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Sinopsis

“Muy lentamente los cuchillos se convirtieron en agujas y luego, después de un momento, en meros hormigueos mientras mi cuerpo sanaba. Para el amanecer di un respiro superficial y miré alrededor a toda la sangre en el suelo. Una risa temblorosa repiqueteó fuera de mí. Definitivamente yo no era normal.”

Cuando Avi, de dieciséis años de edad, se muda a Santa Bárbara debido al nuevo trabajo de su madre, ella espera encontrar un lugar pacífico al cual llamar hogar. Después de años de apenas sobrevivir, esta es la oportunidad que su familia realmente merece. Avi rápidamente hace amigos, consigue su primer trabajo y encuentra tiempo para disfrutar del paisaje. Pero los chicos que conoce, aunque atractivos, vienen con un precio.

Un chico nunca baja su guardia, para que la gente nunca sepa los secretos que guarda. Tal vez algo esté mal con él, o tal vez ni siquiera es humano. Porque si lo fuera, ¿no estaría muerto ya?

More Than Human, #1

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El sol se ha puesto y la alta hierba ondea soñadoramente ahora en el viento de la tarde; y el ave salvaje ha volado de esa antigua roca gris en algún recoveco cálido un sofá por encontrar. Alrededor todo el triste paisaje no ve luz y no escucho sonido, excepto el lejano viento que viene suspirando sobre el saludable mar.

- Emily Jane Brontë

Él

Hace diez años

Traducido por Tessa_ Corregido por Koko

La adrenalina propulsó el feroz latir de mi corazón mientras yo me esforzaba por ver al suelo a casi doscientos metros por debajo. Mi visión se hizo borrosa y mi cabeza daba vueltas por el miedo. Apartando los desgreñados mechones de mi frente, me moví hacia el borde. Mis pequeñas y débiles manos agarraron la barandilla con tanta fuerza que mis uñas se hundieron en mis palmas mientras trepaba sobre los confines delgados de acero de la pasarela. El aire era frio, pero de todas formas el sudor recorría mi nervioso cuerpo, inhibiendo mi control en proceder.

auto rojo de carrera, era azotado

violentamente por el viento. No había duda de que yo iba a saltar, era sólo una cuestión de hacerlo. Acabar con esto.

Preguntas sin respuestas me siguieron a la parte superior de la alta e imponente torre de agua.

¿Dolería? ¿Habría vida después de la vida? Pero una vez que diera el salto, todas esas preguntas serían respondidas, de una u otra forma.

Había estado planeando la ejecución definitiva, durante semanas. Tenía que ser por la noche. No quería que nadie se topara de inmediato con mi cuerpo. O peor, que me vieran antes de que tuviera oportunidad de realizarlo, e intentaran detenerme. No habría explicación sobre lo que estaba haciendo. Probablemente nadie entendería.

No hacían casas suficientemente altas. Si iba a dar el salto, lo haría bien, no más dudas, no más quizás. Los quizás habían estado matándome.

Quizá soy normal, o quizá soy un fenómeno de la naturaleza. Quizá todas las cosas raras que me pasaban eran producto de una imaginación hiperactiva. O quizá no.

Así que había encontrado el lugar más alto en el horizonte y empecé a pensar en saltar. Entre más lo pensaba, más creía que podía realizarlo, y después de que pasaran muchos días, ya ni siquiera parecía alocado. Cuando la pura determinación superó todo mi miedo, decidí que era el momento.

Mi

pijama

favorito,

del

Pensé en mi madre y mi padre. Era su único hijo. Tal vez si tuviera un hermano no habría sido como yo. Quizá hubiésemos sido capaz de confiar el uno en el otro, de compartir nuestros secretos y nuestros dones.

Sacudiendo la cabeza con frustración, abrí repentinamente los puños

y me caí de la torre. Un respiro quedó atrapado en mi garganta y por un

breve instante mi cuerpo estaba ingrávido, libre de la carga que me había

estado agobiando desde la primera vez que sospeché que era diferente.

No perduré en el aire, ni vi mi vida pasar como un destello frente a mí mientras descendía. La caída fue breve y real. Mi corazón descendió mientras me acercaba rápidamente al suelo, colisionando dentro de mí después de lo que pareció un único segundo, un único aliento.

El dolor era tan abrumador que era incomprensible. La conmoción prácticamente lo canceló, y todo lo que quedó fue vacío y blanco. Blanco brillante. El mundo se quedó repentinamente en silencio. Cálido.

Luego una bomba estalló dentro de mí y el dolor explotó en todas partes, como cuchillos en mis huesos rotos, y fuego dentro de mi cabeza. Era insoportable y sin embargo, permanecí consciente cada agonizante segundo.

Soportando mi propio infierno personal, me regañé a mí mismo por ponerme en esta condición. Un momento de pánico me hizo preguntarme

si esto, de hecho, era el infierno. Pero a medida que la impresión general

del dolor se hizo tangible, descriptible, y real, supe que tenía que ser

verdad. Estaba vivo. Había tenido la razón. Era una agonía, pero vivía.

Mi cerebro comenzó a hacer un inventario. Aún no podía atraer nada de aire a mis colapsados pulmones. Un cálido líquido se derramaba de una de mis orejas, y de mi nariz, como un grotesco grifo. Mis extremidades se negaron a moverse y estaban despatarradas en ángulos extraños.

Muy lentamente los cuchillos se convirtieron en agujas y luego, después de un momento, en meros hormigueos mientras mi cuerpo sanaba. Para el amanecer di un respiro superficial y miré alrededor a toda la sangre en el suelo. Una risa temblorosa repiqueteó fuera de mí. Definitivamente yo no era normal.

1

Avi

Traducido por Tessa_ Corregido por Koko

Sentada en una caja frente a nuestra gran ventana soleada, dejé que la luz se derramara sobre mis piernas desnudas. Unos apreciados pantalones cortos de mezclilla y una camiseta de tirantes color amarillo spaghetti retrataban mi lealtad a saborear los días finales de un verano en California. Era septiembre y afuera estaba a unos perfectos veinticuatros grados. Esta era mi época favorita del año, mañanas cálidas, días largos, mercados agrícolas y vivacidad exterior. El frio era mi kriptonita. No me gustaría vivir nunca en donde nieva.

Afuera, mi hermana de trece años estaba estirada perezosamente en el ralo césped. Sus pantalones de mezclilla estaban enrollados hasta sus rodillas y un suéter color gris brezo caía suelto a sus lados. Invariablemente, unas grandes gafas solares ocultan las ventanas a su alma.

Un camión se movía en reversa torpemente, rechinando y botando espesas columnas negras de humo de escape. Nuestra nueva casa era una especie de chalé de dos habitaciones. Su pequeño esqueleto verde tenía casi veinte años, pero los dueños anteriores habían trabajado mucho en ella. Tenía techo y pisos nuevos. Las encimeras todavía estaban compuestas de baldosas de colores cuestionables, pero secretamente me gustaban. El feo color rosa-melocotón del baño y el azul-piscina de la cocina le daban personalidad. Lo mejor de todo, la casa estaba a sólo un par de cuadras de la playa, así que no podría estar más feliz.

Mientras giraba un tenedor a través del espeso glaseado de chocolate en mi plato, contemplé nuestro futuro. Era mi decimosexto cumpleaños. Para mí eso significaba una cosa muy importante que finalmente podría contribuir financieramente.

Siempre he planeado conseguir un trabajo tan pronto pueda, para echarte una mano le dije a mi madre.

Ella estaba de pie en la austera cocina sacando los platos de una caja marrón de cartón, y apilándolos cuidadosamente en los armarios blancos. Al recordar sus apagados ojos hinchados, que había aprendido a encarar día tras día, no había manera de que dejara que ella mantuviera sola a nuestra familia, nuevamente.

Yo era un retrato de calma; contenta y agradecida por este nuevo comienzo. Pero dentro mi corazón era un petardo infantil de emociones y preguntas. ¿Qué tipo de gente conoceríamos? ¿Qué pensarían de nosotros? ¿Cómo podríamos decorar la casa? ¿Sería mamá feliz aquí? Mordiéndome el labio, me contuve.

Con suerte no tendrás que hacerlo. Se colocó su corto cabello castaño detrás de las orejas. Siempre y cuando me den un horario de tiempo completo en el hospital, deberíamos estar bien.

Espero que tengas razón, pero tal vez podamos iniciar una cuenta de ahorros con todo nuestro dinero extra, como hacen los ricos. Sonreí, tratando de hacer que aflojara un poco.

Oh, buena idea, podríamos necesitar un bote o un corvette o algo bromeó.

Imaginar a mi madre conduciendo un bote era absurdo. Nunca sucedería. Si alguien le diera un bote o un corvette probablemente lo vendería y depositaría el dinero en el fondo de la universidad para Jena y para mí. O tal vez simplemente lo donaría a una de esas organizaciones benéficas a favor de niños hambrientos.

Lo que necesitamos son unos vestidos brillantes. Seguí el juego. Oh, y sin duda un par de bolsos de piel de cocodrilo. Sacando las cortinas de la ventana de una caja a mis pies, envolví el fino material alrededor de mí, girando en los pulidos pisos de madera como una princesa.

¿Ah, sí? ¿Y necesitas más de un bolso de piel de cocodrilo, Avi? Rodó los ojos.

Claro, claro. Sosteniendo delicadamente la caja vacía como un bolso, vi las comisuras de su boca elevarse mientras que las puntas de su delicado cabello bailaban de un lado al otro mientras negaba con la cabeza hacia mí. Hacerla sonreír siempre me hacía feliz.

¿En su lugar qué tal si sólo te damos otro pedazo de pastel? Es mucho menos costoso y estoy segura de que también tiene mejor sabor. Se llevó las cortinas y comenzó a ensamblarlas sobre la ventana.

Aw, conoces mi debilidad. Paseándome hacia la cocina, metí mi tenedor directo en el pastel de cumpleaños esta vez, diciéndome ansiosamente que este sería mi último bocado. Feliz o triste, el chocolate me equilibraba. Poco saludable, lo sé. Afortunadamente mi metabolismo todavía era fuerte.

¿Quieres más tarta? le grité a Jena a través de la ventana abierta. No se molestó en responder, aunque sabía que me había escuchado. Era inútil. La irritación creció dentro de mí, pero me la tragué, recordándome a

mí misma que ella apenas tenía trece años e intentaba hacer frente a nuestras constantemente cambiantes vidas.

Mamá no era buena cocinera, así que muy adorablemente gastó el poco dinero que tenía en un único regalo de cumpleaños para mí, mi pastel, hecho por un profesional. Era perfecto. Antes, cuando teníamos dinero, ella solía conseguirme los regalos más oscuros que no podría haber esperado nunca. Como la tapicería de pared que había mandado a hacer con uno de sus amigos para mí un año una hermosa interpretación del árbol de la vida. O el collar de flores plateadas y turquesas que le había pagado a una nativa americana. Sólo saber que mamá pensaba en mí cuando encontraba tesoros únicos me hacía sentir amada.

Ella me conocía mejor que de lo que yo me conocía a mí misma mi risa nerviosa, mi risa de felicidad, mi sentido del humor. Es justo decir que pasé demasiado tiempo tratando de parecer serena, trabajando en mantener mis pensamientos y sentimientos para mí misma. Pero mamá vio directo a través de todo y me entendió.

Después de que mis padres se divorciaran, mi madre, mi hermana y yo nos mudamos a un apartamento ruin. Durante dos años sobrevivimos, mientras mamá trabajaba en la escuela local como asistente de un profesor y tomaba clases nocturnas en la universidad local para convertirse en enfermera. Vanamente me estresaba por nuestra salud y futuro, no tenía tiempo ni energías para dedicarle a las típicas preocupaciones adolescentes.

Crecí rápido, determinada a ayudarnos en cualquier forma que me fuera posible. Al ser muy joven para ayudar financieramente, cocinaba, limpiaba, y hasta aprendí a escribir un cheque. Después de dos años de apenas sobrevivir, todas estábamos cansadas de vivir de fideos Ramen y ropa de segunda mano.

Como resultado, nunca daríamos algo por sentado otra vez. El pastel de chocolate, por ejemplo, lo apreciaría siempre. También tenía un renovado amor por cosas como el suavizante de tela, las velas aromáticas, los esmaltes de uñas de cada color del arcoíris, y el arte belleza no funcional que adornaba paredes y superficies de mesas.

Los mismos eventos que me hacían deleitarme con las cosas simples también creaban en mí una fría indiferencia. Era imposible hablar conmigo acerca de cómo tu novio acababa de romper contigo, o sobre el mal día que estaba teniendo tu cabello. No me importaba nada ni nadie. Mi única preocupación era que mi familia tuviera un techo sobre su cabeza y comida en la mesa. Nadie me entendía. Afortunadamente mis amigos tenían un gusto malsano por mi mala racha, así que se quedaban

deleitándose de mis tajantes opiniones y bromas sarcásticas.

Mamá finalmente encontró un buen empleo para trabajar en el hospital de niños. Siempre supo que quería trabajar con niños. Era una de esas pocas almas altruistas que miden su autoestima por el bien que hizo en el mundo. Creyendo que todo el mundo tenía un propósito en la vida,

mi madre estaba decidida a hacer su vida significativa.

Se negó a quitarle un centavo a mi padre aunque lo culpé a fondo por el divorcio. Mamá tenía demasiado orgullo y auto-determinación para aceptar limosnas de nadie. Qué suertudo. Me imaginé que él probablemente era bastante feliz sin nosotras, viviendo en algún elegante piso de soltero, con una sirvienta llamada Candy o Muffin.

Últimamente mi madre había parecido demasiado cautelosa y protectora para aceptar las bendiciones sin dudar. Sin embargo, en nuestra nueva casa noté una chispa en sus ojos y una curva en su sonrisa que me hizo creer que también estaba optimista.

Bueno, ¿deberíamos ir a examinar la playa? preguntó.

Sin duda.

Ven con nosotras a la playa, Jena vociferó mi madre, yendo delante. Pero no esperó. Con las manos en sus blancos bolsillos, fue la pionera en nuestro nuevo territorio.

Indiferente, Jena se quedó mirando al sol. Unos cien pasos después sentí su presencia detrás de nosotras y me relajé un poco. Vino. Sólo que a

su tiempo. En sus propios términos. Mi hermana era una persona increíble,

muy leal y peligrosamente intuitiva. Pero al igual que el divorcio, la

mudanza no era algo que ella aceptaría fácilmente.

Caminamos a lo largo de un camino de tierra, más allá de las pocas casas modestas que nos separaban de la playa. Vías del ferrocarril pasaban paralelas a la costa.

Ante nosotras se extendían millas de arena y océano. Levantando un brazo hacia el deslumbrante cielo, me protegí los ojos del penetrante sol para tener una mejor vista. No era un terreno rocoso. Dunas bajas se extendían tan al norte como podía ver. A mi izquierda, la tierra se enroscaba bruscamente y mansiones se alzaban a un costado del acantilado.

El mar siempre me daba una sensación de paz. Su vasta extensión, aunque siempre humillante, hacía parecer la vida llena de posibilidades ilimitadas. De todos los lugares en que mi familia había vivido por defecto,

yo estaba convencida de que Santa Bárbara iba a ser nuestro favorito.

Tomando asiento en un trozo de madera a la deriva, observé,

imaginando qué yacería más allá de las aguas. Mi familia había viajado a cada lugar cliché para vacacionar en América del Norte, pero yo nunca había cruzado el Pacífico. Jena se sentó detrás de mí con su espalda contra la mía y se apoyó en mí. Su cabello olía a piña colada un olor desagradable para mí, pero que, no obstante, me hizo sonreír porque era su olor.

Vi aves pequeñas con picos ridículamente largos punzando la densa arena en busca de alimento. Sólo había una familia jugando en la ventosa playa, pero fortalezas hechas de trozos de madera marcaban donde debieron haber estado mucho niños antes. El aire olía increíble, como a algas marinas frescas.

Hermoso. Mamá respiró, sacándose las sandalias para tocar la arena con sus pies. Cogió algo brillante de la playa y lo examinó con curiosidad antes de lanzarlo a través de la superficie del agua. Mientras yo me sentaba a simplemente observar, ella se deleitaba en el momento.

Siempre llevaba su corazón y emociones a flor de piel. Yo no podía evitar pensar que eso la hacía vulnerable. Sin embargo, ¿realmente qué estaba mal conmigo? En ese momento mi vida era perfecta y no había ningún lugar en el que prefiriera estar, ¿por qué no podía simplemente dejarme ir?

Descalza, me uní a ella, disfrutando de la áspera tierra entre los dedos de mis pies mientras las olas rompían en mis tobillos. Podría acostumbrarme a esto. Le sonreí, sintiéndome libre como un pájaro.

La idea de empezar de cero era seductora. Para mí era igual de emocionante que aterradora. Nuevas oportunidades significaban posibilidades. Tal vez me pondría a mí misma un nuevo nombre, o fingiría una infancia problemática. Podría pintarme todos los días los ojos de negro, o usar tacones altos y empezar a rizarme el pelo.

Podría ser cualquier cosa, pero al final optaría por ser yo misma la versión más bonita de mí, si pudiera recuperarla. Por supuesto, sin importar lo que eligiera, circunstancias fuera de mi control, me guiarían inevitablemente a algún tipo de aventura, mientras me esforzaba por permanecer en calma.

2

Avi

Traducido por AnaSong & MartinaRouillet Corregido por Jossy Maddox & Tessa_

Una fuerte música me despertó, anunciando el inicio de mi primer día de escuela. No pude evitar sonreír y reírme del chico de la radio que cantaba una canción rap sobre qué tan sexy se creía. Quizá escuche esta estación de ahora en adelante, pensé, apagando la alarma del reloj.

La música siempre había sido una forma de desahogarme. Mientras que mostrar mis emociones a otras personas me hacía sentir vulnerable, la música era siempre lo que necesitaba que fuera feliz, triste, relajante, o vivaz. Y yo era una cantante estupenda si no había nadie alrededor.

Jena rodó en la cama, tirando de un cojín a modo de escudo. Desafortunadamente, yo tampoco tenía espacio para mí misma en esta casa. Pero me estaba acostumbrando a tener cerca a Jena. Sus ronquidos me habían arrullado para dormir durante los últimos años. Había sido insoportable al principio, pero me había acostumbrado a ellos.

Abandoné mis pantalonetas por unos pantalones y decidí que usaría la blusa color rosa chillón de Los Ángeles que había usado para dormir. Estaba vieja y rota pero la gente pagaba buen dinero por blusas clásicas como esta, así que decidí usarla. Poniéndome unas sandalias, recogí mi enmarañado cabello negro.

Jena no había abierto los ojos. Arrebatándole la almohada de sus delgados dedos pálidos, me inclino y pongo un beso en su cabello negro enredado. Vamos pequeña inútil. Si yo tengo que ir a la escuela, entonces tú también.

Ella simplemente gruñó, una clara señal de que estaba manteniendo un juramento de silencio. Y justo cuando nuestros insultos y bromas volvían a la normalidad. Qué lástima.

¿Quieren que las deje de camino al trabajo? preguntó mamá, metiendo la cabeza en la habitación.

No, podemos caminar. Pero gracias le dije mientras metía libros, papel, y lápices en mi vieja mochila. Suerte en tu primer día.

También para ustedes. Plantó un beso a un lado de mi cabeza y luego fue hacia Jena, quien por fin se dedicaba a cambiarse de ropa. Jena se retorcía, intentando meter su cabeza en su suéter favorito. Mamá

la atrapó en un abrazo sorpresa. Ten un buen día Jena. Te quiero.

La miré con cariño mientras se iba. Llevaba puesto un uniforme morado, nuevo y recién planchado que le quedaba grande y colgaba un poco de su pequeña figura. Prendedores plateados fijaban su cabello, para que no se le atravesara mientras trabajaba.

Yo era hija de mamá pero había heredado la apariencia de mi padre. Mientras que mamá tenía un aspecto tímido, con delicados rasgos pequeños y cabello castaño claro, papá tenía cabello color nogal oscuro y piel cobriza, considerado alto y atractivo por el ojo poco crítico.

Mi piel tenía un brillo broncíneo, así que casi nunca usaba maquillaje.

Usualmente, solo usaba rímel. La cosa viscosa me hacía sentir bonita y vivaz. Además, si era hora de hacer una buena impresión, esta era la hora. Jena observaba curiosamente mi reflejo en el espejo mientras esperaba en silencio con su sudadera color burdeos.

Ten. Le ofrecí el pequeño bote plateado de rímel. Te verás fantástica prometí, enfatizando dramáticamente la última palabra. Hoy era un gran día, y Jena debería sentirse hermosa también. Un poco brillo rojo en los labios y salimos por la puerta.

La escuela estaba a solo kilómetro y medio de la casa y el paseo era

hermoso. Las vías del tren abarcaban la mayor parte del camino. Seguimos el camino de metal, arrastrando los pies por la bajada de guijarros. En la fría brisa, la niebla matutina caía bajo a nuestro alrededor. Pequeños terrenos de cultivos y patios con vegetación abundante construían un precioso paisaje verde.

Intercambiando miradas, Jena y yo respiramos profundo cuando un aroma a desayunos nos acorraló. Olía a que alguien preparaba tocino, humeante, grasoso, y delicioso. Nosotras teníamos pocas opciones. Los labios de Jena se transformaron en una pequeña sonrisa astuta.

Recuérdame poner tocino en la lista del mandado. Suspiré.

Estaba empezando mi segundo año de preparatoria un poco tarde. Mamá se sentía culpable de no haber podido lograr que el inicio de su trabajo y el de la escuela coincidieran perfectamente, pero yo le aseguré que nos pondríamos al corriente y que todo saldría bien.

Jena estaba en su segundo año de secundaria, la cual quedaba adyacente a mi preparatoria. Mientras ella caminaba a mi lado de manera tensa, yo intentaba pensar en algo bueno que decirle para que dejara de preocuparse, o para hacerla reír, pero mi estómago tenía nudos por mi propia preocupación.

¿Te quedarás después de clases para el fútbol, verdad? Ni siquiera estaba segura de si Jena me estaba poniendo atención. Su vista

estaba fija en la escuela secundaria que la esperaba al frente, en

miniatura debido a la distancia. Se puso sus lentes de sol y caminó frente a

mí, haciendo su entrada sola. Sin despedidas. Sin sentimientos intensos.

Me paré del otro lado de la calle, frente a la preparatoria, esperando

a que un auto pasara. El mustang café bajó la velocidad y entró al

estacionamiento. Desde el frente pude notar que la escuela era vieja. Las banquetas tenían grietas en varias partes y los puestos para bicicletas estaban oxidados gracias al aire seco salado. Varias adiciones de edificios portátiles marcaban un crecimiento carente de fondos a través de los años.

Intentando no pensar demasiado, crucé la calle y me dirigí al edificio de estuco amarillo para recoger mi horario. Podía sentir mi corazón latiendo casi en mi garganta al momento de abrir la puerta. Por mi cabeza pasaron escenarios diferentes, como problemas con mi papeleo, entrar al lugar equivocado y que todos me miraran raro, o también perderme en mi primer día.

Una mujer corpulenta estaba sentada detrás de un escritorio, contestando un teléfono fuera de control. Me sonrió y me guiñó un ojo con complicidad, dándome un horario con mi nombre y un mapa de la escuela. Después se volteó para seguir trabajando, claramente habiendo terminado conmigo. Miré a mi alrededor. Un muchacho delgado con pantalones flojos jugaba con sus audífonos, mientras que una chica mayor

se

sentaba cerca de la puerta enviando mensajes de texto.

Ningún miembro del consejo estudiantil había sido asignado para ser

mi

falso amigo o guiarme. Bien. Regresé afuera. Un respiro de aire fresco

me hizo darme cuenta de cuán asfixiante se había sentido la oficina. En el pasillo, nadie pareció reconocerme como desconocida. Parecía sencillo fundirme con el flujo de estudiantes.

Seguí el mapa por un campus sorprendentemente extenso. Alrededor de mí, la gente empezó a entrar a sus salones de clases. Todos se veían bastante normales, en su mayoría usando camisetas y blusas. Varios sobresalían por aquí y por allá con cabellos despeinados, o collares.

Se me aceleró el pulso cuando entré a mi primera clase. La clase de cerámica era en un cuarto frio y amplio, con mesas altas en un extremo donde había probablemente unos 20 alumnos sentados. Miré mi reloj. Diablos, llegué tarde. Todos me notaron. Aunque yo me consideraba una persona bastante fuerte, ser el centro de atención era algo que detestaba. Sintiendo algo de pánico, me esforcé por respirar lento y calmarme.

Tranquilízate. No seas idiota.

Ni siquiera me importaba lo que pudieran pensar de mí, en realidad

no.

Tú debes ser Avi Aderyn. Una mujer asiática de cabello negro que le llegaba a las piernas me entregó un programa de estudios. Pude sentir los ojos de todos en mí mientras me dirigía a una silla vacía. Cuando la maestra empezó a hablar, la presión en mi pecho desapareció. Una rápida inspección del salón reveló a un musculoso chico rubio que masticaba un chicle de menta a mi derecha. Sentada a mi izquierda estaba una castaña de cabello ondulado demasiado maquillada mirando

a la nada aburridamente. La mesa inacabada frente a mí estaba repleta

de nombres y dibujos de palitos, ambos dibujados y tallados.

Hoy vamos a hacer potes en espiral anunció la maestra. La señora Mynah, vi que decía en su guía de estudios. Todos acérquense para una demostración. Señaló a los demás estudiantes con entusiasmo. Seguí a los demás y me paré de puntitas para poder ver.

La señora Mynah hizo rollos de arcilla con sus manos, y luego empezó

a acomodarlos uno encima del otro. Mientras que el tarro tomaba altura,

la maestra alisó el material para que quedara junto. Parecía bastante simple. Sentí el brazo del chico rubio rozar contra el mío y me pregunté si en realidad era necesario que se parara tan cerca. Volteé molesta y me

encontré con unos ciertamente atractivos ojos color azul cielo. Me sonrió educadamente y la señora Mynah envió a todos de vuelta a sus asientos.

Distribuyó grandes pedazos de arcilla envueltos en plástico a cada

una de las mesas para que nos lo repartiéramos. Hacer los rollos me resultó bastante fácil, pero parecía que varios tenían problemas. Los miré mientras batallaban con la arcilla que se agrietaba por haberla rodado demasiado,

o eran incapaces de rodarla de manera uniforme. Confiada, decidí hacer

mis rollos muy delgados para intentar hacerlo más un desafío.

Como nunca me satisfacía la manera fácil, yo siempre escogía la opción más complicada. En el quinto grado, cuando todos los demás niños escogieron hacer un volcán para el proyecto de ciencias, yo hice un generador electrostático. En el octavo grado, una maestra nos pidió que escribiéramos una historia corta, la mía de alguna extraña manera se convirtió en un pentámetro yámbico 1 .

Mientras que mis rollos de arcilla se iban transformando en una vasija, me perdí en mi trabajo. Ganó altura y tomó una delicada figura oblonga. No sé cuánto tiempo trabajé de esa manera antes de darme cuenta de que los demás estudiantes en la mesa habían pausado sus actividades para verme.

1 Pentámetro yámbico es un tipo de verso de cinco pies, cada uno de los cuales suele estar compuesto de dos sílabas, no acentuada y acentuada, con una sílaba opcional no acentuada al final. No hay rima.

Vaya forma de hacernos quedar mal gruñó una chica, haciendo una cara fea.

¿Me ayudas con el mío? preguntó el chico. Me veía de manera expectante. Me gustaba la forma en que el arco de sus cejas sombreaba sus ojos claros, creando un contraste entre luz y sombras.

La arcilla que yacía frente a él estaba casi pulverizada.

Claro dije, agradecida de que esta clase me hiciera ver bien. Tienes que ser más gentil con el material, ¿de acuerdo? Halé para despegar el bulto de la mesa de madera con mis uñas.

Puedo ser gentil. Me sonrió de manera encantadora.

Intenté no sonrojarme mientras lo ayudaba a hacer unos rollos decentes. Todo el rato sentí que me observaba. ¿Qué estaba pensando? ¿Me estaba viendo a mí o a la arcilla? Moví los pies, extremadamente consciente de mi postura y mis expresiones faciales. Probablemente había un moco colgando de mi nariz o algo por el estilo, que explicara su intensa mirada. Después de ayudarlo a empezar, me puse a trabajar de vuelta en lo mío.

No era la primera vez que trabajaba con arcilla. Nadie tenía que saberlo. Cuando yo era muy pequeña vivimos al lado de una mujer que era muy buena en alfarería. La señora Nyuni olía a tierra y especias. Siempre tenía una expresión seria que atribuía a su intensa concentración. De pared a pared, su garaje estaba dedicado a la creación y producción de su trabajo. Yo era una niña entrometida y muchas veces iba a su casa para ver en lo que estaba trabajando. Intentó enseñarme pero mi atención era de corto plazo, así que usualmente solo me daba sobras de arcilla para que jugar y experimentar con ella.

Sentada en la clase de cerámica, recordé la calma que se apodera de mí cuando trabajo con mis manos. El control y el potencial para crear estaban en la punta de mis dedos. La vasija termino siendo perfecta y la admiré con gran satisfacción. Con orgullo, llevé mi obra terminada al frente para que ardiera en el horno de cerámica.

Podríamos usar tus habilidades en el club de arte me dijo la maestra Mynah de con seriedad. Si estás interesada algún día, avísame.

Gracias. Le sonreí.

El timbre de la siguiente clase sonó pero cuando fui por mi mochila me encontré al chico rubio batallando todavía por alisar los grumos de su pote.

No podía ver que se desperdiciara.

Permíteme. Deslicé el pote hacia mí. Mojándome las manos, pasé

cinco minutos aplanándolo todo, creando una mejora significativa.

Guau. Gracias. Lo haces parecer sencillo.

No es nada.

Si alguna vez necesitas algo o quieres que alguien te muestre los alrededores, soy tu chico.

pero

apresurándome por salir. No tenía que sentirse en deuda conmigo.

Muy

amable

de

tu

parte

dije

despreocupadamente,

Por cierto, me llamo Jay dijo mientras me iba.

Lanzándole una media sonrisa, escuché la puerta cerrarse tras de mí. No tenía ni el tiempo ni la energía para preocuparme por chicos. Había planeado usar mi tiempo después de clases para estudiar y trabajar. Si no conseguía una beca, ¿cómo iba a pagar la universidad?

En la próxima clase no me fue tan bien, obviamente. No podía ser tan afortunada. El gimnasio era el edificio más grande y el más fácil de encontrar, pero al parecer, Educación física era natación durante los primeros dos meses del año. No llevaba mi traje, así que me senté en una banca mientras miraba a los demás nadar.

¿Qué pasa? ¿No sabes nadar? me preguntó un chico al mismo tiempo que se tiraba de la tabla de clavados.

Ignorándolo, pretendí estar fascinada con el horario de clases en mi regazo. Había al menos 50 personas en la piscina de tamaño olímpico. A mi parecer, eran dos salones juntos. Los atletas naturales estaban en su elemento, sonriendo mientras competían entre ellos. Los chicos quejumbrosos y debiluchos preferían broncearse a mojarse.

A mí la piscina no me llamaba mucho la atención. Había nadado en casas de varias amigas en muchas ocasiones. En cambio, nadar en el océano, eso sería divertido. Aunque los tiburones fueran una posibilidad, según las estadísticas solo una persona en California era atacada cada año, aunque millones entraban al agua. Las probabilidades no eran tan malas.

Sacando un libro, me moví a la fila de enfrente para estar más aislada. Recargándome en el barandal, llegué hasta el capítulo tres. Esta era la segunda vez que lo leía. Lory, mi mejor amiga, sabía que era uno de mis favoritos así que me obsequió uno de tapa dura como regalo de despedida. Era una aventura sobre el escape de un muchacho, situado en una sociedad distópica. Comparada con su vida, la mía siempre parecía simple.

Cuando la última campana sonó para el recreo, me dirigí a buscar la biblioteca. Un anfiteatro grande de cemento ocupaba lo que parecía la

mitad del campus. Estaba decorado por macetas largas y cuadradas con pequeños árboles delgados. Alumnos se reunían en grupos grandes y pequeños a lo largo del centro. Varios carritos con comida estaban vendiéndoles a adolecentes hambrientos.

¿Siquiera había cafetería en este lugar?

Pasé la hora del recreo en la biblioteca, comiéndome discretamente las galletas de queso que traje de casa. El lugar era un tanto pequeño pero habían metido muchos libros en él. En su mayoría, los estantes de metal tocaban el techo. En el centro había un grupo de mesas ocupadas por docenas de estudiantes trabajando con los libros.

Mientras evitaba secretamente la ansiedad social, realmente disfrutaba explorar la selección de libros. Los altos libreros eran familiares y me hacían sentir segura. Pasé mis dedos por las fundas, escogiendo los de colores y títulos que me llamaban la atención. Me fui sin nada porque no había podido escoger solo uno, y sabiendo que si escogía un libro muy bueno no iba a querer regresarlo.

Cuando era más joven no pasaba mucho tiempo leyendo. Pero al entrar a la preparatoria, leí un libro que una amiga me recomendó y descubrí que no lo pude soltar. Durante los últimos dos años había recogido libros usados, los había intercambiado y amontonado.

Mi última clase del día fue inglés. Toda la clase estaba parloteando

entre sí, sentados cerca uno del otro en el salón alfombrado. Citas con las

que no estaba familiarizada estaban escritas sobre cartulinas desplegadas y pegadas en la pared. Detrás de un caballete, una mujer hojeaba a través de unos pedazos de papel, de manera casual.

La señora Pitta parecía más una bibliotecaria que una maestra, con

su corto cabello rizado y lentes de lectura rojos. Notándome, me pasó una lista de lectura. Miré la lista con curiosidad. Al parecer, la mayoría de estos títulos serían nuevos para mí. ¿Por qué no te unes al grupo de Lark y Gale para el proyecto? dijo con una amable sonrisa.

Una muchacha guapa me saludó desde el otro lado del salón. Llevaba puesta una blusa llena de flores azules y en el pulgar derecho tenía puesto un anillo en forma de corazón que predecía su humor. El chico, Gale, usaba una blusa del mismo tono rojizo de su cabello y sus pequeñas pecas. Deslizándome en un asiento vacío, les pregunté: Y bien…. ¿qué clase de proyecto es este?

Solo tenemos que ponernos de acuerdo con un libro de la lista y juntos hacer un reporte sobre él respondió ella con una voz cantarina y sus ojos café brillaron. Algo acerca de su sencilla sonrisa me ayudó a relajarme.

¿Viste

algo

que

te

interesara

leer?

preguntó

de

manera

considerada.

No, usualmente me gusta más la fantasía admití. La lista contenía casi puros clásicos.

Hizo una pausa, considerando. ¿Qué tal El Señor de las Moscas? Suena como el menos aburrido.

No quise decirle que ese era uno de los que yo ya había leído, así que le dije que estaba de acuerdo. Gale estuvo callado. Su nariz estaba a pulgadas de su cuaderno verde. Un boceto de un monstro extremadamente detallado se podía ver en la página.

¿Estás de acuerdo? le pregunté.

Sorprendido, maldijo cuando la punta de su lápiz se rompió. Oh, sí, seguro dijo con indiferencia.

En su mayoría escuché y tomé notas mientras Lark hacía un plan para nuestro reporte. Claramente, ella era una líder natural y a Gale no parecía importarle que fuese mandona.

Tenemos un mes para terminar. Lark meneó su lápiz. Si leemos alrededor de cien páginas a la semana, nos va a quedar una semana y media para escribir el reporte. ¿Podemos leer cien páginas a la semana?

No hay problema. Era un buen plan.

Gale. Ella le tocó el cuaderno con su lápiz.

Una mano voló para detenerla.

Sí, sí. Cien páginas esta semana, cien páginas la semana que viene, terminamos, y reporte.

Voy a escribir la introducción. Soy mucho mejor escritora que tú le dijo sin rodeos. Tú dedícate a hacer los puntos de discusión. Siempre eres bueno buscando argumentos para discutir. Rodó los ojos dramáticamente, riéndose. Y Avi, ¿puedes lanzar tus puntos de vista y ayudar con la edición?

Seguro. Bastante fácil.

Lark era una persona interesante de observar. Me gustaba el modo en que se reía y la manera en que sus ojos sonreían. Ella escribía con la mano izquierda todo grande y lleno de bucles y mientras lo hacía, los brazaletes en su brazo tintineaban suavemente.

Caminando a través del campus para ir a casa, me di cuenta de que Lark y Gale seguían detrás de mí discutiendo sobre algo. Eché un vistazo mientras me alcanzaban.

No. La Osa Mayor está compuesta de nueve estrellas, aunque solo se pueden ver siete de ellas Lark le decía confiadamente mientras jugueteaba con sus brillantes rizos rubios.

Bueno, si no puedes ver dos, entonces no cuentan realmente argumentó Gale firmemente.

La ciencia dice que cuentan, así que cuentan. ¿Cuentan? preguntó ella, volviéndose hacia mí agitando los brazos.

Bueno, si la ciencia lo dice… —Sonreí despectivamente, metiendo los pulgares debajo de la correas de mi mochila gris.

Aunque el universo me parecía hermoso y sobrecogedoramente inspirador, realmente no me preocupaba por cómo había llegado allí, ni en clasificarlo. La humanidad en general se hace muchas preguntas y gasta demasiado tiempo buscando las respuestas. Yo creía en Dios y todo en el mundo con una fe ciega infantil que me permitía tomarme mi tiempo para disfrutarlo.

¿Dónde vives? me preguntó ella.

Por la calle Columbine. Hice un ademán. Unas cuantas calles a la izquierda.

Te acabas de mudar, ¿eh? ¿De dónde te has mudado?

Del norte. No quería ser encasillada como un producto de la ciudad de la que he escapado. Los dos años o más que estuve atrapada ahí los pasé atrincherada, ya fuese en la pequeña escuela privada que mi padre había pagado, o escondiéndome en nuestro diminuto departamento.

Vamos justo en la misma dirección. Gale y yo hemos sido vecinos de

al lado desde que teníamos cinco. Puedes caminar con nosotros si quieres

y te mostraremos los alrededores cuando quieras.

Bueno, gracias. No estaba acostumbrada a que la gente fuese amable conmigo tan fácilmente. En mi experiencia, las chicas, particularmente, eran más maliciosas y complicadas. Fue un alivio, y a su vez haría mucho más fácil mi propia resolución de ser una persona amable.

Despidiéndome, cerré con llave la puerta detrás de mí. La casa estaba vacía. Jena estaría haciendo una prueba para el equipo de fútbol en este momento, si la dejaban. Dándole una media oportunidad estaría dentro del equipo con seguridad. Aunque su personalidad no era la de jugadora en equipo o de una persona que le guste trabajar en grupo, su

vena competitiva y su dedicación la arrastraban hacia el trepidante, bajo

y sucio deporte.

Mamá no estaría en casa durante un par de horas. El entusiasmo agitó mi alma. Deseé que todos mis antiguos amigos pudieran venir a ver la casa. Finalmente, un lugar del que estar orgullosa. Ellos estarían muy celosos.

Nuestra televisión no estaba conectada todavía, así que en su lugar puse música. Los únicos víveres que teníamos eran los no perecederos que vinieron con nosotras.

Desempaqué y comí una barra de granola mientras cantaba con la boca llena.

La primera vez que mamá escuchó que había conseguido el nuevo trabajo, nos fuimos a cazar casas justo al día siguiente. Nos montamos en su Hyundai y pasamos todo el viaje de cuatro horas hablando acerca de cuán perfecta iba a lucir nuestra nueva casa.

Un verdadero agente inmobiliario nos mostró algunas casas cerca del trabajo de mamá. Todas eran asombrosas. Exactamente lo que estábamos buscando. Ubicadas junto a la playa, muy luminosas, tenían habitaciones de buen tamaño, y también estaban muy por fuera de nuestro rango de precios.

Constantemente optimista, mamá decidió que podríamos irnos un poco más lejos. Cuando las calles se hicieron más angostas y las casas empezaron a lucir más modestas, llegamos a nuestra pequeña casa verde. El jardín estaba desolado, salvo por un poco de pasto áspero, pero tenía un lindo camino de piedra que conducía a la entrada. Supe que era la elegida tan pronto pusimos un pie dentro de ella. Para una casa pequeña, era espaciosa con techos altos y planta abierta. Los pisos de madera eran claros como la pícea 2 , y todas las ventanas eran exactamente como habíamos hablado. Gabinetes blancos completaban la impresión de casa de muñecas que me daba el lugar. Estaba enamorada. Una mirada esperanzadora en dirección a mamá me confirmó que ella también estaba enamorada. Mamá financió su primera casa, por su propia cuenta, con un precio que podría pagar.

Sonó el timbre. Miré a través de la mirilla para ver a un camión de reparto color marrón acelerando en la distancia. Una pequeña caja descansaba visiblemente en la entrada. Había sido reenviada de nuestra antigua dirección y tenía el nombre de la empresa de mi padre estampado en la esquina superior. Rasgándola para abrirla, encontré un bonito collar adornado con alexandrita, mi piedra de nacimiento púrpura pálida. Una pequeña carta dentro decía simplemente: Feliz cumpleaños. Me admiré en el espejo del baño. Los colores claros contrarrestaban mi

2 Árbol conífero parecido al abeto común, de hojas puntiagudas, cuyas piñas más delgadas que las del abeto penden de las ramas superiores.

cabello oscuro y mi rostro. Esponjando mis ondas salvajes, me sentí bonita.

La secretaria de papá siempre elegía los regalos por él y algunas veces lo hacía mejor que otras. Un año todos recibieron arreglos frutales. Un collar derrota a cualquier palillo con fruta. Hubo un tiempo en el que habría esperado una llamada de mi padre. Para este punto, ese tiempo había pasado hace mucho tiempo. Sería simplemente incómoda. Falsa.

El resto de la noche trabajé en hacer que mi mitad de la habitación se sintiera como en casa. Llené mi estantería con libros, admirando las envejecidas cubiertas. Tenía el hábito de elegir los libros por su cubierta, así que mi colección estaba dominada por imágenes coloridas, letras en relieve, y paños viejos cubrían algunos lomos.

Deslicé mi cama por el piso pulido para decidir dónde quedaba mejor, y colgué fotos de viejos amigos con los que prometí mantenerme en contacto, pero que no haría. No es que no me agradaran, es solo que era terriblemente independiente y estaba bien con el hecho de mudarme, empezar de cero. Realmente no éramos tan cercanos. Quizá era mi culpa por no dejar que la gente se acercara. Todo lo que realmente me importaba era cuidar de mí misma, mi madre y mi hermana. Mamá me crió para ser fuerte.

El sentimentalismo no es algo particularmente útil. Esa era una de mis debilidades. Con el paso de los años algunas de mis esculturas parecían valer la pena quedármelas. Las acomodé sin orden ni concierto en el alféizar de mi ventana. Había dos pequeñas palomas con formas abstractas que había hecho hacía mucho tiempo como para recordarlo, realmente; un cuenco en forma de flor que contenía mi joyería, y un jarrón del tronco de un árbol relleno de flores disecadas que Jena y yo recolectamos.

Casualmente, espié a mis vecinos al otro lado de la calle por la ventana. Tenían un garaje lleno de maniquíes en poses extrañas. Completamente espeluznante. Lo que me hizo darme cuenta de otras cosas, como la cámara en la parte superior de su garaje. Una mujer de aspecto suficientemente normal arrancaba la hierba mala del arriate de al frente. En el camino de entrada a su lado, un par de chicos estaban trabajando en un viejo Mercedes que se veía más allá de toda esperanza, ubicado sobre bloques de cemento. La casa del otro lado tenía grandes ventanas abiertas por donde vi lo que pensé que era una anciana tocando el piano, pero quizá era un anciano.

Jena llegó a casa alrededor de las seis y fue directo a la ducha. Más tarde la ayudé a colgar su póster preferido, una foto de una pantera o un leopardo negro si le preguntas a ellaestirándose y bostezando deliberadamente. Las esquinas de la brillante impresión habían empezado

a enroscarse y desgastarse de ser removidas tantas veces. Sin embargo, era una hermosa fiera.

¿Entraste en el equipo? le pregunté.

Asintió sin mucho ánimo, como si fuera una pregunta estúpida. Asumo que probablemente lo era.

Jena desenvolvió los brillantes trofeos de fútbol con cuidado, protegidos dentro de viejas camisetas y calcetines. Miré curiosamente mientras los acomodaba y reacomodaba en su viejo vestidor. Había muchos para contarlos.

Desde que nuestros padres se separaron hemos compartido la habitación. Al principio literalmente teníamos que seccionar nuestro espacio en mitades. No estábamos de acuerdo con nada. Jena quería que la ventana estuviera cerrada. Yo la quería abierta. A ella le gustaba la música R&B. A mí me gustaba el rock. Discutimos infinitamente acerca de qué color pintar la habitación hasta que lo olvidamos y la dejamos de blanco. Finalmente, la realidad nos golpeó y nos dimos cuenta que el blanco era lo único que podíamos pagar. Fuimos minimalistas desde ese entonces.

A las ocho en punto, Jena empezó a mirar por la ventana del frente. Unos minutos después, escuché que la puerta principal se abría y fui a saludar a mamá.

Lucen como si hubieran estado trabajando duro dijo mirando mi cabello y mi polvorienta ropa sudada.

Solo limpiando. Además, ¿Quién ha estado trabajando más duro? ¿Qué fue eso, algo como una jornada de diez horas para ti? pregunté, agarrando su bolso. Su piel brilló y docenas de cabellos fueron liberados de sus horquillas.

Algo así. Alguien llamó avisando que estaba enfermo, así que hoy no fue un día de entrenamiento. Puse mi culo a trabajar. Me dio una sonrisa cansada, sacándose los zapatos. Aunque viendo el lado positivo, creo que di una buena impresión.

Seguro lo hiciste. Apuesto a que estás hambrienta.

Estoy famélica.

¿Qué te gustaría? Abrí las alacenas, buscando. Tengo fruta enlatada, ¿o quizá te apetece un emparedado de mantequilla de maní? pregunté seductoramente.

Oh, definitivamente mantequilla de maní dijo mientras se retiraba hacia la ducha.

El pan estaba aplastado por la mudanza, pero aún comestible. Jena deambulaba mientras yo repartía las cosas y la ayudaba a prepararse para salir. Afortunadamente con un poco de mantequilla de maní y miel, los emparedados hicieron a mamá bastante feliz. Luego de nuestra humilde cena, ambas leímos silenciosamente en la sala con una manta que tapaba nuestros pies.

La mayoría de los muebles de nuestra casa habían sido elegidos por el ruidoso amigo de mamá.

El que apareció con un simpático bote de helado el día que mamá anunció el divorcio. Siempre creí que lo había hecho más para enterarse del chisme que para proveer apoyo moral.

Mamá estaba leyendo otro misterioso asesinato. Mordió su labio inferior y sus cejas se sumergieron en la concentración mientras se abría camino por los capítulos llenos de suspenso. Hubo un tiempo en que ella solía interesarse mucho en las novelas románticas, pero no ha podido tocar ninguna más desde el divorcio. Gracias a Dios que encontró algo para remplazarlas.

Volteé la página y pasé mis uñas por el sofá de pana. Leer era una de las pocas cosas que teníamos en común y que podíamos hacer juntas. Quizá no era el modo más interactivo para conectarnos, pero solo tener la silenciosa presencia de la otra parecía gratificarnos a ambas. Estaba profundamente agradecida de que ella estuviera en casa a un horario prudente y que contara con un par de horas para relajarse antes de que tuviéramos que irnos a la cama y repetirlo todo al día siguiente.

dormía, estuve plagada por una pesadilla

recurrente.

Después de salir con amigos, volvía tarde por la noche a una casa anormalmente oscura. Abría la pesada puerta de entrada, buscaba a tientas un interruptor e intentaba encender la luz. Nada pasaba. Confundida, lo movía hacia arriba y hacia abajo antes de guiarme con las paredes hacia la cocina. Todo estaba absolutamente negro. No podía ver las manos frente a mi cara. Todos los relojes estaban muertos. Todo estaba muerto. ¿Se había cortado la electricidad?

Esa

noche

mientras

¿Mamá? ¡Jena!

Mis manos encontraban la fría encimera, y se desplazaban sobre los lisos azulejos. ¿Dónde estaban? ¿Y si mamá había olvidado ir a buscar a Jena? ¿Y si habían tenido un accidente automovilístico?

Mientras buscaba frenéticamente una linterna que teníamos en el cajón de trastos, me daba cuenta que nuestros vecinos de al lado todavía tenían las luces encendidas. Un sentimiento de recelo cruzaba por mi

cabeza e iba a chequear la pila de facturas en nuestro organizador de correo. Bastante seguro, avisos con rayas rojas componían la mitad de la pila. Aviso final. Sin pagar. La factura de la electricidad, nuestro seguro médico, gastos del auto, estaban todas atrasadas.

El terror me lanzaba al piso. Todo se estaba desmoronando. Eso estaba mal. Muy mal. Me envolvía con mis brazos. Iba a vomitar.

Me desperté en medio de la noche sintiendo que iba a vomitar. Fue sólo un sueño, me dije por centésima vez. Lo estábamos solucionando. Todo iba a estar bien.

Temblando y sudando, me deslicé hacia la oscura y fría cocina de mi sueño y bebí ávidamente un vaso lleno de agua helada. Con suerte estos sueños terminarían pronto.

3

Él

Traducido por Paulara Corregido por Jossy Maddox

Mientras yacía sobre las sábanas de franela demasiado cálidas, mi cerebro reprodujo imágenes de ella: su oscuro cabello salvaje, sus ojos brillantes, sus labios carnosos. Fascinada con los libros, recorría con su dedo índice las portadas gastadas, inhalando el aroma almizclado de aquellos que nadie fue lo suficientemente inteligente para sacar de la estantería en casi una década. Perdida en sus pensamientos, se deslizaba por la pared hasta el suelo para leer.

En mi mente, reverberando una y otra vez, ella se desliza hacia abajo.

Mi cuerpo canturreaba con entusiasmo al pensar en ella. Aunque era

agradable me frustraba. Entonces me senté y miré mi reloj. Eran las cuatro

de la mañana. El sol no saldría hasta dentro de varias horas. Rápidamente

me liberé del enredo de finas sábanas. Me puse las zapatillas de correr y

escapé silenciosamente de la casa. Las campanas de viento sonaban inquietantemente en la oscuridad un sonido antinatural al que nunca podría acostumbrarme, sin importar cuántas de ellas mi madre colgara.

Luego de caminar suavemente por el patio y la arena, empecé a correr cuando mis pies encontraron la tierra húmeda. El aire estaba helado, especialmente con la brisa marina arañándome la piel. Era justo lo que necesitaba para quitar a la chica nueva de mis pensamientos.

Vivía en Santa Bárbara con padres que raramente se encontraban en casa ya que siempre estaban de vacaciones. Nuestra casa se asentaba sobre casi media hectárea directamente frente a las playas de arena de cuarzo. A un lado se encontraba el océano y al otro un grupo de robles viejos.

Corrí una milla, luego dos a un paso controlado y razonable. Pero mi cuerpo seguía tenso sin ninguna señal de la fatiga que ansiaba distinguir. Así que decidí salirme del rango realista y admisible, y dejé que mis músculos hicieran lo que se les antojara. Volando a través de la arena húmeda mantuve mis ojos atentos a la gente, testigos. Pero aparentemente nadie estaba lo suficientemente loco como para abandonar su cálida cama antes del amanecer, como yo.

Correr me hizo sentir mejor; me permitió ser yo mismo. El latir de mi corazón, que de alguna manera siempre era más alto de lo normal, se

aceleró exponencialmente. El corazón me latía en los oídos. Cuando finalmente comencé a sentirme cansado, el sol ya se alzaba lentamente en el brumoso cielo. Me agaché en el agua helada del océano, apretando los dientes, para enjuagar el sudor de mi piel. El baño helado me envolvió por completo, enfriando mis músculos en llamas. No solía enfriarme tan fácilmente, pero el océano en la mañana estaba lo suficientemente frío como para que sintiera una sensación de punzante hormigueo. Me hacía sentir pequeño e indefenso de una manera en que nada más podía hacerlo. Al fin, mi cuerpo estaba exhausto y yo estaba bajo control otra vez.

La hermosa chica que había invadido mis pensamientos seguía merodeando en el fondo de mi mente aunque ahora era más un cálido recuerdo que un deseo apremiante. Absolutamente nunca había estado tan alterado por alguien. Era un cambio. Y no estaba muy seguro como me sentía respecto al cambio. Durante años y años los pasillos de la escuela fueron transitados por los mismos rostros familiares. Los mismo aburridos, ordinarios, soporíferos pasillos.

Pero entonces, había una chica nueva. Un cuento tan viejo como el tiempo, ¿no? Estaba en la biblioteca intentando progresar con mi tarea cuando ella apareció.

De vuelta en casa me puse unos pantalones y una camiseta que me ahogaba de lo apretada que me quedaba. Tiré en vano de las costuras, deseando que se estirase un poco. Todas mis prendas me estaban quedando pequeñas. Otra vez. Pensar en ir de compras no me divertía en lo más mínimo. Ya era más alto que mis compañeros. Con suerte pronto dejaría de crecer.

Saqué el cuaderno de lo alto de mi estantería y fui hasta la siguiente línea en blanco. Asegurándome dos veces de ver bien mi reloj acelerómetro escribí 11.9km. Aunque no intentaba cumplir ningún objetivo en específico, mi distancia promedio parecía ir aumentando cada vez más.

Les preparé el desayuno a mis padres. No era que ellos fueran incapaces de preparárselo. De hecho ellos fueron los que me enseñaron a cocinar. Sin embargo me gustaba prepararlo. Mi mente era una máquina hiperactiva que funcionaba mejor estando ocupada. Había aprendido hacía mucho que si quería parecer semi-normal tendría que encontrar formas creativas para liberar mi energía y mis pensamientos.

Con un deslizamiento y un rápido movimiento volteé la comida en la sartén. ¡Despierten dormilones! ¡Hay claras de huevo y verduras!

Mi padre gruñó al bajar las escaleras. Extraño los panecillos con mermelada.

Lo siento. No eres tan joven como solías serlo. Quiero conservarte aquí por un largo tiempo.

—Bah… —gruñó. Mi padre era alto aunque no tanto como yo. Estaba en sus cincuenta, canoso y muy calvo.

Oh calla mi madre se nos unió. Gracias, querido. Se ve delicioso. ¿Dormiste bien?

Como un bebé le contesté. No había razón para preocuparlos sobre algo que podría nunca cambiar.

Con una mirada de desapruebo, mi madre chasqueó la lengua. Necesitas ropa nueva.

Lo sé.

Mi madre era redondeada y femenina, de corta estatura y pelirroja.

Dado que se teñía el cabello, hacía años que había perdido de vista su color natural. Todos nos sentamos alrededor de la mesa cuadrada del comedor. Esa que mi padre y yo habíamos construido cuando apenas estaba aprendiendo a balancear un martillo. Estaba marcada por los años de uso, cubierta de anillos y el acabado decolorado a un marrón mate. Pese a que devoré más de la mitad de la comida, mi apetito apenas se había sofocado.

¿Cuánto más debería comer?

Unas cuantas barras de granola en mis bolsillos se harían cargo de mi estómago. Cogí el periódico de camino hacia la puerta de salida.

Conduce con cuidado dijo mi madre.

Cuidadosamente puse en marcha el viejo camión. El motor chilló antes de encenderse de mala gana. Puse una de mis bandas favoritas y subí el volumen hasta que las vibraciones subieron por mi columna vertebral. Mi escuela estaba a tan solo kilómetro y medio pero de vez en cuando conducía para evitar el deprimente silencio de caminar solo. Pasar demasiado tiempo solo por lo general terminaba en mí tratando de resolver todos los problemas del mundo; el mayor de los cuales era el mío ¿qué soy?

En unos minutos estuve estacionado en mi lugar de siempre junto al

campo de fútbol. Con la música aún sonando, me recliné y abrí el periódico. Como casi todos los días, llegué deliberadamente temprano para tener tiempo de recorrer la letra pequeña del periódico.

Constantemente buscaba evidencia de que había otros como yo. Sobrevivientes.

Mantuve en secreto mis diferencias, incapaz de imaginar a mi verdadero yo siendo bien recibido por la comunidad. Hasta los súper

héroes de las historietas eran perseguidos a veces porque la gente no confiaba en ellos. La historia había demostrado una forma unánime de lidiar con aberraciones como yo, siendo los juicios a las brujas de Salem tal vez los más famosos.

Un puño golpeando en la ventana atrajo mi atención. Era sólo un viejo amigo saludando. Realmente no tenía muchos amigos cercanos en

la escuela. Tenía bastantes relaciones superficiales pero nadie en quien

pudiera confiar en verdad lo suficiente como para conocernos a un nivel más personal. Si supieran de mi anormalidad se volverían locos.

Ni mis propios padres sabían que había algo malo en mí. En una ocasión intenté contarle a mi madre pero ella hizo caso omiso del tema como si fuera sólo la pubertad, diciendo que mi cuerpo estaba teniendo algunos cambios y que yo era perfectamente normal. Mortificado, consideré ser persistente en probarle que nada en mi era normal, pero me preocupaba que se molestara. Luego está mi padre, lento como una

tortuga y la persona más olvidadiza que conozco. Sería la última persona

en sospechar algo inusual sobre mí y yo no pretendía arruinar su ignorante

felicidad.

Kirra, mi aspirante a novia perfecta, me encontró antes de las clases. ¡Hola guapo! ¿Irás al partido de fútbol esta noche?

Ni siquiera estaba tentado. Lo siento. Tengo mucha tarea.

Tener novia parecía una parte inevitable de tratar de encajar en la construcción social de la secundaria. Y Kirra parecía una buena chica. Era duro ser buen oyente cuando ella balbuceaba en mi oreja sobre su uniforme de porrista y Dios sabe qué más. Pero lo intenté. De veras lo hice. Como siempre, fui un caballero y le di el respeto que se merecía.

Me sorprendió descubrir que estaba en una clase con la chica nueva.

Mi

corazón se aceleró cuando se sentó en el asiento junto al mío. Me costó

un

poco no contemplarla con curiosidad. La profesora tomó lista.

Avi. Su nombre es Avi.

Se sentó quieta como una estatua durante un largo tiempo. Su mandíbula, cuello y clavícula eran largos y angulares. Hermosos. Despreocupada, llevaba una camiseta, vaqueros desgastados y una cola de caballo desordenada. Durante dos horas completas mi cuerpo zumbó como una tormenta. No era la sensación frustrante que me había invadido durante toda la noche, sino una increíble corriente de escalofríos que nunca antes había experimentado. Mi vida ya parecía bastante complicada sin ser tentado por algo que nunca podría tener.

Kirra me encontró en el pasillo después de clase y plantó un beso en

mi sonriente mejilla. Una sonrisa provocada por alguien más.

Hola dijo enlazando sus dedos con los míos.

Hola.

La semana pasada Kirra había sido una hermosa chica a quien yo le gustaba y eso era suficiente. Sin embargo esta mañana era claro como el agua que ella nunca me había hecho sentir tan fuera de control, soñador e intrigado de la forma en que Avi lo hacía. Nunca. Pero estar con Kirra era seguro. Predecible. No me hacía sentir nada. Y eso era exactamente lo que necesitaba.

Girando hacia ella, exhibí una sonrisa y la atraje hacia mí hasta que me sofoqué en su perfume de vainilla.

Entonces, ¿quieres cenar antes del partido?

¿Quieres

ir

a

comer

pizza

con

todos?

Su

rostro

se

iluminó

esperanzado.

No. Seguro.

 
 

***

Durante el almuerzo me encontré a mí mismo en la biblioteca otra vez y, para ser honesto, esperando encontrarme a Avi. Un escaneo rápido de la habitación reveló que ella no se encontraba allí. Al mismo tiempo decepcionado y aliviado me senté en una mesa vacía. A veces la biblioteca era un buen lugar para esconderme de mis amigos y adelantar tareas para no tener que hacerlas en casa. Tomé un bolígrafo y me concentré en la tarea.

Mi mente se perdió tanto en sí misma que casi no noté cuando Avi entró. Estaba justo allí, a unos pasos de distancia. Cuando me pilló mirándola me las arreglé para sonreírle casualmente antes de dirigir mi vista otra vez al libro frente a mí. ¿Por qué vine aquí de nuevo? ¿Para auto- torturarme? Sintiéndome un completo idiota, mantuve la vista fija en mi cuaderno. Casi.

Antes de darme cuenta, la hora del almuerzo había pasado y todo el mundo se dirigía a sus clases. Cuando sólo quedaba yo, recogí mis cosas y de mala gana me puse de pie para irme. Sólo entonces vi el suéter verde que cubría la parte posterior de la silla donde se había sentado Avi.

Me congelé. ¿Lo recordaría y volvería por él? ¿Debería ir por ella? Acercándome, levanté el suéter dejando que se arrugara en mis manos. No. Lo mejor sería sólo pretender que nunca lo vi. No era mi problema.

Decidí de mala gana que simplemente se lo daría la próxima vez que tuviéramos una clase juntos.

¡Oh! Avi quiso pasar por la puerta al mismo tiempo que yo. Lo

siento. Se rio, una cadencia para mis oídos. Casi paso sobre ti.

No, yo lo siento. Traté de mantener la calma lo mejor que pude. Mis ojos cayeron sobre sus labios rojos, sobre el largo cabello ondeando sobre su clavícula. Sin darme cuenta seguía frente a ella bloqueándole el camino. Oh, toma, olvidaste esto. Le extendí el suéter con cuidado de no tocarla. Estaba a punto de intentar alcanzarte.

Oh, gracias. Nos vemos. Sonrió con facilidad.

Cuando se alejó, me quedé mirándola descaradamente, dejando caer mi guardia. Había un pequeño lazo marrón atado al cierre de su mochila. Las bastillas de su pantalón rozaban el suelo mientras se alejaba. Era más alta que la mayoría de las chicas a su alrededor. O tal vez era que, a diferencia del resto, Avi no encorvaba los hombros ni miraba hacia el suelo. Atravesaba con gracia los pasillos llenos de gente sin tocar a nadie. Mientras se perdía con la distancia me relajé contra la pared detrás de mí.

Si tan sólo mi vida fuera distinta.

***

Trabajé hasta tarde, hasta que mi jefe me dijo que fuera a casa. Mis padres habían salido a cenar temprano así que me preparé un emparedado. A pesar que le puse encurtidos, mostaza y salami carecía de sabor y no me satisfizo. Parecía que mi cuerpo sólo quería una cosa a ella. Sus curvas sutiles, su piel delicada. Maldita sea, iba a tener que tomar una ducha fría.

El sueño no vino sin luchar esa noche. Mientras yacía despierto mi cabeza danzaba con visiones de Avi. Lo más probable era que el tiempo revelara que no había absolutamente nada extraordinario en la chica. Al menos eso esperaba. Porque nunca funcionaría. Tratar de racionalizar aquello y torturarme pasando tiempo con ella no iba a cambiar los hechos.

El silencio del atardecer fue tan eterno que tuve que ponerme los auriculares y escuchar música otra vez. Pasé a través de mi colección de canciones, decidiéndome por gritos apasionados que reflejaban mi malestar.

Ni una sola vez recordé que se suponía que me encontraría con Kirra para cenar.

4

Avi

Traducido por Paulara Corregido por LimonSalvaje

Hay unos chicos esperando por ti afuera voceó mi madre mientras me preparaba para la escuela.

¡En seguida bajo! grité, poniéndome un viejo par de zapatillas y quitándome mi llamativo collar. Cogí mi mochila y mi suéter. ¿Vienes? le pregunté a Jena. Pero ella sólo hizo un ademán de despedida mientras se ponía los zapatos.

Me alegró ver a Lark y a Gale esperándome en la puerta.

¡Buenos días! Lark sonrió. Linda camisa. Asintió con la cabeza en dirección a mi camiseta gráfica azul brillante que probablemente solía pertenecer a algún niño pequeño. Era una ganga de alguna tienda de segunda mano.

Mi madre y yo solíamos ir de compras al centro los sábados. Nos despertábamos temprano, desayunábamos un par de donas baratas y esponjosas, e íbamos a caminar por la ciudad. Si calculábamos bien el tiempo, llegábamos justo cuando las tiendas exhibían sus nuevas adquisiciones.

Lark llevaba puesta otra camiseta estampada sin mangas y mucha joyería dorada que iba bien con su cabello. Me recordaba a una diosa romana. El dorado nunca fue lo mío. Siempre preferí tonos piel o bronce.

Mientras caminábamos hacia la escuela, Lark y Gale de alguna manera comenzaron una disparatada discusión. Gale insistía en que los dinosaurios se extinguieron a causa de un asteroide. Lark decía que si los cocodrilos y los mosquitos sobrevivieron entonces era probable que los dinosaurios también. Lo siento pero el monstruo del Lago Ness podría ser totalmente real insistió.

¡Tienes que estar bromeando! ¿También crees en Pie Grande? Su voz era chillona.

No, eso es totalmente diferente respondió exasperada.

¿Cómo? Gale pateó una rama caída que se encontraba en su camino.

¡Porque no hay millones de galones de bosque sin explorar donde él pueda esconderse, para empezar!

¿Acabas de decir "galones de bosque"?

Con eso se perdió toda seriedad. Ambos comenzaron a reír y ella le dio un golpe en el estómago. ¡Sabes a qué me refiero!

Yo sólo sonreía y escuchaba mientras caminábamos a través de la

neblina de la mañana, pasando los campos verdes. Estuve tentada de decirles que ni siquiera creía en los dinosaurios sólo para sacarlos de quicio. Pero en realidad no quería involucrarme. Por mucho que me gustara hacer del abogado del diablo, este dúo era demasiado intenso para mí.

En silencio me pregunté si caminar con ellos se convertiría en una

rutina. ¿Quería que lo fuera? Los escudriñé severamente. ¿Eran la clase de amigos que quería tener? Decidí que el riesgo de que fueran mala influencia, conspiradores o incluso aburridos era increíblemente mínimo. ¿Por qué no entonces? Parecían agradablemente simples. Lark me acompañó hasta mi primera clase donde nos separamos.

El profesor Miller tenía la pinta de un científico loco. Cumplía

perfectamente su rol de profesor de química. Con su despeinado cabello gris y su protuberante nariz bien podría ser un primo perdido de Einstein.

Acomodándose ansiosamente los anteojos, me dijo dónde sentarme. La ansiedad que transmitía parecía poner a toda la clase histérica.

El aula tenía una hilera de cabinas de vidrio al frente. Había viales, botellas, vasos y frascos de todo tipo meticulosamente organizados por todos lados. ¿Por tamaño o forma? No sabría decirlo. Había cierto patrón. Miré hacia la pizarra y vi que todos los marcadores de agua estaban alineados por color. Como un arco iris. Definitivamente comportamiento obsesivo-compulsivo. Me preocupó que fuera duro al momento de evaluar, con esa clase de atención a los detalles.

Miré nerviosamente al chico sentado a mi lado. Ya se encontraba perdido en su trabajo, presionando los dedos contra su sien con resolución. Parecía inteligente, al menos eso esperaba. Aunque siempre me había ido bien académicamente, matemáticas y química eran mis materias menos favoritas. Química porque es muy matemática, y matemática porque tenía demasiadas reglas. Por suerte me las arreglé para evitar tener las dos el mismo año. Cuando era estudiante de primer año mi madre me había convencido de tomar cursos con el fin de adelantarme en la escuela. No volvería a hacer eso otra vez. No es que no pudiera manejarlo, sino que había demasiadas sesiones de estudio durante el almuerzo y demasiada tarea. Aunque, gracias a eso ahora estaba adelantada.

Mi compañero de laboratorio era lo suficientemente amable como

para ayudarme a ponerme al día.

Hola, soy Phoenix. ¿Alguna vez has hecho una valoración? me preguntó ensamblando mangueras y vasos de precipitado apresuradamente.

¿Una qué? No.

Sólo gira esta válvula y deja que gotee lentamente hasta que veas que el líquido en el vaso cambia de color. Luego paramos y medimos el tiempo que tardó en hacerlo.

De acuerdo. Me arreglé el cabello para evitar que los mechones sueltos cayeran sobre mis ojos.

Si quieres mientras tú vigilas esto puedo hacer copias de lo que te has perdido las dos últimas semanas. Hojeó sus notas velozmente evitando mi mirada.

Eso sería de gran ayuda.

Miré cuidadosamente el líquido claro gotear por casi una hora mientras Phoenix estaba en la fotocopiadora. Otros chicos en la clase resoplaban y se quejaban cuando debían empezar desde el inicio otra vez porque arruinaron la valoración apresurándola. Sentarse y mirar era probablemente el trabajo más fácil, pero la gente era demasiado impaciente. Después de cincuenta y cinco minutos una gota del líquido se tornó rosa al caer y me las arreglé para cerrar la válvula justo después que otra gota cayera.

y

calculamos fácilmente los números que necesitábamos.

Tú eres increíble le dije sinceramente mientras me extendía la pila de copias que había hecho para mí.

Increíble

dijo

Phoenix

admirando

mi

precisión.

Anotamos

Soltó una risita. ¿Dónde es tu próxima clase?

Historia. Saqué mi horario. Salón 121.

Pasando el anfiteatro tomas a la izquierda en la cascada, imposible no verlo. Sonrió amablemente y se alejó.

Las indicaciones de Phoenix me hicieron llegar temprano a la clase de historia, lo cual era un buen cambio. Estuve tentada de sentarme en la fila del frente para prestar más atención y que me fuera mejor. Pero en un esfuerzo por encajar, elegí sentarme en la fila del medio contra la pared.

Estás en mi lugar me dijo una chica que vestía una minifalda y de brillante cabello rojo-fresa, mirándome.

Lo siento. ¿Los lugares ya están asignados? pregunté recogiendo mi mochila.

No. Es sólo que allí es donde me siento.

No pasa nada dijo una voz familiar. Puede sentarse allí.

Jay, de la clase de cerámica, se sentó junto a mí sonriendo. La mandíbula de la chica cayó al suelo antes de que su cara formara un ceño fruncido.

Creo que iré a hablar con el profesor le dije a ambos, levantando una mano en señal de rendición.

Un hombre de rostro amable con apariencia italiana se sentó en el gran escritorio frente a la clase.

debería

sentarme?

Con su lápiz señaló una silla a sólo un metro de distancia. La primera fila siempre está disponible dijo con tristeza.

La chica exorbitantemente enfadada pasó toda la clase estirando el cuello para mirarme cuando no estaba ocupada haciéndole ojitos a Jay. Aunque pareciera increíble, en tan sólo dos días ya había hecho una enemiga. Sólo quedaba una clase más. Casi terminaba el día.

Sin tener a quién preguntar, tomé el mapa con tanta indiferencia como me fue posible para encontrar mi última clase, español. Suspiré con alivio cuando vi que Gale iba a la clase conmigo y agradecí a Dios cuando la profesora me sentó junto a él.

Hola de nuevo dije tomando asiento. Conocer a alguien en la clase me hizo sentir un poco más segura.

lo

suficiente como para darme una sonrisa sincera.

Disculpe.

Me

disculpé

por

interrumpirlo.

¿Dónde

Oh,

bienvenida 3

Gale

miró

por

encima

de

su

cuaderno

Grassyass respondí con mi irremediable acento inlgés.

La clase en sí misma era bastante mala. Primero la profesora Vuela nos hizo mirar una telenovela en español, en una pequeña pantalla con mucha estática. Luego escuchamos la canción del alfabeto y todos cantaban tan alto como podían. Gale cantaba en una voz grave exagerada y yo me ponía roja como un tomate cuando la gente me miraba ahí sentada sin tener idea de nada. Todos aullaban entre carcajadas y realmente se enganchaban con el estribillo. Tengo que admitir que era bastante pegadizo.

Te acostumbrarás a esto prometió Gale cuando la clase hubo terminado.

3 En español, en el original.

Nos encontramos con Lark en la parte superior del anfiteatro. Estaba parada solitariamente junto al mástil y abrazaba un cuaderno azul holográfico contra su pecho. Cuando nos vio corrió hacia nosotros sonriendo.

¡Oye, la encontraste! chilló.

Sí, de alguna manera sobrevivió a una clase de español con Vuela dijo Gale riendo.

Oh pobre chica. Tomé su clase el año pasado.

Al menos no fue aburrido dije optimista.

Ni un sólo instante resopló Gale.

Pensé que podríamos pasar por BB's de camino a casa, si es que no tienes prisa Avi.

Tengo tiempo. ¿Qué es BB's?

Sólo los mejores bizcochos del mundo.

No, las mejores galletas con chispas de chocolate del mundo discutió Lark.

Probaré uno de cada uno prometí.

En vez de dirigirnos hacia los campos verdes cruzamos la calle principal. Ante nosotros había una línea de tiendas. Los edificios de ladrillo pintado eran altos y estaban pegados unos con otros. Había enredaderas saliendo de las pequeñas fracturas en las paredes que luchaban por trepar. Las coloridas cortinas de las ventanas en la segunda planta le daban al centro un encanto íntimo.

BB’s se encontraba en el centro de todo aquello, pintado con un toque de colores pastel. Había seis pequeñas mesas redondas en el vestíbulo, las cuales estaban todas ocupadas. Al frente y en el centro había una vidriera con cada tipo de golosina que pudiera imaginar. Había un menú de tiza colgado en la pared que ofrecía sólo cuatro cosas: queso a la parrilla; emparedados de tocino, lechuga y tomate; aros de cebolla y batidos. En seguida me encantó aquel lugar.

Una mujer de rostro ruborizado nos saludó. Estaba en sus cincuenta y tenía labios color rojo rubí, rizos negros y ojos marrones.

¿De casualidad están contratando? me pregunté en voz alta.

No has probado nuestra comida siquiera sonrió cálidamente. ¿Qué van a ordenar?

Una galleta con chispas de chocolate y una barra de limón le dije, gastando tontamente la mitad de mi dinero para el almuerzo de la

semana. Oh, y aros de cebolla.

Oye, ¿qué pasó con probar un bizcocho? me preguntó Gale.

Me encogí de hombros. Lo siento, la barra de limón se veía más tentadora.

La mujer tomó mi pedido y le dio a Gale y Lark sus favoritos sin que tuvieran que pedirlo.

¡Gracias BB! Lark le hizo señas a la mujer mientras ésta tomaba apresuradamente los pedidos de la cola de gente que se empezaba a formar.

Nos sentamos a la sombra y nos recostamos contra el áspero edificio. El sol brillaba sólo a unos centímetros de nuestras rodillas. Sin haber comido nada caliente durante días, los aros de cebolla me parecieron celestiales. La galleta con chispas de chocolate estaba perfectamente blanda y viscosa, y la barra de limón tenía una capa de mantequilla crocante justo como me gustaba.

Ah, la cocina vegetariana en todo su resplandor alardeó Lark.

Tus padres estarían tan orgullosos replicó Gale.

¿No comes carne en absoluto?

No. Decidí volverme vegetariana un par de años atrás sólo para molestar a mis padres. Funcionó, por cierto. Pero ahora me gusta cómo me hace sentir. Lo tomo en serio. Se encogió de hombros.

Nunca antes había estado en una panadería que fuera más que una tienda de donas. Mis amigos y yo usualmente íbamos al lugar de comida rápida más cercano después de la escuela a tomar batidos tan dulces que jamás podíamos terminarlos. Era típico de mí comerme los trozos de caramelo grandes y dejar el resto. Íbamos con nuestros batidos a sentarnos al canal, donde veíamos despegar a los aviones desde la pista de aterrizaje a sólo unos cien pies de distancia. Solía ser mi lugar favorito.

Miré pensativa hacia el cielo. ¿Qué hacemos ahora? pregunté, aún no estaba lista para volver a casa. Dos niños pasaron zumbando en bicicleta cerca de nosotros, tan rápido y cerca que pude haberlos pateado. Un hombre mayor paseaba su poodle blanco al otro lado de la acera.

Podríamos ir a la vieja casona Starling dijo Lark mirando a Gale en busca de apoyo.

Podría ir a nadar dijo él.

Les lancé una mirada perpleja. Vale, ¿qué es este lugar Starling?

Es una enorme y vieja mansión que ha estado abandonada desde

siempre. Los chicos del lugar se encargan de la piscina y todo el mundo la usa.

Entonces vayamos por nuestros trajes de baño dije. Corrimos a casa tratando de dejar atrás el agobiante calor del sol de la tarde.

La casona Starling era una hermosa vieja mansión victoriana. Las altas paredes de color azul bebé estaban descascarilladas y las ventanas habían sido rotas y selladas hacía tiempo. Había plantas que crecían salvajemente en el frente, por encima del enrejado, y que se estiraban hacia el cielo y serpenteaban por las alcantarillas. Hubiera sido el escenario perfecto para una película de terror.

Seguí a mis nuevos amigos a través de una cerca de madera. Fuimos recibidos con gritos y risas. Una chica morena y esbelta con traje de baño rojo salió corriendo y saltó del trampolín, aterrizando peligrosamente cerca de un chico en la piscina. Otras dos personas estaban plácidamente recostadas junto a la piscina, sobre toallas playeras de rayas,.

Gale se zambulló con la camiseta aún puesta mientras que Lark se desvistió para mostrar un bikini rosa pálido e intentó lo mejor que pudo tirarse en bomba en la parte más profunda. Aunque apenas hizo ondular el agua. Los seguí inmediatamente antes de que pudieran notar mi cuerpo semidesnudo.

Como la piscina de azulejos estaba tibia, nadé una vuelta para calentarme. Mientras observaba a Lark y Gale tratar de hundirse mutuamente, flotaba preguntándome acerca de su amistad. ¿Se gustaban en secreto o eran algo así como hermanos? Harían una pareja interesante. Gale no era lo que yo comúnmente consideraría atractivo, y supuse que sólo se abría con Lark. Ella, por otro lado, era hermosa y parecía no saberlo o no importarle.

Gale se trepó a un gran roble viejo y se sujetó a una cuerda mojada.

¡Tú sigues! gritó señalándome.

Me puse de pie, sintiéndome al mismo tiempo valiente e indispuesta.

No tienes que hacerlo me dijo Lark tomándome del brazo. No es muy seguro.

Me sorprendió ver miedo en sus ojos color avellana.

¿Nunca has saltado? adiviné.

De ninguna manera. No me gustan las alturas.

Eso me hizo valiente o estúpida, porque trepé aquel árbol con ansias de volar por el aire y salpicar tanto como fuera posible. La cuerda de algodón se sentía gruesa en mis manos. Desde donde estaba podía ver los

patios vecinos. La corteza del roble era sólida y reconfortante bajo mis pies

profunda y salté

despreocupadamente.

Mis extremidades agitándose dieron un buen salpicón y sonreí bajo el agua. Abrí los ojos y observé las pequeñas ondas disiparse en la translúcida superficie.

descalzos. Miré

hacia

la

parte

más

¡Excelente! gritaron los otros mientras salía a la superficie.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que me había sentido tan libre. Satisfecha, me senté cerca del borde de la piscina y llevé

mis piernas hacia mi pecho para calentarme. Todavía había una sensación

de ansiedad dentro de mí que me decía que probablemente debería ir a

casa. Sólo que ahora no había razón para eso.

¿Estás lista para irte? gritó Lark.

Estoy lista, pero no hay prisa. Puedo esperar.

Lark remó hacia mí y se posó a mis pies. El agua brillaba en su piel pálida.

¿Estás aburrida?

Para nada. Está agradable aquí afuera. Sólo me estoy relajando. Este lugar es hermoso. Por primera vez noté que Lark tenía una notable cicatriz que le atravesaba la ceja. El agua había lavado todo el maquillaje que ella tan cuidadosamente se había puesto. Era el único defecto en ella y de alguna manera sólo le añadía belleza.

Caminamos descalzos de regreso a casa, evitando las rocas y la basura. Una vez en casa los invité a entrar. Gale dijo que tenía que llegar a casa y empezar alguna tarea, pero Lark me siguió.

preguntó echando un vistazo a las

fotografías sobre la chimenea.

encendí el televisor y me puse a buscar algo que ver entre los canales.

Miró boquiabierta la versión joven de Jena y yo sentadas una al lado

de la otra en la estructura de barras. Subir la altísima media cúpula

geodésica era una conquista que sólo los niños más valientes conseguían.

Jena prácticamente me arrastró hasta la cima.

Era una foto de contrastes. Aunque las dos teníamos cabello oscuro,

mi piel morena era incompatible con la piel clara de mi hermana.

Estábamos acostumbradas a que asumieran que una de las dos era adoptada. Una teoría descartada por cualquiera que conociera a mis padres.

¿Esa

es

tu

hermana?

Guau, eres idéntica a tu padre dijo pasando un dedo sobre el borde de una diminuta fotografía de él que todavía conservábamos.

Sí, lo sé. Me lo habían dicho cientos de veces pero aun así todavía me hacía sentir un poco de resentimiento. Sin importar qué, él siempre sería parte de mí, cada vez que me mirara al espejo. Aunque parecía que de lo contrario él podría desaparecer.

Lark

mientras tomaba asiento en el sillón.

¿Qué

harás

cuando

acabes

el

bachillerato?

preguntó

No tengo idea. Me giré hacia ella después de poner una nostálgica caricatura. Pensé que quería ser artista. Pero ahora, después de ver lo duro que mi madre trabaja para apañárselas, no me parece una opción realista. ¿Qué hay de ti?

Tiene que ser algo con animales. Cuando era pequeña tenía planeado ser veterinaria pero después de mi primera disección en biología, decidí que cortar carne y masa muscular no era lo mío. Seguramente obtenga un título en biología e intente conseguir trabajo en algún refugio animal.

Aunque no quería ir a la universidad, particularmente, había aceptado que formaba parte de mi plan para vivir la vida auto-suficiente que quería. Por desgracia, había sido la última de mis preocupaciones recientes. Todavía debía decidir una carrera. Pero aún tenía tiempo y podría empezar a pensar nuevamente en el futuro cuando nos hubiéramos establecido.

Suena como un plan excelente plan concedí juntando las manos sobre mi regazo. Que te paguen por jugar con animales.

Lo sé, ¿verdad? Oye, soy voluntaria en el refugio de animales los domingos. ¡Deberías venir conmigo alguna vez!

De ninguna manera. No podría soportar ver a esas mascotas sin hogar.

Lo sé, es totalmente terrible, pero alguien tiene que cuidar de todos los perros y gatos que la gente estúpida deshecha. Además, siento que jugar con ellos y sacarlos a pasear hace que sus vidas sean mucho menos miserables dijo tristemente.

Totalmente, eso es muy considerado de tu parte.

Bueno, cuando estés lista para un gato o un perro sólo me avisas. Elegiré uno para ti dijo sonriendo al tiempo que miraba su reloj de goma rosado. Hora de la cena. Supongo que te veré a primera hora. Caminó hacia la puerta principal prácticamente dando saltitos.

Una vez sola en el sillón, comparé el dulce carácter de Lark con las

malvadas chicas que había dejado atrás. El día anterior a que me fuera, una docena de nosotras estábamos sentadas alrededor de una fogata jugando verdad o reto en casa de mi amiga Lory.

Verdad dije cuando fue mi turno. Si hubiera dicho reto me hubieran hecho besar a alguien. Eran totalmente predecibles. Tal vez sólo estaba asustada, pero creía de todo corazón que mi primer beso debía ser especial y no consecuencia de un juego.

Dinos la verdad dijo Lory seriamente. ¿Estás triste porque te marchas?

No respondí honestamente. Probablemente habrá surfistas guapos en Santa Bárbara agregué de manera insinuante mientras ellas estallaban en gritos.

Me pregunté cuál chisme inútil me había perdido la semana anterior. Fui a la computadora y revisé mi correo. Había un mensaje nuevo de Lory.

Te pediste una fiesta increíble anoche. Tu ex estuvo preguntando por ti. ¡Saluda a todos los surfistas guapos por mí! Lo cerré sin responder. Mi "ex" era un guapo deportista con el que había salido como por una semana. El tiempo suficiente para que pudiera sentirme bien conmigo misma, pero también lo suficiente como para que me preguntara por qué estaba con alguien tan egoísta y falto de carácter. Nuestra relación llegó a su clímax cuando íbamos de la mano desde la clase de matemáticas hacia el estacionamiento, donde él se inclinó lentamente hacia adelante y yo hice un rápido escape. Sin embargo, al parecer rompí su corazón y mi feroz reputación perduró.

***

Mi madre vino esa noche justo cuando estaba saliendo de la ducha. Con mi pijama de franela y mi ondulado cabello húmedo recogido, me reuní con ella en el vestíbulo. ¿Cómo estuvo tu día?

Bien. Aunque cuéntame sobre el tuyo dijo mi madre dirigiéndose a la cocina. Puso sus cosas sobre la mesa de la cocina y frunció el ceño. Ayer ni siquiera recordé preguntarte cómo estuvo tu primer día de escuela.

Me incliné pensativa sobre la encimera. Mientras recordaba todos los primeros días en mis escuelas anteriores decidí que este podría haber sido el mejor primer día que jamás hubiera tenido. No hubo casi-desastres, ni giros equivocados u horribles situaciones vergonzosas.

En resumen, mucho mejor de lo que podía haber esperado.

Eso suena bastante bien dijo desplomándose sobre una silla. ¿Quiénes son esos chicos que vinieron en la mañana? Fue muy amable de

su parte.

No pude estar más de acuerdo. Esos son Lark y Gale. Parecen muy buenas personas. Realmente tuve suerte. Viven cerca de aquí.

¿Qué hay de tus clases? ¿Tienes mucha tarea, para ponerte al día? dijo mientras se quitaba los broches del cabello, dejándolo caer sobre sus orejas.

No. Ya he leído el libro que se suponía que debía leer para inglés. Sólo tengo que repasar las notas de química y aprender el alfabeto en español. No mucho trabajo.

Bajó la voz y miró por sobre su hombro. ¿Jena parecía estar bien?

Eso creo. Intenté de sonar esperanzada. A decir verdad, mi hermana era probablemente la más fuerte de nosotras. Eso era precisamente lo que la hacía tan terca y complicada.

Bien. Espero que no le tome demasiado tiempo perdonarme por traerla aquí.

A excepción de los últimos dos años, habíamos pasado la niñez entera mudándonos. A esta altura ya éramos expertas en empezar de nuevo.

Sólo dale tiempo. Tan pronto decida que le gusta este lugar olvidará porqué estaba tan enfadada en primer lugar.

Me fui a la cama esa noche y me tapé hasta la barbilla con mi colcha de retazos, descansando en sus suaves pliegues de algodón. Mi abuela la había hecho para mí cuando yo era bebé y en vez de atesorarla como otras familias habrían hecho, mis padres me criaron con ella. La colcha servía como mantel de picnic, techo de varias de mis carpas improvisadas y me calentaba todas las noches.

Cuando estaba a punto de quedarme dormida dos golpecitos en la pared de la habitación me despertaron. Sonreí sorprendida y devolví el golpe. Muchos, muchos años antes, cuando cada una tenía su propia cama, Jena y yo habíamos inventado nuestro propio código de golpes. Dos golpes significaban buenas noches.

5

Avi

Traducido por Ashira Corregido por EliBlackWay

Sentada en un taburete con vaqueros y sandalias de cuero, añadí cuidadosamente esmalte amarillo brillante a mi pálido florero. Luego de una cuidadosa consideración, añadí un poco de naranja a mi pincel, mezclándolo suavemente.

Amiga, el tuyo va a lucir mucho mejor que el mío dijo Jay enfurruñado. De algún modo había conseguido que su tarro se volviera de un tono verde militar que se volvía más y más café a medida que intentaba corregir el color.

No pude evitar sonreír. Ten. Empujé un tono café tierra hacia él.

Solo cúbrelo todo con esto.

Pero no quiero que sea café. Quejándose, alejó todo como si se estuviera rindiendo.

Creo que es un poco tarde para eso. En serio, cada vez lucía más como popo de gato. Intenté no reírme.

¿Lo harías por mí? preguntó, con esos brillantes ojos azul cielo.

No sé por qué, pero era difícil mirar a un chico de apariencia dura,

hacer un puchero.

Bien cedí.

Jay se levantó de su asiento y puso sus enormes brazos alrededor mío.

Gracias, eres muy amable, Avi.

Mi nombre sonó realmente bien cuando lo dijo, y me provocó un

estremecimiento por todas partes. Tampoco podía creer lo bien que olía.

Como a goma de mascar de menta, pero también a alguna increíble colonia.

Guau, soy débil.

***

Vestida para nadar, di varias vueltas como una campeona, luego me mantuve a flote por diez minutos con los demás. Era realmente miserable, pero estaba determinada a no quejarme, y secretamente me gustó la autodisciplina. Todos parecían muy enfocados en sí mismos durante esa

clase. Las chicas siempre estaban preocupadas acerca de su apariencia en sus trajes de baño o qué tanto estaban arruinando su cabello. Los chicos pasaban cada minuto libre tratando de empujarse unos a otros en la piscina, o compitiendo entre sí. Yo era felizmente invisible.

Me enjuagué en la ducha y sequé mi cabello con una toalla, mientras

la mayoría de las chicas se apresuraban a maquillarse y mirarse en el

espejo. Nadie nunca notó mi existencia, lo cual estaba bien para mí. Dejé

mi

cabello suelto para que se secara con el sol mientras caminaba hacia

las

masas.

Lark y Gale estaban cerca del asta de bandera durante el receso. Por alguna razón me sorprendió verlos entre un grupo de otras personas. Gale estaba sonriendo y hablando acerca de algo que su profesor hizo. Tal vez

no fuera tan tímido como yo esperaba.

de

adolescentes. Lark estaba sentada en una maceta con otra chica.

Sonriendo, me saludó. ¡Oye Avi! ¡Ven a sentarte con nosotros! ¿Quieres algunas papas fritas? Me acercó la bolsa azul metálico y tomé un puñado. Eran de barbacoa, mis favoritas. Lark señaló a la chica sentada a su lado. Esta es Robin, Robin esta es Avi.

Cuando mis ojos alcanzaron el rostro de la chica, me congelé. Increíble.

Hola. Mi sonrisa falsa no estuvo ni medio-bien. Era la chica que dijo que robé su asiento en la clase de historia.

Segura de

que

sería bienvenida, me

acerqué

a

la multitud

Robin presionó los labios y dejó salir un largo suspiro.

Te veo después le dijo a Lark, tengo que llegar temprano a clase hoy. Se puso de pie y se tambaleó un poco en sus zapatos de tacón al hacer una salida lo más rápido posible.

Cerré los ojos, pensando que se iba a caer y también me iba a culpar por eso. Cuando los abrí ya se había ido.

No creo agradarle mucho dije, sentándome.

Tonterías. ¿Por qué no? preguntó Lark ofreciéndome más papas fritas.

Robé su asiento y la atención de algún chico.

¿Qué chico? dejó de masticar.

Jay, algo. Cabello rubio, algo musculoso.

¿Jay Osprey?

Tal vez. Me reí.

¿Jay lindos ojos azules?

Tiene que ser él respondí, segura.

Le gusta desde que averiguó que no se le pegaría ningún piojo Lark se rió. ¡Encontraste su debilidad! Nunca va a dejar de odiarte. Se rio sin control como el villano de alguna historieta.

¿Cómo era eso divertido?

Bien, ya entendí dije, y le pegué en el brazo.

Ella solo empezó a reírse más fuerte, hasta que empezaron a caerle lágrimas por el rostro.

¿Estás bien? Pero ella solo movió la cabeza. No pude mantener una cara seria. Su histeria era contagiosa.

Oh oh, la descompusiste. Gale se acercó a nosotras. Qué bueno que los tres tenemos inglés después, tal vez tengas que ayudarme con ella.

Después de salpicar algo de agua en su cara en el lavabo del baño y de unos minutos de silencio, Lark sonreía ligeramente. Su cicatriz era apenas visible nuevamente, con algo de maquillaje desvanecido. Me gustó. La hacía más real.

Perdón dijo, pasa a veces. Creo que es cosa del azúcar o tal vez no dormí lo suficiente…

Bueno, si necesitas azúcar no me importaría tener una razón para ir a BB’s después de clases admití.

Acabé

prometió

Lark.

Se

frunciendo el ceño en su reflejo.

aplicó

más

brillo

labial

color

rosa,

No te preocupes, estás perfecta.

Difícilmente dijo ella, arreglando un mechón de su cabello.

Caminamos a la clase juntas hombro con hombro. Ella saludó a un par de chicas, una usaba medias de red y la otra unos calentadores de arcoíris. Parecían estar demandando atención con sus accesorios exóticos. No eran el tipo de personas del que sería naturalmente amiga, dado que me gusta pasar inadvertida.

Conoces a todo el mundo ¿no es así? pregunté con envidia.

No es que lo quisiera para mí misma, solo que su personalidad era muy admirable.

La mayoría de nosotros crecimos juntos, y son lo suficientemente amables. Estaría condenada si tuviera que seguir algún código social. Y aquellos con los que no crecimos también necesitan amor dijo

pestañeando juguetonamente hacia mí.

Nos sentamos con cuidado mientras la profesora Pitta leía ejemplos de los mejores reportes de lectura que había recibido de sus estudiantes en el pasado, para darnos algunas ideas para los nuestros. Después de eso, leímos en silencio durante el resto del período de clase. Pretendíamos leer “El señor de las moscas”, mi mente estaba divagando, pensando en Jay, sintiéndose mal por Robin, y recordándome la fortuna de encontrar a Lark y Gale. Y sobre galletas de chocolate.

Jay no era el tipo de chico con el que saldría, pero aun así no podía evitar que me gustara.

Imaginé que mi escasa experiencia en citas era mi propia culpa, por pasar tanto tiempo en casa esperando de brazos cruzados por un tipo que realmente valiera la pena. Secretamente temía que nunca me fuera a pasar a mí. Pero, eso no es posible ¿o sí? Eventualmente algo tenía que pasar.

¿Qué tal? vociferó BB cuando entramos por la puerta principal. ¿Entonces qué te pareció la comida? me preguntó, deslizando sus tenazas en su delantal.

¡Todo estuvo estupendo!

Bien, porque podría necesitar algo de ayuda por aquí, y puesto que eres la única que se ha molestado en preguntar…

Me quedé sin habla.

Solo puedo pagar diez dólares por hora añadió rápidamente.

Recuperé el habla.

¡Diez es genial!

De verdad estaba bien, era más de lo que esperaba.

¿Estás libre ahora mismo? preguntó. Porque realmente me estoy volviendo loca intentando limpiar a medida que avanzo.

¡Por supuesto! me despedí de Lark y Gale con la mano y seguí a BB a la cocina.

Lava algunos trastes y limpia. Cuando termines ven a la caja registradora para enseñarte.

No hay problema. Intenté aparentar ser competente.

Me dejó sola en una enorme cocina blanca. Había al menos una docena de charolas para hornear apiladas en la encimera, un lavabo lleno de cuencos y utensilios sucios, y un fino polvo de harina sobre la mayor parte del linóleo de color marrón pálido. Sonreí. Adoro los retos.

Terminé a las cinco en punto y me uní a BB en el mostrador.

¿Todavía estás bien? preguntó ella, embolsando la orden de alguien.

Definitivamente.

Todavía estaba muy concurrido en la entrada y había una pequeña fila de gente esperando. Aparentemente ella estaba en el negocio adecuado.

BB me entregó unas tenazas y señaló hacia una caja de guantes de plástico. Lo hice bastante bien, solo vacilé cuando alguien pidió profiterol, y de nuevo cuando no pude diferenciar la tarta danesa de queso de fresa y la de queso de frambuesa, con solo mirarlos. BB también tuvo que detenerse y hacer una malteada, dos veces. Después de mirarla pude hacer una también. Mi mente estaba cien por ciento concentrada en realizar lo que estaba haciendo.

Pastelillo amarillo de arándanos en la pequeña caja color rosa.

Dos galletas de chocolate en la bolsa blanca transparente.

Sonrisa.

A la orden.

¡Ups! Guantes nuevos.

Media docena de croissants, en la bolsa grande.

¿Mmm? Oh, sonríe.

Cuando la venta disminuyó, BB me invitó a verla cobrar a los clientes. Su sistema era muy simple. Había un precio fijo para todas las galletas, las pastas y todos los pasteles. Me hizo una hoja con trucos y lo metió en la parte trasera del mostrador.

Sabía que necesitaba ayuda desde hace un tiempo, pero nunca hay tiempo suficiente para entrenar a alguien. Sonrió, pareciendo complacida. Lo estás haciendo genial.

A las siete cerramos la tienda. Ayudé a BB a hacer algo de masa para galletas que necesitaba reposar durante la noche, pidiendo disculpas por tener que ir a la escuela a la mañana siguiente.

Vendré tan pronto como salga le ofrecí.

Está bien Avi. Me envió a casa con una gran caja de golosinas sobrantes. Los clientes esperan algo fresco. Estoy feliz de que no se tengan que desperdiciar ahora.

¡Yo también!

Caminé a casa sintiéndome profundamente satisfecha, mientras el sol se ocultaba en el cielo.

La pálida cara preocupada de Jena me saludó cuando abrió la puerta principal antes de que tuviera la oportunidad de desbloquearla. Había llegado antes que yo a casa.

Perdón, Jena. Una sensación de culpa se instaló en mis entrañas mientras ella me rodeaba con sus escuálidos brazos. Conseguí un empleo hoy.

No había forma de llamarla o hacérselo saber. La contestadora no estaba conectada y ninguna de nosotros tenía celular. Arcaico, lo sé. No hemos sido capaces de afrontar ese gasto extra. Entonces, se dio cuenta de la caja en mis manos, el ceño de Jena se convirtió en una sonrisa. Me lo quitó felizmente.

Justo cuando estaba poniendo mis cosas en el mostrador de la cocina, brillaron las luces de un auto en las ventanas frontales y mi mamá se estacionó en la entrada. Minutos después se nos unió en la cocina.

Bien, tengo buenas nuevas empecé.

Mamá no lucía nada feliz, no obstante. Su pesado bolso cayó con un ruido sordo junto al mio en el piso azul.

¿Qué pasa?

¿Mmm? Ah, no es nada. Solo estoy cansada. Se frotó las cejas como para disminuir las líneas de expresión. ¿Cuáles son las buenas noticias?

No le creí, pero pude decir que no quería hablar acerca de ello.

¡Esto te animará! Deslicé la caja rosa hacia ella.

Mamá levantó la tapa, sorprendida como si fuera una broma.

¿De dónde vino todo esto?

Hay una grandiosa pastelería llamada BB’s en el centro. Le pregunté a la dueña si necesitaba ayuda y ¡me contrató!

Luciendo hambrienta, mamá tomó un croissant de chocolate de entre la variedad en la caja. Por un momento estuvo tranquila, pensativa, masticando. Pude ver la duda y la consternación en sus pensamientos.

No dejarás que interfiera con la escuela dijo con severidad, agitando su dedo índice hacia mí en completo tono madre responsable.

¡Claro que no!

Y también come algunos vegetales dijo dirigiéndose a la ducha. ¡No te tendré viviendo de cosas horneadas! dijo en voz alta mientras

abría el agua de la regadera.

¡Comeré mis vegetales! respondí sonriendo, lo que me recordó, realmente necesitábamos ir a comprar comestibles.

Después miré como masticaba delicadamente su pequeña cena a base de salami frito y galletas, la estrecha constitución de su cuerpo se hundía en una colcha de ganchillo. Necesitaba comer mejor. Necesitábamos comida real. Sin embargo el efectivo sin duda estaba disminuyendo.

¿Tenemos suficiente dinero para ir de compras?

Tendré mi primer cheque el viernes. Solo un día más de comida chatarra. Lo siento dijo y en silencio se concentró en su comida para evitar encontrarse con mis ojos.

Oye, está bien, ganaré diez dólares por hora en la pastelería. Todo debería ser más fácil con las dos teniendo nuevos empleos. La animé. Además, los vegetales no son tan caros.

Mamá sonrió irónicamente.

Dije que tú tenías que comer vegetales, no yo. Se puso una gran rebanada de salami en la boca e hizo una mueca divertida.

Ya veremos.

6

Él

Traducido SOS por Tessa_ Corregido por HMarisol

Soñé con Avi. Mientras corría rápido al lado del océano, levanté la mirada y la encontré de pie en la espuma, en un traje de baño negro mojado. No era demasiado revelador, pero sus largas piernas estaban suficientemente expuestas para hacerme sentir como si debiera mirar hacia otro lado. Me acerqué a ella con ilusión, pero cuando me acerqué vi la mirada de horror en su rostro.

¿Qué eres? susurró.

Mi cara se arrugó.

¿Qué quieres decir? No había respuesta correcta a esa pregunta. Yo no sabía que me había hecho más rápido o más fuerte que los demás. La frustración me golpeó como un puño lleno de la realidad, haciéndome odiarme. Odiaba la sangre en mis venas, odiaba mi descuidada indiscreción, y odiaba mi propia piel.

tartamudeó,

La

gente

no

se

mueve

de

esa

manera

retrocediendo por reflejo.

Sentí el miedo, el juicio proyectado por sus ojos. Lo siento. No te vayas rogué, con cada gota de esperanza que me quedaba.

El sudor me cubría cuando volví a la consciencia. Una burbuja de ira se formó en mi garganta. Incluso si ella era la correcta, la que yo quería, ¿cuánto tiempo tendría que esconder mi yo verdadero?

Sin ánimos de repetir mis sueños, esa mañana me decidí a correr por una ruta diferente de la normal. Corrí hasta que me perdí entre un campo boscoso lleno de árboles de abedul, antes de permitirme un poco de sabor a libertad. Sólo un poco, no obstante. El área era desconocida, así que no podía estar seguro si había casas cerca, o la probabilidad de otros corredores.

En la planta baja, vertí masa grumosa en la plancha. El rico olor de los panqueques trajo a mis padres a la mesa. Mi padre estaba complacido con ellos, pero para mí no eran más que discos con sabor a harina. La realidad pesaba sobre mí.

Hojeé el periódico, ya que no quería llegar a la escuela demasiado temprano. En realidad, no quería ir a la escuela para nada. Un titular en

negrita informaba: “Hombre sale del hospital, sólo días después de sobrevivir a un accidente en el aterrizaje forzoso de un helicóptero.” Casualmente, doblé la página en dos y la puse en mi regazo. Más tarde leería cada detalle, para ver si él podría ser indestructible como yo.

No me malinterpreten, tal vez no soy literalmente indestructible. Hay una manera de matarlo todo, ¿no? Pero desde que fui atropellado por un auto hace diez años, hice algunas cosas bastante estúpidas para poner a prueba mis límites. Y créanme, no soy normal. Mastiqué el panqueque, actuando obedientemente como un niño promedio, por amor a mis padres, antes de agarrar mi mochila y dirigirme a la escuela.

El periódico se mofaba de mí desde mi mochila, pero tendría que esperar hasta más tarde cuando estuviera solo. Sólo Avi proporcionaba suficiente distracción para olvidarme de éste. A pesar de que sabía que era una mala idea, me encontré hablando con ella. Apegándome a una pequeña charla segura, consumí cada respiración suya, cada palabra. Al final resultó que, ella era amable e inteligente. Claramente no tenía idea de cuán hermosa era, manteniéndose bajo el radar con sus jeans casuales y su cabello desordenado. Pero las chicas matarían por sus rasgos faciales, y los chicos harían cosas peores por su cuerpo.

El pensamiento me sorprendió, y me sentí de repente protector, posesivo. No la podía imaginar con cualquier otra persona. No es que yo la mereciera, pero los otros chicos de nuestra humilde escuela secundaria seguro como el infierno no lo hacían.

¿Qué voy a hacer?

¿Qué está pasando contigo? Mi madre me preguntó durante mi cena a medio comer . ¿Son demasiado difíciles tus clases este año?

No. La idea era tan descabellada que me reí a carcajadas, una risa tan necesitada. Gracias mamá, pensé. Luego decidí que no había nada de malo en un poco de verdad y uniéndolo añadí: Hay cierta chica…

¿Ah sí?

Mis padres ni siquiera habían conocido o escuchado de Kirra, ya que nunca había ido en serio con ella. Realmente nunca hablaba de ninguna chica. Avi estaba llegando a mí de alguna manera.

Guau, me gusta Avi. Sí. Ella parece tan diferente de las otras chicas. Al escucharme decir esto en voz alta, sonaba como un eufemismo colosal.

¿Cómo así? preguntó ella, mientras papá volvía su atención de

los platos sucios a nosotros.

Sólo la forma en que me hace sentir, supongo. ¿Qué era? Ella no hacía un esfuerzo, como las otras chicas, y sin embargo, destacaba mucho para mí. Pensé que debían ser las hormonas.

Bueno, ¿por qué no hablas con ella?

Lo hago. Pero con cuidado. Tengo novia.

Evidentemente era un problema que tendría que abordar tarde o temprano.

Invítala a una cita intervino mi padre. Tu madre y yo nos conocimos en la escuela secundaria, ya sabes. Tuvimos clases juntos varios años y ella ni siquiera sabía que existía. Siempre había algún otro chico persiguiéndola, tratando de robar su atención. Nunca pensé que tuviera mucha oportunidad. Hasta el día que me estacioné en esa brillante camioneta azul Ford F-series nueva. Sonrió con orgullo. Todo el mundo admiraba esa cosa.

Mi madre rodó los ojos, habiendo oído la historia cientos de veces. Personalmente, yo estaba bastante seguro de que no había nada espectacular sobre la camioneta.

Resultó que el color favorito de tu madre era el azul, y le gustaba toda la atención que conseguía al pasear conmigo. Supongo que con el tiempo llegó a gustarle el conductor del camión, también. Maldita suerte como todo resultó para mí, ¿eh?

Me reí. Él era de mucha ayuda.

Te hubiese amado con o sin ese viejo camión intervino mi madre. Cuando dos personas están destinadas a estar juntos, Dios los empuja a la vez, hasta que se encuentran en algún lugar en el medio.

Los observé con reverencia, con la esperanza de que mi madre tuviese razón. Porque yo estaba bastante seguro de que Avi no iba a fijarse en mí por el viejo camión de papá.

Excusándome para ir a la cama, cerré mi puerta y desdoblé el periódico frente a mí. Enfocándome en el accidente de helicóptero que vi antes, sopesé los hechos. Los detalles importaban.

Sin otros sobrevivientes.

Treinta mil pies.

Aterrizó en la parte alta de Sierra Nevada.

Tres días pasaron antes de que encontrara ayuda.

Era todo lo que había estado buscando. Saqué mi laptop, busqué

Deryn Sparrow y rastreé las direcciones mencionadas como probable residencia actual. Bolígrafo en mano, traté de pensar en una forma críptica de preguntar lo que necesitaba preguntar. Finalmente sólo escribí:

¿Sabía usted? ¿Qué sabe usted ahora? Por favor, ayuda.

Eso tendría que servir, para que no fuera a caer en las manos equivocadas lo cual, en realidad, era mucho más probable cuanto más me crecían mis esperanzas. Mi vida tenía demasiadas variables últimamente, y no me gustaba.

Arrodillado en el suelo, saqué el panel trasero de mi altavoz. Ya no estaba conectado a la música, el sonido habría sido demasiado distorsionado. En el interior estaban todos los artículos que había reunido en los últimos años, de Internet, revistas y periódicos, cuidadosamente doblados y apilados. Solía haber un libro entre ellos, una enciclopedia de seres míticos, pero en mi último cumpleaños la había quemado.

No soy un vampiro, ni un hombre lobo, y para que conste, dudo que alguna vez se haya hecho una novela sobre mi tipo.

Doblé el papel de nuevo y lo añadí a la pila. Tal vez lo único de lo que estaba seguro era que no estaba solo. Porque eso sería estadísticamente inimaginable. Mi teoría, la única teoría que no podía refutar, era que yo poseía algún tipo de mutación genética. Tal vez nací con ella, o tal vez me paré demasiado cerca de un horno de microondas cuando niño y resulté dañado.

A las 2:00 a.m. salí sigilosamente de mi dormitorio. Mis padres estaban al otro lado del pasillo roncando como cabras. De pie en la sala de estar, en pantalones de gimnasia y zapatillas de correr, me sentí como si estuviera olvidando algo. Agarré una botella de agua.

Afuera estaba completamente tranquilo. Las olas salpicaban como una canción de cuna tranquila, sin gaviotas o seres humanos que la interrumpieran. Una luna menguante era suficiente en el oscuro cielo para permitirme mover a través de las sombras sin ser visto. Me acerqué a la escuela secundaria. La camioneta habría despertado mis padres, además de que, realmente, no había un lugar discreto para estacionarla.

Bruscamente consciente de mi entorno, salté fácilmente sobre el alta cerca de alambre. Habría seguridad patrullando la mayor parte de la escuela, incluso cámaras, pero ninguna a donde tenía que ir. Si alguien estaba despierto, si alguien estaba merodeando por la escuela vacía, todavía tenía la oscuridad de mi lado.

Cuando llegué a la pista, puse mi botella de agua y las llaves de la casa en las gradas. Aunque parecía inútil, estiré las piernas y los brazos como había visto hacer a otras personas antes de correr. Estaba ansioso

por ver cómo había cambiado mi tiempo de carrera en los últimos cinco años. Había pasado mucho tiempo desde que quise probar, realmente, lo que mi cuerpo podía hacer. Me imaginaba que el tiempo me había hecho más rápido y más fuerte, pero los números me dirían más. Necesitaba saber más. Si no había otras respuestas para mí, por lo menos tendría un pequeño trocito más de información.

Encapuchado en la oscuridad, me puse de pie detrás de la línea de salida en el carril interior. Mi corazón ya galopaba con anticipación. Impulsándome hacia adelante, mientras simultáneamente golpeaba el cronómetro, salí como una ráfaga a través de la fría noche.

Mi cuerpo se sentía extraño. No recordaba cómo se sentía intentar,

presionarme. Mis músculos crecieron y mi alma se sentía ingrávida. Parecía como si mis extremidades se movieran mecánicamente con el impulso. Entre la oscuridad y la borrosa velocidad, lo único que me atrevía a mirar eran las líneas de la pista que marcaban dónde estaba.

La milla pasó a una velocidad inimaginablemente rápida. Después de

sólo tres minutos y cinco segundos golpeé el botón detener en mi reloj y me derrumbé en la pista. Eso fue, sin duda, más rápido que antes. Mis brazos extendidos a los costados, rozando el áspero suelo. Me aferré a la

sensación de velocidad, de la carrera, durante todo el tiempo que pude.

Cuando mi cuerpo se relajó, pensé en hacerlo de nuevo. Probablemente podría esforzarme más. Riendo, decidí que era suficiente riesgo por una noche. Sería mejor volver a casa antes de que mi suerte se acabara. Antes de que alguien deambulara por ahí y tratara de reclutarme para el equipo.

7

Avi

Traducido SOS por Adri Hime Corregido por Jossy Maddox

Me sentía bien mientras iba hacia química. Había dormido bien y me sentía linda en mi camiseta de la suerte. Era una camiseta lisa de color azul marino, pero me quedaba bien y era súper suave.

Pareces feliz. Phoenix levantó la vista de sus notas. Me miró con curiosidad por un segundo. Desearía no tener que hacerte esto, pero mira… —Señaló el pizarrón al frente. Había una lista de “cosas por hacer” y la primera era un examen sorpresa.

Se me borró la sonrisa. No había repasado mis notas todavía. Me sentí como una idiota.

Maldición dije en voz baja.

¿Malas noticias? preguntó Phoenix.

Totalmente.

Bueno, podemos hacer esto. Faltan cinco minutos antes de que comience la clase, es el primer examen del año, no puede ser tan malo. ¿De qué está hecho un átomo? preguntó.

Uhhhh. Esto lo sé, pensé.

Protones, neutrones y electrones. ¿De qué está hecho el núcleo?

Ehhh

Protones y neutrones me dijo Phoenix mientras el profesor entraba con una pila de papeles. Solo recuerda que los protones determinan el número atómico, los electrones tienen una carga negativa, y los protones tienen

Una carga positiva lo interrumpí. Gracias, recuerdo un poco de mi antiguo colegio.

El silencio cayó sobre el aula cuando se repartieron las hojas blancas. Tomé mi lápiz y dejé salir el aire que había estado conteniendo. Phoenix tenía razón, el examen era súper básico. Parecía que el profesor Miller no estaba muy exigente, o podría haber hecho algunas preguntas técnicas sobre nuestro último proyecto. Aprovechamos lo que quedaba de la clase para escribir nuestros reportes del laboratorio sobre análisis volumétrico

mientras él, sentado, corregía nuestros exámenes. Con un piloto Sharpie de color rojo en la mano, corregía y marcaba con atención.

Yo escribía un párrafo que definía un catalizador cuando sentí la mirada de Phoenix sobre mí. Levanté la mirada inquisidoramente.

Solo me preguntaba como definiste ensayo preguntó.

No he llegado allá. Vas mucho más adelante que yo. Negué con la cabeza. Como cinco preguntas más adelante que yo. Enfócate. ¿Qué pusiste para un enlace no covalente?

Enlace débil.

¿Eso es todo? ¿Sin ejemplos?

Nop.

Eres un débil. Me reí a medias.

Phoenix me sonrió de lado y me miró como si estuviera evaluándome.

¿Qué estás leyendo? Señaló con su lápiz la cubierta roja que sobresalía de mi bolso.

Oh. Estaba un poco sorprendida, y por alguna razón, avergonzada. Lo saqué y se lo entregué. Phoenix escaneó la cubierta antes de girarlo para leer la parte de atrás. Había esperado una mirada superficial.

¿Está bueno?

Es uno de mis favoritos. Deberías leerlo, si quieres.

¿Me lo prestarías?

Puedes llevártelo si me prometes leerlo le ofrecí impulsivamente, sintiendo tanto la pérdida como la satisfacción de darle algo que pensaba que era genial. Phoenix solo sonrió amablemente, como si fuera perfectamente ordinario intercambiar novelas, y añadió la joya roja a su pila de textos.

El señor Miller nos devolvió nuestros exámenes cinco minutos antes de que sonara el timbre. Obtuve un noventa y ocho por ciento. Phoenix un cien.

¡Excelente! lo felicité.

Tú eres excelente me respondió. Con una sonrisa de suficiencia, se dirigió a la puerta antes de que pudiera contestarle.

Mientras caminaba por los pasillos, casi me volvió la sonrisa antes de toparme con Jay. Instintivamente, me puse paranoica, mirando alrededor en busca de Robin.

¿Puedo acompañarte a clase? me preguntó.

Él no parecía del tipo que aceptara un no por respuesta.

Claro. Ya lo estás haciendo, pensé un poco irritada.

Te ves muy bien hoy me dijo, acosándome con sus ojos.

Gracias. Levanté una ceja de manera inquisitiva. De alguna manera me subió el autoestima y me hizo sentir barata al mismo tiempo. Era un poco perturbador.

¿Vas a venir a la fiesta mañana por la noche en casa de Starling?

No, tengo cosas que hacer mentí sin dudar, sorprendiéndome. La antigua yo simplemente le hubiese dicho que no tenía ganas.

Demasiado cool para el colegio, ¿eh? Tal vez la próxima vez

entonces. Rozó sus dedos contra la parte baja de mi espalda, provocándome escalofríos mientras entrábamos a clase. Odiaba lo arrogante que era. Resentía la manera en que mis nervios se encendían y

mi estómago daba un vuelco cuando nos tocábamos. Y Robin

definitivamente vio eso, lo que también me enojó. De todos modos, ¿por

qué debería preocuparme lo que ella pensara?

Tal vez vaya a la fiesta esta noche murmuré.

¿Sí? preguntó Jay.

Contemplé la idea durante el resto de la clase, sonriendo a Jay mientras nuestra profesora de historia nos hacía tomar turnos para leer el texto. Cuando fue mi turno de leer, leí con confianza, ignorando tercamente los rostros que aprovecharon la oportunidad para diseccionarme.

Durante el almuerzo, me vi envuelta en un juego con Gale, Lark y unas

diez personas a quienes había comenzado a reconocer y decir hola.

Nunca he estado en Hawái. ¿Has estado alguna vez fuera del país? me preguntó Lark.

He estado fuera del país. En Jamaica. ¿Alguna vez jugaste un deporte? le pregunté a Gale.

Nunca he jugado un deporte. ¿Alguna vez te has escapado de tu casa por la noche? le preguntó al chico que estaba a su lado.

Me he escapado por la noche, tan solo para sentarme en el techo. ¿Alguna vez me has mentido? le preguntó a su novia.

Te he mentido. Realmente no me gusta tu gato tanto como finjo. Ella se rio.

Y así siguió durante casi cuarenta minutos hasta que tuvimos que ir a

clase.

Gale y yo caminamos hacia la clase de español, juntos. Sus cordones, de un verde peculiar, se mezclaban con el césped, moviéndose erráticamente mientras él se balanceaba a mi lado.

¿Cómo va el nuevo trabajo? me preguntó para llenar el silencio.

Genial. Ahora sé lo que es un profiterol, y me puedo llevar a casa un montón de comida sobrante cada noche.

Ugh, tienes suerte de que no se me ocurriera preguntar por ese trabajo primero. Esa mujer podría haberme pagado tan solo con comida y quedarse con todo el dinero bromeó. Gale tenía la mejor risa, jadeante como la de un viejo que fumó demasiado. Me contagiaba de risa.

La señorita Vuela escribió cinco nuevas palabras en el pizarrón para que nosotros aprendiéramos, y logré cantar débilmente con todos casi toda la canción del alfabeto. Incluso sabía lo que estaba pasando en la novela. No porque entendiera cada palabra, sino porque su lenguaje corporal era fácil de leer.

Pareces distraída observó Lark mientras dejábamos el colegio esa tarde. Tenía razón. Había estado repasando las cosas casuales que Jay me había dicho, e imaginando cómo sería ir a la fiesta del viernes. Ya había decidido que no iría. Sería mejor dejar a Jay y a mí a la imaginación, y pasar mi tiempo real en la nueva casa y en el supermercado con mamá.

¿Distraída? No quería mentirle a Lark, pero no era algo que quería compartir tampoco. No es la gran cosa.

Ajá. Bueno, si quieres hablar, aquí estoy.

Gracias.

Se aproxima la feria del condado. Estoy encargada de hacer carteles para el puesto del refugio de animales. Gale está dibujando los carteles por mí. Resulta que es bueno dibujando animales.

Gracias, muchas gracias afirmó Gale, aproximándose a nosotros.

todas formas, sin

presiones, pero si quieres pasar el rato, agradecería la ayuda. La creatividad no es mi punto fuerte.

Lo eres. Tienes

buen ojo para

las cosas. De

Sería bueno ayudarla.

Está bien. Tal vez lo haga.

***

¿Puedes seguir una receta? me preguntó BB mientras la ayudaba

a atender la cola de clientes. Parecía trasplantada de una película

antigua, con su delantal azul cuadriculado y un moño a juego en el cabello.

Sí. Sin problemas le dije.

Bien, porque nos quedaremos sin galletas antes del fin del día. Mira en el tarjetero marrón que estás sobre el mostrador y haz un lote de chocolate triple.

Ahí voy.

Me até suavemente una bandana sobre mi cabello y me coloqué un delantal con un dibujo de girasol. Seguir las indicaciones en la ficha mantenía mi mente ocupada, lo que me ayudaba a relajarme. Una vieja canción se había quedado en mi cabeza y canté en voz alta las partes que sabía, una y otra vez.

Cuando salí con las galletas terminadas en la bandeja para hornear,

BB me detuvo.

¿Probaste una?

No ¿Por qué comería las galletas? Eso estaría mal. Supuestamente debíamos vender las galletas, no comerlas. Fruncí el ceño, confundida.

Bueno, deberías. No podemos venderlas si no las hemos aprobado.

Casi riéndome y de pronto nerviosa, dejé la bandeja sobre el mostrador y le di una gran mordida a una. Estaban deliciosas. Amaba mi trabajo. BB también tomó una, comprobando mi trabajo.

Perfectas.

Oye, es tu receta. Alineamos los bocadillos dentro de la vitrina.

Te

sorprenderías

dijo

ella,

negando

con

la

cabeza.

Hacer

buenas galletas toma precisión y paciencia.

Aún si lo merecía o no, aprecié el reconocimiento.

¿Quieres un descanso de estar al frente? le ofrecí, sintiéndome de pronto capaz. No estaba demasiado lleno como para no poder manejarlo sola. Ella hizo una pausa, apretando los labios.

Está bien, supongo que puedo empezar a limpiar. ¿Me harás saber si necesitas ayuda?

Absolutamente.

Casi todos notaron que yo era nueva. Los clientes regulares hablaron conmigo, preguntándome qué tal me parecía Santa Bárbara y me recomendaron sus pasteles favoritos, que yo todavía no había probado. BB vino a echarme un vistazo, innecesariamente, cada media hora más o

menos hasta el cierre.

Decidí que realmente me gustaba el negocio. Aunque jamás podría ser una buena conversadora, escuchar y sonreír era fácil. Raramente había un momento aburrido. En cierto punto, un par de mujeres entró buscando unos panecillos. No podían dejar de mirar y susurrar sobre mí. Era tan obvio que estaba empezando a ponerme nerviosa, cuando una de ellas finalmente se me acercó.

me

preguntó.

Yo no llamaría a mi cabello rizado. Tan solo es lo suficientemente ondulado para ser problemático.

¿Cómo

logras

que

tu

cabello

se

rice

de

esa

manera?

Es completamente natural. Fue todo lo que dije.

Eres muy afortunada. Dándose cuenta de que me miraba embobada, añadió: Lo siento, mi amiga y yo somos peluqueras. Amaría cortar tu pelo.

Mi rostro se calentó cuando varias personas que estaban cerca se detuvieron y giraron para mirar mi cabello.

Saludando a las últimas personas, cerré las puertas. BB salió del fondo trayendo un rollo de bolsas de basura.

Eso fue increíble. Logré hacer muchas cosas. Todo está listo para mañana e incluso tuve tiempo para limpiar un poco mi oficina.

¡Bien! Colgué mi delantal en un gancho de plástico.

Es bueno tenerte aquí me dijo cálidamente, dándome mi caja de golosinas gratis de cada noche.

Iremos a comprar al supermercado mañana canté feliz para mí misma. Parada junto a la mesada de la cocina, desparramé mantequilla de maní en un croissant suave y hojaldrado. Mamá me dio una mirada triste desde su lugar en la mesa. Su pijama rosa brillante traicionaba su mirada taciturna. Oye, al menos tengo proteínas aquí dije defensivamente, habiendo descifrado su rostro de decepción. ¿Quieres un poco?

Nah, no tengo tanta hambre. Sus ojos tenían oscuros círculos y las pocas arrugas en sus cejas eran prominentes.

Tonterías. Necesitas cuidarte. Come algo. Ve a la cama temprano. No has sido tú hoy. Le di un croissant con mantequilla de maní y ella le dio un bocado renuentemente. Entonces, ¿iremos por víveres mañana?

Hay un lugar por el que paso en mi camino de vuelta del trabajo. Si me haces una lista, puedo pasar mañana por la noche. Lentamente

picoteó su comida con aparente desinterés.

Fruncí ligeramente el ceño. Había esperado poder ir de compras juntas. Aunque no importaba realmente. Le quedaba de camino, de todas maneras.

Bien. Haré la lista.

8

Avi

Traducido por Pily_kh Corregido por DeboDiiaz

Una corriente lluviosa en mi ventana me despertó antes que mi alarma. Eché un vistazo a través de las cortinas de bordado blanco para observar el agua caer por un árbol y bajar por el vidrio de la ventana. Caminando hacia la cocina descubrí que mamá ya se había ido. Suspirando, me cambié y me trencé el cabello hacia atrás. Nadie querría ver lo que le sucedía a mi cabello cuando llueve. Mientras me cepillaba los dientes en el lavabo, noté que había una mancha oscura en el espejo. Me di la vuelta, y fruncí el ceño a una mancha amarillenta de agua en el techo. Había una gotera. Una bocina sonando afuera llamó mi atención. Era Lark en un Mazda negro. Me sentí aliviada.

¡Vamos Jena! ¡Es nuestro día de suerte!

Cerrando la puerta detrás de nosotras, corrimos hacia el coche.

¡Oye, gracias por pasar a buscarme! dije.

No

hay

problema

respondió

Lark,

mirándonos

en

el

espejo

retrovisor.

¿Es ésta tu preciosa hermana, Avi?

Sí. Esta es Jena. Jena, estos son Lark y Gale.

¿Podrían hacerme un favor y decirle a Gale que existe algo llamado karma?

Gale, existe algo llamado karma repetí mecánicamente.

No lo hay protestó él. Es sólo basura que la gente dice para que no vayas y busques tu propia venganza.

O tal vez es sólo para que la gente sea amable, para empezar.

Lark me lanzó una mirada disconforme.

Es cierto le dijo Gale a Lark.

Está bien, mira, no necesariamente creo en el sentido budista, pero no puedes negar que así es como el mundo realmente funciona.

Para Gale no era nada sencillo. A pesar de todo lo que él pensaba realmente, esto era sobre ganar la discusión. Así que continuaron todo el camino hasta la escuela, mientras me preguntaba si ese era el motivo por

el cual Lark siempre era amable con todos. Decidí que dudosamente. Era más probable que simplemente no hubiese ni un hueso de crueldad en su cuerpo.

Jena me miró confundida, dándome una mirada de complicidad.

¡Mira mi obra de arte! exclamó Jay mientras yo bajaba mis cosas. Se acercó con una chaqueta de manga larga abotonada, sujetando su jarrón cobrizo terminado. Resultó sorprendentemente bien.

Nuestra obra de arte lo corregí.

Sí, gracias por tu ayuda. Aunque, tengo talento natural, sabes presumió, mientras tomaba asiento.

Ujum. Fui al frente para recuperar mi jarrón. La reluciente mezcla de naranja y amarillo era fácil de distinguir entre los otros. Se veía formidable.

La profesora Mynah estaba justo detrás de mí. Me encantaría que presentaras una pieza en la feria de este año dijo esperanzadamente.

No sé nada sobre eso. Sujeté el jarrón y me di la vuelta.

Sólo piénsalo.

Realmente no quería en presentar nada. Sólo quería poder relajarme y disfrutar las cosas simples de la vida.

Pasamos la mañana haciendo cualquier cosa que nos inspirara. Agarré un trozo de arcilla y empecé a cortarlo, imaginado que debajo había una figura parecida a una esfinge. Jay anunció orgulloso que estaba haciendo un cenicero. Puse los ojos en blanco. Muy original.

Pero se las arregló para estropearlo también. Cuando de alguna manera lo partió en dos, vino a mí suplicando por ayuda. ¿Puedes arreglarlo? dijo, sujetándolo como si fuera un gatito herido.

Incapaz de contenerme, se lo quité de las manos. Restregué las dos mitades y añadí agua antes de alisar las dos piezas juntas. ¿Cómo es que sabes hacer esto? preguntó.

No lo sé me encogí de hombros. Puede que jugara mucho con arcilla cuando era pequeña.

Jay realmente no estaba escuchándome. Estaba demasiado distraído observando mi trabajo de reparación. ¿Irás a la fiesta conmigo esta noche? me preguntó optimista.

Percibí la inferencia de unidad. No puedo, lo siento.

Te gusta hacerte la difícil, ¿no? Me gusta eso dijo, alejándose.

No, yo… —el timbre me interrumpió y Jay no esperó por una

respuesta.

En la clase de gimnasia liberé mis frustraciones nadando. Jay era guapo. Pero no buscaba alguien con quien perder mi tiempo. Había cosas más importantes en las que enfocarme. De hecho, había un montón de cosas más importantes para mí que Jay.

Cuando salté fuera de la piscina, el entrenador me estaba mirando deliberadamente. Nada mal, Aderyn.

toalla

alrededor de los hombros.

Gracias,

entrenador.

Me

envolví

rápidamente

una

¿Has pensando en unirte al equipo? preguntó.

No dije con honestidad.

Podría conseguirte una beca para pagar la universidad dijo.

Lo pensaré. El año que viene, añadí en voz baja.

La profesora Pitta nos entregó un vocabulario para el próximo examen, luego nos dio tiempo para trabajar en nuestros informes. Cuando Gale se excusó para ir al baño, Lark se volteó hacia mí. ¿Qué harás esta noche cuando hayas terminado en BB’s? preguntó, estirando sus brazos por encima del pupitre.

Nada en absoluto admití.

¿Quieres ir al cine conmigo? Realmente quiero ver esa nueva película de baile, pero Gale se burlaría mí dijo en voz baja.

Está bien dije. Iré contigo.

BB me expulsó de la panadería con mi primer cheque, diciéndome que tenía que disfrutar del viernes por la noche. El cheque era de cien dólares. Nada mal por solo tres tardes.

Después de ducharme, me vestí con una camiseta roja, unos jeans, y deslicé algunas pulseras de madera en mi brazo. La mancha en el techo se había secado, convirtiéndose en una sucia mancha cobriza. Tendría que solucionarlo. Una rápida búsqueda online me llevó a un video explicativo sobre cómo reparar un tejado.

Decidí que podía hacerlo. Definitivamente, no nos podíamos permitir que alguien viniera cada vez que algo se dañaba. Le dejé una nota a mamá preguntándole si podía traer los materiales necesarios.

El no tener un padre cerca, que arreglara los aparatos electrónicos o reparara el coche, había sido un llamado de atención en los últimos dos años. Teníamos una casa por la que preocuparnos. De sólo pensarlo me causaba dolor de cabeza.

Lark me recogió en el Mazda de sus padres. Estoy tan celosa de que puedas conducir. Hice un puchero.

¿Todavía no tienes tu licencia de conducir? preguntó.

Hice el curso de educación vial, pero todavía no tengo mi licencia. Mi mamá no cree que sea muy urgente suspiré.

Nah, todo llega, además, ¡me tienes a mí! sonrió.

Gracias Lark. Oye, traje algunos dulces para la película dije, galletas de pastelería se asomaban en mi bolso.

Oh, esto es grandioso. Debes estar en el cielo, al trabajar en BBs.

Más o menos. Me quedé en silencio por un momento y dije: Así que, cuéntame sobre esa cicatriz que tienes en la ceja.

Pareció sorprendida y se miró a sí misma en el espejo retrovisor.

La vi el día que fuimos a nadar dije.

Oh se relajó. Es una buena historia, solo que no pensaba que me iba a marcar de por vida, literalmente.

Sacudió su cabeza y continuó: Un día, cuando teníamos unos diez años, Gale y yo estábamos jugando en el parque. Entró al baño y yo lo esperé a fuera. Decidí mantener la puerta cerrada para que él no pudiera salir cuando terminara rio en voz baja. Golpeó la puerta y me gritó. Después que estuvo bien y enojado, decidí dejarlo salir justo en el momento que dio un buen golpe. La puerta me golpeó abriéndome la ceja. Gale corrió hasta la casa para decirles a mis padres, mientras yo permanecía sentaba en un banco de picnic con papel higiénico presionado en la herida sonrió. Cuatro puntos. Fue totalmente mi culpa pero estoy bastante segura que él todavía se siente mal por eso.

le pregunté

descaradamente.

¿Alguna

vez

te

gustó

más

que

como

amigo?

¿Qué?, claro que no. Parecía sorprendida.

¿De verdad? A mí me habría pasado, al menos en algún momento, si pasara tanto tiempo con un chico.

Ella suspiró y dijo: Cuando éramos mucho más jóvenes intentamos besarnos, sólo para saber de qué iba todo. Sin embargo, no volvimos a hablar de eso dijo con firmeza, mientras me lanzaba la más linda mirada amenazadora que podría mostrar.

Sonreí, satisfecha de que me confiara sus secretos. Decidí que me agradaba mucho Lark ese día, y que si ella me confiaba sus secretos yo también podía confiarle los míos.

Aparcamos al lado de la acera frente a un pequeño teatro. Me sorprendió ver que las entradas sólo costaban cinco dólares. Normalmente costaban por lo menos el doble.

Lo sé, es una especie de basurero se disculpó. Iremos a la ciudad en algún momento. Todo es mucho mejor allí.

De ninguna manera. Esto es genial dije. Era clásico, con sólo cuatro opciones de películas, una alfombra roja y un hombre en traje tomaba los boletos.

Vimos cómo una joven bailarina talentosa enseñaba a un tipo de la calle a interpretar. Hubo muchos momentos cercanos y personales. También vimos cómo se iban enamorando. Las buenas historias de amor siempre me hacían pensar que nunca conocí a nadie que me hiciera sentir algo parecido al amor. Pero quería. Con Jay, por ejemplo, sentía muchas cosas, pero no amor. Quería algo real.

En el camino de vuelta a casa, Lark me preguntó sobre mi antigua escuela y mis viejos amigos.

¿Es muy diferente aquí?

Pienso al respecto. Aquí la gente es más amable, o puede que sólo sea la gente que he conocido. Todo lo demás es igual, supongo. Diferentes, pero similares. La gente con sus propios estereotipos, la mayoría de las clases son las mismas…

¿Pero te gusta hasta ahora? preguntó.

Por supuesto. Mi vida ha sido mejor desde que estoy aquí. Miré afuera por la ventana. Gracias por invitarme. Ha sido una manera increíble de pasar el viernes por la noche.

Seguro. Ya sabes, eres tan tranquila y seria todo el tiempo. Cuando te vi por primera vez no sabía qué pensar. Pero ahora sé que eres una persona dulce y extrovertida.

Me mordí el labio inferior. No quería ser antipática; simplemente no era alguien muy extrovertida. Lo cual me hizo estar agradecida de que Lark fuera todas esas cosas. Si hubiera conocido a alguien como yo, nuestras conversaciones probablemente habrían sido inexistentes, aburridas, cuando más.

Gracias por aguantarme suspiré ligeramente, y luego reí. Gale se perdió de una buena película.

¿Te has divertido en el cine? preguntó mamá, mientras guardaba los víveres en la nevera. Eran casi las diez de la noche y todavía no se

había cambiado la bata de enfermera.

Sí, me divertí mucho. Solté mi bolso y la ayudé. Las latas y los recipientes fueron almacenados en la alacena, las pastas y los aperitivos en las gavetas. ¿Viste mi nota acerca de la gotera? pregunté, no quería agobiarla pero sentí que lo hacía.

de

semana? preguntó.

Vi a mi madre doblar las bolsas de la compra y guardarlas entre la nevera y la pared.

Bueno, realmente quiero plantar algunas flores, arreglar un poco el lugar. He recibido mi primera paga. No es mucho, pero podríamos comprar algunas para ponerlas al frente de la casa. Quería hacer de nuestra casa un hogar, algo permanente.

Sí, me

encargaré

de

eso. Por

cierto, ¿harás

algo este

fin

Está bien. Sólo averigua a dónde tenemos que ir me dijo.

Llamé a Lark, esperando que aún no se hubiese ido a la cama.

Oye, siento molestarte pero, ¿sabes dónde puedo comprar flores por aquí cerca?

¿Flores? repitió.

Para plantarlas vegetales.

Ah. Hay una ferretería con una sección de jardinería a un par de calles de BBs, o también hay un sitio bastante bueno que está como en el medio de la nada en la casa de una señora. Podría mostrártelo

algunos

en

la

tierra

aclaré. Quizá

también

¿Si? ¿Quieres venir?

Seguro. ¿Cuándo?

Estaré ayudando a BB con los desayunos mañana pero podría estar libre a eso de la una o las dos.

Está bien. Me dio las direcciones para llegar a su casa y colgó.

Parece que realmente te gusta aquí. Mamá estaba apoyada en el mostrador, mirándome.

¿Por qué no me gustaría? contesté a su declaración con una pregunta.

Ella no respondió, sólo frunció el ceño sutilmente. Mamá todavía estaba ocultando algo con esa triste mirada.

Me alegra dijo, bostezando.

Quizá solo está exhausta por el trabajo.

9

Él

Traducido por EnchantedCrown Corregido SOS por HMarisol

Mis ojos se abrieron lentamente a la vez que rodaba hacia un lado. Por pura casualidad, mi vista cayó en los números verdes del reloj de mesa. Siete en punto. Era tarde. La alarma debía haberse apagado hace horas. Mi corazón se aceleró. No me daría tiempo de ir a correr. Aunque mis músculos ya se sentían como si estuvieran a punto de explotar bajo mi piel. Tomé un baño rápido, agitado por el golpeteo rítmico del agua en las endebles paredes de plástico.

Llegué a la escuela diez minutos antes de que la clase empezara. Sobresaltado, me acerqué a una fuente de agua potable, esperando que tener el estómago lleno de agua fría me calmara. Habían pasado seis meses desde que me había saltado una carrera, y luego había tenido que permanecer sentado todo el día. Las venas en mis brazos estaban hinchándose.

¿Siempre fue tan malo?

No podía recordarlo.

Cinco minutos hasta que sonara la campana.

No puedo hacer esto.

Empujé la puerta del baño justo a tiempo para ver a un pequeño de primer año en una camisa lisa, ser empujado en un urinal. Bajó la cabeza al tiempo apartaba la mirada. Surgió ira en mi garganta.

El chico que lo empujó sonreía disimuladamente, viéndose en el espejo al tiempo que arreglaba su cabello. Lo reconocí; el apellido en la parte trasera de su chaqueta de cartero, la gruesa cadena de oro colgando en su cuello. Tenía un hermano mayor que se acababa de graduar, y era algo así como una leyenda del fútbol americano. Parecía que el hermano menor tenía algo que probar.

Viéndolos salir del baño al mismo tiempo, los seguí, anticipando más conflictos. El chico rudo se encontró con sus amigos, y cuando el novato estaba tratando de ir a su clase, un brazo lo tomó para detenerlo.

¡Oye! En un instante me posicioné entre ellos, incómodamente cerca. Siendo casi seis pulgadas más alto que ellos, bajé la mirada para verlos.

Inmediatamente retrocedieron. La confusión fue visible en los ojos del cabecilla cuando me reconoció. Mi cuerpo habría disfrutado una buena pelea en ese instante, pero no perdería el control. Nunca podía.

No puedes meterte con este niño. Es mi tutor de matemática mentí, poniendo un brazo en el hombro del niño. Él bajó su cabeza, sin revelar nada. Necesito su cerebro en una pieza.

Oh, bien. Lo siento, hombre. El chico rudo me ofreció chocar los puños.

Se alejaron, con suerte habiendo tenido suficiente por un día.

Gracias dijo el niño.

No fue nada. Ellos no eran nada.

La clase de gimnasia no era el alivio que podrías esperar. Nuestra clase estaba jugando béisbol, y para mí eso significaba tratar de no golpear la bola muy fuerte, o correr muy rápido, y quedarme quieto cuando no era mi turno. Me quedé reflexionando sobre cómo hacer que el entrenador me dejara irme. Si me metía en problemas podría hacerme dar un par de vueltas. Vueltas lentas eran mejor que nada.

Oh, olvídalo. Probablemente no le importaría.

Esperando y rezando, me acerqué a él. ¿Entrenador?

¿Qué pasa, chico?

El hombro me ha estado molestando. Estoy un poco preocupado por atajar y batear. ¿Cree que tal vez podría dar vueltas alrededor del campo hoy?

Él gruñó. Mejor haz que te vean eso. Se recostó contra la pared de fondo.

¿Eso fue un sí o un no? Contrariado, esperé.

No me importa un pepino lo que hagas. Ve, sal de ahí.

Bueno, si no le importaba, entonces mis opciones estaban bastante abiertas. Tenía al menos dos horas antes de tener que volver. Me metí a mi auto y conduje hacia mi lugar favorito.

Aparqué mi camioneta en un giro popular e inspeccioné la playa en busca de señales de vida. Todos tienen que estar en la escuela o en el trabajo ahora, pensé. Serpenteando junto a un roble venenoso, seguí un sendero para alejarme de la ensenada. Un muro de concreto iba paralelo al acantilado, recibía una oleada cada trece segundos. Ansioso de escapar, caminé por el borde. Debajo de mí, el agua era casi verde, reflejando algas que cubrían las rocas debajo. Asegurándome que nadie me veía, me desvestí y guardé mi ropa entre las rocas antes de lanzarme al

océano. El agua estaba helada y la corriente era tremendamente fuerte. Peleé contra las olas que empujaban mi cuerpo hacia el acantilado rocoso, nadando hacia el sur. Mis músculos ardían por el esfuerzo.

Bajo el agua, el mundo era claro como el cristal. Estrellas de mar pegadas fuertemente a rocas cercanas, añadían naranja, morado y rojo a los demás colores a su alrededor. El océano cambiaba constantemente, y nunca era exactamente el mismo. No había marcas de territorio, pero mis instintos me decían cuando estaba cerca de donde quería estar. Varias yardas más abajo, sincronizándome perfectamente. Dejé que las olas me llevaran. En lugar de golpear roca dura, fui sumergido a una profunda cueva. Las cuevas rodeaban el acantilado, pero el océano estaba muy embravecido como para atraer a buzos o regatistas en kayacs.

Varios años antes, estuve corriendo cerca de esta cala. Soltando un poco del auto control alcancé un paso perturbadoramente rápido. Un niño me vio y se quedó mirándome. Me puse nervioso mientras él tocaba el brazo de su madre, tratando de atraer su atención. Sin pensarlo mucho, me dejé ir dentro del refugio del océano. Estaba preparado para quedarme ahí indefinidamente. Si iban a mirar, no quería que vieran mi cabeza moviéndose curiosamente en el agua.

Nadé hasta que mi fuerza se gastó y luego me aferré a las rocas bajo la superficie. La cueva apareció ante mí como un espejismo. Primero pensé que estaba alucinando, pero las oscuras y siniestras rocas daban paso a una caverna. Un pequeño haz de luz iluminaba la oscuridad desde algún lejano punto arriba. Esa fue la última vez que corrí en público. Era muy fácil perder el ritmo.

Mejor no tomar ningún riesgo, y correr antes de la salida del sol por la mañana.

Al salir del agua azul-verdosa, una sonrisa surcó mis labios. Grité, escuchando mi eco brincar alrededor. Me dejé caer al piso, finalmente tranquilo y en paz.

Después de la escuela fui a casa para encontrar a mis padres afuera, escardando el arriate.

¿Qué están haciendo? Levanté el borde del sombrero de mi madre para verla a los ojos. Puedo hacer eso por ustedes, ¿saben?

Estoy segura que puedes, pero nos estábamos aburriendo sentados en la casa se quejó ella.

Tú te estabas aburriendo la corrigió mi padre. Yo estaba bien, de hecho.

Cayendo de rodillas junto a mi madre, comencé a ayudar. Probablemente ella no lo dejaría hasta que estuviese listo. Así era cuando

metía su cabeza en algo. Lo menos que podía hacer era ayudarlos a terminar más rápido.

¿Tuviste un lindo día? preguntó mi madre.

Sí, genial respondí automáticamente. Era la misma respuesta que siempre le daba.

¿Qué aprendiste?

Uhm… —esa pregunta pedía una mejor respuesta. Aprendí que gracias al hierro en el suelo del océano podemos rastrear cambios en el campo magnético de la tierra.

Es genial, cielo.

El día siguiente fue casi igual.

Correr.

Pensar en Avi.

Clases aburridas.

Pensar en Avi.

Sonrisas falsas.

Pensar en Avi.

Había tantas posibilidades de que no funcionara entre nosotros, y aun

así…

***

Pulsar mi número de empleado en el reloj marcó el final de otro largo

día.

¡Oye, Sheldrake!

Volteé para ver a mi jefe caminando con rapidez para atraparme en mi salida. Por alguna razón, llamaba a todos por su apellido. No me importaba.

Tengo un trabajo para ti. Me dio su tarjeta de negocios.

familiar

escritura en la parte de atrás. ¿Qué es esto?

Una dama vino preguntando por material para techo. Le dije que conocía a un chico que podía hacerle todo el trabajo a una tarifa genial.

Miré al número de teléfono anotado en la tarjeta. No hago trabajo de techo.

Oh, vamos. Son solo unas goteras. Además, es nueva en la ciudad. Dijo que su hija estaba planeando arreglarlo ella misma. Hizo una mueca

la

Con

curiosidad,

volteé

el

logo

verde

para

examinar

de desprecio.

Con un suspiro, puse la tarjeta en mi bolsillo. Realmente podría usar el dinero. Gracias, jefe, la llamaré.

La dirección estaba a solo un par de calles de mi casa, en un área que conocía muy bien. La casa era pequeña, pero estaba bien cuidada. Una capa fresca de pintura blanca casi tapaba las grietas de deterioro en el piso de madera.

Una mujer pequeña y pálida me saludó ansiosamente, riéndose disimuladamente en sus ropas de hogar. Hola. Me alegra tanto que puedas hacer esto. Déjame mostrarte dónde está la fuga.

Seguro.

Siguiéndola, noté pintura fresca, muros blancos vacíos y varias pilas de cajas en las esquinas.

Señaló acusadoramente a una mancha en el

cielorraso del baño.

Aquí,

¿ves?

Muy bien, déjeme subir y echar un vistazo.

El rostro de la mujer estaba serio. ¿Podrías decirme cuánto va a costar esto antes de que empieces a trabajar? Su tono decía que no aceptaría basura de nadie.

Absolutamente, no lo haría de otra forma.

Cuando salía, mis ojos vagaron con curiosidad por la casa. Las otras personas siempre me parecían interesantes; los lugares que elegían para poner sus zapatos, las fotos de niños o mascotas que decidían agrandar y enmarcar, o los pequeños imanes de refrigerador.

Una mochila gris estaba a un lado de una mesa decorativa en la entrada. Era de alguna manera familiar. Me atreví a mirar sobre el hombro, encontrando a la mujer ocupada revisando su correo. Ahí fue cuando lo vi. Un lazo café pequeño amarrado al cierre de atrás. Lo había visto antes. Era de Avi.

¿Dónde estoy?

Carraspeando, me compuse. Lo siento, ¿cuál era su nombre?

La mujer me miró alegremente. Tori. Tori Aderyn.

Increíble. Había más de mil personas que vivían en la ciudad, y justo entré a la casa de la chica con la que estaba absolutametamente encaprichado. Sentí como si hubiera recibido un disparo al corazón. Encantado de conocerla me escuché decir.

El techo se veía como nuevo. Era fácil ver dónde se había soltado una

tablilla. Probablemente no estaba bien unida en primer lugar, y se había soltado con el viento. Repararla no tomó nada de esfuerzo. Luego de terminar, me senté en la pendiente.

Un nudo se había formado en mi pecho. Se sentía como si hubiera un peso insistente en mis hombros, como si tuviera que hacer algo.

El destino me había traído aquí. ¿Pero por qué?

Empecé a considerar seriamente mandar a volar la precaución e ir por lo que quería: Avi. Decidí que tenía que conocerla. Ignorarla no era una opción. Kirra también iba a ser un problema. No había punto en engañarla, sin importar las cosas entre Avi y yo. Obviamente si era capaz de sentirme de esta forma y no era con Kirra, no debía estar con ella.

¿Cómo iba a impresionar a Avi? Me rehusé a usar algún movimiento cliché con ella, o algún coqueteo cursi. No iba a ser ese tipo de chico. Ella no era ese tipo de chica. Pero nada brillante se me ocurría.

Así que bajé y cargué la escalera y herramientas en mi camioneta. La señora Aderyn asomó la cabeza con curiosidad. ¿Cómo va todo?

Está hecho. No cobraré. Era un arreglo sencillo.

Sus manos fueron a sus caderas. ¿En serio? ¿Estás seguro? Sonaba escéptica.

Estoy seguro. Oiga, ¿puedo pintar esa mancha en el techo por usted? Era solo una excusa para quedarme un poco más.

Solo si puedo pagarte por todo esto.

Dudé, apreciando que ella intentara simplemente hacer lo correcto. ¿Veinte dólares?

Hecho. Asintió, satisfecha.

El baño olía a un montón de aromas, tanto florales como frutales. Aunque no podía identificar nada que fuera exclusivamente de Avi. Cerré la puerta del baño detrás de mí y miré alrededor. No sé qué esperaba.

Tres cepillos de dientes estaban en una taza de plástico transparente a mi derecha. Toallas en varios tonos de verde colgaban sobre el cortinero de la ducha y en un perchero a mi izquierda. Los azulejos eran de un tono melocotón fuerte. Empujando una blanca cortina barata a un lado, abrí la pequeña ventana para ventilar. Pequeñas botellas de champú con etiquetas arbitrarias estaban al lado de una grande con producto genérico.

Sacando mis suplementos, empecé a pintar el cielorraso en largos tajos. No me tomó mucho, pero cada vez que escuchaba una puerta de auto cerrarse imaginaba lo que pasaría si Avi llegara a casa en ese

instante.

Tal vez era el destino juntándonos.

Pero ella no llegó a casa, y me fui con un billete de veinte dólares en mi bolsillo que me rehusaría a gastar por semanas.

10

Avi

Traducido SOS por Tessa_ Corregido por HMarisol

La mañana del sábado mamá me dejó en el trabajo a las seis de la mañana. Estaba muy agradecida porque hacía tanto frío afuera que no podía sacudirme de la piel de gallina. BB se veía perfecta en un vestido rojo a la rodilla y un delantal blanco. Estaba emocionada de saber que iba a ayudar a hacer crepés rellenos de queso y panecillos de chocolate. Sus recetas secretas fueron reveladas poco a poco, ninguna de las cuales yo memorizaría nunca completamente. Ella estaba en su elemento, llenando alegremente la taza, midiendo y mezclando. Ayudé a abastecerse las delicias del desayuno y preparar la elección del almuerzo. BB me mostró cómo hacer la pasta de anillos de cebolla y corté tomates en rodajas para el BLT 4 .

Abrimos las puertas un poco temprano porque estábamos listas, y además había cuatro personas de pie afuera. Durante la primera media hora todas las mesas estuvieron llenas. Entre las dos todo iba marchando bien.

Alrededor de las diez, Jay entró con una rubia semidormida colgando de él. Ella llevaba puesta su chaqueta de cartero. Oye, Avi. Sonrio con sinceridad. Te perdiste un partido loco anoche.

Supongo que sí le dije secamente.

Este parece un lugar atractivo para trabajar. Miró a su alrededor como si nunca hubiera estado allí antes.

Realmente lo es dije, golpeando mi pie con impaciencia.

¿Te puedo servir algo, tal vez un muffin o una tarta? gorjeó BB.

¿Tienes café?

¿Tenemos aire?¿Tenemos agua?

Por supuesto. BB le hizo la cuenta. Intenté no rodar los ojos, al servir una taza de café para él y una para su fulana.

Muchas gracias, Avi dijo. Odiaba la forma en que mi nombre sonaba tan bien viniendo de sus labios. Incluso con esa chica en su brazo.

4 El sándwich BLT es una variedad de sándwich que contiene una mezcla proporcionada de tocino, lechuga y tomate.

Sí, era lamentablemente patético.

Más tarde, mamá y yo fuimos a la casa de Lark a recogerla. No, tacha eso. A su mansión. Había vallas de hierro negro alrededor de una especie de recinto, con árboles oscureciendo la vista de la casa. Ella estaba esperándonos en el frente y se levantó rápidamente de un salto. Si notó las miradas de sorpresa en nuestras caras, no lo demostró.

Lark nos guió al vivero, que resultaron ser cinco hectáreas cargadas con todo tipo de árboles, flores y fuentes de agua. Caminando lentamente por cada pasillo soleado, admiré todas las flores. Había plantas sin flores también, pero no mantuvieron mi atención.

Un patio con características acuáticas gorgoteaba con el prístino líquido. Estando entre las gigantes esculturas de cerámica me sentí como si fueran parte de un juego de ajedrez súper grande. Deseando poder permitírmelas todas, nos decidimos por algunas plantas de hielo rosadas con flores, y azaleas mixtas para el patio delantero. También me dieron un árbol de mandarina para el patio trasero.

Al darnos cuenta que ni siquiera teníamos una pala nos detuvimos en la casa de Lark para que nos prestara una. Pensando en todo, también cogió una manguera de agua, mientras tratábamos de sacar un pico a escondidas de la casa. Lo siento. Mamá se sonrojó. Dile a tus padres me aseguraré de ir por la ferretería esta semana.

Oh, no se preocupe. Realmente estaban contentos de ayudar. Se los presentaré cuando me lleven de vuelta a casa prometió. Creo que en realidad se mueren por conocerlas.

Eso pareció ayudar a mamá a relajarse. Nos turnamos para cavar agujeros y plantar, mientras Lark curiosamente le preguntaba a mamá sobre su nuevo trabajo.

¿Es aterrador trabajar en un hospital? Cuidar de las personas

intimidante

estoy

acostumbrada a ello.

Lark le dio una cálida sonrisa y continuó: ¿Es difícil no involucrarse emocionalmente con los niños? preguntó asombrada.

Cualquiera que no se involucre con esos niños emocionalmente no es humano.

El patio delantero parecía bastante grande cuando terminamos. Con el tiempo las plantas crecerían y se vería aún mejor cuando lo rellenaran. El patio trasero tendría que esperar.

No me había divertido tanto al aire libre hace un largo tiempo declaró Lark, con las manos apelmazadas de tierra.

Ya

no.

Puede

ser

al

principio,

pero

ya

Ampollas parecidas a las mías asomaban bajo la tierra de sus manos. Quedé impresionada. Trabajó duro a pesar de su exterior femenino.

Pueden que sean un poco excéntricos, nos advirtió Lark mientras caminábamos por el camino empedrado a su casa. Una mujer con forma de pera y mejillas sonrosadas nos saludó.

¡Oh, me alegro de conocerte! ¡Lark me ha hablado mucho de ti, Avi! Su cabello rubio le enmarcaba el rostro, parecido al de Lark sólo en la tez. Su rubio y calvo marido se unió a ella en la amplia entrada vistiendo un atuendo estilo golf. Mientras nuestras madres hablaban, Lark se merodeaba cerca como si pudiera tener que intervenir y rescatar a alguien en cualquier momento. Mirando alrededor, noté La creación de Adán de Miguel Ángel en la sala de estar. Colgaba enorme encima de un sofá de cuero blanco. Yo no conocía tan bien el arte, pero este era famoso. Velas patronales de gran tamaño estaban ubicadas sobre la chimenea.

Dos pequeños niños de pelo amarillo bajaron las escaleras gritando, casi atropellándonos mientras salían corriendo por la puerta principal.

Y esos son los chicos. La madre de Lark suspiró, sonando exhausta.

Los padres de Lark fueron muy amables y nos dieron la bienvenida a la ciudad, y a su casa. Nos dieron un recorrido por su enorme casa de estilo colonial, mientras que Lark se sonrojaba y se escondía en el fondo. Nos dijeron que éramos bienvenidas a venir en cualquier momento.

Mamá se fue a casa, mientras que Lark y yo nos sentamos en la entrada de su casa y recogimos dientes de león. ¿Cómo es tener hermanos? pregunté, pensativa.

Una pesadilla. Respiró. Pero no puedo imaginar la vida sin ellos. Sería demasiado tranquila y aburrida.

Yo ensarté una flor a través del vástago de otra. ¿Jugaban juntos cuando eras más joven?

Todavía lo hacemos. Rio en voz alta. A veces les escondo sus animales de peluche y les digo que fueron secuestrados por extraterrestres. Se ponen como locos y me piden que los ayude a recuperarlos. Sonrió al ver mi reacción.

Eso suena un poco cruel.

Sí. Sin embargo, eso es lo que hacen los hermanos y hermanas. Lo que es cruel es cuando roban mis cintas para hacerle sogas a sus figuras de acción, o pedirme prestado mi maquillaje para usarlo como pintura de guerra. Su rostro era una mezcla de frustración y disgusto.

No podía sino reírme de lo ridículo que era todo. Jena y yo éramos las

mejores amigas. Peleábamos, pero también estábamos ahí la una para la otra, sin importar lo que pasara. No todo el mundo tiene la suerte de tener una hermana como ella que guarde todos tus secretos, que te cubra cuando te escapas, y que te susurre cuando nadie más está escuchando.

El silencio de Jena desde nuestra reciente mudanza fue una elección calculada. Algunos niños dejan de hablar a causa de un trauma que no pudieron superar. Para Jena era algo que hacía deliberadamente cuando estaba enfadada. Sobre todo, era como el viejo refrán “si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada”.

Lo último que necesitaba mamá oírla descargarse y quejarse. Nuestra madre tenía suficiente qué manejar y Jena lo sabía. En la escuela actuaría normal por necesidad, pero en casa esperaría hasta que pensara que yo estaba dormida, y luego murmuraría sus quejas e inquietudes. A veces sonaba como si estuviera rezando. Las palabras eran difíciles de diferenciar.

Mientras me lavaba la cara esa noche, me di cuenta de una nueva capa de pintura en el techo.

¿Mamá? ¡Mamá!