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LOS POTROS DE BÁRBAROS ATILAS

Las ideas de Uribe

LOS POTROS DE BÁRBAROS ATILAS

La razón de los inamovibles del Presidente Uribe en el debate sobre el llamado “Acuerdo Humanitario”.

Las ideas de Uribe

Libardo Botero Campuzano (Compilador)

Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia CODISCOS S.A.

Fundación

Centro de Pensamiento Primero Colombia

José Obdulio Gaviria

Presidente

Fernando Alameda Alvarado

Director Ejecutivo

Carlos Manuel Sierra Acero

Secretario

Claudia Lozano Beltrán

Comité Editorial

Ricardo Rojas Parra

Director de Medios

Gonzalo España Arenas

Comité Temático

Abel Coronado Gómez

Director Político

Roberto Muñoz Torres

Tesorero

Marta Patricia Mora Hernández

Revisora Fiscal

© 2008, Libardo Botero Campuzano / Compilador

© 2008, Centro de Pensamiento Primero Colombia

ISBN : 958-98431-2-3

Director Proyecto Editorial: Gonzalo España

Asesoría editorial: Editorial Planeta Colombiana S.A.

Foto portada: Carlos Duque

Armada electrónica: Marcela Robles

Primera edición: abril de 2008

Impreso por: Linotipia Bolívar

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.

CONTENIDO

Prólogo ¿Prisioneros de guerra?

15

José Obdulio Gaviria Vélez

Acerca de esta antología Breves palabras sobre una infamia

21

Libardo Botero Campuzano

PRIMERA PARTE

47

Que ningún secuestro halle doctrina política que lo explique

49

Álvaro Uribe Vélez

Saludo al Cuerpo Diplomático acreditado en Colombia

51

Álvaro Uribe Vélez

Activación del Batallón de Alta Montaña Rodrigo Lloreda

53

Álvaro Uribe Vélez

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia y sus compañeros de cautiverio

59

Álvaro Uribe Vélez y Comandantes Militares

Palabras ante la plenaria del Parlamento Europeo

75

Álvaro Uribe Vélez

Palabras ante el V Foro Iberoamericano

79

Álvaro Uribe Vélez

Palabras en el II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo

83

Álvaro Uribe Vélez y otros participantes

Palabras en la Asamblea Conmemorativa de los 60 años de Fenalco

99

Álvaro Uribe Vélez

La paz es hija de la autoridad

103

Álvaro Uribe Vélez

Los potros de bárbaros atilas

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

107

Informe de la Presidencia de la República

“Insistiremos en Bolo Azul”

119

Luis Carlos Restrepo Ramírez

Gobierno acepta propuesta de Francia, Suiza y España

123

Álvaro Uribe Vélez y Luis Carlos Restrepo Ramírez

Sistema de seguridad para un encuentro humanitario en la Cordillera Central

129

Departamento Federal de Asuntos Exteriores, Suiza

Gobierno no obstaculizará papeleta adicional sobre acuerdo humanitario

133

Informe de la Presidencia de la República

Enfrentemos el terrorismo para no padecer su eterna esclavitud

135

Álvaro Uribe Vélez

Entrevista concedida a los medios franceses

141

Álvaro Uribe Vélez

Razones de Estado

153

Álvaro Uribe Vélez

Países europeos no pueden colocar al gobierno en el mismo nivel de las Farc

169

Informe de la Presidencia de la República

Foro público Uribe–Moncayo en la Plaza de Bolívar

171

Álvaro Uribe Vélez, Gustavo Moncayo y otros

Declaración de los presidentes Uribe y Chávez al concluir encuentro en Hato Grande

193

Álvaro Uribe Vélez y Hugo Chávez Frías

ONU pide ampliar plazo para rescate de restos

201

Farc no buscan acuerdo sino reposicionarse políticamente

203

Informe de la Presidencia de la República

Contenido

Intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas

205

Álvaro Uribe Vélez

Comunicado del 19 de noviembre de 2007

209

Presidencia de la República

Comunicado 054 del 20 de noviembre de 2007 del Alto Comisionado para la Paz

211

Luis Carlos Restrepo Ramírez

Comunicado 055 del 21 de noviembre de 2007

213

Presidencia de la República

Comunicado 057 del 24 de noviembre de 2007

215

Presidencia de la República

Declaración desde Calamar, Bolívar

219

Álvaro Uribe Vélez

Declaración desde Guatemala

223

Álvaro Uribe Vélez

Declaraciones tras visitar al ex congresista Luis Eladio Pérez

227

Álvaro Uribe Vélez

Discurso ante la OEA

231

Embajador Camilo Ospina

Intervención ante los Jefes de Estado del Grupo de Río

239

Álvaro Uribe Vélez

SEGUNDA PARTE

259

Saludo de las Farc-Ep a los prisioneros y sus familiares

261

Secretariado del Estado Mayor Central

¡Que todos vuelvan a casa! Sobre el canje de prisioneros

263

Iván Márquez

Carta de Simón Trinidad

267

Los potros de bárbaros atilas

Excarcelaciones, estratagemas e intercambio o canje

269

Allende La Paz, ANNCOL

“La guerra a muerte” y el intercambio humanitario

273

Allende La Paz, ANNCOL

Acuerdo humanitario solo será posible despejando Pradera y Florida

277

Rodrigo Granda

Las cartas del computador de “Raúl Reyes”:

No.1 Carta de “Manuel Marulanda” al Secretariado

279

No.2 Proyecto de carta de “Manuel Marulanda” a Hugo Chávez

283

No.3 Carta de “Raúl Reyes” al Secretariado

285

No. 4 Carta de “Manuel Marulanda” a Hugo Chávez

287

TERCERA PARTE

291

Indignación, dolor y oraciones acompañaron sepelio del niño Andrés Felipe Péwrez

293

ACIPRENSA

La Farc indolentes ante el deseo de un niño moribundo

295

The New York Times

Aseguramientos por secuestro y homicidio del cabo José Norberto Pérez

299

Fiscalía General de la Nación

Testimonio de Íngrid Betancourt

301

Testimonio de Clara Rojas

307

Carta a mi padre

311

Guillermo Gaviria Correa

Relato íntimo de mi plagio

317

Fernando Araújo Perdomo

Contenido

“Sin las Fuerzas Militares no me habría podido escapar”

323

Nota de la Presidencia de la República

Entrevista al intendente John Frank Pinchao

Volver a empezar

327

Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República

Maltrato de las Farc a secuestrados es comparable a campos de concentración nazis

341

Servicio de Noticias del Estado (SNE)

Viuda de empresario que murió en fallido rescate defiende la acción militar

343

Fernando Umaña Mejía, El Tiempo

Comunicado a propósito de la muerte de los diputados

345

Presidencia de la República

A propósito del informe de la Comisión Forense Internacional de la OEA sobre la investigación por muerte de diputados que estaban en poder de las Farc

349

Luis Carlos Restrepo Ramírez

Carta del Capitán Luis Mendieta a sus familiares

355

CUARTA PARTE

361

Verdades a medias en la campaña por la libertad de Íngrid Betancourt

363

Darío Acevedo Carmona

¿Por qué se multiplicó el secuestro?

365

José Obdulio Gaviria

No al intercambio humanitario

377

Diego Fernando Gómez

¿Rescate militar de los rehenes?

379

Alfonso Gómez Méndez

Al profesor Moncayo

381

Saúl Hernández Bolívar

Los potros de bárbaros atilas

Sobre la paz y el acuerdo humanitario en momentos de angustia nacional

383

Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam)

López y el mito del acuerdo

387

Jaime Jaramillo Panesso

El regalo de la palabra justa

389

Fernando Londoño Hoyos

Ponencia en el II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo

391

Alfonso López Michelsen

La muerte como estrategia

399

Alfonso Monsalve Solórzano

No hay causa noble o vil que justifique el secuestro

401

Francisco Mosquera Sánchez

Una lección de heroísmo

403

Eduardo Mackenzie

¿Rescate o acuerdo humanitario?

407

Eduardo Pizarro Leongómez

El secuestro: la tragedia colombiana

409

Eduardo Posada Carbó

Acuerdo humanitario: mapa de ruta

413

Alfredo Rangel Suárez

¿Qué buscan las Farc?

417

Luis Carlos Restrepo Ramírez

El acuerdo humanitario: decálogo de aclaraciones

419

Ernesto Samper Pizano

La libertad

425

Natalia Springer

Contenido

Un acto revolucionario

427

Natalia Springer

Manifiesto de los organizadores de la marcha del 4 de febrero

429

Prólogo

¿PRISIONEROS DE GUERRA?

José Obdulio Gaviria Vélez

Si la academia, los medios de comunicación, los analistas, hubiesen ido metódicamente a las fuentes de la consigna “¡Acuerdo Humanitario, Ya!”, habrían activado sus alarmas mentales. ¿Por qué? Porque quienes más enjundiosamente la agitaban eran los propios miembros de la organización secuestradora. En sus intervenciones públicas, Luis Edgar Devia, alias “Raúl Reyes”, jefe de la banda secuestradora, dijo y repitió lo siguiente:

Los políticos, policías y militares secuestrados, son nuestros prisioneros de guerra. Con ellos buscamos, ante todo, conseguir la liberación de la totalidad de guerrilleros que están en poder del Estado colombiano y también los extra- ditados a Estados Unidos. 1

En uno de los videos que solía enviar a congresos promovidos por sus aliados de la Coordinadora Continental Bolivariana, Devia hizo esta narración de los hechos que los llevaron a convertirse en secuestradores sistemáticos:

Años atrás las Farc tomaba en combates policías y militares y se los entregaba de nuevo a las instituciones a través de la Iglesia, la Cruz Roja Internacional y de otras autoridades. Pero ahora al ver la necesidad de que también se liberen a nuestros camaradas se pensó en que había que retenerlos hasta tanto se consiga la firma del acuerdo. 2

Y a la consigna “¡Acuerdo, ya!”, las Farc sumaron la del despeje. Su intención ostensible: tener un sitio geográfico convertido en algo parecido a una capital política –como un Yunan para Mao–, que diera la impresión de control territorial permanente y existencia de un “mando unificado del partido político que hace la guerra al Estado colombiano”. Dijo Devia, con estilo pomposo, de cuasiestadista:

Los potros de bárbaros atilas

Tenemos la propuesta del despeje, es decir, el retiro de la totalidad de la Fuerza Pública de los municipios de Pradera y Florida en el Valle del Cauca para podernos sentar con los emisarios del Gobierno a suscribir el acuerdo que ponga fin al cautiverio de las personas en poder de las dos partes. 3

Reyes tendió la trampa del concepto “prisioneros de guerra” y quienes entraron en ella, quienes picaron el anzuelo, quedaron irremisiblemente conde- nados a hacer una siniestra tarea para las Farc: legitimar la acción secuestra- dora, porque en sana lógica, se concluía que cada parte tenía prisioneros, es decir, un derecho adquirido sobre la libertad de los “retenidos”, que la facul- taba, también legítimamente, para proponer un canje o intercambio, previo “acuerdo” al que se calificó con un atractivo apelativo: humanitario . Para no entrar en discusiones –que a él debían parecerle sensibleras–, contra toda evidencia, Devia describió la vida de los secuestrados como una excursión voluntaria a sitios bucólicos:

Los prisioneros en poder de las Farc viven la misma vida que viven los guerri- lleros en la práctica, me refiero a la alimentación, comen de los mismos alimentos que tomamos los demás guerrilleros, reciben los mismos medica- mentos que se nos suministran a nosotros cuando estamos enfermos, la ropa igualmente. 4

Amarrarlos con cadenas a un palo, negarles movimiento, lectura y contacto con sus familias, era una concesión, no una conculcación:

son prisioneros a los cuales la guerrilla nuestra les presta seguridad, les presta vigilancia para impedir que sean raptados en cualquier momento por los comandos enemigos que lo hacen por tierra, lo hacen por agua o lo hacen por aire. Los encargados de cuidarlos pues tienen que cumplir esa misión de cuidarlos de cualquier peligro; eso implica ciertas privaciones de acuerdo a los riesgos que se corren. Si unas patrullas enemigas se acercan y hay esa informa- ción pues obviamente hay que pedirles que no hagan bulla, hay que pedirles que se levanten a ciertas horas, hay que pedirles que se muevan de un lugar a otro; desde luego son situaciones propias de la confrontación que generan en ellos algunas incomprensiones también e incomodidades. 5

Planteada la legitimidad del secuestro (prisioneros o retenidos); ofrecido el intercambio o canje por prisioneros suyos (guerrilleros); exigido el despeje para hacer el acuerdo; las Farc pusieron en marcha su amplio aparato de apoyo

¿Prisioneros de guerra?

externo y chantajearon a las familias de las víctimas para que exigieran el sometimiento del Estado a las Farc, so pena de asesinarlas o dejarlas abando- nadas en el fondo de la selva. Devia, en un proceso mental que no sé calificar, pero que evidentemente era patológico, hablaba a las familias de sus víctimas como su socio y adalid en la hazaña de remediar la injusticia cometida por el Estado. En su penúltima grabación, aplaudida a rabiar por estudiantes de varios países, Devia se condolió de que la “retención, que es producto natural de la guerra”, se prolongaba

ante todo la ausencia de voluntad que tiene el gobierno de Álvaro Uribe en el intercambio humanitario, por eso se niega (…) a despejar los municipios que hemos solicitado, contribuyendo a prolongar el dolor de los prisioneros y el dolor de sus familias, esperanzados en el acuerdo para regresar a sus familiares al seno de sus hogares. 6

Como antídoto a esa “ausencia de voluntad de Uribe”, Devia invitaba a la comunidad internacional para que fuera su cómplice. La libertad de los “prisioneros de guerra”, dependía, según él, de

la presión que se haga tanto nacional como en el exterior, depende de los gobiernos y otras entidades que contribuyan a explicarle a Uribe que la única salida para la liberación de los prisioneros es el acuerdo, es la firma del canje, implica desmilitarizar los dos municipios.

Y como si hablara de un asunto político y no del martirio terrible de los secuestrados, Devia decretaba que

sin esta condición (despeje) yo quiero dejar claro, una vez más, es imposible sentarnos a dialogar con el gobierno de Álvaro Uribe, porque por encima del interés de dialogar con un gobierno, está proteger la vida de los prisioneros y de los que van a sentarse allá a dialogar con los representantes del gobierno. Las Farc no tenemos la más mínima confianza en un gobierno como el de Colombia presidido por el jefe de la narco-parapolítica que tanto daño le causa a nuestro país. 7

En 2001, la revista parafarquiana Marxism nos informó sobre el cinismo con el que Devia intentaba doblegar la voluntad de los familiares de los secuestrados:

Los potros de bárbaros atilas

Las Farc han invitado dos veces a las madres y esposas de soldados prisioneros para explicarles su situación y transmitirles sus noticias, procurando romper con la inercia del gobierno de no reconocerles sus derechos: si están prisio- neros que les paguen el salario a su familia. Si han muerto en combate que les paguen la pensión. Si las Farc ofrecen un CANJE, pues intercambiar esos prisioneros, aunque vivan mejor los soldados en la selva, que los guerrilleros en las infrahumanas cárceles colombianas.

Este libro del Centro de Pensamiento Primero Colombia, es una contribu- ción al trabajo pedagógico que sobre un tema crucial, el secuestro en Colombia, vienen haciendo el Presidente, el Vicepresidente y el Alto Comisionado de Paz. Pretendemos que su estudio por parte de las personas de buena voluntad,

los mediadores, las familias de los secuestrados, los medios de comunicación y los analistas internacionales, aporte todos los elementos de juicio y permita hacer una exacta composición de lugar. Pretendemos que, por ejemplo, todos los que somos enemigos del terro- rismo (el secuestro colectivo es terrorismo), sepamos defender un acervo que yo llamaría nuestro mínimo común conceptualizador:

1. Que la toma de rehenes (secuestro) es delito de lesa humanidad y que Colombia, una democracia legítima y en profundización, no admite que organizaciones terroristas secuestren a sus servidores públicos –policías, soldados, conce- jales, diputados, representantes o senadores–; menos que ese crimen sea defi- nido como un acto legítimo de guerra, o toma de “prisioneros de guerra”.

2. Que debemos neutralizar la clasificación que hace que ingenuamente se le pida a las Farc que cese el acto ilegal (toma de rehenes de la población civil o secuestrados), pero que se acepta la legitimidad y justicia de un “acuerdo humanitario” para “intercambio de prisioneros de guerra entre las partes del conflicto interno armado o guerra civil” (policías y soldados por guerrilleros en la cárcel).

3. Que los policías y soldados de Colombia no hacen la guerra. No son comba- tientes sino servidores públicos. Prestan un servicio de seguridad, función principal del Estado. Portan las armas en el ejercicio del monopolio estatal de la fuerza, para proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

4. Que atentar contra policías y soldados es incurrir en delitos comunes, agra- vados por su carácter de funcionarios públicos. Atacar a la fuerza pública no es protagonizar “actos de combate en un conflicto interno armado”; secuestrar policías no es tomar prisioneros de guerra. O: ¿algún otro Estado, está dispuesto a declarar que comprende la legitimidad de los

¿Prisioneros de guerra?

ataques contra sus policías, cuando ellos provengan de individuos que se declaren en rebeldía?

5. Que las Farc, con absoluto desprecio de la ley, de los derechos humanos y de la ética política, decidieron que tenían derecho a practicar el secuestro e, incluso, desarrollaron una clasificación: secuestro “político” y secuestro “económico” y a las víctimas las llamaron genéricamente “retenidos” o “prisioneros de guerra”.

6. Que el mundo debe repudiar el documento de 1998, firmado por decenas de juristas europeos y dirigido a los dos “comandantes de las fuerzas beli- gerantes del conflicto interno armado de Colombia”, “Manuel Marulanda” (Farc) y Andrés Pastrana (Presidente), justificatorio del secuestro y base

teórica en la que se ha sustentado la viabilidad política y jurídica del canje y del acuerdo humanitario, por el cual vienen presionando las Farc. El conte- nido de ese texto ha sido objeto de una gran apología por parte del Comité Permanente de los Derechos Humanos y por el Instituto del Pensamiento Liberal (el documento se reproduce en las páginas 363 de este libro).

7. Que: (a) las Farc no son contendientes legítimos del Estado. (b) debe hablarse siempre de rehenes o secuestrados y no de retenidos o prisioneros. (c) el Gobierno tiene todo el derecho a imponer a los guerrilleros de las Farc que sean liberados, la condición de no reincidir en la asociación criminal. (d) los guerrilleros no son prisioneros políticos y su liberación anticipada es un acto unilateral del Estado y no un canje de prisioneros de guerra con las Farc.

(e) las personas que están en poder la de las Farc son ciudadanos inocentes,

rehenes, no prisioneros políticos. (f) estamos ante una violación de los dere- chos humanos que no se rige por el DIH o procedimiento de canje. (g) llamar terroristas a los guerrilleros no es boicotear un acuerdo y una negociación.

(h) todo el procedimiento de las Farc tiende a que el Gobierno firme un

acuerdo por fuera de las normas vigentes con lo que pretenden dejar sentado que ellos están por encima de nuestra ley penal. (i) mediante eficaces proce- dimientos de propaganda, las Farc lograron engañar a muchos ciudadanos que olvidan el problema crucial, el secuestro, y repiten la tesis de Devia: el gobierno tiene mala voluntad y no oye el clamor humanitario. (j) las Farc no han permitido que negociadores suyos se reúnan con el Gobierno, porque para ellos la libertad de los secuestrados no es un fin sino un medio para hacer política y mantenerse vigentes. (k) Las Farc no han dado un solo paso sincero tendiente a negociar la libertad de los secuestrados. (m) los familiares tienen que presionar a las Farc, no al Gobierno. El Gobierno es su aliado.

Los potros de bárbaros atilas

Este libro es una contribución a la lucha para derrotar esa confusión

internacional que lleva a la denominación de los legítimos actos de fuerza o autoridad del Estado colombiano como actos de guerra. ¿Por qué algunos se atreven a denominar “asesinato” la baja de alias “Raúl Reyes”, un individuo que se la pasaba negociando secuestros como si se tratara de intercambio de mercancías legítimas? ¿Por qué anda tanta gente por el mundo –presidentes

y ministros incluidos– usando términos como “acuerdo para intercambio

humanitario de prisioneros de guerra, canje y despeje de territorio”, cuando se refieren al secuestro en Colombia? Quienes hablan así están equivocados. En dos tomos anteriores de esta colec- ción hemos intentado demostrar que están perdidos en los vericuetos de una inco-

rrecta formulación teórica (excepción hecha, claro está, de los propios interesados, las Farc y el Eln, quienes sí tienen un interés directo en la mala formulación). Que este libro nos ayude a entender que el asunto no es tan intrincado

y complejo como nos lo han hecho creer. Que realmente es fácil zafarnos del cabestro discursivo que nos impusieron algunos académicos y publicistas vanidosos. Que la caracterización que a ellos les pareció en su momento (1996) una verdadera genialidad (“estado de conflicto interno armado de carácter político, económico y social”, es decir, guerra civil)”, no se sostiene un segundo cuando se contrasta con los hechos. A los colombianos, con la firma del Convenio con las Naciones Unidas y

la instalación de la Oficina del Alto Comisionado (1996), se nos metió en la

casa cierto lenguaje hostil de los expertos internacionales. Ellos suelen ver a los policías y soldados colombianos como “la bota militar” y no como agentes de “la ley y el orden”. De ahí que haya ocurrido que a nuestros policías y secuestrados los consideren, algunos, “prisioneros de guerra” o “personas privadas de la libertad por motivos relacionados con el conflicto armado”. Distinción nefasta, injusta, cruel y traicionera.

Notas

1. Últimas palabras del comandante “Raúl Reyes”. En Internet http://www.youtube. com/watch?v=NjgEKS_YWmo

2. Íd.

3. Íd.

4. Íd.

5. Íd.

6. Íd.

7. Íd.

Acerca de esta antología

BREVES PALABRAS SOBRE UNA INFAMIA

Libardo Botero Campuzano

… los heraldos negros que nos manda la Muerte

César Vallejo

Al iniciar la selección de textos para este volumen, tuve de pronto un pálpito:

el tema no debiera ser propiamente el “acuerdo humanitario”, no; el punto focal debía ser el secuestro, esa empresa infame que se enseñoreó de Colombia hace décadas, sobre todo por obra y gracia de los grupos guerrilleros. En un principio había planeado solo dos grandes componentes para la presente recopilación: las posiciones del presidente Uribe y del gobierno alre- dedor del “acuerdo humanitario”, de un lado; y de otra parte el debate que se ha generado en torno a esos criterios, lo mismo que frente a las propuestas de la guerrilla y de otros sectores o personalidades. Con la nueva óptica me dediqué entonces a hurgar por distintos rincones en búsqueda de material apropiado para el libro, a fin de incluir distintos documentos, sobre todo testimonios de los secuestrados, en particular de los llamados impropiamente “políticos”. En esa empresa andaba, cuando de repente me topé con el portal de Internet Las voces del secuestro (www.lasvocesdelsecuestro.com), que reúne una infor- mación bastante amplia sobre tan ominoso delito. Los plagiados se encuentran allí clasificados en cuatro categorías: secuestrados, desaparecidos, muertos, liberados. La cantidad de nombres reunida es impresionante, aunque no están todos. Me propuse, para el caso, buscar algunos que conozco –¡quién no tiene un familiar o un amigo que esté o hay estado secuestrado!– y no los hallé. Escogida la categoría, se puede consultar una lista clasificada en orden alfabético, con información detallada de persona por persona. Basta hacer clic en cualquier nombre y aparece de inmediato la descripción básica del caso, a veces con mucho detalle, a veces muy simple. Al final, se abre un espacio para los mensajes. Unos, los más anónimos seguramente, carecen de ellos. Los de más renombre tienen por lo regular un listado grande. Familiares, amigos, desconocidos que escriben desde los lugares más insólitos, en fin, personas de

Los potros de bárbaros atilas

toda índole, estampan sus llamados a la fortaleza, sus clamores, sus oraciones, sus reclamos, sus quejas, su dolor… Luego de repasar varios nombres conocidos ensayé con otros, para mí desconocidos. Entonces, por azar del destino, en el sitio de cualquier secues- trado olvidado hallé un solo mensaje. Alguien colocó allí el hermoso e impre- sionante poema de César Vallejo, que creo no había vuelto a leer desde mi adolescencia, Los heraldos negros. Ahora, colocado frente al drama del secuestro, pude entender mejor aquellos versos lúgubres y tristes, enigmá- ticos, teñidos de la cólera y la desazón que provoca la pérdida incomprensible de un ser querido, acongojados y profanos. Decidí entonces que en algún lugar del libro debía colocarlos, como testimonio de una sociedad atropellada por el oprobio. Y qué sitio mejor que en esta introducción.

Hay golpes en la vida, tan fuertes

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma

¡Yo no sé!

¡Yo no sé!

Son pocos; pero son

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán talvez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Abren zanjas obscuras

Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Pobre

¡pobre! Vuelve los ojos, como

Hay golpes en la vida, tan fuertes

¡Yo no sé!

Es el grito rabioso y desesperado de quien ha recibido un golpe espan- toso, como le ha sucedido a miles y miles de colombianos con este flagelo.

… los potros de bárbaros atilas

Breves palabras sobre una infamia

Pero ¿quiénes son los responsables de esta calamidad, que es una afrenta para Colombia? No hay que remontarse demasiado, para encontrar las raíces en nuestro pasado reciente. Como lo han señalado estudiosos del tema 1 , este delito era prácticamente inexistente en Colombia, a tal punto que ni en la llamada “violencia” de los años cincuenta del pasado siglo alcanza casi a registrarse. En los años sesentas del siglo XX, en medio de la fiebre revolucionaria que contagió al Continente, los primeros grupúsculos alucinados que dieron origen a la tragedia de la violencia que todavía nos aflige, se creyeron autorizados para apelar a cualquier medio para financiar su desatinada empresa, ante la carencia de respaldo de las masas populares, a las cuales, en sus delirios, pensaban dizque redimir. Ese fue el origen de la peste. El país fue víctima de allí en adelante de la saña de esas hordas feroces, quedando sus campos y ciudades en pocos años, asolados por los potros de bárbaros atilas. No tuvieron que hacer mucho esfuerzo para convencerse de que dicha práctica delincuencial podría santificarse como revolucionaria, porque les bastó repasar el trajinar de sus mentores cubanos, para encontrar que éstos habían inaugurado tan reprochable mecanismo, con el célebre secuestro de Juan Manuel Fangio, el famoso piloto de carreras argentino, en febrero de 1958, ya en los estertores del régimen de Batista. Sin contar que los cubanos fueron también los pioneros del secuestro de aviones, por la misma época. Ese fue el comienzo de la sarta infinita de plagios que se regaron como pólvora por toda Latinoamérica, y que han mancillado una causa que, por su misma esencia, debe repudiar tan innoble y vandálico proceder. Colombia no fue la primera en seguir el ejemplo nefasto, pero, por desgracia, fue en nuestro suelo donde más se aclimató y perduró. La inaugu- ración criolla del pavoroso recorrido corresponde a un grupo bajo el mando directo de Pedro Antonio Marín (alias “Tirofijo” o “Manuel Marulanda”), que en marzo de 1965 plagió a Harold Eder, notable empresario y ex ministro vallecaucano, asesinado unos días después por sus captores ante la arremetida militar para obtener su rescate 2 . Eran los preparativos para la creación de las Farc como tal, que se verificaría un año después, cuando se realizó la Segunda Conferencia de esa facción. Una de sus decisiones centrales fue la de utilizar “otras fuentes de financiación” diferentes al apoyo de “las masas”. Consta en innumerables documentos que a partir de allí las Farc implementaron tal mecanismo con notables réditos económicos, que les sirvieron para multipli- carse y extenderse.

Los potros de bárbaros atilas

Al poco tiempo fueron seguidos por el Eln, nacido también en los sesentas. Pensaron excluir esa práctica en un comienzo, pero al poco abandonaron la idea, pues su uso se había generalizado en las toldas “revolucionarias” del Continente. Su más sonado secuestro, en los albores de su existencia, fue el del ex ministro Fernando Londoño y Londoño en 1970. Después de casi desaparecer en la segunda mitad de los setentas, un jugoso chantaje a una

trasnacional petrolera, la Mannesman, les permitiría resucitar, para desgracia de Colombia. De allí en adelante no se pararían en escrúpulos, hasta llegar

a los escalofriantes casos del avión de Avianca en 1999, y el de decenas de

feligreses en la iglesia La María, de Cali, ese mismo año. El calvario de los plagiados en la selva fue de una crueldad pavorosa. Para comienzos de los setentas todos los grupos estaban desbocados. El Epl, también nacido en la década anterior, que tenía una presencia más loca- lizada, devastó sin piedad a regiones enteras de Antioquia y Córdoba. Pero, como si lo anterior fuera poco, en los años setentas entró en escena el M-19, que pagó los costosos y engañosos avisos de prensa que festinaron su apari- ción utilizando los fondos de un secuestro, cometido conjuntamente con las Farc. Los noveles insurgentes, de presencia sobre todo urbana en sus primeros años, se dedicaron a retener “peces gordos”, esto es, connotados empresarios nacionales y extranjeros, que les proveyeran de dinero en grande para llenar sus faltriqueras. Sin embargo, no dudaron en combinar los plagios “econó- micos” con los “políticos”, como ha sido la cruel usanza de todos los destaca- mentos rebeldes. Inauguró el M-19 estos segundos en 1976, plagiando no a un encopetado

dirigente de “la oligarquía”, sino a un humilde dirigente sindical, José Raquel Mercado, presidente de la CTC, quien fue vilmente asesinado en el cautiverio. Después no se detendrían. Basta recordar la toma de la embajada de Repú- blica Dominicana, o la del Palacio de Justicia, que produjo la inmolación de

la misma Corte Suprema.

La afrenta a la sociedad causada por el desbordamiento de este fenó- meno delictivo no iba a quedarse sin respuesta. En su alocada carrera, el M-19 secuestró a comienzos de los años ochentas a Marta Nieves Ochoa, dama perte- neciente a una de las familias mafiosas más poderosas del país; la retaliación no se hizo esperar y los plagiarios tuvieron que recular. Como consecuencia de tan desatinado secuestro, los clanes mafiosos crearon el grupo Muerte a Secuestradores (MAS), que todos los analistas coinciden en señalar como el primer grupo paramilitar en Colombia. Ya las Farc habían secuestrado en

Breves palabras sobre una infamia

algún momento a Gonzalo Rodríguez Gacha, capo del cartel de Medellín. Por esa misma época, ganaderos, agricultores, comerciantes pequeños, medianos

y grandes, empiezan a organizarse en el Magdalena Medio, epicentro de la

ofensiva de las Farc, que tenía asoladas aquellas comarcas, para enfrentarla por la fuerza ante la inacción o incapacidad del Estado. Daniel Samper Pizano lo reconoció así en su columna de El Tiempo en aquel entonces. Más tarde, los paramilitares recurrirían también al atroz proceder del secuestro, aunque, a decir verdad, nunca alcanzaron, ni en saña ni en número, a sus preceptores. Con el ascenso del narcotráfico el fenómeno se amplió. No solo porque paramilitares y narcotraficantes, lo mismo que la delincuencia común, apelaron

sin escrúpulos a tan vil procedimiento, sino porque esta nueva actividad ilícita proveyó con sus voluminosos recursos económicos, la leña que requerían éste

y otros tipos de delitos para multiplicarse en Colombia. Si bien el plagio, y en

particular el plagio con finalidades políticas, no tuvo para la mafia ni para los paramilitares la misma importancia que para la guerrilla, igual recurrieron a él sin pararse en pelillos. Quién no recuerda la campaña de secuestros empren- dida por el cartel de Medellín para presionar la inclusión de la no-extradición en nuestra Carta Magna, a principios de los años noventas, logrando, como es sabido, al menos temporalmente, sus proditorios propósitos. A partir de 1997, las Farc deciden utilizar el secuestro como herramienta para lograr su reconocimiento como “fuerza beligerante”, acudiendo en prin- cipio a la retención de militares, a fin de pedir un “canje” de “prisioneros de guerra”. Los gobiernos de Samper y Pastrana cayeron en la celada y pactaron con aquel grupo “acuerdos humanitarios” para la liberación bilateral o unila- teral de guerrilleros o militares. En lugar de “humanizar” la supuesta “guerra”, de morigerar sus efectos, el país vivió a partir de allí una escalada de secues- tros, y en los primeros años de este siglo sobre todo de secuestros de civiles, no solo como arma de presión para el reconocimiento de la beligerancia, sino como herramienta para buscar imponer al país las pretensiones de las Farc. En ese punto estamos hoy. Ante un chantaje inicuo. Que suma a la crueldad de la retención por años y años de un grupo de compatriotas, en las condiciones más degradantes y crueles, la desvergüenza de sus captores de posar de campeones del humanitarismo y la clemencia. A lo cual algunos políticos y académicos, lo mismo que familiares de los secuestrados, por diversas y contradictorias razones, le hacen el juego, invirtiendo los términos de la ecuación y colocando al gobierno como el que entorpece la solución del problema. La distorsión alcanza a ratos tal dimensión que termina pare-

Los potros de bárbaros atilas

ciendo que los secuestros fueron cometidos por la guerrilla con el propósito de realizar el gesto humanitario de devolverlos, pero que tan loable cometido no se puede alcanzar por la obstinación del gobierno. Casi como si fueran secuestros humanitarios. Bueno, pero ese tema, del cual no me ocuparé en esta introducción, es objeto de la más amplia consideración en los diversos escritos recopilados en este libro. Tampoco es nuestra pretensión hacer una historia del fenómeno del secuestro en Colombia. Sería interminable, y además rebasaría nuestras muy limitadas capacidades de narración. Los horrores cometidos son espan- tosos. Aunque, para bien de nuestra sociedad a la fecha hayan descendido en número, no cesan en crueldad. La situación actual de las víctimas utilizadas como mercancía para el mal llamado “intercambio humanitario” ha llegado a extremos de iniquidad inconcebibles. Queremos decir solamente, para rematar este punto, que en el prontuario

de estos grupos al margen de la ley, pero sobre todo de la guerrilla, y en nadie más, recae la responsabilidad histórica de haber generado semejante tragedia nacional. Responsabilidad de haber convertido a Colombia en el país con el mayor número de secuestros en el mundo desde hace varios lustros. Respon- sabilidad de haber sometido a decenas de miles de personas y a sus familiares

y amigos a tan repudiable práctica, que lesiona los más elementales preceptos

de la dignidad humana, del derecho a la libertad y a la vida. Afortunadamente

el Estado en los últimos años, bajo la firme conducción de Álvaro Uribe Vélez,

ha enfrentado con valor el desafío de los violentos, gracias a lo cual el país empieza a presentir que el final del holocausto está cerca. No sigamos sin ofrecer un somero panorama estadístico del secuestro en

el país, sobre todo en el período de su auge. Según un estudio de la Contraloría

General de la República 3 , que cubre los años 1981 a 2003, se encontraron registros de 31.827 secuestrados. Habían muerto en cautiverio 2.147, se habían fugado 121, fueron liberados por presión de las autoridades 519, fueron resca- tadas por organismos de seguridad 5.028, y encontraron su libertad por otras razones 12.626 (pago de rescate en su mayoría). Del total, para 2003 perma- necían cautivos o desaparecidos 9.040. Y este dato escalofriante: el promedio de duración de los secuestros era de 3 a 6 años. Las estadísticas no mienten:

más de la mitad de los plagios eran cometidos en el país por la guerrilla, a cuya cabeza estaban las Farc. Como se ve, la efectividad de las autoridades en los rescates es alta: más de 5.500. Se observa también que la muerte de secuestrados en cautiverio, que

Breves palabras sobre una infamia

supera los 2.000, en su inmensa mayoría obedece a causas distintas a intentos de rescate; las Farc, de nuevo, son las que más plagiados asesinan en cauti- verio. Pero el problema es que este delito ha gozado de una impunidad tan alta, que prácticamente existía una patente de corso para los delincuentes. De acuerdo con el mismo informe de la Contraloría tan solo el 6% de los plagios había sido resuelto por las autoridades judiciales, de modo que existía el 94% de probabilidad de que quien lo cometiera no llegara nunca a ser judicializado. El riesgo era casi ninguno. Sin embargo, los estudios hablan solo de secuestros de los cuales se tiene información. Todos coinciden en señalar que un número elevado –que puede ser otro tanto– nunca es denunciado. La cifra total y el daño causado son incal- culables. De dimensiones catastróficas, en todo caso 4 .

Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema

¿Y en virtud de qué razones –si es que pueda pensarse que las haya– justifican los plagiarios sus atrocidades? Un repaso somero, no exhaustivo, de algunas de las justificaciones que esgrimen, nos llevan a concluir con el poeta que tales elucubraciones no son otra cosa que la degradación suma, las caídas hondas de los Cristos del alma, de la doctrina revolucionaria, alguna fe adorable que el Destino blasfema. La degradación se inició, como relatamos arriba, con la Revolución Cubana. Citábamos el secuestro de Juan Manuel Fangio en 1958 quien, pasado un tiempo, fue homenajeado por sus captores cuando asumieron el poder en la isla. En un mensaje firmado por “sus amigos los secuestradores” le expresaron 25 años más tarde, que aquel episodio

más que secuestro y detención patriótica, sirvió, junto con su noble actitud y su justa comprensión, a la causa de nuestro pueblo, que siente por usted viva simpatía, y en nombre del cual lo saludamos al cabo de un cuarto de siglo 5 .

Dejemos a un lado el cinismo de quienes felicitan al plagiado por su contri- bución a “la causa de nuestro pueblo”. En el mensaje se halla condensada, en una expresión lapidaria, la esencia de la deformación: ¡no es un “secuestro”, es una “detención patriótica”! A partir de allí, todos los oprobios estaban justi- ficados en nombre de una causa.

Los potros de bárbaros atilas

Si efectuamos un repaso ligero de nuestro historial político, encontramos las razones y sinrazones que han tenido los secuestradores de toda laya, para adentrarse sin vergüenza por los vericuetos de tan detestable criminalidad. Para que sirvan a nuestra memoria histórica, he querido consignar algunas de tan deleznables y repudiables expresiones, que podrían colgarse en un muro de la infamia, para escarnio ante la opinión pública, con las fotos de sus autores, al lado de las de los violadores de menores. Sin seguir ningún orden especial, empecemos por el M-19. Varios de sus antiguos miembros gozan hoy de los gajes del indulto y la amnistía que les fueron concedidos hace más de tres lustros, y son a la vez los críticos más acérrimos del gobierno actual, manifestando una intolerancia suma frente a procesos de reinserción en marcha, mucho menos benévolos que los suyos. Repasar solo el drama del secuestro protagonizado por este grupo, nos pone los pelos de punta. Decíamos que su primer gran secuestro fue el de José Raquel Mercado. Con el cinismo que lo caracterizó, Jaime Bateman, jefe del M-19, justificó el magnicidio pontificando sobre la forma de aconductar a los trabajadores mediante tal procedimiento:

Interpretamos al pueblo cuando juzgamos y ajusticiamos a un traidor de la clase obrera… El juicio y ajusticiamiento a Mercado le abrió nuevas perspectivas al movimiento sindical… Demostró hasta dónde llegaba su podredumbre… Despertó a muchos dirigentes obreros quienes se dieron cuenta que su función no era la de traicionar a los trabajadores colombianos. La gente oyó nuestro mensaje: (…) Hermano, aquí hay que comportarse. Hermano, aquí no se le pueden hacer jugadas chuecas a la clase trabajadora. (…) No quiero decir con eso que el movimiento sindical ya sea puro ni que haya cambiado totalmente. Pero después de la muerte de Mercado, se le abrieron nuevos caminos a la unidad sindical colombiana. (…) El M-19 despegó con la muerte de Mercado. ¡Despegó mil veces, mil veces, mil veces! 6

Vaya manera de “abrirle caminos a la unidad sindical” y de conseguir el “despegue” de semejante grupo. A propósito: ahora que ciertos dirigentes polí- ticos y sindicales –no pocos discípulos o viejos militantes de aquella fatídica agrupación– posan de defensores de los sindicalistas y denuncian la violencia contra éstos, valdría la pena que recordaran quién desató en el país esa ordalía. La justificación más común es tal vez la que coloca al secuestro como un arma indispensable dentro de las confrontaciones bélicas. Tanto éste como

Breves palabras sobre una infamia

otros delitos, estarían autorizados para acompañar las acciones armadas, sin que tuvieran el carácter de crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad. Bateman, como sus compinches de los otros grupos, lo pregonaron cada que tuvieron oportunidad. Dijo, por ejemplo: “Ellos los llaman delitos atroces y como tal los consideran pero son acciones inherentes a la guerra. La guerra se hace así”. 7 Otra constante entre los alzados ha sido la de otorgarle cierto tinte de impuesto legítimo a la extorsión que regularmente acompaña los plagios. Las variantes de su apología son numerosas, pero no resistimos el deseo de citar esta perla de Bateman, quien en su afán de aparecer como muy astuto, dice una simple y llana estupidez.

A nadie, y menos a nosotros, le gusta el secuestro. ¡Nosotros preferiríamos mil veces no vernos obligados a secuestrar gente! Pero como el Estado no tiene un impuesto destinado a financiar la revolución de los pobres; y como los que tienen dinero no lo aflojan a las buenas; y como no queremos ser una organi- zación revolucionaria financiada por la Unión Soviética o cualquier otro país extranjero y dependiente de él, no nos queda más remedio que secuestrar a unos pocos oligarcas. (…) Queremos hacer un secuestro más, uno solo, pero que nos deje unos tres millones de dólares…. Así solucionaríamos definitivamente, con un costo político muy bajo, el problema económico de la revolución. 8

Haciendo a un lado las cínicas declamaciones sobre su aversión al secuestro, da grima la pobreza de la argumentación lanzada para sustentar su uso: ¡que el Estado y la oligarquía no tienen un impuesto destinado a financiar la revolución contra ellos mismos! Algo así como decir: nosotros decidimos acabar con ustedes, pero como ustedes no nos dan voluntariamente el dinero para hacerlo, los secuestramos para obligarlos a entregárnoslo. El Eln ha tenido un comportamiento un poco diferente a las Farc en algunos aspectos de su táctica. Por ejemplo, le ha otorgado menos peso a su financiación por medio del narcotráfico. En consecuencia, ha colocado más énfasis en el secuestro y la extorsión. De allí que, pese a que las Farc tienen la delantera en este delito en el país, el Eln los han seguido de cerca, aunque son una agrupa- ción sensiblemente menos fuerte. Su resistencia a cesar de hacerlo, incluso para pactar un cese del fuego, ha sido uno de los factores que más ha entorpecido por años cualquier avance para iniciar un acuerdo de paz con esta organización. Le cabe también al Eln el mérito de haber producido la teorización más acabada del secuestro como arma revolucionaria. Han insistido por años que

Los potros de bárbaros atilas

no se trata de secuestro, sino de “retenciones”. A su jefe ya fallecido, el cura Manuel Pérez, pertenece esta tesis, muy a tono con cierta doctrina jurídica muy conocida:

…existe una diferencia entre el secuestro y la retención que es preciso aclarar:

el secuestro es un acto, criminal, realizado por la delincuencia común que tiene por finalidad el interés personal de quienes cometen el delito; la retención fundamentalmente es una acción política, cuya finalidad está determinada por objetivos de bienestar colectivo, en el marco de un proyecto histórico de trans- formación social liderado por una organización revolucionaria. 9

De nuevo el “altruismo” salta como justificación de la atrocidad. Dos observaciones nos merecen esta aseveración. La una, lo deleznable de argu- mentar que las intenciones borran la naturaleza del delito. Ese tema fue objeto del primer tomo de esta colección y no nos vamos a detener ahora en él. Seña- lemos simplemente que sustentó la tesis, en los años ochentas del siglo pasado, de que los delitos atroces podían considerarse “conexos” con el de rebelión y “subsumirse” en éste, siendo por tanto objeto de indulto y amnistía, sin que requirieran ningún castigo especial. Así lo llegó a aceptar el Estado, lamen- tablemente, a mediados de aquella década. Sin embargo, no fue una decisión fácil. Sectores importantes de la dirigencia política y de la opinión pública eran reacios a semejante concesión. Pero los dirigentes guerrilleros de entonces, como Oscar William Calvo del Epl, que negociaba un acuerdo de paz con el gobierno de Betancur, no dudaban en reconocer que su facción tenía secues- trados y que no había manera de cubrirlos con el indulto si no se aceptaba esa asimilación del secuestro como “delito político”. Si no fuere así, explicó Calvo con franqueza: “Yo tendría que arreglar mi mochila e irme p’al monte” 10 La segunda observación es que se apela, además de los “objetivos de bienestar colectivo”, al argumento de que son actos que se dan en medio de un proyecto “liderado por una organización revolucionaria”. O sea: en la “reten- ción” hay “nobleza” en la intención, se busca “beneficio colectivo”, y su responsabilidad recae en una “organización” y no en un individuo. El secuestro en cambio es realizado por “delincuencia común”, con “interés individual”. He ahí precisa la diferenciación. Y la reseñamos porque desafortunadamente en algunos círculos dirigentes del país se ha intentado minimizar la gravedad de algunos delitos con argumentos que posan de ingeniosos, pero acusan una gravedad inocultable. Hace varios años se expresó cosa parecida sobre el narcotráfico. Una comisión de “notables”, conformada a fines de 1989 y

Breves palabras sobre una infamia

principios de 1990, con el fin de negociar con los carteles de la droga, propuso un tratamiento “más indulgente” para el narcotráfico, a cambio de que los mafiosos abandonaran sus actividades. 11 Sin embargo, hubo una connotación preocupante en la sugerencia de beneficios a los delincuentes: la de relacio- narla con características “sui generis” de este delito. Dicen en un memorando para el gobierno los citados “notables” que

…el narcotráfico o narcoterrorismo es un delito sui generis que ha ido evolucio- nando en los últimos años hasta convertirse en un delito colectivo cuyas carac- terísticas lo distinguen de otros procedimientos criminales. El delito común es por lo general, la obra de un solo individuo, el delito político, en cambio, no es concebible sino como un delito colectivo… El narcotráfico había sido tradi- cionalmente un delito individual… Con el tiempo, como lo comprueba el caso colombiano, el delito del narcotráfico es en la práctica un delito colectivo. 12

La equiparación del narcoterrorismo a un “delito político”, por ser cometido no individual sino colectivamente, por organizaciones dedicadas a ello, tiene una identidad evidente con similar razonamiento del Eln para el secuestro. Esa consagración de delitos atroces como políticos por tan notables personajes fue, sin duda, un signo más de la decadencia moral de buena parte de nuestro liderazgo histórico, otro paso terrible en las caídas hondas de los Cristos del alma. De allí a abogar que se aceptara el “canje”, disfrazado de “acuerdo huma- nitario”, dándole categoría de herramienta de lucha política al secuestro, no había sino un paso. Que no tardó en darse. Fue Alfonso López Michelsen el encargado de la tarea, adelantándose casi una década a las absurdas propuestas de Hugo Chávez a principios de 2008, que tan rotundo rechazo nacional e internacional han tenido. Dijo López en 1999:

He llegado por mis propios medios a la conclusión de que para legitimar el canje se impone previamente una declaratoria de estado de beligerancia, o sea, admitir que solo bajo la vigencia del estado de guerra puede procederse a nego- ciar sentencias judiciales de cierta categoría. (…) Para el suscrito, desde un punto de vista semántico, con repercusiones legales inescapables, es mucho lo que se aclara, porque ya no se hablará más de “secuestrados” sino de “prisio- neros de guerra”, que es lo propio, y, de la misma manera, el canje no se vincu- lará exclusivamente a las figuras del Código Penal colombiano, sino a los usos y prácticas propios de los conflictos armados. 13

Los potros de bárbaros atilas

¡Ya no se hablará más de secuestrados sino de prisioneros de guerra, que es lo propio, según el autor de la propuesta: he ahí sintetizada la transmutación de la atrocidad y la barbarie en medio lícito de adelantar una lucha! El capítulo final de esta historia lo constituye la postura de las Farc. Es requetesabido que son los mayores secuestradores no solo de Colombia sino del orbe entero; que lo utilizan en todas las formas y con todo tipo de personas, sin respetar niños ni ancianos, mujeres ni hombres, negros ni blancos, ricos ni pobres; que su grado de crueldad no conoce límites. Que desde 1997 se propu- sieron utilizarlo como herramienta diabólica para tratar de doblegar al Estado imponiéndole un absurdo “canje”. Sin embargo, si repasamos la farragosa y escabrosa literatura de dicho grupo, nos sorprendemos del cinismo infinito de sus palabras. Su insania no tiene parangón. Contradiciendo por entero sus actos, han edificado una montaña de falacias y mentiras inconcebibles, que a quien no los conociera de autos pensaría en que podrían ser incorporados a la Urbanidad de Carreño, cuando en verdad, para el común de los colombianos no merecerían más que ser convertidos, en la pluma de Borges, en el relato máximo de su Historia Universal de la Infamia.

Y el hombre

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos…

Pobre

¡pobre! Vuelve los ojos, como

… y encuentra, como cualquiera puede hacerlo, hurgando en la maraña de declaraciones, entrevistas y comunicados de los plagiarios, para su asombro y mayor crueldad, este increíble rosario de principios eminentes, que pudiera bautizarse El decálogo de la perversidad, auténtico protocolo de “ética” y “sentido de humanidad”, que –¡no lo habíamos advertido!– está destinado a salvar a la patria adolorida. Helo aquí, como remate de esta introducción:

Primer Mandamiento.- Las Farc no son una organización narcoterro- rista sino una organización revolucionaria regida por principios éticos y respe- tuosa de la población civil. “Manuel Marulanda” no vacila en negar la sindicación:

-¿Qué piensa cuando el Ejército les califica de narcoterroristas? -Ha hecho toda la vida una campaña contra nosotros y en eso está equivocado porque, de verdad, nosotros no dependemos de la coca ni vivimos de ella. 14

Breves palabras sobre una infamia

El denominado “canciller” de las Farc, Rodrigo Granda, se extiende más sobre el tema:

Lo que sí tiene que quedar claro, y lo hemos demostrado ante la comunidad nacional e internacional es que las Farc-Ep no somos, de ninguna manera, ni de lejos, narcotraficantes. No estamos mezclados en la producción, transporte, comercialización o exportación de narcóticos. Por el contrario, Las Farc-Ep está dispuesta a trabajar con la comunidad internacional y con el mismo gobierno de los Estados Unidos en la solución de este grave problema que azota al mundo. Nuestra organización ha implementado el cobro de un impuesto a los compra- dores de la pasta de coca que tienen que entrar a las áreas donde estos cultivos existen y nos movemos nosotros; este cobro se efectúa como forma de control a los abusos cometidos contra los campesinos cultivadores. Desde luego noso- tros no cumplimos funciones de policía. Es el Estado colombiano el que debe controlar esta áreas y este, hasta el presente, ha sido incapaz de hacerlo, a pesar de los miles de millones de dólares aportados por el gobierno de EEUU para acabar con este negocio. Además, hay que tener en cuenta que el dinero prove- niente por ese impuesto es una cantidad ínfima frente a los gastos del aparato militar de las Farc-Ep. En cuanto a la retención de personas hay que decir que esos recaudos también ayudan al mantenimiento económico de las Farc, pero no son los decisivos. 15

Un comandante de las Farc que se dice llamar Juan Leonel le expresó a una periodista que la base de su financiación es la autoproducción alimentaria:

Ana Catarina: Siguiendo lo que ha dicho sobre la Ley 002, me gustaría que profundizara en la cuestión del financiamiento de las Farc. Juan Leonel: El impuesto sobre las grandes fortunas apenas hace parte de los recursos que las Farc necesitan. Lo más importante es la autoproducción alimentaria. Todos los frentes guerrilleros –son 60– deben tener áreas culti- vadas con yuca, banano, arroz, millo, malanga, patata, etc., y, además de eso, criar ganado porcino y bovino y aves para garantizar la alimentación de los guerrilleros, e inclusive, de algunos campesinos. Pero hay todavía otras fuentes, como inversiones y negocios vinculados al abastecimiento de la guerrilla. 16

La llamada Comisión Internacional de Las Farc elaboró en el año 2000 un documento para justificar el “estatus de beligerancia”, en el que recogió apartes de normas y estatutos de dicho grupo. Extrajimos algunos apartes como éstos:

Los potros de bárbaros atilas

Todas las normas contempladas en los documentos fundamentales de nuestra organización se guían por los principios, la ética y la moral revolucionaria y obligan a todos los integrantes, sin distinción ni excepciones. Somos parte integral del pueblo, somos su ejército revolucionario, la razón de nuestra lucha es la solución de los problemas de todos los colombianos; por tanto no es nuestra política lesionar los intereses y derechos del pueblo. (…) Es también un llamado a enriquecer esta discusión y fortalecer el contenido en el marco planteado. Si bien es cierto, las Farc-Ep no han signado específica- mente todo lo relacionado al Derecho Internacional Humanitario, sus normas, como lo demuestra el suplemento, están ajustadas a él, por ser un movimiento revolucionario que tiene como uno de sus pilares lógicos el humanismo. (…) En cualquier caso nuestro principio fundamental es el respeto por el derecho a la vida. (…)

De los requisitos para ser comandante según el artículo 6 del Estatuto, citamos:

g) Tener temple revolucionario y elevada moral y estar dotado de honestidad ejemplar. h) Haber tenido y tener profundo respeto por los intereses de la población civil, portarse correctamente con ellas y ganarse su confianza. (…)

Deberes:

Defender los intereses y bienes del movimiento, de la organización política y de las masas. Respetar a los prisioneros de guerra en su integridad física y convicciones.

Faltas:

Utilización de la calumnia contra las masas. La chismografía, el uso de apodos denigrantes y el empleo de amenazas contra particulares. El irrespeto de los miembros del movimiento hacia las masas. El asesinato de hombres o mujeres de la población civil. La violación sexual. El robo a la población civil. Los negocios tramposos o ventajosos con gentes de las masas.

El consumo de estupefacientes. Cualquier actividad que vaya contra la moral revolucionaria, contra las costumbres sanas de la población, o que tienda a rebajar el prestigio de las Farc-Ep ante el pueblo.

Breves palabras sobre una infamia

Toda actividad encaminada a impedirle a la población creyente la prác- tica de su culto religioso. (…)

Un ejemplo claro de la preocupación de las Farc-Ep por la población civil es este comunicado reproducido por la Comisión Internacional el 8 de julio de 1998 conteniendo recomendaciones para que no sufran consecuencias derivadas del desarrollo del conflicto:

A la población civil

Las Farc-Ep no hacen uso de los términos técnicos del Derecho Internacional Humanitario, pero en algunos de sus documentos se establecen normas que buscan proteger a la población civil del conflicto, estableciendo criterios que coinciden con principios básicos del Derecho Humanitario, como son la distinción entre combatientes y no combatientes, y la inmunidad de la pobla- ción civil. (…) 17

Para el Secretariado de las Farc, es claro su empeño virtuoso, siguiendo a Bolívar:

Nuestro padre, el Libertador Simón Bolívar nos enseña que, cuando el poder es opresor la virtud tiene derecho a anonadarlo, y que el hombre virtuoso se levanta contra la autoridad opresora e inaguantable para sustituirla por otra respetada y amable. Y este es, precisamente, el empeño de las Farc. 18

Segundo Mandamiento.- Las Farc están contra el secuestro por principios. “Raúl Reyes”, miembro conspicuo del Secretariado, ha dicho tajantemente:

“Las Farc, por principio, están en contra del secuestro.” 19 Y el comandante Juan Leonel desvirtuó que sean secuestradores profesio- nales, pese a ciertos “acontecimientos”:

Ana Catarina: ¿Y en cuanto a los secuestros? Juan Leonel: Las Farc, por principio, condenan los secuestros como forma de hacer política. Eso consta en nuestros documentos. Mientras tanto, han ocurrido acontecimientos que, manipulados por la comunicación y por nues- tros enemigos, han contribuido a que mucha gente vea en nosotros secuestra- dores profesionales. Hacemos lo que está a nuestro alcance para restablecer la verdad. 20

Los potros de bárbaros atilas

Tercer Mandamiento.– Las Farc no secuestran ni extorsionan, simple- mente cobran un impuesto para la paz. El gobierno los cobra para la guerra. La explicación de “Raúl Reyes” es contudente:

Las Farc cobran impuesto a quienes compran la coca, nunca al campesino. (…) Las Farc, por principio, están en contra del secuestro. Cobran el impuesto para la paz a todos los que financian la guerra. Cuando estemos en el poder tendremos que buscar que paguen ese impuesto. No lo van a pagar por las buenas. Como al gobierno tampoco le pagan por las buenas, debe descontarlo por retención en la fuente. Eso es un secuestro. 21

El mismo Marulanda, jefe de las Farc, lo ratificó después:

Financiación de las Farc.–A partir de la VIII Conferencia (1993) se tomó la deter- minación de fijar un impuesto sobre las utilidades de los grandes empresarios del país. Las Farc somos un poder más potente en muchos lugares que el propio Estado colombiano, y exigimos el pago de ese impuesto. Reclamamos lo que es justo: que parte de la plusvalía que los empresarios obtienen de los trabajadores retorne a ese pueblo explotado. El porcentaje que se ha fijado es del 10%. Los denominados “secuestros” no son más que retenciones de empresarios que se niegan a pagar el impuesto, y no son liberados hasta que no lo abonan como deben. 22

De nuevo, el comandante Juan Leonel se encarga de las explicaciones, para ilustrar sobre la Ley 002 y desvirtuar la calificación de “bando de secues- tradores de civiles”:

En tercer lugar, creo útil recordar que desde el gobierno de César Gaviria el Estado estableció el llamado impuesto de guerra. Se trata de un impuesto basado no en el financiamiento de la guerra sino en el asesinato de miles de dirigentes y políticos de izquierda, de sindicalistas, representantes del Poder local, cooperativistas y campesinos. Las Farc promulgaron entonces la Ley 002, al abrigo de la cual los ciuda- danos que obtiene lucros superiores a un millón de dólares deben pagar un impuesto de 10% a la guerrilla. La mayoría lo paga, pero algunos, presionados por militares, en vez de pagar, organizan grupos de paramilitares para combatir al insurgente y matar campesinos. Esos millonarios morosos son detenidos y obligados a pagar el impuesto recargado y una multa. Es obvio que esta situación desagrada mucho a la burguesía que promueve contra las Farc campañas de difamación a nivel internacional, que afirma que las Farc se dedican al secuestro y al narcotráfico. Con frecuencia avalan en

Breves palabras sobre una infamia

3000 el número de secuestrados. Algunos autores hablan de 6000. ¿Se imagina los medios humanos que serían necesarios para mantener 6000 prisioneros en las montañas? No quedaría nadie para combatir… En fin, agradezco su pregunta, porque su respuesta permite desmontar las campañas que han presentado a las Farc en el mundo como un bando de secuestradores de civiles. 23

Cuarto Mandamiento.– Las Farc no tienen secuestrados económicos, sino retenidos para cobro de impuestos. De manera contundente lo asevera “Raúl Reyes”, al responder a un perió- dico argentino:

–¿Por qué toman como rehenes a empresarios? –No. ¿Cuáles empresarios? –¿No hay empresarios? –Que yo conozca, no. Y si hay es porque ellos no han pagado el impuesto de nuestra Ley 02, que es un impuesto que cobran las Farc a los empresarios, que son los mismos que financian la guerra contra el pueblo colombiano. Hay muchos que pagan ese impuesto sin necesidad de hacerlos prisioneros y otros que no lo pagan. Y como no lo hacen entonces los hacemos prisioneros. Esos no están incluidos dentro del paquete de canjeables porque una vez que paguen la deuda con la organización quedan libres. –¿Cuánto tienen que pagar? –El 10 por ciento de las utilidades que obtengan cada año. 24

Rodrigo Granda hace una extensa descripción de la justificación de la Ley 002, sus beneficios y las distintas formas de pagarla:

La Farc, efectivamente, somos un movimiento político-militar que hace uso del justo derecho a la rebelión contra un Estado que practica una democracia de papel. Nosotros lo que hacemos es responder a una guerra que se nos impuso desde las altas esferas del poder en Colombia. Contra nosotros y nuestro pueblo se ha utili- zado durante décadas el terrorismo de estado como método de exterminio. Desde luego, y eso lo sabe todo el mundo, que una guerra tal necesita finan- ciación. Esta guerra nos fue impuesta por los ricos de Colombia, entonces son ellos los que tienen que financiar la guerra que desencadenaron. Para ello las Farc-Ep hacen retenciones de personas por las cuales se cobra una recompensa de carácter económico, que es en realidad un impuesto. Este dinero se destina al sostenimiento del aparato de guerra del pueblo.

Los potros de bárbaros atilas

Como usted tal vez lo sabe, nosotros hablamos de la construcción de un nuevo poder, de un nuevo Estado. Si en Suiza, en Francia o en los Estados Unidos alguien evade sus deberes de pago de impuestos, obligatoriamente ese alguien va a la cárcel. El nuevo Estado que nosotros estamos forjando ha determinado

el pago de un impuesto para la paz. Eso significa que toda persona, natural o

jurídica y las empresas extranjeras que actúan en Colombia y que obtengan ganancias superiores a un millón de dólares anuales, deben pagar un impuesto

para la paz equivalente al 10% de esas utilidades. A los deudores se les anuncia que deben entrar a conversar y a cancelar dicha suma con los responsables de finanzas de las Farc. Si no lo hacen, desde luego, esas personas, son retenidas

y llevadas a prisión hasta que paguen y cumplan con sus obligaciones con

quienes asumimos esta obligación del Nuevo Estado, construido y liderado por las Farc, actuando como Ejército del Pueblo.

De todas maneras, en medio del conflicto tan agudo que vive Colombia, es

posible que algunas de las retenciones de personal civil no sean bien vistas por

la población, digamos en forma general. Sin embargo consideramos, que al

publicar la ley 002, por la cual ciertas personas y entidades económicamente poderosas deben pagar el impuesto para la paz, pues éstas ya están avisadas

y

además tienen la posibilidad de discutir, arreglar su situación y cancelar en

el

plazo fijado. Indudablemente, si logramos que esto se cumpla, en la misma

medida, irán disminuyendo las retenciones de personas. 25

Quinto Mandamiento.– Los “retenidos políticos” no son secuestrados sino prisioneros de guerra. En la mencionada entrevista concedida a un diario argentino, “Raúl Reyes” desmiente que Íngrid Betancourt y otros civiles sean secuestrados:

–¿No es un acto demencial tener personas retenidas durante tanto tiempo como Betancourt, que lleva más de 5 años en manos de las Farc? –Para nosotros en ningún caso hay secuestro, porque se trata del resultado de una confrontación del pueblo en armas, las guerrillas revolucionarias en Colombia, y un Estado que tiene una ramificación en los tres poderes, Ejecu- tivo, Judicial y Legislativo. Los soldados en nuestro poder son prisioneros de guerra y el resto prisioneros políticos. En el grupo que nosotros denominamos “canjeables”, está Íngrid Betancourt, una candidata a la presidencia y antes senadora, pero del sistema que combatimos. Por eso no es una secuestrada. 26

Ya lo había indicado el mismo personaje en 2004:

Breves palabras sobre una infamia

Íngrid no era ninguna candidata de la izquierda, no era una candidata que estu- viera luchando por una Colombia distinta a la que tenemos hoy. Pero no era

la candidata del pueblo, no era la candidata de la mayoría, no era la candidata

contra el modelo neoliberal, no era la candidata por la paz. Hay gente que piensa que era la candidata de la paz, no es cierto. 27

Sexto Mandamiento.– Las Farc dan un trato humanitario a sus prisio- neros, el gobierno no. El comandante Jorge Briceño, conocido como “Mono Jojoy”, jefe militar de las Farc, explicó este punto en una entrevista al director del periódico Voz:

El comandante Briceño dice que “el canje en sí mismo sería una solución huma-

nista al problema de los militares y policías retenidos y de los guerrilleros haci- nados en las mazmorras del régimen”. Se pregunta: “¿Cuál es la diferencia?”.

Y él mismo la establece: “Los soldados y policías en nuestro poder reciben un

tratamiento adecuado y respetuoso, comen lo mismo que nuestros guerrilleros, duermen en cambuches iguales a los de nuestras unidades y jamás son some- tidos a castigos, maltratos u otro tipo de ensañamiento. En nuestras rústicos centros de retención, en la selva, no hay celdas de castigo, hay respeto por la dignidad humana”.

Sin rabia, pero con la idea de hacer claridad sobre el asunto, pregunta: “¿Por qué monseñor Rubiano o el Defensor del Pueblo o cualquiera de los que hacen

el escándalo por la nota de Caracol, no dicen nada sobre el estado actual de las

cárceles colombianas? El Estado con todos los medios a su alcance mantiene

a los reclusos en cruel hacinamiento. Donde hay capacidad para tres mil

tiene ocho mil. En medio de tratos crueles e infames y de castigos. Hasta de masacres como las que hemos visto en el último tiempo. Sería bueno que el padre Rubiano orara por estos detenidos, políticos y comunes, que están en un verdadero infierno”. La explicación al alambre de púas y al encerramiento es porque no es posible construir edificaciones para albergar a los prisioneros de guerra, quizás en condiciones de mayor comodidad. “Por lo menos por ahora”, nos aclara uno de los guerrilleros. Y explica que es necesaria esta medida por la propia segu- ridad de los retenidos. Para evitar una eventual fuga que obligaría actuar a los guardias o que pondría en amenaza sus vidas por los peligros de la manigua. Esa y no otra es la razón del encerramiento, dicen los guerrilleros. 28

Iguales reiteraciones aparecen en la siguiente declaración difundida por Internet:

Los potros de bárbaros atilas

Las Farc-Ep tienen como norma de obligado cumplimiento respetar la vida, suministrar auxilio médico, alimentación y un trato humanitario y digno a los prisioneros de guerra vencidos en combate. Estos principios han estado presentes siempre, puesto que desde que se hicieron los primeros prisioneros, la norma que imperó fue el buen trato y la entrega en breve plazo a autoridades civiles, eclesiásticas o personas de reconocida autoridad moral en los pueblos. Son innumerables las ocasiones en que esto se realizó. Esta costumbre maduró en la medida que el conflicto nacional tomó mayor envergadura, llevando a las Farc-Ep, con estricto respeto a sus normas y principios éticos a retener a soldados y policías en calidad de prisioneros de guerra, en campamentos de la insurgencia donde se respetaron estrictamente sus derechos. 29

Principio ratificado por “Raúl Reyes” en carta a la periodista Patricia Uribe:

Las unidades guerrilleras están en la obligación moral de salvar sus vidas y

proteger hasta donde sea posible la vida y la integridad física de los prisioneros

a su cargo. En ningún caso se pueden dejar quitar los prisioneros de las fuerzas

enemigas sin respuesta militar de la guerrilla conforme a los planes defensivos

a su disposición.

Esto porque se debe entender que se trata de dos fuerzas con armas y expe- riencia militar, que al momento de ser atacada una de las dos por su adversario está obligada, a defenderse del agresor con los recursos a su disposición. En este concepto se inscribe la defensa de las personas retenidas y del personal guerrillero encargado de custodiar las personas retenidas. 30

Séptimo Mandamiento.– Las Farc protegen a los niños de la guerra. El que secuestra niños es el gobierno. Con motivo del fracaso de la denominada “Operación Emmanuel” a fines de 2007, el Secretariado de las Farc declaró el 2 de enero de 2008:

1. Experto en cortinas de humo, el gobierno narco-paramilitar de Uribe Vélez,

previa consulta a su amo en Washington, ha resuelto secuestrar en Bogotá al niño Emmanuel con el infeliz propósito de sabotear su entrega, la de su madre Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. ( )

3. La opinión pública nacional e internacional entiende muy bien que Emma-

nuel no podía estar en medio de las operaciones bélicas del Plan Patriota, de los bombardeos y los combates, la movilidad permanente y las contingencias de la selva. Por eso este niño, de padre guerrillero, había sido ubicado en Bogotá

Breves palabras sobre una infamia

bajo el cuidado de personas honradas mientras se firmaba el acuerdo humani- tario. Uribe, que ya secuestró en la capital las pruebas de vida que iban con destino al Presidente Chávez, secuestra ahora a Emmanuel. Así como capturó y encarceló a los correos humanitarios, se apresta ahora a proceder de igual manera con las personas encargadas de atender al niño. Emmanuel iba a ser entregado, junto con su madre, al Presidente Chávez de Venezuela. 31

El 10 del mismo mes y año complementó la brillante idea:

Si el niño Emmanuel no está en brazos de su madre, es porque el Presidente Uribe Vélez lo tiene secuestrado en Bogotá. Que lo libere para que podamos celebrar todos, este suceso. 32

Octavo Mandamiento.– El canje es un acuerdo humanitario para solu- cionar las angustias de los colombianos. Declaración de “Raúl Reyes” en 2003:

La última carta abierta a los ex presidentes contiene nuestras propuestas concretas, pensadas en función de aportarle elementos a la solución de la angustia de esposas, esposos, novias, hijos, padres, hermanos y amigos de las personas privadas de la libertad, unos en las cárceles del Estado y los otros en las selvas de Colombia. 33

El comandante Juan Leonel lo expuso en 2007:

Ante la imposibilidad de concretar un acuerdo, las Farc pasaron a tomar rehenes políticos: senadores, diputados y una candidata a la presidencia, Íngrid Betancourt. El objetivo era ejercer presión con vistas a un nuevo intercambio humanitario. 34

Y el Secretariado lo refrendó a principios de 2008:

6. Al Presidente Chávez, por encima de estas vicisitudes, le pedimos mantener viva la esperanza del canje a través de su consecuente compromiso humani- tario, el cual consideramos paso necesario hacia la búsqueda de una solución política y diplomática al conflicto social y armado que vive Colombia. 35

Noveno Mandamiento.– Las Farc están determinadas a cumplir fines tan loables utilizando cualquier medio.

A veces cumplir una labor humanitaria requiere un poco de fuerza, señaló

el comandante militar más reconocido de las Farc:

Los potros de bárbaros atilas

La respuesta del Mono Jojoy, jefe militar de las FARC, a la pregunta de un periodista que le anota que “juristas serios plantean que sólo haciéndole un esguince a la Constitución se podría aprobar la ley de canje que ustedes están solicitando” no podía ser más gráfica: “Si no se puede la ley de canje, tocará que algunos de la clase política acompañen a los soldados (secuestrados), para que salgan en el canje. Si no quieren por las buenas tocará por otros medios. Pero esa ley debe salir”. 36

Y lo reiteró así:

No quedan mayores dudas sobre cuales serían las pretensiones de las FARC en materia de canje en el momento en que estuviera reunida una asamblea constituyente.” Agregó el “Mono Jojoy”: “A nosotros nos importan un carajo la Constitución y las leyes, porque estamos fuera de ellas”. 37

Décimo Mandamiento.– Las Farc se conduelen por los prisioneros muertos. “Raúl Reyes” ofrece el sentido pésame de las Farc a las familias de las personas muertas en cautiverio en Urrao (Antioquia) en 2003:

-¿Qué tienen que decirle a los familiares?

A su pregunta qué tienen que decirles a los familiares, las Farc-Ep responden:

1. Expresan su sentido pésame a los familiares de las personas muertas en

cautiverio cuando el ejército intentó con sus fuerzas especiales rescatar los prisioneros por la fuerza de las armas.

2. Nuevamente alertan a los familiares de las personas retenidas sobre el

evidente riesgo que corren sus seres queridos en su integridad física, por la pretensión de un rescate por la fuerza.

3. Insta a los familiares de las personas que aun están privadas de su libertad a

continuar su lucha hasta conseguir el acuerdo de canje.

4. Las Farc-Ep nuevamente ratifican su inmodificable voluntad política de

concertar un canje de prisioneros, siempre y cuando concedan las garantías y los requisitos exigidos en la reciente carta enviada a los ex presidentes liberales. Atento saludo, “Raúl Reyes”. 38

Pese a lo anterior, yo no vacilo en lamentar el trágico final de las personas muertas en los hechos de Urrao Antioquia. En el entendido que el verdadero responsable de esta tragedia es Uribe Vélez, quien lo hizo convencido de entregar un parte de victoria militar a su socio de la guerra el señor Bush, con esto esperaba felicitaciones, palmadas en su espalda, más dólares y armas para incrementar su plan de guerra y hambre contra el pueblo colombiano. 39 Medellín, enero 14 de 2008

Breves palabras sobre una infamia

Notas

1. Mauricio Rubio, Del rapto a la pesca milagrosa. Bogotá. Documento CEDE 2003-36, ISSN 1657-7191 (Edición electrónica). Diciembre de 2003.

2. Ibíd., p. 5.

3. CGR. Boletines de prensa. Contraloría revela dramático informe sobre el secuestro en Colombia. Bogotá. 2005/3/17. http://www.contraloriagen.gov.co:8081/internet/

cartelera/Archivos/1225/info_noticia.jsp?id=1225

4. Un estudio que efectúa cálculos del daño económico del secuestro, lo mismo que otros aspectos, es el realizado por el Departamento Nacional de Planeación, con el nombre de “El secuestro en Colombia: Caracterización y costos econó- micos”, elaborado por María Eugenia Pinto Borrego, Ivette María Altamar Consuegra, Yilberto Lahuerta Percipiano, Luis Fernando Cepeda Zuleta y Adriana Victoria Mera Sotelo, que cubre los años 1996 a 2003. Sus conclu- siones generales coinciden con el de la Contraloría. Por ejemplo: “Las Farc es el grupo armado ilegal que más secuestra con fines extorsivos en el país. Durante el período de estudio esta organización secuestró a 4.153 personas (30.5%). No obstante, el Eln participó con un 24,8% del total de los casos (3.377 personas). Vale la pena anotar, que la delincuencia común comete un 14,3% de los secues-

tros extorsivos en el país y las autodefensas ilegales un 3.8%. La mayoría de los secuestros simples en el país fueron asociados con el conflicto armado, por ese motivo los grupos armados ilegales son los principales ejecutores de este tipo de secuestro (52,4%). Mientras que los secuestros simples no relacionados con la violencia armada, fueron realizados en su gran mayoría por la delincuencia común (27%), y por familiares (0,1%), del restante 20,5% no existe informa- ción.” Tomado de: http://www.primerapagina.com.co/MostrarDocumentoPu-

blico.aspx?id=1099852.

5. Santiago Senén González, Fangio, secuestro en La Habana. Publicado en Todo es Historia, Nro. 368, en marzo de 1998. Tomado de: http://www.fcaglp.unlp.edu.

ar/~rodolfo/fangio/histo/histo03.html.

6. Citado en: Francisco Mosquera, Resistencia civil. Bogotá, Editor Tribuna Roja, 1995. Pp. 215-16.

7. Citado por: Mauricio Rubio, Ibíd. p. 42.

8. Patricia Lara, Siembra vientos y recogerás tempestades, Segunda Edición, Bogotá, Editorial Punto de Partida, abril de 1982. p. 120.

9. Citado por: Mauricio Rubio, Ibíd., p. 51.

10. Revista Semana, No. 156, 27 de mayo de 1985, “La papa caliente del indulto”. Citado por M. Rubio, Ibíd., p. 45.

11. La Comisión estaba integrada por los ex-presidentes Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay Ayala y Misael Pastrana Borrero, el cardenal Mario Revollo Bravo y el presidente de la Unión Patriótica Diego Montana Cuéllar. Bagley, Bruce; Tokatlián, Juan G., Colombia, El dilema de la droga. Nueva Sociedad, No. 109, septiembre-octubre de 1990, pp. 9-13. Tomado de: http://www.nuso.org/

upload/articulos/1911_1.pdf.

Los potros de bárbaros atilas

12. Cita tomada por M. Rubio (Op.cit., p. 37) del libro de Luis Cañón, El Patrón. Vida y muerte de Pablo Escobar. Bogotá, Planeta, 1994. p. 268. Comenta Rubio que la autoría del “delito sui generis” habría sido del ex presidente López Michelsen.

13. Citado por Jaime Jaramillo Panesso, “López y el mito del acuerdo”, El Mundo, Medellín, domingo 22 de julio de 2007.

14. “Manuel Marulanda”, “El Ejército está equivocado. No dependemos de la coca ni vivimos de ella”, El Mundo, España, lunes 31 de enero de 2000. http://www.

elmundo.es/2000/01/31/internacional/31N0114.html.

15. Rodrigo Granda. 02 de Octubre de 2007, “La guerrilla en Colombia: El fin y los medio”. Entrevista realizada el 27-7-2007 en La Habana-Cuba. Journal Solidarités (Suiza): Enviado por Agenda Radical. Tomado de www.tinku.org y de http://www.

farcep.org/?node=2,3446,1

16. “El comandante Juan Leonel desmonta calumnias y habla sobre la guerra y la ideología de las FARC”. Entrevista de Ana Catarina Almeida en La Haine (Kaos. Colombia). Tomado de: www.farcep.org/?node=1,102,1 Diciembre 7 de 2007.

17. Comisión Internacional de las Farc-Ep. “Por qué las Farc-Ep son una Fuerza Belige- rante”. Año 2000. Tomado de: http://redresistencia.info/index.php?option=com_c

ontent&task=view&id=218&Itemid=50

18. Comunicado. Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC. Montañas de Colombia, enero 10 de 2008.

19. “Raúl Reyes”, en entrevista con Omar Rodríguez para el Magazín Dominical de El Espectador. Tomado de: Las verdaderas intenciones de las Farc. Intermedio Editores. Bogotá, 1999. p. 102.

20. “El comandante Juan Leonel desmonta calumnias y habla sobre la guerra y la ideología de las FARC”. Entrevista de Ana Catarina Almeida en La Haine (Kaos. Colombia). Tomado de: www.farcep.org/?node=1,102,1 Diciembre 7 de 2007.

21. “Raúl Reyes”, en entrevista con Omar Rodríguez para el Magazín Dominical de El Espectador. Tomado de: Las verdaderas intenciones de las Farc. Intermedio Editores. Bogotá, 1999. p. 102.

22. “Manuel Marulanda”, “El Ejército está equivocado. No dependemos de la coca ni vivimos de ella”, El Mundo, España, lunes 31 de enero de 2000. http://www.

elmundo.es/2000/01/31/internacional/31N0114.html.

23. “El comandante Juan Leonel desmonta calumnias y habla sobre la guerra y la ideología de las FARC”. Entrevista de Ana Catarina Almeida en La Haine (Kaos. Colombia). Tomado de: www.farcep.org/?node=1,102,1 Diciembre 7 de 2007.

24. Entrevista con Raúl Reyes. Tomado de: Clarín, Buenos Aires, 26-08-2007. Corres- pondencia de Prensa.

25. Rodrigo Granda. 02 de Octubre de 2007, “La guerrilla en Colombia: El fin y los medios”. Entrevista realizada el 27-7-2007 en La Habana-Cuba. Journal Solida- rités (Suiza): Enviado por Agenda Radical. Tomado de www.tinku.org y de http://

www.farcep.org/?node=2,3446,1

26. Entrevista con “Raúl Reyes”. Tomado de: Clarín, Buenos Aires, 26-08-2007. Correspondencia de Prensa.

Breves palabras sobre una infamia

27. “Gobierno de Uribe es sustentado por paramilitares”. Entrevista con “Raúl Reyes” de las Farc. 6 de mayo de 2004. Tomado de: http://www.thepanamanews.com/ pn/v_10/issue_09/spanish_opinion_04.html, Las Noticias de Panamá.

28. “El canje es un acuerdo humanitario”. Reportaje al Comandante Jorge Briceño (“Mono Jojoy”) de Carlos A. Lozano Guillén, del periódico VOZ. Tomado de:

http://www.mail-archive.com/marxist-leninist-list@buo319b.econ.utah.edu/

msg01594.html.

29. Comisión Internacional de las Farc-Ep. “Por qué las FARC-EP son una Fuerza Beli- gerante”. Año 2000. Tomado de: http://redresistencia.info/index.php?option=com_

content&task=view&id=218&Itemid=50

30. “Raúl Reyes”, 7 de mayo de 2003, carta a la periodista Patricia Uribe. Publicada en: www.rebelion.org

31. Comunicado. Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC, Montañas de Colombia, enero 2 de 2008, http://www.noticias24.com/actualidad/?p=10921

32. Comunicado. Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC, Montañas de Colombia, enero 10 de 2008.

33. “Raúl Reyes”, Mayo 7 de 2003, carta a la periodista Patricia Uribe. Publicada en:

www.rebelion.org

34. “El comandante Juan Leonel desmonta calumnias y habla sobre la guerra y la ideología de las FARC”. Entrevista de Ana Catarina Almeida en La Haine (Kaos. Colombia). Tomado de: www.farcep.org/?node=1,102,1 Diciembre 7 de 2007.

35. Comunicado. Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC, Montañas de Colombia, enero 2 de 2008, http://www.noticias24.com/actualidad/?p=10921.

36. “Habla el Mono Jojoy”, Semana Nº 871, 11 de enero de 1999.

37. Tomado de: Mauricio Rubio, Op.cit. p. 41.

38. “Raúl Reyes”, 7 de mayo de 2003, carta a la periodista Patricia Uribe. Publicada en: www.rebelion.org.

39. “Raúl Reyes”, 7 de mayo de 2003, carta a la periodista Patricia Uribe. Publicada en: www.rebelion.org.

PRIMERA PARTE

Esta sección reúne 32 documentos que contienen la posición del presidente Uribe y su equipo de gobierno sobre el llamado “Acuerdo o Intercambio Humanitario” a partir del 7 de agosto de 2002. El lector podrá confirmar que esta posición ha sido muy consistente y al mismo tiempo flexible. Algunos de los documentos intercalados confirman los esfuerzos realizados para facilitar el regreso a la vida de los secuestrados en manos de los terroristas.

QUE NINGÚN SECUESTRO HALLE DOCTRINA POLÍTICA QUE LO EXPLIQUE

Álvaro Uribe Vélez

( ) Nuestro concepto de seguridad democrática demanda aplicarnos a buscar

la

protección eficaz de los ciudadanos con independencia de su credo político

o

nivel de riqueza. La Nación entera clama por reposo y seguridad. Ningún

crimen puede tener directa o ladina justificación. Que ningún secuestro halle doctrina política que lo explique. Comprendo el dolor de las madres, de los huérfanos y desplazados de la Patria, en su nombre revisaré mi alma cada madrugada para que las acciones de autoridad que emprenda tengan la más pura intención y el más noble desarrollo. Apoyaré con afecto a las Fuerzas Armadas de la Nación y estimularemos que millones de ciudadanos concurran

a asistirlas. Ello aumenta nuestra obligación con los derechos humanos, cuyo

respeto es lo único que conduce a encontrar la seguridad y por su conducto la reconciliación. Cuando un Estado democrático es eficaz en sus garantías, así los logros sean progresivos, la violencia en su contra es terrorismo. No aceptamos la violencia para combatir el Gobierno ni para defenderlo. Ambas son terro- rismo. La fuerza legítima del Estado cumple la exclusiva misión de defender

a la comunidad y no puede utilizarse para acallar a los críticos. La democracia es el único camino para la emulación de las ideas. La democracia es nuestra oferta para que los fusiles sean sustituidos por la polí- tica y la seguridad democrática el instrumento para que se haga política sin armas y con el derecho de no ser asesinado. La defensa de los alcaldes, conce- jales, gobernadores y cuantos representantes del pueblo sean amenazados será salvaguardia de la democracia. No permitiremos que la centenaria lucha popular por el derecho a elegir la más próxima autoridad sea truncada por la presión de las armas. He solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas, Señor Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades. En este marco exploraremos soluciones humanitarias, que liberen secuestrados, que se den a

Los potros de bárbaros atilas

partir de acuerdos que vislumbren la paz definitiva como algo posible. Quienes quieran disfrutar la libertad, que permitan que el pueblo disfrute la tranqui- lidad. He pedido a los medios de comunicación y a la opinión comprender la prudencia que el tema demanda. El mundo debe entender que este conflicto necesita soluciones no convencionales, transparentes, imaginativas. La violencia se financia con un negocio criminal internacional: la droga; se lleva a cabo con armas fabricadas fuera de Colombia; y, democracia alguna puede permanecer indiferente a los sufrimientos de nuestro pueblo. Continuaremos con el Plan Colombia con la adición de la interdicción aérea y programas prácticos de sustitución como el pago a campesinos para erradicar cultivos ilícitos y cuidar la recuperación del bosque. Mantendremos la senda recorrida con los Estados Unidos, tocaremos las puertas de Europa y Asia y afianzaremos la unidad de propósitos con los vecinos. Si no derrotamos la droga, la droga destruye nuestra libertad, nuestra ecología y anula la ilusión de vivir en paz. Queremos la paz, no el apaciguamiento que se origina en el diálogo insin- cero, en el acuerdo claudicante o en la tiranía oficial. El apaciguamiento no reconcilia, suspende por momentos la violencia y la reaparece con superior intensidad. (…)

Palabras del Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, en la ceremonia de posesión de su primer período presidencial. Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) Bogotá, 7 de agosto de 2002.

SALUDO AL CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO EN COLOMBIA

Álvaro Uribe Vélez

Compatriotas:

Quiero agradecer, en primer lugar, las palabras de su excelencia el Nuncio Apostólico, decano del Cuerpo Diplomático acreditado en Colombia. Manifestar el reconocimiento del Gobierno por ese mensaje lleno de talento, bondad, de espíritu de cooperación para resolver los grandes problemas de Colombia y de puntos de reflexión. Como muy bien lo ha dicho su excelencia reverendísima, el Nuncio, esta es una ocasión consagrada formalmente, dentro del cronograma diplomático de Colombia. Una ocasión para reiterar a ustedes, a sus gobiernos, a sus fami- lias, a todos sus compatriotas, el deseo del Gobierno y del pueblo de Colombia de que este año sea bueno para todos, para el mundo, para la convivencia. Y para aprovechar –también– esta ocasión, a fin de hacer algunas observaciones del mayor interés para las relaciones internacionales de Colombia. El tema del terrorismo. Hace 30 años las cátedras universitarias hacían grandes esfuerzos para establecer las diferencias entre tres categorías delic- tuales: el delito común, el delito político y el terrorismo. Enseñoreada del mundo, la democracia pluralista como ideal de Gobierno, hoy es imposible establecer diferencias entre ellos, cuando se tipifican con actos de violencia. Si la democracia funciona, el delito político violento es asimilable al delito común y no diferenciable del terrorismo. Lo importante para eso es que la democracia funcione, con criterio pluralista, con respeto a todas las expre- siones del pensamiento, con una sola limitación: que el titular de cualquier expresión del pensamiento respete el derecho ajeno, de acuerdo con los textos de los convenios internacionales, de la Constitución y de la ley. (…) Con el tema de las Farc, el Gobierno ha estimado que para un proceso se necesita un interlocutor de la mayor jerarquía internacional que garantice la seriedad de ese proceso y su irreversibilidad. Por profundas reflexiones alrededor de esa consideración se le propuso a los ciudadanos de Colombia la

Los potros de bárbaros atilas

tesis de buscar la gestión de buenos oficios de Naciones Unidas. Creemos en ella, pensamos que todos los que nos puedan ayudar deben ayudarnos a que se dé ese proceso con Naciones Unidas. Por razones humanitarias me he visto obligado a cambiar lo que fue mi inicial decisión en esa materia. Dije en la campaña y en las primeras semanas de Gobierno, que el acuerdo humanitario tenía que darse en el esquema del reinicio serio del proceso de paz, que tendría que ir acompañado del cese de hostilidades y de iniciación de diálogos. Al examinar el tema con Naciones Unidas, con el Gobierno de Francia, al escuchar a la Iglesia, al escuchar a los familiares de tantos colombianos secuestrados, el Gobierno modificó la decisión: aceptamos un acuerdo huma- nitario con condiciones razonables, que tenga el aval, la gestación a través de Naciones Unidas, que todo el que quiera ayudar sea un facilitador para que se pueda hacer con esa gestación a través de Naciones Unidas. Es justo que si el Gobierno renuncia a que tenga que ir acompañado del cese de hostilidades y de la iniciación del diálogo, por lo menos pueda insistir en que tenga que ir gestado por quien habrá de ser el interlocutor de largo plazo a ver si es posible llegar a la paz. También hemos considerado que debe beneficiar a todos los secuestrados y que aquellos que de acuerdo con el ordenamiento jurídico puedan salir de las cárceles, no regresen a la militancia delincuencial, que retornen a la libertad bajo la custodia de un país hermano, responsable, amigo, solidario, con la garantía de que no van a incorporarse a la actividad de grupos armados. Quiero repetir ante ustedes –porque sé de su preocupación– que con condiciones razonables, el Gobierno comparte la angustia de los familiares de los secuestrados y está dispuesto a ese acuerdo humanitario. (…)

Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) Enero 30 de 2003, Bogotá.

ACTIVACIÓN DEL BATALLÓN DE ALTA MONTAÑA RODRIGO LLOREDA

Álvaro Uribe Vélez

Compatriotas:

¡Qué grato que la bandera de Colombia regrese de manera permanente a esta cordillera a recuperar soberanía, a dar tranquilidad a los campesinos que viven en estas laderas vallecaucanas, a cuidar desde aquí a su capital, a mirar desde acá al Pacífico, al norte de la cordillera, al sur de la cordillera y a esa tierra de promisión que tiene Colombia alrededor de su río Cauca, que es el Valle del Cauca! (…) Se que en esta tierra hay mucha preocupación por el acuerdo humanitario, por los diputados y ciudadanos vallecaucanos secuestrados en poder de la guerrilla. Todos queremos el acuerdo humanitario, pero hay que entender que el Gobierno no puede hacer un acuerdo humanitario que debilite la política de orden público. El acuerdo humanitario exige que el Gobierno proceda con toda la prudencia para no ir a contravía de la política de orden público. Expresé como candidato y en las primeras semanas de Gobierno, que el acuerdo humanitario debería acompañarse de una iniciación de diálogos serios, cese de hostilidades y siempre con la compañía de Naciones Unidas. El propio Secretario General de Naciones Unidas, el Presidente de Francia, el Ministro de Relaciones de Francia, familiares y allegados a los colombianos secuestrados, pidieron que diferenciáramos la política de iniciación de un proceso de paz, de la política hacia un acuerdo humanitario y lo acepté. Pero hemos propuesto unas condiciones que no surgen de nuestra vanidad porque cuando se trata de defender los intereses superiores de la Nación, la vanidad es inexistente y hay que derrotarla. Hay momentos que surgen de la razón. ¿Por qué mi insistencia en la parti- cipación de las Naciones Unidas? Porque siempre estos grupos violentos, las Farc, se burlaron de los gobiernos que fueron generosos con ellos. Recordemos la buena fe de muchos Presidentes, cómo les dieron espacios a las Farc para lograr el diálogo y la negociación y recibieron en pago una bofetada llena de mala fe de las Farc. Se acordó las Farc, de aquel consejo que

Los potros de bárbaros atilas

Stalin tomó bien de algunas interpretaciones de Maquiavelo, según las cuales cuando hay gestos generosos del adversario, deben tomarse como expresiones de debilidad y aprovecharse para armarse y avanzar hasta derrotar al adver- sario. Mientras había generosidad con las Farc, las Farc se preparaban más para golpear con sus designios terroristas. ¿Por qué Naciones Unidas? Para que ningún proceso vuelva a engañar a Colombia, para que Naciones Unidas le lleve un testimonio al mundo y sea garante de que lo que empiece aquí tiene que respetarse, conducirse con buena fe, no puede tener marcha atrás y tiene que llegar finalmente a acuerdos plenos de reconciliación. Es que estos señores terroristas han tenido una muy bien aceitada diplo- macia en el extranjero, llevando una fotografía muy diferente de la realidad colombiana, han abusado de la buena fe de muchas organizaciones de derechos humanos, han abusado de la buena fe de muchos intelectuales y de políticos y les han pintado una realidad diferente de Colombia. Por eso necesitamos a las Naciones Unidas, para que sea testigo de esta política de seguridad y de todas las acciones que estamos buscando para la reconciliación. Y hemos exigido también que se ponga en libertad a todos los colom- bianos secuestrados. Es el primer deber por el que tiene que luchar un Presi- dente de la República. Y hemos decidido –también– que aquellos guerrilleros que de acuerdo con la Constitución y la Ley pudieran obtener el beneficio de la excarcela- ción, para poder cumplir con un acuerdo humanitario, no salgan a delinquir, no salgan a reincorporarse a las Farc para maltratar al pueblo colombiano. Que se pongan en actitud de respetar la Constitución y la Ley y que haya una garantía, que debería ser que los acoja un país amigo –como se lo propusimos a Francia– y que ese país amigo dé la seguridad de que esos guerrilleros que salgan de las cárceles no pueden delinquir. ¡El tema no es si queremos o no acuerdo humanitario, todos lo quisié- ramos! El tema es en qué condiciones. Pregunto a mis compatriotas vallecaucanos: ¿les parece lógico que soltemos centenares de guerrilleros de las cárceles para que vuelvan a delin- quir? ¿O es más lógico que si se llegará a dar ese acuerdo humanitario, ellos tengan que comprometerse a no volver a delinquir y la garantía la dé la tutoría que sobre ellos se compromete de hacer un país amigo? Le pregunto a mis compatriotas del Valle del Cauca: ¿acaso no tenemos que motivar a la Fuerza Pública permanentemente? Cuando estrecho la mano

Activación del Batallón de Alta Montaña Rodrigo Lloreda

de ustedes, cuando un joven soldado de ustedes saca una maquinita de fotos y me dice: “Presidente, me quiero tomar una vista con usted para enviarla a mi familia” y siento a los oficiales de mi Patria tonificados y vitaminizados, digo en mis adentros: a los soldados y a los policías de la Patria no los podemos desmotivar. Esta política de orden público, además de ser democrática, necesita tres elementos: una alta motivación de los soldados y de los policías de la Patria, necesita claridad del mando, claridad de la visión política y necesita debilitar la retaguardia de los terroristas. Si llegaran a salir de la cárcel unos guerrilleros para reincorporarse a la Farc, esos tres elementos se afectarían. Qué dirían los soldados de la Patria:

“¿cómo vamos a seguir nosotros motivados si soltaron centenares de terro- ristas para que vuelvan a manejar explosivos, a matar a los soldados, a los policías y a los civiles?” Yo no puedo desmotivar con una decisión imprudente a los soldados y a los policías de la Patria. Este batallón es un gran activo para la seguridad, pero el principal activo que tiene Colombia hoy para su seguridad, es un activo difícil de ver: es la alta motivación de los soldados y de los policías de Colombia. Un general extranjero que conoce bastante nuestra Fuerza Pública me decía, para orgullo de nuestra Fuerza Pública, que nunca antes la había notado tan comprometida, tan resuelta, tan energizada, para derrotar el terrorismo, como está ahora nuestra Fuerza Pública. La motivación de nuestra Fuerza Pública la tenemos que cuidar y preservar. ¿En qué quedaría la claridad en las órdenes, la claridad en el mando, la claridad en la visión, si vamos y le entregamos al señor Marulanda y al señor Briceño los comandantes que ellos tienen en las cárceles? Perderíamos un elemento muy importante, algo que agradecemos la señora Ministra y yo, es tener la fortuna de tener gobernabilidad entre nuestros soldados y nuestros policías, de tener ese sentido de obediencia tan importante para derrotar el terrorismo. ¿En qué quedaría esa gobernabilidad el día en que nos vean entregándole a “Manuel Marulanda” y al señor Briceño, a los comandantes de ellos que están en las cárceles y que volverían a ser comandantes al servicio del terrorismo? Y como tenemos que derrotarlos en la retaguardia, y ahí nos estamos preparando para buscar a Marulanda y a Briceño en todas las madrigueras y ojalá podamos dar con ellos rapidito, ¡ojalá! Ahí nos estamos preparando.

Los potros de bárbaros atilas

No les podemos permitir que esa retaguardia que les queremos debilitar, se les fortalezca con la liberación de unos prisioneros, que tanto trabajo le ha costado a la Fuerza Pública el capturarlos. Claro que a mí me duele cuando hablo con la señora y con los hijos de los secuestrados, yo hago parte de ese 50% de las familias de la Patria que ha tenido motivos de luto, tristezas permanentes por el terrorismo, yo sé que es eso. Yo hago parte de ese 50% de las familias de la Patria, que conoce un caso de desplazamiento, que conoce un caso de alguien que se ha tenido que ir al extranjero para eludir la violencia. Claro que a mí me duele la tristeza de los familiares de los secuestrados. Quisiéramos liberarlos, tenerlos con nosotros, poder hacer un acuerdo huma- nitario razonable, pero la comprensión que pido de mis compatriotas todos, es que en un lado de la balanza no está el acuerdo humanitario y en el otro la negativa al acuerdo humanitario. La comprensión que pido de mis compatriotas, todos, es que no hay que pensar en sí o no acuerdo humanitario, sino en una manera razonable para hacerlo a fin de que ese acuerdo humanitario no llegare a afectar la nece- sidad de tener este ánimo de los soldados y de policías de Colombia, que es la garantía de que vamos a derrotar el terrorismo. ¡Y soldados, ustedes van a ayudar a construir una Patria más amable, una Patria más próspera, una Patria más libre! ¡Nosotros no tenemos sino dos enemigos: los terroristas y los corruptos! Cualquier contradicción con un partido político, con una tendencia parla- mentaria, con un grupo sindical, la tenemos que manejar solamente en los argumentos, en la razón. ¡A derrotar el terrorismo y la corrupción y en lo demás a construir los grandes consensos que necesita Colombia! Aspiro a que la Providencia nos permita, al terminar este Gobierno, tener a los terroristas derrotados o adelgazados. Aspiro que la Providencia nos permita, al terminar este Gobierno, tener 43 millones de colombianos aplaudiendo a su Fuerza Pública, reconociendo a su Fuerza Pública, queriendo profundamente a su Fuerza Pública y atribuyén- dole a su Fuerza Pública el rescate de la paz. Aspiro, con la ayuda de ustedes, los soldados y los policías de Colombia, que al final de este Gobierno tengamos una Nación más unida, una Nación en permanente deliberación creativa, una Nación que haya sido capaz de abrazar plenamente la derrota del terrorismo como su primera prioridad, y al mismo tiempo la construcción de su equidad como su compromiso permanente.

Activación del Batallón de Alta Montaña Rodrigo Lloreda

Queda en muy buenas manos esta bandera de Colombia en esta cordillera y espero que con este paso, aquella ciudad allá, que despunta allí entre el cruce de las laderas de las montañas, entre la hilera de las cuchillas de la montaña, que esa ciudad vaya encontrándose con el empleo, con la capacidad de traer inversión internacional, con el civismo del cual ha hecho gala para efecto de toda Colombia, que la ciudad vaya reencontrándose con los caminos de justicia social, de lo cual dio ejemplo a toda Colombia. Hago, pues, en este momento solemne de la Patria, al entregar este Bata- llón de Alta Montaña que lleva el nombre de Rodrigo Lloreda Caicedo, todos los votos para que el éxito de los soldados y de los policías de Colombia sea la gran causa de la prosperidad de la Nación entera. Muchas gracias, mis soldados.

Farallones de Cali, Valle del Cauca. Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 5 de mayo de 2003

RELATO DE LOS HECHOS QUE CONDUJERON A LA MUERTE DEL GOBERNADOR DE ANTIOQUIA, SU EX CONSEJERO DE PAZ Y OCHO MIEMBROS DE LA FUERZA PÚBLICA SECUESTRADOS POR LA GUERRILLA DE LA FARC

Álvaro Uribe Vélez y Comandantes Militares

Compatriotas:

Es un momento sumamente triste para la Nación. Hoy, el grupo terrorista de las Farc cometió otra masacre enorme, otro genocidio: asesinó al señor Gobernador de Antioquia, doctor Guillermo Gaviria Correa; al señor ex Ministro de la Defensa, de Desarrollo y ex Gober- nador de Antioquia, doctor Gilberto Echeverri Mejía; al Teniente de la Infan- tería de Marina, Alejandro Ledesma Ortiz; al Teniente del Ejército, Wagner Tapias; al Sargento Viceprimero del Ejército, Héctor Duvan Segura; al Cabo Primero del Ejército, Francisco Negrete Mendoza; al Cabo Primero del Ejér- cito, Jairsinio Navarrete; al Cabo Primero del Ejército, Mario Alberto Marín Franco; al Cabo Segundo de Infantería de Marina, Jean Peña Guarnido. Además, falleció a consecuencia de las heridas sufridas por los terroristas, el Cabo Primero del Ejército, Ernesto Cotes Samuel, quien era trasladado al hospital de Medellín. Están heridos, en condiciones que los médicos aprecian estables y los médicos están optimistas: el Cabo del Ejército, Heriberto Aranguren González y el Suboficial de Infantería de Marina, Antenor Biella. Resultó totalmente ileso el Sargento Viceprimero del Ejército, Pedro Guarnizo Obando. Todos ellos estaban secuestrados por este grupo terrorista de la Farc y llevaban mucho tiempo en el cautiverio. La Fuerza Pública había conocido informaciones diversas sobre posibles sitios donde se encontraban los secuestrados. En las últimas semanas, la IV Brigada de Medellín recibió otra información, todo lo cual le permitió a nuestras Fuerzas orga- nizar un operativo que se diseñó con el mejor cuidado de planeación y se propu- sieron a aplicarlo con toda la prudencia para minimizar el riesgo de las víctimas.

Los potros de bárbaros atilas

Las víctimas estaban en un lugar de la selva que uno no se lo alcanza a imaginar. Esta tarde llegamos al sitio la señora Ministra de la Defensa (Marta Lucía Ramírez), el Fiscal General de la Nación (Luis Camilo Osorio), los Altos Mandos Militares y yo. A esta hora, la Fiscalía está realizando allí todas las diligencias para poder traer los cadáveres a la ciudad de Medellín. El sitio es de una topografía escarpada, de selva total, incomunicada. Tan pronto conocimos el asesinato de tantos y tan apreciados colom- bianos, tomamos la decisión de proceder de la siguiente manera:

Primero, que se le diga toda la verdad al país y de una vez. Nada de verdades a traguitos. Segundo, que tengamos todo el respeto por la crítica. Y tercero, que mantengamos toda la firmeza y convoquemos a los colom- bianos para templarnos más en la fortaleza necesaria para derrotar el terro- rismo que tanto maltrato le ha causado a nuestra Patria. Quiero decir a los familiares de los heridos que nosotros pudimos conversar ahora con ellos en el hospital de San Vicente, que van a ser interve- nidos quirúrgicamente esta noche, pero el parte médico es bueno y dan unos testimonios donde muestran su alegría de poder regresar a la libertad. Voy a pedirle al señor general Carlos Alberto Ospina, comandante del Ejército, y al señor general Hernando Alonso Ortiz, comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra) que informen a ustedes, compatriotas, todos, en detalle lo que ha tenido que ver con este operativo. Los dejo, pues, inicialmente en la compañía del señor general Carlos Ospina. General Carlos Alberto Ospina (Comandante del Ejército Nacional):

En el día de hoy, cinco de mayo de 2003, el Ejército Nacional desarrolló una operación en el sector limítrofe entre Antioquia y el Chocó, con el fin de rescatar a unos posibles secuestrados que de acuerdo a la inteligencia militar habían sido localizados en ese lugar. Esta información fue evaluada, analizada y estudiada cuidadosamente y se llegó a la conclusión de que posiblemente era cierta y que entre las personas que se encontraban secuestradas en ese lugar se hallaban algunos miembros de las Fuerzas Militares y los doctores Echeverri y Gaviria. Con base a esta información se planeó una operación para la cual fue seleccionada la Brigada de Fuerzas Especiales, que es una unidad entrenada, especializada y con mucha experiencia en este tipo de operaciones en lo profundo de la selva.

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

La Brigada realizó un planeamiento que fue presentado al Comandante del Ejército y fue revisado, corregido varias veces, hasta que finalmente se consideró que el plan para esta operación era lo suficientemente bueno y se ordenó su realización. Los detalles del desarrollo de la operación los va a exponer el señor general Ortiz, Comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido y comandante en el terreno de esta operación. Antes de que él hable yo quiero enfatizar tres puntos. Primero, que en todo, no hubo ningún combate. En ningún momento los soldados de la Fuerza de Despliegue Rápido de la Brigada de Fuerzas Especiales entraron en combate, porque los bandidos de las Farc, al percatarse de la presencia de estos soldados, los asesinaron y huyeron del lugar. En segundo lugar, ningún soldado de nuestra unidad disparó su arma porque no encontró bandidos y, por el contrario, únicamente encontraron los cadáveres de los secuestrados que habían sido asesinados. En tercer lugar, el plan preveía que en su aproximación los soldados harían uso de algunos altavoces que llevaban, con el propósito de persuadir a los bandidos de que se entregaran y pusieran en libertad a los secuestrados. En nombre del Ejército Nacional, quiero presentar mis sinceras y sentidas condolencias a las familias Echeverri, Gaviria y las demás familias de nues- tros hombres, cobardemente, asesinados en el día de hoy. Pero también quiero reiterar ante el pueblo colombiano nuestra inque- brantable voluntad de seguir adelante en esta lucha hasta conseguir la tranqui- lidad para Colombia. General Hernando Ortiz (Comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido Fudra): La Fuerza de Despliegue Rápido ha desarrollado una opera- ción en el día de hoy que a continuación voy a reseñar. La semana anterior se obtuvo una información sobre la existencia de un campamento en área limítrofe de los departamentos de Antioquia y Chocó, jurisdicción del municipio de Murindó, parte selvática que divide los departa- mentos anteriormente mencionados. La información daba cuenta de la presencia de un campamento en el que estaban albergadas 13 personas secuestradas, entre las cuales podría estar el señor Gobernador del departamento de Antioquia y el señor ex Ministro de Defensa Nacional, así como oficiales y suboficiales secuestrados en años anteriores. El terreno bastante abrupto, difícil, selvático, se materializa en el sector de los municipios de Urrao, Murindó, específicamente en el río Murrí, que

Los potros de bárbaros atilas

corre de sur a norte y que vira al occidente para desembocar en el río Atrato. De igual manera, el río Curbatá y la quebrada Papayal conforman el panorama geográfico del sector. Se tenía una información de la presencia allí de aproximadamente 100 terroristas en el sector, en inmediaciones al río Murrí, río Curbatá, pero espe- cíficamente la presencia entre 15 y 20 terroristas de esta banda subversiva en el sector que daba cuenta del campamento. Analizada la información, se hace el planeamiento muy detallado. Como ya fue reseñado por el señor Comandante del Ejército, hasta el punto de prever megáfonos para dar instrucciones a los secuestrados una vez en el área, a fin de preservar su vida y lograr que los terroristas desistieran de hacer uso de sus armas, se entregaran y facilitaran el rescate de nuestros secuestrados. Para esta operación tuvimos el apoyo de cinco helicópteros Black Hawk, dos helicópteros Arpía, un avión EC-47 y otro helicóptero de comando y control, concretando así una primera rotación –que voy a explicar– con 75 hombres que llegaron al sector. Para orientar a los televidentes, la operación se inicia en la guarnición de Tolemaida –guarnición sede de las Fuerzas Especiales– un desplazamiento aéreo al aeropuerto de Rionegro y de allí hasta la localidad de Urrao por vía terrestre. Entre Urrao y el sitio de los hechos hay 55 kilómetros y un tiempo aproximado de 18 minutos de desplazamiento en helicóptero. Concretamos acá (muestra el mapa) el sector y en el planeamiento determinamos lo que llamamos tres áreas de desembarque a donde iban a llegar las tropas: La Oro, La Plata y La Bronce en el sector de interés, en inmediaciones al objetivo o al campamento del cual dábamos cuenta. Como lo dije anteriormente, utilizamos en el primer desembarco 75 hombres en los helicópteros Black Hawk que estaban debidamente dotados para descenso por el sistema de soga rápida, dado que lo abrupto del terreno era de difícil acceso y los helicópteros no podían aterrizar. El Batallón de Fuerzas Especiales Número 2 que ejecutó la maniobra está debidamente entrenado, equipado, para este tipo de operación, para lo cual, hecho el planeamiento, se hicieron varios ensayos. Una vez desembarcadas las tropas en los tres sitios, estimamos entre 50 minutos y una hora para acceder al lugar del campamento, tiempo que fue reducido a 30 minutos aproximadamente, en razón a que no obtuvimos resistencia de los terroristas. Es decir, la tropa en ningún momento combatió, porque los terroristas no opusieron resistencia.

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

Una vez llegado al lugar, a los 30 minutos de hecho el desembarco, el Mayor Comandante del Batallón informa de lo que había encontrado: nues- tros secuestrados asesinados, encontró unos heridos, los cuales procedimos a evacuar hacia Medellín, uno de los cuales durante el trayecto falleció. Los heridos y el ileso, como el señor Presidente y el señor Comandante del Ejército lo explicaron, dan cuenta de la forma en que fueron asesinados los secuestrados. Ellos nos han contado cómo el terrorista alias “El Paisa” ordenó asesinar a los secuestrados en el lugar donde se encontraban cautivos. Quiero decirle al país, reiterarle que la tropa utilizada para esta opera- ción es altamente calificada y entrenada, que están a la altura de las mejores fuerzas especiales del mundo, que su valor, arrojo, experiencia y capacidad nos permiten acceder a cualquier lugar de la geografía nacional. Lamentamos profundamente la pérdida irreparable de estas 10 vidas. En esta oportunidad y quiero manifestar que la moral de los hombres de la Fuerza de Despliegue Rápida es muy alta y nos anima a seguir trabajando para entre- garle al país un mejor mañana lleno de sosiego, paz y tranquilidad. Ricardo Galán Osma (Secretario de Prensa de la Presidencia de la República): Esta noche, poco antes de esta transmisión, el señor Presidente, la señora Ministra de la Defensa, los Altos Mandos y el Fiscal visitaron el hospital San Vicente de Paúl, donde están los heridos. Una cámara de Teleme- dellín –un canal local– logró dos testimonios. El primero de ellos y que ustedes van a ver (es importante que los tele- videntes sepan que estas imágenes están sin editar, uno por falta de tiempo

y

dos porque hemos preferido que salgan al aire tal cual se presentaron

y

se lograron los testimonios por parte de los periodistas y camarógrafos

de Telemedellín, a quienes además les damos las gracias) es el de Agenor Enrique Vieyar Hernández. Él es un miembro de la Infantería de Marina

de la Armada Nacional, llevaba tres años y medio secuestrado y este es su

testimonio:

Cabo Agenor Enrique Vieyar Hernández: Buenas noches, soy el Cabo Primero de Infantería de Marina, Agenor Enrique Vieyar Hernández, perte- nezco al Batallón de Fusileros de Infantería de Marina Número 6. Fui secues- trado en la toma de Juradó, Chocó. Periodista: ¿Qué pasó hoy, cómo fue el operativo, ustedes en donde se encontraban en ese momento y a qué hora se presentaron los hechos? Cabo Agenor: Pues como de costumbre estábamos reunidos, uno estu- diando inglés con el señor Gobernador de Antioquia, yo me encontraba –en

Los potros de bárbaros atilas

ese momento cuando pasaron los helicópteros– en el orinal, entonces nos ordenaron que nos quedáramos todos en los cambuches, entonces nosotros nos pusimos a empacar lo de nosotros por si había que salir. Como a los cinco minutos dieron la orden que no dejaran ni uno vivo, que nos mataran a todos y el doctor Gilberto y yo, cuando sonó tres disparos, me tiré al piso y el doctor Gilberto cayó herido encima de mí y gritaba y lo remataron y me pegaron un tiro en la pierna pero como no me moví pensaron que estaba muerto. Periodista: ¿Hubo algún disparo de la Fuerza Pública en ese momento? Cabo Agenor: A los 20 minutos llegó el Ejército, Las Fuerzas Especiales Número 2 con megáfono diciéndole a los guerrilleros, invitándolos a entre- garse, que entregaran los secuestrados, que les perdonaban la vida y no hubo ninguna necesidad de ningún disparo. Periodista: ¿O sea que no hubo fuego cruzado en ningún momento? Cabo Agenor: No, en ningún momento. Todo fue una masacre de las Farc. Periodista: ¿Hubo advertencia por parte de las Fuerzas Militares cuando llegaron a los 20 minutos del operativo? Cabo Agenor: Pues por el megáfono gritaban que se entregaran, que les perdonaban la vida, pero no había un solo guerrillero. Ya no había guerrilla, habían salido hacía 20 minutos. Periodista: ¿Cuántos hombres lo estaban custodiando a usted? Cabo Agenor: A nosotros nos custodiaban alrededor de 50 guerrilleros, pero en ese momento había máximo 20 ó 25 porque habían salido unos con leishmaniasis a buscar la droga y había unos comprando víveres, estábamos mal de víveres. Periodista: ¿Y usted volvería a vestirse el uniforme para defender a Colombia en algún momento si así se presentara? Cabo: Siempre me he sentido orgulloso de ser Infante de Marina y, claro, apenas pueda vuelvo a las filas. Periodista: Bueno, ojalá se recupere, mucha fuerza de voluntad y para adelante. ¿Algún mensaje que le quiera dar a los colombianos y sobre todo a sus compañeros que en este momento están liderando diferentes batallas en distintos puntos del territorio colombiano? Cabo: A mis compañeros que felicitaciones porque he escuchado las noticias y van muy bien. Que así como van, van muy bien, respetándoles la vida a los guerrilleros que se entregan, porque muchos de ellos están aburridos y se quieren entregar, entonces eso, los felicito por eso.

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

Y a todos los colombianos, que apoyemos al Presidente. Tenemos Presi- dente, que este es el Presidente que necesitábamos y a mi familia que no se preocupen, que gracias a Dios estoy bien. Periodista: ¿Lo que se presentó hoy fue una orden directa de ejecución por parte de la guerrilla? Cabo: Una orden directa, a viva voz de alias “Paisa”, comandante de las Farc. El mismo que secuestró al Gobernador de Antioquia y a su Comisionado de Paz. Periodista: ¿Qué orden dio? Cabo: Dio la orden que no dejaran uno vivo, que no dejaran uno solo vivo. Periodista: ¿Había alguien allá que tuviera problemas de salud? ¿Por ejemplo leishmaniasis? ¿Había buena atención, qué pasaba? Cabo: Yo estoy enfermo de lesmaniasis en la frente y en el brazo, junto con el Cabo Marín y muchos guerrilleros. El doctor Gilberto había salido de una gripa pero estaba bien, los dos civiles estaban bien, el Gobernador y el doctor Gilberto. Había uno con paludismo que era mi Teniente Patria, había recién salido del paludismo. Periodista: ¿Los atendían, les prestaban la atención suficiente en condi- ciones normales humanitarias? Cabo: Pues mientras hubiera droga nos atendían y siempre y cuando alias “Paisa” estuviera de buen humor, porque él es muy resentido con la Fuerza Pública, él a veces sicológicamente nos trataba mal. Periodista: ¿Hubo alguna vez alguna intención de liberarlo? Cabo: Varias veces. En una estábamos cerca de Dabeiba en una operación, me acuerdo que se llama Héroes de Urabá, llegó la Fuerza de Despliegue Rápida pero alcanzamos a salir, la guerrilla nos mandó que empacáramos y saliéramos corriendo y estuvieron cerca, cerca, pero no como ahora. Esta fue, mejor dicho ahí mismo, no hubo tiempo de nada, entonces los mataron. Periodista: ¿Cómo le curaban la leishmaniasis? Cabo: Bueno, al principio me tenían un cuchillo caliente al rojo vivo en la frente y me trataban, la tapaban con panela derretida al calor, con candela. Ya después me echaron cera caliente, cera de abeja caliente, ellos le llaman canturrón y así nos la estaban tratando. Periodista: ¿O sea que ustedes estaban en condiciones infrahumanas? Cabo: Sí, pero eso era lo único que había, no había más. Periodista: ¿Qué mensaje le envía a sus compañeros?

Los potros de bárbaros atilas

Cabo: Quiero mandarle un mensaje a mis compañeros de Infantería de Marina: que ahora sí vamos por dónde es, que tenemos un buen Presidente, que felicitaciones porque estamos bien. Y a los soldados del Ejército de Colombia, Policía, Fuerza Aérea: felicita- ciones y los invito a seguir con la lucha, que la vamos a ganar. Ricardo Galán Osma (Secretario de Prensa de la Presidencia de la República): Esta entrevista fue lograda por un periodista y un camarógrafo

de Telemedellín, quien nos las ha cedido cordialmente, cortésmente y se han

transmitido sin editar. Ahora vamos a transmitir el testimonio, también sin editar, del Sargento Segundo, Humberto Aranguren González. Él pertenece al Ejército Nacional. Este testimonio fue logrado en el Hospital San Vicente de Paúl en la ciudad de Medellín, a donde fue esta noche el señor Presidente de la Repú-

blica, la señora Ministra de la Defensa, los Altos Mandos militares, el señor Fiscal General de la Nación. El reporte médico, según lo contó el señor Presidente hace algunos momentos, indica que están estables, que van a ser tratados quirúrgicamente esta noche y que para buena nueva a sus familias, están fuera de peligro. Este Sargento Segundo, Humberto Aranguren González, llevaba cuatro años secuestrado, estaba en compañía del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, del señor ex ministro de Defensa, Gilberto Echeverri

y de otros militares –que si los televidentes recuerdan– solían salir

en los testimonios que entregaban las Farc sobre su supuesto estado de superviviencia, Este es el testimonio del sargento Humberto Aranguren González. Presidente Álvaro Uribe Vélez: ¿Cómo se siente mi Sargento? Sargento: Bien, señor Presidente, muchas gracias señor Presidente Presidente Álvaro Uribe Vélez: ¿Cuánto llevaba allá? Sargento: Cuatro años. Cuando sentimos los helicópteros nos recogieron en

la casa que nos tenían y la orden era que si la tropa descargaba, nos mataban. Presidente Álvaro Uribe Vélez: ¿Y a sangre fría los mataron? ¿La

tropa disparó? Sargento: No, ellos mataron a mis compañeros y salieron corriendo. Presidente Álvaro Uribe Vélez: ¿Y su familia de dónde es, ya habló

con ellos? Lo vamos a dejar porque lo van a intervenir quirúrgicamente, que

le vaya muy bien, le pedimos a Dios que se recupere prontamente y vamos a

quitarle al país la plaga de estos bandidos.

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

Sargento: Gracias a Dios salimos vivos para contar esta historia y para contarle al país la clase de gente que son ellos. En estos cuatro años aprendí a querer más a mi Institución (el Ejército Nacional). Periodista: ¿Hay algún mensaje que le quiera dar a sus compañeros? Sargento: Que adelante, que vamos a ganar la guerra, esta guerra la ganamos. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Bueno, se tiene que cuidar unos diítas, pero con la ayuda de Dios lo reparan totalmente Sargento: Aquí en Medellín hay buenos mecánicos. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Saludes a la familia, hombre. Sargento: Gracias señor, Presidente Ricardo Galán Osma (Secretario de Prensa de la Presidencia de la República): Este era el testimonio del Sargento Segundo Humberto Aranguren González, del Ejército Nacional, les repito, imágenes y entrevista sin editar. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Compatriotas, el señor general Mario Montoya, Comandante de la IV Brigada, se quedó esta tarde en la selva para apoyar toda la acción de la Fiscalía. También, el oficial de nuestra Fuerza Pública que resultó ileso, gracias

a Dios, Pedro Guarnido Valle, Sargento Viceprimero del Ejército. Se le pidió

a él que le diera su testimonio con total espontaneidad a la Fuerza Pública porque, repito, hemos querido que estos dolorosos hechos el país los conozca en su absoluta verdad. Hoy habíamos inaugurado el Batallón de Alta Montaña en Cali, recibimos allí la noticia del asesinato de estos colombianos, nos trasladamos a Medellín,

a Urrao y a la selva y la decisión tomada en el avión y en los helicópteros fue

de tres puntos que ya se los había relatado a ustedes esta noche: que el país conozca la verdad absoluta y de una vez, no gota a gota. Segundo, respetar la crítica, respetar los reclamos. Tercero, firmeza, firmeza para persistir en la lucha que nos conduzca a derrotar el terrorismo. Quiero recordar que no hubo un solo disparo de la Fuerza Pública, que el terrorista apodado ‘El Paisa’, quien había secuestrado al doctor Gilberto Echeverri y al doctor Guillermo Gaviria en una marcha de paz, es el mismo que ordenó asesinarlos cuando la Fuerza Pública no había hecho un sólo disparo. Muchos colombianos han venido pidiendo el acuerdo humanitario, todos quisiéramos el acuerdo humanitario, lo que tenemos que hacer es pensar las condiciones en que deba darse.

Los potros de bárbaros atilas

Como candidato presidencial y durante las primeras semanas de Gobierno, sostuve la tesis que un acuerdo humanitario tenía que ir acompañado de un cese de hostilidades, de la iniciación de un diálogo serio, conducente a un proceso de paz, de la mediación de Naciones Unidas. Más tarde, al hablar con el Secretario General de las Naciones Unidas, el señor Kofi Annan, también con el Presidente de Francia –con quien me entrevisté como Presidente electo–, con el Ministro de Relaciones de Francia –con quien he hablado sobre el tema varias veces– y con familiares de los secuestrados, el Gobierno –por mi conducto– aceptó introducir una variación:

desvincular la posibilidad de un acuerdo humanitario de la exigencia de un proceso de paz. Y entonces definimos unas condiciones para que ese acuerdo humanitario pueda ser conveniente para el país. Esas condiciones no las he definido por capricho, no las he definido por soberbia, las hemos querido definir con argu- mentos, razonablemente, porque nosotros tenemos la responsabilidad de que el acuerdo humanitario no entorpezca nuestra política de orden público. Hemos pedido que en cualquier circunstancia tengamos los buenos oficios de las Naciones Unidas. ¿Por qué? Porque en el pasado este grupo terrorista de las Farc siempre les respondió con más violencia a los gobiernos que genero- samente le dieron la oportunidad de hacer la paz. Este grupo terrorista aplicó bien la interpretación que Stalin hizo de Maquiavelo, según la cual, cuando el adversario tiene un gesto de genero- sidad, no se debe tomar como generosidad sino como debilidad, se debe apro- vechar para armarse más y para golpear. Ha sido la crónica de mala fe de las Farc cuando quiera que han tenido oportunidades para hacer la paz. Colombia necesita en todos estos procesos el ente supranacional: las Naciones Unidas, que garantice la seriedad del proceso, que garantice que no haya engaños a las instituciones democráticas, que garantice que esos procesos no sirvan para alimentar el terrorismo sino para conducir a la paz y que también le de un testimonio objetivo a la comunidad internacional, porque este grupo terrorista de las Farc ha sido especialista en engañar a la opinión internacional. Hoy mismo ha producido varios comunicados diciendo que hubo un desembarco de no sé cuántos hombres, en otra parte dicen que un bombardeo, que estos colombianos fueron asesinados en el fuego cruzado. ¡Falso de toda falsedad! Han mentido hoy, una vez más, de la misma manera que han mentido

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

a lo largo de su historia terrorista. Por eso necesitamos los buenos oficios de

Naciones Unidas. La otra condición ha sido que se libere a todos los secuestrados, lo tengo que pedir, es mi deber como Presidente de Colombia. Yo no puedo categorizar los secuestrados, no puedo decir ‘hay secuestrados de primera, de segunda, de tercera’, mi responsabilidad es buscar la liberación de todos. Esa es la razón para exigir esa condición.

Una tercera: el país no puede entrar a conceder zonas de despeje y desmi-

litarizaciones, al contrario, lo que nos reclaman los colombianos es fortaleci- miento creciente de la Fuerza Pública para que la Fuerza Pública pueda recu- perar la soberanía de la Patria en todos los lugares del territorio. Nosotros –como lo decía esta mañana a una cadena radial– estamos dispuestos no a conceder desmilitarizaciones ni a conceder despejes que tanto daño han hecho, sino a buscar, por ejemplo con la Cruz Roja, un mecanismo de facilitación para que nos entregue a los secuestrados. Las Farc, habilidosamente, en los últimos días han omitido la exigencia de la desmilitarización para engañar a muchos colombianos, pero siempre refiere

a su comunicado de febrero y en esos comunicados pidió la desmilitarización

de dos departamentos de Colombia. ¡Qué tal! Una de las primeras determinaciones que tomé después del 7 de agosto del año pasado fue exigir que el Ejército de Colombia entrara a todos los sitios del territorio, incluidos los famosos laboratorios de paz. No puede haber laboratorios de paz para que sean imperio de los violentos, para que excluyan la presencia de la Fuerza Pública. La Farc ha pedido que se libere a todos los guerrilleros que están en las cárceles, son casi 5.000. Nosotros tenemos limitaciones constitucionales y legales, hoy no tenemos la facultad jurídica de liberar a aquellos que están por delitos atroces y supongamos que vamos a liberar a aquellos que no están en las cárceles

por delitos atroces, aquellos a favor de los cuales podría caber una excarcelación, ese tema lo tenemos que manejar en armonía con la política de orden público. ¡Qué tal, compatriotas, que como Presidente, para facilitar el intercambio humanitario, permita que salgan 600 ó 1.000 guerrilleros de las cárceles para regresar a la guerrilla! ¡Eso sería desastroso para Colombia! Por eso hemos dicho que aquellos guerrilleros que llegaren a salir de las cárceles deben darle

a Colombia la garantía de que no se van a reintegrar a los grupos violentos

a apoyar las acciones terroristas de estos grupos y que una manera efectiva puede ser a través del compromiso de un país amigo –así lo propusimos a

Los potros de bárbaros atilas

Francia– que los acoja y asuma la responsabilidad de tenerlos allí, bajo su tutoría para dar a Colombia la garantía de que no van a regresar a delinquir. La política de orden público es una política prioritaria hoy en Colombia. Esta seguridad que buscamos, la hemos denominado Democrática porque es para derrotar el terrorismo a favor de todos los colombianos, es para proteger al empresario y al obrero, es para proteger al pobre y al rico, es para proteger al líder gremial y al líder sindical, es para proteger al amigo del Gobierno y al crítico del Gobierno. Esta política la necesita Colombia para deshacerse de esa plaga que es el terrorismo. Y esa política de orden público necesita muchos elementos, déjenme referir a tres: necesita claridad en el mando, necesita claridad en el objetivo y en la visión, ¿en qué queda eso?, ¿yo libero unos guerrilleros para que regresen a delinquir? No. Estaría afectando totalmente la claridad en el mando, estaría dando a la Fuerza Pública y a ustedes –compatriotas– un mensaje equivocado. Esta política de orden público necesita una alta motivación de nuestros soldados y de nuestros policías. Esta mañana, cuando recibíamos la mala noticia, nos encontrábamos lanzando el Batallón de Alta Montaña en los cerros de Cali, batallón Rodrigo Lloreda Caicedo y decía allá que si algo bueno tiene hoy nuestra Patria es la motivación, la disposición, el propósito, la energía de nuestra Fuerza Pública, comprometida con entusiasmo a rescatar nuestra paz. Esta mañana, cuando yo daba las gracias a los papás y a las mamás de estos muchachos integrantes del Batallón de Alta Montaña de Cali y les decía que: en nombre de todas las familias de Colombia sentíamos una inmensa gratitud con las familias de ellos, porque estaban haciendo ese esfuerzo y ese sacrificio, veía en las caras de todos un compromiso alegre, una alta motiva- ción para darle la paz a Colombia. ¡Que tal compatriotas, que mañana o pasado mañana salgan 600 ó 1.000 guerrilleros de las cárceles para regresar a delinquir!, destruiríamos la motiva- ción de nuestra Fuerza Pública. Eso no se puede permitir. Por eso creemos que es razonable la exigencia de que aquellos guerri- lleros que llegaren a salir de las cárceles no puedan regresar a delinquir, que se pongan bajo la tutoría de un país amigo. ¡Claro que nos duele! ¡Nos duelen las familias colombianas! Miren, desde el aeropuerto de Urrao llame esta tarde a doña Martha Inés Pérez, la esposa del doctor Gilberto Echeverri, no me salían las palabras. Sentía mi responsabilidad de Presidente de darle esta noticia a una familia a quien conozco desde niño, a quien tanto quiero. Para mí es un golpe muy duro

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

que Gilberto Echeverri muera en estas circunstancias, siendo yo Presidente. Y esa llamada la hice con dolor. Llamé al Gobernador de Antioquia a contarle esto y a pedirle que hiciera otra llamada. A esta hora no he podido llamar, porque no he tenido todavía fuerzas, a mi buen amigo, el doctor Guillermo Gaviria Echeverri, padre del gobernador Guillermo Gaviria Correa. Estamos llamando con dolor a los familiares de nuestros suboficiales asesinados. En Colombia, el 50% de las familias ha sufrido estos duelos. Cómo nos ha golpeado el terrorismo, ¡por eso lo tenemos que derrotar! Y por eso tenemos que saber que el dolor por lo que ha ocurrido con tantos secuestrados, el afán

de tener un acuerdo humanitario para liberarlos, no nos puede llevar a afectar

la política de orden público. Yo no puedo desmotivar la Fuerza Pública.

De ahí que hemos exigido unas condiciones que consideramos totalmente razonables. Colombia tiene que derrotar dos enemigos: tiene que derrotar el terro- rismo. Y tiene que derrotar la corrupción. Que haya debate con grupos empre- sariales, que haya debate con grupos sindicales, que haya debate sobre política económica, que haya debate sobre reforma política, está bien, nuestra demo- cracia es pluralista y eso nos honra. Y queremos manejar el debate sobre todos los temas, solamente apelando

a los argumentos, con gran respeto por la idea contraria, para que el 7 de

agosto del 2006 podamos entregar un país más unido, un país más próspero, más solidario. Pero, aquello en lo que tiene que haber total firmeza, determinación sin clau- dicaciones, es en la derrota de los terroristas y en la derrota de la corrupción. Nuestra Fuerza Pública está haciendo crecientes esfuerzos para perfec- cionar sus operaciones, para dar resultados por el bien de todos ustedes, mis compatriotas. Y esta política de Seguridad Democrática tiene otro elemento que la caracteriza: la generosidad para la deserción. La generosidad para recibir a aquellos que un día estuvieron en el camino equivocado de los grupos violentos y que toman la decisión de regresar a vivir con nosotros en la vida constitucional. Desde el mes de agosto hasta la fecha, se han entregado centenares de colombianos de los grupos violentos, los hemos recibido con cariño, los hemos recibido con afecto, estamos apos- tando a que esos colombianos sientan la plenitud de las oportunidades.

Los potros de bárbaros atilas

Hace una semana en Cartagena, la Ministra de la Defensa y los Altos Mandos acudían con el jefe del frente de las Farc de Santander, quien se acogió a la política de desmovilización. Cuarenta años de edad, 20 en la guerrilla. Me decía: “qué lucha tan infructuosa, qué cosa tan grave matar colombianos para empeorar el país”. Me contaba cómo no pudo conocer a sus hijos, cómo se le desintegró su familia.

Y hemos conocido el testimonio de niñas que han desertado porque las

tuvieron en la guerrilla por coacción, las obligaron a la prostitución, las obli- garon al aborto. Hemos tenido el testimonio de jóvenes en la guerrilla porque los ilusio- naron con negocios y con pagos, defraudados de que no les cumplieron. Otros, porque amenazaron a sus padres de que los fusilaban si sus hijos no seguían la causa de estos delincuentes.

A todos esos colombianos engañados por los grupos violentos, los llamo hoy a

que dejen estas organizaciones. Delante de ustedes, compatriotas, asumo la respon- sabilidad de buscar todos los medios para dar a los colombianos que se desmovi- licen de los grupos violentos la plenitud de las oportunidades. Lo vamos a lograr. Nosotros queremos derrotar los matones profesionales, nos estamos preparando para ir detrás del señor Marulanda y del señor Briceño, para que este país, paso a paso, derrote estos matones profesionales, quienes han posado tantas veces de señorones con discursos engañando a la dirigencia política del país e internacional.

A esos matones profesionales hay que derrotarlos y a todo ese grupo de

colombianos, por ellos engañado, hay que atraerlos. Hace 8 días le dije a Rafael –cuando tuvimos ese encuentro en Carta- gena–: Rafael ¿usted cuándo tomó esta decisión? Y me dijo: “el viernes”. Le estiré la mano y le dije: hasta el viernes, mano dura. Desde el viernes, corazón grande, Rafael. Nosotros no tenemos interés de capturar unos inocentes, de mostrarlos de piyamas de raya en cárceles subterráneas, bajo tierra, enjaulados. Aquí hay tanta decisión para derrotar el terrorismo, como tanta decisión para facilitar la reconciliación, para facilitar la desmovilización, para recuperar el imperio de los derechos humanos. Compatriotas: en medio del dolor, quiero pedir a ustedes que no desfa- llezcamos en la tarea de derrotar los terroristas. Vamos a reincorporar a quien salió ileso, a curar a quienes están heridos, a pedirle a quienes han sido asesi- nados que desde el Cielo nos ayuden para cumplir bien esta tarea.

Relato de los hechos que condujeron a la muerte del Gobernador de Antioquia

En este momento de dolor, Colombia no se puede rendir. Ahora es que

tenemos que fortalecer nuestra decisión de derrotar el terrorismo, ¡derrotemos

el terrorismo! Ese terrorismo todos los días nos roba inversión, ese terrorismo nos quita

posibilidades de empleo, ese terrorismo todos los días condena a la gente pobre

a ser más pobre y a Colombia a vivir en más atraso. Yo sé que lo podemos

derrotar. Un pensador decía que el valor superior es el coraje porque del coraje se

derivan los otros valores. En esta hora de dolor, en esta hora que nos desgarra

a todos, compatriotas, coraje para que derrotemos el terrorismo. Mis condolencias sinceras a las familias de quienes han muerto. La Fuerza Pública planeó esta operación con toda responsabilidad y con toda prudencia. El señor general Mora (Jorge Enrique, comandante de las Fuerzas Armadas) llamó a la señora Ministra de la Defensa y ella a mí. Esto fue consultado, yo no puedo eludir responsabilidades. Las asumo. Buenas noches, compatriotas.

Tras el genocidio perpetrado por las Farc, el Presidente exigió a todos los comandantes militares implicados en la operación rendir un informe transparente de los hechos a la opinión pública. El texto de esta entrevista recoge estos testimonios. Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 5 de mayo de 2003

PALABRAS ANTE LA PLENARIA DEL PARLAMENTO EUROPEO

Álvaro Uribe Vélez

Muchos, entre quienes visitan a Colombia, suelen exclamar que es un país maravilloso, en franco contraste con la imagen de analistas y noticias. Otros expresan que es un Estado ilegítimo, autoritario y elitista. Con el fortalecimiento del Estado, nuestra democracia pluralista ha hecho el tránsito de las garantías formales y retóricas a las efectivas y reales. (…) Colombia ha tenido una generosa tradición de solución negociada con grupos violentos. Mi antecesor, el Presidente Andrés Pastrana, hizo una apuesta inmensa para negociar con la Farc. La buena fe y el patriotismo de aquel mandatario fueron cobardemente estafados por la Farc, que crecieron su imperio criminal mientras la Nación esperaba y abrigaba el acuerdo de paz.

He asignado prioridad a la Seguridad Democrática porque creo que ella hará entender a los violentos la necesidad de negociar con seriedad, so pena de recibir la derrota total por parte de las instituciones. Sin embargo, se han hecho esfuerzos para iniciar negociaciones con los violentos. Con la ayuda de la Iglesia Católica, de Cuba, con la intervención del grupo de Países Amigos y de la Comisión Facilitadora, hemos buscado el diálogo con el Eln. Hasta ahora sin resultados, a pesar de nuestra disposi- ción. Temen dar cualquier paso a favor de la paz sin permiso de la Farc. Recibí un proceso de mediación de la Iglesia Católica con las auto- defensas ilegales y decidí continuarlo. Acepté que el Comisionado de Paz iniciara el diálogo cuando estas organizaciones anunciaron el cese de hosti- lidades. Es hora de perfeccionar y vigilar el cese de hostilidades, para lo cual es de la mayor utilidad el apoyo de la Organización de los Estados Ameri- canos, que debe conducir a una rápida concentración de los integrantes de estos grupos que tengan sincera voluntad de paz.

Los potros de bárbaros atilas

Se atenta por igual contra el ordenamiento jurídico cuando se ataca violentamente al Estado y a la sociedad, como cuando se aparenta querer defenderlos con apelación a la violencia y a grupos de justicia privada. Requerimos recuperar el principio de la protección institucional exclu- siva de los ciudadanos. A este propósito contribuye la desmovilización de las autodefensas. La acción militar del Gobierno ha sido implacable contra los sectores de autodefensa que no han respetado el cese de hostilidades. Así lo acredita el número de dados de baja que aumentó en un 85% en año 2003 con respecto al 2002 y el número de capturados que aumentó en un 135% en el mismo periodo. El Proyecto de Ley de alternatividad penal, que se discute ampliamente, busca facilitar acuerdos de paz, sin impunidad, en armonía con la justicia. Aunque su trámite coincide con el proceso que se adelanta con las autode- fensas, se necesita mayormente para la guerrilla, que es superior en inte- grantes y registra la mayor cantidad de desmovilizados en el curso del actual Gobierno. En esa ley debemos mirar el pasado y anticipar el futuro. Los indultos del pasado a delitos atroces hoy son inaceptables y también lo sería que mañana se modifique la ley que aprobemos, en función de la predisposición política hacia otros actores de terror que quieran negociar. En el período de Gobierno se han desmovilizado casi 4.500 integrantes de grupos violentos, 68% de ellos miembros de la guerrilla de la Farc. Han sido acogidos con toda generosidad y el Estado realiza ingentes esfuerzos para ayudar a su reinserción a la sociedad. Este número supera lo logrado en procesos de paz de las últimas décadas. La Farc tiene más de 1.000 secuestrados en su poder, entre ellos congre- sistas, integrantes de la Fuerza Pública y la ex-candidata presidencial Íngrid Betancur, quien es ciudadana colombiana y francesa. Comprendo el dolor de sus familias y el interés internacional en un acuerdo humanitario. Inicialmente lo condicioné al cese de hostilidades y a la iniciación del diálogo. Mis conver- saciones con la Iglesia, el Gobierno Francés, el Secretario de Naciones Unidas, Kofi Annan, y los familiares de las víctimas, me llevaron a aceptar la búsqueda del acuerdo sobre la base de una negociación realizada a través de Naciones Unidas, la liberación de todos los secuestrados, y el compromiso de los guerri- lleros terroristas que salgan de las cárceles de no volver a delinquir, con garan- tías eficaces, como podría ser su residencia en un país que tutele el acuerdo.

Palabras ante la Plenaria del Parlamento Europeo

Sin la garantía efectiva de que no volverán a delinquir el Gobierno no puede liberar guerrilleros terroristas. Lo contrario sería maltratar el sacrificio de la Fuerza Pública, desmotivar su acción y marchitar el espíritu popular de respetar la ley. Sería abrir la puerta de una extorsión recurrente al Estado y a la sociedad. Debemos tener en cuenta que los unos son ciudadanos de bien secues- trados por el terrorismo y los otros son terroristas que están en las cárceles. Debemos tener en cuenta que una cosa es la guerra y otra el terrorismo. En la guerra hay contendientes a quienes se reconoce legitimidad para efecto de acuerdos humanitarios, en cambio en el terrorismo hay un verdugo y una víctima que es la sociedad, cuyos derechos y virtudes debemos proteger con la fuerza de las armas institucionales. Por eso la autoridad no puede renunciar al rescate de los secuestrados,

a pesar de la crueldad del verdugo, demostrada en el asesinato de Gilberto Echeverri, Guillermo Gaviria Correa, Doris Gil, Helmut Bickenback, Chikao Muramatsu, y un gran número de integrantes de la Fuerza Pública. Asesinato de ciudadanos indefensos cometido por la Farc cuando presumió la presencia de la autoridad en la vecindad del cautiverio. Ninguna negociación puede fortalecer al verdugo. (…) Acudo a este Parlamento con profundo respeto, con gratitud por el interés prestado y la ayuda permanente a Colombia. Soy consciente que las solu- ciones que mi Gobierno busca para la compleja problemática de mi Patria, desatan controversia. Reitero mi fe en la deliberación creadora. Construye más la delibera- ción que la ausencia. Construye más el debate que el retiro. Construye más la controversia constructiva que el abandono de las curules. Ustedes saben de mi intransigencia frente al terrorismo. Mi generación no ha vivido un día de paz. La Patria que queremos para nuestros hijos y quienes habrán de venir es una Patria de paz y equidad. Ruego

a ustedes, distinguidos parlamentarios de Europa recibir la reiteración de mi profundo amor por la democracia.

Estrasburgo, Francia. Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 10 de febrero de 2004

PALABRAS ANTE EL V FORO IBEROAMERICANO

Álvaro Uribe Vélez

(…) Las Farc. El acuerdo humanitario para liberar un grupo de colombianos que está secuestrado. Como candidato y en las primeras semanas de gobierno siempre dije: no hay acuerdo de canje, mientras no haya iniciación de un proceso de paz, que tiene que empezar con cese de hostilidades. Vinieron unas reuniones con el Presidente de Francia (la ex candidata Íngrid Betancur, ex candidata a la Presidencia secuestrada por las Farc, es también ciudadana francesa), con el Canciller de Francia, con el Secretario General de Naciones Unidas, con los familiares de las víctimas. Y el Gobierno aceptó variar la posición. Aceptó separar el acuerdo huma- nitario de un eventual proceso de paz, sobre unas condiciones a las que me voy a referir. Eso ha tenido alguna evolución. Diría que hoy, para no llevarlos exhausti- vamente a lo largo de cada una de las etapas de este proceso, el Gobierno tiene tres puntos, que considera inamovibles, esenciales:

Primer punto: no puede haber zona desmilitarizada. Desmilitarizar zonas es darle un factor de desmotivación a la Fuerza Pública. En el pasado Colombia experimentó esos factores de desmotivación. Colombia no tiene Fuerza Pública golpista. Pero cuando a la Fuerza Pública se le desmotiva hace operación tortuga. Y un Gobierno que ha ganado un nivel de gobernabilidad sobre la Fuerza Pública, no puede desmotivarla. Porque para recuperar el imperio de las instituciones, en un país que no lo vamos a pacificar con paramilitares, ni se lo vamos a entregar a la guerrilla, hay que tener la Fuerza Pública tonificada. Por eso el Gobierno quiere ser muy cuidadoso en estos pasos para no desmotivar la Fuerza Pública. Segundo tema inamovible: los guerrilleros que lleguemos a liberar de las cárceles no pueden volver a delinquir. Nosotros, como una muestra con nuestro compromiso con los derechos humanos, en un programa dirigido por el señor Vicepresidente de la República, demócrata consumado, se destruyeron las minas antipersonales que conservaba el Gobierno. Se destruyeron el pasado domingo.

Los potros de bárbaros atilas

Este año hemos tenido 554 víctimas de minas antipersonales. Y el 85 por ciento de ellas integrantes de la Fuerza Pública. Minas antipersonales todas sembradas por estos terroristas. Entonces la Fuerza Pública colombiana, haciendo un inmenso esfuerzo por devolverle a este país la seguridad, nosotros no podemos liberar unos guerrilleros de las cárceles para que vuelvan a delinquir. Primero el Gobierno exigió que los que se lleguen a liberar de las cárceles tienen que irse a un país afuera. El Gobierno de Francia dijo: yo los recibo. Y que ese país debe asumir la responsabilidad de vigilarlos para que no se rein- tegren a la acción armada. Hemos ofrecido una opción: que se vayan al extranjero o que se rein- serten acá. Aquí tenemos un programa de reinserción muy generoso. Cuando se reinsertó el M-19, se reinsertaron 700 guerrilleros. Cuando se reinsertó el EPL, se reinsertaron 1.200. Sumen eso y hagan esta comparación: en este Gobierno se han reinser- tado 6.700 integrantes de grupos violentos. Paradójicamente el 60% de Farc. El otro 40% se lo reparten entre Autodefensas y Eln. La reinserción avanza generosamente. Hace poco asistí, en Ciudad Bolívar de Bogotá, a la graduación en un curso de competencias laborales de 800 reinsertados. Daba gusto percibir ese estado de ánimo. Ese cambio de orientación en la vida. Entonces hemos dicho: bueno, aquí hay un proceso de reinserción gene- roso. Los que lleguen a salir de la cárcel, si no se quieren ir al extranjero, que se sometan a ese proceso de reinserción. Y el tercer factor inamovible es que no podemos liberar de las cárceles sino a los que estén allí por los delitos políticos elementales. No a los que tengan conexidad con delitos atroces. En eso hay que ser muy cuidadoso. En Colombia ha habido una equivocada tendencia académica. La tendencia de considerar que el delito de la guerrilla, por atroz que sea, siempre es político. Y que el delito de los paramilitares siempre es común. Me puse a indagar por qué. Y se decía: no, es que la guerrilla está contra el orden establecido. Le daban un título de nobleza a ese delito por estar contra el orden establecido. Y entonces se tenía toda la inclinación a indultar y amnistiar el delito de la guerrilla, y el de los paramilitares se ha considerado crimen común, simplemente porque se estima que ellos están en defensa del orden establecido.

Palabras ante el V Foro Iberoamericano

Finalmente el impacto frente a la comunidad es igualmente dañino. El Gobierno le ha pedido al Congreso y al país superar esa diferencia. La deci- sión nuestra es darle el mismo tratamiento al delito atroz de la guerrilla que al delito atroz de los paramilitares. Si hay procesos de paz hay que dar bene- ficios, pero tenemos que hacer una muy buena ecuación entre paz y justicia, entre paz y no impunidad. Por eso están excluidos los beneficios del indulto y de la amnistía para delitos atroces. Por eso, no podemos en el acuerdo humanitario, entrar a liberar personas que estén en las cárceles con delitos atroces. Muchas personas que están interesadas, noblemente, en ese acuerdo humani-

tario han pedido que el Gobierno facilite una zona de encuentro con las Farc para esa negociación. Hay que desmilitarizarla y el Gobierno no puede hacer eso. Lo que va a anunciar el Comisionado, a las 6:30 de la mañana de mañana, yo se los anticipo, va a anunciar lo siguiente:

El Gobierno acepta que se negocie el acuerdo humanitario en una emba- jada en Bogotá o en la Nunciatura. Eso sería el único sitio donde el Gobierno aceptaría esa negociación. El Comisionado va a anunciar unos elementos como estos: el Gobierno reitera una propuesta que le hizo al Gobierno Suizo, que sería el destinatario de esta propuesta, de liberar unos guerrilleros. El Gobierno los libera antes de que las Farc libere a los secuestrados con las dos condiciones que les dije: que no estén en las cárceles por delitos atroces y que se comprometan a no regresar

a la guerrilla. Cualquiera de las dos opciones: o se van al extranjero o se entran al proceso de reinserción. El Gobierno libera unos delincuentes, antes. Segundo. La guerrilla tiene que hacer un gesto de liberar algunos de estos compatriotas que tiene secuestrados. En ese momento, se da el tercer paso, que es la negociación en una embajada

o en la nunciatura en Bogota, durante cinco días para perfeccionar ese acuerdo. Ese es el paso que va a anunciar el Comisionado, mañana en la mañana. Es muy duro. Yo siento un gran dilema. Voy a Neiva, siempre que voy a Neiva me reúno con los familiares de los secuestrados, o a Cali. Mañana debo ir

a Cali, voy a una reunión de Fenalco y en una salita contigua están los familiares

de los secuestrados y uno siente allí un grave dilema, un dolor inmenso de colom- biano y de padre de familia, que proviene de ver el dolor de estos familiares de las víctimas. Pero también una responsabilidad muy grande en la conducción del Gobierno para evitar que estos acuerdos desmotiven la política de Seguridad.

Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) Bogotá, 28 octubre de 2004

PALABRAS EN EL II CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE VÍCTIMAS DEL TERRORISMO

Álvaro Uribe Vélez y otros participantes

Compatriotas:

No es fácil para el Presidente de la República, con las convicciones que en mi caso se defienden, acudir a este evento porque estas convicciones generan polémica y cuando uno cruza esta puerta y entra a este salón se bloquea para la polémica, por la solidaridad que se despierta al mirar tantos rostros y tantas caras. Mil gracias a todos por haber organizado este evento. Muchas felicitaciones a la Universidad (Sergio Arboleda), este es un gran aporte a Colombia. Mil gracias a aquellos que han venido desde tantas naciones del mundo por acompañar a un país que ha sufrido durante tantos años el terrorismo. Ha sufrido tanto Colombia que aquí las cuentas no alcanzan, pero uno de los más cuidadosos estudiosos del tema, investigador de la universidad de los Andes, con cifras bastante difíciles de rebatir, ha expresado que no menos del 50% de las familias colombianas ha sido víctima de esta dolorosa tragedia del terrorismo. Diana Sofía (Giraldo, decana de la facultad de Comunicación Social de la Universidad Sergio Arboleda) se ha referido aquí a algunos temas. Creo que en estos dos días de deliberaciones, ustedes han tenido la opor- tunidad de escuchar muy brillantes intervenciones, tesis en un sentido, en el otro. Creo que podíamos utilizar mejor el tiempo, Diana Sofía, si algunas personas plantean sus inquietudes. Yo haré, con el mayor gusto, todo lo posible para responderlas. Y por supuesto, me referiré, con el mayor respeto al plan- teamiento del ex presidente Alfonso López, que acabas de resumir. Si les parece tomó algunas inquietudes de ustedes, procuro hacer unas referencias, si el tiempo ayuda, tomamos otras. Sofía Gaviria Correa (hermana del gobernador Guillermo Gaviria Correa, secuestrado y asesinado en mayo de 2003): Nuestro interés Presidente, es hacer una fundación para canalizar recursos para el tratamiento físico a

Los potros de bárbaros atilas

quienes lo necesiten y moral y algún tipo de indemnización. Es lo mínimo que se puede pedir siendo víctima o familiar del terrorismo. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Hay programas gubernamentales que ayudan en esa dirección, por supuesto insuficientes. Todo lo que haga el sector privado, magnífico. Incluso, en el fondo para la reparación pecuniaria que se esta concibiendo en la ley marco para la justicia y la paz, ese fondo tendrá varias fuentes: una fuente, todos los bienes adquiridos ilícitamente por las personas integrantes de estos grupos que se desmovilicen, los aportes del presupuesto nacional y voy a ser muy claro, con el buen cuidado de limitar la responsa- bilidad fiscal del Estado, porque si no la limitamos, con lo que ha pasado en Colombia, no hay fisco que alcance. Y abrimos un capítulo allí para el apoyo de los particulares y la posibilidad de la coordinación entre todos estos esfuerzos de los particulares y el fondo que se cree en la ley para reparación pecuniaria. (…) Gustavo Moncayo (padre del suboficial Pablo Emilio Moncayo Cabrera, detenido en la base de Patascoy, Nariño, el 21 de diciembre de 1997): Quiero presentarle un saludo en nombre de Asfamipaz, el grupo de padres y madres de familia que durante siete años, dos meses, que llevan de cautiverio nuestros hijos. En nuestros corazones ya no hay lágrimas, nuestros ojos que anterior- mente brillaban con luz propia, hoy están apagados. Presidente, en nombre de todas aquellas personas que desde algún lugar de las selvas claman por su libertad le quiero hacer la pregunta: ¿qué posibilidad hay para que se de el acuerdo humanitario, si nosotros podemos abrigar la esperanza de que en su Gobierno y en el menor tiempo posible, nuestros hijos, nuestros fami- liares, los padres de muchos de nuestros hijos puedan retornar a la libertad? Presidente Álvaro Uribe Vélez: Me voy a referir con toda franqueza al tema, sé que suscita controversia y si algo me ocurre es que, yo que he vivido en la controversia pública, en un escenario con ustedes me preocupa la contro- versia, lo haré de la manera más fraterna, más respetuosa. ¿Qué propuse yo en la campaña? Propuse que aceptaría un acuerdo humanitario siempre y cuando se iniciara un proceso de paz a partir de un cese de hostilidades. Esa propuesta la sostuve como Presidente electo y en las primeras semanas de Presidente en ejercicio. Después de hablar con familiares de algunos de los secuestrados, con la Iglesia, con el Presidente Chirac, con el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, acepté desvincular el acuerdo humanitario de la condi- ción de reiniciar un proceso de paz a partir de un cese de hostilidades.

Palabras en el II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo

Se dijo: que liberen todos los secuestrados, que haya una mediación de Naciones Unidas y que aquellos guerrilleros que salgan de la cárcel vayan al extranjero, se pongan bajo la tutoría de un país amigo que podría ser Francia, con el compromiso de que no regresen a delinquir. Seguimos avanzando. Cuantos colombianos ilustres han querido ser faci- litadores, el Gobierno les ha dicho: procedan. Uno de mis más ilustres compatriotas me dijo que quería ser facilitador, pero que tenía que obrar con independencia del Gobierno; le dije: “ni me lo tiene que preguntar, proceda”; al ex presidente López Michelsen, se lo dije con inmenso respeto y con el pleno propósito de no obstruir el ejercicio de su noble intención facilitadora. Hemos aceptado una serie de caminos, pero les tengo que confesar tres puntos, que para mí como Presidente de Colombia son inamovibles: primero, el despeje; segundo, la garantía de que los guerrilleros que se liberen de las cárceles no regresen a delinquir; y, tercero, la liberación de las cárceles de aquellos que no estén sindicados o condenados por delitos atroces. El primer punto. ¿Por qué el Gobierno se ha negado al despeje? Porque las experiencias de ‘despejes’ de más duración en el tiempo o de ‘despejes’ de corta duración en el tiempo para facilitar liberaciones, todas, han sido malas, han fortalecido inmensamente al terrorismo, han debilitado la capacidad del Estado para enfrentarlos, se han sucedido todas por hechos todavía más graves cometidos por el terrorismo, al cual se le han facilitado esos ‘despejes’. Esos ‘despejes’ desmotivan inmensamente la Fuerza Pública. ¿Qué alter- nativas hemos dado? Muchas. Aceptamos que las reuniones se llevaran a cabo en una sede diplomática en Bogotá, en la Conferencia Episcopal. Aceptamos que se llevaran a cabo las reuniones en cualquier ‘iglesita’ del país rural o urbana, y que con la ayuda, por ejemplo, de la Cruz Roja Internacional, los voceros del grupo secuestrador acudieran allí a partir de que mostraran su buena fe liberando a algunas personas y acudieran allí a culminar el acuerdo. A través de la televisión, estando él en Cali y yo en Cartagena, nuestro Arzo- bispo emérito, Desmond Tutu, me propuso, hace apenas unos pocos días: “¿qué si yo aceptaría que los jefes de estas organizaciones fueran a Sudáfrica para buscar estos acuerdos?” –creo que algunos de ustedes fueron testigos o estaban en el escenario de Cali, o lo conocieron a través de la televisión y de otros medios–, le dije: “Arzobispo, ¿me permite poner una pequeña condición?”, para mi fue muy difícil, a mi me lanzó esa propuesta en público ¿y de quién viene?, del Arzobispo emérito. Momento bien difícil para reacción del Presidente de la República.

Los potros de bárbaros atilas

Le dije: “¿me permite poner una pequeña condición?”, recuerdo y algún día lo escribiré, que no musitó palabra, simplemente hizo dos veces un gesto de aceptación con un movimiento de su cabeza, entonces le dije: “la pequeña condi- ción es que, estas personas, mientras estén en esas conversaciones en Sudáfrica, nos garanticen un cese de hostilidades en Colombia, un cese de hostilidades siquiera transitorio, una muestra de buena fe, mientras estén en Sudáfrica”. Nosotros hemos tenido todos los intentos del mundo de paz con el Eln. Les voy a contar alguna experiencia mía. Primero, una facilitación de Cuba, y Cuba ha ayudado con buena fe. No tengo reparo. Allá ha ido el Comisionado cuatro veces, yo he hablado muchí- simas veces con el Presidente Castro, el Eln no ha querido. Se ha facilitado el camino del grupo de países, amigos de la solución del Eln, no ha sido posible. Ahí está el testimonio de los voceros de estos países. Se ha facilitado la tarea de la comisión de la sociedad civil para acuerdos de paz con el Eln, no ha sido posible. Yo me reuní con Felipe Torres, integrante del Eln, una vez salió de la cárcel, le dije: “¿ustedes por qué no aceptan, Felipe, la propuesta de que empecemos un proceso de paz con cese de hostilidades?, eso no quiere decir que se rindan, no quiere decir que se tengan que desmovilizar, no quiere decir que se tengan que desarmar. Es un cese de hostilidades para facilitar la credibilidad del proceso. Urgencia para el cese de hostilidades, considerarlo un requisito para poder avanzar en la negociación, paciencia para llegar a la desmovilización, para llegar al desarme. Es una propuesta que combina una señal de credibilidad al país en ese proceso a través del cese de hostilidades, y una señal política de que es un proceso de paz y no de rendición, por intermedio de permitir que durante el proceso no tenga que haber desmovilización y desarme, simplemente cese de hostilidades”. Me dijo: “Presidente, nosotros no aceptamos eso porque usted nos mata en el cese de hostilidades”. Le dije: “yo soy combatiente, pero no bandido. Yo los combato con transparencia y de frente, yo no los combato matreramente, mientras haya un cese de hostilidades de ustedes, el Gobierno le va a decir al Ejército y a la Policía que cesen operaciones ofensivas frente a ustedes”. Llegué a México y estando con el Presidente Fox me preguntaron por eso –no creo que haya sido pregunta espontánea– repetí la propuesta, repetí la garantía de que no habría acciones ofensivas mientras se respetara ese cese de hostilidades, me dijeron: “¿acepta un garante?”, dije: “¡claro! lo acepto, al buen pagador no le pesan las prendas”, y dijeron: “¿aceptaría México?”. “Está aceptado”.

Palabras en el II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo

Empezó México a trabajar como facilitador, silenciosa y eficazmente. Nosotros no hemos obstruimos en nada la acción facilitadota de México. Hace 15 días, le entregó el mediador mexicano a Luis Carlos Restrepo,

Alto Comisionado para la Paz, una propuesta del Eln, yo le digo a Luis Carlos:

“haga una consultica en el Ministerio de Defensa y en los Altos Mandos a ver

si es operativa”, me dijeron: “es difícil, pero la operamos”. Pregunté: “¿viene

del Eln?”. Me dijeron: “si”. Respondí: “acépteselas”. Se las aceptó y después

se echaron para atrás. Lo que le ha pasado, no a este Gobierno, a muchos, se está cerquitica de iniciar un proceso con el Eln y aparecen señores como Antonio García a sabotear el proceso. Algo parecido pasa con el acuerdo humanitario. Entonces, ahora resulta

que algunos carteles en las calles de París dicen que el secuestrador de Íngrid Betancourt no es la Farc sino Álvaro Uribe, presidente de Colombia. Cómo vamos cambiando los papeles. Yo respeté inmensamente y acepto esa propuesta de Monseñor Tutu. Creo que esa condición es mínima, esa es una condición para mostrar buena fe. Acabo de recibir de Ángela Giraldo un caso, ella sabe por qué me duele, el de su hermano Francisco, donde me trae una carta sobre la propuesta de Monseñor Tutu. El Gobierno reitera la decisión de aceptarla. Juzguen ustedes, si la condición que hemos propuesto es una condición excesiva,

o es razonable: que haya un cese de hostilidades, por lo menos, durante el

tiempo en el cual se esté conversando en Sudáfrica. Esa es toda la condición que hemos puesto. El otro inamovible: que aquellas personas que salgan de la cárcel no estén incursas en delitos atroces. Es de la Constitución, de la Ley. Para demostrar nuestra buena fe, liberamos unilateralmente 22 personas de la Farc y no era que fueran a salir el día antes, el día siguiente, les faltaban 30 meses, 46 meses, 64 meses. Al que menos le faltaban, había uno que le faltaban 12 meses, uno 22 meses, tres por encima de 26, los otros por encima de 30, para demostrar la buena fe, para demostrar que no estábamos cañando, que teníamos toda la disposición. ¿Cuál es el otro inamovible? Que aquellos que salgan de la guerrilla no vuelvan a delinquir. Inicialmente dijimos: “como garantía de que no van a volver a delinquir, que los reciba un país como Francia u otro, que disfruten allá de la libertad, pero con el compromiso de no delinquir en contra de los colombianos”.

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Al cabo de meses me dijo la Iglesia Católica que se habían reunido con la Farc y que no aceptaban esa condición, y me pidió la Iglesia Católica que les propusiera otra condición, y se las propuse. Les dije: “bueno, entonces que no se vayan al extranjero, que se queden en el país, pero en un proceso de reinserción”. En este Gobierno se han reinsertado 11.600: seis mil de los paramilitares

y 5.600 de la guerrilla. Y ese proceso, con todas las dificultades, va bien, se les ha tratado bien, se les ha respetado su dignidad, se están ofreciendo alter- nativas. Va bien ¿Por qué entonces negar esa posibilidad? En el tema del despeje yo siempre pregunto: ¿por qué cuando cobran dinero no necesitan despeje para liberar? Y en el tema de que vuelvan, o no, a delinquir pregunto: ¿y es qué acaso es razonable que salgan de la cárcel para volver a delinquir? Yo llegó a Cali, a cualquier tema, casi siempre tengo una reunión con algunos familiares de los secuestrados. Llego a Neiva, ocurre lo mismo. Para mí es muy difícil, me tengo que llenar de valor porque se me cruzan los senti- mientos con las responsabilidades. Yo soy padre de familia, yo pertenezco a ese 50% de las familias colombianas que han sido directas victimas del terrorismo.

A mí no me da dificultad, yo no tengo insensibilidad para contagiarme con la

tristeza que se refleje en el rostro de estos compatriotas. Yo no tengo que fingir, yo he vivido en los combates y en los dolores y en los rigores del combate. Y uno quisiera resolver ese problema de inmediato, pero por el otro lado pienso en el ejercicio de las responsabilidades de Presidente. Entonces, estos señores, el año pasado entre asesinatos con minas antipersonas, mutilados y heridos afectaron a casi 700 colombianos de la Fuerza Pública. Y está la Fuerza Pública de la Patria haciendo este esfuerzo. ¿El premio que le vamos a dar a la Fuerza Pública es liberar a estos terroristas para que vuelvan a delinquir? Ahora que estamos desmovilizando militarmente y con un proceso de paz, también, los mal llamados sectores paramilitares, es el momento más oportuno para que nuestro país piense en la necesidad de la protección institu- cional de los colombianos. En algunas regiones le dicen a uno, pero no le dicen al oído, ni le mandan carticas clandestinas, lo dicen públicamente: “Presidente: ¿y desmovilizados los paramili- tares quién nos va a proteger?” ¡Miren la desinstitucionalización de la Patria! Y he dicho: nosotros no podemos aceptar sino un instrumento de protec- ción de los colombianos: las instituciones legitimas del Estado. Pero esas instituciones tienen que ser efectivas y transparentes, y para ser efectivas y transparentes tienen que estar debidamente motivadas, y cuando no están

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debidamente motivadas, debidamente apoyadas en el mando, pareciera ser que leen la epístola de San Pablo donde dice: “si el sonido que emite la trom- peta es incierto y débil ¿quién acudirá al campo de batalla?”. Por eso he sostenido, desde mis épocas de universitario, que en Colombia no hemos tenido una Fuerza Pública golpista, pero si una Fuerza Pública que se desmotiva cuando el liderazgo se convierte en liderazgo condescendiente con la delincuencia. Y es normal. Si yo soy soldado y me estoy arriesgando en el Plan Patriota, en plena selva de la Patria y encuentro que el liderazgo del Gobierno claudica ante la delincuencia, yo me hago la elemental reflexión:

¿qué motivación tengo para correr este riesgo? Para institucionalizar este país en el tema de la seguridad universal para los colombianos, la seguridad para Rosemberg Pabón –que tiene ideas discre- pantes de las mías–, para Juan Hurtado –que es uno de mis más fervorosos seguidores–, es una de las expresiones de nuestro concepto democrático de seguridad: seguridad para todos, seguridad para el pluralismo, seguridad para que funcione la democracia, seguridad para que elijan a Lucho Garzón en Bogotá, o a Angelino Garzón en el Valle del Cauca. Seguridad para que ejerzan libremente, de acuerdo con la Constitución y la Ley, sus atribuciones, sus deberes de Gobierno. Para todo eso necesitamos una Fuerza Pública eficaz

y transparente, y por eso no la podemos desmotivar. He ahí una de las razones que yo he tenido para insistir, queridos compa- triotas y apreciados visitantes de la comunidad internacional, en que, aquellos guerrilleros que salgan de la cárcel en un acuerdo humanitario debe haber una garantía eficaz de que no vuelvan a delinquir. El ex presidente Alfonso López, de acuerdo a lo que ha dicho Diana Sofía, ha propuesto que si el Gobierno no puede avanzar en un acuerdo humanitario, que avance en un acuerdo político, y ha reiterado su noble oferta de facilitador. Él lo sabe y con el respeto que le tengo, que no ha habido inconveniente alguno para que actúe como facilitador y como me lo pidió: independiente del Gobierno. Claro que en mi juventud y en mi adolescencia siempre pensé que no tendría que

ser independiente de López. Pero, si en esta hora de la vida, por esa causa noble,

él necesita proceder con independencia, que proceda no solo con independencia,

sino con independencia crítica, al menos mientras cumple la tarea. Examinamos que sea humanitario, que sea político, pero yo les ruego comprender estas condiciones. Miren, los seres humanos somos muy capri- chosos y muy subjetivos. Cuando yo he pensado estas condiciones, he dicho:

“Espíritu Santo ayúdame a que sean con la menor subjetividad posible”.

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Si estas condiciones son caprichosas, si estas condiciones no tienen razón de ser, replanteémoslas, pero les ruego pensar en estas condiciones. Estas condiciones no han sido fruto de la improvisación ni del capricho, han sido fruto de pensar mucho en la historia de este país y en el futuro de este país. Cuando se le cede al terrorismo, el terrorismo no devuelve esas conce- siones en paz, al contrario, acrecienta su acción destructora. (…) Gustavo Moncayo: en nombre de todos los padres de familia, que todo se haga a través del diálogo: No más violencia, no queremos que haya más mutilados, Presidente. Yo le suplico que entienda nuestra situación. El Gober- nador del Valle ha propuesto que se realice el Acuerdo Humanitario en ese departamento y hay una de los indígenas del Cauca. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Le voy a hacer una pregunta: ¿a usted le parece que es caprichoso exigir que los guerrilleros que salgan de la cárcel den una garantía de que no vuelven a delinquir? Gustavo Moncayo: La noche anterior liberaron cantidad de terroristas en Israel sin condicionamientos. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Un acuerdo. Gustavo Moncayo: ¿Por qué no se puede hacer ese acuerdo aquí en Colombia? Presidente Álvaro Uribe Vélez: ¿Le parece que la condición de que no vuelvan a delinquir es una condición caprichosa? Piense en esa condición, piense en esa condición y llámeme. Yo me atrevo a hablar de estas condi- ciones porque estas condiciones no han sido improvisadas. Gustavo Moncayo: Presidente, ¿cree que es justo siete años en la selva? Presidente Álvaro Uribe Vélez: Lo comparto. Mire qué nos condujo allá. Mire qué antecedió a Patascoy. Gustavo Moncayo: Presidente pueden ser miles los argumentos que podemos sacar, pero no debemos mirar atrás… Presidente Álvaro Uribe Vélez: …pero no permitir, Gustavo, que tengamos que proceder sin condiciones razonables, para que simplemente se siga creciendo el terrorismo. Ahora, lo del Valle del Cauca. El Gober- nador (Angelino Garzón) propuso en su campaña ser facilitador, él sabe que el Gobierno lo autorizó. En unas ocasiones ha podido cumplir la tarea, y en otras no, por los operativos militares en la Cordillera. Se lo digo a todos los colombianos con toda sinceridad: ya he explicado las razones porque no aceptamos el despeje, pero si es en una iglesia del Valle del Cauca, estamos

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dispuestos a aceptar que allá se lleven a cabo las reuniones. Este terrorismo además es cobarde. ¿Usted sabe qué pasó en Urabá donde nos mataron los soldados hace 15 días? Cuando los soldados llegaron, los terroristas pusieron

a

los indígenas de escudos humanos. Todos los soldados tuvieron que regresar

y

ahí los terroristas los masacraron a la mansalva. Eso pasó, Gustavo. Yo no

tendría inconveniente en escucharlo cuantas horas tenga que escucharlo y en examinar alternativas con él, porque comprendo su angustia. Si algo necesi- tamos aprender los colombianos es la discrepancia fraterna. Este país nece- sita un modelo político pluralista, sin exclusiones pero sin odios, un debate permanente pero fraterno y creativo, un debate sin acidez, sin antagonismos insuperables. Un debate siempre en la búsqueda de la mejor opción. (…) Alfonso López Michelsen (ex presidente de la República): He vacilado mucho en hacer uso de la palabra cuando la noche está tan avanzada, induda- blemente deben estar fatigados por igual los participantes en el debate y los que nos escuchan. Sin embargo, aspiro a aclarar ciertos puntos que merecen ser puestos en blanco y negro. Aquí ha dicho Diana Sofía (Giraldo, decana de la facultad de Comunica- ción Social de la Universidad Sergio Arboleda) que yo me ofrecí como facili- tador, y en efecto he tratado de ejercer esa función. ¿Facilitador de qué?, ¿de la paz? En la mañana de hoy puse de presente que mi tarea no era alcanzar la paz, que es una tarea propia del Gobierno, y mal haría yo en participar, en público o en privado, a indicarle al Presidente de la República, cuál debe ser el camino de la paz. De lo que me ocupo es de la situación de las víctimas del secuestro, tema sobre el cual no he dejado de insistir en varios años, y al respecto quiero recordar una cita que hice en la mañana de hoy acerca de la celebración que tuvo lugar en la ciudad suiza de Neuchatel, en el año de 1938, cuando se expidió una declaración cuyo segundo punto era –no lo cito textualmente pero estoy seguro de su contenido– “que los gobiernos tenían la obligación de proteger a sus ciudadanos, así estuvieran en manos de los contrarios, poniendo en vigencia el Derecho Internacional Humanitario, que era la última etapa dentro de una serie de conquistas que se venían adelantando en defensa de los derechos humanos, más concretamente, del tratamiento humano de los prisioneros”. En este sentido la declaración de Neuchatel va al extremo de invitar a los gobiernos a buscar el entendimiento con los contrarios, y si es materia de alivio –como yo no dudo de que lo sea– el canje de prisioneros, propiciar el

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canje de prisioneros con los contrarios. Vale decir, lo que frecuentemente cali- ficamos como el intercambio de prisioneros con mayor propiedad. Pues bien, mi tarea corresponde a ese diseño, es decir, a aliviar la situa- ción de los cautivos, a propiciar –como lo aconseja el acuerdo de Neuchatel– que se prescinda de las torturas, que se de un tratamiento humano a quienes están cautivos. Al respecto y para terminar, quiero observar que son dos cosas muy distintas: la búsqueda de la paz y el alivio de los prisioneros. La búsqueda de la paz es una tarea a más largo plazo, no es de efecto inmediato y cuando yo oigo en este recinto a tantos familiares de las víctimas del secuestro exponiendo su posición, y reciben como respuesta el que solo la derrota militar de los insurrectos, de los terroristas, le pone fin al problema, es una forma de declinar la posibilidad de una negociación. Una negociación que, si se acoge al régimen del acuerdo humanitario, tiene un diseño según el cual “no se pueden imponer condiciones entre las partes”. El acuerdo humanitario consiste en el intercambio automático de unos prisioneros por otros sin que se puedan imponer condiciones, como sí se podrían imponer en una victoria, en una capitulación o aun, en un acuerdo de índole distinta, como lo mencionó muy oportunamente la doctora De Melo, cuando dijo que yo sugería que se prescindiera del acuerdo humanitario si se querían imponer condiciones, porque para tal encrucijada existe una solución que es la negociación política, el acuerdo político entre las partes, si es que a él se llega. Acuerdo político en el cual se pueden incluir toda clase de condi- ciones para ser puestas en práctica durante la negociación, o más adelante, con posterioridad al intercambio de prisioneros. Repito, yo no estoy negando la posibilidad de que se celebre un acuerdo entre el Gobierno y los alzados en armas, pero estoy explicando –tal vez son manías de catedrático que adquirí en la universidad– que el acuerdo huma- nitario no permite incluir condiciones nuevas, imponer términos o variantes, como las que aquí se han citado, con todo respeto como por ejemplo, condi- ción previa el cese de hostilidades. Se puede pactar el cese de hostilidades con el consentimiento de la contra- parte, pero no invocando para tal efecto el acuerdo humanitario. Quiero dejar bien en claro que la misión a la cual yo me he comprometido, y en la cual perseveraré, es a mejorar las condiciones de los secuestrados, o prisioneros combatientes, y a precaver a los civiles de los riesgos de la guerra civil, o del conflicto, o del enfrentamiento, como quiera llamarse.

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Pero sí quiero dejar claramente establecido, que el acuerdo humanitario no es un peldaño hacia la paz, sino una entidad autónoma dentro de la cual no se pueden incluir condiciones. Se puede poner en práctica en un acuerdo político que no es de carácter obligatorio para las partes y que no hace acreedor a la responsabilidad, a la reciprocidad de los enfrentados. Ernesto Samper (ex presidente de la República): A mí me encanta este sistema que estoy viendo, me recuerda las viejas épocas del Poder Popular, querido Presidente. Presidente Álvaro Uribe Vélez: …en el Estado Comunitario las reuniones son más larguitas Ernesto Samper: Y en esas reuniones usted era un poco más obediente que ahora, pero yo quisiera hacer un par de comentarios para complementar lo del presidente López sobre estos temas. Primero, me acuso de haber sido autor de uno de esos despejes que usted cuestiona. En mi Gobierno, efectivamente se hizo un despeje: San Vicente del Caguán, en Cartagena del Chairá, durante 32 días. Lo hice a plena conciencia

y ese despeje permitió el regreso de casi 100 soldados y policías que habían sido tomados prisioneros en la base Las Delicias. Creo percibir la dificultad que Usted tiene de aceptar el despeje, no por

estos despejes de carácter táctico, sino por lo que fue el despeje de tantos años durante el Gobierno pasado que, obviamente, nos dejó bastante desmorali- zados a los colombianos y bastante desprestigiados los despejes. Pero yo le quitaría, si se quiere, la palabra despeje. Creo que de lo que estamos hablando –para ser prácticos Presidente– es de que haya garantías para que la gente pueda acudir a un sitio, cualquiera que él sea, a hacer el acuerdo, o buscar, o encontrar la coincidencia, y luego retirarse de ese sitio sin que corra peligro su vida. Es así de sencillo. Llamémoslo como queramos, pero si Usted, que en este momento tiene la capacidad de dar esas garantías, porque nadie da lo que no tiene, a esa ‘iglesita’ en la cual se puedan reunir,

o donde quieran que se puedan reunir, Usted le da las garantías creíbles para

que puedan asistir las personas de la guerrilla a buscar las coincidencias que permitan el acuerdo, el asunto queda zanjado y no nos metemos en un debate conceptual o semántico, que es lo que nos tiene enredaos. Y yo sé que Usted lo puede hacer porque tiene la capacidad y el cono- cimiento de asegurar una zona y dar garantías con credibilidad, para que la gente pueda entrar y salir.

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Creo que lo que les preocupa a estas personas es que usted esté, y ellos puedan utilizar políticamente esto, y si lo van a hacer pues todos lo recha- zamos enfáticamente, sino que tengan la posibilidad de acceder y salir a un sitio seguro para sus vidas y para lo que ellos pretendan. En segundo lugar, puede que yo tenga otra concepción sobre el problema moral de la tropa –y yo como Usted también fui Comandante de las Fuerzas Armadas–. Yo me coloco en la situación de un policía, de un soldado colom- biano, que es tomado cautivo por las fuerzas subversivas. ¿Qué desmoraliza

más al soldado o policía que hoy día está activo: saber que si llega a caer en las garras de los terroristas o de los subversivos se va a pudrir indefinidamente en la selva sin poder volver a su familia? ¿O tener la seguridad de que el Estado va a buscar y va a velar por su libertad y por su vida buscando, por vías mili- tares o por vías políticas –que es en lo que consiste el acuerdo humanitario– la posibilidad de que él regrese a su hogar?

A mí me parece que, desmoraliza mucho más a la tropa pensar que si llega a

ser tomado en cautiverio tiene que pagar con el costo prácticamente de su vida y

su libertad, ese texto militar, a si pensamos realmente en la posibilidad de buscar, por vías militares o por vía política, la posibilidad de que regresen a sus hogares. Creo que es algo que se lo planteo con todo el cariño y el respeto, simple- mente como una reflexión de carácter ético, que además no me la he inven- tado yo, pero he escuchado personas como Rafael Pardo que fue Ministro de Defensa y manejó procesos parecidos. Así es que yo creo que el problema es que estamos hablando del acuerdo humanitario con lenguaje de guerra –como dice el presidente López–. El derecho humanitario no se hizo para hacer acuerdos de paz ni para acabar la guerra, sino para humanizar la guerra, mientras ella termina, precisamente.

Si no somos capaces de acabar esta guerra que nos tiene enfrentados a

los colombianos, pues acabemos con las minas antipersonales, saquemos a la

población civil inocente del conflicto, protejamos a las escuelas, protejamos a los hospitales, devolvamos a los secuestrados, que esto no tiene nada que ver con hacer la paz o con hacer concesiones a los bandos enfrentados.

Y quiero terminar haciendo un reconocimiento a lo que ha sido su polí-

tica de seguridad. Yo creo que los colombianos lo están acompañando en esa política. No creo encontrar una contradicción entre su política y el apoyo que está recibiendo y lo que sería, no un gesto de debilidad sino un gesto de huma- nidad de parte suya, de avanzar en un tema en el cual está tan comprometido el sentimiento nacional.

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Estas personas que están aquí –y con ello termino, yo también fui víctima del terrorismo, llevo cuatro balas todavía adentro, de un atentado terrorista– estas personas (aquí hablo como víctima) no venimos a pedir venganza, no venimos a pedir revancha. Creo que ellas han venido a exponer sus casos y a aportar su dolencia, su dolor, las vivencias profundas que están sintiendo, para que no haya más gente en este país ni en ninguna parte del mundo, que siga siendo víctima de estos ataques terroristas. Usted cuenta con el apoyo, por supuesto, de nosotros. Son las Farc las que secuestraron estas personas, son ellos los mayores responsables de lo que está sucediendo, pero como dice el Presidente López, “dentro de todos sus deberes y obligaciones constitucionales, también está el de velar por la libertad y la vida de estas personas”. Muchas Gracias. Presidente Álvaro Uribe Vélez: Con inmenso respeto, aquello a lo cual se refiere el Presidente López, 1938, Suiza, es para la guerra que tiene, quiérase o no, guste o disguste, algún elemento que sus actores le encuentran legitimante. Aquí no hay eso, aquí lo que hay es un desafío del terrorismo contra las insti- tuciones democráticas. Por eso no estoy diciendo que no apliquemos el derecho humanitario. Nosotros, en la política de Seguridad Democrática, no solamente respetamos esas normas sino las superiores, que son los derechos humanos. El Derecho Humanitario es apenas un conjunto de ese género amplísimo que es el género de los derechos humanos. Pero no necesitamos, para respe- tarlos, sino dos fuentes: la Constitución y nuestras convicciones políticas. No necesitamos pactos con terroristas para respetarlos. Entonces, yo ahí tengo una discrepancia. Es que aquí no estamos frente a una dictadura, aquí hay una democracia pluralista. Y frente a una democracia pluralista, yo, por lo menos, considero que no es válido aceptar a los terro- ristas como contrarios. Entre otras cosas, esto me da la oportunidad de decir por qué no son contrarios sino terroristas, por qué no son insurgentes políticos sino terroristas. Por razones históricas, de diversa índole y por la realidad colombiana hoy. Miremos tres. Los grupos que merecieron el calificativo de insurgentes políticos se opusieron a unas dictaduras oprobiosas. No es el caso de Colombia, aquí hay una democracia en profundización. Más aún, como lo hemos visto en aten- tados contra la apertura democrática, como es la elección popular de alcaldes, gobernadores, etcétera, estos terroristas no se oponen a una dictadura que no existe, sino que quieren imponer una dictadura matando la democracia.

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Segundo: siempre se habló de reivindicaciones sociales. Con su violencia han conseguido todo lo contrario: han conseguido más pobreza, y profundizar esta crisis humanitaria. Tercero: ¿cómo proceden? Entonces, ¿no son terroristas cuando le lanzan una pipeta de gas a una comunidad, así pretexten que las están lanzando contra un cuartel de policía? ¿Entonces los tenemos que tratar como insurgentes políticos porque no matan

a la sociedad civil, pero sí matan a los soldados? ¿Hay diferencia entre la vida del soldado y la vida del ciudadano de la sociedad civil? ¿Hay diferencia en el dolor entre el padre del soldado y el padre del ciudadano común y corriente? ¿Vamos

a seguir con esas distinciones? ¿Entonces, en nombre de esa interpretación del

derecho, les vamos a legitimar que pueden matar a nuestra Fuerza Pública? Yo no estoy de acuerdo con eso. Yo no estoy de acuerdo con eso, lo siento mucho. Por eso, aquí lo que hay no es una acción de contrarios, sino una acción de terroristas. Ahora ¿que un acuerdo político? El Gobierno está dispuesto, en condi- ciones razonables. El Presidente López dice “que no cabe en el acuerdo huma- nitario el cese de hostilidades. Cabría en el acuerdo político”. Pero miren, es que desde hace mucho rato, desde las primeras semanas de Gobierno, acepté desvincular un acuerdo para la liberación de los secuestrados –llámese polí- tico o humanitario– de la iniciación de un acuerdo de paz sobre la base de un cese de hostilidades. ¡Jamás para ese caso he vuelto a hablar del cese de hostilidades! Esa condición está removida, Presidente López. Esa condición del cese de hosti- lidades está removida. Recientemente, a raíz de la propuesta del Arzobispo emérito Tutu, dije:

“hombre, por lo menos mientras están en Sudáfrica, que haya cese de hosti- lidades aquí, siquiera un cese de hostilidades definido en el tiempo, mientras están allá”. Es que, esa es una condición elemental, y entre otras cosas sí que es humanitaria, porque lo no humanitario es que se vayan, bien cómodos, bien orondos, los jefes guerrilleros para Sudáfrica, y que mientras están allá conver- sando con la autorización del Gobierno, aquí sus secuaces sigan matando a nuestros soldados o a nuestros ciudadanos civiles. ¡Y yo, lo que no estoy dispuesto, bajo ninguna circunstancia, es a seguir calificando de vida de segundo nivel de importancia la de los soldados. Es tan importante la vida del soldado de la Patria, la vida del policía de la Patria, como la vida del ciudadano común y corriente!

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“Que hay tiempo para la paz”, ¡estamos de afán! Yo creo que estamos de afán. Para la paz estamos de afán. Ese cuento de que “llegará, que lo urgente es aliviar las condiciones de los prisioneros…”, yo no participo de eso. ¡Aquí estamos hastiados de esta violencia y de la circunstancia de que no se le ha enfrentado con toda firmeza! Por eso invito a mis compatriotas, una y otra vez, a que no dudemos de la firmeza. ¡Ah! Entonces ¿vamos a seguir aquí pasando generaciones, y entonces mientras esas generaciones convivimos con esa violencia, le dejamos esa herencia a María Alejandra (niña) y a los que habrán de venir? ¡Esto es lo más injusto con las nuevas generaciones! ¡Que mi generación no sea capaz de enfrentar esta violencia con toda verticalidad! ¡Y que mi generación, por comodidad personal, para mitigar el riesgo personal, sea una generación débil,

y por su debilidad y su pusilanimidad le herede a María Alejandra y a su gene-

ración esta violencia! ¡Mi generación tiene que hacer el esfuerzo de derrotar esta violencia! Ellos no van a negociar sino cuando se sientan que los van a derrotar. Es que, lo del M–19 no me lo inventé yo, se lo oí a sus ex comandantes ya reinsertados, que habían tenido que negociar porque el Gobierno los había saturado militarmente. El Epl tuvo que negociar porque el Presidente Barco le puso una brigada móvil y porque apareció la otra fuerza terrorista de los paramilitares, que en

esa época casi los acaba. Que tristeza, en lugar de haberlo hecho por la acción de las fuerzas legítimas del Estado. Canje de prisioneros. Yo no estoy de acuerdo con eso. Aquí no hay prisio - neros, aquí hay unos colombianos secuestrados y torturados por el terrorismo,

y otros colombianos presos en las cárceles con todas las garantías y la obser-

vación nacional e internacional. Esa observancia, que reclama Juan Hurtado, sí la hacen sobre los prisio- neros del Estado. ¡Ay que les violemos sus derechos humanos! pero, lo único que podemos saber de los secuestrados –que no prisioneros– del terrorismo, es cuando el terrorismo tiene la “generosidad” de mandar unos videos. Yo por eso, con todo respeto, estando dispuesto a examinar condiciones razonables para un acuerdo político, no puedo entrar a él sobre la base de decir que es un acuerdo con contrarios, y de decir que es un acuerdo para aliviar una situación de prisioneros. Presidente Samper: el problema no es uno u otro despeje, no es el que hizo el uno o el otro, el problema es el problema histórico.

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El Eln estaba un día a punto de acabarse, se le aflojó un cordón militar

y ahí lo hemos soportado otros 30 años. El Ejército estaba a punto de liberar

a los secuestrados en los cerros de Cali y de capturar al Eln, llegó la contra- orden, se levantó un cordón militar y ahí seguimos padeciendo al Eln. El problema no es de uno u otro, el problema es que hay que aprender de

la historia, y si eso no nos ha servido, no lo podemos repetir.

Usted pide propositivamente –lo reconozco– que si la propuesta es una reunión en una ‘iglesita’ o en una sede diplomática, se den todas las garan- tías. Cuente con ellas, Presidente Samper. Cuente con ellas, Presidente López. El Gobierno, a través del Comisionado, las ha definido y si no sirven, las cambiamos por las que sirvan. Hemos dicho que con la ayuda de la Cruz Roja Internacional los traigan de donde estén, con toda la protección y la vigilancia internacional a este sitio. Que ahí se reúnan. Hemos pedido que haya un gesto de buena fe, que liberen a algunos previamente y que en ese sitio, con todas las garantías, se complete la nego- ciación. Llámese como se llame el acuerdo, califíquese como se califique. O sea que en eso, no tenemos dificultades. Miren, la motivación de la Fuerza Pública no tiene sino una manera de medirla: los resultados. Entonces, hago esta relación: la fortaleza en el lide- razgo, la motivación y los resultados. Unos de mis más duros críticos han reconocido que es la vez en Colombia cuando más está entregada nuestra Fuerza Pública a la iniciativa para combatir al terrorismo. Eso implica un alto grado de motivación, que a mi me causa mucho temor llegar a afectar. Si yo fuera soldado diría: “ah, pero entonces yo hago este esfuerzo aquí, si, está bien, negocian y liberan unos secuestrados y entonces mañana nos secues- tran a otros y esto sigue”. Creo que eso causa más incertidumbre en la tropa, ver que no hay una decisión de ponerle punto final al problema, sino que simple- mente siempre se le da largas y siempre se abren espacios para que, vía libera- ciones, claudicantes ante los terroristas, se siga estimulando ese secuestro. Pero, en lo de las garantías para que acudan a un sito que se acuerde, cuenten con ellas. Me da mucha pena hacer estos comentarios, pero los hago con el mayor respeto. Y es mejor aquí, que mandando razones por los periódicos. Muchas gracias.

Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 24 de febrero de 2005, Bogotá.

Presidente Uribe reitera decisión de buscar acuerdo humanitario pero sin violar principios

PALABRAS ANTE LA ASAMBLEA CONMEMORATIVA DE LOS 60 AÑOS DE FENALCO

Álvaro Uribe Vélez

Cuando era candidato a la Presidencia dije, en esta ciudad, que para hacer un acuerdo humanitario debía empezar un nuevo proceso de paz con la Farc, a partir de un cese de hostilidades. Esa tesis la sostuve en las primeras semanas de Gobierno. Vinieron reuniones con el Presidente Chirac de Francia, con Kofin Annan, Secretario General de las Naciones Unidas y con familiares de los secuestrados. Me pidieron que desvinculara el acuerdo humanitario de la realización de un proceso de paz. Y lo hice. Lo hice para atender el clamor de los familiares que reflejaba –como ha reflejado a lo largo de estos años– su dolor. Dijimos: bueno, que se haga el acuerdo humanitario sin condicionarlo a que empiece un proceso de paz, sobre la base de que haya una mediación de Naciones Unidas, que liberen a todos los secuestrados, que no haya zona de despeje y que los guerrilleros que lleguen a salir de la cárcel, se vayan a un país como Francia, que los acoja allí y asuma la responsabilidad de que ellos no regresen a delinquir. Varias personalidades colombianas pidieron ser facilitadores. A nadie se le ha negado la facilitación. Algún día me dijeron los voceros de la Iglesia Católica: “Presidente, hemos hablado con voceros de la Farc, ellos no aceptan que los que salgan de la cárcel se tengan que ir al extranjero”. Yo le dije a los voceros de la Iglesia Católica: es un grave error, cuando hay tantos soldados y policías de la Patria mutilados, haciendo este esfuerzo heroico –el esfuerzo heroico que hoy ha reconocido Fenalco– por devolverle a esta Patria la institucionalidad, que los guerrilleros salgan de la cárcel para volver a delinquir. ¿Qué va a pensar un soldado que está esperando que le instalen una prótesis, porque perdió una pierna a manos de una mina antipersona de la Farc?. ¿Que él perdió su pierna, que se ha expuesto al sacrifico y que el Gobierno liberó a los guerrilleros para que regresen a delinquir? Compatriotas, a este país no le basta con fortalecer la Fuerza Pública. Más importante que la cantidad de fusiles que ellos portan, es su estado de ánimo. Y

Los potros de bárbaros atilas

el estado de ánimo, que se ha recuperado en la Fuerza Pública, no lo podemos afectar. Por eso esa decisión es trascendental. Le dije a la Iglesia Católica: por estas razones de solidaridad con la Fuerza Pública, yo no puedo aceptar que quienes salgan de la cárcel vuelvan a delinquir. Si no se quieren ir al extranjero, busquemos otra alternativa. Y conversando con la misma Iglesia Católica, en las siguientes semanas surgió la alternativa de que escojan: irse al extranjero, o quedarse en el país en el programa de reinserción. Programa donde hoy hay más de 17 mil colombianos, los integrantes de las guerrillas que están en el programa de reinserción pueden ascender hoy al 35%, el 65% de los mal llamados paramilitares. Y en las próximas semanas creo que vamos a llegar a unos 20 mil reinsertados. Programa que en medio de dificultades, funciona bien y todos los días tenemos que mejorarlo. No es fácil manejar una población de 20 mil reinsertados. Entonces quedamos: salen de la cárcel, escogen irse al extranjero, o quedarse en el programa de reinserción, siempre con el compromiso de no delinquir. En diciembre del año pasado el Gobierno liberó de la cárcel, unilateralmente, a unos integrantes de la Farc y ellos se comprometieron a entrar en el programa de reinserción. Empezamos a buscarle opciones a la tesis exigida por el Gobierno de que no haya zona de despeje. Entonces, primero dijimos: que haya una reunión en la Nunciatura, en Bogotá, o en la sede de una Embajada en Bogotá. No se aceptó. Después dijimos: en cualquier iglesita rural de Colombia, en cualquier sitio rural de Colombia. Tampoco fue aceptado. Pedían la desmilitarización del Caquetá y el Putumayo, ahora de Florida y Pradera, en las goteras de Cali. Hace unos días, los vallecaucanos, familiares de los Diputados secuestrados, propusieron un sitiecito, en Caicedonia. El Comisionado (para la paz, Luis Carlos Restrepo) me preguntó y le dije: ¿eso no implica zona desmilitarizada, es un lugar como una iglesia o como la Nunciatura, pero va a estar allá en Aures, en Caicedonia? Acéptela. Y aceptamos esa propuesta de los familiares. Se sigue insistiendo en la zona de despeje, ahora se dice que se necesita despejar por 30 días a Florida y Pradera. El Gobierno no puede hacer eso. Un país que se ha reencontrado con su Fuerza Pública, que reclama la presencia de la Fuerza Pública en todos los sitios del territorio y a toda hora, es un país que no lo podemos maltratar con desmilitarizaciones. Entonces, ¿nosotros vamos a sacrificar a nuestros soldados y policías, que los asesinan, que los mutilan, y enseguida les vamos a decir: retírense de Florida

Palabras ante la Asamblea Conmemorativa de los 60 años de Fenalco

y de Pradera, que eso lo vamos a desmilitarizar para poder hacer este encuentro con la Farc? No podemos. No podemos por esa razón: por el respeto a nuestra Fuerza Pública. No podemos por una segunda razón: por el respeto a ese consenso que se viene logrando en el alma de los colombianos, que es la presencia institucional en todos los sitios del territorio. Y no podemos, por una tercera razón: porque, un momento que nos reti- remos de allí, es un momento en el cual dejamos de cumplir nuestra responsa- bilidad de proveer con ese servicio, esencial, que es la seguridad a favor de los ciudadanos de Florida y de Pradera. Esas son tres razones contundentes. Antes de entrar a esta reunión tuve una larga conversación telefónica con el Comisionado. Él me decía, que entonces, si podía buscar una reunión con algún representante de la Farc para definir las condiciones de seguridad en el sitio de encuentro. Yo le dije: no tengo problema con eso. Si quieren hacer la reunión en la iglesia de Florida, o en la iglesia de Pradera, que la hagan allá. En cualquier sitiecito del país que escojan, sin zona desmilitari- zada, y con la advertencia de que los guerrilleros que lleguen a salir de la cárcel, el Gobierno acepta que salgan, siempre y cuando se cumpla con las normas jurí- dicas y con el requisito de que no regresen a delinquir. Le dije: doctor Luis Carlos, busque esa reunión con la Farc, que escojan quién les da seguridad a los negociadores de la Farc en el sitiecito que se seleccione –pensando en la iglesia de Pradera, en la iglesia de Florida–, que definan quién los lleva del lugar donde se encuentran a ese sitio –la Cruz Roja Internacional o la entidad que ellos seleccionen–, el Gobierno no se opone a eso. Pero miren: la Farc se preocupa por su seguridad. ¡El Gobierno sí que se tiene que preocupar por la seguridad de sus ciudadanos! Cuando la Farc reclama condiciones de seguridad, por eso el Gobierno dice:

no desmilitarización, porque entonces abandonamos la seguridad de los ciuda- danos. ¿Quién quiere, hoy, una zona de despeje en un lugar que incluya su casa?, ¿alguien la quiere? Eso hay que tenerlo en cuenta. La verdad es que, venía esta mañana en el avión, dándole vueltas al tema y les quiero decir algo, que lo tengo que decir: los pueblos necesitan principios y los gobiernos tienen que dar ejemplo en materia de principios. Cuándo se violan los principios, cuando no hay firmeza en la defensa de los principios, no hay puerto seguro en la lucha de los pueblos en su porvenir.

Los potros de bárbaros atilas

Yo no puedo dar el mal ejemplo a los colombianos de violar los principios. Yo no puedo violar los principios por halagos electorales, no puedo violar los principios por temores electorales. No puedo violar los principios por cultivar encuestas ni por defender encuestas. No puedo violar los principios porque me amenacen con llevarme a la Corte Penal Internacional. ¡No se puede violar los principios, compatriotas! Tenemos que definir: ¿es un país serio, con un Gobierno serio y adherido

a los principios, o nos ponemos de juguetones con la Farc? Eso de haber sido

juguetones fue lo que llevó a Colombia a tantos años de violencia, que tanta difi- cultad nos da para superarla. Mientras nosotros no teníamos más principio que complacer a los violentos, ellos avanzaban, en perjuicio del pueblo colombiano. Reitero desde Barranquilla toda la decisión de buscar el acuerdo humanitario –como se lo dije al Comisionado esta mañana–, pero sin violar los principios. A favor del interés público hay que correr todos los riesgos. Si nos ponemos

a violar los principios, lo único que vamos a lograr es, perder la Seguridad Demo-

crática y no conseguir el acuerdo humanitario. Cuando hay principios y hay firmeza para defendernos, se compacta y se acrecienta la unidad nacional. Desde Barraquilla invito a los colombianos a hacer una reflexión profunda sobre este tema, para que no haya afugias diferentes a aquellas que nos lleven a mantener las decisiones fundamentales para la defensa de los principios. Quiero expresarle una felicitación muy sentida a quienes han recibido el galardón esta mañana, a los comerciantes, al representante de los tenderos, al docto Juan B., al vicepresidente Gustavo Bell, director de El Heraldo, y a mis compañeros, los soldados y policías de la Patria por este gran reconocimiento del pueblo atlanticense, que refleja el sentir nacional. Soldados y policías de la Patria: el país los quiere, el país no quiere el terro- rismo, el país quiere sus fuerzas Institucionales, aprovechemos este calorcito del alma nacional, que se ha expresado bellamente esta mañana, aquí en Barran- quilla, para avanzar en una tarea, soldados y policías de mi Patria. Una Patria sin guerrillas. Una Patria sin los mal llamados paramilitares. Una Patria sin corrup- ción. Una Patria con democracia, con solidaridad y con reivindicación de los pobres. Ustedes son hoy, actores fundamentales.

Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 16 de agosto de 2005

LA PAZ ES HIJA DE LA AUTORIDAD

Álvaro Uribe Vélez

( ) Hace años la guerrilla dijo que no hacía la paz porque en Colombia no había elección de alcaldes y gobernadores. Se introdujo la elección de alcaldes y gobernadores y la guerrilla, que reclamaba esa elección, empezó a asesinarlos. La víspera pedía que se les eligiera popularmente, al día siguiente de la elección popular se convirtió en el sicario, en el verdugo de esa nueva expre- sión de la democracia. Después dijo que no se hacía la paz porque en Colombia se asesinaba la oposición. Hoy la oposición está en el mejor momento de garantías. Miremos las elecciones de 2003, presididas por este Gobierno: ¿cuántos, provenientes de partidos alternativos a los tradicionales, de partidos confor- mados por antiguos guerrilleros, fueron elegidos, rodeados de garantías por el Gobierno, de su Fuerza Pública, la Seguridad Democrática? Y después de elegidos han tenido todas las garantías y con ellos hemos buscado esa unidad de la Patria, alrededor de la gobernabilidad, del respeto de sus deberes cons- titucionales y legales. Hoy, ya no hay esa disculpa. Dijo la guerrilla que aquí mataban a la oposi- ción, hoy la protegemos con total eficacia, con una preocupación desde el Presidente de la República, hasta el más joven de los soldados y policías. Después dijo la guerrilla que no negociaba hasta que no se desmontara el paramilitarismo. Este Gobierno da ejemplo en la lucha contra el paramilita- rismo, más de 1.400 dados de baja, han negociado por la presión militar. Este Gobierno ha pasado de la retórica para condenar el paramilitarismo, a la eficacia práctica para que se desmonten, para que se desintegren esas organizaciones. Están en un proceso de paz, al que también queremos que llegue la guerrilla. Hoy hay más de 17 mil desmovilizados en Colombia, atendidos con gene- rosidad, a un alto costo presupuestal. Desmovilizados de los paramilitares, desmovilizados de la Farc, desmovilizados del Eln. Estamos pues, en mora de una reflexión de las guerrillas para entrar a hacer la paz seriamente. Pero compatriotas: la paz es hija de la autoridad.

Los potros de bárbaros atilas

En esa oficina que yo ocupo, transitoriamente, por mandato del pueblo, en sus cuatro paredes, hay cuatro retratos, yo los llamo los retratos de la virtud. El General Nariño: los derechos humanos al servicio de la virtud. El General Santander: la Ley al servicio de la virtud. El General Uribe Uribe:

la virtud de carne y hueso. El General Bolívar: la espada y la autoridad al servicio de la virtud. La virtud de la Patria, que hoy se traduce en un acatamiento universal de todos los colombianos a la Constitución y a la Ley, es hija de los derechos humanos, de la ley y de la autoridad. Y esa virtud de la Patria, es la que tiene que llevar a estos grupos terro- ristas a entender que para el terrorismo no hay espacio, que para ellos hay todo el espacio que el pueblo les abre con generosidad en la medida que hagan un alto en el camino, una reflexión. Queremos el acuerdo humanitario, pero no podemos aceptar la zona de despeje. ¿Por qué?: porque el pueblo colombiano no quiere que en su territorio haya guerrillas o paramilitares, porque todos los días nos reclaman es Policía y Ejército, porque cuando se desmovilizan los paramilitares en el Catatumbo, o en Nariño, o en el sur de Urabá, o en el sur de Córdoba, el reclamo es: “por favor, que la Policía y el Ejército copen esos espacios, que no entre la guerrilla”. Porque el pueblo colombiano en todas partes quiere a su Policía, a su Ejército, a sus fuerzas institucionales. Por eso no podemos aceptar zona de despeje. Porque en un país que reclama institucionalidad, en un Gobierno que ha recorrido exclusivamente el camino de la institucionalidad, y a fe que lo digo, no caben zonas de despeje. Yo habría podido unirme subrepticiamente con los paramilitares para acabar a la guerrilla. De pronto iríamos más adelante en el camino de derrotar a la Farc y al Eln. No lo hicimos porque hemos seguido el camino institucional exclusi- vamente, por convicciones cristianas y democráticas, por nuestro apego al pueblo y a la Constitución. Porque, si bien el camino institucional es difícil y en ocasiones demorado, es el único que constituye confianza, que se erige en fuente de confianza, es el único que une definitivamente al pueblo, a pesar de las diferencias ideológicas o políticas. El camino institucional es el único que permite que las heridas se curen rápidamente. Un pueblo que reclama el camino institucional no quiere que, por darle seguridad a la guerrilla, se despejen zonas para que entren las guerrillas y salga la Fuerza Pública, en detrimento de la seguridad de los ciudadanos.

La paz es hija de la autoridad

Pero no somos cerrados. Por eso hemos abierto la posibilidad de sitios de seguridad donde llegue la guerrilla acompañada de quien quiera, de la Cruz Roja Internacional, de la Iglesia, de quien quiera. Que se constituyan allí todas las condiciones de seguridad para el diálogo que llegue al acuerdo humanitario. Hemos variado mucho nuestra posición, la que expusimos en la candidatura presidencial, al inicio del Gobierno y la de ahora. Dije siempre, como candidato y al inicio del Gobierno, que solamente haríamos un acuerdo humanitario si se reiniciaba el proceso de paz y había cese de hostilidades. Después de hablar con la Iglesia, de escucharla, con el Secretario General de

Naciones Unidas, Kofi Annan, con el Presidente de Francia, con los familiares de los secuestrados, acepté desvincular el proceso de paz del acuerdo humanitario. Dijimos:

que se haga el acuerdo humanitario para liberar a todos los secuestrados a través de Naciones Unidas, sin zona de despeje. Y que aquellos que salgan de la cárcel, como garantía de que no van a delinquir nuevamente, se vayan al extranjero. Meses después, la Iglesia me pidió que revisara la decisión de que se tendrían que ir al extranjero porque la Farc no lo aceptaba. Le dije a la Iglesia: busquemos alternativas, la finalidad es que no retornen

a delinquir y encontramos la alternativa de la reinserción, que es seria y creíble en nuestra Patria, como lo demuestran más de 17 mil reinsertados. Liberamos, en gesto de buena fe y de manera unilateral, a varios guerrilleros de la Farc que estaban en la cárcel. Hemos aceptado un sitio en el país o en el extranjero para ese diálogo. Hemos dicho: la Nunciatura, una embajada, una iglesita, escuela, cualquier sitio en cualquier parte del país, con las condiciones de seguridad que dejen tranquilos

a los voceros de la Farc. ¿Por qué hemos dicho que los que salgan de la cárcel no regresen a delin- quir?: porque sería un retroceso en la política de seguridad, una desmotivación a la Fuerza Pública, un alejamiento de la paz. Sería alimentar la arrogancia terro- rista, en lugar de fortalecer y de fertilizar la voluntad de paz. En los hospitales, en los consultorios de rehabilitación, en la suma de nues- tras Fuerzas hay más de 1.500 integrantes de todas ellas, mutilados por las minas antipersonal del terrorismo. ¿Qué tal que vean salir de la cárcel a sus verdugos para retornar a las filas del terrorismo para asesinarlos? Eso desmotivaría mucho a la Fuerza Pública, daría una señal pésima, llena de equívocos al pueblo, alejaría la paz, le daría arrogancia al terrorismo.

Los potros de bárbaros atilas

Entonces, esos dos puntos son puntos cruciales en este proceso. Alguien me dice: “pero es que la Fuerza Pública se desmotiva es al saber que la secuestran y el Gobierno no hace canje para que la liberen”. Yo contesto:

la Fuerza Pública se desmotiva es cuando ve que la política de seguridad es débil para evitar que la secuestren. En lugar de pensar en el canje como una institución permanente de la vida colombiana, hay que pensar en la firmeza de la política de seguridad como una constante de la vida de la Patria para que la Fuerza Pública tenga mayor y creciente motivación, y el pueblo mayor y permanente confianza. ¡Qué bueno que la Farc entendiera que en el pueblo colombiano no hay hoy espacio para el terrorismo! ¡Que aquello que dijo el señor “Manuel Maru- landa” hace unos años, a sus casuales interlocutores, que “querían todo el vaso llenitico, que no aceptaban medio centímetro por debajo del borde del vaso”, qué bueno que lo replantee, al saber que hoy no hay espacio en la democracia colombiana para el terrorismo! Pero ¿saben cómo lo van a replantear? Ojalá lo replantearan por voluntad propia, pero sino no lo replantean por su voluntad, lo van a replantear como consecuencia de nuestra política de seguridad, en la medida que sea democrá- tica, eficaz y transparente. Y ahí vamos viendo la relación entre esa política y la negociación. Cuando la negociación no está antecedida, acompañada de una política firme y eficaz de seguridad, la negociación la utilizan los terroristas para burlarse del Estado, para distraer a la opinión nacional e internacional, para avanzar en sus propó- sitos perversos de la destrucción de la democracia. ¡Cuando la negociación es hija de la firmeza, de la autoridad, cuando la negociación está acompañada de la firmeza de la autoridad y de la transpa- rencia de las garantías democráticas, la negociación conduce eficazmente a la superación y a ponerle punto final al terrorismo! Hoy, convencido, le repito al oído de mis compatriotas en esta semana de la paz, que la paz, que será fruto final de la negociación, tiene como causa eficiente y primera una política sostenida, firme, permanente, transparente, y eficaz de seguridad: la política de Seguridad Democrática.

Fragmento del discurso pronunciado ante la Escuela de Cadetes General Santander. Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 6 de septiembre de 2005

TRES AÑOS EN BUSCA DE UN ACUERDO HUMANITARIO CON LAS FARC

Informe de la Presidencia de la República

El 7 de agosto de 2002, día de su posesión, en su discurso ante el Congreso, el Presidente de la República anunció:

“He solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas, Señor Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades. En este marco exploraremos soluciones humanitarias, que liberen secues- trados, que se den a partir de acuerdos que vislumbren la paz definitiva como algo posible. Quienes quieran disfrutar la libertad, que permitan que el pueblo disfrute la tranquilidad. He pedido a los medios de comunicación y a la opinión comprender la prudencia que el tema demanda”. Al día siguiente, el 8 de agosto en horas de la tarde, el Presidente recibió una llamada del Secretario General de Naciones Unidas, señor Kofi Annan, ante quien reiteró que confiaba en el papel que podía jugar Naciones Unidas para lograr un acercamiento con el grupo de las Farc. Días después, a través de su asesor especial para Colombia, señor James Lemoyne, Naciones Unidas hizo saber al Gobierno que el Secretario General, por razones de su mandato, no podía participar en negociaciones para la libe- ración de secuestrados, motivo por el cual se decidió recurrir al término de “acuerdo humanitario”, entendido como un procedimiento para buscar un alivio al sufrimiento del pueblo colombiano por el problema del secuestro. De común acuerdo con Naciones Unidas, el día 1 de septiembre de 2002 el Gobierno emitió el siguiente comunicado:

Septiembre 1 de 2002

El Alto Comisionado para la Paz reitera a la opinión pública nacional e inter- nacional que:

1. El Gobierno ha solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas mantener su gestión de buenos oficios para apoyar los esfuerzos de reconci- liación y diálogo en el país.

Los potros de bárbaros atilas

2. El objetivo de estos esfuerzos ha sido siempre buscar un diálogo que conduzca a la paz y acuerdos humanitarios que den alivio a tantos colombianos que hoy padecen diversas formas de violencia, incluyendo el secuestro. 3. Para evitar confusión es importante entender que en este esfuerzo de buenos oficios, la ONU no se involucra en la negociación de casos de secuestro –acti- vidad que no le corresponde–, sino en apoyar la búsqueda de acuerdos que permitan terminar con el secuestro y otros abusos que el pueblo colombiano sufre de manera tan injusta.

Por la misma época, a pocos días de iniciado el mandato del Presidente Uribe, el gobierno de Colombia recibió un mensaje de parte de las Farc a través de un emisario europeo, haciéndole saber que su interlocutor para tratar el tema era el señor (alias) Juan Antonio Rojas, quien se había desempeñado durante el anterior proceso de paz como vocero internacional de las Farc. Por dicho motivo solicitaba levantar la orden de captura de INTERPOL que pesaba sobre él, para que pudiera cumplir con su papel. En menos de 48 horas, el gobierno colombiano atendió de manera positiva la solicitud y en los primeros días de septiembre quedó formalizado el procedimiento. 15 días después las Farc hicieron saber al gobierno que el mencionado señor ya no actuaría como facilitador para el proceso, ni permanecería en Suiza, donde habitualmente residía. Desde comienzos de la administración el presidente Uribe recibió en varias ocasiones, en grupo o de manera individual, a los familiares de los secuestrados constatando de manera directa su preocupación y dolor. En todas estas reuniones insistió en la necesidad de encontrar un mecanismo razonable para lograr la libertad de las personas secuestradas. El 24 de septiembre del año 2002, después de una reunión sostenida en la ciudad de Nueva York, con representantes del gobierno francés y el Secretario General de las Naciones Unidas, el presidente Álvaro Uribe tomó la decisión de no condicionar un acuerdo humanitario al inicio de conversaciones de paz. Días más tarde dijo a los medios de comunicación que lo había hecho luego de escuchar a los familiares de los secuestrados y consultar la opinión de importantes personalidades nacionales e internacionales interesadas en el tema. Separados los dos temas (proceso de paz y acuerdo humanitario), el presidente consideró necesario fijar unos criterios para adelantar de manera separada un acuerdo humanitario que permitiera la liberación de los secues- trados en poder de la guerrilla. Tales criterios fueron:

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

1. Participación de la Organización de Naciones Unidas en un acuerdo humanitario.

2. Liberación de todos los secuestrados.

3. Los guerrilleros que salgan de la cárcel no volverán a delinquir y quedarán bajo la tutela de un país amigo. Se sugiere la posibilidad de Francia.

4. El gobierno no autorizará ni el despeje ni la desmilitarización de ninguna

zona del país. Por instrucciones del Presidente, el Alto Comisionado para la Paz, a través de todos los canales a su disposición, incluido el gobierno francés, a través de su embajador en Colombia, y el señor Carlos Lozano, director del periódico Voz, envió el mensaje a las Farc sobre la disposición del gobierno para avanzar de manera inmediata en el tema del acuerdo humanitario. Igualmente se designó al entonces embajador de Colombia en Italia, Fabio Valencia Cossio, antiguo miembro de la comisión de negociaciones con las Farc durante el gobierno Pastrana, para acompañar al Comisionado de Paz en su tarea. A finales de octubre de 2002, y recurriendo a los buenos oficios de un colombiano que había participado en la organización de los primeros encuen- tros que facilitaron el proceso de paz entre las Farc y el presidente Andrés Pastrana –quien se ofreció para llevar la propuesta de manera personal–, envío a ese grupo guerrillero una carta donde se planteaba la posibilidad de un encuentro que podría realizarse a comienzos de diciembre de 2002 en la frontera con Venezuela, sobre territorio de ese país, para tratar el tema del acuerdo humanitario. Ofreció además que Francia sirviera como garante para el traslado de los guerrilleros hasta el punto de encuentro y su retorno al lugar de origen. Por considerar de importancia el procedimiento que se adelantaba, el embajador Valencia Cossio se trasladó a Colombia y permaneció con el Comisionado de Paz varios días, monitoreando la operación y esperando la respuesta. La respuesta del máximo jefe de las Farc, a través del correo humano fue bastante escueta: “yo hace rato perdí el afán”. La carta fue filtrada a los medios de comunicación y la propuesta desconocida de manera pública por un vocero de ese grupo guerrillero. En el mes de diciembre del año 2002, el Presidente recibió la solicitud de monseñor Luis Augusto Castro, el padre Darío Echeverri y el ex ministro Angelino Garzón para adelantar una labor de facilitación que se mantendría de manera confidencial para asegurar su éxito. El gobierno concedió la mencio- nada autorización, recibiendo un informe sobre su labor a finales del mes de

Los potros de bárbaros atilas

enero de 2003. Se nos relató entonces, que después de contactos adelantados con las Farc, ese grupo aceptaba la labor de facilitación de la comisión pero exigía que el gobierno hiciera público su nombramiento. Por tal motivo, y por solicitud expresa de los miembros de la comisión, el gobierno hizo público el 31 de enero el siguiente comunicado. La oficina del Alto Comisionado para la Paz informa que:

El gobierno nacional ha solicitado a Monseñor Luís Augusto Castro, al Ex ministro Angelino Garzón y al padre Darío Echeverri que adelanten una misión facilitadora tendiente a lograr un acuerdo humanitario entre el Gobierno y las Farc, con los buenos oficios de Naciones Unidas. Bogotá, D.C, enero 31 de 2003

EL día 11 de febrero de 2003, en un comunicado público, las Farc descali- ficaron el nombramiento de la comisión, calificando el hecho como un “salto de liebre con orejas de conejo”. De nuevo, ante los esfuerzos del gobierno nacional y los facilitadores se cerraban las puertas del proceso. De allí en adelante las Farc se negaron a recibir la comisión, que se disolvió en parte por falta de funciones y a raíz de la renuncia meses mas tarde del señor Angelino Garzón, quien anunció que había decidido postular su nombre para un cargo de elección popular. Cerrados los caminos de la comisión, el gobierno siguió insistiendo en lograr un acercamiento a través de Naciones Unidas. De manera confidencial, se autorizó al señor James Lemoyne para responder positivamente una carta pública enviada por las Farc al señor Kofi Annan, donde mostraban su interés por exponer ante ese organismo su visión sobre los problemas colombianos. El señor Lemoyne adelantó contactos con Brasil para realizar un eventual encuentro con las Farc en ese país, propuesta que fue filtrada por las Farc a un diario de esa nación, después de lo cual los acercamientos se paralizaron, sin lograrse mayores avances en la propuesta. Hacia mediados del año 2003, las Farc anunciaron que estarían dispuestas a recibir a Monseñor Castro y al padre Darío Echeverri pero en su condición de repre- sentantes de la Iglesia, no de facilitadores del gobierno. La iglesia aceptó pública- mente tal invitación, aclarando que lo hacia como parte de su labor pastoral. Aclarando que no actuaban como emisarios del gobierno, monseñor Castro y el padre Darío Echeverri se reunieron dos veces con las Farc durante el segundo semestre del año 2003. De estos encuentros fue adecuadamente

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

informado el gobierno. Ante la solicitud hecha por la Iglesia al Presidente de

la República para modificar su postura en torno a que los guerrilleros liberados

por el gobierno salieran del país para quedar bajo la tutela de un gobierno amigo, el Presidente accedió ante los prelados que los guerrilleros liberados quedaran en Colombia, siempre y cuando se comprometieran a no volver a delinquir y se vincularan a un programa de reinserción que podía estar tute- lado por la Iglesia. Días después, por declaraciones de Monseñor Castro a los medios de comunicación, el país conoció esta propuesta que se ha mantenido desde entonces como opción alterna para aquellos guerrilleros que después de su liberación no quieran quedar bajo la tutela de un país amigo. Después de los dos encuentros sostenidos en el 2003 con los represen- tantes de la Iglesia, las Farc se negaron a recibir de nuevo a Monseñor Castro, aduciendo razones de seguridad. Por tal motivo se exploró durante el primer semestre de 2004 la posibilidad de poner en marcha una propuesta de la Iglesia, apoyada por el gobierno del Brasil, para realizar en dicho país un encuentro

de los representantes de la Iglesia con los delegados de las Farc, a fin de abrir caminos para el acuerdo humanitario. La propuesta, presentada formalmente

a las Farc por los prelados católicos, fue respondida hacia mediados del año

por este grupo guerrillero en carta dirigida a ellos, donde manifestaron no poder aceptarla por la desconfianza que les producía el gobierno del presi- dente Uribe. De esta manera los esfuerzos de facilitación que adelantaba la Iglesia colombiana quedaron en gran parte congelados. Para tal fecha, el gobierno ya había recibido por parte del gobierno suizo un mensaje para que se permitiera a un facilitador de ese país entrar en contacto con

las Farc, a fin de solicitarle a ese grupo un gesto de buena voluntad que condujera a

la liberación de los secuestrados. Tal autorización se concedió, y a finales de junio

de 2004 se presentó la reunión entre el señor “Raúl Reyes” y el facilitador suizo. Para evaluar los resultados de la reunión el Alto Comisionado para la Paz se trasladó a Roma los días 22 y 23 de julio del año 2004, donde se reunió con el facilitador suizo en presencia del embajador Valencia Cossio. De esa reunión salió una propuesta escrita para las Farc que quedó de entregar el faci- litador suizo a ese grupo guerrillero en una próxima cita. En dicha propuesta se establecían los mecanismos para adelantar un acuerdo humanitario, acla- rándose que después de efectuado este, el gobierno estaba dispuesto a iniciar un proceso de paz con ese grupo guerrillero a partir de un cese de hostilidades que contaría con la reciprocidad gubernamental de suspender contra ellos acciones militares ofensivas.

Los potros de bárbaros atilas

Por informaciones posteriores recibidas por el gobierno, no obstante el viaje desde Europa del facilitador suizo para adelantar el encuentro de manera presencial, las Farc se abstuvieron de recibirlo argumentando opera- tivos militares y razones de seguridad. Ante la imposibilidad de entregar de manera directa la propuesta a las Farc y por el clamor de los familiares, el gobierno decidió hacer pública parte de la propuesta el día 18 de agosto de 2004, minutos después que uno de los familiares, enterado del asunto, filtrara de buena fe el contenido de la misma a los medios de comunicación:

Mediante comunicado público se informó:

El Gobierno libera de acuerdo con las leyes colombianas y de manera unila- teral 50 guerrilleros procesados o condenados por rebelión, a los cuales se les ofrece una alternativa para su incorporación a la sociedad. Se ofrece dos posibilidades: viajar al extranjero o adelantar su proyecto en Colombia en el programa de reinserción del Gobierno Nacional. Estas alterna- tivas se adelantarán bajo la garantía de Francia y la Iglesia Colombiana. Acto seguido, la guerrilla libera a los secuestrados políticos y a los miembros de la Fuerza Pública en su poder. Para su liberación se contará con el apoyo de Suiza, Francia y el CICR.

Como complemento de esta propuesta y ante el clamor de la opinión, el gobierno señaló como vocero autorizado para tratar el tema con las Farc al Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo. Considerando sin embargo que era necesario insistir en la entrega formal de la propuesta a las Farc, se le pidió al facilitador suizo que así lo hiciera, quien finalmente entregó la propuesta a un contacto de las Farc en alguna ciudad de Europa. Días después las Farc respondieron por escrito al facilitador suizo diciendo que el gobierno conocía públicamente los mecanismos definidos por ellos para avanzar en el acuerdo humanitario y que además se habían enterado también de la decisión del gobierno de nombrar su vocero. Que por tal motivo agradecían la labor de Suiza, dejando claro que este era un asunto a tratar de manera directa con el gobierno colombiano. Planteaban, además, que estaban interesados en conti- nuar los contactos con Suiza, para “tratar asuntos de mutuo interés”. Por la misma época el señor “Raúl Reyes” dijo a los medios de comuni- cación que mantenían “relaciones político diplomáticas” con Suiza y trató de mostrar la reunión con el delegado suizo como una apertura de Europa para entablar conversaciones con ellos. Ante esta situación, el gobierno colom- biano requirió del gobierno suizo que se aclarara la situación por parte de

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

las Farc, pues el interés estaba centrado solo en la tarea de la facilitación. Nunca las Farc aclararon que aceptaban de manera expresa la facilitación suiza frente al gobierno colombiano, ni tampoco definieron el marco en que esta se adelantaría. De esta manera la facilitación suiza quedó resquebrajada

y en suspenso. Para superar las sucesivas dificultades en la facilitación nacional e inter- nacional, el 28 de octubre de 2004 a través de una carta dirigida al Nuncio Apostólico en Colombia, Beniamino Stella, el Alto Comisionado ratificó su disposición para adelantar un acuerdo humanitario en los términos expresados al gobierno de Suiza el 23 de julio de 2004, proponiendo un procedimiento para concretar dicha propuesta. En la carta el Comisionado afirma: “reiterando su palabra empeñada el

gobierno libera 15 guerrilleros que estén en las cárceles por delito de rebelión; acto seguido la guerrilla libera como muestra de buena voluntad un número similar de personas secuestradas en su poder. De manera inmediata se procede

a una reunión con las Farc en una embajada en Bogotá. Podría ser la sede de

la Nunciatura Apostólica en Colombia. La reunión se adelantará en un tiempo

no mayor de cinco días con el único propósito de perfeccionar el acuerdo. El

transporte de los miembros de las Farc estaría a cargo de la Cruz Roja Interna- cional, con el apoyo de la Iglesia colombiana. En ningún caso, se suspende- rían las acciones militares en el territorio nacional”. Este nuevo gesto de buena voluntad del gobierno tampoco tuvo respuesta positiva por parte de las Farc. Sin embargo, dada la intención del gobierno para propiciar escenarios que faciliten la liberación de los secuestrados, concedió el 2 de diciembre de 2003 el indulto y posterior excarcelación a 23 guerrilleros de este grupo armado ilegal que pagaban penas por el delito de rebelión. De esta manera quedó clara la disposición del gobierno de conceder

el beneficio de la excarcelación a miembros de las Farc, siempre y cuando este

procedimiento se adelantara dentro del marco legal vigente en Colombia y con el compromiso expreso por parte de los beneficiados de no volver a delinquir. Esta liberación de guerrilleros efectuada por el gobierno de manera unilateral no tuvo tampoco ningún gesto de reciprocidad por parte de las Farc. Por esos días se conoció el concepto favorable de la Corte Suprema de Justicia de autorizar la extradición de “Simón Trinidad”, jefe guerrillero de las Farc solicitado por los Estados Unidos para su juzgamiento por los delitos de narcotráfico y secuestro de ciudadanos de ese país. Muchas personalidades nacionales y familiares de secuestrados le pidieron al Presidente considerar

Los potros de bárbaros atilas

con cautela la situación, pues temían que si se extraditaba al jefe guerrillero se bloquearían las posibilidades de un acuerdo humanitario. Atendiendo a este clamor, el Presidente de la República en uso de sus facultades legales, y para abrir una oportunidad que permitiera a los secues- trados regresar a sus hogares, informó a la opinión el 17 de diciembre de 2004 –al culminar los 15 días establecidos en la ley para pronunciarse al respecto– que condicionaba la extradición de Simón Trinidad a la liberación de 63 secuestrados (políticos, militares y extranjeros) antes del 30 de diciembre de ese año. Se trató de una oferta generosa, pues por primera vez en la historia de la nación un Presidente decidió utilizar su poder discrecional para suspender la extradición de un miembro de un grupo armado ilegal, siempre y cuando existiera por parte de este grupo un gesto humanitario solicitado por toda la nación. La respuesta de las Farc fue negativa, asumiendo de manera pública una actitud endurecida. Durante los días que mantuvo vigencia la propuesta de no extraditar a Simón Trinidad, y después de una conversación del Alto Comisionado para la Paz y el señor Cardenal Pedro Rubiano, el 20 de diciembre de 2004 el gobierno anunció que con el propósito de facilitar la puesta en marcha de la propuesta, expresaba su disposición para reunirse de manera inmediata con las Farc en cualquier iglesia rural o urbana del país, si este grupo liberaba a un primer grupo de secuestrados como gesto de buena voluntad. La reunión se adelantaría con el único propósito de perfeccionar el acuerdo que facilitara la liberación de los 63 miembros de la fuerza pública, políticos y extranjeros en poder de la Farc. Con tal propósito el gobierno publicó el siguiente comunicado:

1.-El Gobierno reitera su disposición de revocar la extradición de Simón Trinidad, si antes del 30 de diciembre las Farc liberan a los 63 colombianos y extranjeros secuestrados. 2.- El Gobierno está dispuesto a reunirse de manera inmediata con las Farc en cualquier iglesia, rural o urbana del país, si estas liberan a un primer grupo de secuestrados como gesto de buena voluntad. La reunión se adelantará con el único propósito de perfeccionar el acuerdo que facilite la liberación de la totalidad de los 63 secuestrados antes del 30 de diciembre. 3.- El traslado de los miembros de las Farc al lugar de encuentro y su regreso se adelantará bajo la protección de la Iglesia colombiana.

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

Aunque la propuesta de no extraditar a “Simón Trinidad” fue rechazada, el gobierno insistió en la posibilidad de lograr un encuentro en cualquier iglesia del país, rural o urbana. Durante los primeros meses del año 2005, haciendo uso de todos los conductos, tanto internos como públicos, el gobierno insistió en su disposición para un encuentro directo con las Farc, brindando para el caso unas condiciones adecuadas y razonables de seguridad. En su interven- ción ante la plenaria del Honorable Senado de la República el 12 de abril 12 de 2005, transmitida por directo a toda la nación a través del canal de televisión institucional, el Alto Comisionado para la Paz afirmó:

El 20 de diciembre se le planteó a las Farc la disposición del gobierno para encontrarnos en cualquier Iglesia rural o urbana del país, para acordar los términos que permitan la liberación de los secuestrados. Como condición el gobierno colocaba la liberación de un grupo de secuestrados, como gesto de buena voluntad por parte de las Farc para dar lugar a este encuentro, y brindaba condiciones de seguridad para que dicho encuentro pudiera realizarse. Hoy, seguimos insistiendo en la viabilidad de esa propuesta. Estamos dispuestos a ese encuentro directo y confiamos en poder encontrar esa Iglesia rural o urbana, en cualquier lugar del país, para que termine rápido este drama de los secuestrados.

El 26 de julio de 2005, después de una reunión del Presidente de la Repú- blica con las señoras Yolanda Pulecio y Patricia Perdomo, representantes de los familiares de los secuestrados, la primera de ellas pidió al primer manda- tario que aceptara como gesto de buena voluntad de parte de las Farc para proceder a un encuentro directo con el gobierno, la liberación días antes por parte de ese grupo de un soldado que habían retenido en el asalto a la base militar de Teteyé. El presidente decidió aceptar este pedido de la señora Yolanda Pulecio, quedando desde entonces las condiciones para un acuerdo humanitario reducidas a dos puntos básicos:

1. Definir un sitio de encuentro entre el gobierno y las Farc, con condiciones de seguridad para los delegados de las Farc, pero sin despejes territoriales que pongan en riesgo la seguridad de la población civil.

2. Que los guerrilleros liberados salgan de las cárceles bajo los marcos legales vigentes en Colombia y con el compromiso de no volver a delinquir. En la mencionada reunión, las señoras Pulecio y Perdomo insistieron en

la necesidad de dejar claro entre el público que el gobierno tenía disposi- ción para adelantar un encuentro inmediato con las Farc. Por tal motivo, en

Los potros de bárbaros atilas

compañía de ellas el Alto Comisionado para la Paz reiteró ante los medios de comunicación su disposición para un encuentro con ese grupo guerrillero en cualquier sitio del país o del exterior, con las condiciones adecuadas de seguridad. Dejó incluso en manos de las Farc, si estas así lo requerían, la definición del sitio y sugerencias sobre garantes. Al día siguiente, ante preguntas de periodistas que pedían al gobierno que aclarara si estaba dispuesto a aceptar la desmilitarización de los municipios de Pradera y Florida para este encuentro, el Comisionado reiteró lo que ha sido la posición del presidente Uribe desde el comienzo de la administración: que no considera viable despejes militares que dejen en condiciones de inseguridad a miles de ciudadanos que por Constitución deben ser protegidos por las autori- dades legítimas. Pero que está dispuesto a pactar con las Farc unas condiciones de seguridad para los representantes de ese grupo guerrillero, ubicando un sitio de confianza que cuente con el acompañamiento de garantes internacionales. El 9 de agosto de 2005, y respondiendo a dos derechos de petición elevados ante el despacho del Presidente por un grupo de familiares de secues- trados que pedían una respuesta oficial sobre el tema, después de estudiarla con detalle el gobierno decidió aceptar la propuesta de los familiares de convertir la vereda Aures, del municipio de Caicedonia (Valle), en lugar de encuentro para adelantar conversaciones con las Farc sobre el tema del acuerdo humanitario. La propuesta había sido formulada por los familiares de los diputados del Valle el 11 de abril de 2004 y reiterada al gobierno el 4 de agosto durante una reunión de dichos familiares con el Comisionado de Paz en la Casa de Nariño. Durante su reunión con los habitantes de Caicedonia y del corregimiento Aures el día 11 de agosto para explicar la propuesta, el gobierno respondió a sus temores por un posible despeje militar garantizándoles que bajo ninguna circunstancia se los dejaría sin seguridad institucional, pues se tenia claro que la oferta de condiciones de seguridad a los voceros de la guerrilla no podía ir en detrimento de la seguridad de los ciudadanos: “Seguridad para los voceros de la guerrilla, pero sin detrimento de la seguridad de los ciudadanos”, fueron las palabras del Comisionado, reiterando que era posible con el acompaña- miento de garantes nacionales e internacionales brindar las condiciones de confianza para que las Farc pudieran reunirse con el gobierno a fin de tratar el tema de la liberación de los secuestrados. Como es de conocimiento público, también esta propuesta fue rechazada por el grupo guerrillero. Después de la negativa de las Farc a la propuesta de Aures, por instruc- ciones del señor Presiente de la República, el Alto Comisionado para la Paz

Tres años en busca de un acuerdo humanitario con las Farc

trabajó durante la segunda quincena de agosto de 2004 en una nueva propuesta de encuentro con las Farc, en compañía de algunos familiares de los secues- trados y del ex presidente Ernesto Samper. Cuando se avanzaba en la conso- lidación de la propuesta, la noticia se filtró de manera parcial a los medios de comunicación, lo que obligó al gobierno a hacerla publica en su totalidad el día 8 de septiembre de 2005. La propuesta es la siguiente:

Propuesta a las Farc para alcanzar un acuerdo humanitario. Ante la necesidad de establecer un sitio de encuentro con las garantías de segu- ridad y los mecanismos de acompañamiento que sean necesarios, para la defi- nición de un acuerdo humanitario, el Gobierno Nacional propone una reunión entre los delegados del gobierno y los delegados dispuestos por las Farc, en la escuela del corregimiento de Bolo Azul, jurisdicción del municipio de Pradera (Valle del Cauca), para el desarrollo de las conversaciones y por un período máximo de 10 días. De igual manera, se propone la siguiente metodología:

• Verificación de las condiciones del sitio de encuentro por parte de garantes nacionales e internacionales (un día).

• Ingreso al sitio de encuentro de los delegados dispuestos por las Farc con el acompañamiento de garantes (dos días).

• Desarrollo de las conversaciones entre el equipo de gobierno y delegados de las Farc (cinco días).

• Retorno de los delegados de las Farc con el acompañamiento de garantes (dos días).

El Gobierno garantizará las condiciones de seguridad del delegado o delegados de las Farc, durante el traslado al sitio de encuentro y su regreso al lugar de origen. La verificación de las condiciones de seguridad acordadas, estarán

a cargo de garantes nacionales y/o internacionales convenidos previamente.

Además ofrecerá salvoconductos especiales, y en consecuencia, solicitará a los organismos judiciales competentes la suspensión de las órdenes de captura que tengan vigentes en todo el territorio nacional. Durante el tiempo previsto para la reunión, no se adelantarán acciones mili- tares ni policiales por parte de la fuerza pública sobre el sitio de encuentro.

El Gobierno Nacional expresa su disposición inmediata para adelantar las coordinaciones con las Farc y garantes que faciliten el encuentro directo. Y se declara a la espera de un gesto de buena voluntad de las Farc, que acompañe

el anhelo de muchos colombianos, que hoy claman por el regreso de sus fami-

liares privados de la libertad al seno de sus hogares.

Los potros de bárbaros atilas

La propuesta resulta práctica y viable, resaltándose por parte de los expertos que el corregimiento Bolo Azul, en el municipio de Pradera, ofrece todas las condiciones de seguridad para brindar a las Farc la confianza que requieren. El gobierno seguirá insistiendo en esta propuesta, solicitando a los familiares de los secuestrados y a la opinión pública nacional e internacional que la acompañen, a fin de facilitar un encuentro directo entre los represen- tantes del gobierno y los voceros de las Farc para buscar un acuerdo que permita el retorno de los secuestrados a casa.

Fuente: www.presidencia.gov.co (SNE) 8 de septiembre de 2005

Entrevista con Colprensa

“INSISTIREMOS EN BOLO AZUL”

Luis Carlos Restrepo Ramírez

El Alto Comisionado para la Paz , Luis Carlos Restrepo, asegura que con su última respuesta las Farc demuestran que no han llegado a la madurez que permita buscar una salida dialogada. “Con el Eln tenemos al menos un paso armónico inicial. No es un acuerdo, pero sí una sintonía”, dice. Al Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, no le preocupó demasiado el último comunicado de las Farc. A su juicio, a esa guerrilla le falta llegar a la “madurez” que le permita pasar de una búsqueda ciega por demostrar el fracaso del gobierno de Uribe, a la convicción de que el diálogo es la única salida al conflicto armado. “Ya les llegará su momento”, dice con voz pausada, y asegura que el Gobierno insistirá en un encuentro de diez días en Bolo Azul para tratar el tema del intercambio humanitario. Ese mismo tono lo usa para expresar que con el Eln las cosas van por buen camino. No obstante, se rehúsa a ser optimista, pues en su cargo “los optimismos se pagan caro”. Sobre estos y otros temas, como el proceso con las autodefensas y la rein- serción, Colprensa habló con el Comisionado. Colprensa: Luego del comunicado de las Farc, ¿cuál será el siguiente paso del Gobierno? Luis Carlos Restrepo: Insistiremos en la propuesta de Bolo Azul, porque es buena y viable. Si accedemos a la desmilitarización de dos munici- pios se enredaría la conversación sobre el acuerdo humanitario, pues las Farc se consolidarían en ese territorio y pondrían condiciones tan imposibles de cumplir en la mesa, que no quedaría otra alternativa que prorrogar y prorrogar la zona desmilitarizada. Colprensa: Analistas aseguran que el Gobierno se apresuró a lanzar una propuesta que debía manejarse de forma discreta Luis Carlos Restrepo: Tenemos gran dificultad para avanzar con las Farc. Ya nos ha pasado con los facilitadores, a quienes dejan esperando durante meses y a la Iglesia no la volvieron a recibir desde diciembre de

Los potros de bárbaros atilas

2003. Por eso intentamos abrir caminos para que se avance nuevamente, pero se niegan a hacerlo. Lo importante es que la propuesta está formulada, es viable, sensata y sana. Colprensa: ¿Considera que las Farc sí tienen voluntad de paz? Luis Carlos Restrepo: A las Farc les llegará su momento. Ahora están empecinadas en demostrar que la política de Seguridad Democrática fracasó y en oponerse a la reelección de Álvaro Uribe. Esas son sus dos grandes obsesiones

y cuando una organización insiste tanto en confrontar al Estado, es porque no ha llegado todavía a la madurez que permite buscar una salida política. Colprensa: ¿Entonces no hay posibilidades de llegar a acuerdos con

ellos?

Luis Carlos Restrepo: Las Farc ya sienten el agotamiento en sus bases

y mandos medios, así haya empecinamiento en la dirigencia. Por eso, con

persistencia en la política de Seguridad Democrática y la oferta de una salida dialogada, encontraremos el camino para un diálogo útil, sin caer en los errores anteriores, porque diálogos que sirvan para fortalecer a las guerrillas son un descalabro. Colprensa: ¿Pasando al tema del Eln, cuál debe ser el punto de llegada tras los tres meses que se le han dado a ‘Francisco Galán’ para adelantar consultas con la sociedad civil? Luis Carlos Restrepo: Estamos en lo que la Iglesia llamó el ‘prediá- logo’. Culminado ese proceso, debemos entrar a una mesa de acercamiento donde los interlocutores son Gobierno y Eln, para definir el cese de hostili- dades de ese grupo armado y el cese de actividades militares del Gobierno. Consolidado eso, podríamos explorar los mecanismos para hacer la llamada Convención Nacional. Colprensa: ¿Ve voluntad del Eln para completar esos pasos? Hay un buen momento para adelantar un proceso de paz con el Eln y resulta importante que esa guerrilla sepa valorar esa coyuntura. Después de tres años de intentos de acercamiento, tenemos por lo menos un paso armó- nico inicial. No es un acuerdo, pero sí una sintonía. Es un pequeño activo que esperamos se cultive de manera adecuada y crezca para que nos conduzca a un proceso de paz. Colprensa: Dicen que uno de los que más se opone a avanzar en los diálogos es Antonio García Luis Carlos Restrepo: Yo no refrendaría eso. Quien ha estado al otro lado liderando los acercamientos es Antonio García y eso lo celebro como un

“Insistiremos en Bolo Azul”

hecho importante. Que forcejee con el Gobierno y trate de imponer sus condi- ciones es lo normal, pero es muy importante que el hombre duro del Eln sea quien lidere la decisión de abrir este espacio con la sociedad civil. Colprensa: ¿Es optimista, entonces? Luis Carlos Restrepo: No soy optimista, porque en este cargo los opti- mismos se pagan muy caro. Uno se entusiasma, y después las ‘desinfladas’ son costosas. Pero tampoco soy pesimista porque me tocaría renunciar al otro día. Prefiero ser realista. Colprensa: Hay críticas por acoger en la Ley de Justicia y Paz a 38 guerrilleros presos, que cometieron delitos atroces y no están en un proceso de paz Luis Carlos Restrepo: El que un hombre esté en la cárcel no quiere decir que haya renunciado a su organización guerrillera. Entonces nosotros aceptamos como un hecho valioso que quienes estén en las cárceles renuncien a la guerrilla y se muestren dispuestos a colaborar con la justicia, confesar sus delitos y reparar a las víctimas. Colprensa: Pero incluso el ex ministro Fernando Londoño asegura que se fomentaría la impunidad Luis Carlos Restrepo: No se puede menospreciar la acción política del Estado para que estas personas en las cárceles se puedan incorporar en una política de paz. Por otro lado, hay reparación a las víctimas, damos el paso a la justicia restaurativa, centrada en la reparación. Una persona puede estar en la cárcel muchos años, pero no hay sanción social ni avance hacia la paz. Es mucho más importante la reparación porque sana la herida. Colprensa: ¿Habrá más casos similares en el futuro? Luis Carlos Restrepo: Es bueno que el país conozca que la Ley de Justicia y Paz ha generado gran expectativa dentro de los guerrilleros que están en las cárceles. Las solicitudes pasan del centenar. Pero hemos escogido un primer grupo, sobre el que adelantamos el estudio con el fin de establecer si son elegibles para que el Gobierno pueda presentar el listado a la Fiscalía. Eso es algo que apenas estamos estudiando y tomaremos una decisión en los próximos días. Colprensa: ¿Se podrá cumplir el límite del 31 de diciembre para finalizar la desmovilización de los paramilitares? Luis Carlos Restrepo: Nos falta la mitad de la estructura de las autode- fensas. Entre 2003 y lo que va corrido de 2005 hemos desmovilizado el 50%

Los potros de bárbaros atilas

y en tres o cuatro meses nos toca desmovilizar el otro 50%. Y faltan estruc-

turas tan difíciles como el Bloque Central Bolívar, el Bloque Norte, las Auto- defensas del Magdalena Medio y el Élmer Cárdenas, que son muy grandes

y hacen presencia en parte significativa del territorio. Hacemos un esfuerzo

enorme para cumplirle al país, pero eso no es fácil. Colprensa: ¿Hay apoyo de la empresa privada a la desmovilización? Luis Carlos Restrepo: Uno habla con los empresarios y encuentra que hay entusiasmo, pero es complicado encontrar la fórmula operativa práctica. El matrimonio no ha funcionado. He planteado crear la ‘gerencia para el

mantenimiento de la paz’, que funcione bajo tres pilares: presencia del Estado en las zonas de desmovilización, manejo de los reincorporados con vincula- ción activa de la empresa privada, y proyectos productivos que vinculen no sólo a los desmovilizados, sino a los desplazados. Sería el complemento ideal a la oficina del Comisionado. Pero hay que ambientar la discusión, porque en el Gobierno dicen que suena bien, pero existe el temor que se convierta en un elefante blanco. Colprensa: ¿Qué sucederá con la orden de extradición de alias ‘Don

Berna’?

Luis Carlos Restrepo: Valga aclarar que es competencia exclusiva del Presidente. Pero ya en el caso de Mancuso se decidió suspender la decisión de

la extradición, condicionada a que cumpliera unos compromisos con la paz, y

es de esperar que esa figura se pueda aplicar nuevamente en casos muy espe- ciales, pero si esa es la fórmula para consolidar un proceso de paz, no dudo un minuto en que hay que transitar ese camino. Colprensa: ¿Cree que si se extradita un jefe paramilitar peligraría el proceso de paz? Luis Carlos Restrepo: Hemos ido labrando en la roca, abriéndole campo a un proceso difícil en el que estamos en la recta final. Cualquier medida apre- surada, que genere una desbandada o que cree una desconfianza tal que lleve a muchos de estos hombres a echarse para atrás, no tiene sentido. Hay que tener presente que lo que está de por medio es la paz del país.

Fuente: El País, Cali, 18 de septiembre de 2005

GOBIERNO ACEPTA PROPUESTA DE FRANCIA, SUIZA Y ESPAÑA

Álvaro Uribe Vélez y Luis Carlos Restrepo Ramírez

Introducción del Presidente Uribe El Gobierno Nacional, desde el inicio de la administración, ha hecho grandes esfuerzos para facilitar un acuerdo humanitario que dé la liberación de los compatriotas que están secuestrados. No voy a hacer un recuento, porque me haría exhaustivo. Acepto que he debido, en el ejercicio presidencial, modi- ficar posiciones que había asumido como candidato y durante las primeras semanas del ejercicio presidencial. Hemos mantenido unos puntos razonablemente defendidos. El último esfuerzo que se ha hecho es el de animar una comisión internacional para que nos diga cómo se debe hacer el acuerdo humanitario. El doctor Luis Carlos Restrepo, alto comisionado de Paz, estuvo en Europa hace algunas semanas, en una tarea prudente, efectiva, de estimular la constitución de esa comisión internacional. Francia, España y Suiza, sus gobiernos, integraron esa comi- sión. Esa comisión estuvo en Colombia, esa comisión ha hecho un trabajo muy importante, un trabajo prudente. En el día de hoy el Gobierno Nacional recibió el informe de esa comi- sión. La comisión nos ha dicho que esa propuesta es una propuesta para el Gobierno Nacional y para las Farc. El doctor Luis Carlos Restrepo les resume esa propuesta, que el Gobierno Nacional ha recibido, y que suponemos también han recibido las Farc de parte de esta comisión internacional. Y una vez el doctor Luis Carlos Restrepo nos diga cuál es esa propuesta, nos lo va a decir en palabras breves, concisas, yo les responderé y les diré cuál es la decisión que el Gobierno Nacional ha tomado esta tarde en relación con esa propuesta.

Explicación del Alto Comisionado para la Paz El Gobierno Nacional ha recibido por parte de los gobiernos de Francia, Suiza y España, la propuesta de un sistema de seguridad para un encuentro humanitario en la Cordillera Central. Esta propuesta ha sido entregada, el día de hoy, de manera simultánea, al Gobierno y a las Farc.

Los potros de bárbaros atilas

La propuesta consiste en los resultados de la misión técnica exploratoria, la propuesta sobre un sitio de encuentro: El Retiro, en el municipio de Pradera (Valle del Cauca), el sistema de seguridad alrededor del sitio de encuentro, franjas de seguridad, puntos de observación y pasos, duración de la observación internacional y el papel del CICR, del Comité Internacional de la Cruz Roja. La propuesta ha sido entregada formalmente a través del Departamento Federal de Asuntos Exteriores Suizos, a nombre de España, Francia y Suiza, tanto al Gobierno Colombiano como a las Farc, y es el resultado de una misión técnica exploratoria que estuvo en territorio colombiano, y que adelantó su labor en la Cordillera Central, entre el 28 de noviembre y el 2 de diciembre de 2005. España, Francia y Suiza proponen un sistema de seguridad que permita al Gobierno y a las Farc encontrarse directamente en condiciones óptimas. Proponen garantizar la seguridad de los negociadores, con su compromiso político y su presencia física. No prejuzgan la duración, forma o contenido de las negociaciones, y buscan dar confianza a las partes y a los diferentes sectores de la sociedad colombiana. El sitio de encuentro sugerido por la comisión es el caserío El Retiro, en el municipio de Pradera (Valle del Cauca). Es un lugar que se encuentra aproxi- madamente a unos 15 kilómetros del casco urbano de Pradera. Las caracterís- ticas: habitan allí 30 familias, una iglesia en buen estado, una escuela con 5 salones, comedor, cocina y sanitarios, una casa comunal, un puesto de salud, una cancha de fútbol que permite aterrizaje de helicópteros, energía eléctrica, agua y teléfono. Está a 1.600 metros de altitud y parte desde una altitud de 1.200 metros en Potrerito, hasta 2.800 metros en Bolo Azul. Este es el sitio sugerido para la comisión como lugar de encuentro, El Retiro, y aquí tenemos el casco urbano de Pradera. La comisión, igual, plantea un sistema de seguridad alrededor del sitio del encuentro, constituido por franjas de seguridad. Una primera franja en el oriente de Pradera, a partir del puente de Potrerillo sobre el río Bolo, hasta la línea del filo del Cordillera Central. Otra segunda franja al oriente de Florida, a partir de la salida de La Diana, al norte de la vía a La Diana, El Caleño, La Palmera, Sinaí, incluyendo la vía. Y una tercera franja al oriente de la línea del filo, que separa al departamento del Valle (del Cauca) del departamento del Tolima, una franja de dos kilómetros de ancho a lo largo de los municipios de Pradera y Florida, hasta el paso de montaña situado sobre la vía sin terminar Florida–Herrera–Chaparral.

Gobierno acepta propuesta de Francia, Suiza y España

Aquí tenemos las franjas de seguridad propuestas, aquí tenemos a Pradera, aquí tenemos a Potrerito, este es el río Bolo, que llega hasta el filo de la Cordi- llera Central. Esta es la segunda franja de seguridad, que parte de La Diana, pasa por Los Caleños y llega hasta Sinaí. Y aquí tenemos la tercera franja de seguridad, en el límite entre los departamentos del Valle (del Cauca) y el Tolima, dos kilómetros sobre el Tolima, bordeando el límite de Pradera y Florida. Igual, como parte del sistema de seguridad alrededor del sitio de encuentro, se plantean sitios de observación, unos sitios de observación sobre las vías para control de acceso: Potrerito, el puente de la vía principal y vía secundaria, El Retiro en el cruce de las dos vías, La Diana en la salida oriental en dirección a Los Caleños, y la finca Las Tablas entre Palmera y Sinaí. Y también unos observadores en puntos estratégicos, en Los Negros, sobre la vía a La Carbonera, en la finca La Campiña cerca de Boloazul, en la finca de La Virgen ya sobre el Tolima, y en finca Norales, igual sobre el Tolima. Aquí tenemos los puntos de control sobre vías, aquí tenemos el de Potrerito, el de El Retiro en los Negros, el de la Palmera y aquí tenemos el de La Diana. Igual aquí tenemos los puntos de observación sugeridos por la comisión. Aquí estos dos puntos están ya sobre el Tolima. Igual la comisión considera que es importante tener en cuenta el control, algunos pasos sobre la vía entre Florida y el departamento del Tolima, un paso que va desde La Diana hasta la carretera proyectada en la vía Florida–Herrera–Chaparral, otro punto entre Pradera y Florida, que es un camino de herradura que une a Bolo Azul y el sitio llamado Norales, y un tercer camino entre Pradera y el departamento del Tolima, que es un camino de herradura desde Bolo Azul hasta el sitio deno- minado La Virgen. Aquí vemos los caminos o pasos, que considera importante la comisión controlar. Aquí tenemos el que va de La Diana, va al sitio Los Norales, y esta es una trocha que va hacia La Herrera. Aquí tenemos el segundo que va desde Los Norales a Bolo Azul y el tercero que es de Bolo Azul a la laguna de La Virgen. Se plantea que la coordinación de los observadores, que en principio se consideran en total de 40, se establecería en el caserío de El Retiro, y el coor- dinador de los observadores estaría en coordinación del órgano político de los tres países, establecido en El Retiro. Igual, él estaría en coordinación con las Fuerzas Armadas colombianas y con las Farc. Plantean textualmente los tres países en su propuesta que las tropas deben mantenerse por fuera de los límites de seguridad. Es decir, dentro del límite del área de seguridad no habría ni tropa de la Fuerza Pública colombiana, ni

Los potros de bárbaros atilas

presencia de las Farc. Simplemente los negociadores del Gobierno y del grupo guerrillero. La duración de la observación internacional está planteada 7 días antes del comienzo del encuentro y 7 días después de la terminación del encuentro. Los países dejan a decisión de las partes cuánto tiempo puede durar el encuentro. El Comité Internacional de la Cruz Roja garantiza los desplazamientos aéreos o terrestres tanto de los delegados de las Farc como del Gobierno, protege los lugares de negociación con los emblemas del Comité Internacional de la Cruz Roja, y mantiene presencia permanente de sus funcionarios en el sitio de El Retiro. Esta es básicamente la propuesta. Si quiere simplemente, para repasar los mapas, miremos nuevamente el mapa de seguridad: esta es la zona. Tenemos aquí una primera frontera de seguridad en la zona de Pradera, una segunda frontera de seguridad en la zona rural de Florida y esta tercera frontera de seguridad sobre el límite del Tolima. El área comprendida dentro de las fronteras de seguridad es de aproxima- damente de 180 kilómetros cuadrados.

La decisión del Presidente Uribe Me permito, a continuación, dar respuesta a esta propuesta que hacen Francia, Suiza y España. El doctor Luis Carlos Restrepo nos ha resumido: es una zona rural de 180 kilómetros de área, tiene un pequeño poblado de 30 familias de nombre El Retiro. La exigencia de los tres países europeos es que durante la negociación, siete días antes, siete días después, en esos 180 kilómetros no haya presencia de las Fuerzas Armadas de Colombia, ni haya presencia guerrillera, que sola- mente haya una representación de las Farc para la negociación. El Gobierno colombiano acepta esta propuesta. Confieso que implica, lo confieso humildemente, una concesión por parte del Gobierno que presido. Lo hago con humildad, pero también con responsabilidad. Aceptamos esta modi- ficación a la postura que hemos tenido tradicionalmente, porque confiamos en la comunidad internacional. Aceptamos esta modificación porque la comunidad internacional nos garantiza que, si bien no puede haber presencia del Ejército, tampoco habrá presencia de la guerrilla. Aceptamos esta propuesta porque en lugar de que haya presencia del Ejército durante esos días en esos 180 kilómetros, habrá 40 observadores internacionales. Y confiamos en la comunidad internacional.

Gobierno acepta propuesta de Francia, Suiza y España

Aceptamos esta propuesta porque no lesiona la soberanía, ni pone a riesgo

a nuestros compatriotas. La aceptamos porque la Seguridad Democrática

finalmente es un camino para la reconciliación de los colombianos. La acep- tamos porque queremos entender las angustias, los dolores, el padecimiento de tantos familiares colombianos, tantas familias colombianas que tienen sus familiares secuestrados. La aceptamos también para apostarle a la ilusión de que este país haga

el tránsito del rescate de la seguridad, a la reconciliación total. La aceptamos

también para hacerle un homenaje a Jaime Lozada, el ex gobernador del Huila, asesinado cuando llevaba una gran vocería a favor del acuerdo humanitario. Esto es todo, apreciados compatriotas.

Bogotá, 13 diciembre de 2005 (SNE). Fuente: http://www.presidencia.gov.co/prensa_new/sne/2005/diciembre/13/29132005.htm

SISTEMA DE SEGURIDAD PARA UN ENCUENTRO HUMANITARIO EN LA CORDILLERA CENTRAL

Departamento Federal de Asuntos Exteriores, Suiza

El Departamento Federal de Asuntos Exteriores suizo, a nombre de los gobiernos de España, Francia y Suiza se permiten transmitir al Gobierno Colombiano y al Secretariado de la Farc-Ep el resultado de la “misión técnica exploratoria” que ha tenido lugar en la Cordillera Central entre el 28 de noviembre y el 2 de diciembre del 2005. Los tres gobiernos habían avisado con anticipación a las diversas autori- dades. Estas no emprendieron operaciones militares durante los cinco días y así han permitido el buen desarrollo de la misión. Igualmente, esta misión ha sido posible gracias al CICR que ha garanti- zado tres desplazamientos en helicóptero.

Proposición Los Gobiernos de España, Francia y Suiza proponen un sistema de seguridad que permite a los representantes del Gobierno Colombiano y a los representantes de las Farc-Ep encontrarse directamente en condiciones óptimas. España, Francia y Suiza proponen garantizar la seguridad de los negocia- dores con su compromiso político y con su presencia física. Los tres países no prejuzgan en ningún caso sobre la duración, la forma o el contenido de las negociaciones. Ellos desean simplemente dar confianza a los negociadores así como a los diversos sectores de la población colombiana. El Sistema de Seguridad incluye dos dimensiones: A. espacial y B. operacional.

A. Situación geográfica:

• Oriente montañoso del municipio de Pradera a partir del puente de Protre- rito sobre el río Bolo hasta la línea del filo de la Cordillera Central.

• Oriente montañoso del municipio de Florida a partir de la salida de La Diana al norte de la vía La Diana–El Caleño–La Palmera–Sinaí (inclu- yendo la vía).

Los potros de bárbaros atilas

• Una franja de 2 km de ancho al oriente de la línea del filo que separa El Departamento del Valle del Departamento del Tolima a lo largo de los municipios de Pradera y Florida hasta el paso de montaña situado sobre la vía sin terminar Florida–Herrera–Chaparral.

• Sobre esta franja de seguridad se sitúan varios pasos:

Paso No. 1 sobre la vía entre Florida y el Departamento Tolima: La Diana, El Caleño, La Palmera, Sinaí y el camino sobre el que está proyectada la vía Florida – Herrera – Chaparral. Paso No. 2 entre Pradera y el Tolima, camino de herradura Bolo Azul, Entreríos, Bolivia y sobre el territorio del Tolima, el sitio llamado Norales. Paso No. 3 entre Pradera y el Departamento del Tolima, camino de herra- dura Bolo Azul, Casablanca, La Cabaña y sobre el territorio del Tolima, el sitio llamado La Virgen cercano a la laguna de La Virgen. Para garantizar la seguridad de un paso o de una zona de paso a tales altitudes, es necesario controlar la parte baja del paso y no la cima. Esta es la razón por la cual es deseable incluir en el Sistema una franja de 2 km al oriente del filo de la Cordillera Central. Lugar propuesto para el encuentro:

Después de un examen minucioso de todas las posibilidades al interior de este espacio de seguridad, se propone que el “caserío” de El Retiro sea la sede de las negociaciones. El Retiro cuenta aproximadamente con 30 familias, una iglesia en buen estado, una escuela con cinco salones, comedor, cocina y sanitarios; una casa comunal (ex inspección de policía) de cuatro piezas en buen estado, un puesto de salud de cuatro piezas en buen estado, así como otras varias edificaciones privadas en buen estado. Además El Retiro se encuentra en el cruce de dos vías, está equipado de energía eléctrica, de agua y teléfono. Situado a 1.600 metros de altitud, goza de un clima agradable. Una cancha de fútbol bien despejada, facilita el aterri- zaje de helicópteros. La población del Retiro dio una acogida muy calurosa a los miembros de la Comisión Técnica Exploratoria. La vía es transitable pero de difícil acceso. Parte de una altitud de 1.200 m. en Potrerito hasta los 2.800 m. en Bolo Azul.

B. Observación internacional

Teniendo en cuenta la extensión de la topografía, convendría selec- cionar lugares estratégicos donde posicionar los observadores internacionales (España, Francia y Suiza).

Sistema de seguridad para un encuentro humanitario en la Cordillera Central

Se trataría de controlar el acceso sobre las vías siguientes:

• Potrerito: puente, vía principal y vía secundaria en dirección a Pradera.

• El Retiro cruce de dos vías.

• La Diana: salida oriental en dirección de los Caleños.

• Finca Las Tablas: entre Palmera y Sinaí.

Se trataría igualmente de establecer puestos de observación sobre puntos

estratégicos:

• Transformador Los Negros sobre la vía La Carbonera.

• Finca La Campiña cerca de Bolo Azul.

• Finca La Virgen (Tolima)

• Finca Norales (Tolima)

La Coordinación de los observadores se establecería en El Retiro. Estos estarían comunicados por su propia red de radio. El Coordinador de los observadores estaría bajo la responsabilidad del órgano político de coordinación de los tres países, el mismo basado en El Retiro. El Coordinador de los observadores estaría en contacto directo con el Comando de las Fuerzas Armadas Colombianas y de las Farc-Ep, con tropas por fuera de los límites del sistema de seguridad. Treinta a cuarenta observadores internacionales podrían cumplir la tarea prevista.

C. Periodo de intervención de la observación internacional Los observadores serían operacionales 7 días antes del comienzo del encuentro y 7 días después del final del mismo. Esto no prejuzga sobre la duración de las conversaciones. La fórmula sería (7 + X + 7). Los tres países garantes seleccionarían sus observadores entre personas

con la experiencia de montaña; en efecto ciertos puestos de observación se encuentran a más de 3.000 m. de altitud sin acceso en vehículo. Papel de la Cruz Roja Internacional (CICR) El CICR garantizaría la seguridad de los desplazamientos de los negociadores:

• Helicópteros para los negociadores de las Farc-Ep

• Helicópteros o vehículos del CICR para los negociadores del gobierno desde Potrerito.

Los potros de bárbaros atilas

El CICR podría proteger con su emblema el (los) locales (es) de negocia- ción. Habría una presencia permanente de delegados del CICR en El Retiro durante el periodo (7 + X + 7).

D. Seguimiento de la proposición Esta proposición es entregada en la propia mano al representante del Gobierno Colombiano y al representante oficial de las Farc-Ep el martes 13 de diciembre simultáneamente y en términos estrictamente idénticos. Si el principio de este sistema de seguridad es aceptable para el Gobierno y para las Farc-Ep, los tres países facilitadores podrían emprender las tareas y los contactos apropiados para precisar su funcionamiento.

Berna, París, Madrid, diciembre 2005 Berna 12 de diciembre de 2005 JPG

Sin zonas desmilitarizadas ni guerrilleros que vuelvan a delinquir

GOBIERNO NO OBSTACULIZARÁ PAPELETA ADICIONAL SOBRE ACUERDO HUMANITARIO

Informe de la Presidencia de la República

El Gobierno Nacional no obstaculizará una “papeleta adicional para que los colombianos se pronuncien sobre el acuerdo humanitario”, afirmó esta noche el presidente Álvaro Uribe Vélez. El Jefe de Estado reiteró que “este es un Gobierno democrático” y recordó la propuesta de referendo puesta a consideración de los votantes en las elecciones de octubre de 2003. Uribe, quien participó este jueves en la feria Colombiatex que se realiza en la capital de Antioquia, señaló que el Gobierno ha hecho todos los esfuerzos para lograr un acuerdo humanitario que ponga fin al flagelo del secuestro para decenas de colombianos, privados de la libertad por la guerrilla de las Farc. “Este Gobierno estimula toda participación democrática y han propuesto esa papeleta adicional para que los colombianos se pronuncien sobre el acuerdo humanitario. ¡Magnífico!, el Gobierno no obstaculiza, el Gobierno estimula. Eso si, tengo que advertir con toda claridad a los colombianos que recuerden dos limitaciones: la limitación de que aquellos guerrilleros que lleguen a salir de las cárceles no vuelvan a delinquir y la segunda, nosotros no podemos desmilitarizar con presencia guerrillera, para crearle riesgos a la ciudadanía”, dijo Uribe a periodistas. El Mandatario señaló que ese tema y esas condiciones fueron tratadas este jueves en la reunión que sostuvo con el ministro de Relaciones Exte- riores de Francia, Philippe Douste-Blazy. El Presidente de la República sostuvo que el Gobierno está abierto a escuchar propuestas y alternativas para lograr, en el menor tiempo posible, la libertad de los secuestrados y, en el caso de la propuesta que lideran los familiares de los plagiados, hay disposición total de analizar, junto con las autoridades electorales, la manera como se implementará esa papeleta. “Esto no se opone a que el Gobierno Nacional reitere que no es obstáculo para iniciativas democráticas que algunos colombianos están proponiendo,

Los potros de bárbaros atilas

entre ellos los diputados del Valle del Cauca hoy cautivos, por el grupo secues- trador de las Farc”. “Ahora, si se puede hacer un acuerdo humanitario, antes de esta consulta, magnífico, pero lo que no va a hacer el Gobierno, es obstaculizar iniciativas democráticas”, puntualizó el Presidente.

Medellín, 26 enero de 2006. (SNE).- Fuente: http://www.presidencia.gov.co/prensa_new/sne/2006/enero/26/18262006.htm

ENFRENTEMOS EL TERRORISMO PARA NO PADECER SU ETERNA ESCLAVITUD

Álvaro Uribe Vélez

1. Yo pregunto… Pregunto al terrorista de las Farc Jorge Briceño, conocido con el alias de ‘Mono Jojoy’, si tiene la cobardía de negar que él ordenó, desde el refugio cobarde de la selva, este atentado contra la ciudad de Bogotá. Pregunto al terrorista Jorge Briceño, conocido con el nombre de ‘Mono Jojoy’, si tiene la cobardía de negar el mensaje que recibió de la persona a quien mandó a colocar este carro bomba, en el cual el terrorista miliciano, desde Bogotá, le informaba que ya había cumplido la graduación. ¿Qué dirá el terrorista “Raúl Reyes”, terrorista fantoche de apariciones internacionales, terrorista vedette de los medios de comunicación, que cobar- demente se esconde en la selva ecuatoriana, contra el consentimiento del Ecuador? Desde allí se lucra del negocio de la coca, cínicamente desconoce su condición de terrorista, para posar de vedette internacional y de fantoche. ¿Qué dirá el terrorista Iván Márquez, que cobardemente se esconde en la selva fronteriza de Venezuela –en contra del consentimiento de Venezuela–, y posa de escritor de editoriales en la página de internet de las Farc, buscando crear confusión a través de editoriales escritos con la sangre que ha hecho derramar? ¿Qué van a responder por este atentado?

2. Veo que ese lenguaje moderado no atrae a los terroristas hacia la paz El 28 de mayo, compatriotas, en congruencia con lo que expresé a la Nación a lo largo de la campaña electoral, de que la Seguridad Democrática no se excluye con la búsqueda de la paz, tomé la decisión, expresé toda la voluntad para su logro, a través de un lenguaje moderado en la sustentación de la Seguridad Democrática. Veo que ese lenguaje moderado crea confusión en la ciudadanía, en esas grandes mayorías ciudadanas que apoyan la Seguridad Democrática. Veo que ese lenguaje moderado desorienta a la Fuerza Pública, en perjuicio de la eficacia de la política de seguridad.

Los potros de bárbaros atilas

Y lo peor: veo que ese lenguaje moderado no atrae a los terroristas hacia la paz. Simplemente les agranda su ambición terrorista; facilita que los terro- ristas posen de personajes de la política. Debe quedar absolutamente claro que una cosa ha sido en estos últimos meses el mensaje moderado para buscar la paz; y otra cosa es la voluntad, que es total, sin atenuantes, para avanzar con la Seguridad Democrática. Hemos expresado lo que sentimos: ¡voluntad de paz! ¡Pero jamás debili- taremos la determinación de avanzar con la Seguridad Democrática! ¡Muy apreciados soldados y policías de mi Patria!, ¡comandantes!, ¡señor Ministro de la Defensa!: ¡nadie en los cuarteles!, ¡nadie en las oficinas!, ¡nadie en las escuelas!, ¡todo el mundo a las calles!, ¡a fortalecer la política de Segu- ridad Democrática!, ¡a proteger esta ciudad con toda la eficacia, como nos lo ha pedido con patriotismo su alcalde, el doctor Luis Eduardo Garzón!

3. ¡Asepsia interna y eficacia externa! ¡Soldados y policías de mi Patria, altos comandantes: asepsia interna y eficacia externa! ¡Si hay hechos turbios, sancionarlos con toda la determinación! ¡Si hay acusaciones injustas, impedir que acomplejen a la Fuerza Pública!, porque la acusación injusta es la maniobra con la cual siempre busca interferirse y debi- litarse la política de Seguridad Democrática. Si alguien de la Fuerza Pública incurre en un delito, ¡a la cárcel, sin vaci- lación! Si la acusación es injusta, que se le declare inocente sin demoras. No podemos seguir en el error de que una discusión de falsos positivos interfiera la política de Seguridad Democrática. Miren: si hay alguien de la Fuerza Pública que comete un delito, ¡a la cárcel! Pero la acusación injusta no puede dominar el debate, para afectar la política de Seguridad Democrática. Tenemos que tener todo el cuidado para que testimonios de bandidos, a los cuales se les da toda la publicidad, no marchiten, ni acomplejen, ni inter- fieran la política de Seguridad Democrática. Si hemos procedido con transparencia, los testimonios de bandidos no tienen por qué afectarnos. Hace pocos días, reunido con los directivos de la Drummond, la empresa carbonera del Cesar, me reiteraban lo que expresaron a la Fiscalía: una de las acusaciones que hizo un preso contra el Gobierno, en el caso del DAS, antes de las elecciones, señalaba que ese preso había estado con el Gerente de la Drum-

Enfrentemos el terrorismo para no padecer su eterna esclavitud

mond en una reunión en Valledupar, para entregar un dinero a grupos ilegales de autodefensas, dirigidos por el señor que tiene el alias de ‘Jorge 40’. ¿Cuál es la realidad? En las fechas que señala el testigo preso, el delin- cuente testigo, el Gerente de la Drummond estaba fuera del país. Y hace pocos días se agitó en los medios el testimonio de un bandido, testimonio según el cual, el ciudadano compatriota que fue asesinado por el carro bomba contra los soldados de la Patria en las vísperas del 7 de agosto, habría sido asesinado antes de ese atentado y su cadáver transportado al sitio del atentado para hacer una falsificación total de los hechos. Analicemos el tema: ese carro bomba dejó heridos a más de 18 soldados, asesinó a un compatriota transeúnte. Pregunto: ¿eso es un falso positivo o un atentado terrorista? No podemos permitir que acusaciones de falsos positivos le pongan una cortina de humo a las acciones del terrorismo.

4. No se puede permitir que la farsa con la que se quiere afectar la política de seguridad democrática, desoriente a los colombianos y acompleje a la fuerza pública Si hubiera alguien en la Fuerza Pública capaz de poner un camión con explosivos contra sus compañeros soldados, esa persona tiene que estar en la cárcel. Tendría que estar en la cárcel. Lo que no se puede es permitir que la farsa con la que se quiere afectar la política de Seguridad Democrática, desoriente a los colombianos y acompleje a la Fuerza Pública. Me preocupa que acusaciones injustas produzcan finalmente el efecto de amilanar la voluntad de la Fuerza Pública, y produzcan también el efecto de eliminar las redes de informantes, que nos han ayudado a evitar actos terroristas. Qué grave sería que esas acusaciones injustas hubieran producido el efecto de desmontarnos la red de informantes, que se había construido en Bogotá, para poder evitar acciones terroristas y desmantelar a los milicianos terroristas que han maltratado a la ciudad. ¡Soldados y policías de mi Patria, altos comandantes!: ¡ruego que, de acuerdo con las decisiones tomadas ayer, para una mejor coordinación de la inteligencia en Bogotá, reconstruyamos totalmente, sin complejo, mirando a los colombianos a la cara, a plena luz del día, las redes de informantes que en otras ocasiones nos han ayudado a evitar acciones terroristas! Les ruego que, sin timideces, avancemos en la política de recompensas, que ha sido tan útil para enfrentar el terrorismo.

Los potros de bárbaros atilas

5. ¡Lucha frontal contra todos los terroristas, lucha frontal contra los mal llamados paramilitares no sometidos a la justicia! ¡Soldados y policías de mi Patria, altos comandantes!: