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'c Una sociedad "hace" sus locos , define su "u locos y crea, para ocuparse de
'c
Una sociedad "hace" sus locos , define su "u
locos y crea, para ocuparse de ellos, una Inll llu
sólo puede transformarlOs en " objetos" , No
ug
:::Je
00
EE
rechazar esta objetivación sin cuestionar
c iones psiquiátricas en su funcionamiento
ta nl
a c tu
I
I
p siquiatría misma, al psiquiatra en su posici ó n
se ntante del grupo dominante y a las ciencia s
las
que se refiere la psiquiatría .
Sin embargo , no se niega la realidad de la locur a
se pone en duda es su as i mi lación
a
una enf
rm
cuan do constituye, más bien, la mostración de un
de n que sólo por apresuramiento se ubica esencl a lm
en el su jeto mientras, en realidad, el sujeto es su p o rt
Estos temas son tratados por Maud Mannoni en
la
p r
le o bra que en gran medida es el resultado de su tra
clí n ico en un hospital psiquiátrico francés, pero qu e ti
en cuenta, igualmente , experiencias inglesas, I tall a n
y de países la t inoamericanos, la presentación de ca
c
lí nicos concreto~~se equilibra con una amplia 'Inform
ción teórica, El conjunto desemboca , naturalmente, e n I
que se podría llamar política psiquiátrica ; la autora tom
clar a posición entre e l conservadurismo de la instituci ó n
pS iqu iátr ica y los prestigios de lo imag inar io ante 101
cua les pod rían ceder algunas politizaciones,

)J((J

s~

vellt iuno

eátores.

MfX;CO--

I SPAÑA

MGEN Tl NA

r.OLO MBlA

I " ~ ~ íi ~
I
"
~
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íi
~
...
...

1psiquia

tra,SU

loco yel psicoaná

lisis

maud

manlnonl

4-

ed icion

)J«]

psicología

y eto l ogía

Traducci6n de:

 

CARLOS

EDUARDO

SALTZHAN

Revisi6n técnica d. :

MIRIAH CHORNE

El psiquiatra, su ttloco" y el psicoanálisis

./'or

Maud Mannoni

Traducci6n de: CARLOS EDUARDO SALTZHAN Revisi6n técnica d. : MIRIAH CHORNE El psiquiatra, su ttloco" y
Traducci6n de: CARLOS EDUARDO SALTZHAN Revisi6n técnica d. : MIRIAH CHORNE El psiquiatra, su ttloco" y
MEXICO
MEXICO

ESPAÑA

ARGENTIN A

COLOM BIA

siala veintiuno editores, sa CERi6 DEl AGUA 'd, MfX1CO 20. D.f . sialo veintiunQ de españa

siala veintiuno editores, sa

CERi6 DEl AGUA 'd, MfX1CO 20. D.f .

sialo veintiunQ de españa editores, sa

INDlCE

ClPl'J

zA

5. MADRID 33. (SPANA

7

 

Agradecimientos

 

siglo veintiuno argentina editores, sa

 

Prólogo

 

9

   

PRIMERA PARTE

 

~}9a~~.7Y~1~~Rt:I~~~~~ D~.~~~~~ia, Itda

LOCURA

E INSTITUCl6N

PSIQUJATRICA

 

15

 

1,

La

segregación

psiquiátrica

 

17

2.

La locura como status

35

:'J. Locura

y

psiquiatría

51

SEGUNDA PARTE.

 

INSTITUCI6N

PSIQUJATRICA

y

PSICOANALlSIS

 

67

4.

Institución

psicoanalítica e

institución

asilar

69

   

69

 

1

rr El di sc urso paranoico

87

 

5.

El esquizofrénico entre su

familia

y

el

asilo

101

6.

La

institución

como refugio contra

la

ang u stia

 

121

 

I

 
  • 12 1

129

Il

Un caso de anorexia mental

 
 

TERCERA PARTE

 

PSlCOANALlSIS y

ANTlPSIQUlATRIA

 

153

7.

Antipsiqu ia tria )' psicoanálisis

 

155

 

1

Confrontación

teórica

155

II

Confrontación

clíni ca

174

 

O.

El

psicoanálisis

didáctico

y

el

ps icoanáli sis

como

institución

185

 

1

Lo históri co

185

II

El proceso analítico

 

193

lB

El

psicoanálisis, el anátisi5

Psicoaná lisis, enseñanza y

didáctico y la in stitución

 

202

IV

selección

  • 20 4

primera edición en español, 1976

©s iglo xxi editores , s.a.

 

211

cuorto edición e n español, 1981

 

Conc lusi ó n Apéndice

 

221

ISBN 968-23-0612-4

 

1

Carta de una enfermera

 

221

 

II

Escuela expe rime n tal de Bonneuil·sur-Marne

 

222

230

primera ed ic ión en

froncés, 1970

111

U n congreso en Milán

 

ditions du se uil , parís

 

Indice

analí t ico

235

titulo o rigina l:

le psychiotre , son

" fou "

et lo psyc hon olyse

Indice de

   

243

derechos reservados conforme a la l ey impreso y hecho en méxico / printed ond mode in mexico

nomb res propios casos c itados

lndi ce de Bibliografía

245

247

A J acques Lacan

At: RADECIMIENTOS

1.,. elebo mi agradecimiento a Hélene Chaigneau, médjca~jefe d e l f :' IIU¡ en e l hospital psiquiátrico de V ill e-Evrard. Al abrirme genero-

""mente las puertas de su servicio, Hélene Chaigneau me proporcio n ó {' I marco en el que pudo r ea liz arse esta in vest igación .

De l mi~mo modo, tengo un a deuda de r econocimiento nica médica de Ville-d'Avray .

co n l a clí-

A Rona ld La in g,

l a ex pre sión

de

mi

gratit ud , así

como

a los hués -

pedes de l Kings l ey Hall. La Soc iedad Británica d e Psicoanálisis

(y

muy

es p ecia lm e nt

e

el

doctor Winnicott ) , l a Sociedad Belga de Psi coa nálisis y la Esc uela Frcudiana de Bélgica me h an recibido e n d ive rsos momentos d e mi invest igación; sus c ticas fueron sum amen t e va liosas.

Algunos capítulos d e este libro de Ps iq ui atría y en e l Instituto de

han

sido expues t os e n

e l

I nstitu to

Socio logía d e la Un ivers id a d Libre

de Bruselas ba jo lo s a u sp icio s d e l os prof esores P. S ivado n y S. De- coster o Algunas partes de es t a obra prov ie n en d e l informe introdu c- torio presentado a l Cong re so Int e rn ac iona l de Milá n ( diciembre de 1969) organizado por un gru po de ps icoana l istas it a lianos y que

tenía por t ema '!Psicoanálisis~Psiquiatría-Antipsiquiatrían.

Co l ette Audry h a

t e nido l a ama bilidad d e r ev isar el man u scrito.

Este libro debe su articulació n teórica a l as enseñanzas de Jac ques

Lacan, a quien r indo a quí homena j e.

Mi

agra d ecimie nto

también a todos los

ayuda

(Cong r eso

Internacional

d e

1967,

tra b a jo s publi cad os e n

sobre

las

Enfan ce

que Psicos is , aliénée,

m e

h a n

aportado su

París,

octubre

texto

publicado

a

su vez en Re cherches, sep ti e mbr e de

1967; Enfance a liénée 11, en

R ec herches , di cie mbre d e

1968 ) .

To do s estos trabajos

p e rmiti e ron qu e mi investigación se r ea li za ra.

En

cuanto

a

]a

a p e r t ur a

clínica de este

trabajo ,

l a

d ebo

a

los

ana li zan d os mismos .

Vi ll e-Evrard, enero de 19 68 - París, e nero de 1970.

PROLOGO

El movimiento actual de antipsiquiatría ataca nuestras posiciones ideológicas tradicionales. Al cuestionar el status que la sociedad le ha dado a la l ocura, impugna al mismo tiempo la concepc i6n con- servadora que se halla en la base de la creación de instituciones ualienantes", y conmueve así los fundamentos sobre los que reposan la práctica psiquiátrica y el poder médico.

La antips iqui atría ha nacido, precisamente, de una protesta con- tra la medi ca lizaci6n de lo no-médico, como movimiento que se opone desde un primer momento y ante todo a cierta forma d e mo- nopolio del saber médico. (El psiquiatra tradicional dispone de un saber concebido de acuerdo con el modelo del Sabt'f médico: sabe

lo qu e es l a "enfermedad" de sus paciente s. Se consid r l'a, en ca mbio,

que el paciente nada

sabe de

ello.)

Cuanto más se interesa el psiquiatra por el aspecto reglamentario

y administrativo d e su función , en mayor

med ida se ve llevado a

defender este monopolio de su saber. "El psiqu bt ra de niños debe

ser capaz

[. ..

]

de

saber ] 0

que

puede movilizarse o

no

en

l as

act i-

... bajo esencial en técnicos de otras disciplinas." 1

tud es profundas de los progenitores [

] no debería delegar este tra-

Ahora bien, lo s estudios médicos,

tal

como la sociedad los

orga-

niza, ¿ son aptos

para conferirl e un

saber de

este tipo

al

psiquiatra

tradicional? Las in st itu c ione s interesadas no

se plantean este

inte-

rrogante. Hasta ahora, preguntas de esta clase sólo se han formulado

y elabor ado, desde el punto d e vista de l a teoría y de la práctica,

ru era de la s organ i zaciones oficiales psicoanalistas, por ejemplo).

(en

las

investigaciones

de

los

La actitud psicoanalítica no hace del saber un monopolio del ana-

li sta. El analista,

por el contrario, presta atención a

la verdad

que

se desprende del d iscurso ps icótico. La aplicación, en nombre de un saber in stit u ido, de medidas intempestivas de "c ur a" no lo gra otra

PROLOGO El movimiento actual de antipsiquiatría ataca nuestras po siciones ideológicas tradicionales. Al cuestionar el status

cosa que aplastar aquello que demanda hablar en el 1engua j e d e la

1

L'tlxtlrcutl

dtl

la

psychiatritl

infanti/tl

tlt

d'tmlants, Pr esse Médica le, sup lemento 1969, nI>

la

formation

dtls

5, enero de 1969.

psychiatrtlJ

10

/'RóLQCO

locura,

y

al

mismo

tiempo

lo

fija en

un

delirio , co n

lo

que

aliena

aun

más al sujeto.

Los antipsiquiatras

(so br e

todo

..

los

ingleses , los estadounidenses

y los italianos ) han sido influidos por el psicoanális~s, pero n~ .son psicoanalistas. Son psiquiatras refonnadores que qUieren modIfIcar radicalmente la actitud de aquel a quien se ll a ma médico ante aque-

ll os

a los qu e se llama enfermos menta l es.

Del abandono de los prejuicios científ icos es peran ha cer surg ir un campo en el que será posible volver a interroga r a l saber (aba ndo- nado) en un co nt ex to difer en te. La conmoción introducida por l a

ant ipsiquiatría en la institu ción que acoge al l oco co loca a en situ ac ión de ser captada de modo diferente y lleva al pSlqmatra

l~ lo~ura

(an ti-)

a replantear

su

relación

con

e l saber

y

l a

verdad.

E l movimiento de

los jóvenes psiquiatras franceses

(inspirado por

PROLOGO

11

mientras que e llo es manifiestamente imposibl e en tre quiátricos tradicionales y la actitu d ana tica.

los

uso s psi~

En Francia,

durante estos

últimos

aiios,

e l

gr upo

de

Lacan

ha

efectuado un esfuerzo muy marcado en e l pl a no de l a reorganiza~

ci6n de las instituciones de cura, organismos a los que se ha querido

sustraer no solamente de la esclerosis adm inistrativa,

sino incluso

de los fundamentos no científicos del sistema que se halla en vigor en el dispensario, en e l EMP, en e l hospital. Estudios allll no pub l icados 2 tienen por objeto e l análisis de lo

que se pone en juego c u ando se pide una consulta y el modo en que

la

respuesta inoportuna

que

se

da

dentro

del

sistema

tradicional

puede sofocar una verdad, alterar el sentido de esa demanda.

El estab l ecimiento de " l egajos médicos'"

si

bien puede

t ener al-

guna utilidad a dministrativa, contribuye con frecuencia a falsear

e l aporte del psicoanálisis y por e l de las investigaciones institucio-

la aprehensión dinámica de una situación . La creencia del público

nales) parti c ipa de l mismo deseo de "revolucionar" l a psiquiatría,

en

el

"texto" psico l ógico orienta la entrevista en el sent id o de l ve r e-

al menos en cuanto su práctica siga estando marcada por toda una

dicto aHí precisamente donde lo que hay que desenredar no se en-

tradición de cu id ados "médicos" y

por un a vocación social cuya

cuentra tanto en el supuesto paciente, sino más bien en su familia.

perspectiva es la adaptación.

.

Los psiquiatras y los psicoanalistas franceses puede n, pu es, hallarse

La

provocación

antipsiquiát ric a

suscita

cierto

escándalo.

Pero

Interesados por algunos de los aportes de la ant i psiquiatría . No obs~

parece bien que el mov im iento trate de perpetuar e l escándalo como

tante,

no

se

sienten

"antipsiqu iatristas"

ni

'~antimédicos". Si se

tal , para que. así no se deje conducir, como el psicoaná l isis, al sis -

oponen a cierto "espíritu médico", ello ocurr e solamen te en la me-

tema normativo de l os organismos que distribu yen la cura.

dida

en

que

se

in voca e se espíritu

para manl~ner la segregación

Lo que la an tip siquiatría

(Laing) trata de preservar como en un

institucional.

El

médico

que

personifica

aquí

la tazón

ante

aq uel

análisis, pero s in formularlo tan claramente, es una forma de saber

que encarna tan bien la locura que no resta otra cosa que expul-

nunca dado que se revela en e l leng u aje del "paciente" a l mod~ de un

sarlo

de

la sociedad, se sirve

de su saber para prestar ayuda

a

esos

acontecimiento repetib le que se devela en l as fa ll as del dIscur so .

enfermos,

pero

ese

saber 10 ayuda

aun

más a · justificar

esa actitud

Trata de crear cond iciones que permitan que lo que tiene que decir l a locura se enuncie sin co nstriccion es . Entonces, d esde el campo

tradicional. En e llo , además -

liana

la

que

ha insistido en

sobre este punto -

y

es

todo

l a nueva

escuela ita-

obedece quizás a necesi-

del deseo y del goce, h ab rán de sur gir en el sujeto l os obstáculos que

dades

sociales

o admin istrativas,

pero

sobre

todo

concilia

con

los

se opondrán a la apar ició n d el sinsentido que tiene

sentido. (Aque llo

temores y l os prejuicios de

la mayoría de

l a población .

 

a lo qu e e l su j eto se encuentra e nfrent a do es la squeda de un significante perdido allá donde el deseo está en juego.)

Las experiencias arit i psiquiátricas extranjeras (en particular las de Laing y Cooper en Inglaterra) h a n mostrado su eficacia, a pesar de l a resistencia inevitable de l as tradiciones y la s costumbres. No lo d ebe n mucho a la "experiencia analítica", a l a que imitan por su res erva ante toda tentación de intervención y la paciencia con que escuchan el discurso, sino que las novedades clínicas cuya ap.aric ión promueven encuentran su justific ació n teórica en l a teoría pSlcoan a - lítica misma . En todo caso, es posible e l acuerdo y la cooperación entre l as actitudes antips iq uiátricas y las investig aciones a n alíticas,

  • 2 La administración ha pue sto fin a ciertas invest ig aciones adoptando ( IJo r razones políticas) medidas de exclusión contra ciertos analistas cuyo valo r

clinico era reconocido, por otra part e, en fo rma pagar entonces las consecuencias de l a pa rtida

unánime . Los niños d ebie ron de equipos cnte ros de es pe·

cialistas, como ocur ri ó en el caso de l os consultorios e xternos médico-peda;ó-

Sicos de Thiais, pe~o también en el Hopital des Enfants Ma lades, donde se desmembró un eql up o con absoluto desprecio de la investigación co lectiva

que

se

efectuaba.

En

otras

partes, se trata

de

medidas

i ndividuales

que

se

a doptan contra uno u otro analista de conocida r eputación. Siempre se ¡m 'oca un reg lamento adm i nistrativo para ocultar Jo arbitrario de la medida de represión. De esta manera, en Francia, se está viendo cada vez más amenazada por la censura cierta forma de investigación so br e el retardo mental y la psicos is.

12

l'R6LOGO

El motivo por el cual las investigaciones y las innovaciones teó-

ricas o clínicas son tan difíciles de promover se encuentra, en última i ns t ancia, en esos pr ejuicios existentes tanto a nivel po licial como adm i nistrativo, e incluso político. No es posible estimular ofi cial- mente esas investigaciones o innovaciones, porque implican cuestio-

nar las rea l izaciones administrativas mi smas. Desde el punto

de vista

administrativo, só lo los límites presupuestarios frenan l a creación de

organismos institucionales, y sin estos límites se crearían infinita- mente nuevos centros de cura, pero siempre según las mismas opcio- nes conservadoras.

E l problema, sin embargo,

no es específicamen te político ( l a ac-

titud frente a la "enfermedad mental" participa del mismo co nserva - dorismo en Cuba o en Pekín). Lo que se cuesti0na es la mentalidad colectiva ante la locura. E l problema social -y político- del retardo mental y la psicosis ha permitido la creación de toda una organización médica y admi- nistrativa cuyos esfuerzos y cuya devoción no pueden negarse. Pero el problema de la investi ga ción desinteres ada se plantea de un modo tota lmente diferente . Quizá sea inevit able que la investigación teórica entre en confl icto con l a administración) pero s i bien es natural que

no se subv ierta ni se de sacredi te lo ya existente ante cada progreso que se alcanza en la comprensión teórica de lo que son e l retardo

y l a psicosis, es n~esario al mismo tiempo poder e xigir

que no se

esterilice la investi gación teórica sacrificándola en beneficio del perfeccionamiento d e l as estructuras socia les y administrativas. La preocupación por la "rentabilidad" no debería imposibilitar la inves-

t igación desinteresada. En El nir10 retardado

j' su madre denuncié la magnitud de una

segregación que golpea a un número cada vez mayor de niños (según

.. exigencias profesionales, menos lugar hay para el disminuido en nuestra soc iedad, y cuando se le propone, es en el taller para disminuidos, con tar ifa regresiva en proporción al grado de disminución. 3

e l grado de industr i al ización del país)

Cuanto más aumentan l as

La sociedad se remite con toda buena conciencia al médico para

que éste señale cuáles son los sujetos que deben excluirse por

med i o

de un diagnóstico cuando no es posible integrarlos a cualquier precio

" Todo se combina en nuestra sociedad (en forma notoria la enseñanza y l a prensa) para que el problema del retardo mental (como hasta hace poc o

e l d e la esquizofrenia ) siga sustraído a

todo cuestionamiento. Parece r ía que

no

se pue d e discutir la noción de debilidad auténtica sin amenazar con subve r tir

e l aparato médico-administrativo tradicional.

PROLOGO

13

a l a "normalidad", pero no se interroga antes sobre las significac ion es q u e tienen esas locuras o esos retardos.

  • Mi li bro

no propone ningún remedio. No obstante, los efectos de

una actitud teórica nueva no son despreciables; cuestiona el sabe r recibido, p l antea nuevos interrogantes sobre la verdad y puede, con e l tiempo, contribuir a la modificación de las rutinas más consolidadas. Una cierta forma de .aber objetivado ha dejado en la sombra todo lo que en el psiquiatra (yen el pedagogo) se sustrae a los efectos producidos en él por la presencia de la locura .

Al entrar mi investigación en el estudio del retardo men t a l tal como é5te se presenta en la fantasía de la madre, no pretendía en mo d o alguno hacer que la madre se sienta responsable de l a disminució n ,

sino solamente

iluminar los efectos que tiene, a l nive l del n i ño, cierto

mecanismo de

ocultamiento que funciona en la madre. Inte n taba

mostrar c6mo una enfermedad, así sea orgánica, puede cumplir e n

el otro (progenitor o terapeuta)

una fu

..l

ción, otorgar un st atus, que

provoca una alienación suplementaria en el 'Cdisminuido)'. Se crea de esta manera una situación en la que los progenitores, los reeducado res y los médico s, lejos de intentar comprende r al niño como sujeto movido por e l deseo, lo integran como objeto de cura en sistemas d iversos

de recuperación, de sp ojándolo de toda palabra persona l.

En este libro, trato en el fondo sobre el mismo prob lema, pero no se trata ya solamente de la madre y del hijo. Se trata de la actitud inconsciente colectiva de los ubienpensantes" ante el "anorma l». Muestro los efectos de esa actitud, sin tener Hsolución)) que proponer.

No basta con cuestionar la actitud defensiva de una sociedad que excluye con excesiva faci l idad al niño o al adulto "anormales". Es prec iso annJ i zar también la act i tud inversa, surgida del desconoci- m iento de aquella defensa. En este segundo caso) el retardado o el l oco se conv i erte en objeto de un verdadero culto religioso. Se halla en peligro de verse "recuperado" por instituc iones caritativas, compartido como ob j eto de ciencia y de cura por una multitud de especia l istas, mientras que civilmente su suerte corre el riesgo de verse defin i t iva- mente sellada por la gracia de un certificado de invalidez.

El mito

de

la norma

(nivel

intelectual, etc.)

y

el

peso de

los

prejuicios científic os desempeñan el papel de factores de alienación

social, no

sólo para el

·~nfermo mental sino

también

para quie n es

lo cura n y para sus padres .

Habría que volver a plantear, sobre bases teóricas diferentes de l as que por lo general se usan, la noc ión misma de i nstituc i ón (para re-

PRÓLOGO

tardados o psicóticos). y no es posibl e repensar la institu ción sin comenzar por cuestio na r el orige n mismo de su ex istencia."

E l "paciente" sirve con

frecuen cia de pantalla para lo que e l que

cura no qu iere ni saber ni oír, porqu e e ll o seña

l as

motivaciones profundas de las relaciones jerárq

la d e inmediato uic as instituidas,

así como l a función de un detennina do orden vigente . La acción de l terapeuta evi d enc i a desde el primer momento y sobre todo su natu~ ra l eza defensiva. Al tocarla tropieza un o con l os efectos d e resistencia

del terapeuta, que en su relación con el paciente se esfuerza (incons~ cientemente) por sustraerse a todo riesgo de que surja una verda d. ti

De esta manera las reeducac ion es, las orientaciones, l as cu r as de todo

tipo, tienen por función contener ante todo l a a n g u stia del personal.

No negaremos por cierto que e l nivel en que se hall an en la actua~ lid ad nuestros conocimi e ntos teóric os y nuestros medios t écnicos no nos permite considerar a estas cu estiones como definitivamente ce~ rradas y r es uelt as .

1' ''IMlmA PARTE

I ( )( 'URA E INSTITUCIÓN PSIQUIÁTRICA

I Entonces porque uno es un internado se :~

tocan

timbres, se lo

lleva

de

aqu!

para

alla .

Le cuento

historias de locos . ¿ Qué otra cosa

quiere usted que le cuente?

LAURENT

.

(un internado)

..

..

Véanse los

tra bajos de J.

Ayme, H

. Cha igneau, J. Oury y F. Tosque lle s.

El desarrollo d e sus ideas se encuentra en diferentes textos individuales o

co l ec tivo s de

Enfance a liénée , setie mbre de 1967 , Enfance aliénée ll, diciembre

de

1968 , e n Recherches. Véase también Bronislaw Malinowski,

Une

t héor ie

scientifjque de la culture, p.

19, co lec ci6n Points. &l.

du Seuil,

1970 . [Hay

edic i6n

e n español:

Una

te oría cientlfjca de

la cultu ra, Buen os

Aires, Sud -

a m e ri cana, 1948]

ri Las cons ulta s externas médico-pedag6gicas asumen el lug ar d e las fami l ias d e los psic6ticos cuando establecen una o rgaruzaci6n de desconocimiento de

Jos prob l ema s instituciona les o

al niño a su inadaptaci6n.

( !) .

cuando le

reprochan a l ana Ji sta no a daptar

  • 18 LOCURA E INSTITUCION PSIQUIATRICA

palabra del Otro. 3 He aquí

p or qué

medicina)

el médico, a

través de lo

(en

la orientación

a~tual .d.e la

que se

dice,

trata

de IdentifIcar,

.ante todo, las marcas que le permiten reconstruir una estructura y que se hallan ocultas en cada palabra perd id a a l nive l del cuerpo sufnen~e, como lo veremos e n es t a breve observación relatada por Fran~olse Dclta:"

U-Me duele la cabeza -decía un hijo único de 3 años . (Lo habían traído porque era imposible segu ir teniéndolo en la guardería infantil, donde no cesaba de quejarse de su dolor de cabeza; parecía enfermo , pas ivo y dolorido . Por otra parte, sufría de in somnio, ~stado ~e~ ,cual

su

médico

no

encontraba

so liloquio. Le pregun té:

causa

orgánica.)

ConmIgo

repltlO

su

-¿ Quién l o dice? y é l continuó rep iti endo con un tono quejumbroso: -Me duele la cabeza. -¿Dónde? Muéstrame; ¿dónde te duele la cabeza?

Pregunta que nunca se le hab ía formulado:

-Aquí

(y

se

señaló

e l muslo

cerca de

la mgle).

-y ahí, ¿ está la cabeza de quién? - De mamá".

LA SECRECACION I'SlQUJÁ1'RICA

19

solicitud de curación que plantean el paciente, quienes con él viven, o la sociedad, se halla siempre encubierta por imperativos ético~ morales. La noción de "enfermedad mental", quiéralo o no e l psi~ quiatra, remite a criterios de adaptación soc ial: curarse significa

"e ntrar de nuevo en las filas de los bien pensantes" . La sociedad exige que el orden no sea perturbado: el acto psiqu iátrico lo tiene en cuenta cuando el médico redacta un certificad o según el cual a un individuo debe considerárselo como "peligroso para mismo y los demás", certificado que implicará el aislamiento del su jeto , su separación de la sociedad. Cuando a un individuo se lo "reconoce como loco", la socie- dad, por intennedio del psiquiatra, lo ubica en la categoría de los "enfermos mentales", para apartarlo. De esta manera, cierta tradición

médica ha

h echo del psiquiatra un personaje que detenta un a especie

de autoridad moral y policial. Administrativamente, compartidos con la policía , puede tener que rendirle

tiene in tereses cuentas, como

ocurre en el caso de las internaciones de oficio (internaciones efec- tuadas por decisión de l a justicia) . Este rechazo que hace la sociedad del "enfermo mental" obligará a este último a integrarse a un nuevo nivelo status. El ho spital psiquiátrico 4 contribuye a modelarlo, a fijarlo en una espec ie de anonimato hecho de resignación.

- Joven todavía -me decía un internado voluntario-, he apren-

 

La qu eja somática de l niño) nos remite aquí a otra queja, l a de la

dido

la

v id a

del

asilo,

a

soportar a los otros, puesto que aceptan

madre. Mediante sus jaquecas está mostrada ]a verdad d e lo que

soportarme .

se hallaba encubieflo en las re lac ion es de la pareja progenitora. El

El

paciente

vive

a

veces la

hospitalización como una sanClOn

niño, sin saberlo, se hacía cargo del síntoma materno. Había log~ado

merec id a . En el asilo, el adulto se identifica con ese niño o ese adoles-

converti r se así en el síntoma de su madre , ilustrando en e l lugar mIsmo

cente que fue , al que se amenaza con encerrar en el "hogar"

de niños

de su dolor ]a frase materna: <lMire usted lo que la vida ha hecho

desvalidos . En ese hogar~prjsión ha terminado por aterrizar; lo ha

de

mí".

En este caso,

la

demanda de

cura pa r a el niño nos remitía,

encontrado en

e l hospital psiquiátrico,

en

el

cua l

el psiquiatra es

en realidad, a una demanda de cura para la madre, dema.n?a que se

esquema (la queja que se lleva al médico) volv~mos ~ encontrarlo

su guardián.

apoyaba en un deseo inconsciente de hacer fracas~r la ~edlcma (pa ra co nservar intacto el placer de mantener un deseo InsatIsfecho). A este

La usurpación que el poder judicial hizo sobre el poder médico ha contribuido a falsear el aborda je científico del problema de la "en. fermedad mental". La ciencia médica, si ha llegado a establecer diag.

bajo una forma

idéntica en psiquiatría con la dIferenCia de que la

nósticos descriptivos, se ha visto, desde hace tiempo, reducida en psiquiatría a utilizar estos diagnósticos de un modo meramente reore-

de

psych ologie,

PUF,

5

de

enero

de

1958.

[Hay

~~i,ción en

españo l:

Las

sivo en el plano de la práctica. El psiquiatra oscila entre un punt~ de

formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Nueva VIS tOn, 1970]

 

.

vista médico que no es nada fácil definir (a l os casos psiquiátricos lo

 

3

Lacan:

"Descifrando esa palabra encontró Freud la l engua prImera. de

se los ha llamado enfermedades mentales metafóricamente ) y un punto

Jos

símbolos, viva en el sufrim i ento del hombre de l a civilización

(jeroglífiCOS

de

la histeria

Serits,

éd.

S;glo XX I ,

blason

Seuij,

197 1]

es

de

1967.

la fobia, etc.)",

[Hay

edici6n

.

"La Para Je españo l :

en

et le Langage",

en

Escritos

1,

México,

"Hospital en nue stros días

5

psiquiát r ico" es la denominación mediante la cual se designa

lo

antes

se llamaba " asilo "

-pero,

como me

lo

hada

 

" Fran{:oise Dolto, prefacio a Le premf~r. rendez~vous

auec le ps?chanalyste ,

notar

un

internado

que (parano i co),

"eso

da

mejor

conciencia,

es

más

lindo

Maud

Mannoni, Gonthier,

1965. {Hay ed iCIón en

espano l : La prtmera entre~

f···J para nosot r os, eso no cambia nada, la realidad de nues,ra condici6n sigue

vista con el psicoanalista, Buenos Aires, Graniea, 1973.}

 

siendo

la misma".

  • 20 LOCURA E I NSTITUCiÓN PSIQ U IÁTRICA

de vista educativo en el c ual tampoco se sien t e cómodo. Al acto psi. quiátrico se lo experimenta doloro sa mente , a menudo como una forma de coerción educativa, que recuerda las sanciones de la inf ancia. Así,

la s demandas del en fenno

en

e l

asilo

se formulan

en

términos

que

recuerdan extrañame n te los de la s prisiones. En l as sit uacion es límite

e l permiso de sa lida se asimila a una especie de levantamiento de la pena (o de eliminación del individuo de la nómina carcelaria); hasta tal punto se halla presente en e l enfermo e l criterio de "buena conducta", De esta manera el personaje médico releva a la autoridad fami-

liar y

a

la

poli c ial , lo

que

influirá e n el

hacen los pacientes a los terap e utas. La

esti lo de

las demandas que

hospitalización crea una si-

tuación particular , imprime a l a enfermedad del asilado una fi g ura diferente de la que r eviste la enfermedad mental fuera del asilo. En e l sig lo XVIII Dupont de Nemours había ll amado ya la atención e

sobre e l hecho de que ninguna manecer pura: "Se requeriría

enfermedad hospitalaria podía per- -decía- un médico de ho spi tal

muy hábil para que pudiese escapa r al peligro de la experiencia f a lsa que par ece resultar de las en fermed ades artificiales a las que debe proporcionar sus cuidados en los hospitales". Esta observación del si g lo XVIII, que no es válida ya para el tratamiento de las enfer- medades somáticas, lo es todavía , e n nuestros días, par a las enferme- dades psjquiátri¡;as. El medio cerrado del ho spital psiquiátrico crea, es cosa sabida, una enfermedad "inst itu cion al" que se agr ega a la enferme dad inicial d eformándo l a o fijándola d e un modo anormal. El medio hospitalario se asemeja a las estructuras de una vida fami- liar coerc itiva y favorece el desarrollo de una nueva enfermeda d, específica de la institución misma. El elemento oculto ( trasferencia) que e l psicoanáLisis ha descubierto en la relación médico- enfer mo, existe también en la relación del enfermo con la institu ción . La pal abra que le ll ega a l médico sufre los efectos de otra palabra cuyo vehíc ulo es la institución. El "enfermo" se ve a rrastrado p or cierto lenguaje institu cional , habla desde un lug ar en el cual se desarro- llan en g rados di versos, conflictos persecutorios propios de l a vida en un medio cerrado (co nflictos e ntre los terapeutas, conflictos entre los terapeutas y los pacientes, conflictos de los enfermos entre ellos). Entre los difer entes personajes de la institución se opera todo un ju ego de identificación proy ectiva, sin que el sujeto pueda, por lo general, asumir e n una palabra personal lo s efectos de esta sit uación,

11 Dupont de Nemours, ldées sur les secours a donner a Paris en 1786, citado

por Michel FOllcault, en Naissance

de

la

clinique. PUF,

1963 , (Hay

e d,

en

españo l: El

nacimiento de la clínica, México, Siglo XXI,

1966.]

LA SEGREGACiÓN PSIQUIÁTRICA

21

Las estructuras de

la in stitución, en la medida en

que no

permiten

que las emociones se traduz can en una especie de reorganización dialéctica, fijan al sujeto en defensas de ca rácter estereotipado. En-

t on ces se presenta con la vestidura de la locura que le ha propor -

(' iona do

la psiquiatría clásica . Inc apaz de ubicarse e