Вы находитесь на странице: 1из 4

Nave espacial

Una nave espacial es un vehículo diseñado para funcionar más allá de la superficie terrestre, en el espacio
exterior. Las naves espaciales pueden ser robóticas o sondas no tripuladas. La que pueden transportar
personas poseen equipos para que los astronautas coman, se ejerciten, y hagan sus necesidades diarias. uno
de los elementos primarios de la ciencia-ficción. Hay muchísimos cuentos y novelas que tratan temas
relacionados con las naves espaciales. Algunos libros de ciencia ficción dura se enfocan en detalles
concernientes a las naves, mientras que otras consideran que las naves espaciales ya existen y no tratan casi
nada sobre cómo funcionan.
Explosión atómica: el proyecto Orión
Buscando un modo de utilizar más eficientemente la energía atómica surgió el proyecto Orión, que consiste
en utilizar una explosión atómica para producir plasma, que al chocar contra un plato en el vehículo espacial,
generaría un enorme impulso.
La duración del estallido es tan breve que el plato de impulso, de acero o aluminio, apenas sufre un ligero
desgaste.
El resultado es un motor con una relación de impulso miles de veces mayor que el de un motor químico.
Además, necesita una masa de reacción mucho menor gracias a las altas velocidades que alcanza el plasma.
Sin embargo, un pequeño fallo en el proceso de detonación puede destruir la nave, así como todo lo que haya
a su alrededor.
Sin embargo, la ciencia ficción ha podido soslayar estos inconvenientes. En la película Deep Impact, la nave
construida por los Estados Unidos para interceptar al cometa que va a destruir la Tierra está dotada de un
sistema de propulsión Orión, y el plato de impulso se puede apreciar perfectamente en la secuencia de partida
de la nave. Esto es un importante acierto en la ambientación científica de la película, ya que con la tecnología
actual este sistema es el único que permitiría alcanzar la velocidad necesaria para la maniobra de cita orbital
con el cometa.
Naves de fusión
La fusión atómica consiste, en esencia, en fundir dos átomos de hidrógeno para formar helio, acompañado de
un enorme desprendimiento de energía. Las partículas resultantes son altamente energéticas y se mueven a
velocidades muy cercanas a la luz que, por tanto, sería el límite teórico de una nave de este tipo.
Al igual que en la fisión, las partículas expelidas que proporcionan el impulso a reacción alcanzan
temperaturas muy elevadas, lo que supone un problema a la hora de buscar materiales para fabricar las
toberas. Sin embargo, en la fusión se puede ajustar la reacción de modo que los subproductos de la misma
sean partículas cargadas en su mayor parte, lo que permitiría encauzarlas mediante campos
electromagnéticos.
Gran parte de la energía que libera la fusión debe dedicarse al mantenimiento de estos campos. Aun así,
teniendo en cuenta la tolerancia biológica del ser humano a la aceleración (situado en torno a 10 g) el reactor
de fusión proporciona energía más que suficiente para alcanzar este límite.
Estas naves son capaces de mantener aceleraciones sostenidas de 1 g, emulando gravedad artificial. Al cabo
de menos de un año, la nave se desplazaría a un décimo de la velocidad de la luz, lo que supone una opción
viable para el viaje interplanetario.
Motores de antimateria
Una fuente energética aún más poderosa que la fusión sería la aniquilación materia-antimateria. Un motor de
antimateria, produciría teóricamente unos 20.000 billones de julios por kilogramo de combustible, lo que sería
el óptimo desde un punto de vista energético para la propulsión de una nave espacial. En la aniquilación de
protones y antiprotones se generan como subproducto piones que son susceptibles de ser manejados
mediante campos magnéticos para producir impulso. Estos piones se mueven prácticamente a la velocidad de
la luz, por lo que la velocidad final de estas naves también sería altísima.
Como se ha mencionado antes, el exceso de energía producida se puede emplear para propulsar naves
mucho mayores que las anteriores.
Sin embargo, la antimateria es difícil de producir y altamente inestable, lo que complica su uso. Autores como
Joe Haldeman o Stephen Baxter han utilizado la triquiñuela de inventar una fuente natural de la misma, pero
ha sido más habitual encontrar el concepto asociado a usos oscuros y milagrosos, como en el caso de los
motores de la nave Enterprise (de la serie Star Trek).
Primeras intenciones técnicas: cañones
Desde una perspectiva más realista, los diversos autores han tratado de utilizar la tecnología disponible en la
época considerada para llegar a aquellos lugares que se desean alcanzar. Así, en lo inicios de la ciencia
ficción moderna, el primer método de propulsión imaginado fue el proyectil balístico, comenzando por la bala
de cañón de Münchhausen (1785) y llegando al gigantesco cañón ideado por Julio Verne en De la Tierra a la
Luna (1865).

Mientras que la primera es aún una fantasía épica, la segunda puede ser considerada ya auténtica ciencia
ficción. Ciertamente, el francés estaba equivocado en muchos de sus supuestos científicos, pero trata de
ofrecer soluciones serias a algunos de los problemas de su método de viaje, como la ausencia de oxígeno
fuera de la atmósfera y la compensación de la inmensa aceleración del despegue.

H. G. Wells, en La guerra de los mundos (1898), utiliza un mecanismo semejante y tiene en cuenta además
los efectos del tránsito de las naves marcianas a través de la atmósfera. Para minimizar la duración del viaje
hace coincidir las fechas de la invasión de modo que ambos planetas se encuentren en el punto más cercano
de su órbita. Wells seguiría convencido de las posibilidades del cañón tres décadas después, tal y como dejó
reflejado en el guión de La vida futura (1933).

Este tipo de planificación es hoy en día un detalle primordial en las misiones de las agencias espaciales, ya
que permite reducir notablemente la necesidad de combustible, aprovechando la posición de los planetas para
obtener un impulso gravitatorio.

Aún hoy la idea del cañón continua vigente, si bien bastante modificado, como es el caso de las catapultas
electromagnéticas e incluso la propulsión a explosión atómica, conceptualmente idéntica a la explosión
química que impulsa la bala.

Primeras ideas
Mientras se creyó que las estrellas eran agujeros en el cielo que dejaban pasar la luz del fuego exterior
(hablamos de Platón y su dogmatismo) resultó imposible que nadie se planteara la posibilidad de viajar a
ellas.
Fue necesario que se esto no sirve geocentrista para que el ser humano tomara conciencia de que la Tierra
era una ínfima parte del Universo, se despertara su espíritu explorador y mirara al exterior en busca de
nuevas aventuras, al menos en la imaginación. Es ésta la época de la ciencia ficción primitiva. Parece lógico
que fuera Kepler, descubridor de las leyes que describen el movimiento de los astros, uno de los primeros en
imaginar un viaje a la Luna en su inconclusa obra de ficción, Somnium (publicada por su yerno en 1634).
Sin embargo, el método de locomoción de Kepler es absolutamente fantástico, a lomos de un espíritu durante
un eclipse de luna. Otro tanto se puede decir de Cyrano de Bergerac y sus Estados e imperios de la Luna, un
libro más cercano a la sátira y la crítica social que a la especulación científica.
Además las naves espaciales son muy importantes para la física y entender todo lo que incluyen los temas del
mecanismo de rotación.
Aurora polar
Aurora boreal en Alaska.La aurora es un brillo que aparece en el cielo nocturno, usualmente en zonas
polares. Por esta razón algunos científicos la llaman "aurora polar" (o "aurora polaris"). En el hemisferio norte
se conoce como "aurora boreal", y en el hemisferio sur como "aurora austral", cuyo nombre proviene de
Aurora la diosa romana del amanecer, y de la palabra griega Boreas que significa norte, debido a que en
Europa comúnmente aparece en el horizonte de un tono rojizo como si el sol emergiera de una dirección
inusual.
La aurora boreal es visible de octubre a marzo, aunque los mejores meses para verla son enero y
febrero, ya que es en estos meses donde las temperaturas son más bajas. Su equivalente en
latitud sur, aurora austral posee propiedades similares.
Origen
Una aurora boreal o polar se produce cuando una eyección de masa solar choca con los polos
norte y sur de la magnetósfera terrestre, produciendo una luz difusa pero predominante proyectada
en la ionósfera terrestre.
La aurora austral (11 de septiembre de 2005) tomada por el satélite IMAGE, digitalmente solapada
a una fotografía Canica Azul.
Ocurren cuando partículas cargadas (protones y electrones), son guiadas por el campo magnético
de la Tierra e inciden en la atmósfera cerca de los polos. Cuando esas partículas chocan con los
átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno, que constituyen los componentes más abundantes del
aire, parte de la energía de la colisión excita esos átomos a niveles de energía tales que cuando se
desexcitan devuelven esa energía en forma de luz visible.
El Sol, situado a 150 millones de km de la Tierra, está emitiendo continuamente partículas. Ese
flujo de partículas constituye el denominado viento solar. La superficie del Sol o fotosfera se
encuentra a unos 6000 °C; sin embargo, cuando se asciende en la atmósfera del Sol hacia capas
superiores la temperatura aumenta en vez de disminuir, tal y como la intuición nos sugeriría. La
temperatura de la corona solar, la zona más externa que se puede apreciar a simple vista sólo
durante los eclipses totales de Sol, alcanza temperaturas de hasta 3 millones de grados. El
causante de ese calentamiento es el campo magnético del Sol, que forma estructuras
espectaculares como se ve en las imágenes en rayos X. Al ser la presión en la superficie del Sol
mayor que en el espacio vacío, las partículas cargadas que se encuentran en la atmósfera del Sol
tienden a escapar y son aceleradas y canalizadas por el campo magnético del Sol, alcanzando la
órbita de la Tierra y más allá. Existen fenómenos muy energéticos, como las fulguraciones o las
eyecciones de masa coronal que incrementan la intensidad del viento solar.
Las partículas del viento solar viajan a velocidades desde 300 a 1000 km/s, de modo que recorren
la distancia Sol-Tierra en aproximadamente dos días. En las proximidades de la Tierra, el viento
solar es deflectado por el campo magnético de la Tierra o magnetósfera. Las partículas fluyen en la
magnetosfera de la misma forma que lo hace un río alrededor de una piedra o de un pilar de un
puente. El viento solar también empuja a la magnetosfera y la deforma de modo que en lugar de un
haz uniforme de líneas de campo magnético como las que mostraría un imán imaginario colocado
en dirección norte-sur en el interior de la Tierra, lo que se tiene es una estructura alargada con
forma de cometa con una larga cola en la dirección opuesta al Sol. Las partículas cargadas tienen
la propiedad de quedar atrapadas y viajar a lo largo de las líneas de campo magnético, de modo
que seguirán la trayectoria que le marquen éstas. Las partículas atrapadas en la magnetosfera
colisionan con los átomos y moléculas de la atmósfera de la Tierra, típicamente oxígeno (O),
nitrógeno (N) atómicos y nitrógeno molecular (N2) que se encuentran en su nivel más bajo de
energía, denominado nivel fundamental. El aporte de energía proporcionado por las partículas
perturba a esos átomos y moléculas, llevándolos a estados excitados de energía. Al cabo de un
tiempo muy pequeño, del orden de las millonésimas de segundo o incluso menor, los átomos y
moléculas vuelven al nivel fundamental, y devuelven la energía en forma de luz. Esa luz es la que
vemos desde el suelo y denominamos auroras. Las auroras se mantienen por encima de los 95 km
porque a esa altitud la atmósfera, aunque muy tenue, ya es suficientemente densa para que los
choques con las partículas cargadas ocurran tan frecuentemente que los átomos y moléculas están
prácticamente en reposo. Por otro lado, las auroras no pueden estar más arriba de los 500-1000
km porque a esa altura la atmósfera es demasiado tenue –poco densa- para que las pocas
colisiones que ocurren tengan un efecto significativo.

Se le llama aurora boreal cuando se observa este fenómeno en el hemisferio norte y aurora austral
cuando es observado en el hemisferio sur. No hay diferencias entre ellas.
La expresión en finés de la aurora boreal, "Revontuli", viene de una fábula lapona o saami. Repo
significa zorro (diminutivo) y tuli fuego. Por lo tanto Revontuli es Fuego del Zorro.Según la leyenda,
los rabos de los zorros que corrían por los montes lapones, se golpeaban contra los montones de
nieve y las chispas que salían de tales golpes se reflejaban en el cielo. Los asiáticos creen que
después de haber visto la Aurora Boreal, vivirás feliz el resto de tu vida. Especialmente se cree que
es una fuente de fertilidad.
Los colores y las formas de las auroras
Auroras Boreales desde la Estación Espacial InternacionalLas auroras tienen formas, estructuras y
colores muy diversos que además cambian rápidamente con el tiempo. Durante una noche, la
aurora puede comenzar como un arco aislado muy alargado que se va extendiendo en el horizonte,
generalmente en dirección este-oeste. Cerca de la medianoche el arco puede comenzar a
incrementar su brillo. Comienzan a formarse ondas o rizos a lo largo del arco y también estructuras
verticales que se parecen a rayos de luz muy alargados y delgados. De repente la totalidad del
cielo puede llenarse de bandas, espirales, y rayos de luz que tiemblan y se mueven rápidamente
de horizonte a horizonte. La actividad puede durar desde unos pocos minutos hasta horas. Cuando
se aproxima el alba todo el proceso parece calmarse y tan sólo algunas pequeñas zonas del cielo
aparecen brillantes hasta que llega la mañana. Aunque lo descrito es una noche típica de auroras,
nos podemos encontrar múltiples variaciones sobre el mismo tema.
Los colores que vemos en las auroras dependen de la especie atómica o molecular que las
partículas del viento solar excitan y del nivel de energía que esos átomos o moléculas alcanzan.
El oxígeno es responsable de los dos colores primarios de las auroras, el verde/amarillo de una
transición de energía a 557.7 nm, mientras que el color más rojo lo produce una transición menos
frecuente a 630.0 nm. Para hacernos una idea, nuestro ojo puede apreciar colores desde el violeta,
que en el espectro tendría una longitud de onda de unos 390.0 nm hasta el rojo, a unos 750.0 nm.
Más adelante en este documento hay un pequeño apartado para aquellos que queráis saber un
poco más acerca de estos procesos.
El nitrógeno, al que una colisión le puede arrancar alguno de sus electrones más externos, produce
luz azulada, mientras que las moléculas de Elio son muy a menudo responsables de la coloración
rojo/púrpura de los bordes más bajos de las auroras y de las partes más externas curvadas.
El proceso es similar al que ocurre en los tubos de neón de los anuncios o en los tubos de
televisión. En un tubo de neón, el gas se excita por corrientes eléctricas y al desexcitarse envía la
típica luz rosa que todos conocemos. En una pantalla de televisión un haz de electrones controlado
por campos eléctricos y magnéticos incide sobre la misma, haciéndola brillar en diferentes colores
dependiendo del revestimiento químico de los productos fosforescentes contenidos en el interior de
la pantalla.

Похожие интересы