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Matilde Cherner y Hernández y los cuentos de Las Arribes

ARRIBES DE SALAMANCA

Anastasia Sánchez Martín febrero-2010

Existen parajes, en nuestra Castilla y León asociados para siempre al


misterio de viejas historias y leyendas,...parajes naturales que parecen
hechizarnos y que nos retrotraen hasta la Edad Media. Esta vieja y singular
tierra de Las Arribes ha tenido mucha facilidad para crear historias fantásticas,
supersticiones ancestrales, y en definitiva contar cuentos.

Página 235 –“Fotografía X” del libro “Fotografías sociales, Vol. II” de


Robustiana Armiño de Cuesta, publicado el año 1862.

1
Salto de Aldeadávila (19639 levantado junto al vergel mediterráneo que
describe el cuento: el paraje antiguo de “La Verde”.

Esta facilidad para contar cuentos, historias reales que han ido
transformándose en cuentos, o simplemente historias fabuladas basadas en
cierta medida en hechos reales, es la que ha engendrado en esta tierra notables
“Cuentacuentos” de la literatura española o hispanoamericana. El más célebre ha
sido sin duda Hernández Catá, pero no el único.

Ya dos siglos antes, el padre fray Alonso Sendino se hace eco de la


célebre tragedia transformada en copla “El Toru de Aldeadávila” de una
tradición todavía más antigua.

“Toreu, tira la capa,


Toreu, tira el capoti,
Toreu tira la capa,
Mira que el toru te cogi
Toreu sal de la plaza”

2
Pero también antes de Hernández Catá surge la figura de Matilde Cherner
y Hernández, natural al igual que los otros dos autores en la misma villa de
Aldea-Dávila, que por aquellos años sobrepasaba de largo los 1600 habitantes,
gracias a su próspera Aduana terrestre y a la comercialización de sus frutos
mediterráneos.

Matilde Cherner y Hernández nace en Aldea de Dávila en 1.833. Hija de Juan


Cherner y Luna natural de San Fernando (Cádiz), y de Dª Antonia Hernández-
también natural de Aldea de Dávila-. Se ignora casi todo lo referente a su infancia
y educación, aunque la autora Carmen Simón nos aporta algunos datos, entre ellos
su apellido, de origen alemán por su abuelo paterno Don Miguel Cherner.

Matilde era prima hermana de Juan Cuesta Cherner1, médico facultativo,


fundador y director de la prestigiosa revista científica: “La correspondencia
médica”. Juan Cherner casa con la gijonesa Robustiana Armiño de Cuesta en
1.848, quien es directora de varias revistas, entre ellas “La familia ” que se publica
en Madrid, y quien apoyaría grandemente a la salmantina Matilde. Fallece
Robustiana en 1.890. En 1861, a pesar de un incendio en su casa de Madrid, logra
publicar su libro de cuentos “Fotografías sociales” en el que una joven Matilde
Cherner, con 27 años le aporta valiosos retratos sociales de Las Arribes, y una
pequeña historia que es la que vamos a reproducir inédita en este trabajo.

De la mano de sus primos, Matilde Cherner logra ver publicados artículos


suyos en diversas revistas madrileñas del momento.

El extracto principal sobre sus obras lo encontramos de la mano de María del


Carmen Simón Palmer2:

“Mantuvo una polémica al sostener que “El haz de leña” de Núñez de Arce y
“Don Rodrigo de la Serna” eran coincidentes con sus dramas “La Cruz” y “Don
Carlos de Austria” que habían estado en poder de las empresas que los habían
rechazado.

Sabía latín y francés. Fue amiga de Manuel Fernández y González, José


Marco, Nicolás Díaz y Pérez, Luis Vidart y Enrique Rodríguez Solís. Fue
republicana federal convencida. Colaboró en la revista “El tiempo”, con las
novelas: “Ocaso y Aurora” 1.878, “Novelas que parecen dramas” y “Las tres
leyes” (1.875-1.878). También es destacable su obra:”La Ilustración de la
mujer” y “Las Mujeres pintadas por sí mismas ”.

A su espíritu muy insatisfecho con la situación política que vivía España en


aquellos años se une, al parecer, un profundo desamor. Estas circunstancias le
llevaron al suicidio el día 15 de julio de 1.880, a la edad joven de 47 años, lo que
1
Villar y Macías, Manuel: “Historia de Salamanca”, p. 149.
2
Simón Palmer, María del Carmen: “Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-gráfico”, p.226.
Editorial Castalia, 1.991. Madrid.

3
nos privaría de la continuación de una obra literaria tan sugerente y novedosa para
la época.

Simón Palmer nos da las referencias de edición de sus dos obras principales:

o “Ocaso y Aurora”. Novela histórica. Madrid, Sociedad de Tipógrafos,


1.878. 215 págs., 17cm. Trata de la sucesión de Carlos II. Madrid: Nacional. V/Cª
2.526-19 (ejemplar dedicado por la autora a Hartzenbusch)

o “María Magdalena” (estudio social). Madrid, Imprenta y Fundación de


la Vida e Hijos de J.A. García (s.a., 1.880), 217 págs., 17 cm. Explica en el prólogo
su tardanza en escribirla ante lo trascendental y resbaladizo del tema. Piensa que
de haberla publicado en Francia, daría la vuelta al mundo. Son las memorias íntimas
de una prostituta.

Otras obras significativas de Matilde fueron: “Contra la escritura


maniatada” y “La Celestina”. Gran parte de sus obras aparecen bajo el seudónimo
de “Rafael Luna”, tomando el segundo apellido de su padre.

En “La Celestina” presenta algunos rasgos comunes con su antepasada clásica,


a quien debe su nombre, según se menciona en el texto, al indicar que el apodo le
fue impuesto por los estudiantes de Salamanca que la bautizaron así en recuerdo
de la otra “a la que se asemejaba en malicia y perversidad”, y a la que imita en su
oficio principal de alcahueta y ama de prostíbulo. Los años jóvenes pasados en
Salamanca capital influyen en sus obras, comentando a menudo historias antiguas
de Salamanca.

En la época que transcurre la acción de esta historia, las villas de La


Fregeneda y Aldea Dávila de la Rivera contaban con 984 y 1632 almas
respectivamente, teniendo mucha importancia el comercio de ganado y cereales con
Portugal a través de sus respectivas aduanas terrestres de 2ª clase, así como sus
ferias, lugar de encuentro de muchas gentes de estas comarcas.

4
“Fotografía X: Venganza”

“Escucha sueños de rosa

Mecieron mi abril de paz,

Como niña caprichosa,

Ligera cual mariposa

Hendí los aires fugaz.

Y mis alas pintadas

De fúlgido color,

Perdieron en las zarzas

Su místico primor;

Y mi noble corona

De tibio rosicler,

Quemáronla las auras

De amoroso vergel”. (R.A.)3

“No lejos de Aldea-Dávila y antes de internarse en el vecino reino de


Portugal, cruza el caudaloso Duero plácidas y feraces campiñas donde la
naturaleza parece haber reunido todo lo más grande; todo lo más poético de sus
caprichosas galas.

Allí encontrais perfumados bosquecillos de naranjos y limoneros, de acacias


y de almendros que alfombran el suelo con sus nevadas flores; la higuera de las
Indias que se estiende lujuriosa por las tapias de los cercados, las rosadas
adelfas, emblema de la belleza y del orgullo, y todos estos árboles y todos estos
arbustos confundidos en magnífico desórden entre espesas matas de romeros y
tomillares, de amarillas retamas y grosellas silvestres, que brillan á los rayos del
sol como transparentes y encendidos rubíes.

3
“R.A:”: acrónimo de Robustiana Armiño.

5
Y allá entre un espeso muro de verdura, formado por laberintos de
azulados lirios y blancas azucenas que sujetan en sus amorosas redes las
caprichosas algas, el Duero, el caudaloso Duero, que ruje embravecido en su
profundo cauce guarnecido por ambos lados de elevadas montañas coronadas de
pinos y olivos, y orgulloso de verse constantemente acariciado en su camino por la
mas rica y exuberante vegetacion.4

Allí encontrais ese tipo meridional, ardiente, voluptuoso, que engendra


pasiones enérgicas é indomables, la mujer morena de negros ojos y encendidos
labios, la mujer de corazon apasionado y varonil que no concibe poder alguno
capaz de contrarestar su poderosa é inflexible voluntad.

En la falda de una de las montañas que guarnecen la ribera y que forman


por aquella parte la frontera lusitana, estiéndese alegremente al sol del medio
día, un gracioso pueblecito de ochenta ó noventa casas á lo mas, y cuyas
cenicientas paredes se destacan apenas entre los elevados pinos y frondosos
viñedos que bajan escalonados desde la cima de la sierra hasta las románticas
márgenes del Duero.

Hija única del mas rico labrador, dotada de una de esas hermosuras
soberanas que rinden y avasallan á su paso todas las voluntades, rosa era sin
duda alguna, la mas bella, la más rica, y sobre todo la mas despótica de todas las
doncellas de la aldea.

Al perder á su madre que era una santa mujer, dulce y cariñosa como una
paloma, pero ascética y severa como un monje, Rosa se encontró á los doce años
en completa libertad para seguir los instintos de su corazon ardiente y orgulloso,
que la impelia por una senda peligrosa y desonocida.

4
Esta descripción que realiza Matilde Cherner se refiere al paraje de Santa Marina de La Verde, del que
gustaba de visitar en su infancia y años primeros de juventud.

6
Labores tradicionales en Pinilla de Fermoselle

Su padre anciano ya, y entregado ciegamente al vicio de los naipes, plaga


mortífera que devora sin escepcion todas las aldeas, pasábase los dias enteros
en el estanco, verdadero garito donde á título de la brisca y el truquiflor, se
concluia siempre por el monte, atravesando en tan azaroso juego cantidades
enormes, si se considera lo repartida que se encuentra la propiedad en aquel
hermoso pais.

Rosa, dueña absoluta de su albedrío y que por otra parte no habia tenido
jamas apego alguno á los quehaceres domésticos, pasábase los dias de fiesta en
fiesta, y de romería en romería, acompañada constantemente por otras dos
amigas que tan holgazanas como pobres, la seguian á todas partes como dos
satélites.

Coqueta por naturaleza y bastante rica para vivir sin trabajar, Rosa,
cediendo á su natural inclinacion de burlarse de todos sus adoradores, ponia en
juego los mas hábiles resortes para seducir á los que deslumbraba con su belleza,
y despues de llevarlos públicamente uncidos al carro de sus caprichos, los heria
sin piedad lanzándolos con frecuencia al insondable abismo de la desesperacion.

Las doncellas de la aldea la envidiaban, las madres que se enorgullecian de


ver á su lado mancebos de veinte años, la profesaban un odio mortal, y las
comadres que en la aldea como en la ciudad se ocupan solo de comentar vidas
agenas, se reunian á hilar al sol, refiriendo acerca de Rosa mil anécdotas á cual
mas significativas, y cantando maliciosamente al verla pasar:

7
“ Que bien dijo aquel que dijo

Que la mujer que es hermosa

Lleva desgracia consigo.”

Pero Rosa habia ya cumplido diez y ocho años, y á pesar de que en las
familias bien acomodadas las muchachas casi nunca cumplian los diez y seis
abriles, nuestra heroína no habia elegido esposo todavía por la sencilla razon de
que siendo rica, jóven y hermosa se creia con derecho á unir su mano con la de un
medio señor que la llevase á pasar el invierno á La Fregeneda, villa la mas notable
y bulliciosa entre las villas fronterizas.

Pero en la época á que nos referimos, la célebre zarzuela de “Jugar con


fuego”5 no había llegado todavía á las fronteras de Portugal, y Rosa que habia
acudido siempre ansiosa de conquistas á la feria de la Fregeneda, se enamoró sin
adivinarlo siquiera, de un gallardo mozo propietario de numerosas tierras de pan-
llevar, y codiciado hasta por algunas familias bien acomodadas de la villa.

Rosa, que no sabía lo que era contrariar un capricho, y que esperimentaba


por aquel hombre un verdadero frenesí, corrió desalada en pos de su deseo,
presentándose acompañada de su nuevo galan en todos los bailes de la aldea y
acudiendo todos los días de mercado á la Fregeneda á donde la aguardaba su al
parecer enamorado y lujoso pretendiente.

El padre de Rosa, que deseaba quedarse solo para contraer segundas


nupcias con la viuda del cirujano su compañero inseparable de juego y de taberna,
aprobaba con toda su alma las relaciones amorosas de su hija, ofreciéndose á
darla en dote, á mas de la cuantiosa legítima de su madre, cuatro mil reales en
onzas de oro peluconas.

Pero sucedió entonces lo que acontece entones en semejantes casos, y


Liborio, que así se llamaba el galan, sondeando hábilmente en el corazon de la
enamorada doncella, descubrió en él á la coqueta frívola é insensible que se
gozaba en destrozar los corazones de los demas, y solo pensó ya en representar
lo mejor que le fuese posible la farsa del “Burlador burlado”.

Queriendo dar á la envanecida Rosa una terrible leccion la mintió un amor


tan noble y verdadero, que á los pocos dias ya no se hablaba en el pueblo mas que
de la boda, lamentándose las comadres de que se les marchaba la novia al pueblo
de su marido situado á mas de diez horas de distancia6, y ofreciendo las madres

5
Zarzuela compuesta por Barbieri en 1851. Lamentablemente no nos da una fecha exacta de la historia; es
únicamente un recurso literario de la autora.
6
Por la referencia de distancia que se da, la aldea natal de Rosa podría ser Cerezal de Peñahorcada.

8
limosnas á San Antonio y á las ánimas benditas porque se les desaparecia del
pueblo la tentacion.

De repente Liborio se pasó tres dias sin dar cuenta de sí, y Rosa, que como
hemos dicho antes, no conocia freno á sus inclinaciones, montó la mejor yegua del
establo, dirigiéndose resueltamente á la Fregeneda, y tomando desde allí el
camino para ella desconocido del pueblo de su amante sin cuidarse para nada del
escándalo que su desaparicion debia forzosamente producir en la aldea.

Carros tradicionales en los encierros de Aldeadávila

Apenas echó pie á tierra en el lugar, Rosa oyó con espanto de boca de la
posadera, que Liborio se hallaba forastero en Aldea-Dávila á donde habia ido á
buscar á una gallarda jóven con la que se habia desposado la víspera, y que era
conocida en todos aquellos contornos con el poético nombre de María la Blanca.

Hundida, quebrantada, deshonrada á sus propios ojos y á los de cuantos la


conocian, la desventurada jóven, caso sofocada por la cólera, tomó
precipitadamente la vuelta de su aldea, maldiciendo el momento en que guiada
por su insensata vanidad habia ido á lucir su hermosura en los mercados de la
Fregeneda.

En vano procuraba la infeliz ocultar su deshonra á los que la rodeaban; sus


accesos de furor le hicieron traicion, y al dia siguiente la cirujana, rodeada de un
corro de comadres, vomitaba una nube de maldiciones contra el burlador que
habia dejado plantada á la muchacha mas rica del lugar, entorpeciendo con su
villanía la boda con que aunque mayor de edad y peinando canas, habia ya contado
como cosa hecha.

9
-“Porque es el caso -añadia furiosa la cirujana-, que el tio Jeromo no quiere
oir hablar de iglesia hasta que la muchacha salga de casa, y con la lotería que le
ha caido á la pobre chica por mucho que le relucen las espaldas, me parece á mí
que tendremos moza para mucho tiempo “.

Y las comadres, no por un sentimiento de verdadera compasion, sino por


agravar el caso, repetian con tono plañidero:

-“¡ Pobre Rosa! ¡pobre Rosa de mayo!

10
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II

“La Perlita se casó,

Se fue á vivir a la playa,

Cogiéronla los armeros,

Diéronla para una saya.

Perlita, ¿qué será de ti?

Perlita, ¿qué será de ti?,

Piensas que nadie lo sabe,

Y todo se sabe aquí” (Canción popular)

“Rosa permaneció por algunos dias encerrada en su cuarto, jurando y


persiguiendo como un presidiario, y desoyendo los consejos de la cirujana, que
con el pretesto de consolarla, entraba en la casa por la mañana, y no salia hasta
muy cerrada la noche.

De repente Rosa cesó de llorar, trenzó de nuevo sus negros y abundantes


cabellos, y se presento en la iglesia acompañada de la cirujana, que no cesaba de
repetirla seis veces por hóra:

-“ ¡Gracias á Dios ,hija mia, que te has cansado ya de lloriquear y hacer


pucheritos como una tonta. No se acaba el mundo con ese tunante, que mal
fin tenga, y estos ojos ,lo vean…nada, nada á rey muerto, rey puesto, y á
vivir! “

En medio de su dolor y de su vergüenza, que la hacian huir de sus antiguas


amigas, Rosa encontraba cierto consuelo en la compañía de aquella mujer
charlatana é insustancial, pero que al menos miraba con indulgencia sus
gravísimas faltas, y la compadecia y acariciaba como una verdadera madre.

Es verdad que la cirujana obraba solo impulsada por el interes de ganarse la


voluntad de la muchacha: pero Rosa, que se veia cuidada á qué quieres boca, que
veía la casa arreglada y limpia como una tacita de plata y los mozos de la labor
mejor atendidos que nunca, pensaba acerca de aquella pobre mujer como la gran
Catalina de Médicis acerca del duque de Guisa, á quien todo el mundo acusaba de
obrar tan solo impulsado por sus ambiciosas miras.

12
-“ Si nos sirve como ninguno, ¿qué nos importa que á la vez se sirva también
á sí mismo? “

Rosa asistia á la misa los domingos, recorria las eras, los olivares y los
viñedos; pero ni acudia al baile como las demas mozas del lugar, ni se la veia
jamas con ninguna de sus antiguas amigas, de las que parecia haberse olvidado
por completo.

Su rostro hermoso y apacible estaba con frecuencia iluminado por una vaga
y melancólica sonrisa, que prestaba nuevo encanto á sus labios delgados y
encendidos como claveles; pero el profundo rayo de su pupila, se habia
reconcentrado en el fondo de las órbitas de una manera misteriosa, como si
ajena á todos los sucesos del mundo esterior dirigiese las miradas al fondo de su
joven y destrozado corazon.

Animado por la intimidad que reinaba entre las dos nuevas amigas, el padre
de Rosa (á la que comunmente llamaban en el pueblo Rosalba) se atrevió á
demostrar á su hija todas las ventajas que le traeria el que la cirujana entrase
por completo en la casa, y lo mucho que debia prometerse de una mujer que,
como decian en el lugar, veía el sol por las espaldas de la chica, y que solo por
ella habia dejado la tertulia del estanco, con su brisca y su truquiflor, y sus
copillas de anisete.

Con gran asombro del labrador, Rosalba, que siempre se habia opuesto con
toda su energía á que mujer alguna ocupase el puesto de su santa y virtuosa
madre, accedió de buenas á primeras á la propuesta, y á los pocos dias la cirujana
cubierta de moños y colorines entraba en plena posesion de la casa de su nuevo
marido, siendo lo mas notable que la muchacha, que habia sido toda la vida
voluntariosa é indomable, era para con su madrastra mas humilde y suave que una
malva.

Pero ¿quién puede penetrar los misterios que encierra en sus profundos
senos el corazon de la mujer?

Rosalba, la hermosa Rosalba, la que parecía ya curada de su dolorosa


herida, estaba cada vez mas frenética, mas delirante, mas celosa, entregándose
con frecuencia en sus noches de insomnio á los accesos de la mas funesta
desesperacion.

Desde aquel negro dia en que otra mujer se habia unido para siempre al que
tan villanamente la habia deshonrado, “no hubo ya para Rosalba ni sombra, pena ni
alegría: no hubo ya mas que un pensamiento unico, el de la realizacion de su
venganza”7.

7
Nota de autora: “La Madrilana, FOTOGRAFIA XXIII (1ª serie)”

13
Esclava de aquel pensamiento que la dominaba de una manera horrible,
resuelta á sacrificar por él todos los intereses materiales, que miraba ya con la
mas glacial indiferencia, Rosalba, que pasaba la vida en acecho, logró averiguar al
cabo de algunos meses que su pérfido amante, labrador y contrabandista á la
vez, hacia frecuentes escursiones á Portugal, dejando á su joven esposa en el
hogar en compañía de su madre, mujer laboriosa y caritativa que profesaba á su
nuera el mas tierno y desinteresado cariño.

Picón de Felipe en Aldeadávila: lugar de paso de contrabandistas

Aunque la nueva de aquella vida nómada desconcertaba por completo sus


bien combinados planes, Rosalba, dotada de esa fortaleza que hace de la mujer
un héroe, aguardó resignada mes tras mes y año tras año la ocasión de llevar á
cabo aquella venganza, cuya idea era la que animaba su miserable y desesperada
existencia.

A los dos años, y como si el destino quisiese acelerar el logro de sus


feroces deseos, el padre de Rosalba falleció repentinamente, dejando á su hija
dueña de una fortuna que, residiendo en el pueblo, era mas que suficiente para
vivir sin trabajar.

La cirujana maldecia su suerte, se retorcia las manos, y maldecía tambien la


ceguedad del difunto á que dia por dia habia estado acosando en vano para que
dejase bien arreglados sus asuntos.

14
Preocupada únicamente por el deseo de lavar en sangre su afrenta, Rosalba
ofreció solemnemente á la cirujana dejarla en completa posesion de sus pingües
haciendas, si ella por su parte se comprometia á poner en juego toda su astucia
para ayudarla en el logro de la venganza con que incesantemente deliraba.

La cirujana, devorada por la codicia y pensando juiciosamente que las


haciendas la vendrian muy al caso para conquistarse el amor del fiel de fechos,
que le parecia escelente para tercer marido, prometió a Rosalba cuanto quiso,
ofreciéndose á servirla á las mil maravillas, y confiándola reservadamente que
nada podia escaparse á su penetracion, porque desde los quince abriles tenia
pacto con los familiares.8

Rosalba que creia á ciegas en duendes y aparecidos, segura ya de


que los familiares inspirarian á la cirujana el medio mas seguro de llevar á cabo
su objeto, aguardó llena de fe á que llegase el dia marcado por el destino,
esperimentando una impaciencia febril cada vez que la vieja se detenia un poco
en el estanco á donde habia vuelto á instalarse diariamente unas cuantas horas
en busca de novio.

Un año cabal duró la espera, y ya empezaba Rosalba á dudar del


poder de los familiares, cuando la cirujana entró un dia cantando y bailando y
levantando los brazos frente á su entenada9, brillando en sus hundidos y
arrugados labios una sonrisa cínica é insolente.

Al ver á su madratra poseida de tan frenético gozo Rosalba nada


preguntó, pero sintió que toda la sangre se le agolpaba al corazon.

-“ ¿No te lo decía yo?” esclamó la cirujana haciendo un gesto de los


mas repugnantes: “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se
pague”: y Maria la Blanca con su blancura y sus zalamerías se fue á
cumplir los veinte años á la tierra, dejándole la silla vacante y dos

8
Nota de la autora: “Pacto con los familiares. El pacto con el diablo no es tan solo una
estravagancia de la nebulosa imaginacion de Goethe. En pleno siglo XIX existen todavía muchas
personas inspiradas por el fanatismo y mas comunmente por la estafa, confiesan haber hecho pacto
con el espíritu de las tinieblas, que en cambio pone á su disposicion un gran número de diablillos
microscópicos, llamados familiares, que el poseido guarda casi siempre encerrados en una redoma
de cristal, obligándolos á servirle de emisarios en todos sus antojos. Según la tradicion, los
familiares hablan mucho, tienen la voz afeminada, y se burlan de sus enemigos, entrando y
saliendo en la redoma por arte mágica y revestidos de las formas mas caprichosas. Hace muy
pocos meses que una mujer, de las muchas que ejercen en madrid el oficio de adivinas, aseguraba
muy formalmente que ella y otros once poseidos iban dos veces cada mes á la una de la madrugada
á los campos de Vicálvaro á donde sucesivamente conferenciaban con el demonio por boca de los
diablillos familiares, ratificando siempre el pacto con sacrílegos juramentos. Los familiares
merced al privilegio de hacerse invisibles hacen penetrar á su poseedor al través de los mas
espesos muros colándose casi siempre por el agujero de las cerraduras, y apareciéndose
ordinariamente bajo la forma de insectos ó lagartijas”.
9
“Entenada”: m. y f. hijastro. R.A.E.

15
criaturitas galanas como dos soles para que no se te haga triste la
casa.

Insultante é indecoroso sarcasmo, al comprender que “la que le


dejaba la silla vacante era una madre jóven y hermosa que acababa de dar á luz
su segundo hijo”, Rosalba sintió correr por todos sus miembros un escalofrio
doloroso y que su frente pálida se cubria de anchas gotas de sudor.

-“ Pues, hija, -añadió la cirujana con entusiasmo sin tener en cuenta


la alteracion que revelaba el rostro de la muchacha,- el asunto ha
sido que ni á pedir de boca; porque figurate que despues de haber
salido á misa de parida, i cuando al ver que andaba tan lista como
si tal cosa, su madre se habia ya vuelto á Aldea Dávila10, la da un
patatus, y sin decir oste ni moste…zas…y aquí paz y despues gloria;
como que se fue al otro mundo sin ver á su marido que hace ya cinco
meses cumplidos que anda por esos mundos sin dar siquiera una
vuelta por la casa.”

A pesar del afan que mostraba por ver llegar el dia de la venganza; á pesar
de los abrasadores celos que le inspiraba la esposa del que tan villanamente habia
burlado su amor, Rosalba esperimentaba un malestar indecible, lamentando
sinceramente la suerte de la infeliz Maria y devorando en silencio las lágrimas de
compasion que se agolpaban á sus ojos.

-“ Ya ves, hija –añadio la cirujana haciéndose aire con su abanico de á dos


cuartos –“ lo que Dios hace está bien hecho; y á rey muerto, rey puesto”, y en
lugar de pensar en venganzas y trigedias, sabes que Dios nos manda perdonar las
injurias; con que al avio, y á recobrar lo perdido, que mas valen veinte años que
veinte doblones de á ochenta, y “del agua vertida, la media cojida”

Rosalba bajó los ojos avergonzada ante aquella mujer que parecia penetrar
en lo mas recóndito de su alma.

En pos del sentimiento de compasion que le inspiraba la suerte de aquella


desgraciada esposa, se levantaba orgulloso, florido, indomable el amor que ya
creia estinguido, el amor que la impelia con una fuerza sobrehumana á los pies de
aquel hombre que tan friamente habia ultrajado su peregrina hermosura.

Ciega, desalentada, seducida por las sugestiones de la cirujana que


desvanecia uno tras otro todos sus escrúpulos, Rosalba se decidió al fin á seguir
á tontas y á locas los consejos de su madrastra que no cesaba de repetirle:

-” ¡Ay, hija mia y qué dias tan hermosos te aguardan! ¡Bendito sea
Dios que al fin y á la postre no se olvida nunca de los suyos! “

10
Las autoras de esta novela corta sitúan en Aldeadávila, tanto a María la Blanca, como a su familia.

16
Y la cirujana autorizada con su basquiña negra que la envolvia como una
mortaja, y cubierta con su mantilla de franela calada sobre la frente á manera
de toca, salió de su casa á boca de noche, encaminándose con otras comadres á
“la cueva del Zorro”, situada en las profundas gargantas de la sierra , y á donde
según decia esperaba saber aquella noche el sino con que estaba marcada Rosalba
y los resortes que habia de poner en juego para conquistar de nuevo el corazon
de Liborio.

Rosalba, dócil en todo á las inspiraciones de la que se habia acostumbrado á


mirar como á una verdadera Sibila, encendió un cirio a San Antonio y pasó la
noche en oracion, á fin de que se sirviese iluminar á la cirujana en sus profundas
investigaciones.

Como una hora antes de amanecer la cirujana volvió á su casa en el mas


completo estado de embriaguez, y tartamudeando los mas felices é indeclinables
augurios.

Cascada del “Pozo de los Humos” entre Pereña y Masueco de la Ribera.

17
III

“Y cada vez mas punzante

Y cada vez mas nutrido,

Este fuego derretido

Que hace sus sienes latir;

Volcánico torbellino

En su cerebro fomenta

Preludio de la tormenta

Que ya comienza á rugir” (J. Cuesta)

Al despertarse de su profundo sueño, la cirujana vió al lado de su cama á


Rosalba, que pálida y temblorosa aguardaba con ansiedad á que la Sibila le
comunicase todas las circunstancias de su sino.

La cirujana se incorporó en su lecho, movió tres ó cuatro veces la cabeza


con ademan solemne, y fijó sobre su hija una mirada fascinadora.

El aspecto de aquella mujer era en verdad capaz de estraviar imaginaciones


menos impresionables que la de Rosalba.

Su camisa holgada y blanca como la nieve (como que la cirujana era la que
tenia fama en el pueblo de lavar mejor sus trapitos), dejaba descubierto su
cuello formado por gruesos nervios cubiertos de una piel rugosa y sus brazos
secos y descarnados como los de la misma muerte.

Sus manos eran blancas, delgadas y coronadas por uñas negras y


encorvadas como las de los murciélagos, y su rostro pálido y apergaminado, sus
sienes hundidas y sus ojos de un color indefinible, que brillaban en el fondo de
sus órbitas con un fulgor siniestro, le daban todo el aspecto de una de esas
megueras que vemos tan hábilmente bosquejadas en los cuentos fantásticos
engendrados por las nieblas del Rhin y del Escalda.

- “¡Hija mia ¡ le dijo, apartando con ambas manos sus cabellos grises y
erizados, como si quisiese apartar las nieblas que la separaban del mundo
de los espíritus: ¡dichosa la hora en que mis labios te aconsejaron
olvidarte de la venganza, que es hija del demonio, para tornar al cariño, y
á la vida del perdon, que es la única buena del Señor!.”

18
“Pues Rosalba, yo vide una rosa encendida que se alzaba en el huerto de
Liborio, derecha como un pino y vanidosa como un laurel que se alza enmedio
de los sembrados para librarlos del rayo y de la centella; y vide dos
palomicas blancas, blancas como los campos de la nieve, que revolaban ende
la rosa, y un pájaro muy galan que cobijaba con sus alas á la rosa y á las
palomicas, y las campanas del lugar que tocaban á boda, y que decian con sus
lengüecillas de metal:

“Las aves, fuentes y flores

La dan dulce parabien,

¡Corred! ¡Corred!

Aves, estrellas, hablad,

¡Volad! ¡Volad!

Astros y plantas, venid,

¡Decid! ¡Decid!

¡Rosa! ¡Rosa!

¡Galana y hermosa! “

Rosalba bajó los ojos ruborizada.

En seguida los levantó de nuevo, fijándolos en su madrastra con una especie


de miedo.

La vieja la contemplaba impasible y silenciosa como una momia, y su frente


amarilla y cubierta de profundas arrugas paraecia inspirada por un reflejo
sobrenatural.

“ ¡Hija mia! Añadió, cruzando las manos sobre el pecho á la manera oriental:
todo lo sabes ya, voy ahora mismo á oir una misa á la parroquia para que Dios me
ilumine acerca del camino que hemos de seguir para que se logre lo que
deseamos; pero no puedes venir conmigo á la iglesia, porque para que todo se
haga como está escrito, es preciso que en tanto que yo rezo la estacion en cruz
al divino Señor, enciendas una candelilla á la gloriosa Santa Elena, y le pidas de
veras que así como ella encontró la cruz que estaba oculta en las entrañas de la
tierra, encontremos nosotros lo que buscamos.”

19
Y la cirujana se vistió su basquiña negra y su jubon de anascote11 con la
ligereza de una jóven de veinte años, se arregló en un santiamen sus escasos
cabellos, y sin atender á las cariñosas exhortaciones de Rosalba, se marchó en
ayunas para que, segun decia, fuesen meritorias las oraciones.

Rosalba, trémula y preocupada con la revelacion que en su credulidad


tomaba por un oráculo divino, encendió la candelilla, y se arrodilló ante una
robusta y pintarrajeada imágen de Santa Elena, que la cirujana habia
devotamente pegado á la pared con cuatro pedacitos de pan mascado, rogándola
de todo corazon que la iluminase en aquella inesperada y peligrosa tentacion.

La cirujana en tanto almorzaba en el estanco con el fiel de fechos, al que


encargó muy particularmente que no dejase de pasarse por su choza á boca de
noche, acompañado de dos ó tres amigos de su confianza.

Al volver á su casa un tanto iluminada por el sabroso jugo de las cepas del
pais, se encerró en su cuarto para pedir por última vez consejo á los familiares,
encargando á Rosalba que redoblase sus oraciones, porque se acercaba la hora.

Un cuarto de hora despues llamó cariñosamente á su hija, con la que


permaneció mas de una hora en misteriosa conferencia, revelándole al traves de
mil preámbulos y artificiosas alumbraciones los medios que habia de emplear
para reconquistar la silla que María-la-blanca habia dejado vacante.

Rosalba consintió en todo, repitiéndose una por una cuantas palabras le


dictaba la vieja: pero su pensamiento se extraviaba, y sus manos parecian
agitadas por una especie de vértigo.

A boca de noche Rosalba otorgó en favor de la cirujana una donacion


completa de todos sus bienes, estendida por el escribano y autorizada por el fiel
de fechos y sus dos amigos de confianza.

La cirujana por su parte se comprometia á mantener á la muchacha todo el


tiempo que permaneciese moza12 y habitando bajo el honrado techo de su
madrastra.

A la mañana siguiente Rosalba montó al amanecer en la yegua, y se encaminó


á la Fregeneda, acompañada del mísmisimo fiel de fechos, que se habia ofrecido
gratuitamente á servirla de espolista.13

11
“Tela delgada de lana, asargada por ambos lados que usan…también mujeres del pueblo en algunas
provincias españolas” R.A.E.
12
Nota de la autora: “Moza: en los pueblos, sinónimo de soltera”.
13
“Espolique (espolista)”: “mozo que camina delante de la caballería de su amo”. RAE.

20
A pesar de encontrarse completamente equipada, la muchacha iba vestida
con un pobre traje de indiana desteñido y apiezado14 ya por todas partes,
llevando únicamente en un saquito de lienzo una muda de ropa blanca.

Sus hermosos cabellos descuidadamente peinados asomaban en desórden


bajo su pañuelo de algodon oscuro, trazando desiguales y caprichosas ondas
sobre su frente morena, pálida y ardiente como la de los árabes del desierto.

Al llegar á la Fregeneda Rosalba entregó al fiel de fechos la yegua, con la


que se volvió al pueblo el caballero, y emprendió sola y á pie el camino del pueblo
de Liborio, que distaba solo dos ó tres horas de la Fregeneda, y al que llegó la
pobre jóven antes que cerrase la noche.

La posadera, que era la misma que en otro tiempo le habia noticiado la boda,
le refirió entonces que el contrabandista no tenia pizca de ley á la casa, y que
á pesar de habérsele noticiado la muerte de su mujer, no habia vuelto aun de su
espedicion á Portugal, quedándose las dos niñas al cuidado de su anciana madre,
conocida en todos aquellos contornos por la tia María la güelica.15

Rosalba respiró: la cirujana le habia repetido una y cien veces que los
familiares habian visto á Liborio en Portugal, y que podria ganarse muy
fácilmente la voluntad de la tia María la güelica, que era una santa mujer.

Animada por aquella nueva, la pobre muchacha se encaminó decididamente á


la casa de Liborio, cuya puerta estaba todavía abierta de par en par.

En el dintel veíanse sentadas dos muchachas del lugar que, recogida ya la


rueca, departian alegremente acerca de cuál era el mejor mozo entre los
carabineros que estaban de destacamento en la Fregeneda, dirigiendo de vez en
cuando la palabra á la tia María, que desde la muerte de su nuera se pasaba los
dias y las noches hundida allá en el fondo de la cocina.

Rosalba se colocó á uno de los lados de la puerta, demandando una limosna


con voz acompasada y temblorosa.

- “¡ Abuela ! gritó una de las mozuelas, asomando hácia dentro la cabeza;


salga vuesa merced, que aquí hay una moza que pide una limosna.”

La tia María se asomó entonces á la puerta, examinando á la mendiga con la


curiosidad de todas las viejas de lugar.

Rosalba se acercó á la güelica, dejando descubierto su hermoso semblante


y repitiendo su demanda con voz entrecortada y apenas perceptible.

14
Remendado.
15
Nota de la autora: “Güelica, diminutivo de abuela”.

21
- ¡Hija de mi alma! dijo María, contemplándola con la mayor admiracion: “¿es
posible que tan jóven y tan galana vengas por estos campos de Dios pidiendo una
limosna como una pobretona de á tres al cuarto?”

- “Señora, respondió Rosalba con una voz, cuya dulzura cautivaba las
voluntades mas egoistas: no es una limosna la que necesito ahora, porque no
tengo hambre ya, es un abrigo donde pasar la noche.”

-“¡ Pobre muchacha !“ esclamó la güelica con el acento de la mas sencilla


compasion: “luego no conoces aquí á nadie? “

- “A nadie señora; soy huérfana y sola, y vengo buscando un amo que me


liberte de los feroces tratamientos de mi madrastra.”

- ¡ Madrastra ¡ replicó María enfurecida á la sola idea de que sus inocentes


nietecitas se viesen algun dia maltratadas por otra mujer. “ ¡Tienes
madrastra! Pues no me digas ya mas, hija de mi alma, y éntrate aquí al amor
de la limbre; que solo en pensar que mis pobres criaturas se han quedado sin
madre al venir al mundo, y que yo voy cumpliendo ya los sesenta, parece que
me tiemblan las carnes.”

Y María la güelica que, como habia dicho la cirujana, era una santa mujer,
cediendo á los impulsos de su generoso corazon, ofreció desde luego á Rosalba la
mas generosa hospitalidad, creyendo de buena fe que la cara es el espejo del
alma, y aquella mujer era demasiado hermosa para ser capaz de engañarla en lo
mas mínimo.

Y en verdad que no se equivocaba mucho en sus cálculos, pues cediendo á la


confianza que le inspiraba la bondadosa anciana, que en pocos momentos la habia
enterado de todos los pormenores y circustancias de la casa, Rosalba le refirió á
su vez todos los accidentes de su vida, ocultándola únicamente el nombre de
Liborio y acusando á su madrastra de ser la única causa de su salida de la casa
paterna.

Pero Rosalba no sentía sin embargo al hacer aquella acusacion escrúpulo


alguno de conciencia, pues la misma cirujana, que era de los que profesan el
axioma de dame pan y llámame tonto, la había autorizado para que si la
convenia, le quitase el pellejo.

La casa de la tia María la güelica, sin ser buena ni medio buena siquiera, era
sin embargo bastante capaz para una familia numerosa y por lo mismo
sobradamente grande para la que la habitaba entonces.

Despues de un portal grande, limpio y bastante destartalado que hacia


ordinariamente de pieza de labor, y en el que se veian colocados simétricamente
algunos taburetes de blanco pino, estaba la cocina, grande tambien, guarnecida

22
de largos vasales cubiertos de reluciente vajilla de loza portuguesa, y desde la
que se salía al corral, donde anidaban con una paz octaviana toda especie de aves,
unos cuantos conejos y una cabra.

En la cocina habia un cuarto oscuro y tenebroso donde dormia la moza, que


era ni mas ni menos que la mozuela16 que hacia el panegírico de los carabineros de
la Fregeneda.

A los lados del hogar estendíanse los tradicionales escaños y algunos


banquillos sin respaldo de los que usan comunmente las hilanderas.

Dos puertas habia en el portal, ambas á la derecha: la primera era la de la


sala baja con reja á la calle, y en cuya alcoba dormia la güelica con sus dos
nietecillas.

La segunda era la de la escalera, que subia al piso principal, escalera


estrecha, oscura y empinada, que se abria en una salita con ventana, á la que
seguia un gran número de habitaciones interiores que habian estado siempre
deshabitadas. En la alcoba de la salita, que era la que habian ocupado siempre los
esposos, se veía una cama de pino, una mesita de la misma madera, sobre la que
se alzaba triste y solitaria una Dolorosa de yeso y algunos cofres que constituian
la dote de María-la-blanca, y que hacian al mismo tiempo el oficio de asientos.

Desde la muerte de María-la-blanca, la güelica, que amaba á su nuera como


á las niñas de sus ojos, no habia vuelto á subir la escalera, ni á asomarse á la reja
ni apenas á la puerta de la calle, pasándose, como hemos dicho, los dias enteros
en el escaño de la cocina, á donde trasladaba por la mañana la cuna para cuidar
mejor de los dos ángeles que Dios habia colocado bajo su amparo.

A pesar de ser aquel pais eminante agrícola, nada revelaba en


aquella casa al labrador que vive del producto de los campos. Liborio, dedicado
ciegamente al peligroso tráfico del contrabando, habia vendido por completo
todos los aperos de labranza.

Al ver la tosca y pobre cuna donde dormían las dos hermosas niñas,
Rosalba tendió instintivamente los brazos hácia ellas, dejando correr por sus
mejillas una hermosa lágrima de compasion.

María la güelica vió aquella lágrima, y tendió á su vez los brazos


hacia Rosalba.

- “ ¡Hija! esclamó con todo el entusiasmo de un corazon inocente y


apasionado; no sé por qué me parece que acabo de encontrar en ti á la
santa que nos ha dejado por otro mundo mejor…¡ no te irás, no!... Tú

16
“Mozuela: persona que está al principio de la mocedad”. RAE.

23
tienes el corazon tan hermoso.Como tu rostro, y puesto que buscas una
casa donde servir, aquí te quedarás conmigo para alegrar mi tristeza:
que mi Liborio al cabo y á la postre es una cabeza un poco ligera, pero
que nunca se ha mezclado para nada en los asuntos de la casa.”

Rosalba por toda respuesta inclinó la cabeza sobre la cuna, y empezó á


llorar amargamente.

Los pronósticos de la cirujana se cumplían de una manera fabulosa, y sin


embargo la pobre jóven temblaba como una tercianaria17: ¿era ella en realidad
merecedora del cariño que desde luego le habia manifestado aquella escelente
mujer? ¿era un bien ó un mal el que se le presentase tan propicia la suerte? La
infeliz no sabia en aquel momento lo que temia ni lo que deseaba; pero su corazon
se oprimia de una manera horrible, como si presintiese que veria un dia cortadas
en flor todas sus risueñas y quiméricas esperanzas.

María hizo dormir á su lado á Rosalba en un jergon, prodigándola los mas


tiernos y cariñosos cuidados; pero la pobre aventurera no pudo cerrar los ojos en
toda la noche, exhalando de vez en cuando un tembloroso y ligero grito.

Parecíale que la sombra de María-la-blanca se proyectaba impasible sobre


la cuna de sus hijas, fijando sobre ella sus grandes y amenazadoras pupilas.

Pero la costumbre es para el hombre una segunda naturaleza, y Rosalba


mimada y acariciada por la tia María, que veia el sol por sus espaldas, se
acostumbró á vestir las niñas y á subir y bajar la escalerilla del piso principal, sin
que sus nervios se resintiesen, durmiendo tranquilamente sin que turbasen su
sueño visiones ni pesadillas.

Rosalba desplegaba tal habilidad para el gobierno, que no solo la güelica sino
todas las vecinas confesaban á una voz que la casa habia ganado un ciento por
ciento, y que Liborio, informado ya por las cartas que le dirigia cada quince dias
el Señor maestro por órden de su madre, no podría menos de levantarle á su
vuelta un altar en la cocina y otro en la sala.

Dos meses hacia ya que Rosalba vivia tranquilamente al lado de María, y uno
y medio que la cirujana habia dado su blanca mano al fiel de fechos, cuando una
tarde se agolparon repentinamente á la puerta de la casa todos los muchachos
del lugar, gritando con mayor algazara:

- ¡ Que viene ¡ ¡que viene ¡

-¿ Quién? Preguntó Rosalba mudando de color.

17
“Tercianaria: se dice de la persona que sufre calenturas cada tercer día”.

24
- “¿Quién ha de ser? Preguntó la güelica, levantando los brazos hácia
Rosalba y llorando de alegría: ¡ mi hijo ¡ ¡mi hijo ¡ “

Y la pobre mujer salió corriendo á recibir á su hijo, que en aquel momento


traspasaba ya los umbrales, recibiéndola cariñosamente en sus robustos brazos.

El tráfico,18 que habia secado en el corazon de aquel hombre hasta los


sentimientos mas delicados, habia sin embargo respetado uno que existia vivo y
palpitante como en los mas hermosos días de la infancia: el amor filial.

Al ver á Liborio con su gracioso traje de contrabandista y cien veces mas


gallardo que en la época de su desgraciado amor, Rosalba no pudo contener un
ligero grito, haciendo al mismo tiempo un rápido movimiento para huir.

Liborio, que aun no habia fijado en ella los ojos, palideció como si se
hubiese encontrado frente á frente con un fantasma.

- “¿No es verdad que es una alhaja la chica, esclamó María, reteniendo por
el brazo á Rosalba y presentándosela á su hijo; pero ¡ ya se vé ¡ ¡ si es una
criatura que tiene miedo á las palomas!...Y luego tú, que vienes así con esas
barbas y ese trabuco y…vamos, vamos, hija, añadió, golpeándola cariñosamente en
el hombro; á cenar, y no te aflijas por nada, que aunque así de buenas á primeras,
como quien ve visiones, mañana será otro dia, y verás como mi Liborio no será
capaz de darte un sentimiento por el oro del moro.”

Y María la güelica arrastró á su hijo hasta la cuna, donde dormian las niñas,
cubriéndolas de besos y refiriéndole aunque en pocas palabras la dolorosa
historia de María la Blanca.19

Liborio cada vez mas sombrío estampó un beso sobre cada una de las dos,
cenó silenciosamente, y se retiró á su cuarto, fijando de una manera estraña sus
negros y atrevidos ojos sobre Rosalba, que pálida y temblorosa no acertaba
tampoco á pronunciar una palabra.

María la güelica creyó de buena fe que la preocupacion de Liborio provenía


sencillamente del recuerdo de su mujer, y se durmió soñando con que despues
que se le pasase aquella idea, su hijo concluiria por querer á Rosalba casi tanto
como ella y levantarla, como decian las comadres, un altar en la sala y otro en la
cocina.

18
El trabajo de contrabandista.
19
El personaje de “María la Blanca”, tiene para Robustiana Armiño y Matilde Cherner un papel muy
secundario en la trama del cuento, sólo así se explica que Liborio, su esposo no supiera nada del fallecimiento
de su mujer.

25
IV

“Todos duermen, corazon,

Todos duermen y vos non”

(CANCIONERO GENERAL)

Durante los primeros dias de la llegada de Liborio, la posicion de Rosalba


era de las mas difíciles y peligrosas para una mujer de veintidos años, y una
mujer que como nuestra heroína no habia conocido nunca freno á sus violentas é
indomables pasiones.

Seguro estaba Liborio de que aquella mujer no era otra que la misma
Rosalba, Rosalba enamorada como nunca, con sus encendidos labios, con sus
negras pupilas en cuya voluptuosa languidez se revelaba todo un mundo de
sentimiento.

Segura estaba tambien Rosalba de que los ojos de Liborio estaban casi
siempre fijos distraidamente en los suyos y sin embargo cinco dias habian pasado
ya y ni una sola palabra se habia cruzado entre los que según la prediccion de los
familiares debian unirse para siempre con indisoluble lazo.

Por fin, María vió con alegría que su Liborio empezaba á cambiar algunas
frases con la muchacha, y como el trato engendra cariño, y que Rosalba al decir
de la vieja “era buena como el buen pan”, á los pocos dias, la güelica y los dos
jóvenes hacian ya conversacion comun aunque observando siempre ambos la mas
prudente y estudiada reserva.

Pero á medida que los dias pasaban, Rosalba aunque al parecer contenta y
encariñada visiblemente con las niñas, se iba tornando ligeramente pálida y sus
hermosos ojos estaban casi siempre fijos en las tostadas y atrevidas facciones
de Liborio.

Aprovechándose de las cortas ausencias de la güelica los dos jóvenes


habian espontáneamente reanudado sus relaciones amorosas, y Rosalba sencilla é
inocente como todos los corazones enamorados, olvidándose por completo de las
ofensas de otros dias, llegó á creer de buena fe que apenas las campanas del
lugar doblasen para el cabo de año de María la Blanca, tocarían á boda para que

26
20
según la prediccion de los familiares ocupase la silla que habia dejado vacante
la malograda esposa.

“¡Infeliz de la hija que ve ponerse el sol á los veinte años sin que vele su
casto lecho la sombra protectora de una madre ¡ Infeliz de la que no ha visto
nunca contrariados sus caprichos, y que como la azucena silvestre que brota en
las veredas de los campos, , abre sus pétalos á los besis del céfiro y á las caricias
de la olvidadiza mariposa ¡ “

Liborio temiendo siempre que el entusiasmo de Rosalba concluyese por


hacerle traicion dejando traslucir en la aldea su misterioso amor, no cesaba de
recomendarla el secreto mas absoluto hasta que llegase la hora, pues según
decia: “la güelica habia jurado de antemano un odio eterno á la que se atreviese á
llamarse madre de sus inocentes y hermosas nietecitas.”

- “ ¡Bah¡ “ contestaba siempre Rosalba con una coquetería encantadora:


“¡ Tu madre ¡ ¡ Tu madre, Liborio, que me quiere como á las niñas de sus
ojos ¡ “

Pero Liborio balbuceaba algun otro suterfugio aun mas desprovisto de


sentido que el anterior y concluia por arrugar el entrecejo, fijando en la
atribulada jóven sus profundas y amenazadoras miradas.

Y Rosalba devorada por aquel amor que herbia dentro del pecho como un
inmenso cráter, pasábase las noches enteras sin dormir, llorando y suspirando
con gran asombro de la güelica que pugnaba en vano por arrancarla su peligroso
secreto.

Aunque preocupada por la idea que subyugaba su alma, Rosalba empezó á


notar que la güelica se pasaba tambien las noches sin cerrar los ojos, y que su
semblante espresaba de vez en cuando una punzante y dolorosa inquietud.

20
Diablillos.

27
“ –Abuela, dijo cariñosamente Rosalba una de las muchas noches en que la
pobre mujer tosia con mas frecuencia que de costumbre, ¿qué penas son las que
le quitan el sueño á vuesa merced? “

- “ ¡Penas! respondió tristemente la güelica, si las penas son las que


desvelan á las criaturas, muchas son, hija mia, las que te atormentan el
corazon.”

- ¿A mí? Esclamó Rosalba fingiendo serenidad á favor de las tinieblas.

- “ Sí, hija mia, porque hace ya mas de dos meses que te siento pasar las
noches en vilo, y hasta juraria que mas de cuatro veces te oigo llorar y
suspirar, que parece como que me partes el alma. “

Rosalba sintió que su frente se cubria de una nube de fuego, y haciendo un


esfuerzo sobre sí misma murmuró con voz entrecortada:

- “¡Sueños…sueños…que! “

- “ Bien hija mia…bien…yo no pretendo obligarte ahora á que me reveles la


pena que te desvela, que cuando tú me la callas sabiendo lo que te
quiero…pero no puedo ocultarte ya por mas tiempo esta zozobra que me
roe el corazon como una culebra…El enemigo malo está conmigo.”

- “¡Abuela! balbuceó Rosalba estendiendo su mano hasta encontrar la de la


güelica…hable vuesa merced que parece ya como que no se me llega la
ropa al cuerpo.

- “ ¡Sí, hija mía! en medio de todos los traspieses de la mocedad, y á


pesar de que la vida del contrabando apaga todos los recuerdos de la
casa, Liborio habia conservado vivo el cariño hácia la pobre güelica; pues
bien, hace ya muchos días que mi hijo se ha tornado para conmigo brusco,
reservado y …qué sé yo, hasta se me figura que huye de mí como si
estuviese fraguando alguna trama diabólica,…el otro dia le hablaba yo de
lo mucho que quieres á mis pobres nietecitas, y de la vuelta que has dado
á la casa, y despues de contestarme una ó dos palabras estraidas de esas
que no dicen ni sí ni no, se quedó callado por mas de un cuarto de hora, y
parecia que las niñas de los ojos se le tornaban hácia adentro, como
dice el señor cura de Aldea Dávila que se les tornaban á los
monederos falsos …¡ay Rosalba! y qué bien te decía yo esta mañana
cuando se rompió el espejillo de María la Blanca, que alguna desgracia nos
anda rondando muy de cerca21.

21
La anciana “María la güelica” muestra aquí una profunda superstición, muy acendrada en aquellos años de
la primera mitad del s.XIX.

28
- “Pero abuela, respondió Rosalba vivamente afectada, yo no veo que
porque Liborio ande pensativo, haya de sucederle á vuestra merced
ninguna desgracia”.

Y Rosalba impresionada con la idea de que la preocupacion de Liborio


provenia únicamente de su amor, pasó una gran parte de la noche consolando y
animando á la afligida anciana, y concluyó por dormirse tranquilamente soñando
con verse ya en posesion de la codiciada silla de María la Blanca que le habian
pronosticado los familiares.22

A pesar de la dulce influencia que ejercian en su ánimo las cariñosas


palabras de Rosalba, la güelica continuó suspirando hasta el nuevo dia, segura de
que la reserva de su hijo encerraba para ella una dolorosa significacion.

Para que la alucinacion de Rosalba fuese completa, Liborio al parecer cada


vez mas enamorado, salió para la Fregeneda á donde según decia iban á
concertarse algunas cuadrillas,23 prometiéndola traerle á su vuelta un alegre y
abigarrado traje de indiana portuguesa.

El galan volvió en efecto trayendo cargado el macho24 con un enorme fardo


de indianas, cuties y muselinas inglesas de contrabando,25 con gran alborozo
de Rosalba que veia en aquellas compras los aprestos26 para la boda.

Borriquitos en Bruçó (freguesía de Mogadouro)

22
Diablillos.
23
Cuadrillas de hombres para realizar algún trabajo de contrabando.
24
Mulo.
25
“Muselina”:tela de algodón, seda, lana, étc.fina y poco tupida. Diccionario RAE.
“Cutí”: tela de lienzo rayado o con otros dibujos que se usa comúnmente para cubiertas de colchones. Idem,
RAE.
“Indiana”: tela de lino o algodón, o mezcla de uno y otro, pintada por un solo lado. RAE.
26
Disposición, preparación de la boda.

29
La güelica que leía con ojos de madre en el corazon de su hijo, no veía las
indianas, ni los cutíes sino aquella mirada sombría que esquivaba la suya, y en
cuyo profundo rayo creia vislumbrar la pobre anciana fatídicos pronósticos.

A la mañana siguiente muy temprano Liborio montó de nuevo en el macho


llevándose con gran asombro de su madre las mejores telas y encargándoles que
le aguardasen porque volveria tarde.

La güelica aunque desconcertada por aquel aspecto glacial abrazó á su hijo


y se asomó á la puerta para verle partir.

Cuando el ginete y el caballo desaparecieron al traves de los olivares, la


pobre mujer envió a Rosalba al campo con las niñas y comenzó á llorar
silenciosamente oculta en el fondo de la cocina.

Rosalba llevaba de la mano á María que era la mayorcita, estrechando


contra su pecho á la menor que amamantaba cuidadosamente con la cabra.

Segura de que Liborio se habia llevado las indianas para quele hiciesen las
vistas27, la enamorada jóven atravesaba los olivares cantando alegremente como
la alhondra y sintiendo ya escrúpulos de conciencia por no haber revelado todavía
su secreto á la pobre güelica que la queria como á las niñas de sus ojos.

Al volver á casa Rosalba encontró á la pobre mujer llorando amargamente y


mesándose los cabellos con el mayor desconsuelo.

- “ ¡Hija de mi alma! esclamó abarcando con sus delgados brazos á Rosalba


y á las dos nietecitas, ¿no te decia yo que el enemigo malo estaba
conmigo? ¡Dios mío! ¡Qué será de mi! “

Rosalba atemorizada no acertaba á preguntarla la causa de aquella


desesperacion.

- “ ¡Se casa! ¡se casa! Esclamaba la güelica sollozando, y se casa con una
hiena, con una infame que matará mis nietecitas á mano airada…¡ay!
¿por qué el Señor no me habrá llevado á mí en lugar de María? “

- “ ¡Se casa! Repitió Rosalba estrechando convulsivamente las manos de la


desconsolada madre: ¿y quién se casa? “

- “ ¡Mi hijo! ¡mi Liborio! respondió la güelica con voz entrecortada, y se


casa con la mujer mas feroz y desalmada que se encuentra en veinte
leguas á la redonda. ¡Ah! El espejillo, el espejillo de María la Blanca.
¡Pobre María! “.

27
Nota de la autora:“Vistas”: los trajes que el novio envia á su futura la víspera de la boda”.

30
Rosalba exhaló un ligero grito y se llevó las manos al corazon como si se
sintiera herida de muerte.

Luego se pasó la mano por la frente cubierta de sudor, y reponiéndose al


instante de su sorpresa, rogó cariñosamente á la güelica la refiriese todos los
pormenores de aquel misterioso drama.

Entonces supo de boca de la infeliz Maria, que el señor cura se le habia


presentado pocos momentos antes para notificarla que su hijo iba dentro de dos
dias á casarse con una buena moza muy conocida en la Fregeneda, y que tenia
órden del mismo Liborio para recomendarla que buscase donde vivir, porque la
moza era mujer lo mismo para un barrido que para un fregado y que le
estorbaban las moscas.

Rosalba miró á la güelica como quien ve visiones.

“ ¡Pero no es eso solo hija de mi alma! “Añadió la pobre anciana dejando caer
la cabeza sobre el pecho de Rosalba, sino que el infame ha tenido valor para
decir al señor cura que es preciso que yo lo ignore hasta pasado mañana, y que
tiemble por su sotana, si esta noche le decimos á su vuelta una sola palabra.

Rosalba quiso hablar, pero la cólera sofocó la voz en su garganta, y


estrechando convulsivamente las manos de la güelica lanzó un rugido espantoso
que hizo temblar sobre sus cimientos las débiles paredes del caserío.

31
Casa del siglo XVIII en Aldeadávila (ARRIBES de Salamanca)

32
V

“On dit qu’alors, dans son delire

Ella parla d’amour, d’enfer et de trépas,

El que l’aurore qui vint luire

Ne le retrouva pas! “ (J. FAVRE)

Aquel malhadado dia fue para las dos infelices mujeres uno de los mas
tristes y dolorosos.

La güelica lloraba, juraba, maldecia la hora en que Dios habia llevado á sí á


María la Blanca, y aterrada ante la idea de ir en los dias de la vejez mendigando
un asilo de puerta en puerta caía en una especie de estravío que tenía todas las
apariencias de enajenacion mental.

Rosalba por el contrario aparecía serena, aunque abismada en una silenciosa


y profunda meditacion.

Sus ojos fijos distraidamente en el espacio parecían esforzarse en


penetrar el denso velo que nos separa del mundo de los espíritus, y sus manos
cruzadas tranquilamente sobre el pecho tenian toda la inmovilidad de una
estatua.

El ligero soplo que agitaba sus encendidos labios era ténue y acompasado
como el rumor del céfiro entre las hojas, y su frente morena y reluciente como
el bronce bruñido se cubria por intérvalos de una ligera y encendida nube de
fuego.

Al ver el abatimiento de la güelica, Rosalba salió aceleradamente, volviendo


al poco rato con una bebida compuesta por la mujer del mariscal, y que según
decian, era cosa milagrosa para el histérico28.

- “ ¡Señor! ¡Señor! ¿á dónde iré yo?” esclamaba desconsolada la pobre


anciana.

- “ ¿Y yo? Repetia maquinalmente Rosalba: ¿á dónde iré yo?”.

28
Una nueva faceta de la superstición popular en nuestros pueblos de Las Arribes.

33
Y sus ojos brillaban entonces con una luz siniestra que prestaba á su
semblante una espresion feroz y amenazadora.

La noche llegó lóbrega y triste como el corazon que ha perdido la última


esperanza.

Liborio volvió á la media noche un tanto sombrío é impertinente, notándose


en sus escasas é insolentes palabras el entorpecimiento del que ha bebido mas
que lo que le permiten sus fuerzas.

Amedrentada por la amenaza que Liborio habia hecho al señor cura, la


güelica no se atrevió á dirigir á su hijo mas que algunas palabras temblorosas,
sirviéndole en silencio la cena, que á pesar de su embriaguez devoraba con
apetito brutal.

Despues de haber bebido de nuevo, Liborio tomó un velon reluciente como


el oro, y subió la escalerilla del piso principal, tropezando á cada escalon en
ambas paredes y amenizando la subida con numerosas y picantes interjecciones.

Un cuarto de hora despues las dos mujeres, creyendo ver fantasmas en su


propia sombra, subieron de puntillas la escalera.

Liborio completamente vestido roncaba como un liron, tendido sobre el


lecho nupcial.

Siempre de puntillas bajaron entonces á la salita, y cerrando


cuidadosamente la puerta se abrazaron, llorando como dos palomas heridas por el
mismo dardo.

- “Hija, balbuceó la güelica, vamos antes de recogernos á rezar el


escapulario á la Virgen del Cármen para que nos ilumine, porque tengo
para mí, pobre pecadora, que voy á perder la cabeza antes de muchas
horas.”

Y la güelica sacó de su arcon un pedacito del cirio que habia llevado á la


parroquia el Jueves Santo, y colocándole en un antiguo candelabro de bronce,
heredado de padres á hijos y que no salia mas que cuando daban el Viático en la
familia, le encendió con la mayor devocion ante una polvorosa estampa de la
Vírgen del Cármen que Liborio le habia traido, siendo niño, de la Fregeneda, y se
puso á rezar el escapulario con esa fe que todo lo ensalza y todo lo santifica.

Rosalba equivocaba el rezo á cada palabra, empezando dos ó tres veces el


mismo Pater noster.

A pesar de la escitacion de su espíritu la güelica empezó a bostezar y á dar


cabezadas atacada de una fuerte somnolencia.

34
- “Abuela, dijo Rosalba, procurando sofocar la emocion que agitaba sus
encendidos labios: váyase vuesa merced á la cama, que harto cansada
estará de llorar y cavilar todo el dia.”

La güelica, que rara vez se dejaba tentar del sueño, comprendió y con razon
que aquel adormecimiento era el efecto del antehistérico29, y á fin de pasar la
noche sin penas ni fatigas tomó de nuevo la medicina y se acostó, recomendando
á Rosalba que estuviese con cuidado para despertarla de madrugada, cuidando
tambien de apagar el cirio para que no ocurriese una desgracia.

Rosalba se arrodilló de nuevo ante la imágen de la Vírgen, y sus labios se


movian acompasadamente como si rezase; pero su espíritu se perdia en las mas
terribles y sombrías alucinaciones.

Luego que vió a la güelica profundamente dormida, Rosalba se levantó


encendida y calenturienta como una febricitante30, y se arrodilló silenciosamente
al pie de su lecho, besando repetidas veces la orla de la sobrecama y llevándose
las dos manos al corazon, que parecia salírsele del pecho.

Luego se dirigió á la cuna donde las dos niñas dormian tranquilas y risueñas
como dos ángeles.

Rosalba se arrodilló tambien al pie de la cuna, y estendiendo las manos


sobre las rubias cabecitas murmuró algunas palabras con voz imperceptible,
dejando correr sus lágrimas hasta entonces trabajosamente comprimidas.

Aquella despedida parecia ser para Rosalba la mas dolorosa prueba. La


desgraciada jóven, agitada por una terrible convulsion, se mordia los labios, se
mesaba los cabellos y estendia de nuevo sus manos sobre la cuna como si le
faltara el valor para separarse de aquellas inocentes y hermosas criaturas.

De repente se levantó y cesó de llorar; pero sus ojos estraviados é


inyectados de sangre, seguian fijos sobre la cuna, que parecia encadenarla con
una misteriosa fascinacion.

Haciendo un violento esfuerzo sobre sí misma, tomó el cirio que ardia


delante de la estampa de la Vírgen, y salió rápidamente de la salita. En el umbral
tornó de nuevo los ojos hácia la cuna, exhalando un suspiro que parecia espresar
el ultimo adios.

Deslizándose como una sombra á lo largo del pasadizo, Rosalba penetró en


un camaranchón 31situado debajo de la escalera, y en el cual se encontraban
hacinados una porcion de objetos, fuera de uso los mas.

29
Momento previo al histerismo.
30
“Febricitante: persona que tiene fiebre o calentura”.
31
“Camaranchón: desván de la casa, o lo más alto de ella, donde suelen guardarse los trastos viejos”.RAE.

35
En el fondo del camaranchón destacábase sobre la pared una hoz corva y
reluciente, con la que la moza salia á segar la yerba para la cabra y los conejos.

Rosalba tomó la hoz, dejó entornada la puerta del camaranchon y empezó á


subir sigilosamente la escalerilla del piso principal.

Casa tradicional de mediados del siglo XIX en Aldea-Dávila (Salamanca)

Al llegar á la puerta de la sala, que abrió con la sutileza del ladron, paróse
algunos instantes, pálida y temblorosa.

Parecia que la sangre que brotaba momentos antes de sus ojos y sus
mejillas, se habia agolpado toda al corazon.

Liborio roncaba tranquilamente sobre su lecho, soñando tal vez con la dicha
que le brindaba de nuevo su dorada copa.

Segura ya de que su dichoso burlador no podia oirla, Rosalba furiosa como


una tigre, animada únicamente por el deseo de lavar en la sangre del seductor las
repetidas infamias con que habia pagado su cariño, se lanzó trémula y delirante
hácia la alcoba, sin cuidarse siquiera de cerrar la puerta de la saleta32, que habia
dejado abierta de par en par.

* * * * * * * *

A la mañana siguiente la güelica que á despecho de la accion calmante del


antehistérico33se despertaba siempre con el alba, vió con espanto que la cama de
Rosalba permanecia intacta, y que la moza se habia ya cansado de dar vueltas por
la casa y por el corral sin que le fuese posible dar con ella.

32
Habitación o cuarto anterior al dormitorio.
33
Calmante, o brevaje para calmar los nervios, que usaba en el s.XIX.

36
Aunque segura de que Rosalba no se hubiera atrevido en manera alguna á
traspasar los umbrales de la habitacion de su hijo, y mucho menos en tales dias,
la pobre madre subió la escalerilla nublados los ojos y agitado el corazon por un
doloroso presentimiento.

Al llegar á la puerta de la sala que encontró abierta de par en par, la güelica


percibió distintamente un tristísimo y prolongado gemido.

Pálida y aterrada la pobre anciana, ganó de un salto la puerta de la alcoba,


lanzando un grito desgarrador que resonó con la velocidad del rayo en las
solitarias calles de la aldea.

Liborio yacía sobre su lecho bárbaramente degollado, y Rosalba herida de


muerte en el cuello, luchaba revolcándose en un rio de sangre con las
convulsiones de la agonía.

En el momento supremo, su debilidad de mujer la habia hecho traicion, la


mano habia vacilado, y aunque muy pocos, le quedaban todavía algunos instantes
de vida.

La desventurada güelica supo entonces de boca de la moribunda que Liborio


era el infame seductor que habia envenenado la vida de aquella desgraciada, y
abrazándose con delirio al mutilado cadáver de su hijo, tornaba todavía los ojos
hácia la infeliz que desconfiando de la justicia de Dios, habia ejercido por sí
misma tan horrible venganza.

Cuando los vecinos atraidos por los gritos de la desconsolada madre,


lograron penetrar en la estancia, Rosalba habia espirado ya, rogando
encarecidamente á los que la esccuchaban que hiciesen colocar su cadáver al lado
de su víctima.

FIN
Robustiana Armiño, editora de estas “fotografías sociales”, y la escritora
de esta novela corta: la aldeavileña Matilde Cherner, sin proponérselo, realizan
un retrato exacto de la sociedad arribeña de mediados del siglo XIX con sus
vicios, y sus miserias, en las que se desarrolla una bella historia de amor no
correspondida, la de Rosalba hacia el desaprensivo contrabandista Liborio.

La belleza y el valor de esta novela es no sólo, su descripción realista cómo


era la sociedad “arribeña” de hace 150 años, salpicada de múltiples expresiones y
dichos populares, sino sobre todo de la generosidad, del amor hasta el último
momento de una mujer: Rosalba.

37
Esta historia de miseria, y de trágico desamor, tiene su reflejo en la
sociedad salmantina de aquellos años, en múltiples hechos de muerte y tragedias,
pero sobre todo parece anticipar el trágico final de la novelista Matilde Cherner.

Matilde, a partir de alguna historia que circulaba por la comarca, elabora


con 27 años esta novela corta, en la que parece reflejar su propia vida de
desamor, su profunda frustación, y a la que al igual que Rosalba, la vida terminará
con un suicidio a una edad temprana -47 años-.

¿Caben más coincidencias entre Rosalba y la escritora Matilde Cherner?

38

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