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“Toda Palabra de Dios es limpia;

Él es escudo a los que en Él esperan.


No añadas a sus palabras para que no te
reprenda, y seas hallado mentiroso”.
Proverbios 30:5-6

Una

Advertenica Urgente

a los

Católics Romanos
“Porque toda carne es como hierba,
y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
mas la Palabra del Señor permanece para siempre.
Y esta es la Palabra que por el Evanglio
os ha sido anunciada”.
1 Pedro 1:24-25
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E l sistema religioso-político conocido como la Iglesia
Católica Romana empezó a evolucionar en el cuarto siglo.
Conforme pasaron los años, la Iglesia Católica Romana ejercía un
poder creciente el cual no le fue concedido por Dios; y promulgaba
cada día mas doctrinas no bíblicas, aun persiguiendo a quienes
obedecieron tenazmente la Palabra de Dios. Francamente, el Papa
y sus subordinados han sido adversarios de la Palabra revelada
de Dios, la Santa Biblia. La Palabra de Dios y la palabra de la
Iglesia Católica Romana dirigida por el Papa están directamente
en contraste en muchos asuntos fundamentales, incluyendo—lo más
importante—como se recibe el perdón del pecado y la salvación de
Dios. Es imposible que uno obedezca a ambas, a la Iglesia Católica y
a la Biblia, tal como es imposible seguir al Papa y al Señor Jesucristo
a la vez. En el espacio limitado de este folleto, quisiera sacar a la
luz algunas enseñanzas de la Iglesia Católica Romana que están
en completo desacuerdo con la Palabra de Dios (Mateo 15:8-9).
Debido a las limitaciones no citaré directamente los documentos de
la Iglesia Católica Romana que contienen las enseñanzas que trato,
además simplemente citaré las referencias bíblicas. Me supongo
que los católicos saben donde se encuentran sus enseñanzas, o me
contactarán para la documentación. Yo deseo que cada uno lea
las citas bíblicas referenciadas que son representativas de muchos
versículos en cada caso.

La Iglesia Católica Romana enseña que el Papa es el vicario


(representante, voz) de Cristo en la tierra, el Padre Santo, y
la cabeza de la iglesia de Cristo, infalible en todos los asuntos
de fe y moralidad cuando habla oficialmente en su oficio. El
apóstol Pedro es considerado como el primer Papa.

Las reclamaciones católicas romanas concerniente al Papado


y al apóstol Pedro son plenamente refutadas por la Palabra de Dios.
El Espíritu Santo, y no el Papa, es la voz de Dios a la conciencia de los
hombres, convenciendo del pecado y confirmándoles la Palabra de
Dios (Juan 14:26, 16:7-14; Efesios 6:17). La Biblia en ninguna parte
asigna a un hombre que sea la cabeza de la Iglesia, sino claramente
declara que Cristo es la única cabeza de su Iglesia (Colosenses 1:18;
Efesios 1:22-23, 5:23).
El apóstol Pedro nunca se declaró ni sintió que él era la
cabeza de la iglesia, sino se llamó “un anciano” (1 Pedro 5:1-3).
Pedro nunca ha sido identificado en las Escrituras como el apóstol
principal o “Papa”; en realidad, durante la era apostólica, otros
apóstoles ejercían más autoridad que Pedro en varias circunstancias
(Hechos 15:1-30). ¡Además si el apóstol Pedro fuera el “Santo
Padre” en Roma, entonces una lectura de la epístola del apóstol
Pablo a los romanos implicaría que no tuvo mucho respeto por Pedro
como la cabeza infalible de la Iglesia (Romanos 1:11-15; Gálatas
2:11-16)! La Palabra de Dios manda rotundamente que ningún
cristiano llame o se dirija a otro en el sentido espiritual o religioso
como “padre”, mucho menos “Santo Padre” (Mateo 23:9). A la
luz de las reclamaciones católicas romanas acerca del primer Papa,
parece extraño que solamente Santiago y Judas escribieron menos
del Nuevo Testamento que el apóstol Pedro. Hay una abundancia
de otras evidencias bíblicas que muestran plenamente que la Iglesia
Católica Romana está equivocada en absoluto cuando se refiere al
papado.

Seguramente, la historia sangrienta y sórdida del papado es


prueba también que el Papa no es el vicario infalible y santo de
Cristo. Varios Papas han sido fornicadores, homosexuales, y asesinos
tal como lo reconocen los historiadores católicos. Algunos Papas han
excomulgado a sus predecesores y ejercitado un poder impío sobre
los gobernadores civiles mientras ordenaban persecuciones brutales,
incluyendo la matanza de los cristianos creyentes de las Escrituras
como los valdenses. ¿Cómo podrían ser tales hombres viciosos el
“vicario de Cristo?”

La Iglesia Católica Romana enseña que el pan y el vino de


la eucaristía son literalmente el cuerpo y sangre de Cristo.

Esta doctrina está erróneamente basada en un lenguaje


figurativo que Jesús empleó para mostrarles a los judíos que Él
descendió del cielo para dar vida eterna a sus almas tal como el
maná descendió de los cielos para el sostén de la vida física de sus
padres en el desierto (Juan 6:48-64). El Señor Jesucristo es la vida
esencial para la salvación del pecador. Por su muerte, la entrega
de su cuerpo y el derramamiento de su sangre, Cristo compró vida
eterna para los pecadores que vengan a Él en arrepentimiento y fe
confiando solamente en Él para la salvación de sus almas. Cuando
Cristo habló de comer su carne y beber su sangre, hablaba en el
sentido espiritual, como dice en Juan 6:63. Indudablemente todo
aquel que está en Cristo recibe su alimento espiritual y gracia por Él
y a través de Él. Cristo Jesús es el Pan de Vida por su pueblo.

Jesús también dijo que es “la Puerta” (Juan 10:9), y “la Luz”
(Juan 12:46). La Biblia identifica a Jesús como un “Cordero” (Juan
1:29), y como una “Roca” (1 Corintios 10:4). Hay ocasiones en que
en la Palabra de Dios se usa un lenguaje figurativo para enfatizar una
verdad eterna. Esas ocasiones siempre son obvias, pero parece que al
Papa, a los arzobispos y a los sacerdotes no les son tan obvias.

El Señor Jesucristo, “el primogénito entre muchos hermanos”


(Romanos 8:29; Colosenses 1:18), para nuestro beneficio posee en el
presente un cuerpo resucitado y glorificado (Filipenses 2:5-11; Juan
20:26-27) tal como sus seguidores un día lo poseerán (1 Corintios
15:35-58). Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre (Romanos
8:34). El cuerpo de Cristo no puede ser dividido en miles de piezas
todos los días por los sacerdotes católicos en todo el mundo en el
rito de la misa. Además si Cristo hubiera mandado literalmente que
comiéramos su carne y bebiéramos su sangre, nos hubiera mandado
que practicáramos el canibalismo. Durante la institución de la Santa
Cena con sus discípulos, Jesús estaba físicamente presente cuando
Él les entregó el pan y el vino, diciendo: “Esto es mi cuerpo.....y
mi sangre...” (Lucas 22:17-20). La mesa del Señor (la Santa Cena)
es una ordenanza de la verdadera iglesia de Cristo que se celebra
únicamente “en memoria” del sacrificio vicario de Cristo en la cruz
del Calvario (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:23-26). A través de la misa,
la Iglesia Católica Romana enseña a sus miembros la adoración literal
de la hostia y que sus sacerdotes tienen el poder para cambiar los
elementos físicos en el Hijo de Dios y luego sacrificarlo en sus altares.
¡Mediante este rito, profesan sacrificar a Cristo repetidamente por
el perdón del pecado! Las Escrituras aclaran que la muerte del
Señor Jesús en la cruz fue enteramente suficiente y completamente
eficaz para la salvación de todo aquel que se arrepiente y cree en
el Evangelio (Hebreos 7:27, 9:12, 9:26-28, 10:10; 1 Pedro 3:8). Lo
que el Señor Jesucristo ha mandado a sus seguidores que hagan “en
memoria” de su muerte y su heredad de vida eterna por fe en Él
(Lucas 22:19-20), la Iglesia Católica Romana lo ha convertido en
un rito blasfemador que engaña a miles y a millones alejándolos de
Cristo y de la verdadera salvación. Ningún cristiano legítimo puede
participar en ello (1 Corintios 10:20-22).

La Iglesia Católica Romana enseña que para obtener la


salvación, uno debe realizar ciertas obras y sacramentos
ordenados por la Iglesia.

El Evangelio del Señor Jesucristo proclama que la salvación


es solamente por la gracia de Dios, mediante la fe, en Cristo
únicamente. Esta es la verdad anunciada en toda la Palabra de Dios
y afirmada por el Espíritu de la verdad en los corazones de todos
los seguidores verdaderos de Cristo. El promulgar que la salvación
se obtiene por las obras de la ley o por cualquier combinación de
obras humanas más la gracia divina es enseñar que Dios les debe a
los pecadores la salvación en lugar de que sea un regalo gratuito de
Dios (Romanos 4:1-8, 6:23, 5:15-19). La salvación es toda de Dios
y nada del hombre. La salvación es totalmente de gracia y nada de
obras humanas. “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera
la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra
manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). “Nos salvó, no por
obras que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por
el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu
Santo” (Tito 3:5).

La Iglesia Católica Romana enseña que la salvación es


solamente posible a través de una vida de obras sacramentales y
por el auxilio de sus sacerdotes. Esta es una mentira blasfemadora
que se burla de la eficacia, suficiencia y el poder omnipotente de la
vida, muerte, resurrección y sacerdocio del Señor Jesucristo quien
es capaz de “salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a
Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
Los Papas y sus sacerdotes tuercen las Escrituras “para su propia
perdición” justificando su evangelio falso de la gracia más obras y
a la vez esclavizando a los pecadores a su reino religioso para que
no entren en el reino de Dios (2 Pedro 3:16). Por ejemplo, citan a
Santiago capítulo 2 y enfatizan que Abraham fue justificado por fe y
por obras. Sin embargo, la Escritura debe ser traducida por la misma
Escritura; ¡y el resto de las Escrituras atestigua que Abraham fue
justificado por fe solamente! Además la justificación mencionada por
Santiago se debe entender en un sentido diferente. Por la inspiración
del Espíritu Santo, Santiago está simplemente mostrando que una
fe sin obras es una fe muerta y no la fe verdadera dada por Dios.
Después de que Abraham fue justificado delante de Dios por fe,
sus obras demostraron a sus contemporáneos la veracidad de su fe.
Aunque las Escrituras enseñan repetidamente que todos los hombres
están obligados a obedecer la santa ley de Dios y vivir una vida santa,
es imposible justificar o salvarse por medio de la ley o por cualquier
otra obra de obediencia; sino la salvación es solamente por la gracia
de Dios mediante la fe (Romanos 3:20-28; Gálatas 2:16, 3:11;
Efesios 2:8-9). Es verdad que la salvación verdadera resultará en
buenas obras, pero la salvación no es el resultado de las buenas obras
humanas. Los que enseñan que el hombre debe hacer ciertas obras
para obtener la salvación o para mantenerla, sustituyen las obras
corruptas de los hombres perversos y espiritualmente muertos por
la sangre preciosa de Cristo y su justicia perfecta. La Iglesia Católica
Romana no puede ser la iglesia verdadera debido a que proclama un
evangelio falso. Asimismo, ¿cómo puede ser el Papa, un maestro falso y
maldito, el vicario de Cristo (Gálatas 1:8-9)?

La Iglesia Católica Romana insiste que María, la madre de


Jesús, fue concebida sin pecado, vivió una vida sin pecado
en la tierra, era una virgen perpetua, y luego fue ascendida
al cielo.

La Iglesia Católica Romana contradice la Palabra de Dios


con estas reclamaciones y muchas más acerca de la madre terrenal
de Jesús. María era una mujer joven a quien Dios soberanamente
escogió para que naciera el Mesías en este mundo. María fue una
virgen hasta después del nacimiento de Cristo, pero más tarde
“conoció” íntimamente a José (Mateo 1:25). En otras palabras, su
matrimonio fue físicamente consumado después del nacimiento de
Jesús. ¡El decir lo contrario, es subirse al mismo barco de la fantasía
de los homosexuales que dicen que los sodomitas que querían
“conocer” a los dos invitados de Lot, significa solamente que querían
familiarizarse y tener amistad con ellos! (Génesis 19:5)! También
es imposible ignorar la evidencia bíblica irrefutable que Jesús tuvo
hermanos y hermanas carnales, algunos siendo nombrados en las
Escrituras (Mateo 13:53-56; Marcos 6:1-3). Sin lugar a dudas,
María era una mujer pura y piadosa; sin embargo no era sin pecado
y mucho menos una virgen perpetua. María habló de “Dios mi
Salvador” (Lucas 1:47). ¡María, como todo ser humano, era de la
raza caída de Adán y necesitaba al Salvador! Las Escrituras dicen:
“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”
(Romanos 3:23). En ninguna parte de la Biblia se manifiesta que
María era una excepción a esta regla, tal como no se manifiesta que
ella fue ascendida al cielo.

No hay ninguna justificación en todas las Escrituras—en


realidad al contrario—para rezar u orar a María como la Iglesia
Católica Romana promueve. ¡Para oír los rezos y oraciones de los
millones de católicos romanos a través de todo el mundo, María
tendría que ser omnipresente (estar en todo lugar a la vez) tal como
es Dios! Trágicamente la Iglesia Católica Romana ha convertido a
aquella mujer humilde de los judíos en una diosa, aun llamándole
con títulos blasfemos como “La Reina del Cielo” y “La Co-
mediadora.”

Estos son algunos de los muchos ejemplos donde las doctrinas


de la Iglesia Católica Romana están directamente en conflicto con
la Palabra de Dios. ¡Los católicos romanos tienen que decidir a
quién hacerle caso, o al Papa o a la Palabra de Dios! Lector
católico romano, le suplico encarecidamente que considere todas las
enseñanzas fundamentales en las cuales su religión e iglesia están
en conflicto serio con la Palabra de Dios. Los dos no pueden ser
correctos. No puede usted servir al Papa y al Señor Jesucristo a la
vez.

Para gozar del perdón de sus pecados, ser salvo, y estar lleno
de la bendita certidumbre de la salvación (Romanos 8:16), crea la
Palabra de Dios en lugar del Papa. Confiese sus pecados a Dios y
no al sacerdote. Clame al Señor Jesucristo para salvación en lugar
de rezar a María y a los “santos” conforme a los ritos antiguos y
paganos. Luego siga en pos de Jesús y viva su vida de acuerdo a
la santa Palabra de Dios en lugar de las enseñanzas corruptas de
Roma.

--Pastor Ralph Ovadal