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DESAPRENDER

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LA IMPORTANCIA DE DESAPRENDER
No todo cuanto aprendemos en la vida es útil o provechoso y eso lo comprobamos en cuanto nos planteamos
un nuevo aprendizaje, un cambio de costumbres, o, una tarea creativa: Ciertas cosas almacenadas en nuestro
cerebro comienzan a bloquear el nuevo comienzo. Algunos arraigados paradigmas no permiten que las cosas
nuevas entren en nosotros y/o que nosotros entremos en lo nuevo.
La cosa es más complicada para algunos que para otros y eso tiene que ver con las actitudes adquiridas, las
aptitudes cultivadas y los principios y valores desde los que nos proyectamos hacia el mundo.
Las personas no nacemos rígidas o
dogmáticas: es a través de
nuestra crianza y desarrollo que
nos volvemos así.
La cultura en la que vivimos inmersos
nos ayuda y hasta nos
obliga a ser de determinado modo:
defensivos, tímidos,
inflexibles, agresivos, etc.
A lo largo de los años hemos
escuchado a la gente decir
cosas como
"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
con voz de sabiduría y tono convincente.
La repetición de estos dichos va ablandando
nuestro cerebro
hasta que un día nos escuchamos
a nosotros mismos
diciéndolos a otros con el mismo
convencimiento que
nos los dijeron a nosotros.
Luego de largos años de exposición a la cultura establecida todos terminamos percibiendo de manera
parecida, gustando de ciertas cosas y odiando otras, simplemente porque cuando arribamos al mundo había
unos ciertos paradigmas establecidos. Es por ello que si queremos cambiar, desarrollarnos, hacernos más
creativos o adquirir nuevos conocimientos debemos desaprender. Desaprender dichos paradigmas.
El proceso de desaprendizaje es gradual.
No puedes cambiar de un dia para otro.
El desaprendizaje generalmente comienza
con un "darse cuenta", una cierta
percepción de que nuestras creencias entran
en contradicción con hechos o ideas
novedosas para nosotros o nuestro entorno.
Nos "damos cuenta" cuando entendemos que
algo que aprendimos no funciona en
el mundo realmente o que tal vez funcione
pero no nos ofrece los resultados que
deseamos. Las contradicciones y las crisis
pueden desencadenar el "darse cuenta",
aunque , por lo general, es ese "darse cuenta"
el que ocasiona las crisis y nos hace
entrar en conflicto personal.
El "darse cuenta" casi siempre es contrario al conformismo y al dejarse estar, pero no es suficiente para
promover algunos cambios. Generalmente ese darse cuenta y las crisis personales interactúan y se estimulan
mutuamente. Usualmente, cuando accedemos al conocimiento de que algo arraigado en nosotros es nocivo en
algún sentido ,reaccionamos negativamente.
Afecta mucho también el ambiente en que debamos efectuar los cambios. Como es de suponerse un medio
ambiente duro, rígido, oficial y recatado no es el mejor escenario para plantar las semillas de la renovación
interior. Aunque algunas veces, casos se han dado, exóticas plantas florecen en el desierto cáustico del
conservadurismo a ultranza. Pero , generalmente es mejor un ambiente abonado con curiosidad, regado con
dudas y fecundado con afluencia de nuevos conocimientos.
En el primer caso , el darse cuenta es más difícil, porque la costumbre, la tradición y la repetición de hechos,
palabras y pensamientos, impermeabiliza el cerebro y lo hace renuente al cambio. Una dura costra de ideas
revenidas se apodera de nuestra mente y mientras mayor sea su antiguedad, mayor será la dificultad para
removerla.
El proceso de desaprendizaje suele ser diverso. Algunos tratan de cultivar nuevos hábitos que , eventualmente,
reemplacen a los antiguos. Es una buena idea, pero no la única. Además del cultivo de hábitos de vida diferentes
es necesario cambiar el entorno: no podemos dejar de fumar en un ambiente de fumadores compulsivos.
Debemos aislarnos de la incitación, al menos mientras fortalecemos nuestras defensas.
Quien desee desarraigar de su mente ideas que siente lo perjudican debe tener ante
todo la intención de hacerlo. A la intención, que es como el motor de arranque, hay
que insuflarle deseo y al deseo hay que aplicarle voluntad.
Ha sido dicho que "querer es poder." Detrás de esa frase se esconde poder, un poder irresistible, el poder del
deseo, a través del cual nuestro ser energético se proyecta en el mundo tridimensional donde se pagan cuentas
y hay que comer al menos una vez al día.
Este deseo comienza a hacer aparecer elementos en nuestra vida: personas, libros, eventos, oportunidades,
elementos que son atraídos como las limaduras de hierro al imán. Pero tanto nuestra intención como nuestro
deseo deben ser sinceros y auténticos para que realmente actúen.
Cada etapa del desaprendizaje hará aparecer diferentes cosas en nuestra vida, cada una de ellas más poderosa
que la anterior. Si persistimos, cuando menos lo pensemos, comenzaremos a notar que somos diferentes, que
actuamos diferente y la gente a nuestro alrededor también lo notará. “Casi no te reconozco!!” dirán los más
cismáticos opositores a nuestro cambio, que también existen. “Que agradable sorpresa!!” dirán los que nos
quieren bien y detestaban esas antiguas costumbres nuestras.
A estas alturas habremos aprendido las fases iniciales del desaprendizaje y nos encontraremos esforzándonos
en generar nuevos cambios en nuestra vida. Lo agradable de ello es que cada vez nos sentiremos más flexibles y,
claro, más curiosos. Iremos más livianos y nos será más fácil fluir de una idea a otra sin sentir el mareo y la
desazón que nos acosaban al comienzo, cuando la confrontación con lo nuevo nos daba vértigo y veíamos todo
lo diferente como una amenaza. Por el contrario, ahora lo nuevo nos parecerá excitante y exploraremos, cada
vez con más frecuencia, sitios, personas, conceptos, toda clase de cosas nuevas y desconocidas, con esa sensación
fantástica que se deriva de la seguridad de que en la vida todo es ambiguo y posible.
Estar abiertos no es solo una frase de moda, Es una manera de enfrentar al mundo. Abiertos y receptivos, lo que
no quiere decir veletas eclécticas o caleidoscopios ideológicos. Significa que nos damos permiso de percibir al
otro sin ponernos las gafas oscuras del prejuicio, los audífonos aterciopelados de la disonancia cognitiva o la
capa impermeable de la hipocresía redomada.
Abiertos a lo que tengan que decirnos, a sus propuestas, a las ideas que florecen en los jardines ajenos donde
suelen habitar las hadas y los gnomos de la imaginación en medio de hongos y plantas misteriosas.
Desaprender también nos va a ayudar a florecer, en tanto sentiremos cada vez más la urgencia de comunicar lo
que pensamos, de abrazar a otros y de llevar a cabo acciones en el mundo real. Desaprender potenciará el ser
que realmente somos, ese que estaba constreñido por la educastración y la falsi-media. Si todos florecemos se
van a formar núcleos de personas activas, creativas, receptivas y amorosas, personas que desean construir un
mundo más amable, menos opresor y mucho, mucho más feliz que el actual.
Ves lo importante que puede llegar a ser Desaprender?
Créditos:
Textos: Roberto Blanco
Imágenes: Dou,Dino Valls,Alex Grey
Paul Gaugin,Eugenio Recuenco,