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INTRODUCCIÓN

Los tres grandes de la filosofía griega de la época clásica son: Sócrates, Platón y Aristóteles. Estudian la naturaleza humana como un problema en sí mismo, con unos principios diferentes a los demás objetos del mundo físico. Instituyen la epistemología. Se aproximan al estudio de procesos mentales, incluyendo: el aprendizaje, memoria y el conocimiento consciente.

La figura de Sócrates se nos presenta, sin duda, como la más conocida en el ámbito filosófico. La trilogía: Sócrates, Platón y Aristóteles son una triada -casi diríamos, pensando en el halo místico que la tradición impone sobre ciertas figuras, que constituyen una "trinidad" cuya importancia filosófica está ya consagrada. Ellos son quienes representan la cúspide del pensamiento antiguo, son quienes llevan una disciplina recién inventada, en estreno, a las alturas metafísicas y epistemológicas increíbles. Son ellos lo mejor de la antigüedad.

Ahora bien, Sócrates es el primero de la serie, es quien representa el punto desde el cual y gracias a su innovación arrancan los sistemas filosóficos. Sócrates es quien inaugura la trilogía porque, en forma más general, es el primero en ocuparse en filosofía, en verdadera filosofía, es el primero en hacer filosofía total, completa, universal.

Inicia una tradición contemplativa y de búsqueda del conocimiento mediante la introspección (conócete a ti mismo). Es racionalista. Examina con rigor las respuestas, haciendo notar los fallos lógicos y el razonamiento pobre o inadecuado. Creía que con este proceder, aflorarían las verdades presentes en la mente de las personas.

SÓCRATES

(Atenas, 470 a.C. - id., 399 a.C) Sócrates es una figura capital del pensamiento antiguo, hasta el punto de ser llamados presocrático los filósofos anteriores a él. Rompiendo con las orientaciones predominantes anteriores, su reflexión se centró en el ser humano, particularmente en la ética, y sus ideas pasaron a los dos grandes pilares sobre los que se asienta la historia de la filosofía occidental: Platón, que fue discípulo directo suyo, y Aristóteles, que lo fue a su vez de Platón. La mayor parte de cuanto se sabe sobre él procede de tres contemporáneos suyos: el historiador Jenofonte, el comediógrafo Aristófanes y el filósofo Platón. El primero retrató a Sócrates como un sabio absorbido por la idea de identificar el conocimiento y la virtud, pero con una personalidad en la que no faltaban algunos rasgos un tanto vulgares. Aristófanes lo hizo objeto de sus sátiras en una comedia, Las nubes (423), donde se le identifica con los demás sofistas y es caricaturizado como engañoso artista del discurso.

Sócrates no escribió nada y, a pesar de haber tenido numerosos seguidores, nunca creó una escuela filosófica. Las llamadas escuelas socráticas fueron iniciativa de sus seguidores. Acerca de su actividad filosófica tenemos los testimonios de Jenofonte, Aristófanes o Platón, suscitan el llamado problema socrático, es decir la fijación de la auténtica personalidad de Sócrates y del contenido de sus enseñanzas.

Si creemos a Jenofonte, a Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates.

Más problemas plantea la interpretación del Sócrates platónico. La posición tradicional es que Platón puso en boca de Sócrates sus propias teorías en buena parte de los diálogos llamados de transición y en los de madurez, aceptándose que los diálogos de juventud reproducen el pensamiento socrático. Esta posición se vería apoyada por los comentarios de Aristóteles sobre la relación entre Sócrates y Platón, quien afirma claramente que Sócrates no "separó" las Formas, lo que nos ofrece bastante credibilidad, dado que Aristóteles permaneció veinte años en la Academia.

Sin embargo, en los Diálogos de Platón resulta difícil distinguir cuál es la parte de lo expuesto que corresponde al Sócrates histórico y cuál pertenece ya a la filosofía de su discípulo. Si, como parece, las ideas éticas antes expuestas son del propio Sócrates, su filosofía se sitúa en la antípodas del escepticismo y del relativismo moral de los sofistas, pese a lo cual, y a causa de su pericia dialéctica, fue considerado en su tiempo como uno de ellos, tal y como refleja la citada comedia de Aristófanes.

El rechazo del relativismo de los sofistas llevó a Sócrates a la búsqueda de la definición universal, que pretendía alcanzar mediante un método inductivo; probablemente la búsqueda de dicha definición universal no tenía una intención puramente teórica, sino más bien práctica

Los sofistas habían afirmado el relativismo gnoseológico y moral. Sócrates criticará ese relativismo, convencido de que los ejemplos concretos encierran un elemento común respecto al cual esos ejemplos tienen un significado. Si decimos de un acto que es "bueno" será porque tenemos alguna noción de "lo que es" bueno; si no tuviéramos esa noción, ni siquiera podríamos decir que es bueno para nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o de cualquier otro concepto moral. Para el relativismo estos conceptos no son susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de valer universalmente. La búsqueda de la definición universal se presenta, pues, como la solución del problema moral y la superación del relativismo.

¿Cómo proceder a esa búsqueda? Sócrates desarrolla un método práctico basado en el diálogo, en la conversación, la "dialéctica", en el que a través del razonamiento inductivo se podría esperar alcanzar la definición universal de los términos objeto de investigación. Dicho método constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica. En la primera fase el objetivo fundamental es, a través del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar la verdad. La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa definición universal, ese modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. La dialéctica socrática irá progresando desde definiciones más incompletas o menos adecuadas a definiciones más completas o más adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Lo cierto es que en los diálogos socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa definición universal, por lo que es posible que la dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos como algo irritante, desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta definición universal que se buscaba.

Esa verdad que se buscaba ¿Era de carácter teórico, pura especulación o era de carácter práctico? Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a realizar. En este sentido es llamada la ética socrática "intelectualista": el conocimiento se busca estrictamente como un medio para la acción. De modo que si conociéramos lo "Bueno", no podríamos dejar de actuar conforme a él; la falta de virtud en nuestras acciones será identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber.

Con su conducta, Sócrates se granjeó enemigos que, en el contexto de inestabilidad en que se hallaba Atenas tras las guerras del Peloponeso, acabaron por considerar que su amistad era peligrosa para aristócratas como sus discípulos Alcibíades o Critias; oficialmente acusado de impiedad y de corromper a la juventud, fue condenado a beber cicuta después de que, en su defensa, hubiera demostrado la inconsistencia de los cargos que se le imputaban.

En el año 399 Sócrates, que se había negado a colaborar con el régimen de los Treinta Tiranos, se vio envuelto en un juicio en plena reinstauración de la democracia bajo la doble acusación de "no honrar a los dioses que honra la ciudad" y "corromper a la juventud". Al parecer dicha acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos, uno de los dirigentes de la democracia restaurada. Condenado a muerte por una mayoría de 60 o 65 votos, se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la evasión que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería contrario a las leyes de la ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la cicuta.

Su crítica de la injusticia en la sociedad ateniense le costó su procesamiento y una sentencia de muerte.

FILOSOFÍA

La cuestión moral del conocimiento del bien estuvo en el centro de las enseñanzas de Sócrates, con lo que imprimió un giro fundamental en la historia de la filosofía griega, al prescindir de las preocupaciones cosmológicas de sus predecesores. Como se ha visto, el primer paso para alcanzar el conocimiento consistía en la aceptación de la propia ignorancia, y en el terreno de sus reflexiones éticas, el conocimiento juega un papel fundamental.

El ser humano aspira a la felicidad, y hacia ello encamina sus acciones. Sólo una conducta virtuosa, por otra parte, proporciona la felicidad. Y de entre todas las virtudes, la más importante es la sabiduría, que incluye a las restantes. El que posee la sabiduría posee todas las virtudes porque, según Sócrates, nadie obra mal a sabiendas: si, por ejemplo, alguien engaña al prójimo es porque, en su ignorancia, no se da cuenta de que el engaño es un mal. El sabio conoce que la honestidad es un bien, porque los beneficios que le reporta (reputación, honorabilidad) son muy superiores a los que puede reportarle el engaño (riquezas, poder). El ignorante no se da cuenta de ello: si lo supiese, cultivaría la honestidad y no el engaño. En consecuencia, el hombre sabio es necesariamente virtuoso (pues conocer el bien y practicarlo es, para Sócrates, una misma cosa), y el hombre ignorante es necesariamente vicioso. De esta concepción es preciso destacar que la virtud no es algo innato que surge espontáneamente en ciertos hombres, mientras que otros carecen de ella. Todo lo contrario: puesto que la sabiduría contiene las demás virtudes, la virtud puede aprenderse; mediante el entendimiento podemos alcanzar la sabiduría, y con ella la virtud.

PENSAMIENTO

El pensamiento de Sócrates no es fácil de conocer, porque no dejo ninguna obra escrita y porque todo lo que sabemos de él nos ha sido transmitido por otros filósofos, especialmente Platón, su alumno más famoso, que pone en boca de Sócrates las propias ideas y teorías platónicas en sus escritos dialecticos. Esta influencia de Sócrates modifico con profundidad el pensamiento filosófico occidental.

A diferencia de los sofistas, Sócrates intenta superar el relativismo y alcanzar una

verdad absoluta que sirva de fundamento a la ética personal y a la organización política de la sociedad. A estos objetivos está orientada su enseñanza, que

pretende orientar a las personas en la búsqueda del bien y de la justicia, convencido como estaba que la virtud puede enseñarse.

Sócrates identificaba la virtud con el conocimiento: no se puede hacer lo justo si no se lo conoce, pero también es imposible dejar de hacer lo justo una vez que se le conoce. Según este intelectualismo moral, lo único que hace falta para hacer a las personas virtuosas es enseñarles en qué consiste la virtud verdadera. Además, Sócrates pensaba que toda persona tiene conocimiento pleno de la verdad última contenida dentro del alma y que sólo necesita ser estimulada por reflejos conscientes para darse cuenta de ella (mayéutica).

Sócrates exhorta a sus discípulos a la virtud porque ésta es el bien supremo para

el ser humano, sin la cual no podemos ser felices. En definitiva, para Sócrates, no

existe felicidad sin virtud; la virtud es la condición necesaria y suficiente

para la felicidad.

LA MAYÉUTICA

Al parecer, y durante buena parte de su vida, Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas y los mercados de Atenas, donde tomaba a las gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para sostener largas conversaciones, con frecuencia parecidas a largos interrogatorios. Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la mayéutica. El propio Sócrates comparaba tal método con el oficio de comadrona que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.

En sus conversaciones filosóficas, al menos tal y como quedaron reflejadas en los Diálogos de Platón, Sócrates sigue, en efecto, una serie de pautas precisas que configuran el llamado diálogo socrático.

A menudo comienza la conversación alabando la sabiduría de su interlocutor y

presentándose a sí mismo como un ignorante: tal fingimiento es la llamada ironía socrática, que preside la primera mitad del diálogo. En ella, Sócrates proponía una

cuestión (por ejemplo, ¿qué es la virtud?) y alababa la respuesta del interlocutor, pero luego oponía con sucesivas preguntas o contraejemplos sus reparos a las respuestas recibidas, sumiendo en la confusión a su interlocutor, que acababa reconociendo que no sabía nada sobre la cuestión. Tal logro era un punto esencial: no puede enseñarse algo a quien ya cree saberlo.

El primer paso para llegar a la sabiduría es saber que no se sabe nada, o, dicho de

otro modo, tomar conciencia de nuestro desconocimiento. Una vez admitida la propia ignorancia, comenzaba la mayéutica propiamente dicha: por medio del diálogo, con nuevas preguntas y razonamientos, Sócrates iba conduciendo a sus interlocutores al descubrimiento (o alumbramiento) de una respuesta precisa a la cuestión planteada, de modo tan sutil que la verdad parecía surgir de su mismo interior, como un descubrimiento propio.

APORTES

A

LA

PSICOLOGÍA,

FILOSOFÍA

Y

A

LA

EDUCACIÓN

Gracias a Sócrates existen conceptos y no sólo vagas opiniones, esto significó un gran paso para el crecimiento de la ciencia.

Sócrates entró en contradicción con la filosofía individualista de los sofistas para ofrecer una teoría de la sociedad como un organismo viviente regulado por leyes.

Sócrates es el orden que pretende establecer en la sociedad, pero siempre explicando el porqué de las reglas impuestas para mantener dicho orden.

Las aportaciones que hizo Sócrates a la psicología y educación tuvieron una gran importancia, un gran significado e impacto sobre las mismas. Empezando por mencionar algunas de las aportaciones en la psicología y después por las hechas en la educación. En los aportes que hizo a la psicología se encuentra:

La modificación que le hizo al pensamiento filosófico occidental, también se le conoció a Sócrates como el maestro del pensamiento, Sócrates pensaba que toda

persona tiene conocimiento pleno de la vida última contenida dentro del alma y sólo necesita ser estimulada por reflejos conscientes para darse cuenta de ella, esto quiere decir, que él tenía la idea de que las personas teníamos el conocimiento dentro de nosotros ya para sacarlo necesitaba tener un estímulo de

la consciencia.

Otra de sus aportaciones más significativas fue el método de la mayéutica, el cual consistía en cuestionar a las personas del porqué y cómo sabían lo que sabían y de donde es que sacaron ese conocimiento, hasta hacerlos decir que en realidad no sabían nada y así hacerlos investigar.

La ética y los valores como aportación a la psicología: Llegamos a una respuesta precisa e inequívoca: el hombre es su alma, puesto que su alma es precisamente aquello que lo distingue de manera específica de cualquier otra cosa. Sócrates entiende por alma nuestra razón y la sede de nuestra actividad pensante y ética. En pocas palabras: el alma es para Sócrates el yo consciente, es decir, la conciencia y la personalidad intelectual y moral. De este modo Sócrates lleva a cabo una revolución en los valores. Los verdaderos valores no son aquellos que están ligados a las cosas exteriores, como la riqueza, el poder o la fama, y tampoco aquellos que están ligados al cuerpo, como la vida, la fuerza física, la salud o la belleza, sino exclusivamente los valores del alma que se hallan todos incluidos en el conocimiento.

En cuanto a sus aportaciones a la educación él fue el primero que hizo partícipe al alumno, usó métodos activos como interrogantes, dialogo, reflexión y aporto la idea concreta y la inducción. Para Sócrates todas las artes y ciencias son medios para llegar al conocimiento, pero sin embargo para él siempre fue más importante el método dialéctico, ya que él consideraba que de esta manera se podía tener una visión más clara y en conjunto. También consideraba a la oralidad como principal medio de transmisión y comunicación de las ideas, a través del diálogo, la interrogación y la reflexión, así como también la democratización e inclusión en la educación. Hacia énfasis en la idea de aprendizaje mutuo y consideraba a sus alumnos como compañeros.

APOLOGIA DE SÓCRATES

Con su conducta, Sócrates se granjeó enemigos que, en el contexto de inestabilidad en que se hallaba Atenas tras las guerras del Peloponeso, acabaron por considerar que su amistad era peligrosa para aristócratas como sus discípulos Alcibíades o Critias; oficialmente acusado de impiedad y de corromper a la juventud, fue condenado a beber cicuta después de que, en su defensa, hubiera demostrado la inconsistencia de los cargos que se le imputaban.

Según relata Platón en la Apología que dejó de su maestro, Sócrates pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir, pues como ciudadano se sentía obligado a cumplir la ley de la ciudad, aunque en algún caso, como el suyo, fuera injusta; peor habría sido la ausencia de ley.

La apología puede dividirse en tres partes, cada una de las que tiene su objeto. En la primera parte, la que precede a la deliberación de los jueces sobre la inocencia o la culpabilidad del acusado, Sócrates responde en general a todos los adversarios que le han ocasionado su manera de vivir lejos de los negocios públicos y sus conversaciones de todos los días en las plazas, en las encrucijadas y en los paseos de Atenas.

Sócrates, se decía, es un hombre peligroso, que intenta penetrar los misterios del cielo y de la tierra, que tiene la maña de hacer buena la peor causa, y que enseña públicamente el secreto. Sócrates responde que jamás se ha mezclado en las cosas divinas; que su enseñanza no era como la de los sofistas que exigían un salario, si bien sobre este último punto no había acusación. En fin, en apoyo de esta enseñanza popular, esforzándose en hacer ver á los unos su falsa ciencia, y á los otros su ignorancia, invoca una misión sagrada recibida del dios de Belfos. ¿Era este el camino de congraciarse, teniendo en frente los resentimientos profundos que hacía mucho tiempo había excitado su punzante ironía? No; toda esta justificación, que elude los cargos más bien que los rechaza, sólo podía servir para aumentar la desconfianza de los jueces, prevenidos ya en su contra.

Así es que su verdadero valor y su interés aparecen por entero en la consecuencia moral, que Sócrates procura deducir con tanta profundidad como ironía. Dice que ha conversado sucesivamente con los poetas , con los políticos , con los artistas y con los oradores; es decir, con los hombres que pasan por los más hábiles y los más sabios de todos; y como ha visto en los unos y en los otros, en medio de su exagerada pretensión a una sabiduría y a una habilidad universales, igual incapacidad para justificarlos hasta en el dominio limitado de su respectivo arte, declara que a sus ojos la sabiduría humana es bien poca cosa, o más bien, que no es nada si no se inspira en la única verdadera sabiduría, que reside en Dios, y que sólo se revela al hombre por las luces de la razón.

Pero los enemigos de Sócrates no se contentaron con las acusaciones generales, y formularon, por boca de Melito, estas dos acusaciones concretas: primero, que

corrompía a los jóvenes; segundo, que no creía en los dioses del Estado y que los sustituía con extravagancias demoniacas. Estos dos cargos se llamaban y apoyaban el uno al otro, porque tenían por fundamento común el crimen de ultraje

á la religión.

Sobre el primer punto, Sócrates responde solamente que por su interés personal no era fácil que corrompiera a los jóvenes, porque "los hombres deben esperar más mal que bien de aquellos a quienes dañan". Su defensa sobre el segundo punto no es más categórica. Porque, en lugar de probar á Melito que cree en los dioses del Estado, Sócrates cambia los términos de la acusación, y prueba que cree en los dioses, puesto que hace profesión de creer en los demonios, hijos de los dioses. ¿Pero estos dioses son los de la república? Sobre esto nada dice.

Su arenga toma de repente un carácter de elevación y fuerza, cuando invocando su amor profundo á la verdad y la energía de su fe en la misión de que se cree encargado, revela, delante de los jueces, el secreto de toda su vida. Si no ha vivido como los demás atenienses; si no ha ejercido las funciones públicas, no ha sido por capricho ni por misantropía. Obedecía resueltamente la voluntad de un Dios, que desde su juventud le estrechaba a consagrarse á la educación moral de sus conciudadanos. Así es que contra sus intereses más caros, se ha visto, aunque voluntariamente, convertido en instrumento dócil de la Divinidad. ¿Y no preveía las luchas y los odios que debía causarle semejante misión? Sí; pero estaba resuelto a sacrificar en su obsequio hasta la vida. Esta confianza admirable, que enlaza y domina el debate, hace ver claramente que "Sócrates cuidaba menos del resultado de su causa que del triunfo de sus doctrinas morales". En este último discurso, que le es permitido, sólo ve la ocasión de dar una suprema enseñanza, la más brillante y eficaz de todas.

Se nota, sin embargo, una gran oscuridad sobre la naturaleza de ese demonio familiar, que Sócrates invoca tantas veces. ¿Era en él la luz de la conciencia, singularmente fortalecida y aclarada por la meditación y por una especie de exaltación mística? No hay dificultad en creerlo. Pero también hay materia para suponer, fundándose en algunos pasajes del Timeo

y del Banquete, que Sócrates admitía, como todos los antiguos, la existencia de

seres intermedios entre Dios y el hombre, cuya inmensa distancia llenan mediante

la

diferencia de naturaleza, y ejercen en un ministerio análogo al de los ángeles en

la

teología cristiana. Los griegos los llamaban demonios, es decir, seres divinos. ¿Y

era alguno de estos genios el que se hacía escuchar por Sócrates?

En la segunda parte, comprendida entre la primera decisión de los jueces y su deliberación sobre la aplicación de la pena, Sócrates, reconocido culpable, declara, sin turbarse que se somete a su condenación. Pero su firmeza parece convertirse en una especie de orgullo, que debió herir á los jueces, cuando rehusando ejercitar el derecho que le daba la ley para fijar por sí mismo la pena, se cree digno de ser alimentado en el Platáneo á expensas del Estado, que era la mayor recompensa que en Atenas se dispensaba a un ciudadano. Moralmente tuvo razón; pero bajo el punto de vista de la defensa, no puede negarse que esta actitud altanera debió aumentar el número de los votos que le condenaron a muerte. Este era indudablemente el voto secreto del acusado, puesto que en la última parte de la Apología, una vez pronunciada la pena, dejó ver una alegría que no era figurada. Su demonio familiar le había advertido el resultado que daría el procedimiento, inspirándole la idea de no defenderse, y su muerte era a sus ojos la suprema sanción de sus doctrinas y el último acto necesario de su destino. Así es que la idea que desde aquel acto le preocupó más, fue probar que miraba la muerte como un bien. De dos cosas, una: o la muerte es un anonadamiento absoluto, y entonces es una ventaja escapar por la insensibilidad a todos los males de la vida, o es el tránsito de un lugar a otro, y en este caso ¿no es la mayor felicidad verse trasportado a la mansión dé los justos? Esta despedida de la vida, llena de serenidad y de esperanza, deja tranquilo el pensamiento sobre la creencia consoladora y sublime de la inmortalidad; creencia que una boca pagana jamás había reconocido hasta entonces con palabras tan terminantes. Ella implica ciertamente la distinción absoluta del alma y del cuerpo y la espiritualidad del alma.

‘Aquí se ve que la Apología de Sócrates, si bien está escrita en la forma ordinaria de las defensas forenses, en el fondo es menos política que filosófica, y Platón no la ha sometido tanto al examen de los ciudadanos de Atenas, como a la de los filósofos y moralistas de todos los países. Si su objeto principal hubiera sido justificar civilmente la conducta de su maestro, su defensa sería pobre, porque no consiguió probar, ni la falsedad de las acusaciones intentadas contra Sócrates, ni su inocencia ante las leyes atenienses. ¿Sócrates había atacado realmente la religión y las instituciones religiosas de Atenas? Esta es la cuestión.

FRASES FAMOSAS DE SÓCRATES

El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.

Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta.

Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.

La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.

Las almas ruines sólo se dejan conquistar con presentes.

Habla para que yo te conozca.

Cuatro características corresponden al juez: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.

La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que tal cuerpo habita, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla.

El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.

Yo sólo sé que no sé nada.

CONCLUSIÓN

Sócrates fue quien dio un gran giro a la filosofía ya que según su pensamiento el conocimiento es una virtud que está dentro de todos los seres humanos y que se puede enseñar.

Su propósito siempre fue dar a conocer el amor la sabiduría queriendo que el hombre fuera de bien y así mismo lo compartiera ese don. Lo cual da la pauta para que las personas e incluso sus alumnos hablaran mal de sus conclusiones y de su pensamiento esto mismo lo llevo a la causa de su muerte.

El filosofaba acerca de que el hombre sabio cultivaba honestidad porque le trae beneficio esto para él es incorruptible por tanto en el día de su juicio no podía negar ciertas cosas.

Ahora es un ejemplo de dignidad y gracias a su conocimiento ahora no solo existen vagas opiniones en la sociedad sino valores y altas expectativas de vida en las personas las cuales son de gran importancia para toda la humanidad.

CUESTIONARIO

¿Cuáles fueron las 2 fases del método práctico "la dialéctica" que Sócrates desarrollo en busca de la definición universal como solución del problema moral y la superación del relativismo?

La Ironía y la Mayéutica

¿Cuál fue el propósito de la mayéutica?

Método que era el sistema de enseñanza de Sócrates con el propósito de llevar al interlocutor del dialogo a encontrar la verdad.

¿Cuál era la esencia del pensamiento de Sócrates?

Ética, humildad y el amor. Tales cosas lo llevaron a ser el Padre de la Filosofía ya que le dio un giro a la misma aportando su amor al conocimiento y la virtud.