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Miguel LABODÍA Ilustración samurai:

3º dan Aikido David LABODÍA


Ingeniero Industrial 2º dan Aikido
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Amanecer del 21 octubre de 1600 · Monte Matsuo · Seki Ga Hara

Me llamo HIRADA Shokan, jornada en dirección a Seki, al anochecer nos acurrucamos en


tengo 16 años y soy bushi del clan el suelo para tomar nuestra comida de campaña, un puñado
de KOBAYAKAWA Hideaki. Junto de castañas con pescado hervido, cubierto de algas marinas y
con mi señor y otros 16.000 bushi servido en pequeños platos lacados. De postre bebimos sake
de su daimyo me encuentro apos- repartido en 3 copas, el número de la suerte. Una vez recogi-
tado en la loma del Monte Matsuo, dos nuestros pertrechos, reanudamos la marcha envueltos en
en la llanura de un pequeño pue- la oscuridad para subir a la cima del monte.
blo llamado Seki. Tras una noche larga y fría llegamos a nuestro destino en el
Desde hace varios días una lluvia mismo momento que el día comienza a clarear a través de
torrencial se abate sobre la tierra la espesa niebla que nos envuelve.
formando un barro espeso en los caminos y anegando los Respiro profundamente. Noto mis piernas y brazos doloridos y
extensos campos de arroz. entumecidos. Durante unos instantes de sosiego, medito en
Ayer fue un día agotador. Después de caminar durante toda la silencio sobre la vida y la muerte, y ambas me parecen lo mismo.

El Budoka 11
final de la noche, los 16.000 bushi ocupábamos la cima. A media mañana la niebla se ha levantado totalmente deján-
Al alba, aislados por una niebla espesa que impide ver la lla- donos con la lluvia persistente y los negros nubarrones que
nura, hacemos lo posible por secar nuestra ropa empapada, se deslizan por el cielo, iluminados al trasluz por los rayos
aflojar las correas de la armadura y descansar un poco. Mas, del sol.
tan pronto como la niebla se ha despejado un poco, los mos- Tras dos horas de lucha, el campo de batalla, ocupado por
quetes de Ieyasu han abierto fuego contra la vanguardia de 160.000 bushi, se tiñe de rojo con la sangre de los guerre-
nuestro ejército. Nos han alcanzado y no hay tregua posible. ros caídos. Mi clan no ha recibido orden de atacar, a pesar
de que percibimos insistentes señales emitidas desde la
posición de Mitsunari. Mi señor Kobayakawa permanece
impasible, observando cómo se manifiesta el karma de cada
COMBATE combatiente. La lucha es terrible, ningún bando cobra ven-
taja, los cadáveres quedan esparcidos por el suelo y multi-
No tengo miedo a morir. Soy guerrero y mi bushi-do consis- tud de cabezas ruedan golpeadas por los guerreros que se
te en la resuelta aceptación de la propia muerte. Poseo una mantienen en pie.
cierta maestría en la técnica. Manejo con destreza la A mediodía suenan disparos de mosquete dirigidos hacia
larga katana y el corto wakizashi, el tanto, el nosotros. Proceden de la retaguardia de Ieyasu. Los peque-
arco y la lanza. Con trece años derroté a ños proyectiles golpean el suelo cerca de nosotros con un
mi primer adversario, armado con un ruido sordo. Mi señor se estremece, sale de su letargo,
sable, matándolo de un golpe impertérrito ante la matanza que dura ya 4 horas, levanta
en la cabeza con mi bok- su katana y empieza a aullar órdenes. Nos ponemos en mar-
ken de madera. cha, entramos en combate. Atacamos las posiciones
de…¡Mitsunari!
SHOGUN MITSUNARI E IEYASU Finalmente, mi señor ha decidido traicionarle. Los 16.000
bushis descendemos rápidamente del monte con la kata-
Recuerdo las historias de mis antepasados… Hace 400 años Los enfrentamientos entre los regentes del na desnuda en la mano y corremos al encuentro de
que el antiguo Gobierno Imperial del Japón se desmoronó. Consejo comenzaron en seguida. ISHIDA nuestro destino.
Desde entonces, el Emperador se ha convertido en una mera Mitsunari mandó asesinar al veterano, El choque con los guerreros de Mitsunari es brutal.
figura simbólica que reside en la corte de Kyoto, rodeado de astuto y prominente general TOKUGAWA Me abalanzo sobre el bushi más próximo. Es un
finos kimonos de seda. Se alimenta de arroz acompañado de Ieyasu, daimyo sospechoso de pactar en guerrero veterano y corpulento que
verduras frescas, pescados exquisitos y frutas jugosas. Dicen secreto con diversos clanes vecinos. muestra síntomas de cansancio
que el Emperador vive aislado de la realidad, un país desga- ISHIDA Mitsunari
El 22 de agosto, ante el fracaso y dolor. Su armadura le
rrado, inmerso en una sempiterna guerra civil mantenida por de su intentona, Mitsunari des-
los daimyos que se enfrentan entre sí en una despiadada lucha plegó su ejército y con la colaboración de un daim-
por la tierra y el poder. yo situado al otro lado de las tierras de Ieyasu,
Cuentan que en 1573, el gran daimyo ODA Nobunaga se intentó cercar a éste para presentarle batalla,
impuso sobre el resto de los daimyos y logró del Emperador el derrotarlo y conquistar su capital, la ciudad coste-
TOKUGAWA Ieyasu
nombramiento de Jefe Militar del Japón. La esperanza de ra Edo.
lograr la paz se iluminó en el corazón de un pueblo cansado Ieyasu reaccionó enérgicamente, reunió el grueso de su pro-
después de tantos años de sufrimiento. Sin embargo, pio ejército y comenzó a avanzar impetuosamente hacia el
Nobunaga fue asesinado vilmente nueve años más tarde. castillo de Osaka, saliendo al encuentro de Mitsunari.
Entonces, otro gran daimyo, TOYOTOMI Hideyoshi, le suce- Éste, alertado por sus exploradores, nos ordenó retroceder
dió en el cargo y tomó el relevo, tratando de culminar la uni- apresuradamente hacia Seki, pueblo situado en la entrada
ficación del país emprendida por su predecesor. del único paso entre las altas montañas que separan a
Hace ahora apenas dos años, en septiembre de 1598, Osaka de Ieyasu. Exhaustos, llegamos a las estribaciones de
Hideyoshi murió sin haber alcanzado su objetivo. Hombre pre- aquéllas sintiendo muy próximo al ejército de Ieyasu.
visor, había dispuesto que un Consejo de Regentes formado Marchábamos día y noche, soportando las lluvias del inci-
por seis relevantes daimyos gobernara en su ausencia, man- piente otoño.
teniendo el delicado equilibrio de fuerzas, a la espera de Finalmente, Mitsunari detuvo el avance y se preparó para el
que su hijo de cinco años, TOYOTOMI Hideyori, enfrentamiento con Ieyasu. Ordenó tomar posiciones, dis-
alcanzara la edad suficiente para recibir a su vez el poner la retaguardia y reforzar los flancos con unidades que
título de Shogun de manos del Emperador. ocuparan las zonas altas de los montes cercanos.
Hideyori, el niño, habitaba mientras tanto en el El 20 de octubre por la mañana, mi señor Kobayakawa reci-
castillo de Osaka, cerca de Kyoto, custodia- bió la orden de llevar a sus guerreros hasta el monte
do por el célebre ISHIDA Mitsunari, regente Matsuo y permanecer allí hasta nuevas instrucciones.
del Consejo. Mitsunari no confiaba en él y temía que lo traicionara. Al

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protege gran parte del cuerpo y que- EPÍLOGO
dan muy pocos espacios al descu-
bierto. Antes de que pueda darse TOKUGAWA Ieyasu
cuenta del peligro, lanzo un golpe ganó la Batalla de
punzante e introduzco mi katana por Sekigahara, la más
el hueco de su axila derecha, rom- grande de las bata-
piendo sus costillas y perforándole llas cuerpo a cuerpo
un pulmón. Extraigo la katana con en el Japón y en la
un tirón fuerte mientras profiero un potente kiai. Al mismo que más de 60.000
tiempo que el bushi se desploma herido de muerte le ases- bushis perdieron la
to un tajo que secciona su cuello. He cobrado la primera cabeza. Capturó a
cabeza de hoy, la segunda de mi vida. ISHIDA Mitsunari y
Nuestro ataque está siendo decisivo e intuyo que la batalla varias semanas más
terminará pronto. Una vez contadas y apiladas las cabezas tarde lo ejecutó en
ganadas marcharemos hacia Osaka sin más contratiempos. Kyoto.
Allí podremos descansar. Tres años más tarde,
Me doy la vuelta y me enfrento al segundo bushi de en 1603, fue proclamado Shogun y sus descendientes
Mitsunari. Adopto una postura media y dirijo la punta de mi ostentaron el mismo título durante casi 300 años de paz,
katana hacia sus ojos. El mundo, extrañamente silencioso, hasta 1868, año de la Restauración del Emperador.
se detiene a mi alrededor mientras contemplo a mi adver- Ieyasu acabó por provocar la muerte de TOYOTOMI
sario. Nuestros espíritus se conectan y funden entre sí. Hideyori, el niño que nunca llegó a ser shogun. Trasladó la
Existen múltiples estrategias de combate que ambos hemos capital del gobierno a Edo (actual Tokyo) y murió en 1616 a
ensayado durante muchas horas. Ambos hemos ejecutado la edad de 73 años.
infinidad de suburis durante largos entrenamientos matina- El traidor KOBAYAKAWA Hideaki mantuvo sus posesiones,
les y vespertinos, depurando nuestros movimientos, fortale- recibió 50.000 kokus de recompensa (un koku equivale a
ciendo nuestros músculos y nuestro espíritu con el único fin 180 litros de arroz, el consumo medio de una persona
de prepararnos para este momento. durante un año). Se cree que se volvió loco antes de morir
Simultáneamente, levantamos la katana hasta la cabeza y dos años más tarde.
descargamos un golpe raudo y vertical. Sé que mi hoja roza- La larga paz del clan Tokugawa transformó a los guerreros
rá con la suya durante el descenso y sutilmente la desviará con armadura (bushi) en una casta de funcionarios armados
a un lado. Con un poco de fortuna alcanzaré su brazo con la (samurai). Muchos de ellos se quedaron sin trabajo y sin
punta del sable y se lo romperé antes de volver a cargar y amo a quien servir. Se convirtieron en los infaustos ronin
atacar de nuevo, esta vez directamente a su cabeza. (samurais errantes).
Mi golpe ha llegado hasta su punto más bajo. He notado el En el combate, es crucial dominar el centro.
roce, pero he sentido un ligero y anormal tirón en los mús-
culos de mi hombro izquierdo. Sorprendido, me doy cuenta
que mi katana ha sido desviado y no apunta a su vientre,
sino a la llanura, a la nada.
¡Su katana ocupa el centro y no ha alcanzado mi brazo
izquierdo por muy poco!
Tengo que recuperar la posición perdida; doy un paso hacia
atrás a la vez que tiro de la katana hacia arriba y hacia el
centro; busco sus ojos con mi mirada y veo cómo la punta
de su katana se me acerca. Sólo necesito un momento
más… Noto un duro golpe en el cuello.
Impulsado por el golpe recibido, caigo hacia atrás y choco
contra el suelo. Intento incorporarme, pero el cuerpo no me
responde. Me quedo contemplando el cielo mientras las
gotas de lluvia me inundan los ojos y corren por mi cara. Se
me empaña la vista y durante unos instantes vuelvo a oír el
estruendoso ruido de la batalla; me relajo, no siento dolor,
ni miedo…

“Los que se aferran a la vida, mueren, y aquellos que


desafían a la muerte, viven”

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