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JAPON 2015. El protagonismo de la ideología

F ERNANDO B ARBOSA 12 DE DICIEMBRE DE 2015

El hecho más destacado de l a política japonesa en 2015 fue la consolidación de la derecha que alcanzó éxitos electorales y logró la aprobación de un nuevo marco legal en materia de seguridad. Por supuesto resultaría desmedido dejar por fuera otros factores como el aumento de la pobreza o el haber sido desplazado por China en las exportaciones de alta tecnología, campo en el que has ta hace poco no parecía vulnerable. Pero la mayor importancia de lo sucedido es tá en la reaparición de la ideología como centro de la política.

Desde cuando llegó por segunda vez al poder el primer ministro Abe, en 2012, su propuesta de gobierno, conoc ida como la “ Abenomics, se concentró en lo económico y su meta fue la de superar la crisis que venía desde comienzos de la década de los noventa. Para ello diseñó “tres flechas”: estímulos fiscales, expansión monetaria y reforma estructural para el crecimiento . Las dos primeras no han tenido los resultados que se buscaban pues la economía ha seguido estancada y ha tenido que afrontar períodos de recesión o ha estado al borde de la misma como se observó en el tercer trimestre de este año. Y la tercera pareciera haber sido dejada a un lado. A lo anterior se sumó posteriormente una cuarta flecha , llamada “womenomics” , cuyo propósito es el de aumentar la participación de la mujer en la economía japonesa. Algunos han visto en esta iniciativa más retórica que realidad pues en la medida en que el problema es básicamente de origen cultural , los ajustes necesarios para implementarla habrán de ser muy graduales y requerirán de mucho tiempo .

No obstante l os déb iles resultados de lo que se entendía como el programa central de gobierno de Abe, lo cierto es que está cumpliendo ya tres años en el poder y no se observan grandes retos que puedan cambiar este rumbo. Así las cosas, la pregunta de cómo ha logrado la gob ernabilidad, resulta inescapable. Y las respuestas conducen al plano de la ideología y a la habilidad política para fortalecerse.

Si las elecciones generales de 2012 representaron un golpe inequívoco para el Partido Democrático de Japón — que perdió el po der en esa oportunidad — , las de diciembre de 2014 prácticamente lo postraron . Y las elecciones regionales de abril de 2015 lo sometieron a condiciones peores, parecidas a las que debió soportar el Partido S ocialista luego de su paso por el poder en tre 1994 y 1996 , debacle que hasta ahora no ha podido superar. Prácticamente sin oposición y a pesar de tener a la opinión pública en su contra, Abe enfiló su energía para alcanzar una de las grandes banderas de la derecha japonesa de la postguerra: cambiar la Con stitución impuesta por los americanos en 1947, y especialmente el artículo 9 que es la médula de la política pacifista que ha seguido el país desde entonces. Sin embargo, la aprobación de una reforma constitucional requiere una mayoría de dos tercios de la Dieta que hasta ahora no ha podido alcanzarse. Ahora bien, es claro que de acuerdo al artículo 9, quedó prohibido mantener un ejército de tierra, mar y aire o de cualquiera otra naturaleza. No obstante, en 1954 se establecieron las fuerzas de auto

defensa que se convertirían en uno de los ejércitos mejor formados del mundo. Tal modificación que a todas luces parecería inconstitucional, puede entenderse cuando se estudian las particularidades del sistema legal japonés. En efecto, el cambio se hizo vía interpretación de la Constitución y no se requirió una reforma del texto mismo. Por eso, frente a la realidad de no contar con una mayoría calificada, la estrategia de Abe fue la optar por el mismo camino de la interpretación que le permitirá a partir de ahora ampliar la acción militar a l exterior y no solamente para protegerse de una posible agresión sino frente a potenciales agresiones a sus aliados. Esta modificación, que puede llegar a tener efectos de consideración, ha sido rechazada con firmeza por la opinión pública y, por supuesto, por los vecinos asiáticos. Pero ha recibido la complacencia de los Estados Unidos y son varios los analistas que la ven como algo inevitable dado el nuevo balance de fuerzas creado por el reforzamiento del ejército chino y, en general, de los países del este de Asia.

La situación de Abe dentro de su partido es paradójica. Si bien ha logrado aglutinar, esto no ha sido el producto de la convicción de sus copartidarios sino de la disciplina que ha impuesto. El PLD (Partido Liberal Democrático) desde su fundación en 1955, ha sido una paleta de facciones de diversas tendencias: desde l a s progresistas hasta l a s de ultra derecha . Estos grupos internos reunidos alrededor de un líder y de una propuesta de gobierno, se diluyeron en su mayoría en los últimos años debido a las derrotas del PLD o a

la desaparición de sus cabezas. Hoy en día, las únicas que sí cuentan con liderazgos y con

lineamientos ideológicos y programáticos definidos , son la de derecha. Y son las mismas que dada la falta de competencia interna, han tomado la delantera bajo la dirección de Abe.

Otro tanto ocurre por fuera del PLD. En efecto, las catástrofes políticas del Partido Socialista

y del Partido Democrático, tradicionales opositores del PLD, no han podido con solidar

nuevos liderazgos ni propuestas alternativas que son indispensables para apalancar una acción política de oposición .

Aprovechando esto y dando muestras de una gran habilidad política, Abe ha logrado algo

que no parecía posible: un giro en la opini ón pública a su favor que se aproximó al 40% en

la encuesta de mediados de octubre y q ue lo había castigado antes por la nueva legislación

de seguridad nacional . Si esta tendencia se mantiene, probablemente no encuentre

mayores escollos para avanzar en las elecciones de verano de 2016 en las que se renovará

la mitad de la Cámara Alta de la Dieta.

En el cambio favorable de la opinión pública pudo influir la manera como afrontó la conmemoración de los 70 años de la rendición de Japón , al término de la segunda guerra mundial. El discurso que pronunció — para la elaboración del cual convocó un panel de especialistas que trabajaron desde principios del año — , si bien no fue bien recibido en Asia, especialmente por China y por Corea, si parece haber logra do efectos positivos en la política local. Mantuvo por una parte las posturas moderadas del secretario del Gabinete Yohei Kono en 1993 y del primer ministro Maruyama en 1995 que por primera vez reconocieron responsabilidades de Japón en la segunda guerra. Y por otro lado esquivó responder a los reclamos asiáticos que pedían un mayor reconocimiento de sus acciones en la contienda.

De tal forma logró satisfacer tanto la opinión japonesa, tanto a la de la derecha como a la de los moderados, a costa, eso sí, de la insatisfacción de los vecinos.

Para completar el balance del año vale la pena añadir dos elementos cuyos alcances aún están por verse. Por un lado está el hecho de que China haya sobrepasado a Japón como exportador de productos de alta tecnología, algo que parecía imposible hasta hace poco y cuyo impacto sicológico en los actores japoneses se manifestará de alguna forma. Recuérdese la forma como se resintieron los ánimos cuando China los desplazó al tercer puesto como economía mundial. Y el otro, es un acontecimiento pol í tico local pero que puede tener unos efectos inesperados. Es el triunfo del partido Osaka Ishin no Kai que a fi n ales de noviembre ganó contundentemente las elecciones para la gobernación y las alcaldías de Osaka, la segunda ciudad de Japón. Este nuevo partido que viene de una reorganización y que se perfila como una nueva alternativa de centro, podría buscar su refortalecimiento y volver a la arena de la política nacional, si logra un papel protagónico. En este sentido, la oportunidad qu e podría aprovechar en esta coyuntura es la de aliarse en la Dieta con el partido de gobierno y completar los votos para redondear las dos terceras partes que le permitirían a Abe llevar a cabo una reforma constitucional y a convocar un plebiscito. Y si el lo llegara a concretarse, podría consolidarse la mayor reforma política en el Jap ó n de la postguerra.