismo y con los/as otros/as, habilitando esas potencialidades humanas en las que se ha instalado el analfabetismo emocional y vincular, el reconocimiento del cuerpo, de los sentimientos, y de los de las mujeres, niños y niñas reconociendo sus derechos. De esta manera el trabajo con masculinidades estaría colaborando en la defensa que llevan adelante las mujeres de sus derechos sobre aquellos que las vulneran con su accionar o con su indiferencia.

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