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CUESTIONES MiSTICAS (AS ALTURAS DE i COWTEMPLACIOL ACCESIBLES A TODOS ALOU EOS, ESTIMELOs YoDESEN AZ OS Dh EOS GRANDES VARS EROS Ua srintit AAS LAS STEELS SS DIREC ees MAB Miro. Fr. Juan 6. rintera, 0. P. 2. edicion corregida y aumentada Con licencia del Ordinario y de la Orden SALAMANCA ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE CALATRAVA A CARGO DE MANUEL P. CRIADO 1920 APROBACIONES NIHIL OBSTAT FR. AEMILIUS COLUNGA PR. JOSEPHUS CUERVO IMPRIMATUR FR. ALFREDUS FANJUL, Prior Prow. Hisp., O. P. IMPRIMATUR “P JULIAMUS, Episcopus Salmantinus. PROTESTAS DEL AUTOR 1.8 Todas nuestras opiniones van sometidas a la correccién y al infalible dictamen de la S. M. Iglesia Catolica, cuyo sentido es el nuestro, y en cuyo seno queremos yivir y morir. 2.4 En conformidad con los decretos Pontificios, las calificaciones de santo o venerable y otras anAlogas no tienen mis valor que el de una piadosa apreciacion privada, sin Animo de prevenir el inapelable fatlo de la misma Iglesia. ais PROLOGO Estas Cestivnes han sido escritas ex professe para La Ciencta Tomista, a peticion de su mismo Director, con objeto de contribuir en ella a esclaregerlas a la vez que a infurmar al ptiblico sobre asuntos tan palpitantes y de tanta importancia, Pero muy luege se vid que con- vendria publicarlas, ademis de alli, en un libro aparte: 1.° para com- placer a los muchos que desean enterarse de ellas, y no tienen a mano la coleecién de la Revista; y 2.% para poder tratarlas cun la amplitud y detencién que requicren, y que es mucha mis de la permitida en una publicacién bimestral cuyus lectores quisieran acabar pronto de enterarse de todo, v asf por lo general gustan de ver !as cosas muy compendiadas, sin prolijes detalles que les fatigan y quizas les pare- cen hasta impertinentes, por mas que a veces, para puner las cusas en su debido lugar y en el punto preciso, sean casi del tudo indispensables. Y tal sucede por necesidad aqui; pues lo que ha de decidir no es una breve razoncilla, o algtin testimoniy aislado, que cada cual pueda exponer o alegar a su modo y tracr en su favor; sino tedo el peso de los principales testimonios claros y terininantes de la Escritura y de la Tradicién, de los grandes Doctores y Maestros de espiritu y de las almas bien experimentadas en las cosas divinas. Por lo que hace ahora a los testimonios escriturarios, especialmen- te a los tomados de los Libros Sapienciales, si nos contentaramos con algiin breve pasaje, no faltarian quicnes, con cierta apariencia de ra- 26n vy de sana critica, rechazasen los argumentus en é] fundados di- ciendo que no concluyen, por cuanto la sabidrria de que alli se ha- bla, y cun que tantas veces se nos invita, puede entenderse, ya veces indudablemente se entiende, de la simpte vida de la gracia, o sea de la virtud ordinaria; y asi nada o muy poco pueden prubar en favor de In divina contemplacién, o sea de la vida mistica. Pero si bien miramos y comparamos todos esos textos, hallaremos que, en general, no se refieren a una sabiduria cualquiera, sinu a aquella que, por ‘cierta experiencia intima y sabrosa (efr. Scio, Prov., 1,2; 8. Tuom., a 1 Cor, 2, lect. 2), nos hace gustaur cud bueno y suave es Dios, y nos lu da a conocer del modo mas alto que en esta vida cabe, colmandoe asi nuestra alia de infinitas dulzuras y de inestimables riquezas; que esa celestial sabsduriu—asi como tam= bién la cfenefa e inteligencia que alli se nos ofrecen y recomien- dan—, son nada menos que los sublimes dones del mismo nombre, los cuales tan principal papel desempefnan, como veremos, ¢n la contem= 6 ESTIONES MISTICAS. placién divina; y por tratarse de ellos vemos que aparecen designados con cl sindnimo de espiritis.—Y ese maravilloso cspirite: de titel: gencia, santo e tumaculado... que se transmite por las nactoues a las almas santas y constituve amigos de Dios y profetas, claro esta que se identifica con el respective dén del Espiritu Santo que. descorriends cl velo del misteriv, nos permite en cierto modo pene- trar hasta lo profundo de (ios, mientras que cl déa © espiritu de sa- biduria nos lo deja gustar y conocer por un intimo contacto y estre- chisimo abrazo (1). Y aunque es verdad que los dones se nos infunden ya junto con la gracia—y que por lo mismo ciertos pasajes relatives a cellos podran muy bien aplicarse a la simple vida cristiana hasta en su infime grado—, con todo eso por lo comin las ricas deseripciones que les acompaaan sélo sun aplicables a la plena expansién de la gra cia santificante, donde esos preciosos dones, ya bien desarrollados, producen los hermosos frutos de honor y de honestidad que caracteri- zan ala vida mistica. Ia objecién sélo prucba, pues, contra quienes supongan que ésta ditiere esencial—y no sélo modalmente—de la cética, mas no contra quiencs la miramos como su verdadero comple: mento y como su coronamiento y expansion, conforme la miraron los grandes maestros de espiritu. .Asi éstos se hallan también unanimes, segun iremos viendo, en aplicar los sobredichos pasajes saptenciales ala Mistica Teologia, o sea a la divina contemplacion, por sera ella ala que en rigor y con toda propiedad se refieren (2); de tal modo que ya suclen suponer al alina en estado de gracia, para que asi pueda Negar a poscerla en su plenitud. Por lo que hace a los demas testimonios, como fueron escritos mu- cho antes de suscitarse estas cuestiones, o de que se tratara, como hoy, de ventilarlas y precisarlas, no es de extraiar que sean a veces algtin tanto confuses, como en general suelen serlo, segin dice Santo Tomas (Contra errores Grace., Prooem.*, las mismas doctrinas dog- (1) CE. Juan de Santo Tomas, Jn 1-2. q. 70, disp. 18, a. 2.~Sapreniia, dic San Buenaventura (Ceuttloqurinn, p. 3, sect. 13., magis proprie nominat cog- nitionent Dei expertmentalent, ct'si¢ est unum de septem donis Spiritus San- eti, enjus actus consistit i degustando suarttatent Det. Qui quidem actus partim cst cognitivus, partim atfectivuss. «Este conovimiento experimental, advierte Fr, Isidro de Lean (Misticn Cielo, 3. p., tr. 3, 6. Hi. que nace del amar y del sabor de la voluntad en aquel inmediato toque dul E. S. en ella, es la Mistica Teologia, donde se for- ja (en la intcligencia) la mas clara y subida contemplacién que, fuera de kt vision intuitiva, se da en esta vidary es aquella Sabidurta altisima tat en- comendada en la Sagrada Escritnra:, (2), Asi to hacen constar expresamente, entre otros muchos, Dionisio el Misticn, De divinis Vonin., ¢. 4,8 % San Buenaventura, De Sepreut dont S.S., P98) 8.7, 0.3 yd, ctes Bo Susén. Vida, e. 4; Eterna Sablduria,¢. 7, Lorenzo Justin., De casto Conmubio, c. 13-16; De Perfect. gradibus, ¢. 6; V. Granada, De la Devocton, ¢. 2; Amor de Dios, ¢. X, $1, ete; Osuna, Tercer .tbeced, espirit., tr. 6, c. 2 ¥ 3; B.° Orozco, De snavitate Det, ¢. 36; San Juan de la Cruz, Cautico espir., canc. 3; Molina, De la Oractén, tr. cap. V1, § 3; La Puente, Gura esprritual, Introd.; Rodriguez, Ejerc. de per- fee. 1 P.. tr, 5, €. 3, 17, ete; Lallemant, Doctrine spirit., pr. 7, ¢. 4, a. 3; Schram, Theol, nryst., § 226, etc. PROLOG i maticas de lus Santus Padres ¢n puntos que en su tiempe aun no ha- bian sido controvertides. De ahi que una misma antoridad, por Ja im- precision, vaguedad o impropiedad de algunas de sus frases, pueda ser, y de hecho sea con no poca frecuencia aducida—y no sin cierta apa- riencia de razén—por unos y otros partidos. Y para poder con toda seguridad reconocer ante ciertas expresiones confusas v vacilantes, el genuino pensamiento de un autor, no hay mas remedio-que confrontar una larga serie de textos completos y ver en ellos la idea clara que en ¢se cunjunte predomina y se impone, y en la que el mismo autor insiste con firmeza, a pesar de Jas incorreccioncs que a veces, hablan- do como de paso ¥ a la ligera, hayan podido escaparsele, aNsics como, de la misma insigac Doctora mistica, Santa Teresa de Jesus, viénense hasta hey con gran insistencia citando, pero de ru- ina, dos o tres frases algo cunfusas ¢ incorrectas que ela= quizis in- flaida de ciertes preyuicios de entonces—vertio demasiado a prisa en el Cautino de perfeceion, y que, tomadas asi como suenan, ya guste de ciertos autor ¢ han prestado a paliar y cohonestar grandes ye- Tro! veces de 5a pesar de que la misma Santa se encargé repetid rectificarlas y explicarlas en su verdadero sentido, y de que, por le mismo, contra esos breves textos pucden aducirse otros innumerables. donde del modo mis terminante enseha todo lo contrario de lo que ahi se Ie hace decir. Una de esas (rases (que por desgracia sucle figu- rar aun sin ninguna nota aclaratoria en el cap, 16 de las ediciones corrientes, conformes al original de Valladolid’, es la que parcee dar aentender que la contemplacién mistica no implica necesariamente el estado de gracia. Je donde lucgo se traté de deducir que es un fa+ vor completamente gradiito, que como tal nunca pnede en rigor yze- vecerse, v que lejos de ser del todo necesaria para nuestra santilica- cin, podra ser a veces perjudicial o pelizrosa, come todas las gracias gratis datas, » verdaderamente extruordinarius, entre las cuales, de un modo o de otro, se ha procurady incluirla, La otra es donde (ca- pitulo 17) al parecer insinta que pucde haber personas muy piadusas que de ningtin modo sean Hamadas para la contemplacién, sin per- Juicie de que Heguen a ser muy perfectas y aun de que exeedan en virtud a otras «muy contemplativass, 1c donde también se quiere de- ducir que hay almas absolutamente exelnidus del estado mistico, ¥ que sin embargo algunas de ellas podran muy bien igualar y aun su- perar en perfeecién a las wiv qiisticas, o sea a las conten plativas en alto grado, . Pero los que asi entienden, conforme a Sus propias miras, a Santa Teresa olvidan, 0 no tienen en cuenta, que la mismisima Santa en la segunda redaccién que hizo del citado libro (la cual se conserva en cl Escorial y ha sido publicada en la edicién hecha por D. Vicente de la Fuente) se encarg6 de corregir esa primera frase advirtiendo expre- samente (cap. 24) que lo compatible con ¢l pecado grave sélo son cier- tas apariciones ¥ cosas por el estilo, como las que tuvo BalAn; pero 8 CUESTIONES MiSTICAS que las intimas comunieaciones propias de la contemplacién o de la unidn mistica no puede ella concebir que las reciban sino almas muy puras y muy amigas de Dios, en quienes tenga El ya grandes compla- cencias (cfr. Morada V',c. 2). Y en cuanto a la otra proposicién, en todos sus escritos y aun en el mismo a las pocas piginas, se encarga la Santa de explicarse en un sentido opuesto al que tan ligeramente viene atribuyéndosele; advirtiendo desde luego y repitiendo una y mu- chas veces, que a pesar de lo que dejaba dicho para comsolar a los co- bardes, si no llegan fudos a contemplativos, en realidad es sélo por culpa propia. Y a cada paso hace ver que, sin Hegar a ese estado, siempre seremos mii¢y duiperfectos, mientras que con la gracia de la contemplacién podremos hacer y ganar més en un dia que sin ella en muchos afos. Esta es doctrina en que insiste constantemente sin can- sarse de inculcarla, a pesar de algunas atenuaciones que a veces pue- de hacer de paso para no alarmar a los débiles ni provocar protestas y acusaciones en los asustadizos. Y con esa insistencia muestra bien que no era su Animo comparar los simples ascefes, por muy adelantados, relativamente, que los supusiese, con los grades contemplativos 0 mnisticous que procuraron hacerse dignos de recibir esa gracia y luego usaron bien de ella, sino sélo con algunos que, por un favor del todo especial, la reciben siendu aun princtpiantes. Otras veces,,al hacer esa comparacidn, no se reficre a las verdaderas gracias misticas, sino solo a eiertos favores tales cumo, por ejemplo, las visiones imaginarias de que bien pueden carecer algunos Santos (Cf. VMoradas, V1, ¢. 9). [Lo que pasa aqui no puede menos de pasar también cun otros mu- chisimos Macstros de espiritu: mirados pur alto y a la ligera, se les podran tomar varios textos més o menos acomodados para lo que uno desee; y echando en olvide ly demas que no agrade, cada cual podra utilizar tan sdlo alguna que otra proposicién mas de su gusto, por muy aislada que esté; y a fuerza de decirla y repetirla, vendra a lograr que otros muchos lv hagan también por rutina, sin tomarse Ja molestia de enterarse de lo que dicen y repiten. A lo sumo, algunos confrontaran el lugar citado, y viendo que esta casi del todo ficl, con esto se dan por satisfechos, creyendo que, después de una expresién tan de su agrado y que, segan el prisma con que la miran, les parece tan clara, no es posible yue luegy acierten a decir otra cosa. Y no es asi; pues cuandg los autures se fijan principalmente en lo mucho que, entre los fendmenos propios de la vida mistica, sucle a veces haber de acecso- riv,—relativo a gracias gratis datas, comunes a justus y pecadores, oa gracias sobreeminentes y especialisimas, muy colutadas (Luc. 6, 3S) sobre cuanto el hombre haya podido merecer con todas sus dispo- siciones—, y viendo cémo esas cosas las da Dios a unos justes con preferencia a otros igualmente dignos, y como en unos las adelanta y en otros las retrasa, facilmente se inclinaran a mirarlas o presentarlas casi todas como graiuitas, es decir, como fundadas tan sélo en el puro beneplacite de Dios con entera independencia de merecimicn- PROLOGO 9 tos. Mas luego, al advertir y tratar de mostrarnos que cl fonde de la vida mistica es indispensable para nuestra misma santificacién, como verdadero corunamiento de la vida de la gracia, ya hablan muy de otro modo; y asi con gran encarccimiento nos exhortaran a disponer- nos dignamente para recibir esos altos favores y con toda claridad nos aseguian que Dios les promete y los da a ecuantos con sus buenas obras y disposiciones los wrervecen, o se hacen dignos de ellos. Aqui, si queremos de veras acertar, todo tiene que ser cuestién de textos, bien escogidus, completos, auténticos, variados y acumulados; jos cuales, aunque fatigosos, no ofuscan, sino al contrario, mutuamen- te se explican y corroboran, nos declaran el genuino pensamiento de cada autor y a la vez contribuyen muy elicazmente no sélo a esclare- cer y demostrar los puntos hoy controvertidus, sino también a encen- der en los corazenes el amor de esta mistica sabiduria. + Asi, pues, en el presente libro hemos reintegrado no pocos textos © pasajes que por necesidad hubv que abreviar © suprimir en la men- cionada Revista, intercalando otros nuevos y aun afadiendo -varios articulos enteros sobre diversas materias importantes, mAs 0 menos relacionadas con las sicte principales cuestiones que tratamos de ven- tilar; y también hemos anadido largas series de testimonies muy dig- nos de tenerse en cuenta y que, sin necesidad de explicaciones 0 co- mentarios, por si solos se ilustran y apvyan mutuamente, y juntos vie- nen a corruborar nuestras tesis, de modu que, segin creemos, pueden muy bien Hevar la mis plena conviccién a lus Animes imparciales, al mismortientpo que Hevan la uncién y el consuclo a los devotos cora- zones. Por Jo cual esperamos que este humilde libro venga a servir de complemento a la Fvolucién mistica, no reduciéndose a una fria polémica, sinv ordenandose a mover suavemente las voluntades a la vez gue a ilustrar la inteligencia: pudiendo asi su lectura ser util a toda suerte de almas, sean doctas 0 indoctas, que de veras amen la luz y la verdad y descen ser por ellas conducidas al monte santo de Dios (Ps. 3) (1). (1) Asi, por la misericordia divina, nos lo viencn dando a entender varias personas compctentes que, con clogios tan excesivos qne ahruman y aver. kiienzan, nos escriben animandonos a proseguir con este trabajo. Como muestra citaremos dos bien autorizados testimonios: Uno es del doctisimo abate Saudrean, insigne macstro espiritual y director de la Casa Matriz del Buen Pastor de Angers, que con fecha 23 de Mayo, 1915, des «...Tengo 1a gran dicha de poseer todos sus articulos, que forman un muy s6lido y verda- leramente excelente tratado de mistica. Por ellos doy a usted muchas gra- cias y mds atin al Divino Macstro que le ha movido y ayudado a escribir, Ha hecho usted um gran servicio exponiendo de una manera tan clara, tan docta y tan acertada la verdadera doctrina mistica. ...Como estoy persuadido de la gran utilidad de estas Cuestiones misticas, me regocijo mucho de verlas tan bien explicadas: la verdadera doctrina ha encontrado en usted un excelente defensor-. Sélo el interés de esa doctrina nos puede hacer consignar un testimonio tal, que asi confunde nuestra pequefiez. El segundo seri de una respetabili- sima Religiosa extranjera, muy competente y experimentada, que habiendo leido los articulos, nos escribié (8 Stbre. 1915): <...Sus exeelentcs piginas... he leido despacio... con gran interés para mi instruccién y provecho espiri- Ww CUESTIONES HisTICAS Muchos de esos textus que aqui por extenso citamos, apenas'si son hoy conocidos del pablico devoto; y bien merecian serlo de todos para comin instruccién y editicacién, pudiendo muy bien figurar al lado de la hermosa coleccién que, con muy buen acuerdo y merecido aplauso, acaba de publicar el piadoso abate Saudreau, titulada Les Divines Paroles, ou ce que le Seigneur a@ adit a ses tutintes. De gran parte de esos hermosisimos textos se nos diré per ventu- ra (y se nos ha indicado ya en varios tonos, y no siempre correctos) que aunque edifiquen mucho, en cambio «nada prueban, pues no son de tedlogus, que es a quienes tuca discutir y ensehar, sino de simples beatas, que, como todas Jas demas mujeres, por algo deben callar en la Iglesia, y como sin instruccién en su gran mayuria, aunque por ventura tengan mucha experiencia, no saben expresarse y asi todo lo confunden y embrollan>. Pero la verdad es que, contorme dice el V. Granada, «nadie es mejor testigo de las cosas de Dios quc quien las sabe por experiencia. Si, pues, quieres saber cudn buenoy ¢s, ete., preguntaselo a los que lo han probado». Y por algo Nuestro Sefor glorificaba al Padre de ha- berse dignado comunicar sus seeretos a los peyueiuelos y sencillos, acultandolos a quienes presumen de sabios y diseretus (Wt. XT, 25). Jos altos misterios de Dios, dice Santo Toms (2-2, q. 171, prél.), es- tan reservadys para las almas perfeetas en general —sin distinguir entre instruidas o no instruidas, ni entre hombres y mujeres~, pues no los Hegan a conocer sino mediante el don de sabiduria, que es pro- pio de todas ellas: ffir miysteria, que suit perfectorim... per- tinent ad sapientiam, Tampoco distingue el Apéstol entre hombres. y mujercs, siny solo entre cristianos curnales y espiritiales—o sea renovados ya en el espirita—cuando habla de quiénes son capaces de penctrar los divinos misterios y entender el lenguaje de la cclestial sabiduria (1). Y por mas que las mujeres se hallen excluidas del pti- blico ministerio de la predicacién, no por eso lo estan de cdificar iuti- mamente a la [glesia como, segan encarga cl mismo Apéstel (I Cor. 14, 1-4), deberian procurar hacerlo todos los ficles, con sus luces in- fusas de sabiduria, cicncia o verdadera profecia, las cuales, conforme expresamente advierte luego el Angélico Doctor (2-2, 177, a.2, ad 2), de suyo se comunican indiferentemente a hombres y mujeres: Gra- sfaccién, tual. Esta lectura me ha hecho bien y me ha dado una intima como respondiendo a un sentimiento interior que cn mi habia. Es decir, que mi alma se adheria como naturalmente y con satisiaceién a lo que iba leyen- do... En particular he saborcado los articulos 5." y 0." (1.° y 2° de Cuest.2.9), que para mi son de gran utilidad practicas. jDios sca bendito si, con su gracia, en algo hemos logrado acertar! Publicada la 1.* edicién aparte, son innumerables Ios testimonios anilo- ws y las adhesiones entu: alo gue miramos como una simple restau- racién de la doctrina tradicional. (1) Tor, 2, 6, 10-15; 3, 1; Rom. 8, 5.—+Carnalitas vetustas est, gratia no- vilas cst, Quantocumque homo in melius fucrit innovatus, tanto amplius ca- pit, quod verum sapit>. 8. Angust. Sera’. 267, in Pentec., I PROLOGO 1 tia prophetiae attenditur secundum mentem iluminatam a Deo: ex qua parte non est iit hominibes sexnium differentia, Y precisamente, como Jas mujeres piadosas suelen ser mits senci- as y humildes que los hombres muy instruidos, vienen por esta ra- zon a resultar (conforme advirtié ya Santa Teresa de acuerdo con San Pedro Alcantara, y lo hace resaltar el P. Weiss) las mis privilegia- das y favorecidas. Y aunque, para la mayor precision y exactitud y para evitar ciertus posibles extravios, convenga mucho consultar siem- pre a los buenos tedlogos que han estudiado a fondu las cosas de fe y saben cual es la doctrina ensefada por la Iglesia; y aunque, por lo inismy, sean en general muy preferibles los que juntan la ciencia ad- quirida con la infusa; esto no quita que, quien haya tugrade sentir las cosas de Divs mas hondamente pueda dar, aunque sea tan sdlo en tér- minos muy vulgares, més claro y vivo testimonio de ellas, sobre todo cuando al efecto haya recibide alguna luz especial,--tal como la det serio sapientiae—, directamente urdenada a comunicar fieluente ly que han experimentady, Para estu no es menester mucha instruc- cion, ya que segtin canta el incomparable pocta mistico, San Juan de la Cruz: +Consiste esta suma ciencia—en un subide sentir—de la divinal Esencia, toda ciencia trascendiendo:. alsie¢s como tantas humildes mujeres--desde Santa Udegarda y Santa Catatina de Sena, hasta... la V. Taigi y Gemma Galgani—pu- dicron servir poco menos que de oraculy a eminentes tedlogos; y ast es come nuestro inmortal Banez, con tudu su preclaro ingenio y pro- fundo saber, no se desdenaba de citar en pablico, cual si se tratara de una antoridad irrecusable, a una pobre monja carmelita, su contem- poranca, la V. Ana de Jess. Pues en cierta ocasion, después de de- fender una tesis tevldgica con gran copia de razones, termins dicien- do: «Y cuando por mi parte nu tuviera més que saber que lo siente asi Ana de Jesits, fuera para mi prueba conchiyente>. Dela misma sierva de Dios icf. Vida, 1." p., 1. 6, ¢. 1) solia decir otro profesor ilus- tre de esta Universidad, que «el mejor medio que tenia para ne errar en catedra era seguir las advertencias de la V. Madre; y de aqui que le comunicase el asunto de sus leeciones>, Y si estu puede succder en cuestiones escolasticas, seudinto mas en las misticas? Aqui no ya simples tedloges particulares, sino la misma Iglesia desea v pide, en una oracién oficial, ser alimentada con la ce- lestial doctrina de una mujer que se Hama... Teresa de Jestis. De esta Doctora mistica no vepara en decirnos Pio X que es comparable con los grandes Doctores y Padres de la Iglesia, y que hasta cierto punto los supera en orden y claridad (1); de tal suerte, ahade, que el sepa- (1) +Quoad mysticam theologiam at.inet, supremas illas quasi regiones spiritus tanta cum libertate peragrat disputando, ut ibi, anquam in suo reg- no, habitare videatur. Nullum est enim hujus disciplinac arcanuin, quod non acute rimetur... Exponit autem tam commode tamque: perspique, ut nobilis- simi cjus actatis doctores admirarentur, quae de mystica theologia Patrcs Ec- 12 CUESTIONES MisTIC.AS rarse de ella resulta ya sospechoso 0 peligruso. Y lo mismo, propor- cionalmente, podria muy bien decirse de otras Santas privilegiadas (1). jQuiera Dios que el ejemplode estas mujeres tan varoniles des- pierte y anime a tantisimos varones de animo mujeril, cobardes y pere- zosos como niiios en procurar la gran victoria que vence al mundo! (2). . Por de pronto avergoncémonos de ver cuan grande cs nuestra fla- queza, y reconociéndola procuremos remediarla. Y si aun no somos capaces de sentir directamente el buen olor de Cristo de modo que corramos en pos de El, como prendados y cautivos del tinico objeto de todo nuestro amor, procuremos gustar siquiera el de las celestiale: fragantisimas palabras de vida que exhala el corazén amante de sus mis ficles esposas, que ya son del todo pura El, y Flasu ves para ellas, Y sintiendo ese olor tan divino y tan confortante y delicioso, exclamemos con San Bernardo (Serm. 67 7n Cdiit.): «Bonum vas Sponsa Dumini mei, ct bonus mihi odor ex illa. Gratias ago tibi, Do- mine Jesu, qui me dignatus es admittere saltem ad odorandum. Ita, Domine, nam et catelli edunt de micis quac cadunt de mensa domino- rum suorum. Mihi, fateor, bene redolet ructus dilectac tuae, et de ple- nitudine ejus quamvis modicum quid gratanter accipio. Memoriam abundantiae suavitatis tuae eructat mihi, et nescio quid ineffabile tuae dignationis et amoris odoratus sum in voce ista: Dilectus meus neil, et ego illi... [psa ergo repleatur in bonis domus tuac...: sed quaeso, perveniat ad me pauperem vel tenuis odor eructante illa cum saciata fuerit>, jDios haga que, perfumadas con ese aroma del cielo estas humil- des hojas, puedan servir, como las del drbol de la vidu—que lo es el alma espiritual—para salud de muchos: £/ folia ¢jus in sanitatent gentiniel,. (Apoc. 22, 21.—. \mén. Nory 1.4.2.8 Epicidy.—Esta reimprosién sale con algunas ligeras eorree- ciones y con notables adicioncs, especialmente en los puntos mas controver- tidos, como son los tocantes al mérifo de condi gno en la Cucstién 2.9, y tada la 4.4, acerea de la absoluta necesidad de la Mistica para la perfeccién y san- tidad verdaderas; lo que hemos corroborado con muchos nuevos ¢ irrecusa- bles testimon: En cambio hemos suprimido, como aqui innecesarios, los Apéndices de la 7.*, reseevdindolos von ampliaciones para los Grados de ora- cidn, cnya 2 edicién ha satido con otras muchas mejoras y formando coma otra libro ya distinto. Salamanca, dia del Patrocinia de la Virgen, 9 de Noviembre, 1919, Fr. J.G.A. clesiae passim et obscure tradidissent, ca coneinne in-unum corpus ab hac virgine esse rcdacta... Docet enim: gradus oration’s quot numcrantur, ve luti totidem superiores tu christiana perfectione ascenssns esser,—Vio X Epistota ad Generalem Car. Excate., 7 Marzo, (914. (1) Clr. Erofuctén mrstica, p. 325-6; 5. Francisco de Sales, Amor de Dios, Pref; Becht. 1. 16. (2), Aversto parvulorim interficiet eos... Pigriun deficit timer: animac autem effeminatorun esurtent. (Prov. 1,323 18, 8). i PREAMBULOS 1.—Actualidad e importancia de estas cuestiones De algunos afios aca viénese felizmente realizando, con gran consuelo de las almas espirituales, un vigoro- so renacimiento de los estudios misticos. Estos, muy le- jos de ser va mirados con el funesto desdén con que en los tres ultimos siglos fo fueron, en todas partes—aun entre los medios mas hostiles—suscitan un interés vivo y creciente, recobrando poco a poco el puesto de honor y la excepcional importancia que en otros dias, de gloria para la Iglesia, tuvieron y que nunca debian haber per: dido ni de hecho per dieron sin gran detrimento de la pie- dad y aun de la misma fe - Pues por no conocer bien ni saber apreciar como es debido Jos misticos dones de Dios, no procuraron darlos a conocer convenientemente muchisimos de los que a ello estaban mas obligados; y de la inadvertencia v nc- gligencia de unos, ha ido guiéndose la creciente indife- rencia y frialdad en otros; y de ahi, por fin, el indiferen- tismo glacial y el embrutecedor naturalismo reinantes, que son Ja plaga mas funesta de la moderna sociedad, y gue de un modo tan alarmante vienen traduciéndose” y reflejdndose en los horrores y desolaciones del modernis mo, del socialismo naturalista y del anarquismo. Los desesperados gritos satiinicos: ; Abajo Ia Autori- dad!... jNi Dios ni Rey... son triste consecuencia de ese olvido tan general en que han caido las intimas comuni- caciones que con los hombres tiene el Espiritu Santo, el Espiritu de Cristo, nuestro dulce Salvador, Dios y Hom- bre. Rey de reyes y Sefior de los sefores; aquel sobera- no Espiritu de Amor y de Verdad, de Sabiduria y de In- teligencia, que todo lo toca y lo dispone suavemente, que se traslada por las naciones a las almas santas y consti- tuye amigos de Dios y profetas; que tiene sus delicias en morar con los hijos de los hombr: es, y de hecho mora en todos los verdaderos fieles como dulce Huésped divino, Maestro interior de toda verdad, verdadero Consolador éptimo, Santificador tnico y omnipotente “Senor y Vi- vificador,, de las almas. WW CUESTIONES MiSTICAS.— PREAMBULOS: De no conocer a este gran Don de Dios y no saber las portentosas maravillas de amor que esta siempre obrando en la Santa Iglesia Catélica, viene el que tan- tisimos desgraciados no piensen ya en acudir a ella a pe- dirle la misteriosa agita viva, que apaga toda sed y sal- (a a Ja vida eterna, y de que tan necesitados se allan. “Quien no cierra ‘los ojos a la luz comprende, como observa muy bien el P. Weiss (1), que todo el poder de la Iglesia, su corazén, su sangre, su calor vital y todas las manifestaciones de su vida, no son otra cosa que el Espiritu Santo obrando en ella. El es quien vive y obra en los Sacramentos, en cuanto son canales de vida, ins- trumentos de la gracia y medios de salvacidn y santifi- cacién... Si nos acorddiramos mas del Espiritu Santo nos veriamos bien pronto recompensados con tales pro- gresos espirituales, que ni siquiera de ellos tenemos idea,. Por el contrario, afade, “no podra la vida espiri- tual reflorecer sin que el Espiritu Santo sea mejor co- nocido y mas amado.. Hoy, por suerte, empezamos va a notar ese venturo- 80 reflorecimiento a medida que se va conociendo y dan- do a conocer mejor Ia maravillosa obra del divino Re- novador y Vivificador (/?s. 103, 30; Sap. 7, 27); y asi distamos va mucho de aquellos desgraciados dias en que se tenia a menos estudiar, tratar, explicar y aun _predi- car—como si fueran cosas propias de “beatas,, o de gen- tes de poco—las grandes maravillas de la vida mistica, que son rcalmente la hermosura y el encanto de la vida cristiana (2), ¥ aun constituyen en ella el rie necessa- rium, cuales el conocer y apreciar el don de Dios, apren- diendo a buscar el tesor: ovscondido yla margarita precio- sa,o sea el reino celestial que esta dentro de nosotros (3). sl) Apologia del janisino, TX, Cia. 3, apénd, 1-2. 2 Decor enim vitae est in ila. Ecci., 6, 31. + Unum est necessarinm, Seili , lara Dios y recoger en El vuestras poten Beata Angela de Foligno (Vistones ¢ instruc, co necesarion, +El bien nico y neeesario, por el ¢ ante el eual de: i no (Conf 2 hien tan pr itcr inhacrere>. Glossa Bedae. asus diseipulos he ahi ior tint= de ‘Conf: on ‘atar de procurdr- in reparar en trabajos noslay. Cl. 2-2, q. 180, a. 3. “Eo tendunt omnia, quae de mystica theologia scribuntur—dice el carde- nal Bona ( Via contpendi ad Deu, cap. V)—at animam perducant ad mam cum Deo unionem, in qua medulla hujus sapientiae, et summum ejus num consistit... In ista unione summa felicitas hujus vitae consistit, et um futurae gloriac pracgustatio ichosa el alma—exclama San Bernardo (Sern. de S. Spirit.)—que en «silencio posible percibe las venas del susurro divino, repitiendo frecuente- mente aquello de Samuel: Hablad, Seitor, que vitestro siervo oye>. ACTUALIDAD FE EMPO, 15 a\si ird siendo cada vez mas raro el triste espectaculo de ver—conforme lamentaba aun no ha mucho nuestro Rmo. P. General Cormier (1)—hasta a ciertos “minis- tros del Sefior, tan tocados del racionalismo, que, al oir recordar las verdaderas maximas de la vida espiritual y la constante accién invisible del Divino Espiritu en la His- toria de la Iglesia, exclaman: / £so es miisticismo! j;Como si la Mfstica fuera algo nebuloso y fantistico!... ;Y como si, teniendo el Cristianismo por base los mas profundos misterios, pudiera aquélla menos de ser en él la atuids- Sera, el solv el pan de cada dial. El gran Pontifice Leén XI{f—que en cierta ocasidn , (1) En Noviembre de 1908, Cf. nuestro libro IV de Desenvelvimiento y Witalidad de ta Iglesia: Mecanismo divine, pag. 04. 2) ia, en conformidad von otros Padres, San Diadoco (De perfectione spirituali, cap. LXXIL), est rerum diyinarum contemplator-. ras verdadero tedlogo, ia'S. Nilo (De oratione, n. 57), si oras bien! Si thedlogus es, vere urabis; et si vere oraveris, cris thedlogus>. (3) Pso45, 17. «Multa sunt quae adhuc ignoras, cum nondum t Cheologia intellectus ad Theologiam aftectus; a scicntia ad Theologia merito dicitur Mystica, id est occulta, quod pancissimis no} Versatur in experimentalibus de Deo notitiis,.. Multi {rere perfect 16 CUESTIONES MISTICAS. — PREAMBULOS buenos confesores y directores de almas consideren ya la Mistica como indispensable para desempefiar digna y de- bidamente su delicada misi6n y no ser “ciegos conducto- res de ciegos,. (A/t., 15, 14), ni figurar entre los “muchos pastores que destruyen la vifia escogida del Sehor y la convierten en desierto, (/eremt., 12, 10; cf. 23, 1-2) ‘Por Jo cual, con gran razén, va siendo esta ‘admirable &cien- cia de los caminos de Dios. introducida en los principa- les Seminarios y Colegios eclesidsticos como una de las asignaturas mas importantes y necesarias a todos los sa- cerdotes de Cristo. Pues conforme observa muy nel docto y devoto abate Saudreau (1), “sdlo estos estudios pueden darnos a conocer la verdadera psicologia de las almas perfectas, y s6lo ellos nos hacen comprender la vida intima de los Santos. Son el coronamiento necesa- rio de toda la espiritualidad, v asi se imponen a cuantos hayan de dirigir almas fervorosas y generosas,. De este modo, como el mismo autor afiade en otro lu- gar (2), “el siglo xx parece prometer un feliz rena miento de la ciencia mistica, que desde hace algunos glos venia siendo considerada como un dominio reser- vado, peligroso, dificil v poco util de explotar. Mas ahora, por el cont . las cuestiones misticas son con ardor estudiadas y vivamente discutidos sus principios fundamentales,,. Los mismos 5 apologistas le consagran también sus es- tudios, pues por experiencia ven cudn amente con- mueven los dnimos, y sobre todo los danimos_modernos —disponiéndolos a mirar con amor la verdad cristiana y despreciar las vanas argucias de la impiedad—las ma- ravillas de la vida mistica, hechos vivientes y_ palpitan- tes que no admiten réplica y son perenne testimonio de Jesucristo v del Espiritu de la Verdad que mora en la Santa Tglesia (3); los grandes ejemplos de los siervos de Dios, que, al ser debidamente presentados y como resu- logia mystica—escribit $. Bernardus ad Fratres de Monte Dei—, absque spe- culativa, nunquam tamen theologus aliquis spceulativus tantum culmen per- fectionis est adeptus, immo nee perfectus exttit in ipsa acquisita theologia, sine inystica: hoc autem ideo fit, quod nunquam alicui licebit Apostoli, aut Prophctae verba intelligere, nisi scribentium plene imbiberit affectum, Quo- modo enim poterit aliquis perfecte concipere, quid sit Hibertas filiorum Dei, aut dulcedo divini amoris, si cam nunguam experire licuit?> V. Baxtouont bE Los Martins, Compend. Myst. doctrinae, caps. NXVT t #1,CE. Card. Boxa, Via compendii ad Deum, cap, II.—+La Mistica—dice Gersén (Theol, myst. spec., consider. 30\—nos da cl mé que en esta vida puede lograrse>. () Les Faits extraovd. de la Vie spivituette, 1908, pi 2) La Vie d? union avec Dien et les moyens dy arriver a’ apres tes Grandes Maitres, 1909, pig. 397-8. 8) Joan, 13, 36, 2717, 21; Apoc., 19, 10. alto y pertecto conocimiento de Dios ACTUALIDAD H IMPORTANCIA DE ESTAS CGESTIONES 7 citados, a manera de “carbones devastadores-, producen siempre la impresi6n vivisima que en San Agustin pro- dujeron, y con su luz de vida disipan las tinieblas del mundo y hacen que los hombres gloritiquen al Padre ce- lestial (.1/t., 5, 16). Por eso hasta los mas furibundos 1 acionalistas, como “prudentes hijos de este siglo., convencidos de la’ exce- lencia de esa arma de combate, no sélo no se desdefan ya de manejarla, sino que a veces nos confunden por el ardor con que estudian a Santa Teresa y a otros grandes misticos, siquicra para hacerse cargo de los interesantes fendmenos psicoldégicos que alli encuentran tan fiel y pri- morosamente descritos, cuando no con el perverse in- tento de rebajarlos a todo trance a la condicion natural, ordinaria,o lo que aun es peor, a casos patologicos,—co- secha de pobres neurasténicos o “melancolicos.., confor: me dirfa aquella Santa,—que pueden hallarse, por tanto, en las falsas religiones. Pero otros mis sinceros, no que- riendo hichar con la evidencia, van reconociendo yaa su modo, no solamente la realidad de esas divinas mara- villas, sino también su irreductibilidad a las leyes natu- rales, al decir, por de pronto, como lo dice, a pesar suyo, Gustavo Le Bon, que “cl orden mistico se impone como cosa innegable... y que “figura en un plano distinto del de questra razén.. Esto obliga de nuevo a los escritores catélicos a es- tudiar mas a fondo esos fendmenos tan admirables, que asi logran imponerse y que siempre suclen figurar, mas o menos, en toda la agiografia, para mostrar la mayor o menor importancia que en la misma vida mistica tie- nen y la verdadera “trascendencia. que ofrecen sobre todos los hechos naturales 0 preternaturales que exte- riormente puedan parecérseles. De ahi tantas v tan fecundas discusiones y polémicas como aparecen, ya en libros notables, va en revistas acre- ditadisimas, acerca de los constitutivos de la wide imisti- ca, de los fenédmenos mis principales que la caracteri- zan, de los secundarios que de algtin modo la acompa- han y de la contraposicién de todos ellos a los observa- dos, por una parte, en las puras ciencias naturales o en las falsas religiones y por otra, en la véda simplemente ascética, 0 como suclen decir, “ordinaria,. A la mayor o menor contraposicién que establezcan entre estas dos grandes formas de la vida cristiana, co- tresponde la menor o mayor frecuencia que en las mani- festaciones de la mistica propiamente dicha tendran que 18 CUESTICNED MISHICAS. ~ PREAMBULOS admitir; y de todo ello resulta el rechazar o reconocer v sostener la necesidad de aspirar a ella y aun Ja misma licitud y conveniencia de tal aspiracién. Es esta una cuestién practica de capital importancia en la vida del verdadero cristiano, para no pagarnos de frivolerias, rutinas y super’ ficialidades, sino entrar en nosotros mismos y apr ender a Ilenar cumplidamente el fin de nuestra vocacién; pues todo esto depende de saber si podemos contentarnos con eso que Ilaman via vida ordinaria, que sucle ser casi siempre exterior y mas o menos disipada e inmortificada, 0 debemos todos, por el contrario, procurar vivir recogidos, abnegados, morti- ficados y llevando una vida lo mas interior posible, aspi- rando siempre con todas veras—aun a trueque de ser tachados de “raros “singulares.—a Ja intima unién y comunicacién con la Eterna Sabiduria, que declara te- ner con nosotros sus delicias. Ordinariamente, por desgracia, vemos que la gene- ralidad de Jas mismas personas que se dicen piadosas parece que tienen miedo a penetrar_en su interior, y asi se contentan con una mirada superficial que baste a dar- les un exterior correcto o una virtud de apariencia. "Mas Ja purificacién profunda del alma, Ja transformacién pro- gresiva de la vida humana en vida divina, el despojo del hombre viejo revestimiento del nuevo, todo este traba- jo profundo es casi completamente ignorado.. segtin ad- vierte Tissot (1). Y, sin embargo, esto es lo que nos hace ser verdaderos v ficles cr) istianos, verdaderos discipulos e¢,imitadores de Cristo, que nos manda entrar en su Rei- no por la angosta puerta de la abnegacion. Il.—Dos extremos peligrosisimos Lo primero, pues—o sea el contentarnos, en el orden sobrenatural, con poco, sdlo con lo mas coun y ordi- vio—, nos expone a Jlevar una vida del todo r utinaria y rastrera, llena de tropiezos y aun de caidas, donde no solamente malogremos los copiosos frutos de la Reden- cién—no aleanzando la perfeccidn, intimidad con Dios v santidad a que somos Jlamadus—, sino que arriesguemos nuestra misma salvacidn eterna. Y la arriesgaremos, sin duda alguna, oi facilmente nos contentamos, conforme dicen algunos, “con Ja simple luz ordinaria de la fe y la guarda (mis o menos defectuo- (1) La Vie intéricure simplifies Awant-propos. DOS EXTREMOs PELIGROS(SIMOS 19 sa) de los Mandamientos, y con marchar asi tranquila- mente—sin cuidarnos de lo demis, que no esta para nues- tros dnimos, sin meternos en honduras, huyendo de sin- gularidades y contentdndonos con moiestas aspir nes-por un camino seguro, llano y ancho’y bien trillado,. Porque ese fatal y fascinador camino, tan dlano v ancho como Mana y “ancha es Castilla,, si esta muy (77- dado, no es de los Santos, sino de los muchos perezosos, muelles y comodones que van siempre huyendo, no de singudaridades reprensibles, sino de la Cruz de Cristo, Unico camino seguro, aunque muy poco trillado. No compr endemos cémo puede haber maestros de es- piritu tan sin él, y predicadores evangeélicos tan temera- i sensatos, gue se atrevan a proponer e inculear tales maximas, como si fueran del mismo Jesucristo, in- sistiendo por fiadamente—conforme insistia no ha mucho uno en las platicas de Ejercicios dados a una respetabi- lisima Comunidad—en que es preciso ir asi, “siempre modesta, metdédica y Ilanamente, no por veredas esca- brosas, peligrosas o sospechosas, como lo son todas las elevadas, extraordinarias 0 sobrenaturales, sino por el camino liso y llano, ipor la carretera, por la via ordina- ria y natural; que ésta es la segura y por ella se debe procurar ir a todo trance: ;/te per via vaccarun!, jConsejo admirable para vivir una vida verdadera- mente cristiana, santa, inmaculada, una vida sobrena- tural y divina, Hegar a la altisima y gloriosisima cum- bre de Ja perfeccién que es propia de los hijos de Dios!.. Y, sin embargo, jasf exclamaba ese hendito varén, 0 ese pobre Gerundio, (1) y en latin y todo, como si adujera una gran sentencia escriturarial... No advierten los ‘que tan bajamente sienten, piensan y hablan, que esa aparente Ilaneza, humildad y ‘modestia que pregonan, es dejadez v pereza; y esa exterior nor- malidad y vida metédica de que tanto blasonan, es sdlo rutina y resistencia a la gracia,; y que, por fin esa luz ordinaria con que se contentan, si no va mas o menos ilustrada con la de los dones del Espiritu Santo, 0 con la luz de vida, propia de los fieles y valerosos seguido- res de Cristo (Joan, 8, 12), puede estar tan entenebreci- da por el amor propio 0 por miras terrenas, que apenas acierten a distinguirla (2), 0 tan amortiguada y aun tan muerta por el pecado, que de ningin modo baste para {)_¥ Io peor es que, Iejos de haber sido amonestado, atin sigue siendo imi- tado por otros varios del mismo Instituto. (2) Vide ergo ne Iumen, quod in te est, tenebrae sint. {Lue., H, 35). 20 CUESTIONES MiSTICAS.—PREAMBULOS descubrir los lazosy asechanzasde nuestros enemigos(1); que ese facil contentarse con los preceptos es un pro- ceder servil y nada filial, es menospreciar los paternales consejos, sin los cuales—segiin el estado de cada uno— nos sera imposible tender a la perfeccién, a que estamos obligados, con la fiel practica de todas las virtudes, ni aun guardar, por tanto, bien los mismos preceptos (2): exponiéndonos asf, por de pronto, a un terrible y pro- longado purg satorio (que no deja de ser una manera de condenaciénu, aunque temporal); y, en fin, que esa carre- tera, ese camino facil, llano, aucho y trillado, que dicen, por lo mismo que no va cuesta arriba, ni guarnecido de cruces, no es camino de Dios, ni de los verdaderos sier- vos de Dios (3); no vale para sbir a la escarpada y so- litaria cumbre de Ja perfeccién cristiana, ni aun puede apenas llevar al Cielo—el cual esta muy alto, muy alto y exige hacerse grandes esfuerzos y violencias por trc- par y aun volar—; sino que lleva de suyo a la perdicién, conforme el mismo Salvador nos lo advierte. Y no se contenta con sdlo advertirnoslo, sino que nos recomienda encarecidamente y con gran insistencia que procuremos ir, no por ahi, sino siempre por la estrecha senda de la virtud, de la santidad y justicia, donde sélo puede entrarse por Ja angosta puerta del recogimiento, de la abnegacion, de la ficl guarda de los sentidos y el completo despojo de nosotros mismos (4); por esa senda escabrosa que, con ser, desgraciadamente, tan poco fre- cuentada, ¢s, sin embargo, la tinica segura y verdadera 20; [Joan 2,4, 20, 1D. Tuom., 1-2, q. 68, a, 2; 1 Sent., D. gq. 124, a. 3, ad 1; Sta, Car. de a, Dial, cap, XLVI; . del Amor de Dios, lib, VI, cap. VIN ior uno de elles en nom- . Y ne cuntento con esto, «Propter ver! bre ge todos (Ps. VW, ‘ssus Meus in semilis tis... exclamaba poco ha Goon otra ana generosa, Ma- Relig. Répavatrice, V2, pag. 322), apenas se con- ibe que sean propias de los amigos de Jestis: resi no comprenderlo asi al wbrazar cleru . «Ducuntur discipuli J antniae ad contempi TXXV SHALL SeOrSIN, UL possint appre= hendcre montem istu! sum. Via ardua, via secreta, ct nutltis incoxni- fa, qui it ad montis hnjus fastigia. [psi soli, nt arbitror, sine errore cu- rrunt, ili soli sine impedimento perveniunt, qui Christum sequuntur, quia Veritate ducuntur El recogimicnto—dive cl P. Osuna (Tercer Abecedario espiritual, tr. 9, cap. Tl}—es puerta angosta por la cual s jas cabe y nuestra Anima, que n El sola... El principio de todos los males ¢: i traccidn y derramamicnto del corazén; ¢ todos Jos que vana la perd tran por cesta puerta muy ancha y por este camino muy espacioso... Por esta puerta de la distracciénentran muchos, empero por la puerta estrecha del recogimiento muy pocos entran>, DOS EXTREMOS PELIGROS{SIMOS, 21 que va del todo derecha al Cielo, la unica por donde to- dos los Santos caminan, y la que, a pesar de todas las di- ficultades y estrecheces-—entre muchos trabajos y aprie- tos, privaciones y tribulaciones (Ac?., 14, 21)—, puede Hevarnos a todos, sin peligro alguno, hasta. la altisima cumbre de la perfeccién, donde poco a poco todo se en- sancha y se facilita, y donde se nos promete el divino descanso para nuestras almas (1). Mucho olvidan esto los que con tanto. celo,—pero no «secundum scientiam»—trabajan por guiar las almas conforme a cllos mas les gusta, sin cuidarse de ver por dénde las llama su Divino Pastor y Dueno. Y asi, en vez de conducirlas por las hermosas y pacificas sen- das de la divina sabiduria y celestial prudencia (2), las llevan sélo por donde, segun sus pobres miras humanas, engafosas, bajas y rastreras, mejor les parece o se les antoja; en vez de mostrarles las excclsas cumbres a donde tanto les importa subir y animarlas—segtin hacen los santos macstrus—a disponerse bien para vencer todas las aspere- zas y dificultades (3), y seguir siempre avanzando, sin jamas parar, las exponen a estacionarse y retroceder (4); en vez de exhortar a cuan- tas tienen a su carge a ser ficles en atender a la voz de Cristo y se- guirle décilmente, como verdaderas ovejas suyas, a donde quiera que EI las Hame para darles vida eterna (5), les ensefan a resistirle y ha- cérsele sordas; en vez de estimularlas para que dejen pronto lo que es propio de nidos o principiantes, y entren por las vias de la pruden- cia (6), que son las de los aproveciuidos, hacen que se descuiden como las virgenes fatuas (N¢., 25, 8-12); en vez de «compcelerlas? cuando sea mcnester, para qne a tiempo entren en el convite que se Jes ha preparado (Le., 14, 25), y de insistirles contfnuamente que se apresu- (1) «Intrate per angustam portam: quia lata porta, ct spatiosa via cst, quac ducit ad perditionem, ct inulti sunt qui intrant per cam, Quam angusta arcta via est quae dpeit ad vitam: ct pauci sunt, qui inveniunt cam!+ 7, 13-14; ef. 11, (Q) ‘Beatus homo, qui inv enit sapientiam, et qui affluit jus viae pulchrae, et omnes scmitae iMius pacifieae.—Pro (3) Hue studeam scendere, dice San Bernardo (Sern. de verbis Ps. 23: Quis ascendet, etc.}, ubi bonum sit nos esse... Venite, asccdamus in hune mon- s vobis videtur ardua, cxoneremus nos: si arcta, etiam non parcamus: si longa, tanto magis festincmus: si laboriosa, memus ci: Trahe nos post te, in odorem uuguentorin tuorum currents, ix, qui sic eucurrerit, ut comprehendat, immo ut ipse comprehendatur, et in ilam amplitudinem montis, et plenitudinem corporis Christi mereatur ad- mitti. Felix, qui in illum beatificum montcm tam desideranter ct perseveran- ter ascenderit, ut in loco sancto locum accipiens stationis, Deo Patri in sanc« toejus apparent, simul et videat virtutem ¢jus et loriam-, (4) In via Dei non progredi, regredi est ; San Berxarpo, Serm. 2 de Purific. one Epist. crece>. Santa Teresa, Woradas, V (5) Oves mene vorem meam audianiss et sequuntur M ternam do cis.—Joan. 10, 97, 28. eg gelinguite infantiam, et vivite, et ambulate per vias prudentiac>. rou. 9, crm. 169, c. 51 y S1.—-Oien no erece, des: 1 ct Ego vitam ac- 2 © EDYIONES Mis TIC AS.— PREAMBULOS rena entrar por la angosta y unica Puerta de salvacion (1), donde una vez entradas hallaran abundantisimos pastos y gozaran de gran amplitud, alegria y libertad (2), y de animarlas con tan consoladoras promesas, todo lo contrario suclen hacer; y asi aun a las més ficles y gencrosas almas que, sin reparar en privaciones y sacrificios, quieren, cueste lo que cueste, seguir muy de cerca a Jestis, se obstinan en apartarlas violentamente de esos sublimes caminos de la vida que El mismo se ha dignado mostrarles para luego alegrarlas con su dul- ce presencia y colmarlas de eternas delicias (3). Con gran desenfado les dicen que esus caminos , como solitarios; que se dejen de «rarezas y singularida- des», y se atengan a las «vias ordinarias y comunes»—de la rutina—; y en suma, que vayan por el «camino Ilano, ancho y {7///lado>..., pero de esa gencralidad que vive olvidada de Cristo e ignorantede los inefa- bles consuclos que Ll reserva para quienes de veras le siguen (4. (1). Contendite intrare par angustam portam: guia multi, dico yobis, quac- rent intrare, et non poterunt. Le. 13, 14. Asi los bucaos eristiangs, dice San Gregorio (Moral, lib, 31, ¢, 23), «cum pancis ingredi angustam portam desiderant: et non cam multis lata itinera ingredi appetunt, quac ad interitum ducunt-, @) Ego sum ostium, Per me si introicrit salvabitnr: et ingredietur, et egredictur, ct paseua invenict, foan, 10, 9, Gr «Notas mihi fecisti vias vitae, adimplcbis me lactitia cnm valu tuo: delcctationes in dextera tua usque in finem>. Ps. 5, IL. (Cumin pocos hay que se_acuerden de Mi!—decia Nuestro Sehor por hoea de Santa Catalina de Riceis (Extasis del 18 Octubre 1553), “Yes porque cl camino de la perdicién cs ancho y seguido de la mayoria, mientras que ¢1 de la perfeecion es csircebo y diffeil a] principio; mas a cnan- tos entren en él por mi amer, sé hacérsela pronto suave y Hicil>.—Cl. Exo- Luciou mistica, p. 230. Tan estrecho y excabrosa es. que a veces ala pobre alma le parecera ir como descaminada y perdida; pero perdiéndase cntonces a si misma con to- das sus facultades y mancras humanas, cs como luego logra hallarse en Dios y hallar toda su ventura. Conforme a esto, la inspirada poctisa mistica, Ma- dre Cecilia del Nacimiento, C. D., en sus maravillosas canciones de la Traus- formaciin del alma en Dios (insertadas cn el t. 3.° de las obras de San Juan de la Cruz, ed. crit. Toledo, 1914), se expresa de este modo (Canc. XIT: Y yendo sin camino, sin que haya entendimiento ni memoria, le muestra el Rey divino su virtud y su gloria como se pucde en vida transitoria. Lo cna] ella misma explicé (Comment, 2.°) asi: «Como esta es obra de amor, dice! sin entendimieuto uf memoria, porque esas potencias antes se han de cegar en lo natural. Y dice: que va sin camino, porgue no le ve cl alma cuan- do vamina hasta llegar al término, que como dijo David, va en una Merra desterta, sin cantino vy sin agua. Y dice: Ast ex este lugar santo apareci a tt, para ver tu vittud y in gloria; que la propia disposicién para verla es ir por esta tierra desierta, sin camino y sin agua, que es Ja _soledad y desierto por donde camina en apreturas de trabajos y asperezas sin hallar camino en esta soledad, sino apartamiento y retiro de todo lo criado. Sin saber por dén- de, camina solo en fe, y en tan horribles oscuridades que le parece muchas veces se pierde, hasta que el Sefor, por su misericordia, la saca a tan divina luz, que la Hama el Santo Profeta, sv virtud y su gloria, ‘Como Dios ama tanto a los suyos, prosigue (i.), no quiere sélo mostrér- seles cuando haya de ser con clara vista dandoles lumbre de gloria en el cie- 8 DOS EXTREMOS PELIGROSISIMOS 23 Y sin embargo, asi, en sustancia, poco mas c menus, suelen tantos Namados «directores» hablar sin saber lo que dicen, como hombres sin luz de discrecion ni de ciencia, que no ven los terribles peligros a que con sus temeridades se exponen y exponen a muchos incautos (1). No miran que semejante camino es muy distinto de los de Dios, siem- pre altos, santos ¢ inmaculados, y siempre IHenus de las aguas de mu- chas tribulaciones muy distintus de Jas encumbradas sendas de la santidad y de la equidad y justicia, que la sabiduria y prudencia del cielo, para librarnus de nuestra perdicién y colmarnos de gracias y felicidades, a grandes voces nos proponen Estas seguras y santas “sendas de la equidad,, y la “via de la sabiduria, el mismo Dios se ofrece a ensehar- noslas (4) si de veras nos resoltemos a subir hasta la cumbre de su monte santo, que nos esti preparado (5); de suerte que m ccamos ser admitidos en su regia casa y penetrar en el lugar de su faberniculo adnirable (6). Por eso debemos con todo fervor e instancia pedirle—a imitacion delSalmista—que se digne ensefdrnoslas cuan- to antes, seguros‘de que lo har, Ilevdndonos por’ ellas Jo para que Ic pnedan ver, sino ts que no con csa vista clara, con otra y ivino de su divina Esen: cia, en que [es da como una muestra de aquella gloria infinita que les ha de mostrar en Si mismo cternamente, para que asi Hevados de este bien, pucdan Nevar los trabajos y diticultades de esta vida, que se Tes hae 1n gtorinsos con Ja participac ¥ viene a ser esta unién on las ahnasyite Te dan Ingar vse disponen de manera que munca se aparten Ai durmicndo de El, y sfewfan esta divina unién con Cantos crecimicntes, que queden asi transiormadas en El con una participacién suya divina tan admi- rable, que sva principio di tendrin ete a) G sapicntiam, intericrunt proptcr s (2). “Deus in sancte via tua +Deus meus, impolhuca s utinam saperent, ct intellige- 29.—Quoniam non habuerunt ‘te semitae tuac in agnis multis>. £ fv jus Posuie iminaculatain iam mean... P 34. id non sapicntia ct prudentia dat vocem suan Isisque verticibus supra v mediis semitis stan fis ¢ ditem diligentes me. Prov, Sapientiae monstrabo tibi, duc m te per senttas acquitatis: quas, cum ingressus fucris, non arctabuntur gressus tui, et currens non ha- bebis offendiculum>. Prov. 4, 1-1 +Ergo secundum am Domini traditioncm, dice Casiane (Collat 2. 3 j, via regi t, licct dura ct aspera scntiatur, P ac fideliter servientcs, cum tulcrint jugum Domini super se et didicerint ab €0, quin mitis est ct humilis corde (4. 11, 29), jam quodammodo terrenarum assionum deponentes sarcinam non laborem, scd requiem animabus suis omino praestante reperient, sicut per Jeremiam prophctam ipse testatus est (6, 16)... Fient namque eis continuo prava in directa, et aspera in vias pla- was cis, 40, 4), et gustantes videbunt gronian snavis est Doninns (5) +Erit praeparatus mons domus Domini in vertice montium. ad eum omnes gentes,.. Venite et ascendamus ad montem Demi ct do- eebit nos vias suas+. /s, 2, 2-3; cf. Ps. 36, 34; 66, 3; 142, 8; Ecclr. 18, 11, 37, 19. (6) Quontan transibo tn locum tabernacult admirabilis, usque ad’ do~ mum Dei. (Ps, Al, 3). . et fluent 24 CUESTIONES MISTICAS. —PREAMRULOS a gozar de sus infinitos tesoros, si somos a la vez mansos y humildes, confiados y temerosos (1). Los que esto no hacen, los que de ningtin modo se preocupan de.conocer los caminos de Dios, nada extrafio ue por su dureza de corazon incurran en ‘la indignacién divina y merezcan ser excluidos del mistico lugar de re- poso a que somos todos los dias invitados (2). Y los que tras de esto se empefian en apartar a los demas de esos caminos santos y hacen que las vias de Sién lloren—con los angeles de paz (3)—- porque nadie viene por ellas a la solemnidad (Thren.1,4) de las bodas del Cordero(Apoc. 19, 9); esos tales muestran carecer de toda luz de inteli- gencia y ciencia divina y de consejo: no saben a do ca- minan, y deben ser temidlos de los verdaderos ficles. Pues como hijos de este mundo e imitadores de los hijos de Agar, que no se guian sino de una prudencia humana, se muestran del todo incapaces de entrar v de conducir alatierra de promisién, y mucho mas de conocer y dar a conocer los infinitos tesoros encerr ados en la Casa de Dios, y las luces, alegrias v dulzuras. que estan alli es- condidas y reservadas para quienes de veras le buscan y I¢ temen (4). Asi, como verdaderos ciegos conductores de otros ciegos, no pueden menos llevar a hoyos y preci- picios (.M/f. 1, iW). Esa tan facil senda que pregonan no es, pues, como la de los justos, la cual, guast lux splendens, procedit et crescit usque ad perfectum diem, sino como la via ine - ploriumn fen enesa, por la cual nesetunt ub corruant (Prov., 4, 18, 19). Es la misma “via stulti, recta in ocu- lis ejus,, la “via quae videtur homini justa; novissima autem ejus ducunt ad mortem.; o la “via peccantium complanata lapidibus, et in fine illorum inferi, et tene- brae, et poenae,, (5). tuas, Domine, demonstra n timet Dominum... in bonis demorabitar viam, in qua ambulem>. (Ps. 142, 8). i... Docebit mites vias suas... Qui Ps, 24, 4-13), , (Zs, 33, 7-8). quirunt prudentiam quae de terra est... negotiato- viam sapicntiac nescierunt, neque commemorati sunt fam miigna cst domus Dci, et ingens lacus posessio- s cjns, neque qui exquirat semitas cjus... Qui emittit lumen, tt adits. (Barne, 3, 23°33). «Quam magna, gaulciendo dui- cedinis tnae, Domine, quam abseondisti timentibns ter. (Ps, 30, 20). os), Prov., 12, 13; 14, 12; 2, 11. CF. Js., 3, 12. Jovem, 2, 33: a Rar. 3, 20- polite abider incas; ut jnravi, in iva mea. DOS EXTREMOS PELIGROSISIMOS 2% Los que por ahi vayan seran, pues, precisamente los snuchos de quienes tanto se lamenta el Apéstol (Phil. 3, 18, 19) viendo cémo, guiados de Ja prudencia carnal— que es muerte,—y no de la del espiritu de .conscjo y de sabiduria—que es paz y vida-(Rom. 8)—, “van huyendo- de la’ Cruz de Cristo, por gustar sdlo de cosas terrenas y gloriarse de lo que debia avergonzarlos,; al paso que’ la conyersacién de los verdaderos fieles esta siempre muy alta, “en los cielos (1),. Para lo cual procuran afian- zar bien sus pasos, huir de todo lo que es bajo y rastre- ro, seguir fielmente los caminos de Dios, que se elevan infinitamente sobre Jos de los hombres (2), y asi em- prender cada cual la estrecha, segura y santa senda que le esta prescrita, para poder hallar el descanso de sus almas (3) “Habra, dice Isafas (35, 8, 9), una senda y una via, que se llamara la vfa santa: no pasara por ella hombre mancillado. Y esa sera para vosotros la via recta, de tal suerte, que por ella no yerren ni se pierdan los mismos idiotas o ignorantes. Las malas bestias no transitaran por alli ni se acercaran a ella: esta reservada para los que fueren libertados.. “He ahi, pues, observa Tissot (4), la verdadera senda de Ja perfeccién, el verdadero camino de la santidad; el camino tinico, el camino que siguieron los Santos. Pocos hay que sepan hallarlo (.N/t., 7, 14), pues quien esté man- chado con el amor de si mismo y de las criaturas no acierta a conocerlo. Ese tal marcha por las vias milti- ples y dificiles de las criaturas (5) e ignora el camino de Dios (Sap., 5, 7). Este camino no es dificil, es tinico, di- recto, derecho, corto, facil y seguro. Se puede marchar por él sin temor y avanczar sin peligro, aunque, no haya sagacidad ni habilidad. Todos, hasta el mas sencillo e (1) Dereliqnisti fontem sapientiac. Nam situ via Det ambulasses, habi- tasses utiqne In pace sempiterna. Disce ubi sit prudentia, ubi sit virtus, ubi sit intelectus: ut scias simal ubi longiturnitas vitac et victus, ubi sit lumen’ oculormn et pax. Baruc, 3, 12 t exaltantur co itationes mene a cogitationibus vestris>. Rout, 11,3: super vias, ct videte, ct interrogate di antiquis, qua it eva bona, ct ambulate in ca: et invenictis refrigerium animabus vestri Jerent., 6 1b. -Cito enim invenigtur via bona, id cst, recta ct certa via ad paradisnm— dice a este propésito cl Cardenal Hugo de S, Caro—eain quacrenti; qnia mul- torum sanctorim trita vestigiis». (M) La Vie intéricure simplifide, 3. P. (3) _ «Septem sunt viae difficiles, di €. 3,8 1), montuosa superbornm; via spinosa, avarorum; xuriorum; via tenebrosa invidorum; via tumultuosa, iracundorum; via sump- tuosa, gitlosorum;; via tacdiosa, acediosorum». 26 CUESTIONES MISTICAS.~-PREAMBULOS, ignorante, y aun hasta el mas idiota,. van seguros y na- die se expone a extraviarse. Esta al aleance de todos,,. “Y estando asi, como esta, al alcance de todo fiel cristiano que—li- bre de impurezas y esclavitudes mundanas—con todo fervor desea y pide caminar por alli derecho al cielo, con la santa libertad que es. propia de los hijos de Dios; al alcance del feliz viador que—confiado en el auxilio de lo alto—procura subir de virtud en virtud y de clari- dad en claridad, marchando alegre por la ley divina y la fiel imitacion de Cristo, y cantando sabiamente en‘ su via inmaculada continuas alabanzas al Sefor (1); estando realmente a nuestro alcance, con la gvacia ordinaria, todos podemos y aun dcbemos aspirar a ella--, en vista de la generosidad del Padre Celestial, que tan amorosamente se ofrece a mostrarsenos en Sién si de veras lo procuramus poniendo en nuestro corazin escalas de santos deseos (2), y en vista de nuestra misma flaqueza y necesidad, para no perecer alejandonos de El, en quien sélo esta todo nuestro bien reunido (3). Podemos y debemos, digo, animarnos a pedirle que nos nuestre y, en cuanto es de nuestra parte, a busear y emprender, confiados y esforzados, ese sano, rec- lo y seguro camino; aspirando a Hegar por él no a donde quiera— que al Sefor no le gustan estas limitaciones—, sino a fo més alto, en- cumbrado y maravilloso que podamos; a la cumbre misma de la per- feecion y de la justicia, de Ia santidad y bienaventuranza (4). I sto no es presuncién, sino amor, confianza, lidelidad en cultivar los misticos talentos, generosidad y buena currespondencia a lus beneficios divi- nos, con que se reciben nuevas fuerzas y se cobran alientos para ir siempre adelantando sin nunca desmayar ni desfallecer, como desfa- ecen los pusilanimes y desconfiados, por mucho que se amparen con falsa humildad (6). En cambio, los que confian cn el Sefor, reciben ). Beati immaculati in via. qui ambulant in lege Domini. (P: Psallam et intelligam in via immaculata. (Ps. 100, 2). t immaculatus? pregunta $. Ambrosio (In P's. 118, Seru. 1).—Y Son utigne qui in quacumque via ambulat, sed qui in Christo aul élo en esta via recta e inmaculada es donde se aleanza la _ciencia de los santos, se descubren las inisterios del Reino eclestial (Sap. X, 10), ¥ viniendo a conocer por experiencia la verdad divina, con puro corazén sc leen y se cantan dignamente Jas alabanzas de Dios. «Ile enim psallens intelliget quae canuntur, dice Casiano /Collat. XIV, ¢. 9), qui tn via innuaculata gres- su puri cordis innititur... Impossibile namque est nimain, quae mundanis vel tenuiter distentionibus occupatur, donum scientiac promereri, vel generatri- iritualium sensuum aut tenacem sacrarum lection @) Beatus vir, enjus ascensiones in corde suo dispo- suit... [bunt de virtute in virtutem; vidcbitur Deus deorum in Sion. Ps. 83, 6-8. (3) Ecce qui clongant sca te peribunt... Mihi autem adhaerere Deo bonum est; ponere in Domino Deo spe meam. Ps (4) In toto corde sneo exquisivi te... In vi tus sum... Viam justifieationum tarum instrue m bus tuis, Ps. 118, 10-27, (5) «Ad humilitatem pertinet, dice Santo Tomas (2-2, q homo defectus proprios considerans, se ipsum non extollat; sed hoc non per- tinct ad humilitatem, sed potius ad ingratitndinem, quod bona quae quis a Deo possidet, contemnat>. 118, et exercebor in mirabili- 3, 1, ad 3), ut DOS EXTREMOS PELIGROS{SIMOS 27 de El una superior fortaleza que tes servira de alas (/s. 40,31) con las cuales podrin facilmente remontarse y «subir de virtud en virtud> hasta lograr verle en la cumbre de su monte santo, E] verdadere jus- to no se contenta con menos, pues aspira a Ja plenitud del bien; y quien alirme que le basta con ser una mediania en e) servicio de Dios, mues- tra hallarse atin muy distante de la verdadera justicia (1). Asi dicen Jos maestros de espiritu que debemos ser muy animusos y contiadus en Dios, y huir como del mayor peligro de la timidez, co- bardia, pusilanimidad y descontianza, por més que se encubran con herinosus pretextos: « Noli esse pusillaninyis in animo tuvs (iceli.,7,9). «Una tentacién muy comin en los sierves de Dios, y a la vez muy disimulada y dificilisima de remediar, deefa ¢) P. Surin, S. J. lmiour de Dien, 1, ch. X), es Ja de querer limitar el amor y tener ideas muy pequenas y bajas en el serviciv divino... [le ahi pur yué, siende tan- tisimos los que hacen profesién de servir a Dios, hay, sin embargo, tan pocus santos; porque no se proponen unas niiras bastante altas>. «Lstando un dia muy acobardade para pedir a Dios cosas grandes, viéndome yo tan miserable, escribe confurme a esto el P. La Puen- te (2), topé aquella palabra —supersperavi—de que David usa muchas veces... Y ofreciéseme con sentimiento especial, que de Dios puedo esperar mayores cosas, que segtin mi flaqueza debicra; purque esta esperanza estriba en la misericordia de Dios infinita... Y asi puedo esperar la unién con Fl, ef trate familiar, os gozos en el padecer, eteéteras, tre esos bienes que debemes revonocer y estimar mucho estan los Ha- miuunientos a una vida mids porfecta. Asi con razén se lamentaba Ia VV. Ma- na de San José, fundadora de las Recolelas Agustinas (cf. Vida, por Mu- faz, 1645, 1. 1). 13), de ver que ciertas almas tenian tal suerte de knnelidad, =que las ceia no eran capaces de tratar de oraciéns, Esto, jerte, cs stentacién con que vence ¢l demonio a la mayor parte de las Religiosas, que por aqui las hace fibfas y las Neva al camino ands ordinarto en que se pier- den de gozar de la paz que el Sehor da at las al puras, dcjindose evar de conyersacioncs harto vanas-. sHe visto, ahade fe. 14',cdmo el Ser quiere nuestra voluntad para hacer- nos mercedes. y que Jas queramos recibir; que sino queremos sev retira su Ma- jestad, aungne Jas haya comenzado a hacer, que es tan grande la nobleza de $n trato, que sin nuestro gusto no gnicre violentar muestra voluntad: jqu gran groscria la nuestra... en no querer recibir tan grandes bienes, que pa rece rehusamos cl dejarnos obligar deste Schor, como si pudiéscmos dejar de estarlo! (Oh cegnera... la mia!... Pues entendia la solicitud con que este Scitor me buscaba, sin responder a la dulzura de su voz Hamiandome tantas veces>. «Me confunde, Scfor, exelamaba a su vez Sor Catalina de J: M4, admira- ble dominica que florecid en Quito en el siglo svin (Autobiogr. tnédita, 34 P., ¢. 15), que tus criaturas al principio, antes de tener largos conovimientos, andan declinando tu amor: iqué hay que espantarse? Que yo sea tan ridicula, después de recibir tantos favores: j¢sa si puede Namarse infainia y rnindad, temeridad y bajeza!... En esto he sido hartas veces rnin; pero después he Nevado mi merecido con los retiros del Scitor y desolaciones grandes y lar- was . «Debet quidem humilis, et devotion contemplationis vacans semper divi- ni sc subjicere radio Iuminis, quatenus trahenti ct vocanti spiritwi continue se accommodet. Nam spirat quando vult, et de quo vult-. S. Law, Jesty., De casto connnbio, c. 19, . 41) Desiderium justorum onze bonnn est. Prov., 11, 2% 12) Sentimventos.s X11, 05; cf. Guda espiritual, wr. 3, ¢. 6. 38 CUESTIONES MisTICAS. —PREAMBULOS, Y con vazén, pues, segtin advertia Ricardo, Dios prefiere ser tra- tado con gran amor y confianza, como amantisimo Esposo, mas que con el simple honor y reverencia que se le debe como a Padre; asi como se goza mas de ser dignamente honrado como Padre, que temi- do como Senor (1). Y a las almas que tienen grandes y ardientes de- seos, propios de corazones nobles, generosos y enamorados de Dios, ahade San Bernardo, muy luego se les mostrara el Rey de la gloria, no yacomo Senur ni aun solamente como carifoso Padre, sino tam- bién con todos los atractivos y encantos de Esposo dulcisimo y finisi- mo, que las admitirA a su mAs intima familiaridad para comunicarles sus mAs preciosos tesoros y secretos (2). sJesucristo, observa el P. Osuna (Terc. slbec., tr. 8, c. 7), da ma- yor gracia a los que mas engrandescen su corazén para la recibir, ¢ cuando, segtin dice el Salmo, se Hega el hombre al corasén alto, por via de muy espirituales cjercicios, es Dios en nosotros muy mas en- salzado: onde asi como mas honra al vey y al reino un caballero que un escudero, asi es mas util a sie a los otros y mas'acepto a Dios uno que, seguin debe, sigue un gran ejercicio que no otros que siguen co- sas pequenas y de nifos» (3). (1) «Aliqnando Dominus in S. Scriptura se vocat dominum, vocat aliquan do patrem, aliqnando sponsum, Quando enim vult timeri, dominnm se nomi- nat; quando vult honorari, patrem; quando valt_amari, sponsum... Quanto enim dignins honor quam, timor, tanto plus gaudet Deus pater quam domti- nus dict. Et quanto charins est ‘amor quam honor, tanto plus gaudet Deus sponsus dici quam pater... Cum se dominum nominat, indicat quod creati su- mus; cum se patrem vocat, indicat quod adoptati; enm se sponsum nominat, indicat quod conjuncti sumus. Plus est autem conjuctos esse Deo, quam erea- tos ct adoptatos».—Kicarno vr Sax Victor, Explic. in Cant. Prolog. (2) Magni patris-familias seu regiac majestatis schema apparere existimo his qui, accedentes ad cor alta, de majori spiritus libertate, et puritate conseientiae magnanimiores [acti, consneverunt audire majora, inguicti prorsus ct curiesi seeretiora penetrare, ct apprehendere sublimiora, ct tenta- re per(vetiora non modo sensuum, sed et virtutum, Hi enim pro fidei magni- tudine dignd tuceniuntur qui inducautur in omuent plenitudinem: nec est omnina in omnibus apothecis sapientiae a quo Deus scientiaraim Doovinus arcendos censcat cupidos veritatis, vanitatis non conscios,.. Tales itaque na audent...: et quac audent obtinent... Yitur istiusmodi magnis spiriti- bus magnus occurrit Sponsus, cl magnifieabitur facere cum cis, emittens lu- cem suam et veritatem suam, cosque deducens et adducens in montem sane- tum suum et in tabernacula sua, ita ut dicat qui ciusmadi est: Onda fectt mithe magna qu polens est.—Regem in decore sno videbunt oculi ojus praceuntem se ad speci deserti, ad flores resarum et Jilia convalium, ad amoena hor- torum, ad irrigua fontium, ad delicias cellariorum, et odoramenta aromatum, postremo ad ipsa scercta cubiculi. Isti sunt thesauri sapientiae et scient penes Sponsum abseonditi, hace vitac pascua pracparata in refectionem ani- marum sanctarum. Beatas vir qué inplevit desiderium suini ce. Hoe ipsim sponsa prudenter advertens, postulat sibi indicari ubi i bi ipse paseat et cu- bet sub meridiano fervore, parata pasci ct pascere cin ilo et sub illos, San Berwarvo, Sern. 32 in Cant. (3) «Me agrada mucho, decia Nuestro Scior a Santa Matilde (Revelac. lib, 8, 5), gue los bomnbres tengan én Mi una confianza tal, que les haga es: perar de mi bondad grandes cosas+ «Cada uno ama a su semejante, ahadia el mismo Salvador a la \V’. Isabel de Jestis (Terciaria Carmelita, Toledo, 1611-1682, cf. Autobrografia, 1. 2, ¢. 18); y Dios, como es infinito, inmenso y omnipotente, ama a los corazones’gran- des y ¢s wlorifieado cuando el alma sube a la alteza de corazén; y aborrece y le enfadan las almas pusilinimes, cobardes, serviles y apocadas, que no se DO3 EXTREMOS PELIGROSISIMOS 2 «Ayudéranos mucho, advertia segtin esto el P. Rodriguez (Ejerc. de perfec., 1 P., tr. 1,c. $8), para aprovechar y alcanzar la perfec- cién, poner siempre los ojos en cosas altas...,conforme aquello que nos aconseja cl Apéstol (I Cor. 31): Apercibios y disponeos para co- sas mayores: acometed y emprended cosas grandes y excelentes. Este medio ‘es de mucha importancia... . »Sobre aquellas palabras del Salmo 83: Beatus vir, ciijus est au- xiliuin abs te: ascensiones tn corde suo disposuit, dice San Jeréni- mo: Sanelus porit ascenstones in corde suo, peccator descensiones. El varén juste y santo siempre pone los ojos en subir e ir adelante en la perfeccién; y esto es lo que trac atravesado en el corazén...; pero el pecador y el imperfecto no trata de esu: conténtase con una vida conuin; cuando mucho, pone los ojos en ser weediana, y de alli viene a desdecir y bajar; y asf dice Gerson (1): Es voz de muchos: Bastame una vida comdn: yo no quiero sino salvarme: esotras perfecciones grandes y excelentes quédense para los Apdstoles y para los grandes Santos, que yo no pretendo volar tan alto, sino irme por un caniino Mano y carretero, Esa es voz de los imperfectos, yue esos son los muchos, porque los perfectos son pocos: Multi sunt vocati, pauct vero elceti (Mt, XX), Dice Jesucristo en cl Evangelio (.Jd¢., VU): La puer- ta y el camino que Ileva a la perfeecién vy a la vida es angosta y es- trecha: v asi son pocos los que entran por ella: pere ¢l cantine comin de la tibieza cs muy ancho, y asi caiwinan muches por é1. »fEstos, dice San Agustin que son los que llama el Profeta (2s. 8) pécora campi: «Animales del campo»; porque se quieren andar en cl campo, lugar ancho y espacioso, y ne quieren entrar en regla ni en pretina; y asi dice Gerson que en esta sola voz: Bastame una vida couuin,; vo me contento con salvurme, no quicro niis perfeccion, muestra uno bien su imperfecciéa, pues nu pretende entrar por la puerta angosta; y estos tales, que, por su tibieza, les parece que les basta salvarse cun los medianos, han, dice, de temer mucho no sean condenados con las virgenes locas, que se descuidaron y se durmie- ron; y con el siervo perezuso, que se contenté con guarda. y enterrar el talento que le fué dado, y no quiso negociar ni granjear con él: qui- atreven a pedir cosas muchas y grandes, y se contentan con poco: como si Dios fuese pobre y no tuyiese que dar; 0 avariento para hacer mercedes quien se las pide, teniendo como ticne todo en su mano... y siendo como Fico n misericordias. De aqui se sigue que el alma que de ¥eras ama a Dios y perscvera en la oracién, no se contcnta con menos que con... todas las vir tudes y perfecciones que puede tener para mas ayradar a Dios-. +Eso tienen de bueno las almas que no con cnalguier estado se contentan como tiltimo fin, ni hacen ya pic en cosa limitada; como muchas personas que se les debe pasar Ia vida en un paso, y en tejer y destejer una telilla que han hallado acumodada a su modo. Mas las que digo. como sélo su fin es Dios, y de este gran Dios, por mucho que le vayan descubriendo, siempre les neda tanta inmensidad encubicrta, siempre les quedan inmensidades que lesear, y en gue entrar en el mismo Dios, y mucho mas que desenbrirs, ML Cecilia del Nacimiento, Uuidn del alma coit Dios: en Obras de San Juan de Ta Crus, t. 3, p. 448. () 3. Ptr. de Myst. Theol. pract., industr. 4. 30 CUESTIO; LiSTICAS. —PREAMBULOS, taronle el talento que tenia, y echaronte en las tinieblas exteriores. No se lee en el Evangelio otra causa de su condenacién, sino porque no quiso acrecentar el talento que le dieron», He aqui, pues, las terribles consecuencias de ese facil contentarse con poco, “con s6lo salvarse Nevando una vida comin y ordinaria,. (1). El otro extremo—o sea el aspirar, asi como quiera, a las fntimas comunicaciones divinas, sin estar atin el alma bien purificada y libertada de sus esclavitudes— expone a muchas personas ligeras 0 vanidosas, o de cier- ta piedad superficial, a flaquear realmente en la humil- dad sobre la cual ha de fundarse toda santidad verdade- ra y toda virtud sélida; a presumir de si, pensando alti- vamente, vy no como conviene segtin el orden divino (2), ora buscando cosas muy superiores a sus condiciones actuales (/cecl?., 3, 22), ora pretendiendo gozar va de lo que nose les concede atin o de lo que quizi—por bien que se portasen—no sc les concederia nunca, como son ciertos favores especialisimos vy ciertos dones del todo gratuitos y verdaderamente extraordinarios, que pue- den halagar al amor propio, pero que Dios da tan sélo a quienes le place, y no a los demas por perfectos que sean (3). Y cuando nose expongan a esu, expdnense, por de pronto, a querer volar antes de tener alas, v no es- forzarse, como deben, por andar y trepar; a intentar lo que no esti a sualeance y abandonar los medios que a mano tienen para aprovechar; a querer entrometerse donde nadie los llama ni los admite aun, en vez de per- severar Ilamando humildemente a las puertas de la di- vina Misericordia para que a su tiempo se les abran; en suma, a presumir de si, queriendo las cosas antes de tiempo, y no conforme al orden divino, o despreciando entretanto les medios ordinarios que Dios les da para aprovechar y avanzar en la senda de la virtud. Esto es lo que Santa ‘Teresa tiene por presuncién o “poca humil- dad, (4), Pues nos es preciso tratar muy seriamente de {t) A Santa Angela de Foligno le fué revelado (Libro de las vist instrucciones, cap. 1.1) que aquellos que, sintiéndose lamados a una vida mis interior, donde con tuz sobrenatu fo camino, des- precian esos Hamamientos y, resistienda a J: inas inspiraciones, s¢ em- Penn cn seguir el camino comin y ordinario, por su menosprecio de la gra- cia ineurren en la naldicién de Dios, Pues son como un hijo que se contenta con aprender un oficio vil después que su padre hizo enormes gastos por darle una brillantisima carrera, (2) Non plus sapere quam oportet sapere, sed sapere ad sobrictatem: et usiicuigue sicut Deus divisit mensuram fidei+. Rom, 12, 3; ef. 1, 20; 12, 16. (3) D, Tuom., iv J Cor., 12, lect. 2. (4) +Es un poco de falta de humild: ive, en efecto (Vida, cap. XNI)—, DOS EXTREMOS PELIGROSISIMOS 31 ir subiendo como podamos, y aun ingeniarnos y esfor- zarnos por trepar, conforme a las reglas ordinarias de la Ascética, hacia la cumbre del woute santo, para que el Seftor se comprometa 0 wostrarnos sus ocultos cami- nos y (/evarnos El mismo—wristicamente—por ellos (1). Tal es el.error de los falsos misticos y de los mal “alumbrados,, que presumen recibir grandes favores v luces, pero que no resultan ser de Dios, sino ilusiones de la imaginacién o engafis del enemigo; y tal fué el de los guictistas, que, esperando sin las debidas disposiciones a sentir la mocién divina, se exponen a seguir tan sdlo el impetu de sus pasiones 0, cuando menos, a permanecer oeiosos, sin hacer lo que esta en su mano y Dios les man- da, y. por lo mismo, a recibir el castigo del siervo “pe- rez0so y malo, Cut, 25, 26). - De estos dos extremos viciosos, el ultimo—con no ser e] mas frecuente ni aun el mas temible—-ha sido, con todo eso, desde que amenazaron los errores de los alumbra- dos y quietistas, no sdlo el més temido, sino casi el inico temido de muchisimus autores vulgares; y en tal suerte, que, para evitarlo mejor, no reparaban en caer de Ileno en cl contrario. si es como, segtin Jamentaba Santa Te- *resa, tantisimos malos directores o maestros improvisa- dos se obstinaban en apartar las almas, no ya de la con- templacion, por muy Ilamadas que a ella se sintiesen (2), sino hasta de la oracién mental mas ordinaria, como si toda oracién no vocal fuera de suyo peligrosa 0 sospe- chosa; y condenaban asi a todos los espirituales, porque de quererse levantar cl alma hasta que cl ScAor Ia levante y... querer ser Maria antes que haya trabajado con Marta. Cuando el Sefor quicre que lo sca, Aunque sea dese el primer dia, no hay que temer: mas comidAmonos nosotros... Lo que yo he entendido cs que todo este cimiento de Ja oracién va dado cn humildad, y que inientras mas s¢ abaja un alma en Ja oracién, mis la sube Dios. No me acuerdo de habe rme hecho inerced muy schalada... que no sea estando deshecha de verme tan ruin> +No esta siempre en 0 de} hombre su camino, sino que a Dios per- tenece cl dar y consolar cuando quiere y cnanto quiere y a quicn qnicre, sc- gtin In agradare y no mia: “Se hallaron pobres y sc vieron abandonados los que quisicron poner en cl cielo su nido, para que, humillados y empobrecidos, aprendiesen a no yo- lar con sus alas, sino esperar debajo de las mias+. Aenepis, lib. 3, cap. VIN. U1) fbnut populi mu et dicont: Venite et ascendamus ad monte Do- mini. ct docebit nos vias suas, ct ambulabimus ti semitis ejus>. Is. 2.3) el (2) La V. Angela Maria de la Concepeién—nacida en Cantalapiedra’ lamanca) en 1649 y fundadora en 1680 del convento reformado de Trinitarias descalzas cn el Toboso, donde murié en 169 en tanto olor de santidad, gute, se estA ahora trabajando en sv proceso de beatificacién—, en un libro titula- do Riego espirttual, que escribié para instruceién de sus religiosas, les dice asi (cap. XNVIID: «Apartarlas de la contemplacién, fuera pretender que se quedaran en los medios y no pasaran al fin: lo que pretendo es s6lo apartar- las del modo con que algunas quieren ser contemplativas 32° CUESTIONES MISTICAS.—PREAMBULOd pueda haber, entre los que tratan de serlo, algunos des- equilibrados 0 falsos devotos. “Cosa extrafia es ésta, exclamaba la gran Doctora mistica (1), jcomo si a los que no tienen oracién no ten- tase el demonio!, y que se espanten miis todos de uno que engafia por este camino, que de cien mil que ven ir ca- mino del infierno por otros... Camino seguro es, mas aina os libraréis de la tentacién estando cerca del Sefor, que no estando lejos,. “Ningtin caso hagdis—habia advertido ya a sus reli- giosas (c. 21)—de los miedos que os pusieren, ni de los peligros que os pintaren. Donosa cosa es que quiera yo ir por un camino adonde hay tantos ladrones, sin peli- wzros, y a ganar un gran tesoro... Pues cuando yéndole a ganar por... camino seguro, por el que fué Cristo, Nuestro Sefior, por el que fueron todos sus escogidos vy santos, os dicen que hay tantos peligros, y os ponen tan- tos temores, los que van a ganar este bien, a su parecer, sin camino qué son los peligros que Ilevaran? jOh, hijas mias! que muchos mas sin comparaci6n!, sino que no los entienden, hasta dar de ojos en el verdadero peligro, cuando no hay quien les dé la mano... Pues no os engaae nadie en mostraros otro camino sino et de la oracion... * Quien os dijese que éste es peligro, tenedle a él por el pe- ligro mesmo.. . Peligro sera no tener humildad y otras virtudes; mas jcamino de oracién, camino de peligros! Nunca Dios tal quiera. Fl demonio parece ha inventado poner estos miedos, y ansi ha sido mafoso a hacer caer a alguno que lleva este camino... Porque huir del bien por librarse del mal, nunca yo tal invencién he visto. Bien parece del demonio. jOh, Sefior mio, torna por Vos, mira que entienden al revés vuestras palabras! Yen la Vida (c. 19 y 35), al tener que recordar las muchas contradicciones que en este punto tuvo, dice: “No me parece es otra cosa perder el camino, sino dejar la oracién... “No puedo entender quées lo que temen de po- nerse en el camino de perfeccién. El Sefior, por quien es nos dé a entender cuan mala es la siguri idad en tan ma: nifiestos peligros, como hay en andar con el hilo de la gente, y cémo esta la v erdadera siguridad en procurar Ir muy ‘adelante en el camino de Dios.. P. Bafiez, en el brillante informe-que dis a la In- quisicisn acerca de la misma Vida de la Santa, con ra- z6n_anadia: “Quejabase Dios antiguamente por el profe- ta Ezequiel (c. 13) de los falsos profetas que a los justos (1) Camino de perfeeeién, cap. XXXIX. DOS EXTREMOS PELIGROSISIMOS 3B apretaban y a Jos pecadores lisonjeaban... Se puede esto decir contra los que espantan las almas que van por el camino de oracién y perfeccién, diciendo que son cami- nos peligrosos y singularidades, y que muchos han caj- doen errores vendo por este camino, y que lo mis segu- roes.un camino llano vy comin y carretera. De seme- jantes palabras, claro esta, se entristecen Jos que quieren seguir los consejos y perfeccién con oracién continua... y por otra parte los flojos, los viciosos se animan y pier- den el temor de Dios, porque tienen por mis seguro su camino; y éste es el engafio que Haman camino Mano y Seguro ‘Ta falta de conocimiento y consideracién de los despefiaderos y peligros por do caminamos todos,,. Y ya mucho antes el P. Osuna, en el famoso Jereer -lbecedarto, que tanto bien hizo a la misma Santa—sir- viéndole de guia y de maestro para entrar en las sendas del espiritu—advirtis con gracia (77. 5, c. 2): “He leido muchos peligros (en e] camino de oracién). En un libro lei doce, y en otro otros doce; y después de haber mira- do sus amenazas y el multiplicar cngafios que las perso- nas espirituales suelen cacr, més me parecen espanta- jos... que avisos... Asi que los tales, pensando aprove- char, dafan mucho a las personas simples, que, segtin dice el Salmo (13), temen donde no hay que tener... Digo que esta via es segura... y los que atemorizan... a los que por ella quieren ir, en espantar a los otros piensan excu- sar a-si mesmos de negligentes, cuasi diciendo que ellos mis lo dejan por temor que por falta de voluntad (1)... Si en algtin libro leyeres: que te has de guardar de las personas que tienen arrobamientos, como si tuviesen rabiamientos, tampoco lo creas; y si te dijeren que fué santo el que lo escribid, di tt que ningtin santo condena como atrevida sentencia, lo que puede ser bueno, sin pri- mero lo examinar con mucho acuerdo, (2). (1) Peraldo (Summa Virtutum, P.4.9, tr, de Donis, p. 8): «Secura est vita contemplative respectn activae. (Prov. T ustra jacttur rete ante oculos pennatorum.—Glos.: «Facile eyadit laquéos in terris, qui oculos habet in coe- lis». Vita contemplativa finis videtur esse activac... Per activam transitur ad contemplativam. Isidorus in libro de Summo Bono: Qui prius in hac vita pro- ficit, bene ad contemplationcm conscendit. Q) Cf. Santa Teresa, Frardactones, cap. VILL, . (2) _+Muachas veces se me ha hecho saher—decia la admirable leguita sa- lesa, Hamada encanto del divino amor, Sor Juana Benigna Gojoz (1015-169: ef. Vie, 1.2 P. ¢. 9)—que an alma que con ir lentamente por vias ordinartas de la virtud, nunca recibira 1 que las gracias sufictente que para amar a Dios con perfeccién, debo hacer que su amor reine sobre razon, y ¢sta sobre inis inclinaciones y movimientos naturales; que el alma ede Dios, debe incesantemente morir a st misma>. enel P. José de J. M." (Don que tava San Juan dela Crus para gniar almas, ¢. 29), 0] bien que hizo este admirable Maestro disponiéndolas para la contemplactén, y el daho de quicnes las obligan a cstancarse en la meditacién, moyidos de vanos temores. EI P. Bret6n (Teol. Mistica, 1,1, p. 143, Madrid, 1614) di medrosos: «Son éstos aquellos diez exploradore: s¢s a que mirasen la Tierra de promisién y habiéndola visto toda y alabado las riquezas, deleites y abundancia de cila, dijeron éstos diez qué no habia que tratar de ir alla, porque habia muchas dificultades, muchos cnemixos en el camino, y ellos flacos y delicados que no podrian Negar alli». Semeijantes personas, ahade el capuchino Agustin de Zamora (De la Mar- garita preciosa del cor. hin., 1. 4, ¢. 4, n. 168), parece que miran 0 conside- ran a Dios Nuestro Senor diferente de Io que ha sido siempre y como si no fuera tan sabio, tan bueno, tan poderoso y de amor tan infinito, come mucs- tra cuanto ha obrado en otros tiempos con sus escogidos... Los danhos que estos dictamenes causan en Jas almas son grandisimos, porque estas cosas sobrenaturales quieren al alma muy pacifiea y las potencias mny serenas; y en oyendo dudar de lo que pasa en su interior, cuando lo comunica, entra ré- celosa en Ja oracién y no s¢ atreve a dar lugar a la operacién divina, como cra necesario para que Dios obrase lo que gustase en clay. (3) Sobre este punto dié Nuestro Sehor a su sierva Magdalena Vigneron (1628-67): cf. Vie, 3.* P. c. 6) estas severas instrucciones: «Es de suma trascen- dencia no dejar estancadas en ninguna imperfeccién habitual tas almas ino- centes que nunca han perdido mi gracia. Si ellas deben cuidadosamente ha- cer fructificar todas las gracias ordenadas a su perfeccién, con mds razon estin a ello obligados los directores a cuyo cargo se hallan. Si no lo hacen, ia de tales guias de los doce que envié Moi- DOS EXTREMOS PELIGROSISIMOS 3B A estos directores descuidados o descontiados debe: mos decirles con el profeta Isaias (26, 2): “Abrid las puer- tas... Aperite portas, et ingredictur gens Justa, cus- todiens veritatem.. Ya éstos Claman también—con el Salmista (117, 19, 20)—las almas valerosas y todos los verdaderos devotos que, por seguir a Cristo, no reparan en trabajos, suspirando: “Abridme las puertas de la jus- ticia...: Aperite mihi portas justitiae, augressus in eas confitebor Domino: hace porta Domini, justi intrabunt incam.. Otros—que aun hoy abundan, por desgracia—, sin llegar a esos tan vituperables extremos, antes recono- ciendo la suma importancia de Ja oracién mental y ense- fiando v recomendando con celo su practica, propenden, sin embargo, a que toda ella se reduzca a la meditacion o consideracién, teniendy por sospechosa cualquier otra forma; como si estuviese en mano del hombre el sefialar su camino, ni en potestad suya el dirigir sus pasos (1), 0 como si ellos fueran quienes para imponer a nadie sus propios métodos 0 aficiones (2), » no debiera cada cual tener aquella manera de oracién que Dios le da y no otras que entonces no le sean dadas por el Autor de todo don precioso (3). Esos tales todo lo quieren reducir al seran terriblemente castizados... Creeran acaso al morir que han merecido mucho con tantas confesiones y direceione as Ineyo quedardn bien de: enganados cn cl oteo mundo, cuando vean fas muchas gracias que mim ricordia les habia repartido para santi as almas inocentes; y por ha ber faltado a ese deber, ni pureza dij les castigara rigorosisimamente, pues Jes hari pagar todos los grados de perfeceién que estas almas debian poseer y habrian cn cfecto poscido, si hubicran reeihido tos socorros espi tuales que les estaban destinados:. (1). -Scio, Dei mine. quia non est homini et dirigat ~ . 0)” De fejoscadvertia muy bien Teresita del Nitto Jestis (Sa Vie, ch N)—pareve cosa faeil hacer bien a las almas, forméndolas segtin nuestras propias miras ¢ ideas. Mas de cerca vemos que es menester olvidar comple- tamente los propios gustos y las idas personales para poder xuiarlas, no por el propio camino, sino por él que Jestis tiene sehalado a cada unas. “De hombres @ prior cerrados en sits métodos y Guéranger—librenos el Schor:. (3) faces 17, «[mporta mucho a cualquier alma que tenga oracion, poca o mucl Santa Teresa (Vorada /, cap. 1D—, que no la arrinconen ni apricten: : dgjela andar por estas moradas, arriba ¥ abajo y a loslados, pues Dios la dié tan gran dignidad: no sc estraje en estar inucho tiempo en una pieza sola... ‘Ansi el alma cn el propio conocimicnto.., veele algunas ¢ considerar la grandeza y majestad de su Dios... Y créanme, que con la tud de Dios obramos muy mejor virtud, que muy atadas a nuestra tierra «Porque todo esto—advierte también muy a_propésito el V empezar a tratar De la Devocton (cap. 1 s obra de gracia y negocio det Espiritu Santo, no pretendemos aqui hacer regla general ni atarle las ma nos para que no pueda llevar por otro camino a quien El quisicre, ni pre mimos tampocode comprender todo lo que para este negocio se requiere, sino solamente dar algunos avisos a los que de nuevo comienzan y ponerlos en et camino, porque después de entrados en él, Ia experiencia del negocio y Ia asistencia del Espiritu Santo Ices serdn mejores maestros desta doctrina». i nec viri est ut ambulet, istemas—dec ia Dom 36 CUESTIONES MiSTICAS.—PREAMBULOS ejercicio de las potencias, como si éstas por si solas bas- tasen para labrar nuestra santificacién; y asi suelen me- dir el fruto de la oracién, no por la mejora de vida, sino por los grandes esfuerzos que el entendimiento haga para discurrir y mover la voluntad, y sacar asf sélo a fuerza de brazos, como si esto fuera un puro negocio de pufios, de habilidad o de arte, algunas gotas de agua del pozo de la gracia, por hondo y seco que esté. Y aun cuando por esta via ya no acierten a sacar nada, prefieren ver- los fatigarse en vano antes que aparentemente “ociosos.., reposando dulcemente en el Sefior y recibiendo con gran * consuelo la que El les da (Ps., 126, 1-3); y asf les inducen a obstinarse en no recibir el riego espiritual que el mis- mo Dios les envia, va desde la fuente o el rio de la gra- cia, ya mediante la Uuwia voluntaria con que regala a su herencia (1). Esto es manifiestamente resistir y contristar al Espi- ritu Santo (2) que interiormente nos mueve y ensefia a orar como conviene (/eom. 8, 26), dandonos asi a cada «Entren—aiade (cap. V, § 19)—por In puerta que hallaren abierta, porque aquella es por donde Dios quicre que_entrens, «Los maestros—observa a su vez Saudreau (La ve d union, n. 43 estén unfinimes en presentarnos este género de oracién (la-contemplacién in- fusa) como término a que debemos aspirar, porque ahi ¢s donde se ejercita e] puro amor, y cjercitiindose asi crece y se desarrolla. Mas si el alma debe aspirar a Ja contemplacién, no debe, sin embargo, entrometerse por si mis- ma antes de Ia hora sefalada por Dios, asi como tampoco debe resi euando El quiere ya introducirl Inestros indicaron ambos primero ha side frecnente cn ciertas Epocas y did Ingar a funestos El segundo es el més frecuente en nuestros dias; y por desyracia es av tavorccido de quienes debian precaverlo; y asi en vez de alenctar las, almas que estan eneargados de dirigir, las aparéan de los designios y caminos de Dios. Santa Teresa, Santa Chantal y otras almas nos atestizuan lo que por esta causa tivieron que sufrir; y en nuestros dias hay mas de las que se pien- sa en igual (ormento. las. a métodos que ya no pucden seguir ¢ impedi- das de entrar por las sendas de la contemplacién. (1) £#s, 67, 10, «Resistirse a entrar en el camino adonde Dios nor Mama— reconoce Ribet (La Mystique divine, tomo I, cap. VI, pag, 120, 1895)—es por de pronto exponerse a una disminucién de gracias, y quizi arriesgar la de- cisiva de la salyacién. Querer persistir cn cl ejercicio de la meditacién cuan- do El se propone levantarnos @ la contemplacién seria, no humildad, sino lanimidad y pereza que privarian al alma de los bienes més preciosos y usariin datos irreparables ~Cum enim per se loquendo—advierte Schram (Theol, ny: 1 orationis per contemplationem multo sit perfectior quam per meditationem, et Deus per illam spiritum movere velit, non humilitas, sed pusillanimitas et pigritia forct vocationi divinae, non sine magno lucro cesante et damno tor- san emergente, repugnare>, . «.—+De poco o ningtin frnto es el discurrir—decia Santo Tomas (Super. cap. XXU de Div. Nomi, lect, 2)}—si no viene a parar en la simple vista y contemplacién de la verdad. (2) «Nolite contristare Spiritum Sanctum Dei>. Eph., 4, 30; cf, 1 Thes., 5, 19; Act., 7, 51; Job., 9, 4. BUS EXE REMUS PELIGRUNISEMOS, 37 cual y en cada momento la verdadera forma de oracién que entonces debemos tener con exclusidn de las demas, que, aunque buenas en sf y titiles en otras ocasiones, en ésta podrian perjudicarnos, no sdlo por estorbar la ac- cién divina, sino por entrafiar cierta presuncién ocul- ta (1): Y la entrafan, porque esa terquedad en querer meditar a todo trance—aun a pesar de las sequedades e incapacidades con que Dios nos avisa que por entonces no nos conviene cso, o de los atractivos con que dulce- mente nos llama a otra manera de oracion superior —in- dica que el alma, alla en sus adentros, como que se cree capaz de labrar su santificacién por si ‘sola o con sus pro: pias manos, en vez de reconocer humildemente que “si el Senor no edifica la casa, en vano trabajaremos nos- otros en edificarla. (7s. 120, 1); y por eso, aun haciendo fidelisimamente cuanto es de nuestra parte y nos esta mandado, tenemos siempre que reconocernos por “sier- yos imitiles. (2). \sf hacen que muchisimas almas lastimosamente tra- bajen y se fatiguen en vano -fuercen sin mis fruto que una mayor sequedad y disipacién, pues, como lamen- ta San Juan de la Cruz (3), ni pueden ya andar, porque el mismo Dios les ata los pies, ni dejan que El las lleve en sus brazos, porque el Director neciamente se lo pro- hibe ose lo hace sospechoso con tantos micdos como les pone. Y de este modo pasan dias vy meses y afios sin edi- ficarse ni dejar que el Espiritu Santo las edifique de veras, Crez, Llama de conor infusionibus, dice S. Lorenzo Justiniano (De discipl. ef per- feel, monast. cunvers., ©. 18, 1,9), nmnquant reséstendum est. Quidgnid cnim tune cogitatur, vel cogitandum proponitur boni, intermittendain est, ct ad tempus seponendum, ac sic tota spiriwis alacritate coclesti immissioni sub- dendum est cor, atque prout grat t, obedire non renuat. Re pugnare autem ct vovanti Deo nolle hamitil acquiescere, nil alind est, quam Huenta gratiae d itum i num obstruere, ac Def iran contra se fortiler advocar semetipsnm Dominns animam visitaredignatur... Hune autem Spons tum Sponsa insinuare voluit, quam dicchat (Cant. tent nostrom.., Non enim absque maxima animi impudentia, ct spiritus prac- sumptione resisti potest amabili, et acterno Sponso tam dulciter... venienti, Non sunt eo tempore verbs componenda, sed sicut suggerit spiritus, agendum ests. @) Lue. 17, 10. «La humildad—deeia Nuestro Schor a Sor Catalina de J. M.(Antob. 2.4 P cap. LXV)}—vonsiste cn conocer que de Mi viene a Ia criae tura todo bien. ¥" es gran atrevimiento de la criatura quererme coartar mi bondad y atajar el intlujo de mis favores que derramo a las alinas del modo que yo gusto y qnicro. Brisguenme todas las almas y verdn si con alguna ando corto, . y entonces no dudarén de mis favores+ En cambio quiere que las mismas almas scan también con El gencrosas, y asi le ahade (ibid): «S'a no quiero dei que cuentes las horas de oraciény. (3) Llama de amor viva, canc. 3, ¥. 3, $ 5-11; Subida, pro). TICAS.— PREAMBULOs 3s CUESTIONES Tales maestros, aun sin advertirlo, estaran siempre cortando, como si fueran vanidades peligrosas, las alas de los santos deseos que el: mismo divino Espiritu pro- duce en nosotros; sin las cuales siempre andaremos arrastrandonos pesadamente por el sueto, como incapa- ces de subir a las alturas a que hemos sido destinados, a que Dios con sus continuas inspiraciones nos llama, y a donde gustaria de vernos tender ansiosos, como tienden, a imitacién del Salmista, los corazones amantes, que no cesan de pedir esas misticas alas (1). Esto, a veces, mas bien que error, es una simple exageracién proveniente de no medir el alcance de las palabras; pero asi v todo es tanto mas daft y de la- mentar, cuanto mas competente y respetable sea el au- . tor, Asi vemos que cuantos se inspiran principalmente en Rodriguez, segtin advierte Saudreau, suclen mirar con cierto miedo ja divina contemplacién § y aun tenerla por inncesaria, a pesar de que él mismo, en ciertas oca- siones, les da bien a entender todo lo contrario. Pero, le- yéndole sin estar muy sobre si, no se fijaré uno en e breves correcciones que reducen las cosas a su valor, sf en las exageraciones hechas con insistencia. Lo mismo puede suceder, y sucede, que otro: errar tampoco propiamente, por sdélo emplear expres nes menos correctas, den pie a ciertos incautos para in- currir en el extremo opuesto de querer volar antes de tener alas. Y si esto pasa con tan gr; andes maestros de espfritu, équé no sucedera con las medianias que Ilenan cl mundo de voces hueras y de librejos sin substancia? gY qué con esos medio letrados, que hoy tanto abundan y de que tanto abominaba Santa Teresa (lorada Vc. 1; Vi c. 5), viendo cémo se espantaban sin tener por qué, o se atrevian a fallar acerca de todo sin tener clara noticia de nada? De ahi, pues, tantos aspavientos al solo nombre de Mistica o de contemplacion sobrenatural (2); de ahi tan- (1)_ CL. Ps. 34, 7; San tin. Meditactones, Sotitoanios, ¢. 1; Osu- na, Tere, slbec, tr. M1, semma Galgani, (2) oEs lstima— el V. PL Juan Falconi ‘Canin “derecho, lib. 1. cap. Xi—ver a algunos imperfectos con los misterios y Cnfasis que hablan de estas materias, como si la contemplacién fuera... tan rara como el ave Fénix; y no consideran que es ordinartsimo cn las almas tener mil ratos de contemplacién, aunque ellas, como no saben qué es, picnsan qe no tienen nada, Porque zetintas almas hay que, sin saber qué cs oracién ni contem- placién, se suclen quedar cuando rezan, atendiendo a aguellas verdades que van diciendo, como embelesadas... y queddndose en aquella admiracion al- gimos ratillos sin hacer mas discurso ¥ sdlo creyendo aquellas verdades? Yy esto, gquién duda que es contemplaciéa admirativa, aunque breve... DOS EXTREMOS PELIGROsisLM0s 39° tisimos errores y prevenciones y tantas maximas sin fun- damento como abundan en no pocos libros modernos de piedad, donde maestrillos improvisados, a fuerza de re- petir o ver repetir una cosa, vienen a darla por indiscu- tible; y asi presentan como tradicional cualquier afirma- cidn peregrina, cualquier fnovacidn que sdlo date de’ algunos siglos y que dificilmente podran hallar en auto- res de primer orden. Y tal sucede con la excesiva importancia que del si- glo xvr para aca sucle darse a los métodos de oracién o ie meditacion, como si ellos fueran el todo y nunca se les debiera dejar; con lo cual vienen a convertir la obra de la gracia de Dios en puros artificios humanos. Asi es como de San Juan de la Cruz refiere el Padre Fr. José de Jests Marfa, que ya de estudiante “hallaba tan encontradas Ja doctrina antigua... y las opiniones nuevas que en materia de oracién mental corrian en este tiempo, que gasté mucho en averiguarlas, para sa- ear en limpio la esencia verdadera de la contemplacion provechosa, que eva como fundamento dela vida que profesaba. Y hallaba poca resolucién de esto en las per- sonas espirituales que comunicaba, por estar va niuy desusada la verdadera contentplactén que enseraron los Santos, por otros niodos nucvos de orar, que macs- tros modernos habjan intreducido, fundados mas en arlificio hiumano que en les recibos de la operacion di- vina. (1). En contra de lo cual enérgicamente protestaba ya el V. Granada, al terminar su precioso tratado de la De- vocidn (c. 5, § 17), diciendo: “Conviene avisar que todas estas cosas que hasta aqui se han dicho para ayudar a Ja devocién, se han de tomar como unos aparejos con que el hombre se dispone para la divina gracia, quitando toda la confianza dle si mesmo y de todos sus ejercicios, y poniéndola en sdlo Dios. Digo esto, porque hay algu- +Por eso los santos, como cosa tan comin y asentada, enschan que todos los fieles procuren andar creycndo que Dios cst presente, y andar en su pre- sencia, lo cual no es otra cosa que andar con una simple vista mirando a Dios, ¥ eso es contemplactéu. Lucgo para la contemplacién imperfecta y de imperfectos no es menester hacer tan dificultoso este negocio y a Dios tau inaceesible ¢ incomunicable, como si Su} - estuviera a cicn mil leguas de nasotross. «Este modo de orar en espiritu, dice Fr. Miguel de la Fuente (Las tres Vi das,?. 2,¢. (2), ¢s nobilisimo y muy suave en el ejercicio mental, que como carece de lo imaginario... no cansa tanto la cabeza, y puede cl alma durar cn El por largo tiempo con mas facilidad que cuando ora con modo imagi- nario y sensible». (1) “Cf. Edicién critica de las Obras de San Juan de la Cruz. Toledo, 1912- 44, t. I, Prelim. 1V.—A esta edicién nos remitimos aqui siempre. . du CUESTIONES Mis’ —PREAMBLULOS nas personas que hacen una como arte de todas estas re- glas y document8s, pareciéndoles que asi como el que aprende un oficio, guardadas bien las reglas del, por vir- tud dellas saldra luego buen oficial, asi también el que. estas reglas guardare, por virtud dellas alcanzara luego lo que desea; sin mirar que esto es hacer arte de la gra- cia, y atribuir a reglas y artificios humanos lo que es pura dadiva y miscricordia del Sefior. Y a este yerro ha dado ocasié6n la mala manera de ensehar de algunos li- bros espirituales que andan en Romance: los cuales, de tal manera encarescen sus reglas y las ensefian, como si solas ellas sin mas gracia bastasen para aleanzar lo que descan. De manera que asi como un alquimista ensefia- ria a hacer oro... asi ellos dicen: Haced tales y tales co- sas, y decid tales y tales palabras, y luego por aqui al- eanzaréis el amor de Dios. ,Esta cs una mala manera de ensefar y muy ajena al estilo y gravedad de Jos Dectores Santos... Porque pues fodo este negocio es gracia y misericordia de Dios, hase de tratar como negocio no de arte, sino de gracia; porquc tomandolo de esta manera, sepa el hombre que el principal medio con que para esto se ha de disponer, es una profunda humildad y conoscimiento de su propia miseria, con grandisima confianza de la divina miseri- cordia..., sin tener ninguna repunta de confianza en su manera de ejercicios ni en cosa suya propia. ~Mas aunque esto sea asi, no se excluye por esto la doctrina y avise de lo que se debe-hacer; porque aunque el que planta y el que riega no sean los que hacen cres- cer las plantas, sino Dios (IT Cor., 3), todavia quiere El que se plante y riegue, para que El dé crescimiento,. Por tanto, este cuidado de atenerse a-los métodos or- dinarios (yue es lo que algunos, con buena intencidn, aunque con frase’ tan impropia y grosera, Haman “ir por el camino de Jas vacas,, por contraposicién al “de las. cabras., que van siempre saltando fuera de camino) pue- de ysuele ser muy util a los principios, y en general mientras no se siente dificultad para eso y facilidad para cosas mejores; pero siempre a condictén de que en nada coarte la santa libertad del espfritu ni, por lo mismo, im- pida atender: fielmente a las mociones e insinuaciones del Espiritu Santo, que nunca faltan, puesto que siempre ha de ser [El nuestro principal Maestro en estos caminos (1). (1) {Oh qué dichosos son—exclama San Francisco de Sales (Amor de Dios, lib. VU, cap. X}—los que abren sus corazones a las santas inspiracio- nes! Porque jainds faltan a nadie las necesarias para vivir bien y devotamen- SLIGROSISIMOD 4 Y a medida que el alma vaya adelantando en la perfee- cién y unidn divina, va El tomando mis plena posesién de ella y reservandose mds exclusivamente ese magiste- rio-y direccién, para que asf salga ella del todo espiri- tual, santa y perfecta hija de Dios, ya que habra de ser- lo en-la medida en que sea en todo movida del Divine Espiritu (Rom. 8, 14). ‘ \si, pues, “grandemente se extorba cl alma para ve- nir a este alto estado de unién con Dios—segiin observa San Juan de la Cruz (Subida, Il, ¢. 3)—cuando se ase a algun entender, sentir 0 imaginar, o parecer, 0 volun- tad o modo suyo, o cualquier obra e cosa propia, no sa- biéndose desasir y desnudar de todo ello. Porque, a lo que va es svbre todo esv, aunque sca lo que mis puede saber y gustar... Por tanto, en este camino, cl dejar su camino es entrar ev canno, o por mejor decir: pasar al término y dejar szf modo, es entrar ent ef tériuino que no tiene modo, que es Dios. Porque cl alma que a ese esta- do llega, va no tiene modos ni maneras, mi menos se ase ni puede asir a cellos... Por esta razén, el mismo V. VP. Granada vuelve poco despues (1. c7t., ¢. 5, $18), muy sabiamente, a advertir que las meditaciones alli sefialadas ~principalmente sir- yen a los que comienzan, para que tengan unas como cuerdas a que se puedan asir, con que anden este nuevo y no sabido camino. Mas después de ejercitados en él, no es necesario que perseveren siempre en esos mesmos pasos, sino que aeudan adonde el Espiritu Santo los encaminare: que sucle sacar a sus disctpulos de esta escuela para otras niejores. Asi hay unos que salen de aqui a la consideracién de las perfecciones divinas... Otros hay mas bien librados, a quien corta Dios la vena de la demasiada especulacién, y abre las de la afeccin, para que sosegado y quieto el entendimiento, repose v Auelgue la voluntad en s6lo Dios, empledndose toda en el amor y gozo del sumo Bien. Este es el estado perfec- tisimo de la contemplacton, a que siempre habemos de auhelar, Aqui con menor trabajo hay mayor gozo y ma- yor provecho... “No apruebo, decfa a su vez el santo Arzobispo de Braga, Fr. Bartolomé de los Martires, O. P. (Conipend. myst. doctrinac, 2." P.c, XX), a ciertos maestros espi- rituales que sdlo cuidan de ensefiar a sus discfpulos cémo de en suestado y para ejercitar sautamente las obligaciones de su profesion... Si no resistimos a su gracia, Dios daa cada uno las inspiraciones necesarias .obrar y conservarnos cn la vida espirttnal #2 CUESTIONES MISTICAS.—PREAMBULOS han de meditar y cémo han de dar cuenta de sus medi- taciones y prepararse para otras nuevas. Porque de aqui lo que nace es que salgan mas sutiles o curiosos, que de- votos y virtuosos; pues piensan que han hecho bastante si hallaron alguna consideracién nueva: por lo cual nun- ca o muy tarde Ilegan a la verdadera unién... Y asi, en lo que se ha de poner sumo cuidado es en que nuestra voluntad enteramente se una con Dios como Padre y piadoso hienhechor..., y las meditaciones no se han de emplear sino en cuanto sean menester como lefa para encender o conservar el fuego del amor divino v de modo que nunca lo apaguen; asi no hay por qué tener el espi- ritu_atado a ellas, sino libre para volar hacia Dios,. Sin embargo, afade luego, “hay algunos tan alicio- natlos a especular 3 y meditar, por el gusto que en eso ha- lan, que a todos quieren per: suadir que ese es cl mejor camino; y asf prescriben ciertas consideraciones por las cuales creen que infaliblemente se ha de pasar, querien- do medir y regir a todos por su natural propio y hacien- do de éste una regla universal; no advi ‘iendo que se puede llegar de varios modos al amor unitivo —que es a lo que Dios Hama a todos—, y que para eso el camino de los afectos es mas breve yue el de las meditaciones,,. Muy conforme a esto, con gran raz6n protesté mas tarde cl devoto P. Surin, ]., contra el creciente abuso de los métodos y el obstinado apego a ellos, diciendo que, por utiles que hayan sido en un principio, les pasa lo que a las andaderas, las cuales, una vez que con su ayuda se aprendio bien a andar, s6lo servirian de estorbo. Que asi deben emplearse de tal modo que a veces se pueda prescindir de ellos v que siempre dejen la suficiente li- bertad para seguir décilmente las mociones del Espiritu Santo. Y cuando éste se encar: neue va de Hevar como de su mano al alma, querer seguir entonces los métodos or- dinarios, seria tirle y contristarle ¢ impedir, por tanto, el verdadero aprovechamiento. Entiéndanlo, pues, bien de una vez los muy afer rados a consideraciones metédicas y al continuo ejercicio de nuestras potencias (1); y ~entiendan, conforme les vuelve 1) Dom Festugiére, en su natable obra La Liturgic Catholique, dice que roceder tan metédico y tan completamente «militars, que “hacer ral alma y todas sus dife rentes facultades a una orden, acto por y mode por modos, aunque «ha producido notables [rutos de santificacién en Ta Iglesias, sin © mbarzo, + para muchas almas es como invompatible con ch espiritu de'libertad cultivado por Ja Liturgia>. +No se debe dara la juventud: ade—una formacién espiritual qne vaya Lespiritu de la Liturgia. Y'la experiencia y la reflexion nos ensehan ha métado leva resultado. Por tanto, convendria suavizar todo Jo posible sus cuadros rigidos>. DUS EXTREMOS PELIGROSIDIMOS: 43 a advertir San Juan de la Cruz (Liana de anor viva, cane. 2)—que ef que siempre se quiere ir arrimando a la habilidad y discurso natural para ir a Dios, #0 serd nuy espiritual, porque hay algunos que piensan que « pura fuerza y operacién del ntido, que de suyo es bajo y no mas que natural, pueden venir y Negar a las fuerzas y alteza del espiritu sobrenatural, a que no se llega sin que el sentido corporal, con su operacién, sea negado y de- jado aparte. Por tanto, “como esta via— pasiva o mistica— tiene sobrejla otra, s stl n dice el P. Grou (JAixdmas, 11), gran- disimas ventajas S para nuestra santilicacidn, puesto que ahi es Dios quien se encarga de trabajar en ella inmedia- tamente por Si mismo, importa sobremanera deshacerse de las prevenciones que contra ella hay y no descuidar nada de cuanto pueda abrirnus la puerta, pues estoy per- suadido de que Dios Hama a muchas ads alinas de las que se supone... St los coufesores procurasen bien cul- fivar las primeras semillas de \a gracia y desarrollar ese germen de vida interior, el nimero de almas condu- cidas por el Espiritu de Dios seria fneomparablemente mis grande... III. - Objeto de este trabajo.- 1.0 ordinario y lo extraordi- ~ nario en general Nuestro dnimo es, pues, discutir y examinar algunas de las principales cuestiones candentes relativas a la Mis- tica, para tratar en lo pe ible de rectificar no poe actitudes, tan perniciosas 7 sentencias erréneas, que hasta suelen invo como axiomas, siendo asi que, lejos de tener apoyo nin- guno en la Eseritura ni en la tradicién, en ellas estan plenamente desmentidas, y que no pueden autor sino con pasajes aislados, truncados, obseuros, viciados o muy incompletos de los antiguos maestros, mal inter- pretados por quienes los leen con prevencién, sin la de- «Desde que Dios—observa cl P. Caussade, S.J. (Abandon a la Provid., lib. Hf, cap. II, § 1)—, movido de los estuerzdy que cl alma hizo por adelan- tar mediante lay pricticas asecticas, le ha salido al cncuentro y tomado a st cargo el conduciria ala venturasa unién, cuando cl alma ha tegado a esa hermosa reyvién donde no respira sino abandono y com por amor; cuando, en tin, ese Dios de bondad, reempl industrias de ella, se ha hecho principio de sus operacioncs, los inctodos de han perdido para clla su utilidad, pucs son an ciunino ya andado y dciado atras. Exigir, pucs, gue cl alma vuclya a esos métodos 0 continte siguiéndolos, es hacerla abandonar el término a que ha legade para volver ala via que a él conduce>. dt CUESTIONES MISTICAS. ~ PREAMBULOS, hida preparacién, o sélo preocupados de huir de un ex- tremo, sin fijarse en el otro. Entre esas cuestiones, hoy por suerte ya muy venti- sy no poco esclarecidas, pero que necesitan atin es- mucho mas, figuran las siguientes: 1." Sies deseabie la contemplacién sobrenatural, 0 sea la vida mistica. 2." Si es realmente asequible a todos y si a todos se ofrece como verdadero complemento de la vida cristiana. Por qué son tan pocos los que la aleanzan y cémo | podremos disponernos para aleanzarla y hacer que no se malogre en nosotros, sino que llegue a su debido des- arrollo. 4." Si es necesaria e indispensable para lograr Ja plena perfeccién a que somos Itamados, o si, por Fel con- trario, esta perfeccién puede lograrse con una vida pu- ramente ascetica, En otros términos: si hay, como supo- nen Scaramelli y Ribet, dos vias completamente distin- tas para llegar ala verdadera santidad, la “ordinaria. 0 ascética y la Sextraordinaria, 0 mistica, o si mas bien aquclla se ordena toda a esta, como a dutica via perfec: za, la cual, por tanto, tejos de ser extraordinaria, és la ordinaria y comtin en todos les Saiifos, 0 sea en todos los cristianos perfectos, ya que no en la gencralidad de los que pasan por ~ordinarios... 3. Si ost as vias estan bien deslindadas y del todo separadas, 0, por el contrario, mis o menos unidas y compenetradas, de modo que de lo caracteristico de la una a lo de la otra se pase de un modo gradual ¢ insen- sible. * 0" Cual sea el verdadero constitutivo y le caracte- vistic oO de unay otra v ja. Cuidles sean tas pri incipales fases y Jos mis ordi- 7 narios fenémenos de la vida mistica. Estas siete cuestiones estiin, como desde lucgo se ve, tan intimamente relacionadas, que, aun cuando mis pro- curemos irlas tratando por orden y evitar enojosas re- peticiones, nos sera casi imposible terminar una sin to- car algo de las otras, pues la plena confirmacidn de cada una suele estar en la solucién de Ja siguiente; en tal suerte, que bien resuelta y esclarecida la “Ultima, lo ven- drian a quedar por el mismo hecho todas 0 casi todas, Pero como, por otra parte, seria muy dificil resolver nin- guna de ellas sin tener ya de algdin modo resueltas las que le preceden, preferi imos seguir este orden ascenden- te, para que pueda asi ir aumentando la luz a medida OBJETO DE ExTE TRABAJO 4 que se complica la dificultad, confirmando lo ya asenta- do al mismo tiempo que se establece algo de nuevo. 2 tas principales cuestiones, indispensables para nuestro objeto, se asocian otras varias, més 0 menos li- gadas con ellas, que necesitan irse tratando y esclare- ciendy a la vez, y aun—a ser posible previamente, como por ejemplo: la importantisima de saber qué se en- tiende o debe entenderse por ordinario y qué por ex- traordinario en la vida espiritual, porque aqui es donde mis confusiones reinan. Y segtin lo que cada cual entien- da por esos términos, asi vendrita entender y resolver a su modo—fundandose en que ~sdlo se debe desear y pro- curar lo ordinarto, pero no lo extraordinario.-- las co- rrelativas cuestiones. Por lo cual, aunque ésta debe que- dar para lo Ultime—como corolario que es de la 7."- , con todo necesitamos va ahora esclarecerla algtin tanto, sino queremos involucrar las demis. Conforme advertimos ya en la Evoluctin Mistica, entengemos y creemos debe entenderse por “extraor- dinario., no, como algunos entienden, todo cuanto sucle Namarse reduplicative “sobrenatural., sino solamente aquello yuc no es del todo necesario para la verdadera y plena santificacion en general, aunque si pueda serlo para ciertas formas muy especiales de la santidad, y so- bre todo, to que para ninguna de cllas es indispensable, y qué, por lo mismo, paudo faltar en muchos grandes Santos, y hallarse en personas no santas, cual es lo re- Jativo a las gracias que se dicen propiamente gratis da- das, en cuanto ordenadas ante todo al bien comin (1). Y por “ordinario., de jure (aunque de facto, por culpa nuestra, resulte en extremo rare/, entenderemos lo que generalmente es mas o Menos necesario o convenicnte a la propia santificacidn, es decir, todo aquello sin lo cual ~—-por lo menos cn la mayoria de los casos: no se puede lograr Ja plena purificacién, iluminacién y unidn con Dios y la consiguiente bienaventuranza incoada que en (1): Portinct ad gratiam gratum facientem, dice Santa Tomas fin I Cor, 12, Iect. 2. quod per Gum Spiritus Sanctus inhubitet: quod quidem non pert net ad gratiam gratis data, sed solam wt per cam Spiritus Sanctus man festctur, sicut interior motus cardis por vocem... Manilestatiur autem per hu- jusmodi gratias Spiritus S citer: una modo nt habitans Ecelesiam, et dow m, puta cum alignis peeeator, quem non inhabi- facit miracula ad ostendendum quod fides Ecclesiae, unde dicitur (Hebr UD: «Contestante Deo sig nis ct prodigi tus Sancti distributionibus-. Alio modo mani- festatur per hujusmodi gratias Spiritus Sanctus, ut inhabitans eum cui tales gratiac conecduntur: unde divitur (.lc/., VTi, quod Stephanus, plonus gra chat prodigia ct signa multa, quem Spirita Sancto plenum clegerunt: s autem non concednntur hujusnodt gratiae wisi Sanctts>. do CUESTIONES MiSTICAS, —PREAMBULOS esta vida cabe (1). Y tal es, en general, casi todo lo res- pectivo a la gracia santificante, a las virtudes infusas y a los dones y frutos del E. S., si bien en esto ultimo cabe cierto predominio relativo, sobresaliendo unos siervos de Dios en un fruto y un don; y otros en otro, sin dejar por eso de tener cada cual la perfeccidén a que era Hama- do, con tal que de hecho resplandezcan con la irradia- cién o ejercicio de algtin don, que es lo que en rigor les hace ser espirituales, misticos, contemplativos o perfec- tos: que todo viene a ser sindénimo (2). (1). «La palabra extraordinario (advierte muy bien Ia autora de La Vie Spirit. (6. 4) no cs sindnima de sobrenatural, v importa mucho distinguir las Gos cosas. La visién intuitiva, que es cL iltime término de Io sobrenatural, no pucde scr tenida por extraardinaria, puesto que cs la suerte comin de ettan- tos se salyan, Del mismo modo puede scr may elevada una gracia de unién sin revistir ninguna forma cxtraordinaria, micntras que ciertas graei traordinarias no entrahan consiyo la unién divina Conforme a esto, anade oportunamente: «Sera siempre legitimo aspi la unién con Dios, que es nucstro fin, sin duscar por cso las tvas extrao jars ¥ los fendme aunque 'a veces condacen a cla, no son indi pensables, y hasta wv: recicudo poca a poco segiin va el alng legan- do al punto culminante de kt vida sobrenatural>. . «lla singularia dona, dice Alvarez ~3, LV, p.2.¢. XH), quibus solet Deus aliqnas pias animas cumulare, ut stint extascs, raptus, apparitio- nes corporeae vel imainariac, ctv... desidcrare non livet, nee pastulare, et multe minu: uum, Lo misma dice Vallgornera, q. Schramm (Theol, vs . Muy oportuname ate, una salvedad viendo: «Contenplatio ¢ Ja cum suis favoribus raptuam, vi num, cte., per sc loquendo non vst desideranda, nce a Deo petenda, sed smmmum pcr aceidens ct rare quando impulsus Dei extraordinarins ad hy impellit-. “Estos doncs, dee ben descarse, pues Di das, Mas cuando El da ia N. Sr. a Maria Lataste (Oeneres, 3, 1.9, VI), no de- i Tas almas gue para ¢so Une escogi as vTacias extraordinartas vy puramcule gratuit tas, hay yuc hacer de ¢llas el uso debido, a fin de obrar por otro y en otro eb que Dios desea ver realizado 2) «Sicut est in sensibus Corpor . quod scnsus qui cst ad esse, se, tactns, cst in omnibus membris; qui autem sunt ad bene esse, sunt in corde (capite} antim, per quod :lia membra reguntur;, ita ctiam cst de don aluilis, qnac in Ecclesia dantar. Quacdam enim sunt de wecessitate salutis; et haee oportct quod omnibus membris Christi dentur: et hujusmadi sunt quae per- tinent ad gratiam gratum facientem; af virtiates ef dora, Quacdam autem aunt, quac sunt ad bene esse, sient gratiae gratis datac, ut opcratio t Joram, ct hujusmodi; et hace non omnibus Christi membris dantur, se tantum quibus expcdit ad aedificationem fidei-. S. Thon. in (11 Sent. D. 35, a. 3, sol. 2. os dones del E. nidad (Myst. 2, p. , observa oportimamente cl P, Felipe dela Sina. Tri F, 3, d. 3, a. -D, aunque sobrenaturales, son ordinarios €n todos los justos i6n no es rara cn las almas perfcetas:. sen Sta irradiacion, © sea en este cjercicio de los dones es cn 16 que én sobrenatural o contemplaciin infusa: la cual, por tanto, mo es cl acto normal de un habite vrdinarto cn todos los justos, Mamarse en rigor exfraurdinaria, por muy rara que de hecho re~ Ia rareza de las almas perféctas, en quienes tnicamente no ro, sino mas bicn normal y ordinaria ¢l cjereicio de los dones. «Asi, ano Tomis, conforme advirtié may bicw el P. Schwalm, jamas pone la contemplacién entre las gracias exfraordiuarias. Hacer milagros, profet zar, discernir ¢] Espiritu de Dios y los inalos espiritus cn los corazones, ha blar lenguas desconocidas entendcrias, curar las enfermedades sin reme- nial pod sulte, OBJETO DI Por lo que hace a la 7.* cuestidnu, la hemos tratado ampliamente en el mencionado libro, donde distinguimos —y creemosdeltodo necesariodistinguir--la simple raion conformativa de la transformativa, describiendo las tres principales fases de la primera ‘a-—que son el recogi- muiento, la qguietud y la Propiamente untou—, v las dos delasegunda—que mas bien que unién esya mitdad (1)—, a saber: el Desposoria y el Matrinouio espiritual; y junto con eso, las dos grandes vocies que, respectiva- mente, las preparan, los preciosos efectos que se les si- guen y los admirables fendmenos que las acompafian. -\si apenas necesitamos consignar aqui nada mis que lo indispensable para esclarecer y completar el desarrollo de los otros puntos, para lo cual nos bastard una breve sintesis de lo alli dicho, ilustrindolo con algtin nuevo ejemplo que lo haga mas palpable. En cuanto a las demis cuestiones, también las hemos tocado entonces, aunque mas rapidamente vy como para complemento, dedicandoles a todas ellas un solo capitu- lo, el ultimo de la 2." parte, donde-de acucrdo con la verdadera tradicién de los SS. Doctores—sostenemos, Jing naturales, discurrir con una fe, una cioncis 0 una subiduria brilantes sobre las cosas de Dios... tales soa las gracias que el Doctor Ange fa como puestas fucra de las ofas couunes. Porque cosas ny scialan clapas en cl camino de tos justos y de los perfect ts CGUPAS ST premas, sino que sirven simplemente para acreditar a un clo del Scfor, mendande sn persona, su mision o sn obra en la Lgl Dn raaciits de avy Schales milagrosas de un gran desi * Dios. Mas ke contemplacida, al contrario, entea cn cl desarrollo normal de la perfeceiéa eristia tamente, el unive ISTE TRABAJO Vi vicio de las virtudes las encamin tes asi v desenbierta paso en la medital fan cs el efecto del amor divine triunfande de toda afi -s Ta causa de siy mejores Progresos; ¢s una manera de oraci 2 de fos perfecto. Tal mi para resolver a jo eles nord Mnartor, , 4. Bierce que todos deben aypi- micnto altisi- cucstion de saber si la contemplac: S. Bucnaventura (fH Seat. D, rar como a cosa ardinaria en la vc mode Divs qne las almas contemp +Hace enim est, dice, in cognoscendi arbitror cuiliber v Deus aliquid ultra facict, hoe pri -El conocimicnto de Dios que una gravia excedeute que tod quacre ileginm cst speciale, non leg tiene por la contemplacién. dcbemos procurars; por lo mismo que alli advicrte, no es «gracia especiads, que pucda ofrecer sus contra, ¢ tampoco sea «gravia comuin-. (1) «Dicitur autem hace wifes spirttis—advierte la Ej de Monte De. non tantum quia efficit cam vel afficit Spiritus Sanctus, sed quia ipse est Spiritus $., Deus charitas, qui est amor Patris et Filii ct unitas ct snavitas ct bonum ct 0: plexus et quidguid commune potest esse amboruin in summa illa unitate ve- ritatis ct veritate unitatis, hoe idem homini sno modo sit ad Deum, quod cum substantiali unitate io est ad Patrem, vel Patri ad Filiwm; cum modo inel- tabili inexcogitabilique ficri mererctur homo Dei non Deus, sed tamen qerod Dens est ex natura, homo ex grvatiar. ola ad Fratres 4s CUESTIONES MisicAsS. PREAMBULOS que la vida miistica no sélo es deseablc, sino tal, que de- bemos desearla y aun procurarla en cuanto esta de nos- otros; que es realmente asegiible, pues Dios nos conv da con ella, resuelto a concedérnosla a su tiempo, si p severamos Ilamandole y disponiéndonos como es debido para recibir su visita; que ciertamente la lograremos, aunque mis tarde 0 mds temprano, segun el divino be- neplacito, si de veras nos abnegamos y tomamos nues- tra cruz de cada dia, para poder seguir de cerca a Jesu- cristo y aprender de IE] mansedumbre y humildad, ‘ete tera; que cs indispensable—en una forma o en otra para la verdadera santidad, o sea para hallar el verda- dero reposo de nuestras almas, y que, por tanto, no esta del todo separada, sino siempre “acompaniada de la asee- tica, ni ésta sola basta para Ilevar a la plena unidn; y, por Ultimo, que su nota caracteristica es el moro sobre- fiunano de proceder y Ja aparente pasiv/dad gue le co- rresponden por el predominante influjo de los dones, mientras que el caracter propio de la asccticu cs ©) modo Aumano, el esfuerzo y la propia iiciativa, correspon- dientes al ejercicio que Jaman malamente ‘ “normal. u “ordinario. de las virtudes infusas, sin que en ellas se note adn apenas el benéfico influjo de los dones del Espi- tu Santo, de suyo destinados a darles la debida wadu- rez, por tanto, la verdadera “normalidad,, de la per- feeeion eristiana. __ Aunque, gracias a Dios, nada hemos hallado que ree- tificar propiamente en estas alir maciones, creemos, con todo, muy oportuno estudiarlas aqui mds de propdsito, explicarlas, ilustrarlas, desarrollarlas y corroborarlas con nuevos datos, teniendo en cuenta las més recientes discusiones e investigaciones, corrigiendo en éstas lo ine- xacto y aprovechando con toda imparcialidad lo bueno y s6lido que por una y otra parte hallemos. Asi podra verse cémo dichas afirmaciones —que no vacilamos en asentar desde luego—son, en el fondo, la expresiin exacta de la doctrina tradicional, mantenida casi undnimemente y sin distincién de escuelas hasta el siglo XVI y aun hasta el xvi—, aunque desde éste para aca sdlo por los principales maestros y las almas bien experimentadas, en contra de la opinién pseudotrad?- ctonal que por entonces empezd a levantar cabeza, y hasta logré acreditarse por reaccién extremada contra los errores y excesos de la falsa iluminacién y del quie- tismo; y de este modo pudo seguir sobre todo bajo el in- flujo dé Scaramelli y San Ligorio—predominando en los OBJEFO DE ESTE TRABAJO aay autores vulgares hasta nuestros dias, en yue, desapare- cidos afortunadamente los peligros que la motivaron, va perdiendo ya todo su crédito a medida que recobra el suyo ¥ vuelve a quedar triunfante la verdadera doctrina tradicional (1). IV.—Estado actual de estas cuestiones.—Rectificaciones necesarias.— La contemplaci6n “angélica,, los sentidos espirituales y los toques substanciales de Dios. El principal representante de esta benéfica reaccién es hoy, indudablemente, el docto abate Saudreau, pri- mer ¢ éapelliin del Buen Pastor de Angers ¢ ilustre autor de varios notables tratados de Mistica y de Ascétiea. Pero la han provocado y sostenido también con mucho éxito los eminentes apologistas dominicos, PP. Weiss y Schwalm y varios redactores de las excelentes revistas ~Thomiste.., “Augustinienne., R. des Seiencies philoso- phiques et théologiques, “Etudes franciscaines., “La Croix., “L’Ami du Clergé., etc.; de tal suerte, que bien podemos repetir con el P?. Schwalm que esta sentencia —de que la vida mistica no es un estado extraordina- rto, sino el verdadero término y complemento ordinario de la perfeccién cristiana—representa, no ya “la doctri- na de un maestro como Santo Tomas, sino la unanimi- dad de ta tradicién.. (2). | +E] acto mistico se nos muestra ya como verdadero coronamicnto y perfeceién de ka vida sobrenatural ordinavia... La vida mistica consiste en poner en ejercicio las doncs que se nos han dado a todos, para que en todos puedan pasar normalmente del estado de Aubite al acto... Al decir esto no- vans en contra de la verdadera tradicion, de la tradicién de los tedlogos icos que fundaron fa ciencia de la oracién, y, cn part ular, de los de ta ja dominicana, que se han distinguido por el cardcter profundamentc doctrinal de su vida espiritual... Xo crcemos que se deba hacer de Ja mistica un jardin cerrado donde sdlo algunos pi los pucdan venir a gozar de los divinos favores. Queremos que se vielva a considerarla como una fuente de agua viva donde todas las almas delicadas y fervorosas pucden, con la gra- cia de Dios, venir cuando menos a rulrescar sus labios, La vida mistica es fin a que deben tender todas las almas que quicran santificars Pio X dice de la comunién, lo decimos de la vida e oracién y de In misticar. Revue Augustinienne, . En conformidad con esto, el P. C. Boulesteix (Rev. vimaustini Noviembre, 1906) sosticne que 16 «més seguro y tradicional- no ¢s cons ia Mistica como Ja ciencia de Jos «estados extraordinarios+. Si de hecho po- cas almas Hegan al estado mistico habitual, y, sobre tado, 4 los altos gra- dos de Ja vidi mistica, la mayoria de los cristianos fervorosas se conducen it veces misticamente, y son muchos myis de Jos que se supone los que Negan a los grados inferiores. Ya Bossnet hacia notar que «puede uno ser contem- plativo sin saberlo-. Esto mismo es lo que en substancia sostenia, segiin dejamos ya consigna- do, cl devotisinio romoxedor de la Comunién diaria, V. 1 Juan Falconi, Camino derecho, |. le. X. «La via pasiva ordinaria (0 sca la vfa mistica), decia conforme a esto wD CUESTIONES MISTICAS. —PREA De la que JIamamos y creemos opinion pseudotradi- cionul (aunque con notables restricciones que muestran su decadencia detinitiva) el principal representante es el docto P. Poulain, S. J., autor del libro varias veces re- editado Les graces a’ Oraison; y a él se asocian unos cuantos discipulos que suelen hacer aun mayores conce- siones y rectificaciones, mostrando asi el sincero deseo de paz y buena inteligencia que les anima. Que la otra es la verdadera y tradicional, lo prueban ya més que suficientemente los numerosos testimonios con que en la Lvolucién mistica la hemos apoyado, es- tando como estan tomados de los mejores autores anti- guos y modernos, de todas las escuelas y Ordenes reli- giosas acaba de ponerlo fuera de toda discusién el abate Saudreau en su interesante libro La Vie d'uniou avec Dieu et-les novens d'y arviver @aprés les Grands Mailves de la Spiritualité, reeditado en 1909, donde, re- corriendo Ja serie de los tiempos, va presentando en fa- vor de ella tantas y tan irrecusables autoridades que, a nuestro juicio, la hacen ya en el fondo indiscutible (1). Decimos ev cl fondo, porque no todo lo que el respe- !BULOS el P. Grou rMaximnes, 11), ¢s Hamada por otro nombre Lia de ta fe desumla. La extraordinaria cs nuty vara, y es donde hay Gxtasis, raptos, revelacio- nes, visioncs y otros favores parecidos>. Estos arguments, conchiye diciendo cl mismo antor (ibid., niim, 427 bis), y, sobre toda, cl estudio de ios grandes Doctores mistivos, han do cn nuestros dias un retorno muy marcade hacia la doctrina tradi Ja gran mayoria de los que tiltimainente han tratado de estas materias se han declarado abic ente por esta doctrinas. «Como partidarios de ella, aun- que con cicrtas divergencias sobre puntos sceundarios, pueden citarse, aiia- deen nota, ol P. L. esse, La Sefencie de la Priére; el P.M. |. Rousset, en sus diversas obras; M. Ch. Sauvé, Le cnlte du S. Coeur; cl P. Dumas, Ju- trod., al’ union intinte avee Dien; €1 autor (autora) de L” Oraison et la Vie spirttuctle (cco de las instrucciones de D, Guéranger); cl sehor canénigo de Bretagne, La Vie réparatrice; ol P. Schwalm, Préface de La Vie avec Dien. ‘a ascctica, decia conforme a esto el P. J. dela Croix (Fimdes francis: caines, Déc, 1908, p. 716), viene én y complemento en la Mistica, en que esta c] coronainiento de la vida espiritual.—Asi, para los grandes i indnimas estas expresiones: perfeccién, vida un’ contemplacién, estado La union perfecta requicre gracias mist La doctrina tradicional, desde los primeros siglos hasta la gran época Sama Teresa, de San Juan de la Cruz y de San Francisco de Sales, no deja Ja menor duda sobre este punto, Slo a partir del sigio xvii es cuando empe- 26 a establecerse una corriente contraria, inaugurada fen Francia) por Feli- pe de la Sma. Trinidad, Bossnet y Honorato de Santa Maria, propagada d pués por casi todos los autores y defendida atin hoy por el P. Poulain, el Pa- dre Maumigny y sus discipulos.—Para los partidarios de esta segunda opinién hay dos medios de Negara la unién con Dios: los ordinarios, por los cuales se adquiere la imién activa, y los extraordinarios, 0 sca la contemplacién mis tica, que producen la widn pasiva. Y sélo la primera, segiin ellos, debe ser objeta de nuestros descos, y basta para clevar el alma a la perfeceién>. Pero, segtin acabamos de ver, esta opinién va cayendo cn el merecido descrédito, miegtras la otra muestra cada vez mas claramente ser, dice cl P. Hugon (Rev. des Sciences phil. et théol., Octubre, 1908, pag. 813), +la de Santo Tomas y de la verdadera Tradicién>. * Ay ESTADO ACTUAL DE ESTAS CUES ILONES St table autor afirma y presenta como tradicional parece serlo realmente, ni es de suponer que lo sea; pues ni aun a los mas sabios y discretos suele ser facil precisar de un golpe la pura verdad. Asi, aunque en la respuesta a las cinco primeras cuestiones convenimos en substancia con él, no _podemos, sin embargo, convenir en ciertas apre- ciaciones y limitaciones que nos parecen mds o mends injustificadas. Mucho sentimos tener que hacer esta declaracién, tratandose de un autor tan digno de todo aprecio. Pero creemos un deber hacerla para evitar equivocos y pro- ceder con toda imparcialidad, dando a cada cual lo suyo. Asi, aun cuando por sistema acostumbramos a no men- cionar al autor de una opinidn teniendo que impugnarla (pues por bien que se le trate siempre sucle molestar y aun agriar los animos), sin embargo, la necesidad de ex- poner ‘fielmente el estado de las dos tendencias opuestas yv de procurar rectificar lo que en elJas pueda haber de inexacto, nos obliga aqui a referirnos, aunque con el de- bido respeto, a sus principales representantes, esperan- do nos dispensen este atrevimiento, en atencién a nues- tro buen deseo de contribuir también, segiin nuestras humildes fuerzas, almayoresclarecimiento de la verdad. Lo que mAs inaceptable nos parece, pues, en la doc- trina del Sr. Saudreau, puede reducirse a los siguientes puntos: 1.°, el excluir, como aparenta excluir, o excluye del estado mistico ordinario (al que conviene en que to- dos somos Ilamados y podemos aspirar como a término necesario a nuestra per feecién), precisamente lo mas notable vy estimable de 1 y lo que verdaderamente pue- de constituirnos en estado perfecto, cual es lo que él, con nombre algo nuevo, llama estado ang gélico, donde com- prende, como si fueran excepcionales 3 y raras, todas las comunicaciones divinas en que ya no intervenga la ima- -ginacidn, y que, por lo mismo, no son conformes al modo habitual de entender que tienen los hombres, sino al pro- pio de los dngeles; v ademas casi todas las fases y fend- menos superiores a la simple oracién de guéetud, tenien- do lo que a ésta exceda, por “anormal. y “extraordina- rio,. (Cf. We dé Union, nameros, 312-313). No advierte que eso es, sin duda alguna, lo mds ca-: racteristico ¢ importante de la verdadera vida mistica, o sea donde mejor se nota el sodo sobrehumano, pro- pio de los dones, y sobre todo de los dos principales—sa- biduria e inteligencia—, que son los que mas intervienen en la contemplacién sobrenatural y los que dan el tono 52 CUESTIONES MESTICAS. —PREAMBULOS a dicha vida, siempre sobre/iumana, y mas que angeli- ca, divin. ~Quod spiritualia quasi vada veritate capiantur—di- ce Santo Tomas (Ji 3 Sent. D. 34, q. 1, a. 2)—supra humanim modiumn est, et hoc facit donum intellectus.,.— “Unde, anade (ib. D. 35, q. 2, a. 2), fides quae spiritualia in speculo et in aenigmate quasi involuta tenere facit, humano modo mentem perficit: sed si supernaturali lu- mine mens.in tantum elevetur, ut ad psa spiritualia as- pteienda introducatur, hoc supra hiumanum modime . est, et hoc facit futellectus donunt.. Este conocimiento tan sobrehumano y tan “angélico,, no es raro, sino mas bien comin y ordinario en todas las almas perfectas, 0 sea en cuantas han Ilegado a la perfecta y pura contemplacién donde, mediante dichos dones, de un modo maravilloso y sin concurso ninguno de la imaginacién, tienen muchas suertes de comunica- ciones “pure intellectuales., y del todo espirituales, y asi leganhasta peretbir y sentir inefablemente lo divino (1). “En la pura contemplacion.., dice San Juan de la Cruz (Noche U, ¢. 17), *sdlo saben decir que el alma esta sa- tisfecha y quieta 0 contenta, y decir que sfenten a Dios y que les va bien a su parecer... * Nunque estas vistoues de substancias espirituales no se pueden, de ley ordinaria, desiuda y claramente ver en esta vida, observa en otro lugar el mismo Santo (Su- Lida, Il, c. 22), puédense, empero, sentir en la substan- cia del ala, mediante una noticia amorosa (propia del don de sabiduria), con suavisimos togues y Juntas; lo cual pertenece a los sentimientos espirituales... A éstos se endereza y encamina nuestra pluma, que esa Ja divi- na junta v union del abna con la substancia divina Tan alta es, pues, y tan divina la comunicacién que con Dios llegan en esta misma vida a tener, como de or- dinario, las almas verdadera y perfectanente content. plativas (2).—Y el mero hecho de ser uno contem plati- vo, aunque lo sea tan sdlo en infimo grado, le hace ser ya, segin Sto. Tomas, sobredunmano y aigetico (3). (1) Puram contemplatonem, sostiene ¢1 P. Tomis de Jestis (De Con- templ, div. 1, 3, ¢. 2), absque uila imaginationis coopcratione, iufusis a Deo specicbus, saepissime viris perfectis contingcres. (2) «Cum dona sint ad operandum supra humanum modum, oportet quod donorum operationes mensurentur ex altera regula quam sit'regula huma- nue virtutis, quae cst ipsa Divinitas ab homine participata suo modo, uf jan nou humanttus, sed quast Deus factns participatione, operetur... Quantum- eumque dona ad altiorem moduin elevent quain sit communis homint mo- dus, nunquam tamen in via ad modum Patriac pertingere possunt>, S. Thom. In TU Sent., D. 34, q. 1, a. 3. (3) «Homo, tuquantum est contemplativus, est aliquid supra hominem:

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