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Americana Por C, Betancourt No. No podemos dolernos de gue) Freud nos haya retratado tal como he~ mos sido: “La gazmofieria, la hipocre- sia, la ausencia natural de pensamien- to independiente. No hay en América pensamiento independiente...” ESto no es una que nos deba enfadar; es apen: ‘expresién de lo que somos; ya ‘de tode, va envuelta en ¢- a wna soterrada admiracion, +} Despojemos de las frases de Freud to- do lo que tienen de impiedad y demo- nico orgullo. Sin esto, quizis la me- jor advertencia que ha recibido Amé- fica de ningtin pensador europeo esta contenida en ese sangriento sarcasmo freudiano, Pueda ser que alli esté lo filtimo fundamental que nos deba en- | sefiar Europa. Ojala la famosa entrevis ta de Max Eastman, al provocar Ja m tural reaccién en muestra epidermis de nifios presumidos, despierte también la eonciencia de la ingente capacidad si- Tnuladora en el pensamiento y en Jas formas de vida americanas. Fl error de Freud, y también el de to- dos los pensadores europeos que han hiablado de América, est& en descono- éer que aquello tiene que ser asi, Por }eso ia encublerta admiraéion que va envuelta,en sus censuras. Como es que ‘esperan mis de nosotros?