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El ideal homérico de héroe

En la Ilíada la areté anthropine se evidencia en el espíritu heroico. Los héroes homéricos buscan siempre honor y gloria a través de su fuerza, bravura, valor y proezas. Los héroes de este poema representan tanto al antiguo héroe micénico como al héroe aristócrata de la edad del hierro. Eran nobles dedicados a las acciones bélicas, se les consideraba los señores de la guerra que no eran sometidos por nadie salvo por la ley divina, la cual formaba parte de su propia vida. Los nobles guerreros conformaban un grupo de iguales que establecían relaciones simétricas entre ellos. Eran considerados los áristoi, los mejores de entre todos, y eran designados los kalós kagathós que indica belleza física y bondad en el obrar. Su belleza implicaba tener extraordinaria fortaleza en brazos, agilidad y velocidad en las piernas así como una piel fresca. Y su bondad se caracterizaba por tener una perfección en su actuar. Estos guerreros tenían un impulso colérico en el combate, mostraban tener gran dominio de sí y una aguda inteligencia. Por lo que puede decirse que los kalós kagathós representarán la belleza moral. Los kalós kagathós lo eran por nacimiento y rango. Es decir, los héroes eran una elite de individuos que pertenecían a la nobleza dedicada a la guerra, eran aristócratas terratenientes del Heládico reciente y de la edad del Hierro. No obstante, en la concepción de héroe, no bastaba haber nacido noble sino que era necesario distinguirse por el valor guerrero. De tal manera que la idea de héroe en la Ilíada, adoptada por la Paideia, considera la belleza y la bondad en función de la realización de actos bélicos.

Los héroes permanecen en la memoria social a través de las narraciones que se hacían de sus proezas en la poesía oral. La poesía recoge la leyenda que elevó al héroe a un nivel de grandeza sobrehumana. De tal manera que la epopeya sirve como un instrumento educativo con el cual se presentan los modelos extra-ordinarios de hombres y de vida. Vernant dice “…la tradición oral, la palabra poética, al celebrar las hazañas de los guerreros de antaño, los arranca del anonimato de la muerte […] gracias a su constante rememoración al hilo de la recitación épica, convierte a estos desaparecidos en “héroes ilustres” cuya figura […] refulge con un brillo que nadie puede debilitar…” . La Paideia considera a los héroes homéricos de la Ilíada como los modelos ideales de conducta. El aedo fungía como el portavoz que transmitía la gloria de los héroes, la fama de dicho ideal humano, convirtiéndose en el educador de la Paideia. A través de la palabra poética los héroes deificados permanecían en la memoria social y servían como contenido en la transmisión cultural ejercida por la Paideia. Los aoidói, como Homero, no eran simples divulgadores de la gloria de los héroes, sino intérpretes creadores de la tradición . Es decir, que Homero como poeta, configuró los cimientos sobre los cuales se construyó la tradición, la Paideia y en este sentido puede ser visto, también como educador.