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Universidad Central de Venezuela Facultad de Humanidades y Educación Escuela de Historia Introducción a la Historia de América Leonardo Soteldo

El Salvador: tierra, guerra y paz (1970 - 1992)

Introducción

Cónsono a los otros países latinoamericanos, El Salvador cuenta con una historia llena

de desigualdades sociales, fuertes gobiernos dictadores y rebeliones populares. Además la

injerencia imperialista se hace presente en no pocos episodios. Todo esto que perfectamente

delineado en el período que nos hemos propuesto estudiar las décadas del 70 y 80, en la

cual se desarrolló un conflicto bélico que dejaría un trauma social bastante profundo en El

Salvador, y configuraría el actual estado del país.

Las desigualdades en la tenencia de la tierra determinan esta formación económico-

social. Desde finales del siglo XX logra dominar una oligarquía cafetalera cuyo régimen

empobrece y reprime a millones de campesinos salvadoreños. Esto ha mantenido siempre

presentes los conflictos sociales en “el pulgarcito de América”. En el siglo XX este

escenario, aunado a unas masas particularmente politizadas por la particular impronta

eclesiástica harán estallar una guerra entre grupos beligerantes y un Estado habituado a la

implantación del terror que durará desde 1980 a 1992, culminando con procesos de

pacificación de la guerrilla, hecho que significó la desmovilización y desarticulación de un

pueblo enormemente combativo.

Hemos dividido nuestra exposición en cuatro ideas principales, donde tratamos de

explicar desde la génesis y las causas del conflicto armado, hasta su resolución, desde un

punto de vista socioeconómico y político. En la idea I desarrollamos la base económica del

país y la situación particular en 1970. La idea II narra los principales acontecimientos de la

década del 70 y el surgimiento de los movimientos de oposición que actuaran en el

conflicto armado. La idea III trata sobre el carácter del conflicto, centrándonos en los

patrones de violencia producidos por las distintas partes. Y en la idea IV explicamos las

causas del proceso de paz y cómo fue producido.

I- La estructura económica salvadoreña y las condiciones materiales e históricas del conflicto La dinámica histórica de El Salvador sólo puede ser comprendida teniendo en cuenta su compleja estructura socioeconómica, que condiciona las acciones e intereses de los actores políticos que actúan en el período por nosotros estudiado. Una vez disuelta la República Federal de Centroamérica en 1839, se abre una disputa intestina en El Salvador entre liberales y conservadores. Los primeros triunfan en 1871 llegando al poder. En 1881 y 1882, durante el gobierno de Rafael Zaldívar, serían aprobadas leyes que eliminaban las propiedades comunales y ejidales. Éstas venían a confirmar lo que de hecho ya ocurría con anterioridad: el despojo de las tierras de pequeños campesinos e indígenas por parte de los grandes terratenientes, que gracias a esto se hacían cada vez más grandes. Se produjo un proceso de acumulación originaria en el cual la producción pasaba a fundamentarse en un régimen de propiedad privada basada en la explotación del trabajo ajeno. Se configuraba así una sociedad dominada por una burguesía de carácter oligárquico y una cada vez mayor cantidad de trabajadores asalariados, otrora campesinos. La explotación del añil (que había sido el principal producto agrícola de El Salvador desde la colonia hasta la década de 1870; ya no podía serlo por la existencia de tintes sintéticos más efectivos y baratos en el mercado mundial) había permitido el mantenimiento de las tierras comunales y ejidales. Pero la producción del nuevo protagonista, el café, en manos de una naciente burguesía, necesitaba de la acumulación de grandes extensiones de tierra en pocas manos, y la disponibilidad de mano de obra asalariada, conseguida esta última con la proletarización del campesinado, ocurrida durante el despojo de sus medios de subsistencia. Iniciaba así la historia capitalista de El Salvador. En el siglo XX la situación no cambiaba en demasía. Esta oligarquía cafetalera había dominado el poder político con personalidades pertenecientes a los apellidos más tradicionales, o con vínculos con los gobernantes de turno. Será en 1932 cuando entra en escena otro de nuestros personajes del elenco: el poder militar. Si bien el despojo de los campesinos se solía hacer con su complicidad, la rebelión campesina –apoyada por el Partido Comunista Salvadoreño (PCS), dirigido por Farabundo Martí- producida por la respuesta a sus condiciones precarias, provocaría una represión brutal de parte del ejército “…Aunque gran parte de la violencia de (…) 1932 la perpetraron vigilantes civiles –los

antepasados de los escuadrones de la muerte…” 1 , de los que hablaremos más adelante. El

saldo de este episodio fue de alrededor de 10.000 asesinados, un campesinado traumado –

aunque no por mucho tiempo- y la llegada de los militares al poder, donde morarían los

próximos 50 años.

La oligarquía ya no podría gobernar de manera directa. Los intereses –a veces

profundamente personalistas- de los militares serían un nuevo factor de gobierno. Aunque,

en última instancia, estos regímenes permitirían unas excelentes condiciones para la

generación de riquezas de la oligarquía cafetalera, afirmar que no representaba un cambio

en la forma en que ésta dominaba la formación económico-social salvadoreña –y una

perdida parcial de su dominio- es simplificar la realidad.

La revuelta de 1932 es un pequeño ejemplo de la trama salvadoreña en el siglo XX. En

ella abundan el dominio de una oligarquía agraria, las intensas luchas populares –en

reclamo por mejores condiciones vitales- con sus respectivas organizaciones políticas, los

militares y paramilitares, y la brutal represión perpetrada por estos últimos.

El café seguirá dominando la mayoría de la economía salvadoreña por todo el siglo

XX, aunque a mediados de éste se le añaden principalmente otros dos rubros: el algodón y

el azúcar. El algodón será introducido en la década del 40 y pasará a ser el segundo

producto más importante. Éste requiere de grandes extensiones de tierra y menos mano de

obra que el café, así que mientras más tierras son añadidas a la producción de algodón, más

desempleo se produce en las zonas rurales, aunque a la vez esta materia prima permitió el

surgimiento de una industria basada en su manufacturación. La caña de azúcar, por el

contrario, seguía requiriendo mano de obra abundante, pero los anteriores dueños eran

desplazados hacia las zonas menos fértiles, lo que les dejaba una menor productividad para

su economía de subsistencia y consecuentemente una menor calidad de vida. Para 1961 el

área de cultivo de este rubro sería de 8.541 hectáreas, 15 años después: 34.626, y para

1991: 47.872 2 . En definitiva “…Las prácticas decimonónicas de legalización del despojo

1 James Dunkerley. “El Salvador desde 1930” en Leslie Bethell. Historia de América Latina (América Central desde 1930). p. 93.

2 Henry Suárez. Andar la violencia (La población civil en espacios de conflicto. El Salvador en la década del ochenta). p. 38.

[de los campesinos] con la connivencia de los jueces y el espaldarazo de las armas, forman parte de los mecanismos políticos de control social, aún activos a finales del siglo XX.” 3

Subsectores

1970

1978

1990

1995

Café

27,2

24,2

23,4

26,6

Algodón

15,6

16,6

1,9

1,3

Granos básicos

13,9

13,8

19,8

19,5

Caña de Azúcar

2,0

3,3

3,1

3,6

Otras producciones agrícolas

16,2

14,0

14,9

14,1

Ganadería

12,6

15,0

17,5

17,1

Avicultura

3,8

5,7

9,4

8,9

Silvicultura

4,9

4,9

6,4

6,0

Productos de la caza y la pesca

4,0

2,5

3,7

2,9

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

El cuadro anterior muestra los cambios en la estructura del producto agropecuario salvadoreño de 1970 a 1995 4 . Cabe destacar que el aumento de las tierras cultivables de la caña de azúcar y el algodón se hacía en detrimento principalmente de las destinadas a los granos básicos (maíz, arroz, frijol, maicillo), como anteriormente lo había hecho el café – que no paraba de crecer en extensiones cultivadas, despojando a más campesinos-. La adición de tierras para la actividad ganadera, que requieren menos mano de obra, incrementa al igual esta tendencia.

3 Ibídem. p. 35. 4 Fátima Carolina Ramírez Cruz, y otros. Análisis estructural del sector agropecuario en El Salvador (evolución e implicaciones en la seguridad alimentaria del sector rural). p. 55.

De esta manera, las desigualdades en tenencia y usufructo de la tierra se van haciendo más evidentes aún en el siglo XX. Y para 1971, se configura un escenario mostrado en el siguiente cuadro 5 :

 

No. de

 

Superficie

 

Tamaño promedio (Has.)

Tipo de explotación

%

(miles de

%

explotadores

hectáreas)

Microfincas (menos de 1Ha)

134.464

48,9

70,3

4,8

0,5

Subfamiliares (de 1 a 9.9 Has)

118,075

43,6

323,5

22,3

2,7

Familiares (de 10 a 49.9 Has)

16.150

6,0

342,4

23,6

21,2

Multifamiliares medias (de 50 a 199.9 Has)

3.341

1,2

306,2

21,1

91,6

Multifamiliares grandes (de 200 a más Has)

838

0,3

409,5

28,2

488,6

TOTAL

270.868

100

1.451,9

100

5,4

La industria era escasa en el país, aunque tiene un tendencia al desarrollo a mediados del siglo XX. Se empieza a dar un fenómeno de entrada de capital extranjero, debido a los bajos costos de mano de obra, que afectaba la pequeña industria y sobretodo la doméstica:

“… La industrialización impulsada bajo la figura de la maquila, como se les conoce a estas factorías de ropa y calzado, acrecientan el desempleo y las tensiones sociales, además de llevar a la ruina al artesanado y a los pequeños empresarios.” 6

5 Ibídem. p. 51. 6 Henry Suárez, Ob. Cit. p. 39.

A esto hay que sumarle el hecho de que la mayoría de los campesinos eran contratados como temporeros. Sólo en determinados momentos de las cosechas eran requeridos por los terratenientes. En un país de 3.554.648 habitantes, de los cuales 632.054 (17,8% de la población total) se dedican a laburar en la rama agricultura, silvicultura, caza y pesca, genera una cantidad nada despreciable de individuos que viven en una perenne migración. Estos se tienen que desplazar entre las zonas rurales y centros urbanos constantemente (de acuerdo a las temporadas de cosecha y sus posibilidades laborales) para poder conseguir trabajo. No en vano se había producido una inmensa migración hacia Honduras, país con el cual estalla una guerra en 1969 –debido a reformas agrarias que favorecían a los hondureños en detrimento de los campesinos salvadoreños allí asentados-. Este episodio conllevó a una migración de aproximadamente 300.000 salvadoreños, hecho que acrecentó

la crisis existente aumentando el número de parados.

II- La década del 70 y el surgimiento de la oposición radical unificada.

La década de 1970 está caracterizada por un ascenso en el movimiento de masas sin precedentes, como reacción de las contradicciones sociales, la represión de los gobiernos militares y la presencia de sectores sociales con una conciencia política adquirida. Van a surgir muchos de las organizaciones de masas y de los partidos político-militares (ambos de oposición) que van a ser los protagonistas en el conflicto armado posterior. En esto juega un papel importante la iglesia católica, que va a fomentar las Comunidades Eclesiales de Base, instancia política organizativa del campesinado. La Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) va a ser una instancia mayor

y más general, surgida en 1969 como una agrupación de ligas campesinas. La iglesia

salvadoreña va a estar fuertemente influenciada por la Teología de la Liberación, y va a predicar unas interpretaciones de las Sagradas Escrituras en donde se denuncie fuertemente

las desigualdades sociales, la explotación y represión hacia los campesinos y a los responsables de estos males, que consideraban anticristianos. Así, el clero va a fungir como agente politizante, sobretodo del campesinado, y van a crear y fomentar estas primeras instancias, fundamentales para consolidar la solidaridad de clase y unas masas proclives a

la movilización gremial.

La formación de sindicatos, de organizaciones campesinas y de frentes amplios va a ser común a partir de 1970. Cabe destacar la fuerte participación de los estudiantes y los maestros –que contarán con no pocas organizaciones-. La FECCAS entran en contacto con la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y forman la Federación de Trabajadores del Campo (FTC), quizás la organización campesina más fuerte de la época. El mismo año se incorporarían con organizaciones diversas para conformar el Bloque Popular Revolucionario (BPR), frente amplio de masas conformado por sectores obrero-sindicales (Comité Coordinador de Sindicatos [CCS]), estudiantiles (Movimiento Estudiantil Revolucionario de Secundaria [MERS], Universitarios Revolucionario “19 de julio” [UR - 19], Fuerzas Universitarias Revolucionarias “30 de julio” [FUR-30]), educadores (Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños [ANDES “21 de junio”]), pobladores (Unión de Pobladores de Tugurios [UPT]) y el Movimiento de la Cultura Popular (MCP). Nos extendemos en la explicación para dar cuenta de la heterogeneidad del movimiento de izquierda salvadoreño y la manera en que estaban conformados los frentes de masas. Como el BPR, surgirán también el Frente de Acción Popular Unificada (FAPU) en 1974, las Ligas Populares “28 de febrero” (LP-28) en 1977, el Movimiento de Liberación Popular (MLP) en 1979 y la Unión Democrática Nacionalista (UND) en 1969. Todos frentes de masas. La UND contaba con una fuerte presencia del PCS, pudiendo decirse que en realidad significaba una faceta legal del mismo. Ésta participaría en dos comicios electorales (el PCS no abandonaría la tesis de llegar al poder para realizar las reformas necesarias desde allí, fundamentada en la idea sobre la necesidad del fortalecimiento de una burguesía nacional contraoligárquica como paso previo a la revolución socialista) formando parte de la Unión Nacional Opositora (UNO), conformada también por el Partido Demócrata Cristiano (PDC; creado en 1962, de tendencia centroizquierdista, llegará al poder en pleno conflicto armado y continuará una brutal represión) y el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR; creado en 1968). En 1972 con el candidato José Napoleón Duarte y en 1977 con el Coronel Ernesto Claramount. Ambas elecciones son catalogadas de fraude por los contemporáneos y por la enorme mayoría de los investigadores; seguirían gobiernos militares en el poder. Estos episodios, y la brutal represión acaecida durante toda la década del 70, harán perder fuerza a estas organizaciones que abogaban salidas constitucionales. Cada vez más

personas se hacen con la idea de que es imposible que los cambios se vayan a producir por las vías institucionales, lo que desemboca en una radicalización del movimiento de masas. Esto no sólo significaba la utilización de métodos más radicales por las organizaciones populares, sino el nacimiento de los partidos político-militares, surgidos de estos últimos. La primera organización guerrillera serían las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL), fundada en 1970. Esta sería una escisión del PCS. Después se fundan el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1971, las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (FARN), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) en 1976 y las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL; brazo armado del PCS). Estas organizaciones rompían con la tradición foquista latinoamericana (tesis que afirma que la insurrección de pequeños “focos” de vanguardia guerrillera impulsará a las masas a un radicalización y posterior victoria revolucionaria), y se inscribían dentro de la estrategia vietnamita de la “guerra prolongada”, no sin ciertas diferencias entre ellas. Esto es importante, ya que la vanguardia guerrillera en El Salvador se encontraba imbricada profundamente desde sus inicios con el movimiento de masas. Así, el BPR estaba ligado a las FPL, el ERP a las LP-28, las FARN con el FAPU, el PRTC con el MPL, y las FAL con la UND. Los combativos años 70 tendieron a la aglutinación y coordinación de las organizaciones de izquierda, tanto en el movimiento de masas como en el guerrillero. Así, el FPL, el ERP, las FARN y las FAL formarían la Dirección Unificada de las Organizaciones político-militares (DRU) en 1980, y a finales de año, con la adición del PRTC, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). En el movimiento de masas, los frentes amplios se organizarían en la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM) y a finales de 1980 en el Frente Democrático Revolucionario (FDR). El FDR y el FMLN pasarían a ser las instancias máximas organizativas de la izquierda salvadoreña, y anunciarían su alianza ese mismo año, bajo la consigna de “gobierno ” La década del 70 no sólo había significado un período donde las contradicciones sociales se acentuaban, sino también el surgimiento de una oposición cada vez más radical, que en 1980 ya creía imposible llegar al poder y realizar las reformas necesarias por vías institucionales, y que había logrado aglutinarse en instancias organizativas centralizadas y fuertemente vinculadas entre sí. La centralización de las organizaciones significaba, en el

terreno militar, una mayor fuerza de fuego y capacidad para llevar a cabo una “guerra prolongada” al estilo vietnamita en contra del gobierno, y, en el campo de las

organizaciones populares, significaba una mayor coordinación para acciones como huelgas

y movilizaciones, y una mayor cantidad de sectores luchando por objetivos más políticos y

estratégicos que transcendían las demandas meramente reivindicativas de los gremios. La enorme cantidad de huelgas –victoriosas o duramente reprimidas-, y las acciones aun parciales de los grupos guerrilleros anunciaban lo que se avecinaba a partir de 1980, pero también lo hacían la represión del gobierno y el surgimiento de los grupos paramilitares. III- El conflicto armado en la década del 80 Con el último fraude electoral de 1977, se había designado Presidente al General Carlos Humberto Romero. Este había acometido una fuerte represión a la oposición política. En 1979, la crisis política se acentúa y se produce un golpe de Estado por parte de un movimiento de jóvenes militares. En octubre se instaura la Junta Revolucionaria de Gobierno, de composición bastante contradictoria, con grupos conservadores y otros

reformistas. Estos últimos intentaban llevar a cabo una reforma agraria, la nacionalización de la banca y el desmantelamiento de los grupos paramilitares como ORDEN 7 . Al final los reformistas –apoyados y asesorados por EEUU en sus políticas-, quienes proponían las reformas como un método para asegurar la estabilidad del régimen serían desplazados del gobierno. La represión con la Junta de Gobierno no había disminuido, sino por el contrario aumentaría en 1980. En este año inicia el conflicto armado abierto –guerra civil según muchos-. Aunque los asesinatos y persecuciones hacia la oposición política llevados a cabo por el ejército, policías y fuerzas paramilitares, y los secuestros y ajusticiamientos realizados por la guerrilla, son fenómenos visibles durante toda la década de 1970, sería la centralización de las organizaciones político-militares –que suponían un funcionamiento de las mismas que podía poner en jaque el Estado salvadoreño, cosa apreciable con la ofensiva militar general de 1981- y la agudización al máximo de los conflictos sociales que desembocaba en una violenta polarización –que termina de estallar con el asesinato del obispo Monseñor Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo- lo que den inicio a un

7 Organización Democrática Nacionalista. Era un grupo paramilitar nacido en 1961 que había servido a los gobiernos militares a reprimir a los campesinos. La eliminación de ORDEN era una exigencia generalizada en los grupos opositores.

enfrentamiento sin pausas y a unos patrones de violencia sólo pueden ser categorizados en una palabra: guerra. La cantidad de muertos, desaparecidos, heridos, desplazados, y el cambio en su estilo de vida que sufrirán todos los salvadoreños así lo atestiguan. El golpe de 1979 había ocurrido, en este cuadro, por la incapacidad de los militares de seguir manteniendo la estabilidad política necesaria para mantener el régimen, y que los EEUU buscaban para su “patio trasero” 8 . Los intentos reformistas de la Junta buscarían ganar la estabilidad –por eso el apoyo de los EEUU-, pero fueron denunciados por los oligarcas ya que tocaban sus intereses, y por el FDR-FMLN por oportunista; al final no serían ejecutados. La oligarquía agrícola, ante este estado de cosas, se apoyaría en el partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA; fundado en 1980 ante las pretensiones reformistas) y en escuadrones de la muerte (grupos paramilitares) para garantizar sus intereses, que los democristianos -reformistas- ni muchos menos la oposición radical iban a defender. ARENA, presidido por el exmayor Roberto D’Aubuisson, tendría en su primer momento las posturas más reaccionarias. No sólo se opondría a las reformas sino a cualquier intento o posibilidad de diálogo con el FMLN –ya que la paz significaba ceder en algunos aspectos-. La Junta de Gobierno había designado una Asamblea Constituyente que estaría presidida por Roberto D’Aubuisson, en 1983 sanciona una nueva constitución política. Esto garantizaba un aparente juego político democrático, que permitía la deslegitimación de los insurgentes, sobretodo en el ámbito internacional. En marzo de 1984 se realizan elecciones y José Napoleón Duarte, del PDC gana las elecciones. El FMLN se fortalecería, y después de “Ofensiva Final” de 1981, al año siguiente lograría dominar militarmente territorios ruales que serían declarados como “territorios libres”. La reacción de las fuerzas armadas será el inicio de bombardeos a estas zonas, que cobraran muchas vidas civiles y generaran muchos desplazados. En 1983 el FMLN expandirá su ofensiva militar a prácticamente todo el territorio nacional, incursionando en las ciudades más importantes. Por otra parte, el movimiento de masas mantendría su combatividad con marchas y huelgas generales como lo hacía en la década pasado, pero la

8 El apoyo de EEUU a los gobiernos salvadoreños atraviesa completamente el período del conflicto. No sólo enviaban armamento y militares, sino que financiaban enviando ingentes sumas de dólares. Para 1987 será el país latinoamericano que más “ayuda” recibiría por parte de los EEUU. Un total de 319 MM para la economía y 121 MM para lo militar recibiría el gobierno democristiano ese año.

intensa represión –como nunca antes se había visto- hará que para 1983 cesen estos métodos en gran parte. Y es que los primeros 3 años del conflicto serán los más cruentos:

de un aproximado de 70.000 asesinatos que generaron los 12 años de guerra, 30.000 se producirán en estos primeros años. El trauma al movimiento popular será grande, y sólo volverá a su dinámica en 1986. La violencia en el período del conflicto se institucionaliza, y puede ser agrupada en tres grandes tipos, cada uno con sus patrones de conducta: la violencia oficial (del Estado), la producida por los escuadrones de la muerte (que se produce generalmente en conchupancia con el Estado y a favor de las intereses de las clases dominantes), y la violencia en contra del Estado, producida por los grupos insurgentes. Reseñaremos brevemente los patrones de acción de estos actores del conflicto, y mostraremos algunos ejemplos de casos ilustrativos, en base a la investigación realizada por la Comisión de la verdad para El Salvador. 9 La polarización vigente para el período del conflicto generaría un clima donde aquellos con diferencias políticas o ideológicas serían considerados enemigos. De esta manera, los opositores al régimen –no sólo los insurgentes, sino incluso aquellos que formaban parte de la democracia cristiana- serían perseguidos, encarcelados, torturados y ejecutados. Muchos inocentes también serían victimas, al ser considerados sospechosos y potenciales insurgentes. Para este fin, tanto las fuerzas armadas, los cuerpos policiales y los escuadrones de la muerte (grupos paramilitares conformados por civiles y militares amparados generalmente por el Estado pero que actuaban de manera ilegal) serían usadas. La oficialidad seguiría el método de “quitarle el agua al pez” para luchar contra la guerrilla. Esto consistía en implantar el terror –bajo la forma de bombardeos, secuestros, ejecuciones masivas por tierra y aire, violaciones, tortura- en aquellas zonas donde la guerrilla obtenía su base social: las zonas rurales. Las masacres a aldeas enteras, y a poblados que huían del terror, fueron comunes:

9 La Comisión sería la concreción de los acuerdos de paz, que ya se comenzaban a firmar para 1991. Ésta sería reconocida por la ONU y estaría a cargo de personajes no salvadoreños –para garantizar su objetividad-. Su objetivo fue el de esclarecer los hechos y encontrar culpables de los casos de violación de derechos humanos durante el período de 1980 – 1992 en El Salvador, tanto por parte del Estado y de los escuadrones de la muerte, como por la guerrilla. Los resultados de la investigación son unos importantes II tomos de un material que trasciende el informe judicial o periodístico, y se eleva a la categoría de obra historiográfica, a nuestro juicio.

“Todo comprueba que esas muertes se inscriben dentro de un patrón de conducta, de una estrategia deliberada de eliminar o aterrorizar a la población campesina de las zonas de actividad de los guerrilleros, a fin de privar a éstos de esta fuente de abastecimientos y de información, así como de la posibilidad de ocultarse o disimularse entre ella. Es imposible sostener que este patrón de conducta sea atribuible sólo a los mandos locales, y que haya sido desconocido de los mandos superiores. Como se ha narrado, las masacres de población campesina fueron denunciadas reiteradamente. No hay evidencias de que se haya hecho ningún esfuerzo por investigarlas. Las autoridades se limitaron a calificar estas denuncias de propaganda calumniosa de los adversarios [la guerrilla]. De no ser por los esqueletos infantiles del El Mozote, aún hoy dudarían algunos de su existencia. Estos pequeños esqueletos son prueba no sólo de la existencia de la fría masacre de El Mozote, sino también de la corresponsabilidad de los mandos superiores, pues demuestran que la evidencia de los cadáveres insepultos estuvo mucho tiempo al alcance de cualquier investigación de los hechos. No puede aceptarse en este caso la excusa de que los mandos superiores ignoraran los hechos.” 10 Los asesinatos selectivos también serían lugar común, por parte de la violencia

oficial y paramilitar. El asesinato del obispo Monseñor Oscar Arnulfo Romero así lo

demuestra. Este fue asesinado mientras oficiaba la misa por un francotirador desde un carro

a orillas de la capilla del Hospital la Divina Providencia. Las Comisión de la verdad

sentenció como culpable al exmayor Roberto D’Aubuisson, político reaccionario fundador

de ARENA, quien habría dado la orden a los personales de seguridad de su entorno (como

presidente de la Asamblea Constituyente). D’Aubuisson nunca pagaría condena por sus

hechos. Otro ejemplo del secuestro y asesinato selectivo –esta vez a manos de fuerzas de

seguridad del Estado- lo mostramos a continuación.

El 27 de noviembre de 1980 serían secuestrados, torturados y asesinados varios

dirigentes del FDR. La acción iniciaría en el colegio Externado de San José, San Salvador,

a horas de la mañana, perpetrada por un grupo de hombres con armas de alto calibre e

instrumental policiaco-militar. Las víctimas serían: Enrique Álvarez Córdoba (Presidente

del FDR), Juan Chacón (Secretario General del BPR), Enrique Escobar Barrera (MNR),

Manuel de Jesús Franco Ramírez (UDN), Humberto Mendoza (MLP) y Doroteo Hernández

10 Comisión de la Verdad para El Salvador. De la locura a la esperanza (la guerra de 12 años en El Salvador). t.I, p. 131.

(UPT). Los cinco eran miembros de la dirección del FDR. Posteriormente, en el acto funerario, donde el FDR nombró los nuevos miembros de la dirección, se produciría la explosión de un artefacto bomba. La Comisión de la verdad determina que debido a “…la hora, el lugar, la cantidad de efectivos, los equipos de radio, vehículos, armamento y uniformes utilizados, la jerga y la cadena de mando, la retirada del personal sin problema alguno, así como, la falta de investigación adecuada por parte de los mismos cuerpos de seguridad, demuestran hasta donde estuvieron involucrados [los organismos de seguridad del Estado].” 11 En un comunicado del 1 de diciembre el FDR sentenciaría: “El FDR responsabiliza a la fracción derechista de la Fuerza Armada y al grupo fantoche de la Democracia Cristiana y al Gabinete de Gobierno cómplices del genocidio, quienes insisten en la aplicación de una serie de reformas con represión que sólo muerte, tragedia y luto han traído al país…” 12 “…El secuestro, tortura y posterior asesinato de los dirigentes políticos y sindicales fue un hecho que conmovió a la opinión pública nacional e internacional, y cerró toda posibilidad de salida negociada a la crisis política a finales de 1980…” 13 La guerrilla, por su parte, además de los continuos ataques a destacamentos y bases militares, realizaría ajusticiamientos y secuestros principalmente. Sus objetivos serían alcaldes, jueces, personeros del gobierno y de partidos de derecha y miembros de las “catorce familias”. El 2 de septiembre de 1984 un grupo perteneciente al FMLN secuestró a Inés Guadalupe Duarte, hija del Presidente Duarte, y a una acompañante, Ana Cecilia Villeda. En el hecho, uno de sus guardaespaldas murió y otros tres fueron heridos. Un mes después sería canjeada por 22 presos, incluyendo una Comandante del FMLN. En el mismo procedimiento se intercambiarían 101 lisiados de la guerrilla a cambio de 25 autoridades capturadas. Los secuestros acometidos para el intercambio de presos y rehenes fueron comunes. Otras veces, estos terminaban por el enjuiciamiento en “tribunales populares” y la ejecución. El FMLN recibiría múltiples denuncias por el uso poco controlado de minas

11 Comisión de la Verdad para El Salvador. De la locura a la esperanza (la guerra de 12 años en El Salvador). t.I, p. 58.

12 FDR. Comunicado del frente Democrático Revolucionario denunciando el asesinato de sus dirigentes. visto on-line en https://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/organizaciones/

13 Comisión de la Verdad para El Salvador. De la locura a la esperanza (la guerra de 12 años en El Salvador). t.I, p. 59.

antipersonales. Además de civiles inocentes, mismos miembros del Frente sufrirían sus consecuencias. IV- El fin del conflicto en las negociaciones de paz La posibilidad de llegar a un acuerdo pacífico que diera fin al conflicto armado siempre fue propugnada por los sectores de derecha moderados y por la iglesia. Y durante prácticamente toda la década del 80 los gobiernos tendían la mano para abrir el diálogo. El FMLN haría lo mismo en múltiples ocasiones. Pero habrían de producirse cambios subjetivos en las partes del conflicto para que esto terminara ocurriendo. En 1989 llega a la presidencia Alfredo Cristiani Burkard con el partido ARENA. Aunque el partido había sido la fuerza política que más se opusiera a la negociación con los insurgentes, el nuevo posicionamiento de Cristiani, quien sustituía a D’Aubuisson en el mando partidista, suponía unas posturas más moderadas del partido. Cristiani llegaría al poder prometiendo un diálogo abierto con los guerrilleros, para dar solución al conflicto. Por otro lado se iniciarían políticas de ajuste económico de carácter neoliberal, y la represión no cesaría en lo inmediato. En el FMLN siempre se había mantenido una discusión sobre aceptar o no la salida pacífica a la guerra. Con el aparente suicidio de Cayetano Carpio Marcial en 1983, la tendencia hacia la negociación ganaría espacio, y se terminaría imponiendo. En 1989 el Frente impulsaría su ofensiva militar “Hasta el Tope”, con la que lograrían hacerse con el control de los principales centros urbanos durante una semana. La respuesta del poder militar demostraría su desesperación ante un FMLN que se mostraba más poderoso:

bombardearía múltiples zonas urbanas provocando la muerte de miles. Esto reforzaba la necesidad del diálogo. En 1990, bajo los auspicios de la ONU, se firman acuerdos que planteaban mecanismos y plazos para que las negociaciones culminasen con la guerra. A partir de esto se continuó con 20 meses de intensas discusiones –con momentos álgidos que apuntaban hacia la imposibilidad de firmar la paz- que culminan con la firma el 31 de diciembre de 1991 de un compromiso para llegar a un acuerdo de paz en la mayor brevedad posible, cosa que se logró 15 días después con el Acuerdo de Chapultepec, en México. El cese al fuego entró en vigor el primer día de febrero de 1992.

Los Acuerdos establecían básicamente: la subordinación del poder militar sobre el civil, la purgación y reformación de la Fuerza Armada y de los cuerpos policiales –donde se aceptaría la participación de miembros del FLMN-, la reforma por medio de discusiones futuras del poder electoral para relegitimar las elecciones, la inserción del FMLN en el juego político legal y el respeto por sobre las diferencias, múltiples mecanismos para establecer un régimen donde se respetasen los derechos humanos y donde se denunciaran los responsables de las violaciones cometidas a estos durante el conflicto, la disolución de los escuadrones de la muerte y la realización de una reforma agraria. Para el movimiento de izquierda, significaría la desmovilización y desarticulación de grandes sectores. El FMLN sería incapaz de insertarse en el juego político electoral –por razones que no somos capaces de esclarecer-. Los dos próximos gobiernos serían de ARENA, que terminaría de afianzar las políticas neoliberales acordes al resto del continente. Si vemos una visión más amplia, la caída de la revolución salvadoreña forma parte del proceso negativo de la izquierda a nivel mundial. La caída del gobierno sandinista y de la URSS anunciaban la aparente veracidad de “el fin de la historia” y de los peores momentos para la izquierda. En este panorama parece que el proceso de pacificación salvadoreño y las consecuencias negativas para la izquierda eran inevitables, sobretodo teniendo en cuenta la renuencia cubana a brindar apoyo a la guerrilla –de hecho abogaba por la salida pacífica- y por el financiamiento y apoyo que los EEUU seguirían brindando a fuerzas políticas para evitar la llegada de la izquierda al poder. Conclusiones El conflicto armado ocurrido en El Salvador entre 1980 y 1992 fue causado por las contradicciones sociales –producto de las desigualdades en la tenencia de la tierra propios de una economía agrícola dominada por una fuerte oligarquía- acrecentadas en la década del 70, las brutales represiones por parte de los gobiernos militares de turno y una subjetividad del campesinado proclive a la organización y movilización política –a causa de una iglesia poco convencional pero cónsona con sus pares regionales-. La década de 1970 engendraría un proceso en la cual surgirían actores políticos que, una vez coordinados en instancias centrales, permitirían tomar parte en una guerra en contra del Estado y del régimen establecido, siendo apoyada por amplios sectores de la población.

El conflicto armado supuso la institucionalización y normalización de patrones de

violencia producidos por sectores del Estado o asiduos a él y por los movimientos

insurgentes, lo que llevó a un caos en donde la violación de los derechos humanos

alcanzaron límites sin precedentes bajo prácticas sistematizadas.

El reconocimiento por parte de la oficialidad de la potencia del enemigo, y los

cambios subjetivos del movimiento insurgente –así como una serie de factores objetivos

(en la izquierda mundial) que lo condicionaban- conllevaron a que el proceso de guerra

acabase con la pacificación concertada por las partes, previa negociación de puntos a

implementarse como políticas de Estado y de gobierno en el futuro.

La pacificación supuso la desmovilización del movimiento de izquierda en el país y

la llegada al poder de gobiernos neoliberales –en armonía con la mayoría de los países

latinoamericanos-. Las desigualdades sociales no mermarían inmediatamente, debido al

fracaso en la implementación de la tan ambicionada reforma agraria. En aspectos positivos,

supuso la desmilitarización del poder político –hasta el día de hoy- y las posibilidades de la

implantación de un Estado de derecho donde son reconocidas más que nunca, por la propia

oficialidad, las libertades políticas de los ciudadanos, y donde son resguardados los

derechos humanos como nunca antes se había hecho.

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(Tesis para optar al grado de Magister en Historia de América)

https://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/index2.htm

Archivo de la guerra civil salvadoreña (1980 - 1992)