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HISTORIA

cr

DE-

POR

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£íQi2mbro honorario Hs la SocieHaH CJQ'Sjjicana de Geografía v Qsíadísíica.

Pr^csHiHa 3e un juicio crítico escriío por oí

Sr. $Iic. D- Sniilio Oi'dáz-

TOIVIO I

Sa,n Luis Potosí.

Imppen-ta, ü¡tog«afia y Encuademación de M. EsquiVel y Cía.

1910.

Digitized by the Internet Archive

in 2010 with funding from

University of Toronto

http://www.archive.org/details/historiadesanlui01muro

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Jlí hcíor.

ERÉ breve, y me someteré extrictamente á la

l^verdad.

He tenido la buena fortuna en estos últimos

^^ años que han transcurrido en el

curso de mi

vida, de disfrutar de la amistad con que me distin-

gue Manuel Muro, autor de la obra que hoy pone

en manos del público. Por su benevolencia he sido testigo fiel de la formación de este libro, lo cual,

unido al conocimiento íntimo de su persona y á la

frecuencia de trato y recíproca manifestación de

ideas, me ha puesto en aptitud, no ciertamente de emitir un juicio autorizado acerca del mérito intrín-

sico de la "Historia de San Luis Potosí," que á es-

to no me

es dable aspirar por falta de suficientes

elementos de criterio histórico; pero para comu-

nicar á los lectores que pasen su vista por estas lí-

neas mis propias impresiones, no nacidas de una lec-

tura fácil y casi siempre inmeditada de un libro que,

VI.

JUICIO CRÍTICO.

ya acabado, recibimos de la imprenta para nuestra

seria instrucción ó ligero entretenimiento; sino ori-

ginales y paulatinamente desenvueltas, al presen- ciar la difícil gestación de una obra concienzuda-

mente escrita.

Todos los libros provechosos, los libros verdade-

ramente útiles, deberían siempre estar precedidos

de la historia de su formación y de la fisonomía mo-

ral, si me es permitida la frase, de sus autores.

So-

lamente así puede aquilatarse la importancia que en realidad merezcan. Lo diré con ingenuidad y sin embozo: soy parti- dario de todas, absolutamente de todas las indepen-

dencias y entre ellas enumero la independencia del

libro, porque la autoridad absoluta que suele darse

á la imprenta, no siempre es legítima. De ella, co-

mo de todo lo grande, se ha lastimosamente abusa- do, y así es preciso leer siempre con prudente des-

confianza.

Esto no significa desdén y estudiado menosprecio

para todo lo que se entrega al viento de la publi-

cidad, lo cual sería incidir en el opuesto extremo; solamente advierte el cuidado con que en ciertos ra-

mos del saber, y principalmente en los que no ata- ñen á las ciencias exactas y experimentales, deben

examinarse las producciones del entendimiento hu-

mano.

En la Historia se acentúa más la necesidad de co-

nocer á fondo todas las circunstancias, tanto perso-

nales del

autor como las que se refieren á

los ele-

mentos que han servido para la formación de la

obra; y aún cuando algunas veces se transparentan

JUICIO CRÍTICO.

VIL

aquellas á la simple lectura y se conocen los últi-

mos por las referencias que se hacen á las fuentes

que han servido de base á la consignación de los

hechos, sin embargo, no es lo común, y se necesita

que sea muy marcado el sello personal impreso á

Id obra, para estar prevenido y estimar con acierto

la fe que nos merezca. ¿Quién entre nosotros, por ejemplo, cualesquiera

que sean sus ideas políticas y religiosas, no conoce

á primera vista el espíritu apasionado de D. Lú-

eas Alamán en contra de los héroes de nuestra pri-

mera insurrección, y su mal disimulada simpatía en

favor del régimen colonial? De la misma manera,

¿á quién puede engañar la exaltación exagerada y

los vehementes arranques del ciego patriotismo de

D. Carlos M Bustamante, que engendrando desde

luego en el ánimo del más benévolo lector una jus-

ta desconfianza, constituye el mayor obstáculo para

prestar completo asentimiento á sus asertos?

Pero como antes decía, se necesita que el escritor

deje absolutamente llevarse de los impulsos de su

propio carácter, y no reprima el vuelo de sus aspi-

raciones é íntimos sentimientos, para conocerlo á

través de sus producciones; de otra manera casi

siempre se borra su personalidad si por otros mo-

tivos no es suficientemente conocida.

Por esta causa me propongo, en este breve pró- logo, dar á conocer á mi estimado amigo Manuel

Muro, si no por rrtedio de una completa biografía, sí

al menos en cuanto pueda servir para valorizar la

que merezca la obra que hoy presenta al público.

No ignoro que estos datos sean deficientes y su-

VIII.

JUICIO CRÍTICO.

pérfluos para todos los potosinos, para quienes es

perfectamente conocido; pero como tengo la con- vicción de que la "Historia de San Luis" será ge-

neralmente leída, no estarán por demás los datos

que respecto al autor ofrezco á los lectores.

Nació Manuel Muro en San Luis Potosí el día

28 de Diciembre de 1839, Y después de haber ter-

minado satisfactoriamente su instrucción primaria,

cursó con lucimiento en el Colegio Guadalupano Jo-

sefino, después Seminario Conciliar, las cátedras

de latinidad, filosofía y primero y segundo años de

jurisprudencia, habiendo obtenido en sus exámenes

la primera calificación como lo acreditan los certi-

ficados que he tenido á la vista.

La clausura del seminario por los acontecimien-

tos políticos que se verificaron á consecuencia del

funesto golpe de estado que dio el presidente Co- monfort, obligó á Muro á interrumpir su carrera

profesional. Iniciada en seguida la famosa y cruen-

ta guerra de tres años.

Muro se vio envuelto en

sus múltiples viscisitudes, filiándose desde 1859 en

el partido liberal, al que consagró sus servicios y

su pluma.

Al triunfo de este partido. Muro que había dado

ya el primer paso en la carrera política, siguió con

perseverancia el camino que se había trazado y que

las circunstancias le presentaban, y desde entonces,

hasta la fecha ha desempeñado en todas las admi-

nistraciones liberales, puestos de la mayor conside-

ración y confianza.

Ha sido secretario, regidor y presidente del Ayun-

tamiento, vocal y presidente de la junta de instruc-

JUICIO CRÍTICO.

llí.

ción pública, oficial mayor, secretario de Gobierno,

Jefe Político, diputado á la Legislatura del Estado,

gobernador interino alguna vez, y en varias ocasio-

nes miembro de la Cámara de Diputados al Con-

greso de la Unión, en donde actualmente forma parte de la Diputación de San Luis.

Ha desempeñado además varias comisiones y

encargos de menor importancia, y siempre de una

manera satisfactoria.

Por esta simple enumeración de los servicios

prestados por Muro, al Estado de San Luis Poto-

bajo la bandera del partido liberal, se compren-

derá la aptitud en que se ha encontrado para reunir

cuantos elementos ha tenido á su alcance y formar

con elIo5 la bise

sólida de

sus investigaciones

históricas. No hay en su obra un sólo hecho que no

esté legítimamente comprobado por documentos

auténticos de que posee un rico acopio, pudicndo

asegurarse que sólo por no dar mayores propor-

ciones á su Historia, de las que se propuso al for-

mar su plan y forma de desarrollo, deja de utilizar

todas las preciosas constancias que obran en su po-

der.

Mas no bastan los elementos, es necesario sa-

berlos utilizar, que no es tan fácil, como á primera

vista pudiera creerse, servirse de ellos con prove-

cho para no incurrir en los gravísimos defectos de

ligereza y parcialidad, sin tomar en cuenta su coor-

dinación, examen y oportunidad en su empleo.

Muro, como ya lo hemos dicho, es liberal firme

y convencido, de ello ha dado relevantes pruebas,

pero no es ni ha sido nunca apasionado.

De esta

X.

JUICIO CRÍTICO.

manera, aprovechando las naturales dotes de su es-

píritu tranquilo y sereno, no obstante de haberse

íntimamente ligado á los sucesos contemporáneos

de nuestras vicisitudes históricas, se aparta de ellos

para juzgarlos con fría imparcialidad, como lo ha-

ría un espectador indiferente. Unida esta cualidad

inapreciable en un historiador, á la laboriosidad é incesante afán que lo domina para buscar la ver-

dad en cuanto se refiere á la vida política y social

de nuestro Estado, su "Historia'' presenta los prin- cipales caracteres que le conquistarán sin duda la

seria atención de los lectores.

Contamos, por lo mismo, con estos datos funda-

mentales. Imparcialidad en las apreciaciones y exac-

to conocimiento de los hechos, bien basado en au-

ténticos documentos, ó en el testimonio de la propia

conciencia por haberlos presenciado. Amor á la verdad, y por consiguiente, sinceridad al darla á conocer.

Respecto á la importancia que en misma tiene la obra, bastará pasar una rápida hojeada sobre lo

que entre nosotros ha sido la Historia patria. Con

smgulares y honrosas excepciones las personas

que se han dedicado á tan interesantes y útiles la-

bores, más se preocupan de la Historia general de la República, formando así la historia de nuestros

gobiernos, que de la particular de los Estados ínti- mamente ligada con aquella y fecunda en prove-

chosas enseñanzas.

No es posible formaruna línea de separación que

aisle á la Federación de los Estados que la forman,

y cualquiera que haya sido la importancia política

JUICIO CRÍTICO.

XI.

del Distrito Federal y su influencia en la marcha de

los acontecimientos públicos, no puede ponerse en

duda que el conocimiento perfecto de nuestra exis-

tencia social, sería incompleto si no se toma en cuenta la historia particular de los Estados.

Como todo escritor concienzudo, Muro es suma- mente escrupuloso, y no aventura el menor concep-

to si no está arraigado en su convicción sin preo- cuparse de la forma en que lo dé á conocer. Así lo

revela desde luego su estilo fluido, sencillo y llano,

ageno á toda literaria pretensión é interesando al

lector más que por la difícil facilidad de sus relatos

por el interés de los asuntos mismos, creciente á

cada paso y que distrae nuestra atención de la fide-

lidad con que describe los cuadros que nos presenta.

Al emitir estas opiniones, no me ciega el afecto á mi buen amigo el autor de esta interesante Histo-

ria, y abrigo la convicción de que al terminar su

lectura toda persona

sensata, si

volviese á pa-

sar su vista por este humilde prólogo, lo subscri-

birá conmigo.

San Luis Potosí, Enero de 1892.

Emilio Ordáz.

XII.

Exordio.

Hace diez y seis años que imprimí el primer to-

mo de la "Historia de San Luis," y lo publiqué por

El gasto fué muy supe-

rior á mis recursos, pues por haber empleado pa-

pel ministro y buenas láminas de litografía, enton- ces muy caras, me costó ese primer tomo más de

mil pesos.

entregas semana:rias.

La aceptación que tuvo la obra fué satisfactoria,

pues pasaron de quinientas las subscripciones que se

vendieron en todo el Estado, pero perdí tres cuar-

tas partes del valor de aquellas, porque no pude co-

brarlas de alguncs de los corresponsales.

Los

ejemplares restantes de la edición también tuvieron mal fin, se extraviaron aquí en la ciudad, yendo á

parará dos casas de comercio donde compraron los

pliegos impresos como papel viejo para envolturas.

No pude hacer nueva impresión del primer to-

pérdida

mo ni

el gasto del 2? y 3?, después de la

sufrida, y viendo queme fué muy perjudicial el siste-

ma de entregas para la circulación del libro, me pro-

puse guardar todos los originales para cuando las

circuntancias me fueran propicias, ó que el Gobierno

XIII.

del Estado, si consideraba la obra de alguna utili-

dad, pudiera disponer la impresión, en algún desa-

hogo que tuvieran las rentas públicas.

Estaba yo en esa expectativa, cuando tuve la hon-

ra de recibir una comisión de caballeros de la bue-

na sociedad potosina, la que me manifestó; que de-

seaba editar por su cuenta

"La Historia de San

Luis" en celebración del centenario de la procla-

mación de la independencia de México, y que para

ese objeto quería saber si tenía yo disposición de facilitarle los originales de la obra.

En el acto contesté que pondría á su disposición

dichos originales, agradeciendo debidamente el ho-

nor que con tal propósito se me dispensaba.

La misma comisión hizo el contrato respectivo

para la impresión, y habiendo ésta empezado desde

el primer tomo, he aprovechado esa circunstancia

para aumentarlo y corregirlo, así como para revi-

sar los dos inéditos aumentándolos también con la

relación de otros sucesos relativos á las épocas que

contienen.

^^Letnví&l ^Jixjro.

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CAPITULO I?

SUMARIO.

Primeras tribus venidas del Asia. Descubrimiento del territorio donde es hoy San Luis Potosí, por los españoles. Fundador del pue-

blo de San Luis. No hay fecha precisa de la fundación.

Según las crónicas de diversos historiadores an- tiguos y modernos, el terreno que ocupa todo el

Estado de San Luis Potosí, no tenía ningún nom-

bre antes de la conquista; únicamente el valle don-

de se

asienta la ciudad de San Luis tenía el nom-

bre de Tangamanga guitarrilla.

Entre las primeras tribus que vinieron del Asia,

llegaron otomíes, indios bárbaros que ocuparon una

gran extensión de lo que hoy es el centro de la Re-

pública Mexicana. Después llegaron los guachichir

les y chichimecas.

Estos traían por principal cau-

dillo á Xolott á quien acompañaban doce capitanes

más. Estos indios, según un fraile franciscano cate- quista del siglo XVII eran de condición altiva, gue-

rrera, feroz y refractaria á domesticarse; cubrían sus

carnes con toscas pieles y sus aspectos eran de te-

HISTORIA DE SAN LUIS-

rrory espanto. Una gran parte de esos indios avan-

zó hasta llegar á

México.

las

Esas tribus y otras

cercanías de

lo que hoy es

más se establecieron en el

gran valle de Tangamanga, probablemente por la

feracidad de las tierras, por los ríos y arroyos que

lo cruzaban y por la abundancia de agua en el sub-

suelo.

Al pié de las montañas

del Sur, del Occi-

dente, del Noroeste y en el centro del Valle, forma-

ron chozas de palma y de zacate en donde llegaron

á habitar millares de indios de todas las tribus re-

feridas.

No se sabe cuantos años estarían así estableci-

dos los indios antes de la conquista, hasta que las

exploraciones de los conquistadores avanzaron en

1570 hasta el lugar donde está hoy situada la ciu-

dad de San Luis.

Dos son las opiniones sobre el descubrimiento

del territorio y sobre el nombre del descubridor,

sobre la fundación del pueblo de San Luis y sobre su fundador.

Las anotaremos aquí y luego daremos la nuestra

sobre el particular.

La más generalizada es que D. Juan de Oñate

descubrió el territorio y que el pueblo lo fundó D.

Luis de Leixa en 1576.

miento fué anterior, o si este fué simultáneo con la

erección del pueblo, Los que sostienen esa opinión dicen que el des-

cubrimiento del mineral de San Pedro fué en 1583 y que este suceso le dio ya gran importancia á la

población.

No se dice si el descubri-

HISTORIA. DE SAN LUIS.

Otros de los que sostienen á Oñate y á Leixa co-

mo descubridores y fundadores, respectivamente, di- cen que la fundación fué en 1583, el mismo año del

descubrimiento del mineral de San Pedro.

Los contradictores, que son bien pocos, dicen

que el Capitán D. Miguel Caldera, Justicia Mayor

que había sido desde el tiempo de la guerra con los

indios de Nueva España y de Nueva Galicia, fué

quien

luchó con los indios en estos parajes y los

puso en paz, que descubrió las minas de San Pe-

dro por aviso que tuvo del Padre Fray Francisco Franco; que las minas se descubrieron en 1592 y que ese descubrimiento dio origen á la fundación de San Luis. El sostenedor de esa opinión después

se contradice presentando á Pedro de Anda como

el descubridor del mineral y dándole á éste esc

nombre, pero insistiendo en que ese descubrimiento

fué en 1592 y que como consecuencia de él se fun-

en

el mismo año la ciudad de San Luis. En se-

guida añade:

"Estaba, pues, hecho el descubri-

miento de las minas y era preciso desde luego fun- dar el pueblo, estableciendo las viviendas, fundi-

ciones, almacenes, etc. para la explotación del mine-

ral.

Mexquitic no ofrecía á este respecto ventaja

alguna, así por ser quebrado y montuoso el te-

rreno como por estar distante más de diez leguas

de las minas." "Pero entre éstas y Mexquitic presentábase una

planicie dilatada, en la que de años atrás vivían los

indios en chozas de palma y de zacate, con montes

de mcxquite y palmeras abundantes.

De la lectura de la provisión sobre repartimiento

4.

HISTORIA DE SAN LUIS.

de tierras hecho á los indios tlaxcaltecas y de una

declaración de Pedro de Anda se infiere que á esa

reunión de chichimecas establecidos de paz en el

terreno dicho se denominaba ya Sají Luis por el

año de 1591,

(ant-^s de la venida de Oñate) lo que

da á conocer que el nombre de San Luis no lo im- piisieT-ofi los españoles al pueblo que fundaban, sino

los misioneros á la congregación cuando la estable-

cieron.

De esa división de opiniones resulta que ninguno

está seguro de quién fué por fin el fundador de San

Luis ni de la fecha de la fundación del pueblo.

Estudios detenidos y minuciosas investigacio-

nes nos dan la certidumbre, de conformidad con la

mayoría de los cronistas conocidos, que el fundador

del pueblo fué D. Luis de Leixa y que la fecha pre-

cisa de la fundación no es conocida ni puede serlo. Alguna vez discutiendo por la prensa con perso-

nas notoriamente instruidas, sobre ese particular,

creemos que quedaron convencidas de esa verdad.

Al final de aquella discusión publicamos, en apoyo de

nuestras aseveraciones, la opinión de un esclarecido

sacerdote, la que nos parece oportuno reproducir á

continuación.

Existe en el archivo de la Secretaría de Gobier-

no un informe producido por el sapientísimo^car-

melita Fr. Manuel de San Juan Crisóstomo, cono-

cido en el mundo de las letras con el pseudónimo de

"El Padre Nájera," en el cual informe dijo;"que el

pueblo de San Luis Potosí tuvo su origen en fami-

lias aborígenes que se establecieron más de 300 años

antes de la conquista; que el nombre indígena del

HISTORIA DE SAN LUIS.

5.

lugar era Tangamanga: que después de la ocupa-

ción de México por Cortés, excitada la codicia de

los aventureros españoles con la relación que ha-

cían los expedicionarios de la riqueza de las nue-

vas tierras descubiertas, empezaron á formar expe- diciones, siendo una de ellas la de Francisco de Ca-

ray que llegó felizmente en tres embarcaciones has-

ta las aguas de Tampico, y se internó por el río Pa-

nuco á las órdenes de Alonso Pérez Pineda; que los

indios atacaron y vencieron á los españoles, pere- ciendo Pineda; que impuesto Garay de esos desca-

labros, pasó á México á hablar con Cortés; que en-

tre tanto los soldados de la expedición que habían quedado en Panuco se entregaron á graves desór-

denes que excitaron á los indios á rebelarse, dando muerte á más de 500 españoles.

Que sabiendo Cortés todos esos sucesos, envió

una expedición compuesta de más de ochocientos soldados españoles entre alabarderos y tropa de ca-

ballería, y tres mil tlaxcaltecas y mexicanos á las

órdenes de Gonzalo de Sandoval, y que después de varios y continuos combates, forzando las gargantas de la sierra, llegó Sandoval á Panuco, aprehendió á

los principales caciques y los hizo quemar vivos. Que

este castigo terrible afianzó el dominio español en aquellas comarcas, y ya pudieron los españoles,

aventureros é indios aliados, avanzar sin dificultad

hasta el valle donde está hoy situada la ciudad de

San Luis Potosí; que en él encontraron muchas ha-

bitaciones de los chichimecas y guachichiles que huyeron á su aproximación, aprovechándolas todas

para alojarse aquellas numeíosas fuerzas.

Que es-

6.

HISTORIA DE SAN LUIS.

ta fué la manera como se pobló el valle sin saberse

la fecha, primero por los indios citados, y después

por los soldados españoles y tlaxcaltecas y por los aventureros que ^'inieron de Oriente.

Los mexicanos se quedaron con Saldoval en el

Panuco y por eso hay todavía hasta la fecha en la

Huasteca indios de aquella tribu.

Históricamente está San Luis, respecto á su fun-

dación, en idénticas condiciones á la ciudad de Mé- xico: Esta se fundó en 1325 y estuvo habitada por los indios en la forma que le dieron hasta que la ocu-

En San Luis sucede lo mismo, su va-

pó Cortés.

Pe estuvo poblado desde tiempos atrás, por los in-

dios hasta que huyeron éstos al aproximarse los sol-

dados españoles, los aventureros y los aliados. Al posesionarse Cortés de México mandó sequi-

laran los escombros y se reedificaran en lo posible fuentes y calzadas; distribuyó riquísimo botín entre

sus soldados y sus aliados y les repartió muchas tierras; mandó destruir los ídolos y otros objetos

del culto azteca, y procedió á la completa reedifi-

cación de la capital.

En San Luis los españoles y exploradores que

llegaron del Oriente, entre los que se cree que vi-

nieron Caldera, Leixa, Iriarte y otros, porque no

consta donde hayan estado antes de esa época, hi-

cieron también cosa semejante, pues aunque al lle-

gar ocuparon las chozas que abandonaron los in-

darle forma al

pueblo, encargándose Caldera del mando, por el de- recho de la guerra, hasta que algunos años después

vino Oñate con el carácter de conquistador, descu-

dios,