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EL

JUEGO

HUMANO:

CAPACIDAD

ANTROPOLÓGICA

Y

CREACIÓN

CULTURAL. PARTE 2

Prof. Maria Borja Solé

Algunos juegos ancestrales son conocidos en casi todo el mundo y sus variaciones locales nos aportan una enorme información sobre las particularidades de la cultura a la que han sido adaptados.

Los llamados juegos tradicionales son los que resisten la prueba del tiempo. Son juegos que reflejan la sabiduría y el ingenio acumulados por la Humanidad. Juegos que no han perdido su magia ni su atractivo: peleas de almohada, pajitas, cometas, escondite, sigue a la madre, bolos, petancas, aros, comba, peonza, rayuela, tabas, canicas, backgammon, dados, la escalera, la oca, el diábolo, yoyó, rompecabezas, pompas de jabón, tangram, zancos, son algunos de sus ejemplos más conocidos y jugados entre nosotros mientras el go, el ajedrez chino o el chansar son ejemplos de juegos practicados por millones de personas básicamente en el continente asiático.

En el juego se reflejan las características culturales de los pueblos y es jugando como nos introducimos en la propia cultura.

Esta parte de la identidad cultural formada por estas características específicas de la cultura lúdica local es la que hay que recuperar, recoger, transmitir, recrear, actualizar, desarrollar y potenciar.

Una recuperación crítica de las experiencias individuales y colectivas que esté en acorde con los derechos humanos y los valores ambientales, con la innovación local y que huya, en lo posible, del imperialismo, la globalización y la dependencia de la cultura dominante.

El juego, el deporte, la fiesta, el reír, la vertiente lúdica y alegre de cada comunidad son manifestaciones diversas del hecho cultural y forman parte de la diversidad del desarrollo sociocultural y del patrimonio de la Humanidad según la UNESCO.

En nuestra cultura, el juego que defendemos y estimulamos implica posibilidades de:

- Jugar o no jugar (no obligatoriedad).

- Divertirse, pasarlo bien, reír.

- Reproducir, imitar, hacer como los otros (como si…).

- Cambiar, inventar, hacer diferente, fabular, imaginar, …

- Trato de igualdad (no de subordinación), diálogo de “igual-a-igual”.

- Ganar y/o perder. Ni ganar ni perder. Conseguirlo en equipo.

El juego se perfila en nuestros días como un instrumento eficaz en manos de los

diferentes proyectos educativos integrales y transdisciplinares. Es importante

contar desde las ludotecas con criterios para mejorar la calidad del juego en base

a unos valores éticos y democráticos. La selección de estos criterios debe

hacerse teniendo en cuenta tanto el concepto actual de actividad lúdica, como

su papel social a lo largo de la historia.

El juego humano: necesidad vital, desarrollo y salud

La actividad lúdica es una necesidad vital para el niñ@. Es uno de los medios de expresión más importantes y un aprendizaje vivencial para los valores morales, ambientales, culturales y para la vida adulta.

Para el niñ@ es la forma natural y normal tanto de divertirse como de acumular experiencias asimilando nuevos aprendizajes y desarrollando capacidades, competencias y valores.

Tod@s hemos jugado y jugamos. Los niñ@s juegan para crecer, amar, conocer, comprender, soñar, inventar, descubrir, para estar con los otr@s y con ell@s mismos. El juego implica un desarrollo, y por lo tanto, un crecimiento de la persona en todas y cada una de sus posibilidades como individuo único e irrepetible y como ser social.

A nivel físico, el niñ@ jugando aprende a coger y a tirar objetos, a desplazarse,

gatear, andar, correr, patinar, subir, bajar, saltar de todas las formas posibles, a

desarrollar el equilibrio, la necesaria habilidad manual, la psicomotricidad. Los juegos tradicionales fomentan el ejercicio, el crecimiento global, la salud física.

A nivel afectivo, el juego permite al niñ@ revivir y reencarnar con alegría y placer

situaciones familiares y cotidianas que él sabrá reproducir o modificar en función de sus intereses y necesidades. El juego facilita el desarrollo y equilibrio afectivo, la salud afectiva. Jugando el niñ@ puede encarnar el papel que mejor le

convenga en cada momento, puede ser la madre que lleve al niñ@ a pasear, el padre que le dé de comer o lo bañe, o la abuela que le compre frutas y pasteles. ¡Qué maravilla!

A nivel psíquico, la alegría que produce el pasárselo bien, el reír, el hacer algo

porque lo quiere hacer, a su ritmo, a su gusto, el acabar el puzzle, el hacer la construcción deseada, el cumplir el objetivo del juego o el simple hecho de jugar

producen seguridad y facilitan que el niñ@ consolide la autoestima y la afirmación del yo, aspectos básicos para conseguir la madurez y el desarrollo adulto.

A nivel intelectual, el pensamiento convergente se desarrolla con los juegos pre-

lógicos, lógicos, estratégicos así como con el lenguaje que les acompaña y que conlleve el monólogo, el diálogo, la argumentación, la negociación y resolución de conflictos. Actividades como clasificaciones y seriaciones se han aprendido siempre en la primera infancia a partir de los cromos, canicas y tabas. Así mismo,

tod@s hemos consolidado las estructuras lingüísticas mientras jugábamos y hablábamos en estos y otros juegos tradicionales.

El juego humano tiene una importante dimensión creativa. Es un camino para la

ilusión, para imaginar y transformar, para soñar y crear. La actividad lúdica supone unos espacios y unos tiempos en los que podemos ser creativos. El juego nos permite hacer un corte, un paréntesis, tanto a las situaciones de monotonía y aburrimiento como en las situaciones de estrés que genera la sociedad competitiva con sus niveles de exigencias que pueden empezar en la infancia. El pensamiento divergente, la creatividad tienen en el juego un campo de desarrollo por excelencia, en el “como si fuese un elefante, una mariposa”, en los juegos de disfraces, en los juegos de construcción y en los montajes electrónicos, por ejemplo.

A nivel social, a través del lenguaje universal del juego, los juegos tradicionales

han sido la gran escuela en la que hemos aprendido a relacionarnos y a afirmarnos en el grupo de iguales a partir del cumplimiento de las normas y las reglas de cada juego.

Las situaciones de juego nos permiten conocer nuestras propias posibilidades, habilidades, capacidades y limitaciones, a la vez que facilitan aprendizajes vitales al permitirnos descubrir el entorno físico, al intentar comprender el sistema tecnológico de las comunicaciones o al situarnos en el complejo sistema social en que vivimos, por lo que el juego ha sido siempre y continua siendo una vía natural e insustituible de crecimiento personal.

Con la práctica de los juegos de movimiento se fomenta el ejercicio y la salud física, de la misma forma que la salud mental -entendida como equilibrio entre el desarrollo emotivo, psíquico, relacional, lógico y creativo-, se ha potenciado siempre con los juegos universales de muñecas para el desarrollo afectivo, y de clasificaciones y seriaciones para el intelectual o el creativo a partir de roles y simulaciones, dramatizaciones, construcciones e inventos.

Pero, el juego no sólo estimula un crecimiento a nivel individual, sino también un crecimiento a nivel social y cultural. En el juego descubrimos a los otr@s, parecidos pero no iguales, integrándonos en la compleja democracia de la biodiversidad donde el protagonismo de cada individuo se combina con las expectativas de los otr@s en un juego para la democracia participativa.

El juego garantiza el incremento progresivo de las relaciones humanas entre los

individuos y los grupos favoreciendo procesos participativos en un clima de solidaridad y cooperación. El juego, en su dimensión individual, incide y estimula la salud individual, afectiva, física e intelectual. En su dimensión colectiva promueve la comunicación, la comprensión y el goce colectivo, es decir, la salud de la comunidad como tal.

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) en 1986 empezó a promover el concepto de “Ciudades Sanas”. Una ciudad sana es mucho más que una ciudad con buenos hospitales, es una ciudad cuyos ciudadan@s mejoran y protegen su salud. En la sanidad desde la prevención, además de l@s profesionales del sector son necesarios y deben estar especialmente involucrados ludotecari@s, profesor@s, educador@s y animador@s, ya que en el diagnóstico de situaciones comunitarias de salud están interrelacionados conceptos y saberes educativos, sanitarios, recreativos, culturales, paisajísticos y urbanísticos, entre otros.